¿Por qué hay gente que no cree en la perversidad del imperio?

Por: Alberto Aranguibel B.
(ilustración: Pandorco)

Un reciente estudio llevado a cabo por la empresa Hinterlaces, revela el significativo incremento en la cantidad de venezolanas y venezolanos que descartan la hipótesis de la guerra económica como causante de la crisis inflacionaria por la cual atraviesa el país. La investigación, que arroja que tres de cada cuatro venezolanos no cree hoy en la guerra económica, es de inmediato manipulada por el portal ultra derechista Noticiero Digital para acuñar que el gobierno ha fracasado en su comunicación con el pueblo: “Cuatro años después de una campaña diaria en los medios oficialistas para responsabilizar a la guerra económica de la crisis del país; después de innumerables declaraciones de altos voceros, incluyendo el presidente Nicolás Maduro; después de todo eso, solamente uno de cada cuatro venezolanos cree en la guerra económica como la principal causa de la crisis que vivimos.”

El brutal asedio económico del que ha sido víctima la economía nacional producto de la incesante campaña de un liderazgo opositor vendepatria y entreguista, que la gente ha visto con sus propios ojos cómo azuza a los factores más ultra reaccionarios del mundo para asfixiar las posibilidades de intercambio comercial de Venezuela, era hasta hace pocos días algo perfectamente claro e innegable para la inmensa mayoría del pueblo.

El arrasador triunfo de la propuesta revolucionaria en todos los procesos electorales convocados en menos de un año, da fe de la claridad con la que el pueblo entendió que el culpable de los padecimientos por los que atravesaba, no era otro que ese liderazgo de la derecha, que ha contado en todo momento con el respaldo del imperio norteamericano.

Pero, de la noche a la mañana, los titulares de la prensa cambiaron de protagonista de la noticia diaria referida a Venezuela, desplazando de sus primeras planas los temas que recurrentemente utiliza en contra de la revolución, para colocar en su lugar la hipótesis de la culpabilidad del gobierno en el incremento de los precios. Y con ello, se modificó la percepción de la realidad en buena parte de la población.

Desde el inicio mismo del mandato del presidente Nicolás Maduro, la prensa ha puesto y quitado de las primeras planas los temas por los cuales, según ella, debe preocuparse la población venezolana, más por un asunto de conveniencia para la guerra desatada abiertamente por la derecha contra la Revolución Bolivariana que por razones de veracidad noticiosa referidas al auténtico interés de la opinión pública.

Hoy la acusación contra el gobierno frente al tema de los precios es ubicada en posición predominante porque la lascivia amarillista de esa prensa mercenaria ha visto en el llamado que ha formulado el Jefe del Estado a la militancia revolucionaria para llevar a cabo un franco proceso de autocrítica que incluya la revisión y rectificación de las políticas públicas, una oportunidad excepcional para obtener un provecho político por mampuesto.

La manipulación permanente de los medios de comunicación para fabricar las matrices que le interesan a la derecha en su lucha contrarrevolucionaria, es un asunto de particular relevancia en la batalla que debe librar hoy el liderazgo revolucionario como parte del proceso de revisión al cual ha convocado el Presidente. En virtud de ello ese proceso debe ser asumido como un examen no solo de los aspectos políticos o de gestión gubernamental, sino muy fundamentalmente de lo que tiene que ver con el tema comunicacional, porque de la manipulación de la que es víctima el pueblo surgen casi siempre los demás problemas.

¿Está la población venezolana suficientemente preparada para comprender a cabalidad los fenómenos involucrados en la guerra, que van mucho más allá de lo económico y que tienen en el componente mediático un factor más que determinante?

Si, luego del intenso trabajo de consolidación política cumplido en esta fase tan crucial del proceso, dejásemos ahora en manos del medio de comunicación el esfuerzo de formación ideológica que evidentemente está haciendo falta, estaríamos cometiendo, ahí sí, el peor de los crímenes contra las venezolanas y los venezolanos.

Como contraofensiva a ese ataque que persigue descolocar a la militancia revolucionaria a través del poder de los medios de comunicación, hace falta, ahora más que nunca, discutir con las comunidades la doctrina hegemónica del imperio en toda su extensión.

Hay que debatir en asambleas populares todo cuanto ha hecho la oposición venezolana en el mundo para aislar la economía del país, y la manera en que esa acción apátrida atenta directamente contra la vida de las venezolanas y los venezolanos.

Dar a conocer, así mismo, el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, (PNAC, por sus siglas en inglés), que describe perfectamente el propósito de dominación imperialista de los EEUU para el siglo XXI, al frente del cual se encuentra la crema y nata de la clase política norteamericana del último cuarto de siglo, incluyendo a George Bush, George W. Bush, Bill Clinton, Barack Obama, y todos sus exministros del Departamento de Estado y de Guerra, y explicarle al país en detalle la forma en que cada uno de ellos actuó o sentó las bases de la guerra actual contra Venezuela.

Revisar y difundir detenidamente (no nada más con la metodología del informe periodístico o de campaña informativa, sino con el trabajo intensivo de formación y debate político con el pueblo) el documento “Golpe Final”, elaborado por el Comando Sur, en el que se explica con claridad el plan de desestabilización económica, social y política, que lleva a cabo ese brazo armado del imperio contra nuestro país.

Y, no menos importante, discutir con el pueblo la contundente revelación de la doctrina de la caotización inducida, de la cual somos víctimas, recogida en el libro The craft of intelligence (1963) donde el infame fundador de la CIA, Allen Dulles, pormenoriza su idea de lo que debiera hacer EEUU contra Rusia, y que hoy se aplica a cabalidad contra Venezuela.

Allen Dulles, quien se convirtiera en 1953 en el primer director civil de la CIA, fue el creador del modelo de derrocamiento de gobiernos no afectos a los EUU mediante operaciones secretas de espionaje y promoción de ingobernabilidad en esas naciones. Miembro de la llamada Operación 40,que reunía a finales de los 50’s lo más granado del anticomunismo norteamericano en el poder, logró recibir el más amplio respaldo que ningún funcionario del imperio haya recibido jamás de su gobierno para la desestabilización de países progresistas en el mundo. Con tal propósito Dulles emprendió la Operación MK Ultra, que incluía el desarrollo de sistemas de control mental de la sociedad dirigidos por Sidney Gottlieb. Promotor de las alianzas de la inteligencia gringa con la mafia y el anticastrismo, recae sobre él la responsabilidad en el derribamiento de Mohammed Mossadeg, en Irán (1953); de Jacobo Arbenz, en Guatemala (1954); y la Invasión de Bahía de Cochinos, en Cuba (1961).

En ese debate necesario se deben examinar ideas esenciales de ese libro de Dulles, como las siguientes:

“Sembrando el caos en la Unión Soviética, sustituiremos sus valores, sin que sea percibido, por otros falsos, y les obligaremos a creer en ellos. Encontraremos a nuestros aliados y correligionarios en la propia Rusia. Episodio tras episodio se va a representar por sus proporciones una grandiosa tragedia, la de la muerte del más irreductible pueblo de la tierra, la tragedia de la definitiva e irreversible extinción de su autoconciencia. De la literatura y el arte, por ejemplo, haremos desaparecer su carga social. Deshabituaremos a los artistas, les quitaremos las ganas de dedicarse al arte, a la investigación de los procesos que se desarrollan en el interior de la sociedad.

Literatura, cine, teatro, deberán reflejar y enaltecer los más bajos sentimientos humanos. Apoyaremos y encumbraremos por todos los medios a los denominados artistas, que comenzarán a sembrar e inculcar en la conciencia humana, el sadismo, la traición. En una palabra; cualquier tipo de inmoralidad.

