¿Qué quieren cambiar?

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando Venezuela alcanzó por fin innegables condiciones de bonanza económica y bienestar social como nunca antes en su historia; cuando había de todo en los anaqueles y se compraba sin preocupación alguna por el precio de los productos; cuando se podía comer a diario en los mejores restaurantes y viajar por el mundo no solo una ni dos sino hasta tres veces al año; cuando había medicinas y posibilidades de ingresar a tratarse cualquier padecimiento en las mejores clínicas privadas del país, es decir; cuando gobernaba Chávez, la oposición quería cambiar de gobierno.

Aún en esas condiciones excepcionales que llegó a tener la economía venezolana, la oposición mantuvo siempre el discurso del insoportable Apocalipsis que ella decía estar padeciendo porque existía un control cambiario que consideraba dictatorial y restrictivo.

Porque en el país en el que se estaban construyendo más centros comerciales que en ningún otro no había, según ella, reglas claras que garantizaran la inversión privada, por lo cual el gran capital se veía forzado a fugarse hacia el exterior (cuando en realidad esa fuga de capitales se había estado produciendo ininterrumpidamente desde el inicio mismo de la industria petrolera nacional, solo que en silencio y sin aspavientos).

La oposición desestabilizó, generó violencia, saboteó la gestión pública, llamó a paro nacional de actividades y perpetró un golpe de Estado. Todo lo que pudo hacer para impedir y frustrar ese incipiente bienestar lo hizo.

Ahora, cuando no existen ni control cambiario ni regulaciones de precios o impedimento legal alguno para la inversión privada nacional, la oposición no encuentra otra manera de actuar que no sea la de sumarse al bloqueo económico impuesto por EEUU y apoyar con la solidaridad más obscena e incondicional la elevación desmedida de precios en todos los productos, lo que ha generado el más desastroso ciclo de distorsiones que jamás haya experimentado nuestra economía, solo para retomar a través de sus consabidas salidas inconstitucionales y violentas su desgastado discurso del “cambio necesario”.

¿Hacía cuál modelo económico pretende cambiar si no le han servido nunca ni el controlado ni el sin controles, que son hasta ahora los únicos modelos conocidos?

@SoyAranguibel

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Capitalismo inepto

Por: Alberto Aranguibel B.

La absurda idea según la cual un empresario, por la sola condición de empresario, estaría mejor dotado de los conocimientos y la experticia necesarios para gobernar eficientemente, es una barbaridad creada a partir del falso supuesto de que la empresa privada se desempeña mejor, lo cual es toda una falacia.

No existe en el mundo ninguna empresa que no dependa de alguna manera de las políticas del sector público para salir adelante, por mucho que el carácter privado sea el factor preponderante en su constitución y desempeño.

El empresario no concibe el universo como un ámbito multisectorial y diverso, tal como debe concebirlo quien esté al frente de cualquier Estado para procurar el bienestar económico para todos, incluidos los empresarios, sino que entiende el mundo solamente como un área de potencial expansión para su negocio particular.

El eje medular de su filosofía, la columna vertebral del capitalismo, es el de la libre competencia, que es aquella que busca liberar a la empresa de toda restricción de tipo legal, para que el crecimiento del capital esté determinado solamente por su astucia para impulsar ese crecimiento y la ganancia, por supuesto, sea totalmente para él. Eso sí, sin dejar nunca de contar con los beneficios que el Estado pueda ofrecerle a través de políticas proteccionistas de toda índole, para que la acumulación de riqueza sea todavía mayor.

En esencia, esa filosofía es la que lo lleva a tratar de destruir a las demás empresas que pudieran eventualmente atentar contra su ansiedad expansionista con productos similares a los que su empresa produce. Canibalismo, le dicen en ciertos ámbitos corporativos.

Una modalidad que es muy necesaria para ese tipo de empresarios a los que no les interesa la economía sino exclusivamente en lo que tiene que ver con sus ganancias, en la medida en que el gobierno deje de ser eventualmente el gran financista de su producción y que, a la vez, los competidores incrementen cada uno a su buen saber y entender su correspondiente porción de mercado.

Eso es exactamente lo que hace un empresario como Donald Trump al frente de la potencia más grande del planeta, los EEUU. Que no procura el equilibrio razonable de los mercados, sino el exterminio de sus competidores, como si su gobierno fuera una simple corporación y las demás naciones un grupo de negocios vecinos en un centro comercial.

Un empresario piensa solo en el bienestar de su empresa. No en el de la sociedad en su conjunto. El bienestar de la sociedad le suena siempre a “comunismo”.

 

@SoyAranguibel

Horror gringo

Por: Alberto Aranguibel B.

El antichavismo no surge en modo alguno de una confrontación ideológica o política. Su esencia es solo el forzado intento de adecuar a la realidad venezolana el compendio de atrocidades que la derecha le ha supuesto arbitrariamente al comunismo desde hace más de un siglo.

Ya desde mucho antes del inicio formal de la Revolución Bolivariana, esa derecha (retardataria y chapucera como es en el mundo entero, pero mucho más en Venezuela) ha creído a pie juntillas la falaz versión anticomunista que coloca a todo lo que tenga que ver con el chavismo como la peor y más horrible perversión sobre la tierra.

