Tiraparaísmo

Por: Alberto Aranguibel B.

En Venezuela, llevar a cabo una acción audaz, improvisada, irracional e impulsiva, de la cual se espera un resultado favorable aún cuando no se tenga ni la más mínima idea de cuáles puedan ser sus consecuencias, ni adversas ni positivas, se denomina “tirar la parada”. Una acción revestida siempre de irresponsabilidad e insensatez, cuyo éxito dependerá más de algún milagro que del juicio humano.

De ahí que el accionar de la dirigencia opositora venezolana tiene que estar inscrito inevitablemente en esa definición que describe de manera cabal y perfecta la agenda política de un sector empeñado en mostrarle al mundo la ineptitud y la incongruencia como rasgos determinantes de su conducta.

La chapuza del 30 de abril en la autopista del este (que pretendió presentarse como toma de una instalación militar) no puede ser entendida de ninguna otra manera como no sea la de un albur, una apuesta en el aire, una parada sin sentido, sin ningún otro propósito que “ver si se daba”, pero sin apoyo ni fundamento alguno que no fuera el de los dedos cruzados o la íntima oración de los complotados.

Un suicidio político que, al llevarse a cabo, reconocía que no tenían ninguna confianza en la “marcha más grande de la historia” que habían convocado para el día siguiente. Con su audacia desactivaron esa convocatoria que, a diferencia de la intentona subversiva, era legal y podía haber concitado una participación mayor que la que a todas luces iban a tener en la autopista.

Que ponía en riesgo la credibilidad del autojuramentado, así como el beneficio de libertad condicional de su líder.

Pero que también ponía en tres y dos al primer vicepresidente de la Asamblea Nacional en desacato que, de no haberse presentado en ese escenario, con toda seguridad habría asumido más temprano que tarde la presidencia de ese ente parlamentario.

Y, lo que es más lamentable; engañar a militares que acaban de ser ascendidos, para frustrarles así caprichosa e inútilmente sus carreras.

El fracaso, que era tan claramente previsible, no fue evitado a pesar del obvio revés hacia el cual se dirigían.

¿Por qué perseverar tan tercamente en lo inviable?

La obstinada recurrencia opositora en la insensatez (invariabilidad errática) no puede ser entendida sino como un culto al “tiraparaísmo”.

@SoyAranguibel

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La magia mediática: Carvajal ya no es “un alto mando que reconoce a Guaidó” sino “un general chavista”

Por: Clodovaldo Hernández

Y de pronto, “el oficial de más alto rango que se ha pronunciado a favor del autojuramentado presidente Juan Guaidó” se convirtió en “un general chavista detenido por drogas”.

La historia, que parece cosa de magia, está ocurriendo en todos los grandes medios de comunicación de la derecha mundial y nacional con el degradado oficial Hugo “el Pollo” Carvajal, un nombre que entra y sale de los bandos políticos según lo que le convenga a la maquinaria mediática mundial.

El caso prueba que el complejo comunicacional del capitalismo hegemónico tiene su varita mágica: puede transformar a un pollo en sapo, a un sapo en príncipe y, no conforme con ello, puede convertirlo de nuevo en sapo.

Cuando Carvajal fue detenido en Aruba en 2014 y EEUU solicitaba su entrega para juzgarlo por presuntos delitos de narcotráfico, los grandes medios de la derecha se prodigaron en epítetos acerca de él. Dijeron que era uno de los hombres más temidos de Venezuela y que era comparable con Pablo Escobar por su peso en operaciones de drogas que las autoridades estadounidenses le atribuían al Ejército venezolano en complicidad con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

El gobierno de Nicolás Maduro se plantó a defenderlo y logró que las autoridades neerlandesas le permitieran regresar al país. La maquinaria mediática lo trituró a él y a Maduro, dando por buenas las acusaciones de EEUU.

Durante años, Carvajal fue una de las piñatas favoritas de la prensa opositora que no solo le acusó de los ya mencionados asuntos de narcotráfico, sino también de violaciones de los derechos humanos de detenidos políticos, por los cargos que desempeñó en inteligencia militar.

“El Pollo” fue, pues, uno de los sapos más feos de la comarca hasta que empezó a dar señales de traición al gobierno que le había salvado el pellejo. La mágica conversión cristalizó este año, cuando emitió un comunicado en el que desconoció a Maduro y reconoció a Guaidó como el legítimo presidente de la República.

Presidente (E) de la República Bolivariana de Venezuela, Juan Guaidó Márquez. Aquí está un soldado más por las causas de la libertad y la democracia, para ser útil en la consecución del objetivo de restablecer el orden constitucional que nos permita convocar elecciones libres”, expresó en un video colgado en su cuenta Twitter.

Entonces el sapo se hizo príncipe: los medios mundiales dijeron que un general del Ejército venezolano había declarado su lealtad a Guaidó. Comentaristas agudos aseguraron que era el oficial de más alto rango en hacerlo, olvidando selectivamente el hecho de que está retirado hace varios años.

La varita mágica que convirtió al feo batracio en un galán montado en un caballo blanco. Habían borrado los antecedentes que la misma prensa venía acumulando contra Carvajal desde 2008, en uno de sus típicos memoriales de agravios. Lo único que importaba entonces era que se trataba de un mayor general, síntoma de que había comenzado el quiebre de la unidad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Poco duró el encantamiento. Este viernes, cuando Carvajal fue detenido en España y se informó que EEUU solicita de nuevo su extradición, los medios no dijeron que era el alto oficial que le prometió lealtad a Guaidó, sino “un general chavista acusado de ser narcotraficante”. Por arte de magia mediática, el príncipe volvió a verse como un sapo.

El cuento de la amnistía

La suerte corrida hasta este momento por Carvajal desbarata una de las ofertas fundamentales que han formulado los participantes en el intento de derrocar a Maduro mediante el subterfugio del gobierno interino: la amnistía para los militares y funcionarios que se insubordinen.

En el llamado estatuto de transición que aprobó la Asamblea Nacional, en las declaraciones públicas y en los intentos de sonsacamiento que Guaidó y su equipo han realizado en cuarteles y organismos públicos ha quedado expuesta la oferta de perdonar a quienes desconozcan al gobierno constitucional, independientemente de que sobre ellos pesen graves acusaciones.

La actitud de los opositores ha sido clara, pues han aceptado que bajo ese supuesto paraguas se metan hombres como Carvajal, señalado por ellos mismos como narcotraficante y esbirro, y otros con investigaciones abiertas por descarados casos de corrupción, como el expresidente del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, Carlos Rotondaro.

Con sus enormes rabos de paja, personajes como estos dos (recientemente degradados y expulsados de la FANB), acudieron a las filas del antichavismo en procura de perdón o de impunidad. Pero, al menos en este momento, el caso Carvajal parece indicar que esa promesa también es falsa.

¿Volverá a ser un príncipe?

Es previsible que un individuo como Carvajal, quien fue capaz de volver la espalda al gobierno que lo rescató en 2014, esté ahora listo para servir a los intereses estadounidenses y hacerles todos los trajes a la medida que necesiten para elaborar expedientes acerca del supuesto “narcoestado” venezolano.

En tales circunstancias es casi seguro que la varita mágica de la maquinaria mediática vuelva a tocarlo y que el pollo que se volvió sapo y luego príncipe y luego, otra vez, sapo, termine siendo no un príncipe, sino un testigo digno de la mayor credibilidad.

Por cierto: la AN debería defenderlo

La mágica maquinaria mediática ha hecho malabares para no decir que, en rigor, Carvajal no es un general chavista sino un exgeneral guaidoista. La oposición, como es su costumbre, se hace la desentendida con quien era hasta hace poco “un oficial de alto rango leal al presidente encargado”.

Pero Guaidó debería salir a defender a Carvajal no solo porque se haya pronunciado a su favor, sino también porque el detenido es diputado a la Asamblea Nacional.

En efecto, en su afán de protegerlo de las amenazas que sobre él se cernían, el Partido Socialista Unido de Venezuela postuló a Carvajal por el estado Monagas en las elecciones legislativas de 2015. “El Pollo” fue uno de los pocos sobrevivientes de la dura derrota sufrida por el chavismo en esa oportunidad y resultó electo diputado.

