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Aranguibel en Sputnik: Rusia sabe que reunión de Lima es una trampa de EEUU

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¡Allá va el narcoestado!

Por: Alberto Aranguibel B.

“Estados Unidos no combate en verdad el narcotráfico, sino que lo coordina”
Hugo Chávez

En el cine, la narrativa de la fascinación y el entretenimiento no ha sido jamás la figura fundamental del relato, sino que ha sido la narrativa (violenta, cruda o candorosa) la que ha estado en todo momento al servicio de ese propósito alienante que se ha trazado el imperio norteamericano para permear de una manera sutil y sugestiva entre la gente su dogma de la dominación a la que se considera predestinado.

El todo eso, el ser humano cumple una función de complemento necesario, que desempeña más el papel de “objetivo estratégico” para el capitalismo, que de “público” o de simple “espectador”, como lo presenta la industria cinematográfica para ocultar la barbarie mediática que hay detrás de la pantalla.

Siendo el ser humano el elemento central de esa narrativa, la intensiva promoción a través de la pantalla de hábitos de consumo con mayor potencial de masificación, como el cigarrillo o las bebidas alcohólicas, apareció entonces como una de las áreas de oportunidad más rentables para la economía norteamericana. Convertir a la sociedad en consumidora empedernida de esos vicios sin importar el daño que le causaban a la misma, venía a ser para el capitalismo una inestimable mina de oro, a la que se abocó por más de medio siglo de manera ininterrumpida a través de las más cuantiosas inversiones en publicidad (directa, subliminal o por emplazamiento) tanto del cigarrillo como del licor, en todas y cada una de las películas que se filmaron no solo en los Estados unidos sino en el mundo entero. La caja roja y blanca del cigarrillo Marlboro, no dejó nunca de aparecer en pantalla como el más infaltable y encantador paliativo de las angustias de toda índole para el ser humano, sin importar cuál fuese el tema o la historia que se narrara.

Pero, alcanzando ya el primer cuarto del siglo XXI, y después de más de siete décadas de la asfixiante presencia del cigarrillo convencional en el cine, ahora lo que fuma todo el mundo en pantalla es mariguana.

La mariguana es apenas una de las decenas de drogas que consume de manera masiva la casi totalidad de la población norteamericana en todos sus estratos, sin distingo de clase social, raza, credo u orientación sexual, convirtiéndose, principalmente gracias al cine, en el hábito más extendido en Norteamérica, país donde el consumo, ya sea por razones medicinales o simplemente recreativas, se ha legalizado en la casi totalidad de los cincuenta estados que lo integran, alcanzando la dudosa honra de poseer la más alta cifra de consumo de estupefacientes en el mundo, y elevando consecuencialmente el número de muertes por sobredosis en ese país por encima de las siete mil personas al mes, según ha reconocido el propio presidente Donald Trump.

¿Qué pasó entonces en esa sociedad, que desde hace tanto tiempo se jactó de perseguir implacable y sin contemplaciones como ninguna otra el tráfico y el consumo de estupefacientes, para convertirse en la más adicta al consumo de drogas en apenas tres o cuatro décadas?

Simplemente que hacía falta una nueva (y más segura y rentable) fuente de generación de riqueza que ayudara a paliar la caída de un modelo económico agotado, como lo es el capitalismo, cuya dependencia del férreo sistema bancario convencional (con controles cada vez más a la vista de los organismos del Estado, así como los crecientes pasivos fiscales y laborales que le obligan) ha terminado por hacer cada vez más inviable la creación de fórmulas alternativas de multiplicación para el capital. En sociedades cada vez más empobrecidas precisamente por efecto del explotador modelo capitalista, el consumo no es ya aquella fuente inagotable de dinero que fue en otros tiempos.

La lógica de la especulación bursátil (concebida por el capitalismo para abrirle espacio a las grandes corporaciones más allá de las limitadas posibilidades de expansión del capital que le ofrece el agotado modelo bancario existente) así como el exponencial incremento del rédito a través de figuras como la corrupción (ideada y practicada por la empresa privada como medio para elevar sus ganancias de forma súbita) o de los “paraísos fiscales” creados para satisfacer también a bajo costo la insaciabilidad de los sectores oligarcas, no fueron suficientes para responder a la dinámica depredadora que su modelo genera a partir de la filosofía de la acumulación que le es inherente.

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Para eso, nada mejor y más oportuno que la inmensa fortuna que es capaz de generar una poderosa industria como la del narcotráfico, basada en la precaria estructura de producción y la mano de obra barata de las redes delictivas que la conforman, usualmente asentada en territorios de vocación narco productora cuyas barreras legales y de soberanía cedan fácilmente al poder de la economía paralela que ella crea, como Afganistán y Colombia, por ejemplo, y que no necesita rendir cuentas a ningún sistema económico o financiero sino al dueño del ejército que la controle. Por eso el cine la promueve tanto.

Si además de ello, y en virtud del carácter altamente improbable que es para la sociedad determinar si lo que dicen los medios es cierto o es falso, existe la posibilidad de sembrar en la mente de la gente aquellas ideas que, asociadas a la satanización de la droga (tal como fue construido inicialmente el discurso antidrogas cuando su consumo era usado principalmente como excusa para la segregación contra los afroamericanos y los inmigrantes mexicanos) sirven para perseguir a los enemigos del capitalismo acusándoles de narcotraficantes según convenga en cada oportunidad a la estrategia de la dominación, entonces el negocio será todavía mucho más provechoso para el imperio.

Faltaría aquí mucho espacio para tratar la forma en que esa mediática al servicio del capitalismo estigmatizó de manera interesada y sin fundamentos científicos valederos a la mariguana para convertirla en falaz instrumento de segregación. Exactamente la misma manera en que esa mediática utiliza hoy su “cultura” anti drogas para acusar a los gobernantes de aquellas naciones que no se plieguen a los intereses del imperio, convirtiéndolas antojadizamente en narco Estados sin aportar, por supuesto, prueba alguna que sustente de manera consistente y comprobable la infame especie, sino apoyándose en la lógica de la imposición de matrices de opinión llevada a cabo por los medios.

Erigidos en jueces absolutos de la sociedad, los medios de comunicación no necesitan aportar pruebas de sus acusaciones contra nadie, precisamente porque su área primordial de experticia es el manejo de la realidad virtual, en la cual el rol de los actores sociales se asigna de acuerdo al gusto y la conveniencia del dueño del circo, en este caso el imperio norteamericano, que hoy necesita aparecer ante el mundo como el líder de una lucha antinarcóticos que en realidad lo que busca es elevar el precio de la droga en el mercado y saltarse el derecho internacional como le venga en gana.

Algo que tendría que ser inequívocamente contradictorio y hasta escandaloso en boca de la nación que más promueve y estimula el consumo y la legalización de las drogas que dice perseguir, pero que en el mundo en el que vivimos no causa ni la más mínima extrañeza gracias precisamente al embrutecedor trabajo de medios de comunicación que presentan a esa, la mayor potencia bélica del planeta, imponiéndose mediante el uso de las armas sobre países a los que diezma sin la menor conmiseración a la misma vez que pontifica por libertades y derechos que a nadie le respeta, pero por los cuales puede darse el tupé de perseguir y satanizar a su antojo a quienes en efecto sí luchan por la verdadera redención de los pueblos oprimidos del mundo.

Es el mundo que mira a un timador gritar en plena carrera por la calle ¡Allá va el ladrón! a sabiendas de que es toda una farsa para perderse entre el tumulto, y que en vez de obstaculizarlo de alguna forma le cede el paso para facilitar su fuga.

Hoy, en la guerra de difamación y de mentiras que el imperio norteamericano disemina contra Venezuela, lo que grita el ladrón es… ¡Allá va el narcoestado!, cuando el mundo sabe que en realidad el verdadero imperio de las drogas es ese que difunde falsedades a los cuatro vientos para acusar a otros de manera injusta y arbitraria.

Solo que esta vez quien se erige como una gran muralla en su camino es el aguerrido y valeroso pueblo venezolano que se le plantará siempre de frente a ese, y a cualquier otro imperio criminal, para gritarle con Chávez y Maduro…

¡NO PASARÁS!

@SoyAranguibel

Verdad acomodaticia

Por: Alberto Aranguibel B.

El capitalismo se orienta mucho más por razones de tipo religioso que por razones políticas. Su fin último no es el gobierno o la administración del Estado como medio para alcanzar privilegios que le permitan acumular riquezas y propiedades, sino controlar totalmente la vida misma sobre la tierra, tal como lo dicta el fundamentalismo sobre el cual se apoya su modelo social, económico y político.

Por eso la línea editorial de los grandes medios de comunicación capitalistas, más que a cualquier ideología, está sometida a la lógica del bien y del mal que surge de la Biblia como doctrina esencial de un modelo que ve en la lucha de los pueblos por la justicia y la igualdad al demonio que atenta contra el orden natural del universo.

De modo que la “misión” de los editores capitalistas, más allá de las razones pro imperialistas que los inspiren, es asegurar la vigencia de esa verdad de Dios en el mundo. Para ellos, Maduro no es enemigo porque así se los dicten Barack Obama o Donald Trump. Es su enemigo porque Maduro, además de presidir un país muy rico, lucha por una justicia social que el fundamentalismo capitalista no acepta.

De ahí que el New York Times haya sostenido en un principio, a pesar de todas las evidencias difundidas intensivamente por infinidad de periodistas y testigos de excepción, que las gandolas en la frontera fueron incendiadas por el presidente Nicolás Maduro. Según la verdad capitalista, lo lógico era que el mal proviniera de quien ellos asumen como “el demonio”.