En un primer momento creyó en la supuesta demencia del comandante Hugo Chávez, por lo que se movilizó para demandar ante la antigua Corte Suprema de Justicia su incompetencia para el cargo de presidente de la República.

Después creyó a cabalidad en la especie que establecía la presencia del G2 cubano al mando de la FANB. Hecho que determinaría la pérdida de nuestra soberanía y el total aislamiento del país en el escenario internacional.

Más adelante, bajo la misma lógica, se convenció del infortunio económico al que esa relación con el castrismo cubano sometería a Venezuela, lo que nos haría perder cada vez más oportunidades en los mercados internacionales. Bajo el modelo socialista, la democracia se vendría abajo, los pobres no tendrían acceso a bienestar alguno, y la clase media desaparecería.

Pero quienes se autojuramentan como locos de carretera, sin ser electos para el cargo al que aspiran, son los líderes de la oposición. Los mismos que se vanaglorian de ser los promotores de ilegales sanciones gringas orientadas a asfixiar la economía venezolana, generando inflación y cierre de empresas, destrucción de la calidad de vida del venezolano y ruina de una clase media que había prosperado durante los gobiernos del presidente Chávez, y que durante el gobierno del presidente Maduro ha sido agobiada por la cruel guerra comunicacional y política que promueve el aislamiento del país en el mundo.

Los aliados naturales de esa obtusa y demencial derecha, el imperio y sus lacayos, son quienes han terminado haciendo realidad el horror tan largamente temido por el antichavismo.

El “horror cubano” terminó siendo el “horror gringo”.

@SoyAranguibel

¿Usar lisiados del cerebro en la política?

Por: Alberto Aranguibel B.

El antichavismo es más un sentimiento de frustración y rabia acumulada que ninguna otra cosa. No es una ideología porque carece de fundamento teórico. No es una corriente de pensamiento porque sus rasgos más característicos son la irracionalidad y la inconsistencia. No es una religión porque, en vez del amor, procura la muerte entre hermanos. No es una fraternidad porque la división y la enemistad entre ellos es el pan de cada día.

¿Qué es entonces el antichavismo? Una arrechera, como la definió Capriles, que se drena en las calles destruyendo y quemando todo a su paso cada vez que la oposición pierde una elección o fracasa en el intento de derrocar a un presidente chavista mediante un golpe de Estado.

Precisión necesaria para entender que lo que sucede actualmente en las filas opositoras, y muy particularmente en la cúpula dirigencial de ese sector de la parapolítica venezolana, no es la llegada de ningún mesías cuya capacidad retórica o su trayectoria de lucha le hayan convertido en el luminoso líder que ha venido a superar con su temple y su talento como conductor de masas las recurrentes torpezas y los constantes errores de la oposición y haya abierto entonces el camino hacia el ansiado y por tanto tiempo negado éxito del antichavismo.

No. Lo que pasa actualmente en la oposición es que han desbordado el límite de la inmoralidad, colocando al frente de su nuevo intento golpista a un sujeto con claros signos de deficiencia mental, sin capacidad alguna para percibir la dimensión y consecuencias de su irracional accionar contra el estado de derecho, tal como lo expuso en su momento con lujo de detalles clínicos el destacado siquiatra venezolano, Jorge Rodríguez.

La sola denuncia que hiciera Guaidó al mundo de amenazas de secuestro de una hija de meses por parte del gobierno venezolano para usarla supuestamente como recluta de las fuerzas milicianas, denota la grave deficiencia mental del fundador de los llamados “Manitos Blancas”.

Las mentiras que al día siguiente se le descubren con total facilidad, la falta de consistencia en sus breves discursos de enardecida bravatería y tantos otros signos patológicos, son solo reiteraciones de tal padecimiento.

La enciclopedia digital más importante en la actualidad, Wikipedia, retrata con perfección microscópica al joven que hoy usa la oposición en su conspirador sainete, cuando describe el significado de la expresión “Carne de cañón”, en los siguientes términos:

“Carne de cañón: término, despectivo, se refiere a los militares -normalmente de bajo rango- que se exponen sin miramientos al fuego enemigo a sabiendas de su clara inferioridad y deliberadamente, conociendo que se va a producir un número muy alto de muertes.”

¿Es correcto, por mucha rabia que haya contra el chavismo, usar a un lisiado mental de esa manera?

 

@SoyAranguibel

Hablando Constituyente del 01 de noviembre de 2018.

Programa Hablando Constituyente, del 01 de noviembre de 2018 por TVes, moderado por Roberto Messuti, con la participación de Carlos Sierra y Alberto Aranguibel.

 

@SoyAranguibel

Aranguibel: Lo incorrecto es la cultura de la rapiña

En conversación con el periodista Boris Castellano en el programa 360 que transmite Venezolana de Televisión, el comunicador y constituyente Alberto Aranguibel sostiene que “una cultura de la rapiña, donde la gente prefiere acusar al gobierno antes que al especulador, es lo incorrecto en una sociedad que persigue alcanzar el bienestar de su pueblo”.

La farsa del bienestar económico colombiano

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde siempre nos referimos al saqueo que hace Colombia de nuestras riquezas, denunciando el atropello a nuestra soberanía que representa el contrabando de extracción, de alimentos, medicinas, combustible, así como del robo del dinero que se llevan a ese país para multiplicarlo y afectar nuestra moneda a través de sórdidos mecanismos financieros.