En su declaración de apoyo a Guaidó, dijo: “Hoy me dirijo a ustedes con una doble responsabilidad, la que tengo como diputado a la Asamblea Nacional, último vestigio de democracia que se mantiene vivo en este país; pero también, con la que tengo como soldado de esta Patria, integrante del Ejército Venezolano”.

Los conocedores del intrincado mundo de la inteligencia y la contrainteligencia sospechan mucho de la detención de Carvajal en España y lanzan la conjetura de que, una vez que sea trasladado a EEUU, se convertirá en un personaje central de las próximas tramas contra el gobierno de Venezuela, incluyendo las anunciadas acciones militares multilaterales o unilaterales.

Uno de los primeros pasos que dio Carvajal hacia la oposición fue justamente ignorar la línea partidista de no concurrir a las sesiones de la Asamblea Nacional mientras esta se encuentre en la situación de desacato dictaminada por el Tribunal Supremo de Justicia.

La AN, al menos como un saludo a la bandera, debería reclamarle a las autoridades españolas por la detención de un ciudadano con fueros derivados de su condición de diputado, sobre todo si se trata de un Parlamento que se adjudica a sí mismo el rol de “único poder legítimo” entre los cinco de la democracia venezolana.

clodovaldo Clodovaldo Hernández

FUENTE: La Iguana

El glamour añorado por una clase social en decadencia

Por: Alberto Aranguibel B.

Si alguna falla debe reconocérsele a la izquierda, es la facilidad con la que asume que la derecha se rige exclusivamente por razones ideológicas o, en el mejor de los casos, por intereses meramente capitalistas.

De tanto regodearse en la ventaja que para ella representa que la derecha no disponga de un sustrato teórico denso y profuso (al menos en la profundidad y extensión del instrumental del que dispone el pensamiento revolucionario), termina la izquierda desconociendo y hasta despreciando la sola posibilidad de la existencia de constructos ideológicos, no necesariamente políticos, de alguna significación en el ámbito de la razón contrarrevolucionaria.

Uno de esos constructos, sin lugar a dudas, es el de la lógica clasista como fundamento no solo de su conducta frente al resto de los mortales, sino de su manera de pensar en relación con todos los aspectos más inimaginables de la vida.

Por supuesto que la ideología capitalista (o lo que la derecha asuma como tal) es un referente de especial significación en la vida del contrarrevolucionario común. Pero no es de ninguna manera usual que la influencia que ella pueda llegar a tener en el comportamiento cotidiano del individuo capitalista sea ni siquiera de mediana relevancia. En ello, el peso de la lógica clasista (en una gran proporción de rasgos desclasados más bien, es decir; de la proyección ascendente por encima de su propia clase, del desprecio a la idea comunitaria del colectivo, de odio al sentido de solidaridad y del amor al prójimo) es, antes que ningún otro el factor, el desencadenante de las fuerzas más poderosas del alma capitalista.

Las llamadas “páginas sociales” de los diarios de la prensa burguesa, fueron desde siempre expresión de la importancia que la burguesía le ha otorgado a la ascendencia social en su vida. Aparecer en esas páginas se convirtió en la razón de ser de quienes consideraban que el dinero no tenía el más mínimo sentido si su valor no se traducía en un poder real que los colocara por encima de la demás gen- te, incluso (y muy particularmente) por encima de los de su propia clase.

La casi totalidad del espacio asignado en los diarios a la sección de sociales, está destinado principalmente a la fotografía. De acuerdo a la regla universal de dicha prensa, el texto no debe exceder jamás una octava parte del total de la reseña, y el mismo será siempre para identificar a los asistentes más destacados del evento (graduación, matrimonio, quince años, etc.) y exaltar de la manera más concisa posible su glamour y significación. La fotografía es el medio que realiza y le da concreción tangible a esa ascendencia social que se pretende excepcional y trascendente en el ámbito de la burguesía.

En el caso venezolano, ningún poder se colocaba en esas páginas por encima del poder del acaudalado burgués que montaba el evento. Oligarcas prominentes, artistas de renombre, intelectuales, embajadores, encumbrados jerarcas de la iglesia, ministros y hasta jefes de Estado, solían ser las personalidades que los fotógrafos de sociales buscaban con el mayor frenesí en esas lujosas recepciones.

Que la hermosa hija de un gran banquero celebrara sus quince años bailando con el presidente de la República el vals más importante de la noche, solo era superado por la inmensa emoción que causaba encontrar reseñado al día siguiente ese momento en las páginas sociales, con una gran foto central en la que el presidente apareciera brindando con los padres de la joven y el resto de los asistentes aplaudieran alborozados en un gran círculo de admiración y regocijo en torno al mandatario.

Esas fotos darían vuelta durante meses por los más encopetados círculos de la alta sociedad, encadenando un evento con otros en equiparaciones infinitas sobre la importancia que habría adquirido tal o cual apellido por el solo hecho de haber sido en algún momento asociados a la más alta investidura del poder en esa suerte de tête à tête de fraternidad y francachela entre los ricos y su presidente.

Todo ese glamour, que llegaba a eclipsar las más de las veces la noticia económica del día y solía ocupar mayor volumen que la sección de sucesos (y hasta la deportiva) de sus periódicos, se acabó con la sola llegada de Hugo Chávez a la escena política a finales del siglo XX.

Chávez, que el único daño que le causó a la burguesía fue hacerle inaccesible el poder político ganándole elecciones persistentemente, no asistió jamás a ninguno de esos ágapes de notoriedad burguesa. Nicolás Maduro tampoco. Con ello las páginas de sociales, quedaron vaciadas en su esencia fundamental por casi un cuarto de siglo, sin perspectiva alguna de recuperar su antiguo glamour presidencialista. Por más esfuerzo que hizo la prensa del jet set criollo retratando ricachones en infinidad de cocteles e inauguraciones intrascendentes, no hubo nunca desde que llegó la Revolución Bolivariana la más mínima posibilidad de rescatar aquel deslumbramiento que generaba una foto con el presidente en las páginas sociales.

Veinte años sin aquel roce social con el poder, es toda una eternidad para una clase tan arrogante como la burguesa. Su encono, su odio visceral contra el chavismo, tiene en esa falencia un detonante del más alto poder por encima de cualquier otra razón o ideología. Sus carencias en bienestar y confort no son tales, ni su interés por el padecimiento de los pobres tampoco. Jamás lo han sido.

Su angustia más lacerante es haber padecido durante tanto tiempo ese distanciamiento del poder, que les ha impedido usufructuar a su antojo la inmensa riqueza petrolera del país que han considerado siempre como suya, y que han creído tan fácil de apoderársela como desalojar a un presidente chavista del poder con unas cuantas marchas y unos cuantos muertos en las calles. Pero también lo es la falta de esas fotos tan valiosas para el abolengo familiar burgués.

De ahí la urgencia y el enfermizo desespero por encontrar donde sea y a como dé lugar un sustituto en la presidencia de la República, ya no para que le asegure de ninguna manera alimentación o medicinas a los pobres, sino para que les permita recobrar de alguna forma la vieja sensación de pertenencia de ese poder que un día los realizó y los hizo tan felices.

Para esa clase en decadencia, tener un presidente propio, con el que puedan palmotearse y compartir tragos cordiales en los grandes salones del Country Club o de La Lagunita, es más que un sueño toda una necesidad de tipo existencial que trasciende lo que para ellos es la banalidad de lo económico o de lo patriótico (que en definitiva ven como asuntos que ellos pueden solventar mediante una que otra inversión de capitales allá o aquí, o con el simple esfuerzo interventor del amo imperial al que hoy le ruegan porque les haga realidad su tan largamente postergado sueño de poder).

Tienen perfectamente claro que nadie puede resultarles tan balurdo e insignificante como político (y como persona, incluso) como Juan Guaidó. Saben que su falta de carisma, su origen humilde, su condición de segundón de Leopoldo López, su tez morena, sus ademanes de desquiciado y su psicótico empeño en decir mentiras a diestra y siniestra, no les permite digerirlo como líder. Pero es la única opción a la mano para tener por fin un presidente suyo con el cual figurar de tú a tú en las páginas de sociales que tanto evocan para darle de nuevo la preeminencia que le suponen justa a su clase social.