Dos semanas después acepta que la verdad fue la que registraron y difundieron al mundo esos otros medios que no se rigen por la quimérica verdad Divina sino por la que afirman las pruebas.

Exactamente igual a lo que hace CNN meses después del atentado teledirigido contra la vida del Presidente Nicolás Maduro, y que el mundo entero vio en su momento en vivo y en directo en cadena nacional de televisión, sosteniendo ahora de manera “reveladora” que lo sucedido fue un atentado, como si nadie lo supiera.

¿Por qué cambiaron de opinión y por qué lo hicieron semanas y hasta meses después?

Porque si el gobierno de Maduro caía, al día siguiente (o los subsiguientes) de esos hechos, la noticia por ellos difundida habría servido en cada caso de perfecta explicación y justificación al derrocamiento.

Pero no cayó. Se dieron entonces un lapso prudencial para ver si caía. Pero tampoco cayó.

Tuvieron, pues, que asumir a la larga la verdad verdadera. Porque, de tanto esperar que su mentira se convierta en verdad, lo que puede terminar cayendo son sus acciones en la Bolsa de Valores. Y ahí sí es verdad que Cristo empieza a padecer.

@SoyAranguibel

El glamour añorado por una clase social en decadencia

Por: Alberto Aranguibel B.

Si alguna falla debe reconocérsele a la izquierda, es la facilidad con la que asume que la derecha se rige exclusivamente por razones ideológicas o, en el mejor de los casos, por intereses meramente capitalistas.

De tanto regodearse en la ventaja que para ella representa que la derecha no disponga de un sustrato teórico denso y profuso (al menos en la profundidad y extensión del instrumental del que dispone el pensamiento revolucionario), termina la izquierda desconociendo y hasta despreciando la sola posibilidad de la existencia de constructos ideológicos, no necesariamente políticos, de alguna significación en el ámbito de la razón contrarrevolucionaria.

Uno de esos constructos, sin lugar a dudas, es el de la lógica clasista como fundamento no solo de su conducta frente al resto de los mortales, sino de su manera de pensar en relación con todos los aspectos más inimaginables de la vida.

Por supuesto que la ideología capitalista (o lo que la derecha asuma como tal) es un referente de especial significación en la vida del contrarrevolucionario común. Pero no es de ninguna manera usual que la influencia que ella pueda llegar a tener en el comportamiento cotidiano del individuo capitalista sea ni siquiera de mediana relevancia. En ello, el peso de la lógica clasista (en una gran proporción de rasgos desclasados más bien, es decir; de la proyección ascendente por encima de su propia clase, del desprecio a la idea comunitaria del colectivo, de odio al sentido de solidaridad y del amor al prójimo) es, antes que ningún otro el factor, el desencadenante de las fuerzas más poderosas del alma capitalista.

Las llamadas “páginas sociales” de los diarios de la prensa burguesa, fueron desde siempre expresión de la importancia que la burguesía le ha otorgado a la ascendencia social en su vida. Aparecer en esas páginas se convirtió en la razón de ser de quienes consideraban que el dinero no tenía el más mínimo sentido si su valor no se traducía en un poder real que los colocara por encima de la demás gen- te, incluso (y muy particularmente) por encima de los de su propia clase.

La casi totalidad del espacio asignado en los diarios a la sección de sociales, está destinado principalmente a la fotografía. De acuerdo a la regla universal de dicha prensa, el texto no debe exceder jamás una octava parte del total de la reseña, y el mismo será siempre para identificar a los asistentes más destacados del evento (graduación, matrimonio, quince años, etc.) y exaltar de la manera más concisa posible su glamour y significación. La fotografía es el medio que realiza y le da concreción tangible a esa ascendencia social que se pretende excepcional y trascendente en el ámbito de la burguesía.

En el caso venezolano, ningún poder se colocaba en esas páginas por encima del poder del acaudalado burgués que montaba el evento. Oligarcas prominentes, artistas de renombre, intelectuales, embajadores, encumbrados jerarcas de la iglesia, ministros y hasta jefes de Estado, solían ser las personalidades que los fotógrafos de sociales buscaban con el mayor frenesí en esas lujosas recepciones.

Que la hermosa hija de un gran banquero celebrara sus quince años bailando con el presidente de la República el vals más importante de la noche, solo era superado por la inmensa emoción que causaba encontrar reseñado al día siguiente ese momento en las páginas sociales, con una gran foto central en la que el presidente apareciera brindando con los padres de la joven y el resto de los asistentes aplaudieran alborozados en un gran círculo de admiración y regocijo en torno al mandatario.

Esas fotos darían vuelta durante meses por los más encopetados círculos de la alta sociedad, encadenando un evento con otros en equiparaciones infinitas sobre la importancia que habría adquirido tal o cual apellido por el solo hecho de haber sido en algún momento asociados a la más alta investidura del poder en esa suerte de tête à tête de fraternidad y francachela entre los ricos y su presidente.

Todo ese glamour, que llegaba a eclipsar las más de las veces la noticia económica del día y solía ocupar mayor volumen que la sección de sucesos (y hasta la deportiva) de sus periódicos, se acabó con la sola llegada de Hugo Chávez a la escena política a finales del siglo XX.

Chávez, que el único daño que le causó a la burguesía fue hacerle inaccesible el poder político ganándole elecciones persistentemente, no asistió jamás a ninguno de esos ágapes de notoriedad burguesa. Nicolás Maduro tampoco. Con ello las páginas de sociales, quedaron vaciadas en su esencia fundamental por casi un cuarto de siglo, sin perspectiva alguna de recuperar su antiguo glamour presidencialista. Por más esfuerzo que hizo la prensa del jet set criollo retratando ricachones en infinidad de cocteles e inauguraciones intrascendentes, no hubo nunca desde que llegó la Revolución Bolivariana la más mínima posibilidad de rescatar aquel deslumbramiento que generaba una foto con el presidente en las páginas sociales.

Veinte años sin aquel roce social con el poder, es toda una eternidad para una clase tan arrogante como la burguesa. Su encono, su odio visceral contra el chavismo, tiene en esa falencia un detonante del más alto poder por encima de cualquier otra razón o ideología. Sus carencias en bienestar y confort no son tales, ni su interés por el padecimiento de los pobres tampoco. Jamás lo han sido.

Su angustia más lacerante es haber padecido durante tanto tiempo ese distanciamiento del poder, que les ha impedido usufructuar a su antojo la inmensa riqueza petrolera del país que han considerado siempre como suya, y que han creído tan fácil de apoderársela como desalojar a un presidente chavista del poder con unas cuantas marchas y unos cuantos muertos en las calles. Pero también lo es la falta de esas fotos tan valiosas para el abolengo familiar burgués.

De ahí la urgencia y el enfermizo desespero por encontrar donde sea y a como dé lugar un sustituto en la presidencia de la República, ya no para que le asegure de ninguna manera alimentación o medicinas a los pobres, sino para que les permita recobrar de alguna forma la vieja sensación de pertenencia de ese poder que un día los realizó y los hizo tan felices.

Para esa clase en decadencia, tener un presidente propio, con el que puedan palmotearse y compartir tragos cordiales en los grandes salones del Country Club o de La Lagunita, es más que un sueño toda una necesidad de tipo existencial que trasciende lo que para ellos es la banalidad de lo económico o de lo patriótico (que en definitiva ven como asuntos que ellos pueden solventar mediante una que otra inversión de capitales allá o aquí, o con el simple esfuerzo interventor del amo imperial al que hoy le ruegan porque les haga realidad su tan largamente postergado sueño de poder).

Tienen perfectamente claro que nadie puede resultarles tan balurdo e insignificante como político (y como persona, incluso) como Juan Guaidó. Saben que su falta de carisma, su origen humilde, su condición de segundón de Leopoldo López, su tez morena, sus ademanes de desquiciado y su psicótico empeño en decir mentiras a diestra y siniestra, no les permite digerirlo como líder. Pero es la única opción a la mano para tener por fin un presidente suyo con el cual figurar de tú a tú en las páginas de sociales que tanto evocan para darle de nuevo la preeminencia que le suponen justa a su clase social.

Quizás no pase de ser lo que un día le escuché a una opositora espetarle a alguien que le preguntaba “¿Y si Chávez sale de Miraflores, a quién van a poner ustedes de presidente?”, a lo que ella, jactanciosa y altanera, respondía: “¡Cualquier cosa, hasta un cerdo que pongamos, es mejor!”.

Probablemente, aunque todavía no lo reconozcan en público, para ellos Guaidó no es más que un cerdo. Pero, en medio de la profunda recurrencia en el fracaso en todo lo que hacen, ese cerdo es la única esperanza, quimérica, sí, pero deslumbrante al fin, de ese enfermo en irreversible estado terminal que es la oposición venezolana.

Es la eventual posibilidad de salir por fin de la eterna amargura que los consume, a través de aquella clara distinción capitalista entre ricos y pobres que prevaleció en el pasado, que haga renacer el esplendor del dinero como instrumento de poder, y sus dueños, los acaudalados capitalistas, puedan volver a entrar en Miraflores (y a todos los demás palacios sedes de los poderes del Estado) como Pedro por su casa sin que ningún “pata en el suelo” pueda tildarlos nunca más de “infiltrados” o de simples “enchufados” en la administración pública, como lo son en realidad todos ellos hoy en día, sino como “la superiorísima gente del poder” que ellos consideran que deben ser.

