¡Allá va el narcoestado!

Por: Alberto Aranguibel B.

“Estados Unidos no combate en verdad el narcotráfico, sino que lo coordina”
Hugo Chávez

En el cine, la narrativa de la fascinación y el entretenimiento no ha sido jamás la figura fundamental del relato, sino que ha sido la narrativa (violenta, cruda o candorosa) la que ha estado en todo momento al servicio de ese propósito alienante que se ha trazado el imperio norteamericano para permear de una manera sutil y sugestiva entre la gente su dogma de la dominación a la que se considera predestinado.

El todo eso, el ser humano cumple una función de complemento necesario, que desempeña más el papel de “objetivo estratégico” para el capitalismo, que de “público” o de simple “espectador”, como lo presenta la industria cinematográfica para ocultar la barbarie mediática que hay detrás de la pantalla.

Siendo el ser humano el elemento central de esa narrativa, la intensiva promoción a través de la pantalla de hábitos de consumo con mayor potencial de masificación, como el cigarrillo o las bebidas alcohólicas, apareció entonces como una de las áreas de oportunidad más rentables para la economía norteamericana. Convertir a la sociedad en consumidora empedernida de esos vicios sin importar el daño que le causaban a la misma, venía a ser para el capitalismo una inestimable mina de oro, a la que se abocó por más de medio siglo de manera ininterrumpida a través de las más cuantiosas inversiones en publicidad (directa, subliminal o por emplazamiento) tanto del cigarrillo como del licor, en todas y cada una de las películas que se filmaron no solo en los Estados unidos sino en el mundo entero. La caja roja y blanca del cigarrillo Marlboro, no dejó nunca de aparecer en pantalla como el más infaltable y encantador paliativo de las angustias de toda índole para el ser humano, sin importar cuál fuese el tema o la historia que se narrara.

Pero, alcanzando ya el primer cuarto del siglo XXI, y después de más de siete décadas de la asfixiante presencia del cigarrillo convencional en el cine, ahora lo que fuma todo el mundo en pantalla es mariguana.

La mariguana es apenas una de las decenas de drogas que consume de manera masiva la casi totalidad de la población norteamericana en todos sus estratos, sin distingo de clase social, raza, credo u orientación sexual, convirtiéndose, principalmente gracias al cine, en el hábito más extendido en Norteamérica, país donde el consumo, ya sea por razones medicinales o simplemente recreativas, se ha legalizado en la casi totalidad de los cincuenta estados que lo integran, alcanzando la dudosa honra de poseer la más alta cifra de consumo de estupefacientes en el mundo, y elevando consecuencialmente el número de muertes por sobredosis en ese país por encima de las siete mil personas al mes, según ha reconocido el propio presidente Donald Trump.

¿Qué pasó entonces en esa sociedad, que desde hace tanto tiempo se jactó de perseguir implacable y sin contemplaciones como ninguna otra el tráfico y el consumo de estupefacientes, para convertirse en la más adicta al consumo de drogas en apenas tres o cuatro décadas?

Simplemente que hacía falta una nueva (y más segura y rentable) fuente de generación de riqueza que ayudara a paliar la caída de un modelo económico agotado, como lo es el capitalismo, cuya dependencia del férreo sistema bancario convencional (con controles cada vez más a la vista de los organismos del Estado, así como los crecientes pasivos fiscales y laborales que le obligan) ha terminado por hacer cada vez más inviable la creación de fórmulas alternativas de multiplicación para el capital. En sociedades cada vez más empobrecidas precisamente por efecto del explotador modelo capitalista, el consumo no es ya aquella fuente inagotable de dinero que fue en otros tiempos.

La lógica de la especulación bursátil (concebida por el capitalismo para abrirle espacio a las grandes corporaciones más allá de las limitadas posibilidades de expansión del capital que le ofrece el agotado modelo bancario existente) así como el exponencial incremento del rédito a través de figuras como la corrupción (ideada y practicada por la empresa privada como medio para elevar sus ganancias de forma súbita) o de los “paraísos fiscales” creados para satisfacer también a bajo costo la insaciabilidad de los sectores oligarcas, no fueron suficientes para responder a la dinámica depredadora que su modelo genera a partir de la filosofía de la acumulación que le es inherente.