Quizás no pase de ser lo que un día le escuché a una opositora espetarle a alguien que le preguntaba “¿Y si Chávez sale de Miraflores, a quién van a poner ustedes de presidente?”, a lo que ella, jactanciosa y altanera, respondía: “¡Cualquier cosa, hasta un cerdo que pongamos, es mejor!”.

Probablemente, aunque todavía no lo reconozcan en público, para ellos Guaidó no es más que un cerdo. Pero, en medio de la profunda recurrencia en el fracaso en todo lo que hacen, ese cerdo es la única esperanza, quimérica, sí, pero deslumbrante al fin, de ese enfermo en irreversible estado terminal que es la oposición venezolana.

Es la eventual posibilidad de salir por fin de la eterna amargura que los consume, a través de aquella clara distinción capitalista entre ricos y pobres que prevaleció en el pasado, que haga renacer el esplendor del dinero como instrumento de poder, y sus dueños, los acaudalados capitalistas, puedan volver a entrar en Miraflores (y a todos los demás palacios sedes de los poderes del Estado) como Pedro por su casa sin que ningún “pata en el suelo” pueda tildarlos nunca más de “infiltrados” o de simples “enchufados” en la administración pública, como lo son en realidad todos ellos hoy en día, sino como “la superiorísima gente del poder” que ellos consideran que deben ser.

@SoyAranguibel

¿Ilegítimo, por qué?

Por: Pasqualina Curcio

¿Se habrán hecho esta pregunta quienes afirman que Nicolás Maduro es un dictador, un usurpador y que el período 2019-2025 carece de legitimidad? ¿O solo repiten lo que escuchan?

Comenzaron a posicionar esta matriz de opinión los 12 países reunidos en Lima. Se lee en su comunicado: “…el proceso electoral llevado a cabo en Venezuela el 20 de mayo de 2018 carece de legitimidad por no haber contado con la participación de todos los actores políticos venezolanos, ni con la presencia de observadores internacionales independientes, ni con las garantías y estándares internacionales necesarios para un proceso libre, justo y transparente.

Los dirigentes de la oposición venezolana, nos referimos a la no democrática, repiten sin descanso, y por supuesto sin argumentación, que Maduro es un usurpador.

En un acto de desespero, el propio Vicepresidente de los EEUU, Mike Pence al verse obligado a convocar personalmente la marcha opositora para el 23 de enero, debido a la incompetencia de la dirigencia opositora, insistió y repitió que el Presidente Nicolás Maduro es un dictador, usurpador e ilegítimo.

La estrategia es clara, repetir mil veces la mentira para convertirla en verdad.

Desmontemos la mentira:

1. Hubo elecciones presidenciales. Se realizaron el 20 de mayo de 2018, es decir, antes del 10 de enero de 2019, momento en el que de acuerdo con los artículos 230 y 231 de la Constitución se vence el período presidencial 2013-2019. Se estuviese violando la Constitución si las elecciones se hubiesen realizado después del 10 de enero de 2019, o peor aún que no se hubiesen realizado.

2. Fue la oposición venezolana la que solicitó el adelanto de las elecciones. Se realizaron en mayo y no en diciembre, como tradicionalmente se hacía, porque fue la oposición la que solicitó, en el marco del diálogo en República Dominicana, que se efectuasen el primer trimestre del 2018.

3. En Venezuela el voto es un derecho, no es un deber. Quienes de manera libre, aunque influenciados por algunas organizaciones políticas no democráticas que llamaron a la abstención, decidieron no asistir a votar están en su pleno derecho, pero en lo absoluto ilegitima el proceso electoral, más aún cuando eso implicaría desconocer e irrespetar a los 9.389.056 que si decidieron votar y ejercieron democráticamente su derecho al sufragio.

4. Participaron 16 partidos políticos en la contienda electoral (PSUV), (MSV), (Tupamaro), (UPV), (Podemos), (PPT), (ORA), (MPAC), (MEP), (PCV), (AP), (MAS) (Copei) Esperanza por el Cambio, (UPP89). En Venezuela no es obligatorio que todos los partidos políticos participen en los procesos electorales. Están en su pleno derecho de decidir si participan o no. Justamente porque nuestro sistema es democrático. El hecho de que 3 partidos (AD, VP y PJ) decidieron libremente no participar, no ilegitima el proceso electoral.

5. Se postularon 6 candidatos: Nicolás Maduro, Henri Falcón, Javier Bertucci, Reinaldo Quijada, Francisco Visconti Osorio y Luis Alejandro Ratti (los dos últimos decidieron retirarse).

6. Maduro ganó con un amplio margen, obtuvo 6.248.864 de votos, el 67,84%; le siguieron Henri Falcón con 1.927.958, el 20,93%; Javier Bertucci con 1.015.895, 10,82% y Reinaldo Quijada quien obtuvo 36.246 votos, el 0,39% del total. La diferencia entre Maduro y Falcón fue 46,91 puntos porcentuales.

7. Acompañaron el proceso electoral unas 150 personas, entre ellas 14 comisiones electorales de 8 países; 2 misiones técnicas electorales; 18 periodistas de distintas partes del mundo; 1 Europarlamentario y 1 delegación técnico-electoral de la Central Electoral de Rusia.

8. Las elecciones se realizaron con el mismo sistema electoral empleado en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, en las cuales resultó ganadora la oposición venezolana. Sistema que es automatizado y sometido a auditorías antes, durante y después de los comicios. Sistema que garantiza los principios de “un elector, un voto” porque solo con la huella dactilar se desbloquea la máquina de votación; y garantiza el “secreto del voto”.

9. Se realizaron 18 auditorías al sistema automatizado. Los representantes del candidato Henri Falcón participaron en las 18 y suscribieron las actas en las que manifiestan su conformidad con el sistema electoral. Las auditorías son públicas y televisadas en vivo por el canal del Consejo Nacional Electoral. Una vez realizadas las auditorías, el sistema se bloquea y la única manera de acceder nuevamente es con la introducción simultánea de los códigos secretos que tiene cada organización política.

10. Ninguno de los candidatos que participó en el proceso electoral impugnó los resultados. No hay pruebas de fraude, no presentaron ninguna evidencia o denuncia concreta de fraude.

Las elecciones presidenciales del 20 de mayo de 2018 fueron libres, transparentes, confiables, seguras y ajustadas a la Constitución y a las leyes a pesar del llamado antidemocrático a la abstención por parte de un sector de la oposición.

Son otros los que pretenden usurpar el cargo de Presidente de la República con el argumento de un supuesto vacío de poder, figura que no está contemplada en nuestra Constitución y la instauración de un “gobierno de transición”, figura tampoco prevista en la Carta Magna. Por si fuera poco, pretenden ejercer el poder fuera de nuestras fronteras violando el artículo 18 de la Constitución que establece que es Caracas la sede de los poderes públicos.

Así las cosas, son otros los usurpadores, ilegítimos y antidemocráticos.

Es ilegítimo y constituye un intento de usurpación el que algunos sectores de la oposición pretendan sostenerse en el apoyo de sectores extranjeros provenientes de gobiernos imperialistas para ejercer una autoridad que ni el pueblo ni la Constitución les da.

Repitamos mil veces estas verdades.

Pasqualina Pascualina Curcio

La oposición llega al final del manual de Gene Sharp y clama por un gorila

Por: Clodovaldo Hernández /La Iguana TV

 

Una de las conclusiones preliminares que puede sacarse de estos primeros doce días de 2019 es que el famoso golpe suave tiene que ser, en algún momento, un golpe fuerte. O no es golpe.

Para que una “toma del palacio” sea real debe tener por detrás al menos uno de estos poderes fácticos: las masas alzadas, un grupo de militares con mando sobre tropas y equipos bélicos o una fuerza invasora.

La escena del  presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, clamando por unos militares que lo pongan en Miraflores es tan ilustrativa. Mucho manual de Sharp, mucho Twitter, mucho Grupo de Lima, mucho Almagro (cada vez mas desmelenado), mucho cabildo abierto, pero lo que realmente necesitan -o tal vez sea mejor decir que añoran- es un gorila.

Ese gorila puede ser alguien que esté agazapado en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana o un ejército extranjero, aunque esto último -es justo aclararlo- no lo ha dicho abiertamente el diputado de Voluntad Popular.

El punto es que a la oposición la agarró la fecha del 10 de enero sin masas alzadas y sin ningún Pinochet a la vista, pero con una montaña de expectativas creadas a punta de declaraciones de gobiernos enemigos de la Revolución venezolana y de líderes y comentaristas de todo pelaje, en su mayoría actuando desde el exterior del país.