@SoyAranguibel

Eduardo Viloria: Respuesta de un venezolano común y corriente a Pepe Mujica

Por: Eduardo Viloria Daboin 

Estimado Pepe Mujica, le escribe un venezolano. Mi nombre es Eduardo Viloria Daboín, tengo 41 años y vivo en Caracas. Soy padre de una hija con autismo de 16 años y un niño de 10 que practica fútbol, ajedrez y arte circense. Al igual que usted, al igual que cualquiera, tengo sobradas razones para no querer una guerra en mi país. Sin embargo, quisiera decirle varias cosas sobre el mensaje que usted envía sobre Venezuela.

Estimado Pepe, comienza usted preguntándose si la guerra será, como decía Clauzewitz, la continuación de la política por otros medios. Pues déjeme decirle algo: Bienvenido al siglo XXI, tiempo histórico en el que EEUU se ha encargado de invertir esa máxima. Porque para EEUU la política es la continuación de la guerra por otros medios, y no al revés. Eso precisamente es lo que se está aplicando actualmente contra Venezuela, y es lo que usted, aparentemente sin darse cuenta, favorece en su mensaje.

Usted hace un llamado a acudir a la política para evitar la guerra, pero se olvida de que en Venezuela ya está en desarrollo una guerra. Desde hace años el país está sometido a un feroz ataque a su economía y la población del país tiene años sometida a una brutal guerra psicológica. Se olvida usted, también, de que EEUU tiene años cercando militarmente a Venezuela, usando el territorio colombiano como sitio predilecto para ese emplazamiento amenazante de tropas, y además ha realizado recientemente movimientos de más tropas hacia Colombia, Puerto Rico, República Dominicana y Curazao. Es cierto que EEUU no ha lanzado una bomba sobre Venezuela todavía, pero el cerco militar, el asedio y sitio económico, el robo de dinero y activos venezolanos en el exterior, las permanentes operaciones psicológicas y la infiltración mercenaria y paramilitar son acciones concretas de guerra, definidas incluso en los manuales actualizados de guerra del pentágono.

¿Sabe usted que el 23 de febrero desde territorio Colombiano se intentó violentar la sobernía territorial venezolana utilizando mercenarios y que no se logró gracias a la actuación de la FANB, la PNB y el pueblo organizado?

¿Sabe usted que lo mismo ocurrió en el sur del país, en la frontera con Brasil? ¿El cerco comunicacional contra la verdad de Venezuela le permitió saber que el 24 de febrero un puesto militar venezolano cercano a la frontera con Colombia fue atacado por 60 mercenarios?

Sin duda usted tiene razón de que se debe acudir a la política para evitar la guerra, pero, ¿cómo hacemos si EEUU en lugar de comenzar por la política y darle una oportunidad al diálogo y la negociación comenzó primero por la violencia y las acciones de guerra?

Usted mismo dice que se impone la política y que la política es voluntad de negociar. El problema está en que usted plantea que negociar es aceptar las condiciones que Estados Unidos pretende imponer con sus acciones de guerra. Dice usted que negociar es evitar acorralar, pero se olvida de que EEUU lo primero que ha hecho es acorralar a Venezuela, cercarla, amenazarla, apuntarla con su cañones y agredirla. Está claro que EEUU no quiere negociar nada sino imponer sus condiciones y más nada. Y justamente la primera condición que pone es ésa que usted coloca como elemento inicial para negociar y evitar una guerra: que Maduro abandone el cargo para el que lo eligió el pueblo de Venezuela en elecciones legales y legítimas, y dé paso a un nuevo y arbitrario proceso electoral.

Habla usted también de más democracia como lo la única salida para evitar la guerra. Pero se olvida de que la revolución bolivariana es el proceso en el que se dieron las más profundas transformaciones democráticas del continente en los últimos 20 años y que fueron justamente Estados Unidos y la dirigencia política que avanza hoy tutelada por el poder de ese país quienes dieron un golpe de Estado que derrocó a Chávez en 2002, y un golpe petrolero luego entre diciembre 2002 y enero 2003, y después pretendió incendiar de violencia a Venezuela en 2013, 2014 y 2017 para derrocar al presidente Maduro ante la imposibilidad de derrotarlo políticamente.

Usted se atreve, además, a atacar las instituciones venezolanas y afirmar que en Venezuela lo que hay es una crisis de confianza. Permítame recordarle que luego del referendo revocatorio realizado contra Chávez (en el cual la revolución bolivariana salió victoriosa en el que fue el proceso democrático más hermoso de toda la historia de nuestro país), ante la imposibilidad política de derrotar a Chávez, fue cuando se inició la operación psicológica y mediática para deslegitimar las instituciones venezolanas y socavar su credibilidad. Esa operación no ha cesado desde entonces. Casi 15 años después, el efecto de esa acción de guerra psicológica tiene tal profundidad que incluso personas como usted pueden afirmar hoy que en Venezuela no hay instituciones confiables para garantizar elecciones libres y transparentes.

Y aprovecho para preguntarle: ¿mide usted las consecuencias históricas de lo que sería la aplicación de su propuesta de convocar, apenas 8 meses después de realizadas elecciones presidenciales, unas elecciones en Venezuela con la ONU como único garante de su amplitud, pluralidad y transparencia? ¿Se da cuenta usted de que al plantear eso está validando el desconocimiento arbitrario de Nicolás Maduro como presidente que hizo EEUU el 10 de enero de este año? ¿Se percata de que su propuesta respalda la anulación de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos en la medida en que legitima que cualquiera en cualquier país convoque una movilización más o menos numerosa para autoproclamarse presidente de ese país únicamente a cuenta de que tiene el respaldo económico, político, comunicacional y militar de un país poderoso que está dispuesto a recurrir a la guerra para imponerlo como presidente?

Usted plantea eso y al mismo tiempo habla de democracia, pero se olvida de que la oposición venezolana que está embarcada en la actual aventura golpista fue justamente la que decidió no participar en las últimas elecciones precisamente para boicotearlas y poder levantar hoy el discurso de ilegitimidad de Nicolás Maduro. Debería investigar un poco para que pueda darse cuenta de que la debilidad que impide a la oposición venezolana llegar al poder se debe exclusivamente a sus propios errores, a su propia incapacidad para consolidar un liderazgo, hacerle una propuesta seria y coherente al país que genere esperanza y entusiasmo político. Esa oposición ha sido tan mediocre y ha estado tan concentrada en sus propia¡os intereses económicos y de poder, que no ha sido capaz ni siquiera de capitalizar políticamente el descontento generado por la crisis económica y social venezolana creadas por el bloqueo. Esa dirigencia opositora es tan pobre que no ha sido capaz ni siquiera de acumular fuerza a partir de los numerosos errores y desviaciones de sectores del gobierno bolivariano.

¿No se da cuenta usted de que Trump, Pence, Pompeo, Bolton y Rubio tuvieron que salir ellos mismos a poner la cara y a dirigir directamente la oposición en Venezuela para poder medianamente despertar algún entusiasmo en la base social opositora, ante la absoluta falta de credibilidad y liderazgo de toda la dirigencia opositora venezolana? No venga entonces usted a decir que Venezuela necesita que venga Naciones Unidas a dar garantías de un proceso electoral absolutamente abierto y con la participación de todos.

¿Y sabe por qué, además?

Pues justamente por lo que usted plantea del trasfondo geopolítico y geoestratégico del conflicto en Venezuela. En eso tiene usted toda la razón. Lo que está en el fondo es la necesidad de EEUU de apoderarse del petróleo venezolano y de todas sus enormes riquezas. Pero, además de todos sus otros olvidos, en este caso también se olvida de que justamente por ese objetivo a Estados Unidos le importa un bledo la democracia en Venezuela y la libertad y bienestar de su pueblo. La única democracia que a EEUU le interesa es la que le permita colocar a un presidente servil a sus intereses, y en la que puedan manejar directamente las instituciones a favor de sí mismo. Es más, esto es tan cierto, que a Estados Unidos ni siquiera le interesa la continuidad de Venezuela como nación y como república, sino su fragmentación, su disolución, para que prendan en su territorio el caos y la violencia que abran la puerta a dos grandes negocios: el control de las riquezas y una guerra prolongada que tribute a las arcas de su megaindustria armamentista.

Una sola cosa más: ¿No le parece lamentable recurrir “desesperadamente” a Europa para que haga algo y evite una guerra? ¿Olvida que Europa es un continente en el que aún prevalecen las monarquías y Estados enteros se sostienen merced a que son grandes lavaderos de dólares del crimen transnacional? ¿Olvida que Europa aún mantiene colonias en África, Asia y su amada América Latina? Recuerde que además de Estados Unidos y Canadá, ha sido Europa la que ha aplicado guerra económica a Venezuela, robando miles de millones de dólares en dinero y oro.
¿Puede pedírsele a Europa que haga algo?

Estimado Pepe, dejo esta carta hasta aquí. Podría extenderme más, pero he dicho lo central y creo que es suficiente. A usted lo rodea una imagen de sencillez y humildad. Si no es una mera construcción mediática, espero que se tome la molestia de leer estas líneas y reflexionar sobre el lamentable mensaje que envió al mundo.

Eduardo-Viloria.jpg  Eduardo Viloria Daboín /

Fuente: AlbaTV

La mentira de la propaganda como herramienta exclusiva de los nazis

Por: Alberto Aranguibel B.

Si alguna acusación se le ha hecho a Adolfo Hitler a lo largo de las últimas siete décadas y media (después de la de genocida, por supuesto) es la de haber sido un obseso manipulador de la opinión pública mediante el uso enfermizo y casi criminal de la propaganda.

Manipulador porque, de acuerdo al relato histórico que nos presenta la mediática occidental desde entonces, habría sido un mentiroso compulsivo que habría ideado perversos mecanismos de engaño para cautivar a la gente.