Narcotrfico_México-000286IR

Para eso, nada mejor y más oportuno que la inmensa fortuna que es capaz de generar una poderosa industria como la del narcotráfico, basada en la precaria estructura de producción y la mano de obra barata de las redes delictivas que la conforman, usualmente asentada en territorios de vocación narco productora cuyas barreras legales y de soberanía cedan fácilmente al poder de la economía paralela que ella crea, como Afganistán y Colombia, por ejemplo, y que no necesita rendir cuentas a ningún sistema económico o financiero sino al dueño del ejército que la controle. Por eso el cine la promueve tanto.

Si además de ello, y en virtud del carácter altamente improbable que es para la sociedad determinar si lo que dicen los medios es cierto o es falso, existe la posibilidad de sembrar en la mente de la gente aquellas ideas que, asociadas a la satanización de la droga (tal como fue construido inicialmente el discurso antidrogas cuando su consumo era usado principalmente como excusa para la segregación contra los afroamericanos y los inmigrantes mexicanos) sirven para perseguir a los enemigos del capitalismo acusándoles de narcotraficantes según convenga en cada oportunidad a la estrategia de la dominación, entonces el negocio será todavía mucho más provechoso para el imperio.

Faltaría aquí mucho espacio para tratar la forma en que esa mediática al servicio del capitalismo estigmatizó de manera interesada y sin fundamentos científicos valederos a la mariguana para convertirla en falaz instrumento de segregación. Exactamente la misma manera en que esa mediática utiliza hoy su “cultura” anti drogas para acusar a los gobernantes de aquellas naciones que no se plieguen a los intereses del imperio, convirtiéndolas antojadizamente en narco Estados sin aportar, por supuesto, prueba alguna que sustente de manera consistente y comprobable la infame especie, sino apoyándose en la lógica de la imposición de matrices de opinión llevada a cabo por los medios.

Erigidos en jueces absolutos de la sociedad, los medios de comunicación no necesitan aportar pruebas de sus acusaciones contra nadie, precisamente porque su área primordial de experticia es el manejo de la realidad virtual, en la cual el rol de los actores sociales se asigna de acuerdo al gusto y la conveniencia del dueño del circo, en este caso el imperio norteamericano, que hoy necesita aparecer ante el mundo como el líder de una lucha antinarcóticos que en realidad lo que busca es elevar el precio de la droga en el mercado y saltarse el derecho internacional como le venga en gana.

Algo que tendría que ser inequívocamente contradictorio y hasta escandaloso en boca de la nación que más promueve y estimula el consumo y la legalización de las drogas que dice perseguir, pero que en el mundo en el que vivimos no causa ni la más mínima extrañeza gracias precisamente al embrutecedor trabajo de medios de comunicación que presentan a esa, la mayor potencia bélica del planeta, imponiéndose mediante el uso de las armas sobre países a los que diezma sin la menor conmiseración a la misma vez que pontifica por libertades y derechos que a nadie le respeta, pero por los cuales puede darse el tupé de perseguir y satanizar a su antojo a quienes en efecto sí luchan por la verdadera redención de los pueblos oprimidos del mundo.

Es el mundo que mira a un timador gritar en plena carrera por la calle ¡Allá va el ladrón! a sabiendas de que es toda una farsa para perderse entre el tumulto, y que en vez de obstaculizarlo de alguna forma le cede el paso para facilitar su fuga.

Hoy, en la guerra de difamación y de mentiras que el imperio norteamericano disemina contra Venezuela, lo que grita el ladrón es… ¡Allá va el narcoestado!, cuando el mundo sabe que en realidad el verdadero imperio de las drogas es ese que difunde falsedades a los cuatro vientos para acusar a otros de manera injusta y arbitraria.

Solo que esta vez quien se erige como una gran muralla en su camino es el aguerrido y valeroso pueblo venezolano que se le plantará siempre de frente a ese, y a cualquier otro imperio criminal, para gritarle con Chávez y Maduro…

¡NO PASARÁS!