Sobre las masas

La antirrevolución tendría oportunidad de asumir el poder si se hubiese consolidado como un movimiento de masas a lo largo de estos 20 años de enfrentamiento con los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Pero no lo ha hecho. Por el contrario, en los momentos de mayor aglutinación de fuerzas han cometido errores estratégicos, casi todos producto del inmediatismo y de la subestimación del adversario.

¿Ejemplos? En 2002 hasta lograron derrocar a Chávez, pero no tardaron dos días en echar todo por la borda; en 2015 ganaron la batalla de las elecciones parlamentarias, se dedicaron a actuar como quien ya ganó la guerra, y en cuestión de seis meses ya habían decepcionado a la mitad de sus seguidores.

Sin embargo, las pifias que han llevado a la oposición a tener actualmente una mínima capacidad de convocatoria de su militancia son las cometidas a partir de 2017. Primero insistieron en la violencia foquista que ya habían intentado en 2004, 2013 y 2014, pero peor. Convirtieron las zonas de clase media en un infierno gobernado por chicos malos de las mismas urbanizaciones o por malandros importados de barrios vecinos.

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Convencidos de que iban a derrocar a Maduro a punta de guarimbas, se negaron a aceptar el reto de medirse en las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente. Pero este cuerpo deliberante logró pacificar al país incluso desde antes de instalarse. Desde entonces, ha habido cuatro jornadas electorales, de las cuales la alianza opositora aceptó participar en la primera y se ha negado en las otras tres, aunque con una buena cantidad de excepciones y disidencias. Una conducción tan errática ha tenido el efecto de desintegrar a las bases antichavistas y dividir a la Mesa de la Unidad Democrática.

Más allá de lo que le han hecho a su propia militancia, la gran falla de la oposición en materia de masas es su ramplón desprecio por el pueblo chavista, algo que durante el período guarimbero tomó un cariz ya netamente criminal. Cuando los voceros de la oposición (incluidos los del partido de los obispos) dicen que “nadie” participó en las elecciones de la ANC y las presidenciales de mayo, demuestran lo que piensan de unos cuantos millones de compatriotas: que no existen.

¿Cómo se puede apelar ahora a unas masas a las que se le niega incluso la condición de ciudadanos? Es una pregunta que, al parecer, esta gente no se hace nunca.

Amor y odio a los militares

Lo que le ha ocurrido a la oposición con las masas civiles también le ha pasado con la oficialidad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Los líderes de la derecha llevan dos décadas denigrando de ellos, burlándose de los roles que han desempeñado en la llamada unión cívico-militar o haciéndoles desplantes machistas como arrojarles gallinas o enviarles sobres con pantaletas, como si la femineidad fuese sinónimo de cobardía.

En el fatídico 2017 no solo los agredieron verbal y simbólicamente, sino que enviaron a jóvenes y adolescentes a tumbar cercas perimetrales de guarniciones o a dispararles con bazucas caseras o con puputovs, para luego acusarlos de las peores violaciones de los derechos humanos de manifestantes pacíficos y respetuosos de las reglas.

Esa estrategia siguió en marcha en 2018, y alcanzó un punto crucial el 4 de agosto, pues el magnicidio fallido no hubiese cobrado las vidas solo del jefe del Estado, Nicolás Maduro y de buena parte del gobierno civil, sino también las de toda la cúpula militar del país. Ese atentado no puede atribuirse a toda la oposición, pero lo cierto es que ninguno de los líderes importantes de esta tendencia política se atrevió a marcar distancia deplorando lo que bien pudo ser una masacre de los altos mandos.

Todas esas actitudes, acciones y omisiones tienen un peso a la hora en que cualquier personaje opositor pretende darle a la tecla de reset y pedirles ayuda para asumir el poder a esos mismos militares difamados, injuriados, embarrados con excrementos, convertidos en blanco de un atentado.

Para completar el cuadro adverso frente al mundo militar, la entente internacional que apoya a la oposición interna incurrió en un grave error: acusar a la Fuerza Armada venezolana de violar los derechos territoriales de Guyana. Pero si grave fue ese exceso de parte del llamado Grupo de Lima, mucho más grave fue que la AN opositora haya respaldado el documento en el que se hace tan temeraria afirmación.

Solo queda el factor extranjero

Así, pues, la oposición ha llegado al final del manual de Gene Sharp y se ha encontrado con el que siempre será el epílogo del golpe suave: un golpe propiamente dicho.  Como es evidente que no tienen las masas activadas ni el apoyo en los cuarteles, solo queda el factor de una posible invasión extranjera.

No por casualidad, Juan Guaidó le dio expresamente las gracias al Departamento de Estado por favores recibidos y tampoco lo es que el Departamento de Estado ya haya comenzado a tratarlo como si fuera presidente de la República, aunque en materia de tomas de palacio, el presidente de la AN no ha pasado de las inmediaciones del Tolón. Ojalá que no, pero tal vez por ahí vengan los tiros, dicho sea literalmente.

Clodovaldo.jpg Clodovaldo Hernández

Fuente: La Iguana TV

Legitimidades desquiciadas

Por: Alberto Aranguibel B.

Insólito el desparpajo de la derecha hoy en el mundo, enfrentándose como lo hace a la opinión pública con el cinismo y la impudicia sobre los cuales fundamenta en la actualidad su discurso.

La vetusta y decadente fórmula de la demagogia como herramienta de comunicación por excelencia de la derecha con la sociedad, ha sido desplazada en su narrativa política con la nueva lógica de la inmoralidad y la desfachatez de la mentira que se sustenta cada vez más en la irresponsabilidad y el desprecio hacia la gente.

Francia, por ejemplo, que acusa de inviable al gobierno de Venezuela, es incendiada de extremo a extremo por un pueblo enardecido que protesta la inclemencia económica de su neoliberal gobierno, pero al que hay que sancionar es al presidente de nuestro país, que no ha hecho sino entregar su mayor esfuerzo en preservar la paz y procurar la mayor protección económica para su pueblo. Trump, que llegó a la presidencia de EEUU por su promesa de lograr el más grande negocio para los norteamericanos con la construcción de un muro que, según él, pagarían los mexicanos, hoy paraliza a su propio gobierno al perder frente al Congreso la posibilidad de sacarles del bolsillo a sus ciudadanos el costo del demencial y fascista proyecto.

Ahora en Venezuela, esa misma derecha, obtusa y retardataria como es, designa como su máximo líder a un terrorista, guarimbero a carta cabal, que se estrena exigiendo nada más y nada menos que unas elecciones que ya se hicieron y a las cuales se negaron (él principalmente) con la más cruda e incendiaria violencia que el país haya conocido.

Quien ahora pide esa elección clamando por una “democracia legítima”, fue electo hace tres años con exactamente el mismo sistema electoral que impugna, alcanzando en esa oportunidad un exiguo apoyo de los electores que le permitió lograr curul para apenas 14 de los 167 diputados que integran el parlamento.

Con esa ridícula”legitimidad” pretende revocarle el mandato nada más y nada menos que al segundo presidente más votado de nuestra historia republicana después del Comandante Hugo Chávez.

Esas “legitimidades” desquiciadas, que destruyen la democracia y violentan los derechos del pueblo, son las que acusan de dictadura a los gobiernos populares.

@SoyAranguibel

Borges el urogallo

Por: Alberto Aranguibel B.

La derecha venezolana, tal como lo ha puesto en evidencia cada vez que ha tenido la oportunidad, no profesa admiración o respeto alguno hacia los próceres de la Patria. Más bien todo lo contrario, pero no por un asunto de principios doctrinarios sino porque no tienen héroes a quienes rendirle culto.

Son muy contados los protagonistas de la gesta emancipadora que representan de manera más o menos cabal los intereses y valores que hoy encarna la oposición venezolana. Nuestros héroes inspiraron su lucha en la búsqueda incansable de la justicia y la igualdad social que proponía el movimiento emancipador y humanista de aquella gran gesta de libertad y soberanía. Exactamente los principios del chavismo a los cuales se opone hoy la derecha.