En la dirección del Estado crearemos el caos y la confusión. De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios, el soborno, la corrupción, la falta de principios. La honradez y la honestidad serán ridiculizadas, innecesarias y convertidas en un vestigio del pasado.

El descaro la insolencia, el engaño y la mentira, el alcoholismo, la drogadicción, el miedo irracional entre semejantes, la traición, el nacionalismo, la enemistad entre los pueblos y ante todo el odio al mismo pueblo ruso; todo esto es lo que vamos a cultivar hábilmente hasta que reviente como el capullo de una flor”.

Que no sea por culpa de una triste e injustificable omisión revolucionaria en la urgente tarea del reforzamiento de la conciencia popular, que el pueblo no sepa reconocer con precisión a su verdadero enemigo en esta hora tan crucial para la Patria.

 

@SoyAranguibel

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Genealogía de un perfecto y sanguinario genocida

Por: Alberto Aranguibel B.

El 1 de marzo de 2008, el mundo entero era sorprendido con la cínica declaración de uno de los más altos funcionarios del gobierno colombiano para aquel momento, que en medio de risotadas muy nerviosas pero claramente complacido y lleno de alborozo, celebraba la muerte de una veintena de personas que habrían sido asesinadas por el infernal efecto de las bombas que él mismo, en su condición de Ministro de Defensa, había ordenado que se lanzaran para acabar con la vida del comandante Raúl Reyes y de todos sus acompañantes, trasgrediendo flagrantemente los límites fronterizos con el vecino país, Ecuador, donde se encontraba el campamento sobre el cual se produjo el brutal exterminio.

La “Operación Fenix”, como se denominó el ilegal asalto (que contó con la decisiva participación del ejército norteamericano, como quedó luego claramente establecido), formaba parte de la sanguinaria política de Seguridad Democrática implementada por el entonces presidente Álvaro Uribe, que llenó de sangre el territorio colombiano durante casi una década de exterminios extrajudiciales que acabaron con la vida de decenas de miles de seres humanos que iban a parar con sus huesos en fosas comunes de las que muchas veces jamás se conocería su existencia, pero que han terminado apareciendo a la luz pública como una especie de huella providencial que denuncia a cielo abierto la inmoralidad de un régimen siniestro que se jactó como ningún otro gobierno criminal en la historia de su capacidad de asesinar masivamente a su propio pueblo, como quedaba en evidencia aquel primero de marzo.

Juan Manuel Santos, como se llamaba aquel sombrío ministro de defensa, repugnaba con aquella grotesca declaración porque el carácter festivo que su actitud reflejaba al momento de ofrecer una información tan delicada a la opinión pública no solo no se correspondía con el tono oficial que estaba obligado a preservar, sino que dejaba al descubierto una obscena lascivia por la muerte que jamás podría ser tolerada por ningún ser humano.

Colombia, un país donde la cultura del exterminio humano prolifera casi como una forma de vida en ese submundo de criminalidad que se asocia a su condición como el más grande productor de drogas ilícitas del mundo, es un territorio más que propicio para el fomento de todo tipo de delitos, como el sicariato, el lavado de dinero, la prostitución y el contrabando.

De ahí que su clase política, cooptada por la retardataria oligarquía colombiana como un instrumento al servicio exclusivo del control y el sometimiento de la sociedad, responda tan perfectamente al formato de la delincuencia común y entienda de manera casi religiosa el exterminio de seres humanos como un simple medio para el cabal desempeño de la función pública.

Pero Juan Manuel Santos ha excedido con creces todo parámetro de sadismo y refinamiento en su complacencia con el sufrimiento ajeno, llevando a niveles de verdadera tragedia el dolor del pueblo colombiano, al que somete sin la más mínima compasión a la penuria del hambre y la pobreza en proporciones de holocausto como no sucede en ningún otro país suramericano.

Las cifras de desnutrición infantil en Colombia han llegado durante el gobierno de Santos a niveles alarmantes para organismos internacionales como la FAO, que dan cuenta del retroceso progresivo en materia alimentaria que padece el vecino país desde hace más de tres décadas, lo que explica sin duda alguna que ese país haya producido a lo largo de todo ese periodo la segunda población de desplazados en el mundo, después de Siria (que está en guerra) de acuerdo a las cifras oficiales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en sus últimos reportes.

Heredada de su condición de virreinato, improvisado por el imperio español en suelo suramericano en la búsqueda de institucionalizar su dominio sobre el nuevo mundo pero sin gozar de un verdadero soporte cultural, social y político que lo sustentara, la estúpida idea de la supremacía de clase sigue atormentando hoy a esa oligarquía de la que surgen los políticos colombianos, cuyo único propósito es perpetuarse en el poder a costa de lo que sea. En especial a costa de la vida de los pobres a los que se considera con derecho a humillar, atropellar y hasta asesinar sin miramiento alguno si del aseguramiento de ese poder se trata.

Las ancestrales diferencias políticas entre las clases dominantes tradicionales de Venezuela y Colombia estuvieron determinadas desde siempre por ese carácter supremacista que embriagó a la oligarquía colombiana y al que la clase oligarca venezolana no pudo sobreponerse nunca. Por eso, cuando la oligarquía fue desplazada del poder en Venezuela, el odio de clase bogotano contra nuestro país empezó a ser todavía más visceral y acérrimo, y el desprecio de su dirigencia política contra nuestro pueblo se desborda entonces a niveles aún más impensables.

De ahí que la atrocidad de atacar a nuestro pueblo manipulando políticamente los alimentos y las medicinas que Juan Manuel Santos les roba a los venezolanos a través de la protección que su gobierno le brinda al contrabando de extracción y al ataque a nuestro signo monetario mediante una criminal resolución que favorece el saqueo a nuestro sistema económico, no sea sino una expresión más de la típica actuación criminal de un presidente oligarca contra la vida humana, que en Colombia no solo goza de perfecta impunidad sino que además es aplaudida y celebrada, como aplauden y celebran en ese país las genocidas prácticas de asesinatos en masa que llevó a cabo Álvaro Uribe durante todo su mandato, y que hoy ejecuta sistemáticamente Juan Manuel Santos sin ningún rubor.

El artero golpe asestado por Santos al pueblo venezolano en diciembre de 2017 al retener sin justificación legal alguna los perniles que los venezolanos más humildes esperaban con ansias para celebrar su cena de año nuevo, fue un claro anuncio de todo lo que estaba dispuesto a hacer el miserable presidente de los colombianos con el fin de satisfacer su sed de odio contra nuestro país.

En la misma forma ilegal, y sin el menor fundamento o explicación convincente para ello, el mismo Santos en persona ordenó semanas después de aquel inhumano atropello a los venezolanos, la retención de un importante lote de medicinas que el gobierno del presidente Nicolás Maduro había adquirido al laboratorio La Santé, del importante grupo empresarial colombiano Carval, con lo cual solo se agudizaba intencionalmente la difícil situación de desabastecimiento de medicinas que por acción del criminal cerco económico desatado por el imperio norteamericano contra nuestro país ha estado padeciendo el pueblo venezolano.

Esta semana, a tres días apenas del histórico proceso electoral que tuvo lugar este domingo en Venezuela, el desalmado Juan Manuel Santos, en un vulgar acto de simple agresión política, secuestra un gigantesco cargamento de comida destinada por el gobierno revolucionario a solventar las necesidades alimenticias de las venezolanas y los venezolanos, poniendo así en riesgo la salud de miles de mujeres, ancianos y niños, que se benefician del programa de Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) puesto en marcha por Nicolás Maduro para contrarrestar los devastadores efectos de esa inmoral guerra.

Santos se regocija reteniendo esos alimentos porque, como genocida contumaz que es en lo más profundo de su putrefacta alma de oligarca criminal, representan exactamente lo opuesto a lo que él personalmente concibe como lo único a lo que debe tener derecho el pobre, que es a la pobreza.