@SoyAranguibel

Anuncios

Importancia de las diferencias de esta guerra y no solo de sus similitudes con otras

Por: Alberto Aranguibel B.

En el marco de la lucha que nos corresponde librar en este momento para enfrentar la amenaza de una intervención armada contra nuestro país, en la revolución bolivariana apelamos recurrentemente a la búsqueda de similitudes entre lo que nos sucede y lo que les sucedió en el pasado a aquellos países que de alguna manera fueron objeto de la misma agresión salvaje y arbitraria por parte del imperio norteamericano.

Para alertar sobre la falsedad de las razones supuestamente humanitarias que moverían a la gran potencia del norte a predisponer al mundo en contra nuestra, comparamos la argumentación usada por ellos y sus aliados de la Otan en la destrucción de países de África y del Medio Oriente, con los argumentos esgrimidos para armar su escalada contra Venezuela.

Usamos exhaustivamente fotografías y videos demoledores que muestran el horror sembrado en ciudades devastadas con las bombas asesinas de los EEUU, para demostrar la verdad del horror que podría sobrevenirse sobre nuestro territorio si el mundo no detuviera el avance de la agresión en curso, y para evidenciar de manera irrefutable la mentira del supuesto progreso que le asegurarían a los pueblos esas guerras infernales que el afán saqueador y genocida del imperio inventa.

Sin percatarnos de la gravedad de la omisión, dejamos de lado los atributos diferenciadores que signan el carácter indoblegable de nuestro proceso de transformaciones, que hoy va mucho más allá de lo estrictamente social o económico a lo interno del país y que alcanza e impacta la naturaleza misma de la realidad geopolítica del mundo entero sentando precedentes excepcionales de la mayor significación histórica.

La primera gran diferencia que tenemos con todos esos países asaltados por la voracidad imperialista, es sin lugar a dudas la fuerza de la movilización popular que constituye el chavismo. Ningún país asediado o destruido por el ejército norteamericano contó jamás con la excepcional capacidad organizativa de nuestras fuerzas revolucionarias (*). Sus mandatarios (objetivo primordial de cada acción intervencionista) apostaron siempre a su propio liderazgo como arma de primer orden contra la agresión. La falta de sustentabilidad social, el error de no articular la movilización del pueblo en la calle, fue por lo general factor determinante en la derrota.

De ahí el empeño del imperio en tratar de posicionar comunicacionalmente la idea de que la revolución bolivariana es solamente “un tirano encerrado en Miraflores”, que una vez depuesto extinguiría el proceso con su salida.

Pero la revolución es otra cosa. El revés más grande sufrido por un imperio prepotente y arrogante como el norteamericano en su insolente pretensión de dominación, es sin duda alguna la sorprendente capacidad de resistencia del pueblo venezolano frente a la más grande amenaza de la que haya sido objeto. Un fenómeno en verdad “inusual y extraordinario” que seguramente motivó en su momento el infame decreto de Obama contra nuestro país.

La decidida e infatigable activación del equipo de gobierno que ha salido al rescate y preservación de nuestra soberanía cuando los cuerpos mercenarios han desatado su furia contra nosotros, no es tampoco una diferencia menor. En ese esfuerzo, la oportuna coordinación del apoyo y la solidaridad de países aliados ha sido un elemento decisivo.

Así como tampoco ha sido menor la cohesión y la férrea capacidad de respuesta de la Fuerza Armada Bolivariana en defensa de la Patria. Ninguno de esos países asolados por las guerras imperialistas contó con activos de tanta significación como elementos determinantes en la batalla que libraban.

Pero más allá de la capacidad de respuesta en lo estrictamente táctico, está la creación de paradigmas trascendentales que ha venido labrando el gobierno revolucionario a partir de la clara noción del compromiso y la dimensión histórica de la revolución mostrada por el presidente Nicolás Maduro Moros, así como la serie de eventos mundiales diferentes a lo que fue la realidad en el pasado.