Enfermizo y criminal porque habría apoyado el inmenso poder que llegó a alcanzar, no en favor de la democracia sino en beneficio de la barbarie antisemita que llevaba a cabo. Para lo cual el medio de comunicación habría sido un instrumento fundamental.

Pero Hitler no convocó jamás una rueda de prensa. Ni dispuso tan siquiera un espacio para recibir a los periodistas de ningún medio, como las modernas salas de prensa que acogen hoy en la Casa Blanca a decenas de los comunicadores más importantes de los Estados Unidos y del mundo.

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La grandeza de Hitler, cualquiera que haya sido, no se construyó encerrándose en un estudio de televisión o en una imponente oficina de connotaciones imperiales, como el Salón Oval, por ejemplo, sino a través del contacto directo con la gente en mítines multitudinarios, fastuosas paradas militares y presentaciones públicas de toda índole, que desmentían la imagen del propagandista que los “aliados” fabricaban de él desde mucho antes de la Segunda Guerra mundial y explicaban a la vez el arraigo popular en la Alemania de la preguerra de la idea supremacista sobre la cual se sustentaba en realidad el proyecto político que él encarnaba.

Infinidad de estudios de importantes investigadores alemanes y de otras naciones, principalmente norteamericanos, han establecido que el afán de Hitler no era la dominación mundial o el imperio de los arios sobre el resto de la humanidad (como lo presenta la narrativa occidental) sino la búsqueda de la superación de la más grande crisis económica padecida por Europa en toda su historia, y que el Führer atribuía a la ancestral vocación usurera de los judíos capitalistas diseminados por Europa, tal como hoy en día se constata en la lógica explotadora del mercado financiero mundial, controlado casi en su totalidad por el sionismo internacional.

Hitler se proponía el rescate económico a partir de la reunificación del pueblo germánico originario cuyas raíces se remontan a los tiempos de la antigua Persia, conocido ancestralmente como “ario” no por razones raciales sino sociales. Para los indoeuropeos, “ario” era quien pertenecía a las clases nobles de la sociedad. Por eso su proyecto se presentaba como un movimiento “nacionalsocialista” (que nada tenía que ver con el socialismo propuesto por Marx, a quien Hitler despreciaba particularmente por su ascendencia judía).

Sin embargo, el discurso de los vencedores (capitaneados siempre por los Estados Unidos de Norteamérica) reduce la dimensión de todo aquel drama histórico por el que venía atravesando Europa desde casi la edad media hasta la primera mitad del siglo XX, al simple antojo personal de un desquiciado enceguecido por el poder.

Quienes tratan de explicar el fenómeno argumentando que las atrocidades nazis fueron posibles porque, supuestamente cegada por la propaganda, la población desconocía lo que estaba sucediendo, dejan de lado el hecho de que hoy en día los presidentes norteamericanos cometen las mismas o peores atrocidades contra los pueblos, ufanándose de ello frente al mundo cada vez más abiertamente.

No fue Hitler quien uso la propaganda para convertirse en lo que fue. Fueron sus enemigos, en particular el imperio norteamericano, quienes la usaron para fabricar un demonio necesario sobre quien la gente pudiera hacer recaer su desprecio eterno y olvidar así el atropello del cual el mundo es víctima permanente por parte de la potencia del norte. En función de eso lo fueron presentando con un discurso que se iba amoldando a sus intereses a través del tiempo; en un principio lo presentaron simplemente como un brutal genocida; décadas después le añadieron el carácter “socialista” que algunos han querido acuñarle forzando la lectura del término “nacionalsocialista”; y finalmente, en la actualidad, le adosan el rasgo de drogadicto (como lo presenta recientemente un reportaje nada más y nada menos que de la BBC de Londres), todo lo cual resume hoy en día el perfil del criminal más abominable de acuerdo a la lógica de la propaganda capitalista.

¿Qué le reclamó en definitiva el mundo civilizado a Adolfo Hitler para permitirse abalanzar contra él todo el poderío bélico imaginable hasta entonces? ¿Que osó invadir aquellos países que representaban algún tipo de amenaza a los intereses de Alemania?

¿Qué podría decirse entonces de Estados Unidos, que desde hace casi dos siglos ha fundamentado su injerencia financiera o política en la casi totalidad del mundo en la supuesta obligación de preservar sus intereses económicos como nación? Con la eliminación del nazismo, quienes controlan (y han controlado siempre) el inmenso poder de los medios de comunicación, apartaron del camino un obstáculo para la consolidación del modelo capitalista hegemónico que hoy impera en el mundo. Su interés no fue nunca la reinstauración de la democracia en Europa, sino el secuestro de esa democracia para ponerla al servicio del gran capital.

¿Que Hitler aplicó sistemáticamente la fórmula del exterminio contra el pueblo judío durante aquellos cinco años de la segunda guerra?

¿Cuánta gente inocente no ha perdido la vida por efecto de las invasiones arbitrarias que EEUU ha llevado a cabo en más de treinta y dos naciones desde el fin de esa guerra hasta hoy? La barbarie con la que el ejército norteamericano ha asolado naciones enteras durante este periodo, incluyendo el uso de armas bacteriológicas, químicas y atómicas nunca usadas por ningún otro ejército, ha sido practicada por EEUU de manera ininterrumpida por más de siete décadas; catorce veces más tiempo del que ocupó la Alemania nazi en su vorágine antisemita; cientos de miles de muertos más; así como billones, varios billones más, de dólares invertidos en esas interminables y devastadoras guerras.

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Una barbarie que en el discurso de las grandes potencias que lo dieron todo por el exterminio del nazismo tenía que ser eternamente inaceptable para la humanidad. A partir de lo cual todo lo que se hizo para acabar con Hitler y borrar todo vestigio de nazismo se consideró perfectamente justificado y hasta glorioso.

¿Por qué entonces Donald Trump, que construye muros infamantes contra las naciones, que ordena sanciones hambreadoras contra los pueblos, que secuestra niños y los enjaula como animales, que promueve el racismo en su propio país, que humilla con su ejército al mundo, que está a punto de desatar la tercera guerra mundial a punta de prepotencia y arrogancia, no solo no está tras las rejas, sino que no es ni siquiera cuestionado someramente por aquellos que se dicen defensores de la libertad y la democracia, si en efecto todo cuanto se propone en términos de la dominación planetaria, como lo han sostenido todos los gobernantes norteamericanos desde hace más de medio siglo, es mucho más violatorio de los derechos humanos, del derecho internacional y de los principios de la libre determinación de las naciones que todo lo que llegó a hacer jamás ningún otro mandatario contra el resto del mundo en términos de su extensión y su crueldad?

El sistema capitalista, que se ha ufanado por décadas de haber exterminado con la eliminación del nazismo la peor amenaza contra la humanidad, exalta hoy en día con un aparato comunicacional mil veces más poderoso que todo cuanto haya podido utilizar Hitler, a los presidentes de una potencia cruel y sanguinaria como los Estados Unidos, cada vez que estos dictan sentencias injustas y arbitrarias contra las naciones que no se arrodillan a sus designios imperiales y lanzan sobre ellos la furia devastadora del ejército norteamericano para imponer por la fuerza la tiranía del capital. Pero ahí, antes que repudiable, la manipulación comunicacional se presenta justa, correcta y pertinente.

La amenaza que se cierne sobre Venezuela en este momento, cuya base de sustentación real son las campañas de difamación contra nuestro pueblo llevadas a cabo hoy por los medios de comunicación pro imperialistas del mundo, es una prueba más de cómo toda esa maquinaria de propaganda, la más poderosa de la historia, sirve a los propósitos de la dominación y no de la democracia.

@SoyAranguibel

Carta abierta al Frente Amplio de Chile

Por Atilio A. Boron

Días pasados, Pablo Vidal, uno de los diputados del partido Revolución Democrática que integra el Frente Amplio de Chile, manifestó en una entrevista ante La Tercera que el presidente Nicolás Maduro era un dictador. Lo que podría haber sido el desafortunado exabrupto de un novel legislador tardó unas pocas horas en revelarse como el síntoma de una grave enfermedad que, de no combatirse de inmediato, clausuraría por largos años la posibilidad de ofrecer una alternativa pos-neoliberal al desprestigiado sistema de partidos políticos imperante en Chile, vástago de la funesta dictadura de Augusto Pinochet. En efecto, sin meditar sobre el significado y los alcances de las palabras de Vidal otros dirigentes del FA salieron en tropel a respaldar sus dichos poniendo en evidencia que su profundo desconocimiento de la historia chilena y de las categorías más elementales del análisis político es una falencia compartida por igual con sus compañeras y compañeros de partido. Porque, ¿cómo es posible que alguien que se propone como una alternativa de izquierda asuma por completo el discurso y la propaganda urdidas por el imperio y la derecha vernácula? Por si hubiera dudas al respecto Vlado Mirosevic, un representante del Partido Liberal –una derecha pura y dura, mal disimulada por una delgada pátina de posmodernismo combinada con un eficaz marketing político- saltó al ruedo para expresar su total acuerdo con el extravío de Vidal. Desgraciadamente en pocas horas el “efecto manada” hizo presa de muchos dirigentes del FA que de modo irreflexivo arrojaron por la borda buena parte de su identidad de izquierda.