El Clap, que no es ninguna dádiva populista como lo quiere hacer ver esa derecha retardataria de la que forma parte Santos, es un poderoso mecanismo de redención social, a través del cual el pueblo se organiza y lucha para combatir la especulación y la usura que criminales como el presidente de Colombia encarnan, asegurando nuevas y más expeditas formas de distribución y de acceso a los productos de primera necesidad, pero construyendo a la vez un poderoso modelo sociocultural basado en la idea de la justicia y la igualdad como único parámetro de referencia y de orientación.

Mientras en Colombia exista como clase política la escoria humana que funestos personajes como Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos encarnan, jamás podrá existir una iniciativa tan venturosa como el Clap, porque ello equivaldría a la extinción del carácter genocida que tanto placer les proporciona a esos miserables.

PHOTO-2018-05-19-13-17-43.JPG (Foto: Hilda Rivero / Clap La Trinidad)

@SoyAranguibel

Condiciones electorales

Por: Alberto Aranguibel B.

“¡He aquí el Código que debíamos consultar, y no el de Washington!”
Bolívar / Discurso de Angostura

En la controversial entrevista que le hiciera Lisa Howard a Fidel Castro en febrero de 1964, en La Habana, el líder de la Revolución Cubana sorprende al mundo con una actitud reflexiva y mesurada que difiere enormemente de la imagen salvaje que los medios habían creado de él desde antes de su llegada al poder en 1959, y que se había acentuado durante la llamada “crisis de los misiles”, en la que Cuba y los EEUU estuvieron a punto de protagonizar lo que muchos pronosticaban como el inicio de la tercera guerra mundial.

Ahí la ex actriz norteamericana interpela a Fidel con la insistente pregunta de “si estaría dispuesto a introducir cambios en la Revolución para reinstaurar la democracia en la isla”. Fidel, con su proverbial afabilidad y en un inglés precario que usaba más por cortesía con la periodista que por ninguna otra razón, le responde que “las naciones tienen distintas condiciones, y las diferentes condiciones suponen distintas vías hacia el progreso […] Lo que creo sinceramente es que el mejor principio, un principio internacional, es que la paz mundial estará garantizada cuando nadie trate de introducir una política en otra nación […]  Ustedes tienen una manera de pensar, nosotros tenemos otra. Ustedes tienen una idea de la democracia, nosotros tenemos la nuestra. Podría hablarle del desempleo en los EEUU, del racismo, de los negros de los estados del sur. No se le puede hablar de democracia a mucha gente en los EEUU. Para ellos la democracia es una formalidad. Ustedes tienen solo dos partidos, controlados ambos por la oligarquía, y a eso le llaman democracia. En la antigua Atenas hablaban de democracia y había miles de esclavos. Estados Unidos tiene muchos intereses en el mundo. En América Latina y en el resto del mundo sus compañías hacen trabajar muy duro a millones que carecen de derechos, no tienen nivel de vida, educación, asistencia médica. No es fácil, pero un día ustedes entenderán nuestra idea de la democracia.”

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Cuando la periodista insiste en tratar de arrinconar al líder cubano con el argumento de la supuesta aspiración de los contrarrevolucionarios a que la Revolución retomara los principios de una “revolución democrática”, Fidel es tajante: “Cuando ellos dicen “revolución democrática” quieren decir “revolución capitalista”, “revolución de libre empresa”, influencia en Cuba de los monopolios. Piensan en sus intereses de clase, no en los obreros, en los campesinos, en los negros, en los estudiantes, en los intelectuales. Piensan en su interés material. Es a eso a lo que llaman democracia. Batista decía que él era democrático. Todos los ricos, los latifundistas, hablaban de democracia. Pero, Lincoln dijo que la democracia es el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. La Revolución Cubana es el gobierno que toma el poder con el pueblo para tomar medidas para el pueblo. Todas las medidas que tomamos son para el pueblo; un millón de cubanos no sabía leer ni escribir, ahora saben. Todo el mundo en Cuba tiene la educación garantizada. Todo el mundo tiene empleo asegurado. Falta mucho por hacer, pero en cinco años hemos hecho mucho y el pueblo lo siente.

La reflexión de Fidel en aquel momento ayuda a comprender lo que sucede hoy en los escenarios políticos que el neoliberalismo ha tomado por asalto para desatar su guerra de descalificaciones e infamias contra el Gobierno revolucionario de Venezuela, al que acusa de estar promoviendo una “elección antidemocrática” con su llamado al pueblo a votar el próximo 20 de mayo para elegir presidente de la República, aduciendo que no existen condiciones para tal elección.

Para el neoliberalismo, “democrática” será la elección que tendrá lugar en México este mismo año, así como lo será la inminente elección a llevarse a cabo en Colombia. Pero no la venezolana.

No tiene la menor relevancia para la derecha internacional que solamente en lo que va de año en México hayan sido asesinados más de 57 alcaldes, y que la desaparición y el exterminio de estudiantes y de periodistas sea ya una forma normal de vida en esa nación sin que el Gobierno de ultraderecha se pronuncie siquiera al respecto.

No significa nada, ni tiene ninguna importancia, que en Colombia hayan sido asesinados más de ciento cincuenta líderes campesinos y luchadores sociales en los últimos seis meses apenas, sin contar la dolorosa tragedia que representa la más alta cifra de desplazados en el continente y la segunda en el mundo, producto del hambre y la miseria tan espantosa que padece el pueblo de esa hermana república.

Como tampoco le preocupa en lo más mínimo que en Brasil el voto de cincuenta millones de brasileños sea desconocido en una conspiración leguleya que saca del poder a la presidenta electa democráticamente, y que el líder con mayor respaldo popular en la historia de la nación sea encarcelado sin pruebas solo para impedir su triunfo electoral.

Es “democrática” la elección de segundo grado en Estados Unidos, donde el voto del pueblo es desconocido para favorecer con la presidencia a quien obtiene el arbitrario y sesgado voto de los delegados del partido, así haya alcanzado millones de votos menos que su contrincante.

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Las condiciones que exige hoy la derecha nacional e internacional para aceptar la elección presidencial venezolana, son, como decía Fidel en 1964, aquellas donde el neoliberalismo considere que sus privilegios de clase están completamente asegurados.

Algo así como que ningún líder de la Revolución Bolivariana, empezando por el presidente de la república, pueda ser candidato. Para esa derecha reaccionaria esa sería la condición perfecta.

Que la elección se realice con el método de las primarias de la oposición, en las que no existen ni registro electoral, ni auditorías, ni cuadernos electorales, ni mecanismos para evitar el voto múltiple por parte de un mismo elector, y donde la totalización la hacen a su antojo los militantes de los partidos de la oposición con sus celulares. De no ser así, el método de las elecciones colombianas, en las que las papeletas se van fotocopiando a conveniencia de los activistas políticos de la mesa electoral, sería mucho mejor.

Que el elector haga saber a los jefes de la oposición en la mesa electoral por quién pretende votar, a fin de anularlo en caso de ser por algún chavista, para garantizar que la revolución no haga “fraude” sacando más votos que la oposición. La oposición ha establecido que el chavismo no existe, sino que es una “turbamulta de marginales resentidos que son obligados a votar”.

Que solo aquellos candidatos que sean reconocidos por el Departamento de Estado norteamericano y por el Secretario General de la OEA como los legítimos representantes del pueblo, sean quienes tengan derecho a optar por el cargo de presidente. A tal efecto, deberá suspenderse la observación y acompañamiento electoral de cualquier otro organismo internacional, empezando por instituciones como el Centro Carter, por ejemplo.