El trabajo llevado a cabo por Venezuela en el plano de las relaciones internacionales para contrarrestar la arremetida lanzada por la derecha contra nuestro país en ese ámbito, ha generado una alteración inesperada y sin precedentes en el concierto de las naciones.

Desde la creación de la Organización de las Naciones Unidas, luego de la segunda guerra mundial, no hubo jamás un movimiento de países que se reunieran en colectivo en defensa del multilateralismo, tal como ha surgido hoy al calor de la defensa hecha por Venezuela en ese sentido en el escenario internacional. Fórmulas como el Movimiento de los No Alineados, surgido en 1961, aparecieron, como su nombre lo indica, como expresiones de distanciamiento e independencia de las potencias que se enfrentaban en la llamada guerra fría. Pero, de ninguna manera, esas fórmulas estaban orientadas al rescate y la preservación de los principios esenciales del derecho internacional, tal como lo promueve hoy ese poderoso grupo de naciones por el multilateralismo que impulsa nuestro país. Algo en lo que hay que destacar, por supuesto, el impecable esfuerzo realizado por nuestro Canciller y todo el equipo de la Cancillería venezolana para lograr difundir la demoledora verdad de Venezuela ante el mundo, superando con su impronta y su coraje al más descomunal y poderoso aparato de propaganda de la historia, como lo es la maquinaria comunicacional capitalista rendida al servicio del imperialismo. Jamás pudo país alguno sobreponerse a ese inmenso poder como lo está haciendo hoy Venezuela con su contundente discurso en el plano diplomático.

Otra gran diferencia soslayada que surge a raíz de la nueva realidad geopolítica desatada por las guerras económicas y las pugnas por el liderazgo de las potencias, pero que impacta de manera muy determinante sobre la compleja coyuntura venezolana actual, es el hecho de que esa gran confrontación multilateral encuentra identificados por primera vez en una misma posición contra las pretensiones de dominación planetaria del imperio norteamericano a naciones del mundo, como Rusia, China, India, Irán, Turquía, México y Venezuela, que en el pasado enfrentaron a ese mismo imperio pero de manera individual o aislada del resto de las naciones.

Sumadas las fortalezas económicas y el poderío en recursos energéticos estratégicos de todas ellas, son perfectamente claros los grandes espacios de oportunidad con los que cuenta entonces nuestro país para salir adelante en la batalla que hoy libra.

La ya inocultable (e inevitable) declinación del dólar como divisa referencial para el intercambio comercial internacional, por ejemplo, derivada en buena medida de esa nueva modalidad de alianza entre esas y otras importantes economías del mundo, así como la progresiva pérdida de Estados Unidos en el acceso y control de fuentes seguras de energía, son desventajas que no tuvo en el pasado el imperio cuando asolaba países enteros en el Medio Oriente y que signan y limitan de manera muy particular sus actuales pretensiones contra Venezuela.

Pero la que probablemente sea la más importante diferencia de Venezuela frente a las condiciones que signaron el curso de la guerra en otras latitudes, es Hugo Chávez. Diferencia que transversaliza a casi todas las demás y las convierte en características de inmenso valor en la confrontación planteada.

Chávez alcanzó su dimensión universal, porque supo despojarse de los tradicionales atributos del liderazgo, ancestralmente asociados al mesianismo, para entregárselos y empoderar con ellos al pueblo. Algo que comprendieron con total claridad los hombres y mujeres de bien no solo de Venezuela sino del mundo entero, y que diferencia al chavismo de cualquier otra propuesta social o política de nuestro tiempo, otorgándole un sentido profundamente humanista en todo el planeta al planteamiento del socialismo bolivariano.

Considerando esas diferencias y atributos con objetividad y claridad política, es como debemos hacer las evaluaciones a que haya lugar en el contexto de esta guerra, sin que ello signifique en modo alguno desconocer o menospreciar, por supuesto, las amenazas y asechanzas.

No se trata de incurrir en pueriles e irresponsables fabulaciones orientadas a cantar victoria por adelantado donde no haya aún posibilidad de celebrarla, sino de perfilar con la mayor sensatez y seriedad el rumbo correcto hacia el triunfo definitivo.