Cada vez que hablamos de los “hermanos colombianos” que cruzan la frontera buscando rehacer sus vidas, nos referimos solamente al carácter solidario de quienes les abrimos desinteresadamente los brazos para ofrecerles cobijo en nuestro suelo.

Las élites colombianas del gran capital abusan hasta lo indecible de la naturaleza profundamente amorosa de nuestro pueblo, que no accede (al menos de buenas a primeras) a la fórmula de la confrontación con su vecino para solventar esa injusticia a pesar de las penurias que padecen los cientos de miles de venezolanos que se ven afectados con la misma.

Pero, más allá del atropello a nuestro país, existe una realidad inocultable asociada a la naturaleza perversa del modelo neoliberal que impera en Colombia, y que demuestra de manera irrefutable el fracaso y la inviabilidad de ese modelo.

Que Colombia lleve a cabo ese inmoral saqueo que tanto atenta contra el bienestar de los venezolanos, es solo una parte de la ecuación. La otra es el inmenso ahorro que representa para el fisco de ese país evadir la obligación de atender a los millones de colombianos que se han venido para Venezuela en busca de un mejor destino.

El supuesto bienestar económico del que esa nación se enorgullece, está determinado fundamentalmente por tres factores; la industria de producción y tráfico de drogas de mayor dimensión y crecimiento en el mundo; el criminal e impúdico saqueo a la economía venezolana; y la descarga que representa para el fisco colombiano el no tener que atender a la más numerosa población de desplazados del planeta.

Siete millones y medio de colombianos (seis de ellos en Venezuela) a los que los gobiernos de ese país no tienen que dotarles de educación, salud, alimentación, vivienda, luz, agua, transporte público, gas doméstico, o combustible para sus vehículos, son una descarga gigantesca para cualquier presupuesto nacional.

Si se cuentan, además, los cientos de miles de desaparecidos en fosas comunes y sicariato político que existen en ese país con la total anuencia de sus gobiernos neoliberales, rendidos siempre a las órdenes del imperio, el resultado es todavía más siniestro.

Pero también mucho más revelador de la farsa que es en realidad la supuesta prosperidad económica colombiana.

@SoyAranguibel

¿Cuál modelo es el que sirve?

Por: Alberto Aranguibel B.

Si algo es verdad hoy en el mundo es la inminente caída del modelo capitalista. Al menos en el formato hegemónico con el que se le conoce hoy en día.

Los avances hacia la búsqueda de modelos alternativos en el comercio internacional por parte de las más grandes potencias económicas del planeta, China, Rusia, Irán, Turquía, y hasta la misma comunidad europea que hoy comienza a revelarse contra el dominio del dólar en el sistema económico internacional, dan fe de esta innegable realidad hacia la cual se dirige el mundo.

Por eso los conflictos que en este momento se libran en el ámbito internacional están signados todos por el mismo y muy particular interés del imperio norteamericano, el mayor exponente del capitalismo en la historia, por imponer a como dé lugar un modelo económico al que ya nadie quiere asociarse, salvo el propio Estados Unidos.

De ahí que su vuelta a Latinoamérica no sea en plan de promoción de nuevas formas de intercambio comercial, sino a través de la amenaza armada.

No le quedó de otra; Mauricio Macri le ha hecho la peor propaganda al capitalismo, no solo en el continente sino en el mundo entero, demostrando de la manera más cruda e irrefutable el carácter salvaje de un modelo que no solo no ofrece solución alguna a los problemas de la gente, sino que los agudiza provocando hambre, miseria y desesperanza como solo el capitalismo es capaz de hacerlo.

En Argentina, el gobierno se viene abajo sin haber sido objeto de bloqueo financiero, ni de guerra especulativa alguna en su contra, ni de manipulación internacional de su moneda, ni ser víctima del contrabando de extracción o de acciones de acaparamiento de los productos de primera necesidad, ni mucho menos de agresiones por parte del imperio norteamericano. Se está cayendo él solito.

En Venezuela, con la más arbitraria y desalmada agresión del imperio para acabar con nuestra economía, con el sabotaje permanente del sector privado, el saqueo orquestado desde Colombia, la infamante campaña mediática nacional e internacional en su contra, el gobierno sigue protegiendo al pueblo y recuperando su economía.

Si el capitalismo se derrumba sin que nadie lo perturbe y al socialismo hay que destruirlo para impedir que funcione, ¿Cuál modelo es el que sirve?

@SoyAranguibel

Lecciones que salvan pueblos

Por: Alberto Aranguibel B.

Venezuela debe ser una escuela donde todos aprendamos muchas cosas
Hugo Chávez

Desde siempre, y hasta el último instante de su vida, el Comandante Chávez insistió en la necesidad del estudio y de la formación ideológica como instrumentos de liberación. No omitió jamás en ninguna de sus reflexiones orientadas a la construcción de la sociedad inclusiva, de justicia e igualdad que la revolución se propone, la importancia del saber pensar.

Alertaba cada vez que se comunicaba con el pueblo acerca del peligro que representaba la deformación burguesa del interés por lo material sin pensar en lo humano, en lo colectivo, en lo social. “No basta con la voluntad revolucionaria –decía- es la racionalidad revolucionaria la que se impone también.”