Más allá de la caricatura (nada distante, en verdad, de la lógica opositora), lo cierto es que la oposición no puede explicar cuáles son sus “objeciones” al avanzado sistema electoral venezolano, simplemente porque su concepto de la democracia es incompatible con la aspiración de los pueblos a conquistar su bienestar y su independencia.

Una derecha alienada y sumisa a los intereses del imperio norteamericano, no podrá congeniar jamás con los principios de una verdadera democracia, porque la noción que tienen del poder los imperios no tiene nada que ver con derecho humano alguno.

Su reclamo por “condiciones electorales justas” no es, pues, sino una farsa más, en la que la oposición asume la defensa de quienes solo persiguen saquear nuestra economía, nuestros recursos, nuestras posibilidades, y exterminar nuestra independencia.

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La condición a la que se compromete hoy el presidente obrero Nicolás Maduro, en la más estricta lógica del comandante Hugo Chávez, es la de asegurar que haya elecciones universales, directas y secretas, para que el pueblo pueda expresarse libre y democráticamente, y que no sean ni la violencia ni las agresiones externas las que determinen el rumbo de la Patria.

La condición de resguardar el derecho de las venezolanas y los venezolanos a ejercer el voto sin coacción ni amenazas de ningún tipo, sino más bien contando siempre con el apoyo pleno del Estado para que cada jornada electoral transcurra en paz y con el mayor grado de civismo.

La de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las Leyes en la defensa y preservación del modelo participativo y protagónico conquistado por el pueblo venezolano gracias al talante profundamente humanista de la Revolución Bolivariana.

Esas son las condiciones electorales del pueblo.

@SoyAranguibel

María Alejandra Díaz: Combustible de guerra

Por: María Alejandra Díaz

Como la mantis religiosa hembra devora los sesos del macho prolongando el goce hasta aniquilarlo, igualmente el Narco Estado Neogranadino, voraz, parasita nuestros recursos, mientras pretende aplicarnos el principio geopolítico Ratzeliano del espacio vital apropiado para expandirse.

La gasolina venezolana subsidiada, no debe seguir siendo combustible del aparato de guerra enfilado contra nuestra patria, una daga que horada nuestros cuellos y nos desangra antes de decapitarnos. Debemos detener esta hemorragia, con un sistema de control planificado, eficiente y efectivo, que rompa el círculo vicioso y dañino del contrabando de extracción generalizado.

Allá, el modelo neoliberal no atiende a sus nacionales, condena al 54% de la población a la pobreza extrema y los echa al mundo. ACNUR calcula más de 10 millones de neogranadinos fuera de su país, producto no sólo de la cruenta guerra, sino de aquel sistema político, social y económico negador de toda posibilidad de vivir dignamente.

Desde el otro lado de la raya hacen todo lo posible por destruirnos. Expertos en engaños y  falsos positivos, cautivan hoy a nuestra juventud, para mostrarlos al mundo como “refugiados,” cuando en realidad los precarizan, explotan y hasta esclavizan, exigiéndonos los de Nariño, con descaro y cinismo detener la inversión socialMientras sigan subsidiando los productos es muy difícil que nosotros logremos hacer algo de verdad en la lucha contra el contrabando. (Holguin).

Una batería de leyes criminales (cambiarias y monetarias) legaliza el saqueo masivo gracias a esa política gansteril contra el Bolívar; estrategia vertebral expoliadora y ruinosa de nuestro Estado Democrático, Social de Derecho y de Justicia.

Esa máquina de destrucción arrasa las bases de nuestras industrias, descompone los circuitos productivos; desterritorializando  poblaciones, desorganizando las comunidades, desarticulándolas y desplazándolas de sus centros de vida y producción, retrogradándonos a niveles de pobreza superadas, rompiendo nuestro tejido social al adoptar esquemas culturales tóxicos foráneos, llevándonos a un proceso acelerado de desvalorización y pérdida de autoestima nacional, degradando al venezolano en su calidad de vida. Erosionan gravemente el suelo en que se arraiga las relaciones humanas y todo vínculo moral entre las personas. (Bauman),

Este ataque no ha sido respondido adecuadamente por nuestros sistemas defensivos y por ciertas autoridades civiles y militares, rebasados (hasta ahora), situación que debe ser solucionada urgentemente.

Desde Venezuela decimos: insistiremos y persistiremos en la emancipación, soberanía y autodeterminación, principios nucleares frente al apetito insaciable de la corporatocracia depredadora.

Maria Alejandra Díaz María Alejandra Díaz

Fuente: Primicias24

Los barbarazos que acabaron con todo

Por: Alberto Aranguibel B.

La ineptitud del sector privado para la comprensión de la economía es directamente proporcional a su manifiesta torpeza para gerenciar sus propios negocios.

Un sector cuya única fórmula para asegurar el funcionamiento de sus empresas es el incremento en el precio de los productos que pone a la venta, no puede calificarse jamás como un sector de individuos ni siquiera medianamente lúcidos en asuntos de economía.

Elevar precios puede hacerlo cualquiera. Para ello no se necesitan conocimientos técnicos avanzados ni títulos académicos de ningún tipo, sino la sola condición de propietario de la empresa productora. El problema es hasta dónde el libre albedrío de esa libertad individual para decidir arbitrariamente sobre ese bien público que es el sistema económico, afecta negativamente al resto de la sociedad, incluso a los propios negocios del capital privado.

El grave problema de la economía venezolana ha sido desde siempre que los actores fundamentales del sistema, es decir, los empresarios que conforman el grueso de la economía, ya sea como productores, industriales o comerciantes, sólo ha sido gente que ha estado al frente de empresas particulares (que han dependido casi siempre de los subsidios del Estado para llevar adelante su producción), y que, así hayan adquirido mucha experticia técnica y de conocimientos en su ramo, no tienen sin embargo destreza ni dominio para la toma de decisiones en las complejas áreas de la macroeconomía.

Esa subjetividad es la que termina por limitar la capacidad del empresario para entender las leyes que rigen la economía, llevándole finalmente a creer que su dinámica (de la economía) obedece al simple y arbitrario antojo de un funcionario o de otro.

Por eso el empresario cree en verdad que la inflación es culpa del gobierno, cuando es él mismo quien incrementa a diario los precios sin razón o justificación económica alguna para hacerlo. Argumenta que la crisis económica la generan los aumentos de salarios y los controles de precios, y por eso decide aumentar como le viene en gana el precio de venta al público en todos sus productos, presentándose siempre como la víctima.

Al respecto mucho han reflexionado los analistas del portal “15 y Último”, demostrado fehacientemente cuán falsas o infundadas son esas argumentaciones del capital privado para tratar de explicar la crisis económica que agobia hoy al país.

Luis Salas, uno de esos destacados analistas, se pregunta y se responde a la vez: “¿En qué piensan los empresarios y comerciantes venezolanos, en especial los pequeños y medianos? Pues de los grandes y transnacionalizados especialmente concentrados en los productos más sensibles o de los cuales a la gente por las más diversas razones le cuesta prescindir o sustituir, es fácil saber qué piensan, dado que la especulación les resulta provechosa porque refuerza sus posiciones monopólicas. A mi modo de ver el problema es que los pequeños y medianos empresarios y comerciantes, por un lado, están atrapados en una fantasía gremial que les hace creer que sus intereses son exactamente los mismos que los de Lorenzo Mendoza y compañía, que a la misma “clase” pertenecen el panadero de la esquina y los dueños de Kimberly Clark. Pero también pasa que termina privando en ellos una mentalidad de pulpero que se ve dramáticamente expresada en el famoso diálogo publicado por Alex Lanz entre él y su amigo pizzero, cuando este último le explicaba por qué se veía “obligado” a vender las pizzas cada vez más caras para “protegerse”. Y es que en materia de precios, particularmente en contextos especulativos como el que vivimos, la falta de criterio amplio, la ambición, la costumbre, el miedo o todo a la vez, sumado a la miopía y las peligrosas recomendaciones de los “expertos”, lleva a nuestros comerciantes y productores a emprender una carrera alcista de precios, que puede que en lo inmediato les reporte ganancias extraordinarias, pero a la larga les hará incurrir inevitablemente en pérdidas.”