No se construye una victoria grandiosa y perdurable con referentes derrotistas que hundan a la gente en el terror y en el miedo. Se construye con la alentadora visión del provechoso porvenir del que son capaces los pueblos que se deciden a ser libres, soberanos e independientes.

Como el glorioso pueblo venezolano.


 

(*) Excluyo intencionalmente a países como Vietnam, Cuba o Nicaragua, porque aún cuando la agresión contra ellos fue igualmente brutal, fueron pueblos que vencieron al imperio. Esta nota habla específicamente de los países del Medio Oriente que se usan siempre en las reflexiones revolucionarias para alertar sobre el horror de la guerra.

 

@SoyAranguibel

¿Por qué luchan los escuálidos?

Por: Alberto Aranguibel B.

En la llamada sociedad de consumo el individuo es habituado por la cultura burguesa y el ilusionismo mediático a proyectarse de manera ascendente de modo que su aspiración de un estilo de vida ampuloso no se sacie nunca. De tal insatisfacción depende la sobrevivencia misma del capitalismo en la medida en que la riqueza se concentra cada vez más en menos manos y el sistema se ve en la obligación de inducir a esos sectores específicos en particular a una mayor demanda de productos y servicios.

Por eso los más propensos a considerarse por encima de los demás son siempre los integrantes de esa clase que la mercadotecnia define como de alto poder adquisitivo. Por lo general, los pobres no padecen la irracional alienación al modelo consumista habituados como han estado desde siempre a enfrentar la realidad sin apego a fabulaciones pueriles que los muevan a determinar su vida basados en aspiraciones insensatas o desproporcionadas. El pobre aspira a una vida digna para su familia. El consumista aspira a lujos y posesiones que los conduzcan a otros lujos y posesiones cada vez más estrafalarios, a través de los cuales poder asegurar y perpetuar la constante de su ilusoria ascendencia social.

La Venezuela de hoy, sumida como ha estado desde hace un siglo en la vil cultura del rentismo petrolero que proveyó de confort y riquezas a esa clase social de alto poder adquisitivo, no escapa a la bochornosa realidad del consumismo enajenante (que nada aporta al desarrollo del país, pero que sí afecta definitivamente el desempeño provechoso de la sociedad en su conjunto) fundamentalmente por su naturaleza “cuasi ideológica”, en la que se refugia hoy la inmensa mayoría de la oposición venezolana de a pie.

Una ideología despolitizada que se fundamenta en el principio capitalista del individualismo y que se expresa en el desprecio a todo lo ajeno al interés propio de cada quien, en cuya matriz conviven de manera simultánea el amor a las ideas más nobles y enaltecedoras (generalmente de inspiración religiosa) y la repulsa a toda expresión o acto de solidaridad humana.

Desde esa perspectiva, la razón de ser del individuo es la búsqueda incesante del mayor confort (no del bienestar, porque en su gran mayoría de ese ya disfrutan los de la clase de alto poder adquisitivo) en el que radica la verdadera posibilidad del placer al que aspiran, evitando en todo momento todo aquel racionalismo que atente contra la premisa fundamental del consumismo que es la lealtad a lo efímero.

En el consumismo no puede haber lealtad sino al consumismo. En él, las marcas y los productos están sujetos a la lógica de la moda. Un fenómeno ideado por el capitalismo para venderle varias veces al mismo comprador productos similares pero desechables según lo dicten a los parámetros establecidos por la gran industria para distintas épocas, en las que se mercadean siempre nuevos productos iguales a los ya existentes, pero con alguna mínima modificación que justifique el costo del innecesario canje.

Formados bajo esa lógica del desapego, y sin el más mínimo rubor, los escuálidos cambian de líder político como cambian de marca de zapatos según la pauta consumista establecida para cada temporada. La pasión que le profesan a cada uno de ellos a medida que los van alternando (desechando), no responde a identificación con ideas o principios doctrinarios de ningún tipo sino al mismo fanatismo que inspiran los artículos de moda. Las ideas que defiendan un día y las que defiendan otro pueden ser perfectamente contradictorias entre sí, como les sucede a los escuálidos las más de las veces, porque lo importante no es jamás el contenido doctrinario de sus planteamientos, sino el poder escenográfico de las mismas. La pose supuestamente política del escuálido promedio no es sino un recurso histriónico para justificar toda acción que conduzca a la toma del poder, pero solo para usarlo como plataforma de acceso a esa idílica felicidad que les describe Hollywood.