En su breve lista, José Antonio Páez es siempre una suerte de gran carta de salvación cuando se ven forzados a la (para ellos) odiosa eventualidad de asumirse patriotas, pero no por sus gloriosas hazañas en la lucha independentista sino por haber protagonizado la mayor confabulación que se conozca de un venezolano contra el Padre de la Patria, y, muy principalmente, por haberle restituido los privilegios a los mantuanos después de la guerra mediante la fórmula de la Cosiata.

La oligarquía criolla es muy estricta en eso del culto a sus héroes (los pocos que tienen). Jamás la admiración hacia ellos debe estar desconectada del simultaneo odio hacia los libertadores y hacia las ideas de emancipación. Francisco de Miranda, por ejemplo, es todavía vituperado en los salones más refinados del Country Club, con la misma saña y desprecio que se le tiene hoy al comandante Chávez en esos recintos. Hábito que les viene desde los orígenes mismos de la venezolanidad, como lo revela aquel bochornoso impasse con el General José Laurencio Silva, a quien el Libertador tuvo que desagraviar en la forma más insólita en medio de un salón de baile, ante el irrespeto del cual el gallardo General era objeto por parte de ese mantuanaje del cual surge el actual.

El asturiano José Tomás Boves, reivindicado por Francisco Herrera Luque como un gran guerrero venezolano, viene a ser quizás el más completo paladín del retorcido concepto de libertad e independencia con el que comulga el antichavismo, porque más allá de la naturaleza anarquista y pendenciera que le caracterizó, Boves es el verdadero arquetipo del empresario privado de medio pelo (vendedor de baratijas de mercería en su caso) que terminó convertido en líder de las revueltas más incendiarias de su tiempo por su sola vocación criminal y asesina.

Quienes exaltan hoy a Boves lo hacen desde la perspectiva supuestamente venezolanista que le inspiraba, porque encarnaba una modalidad de lucha por la independencia que era a la vez una lucha a muerte contra el movimiento libertador que pregonaba la abolición de la esclavitud, así como la justicia social y la independencia de la Patria.

Aquel sanguinario personaje no tuvo conmiseración alguna con los venezolanos que asesinaba en masa a su paso por las poblaciones que asaltaba (más por el regocijo de su sadismo que por ninguna razón política, a las cuales se sublevó en todo momento desconociendo persistentemente el mando de sus superiores en todos los ejércitos en los que peleó). Sin lugar a dudas el perfil que define de manera más perfecta la irracional lógica de la lucha que hoy libran en el país los sectores de la derecha fascista que lidera Julio Borges.

Habiendo sido Páez el autor de la mayor afrenta que se conozca de un venezolano contra Simón Bolívar, Boves es sin embargo el héroe que goza de la mayor admiración por parte de la derecha ultra reaccionaria que hoy se reúne en el antichavismo, porque siendo, como lo fue, un auténtico mercenario de la guerra, sin principios éticos ni morales de ninguna especie, jamás renunció (como sí lo hizo Páez en los inicios de su carrera militar) a las fuerzas realistas que batallaron hasta lo indecible por exterminar el ejército libertador, ni claudicó nunca en su criminal afán de exterminio físico del contrario.

Borges es exactamente eso; un mercenario de medio pelo promovido a la escena pública desde el ámbito de la empresa privada, que ha encontrado en el terreno de la política un espacio para hacerse de grandes negocios (criado en el seno de su hogar como la promesa de una modalidad del derecho para la cual fueron formados muchos venezolanos de los sectores pudientes de la sociedad que concibieron siempre la abogacía no como un instrumento de justicia sino como una herramienta para conseguir mejores oportunidades de esquivar las leyes en la búsqueda de riquezas y posiciones de poder), pero que no tiene, además, el menor prurito en promover y ordenar el exterminio de los venezolanos que no le ayuden a satisfacer sus ansias de gobernar para llevar a cabo la entrega del país al imperio norteamericano (a cuyas órdenes se ha puesto a cambio de una jugosa remuneración en dólares) sin importar si quienes son asesinados por sus sicarios son chavistas u opositores.

Quienes desde la derecha no entienden o repudian a Borges, lo hacen porque no han comprendido ese aspecto tan particular de los asesinos, que, como Boves, no hacen jamás política, sino que urden emboscadas contra la sociedad para sacarle provecho a la política desde una posición de poder.

No supieron leer al Borges auténtico que estaba detrás de la cobarde evasión de responsabilidad en el golpe de abril del 2002, en el que estuvo involucrado hasta los tuétanos pero que negó hasta la saciedad una vez restituido Chávez en la presidencia.

No entendieron su jugarreta en la mesa de diálogo instalada en República Dominicana, en la que él siempre supo desde un primer momento que su presencia ahí tenía la única intención de impedir la firma de algún acuerdo. Por eso es una completa infamia la acusación de “dialogante” que hoy los opositores le hacen.

De ahí que hoy se vea en la obligación de violentar su proverbial cobardía, reconociendo ante el mundo que él ha sido el promotor por excelencia del acoso imperialista que ha provocado la peor crisis económica de nuestra historia, y deba presentarse complacido ante las cámaras por el padecimiento de los millones de venezolanos que hoy sufren las consecuencias de un bloqueo que genera hambre, pobreza y enfermedades sobre todo a los más necesitados, incluso a los miles de opositores que en algún momento creyeron en las falsas promesas de bienestar que les hiciera esa derecha reaccionaria que él encarna.

Exactamente igual a Boves, a Borges no le interesa para nada el bienestar del pueblo, porque el pueblo no tiene nada que ver con su proyecto personal. El pueblo cumple en las batallas de los mercenarios el papel de tonto útil que le asignan siempre los mercenarios. Y eso fue lo que hizo Borges con la esperanza de quienes en algún momento escucharon su promesa del ilusorio bienestar que les depararía la reinstauración del neoliberalismo en el país. Promesa que a la larga terminó convertida en la repulsa que cada vez más gente le tiene, no solo por la impudicia de sus recurrentes errores y fracasos en el terreno de la política, sino por las evidencias de su vil entreguismo. Que van quedando al descubierto a medida que los pozos sépticos de la oposición que él lidera se van destapando y el mundo entero (empezando por los mismos opositores) puede ver con claridad cuánto de asqueroso y repugnante puede llegar a ser este infame personaje.

Hoy Borges se duele por la frustración del genocidio con drones contra el Presidente y las decenas de funcionarios y de gente del pueblo que el 4 de agosto se encontraban en la avenida Bolívar de Caracas, y que él personalmente ordenó desde la mansión que el gobierno colombiano le ha asignado como guarida. Las pruebas que lo incriminan en los celulares y demás evidencias y declaraciones de los terroristas detenidos, son irrefutables. Su plan era la muerte de esos venezolanos para obtener un beneficio político; hacerse del poder para poner el país bajo el control del imperio.

Nada nuevo. Simplemente ha renacido en nuestro suelo el talante exterminador y genocida de un mercachifle de la política devenido en guerrero de la muerte por vocación propia.

Como hace dos siglos, el pueblo de Venezuela, bajo el mismo signo de la justicia y la igualdad por la cual luchó en el pasado hasta conquistar la independencia, derrotará a los mercenarios y a los ejércitos imperialistas, e impondrá la vida sobre la muerte.

¡Juntos, con Nicolás al frente, podemos!

 

@SoyAranguibel    

¡Allá va el ladrón!

Por: Alberto Aranguibel B.

Después de casi veinte años de infundios y difamaciones contra la dirigencia chavista y los funcionarios del gobierno, la oposición decidió en 2014 dar una paso hacia una fase más contundente y mandó una comisión de diputados a Europa a buscar los números de las cuentas bancarias de los corruptos que ella decía habían acabado con el erario nacional mediante lo que denominaban “la mayor corrupción de la historia” en el país.

El jefe de esa delegación parlamentaria dejaba en suelo venezolano el pequeño affaire de las acusaciones (varias acusaciones) contra su propia esposa por malversación y distracción de muy cuantiosos fondos públicos en obras no realizadas en el estado Zulia.

En un inédito acto de intervención auditora, recorrieron todos los bancos de Suiza, de Andorra, de España, Italia y hasta de Portugal, buscando las pruebas del desfalco descomunal que le han dicho siempre a los venezolanos y al mundo que habrían cometido los líderes revolucionarios, que ellos denominaron “boliburgueses” como parte de su campaña de descrédito contra el chavismo.