Apelando a leyes neoliberales absurdas (que muchas veces ni siquiera conoce, sino que considera correctas por ser las leyes del capital privado), el empresario venezolano cava la tumba de su propio negocio a través de la irracional elevación cotidiana de precios, cada vez más convencido de que el responsable del descalabro que al día siguiente encuentra en la economía es el gobierno.

Las tesis del capitalismo que acusan a las regulaciones del Estado de frenar el desarrollo de la economía, surgen de la exacerbación irracional de ese instinto de autodefensa que es tan importante para el capital privado. En la medida en que se exacerba esa preservación a ultranza del carácter privado de la propiedad, se generan las tensiones sociales que a la larga se convierten en la “interminable lucha de clases” de la que hablaba Carlos Marx. De ahí que el modelo sobre el cual tendrá que asentarse una economía para ser capaz de alcanzar los niveles ideales de bienestar a los que aspira toda sociedad, no podrá ser jamás el capitalismo.

Sus propias leyes lo demuestran. La Ley de la Oferta y la Demanda, por ejemplo, columna vertebral del capitalismo, es sin lugar a dudas la más irrefutable prueba del fracaso y la inviabilidad del modelo capitalista basado en el libre mercado. Por donde se le mire, su formulación teórica es todo un dechado de incongruencias e inexactitudes que en ningún sistema económico podrían llevarse jamás a cabo en la forma eficaz en que lo promete.

En primer lugar, porque una ley que para ser cumplida requiere de la agudización perpetua de la confrontación entre los distintos sectores de la sociedad (la ley de la oferta y la demanda dicta que el precio de cada producto surge de la pugna entre el productor por incrementar su ganancia y el deseo del comprador por pagar siempre la menor suma por ese producto), no puede ser, por ningún respecto, una ley conveniente para ninguna economía. Bajo ese aborrecible principio, la confrontación entre los dos más importantes actores sociales de toda nación está condenada a ser eterna.

En segundo término, porque el único resultado posible de esa absurda confrontación a la larga es un modelo en el que el consumidor, si quiere comprar algo a buen precio, deberá conformarse con adquirir el producto que nadie quiera comprar. Es decir, aquel que por ser muy poco demandado podría gozar todavía de buen precio.

De esa manera se termina llegando al escenario de guerra en el que la gente no compra movida por la publicidad o por el prestigio de la marca sino por la necesidad, lo que acaba con el propio concepto neoliberal de la “libre competencia”, que a la larga determina la calidad de los productos, según rezan sus propias leyes, y termina por arruinar la poderosa industria publicitaria sobre la cual se sostiene el capitalismo y de la que viven los medios de comunicación, entre muchas otras empresas, como las productoras de comerciales para la televisión por ejemplo.

Sobre esto concluye acertadamente Salas: “La paradoja keynesiana de los agregados nos ayuda a comprender esto: y es que si en un contexto determinado un actor económico sube los precios puede, en efecto, obtener ganancias extraordinarias. Pero si todos lo hacen se genera el efecto contrario. Y solo podrá ganar la carrera alcista aquel que es más fuerte, por lo general la transnacional hiperconcentrada o monopólica. Pero además, como el único en este contexto que no puede ajustar el precio de su mercancía es el trabajador que vende su fuerza de trabajo y a cambio recibe un salario (que es el precio de su trabajo, que ni fija ni mucho menos puede variar a voluntad), termina resultando que al reducirse su poder adquisitivo por el alza de los precios relativos, forzosamente el trabajador asalariado a la hora de consumir se vuelve más selectivo y disminuye, reorienta o simplemente suspende la compra de determinados bienes y servicios, lo que se traduce en una caída de las ventas que empieza por afectar a aquellos que son vendedores o prestadores de bienes o servicios no esenciales o de los cuales más fácil se puede prescindir. La respuesta automática de los comerciantes y productores ante esta situación, suele ser subir aún más los precios buscando “protegerse”. Pero está claro que por esta vía lo único que se logra es profundizar aún más la tendencia regresiva, que es exactamente lo que está pasando en este momento en nuestro país.”

Como en el viejo merengue dominicano, los empresarios venezolanos son los barbarazos que están acabando con todo. Solo que para ellos es más fácil echarle la culpa al gobierno.

@SoyAranguibel

Curcio: Lo que algunos no dicen

Por: Pasqualina Curcio

Hay quienes, con ligereza, responsabilizan al gobierno, y sobre todo al modelo bolivariano, de la inflación y de la escasez que estamos padeciendo los venezolanos.

Discurre su discurso en una supuesta “crisis humanitaria” que está siendo causada por un gobierno que controla los “mercados”; que no entrega divisas a las empresas privadas para importar alimentos y medicamentos. Un modelo, que imprime e imprime billetes, que según ellos, es la causa de la inflación.

Jamás mencionan al Dolartoday. Mucho menos su incidencia sobre los precios internos de la economía y la inflación. Ni hablar de la falta de argumentos rigurosos y demostrables que les permitan explicar la variación de 2.931.044% de este tipo de cambio ilegal desde 2012. Olvidan decir que las grandes transnacionales de los alimentos, medicamentos, productos de higiene, repuestos para vehículos y maquinarias, incluso las aerolíneas, han recibido, de parte del Estado y a tasa preferencial, 389.062 millones de dólares entre 1999 y 2014.

No se pasean por la posibilidad de que estas empresas traigan sus capitales, busquen sus propias divisas, soliciten préstamos, así como hacen en cualquier país que no tiene petróleo. Tampoco mencionan que, desde 2012, estas transnacionales no han reportado pérdidas operativas en sus informes anuales.

Evitan decir que alimentos y medicamentos que no se encuentran en los establecimientos formales, los tienen los bachaqueros. Que alguien los produce, alguien los importa, y alguien también altera los canales de distribución y los desvía a los mercados ilegales. No precisan que la distribución de estos bienes la tienen los monopolios privados.

Pasan por alto que en 5 años los pequeños productores han abastecido de frutas, legumbres, vegetales, mientras que las grandes corporaciones, con incuestionable capacidad financiera, no lo han hecho y tienen a todos sus clientes haciendo largas colas en las puertas de los establecimientos.

No existe, para ellos, la noticia de la formalización de las sanciones económicas contra el pueblo venezolano, por parte de Donald Trump. No mencionan que nos tienen bloqueados los recursos financieros para importar alimentos y medicamentos, que no nos permiten emitir los pagos de la deuda, que los países y las empresas están siendo presionados para que no nos vendan esos bienes.

En fin, no han denunciado, ni rechazado las criminales agresiones económicas contra el pueblo de Venezuela.

Pasqualina Pasqualina Curcio

Balbas: ¿Cómo se vive en un país, que no es Cuba, sancionado por U.S.A.?

Por: Nazareth Balbás

Estas son solo algunas de las consecuencias del bloqueo económico que sufren hoy los ciudadanos en la República Bolivariana de Venezuela en su vida diaria:

– Falta de alimentos.
– Escasez de medicinas.
– Limitación severa del dinero efectivo.
– Hiperinflación inducida y desbandada especulativa.
– Deterioro de su calidad de vida.
– La idea recurrente de irse del país.

¿Cuáles son las causas de esta terrible situación?