De ahí que Miraflores no sea para ellos el asiento del gobierno, ni mucho menos, sino el portal que, una vez abierto, permitirá la entrada del imperio norteamericano para hacerse del control del país, y con ello establecer de la manera más expedita el puente hacia la 5ta avenida de Nueva York y sus fascinantes vitrinas de fastuosas marcas, sus grandes y lujosos restaurantes, y, por supuesto, hacia Broadway y su encantadora vida nocturna de teatros y cabarets con coloridos vodeviles en el más perfecto idioma inglés.

Para ellos, la Patria es una entelequia que pasó de moda con la caída de la 1ra República, a partir de la cual lo que hubo en nuestro suelo fue una especie de turbamulta de caudillos y cimarrones envalentonados que alborotaron desde siempre la tranquilidad de la nación, que, bajo su óptica, jamás debió haber cometido la torpeza de la insubordinación a los designios de la corona española.

Por eso no encuentran incongruencia alguna entre el intento de incendiar el país oponiéndose a la promulgación de una Constitución que, años después, usan para intentar incendiar de nuevo el país, pero esta vez para defenderla.

Como tampoco ven contradicción entre el hecho de quemar gente viva para pedir elecciones y tratar de hacer lo mismo meses después para impedir el acto electoral por el que clamaron asesinando gente.

Para esa histriónica que le sirve de insumo a la mediática contrarrevolucionaria, las razones no tienen la menor relevancia porque a la larga esas razones terminarán indefectiblemente conduciendo a la constatación de que la lucha de los escuálidos es completamente insustancial y sin contenido. Que es llevada a cabo por el mero antojo de querer ser ellos quienes mandan (y no los “pata en el suelo”), es decir; para que el supremacismo de clase sea una realidad que se corresponda con las leyes del universo, tal como se conciben en el capitalismo, y no con el “desastroso comunismo” que habría instaurado Chávez en Venezuela.

De ahí que para los escuálidos no sea ninguna insensatez la desquiciada loquetera de acusar ahora de “chavistas enchufados” a los migrantes que cuando salieron del país los bautizaron ellos mismos como “la fuga del talento” que huía del régimen. Y mucho menos la aberrante desfachatez de exigirle al presidente de la República, que ellos llaman “dictador”, un avión para regresar de gratis y cuanto antes a la “dictadura” de la que dicen estar huyendo, justamente en medio de la brutal guerra que la derecha libra contra el gobierno bolivariano por la crisis humanitaria que supuestamente hay en esa emigración, pero que ninguno de los países que la denuncia acepta atender humanitariamente.

Tales dislates son el resultado de una lucha que no tiene fundamentos sino antojos. Como los que trasluce el tono sempiternamente colérico de la mantuana desaforada que la derecha tiene como inexorable candidata nada más y nada menos que a la presidencia de la República, en cuyo verbo destila incontenible la rabieta de no tener cuando quiere lo que a ella se le da su relamida gana.

Para el mundo es un evento insólito que en la tierra que contiene la mayor riqueza fósil del planeta, exista hoy una sociedad donde los pobres respaldan al gobierno y los ricos viven de protesta en protesta.

Pero más descabellado aún, es que quienes protestan son los mismos que siempre tienen el más fácil acceso al bienestar que ese gobierno al que se oponen le provee con el mayor esfuerzo a la población. Por eso sacan sin pudor alguno su Carnet de la Patria después de asquearse del mismo hasta la saciedad. Reciben sin rechistar sus cajas Clap. Recorren el país con sus fastuosos carros Orinoco. Y disfrutan relajados sus cargos de alta nómina en los organismos del Estado.