Se requiere un elevado nivel de analfabetismo político -para decirlo diplomáticamente- para que un ciudadano o una ciudadana de un país como Chile, que ha sufrido una de las más horrendas dictaduras de que se tenga noticias en el siglo veinte, pueda calificar con los mismos términos a Augusto Pinochet y Nicolás Maduro. No sólo Vidal y sus cofrades han demostrado tener un olímpico desconocimiento de la realidad venezolana sino que, peor aún, otro tanto ocurre con la historia de su propio país. Si la conocieran, porque es su obligación como legisladores o como dirigentes políticos conocerla muy bien, jamás podrían haber cometido una grosería como la que estamos comentando y que no por casualidad fue recibida con enorme alborozo por la canalla mediática, comenzando por la CNN y siguiendo por los demás medios hegemónicos. Como lo comenta con sensatez en su tuit una joven comunista chilena, Florencia Lagos Neumann, “Dictadura es dictadura. Pinochet era dictador, Videla era dictador, Somoza era dictador, Franco era dictador. Si en sus dictaduras hubiera aparecido un loco autoproclamándose presidente a las 2 horas era fusilado y tirado a una fosa común. ¿Se entiende?” La elocuencia de este razonamiento ahorra muchas palabras.

Se pueden decir muchas cosas de Juan Guaidó (la mayoría de las cuales poco honorables) menos que haya padecido inconveniente alguno en su continua prédica sediciosa, o en su convocatoria a la población y las fuerzas armadas para quebrar el orden constitucional o en su infame pedido al gobierno de Estados Unidos para que se inmiscuya activamente en la resolución –sin duda violenta y sin ninguna clase de diálogo político, como lo ha manifestado más de una vez la Casa Blanca- de la crisis que afecta a Venezuela. Su demagógica pregunta, formulada en un acto público callejero, de si alguien le tiene miedo a una guerra civil (y que el público asistente contestó con un resonante no) es de una irresponsabilidad criminal. En cualquier país del mundo –y Chile no es la excepción- un sujeto que obra de esa manera es de inmediato apresado y juzgado perentoriamente a cumplir una larga condena en una cárcel de máxima seguridad. En Estados Unidos podría inclusive ser pasible de la pena capital. Pero nada de eso ocurre en la “dictadura” de Maduro denunciada con un ardor digno de mejores causas por algunos sectores del FA. Una extraña dictadura –como decía Eduardo Galeano hablando de los días de Hugo Chávez en el poder- que permite que un fantoche como Guaidó circule por todo el país sin ser perseguido, que cite a exministros chavistas y se reúna con ellos, a plena luz del día, en el Palacio Legislativo en el centro de Caracas para intercambiar ideas sobre la constitución de un gabinete de su ilusoria “transición”. O que permite que un dirigente responsable de ser el inspirador y autor intelectual de las dos guarimbas que en el 2014 y 2017 dejaron una estela de centenares de muertos, miles de heridos e inmensos daños a la propiedad, nos referimos a Leopoldo López, aparezca regularmente en diversos programas de radio reproducido y viralizados por las redes sociales y en donde desde su confortable prisión domiciliaria se exhorta a las fuerzas armadas bolivarianas a permitir el ingreso de la “ayuda humanitaria” enviada por Washington. ¿No son éstos, acaso, ejemplos rotundos de la libertad de prensa y de reunión que existe en la Venezuela bolivariana y que ninguna dictadura jamás admitió? ¿Pudo hacer esto la oposición a Pinochet en Chile, o de Videla en la Argentina o de Somoza en Nicaragua? ¿Es posible ignorar una verdad tan elemental como ésta? ¿Cuál es el concepto de “dictadura” que manejan algunos líderes del FA? Confieso mi curiosidad por conocerlo y por saber cuál es el teórico que produjo tan extravagante definición por la cual el venezolano es un dictador y el déspota de Arabia Saudita que masacra al pueble yemení y manda asesinar a un periodista de su país en la sede de su embajada en Turquía no lo es; o que un régimen neofascista y genocida como Israel sea considerado como una ejemplar democracia con la cual Chile debe estrechar sus vínculos sin ninguna clase de reserva pese a su flagrante y sistemática violación de los derechos humanos en los territorios ocupados y su rechazo a todas las resoluciones de Naciones Unidas.

La conclusión inescapable de esta toma de posición de algunos dirigentes del FA es que su referencia a la cultura de la izquierda y sus centenarias luchas es un lamentable malentendido; o, en caso de que exista mala fe, un artilugio discursivo y electorero para adquirir respetabilidad ante los sectores dominantes. Una identidad de izquierda tan frágil que se disuelve tan pronto sus representantes deben plantarse frente a los candentes desafíos de la realidad política, esa “lucha de dioses contrapuestos” a la que se refería Max Weber y en la cual no caben las mediatintas ni los “ni-ni” del posmodernismo sea en sus variantes de derecha o de (pseudo)izquierda. Recuerdo unos versos de Víctor Jara cuando cantaba, en los años de la Unidad Popular: “usté no es ná, ni chicha ni limoná”. Quienes en estos días se unieron alegre e irresponsablemente al discurso del imperialismo y la reacción autóctona corren serio riesgo de convertirse en “ná”, y eso políticamente es un seguro camino al desastre. O, peor aún, convertirse en su contrario y abandonar la empresa histórica de rescatar a Chile de las garras del neoliberalismo. Porque quienes ingresan ruidosamente al ágora con el discurso de “Maduro dictador” ya se colocan, objetivamente y más allá de inconsecuenciales gestos de rebeldía, del lado del imperialismo y la reacción. Tienen que tomar conciencia que al hacerlo se han asociado a lo peor de la política latinoamericana. Están codo a codo con Uribe y Duque, Macri y Bolsonaro, con Hernández y Lenín Moreno, con Almagro y con Santos, con Bolton y Abrams, todos entonando el relato concebido en Estados Unidos y difundido en nuestra lengua por el inigualable maestro en el arte de decir mentiras que parezcan verdades: Mario Vargas Llosa. Ese sector del FA, porque no creo que sea toda esa organización, ingresa en la política latinoamericana de la mano de los herederos de los que ahogaron a sangre y fuego la experiencia pionera de Salvador Allende, y este no es un dato menor ni una simple anécdota. Tomaron partido por ellos, por los vástagos de quienes bombardearon la Moneda, asesinaron a Orlando Letelier, René Schneider, Carlos Prats González, a Pablo Neruda, a Eduardo Frei y condujeron a la muerte a Salvador Allende; también por los que torturaron, mutilaron y ejecutaron cobardemente a Víctor Jara y a miles de chilenas y chilenos; los que organizaron siniestros campos de concentración y caravanas de la muerte, desaparecieron a miles, mataron a otros tantos y enviaron a cientos de miles de sus compatriotas al exilio.

En su asombrosa ignorancia este sector de la dirigencia frentista demuestra desconocer el abc de la filosofía política, ¡y pretenden con tal rudimentario arsenal teórico conducir a Chile por la senda del progreso y la justicia social! Incapaces de distinguir lo que es una dictadura, de reconocer la omnipresencia del imperialismo –palabra prohibida en su discurso- o de conocer el dolor y la destrucción que éste provoca con su agresión económica, política, diplomática y mediática a la Venezuela bolivariana se rinden ante el pensamiento único en su fatal empeño por constituirse como una alternativa “moderada” ante la “inmoderada” injusticia que campea en Chile.

Ante el crisol de la crisis venezolana ese sector del FA se funde con la derecha en su maniqueísmo propio de la Guerra Fría, en su cruzada contra los gobiernos que no se arrodillan ante los mandatos de la Casa Blanca (Noam Chomsky dixit) y que son invariablemente caracterizados por ésta como “dictaduras”. Una izquierda que en su infantilismo cae en la trampa de creer que va a poder resolver la deuda social de la “democracia de (muy) baja intensidad” de Chile, o de su “democradura”, sin enfrentarse con todos los demonios del infierno que saldrán en tropel para aplastar a sangre y fuego a quienes tengan la osadía de pretender cambiar el mundo. Gentes que, en su inexperiencia, creen que la política es un juego caballeresco en donde los reformadores sociales, ni digamos los revolucionarios, van a ser enfrentados con las armas de la legalidad y la institucionalidad por los partidarios del status quo. No basta con que Donald Trump le confiera el rango de presidente legítimo de Venezuela a un fantoche como Juan Guaidó, en abierta violación de la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional. Tampoco que John Bolton haya declarado que quiere el petróleo de Venezuela para las empresas estadounidenses. Aunque Trump y Bolton les griten en la cara que en su momento vendrán a apoderarse de los recursos naturales de Chile en su ebriedad posmoderna los que vociferan “Maduro dictador” seguirán pensando que el imperialismo es una fábula de la vieja izquierda, un mito que sobrevive increíblemente en tiempos de la posmodernidad líquida en donde, como decían Marx y Engels en el Manifiesto Comunista(que esos sectores del FA harían muy bien en leer) “todo lo sólido se disuelve en el aire”. Todo, sí, menos la lucha de clases y la dominación imperialista. Y si no comprenden esto no han comprendido nada y se disolverán en el aire sin dejar más que un borroso recuerdo, una juvenilia pasajera que prometió ser una brisa renovadora en la política chilena y acabó siendo más de lo mismo.

Admito que algunos sectores de la izquierda puedan ser duros críticos del gobierno de Maduro. O decir que éste no supo contrarrestar efectivamente la brutal ofensiva que Estados Unidos lanzó para acabar con la Revolución Bolivariana. O que su manejo de la política económica fue desacertado o que el combate a la corrupción careció de la energía requerida. Pero decir que Maduro es un dictador es un gigantesco error conceptual grávido de lesivas consecuencias prácticas para el futuro del movimiento popular chileno. Este difícilmente podrá hallar una ruta de salida a las injusticias e inequidades producto de casi medio siglo de políticas neoliberales cuando una fuerza política que se pretende de izquierda piensa y actúa como si fuera de derecha. Olvidándose, además, ¡torpes sociólogos quienes la asesoran!, que los pueblos, dondequiera que sea, y no sólo en Latinoamérica, siempre prefieren el original a la copia. Y una izquierda que se presenta como una caricatura de la derecha decreta su propia obsolescencia y lleva agua al molino de aquélla. El Frente Amplio aún está a tiempo de sortear tan lamentable desenlace. Una discusión franca, rigurosa y con mucho fundamento puede salvar un proyecto de recambio, tendencialmente pos-neoliberal, que Chile necesita impostergablemente. Sería imperdonable que esa oportunidad se frustrara.