Los taxistas de Caracas, la capital venezolana hace tiempo que no saben qué es un pago en efectivo porque nadie tiene tanto dinero en el bolsillo para pagar una carrera corta: puede costar 100.000 bolívares, o lo que es lo mismo, los billetes reunidos después de 10 días de visita al cajero automático (ATM) para retirar el monto máximo de 10.000 bolívares diarios. “Mire, mándeme primero el comprobante de transferencia al WhatsApp y después la busco”, dice un taxista caraqueño por teléfono celular a su potencial cliente.

Los kioscos, puestos de buhoneros y hasta los vendedores callejeros de chicha (popular bebida venezolana a base de arroz o pasta) aceptan transferencias bancarias o tarjetas de débito para transar productos que, hace 2 o 3 años, podían comprarse fácilmente con el remanente de la cartera, con un ‘sencillo’, como se dice en la República Bolivariana de Venezuela. La historia se repite a mayor o menor escala en todo el comercio.

La crisis económica que atraviesa el país suramericano se palpa en todas partes: anaqueles vacíos, carros desvencijados, farmacias sin dotación, tiendas con escasísimos inventarios, precios trepidantes. En la calle, las culpas se reparten al mayoreo, casi siempre al gobierno nacional y, en menor medida, a la oposición. Sin embargo, poca gente habla del responsable silencioso y externo que ha impuesto sanciones severas al país bajo el argumento de que solo afectarían a “funcionarios corruptos” del gobierno del Presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros. Pero, ¿En realidad es así?

La “ayuda” del imperio yanqui

En 2015, el decreto del ex Presidente gringo Barack Husein Obama, que calificó al país de “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de U.S.A., sentó un precedente de política frontal contra la República Bolivariana de Venezuela que ha sido continuado por Donald Trump en la Casa Blanca de Washington.

Después de ese decreto empezó la inclusión de funcionarios venezolanos de alto nivel -incluido el Presidente Nicolás Maduro- en listas de negras y grises del Gobierno gringo e instituciones multilaterales con el objetivo de sentar las bases para un “bloqueo” financiero. ¿El mecanismo? Usar esos datos como medida de coerción a las empresas internacionales para obligarles a rescindir o no firmar contratos de ningún tipo con la República Bolivariana de Venezuela.

La acción de Washington contó con el respaldo de la oposición venezolana y de sus líderes, en especial del diputado opositor Julio Borges, quien emprendió una gira internacional que lo llevó a reunirse con el mismísimo vicepresidente de U.S.A., Mike Pence, para solicitarle sanciones y el aislamiento total de la economía venezolana. La acción del líder del antichavismo incluyó el envío de 14 cartas a organismos financieros para pedirles que no prestaran dinero a Caracas, aunque la crisis económica empezaba a agravarse.

Esa acción de contra patria de Julio Borges, desató la debacle de las finanzas del país petrolero. A los correos de las instituciones públicas empezaron a llegar notificaciones de la cancelación unilateral de contratos de corresponsalía bancaria e interrupción de las operaciones en bancos internacionales, los ‘peros’ de carácter legal y administrativos de empresas internacionales para retrasar o impedir el pago de membresías a organismos multilaterales, así como el “bloqueo de activos financieros”.

Un informe del Ministerio de Finanzas venezolano, al que tuvo acceso RT, revela que hoy día persisten las limitaciones y negativas para transacciones financieras de bancos internacionales desde y hacia la República Bolivariana de Venezuela, que son frecuentes las demoras en operaciones, y que el exceso de rigor en la documentación y millonarios incrementos de costos por servicios de intermediación están a la orden del día.

El cierre del cerco

El 14/04/2016, la banca internacional comunicó a las instituciones venezolanas que tenían prohibido hacerles pagos en dólares, a menos que mantuvieran cuentas en los grandes bancos de U.S.A.

El banco alemán Commerzbank fue el primero en cerrar las cuentas que tenían los principales bancos venezolanos del Estado: el Banco de Desarrollo (BANDES); Banco de Venezuela (universal) y Banco del Tesoro (fiduciario), así como las de Petróleos de Venezuela (PDVSA).

El 10/07/2016, la medida fue imitada por el Citibank, que cesó de manera unilateral el servicio de corresponsalía y solo dejó activas las cuentas utilizadas para pagos del servicio de Deuda que se tienen con la Oficina Nacional del Tesoro de U.S.A., una decisión que ha restringido severamente la capacidad de la República Bolivariana de Venezuela de hacer pagos en la divisa gringa.

Para ensombrecer la situación, el 27/08/2016 el portugués Novo Banco notificó a la República Bolivariana de Venezuela que no podría realizar operaciones en dólares por presiones externas de los bancos corresponsales.

Así como la sencilla operación de pagar un taxi con billetes en Caracas es casi imposible para la mayoría de los venezolanos, la opción de que la República Bolivariana de Venezuela haga sus compras con normalidad o cumpla con sus acreedores a tiempo resulta inimaginable. Las sanciones limitan no solo la capacidad de la respuesta del país en el exterior, sino que afectan severamente la calidad de vida de los venezolanos porque impiden al gobierno nacional adquirir alimentos, medicinas o materias primas para cubrir su consumo interno.

Amenaza a aliados

Si en 2016, el imperio yanqui se dedicó a cercar a la República Bolivariana de Venezuela en el exterior con sus acciones unilaterales, el gobierno del “chiflado” Donald Trump en 2017 arreció la estrategia con medidas destinadas a presionar a los aliados de Caracas.

Las regulaciones del Departamento del Tesoro de U.S.A. y las presiones del Gobierno de Panamá hicieron que el Bank of China (BOC), con sede en el país centroamericano, informara el 01/08/2017, que no podría hacer ninguna operación en divisas a BANDES o a favor de la República Bolivariana de Venezuela.

Esas mismas restricciones impidieron la concreción de transacciones entre bancos venezolanos y rusos en agosto del año pasado. Tiempo después, Caracas intentó hacer un retiro de sus cuentas colectoras en el Banco de Desarrollo de China, pero la corresponsalía del banco en Nueva York no procesó la operación porque se encontraba en “revisión” y tardó más de tres semanas en hacerla efectiva.

En octubre de 2017, el Deutsche Bank cerró las cuentas de corresponsalía del banco Citic Bank de China por haber tramitado pagos a PDVSA, la industria que genera más del 90% de las divisas que recibe Venezuela.

Asfixia a PDVSA

Aunque el tono diplomático entre Caracas y Washington siempre ha sido cáustico, hasta la llegada de Donald Trump la posibilidad de que U.S.A. atacara frontalmente a la economía venezolana parecía lejana. No obstante, el 20/08/2017 ese umbral se cruzó: el presidente gringo restringió la transabilidad de los bonos de la República y de PDVSA en los mercados internacionales.

La medida tenía como claro propósito, impedir que el Gobierno venezolano recurriera a la petrolera para obtener liquidez y así paralizar las negociaciones que había adelantado el país con instituciones financieras para buscar alternativas de crédito. La decisión de la Casa Blanca se tomó justo después de que Nicolás Maduro lograra el triunfo electoral sobre la oposición con el proceso del 30/07/2017, con la Asamblea Nacional Constituyente.

El argumento de Washington para justificar la asfixia financiera a PDVSA, en un momento en que los precios del petróleo empezaban a recuperarse, era que la “dictadura” de Nicolás Maduro privaba a los venezolanos de “alimentos y medicinas” y por eso el gobierno de Donald Trump prefería aplicar medidas “cuidadosamente calibradas para privar” al Gobierno venezolano “de una fuente fundamental de financiamiento” y “evitar ser cómplice de la corrupción en la República Bolivariana de Venezuela y del empobrecimiento de su población; y permitir la asistencia con fines humanitarios”. En ese comunicado, retórica de por medio, U.S.A. admitía abiertamente que iba a impedirle a Venezuela usar sus propios recursos y después, claro, pretendía ofrecerle un “rescate”.