Para él la formación se concebía no como un medio para elevar la categoría intelectual del individuo, como se asume en el capitalismo, sino como una herramienta de transformación para hacer realidad el modelo humanista bolivariano, a partir del desarrollo de la conciencia popular. “La conciencia es el resultado del conocimiento. Por eso hay que estudiar, leer y analizar mucho.”

Su eterna preocupación por habituar a las venezolanas y los venezolanos a pensar con criterio y buen juicio, se tradujo en una enseñanza practicada por más de tres lustros de ejercicio pedagógico constante (casi ininterrumpido), con el cual el pueblo se formó en las ideas del socialismo, pero también en las formas de defenderlo y de preservarlo para asegurar y perpetuar la felicidad social que el modelo se propone alcanzar.

Por eso cuando en el mundo se preguntan por qué razón la revolución venezolana es tan difícil de derrocar, por qué los cuantiosos recursos invertidos por el imperio norteamericano en desestabilizar el país no son nunca suficientes para destruir la democracia venezolana, por qué a pesar del padecimiento que, en virtud de la inmisericorde guerra desatada contra él, el pueblo sigue apoyando masivamente a la revolución bolivariana, la respuesta siempre es la misma; por el alto grado de conciencia revolucionaria alcanzado por ese pueblo.

De ahí que el ataque más brutal de los poderes fácticos del gran capital contra el país, es el que procura el quiebre ético y moral de la población, a través de un proceso de enajenación que coloca el interés por lo material, por lo insustancial y lo efímero, en el centro de la aspiración del individuo, al que se lleva a despreciar toda noción de proyecto en colectivo y todo principio de lealtad a ideal alguno de nobleza, de independencia o de soberanía. Se trata de destruir uno de los más valiosos activos alcanzados por la revolución, como lo son las enseñanzas profundamente humanistas sembradas en el alma del pueblo por el comandante Chávez.

Pero son muchas y muy poderosas las amenazas que hoy se ciernen sobre ese pueblo. El olvido del horror del cual venimos, de las causas y formas de expresarse ese horror, es solo una de esas amenazas que, entre tantas, pueden colocar una vez más al país al borde del precipicio y hacer fracasar las extraordinarias perspectivas de recuperación económica que las medidas anunciadas y puestas en marcha por el presidente Maduro auguran.

Dejarse llevar en este momento por una irracional ansiedad y una expectativa sobredimensionada, así como por la desinformación y los rumores que la contrarrevolución difunde con el claro propósito desestabilizador en función de su proyecto entreguista y vendepatria, sería exactamente lo mismo que rendirse al enemigo en medio de la batalla sin disparar ni un tiro.

Olvidar cómo empezó la vorágine, cómo actuaron sus propiciadores, cómo engañaron al pueblo haciéndole creer que era Maduro el causante de las desgracias que padecía, sería sin lugar a dudas el detonante de una coyuntura de grandes dificultades que postergaría, quién sabe si para siempre, el bienestar y el progreso que el Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica comprende.

Desde el primer día del gobierno de Nicolás Maduro, el pueblo vio cómo los especuladores fueron orquestándose en un alza intempestiva y sin justificación alguna de los precios de decenas de miles de productos a lo largo y ancho del país en forma simultánea, con el propósito de desbordar la capacidad fiscalizadora del Estado y hacer ver así al presidente como incapaz para gobernar. Por eso la respuesta del sector privado a las medidas de control impuestas en aquel momento por el gobierno a los especuladores (caso Daka), en vez de ajustarse al cumplimiento de las normas, no fue otra que la masificación de la especulación.

Hoy el pueblo sabe perfectamente que no es solo con multas o con cárcel como se frena una guerra económica de las dimensiones de la que se ha desatado contra nuestro país, porque a lo largo de todos estos años de revolución, y de gobierno de Nicolás Maduro, en particular, ha aprendido que el alza de precios en los productos de primera necesidad es apenas un componente de esa perversa vorágine depredadora. Que las tenazas de esa guerra se extienden mucho más allá de los locales comerciales y abarcan no solo el territorio nacional sino el ámbito internacional donde el imperio ejerce su control del sistema financiero, de subordinación de los gobiernos lacayos a sus designios, y pone en acción su amenazante poderío militar.

Se conoce la extraordinaria capacidad de mutación que el capitalismo aplica a sus distintas modalidades y formas de ataque al sistema económico para reducir su capacidad de respuesta a los embates que procuran su destrucción. Se sabe que el capitalismo pasa de la usura al acaparamiento. Luego al ocultamiento de la mercancía. Después a la manipulación de la producción y la distribución. La generación de todo tipo de mercado negro; de divisas, de productos para el contrabando, para el bachaqueo, de sustracción del cono monetario.

Es más que sabida su perversidad en el estrangulamiento de la economía mediante acciones ilegales, violatorias del derecho internacional humanitario, como los bloqueos o las sanciones arbitrariamente impuestas al país.

Y se sabe, muy fundamentalmente, que los medios de comunicación internacionales están al servicio de la infamia, la orquestación de campañas infundadas contra nuestro pueblo, para fabricar artificialmente una dictadura inexistente en la realidad y hacerle creer al mundo que Venezuela es un país forajido cuyo gobierno participativo y protagónico tendría que ser derrocado con la anuencia de la comunidad internacional para darle paso a una modalidad de democracia neoliberal impuesta desde la Casa Blanca.