Atilio-Boron Atilio Boron

Fuente: Resumen Latinoamericano

Legitimidades desquiciadas

Por: Alberto Aranguibel B.

Insólito el desparpajo de la derecha hoy en el mundo, enfrentándose como lo hace a la opinión pública con el cinismo y la impudicia sobre los cuales fundamenta en la actualidad su discurso.

La vetusta y decadente fórmula de la demagogia como herramienta de comunicación por excelencia de la derecha con la sociedad, ha sido desplazada en su narrativa política con la nueva lógica de la inmoralidad y la desfachatez de la mentira que se sustenta cada vez más en la irresponsabilidad y el desprecio hacia la gente.

Francia, por ejemplo, que acusa de inviable al gobierno de Venezuela, es incendiada de extremo a extremo por un pueblo enardecido que protesta la inclemencia económica de su neoliberal gobierno, pero al que hay que sancionar es al presidente de nuestro país, que no ha hecho sino entregar su mayor esfuerzo en preservar la paz y procurar la mayor protección económica para su pueblo. Trump, que llegó a la presidencia de EEUU por su promesa de lograr el más grande negocio para los norteamericanos con la construcción de un muro que, según él, pagarían los mexicanos, hoy paraliza a su propio gobierno al perder frente al Congreso la posibilidad de sacarles del bolsillo a sus ciudadanos el costo del demencial y fascista proyecto.

Ahora en Venezuela, esa misma derecha, obtusa y retardataria como es, designa como su máximo líder a un terrorista, guarimbero a carta cabal, que se estrena exigiendo nada más y nada menos que unas elecciones que ya se hicieron y a las cuales se negaron (él principalmente) con la más cruda e incendiaria violencia que el país haya conocido.

Quien ahora pide esa elección clamando por una “democracia legítima”, fue electo hace tres años con exactamente el mismo sistema electoral que impugna, alcanzando en esa oportunidad un exiguo apoyo de los electores que le permitió lograr curul para apenas 14 de los 167 diputados que integran el parlamento.

Con esa ridícula”legitimidad” pretende revocarle el mandato nada más y nada menos que al segundo presidente más votado de nuestra historia republicana después del Comandante Hugo Chávez.

Esas “legitimidades” desquiciadas, que destruyen la democracia y violentan los derechos del pueblo, son las que acusan de dictadura a los gobiernos populares.

@SoyAranguibel

Acevedo: Ahorcar primero a Venezuela, y después “salvarla”

Por: Alberto Acevedo / Semanario Voz

Nunca como hoy, la opinión pública internacional había asistido a un escenario de conspiración y desprecio por las normas del derecho internacional, de arrasamiento de los principios de la no intervención en los asuntos internos de una nación, y de desconocimiento a su derecho a la autodeterminación y a la soberanía nacional, como se vio en el marco de las deliberaciones de la 73 Asamblea General de las Naciones Unidas, donde todos los poderes imperiales se confabularon, en satánico aquelarre, contra la Revolución Bolivariana de Venezuela y el gobierno que la encarna.

Ahorrando cortesías y disimulos, convergieron en su interés por derrocar al gobierno legítimo de Venezuela y apoderarse de sus ricos yacimientos minerales, el presidente de los Estados Unidos, el de Canadá, el de Francia, el de Colombia, y los instrumentos internacionales de cooperación internacional que controlan, ya no de cooperación sino de coloniaje.

El tono más alto del coro, desde luego, salió de la garganta del titular de la Casa Blanca, quien no tuvo empacho en asegurar, en un foro internacional de paz, que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, podría ser “derrocado rápidamente” por militares de ese país, si existiera voluntad paran ello. Dijo que un golpe militar contra el gobierno de Maduro podría triunfar “rápidamente” si las Fuerzas Armadas venezolanas deciden organizarlo, y confirmó que Washington mantiene la opción militar sobre la mesa.

En la casa de la paz

El tono destemplado de semejante ‘diplomacia’, contrarrestó con el mensaje sosegado, inteligente y valiente de la delegación venezolana asistente al evento de las Naciones Unidas. El primero en responder fue el canciller Jorge Arreaza, al pedir respeto para Venezuela y calificar como injerencista y amenazador el discurso de Donald Trump, quien utilizó un lenguaje belicista, “en vez de hablar de paz en la casa de la paz; en vez de hablar de respeto al derecho internacional en la casa del derecho internacional”.

De ese talante fue el discurso del mandatario colombiano, que, tras reunirse con Trump en su despacho, y con el vicepresidente Mike Pence, asume como suyo el discurso imperial y convoca en las Naciones Unidas a una alianza global contra la “dictadura” y el éxodo de venezolanos por el mundo. Sometido a los manejos del titiritero mayor, se hace eco de una ‘indignante’ crisis humanitaria, a la que el presidente Maduro calificó como fabricación de occidente para ambientar un clima de intervención militar directa por parte de Estados Unidos y sus aliados.

Coro destemplado

Los días que rodearon a la Asamblea General de las Naciones Unidas, fueron intensos en actividades antivenezolanas. Inicialmente, provocaron indignación las declaraciones del secretario general de la OEA, Luis Almagro, durante una visita a Cúcuta, en la que afirmó que la opción militar contra Venezuela no está descartada. En ese tono estuvieron las afirmaciones del recién nombrado embajador colombiano ante la Casa Blanca, Francisco Santos, y las del jefe del partido de gobierno en Colombia, Álvaro Uribe Vélez.

Una de esas voces destempladas, en un desborde de delirio intervencionista, pidió desde Miami la creación de un escudo antimisiles en el cielo colombiano, apuntando su arsenal contra el hermano pueblo venezolano. La histeria injerencista fue más allá, y cinco países latinoamericanos, liderados por Colombia, pidieron a la Corte Penal Internacional el juzgamiento del mandatario venezolano por presuntas violaciones a los derechos humanos en su país y eventuales delitos de genocidio.

En este concierto, sobresale, no solo por lo destempladas, sino por temerarias, las afirmaciones del vicepresidente norteamericano Pence, quien al tiempo que anunció una partida de 48 millones de dólares para que Colombia atienda los gastos de la inmigración venezolana, advirtió que el gobierno colombiano tendría todo el respaldo militar en caso de una agresión por parte de Venezuela.

Voces sensatas

En el mediano tiempo, esta andanada estuvo precedida de tres intentos de golpe de estado contra el gobierno bolivariano, un intento de magnicidio, cuando drones con explosivos intentaron llegar hasta la tarima presidencial en un acto público en Caracas, el anuncio de nuevas sanciones económicas contra el gobierno de Maduro y su entorno personal y familiar. Esto llevó al secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, a afirmar en su discurso ante el foro, que hoy “la gente se siente cada vez más insegura y no confía en las instituciones” de la diplomacia internacional.

Otras voces, que la prensa internacional ocultó, denunciaron la estrategia imperial de pretender arrasar con los gobiernos de signo progresista en el continente latinoamericano.

El canciller venezolano Arreaza, dijo que “la etiqueta de la crisis humanitaria es para facilitar la intervención”. ¿Cómo se provoca la crisis humanitaria?, preguntó el diplomático. “Bloqueando a un país. Si bloqueas a un país, no hay insumos para la producción y se dificulta el acceso a la comida y a las medicinas”, dijo el funcionario.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, que asistió por primera vez a las Naciones Unidas en su condición de jefe de Estado dijo que el gobierno y el pueblo de la isla caribeña “rechazamos los intentos de intervención y las sanciones contra Venezuela, que buscan asfixiarla económicamente y dañar a las familias venezolanas. Repudiamos los llamados a aislar a esa nación soberana, que no hace daño a nadie”, puntualizó el gobernante cubano.

Detener a los agresores

Al margen de esta puja diplomática en la OUN, un analista militar recordó que dentro de las diferentes estrategias, muchas de ellas fallidas, aplicadas por la Casa Blanca, hay una de corte militar, ya puesta en escena en Siria y en otros escenarios de conflicto y que hoy se quiere trasladar a Venezuela, y que se conoce como RP2, que para el caso del país latinoamericano se traduce en: “Ahorquemos primero a Venezuela y después la salvamos”.

En el recinto de las Naciones Unidas, todavía queda el eco de las palabras del presidente Maduro, que al intervenir en la sesión de la Asamblea General, aseguró que “intereses extranjeros intentan detener el curso de un proyecto revolucionario, que se basa en la reivindicación social del pueblo”. Dijo que Venezuela “es víctima de una agresión permanente en el ámbito económico, político y mediático, impulsada por el gobierno estadounidense de Donald Trump”.

Señaló que su país tiene vocación de paz, llama al diálogo, propicia una salida negociada a sus dificultades internas, pero tiene la fuerza, el valor y la decisión necesarias para enfrentar cualquier agresión externa.

Alberto-Acevedo  Alberto Acevedo

Fuente: Semanario Voz

MUD: La quimera del triunfo

Por: Alberto Aranguibel B.

Fracaso tras fracaso, la MUD reincide terca y persistentemente en tropezar de nuevo con la misma piedra, sin que ninguno de sus integrantes les alerte acerca del desatino de aplicar siempre la misma errada lógica de negarse a prevenir la derrota. Su visión es la de una clase prepotente y arrogante que a través del tiempo ha aprendido a regocijarse cada vez más en la insustancial idea de la supremacía que le es tan propia.