Viven en una sola quejadera por todo. Para ellos en Venezuela todo es nefasto y deleznable. Principalmente las dificultades que nos hacen padecer los irresponsables líderes opositores con sus súplicas al mundo por cercos económicos cada vez más criminales e inhumanos, pero que ellos sostienen que son culpa del gobierno.

Y al final, por absurdo que parezca, el verdadero desastre que es el capitalismo (que se viene abajo por sí solo, como sucede en Argentina; sin que nadie lo perturbe, sin bloqueos económicos, sin sabotajes a su economía, sin contrabando de alimentos o de billetes, sin sanciones arbitrarias e ilegales, sin violencia terrorista de por medio, y contando con el más irrestricto apoyo del Fondo Monetario Internacional y de la más poderosa potencia de la tierra) es atribuido por esos insensatos al chavismo.

Sin son la nada, como proverbialmente dijera el Comandante Eterno, su lucha es por nada.

@SoyAranguibel   

En defensa de Diosdado

Por: Luis Bilbao / Rebelión

Conocí a Diosdado Cabello en los últimos días de 2001. Nos aprestábamos a grabar con el presidente Hugo Chávez una conversación que aparecería como pequeño libro de amplia difusión dos meses después (*). Estados Unidos preparaba el golpe de Estado finalmente ocurrido en abril de 2002. Argentina vivía un momento tumultuoso. Urgía que las vanguardias latinoamericanas conocieran y comprendieran la Revolución Bolivariana y tuvieran una imagen objetiva de Chávez.

Diosdado era entonces un íntimo colaborador del comandante, a quien había acompañado desde la insurgencia del 4 de febrero de 1992. Ese periplo incluyó cárcel, transformación del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR 200) en el Movimiento Vª Republica (MVR) para buscar la organización política de las masas; luego la campaña electoral, la victoria y el arduo, desconocido, ejercicio del poder. Siempre al lado de Chávez.

Aunque tuve numerosos encuentros con el hoy presidente de la Asamblea Nacional, nunca hubo oportunidad de un trato íntimo con él. No soy su amigo, a menos que se extienda ese concepto al punto de considerar como tal a todo aquel hermanado por objetivos y luchas comunes. Sería para mí un honor contarlo como amigo en el sentido restringido que le damos a la palabra en las pampas de donde provengo. En cambio, sí lo considero un compañero revolucionario –concepto en muchos sentidos más elevado que el de amigo- y en ese carácter me siento obligado a escribir estas líneas, ahora que la contrarrevolución mundial intenta denigrarlo.

Con el Wall Street Journal como detonante, los conspiradores imperialistas desataron una campaña de la baja prensa global contra Diosdado. Una cadena de medios de la ultraderecha, a la que se sumó luego también un diario que se supone respetable, The New York Times (NYT), informa sin siquiera un dato preciso que, supuestamente, la DEA investiga a Diosdado Cabello por tráfico de drogas y lavado de dinero. Diarios, emisoras de radio y TV hacen coro en Argentina a esta campaña. Periodistas que desconocen por completo la realidad venezolana se dejan arrastrar por esa marejada calumniosa.

“Una gran parte de la cocaína que viaja al norte, hacia Estados Unidos, pasa por Venezuela, según funcionarios estadounidenses, a menudo en pequeños aviones que cargan y despegan de pistas de aterrizaje ocultas en el estado venezolano occidental de Apure”, dice el NYT. No aclara el matutino cómo aterrizan esos aviones en territorio estadounidense y decenas de miles de dealers distribuyen la carga. El diario más poderoso del mundo no acusa al gobierno de Washington y a la propia DEA por ese masivo arribo clandestino, ininterrumpido por décadas. ¿Dónde estarán las “pistas de aterrizaje ocultas” en el territorio estadounidense? ¿Quiénes serán responsables de ese tráfico billonario?

Pero denunciar la hipocresía, lacerante para la inteligencia más elemental, no es el motivo de esta nota. Aquí me propongo sólo resumir un testimonio en defensa de Diosdado. A partir de hechos. No de palabras, declaraciones ni cercanía personal.