Garrote y zanahoria

El ataque a PDVSA por parte de U.S.A. ocurrió casi a la par con una movida de Euroclear, la empresa encargada de custodiar los bonos de la República. El 25/08/2917, esa firma decidió retener más de 1.200 millones de dólares de la República Bolivariana de Venezuela, sin permitir la movilización de esos activos, para afectar la disponibilidad de recursos a Caracas. ¿La razón? Presiones de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) gringa.

“El Departamento del Tesoro de la administración de Donald Trump le ha dicho a todas estas instituciones, que son una manera de dictadura del sistema capitalista mundial, que busquen la forma de ahogar a Venezuela”, denunció el 28/12/2017, Jorge Rodríguez, Ministro de Comunicación venezolano. El Presidente Constitucional Nicolás Maduro calificó la acción de Euroclear como un “secuestro”.

¿Cómo afecta a los venezolanos?

Importaciones de materias primas como torta de soya, indispensable para la elaboración de alimento balanceado para animales, se han paralizado en los últimos meses con el único argumento de que han sido realizadas por la República Bolivariana de Venezuela. Las sanciones de U.S.A. han sido efectivas en infundir temor a los empresarios que desean vender algún producto al país.

El miedo tiene asidero, pues entre el 15/12/2017 y el 28/12/2017, 29.700.000 de dólares fueron paralizados por bancos en Europa porque eran destinados al pago a proveedores de alimentos. A finales de 2017 también se devolvieron 23 operaciones, que sumaban 39.000.000 de dólares, porque los bancos intermediarios no querían recibir recursos de la República Bolivariana de Venezuela. Por su parte, el banco gringo J.P. Morgan, retuvo 28.100.000 de dólares que serían destinados a pagar un buque con alimentos.

El resultado está a la vista: las largas filas en la República Bolivariana de Venezuela para conseguir los productos de la cesta básica son cada vez más largas y las alternativas para llenar la despensa más inaccesible; los rubros de la canasta se expenden a precios especulativos, basados en el “dólar paralelo” de Dólar Today que se transa un 700% por encima de la tasa oficial DICOM.

El panorama en materia de salud no es más alentador. La empresa Euroclear ha retenido más de 1.300 millones de dólares, de los cuales 450.000.000 de dólares eran para el pago de alimentos y otros 40.000.000 de dólares para medicamentos.

En el caso particular de la importación de insulina, ha sido imposible para la República Bolivariana de Venezuela cumplir el cronograma de pago porque el banco gringo Citibank se niega a recibir fondos de Venezuela. La situación se repite en el deporte, con la negativa de los bancos de procesar dinero proveniente del país para los atletas de su selección nacional; en la agricultura, al imposibilitar la compra de semillas para el plan de siembra; y, en resumidas cuentas, se traduce en la inestabilidad financiera de la nación: si el país no puede honrar a tiempo sus compromisos por trabas del sistema bancario, incurre en un impago inducido.

Por ejemplo, el 05/11/2017, la República Bolivariana de Venezuela hizo una transferencia de 27.600.000e dólares al Citibank para pagar un bono de una de sus empresas públicas, pero la operación se hizo efectiva una semana después: un retraso del banco que implicó la declaración de ‘impago’ a pesar de que el dinero estaba allí.

Como el mercado es implacable, aunque la demora en el pago de ese bono haya sido por causas imputables a la institución financiera y no a la nación, la banca no pierde: la acción termina por castigar a la República Bolivariana de Venezuela con el aumento del riesgo país y el incremento de las tasas de interés para que sea inviable pedir financiamiento.

La promesa de la Casa Blanca gringa “de aislar económicamente” a Nicolás Maduro se ha cumplido a cabalidad. “No nos quedaremos quietos mientras Venezuela se desmorona”, reza el comunicado del 28/08/2017, en el que Washington asegura que su único deseo es que en el país se celebren “elecciones libres y justas”. Lo curioso es que minutos después que el gobierno anunciara los comicios presidenciales para el próximo 22/04/2018, el ‘Tío Sam’ fue el primero en oponerse con una clara amenaza: “Continuaremos presionando al régimen”.

Los venezolanos saben de qué habla el imperio yanqui cuando amenaza con ejercer más “presiones” porque son los primeros en sufrir las consecuencias del bloqueo financiero:

– La falta de alimentos.
– La escasez de medicinas.
– El deterioro de su calidad de vida.
– La desbandada especulativa.
– La idea recurrente de irse del país.

En fin, hasta el taxista, que no puede comprar los repuestos para su vehículo porque ya no le alcanza el dinero o ni siquiera los consigue, sabe lo que se avecina. Lo sabe aunque su nombre no figure ni por error en las ‘selectas’ listas de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) gringa.

Nazareth Balbás.jpg Nazareth Balbás

Invasión: El fabuloso videogame de los escuálidos

Por: Alberto Aranguibel B.

“Tropecé de nuevo con la misma piedra”
Julio Iglesias

Ningún otro reconocimiento da por sentado de manera tan categórica el arrasador triunfo que obtendrá el candidato de la revolución bolivariana en la elección presidencial prevista para antes de finalizar el mes de abril en Venezuela, como el desespero de la derecha nacional e internacional porque esa elección no se lleve a cabo.

Un meme en particular, viralizado esta semana en las redes sociales por la oposición, da cuenta de ese desespero, con el llamado que le hacen al jefe del imperio norteamericano para que invada el país cuanto antes, otorgándole por ese medio a los marines una autorización “en nombre de todos los venezolanos” para que ejecuten en nuestro suelo la devastación que tengan a bien esos soldados extranjeros en nombre de la libertad que los escuálidos tanto añoran.

“Presidente Trump; Toda Venezuela lo autoriza para una intervención militar contra el narcorégimen”, dice el candoroso texto opositor, firmado con la consabida etiqueta #SOSvenezuela, más o menos en el mismo tono en el que los presidentes más ultraderechistas del Constinente, Juan Manuel Santos y Mauricio Macri, expresan también su convicción de que el próximo presidente de Venezuela seguirá siendo el actual líder de la revolución, Nicolás Maduro Moros, cuando desconocen de manera tajante los resultados de una elección que todavía no tiene ni siquiera fecha programada.

Acostumbrados como están a hablar en primera persona del plural para dárselas de multitudinarios, asumen cándidamente que su “nosotros” es todo el mundo. Razón por la cual la soledad del cuartico en el que se encierran a escribir su aporte digital a la lucha contrarrevolucionaria no les agobia para nada.

La “mayoría” de la que siempre hablan en sus posts es tan virtual como la realidad que perciben a través de la misma pantalla que los conecta al mundo que creen conocer y dominar a plenitud, pero que en la práctica no es sino el fabuloso escenario que el procesador de cada computador sea capaz de recrear.

En la vida real no son capaces de demostrar jamás esa cacareada mayoría. Por eso están convencidos de que una invasión es lo único que puede “salvarlos”.

Para ellos una invasión es solo un nuevo “nivel” en el gran video juego de la vida donde los distintos escenarios son siempre el territorio enemigo que el jugador tiene la obligación de liberar, usando para ello como arma el teclado (o joystic, según sea el caso), cuya facultad más fascinante es su capacidad de convertirse indistintamente en espada, pistola, metralleta o cañón, con solo pulsar un botón.

En la lógica de esa “realidad” el jugador, por muy genocida que sea, siempre es el bueno. De ahí que nunca muere. Cuando, por alguna rara circunstancia o descuido, llegara a caer en el combate, el programa activa la prodigiosa facultad de revivirlo al instante para que continúe con su heroica lucha por la liberación del territorio oprimido.

Por eso para el escuálido promedio, habituados como sector de mayor poder adquisitivo de la sociedad a esa fantástica lógica del video juego que desde hace más de un cuarto de siglo inunda la vida de la sociedad en el mundo entero, la invasión norteamericana por la que claman es solo un asunto de coser y cantar.