Corresponde a la revolución librar una batalla en la que las lecciones aprendidas sirvan para avanzar hacia el logro efectivo de los objetivos que se propone el auspicioso programa de recuperación económica puesto en marcha y no para retrotraernos a escenarios que la realidad nos ha probado que son definitivamente inconducentes, e incluso inconvenientes.

No volver a caer nunca más en la trampa de las confrontaciones irracionales entre venezolanos, es una primera lección. El opositor de a pie, no el de su destartalada e inoperante dirigencia, ha comprendido ya que el formato de la violencia de unos contra otros no es el camino para labrar el porvenir al que aspira el país. Eso lo demostró con su masiva participación en los cuatro procesos electorales que han sido convocados este último año y con su persistente desatención a los llamados de la derecha a recrudecer la desestabilización.

Pero el chavismo tiene que comprender también que le toca hacer valer ahora más que nunca toda la sabiduría que en buena hora le legó el comandante Chávez cuando alertaba sobre las asechanzas que debían ser sorteadas en revolución.

Corresponde, pues, a los revolucionarios, al pueblo de Venezuela, entender que la solución al alto costo de la vida, al problema del desabastecimiento y a la falta de acceso a los productos de primera necesidad, de necesaria dignificación de la calidad de vida, de justicia y de igualdad social, no es ninguna otra que el socialismo.

Que no vinimos aquí a perfeccionar el capitalismo. Ni a procurar que el modelo económico, consumista e inhumano sea el que satisfaga la ancestral sed de inclusión y de justicia social que la humanidad ha reclamado desde hace siglos. “Socialista somos, socialismo hacemos, y socialismo haremos.” al decir de Chávez.

Y, lo más importante en este momento; Que en todo ello, la confianza y la lealtad que el pueblo le brinde a Nicolás Maduro, al liderazgo revolucionario y a su gobierno, es esencial y determinante. Confianza que se ha ganado con su capacidad de respuesta como estadista frente a la adversidad. Y lealtad que se merece como digno hijo de Chávez que no se le ha rendido ni se le rendirá jamás al enemigo.

Vacilar sería perdernos.

@SoyAranguibel

La hora de la conciencia

Por: Alberto Aranguibel B.


“…porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”
2 Corintios 4:18

Hacía mucho tiempo no se veía en el país una tan formidable fuerza colectiva de esperanza y de fe en función del bienestar común al que aspiran las venezolanas y los venezolanos, como la que se ha sentido en las calles desde la entrada en vigencia del Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica puesto en marcha por el presidente Nicolás Maduro.

El deterioro promovido por la derecha nacional e internacional contra nuestra economía, no se limitó jamás a la generación de un indetenible proceso inflacionario que destruyera el poder adquisitivo alcanzado por nuestro pueblo durante la revolución, ni a las formas ilegales de manipulación del mercado y de la producción que han llevado a cabo durante años. Su propósito era acabar con las posibilidades del Estado para la generación del bienestar al que aspira la población, para lo cual el ataque a la siquis de la gente siempre fue un factor fundamental.

A lo largo de todo ese periodo la derecha ha procurado fatigar la viabilidad de las políticas puestas en práctica por el gobierno, mediante la generación de desconfianza e incredulidad con base en campañas persistentes de descrédito y de acusaciones contra el presidente y contra el gobierno, la mayoría de ellas infundadas y con un claro propósito de generación de odio entre la sociedad para fracturar su cohesión y su convicción revolucionaria.

Eje medular de esas campañas ha sido siempre la búsqueda de reinstaurar entre los venezolanos y las venezolanas la cultura del individualismo que promueve el capitalismo como base de su doctrina económica. La mezquindad es el corazón de la filosofía de la acumulación que determina la razón de ser del capital.

Sin ese proceso de desaliento y desesperanza que se sembró en la fibra misma de la sociedad venezolana durante los últimos años, habría sido imposible la existencia de los bachaqueros que tanto daño le han causado a la estabilidad económica del país, pero también a la estabilidad emocional del pueblo. Los bachaqueros son la materialización de la perversa idea del desprecio hacia los demás que deriva de esa lógica de la mezquindad, del pensar solamente en el beneficio propio sin importar el padecimiento del otro, que es tan consustancial al capitalismo.

En la búsqueda de la sobrevivencia a que obligaba esa brutal guerra económica que la derecha desató contra el pueblo, buena parte de la población se fue habituando a considerar provechosa la ventaja lograda a través de la astucia y la triquiñuela cualquiera fuera el escenario. El innoble “cuánto hay pa’ eso” que habíamos dejado en el olvido como una mácula indecorosa en el alma del venezolano, fenómeno que remitía directamente a nuestro bochornoso pasado neoliberal, fue reinsertándose en la médula de la conciencia nacional hasta llegar a los rincones más insondables del ser. La solidaridad, el espíritu colectivista, la hermandad y el espíritu de cooperación que germinó en el país junto con la idea de independencia y soberanía que sembró el comandante Chávez en el país para impedir que esa pérfida derecha pudiera avanzar como lo pretendía desde entonces para causar el mismo daño y la misma devastación que hoy le ha causado a nuestra economía, fueron agotándose progresivamente a medida que iba expandiéndose a lo largo y ancho de nuestro territorio la inmoral fórmula del rebusque individual que comprende el “capitalismo popular” que predica el antichavismo. La cultura del “raspacupismo”, no fue más que una expresión viva del daño que esa enajenación de la sociedad estaba causando entre el pueblo. El odio entre los venezolanos que nos llevó al borde del estallido social fue una consecuencia directa e inevitable de ese proceso de exacerbación de la individualidad y el facilismo.