Pero los que aparecieron, no solo en esos bancos sino en los “papeles de Panamá”, fueron los líderes de la oposición y sus aliados de la alta burguesía criolla que han hecho fortunas con el bienestar económico que la revolución construyó a lo largo de más de diecisiete años para beneficio de las venezolanas y los venezolanos sin distingos de condición social, política o religiosa.

Quedaba al descubierto que la campaña de acusaciones infundadas era solo una estratagema de perversa distracción para esconder a los verdaderos autores del saqueo que la clase pudiente ha hecho desde hace siglos con las posibilidades económicas del país.

Hoy la constante en las noticias que reportan las detenciones de los terroristas que pretenden escudarse en la fachada de “luchadores políticos” para intentar derrocar a la Revolución Bolivariana, es que en su gran mayoría son beneficiarios de grandes contratos en dólares preferenciales que les han sido otorgados para distintos propósitos empresariales, fundamentalmente la supuesta importación de alimentos y otros productos de primera necesidad.

Esos delincuentes son la prueba irrefutable de que quienes han robado son los que gritan “¡Allá va el ladrón!”.

@SoyAranguibel

Marcelo Colussi: “Venezuela: no creer ni el 1% de lo que se dice”

Por: Marcelo Colussi

En Venezuela no hay una narco-dictadura. En Venezuela no hay una dictadura castro-comunista. ¡En Venezuela hay mucho petróleo! Así de simple. Esa es la clave para entender lo que está sucediendo en el país caribeño. Y hay un proceso nacionalista que desde hace años creó un proyecto alternativo, con proyección socialista, que tiene enloquecidos a la derecha nacional y, fundamentalmente, a los grandes capitales globales, estadounidenses en principio, que ven perder un gran negocio (el petrolero ante todo, junto a otros no menos lucrativos, como el hierro, nuevos minerales estratégicos (coltán, bauxita), el gas, el agua dulce, la biodiversidad de la selva amazónica).

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La 1ra. reserva mundial de petróleo
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El Arco Minero venezolano

¿Y qué está sucediendo? Una terrible guerra psicológica y mediática que intenta preparar las condiciones para una posible intervención extranjera (Operación Venezuela Freedom-2 / https://kenzocaspi.wordpress.com/2017/04/05/el-plan-de-eeuu-para-intervenir-a-venezuela-documento-de-comando-sur-operacion-venezuela-freedom-2/), militar probablemente, disfrazada de “operación para rescatar la libertad y la democracia perdidas”.

La idea pertinaz, repetida enfermizamente hasta el cansancio, es que en Venezuela tiene lugar hoy una feroz dictadura que hambrea a su población y la reprime brutalmente. Eso se complementa con la imagen de un país en crisis, al borde de la guerra civil, ingobernable. En otros términos: todo aquello que para la visión de Washington constituye un “Estado fallido”, y que, por tanto, clama por la intervención extranjera para salir de la crisis.

Recientemente, los días 12, 13 y 14 de junio, tuvo lugar en Caracas el Primer Foro Internacional “Violencia y Operaciones Psicológicas en Venezuela”, donde se debatió acerca de la guerra particular a la que está siendo sometida la nación, buscando las alternativas del caso. Definitivamente, la realidad no tiene nada que ver, ¡en modo alguno!, con la imagen virtual que se ha ido construyendo del país, y que es la que recorre el mundo. Imagen, por cierto, que va quedando fijada como la única realidad de la patria de Bolívar. Por eso mismo, como dice el título del presente escrito: ¡no creer ni el 1% de lo que se dice!

Sin dudas, no es posible afirmar que Venezuela está en paz, que sigue su vida cotidiana normal libre de inconvenientes. Por el contrario, se la ha llevado a un clima de zozobra inusual. La vida cotidiana del ciudadano venezolano término medio se está viendo afectada, golpeada, enrarecida. El miedo y la desconfianza del otro se han instalado, junto a una situación de incomodidad creciente en la resolución del aprovisionamiento básico.

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Encapuchados opositores aterrorizan a la sociedad venezolana

Pero a ello se suma, desde inicios del mes de abril, una provocación con características de operaciones bélicas de baja intensidad. En realidad, no son muchas las personas involucradas en esos actos de desestabilización, pero sí suficientes para provocar la angustia social, el pánico a veces, la incertidumbre. Jóvenes, generalmente provenientes de los sectores más humildes y pagados como mercenarios (a veces pagados con drogas), según las informaciones disponibles: preparados militarmente en Colombia en técnicas de “guerra callejera”, están llevando a diario acciones de disturbios en distintas ciudades del país. Montaje de barricadas, cobro de impuesto de circulación a los ciudadanos que deambulan por allí, quema de dependencias gubernamentales, ataques contra las fuerzas de seguridad bolivarianas, agresiones contra puntos sensibles como hospitales, guarderías infantiles, en todos los casos apoyados por francotiradores debidamente apostados, estas acciones vienen cobrando un promedio de no menos de un muerto diario desde hace ya más de dos meses.

Con todo ello se crea un clima de inseguridad y caos que termina por “enloquecer” a los habitante, básicamente, en los sectores no chavistas, difundiéndose rumores atemorizantes, siempre en clave de violencia, de lógica de guerra. Pero sirven para “enloquecer” también a la sociedad en su conjunto.

Está claro que esta bien pensada y elaborada guerra psicológica tiene como objetivo final abonar para un clima de desasosiego total que pueda terminar llevando a una guerra civil. La zozobra generalizada ya se está logrando. Si las muertes diarias y las agresiones vandálicas continúan, la matriz mediática se encargará de mostrar eso como el caos más mayúsculo de la historia, que obliga a intervenciones externas que puedan garantizar la más.

Lo repetimos con la mayor y enérgica contundencia: ¡¡no se debe creer ni el 1% de lo que los medios masivos de comunicación propalan sobre Venezuela!!

El desabastecimiento, el mercado negro, la crisis financiera, las muertes cotidianas, el temor inducido de la población, el clima paranoico con el que se vive dividiendo el país en forma visceral entre chavistas (“malos”) y antichavistas (“buenos”) es una monstruosa campaña mediático-psicológica orquestada por quienes ansían no perder sus negocios ni su cuota de poder.

Masacre
Terroristas opositores linchan a efectivo de la Guardia Nacional Bolivariana

Es imprescindible dejar claro por todos los medios posibles que en Venezuela ¡¡no existe el caos que se quiere presentar!! En Venezuela se ha inducido una enfermiza, “loca” polarización que puede servir para justificar el robo de sus recursos, tal como se hizo en otros países: Libia, Irak, Afganistán. En Venezuela no hay dictadura; ¿cuándo un gobierno dictatorial permitiría ser insultado en la cara por la oposición sin reaccionar? ¡¡En Venezuela hay cuantiosos recursos naturales que la voracidad capitalista de grandes empresas no quiere perder!! Y para ello apela a esta guerra psicológico-mediática que está volviendo locos a los venezolanos, enfrentándolos y desquiciándolos.

Una prensa veraz, seria y profesional debe denunciar enfáticamente estas calumnias.

marcelo_corlussi2 Marcelo Colussi

 

La Patria sigue

Por: Alberto Aranguibel B.

Si algo ha determinado la generación de malestar entre el pueblo venezolano a lo largo de los últimos años, es la inmensa libertad de acción con la que cuentan los sectores neoliberales que han jugado al fracaso y al derribamiento del proyecto revolucionario mediante la especulación, la manipulación cambiaria, el acaparamiento y contrabando de productos esenciales y de medicinas, que el pueblo necesita.

La inflación que esas practicas usureras han provocado demuestra de manera irrefutable que la crisis no es de ninguna manera producto de las políticas socialistas, sino que deriva directamente de la avaricia capitalista de un sector parasitario habituado al subsidio y a las prevendas que el modelo neoliberal le proveyó siempre en el pasado.

El Gobierno del Presidente Nicolás Maduro ha entregado su mayor esfuerzo en la lucha contra las distorsiones que esa avaricia capitalista le genera a la economía nacional, colocándose incluso por encima de la más brutal caída del ingreso del país, para evitar a toda costa que esa crisis arrase con las grandes conquistas sociales alcanzadas por las venezolanas y venezolanos durante el periodo revolucionario.