Todos, absolutamente todos los opositores, son víctimas del mismo síndrome de Disneylandia, que les hace creer con la mayor pasión que en cada nueva actuación del antichavismo hay una inevitable inminencia de triunfo total y definitivo de quienes han fracasado siempre, precisamente por su empeño en aferrarse obcecadamente al mismo esquema de la ilusión sin sustentabilidad. Exactamente el mismo formato de las comiquitas, donde las soluciones están determinadas más por la magia del deseo que por la certeza ineluctable de la realidad.

La burguesía (y los igualados de la clase media que se asumen como burguesía) no ansía la riqueza para realizar el disfrute del confort al que su doctrina la obliga. Bajo su filosofía, la acumulación de riqueza en pocas manos no está determinada por postulado ideológico alguno, sino que emana de su impostergable necesidad de utilizar el poder del dinero para mantenerse por encima de los demás.

La guerra que esa burguesía ha desatado contra la economía y la democracia venezolana es el escenario perfecto para quienes asumen la ilusión como la fórmula liberadora de las fuerzas telúricas que logren por fin el ansiado reacomodo del orden universal, tal como ellos lo conciben.

A diferencia de sus incontables fracasos anteriores contra el chavismo (en los que llegaron a prometer hasta “hallacas sin Chávez” y decenas de “marchas sin retornos” y “últimas trancas” de manera interminable desde hace casi veinte años) el de esta oportunidad está determinado por un condicionante particular; la arrechera. Aquella de la cual sus líderes dijeron que sería el acicate absoluto e indispensable para desatar la furia incontenible de la supremacía de clase por la que tanto han luchado sin resultado alguno.

No solo en boca de su líder más prominente, sino en cientos de miles de pancartas, carteles, avisos, y millones de mensajes por las redes sociales, insistieron con la más frenética terquedad en la urgencia de activarse todos usando la fuerza desencadenante de la ira como detonante de su redención como clase pudiente del país.

Hoy, cuando en verdad puede decirse que están bien arrechos, los signos de esquizofrenia delirante son más que evidentes entre los opositores. Con lo cual se infiere que en algún momento de ese largo trayecto de penurias debe haberse producido el fenómeno de la sobredosis en la inoculación del odio que desde hace tanto practican entre los suyos.

El problema con ellos no es ideológico, pues, sino neurológico.

Linchar venezolanos en la vía pública, incinerar con gasolina todo aquel moreno que les parezca chavista, degollar indiscriminadamente a quien tenga la mala suerte de pasar frente a una guaya invisible colocada por ellos, hacer saltar por los aires heridos de gravedad a funcionarios que son atacados con explosivos detonados a control remoto, incendiar centros materno infantiles llenos de pacientes y personal médico, matar en turba a batazos a un individuo desarmado y maniatado como a tantos les han hecho en esta ola de demencial criminalidad que ellos insisten en denominar “protestas pacíficas” para esconder su cobardía y su miseria humana, no es un planteamiento político sino una aberración que solo puede derivar de la insania mental crónica y en grado definitivamente terminal.

Sin embargo, para ellos no se trata de una cadena de aberraciones criminales sino del anuncio del triunfo tan añorado y tan largamente postergado por el que tanto han luchado.

En su perspectiva cada muerto es un avance. Cada pierna o brazo desgarrado por la acción del terrorismo que han desatado hasta contra su propia gente, es un nuevo anuncio de la cercanía de la meta anhelada. Cada explosión, cada destrucción de un bien público o privado, es la buena nueva de la asunción al poder.

En Colombia, sin ir muy lejos, las FARC mantuvieron el más cerrado combate contra el ejército de esa nación por más de medio siglo. Más de veintidós mil hombres y mujeres organizados y entrenados, en pie de guerra y armados hasta los dientes con el poderoso armamento del que disponían (y del cual seguramente todavía disponen), jamás pudieron hacerle ni mella a la estructura militar colombiana, ni mucho menos derrocar a ninguno de los trece gobiernos de derecha que se sucedieron mientras duró la insurrección. Más de doscientos veinte mil muertos le costó a Colombia esa guerra.

Quien en las filas opositoras pueda estar pensando que asesinando Guardias Nacionales o incendiando establecimientos públicos con cuarenta o cincuenta terroristas en uno que otro de sus municipios puedan llegar a derrocar un gobierno cuya mayor fortaleza es la férrea cohesión cívico-militar que lo sustenta, es definitivamente un deschavetado de cerebro carcomido por su deliro de supremacía.

Estupidez que se agiganta con la concepción de democracia que han terminado por asumir como su propuesta más consistente al país. La de llevar a prisión a todo aquel chavista que no logren exterminar físicamente en el supuesto negado de llegar a poder, siempre en nombre de la libertad y de la lucha por los derechos humanos que dicen defender.

De ahí que una organización que durante más de quince años se ha presentado como defensora de los derechos humanos, la ONG Provea, sea la primera en amenazar hoy con la más brutal persecución a los trabajadores de la Administración Pública que voten en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente prevista para el 30 de julio, en el quimérico caso de ser la derecha gobierno en el país.

Ni siquiera Hitler, Franco, Mussolini o Pinochet, se dirigieron a la opinión pública en el tono amenazador de muerte y persecución con el que la derecha venezolana, absolutamente todos los líderes y militantes de la oposición, se refieren hoy a lo que harían ellos con el chavismo. Ninguno llegó a abrazarse públicamente con los terroristas a quienes les ordenaban los exterminios en masa que cada uno de ellos perpetró contra su propio pueblo, como lo hacen aquí frente a las cámaras los líderes de Voluntad Popular y Primero Justicia.

“La mejor noticia de esta mañana –bufa un opositor en su cuenta tuiter- logramos que le cerraran la cuenta a Winston Vallenilla”, celebrando el brutal ataque a la libertad de expresión que esa arbitraria medida del gigante de las redes sociales comprende.

Todo ello en función de la misma demencial noción de democracia que supone que no habrá libertad en el país hasta tanto no lleguen al poder los que jamás logran reunir una mayoría verificable en los votos. Algo así como un torneo interminable donde el juego no se acaba hasta que no gane el que siempre pierde.

La manera más acabada de llevar a cabo ese siniestro plan de persecución y exterminio de millones de venezolanos, es la de convertir su lucha en una recreación exacta del mito de los dioses contemporáneos que representan las figuras de los héroes de las tiras cómicas que han alimentado el pueril imaginario de la clase con mayor poder adquisitivo en la sociedad, para que no exista posibilidad alguna de verse confundidos con el pueblo. Disfrazarse de superhéroe no es nada más una ridícula forma de lucha, sino una patética y decadente manera de establecer distancia con el populacho al que engañan y aborrecen.

Se les ha metido en la cabeza (o en lo que pueda quedarles de ella) que a medida que transcurran más días de muerte, destrucción y terrorismo en los dos o tres rincones de sus muy pocos municipios guarimberos, más cercana estará su posibilidad de triunfo.

¿Qué clase de triunfo puede ser para una oposición que después de cien días intentando derrocar a un gobierno, los ministerios, la banca, los comercios, las empresas, las escuelas y universidades, el transporte, los servicios públicos, los restaurantes, las clínicas, los medios de comunicación y los cines sigan funcionando con entera normalidad y el Presidente siga siendo el mismo?

Solo los imbéciles acostumbrados a ver la vida como una tira cómica, no entenderán jamás que ahí lo que hay son más de cien días de costosos fracasos continuados.

@SoyAranguibel

 

Jean Araud: La desinformación sobre Venezuela toma proporciones alucinantes

Por: Jean Araud

Cuando uno lee una prestigiosa revista como Time, que además de prestigiosa, es venerable por sus años de publicación, uno se imagina que cuenta con una seria fuente de información internacional. Pero cuando uno lee un artículo sobre Venezuela redactado por su periodista Ioan Grillo, y uno vive el quehacer cotidiano de este país, puede preguntarse seriamente si este periodista está mal informado, o confundido en su buena fe, o si en lugar de proporcionarnos una información se trataría más bien de desinformación, manipulación o intoxicación de sus lectores.

A inicios del mes de agosto, precisamente el día 12, sectores de la oposición venezolana anunciaban triunfalmente y en primicia, la portada del Time del 22 de agosto con frases de un artículo de Ioan Grillo como « Venezuela se está muriendo », « El colapso de un país en cámara lenta», « Cómo la nación con más petróleo en el mundo se derrumbó» o « Alguna vez fue el país más rico de Latinoamérica. Ahora se está derrumbando».

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« Venezuela se está muriendo ». Revista Time | Foto: Time,  12 de agosto de 2016
« El colapso de un país en cámara lenta», « Cómo la nación con más petróleo en el mundo se derrumbó»,
« Alguna vez fue el país más rico de Latinoamérica. Ahora se está derrumbando».*

También se anunciaba que la revista Time se referiría al tema de la escasez de productos de primera necesidad.

No dudamos de la seriedad con la cual la revista Time tomaba este artículo, porque no todos los periodistas logran estar en portada, ni tampoco dudamos de los estrechos vínculos que existen entre la revista y los sectores de la oposición venezolana, porque presentar un artículo, además con la foto de la portada de una revista con diez días de anticipación, no está al alcance de cualquiera. Así que esperábamos la publicación del Time del 22 de agosto para leer estas grandes primicias del autor. Al pasar de los días descubrimos que de gran primicia, nada.