De ahí que lo que hemos padecido como país y como pueblo no sea solamente un profundo deterioro de nuestra capacidad adquisitiva, sino una severa corrosión de la fibra ética y moral de la sociedad. Algo que hoy tenemos que atender con la misma entrega y sentido de la responsabilidad con los que asumimos el Programa de Recuperación Crecimiento y Progreso Económico, so pena de perder todo lo logrado en este excepcional momento de la historia que hoy comenzamos a transitar.

A diferencia de lo que propone el capitalismo, el socialismo posee una inmensa ventaja para llevar a cabo esa impostergable tarea de reeducación y recuperación ética de la sociedad, que es el fundamento ideológico del planteamiento revolucionario. Mientras el capitalismo no puede ir más allá del ofrecimiento de ilusiones vanas (por eso la publicidad es indispensable para la existencia misma del modelo capitalista) y mientras bajo ese inviable modelo la gente no obtiene sino, cuando mucho, una felicidad pasajera que se agota en la naturaleza efímera de los bienes materiales, el socialismo tiene su asiento en la fuerza y perdurabilidad infinita del amor y del bien común entre el pueblo que promueve el ideario bolivariano.

Corresponde hoy a la revolución asumir la batalla por el reencuentro solidario y fecundo entre las venezolanas y los venezolanos, ya no para la obtención de esos alimentos y productos que les fueron negados por la voracidad insaciable de quienes pensaron solamente en su propio beneficio, sino para alcanzar el estadio de verdadera prosperidad al que aspira el pueblo con base en el trabajo conjunto de todos los actores económicos por igual, cada uno desde su propio rol y desde su propio escenario, pero pensando siempre en el bienestar y la prosperidad de todas y todos los venezolanos.

Toca reconvenir con los comerciantes, la mayoría de los cuales es víctima también, sin lugar a dudas, de la misma saña de los grandes capitales por acabar con nuestra economía, para hacerlos entrar en razón mediante intensas campañas de concientización que les demuestren, con la mayor claridad, que su mejor negocio no es incrementar demencialmente los precios como lo venían haciendo hasta hoy, sino el trabajo conjunto con sus mejores aliados, que no son otros que los propios consumidores a los que cada uno de esos comerciantes se debe.

Se debe explicar en este momento con contundencia y alto sentido pedagógico que los enemigos, tanto de los comerciantes como del pueblo, son quienes atentan contra la tranquilidad de nuestro país a través de la desestabilización económica que nos confronta a todas y todos; comerciantes y compradores, banqueros y usuarios de la banca, médicos y pacientes, servidores y público en general, que padecemos de una u otra forma la misma precarización de la vida en la que hunde esa brutal guerra que promueve la derecha nacional e internacional a un país que es de todas y de todos los que nos referimos a esta nación como nuestra Patria.

Por eso, esta misma semana hemos presentado en el seno de la Comisión de Comunicación e Información de la Asamblea Nacional Constituyente, una propuesta dirigida al gobierno nacional para la realización de una campaña de concientización que aborde este importante tema desde un ángulo didáctico y muy motivacional, como una contribución al logro de esta histórica batalla que hoy libra el presidente de la República con la puesta en marcha de lo que él mismo ha denominado “el nuevo inicio económico” nacional.

Desatender la urgencia de la necesaria concientización, ya no en lo estrictamente informativo del programa sino en lo referido al aspecto ético que el mismo requiere en virtud del daño causado por la guerra a la siquis y a la estructura moral de la sociedad, sería exponer su potencialidad al fracaso y conducir a la Revolución Bolivariana a la pérdida de una inédita oportunidad de avance y profundización en la construcción del modelo de justicia e igualdad social que se propone.

El camino no es fácil. Lo sabemos. La avaricia, el facilismo, la corrupción y el consumismo, no son pequeñas ronchas de magulladuras leves en el cuerpo social, sino verdaderas llagas enquistadas en su organismo. Extirparlas demandará seguramente la aplicación de curetajes profundos que tal vez demoren en producir su efecto.

Pero no trabajar, en medio de este esplendoroso renacer de la esperanza que hoy celebra el pueblo, en la recuperación de nuestra propia autoestima y de nuestra fe en el provechoso porvenir que el proyecto colectivo del socialismo nos augura, sería imperdonable para siempre si por una inexcusable omisión como esa permitimos el retorno a la vida de cada una y cada uno de los venezolanos de los demonios de la perturbación de los cuales hoy nos libra el camarada Nicolás Maduro con su esfuerzo, su amor y su entrega al pueblo.

@SoyAranguibel

Soberanía

Por: Alberto Aranguibel B.

Los inmisericordes (de derecha y de izquierda) acusaron desde un primer momento a Nicolás Maduro de reformista, porque medían su capacidad para el ejercicio de la Primera Magistratura comparándolo con el desempeño de los presidentes en condiciones normales de gobernabilidad.

Que una cosa era la guerra económica y otra muy distinta era la falta de voluntad en la construcción del modelo socialista que había exigido el comandante Chávez, como si una cosa pudiese separarse de la otra, concluyendo, (las más de las veces) que lo único que hacía falta para hacer realidad el mítico “golpe de timón” era apenas una decisión del presidente.