Esa capacidad de acción no puede ser reducida arbitrariamente por ningún gobierno (ya sea de derecha o de izquierda) sin violar la Constitución que, aún bajo la avanzada concepción revolucionaria del ’99, consagra todavía derechos empresariales que para esos sectores resultan sagrados.

Solamente por la necesidad de destrabar ese nudo gordiano, Venezuela necesita seguir profundizando en la búsqueda de la justicia y la igualdad social que propuso Chávez, sin la pesada carga de las rémoras capitalistas que nuestro modelo aún entraña y que tal vez en los albores de la Revolución no eran tan visibles como hoy.

Un nuevo proceso Constituyente, basado en el Poder Originario ejercido plenamente por el pueblo, no es en forma alguna una rectificación que ponga en riesgo los grandes alcances sociales logrados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, sino que, por el contrario, es un avance necesario para permitirle a la misma colocarse a tono con la nueva realidad social y económica del país, definitivamente mucho más madura desde el punto de vista ideológico e institucional que hace dieciocho años.

Una Revolución no es tal si no se actualiza de acuerdo al ritmo al que avanza su pueblo. Por eso la derecha peleará a muerte por evitar a toda costa ese avance.

@SoyAranguibel

Angel Guerra: Venezuela: la derecha busca un baño de sangre

Por: Angel Guerra Cabrera / la Jornada 

Más de 26 muertos, cientos de heridos y daños materiales estimados en 100 mil millones de bolívares es el saldo provisional de la violencia generada por el demencial clima de odio y violencia desatado por las protestas opositoras en abril.

¿Sus antecedentes inmediatos? Hace poco más de un año la contrarrevolución obtuvo mayoría en la Asamblea Nacional(AN) y se sentía más fuerte que nunca. Por primera vez desde 1998 había superado al chavismo en unos comicios. No hizo más que instalarse el órgano legislativo e inició un camino irracional hacia el golpe de Estado, que es lo suyo.

El nuevo presidente del Legislativo manifestó que en seis meses sacaría del cargo a Nicolás Maduro. Al continuar éste en su puesto, pasado el plazo, los legisladores oposicionistas le hicieron un juicio político en 24 horas y acordaron convocar elecciones en 30 días, decisiones para las que la AN no está facultada por la Constitución. Para no hablar de la ridícula ausencia del mandatario que declararon.

La AN se extralimitaba cada vez más en sus competencias y atropellaba las de otros poderes del Estado, cuando decidió juramentar a tres diputados cuya elección había sido anulada por el Consejo Nacional Electoral, que la consideró fraudulenta. Ante el reiterado atropello de la Constitución, es que el Tribunal Supremo, garante de su observancia, decide declararla en desacato y en el ínterin asumir algunas de sus funciones ante asuntos que requieren resolución urgente por interés social.

Bastaría que revocara la juramentación de los tres diputados para que cesara la situación de desacato. Pero no, prefiere acusar a Maduro de haber dado un “autogolpe”, cuando en realidad es la mayoría opositora la que mantiene una conducta golpista desde la misma instalación de la AN, que se retrotrae al golpe del 11 de abril de 2002, del cual son cómplices todos sus cabecillas más connotados. El “autogolpe” ha sido el pretexto para la nueva ola de protestas violentas, siempre apegadas, al igual que las de febrero de 2014, al “manual” del asesor de la CIA Gene Sharp y a las directivas de la Operación Venezuela Freedom 2 del Comando Sur yanqui.

En concordancia con la violencia opositora, sus exigencias son inaceptables por su carácter golpista: destituir a los jueces del Tribunal Supremo, convocar a elecciones de inmediato, liberar a los presuntos presos políticos y abrir un canal humanitario para asistir a la población. Puro cinismo. Es también el caso de la marcha convocada para el miércoles 26, cuyo supuesto objetivo era entregar una carta en la oficina del Defensor del Pueblo para solicitarle que –bajo descaradas amenazas– declare en falta grave a los jueces del Tribunal Supremo, requisito legal para que la AN los destituya.

El objetivo real era buscar derramamiento de sangre y una vez más lo consiguieron. Tarek Williamn Saab, defensor del Pueblo, ha declarado que la misiva ha sido entregada ya 15 veces por personeros opositores y desestimada por improcedente. Esta marcha, como siete anteriores que la oposición ha intentado conducir al centro de Caracas, no ha sido autorizada, como ocurre en otros países, donde se impide marchar en determinadas áreas. Aquí una explicación de por qué la prohibición.

Con el extremismo de derecha en el poder en Washington, la contrarrevolución tiene tres objetivos: asaltar el poder no importa el costo en vidas humanas y a la economía; impedir la recuperación económica y política de la Revolución Bolivariana en pleno curso, y ocultar su hundimiento político en un momento en que el chavismo ha ganado considerable fuerza, como lo demuestran sus movilizaciones de calle en comparación con las de los adversarios.

La hostilidad de la OEA, de varios gobiernos de derecha o atemorizados y la campaña mediática sin precedente contra Venezuela han contribuido mucho a estimular la demencia opositora. Un individuo mediocre, rencoroso y de baja estofa como Luis Almagro, ha terminado de descalificar a la OEA para tratar cualquier tema relacionado con la Patria de Bolívar.

Al fin y al cabo, el organismo siempre ha sido instrumento de la política injerencista y agresiva de Washington contra los gobiernos soberanos de Nuestramérica. El fin único de la oposición es derrocar el orden constitucional para volver al infierno neoliberal y a la represión masiva contra el pueblo. Mucho peor y más sangrienta que la ejercida después de “El caracazo”.

Angel Guerra  Angel Guerra Cabrera / La Jornada

Aranguibel en VTV: Lo que pretende hoy la derecha es lo mismo que intentó hace 14 años.

Alberto Aranguibel sostiene en el programa Desayuno VTV, que transmite Venezolana de Televisión, que la oposición en el país ha sido siempre la misma y que lo hoy está tratando de hacer con el gobierno del presidente Nicolás Maduro es exactamente los mismo que intentaron contra el comandante Chávez en abril de 2002.

Guerra chimba no gana elecciones

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 16 de noviembre de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

No puedes comprar mi vidaLatinoamérica / Calle 13

Lorenzo Mendoza es un acaudalado empresario porque no tuvo oportunidad de más nada. Su abolengo, seguramente plagado de tías amorosas y aplicadas institutrices que deben haber nutrido sus fantasías a lo largo de su vida con las grandezas y las maravillas del feliz mundo de los “ricos y famosos”, tiene que haber servido para crear en él la ilusión de un destino de supremacía y de trascendencia extraordinaria que hoy, de cara a la elección parlamentaria del 6 de diciembre, termina por convertirse en un verdadero percance para la burguesía venezolana, a la que no le gusta para nada perder dinero en experimentos audaces y descabellados.

Lorenzo es admirado en el ámbito de la oligarquía criolla no por sus condiciones como gerente visionario o emprendedor, porque su fortuna le cayó virtualmente del cielo cuando la parca vino a exigirle a su progenitor el cumplimiento del óbito inexorable, sino porque tiene mucha plata.

No es Lorenzo, digámoslo así, un líder carismático conductor de masas que haga efervecer con verbo ilustrado o medianamente deslumbrante la fuerza telúrica del pueblo ni en una dirección ni en otra. Lo de andar “en la guerra”, como tan cándidamente se lo dice a su “pana” Ricardo Hausmann delirando con la quimera de un relanzamiento del neoliberalismo que ellos aspiran para el país, es una malcriadez de niño rico que seguramente le sale del no saber qué hacer ya con tanto dinero, que es lo único que él tiene.

En medio de su arrogancia, los ricos creen que dominan el mundo no por sus aptitudes personales sino porque piensan que sus riquezas lo pueden todo. Un error en el que incurren de manera persistente las oligarquías a través de la historia, precisamente por su ineptitud para la política.

Tal vez, por supuesto, sean muchas las cosas que puede lograr el dinero. Pero, cuando hay un pueblo consciente de su papel histórico en la construcción de un proyecto de país basado en la justicia y la igualdad social, ganar elecciones no es una de ellas. Capriles Radonski es la mejor demostración de eso.