Ya el 20 de agosto entraba en escena el New York Post, con la publicación de un video presentando a Venezuela como la capital mundial de la violencia, con una gran parte de sus ciudadanos viviendo en la pobreza y el tráfico de drogas como su sólo medio de subsistencia.

Venezuela is on the brink of total collapse

Pero antes, el 18 de agosto, otro prestigioso periódico británico, The Financial Times, había tomado la delantera del Time y del New York Post, comparando « la situación que atraviesa Venezuela con los problemas previos a la caída del Muro de Berlín».

Al día siguiente, el 19 de agosto, fue en Europa que, Actu Soirmag con la Agencia AFP, le quitaba el estrellato al Time, difundiendo sobre «la escasez de carne en Venezuela, los precios exorbitantes del arroz y los frijoles, la crisis humanitaria y las largas colas para comprar alimentos», todo esto bajo el título impactante de «Golpeados por la crisis, venezolanos se comen los animales del zoológico».

Golpeados por la crisis, venezolanos se comen los animales del zoologico

Frappés par la crise, des Vénézuéliens mangent les animaux du zoo*. Foto ISOPIX / Image d’illustration. Actu Soirmag con la Agencia AFP. 19 de agosto de 2016

Curioso este concierto de Time, New York Post, The Financial Time, Actu Soirmag y la AFP, sin mencionar algunos otros que tocan al unísono la misma sinfonía.

¿Concierto fortuito, casualidad o bajo la dirección de un mismo jefe de orquesta?

No se lo preguntaremos porque de antemano sabemos que no nos contestarán. El lector sacará sus propias conclusiones.

Lo que sí le preguntamos al periodista Ioan Grillo y a sus demás colegas es por qué motivos sus informaciones se limitan a noticias «negras», sin la mínima sombra de algunas noticias positivas.

¿Estos periodistas presentan informaciones o de verdad se dedican a la desinformación, la manipulación y la intoxicación de sus lectores?

De la escasez de alimentos, colas para conseguirlos y sus altos precios

Absolutamente cierto. Pero valdría la pena mencionar a sus lectores algunas informaciones complementarias.

Por ejemplo, mencionar la cantidad de depósitos donde las autoridades consiguen con frecuencia recuperar toneladas de alimentos acaparados… o los precios especulativos practicados por negociantes inescrupulosos… o las toneladas de alimentos que casi diariamente distribuye el Gobierno al pueblo, a precios cien veces inferiores a los del mercado.

¿No sabrán estos periodistas que en Venezuela se desarrolla una verdadera guerra económica con una escasez inducida de productos?

¿Sabrán estos periodistas que al mismo tiempo que el pueblo no logra conseguir pan, azúcar, harina o leche, las panaderías de Caracas están repletas de exquisitos pasteles y las tiendas ofrecen yogures de todos los sabores imaginables?

¿Sabrán estos periodistas que recientemente en la Plaza Altamira de Caracas se celebró una feria gourmet, que actualmente se prepara un nuevo evento de gastronomía y que en los mejores restaurantes se presentan a diario exquisitos menús?

Es posible que algunos delincuentes desalmados hayan robado algunos animales de un zoológico, hecho que por cierto y de memoria recordamos, ocurrió hace ya algunos años.

Pero la cantidad de animales víctimas de estos lamentables hechos es, se lo podemos asegurar, infinitivamente inferior a las más de mil mascotas abandonadas  por los franceses, con un triste saldo de 60 mil perros desamparados en 2016.

De Venezuela como capital mundial de la violencia

¿Hay en Venezuela problemas de violencia e inseguridad?

Absolutamente cierto.

Pero lo de capital mundial es una curiosa y tajante apreciación de parte de periodistas usamericanos y europeos que parecen preocuparse más de Venezuela que de sus propios países.

Por ejemplo: a nuestro conocimiento en ningún centro comercial de Venezuela se ha producido una balacera con saldo de nueve muertos y 27 heridos como en Múnich, Alemania, el viernes 22 de julio pasado.

Tampoco a nuestro conocimiento, en Venezuela ningún camión arremetió contra una multitud con un saldo de 84 muertos y 52 heridos graves como en Niza, Francia, el 14 de julio.

No nos llegó ninguna información de una discoteca de Caracas donde hayan muerto 49 personas y 53 heridos, como en una discoteca de Orlando en Florida, el 12 de junio.

No supimos tampoco de ninguna empresa venezolana, pública o privada, donde se hayan suicidado 60 empleados en solo tres años, como fue el caso en la empresa francesa France Télécom.

Profundizando nuestras investigaciones, no encontramos rastro por parte de la Guardia Nacional Bolivariana, sobre ninguna arrestación masiva violenta de los efectivos contra manifestantes, como ha sido el caso en Francia de los CRS, Compañías Republicanas de Seguridad, además, contra una manifestación pacífica de sus bomberos.

Hablando de inseguridad para la población venezolana en estos tiempos, no sabemos de ningún atentado masivo con un saldo de 130 muertos, como el sucedido en París en noviembre del 2015, ni de miles de muertos acumulados provocados en fusiladas crónicas como en las universidades de USA, ni de decenas de muertos acribillados por las fuerzas policiales, por el simple hecho de ser ciudadanos negros.

Que hay en Venezuela problemas de violencia e inseguridad, lo sabemos y lo vivimos a diario.

Pero si esta situación preocupa legítimamente a un periodista serio y honesto, debería también preocuparse de informarse algo más para difundir a sus lectores las operaciones que realizan a diario los cuerpos de seguridad del Estado para luchar contra el hampa, el secuestro, el sicariato y el paramilitarismo importado de un país vecino.

Del tráfico de droga en Venezuela para sobrevivir

Nos sorprendió esta mención muy moderada sobre este tema, porque estamos acostumbrados, desde hace tiempo, a una definición más tajante para crear una matriz de opinión de « Venezuela narco Estado ».

Para no faltarle al respeto a la inteligencia del periodista del Time, no vamos a pretender enseñarle que su país es el mayor consumidor de drogas del mundo, que su mayor proveedor es Colombia, que Venezuela se encuentra geográficamente en la ruta USA – Colombia, y que dos más dos son cuatro. Lamentablemente, en Venezuela y por estas situaciones, sufrimos de algunas consecuencias, incluidas la corrupción, narcotraficantes y peor aún, somos víctimas consumidores, motivos por los cuales la Oficina Nacional Antidrogas (ONA), tiene que actuar a diario a través de controles y programas preventivos para proteger la población. Curiosamente, desde que el presidente Chávez expulsó a la DEA (organismo anti drogas de los Estados Unidos) aumentaron de forma significativa las capturas sobre tráfico de drogas.

Pero puesto que el New York Post, parece interesarse sobre el tema del tráfico de droga, podemos darle algunas otras informaciones complementarias, reveladas los últimos días por el Mayor General Néstor Luis Reverol, ministro para Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela.

  • Actualmente, Venezuela ocupa el primer lugar de captura de drogas con el 4% de las incautaciones a nivel mundial.
  • USA le confiscó a Venezuela los dos radares que tenía en el año 2002 e impidió la compra a Brasil, de 24 aviones destinados a la intercepción de aeronaves. Pero gracias a nuevos radares chinos y aviones especialmente equipados, la actividad del Comando de Defensa Aeroespacial Integral permite aseverar hoy, que este espacio aéreo es libre de narcotráfico.
  • Resultado de ello es que se interceptaron e inutilizaron 111 aeronaves, se inhabilitaron 359 pistas clandestinas y 108 laboratorios clandestinos.
  • Por otra parte, los informes de las Naciones Unidas han oficializado que Venezuela es un país libre de cultivos ilícitos.

Para concluir este tema del narcotráfico, nos gustaría intercambiar algunas informaciones con nuestros colegas europeos.

Les informamos que la justicia venezolana acaba de condenar a 22 años y medio de cárcel, a diez personas, incluidos tres militares venezolanos, por sus implicaciones en un hecho de tráfico de estupefacientes. Nos referimos a 1.382 kilogramos de cocaína transportados en 31 maletas en un vuelo Air France entre Caracas y París el 10 de septiembre del 2013.

De esta forma, la justicia venezolana fue la primera que juzgó y condenó a los responsables en facilitar el embarque de este cargamento de droga.

En su publicación sobre este caso, la agencia de noticias Associated Press se muestra tímida para reseñar que las maletas en cuestión, embarcaron con la misma facilidad en el aeropuerto de Caracas como desembarcaron en el aeropuerto de París. Olvidó Associated Press informar que fue en la autopista rumbo hacia Bélgica que las autoridades francesas lograron interceptar el cargamento.

También, sería interesante que se difunda con el mismo brío el futuro de los principales responsables de este tráfico, como lo son dos británicos y tres italianos declarados como miembros del cartel que montó esta operación utilizando a Venezuela como puente entre Colombia, USA y Europa.

Otra visión y un enfoque diferente es el de la Associated Press que concluye : « Venezuela es señalada como uno de los principales puentes internacionales de tránsito de droga hacia USA y Europa».

Pensamos que quizás, en este tipo de caso, sería más ético señalar a los verdaderos responsables como lo son los productores y los grandes traficantes.

Es obvio que la información es una cosa muy diferente a la desinformación, la manipulación o la intoxicación de los lectores utilizada para crear una matriz de opinión, en el marco de una guerra mediática, con otros fines ocultos inconfesables, que no permiten difundir realidades.

Jean Araud para La Pluma, 22 de septiembre de 2016, con autorización del autor para soyaranguibel.com

Traducciones disponibles: Français

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Jean Araud: Corresponsal en Venezuela del periódico El Diario de Nuestra América del Colectivo Investig´Action, productor y conductor del programa “Así de Simple” en La Radio del Sur. Colaborador de La Pluma.net