Que se estaba incumpliendo el Plan de la Patria, llegaron a decir, porque se estaba pactando con los poderes fácticos del gran capital.

Pero Nicolás, en medio de la más brutal arremetida del neoliberalismo contra país alguno en el planeta, ha impulsado el socialismo mucho más allá de lo que las adversas condiciones le han permitido.

Ha impedido el derrocamiento del gobierno electo legítimamente por el pueblo. Que la democracia fuese arrasada por las hordas fascistas activadas por la derecha. Que se impusiera en el país un gobierno neoliberal dirigido por vendepatrias. Que estallara la guerra civil que necesita el Comando Sur de los EEUU para invadir nuestro territorio. Y, por si fuera poco, ha salvado su vida de las garras del terrorismo ordenado en su contra por la oligarquía colombiana. Todo ello manteniendo e incrementando los programas sociales instaurados por la revolución y profundizados por su gobierno a niveles inimaginables en un país sometido al salvaje asedio económico al que ha sido sometida Venezuela. Ninguna nación en guerra podría hoy mantener programas de protección social como los Claps, como los Bonos Soberanos, o el Carnet de la Patria (para combatir el bachaqueo y el contrabando de extracción que tanto daño le hacen al pueblo) y Maduro lo hizo.

Hoy emprende una nueva fase de profundización del socialismo independizando nuestra economía del criminal yugo del dólar que ha sido impuesto en nuestro país por el imperio para saquear el bolsillo de los venezolanos, iniciando una reconversión que prescinde por completo de fuentes externas como el fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial.

Eso es soberanía.

@SoyAranguibel

Comunicación: la guerra que no debe dejarse de lado en función de lo económico

Por: Alberto Aranguibel B.

A partir de 1999 se inicia en Venezuela uno de los procesos políticos más importantes de toda su historia como República. El triunfo del comandante Hugo Chávez en las elecciones presidenciales apenas unos meses antes, fue solo el preámbulo para una nueva etapa política signada por el impulso de una concepción del Estado diametralmente opuesta a lo que el país conoció hasta entonces desde las esferas del poder, y que Chávez fundamentaba en una idea de justicia e igualdad social que los venezolanos anhelaron desde siempre sin alcanzar nunca el logro de aquella victoria definitiva a la que aspiraban.

Lo que hizo la derecha, tanto nacional como internacional, desde el momento mismo de aquel triunfo inicial de Chávez hasta el último día de su vida, fue llevar a cabo exactamente la misma lucha ancestral por la que se ha enfrentado desde sus orígenes la sociedad; la lucha de los ricos contra la igualdad social que encarna la avanzada Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que Chávez impulsó, primero para lograrla y que luego defendió para impedir que esa derecha, que tanto intentó destruirla, la secuestrara y la desfigurara.

No fueron nunca diferencias de parecer en cuanto a medidas económicas o políticas sociales de ningún tipo, ni desacuerdos sobre el mal o buen funcionamiento de la economía o los servicios públicos, lo que determinó la animadversión de los capitalistas contra el presidente Chávez sino un irracional temor de clase a la posibilidad de la emancipación del pueblo, ya no solo en el sentido material de la redención sino en la perspectiva política más peligrosa para las clases burguesas, como lo es la del establecimiento perdurable de la igualdad y la justicia social mediante una carta magna votada democráticamente.

Para los capitalistas el problema a enfrentar no era un gobierno de signo contrario electo por el pueblo, porque de ese podría salirse eventualmente mediante un nuevo proceso electoral que revirtiera la correlación de fuerzas. El problema era el carácter supra constitucional de una sociedad que reconociera al lumpen proletario, y cuyas decisiones tendrían siempre el valor de Ley suprema con vigencia plena e imperecedera a través de una Constitución popular.

La realidad actual venezolana está determinada fundamentalmente por el elevado valor que le otorgan los venezolanos a su Constitución, como herramienta de aseguramiento de la inclusión social. De ahí el carácter violento al que ha apelado en todo momento la oposición para intentar exterminar el proceso revolucionario. La imposibilidad de desmontar por la vía legal esas conquistas populares alcanzadas con la Constitución del ’99 (dado que los derechos no tienen carácter regresivo), obliga a la derecha a posicionar como “dictadura” al gobierno revolucionario, en la suposición de que ello les permitiría, en un eventual asalto suyo al poder, derogar sin problemas el estamento jurídico vigente y lograr, por vía de facto, la reinstauración del viejo modelo neoliberal sin correr el riesgo que le representaría enfrentarse a una consulta electoral democrática.

El error más grave de la derecha (tanto nacional como internacional) fue intentar sustituir esa realidad histórica de la inmensa movilización popular en favor de su revolución, al inexistente escenario de una supuesta rebelión nacional contra un “dictador desquiciado y solitario”, cuando en verdad de lo que se ha tratado siempre es de la lucha de millones de venezolanas y venezolanos contra los deseos de rapiña de una élite que se escuda en una decena de exiguos partidos políticos, más cuantiosos en la cantidad de siglas de sus nombres que en la cantidad de gente que los respalda.