Siendo el líder en el que más ha invertido la derecha venezolana para desarrollar su imagen y convertirlo en el más poderoso candidato frente a las opciones de la revolución bolivariana en cuatro procesos electorales consecutivos en menos de dos años, Capriles mordió el polvo de la derrota en cada uno de ellos con contendores como Nicolás Maduro, quien con apenas once días de campaña a los que le sometió el infortunio del fallecimiento del Comandante Chávez, terminó por erigirse en el segundo Presidente más votado de la historia política venezolana. Amén de la cantidad de candidatos a gobernaciones y alcaldías de todo el país que en ambos casos derrotaron por su condición y su fuerza revolucionaria las torpes pretensiones plebiscitarias de Capriles.

Pero cuando el poder del dinero se decide a intentar asaltar el poder por vía de la guerra económica, la derrota es todavía más demoledora. Y eso también lo demuestra la historia.

A Augusto Pinochet, por ejemplo, lo ha querido colocar la burguesía rastacuero y pitiyanqui latinoamericana como un resultado del fracaso del modelo socialista impulsado entonces por el presidente Salvador Allende.

La irrefutable verdad es hoy harto conocida por el mundo; Richard Nixon en persona, junto a su genocida Secretario de Estado, Henry Kissinger, fue quien desató la furia desalmada de la empresa privada para provocar un estallido social con el que pretendían derrocar al gobierno de la Unidad Popular. Solo que sin lograrlo.

Aquella guerra, mucho más cruel y brutal que la que hoy en día han desatado contra el pueblo venezolano la mayoría de las mismas transnacionales que se confabularon en 1973 contra el pueblo chileno, no surtió el efecto desmovilizador que se proponían los fascistas al servicio del imperio.

¿De no ser así, por qué fue necesario un golpe tan brutal y tantas muertes como las que llevó a cabo Pinochet, si supuestamente la guerra económica, el desabastecimiento y la especulación, iban a hacer su trabajo? ¿Por qué no someter a consulta en elecciones libres la decisión de continuar o no con aquel gobierno?

¿Cabría pensar que la burguesía chilena no tendría intención contrarrevolucionaria alguna desde el mismo día en que Allende fue electo? Hay que recordar que el golpe se produce tres años después del triunfo de la Unidad Popular y luego de nueve años de la irrupción del líder socialista como opción presidencial en las elecciones de 1964 ¿Por qué los factores del capital privado y de la ultraderecha chilena tuvieron que esperar tanto tiempo para dar su zarpazo contra la democracia?

Porque nunca contaron con el respaldo popular para hacerlo.

De hecho, Salvador Allende, a pesar de la delicada situación económica y de la huelga de transportistas que el imperio había promovido meses antes, tenía previsto anunciar el día 11 de septiembre de aquel año un llamado a plebiscito. Fue el mismo Augusto Pinochet, entonces Comandante en Jefe del Ejército, quien le sugirió al mandatario que postergara esa consulta popular para una “mejor fecha”. Los gorilas le tenían miedo a una elección porque el pueblo había dado demostraciones de descontento, de profundo malestar con la escases y la especulación desatadas, pero también había dado cada vez con más fuerza muestras más que inequívocas de unidad y de convicción revolucionaria.

Quienes argumentaron que en Chile el socialismo se habría desmoronado y que por eso nadie acudió a proteger La Moneda durante el golpe, lo hacen para ocultar el coraje del Presidente mártir que prefirió inmolarse por su pueblo antes que sacrificar vidas humanas en el combate. Su orden fue que ninguna de las fuerzas revolucionarias se concentrara en el palacio aquel nefasto día. Algo de lo cual sacaron un provecho determinante los traidores.

Por esa razón Zelaya fue sacado del gobierno en Honduras en medio de una fría madrugada, exactamente igual a como años antes el mismo poder imperial sacó al General Noriega en Panamá, a Bertrand Aristide en Haití y asesinó a Bishop en Grenada. En cada caso, las asonadas golpistas estuvieron precedidas por guerras económicas tanto o más feroces que la que el gran capital nacional e internacional ha impuesto en Venezuela para tratar de derrocar el gobierno del presidente Nicolás Maduro. El temor a elecciones libres fue siempre el mismo.

De ahí los asesinatos de Gaitán y Galán en Colombia, así como Colosio en México, y decenas de candidatos a alcalde en ambos países a manos del sicariato político. Esos mismos factores han intentado durante décadas acabar con la vida de Fidel, de Morales, de Correa y de Maduro, tal como lo intentaron con Chávez. El vetusto y mil veces fracasado guión del Departamento de Estado norteamericano de pretender acabar con los procesos de transformación social en Suramérica por la vía de la guerra económica en la que tanto se esfuerza el inefable Lorenzo, es copiado y reeditado recurrentemente por las oligarquías ramplonas de nuestro continente sin lograr jamás alcanzar con el solo poder del dinero el triunfo electoral que tanto anhelan para imponer de nuevo su régimen de devastación y de hambre en nuestro suelo. Por eso recurren al magnicidio.

En Venezuela, la derecha se ha convencido de que las colas y el desabastecimiento que el neoliberalismo lleva a cabo para intentar un estallido social son votos automáticos para ella. De ser cierta esa especie, habría que preguntarse ¿Por qué no hay huelgas de consumidores, o de amas de casa, o de transportistas, o de médicos, o de estudiantes, en Venezuela? ¿Por qué son tan exiguas y lánguidas las concentraciones públicas de la oposición? ¿Por qué fue tan estruendoso el fracaso de sus elecciones primarias?

¿Por qué después de tantas amenazas y campañas terroristas no se fueron del país ni la Procter & Gamble, ni Colgate, ni Unilever, ni ninguna de las grandes corporaciones transnacionales? ¿Por qué luego de su bravata golpista McDonalds regresa con el rabo entre las piernas a vender aquí sus insalubres papas fritas?

Pues porque la guerra de Lorenzo es una guerra infructuosa que no puede con la lealtad de un pueblo noble y profundamente revolucionario, que sufre con estoicismo su padecimiento pero consciente de que su enemigo no es precisamente el presidente Maduro sino los miserables de ese sector privado que día tras día quedan al descubierto en su indolencia cada vez que se les captura escondiendo alimentos y saqueando al país con el contrabando, el bachaqueo y la usura.

U ofertando el país por un puñado de dólares, como hace Lorenzo con su desquiciada guerra.

 

@SoyAranguibel

Abril descubrió a los infames

– Publicado en Últimas Noticias el 11 de abril de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Nadie en el mundo (salvo en su casa) sabía quién era el periodista Otto Neusdtal, hasta entonces corresponsal en el país de la cadena CNN, cuando en Abril de 2002 reveló una de las más brutales asonadas criminales desatadas contra pueblo alguno en la historia contemporánea, como lo fue la de la colocación por órdenes del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica de un grupo de francotiradores en las adyacencias de Puente Llaguno para asesinar con frialdad a decenas de venezolanos y con ello provocar una ruptura del hilo constitucional.

Lo que se descubrió entonces no fue solamente que se había fraguado premeditadamente un golpe de las más perversas y cruentas características, como en efecto lo fue, ni que los políticos de la derecha que hasta ese día se presentaban como insignes defensores de la constitucionalidad y la democracia en realidad estaban agazapados estratégicamente detrás de toda esa confabulación, como quedó evidenciado, sino que el accionar de todos ellos se basaba en la mentira.

De allá para acá, el debate político en Venezuela se ha centrado en la demencial batalla entre la recurrente mentira opositora y el desmontaje permanente que la revolución se ve obligada a adelantar para develar la verdad ante el mundo. Quizás una de las graves fallas comunicacionales de la revolución sea precisamente no haber logrado tomar la delantera en esa dinámica reactiva y epiléptica en la que la derecha nos ha sumido con el tema de su mentira. Una absurda competencia de quita y pon donde la derecha miente y la revolución desmonta.

¿Tendrá que ser así para siempre?

No necesariamente. Si algo ha derrotado a la pretensión neoliberal por reinstaurarse a sus anchas en nuestro país, ha sido el altísimo nivel de conciencia que ha adquirido nuestro pueblo a partir de la idea de soberanía, de justicia y de igualdad social, que el Comandante Chávez nos legó con su propuesta de socialismo bolivariano.

Necesario es no olvidar. Pero mucho más lo es el impostergable compromiso de lucha por impedir la recuperación de esa derecha fascista cuyo único propósito ha sido, es y será siempre el de acabar con la revolución con base en infamias y mentiras.

 

@SoyAranguibel