El “batigobierno”

Por: Alberto Aranguibel B.

Como todo héroe de ficción que se precie de tal, Guaidó es una figura de doble personalidad que opera bajo el principio de preservar escrupulosamente una identidad pública para unos fines y una secreta para otros.

En el mismo momento en que dice que no hablará jamás con Diosdado Cabello, su otro yo llega camuflajeado con capucha y zapatos de patente a la reunión con el líder chavista. Cuando jura que él personalmente meterá una ayuda humanitaria por la frontera, su otro yo se distancia de eso diciendo que hay que investigar a los responsables de esa operación por corruptos. En el mismo instante en que aparece en vivo diciendo que tomó La Carlota, su otro yo aparece, también en vivo, en la Plaza Altamira ofreciendo una nueva fecha para marchar contra el gobierno. Un Guaidó dice que no irá a dialogar a Oslo y el otro anuncia que ya su gente está en Oslo.

Ese don del perfecto desdoblamiento es el que convence a la gente de que ambos individuos no son la misma persona. Que son seres distintos. Por eso nunca nadie creyó que Clark Kent era Supermán, ni Diego de la Vega el Zorro. Demasiado diferentes para ser iguales.

Exactamente lo mismo que le pasa a Guaidó con sus seguidores.

Sin excepción, todos los comentaristas y analistas políticos de la oposición descargan contra él en sus entrevistas, programas de opinión y cuentas de redes sociales la más virulenta andanada de cuestionamientos, improperios y descalificativos. Pero todos, absolutamente todos, lo apoyan a pie juntillas como si se tratara en realidad de dos personas distintas que no tuvieran nada que ver una con la otra.

Todos declaran públicamente su desacuerdo con él y su séquito de arribistas y asaltantes. La mayoría hasta se burla ahora de la autojuramentación que en algún momento le celebraron. Pero todos lo aplauden, lo tratan de “señor Presidente” y lo animan a seguir adelante.

La indignación con uno, se convierte en fresca brisa de aliento cuando aparece el otro.

Ha terminado siendo todo un vulgar héroe de comiquitas; que recibe de la gente aclamaciones y vítores cuando se disfraza con su corbatica de autojuramentado, y reproches y burlas cuando cambia de personalidad y se convierte de nuevo en el pusilánime que todos conocen.

Muchos de ellos no lo ven ya gobernando en Miraflores, sino en la Baticueva.

@SoyAranguibel

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