Repudio creciente

Por: Alberto Aranguibel B.

Por supuesto que en el mundo hay contra la Revolución Bolivariana una animadversión de importantes sectores de derecha que aborrecen toda propuesta progresista. El fascismo está resurgiendo hoy con la fuerza de la ignorancia en la que se sustenta. Las nuevas generaciones, que no conocen (porque no lo han padecido) el horror de los verdaderos regímenes de fuerza, confunden con mucha facilidad terrorismo con rebeldía, por lo que suelen otorgarles a ambas conductas el mismo carácter emancipador.

En esos países que nos miran desde lejos, la actitud de unos cuantos de esos rebeldes que acusan al gobierno venezolano de tiránico, resulta perfectamente legítima, porque en esas sociedades, que han sufrido el horror de las guerras, todo régimen de opresión es condenable.

Por haberlas padecido, es muy difícil que les metan cuentos. Por lo general, son sociedades reacias a la mentira y al engaño, como los peores pecados que pueden cometerse.

Allá no se explican, por ejemplo, la farsa del común opositor venezolano que va a misa a rezarle a Dios implorando al mismo tiempo por la muerte de quienes no compartan su empeño por la entrega de la Patria. Ni siquiera para la más brutal ultraderecha es fácil digerir tal atrocidad de buenas a primeras.

Víctimas, como lo son, de una brutal guerra comunicacional contra Venezuela, para ellos era impensable en un principio que los millones de seguidores civiles y militares que la oposición le juró al mundo desde hace meses que estarían desertando de una revolución que presentaron como “una dictadura sin apoyo popular alguno”, no existieran.

Pero el fracaso opositor en la frontera les demostró que esos millones de traidores de los que Guaidó habló no eran ciertos. Que es mentira que su repentina aparición en la escena política haya sido producto de una gran efervescencia popular antichavista. Que aquello no era sino una horda de zarrapastrosos forajidos de vocación incendiaria.

Los mismos medios de comunicación que urdieron el engaño de la falsa dictadura venezolana se vieron entonces en problemas para ocultar la verdad que le dio la vuelta al mundo; que Guaidó no es sino un payaso al servicio del imperio más abominable de todos los tiempos.

Por eso el repudio mundial a la amenaza imperialista crece cada vez más.

 

@SoyAranguibel

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La muerte aliada

Por: Alberto Aranguibel B.

La frustración opositora, truncada en odio sempiterno por la persistencia en la derrota frente al chavismo, es solo un lado de una moneda que por la otra cara tiene el rostro de la mayor suma de felicidad posible. Pero no la que Bolívar estableció en el congreso de Angostura como norma fundacional de la República y que el comandante Hugo Chávez elevara en su momento al rango de luminosa consigna revolucionaria.

Esa otra mayor suma de felicidad es la que experimenta el opositor de a pie cada cinco años (en promedio) cuando por alguna sorpresiva y siempre inusitada circunstancia la voz del ansiado triunfo antichavista se pone de moda en las filas de la oposición ante el surgimiento de un nuevo mesías contrarrevolucionario, y comienzan a batirse entre ellos las ínfulas de supremacía que con tanta arrogancia y desparpajo destilan hasta por los poros de las orejas, hinchados de la satisfacción  como todo un César entrando a Roma después de acabar con los espartanos.

“¡Ahora sí!”, se gritan entre ellos mismos, ya no como el convencional consuelo de miserables al que se han acostumbrado, sino como el clarín que anuncia el logro de la conquista definitiva del Olimpo.

“¡Ya están listos!”, se gritan en medio de una tísica euforia, y acotan dichosos de la narcosis emancipadora: “Vamos bien!… Tic, tac… Tic, tac…” cuando en realidad lo que han hecho es fracasar de nuevo.

No importa si ya lo dijeron infinidad de veces y después no pasó nada. La alegría llega a ser tan palpitante que el infortunio que siempre le sucede al arrebato no tiene la menor importancia.

Nadie, absolutamente nadie comentará jamás en las filas opositoras el fracaso, la desilusión reiterada, el desengaño sobrevenido. Ninguno aceptará tan siquiera la posibilidad de haber fallado en pronóstico alguno. Todos se harán los locos y seguirán su camino como si nada, hasta que, por alguna razón, otra vez inesperada y sorpresiva, un nuevo mesías asome en su maltrecho paisaje de sempiternos derrotados.

Al final, su felicidad más perdurable ha sido la muerte.

La muerte del comandante Chávez.

La muerte de los jóvenes que ellos mismos mandan a incendiar las calles.

La muerte de quienes queman vivos para usarlos luego como horroroso argumento político por el mundo.

Por eso ansían tanto las miles de muertes que causaría una invasión extranjera.

En su disociado delirio han llegado al extremo de celebrar la posibilidad de una guerra contra nuestro país, porque calculan (otra vez erróneamente) que la muerte solo alcanzará a los chavistas, porque serían estos los únicos que acudirían a enfrentar al enemigo en la frontera.

Como si las guerras se circunscribieran solamente al ámbito fronterizo de los países que los imperios asolan a fuego y plomo.

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Es decir, aceptan sin titubeo alguno que ellos ni de vaina entregarían jamás la vida en defensa de la Patria. Que por ellos, como candorosamente dice la periodista de Globovisión, que los marines entren hasta dónde les venga en gana, saqueando, destruyendo, violando mujeres y niñas (como hacen invariablemente en todos los países que invaden) y asesinando toda forma de vida a su paso.

Que con solo quedarse en sus casa contemplando todo a través del Whatsap es mas que cómodo y seguro. Porque, según ellos,  la muerte de las guerras no llega a las casas de la gente “decente”.

Vista así, con ese odio tan visceral y recalcitrante de los antichavistas, la muerte es una aliada entrañable y refulgente.

 

@SoyAranguibel

¿Usar lisiados del cerebro en la política?

Por: Alberto Aranguibel B.

El antichavismo es más un sentimiento de frustración y rabia acumulada que ninguna otra cosa. No es una ideología porque carece de fundamento teórico. No es una corriente de pensamiento porque sus rasgos más característicos son la irracionalidad y la inconsistencia. No es una religión porque, en vez del amor, procura la muerte entre hermanos. No es una fraternidad porque la división y la enemistad entre ellos es el pan de cada día.

¿Qué es entonces el antichavismo? Una arrechera, como la definió Capriles, que se drena en las calles destruyendo y quemando todo a su paso cada vez que la oposición pierde una elección o fracasa en el intento de derrocar a un presidente chavista mediante un golpe de Estado.

Precisión necesaria para entender que lo que sucede actualmente en las filas opositoras, y muy particularmente en la cúpula dirigencial de ese sector de la parapolítica venezolana, no es la llegada de ningún mesías cuya capacidad retórica o su trayectoria de lucha le hayan convertido en el luminoso líder que ha venido a superar con su temple y su talento como conductor de masas las recurrentes torpezas y los constantes errores de la oposición y haya abierto entonces el camino hacia el ansiado y por tanto tiempo negado éxito del antichavismo.

No. Lo que pasa actualmente en la oposición es que han desbordado el límite de la inmoralidad, colocando al frente de su nuevo intento golpista a un sujeto con claros signos de deficiencia mental, sin capacidad alguna para percibir la dimensión y consecuencias de su irracional accionar contra el estado de derecho, tal como lo expuso en su momento con lujo de detalles clínicos el destacado siquiatra venezolano, Jorge Rodríguez.

La sola denuncia que hiciera Guaidó al mundo de amenazas de secuestro de una hija de meses por parte del gobierno venezolano para usarla supuestamente como recluta de las fuerzas milicianas, denota la grave deficiencia mental del fundador de los llamados “Manitos Blancas”.

Las mentiras que al día siguiente se le descubren con total facilidad, la falta de consistencia en sus breves discursos de enardecida bravatería y tantos otros signos patológicos, son solo reiteraciones de tal padecimiento.

La enciclopedia digital más importante en la actualidad, Wikipedia, retrata con perfección microscópica al joven que hoy usa la oposición en su conspirador sainete, cuando describe el significado de la expresión “Carne de cañón”, en los siguientes términos:

“Carne de cañón: término, despectivo, se refiere a los militares -normalmente de bajo rango- que se exponen sin miramientos al fuego enemigo a sabiendas de su clara inferioridad y deliberadamente, conociendo que se va a producir un número muy alto de muertes.”

¿Es correcto, por mucha rabia que haya contra el chavismo, usar a un lisiado mental de esa manera?

 

@SoyAranguibel