Nicolás Maduro así lo ha entendido, y de ahí la razón del por qué da el paso crucial de entregarle el poder al pueblo, para que sea éste quien asuma la responsabilidad de definir en los términos claros e inequívocos de los que solo es capaz el pueblo, quién tiene o no el derecho a decidir y a usufructuar el bienestar que pueda derivar de ese valioso recurso nacional que es petróleo.

La confrontación no es, pues, ni ha sido nunca, entre los venezolanos y su presidente, como ha querido posicionarlo la derecha en el mundo, sino que se trata de la lucha de un pueblo que construye y defiende su Revolución contra una famélica oligarquía, obtusa y retardataria, que se niega a aceptar ser desplazada definitivamente del control de nuestras riquezas. El objetivo de esa derecha es el de sacar al pueblo de la ecuación política intentando convencerlo de que es un simple espectador de la realidad, como lo fue en el pasado. Por eso su discurso es esencialmente “antimadurista”.

Y de ahí la importancia de considerar prioritario el tema comunicacional, que en la revolución es eternamente relegado a las acciones secundarias (detrás de las proselitistas o estrictamente políticas o, en el mejor de los casos, reducido exclusivamente al espacio de los medios noticiosos o de opinión) para que empiece definitivamente a ser tratado como factor determinante de todos y cada uno de los procesos involucrados en la transformación social que se propone la revolución.

En esos términos lo propuso el Comandante Chávez en lo que con toda seguridad (aún sin ser la idea más elaborada en ese momento) era la materia más relevante considerada por él en el “golpe de timón”, pero que para muchos no pasó de ser la reflexión accesoria de aquella importante disertación ideológica del líder supremo. Mientras la mayoría refirió el mítico tema del golpe de timón a las tareas pendientes en el plano de la reforma del Estado, Chávez estaba enfocado en la urgencia de la formación del individuo para hacer comprensible la necesidad de internalizar en el alma del pueblo el compromiso revolucionario y que el proceso no se quedara en la simple satisfacción del logro materialista del proyecto. Él sabía que la vieja cultura adeca del clientelismo y la lógica capitalista del consumismo voraz que hacía estragos entre los venezolanos, eran enemigas de primer orden en la batalla, porque de ellas brotaban los vicios y distorsiones éticas que ponían en riesgo la sustentabilidad y perdurabilidad de la revolución.

Se trata de los pasos que hemos venido dando, por eso hablamos del tránsito, transición, etapa. Nada de esto existía en Venezuela y nada de esto existiría en Venezuela si se impusiera el capitalismo, que nos convertiría de nuevo en la colonia que éramos. Por eso la revolución política es previa a la económica. Siempre tiene que ser así: primero revolución política, liberación política y luego viene la revolución económica. Hay que mantener la liberación política, y de allí la batalla política que es permanente; la batalla cultural, la batalla social […] Por eso el socialismo en el siglo XXI que aquí resurgió como de entre los muertos es algo novedoso; tiene que ser verdaderamente nuevo. Y una de las cosas esencialmente nuevas en nuestro modelo es su carácter democrático, una nueva hegemonía democrática, y eso nos obliga a nosotros no a imponer, sino a convencer, y de allí lo que estábamos hablando, el tema mediático, el tema comunicacional, el tema de los argumentos, el tema de que estas cosas sean, lo que estamos presentando hoy, por ejemplo, que lo perciba el país todo; cómo lograrlo, cómo hacerlo. El cambio cultural. Todo esto tiene que ir impactando en ese nivel cultural que es vital para el proceso revolucionario, para la construcción de la democracia socialista del siglo XXI en Venezuela.” (Golpe de timón – octubre de 2012)

En esos términos de profundización efectiva del carácter participativo y protagónico del pueblo en que lo ha colocado hoy el Presidente Maduro, siguiendo la más pura lógica del pensamiento chavista, debe colocarse entonces la acción política del proceso en esta etapa tan decisiva para el proyecto revolucionario.

Si algo ha quedado claro luego de cinco años y medio de violencia política, distorsiones económicas, institucionalización de la ineficiencia en el Estado, y resquebrajamiento moral de buena parte de la población venezolana, es cuánta razón tenía el Comandante en su alerta sobre el peligro de la influencia perniciosa del medio de comunicación sobre nuestra sociedad.

Como lo ha demostrado con perfecta claridad la profesora Pascualina Curcio, el origen de los males que padece hoy la economía nacional es eminentemente político. De ahí que lo mediático haya sido en todo momento el factor determinador por excelencia.

En ningún momento debemos dejarlo de lado.

@SoyAranguibel

Aranguibel: La agresión de EEUU contra Venezuela es una agresión contra el mundo

Aranguibel con Mari Pili Hernández: Un nuevo texto Constitucional podría ser debatido en plenaria de la ANC próximamente

Caracas.- El comunicador y constituyente Alberto Aranguibel, sostuvo hoy en entrevista con la periodista Mari Pili Hernández en su programa “Sin Duda”, transmitido por Unión Radio, que es factible que una versión preliminar de un nuevo texto constitucional pudiera ser debatido en la plenaria de la Asamblea Nacional Constituyente durante las próximas semanas, porque lo que está previsto en ese ente plenipotenciario es una nueva fase de mayores debates. “Para ello la Comisión Constitucional que preside el Constituyente Herman Escarrá, ha venido trabajando intensivamente con las demás Comisiones, con la finalidad de tener listo lo antes posible un borrador del importante instrumento.”

Oiga aquí la entrevista completa: