Debut y despedida

Por: Alberto Aranguibel B.

Como todo lo que hacen siempre los líderes la oposición, él supo ingeniárselas para demostrarle al mundo no solo que los demás eran idiotas sino que él, mucho más allá de lo que todo el mundo pensaba, era el más inteligente y refulgente de todos cuantos por su cargo pasaron.

Por eso se inició con la que en la oposición se considera la más astuta de las estrategias; jugarse una carta que nadie hubiera jugado jamás, o que nadie se hubiera atrevido nunca a jugar por audaz y descabellada. La de la autojuramentación, nada más y nada menos que como presidente interino.

Ese solo acto de pueril gallardía lo presentaría ante los suyos como todo un Mesías de nuevo cuño, convencido como estaba de que de ahí en adelante nada podría interponerse entre él y el cielo.

Desde el primer momento supo siempre que todo era una farsa. Que jamás llegaría a Miraflores mientras los chavistas existieran. Pero, fiel a la proverbial conseja opositora de tirarse la parada, se dijo a sí mismo que “peor es nada”.

Y fue ahí donde comenzó el sainete más ridículo que la historia política venezolana recuerde, incluido aquel pintoresco caso del candidato Pedroza, del cual todo el país se burló tanto a mediados de los años ochenta, no tanto por su disparatado proyecto de llegar a Miraflores en burro, como por su singular recurrencia en el absurdo en todo lo que planteaba.

Claro, como la mayoría del país de hoy es menor de treinta y tantos años, el evento Pedroza no es comúnmente recordado. De ahí que para mucha gente en la oposición Guaidó haya aparecido como una verdadera revelación, con poderes casi místicos capaz de exterminar de raíz el chavismo que ningún líder opositor había podido ni siquiera pellizcar.

Pero, la realidad terminó siendo tan implacable como se suponía que tendría que ser en un mundo verdadero, no quimérico ni ilusorio; el tinglado se le vino abajo cuando al interinato se le agotó su cuarto de hora en la escena.

Hoy el otrora Mesías no es ni la sombra de lo que el paquete ofrecía. Los trajes de Armani cortados al estilo Obama, no lucen ya su encandilante fulgor. Sus antiguos admiradores no hacen sino despotricar de él con la peor saña.

Ahora su invitación a una marcha el 16 de este mes, es la invitación a una despedida.

Qué triste pueden llegar a ser los finales de las farsas.

@SoyAranguibel

Aranguibel: Los pueblos latinoamericanos están hoy cohesionados por la misma idea de justicia e igualdad social que impulsó Chávez.

Caracas, 31/10/2019.- En entrevista con el periodista Boris Castellano en el programa 360 transmitido este jueves por Venezolana de Televisión, el analista y constituyente Alberto Aranguibel sostuvo que las convulsiones sociales y los cambios políticos que se experimentan hoy en la región latinoamericana, no son sino expresión de la cohesión de las luchas que desde hace décadas liberaron de manera desarticulada los pueblos, y que hoy, gracias al impulso que le dio a lo largo de la Revolución Bolivariana el Comandante Chávez a la idea de justicia e igualdad social, han adquirido un mismo sentido y una misma direccionalidad en la búsqueda del bienestar común.

Fuente: Venezolana de Televisión

La nueva vieja política

Por: Alberto Aranguibel B.

Los dirigentes de la oposición que en algún momento han sido exaltados por sus propios militantes a la condición de líderes supremos de la contrarrevolución, han sido (todos sin excepción) execrados por esa misma militancia y reducidos al más desolador ostracismo con la misma vehemencia con la que antes los erigieron, bajo un argumento que necesita ser estudiado con detenimiento.

Desde aquel inefable frijolito que enfrentaron al Comandante Chávez al inicio mismo de la efervescencia revolucionaria, la intención fue siempre la de oponerles a los líderes de la revolución, primero a Chávez y hoy a Maduro, figuras de comprobada trayectoria pública pero que a la vez encarnaran una nueva forma de hacer política.

Así fueron sembrando en cada oportunidad las mismas esperanzas en todos y cada uno de los que fueron desfilando por ese pedestal del antibolivarianismo al que fueron encumbrados y luego defenestrados.

Los fueron defenestrando uno a uno porque se percataron, como quien descubre el agua tibia, que solo representaban los postulados de una vetusta forma de concebir el país y la política, por lo cual no ofrecían posibilidad alguna de triunfo frente al chavismo.

Teniendo, como los tienen, líderes valiosos, muchos de ellos formados en las mejores universidades del mundo, con amplia experiencia en la lucha política partidista, parlamentaria y de calle, escogen finalmente a Juan Guaidó precisamente porque según ellos es todo lo contrario. Es lo nuevo, lo puro.

¿Pero, qué es lo nuevo que propone Guaidó para los que no terminan de salir de él y todavía le rinden pleitesías y le cantan alabanzas?

Hasta ahora lo que ha hecho es engañar cínicamente a sus propios seguidores ofreciéndoles a diario villas y castillas sin cumplir jamás lo que promete. Robar de manera descarada activos del Estado para ponerlos supuestamente al servicio del pueblo, pero el pueblo sigue padeciendo el bloqueo que él mismo ha promovido. No llevar a cabo ninguna obra de tan siquiera mediana envergadura que responda a las demandas de salud, alimentación, vivienda, servicios públicos eficientes, educación, trabajo.

Ha tenido el poder y los recursos que ninguno de sus predecesores tuvo y ha sido el que menos ha cumplido. Al igual que todos esos irresponsables que fueron echados al olvido por sus propios seguidores, vive muerto de la risa porque también en eso de ser irresponsable es superior a los demás.

Nada es más parecido a la vieja política.

@SoyAranguibel

El “batigobierno”

Por: Alberto Aranguibel B.

Como todo héroe de ficción que se precie de tal, Guaidó es una figura de doble personalidad que opera bajo el principio de preservar escrupulosamente una identidad pública para unos fines y una secreta para otros.

En el mismo momento en que dice que no hablará jamás con Diosdado Cabello, su otro yo llega camuflajeado con capucha y zapatos de patente a la reunión con el líder chavista. Cuando jura que él personalmente meterá una ayuda humanitaria por la frontera, su otro yo se distancia de eso diciendo que hay que investigar a los responsables de esa operación por corruptos. En el mismo instante en que aparece en vivo diciendo que tomó La Carlota, su otro yo aparece, también en vivo, en la Plaza Altamira ofreciendo una nueva fecha para marchar contra el gobierno. Un Guaidó dice que no irá a dialogar a Oslo y el otro anuncia que ya su gente está en Oslo.

Ese don del perfecto desdoblamiento es el que convence a la gente de que ambos individuos no son la misma persona. Que son seres distintos. Por eso nunca nadie creyó que Clark Kent era Supermán, ni Diego de la Vega el Zorro. Demasiado diferentes para ser iguales.

Exactamente lo mismo que le pasa a Guaidó con sus seguidores.

Sin excepción, todos los comentaristas y analistas políticos de la oposición descargan contra él en sus entrevistas, programas de opinión y cuentas de redes sociales la más virulenta andanada de cuestionamientos, improperios y descalificativos. Pero todos, absolutamente todos, lo apoyan a pie juntillas como si se tratara en realidad de dos personas distintas que no tuvieran nada que ver una con la otra.

Todos declaran públicamente su desacuerdo con él y su séquito de arribistas y asaltantes. La mayoría hasta se burla ahora de la autojuramentación que en algún momento le celebraron. Pero todos lo aplauden, lo tratan de “señor Presidente” y lo animan a seguir adelante.

La indignación con uno, se convierte en fresca brisa de aliento cuando aparece el otro.

Ha terminado siendo todo un vulgar héroe de comiquitas; que recibe de la gente aclamaciones y vítores cuando se disfraza con su corbatica de autojuramentado, y reproches y burlas cuando cambia de personalidad y se convierte de nuevo en el pusilánime que todos conocen.

Muchos de ellos no lo ven ya gobernando en Miraflores, sino en la Baticueva.

@SoyAranguibel