La trayectoria de Cabello lo señala como cabal revolucionario. Tuvo la lucidez para comprender el proyecto de Chávez desde el primer momento. Y luego el coraje para acompañarlo en instancias de extremo riesgo. Diez años después ocupaba la vicepresidencia de la Nación –cargo no electivo en Venezuela- cuando ocurrió el golpe de Estado. Como tantos otros, supo eludir a los criminales que intentaban asesinarlo. Pero, más importante aún, mostró la integridad necesaria para no escuchar las voces que instaban a reemplazar a Chávez. Ocupó el lugar institucional del Presidente durante las horas que mediaron entre la huida de los golpistas de Miraflores y la llegada del comandante vencedor. Hay a disposición decenas de videos para seguir de cerca esos momentos. Si alguien pudo parecer tentado por la posibilidad de aprovechar la dramática coyuntura y desplazar a Chávez, cada gesto de Diosdado en esas horas de extrema tensión reveló su compromiso absoluto con el líder de la Revolución. Era evidente que por su cabeza no cruzó la idea de sacar partido individual de aquella situación.

Luego ocupó muchas diferentes trincheras de combate, siguiendo siempre las instrucciones del comandante. Ya en aquellos tiempos comenzó a ser blanco de calumnias sistemáticas. Quienes no se atrevían a atacar a Chávez, se ensañaban con él. Muchos amigos venezolanos recordarán mi posición en aquellos momentos.

Después vino la organización del Psuv; y las mil batallas libradas contra un enemigo que hace bien su faena y no da un momento de tregua. Acaso la prueba mayor de lealtad y convicción la ofreció Diosdado cuando Chávez, consciente de su inminente partida, designó a Maduro como candidato a sucederlo.

Como es sabido, estuve involucrado de cerca en todos estos momentos cruciales para la Revolución. Siempre vi a Diosdado como un revolucionario en toda la extensión y el mejor sentido de la palabra.

Ratificó esa condición desde la presidencia de la Asamblea Nacional. Luego, a través de su programa semanal Con el mazo dando, pudo verse otra faz de sus capacidades. Creció ante las dificultades y reafirmó su lugar como puntal de la Revolución Bolivariana.

Por eso se lo ataca. No sé si Diosdado Cabello comparte mi concepción filosófica. Y no me interesa. Porque tengo la más absoluta certeza de que estoy frente a un hombre empeñado en derrotar y abolir al capitalismo y sus lacras. Entre ellas la droga, por supuesto.

Toda caracterización puede errar y toda persona puede cambiar su conducta, incluso traicionar sus orígenes. Ejemplos hay en abundancia. Pero no existe un solo dato que indique semejante deriva en quien es hoy también vicepresidente del Psuv. Todo por el contrario, desde el agravamiento de la enfermedad de Chávez, Diosdado (como Nicolás Maduro, Rafael Ramírez y por supuesto Adán Chávez, entre tantos otros) dio pruebas de total compromiso con la revolución y con su comandante. Luego haría lo mismo con Nicolás Maduro, atacado con impar ferocidad por la prensa burguesa internacional en cadenaMe atrevo a decir que Diosdado seguirá en la primera línea de combate, junto con la Dirección Revolucionaria Político-Militar que enfrenta al imperialismo, hasta la batalla final.

Por eso se lo calumnia. Como parte de la ofensiva desesperada del imperialismo contra el gobierno de Maduro y la Revolución Bolivariana.

Por eso lo defiendo frente a esta calumnia miserable y cobarde. Es la defensa de la Revolución ante la embestida de la contrarrevolución.

El capitalismo es drogadicto, como señaló alguna vez una tapa de América XXI. Y sus gobernantes son cómplices estructurales del narcotráfico. Diosdado puede sentirse satisfecho del lugar que ocupa en la batalla decisiva que estamos librando contra la fuente de todos los vicios: la explotación del hombre por el hombre.

Buenos Aires, 21 de mayo de 2015

(*) Chávez y la Revolución Bolivariana; Conversaciones con Luis Bilbao. Buenos Aires, enero de 2002, Ediciones Le Monde diplomatique-Capital Intelectual (hubo luego sucesivas ediciones en Chile, Bolivia, Colombia, Venezuela y fue publicado también en inglés y francés).