“Compren enlatados y tengan siempre los celulares a la mano”, dicen en tono de alerta sus instructivos de guerra digitales, con un lenguaje que combina el más correcto lineamiento de la planificación estratégica (que la empresa privada conoce y domina a la perfección) con el imaginario opositor de lo que, según ellos, debe ser el arte del apresto militar para la batalla. Para todo buen escuálido una invasión será siempre un evento fastuoso que podrá ser presenciado en vivo y en directo desde la poltrona o el sofá de su casa, a través de la señal satelital de CNN que han logrado captar invirtiendo solo unos pocos de sus muchos dólares en ampliar su ancho de banda, y contando con la animación de alguno de sus animadores favoritos; Fernando del Rincón, Nitu Pérez Osuna o Jaime Bailey.

Pero no hay muchas latas para escoger, porque su inefable liderazgo vendepatria se ha dedicado a gestionar por el mundo el bloqueo del cual es hoy víctima nuestra economía. Eso, por supuesto, no lo incluyen en su ficción.

La estúpida idea de que los marines norteamericanos poseerían alguna sorprendente capacidad para identificar a las personas a través de alguna mirilla digitalizadora que les permita establecer si el sujeto que tienen enfrente de su fusil se llama Diosdado Cabello y no Lorenzo Mendoza o Julio Borges; o discernir si el vehículo al que le están apuntando el lanzagranadas es el de Darío Vivas y no el de algún buen vecino de La Lagunita Country Club, no es sino una pueril y fantasiosa ilusión que los escuálidos se han construido a partir de su ingenua lectura de los códigos que el imperio ha sembrado en la mente de esos sectores desideologizados de la sociedad durante décadas de contenido mediático alienante y embrutecedor.

La fábula del rico que se salva del genocidio que de manera indefectible llevan a cabo las tropas gringas a lo largo y ancho del planeta, existe solamente en el cine norteamericano y en la pueril mente del escuálido promedio venezolano que hoy apuesta a la extinción del chavismo bajo el devastador fuego del ejército gringo.

Por absurdo que parezca, son esos escuálidos los mismos que luego de dos décadas negando la culpabilidad de los EEUU en las dificultades económicas del país, celebran hoy extasiados que todo cuanto dijo la Revolución Bolivariana durante casi un cuarto de siglo acerca de las perversas acciones de los Estados Unidos contra nuestra economía y nuestro derecho a la libre determinación era absolutamente cierto.

Según ha declarado esta semana el Secretario de Estado del imperio en entrevista con la periodista María Molina de Radio Colombia, “La campaña de presión está funcionando. Las sanciones financieras que hemos impuesto al Gobierno venezolano lo han obligado a comenzar a caer en default, tanto en deuda soberana como de PDVSA, su compañía petrolera. Y lo que estamos viendo es un colapso económico total en Venezuela. Entonces nuestra política funciona, nuestra estrategia funciona…”

Reconoce pues el imperio abiertamente que lo que está haciendo padecer al pueblo venezolano la penuria más inclemente y cruel que jamás hayamos conocido, no es de ninguna manera el resultado de alguna mala política del gobierno del presidente Nicolás Maduro, como ellos dicen, sino el efecto de un criminal estrangulamiento económico impuesto por los Estados Unidos contra nuestro país.

Es decir, que las políticas del Gobierno del presidente Nicolás Maduro para mitigar el impacto de esa injusta guerra, han sido las correctas. Y que lo que ha salvado al país de una desoladora acción intervencionista armada ha sido precisamente la extraordinaria capacidad de liderazgo puesta en evidencia por el Primer Mandatario en la consolidación de una poderosa fuerza revolucionaria que sirva de barrera impenetrable a esa pretensión invasora por parte de la más sanguinaria y cruel potencia de la historia.

Algo solo posible por el elevado nivel de conciencia y de compromiso patrio de la gran mayoría de los venezolanos que hoy apuestan al fortalecimiento y consolidación de nuestro avanzado modelo democrático, participativo y protagónico, en el marco del escenario de paz por el que tanto ha luchado el presidente de las victorias, Nicolás Maduro.

Esta vez, con la reelección del primer presidente chavista de nuestra historia, el pueblo venezolano le dará una nueva lección de verdad irrefutable al mundo.

Los escuálidos, con su recurrente fantasía del invasor bueno y sus delirantes campañas de internautas desatinados, quedarán reducidos una vez más al precario e intangible ámbito de sus videojuegos de efímera ilusión.

@SoyAranguibel

Aranguibel: Con el acuerdo en el diálogo no triunfan ni el Gobierno ni la oposición; triunfa Venezuela.

Caracas.- El Constituyente y analista político venezolano, Alberto Aranguibel, sostuvo hoy en entrevista realizada a minutos de conocerse la noticia del acuerdo inminente al que se ha llegado en las conversaciones del diálogo que se llevan a cabo desde hace algunos meses en la República Dominicana, que le corresponde a todas y todos los venezolanos celebrar el arribo a este tan esperado momento, porque aquí no ha ganado ningún sector en particular, refiriéndose al gobierno y a la oposición, sino toda Venezuela.

La declaración la hizo en el marco de una entrevista en el programa Perspectivas, emitido en línea a través de la web por el portal informativo Noticias24.

Ayer fui a la Iglesia

Por: Alberto Aranguibel B.

(26 de diciembre de 2017)

Estaba abarrotada de fieles que apretujaban entre sus manos las cuentas de sus rosarios como tratando de extraerles aunque fuera un pedacito de la gloria que el Cristo redentor promete.

A escasos metros, frente a la imagen del Sagrado Corazón, estaba el miserable que apenas ayer pretendió que le pagara medio kilo de queso al triple del precio en que me lo había vendido dos días antes.

Cerca de él, como si no se conocieran, el dueño del supermercado que vive remarcando precios a toda hora sin justificación alguna, suplicándole también al Altísimo, hincado de rodillas.

A un lado, medio oculto por los pendones de la natividad, el sinvergüenza que bachaquea a domicilio los productos de Mercal, que logra obtener con el Carnet de la Patria y que luego revende a diez veces su precio.

Casi frente al altar, como a punto de estallar en llanto por la emoción de ver tan de cerca la Virgen de la Coromoto, la cretina que estafa a la gente vendiendo los puestos en las colas, so pena de meterle cuatro puñaladas a quien no le pague.

Minutos antes de iniciada la misa chateaban por el celular maldiciendo a Maduro y pidiendo la muerte para los chavistas mediante el más cruel método posible.

Pero al empezar a hablar el cura, se concentraron junto a sus familiares en el piadoso ritual que conmemora el nacimiento del Niño Dios.

Solo con verlos se percibía cómo se remontaban a lo que debió haber sido el suplicio de José y María recorriendo los desiertos en búsqueda de alojamiento para dar a luz, porque la respiración se les entrecortaba y los ojos se les aguaban.

Les conmovía hasta el dolor que Dios viniera al mundo sobre la paja de un granero inhóspito, rodeado de animales y embarrado en estiércol.

Gemían de dolor imaginando el sufrimiento de aquella pobre gente y se abrazaban con la mayor fuerza entre los suyos cuando el cura indicó que había que darse la Paz en señal de expiación definitiva de los pecados.

Al salir, secaron sus lágrimas, saludaron con humildad a la feligresía que caminaba junto a ellos, retomaron sus celulares y ordenaron a sus empleados, que habían dejado en el puesto de buhonero, en la panadería, en la cauchera, en la ferretería, en el abasto y en la quesera, mientras ellos acudían a escuchar la palabra salvadora de Cristo, que subieran los precios de todo.

Me importa un coño quien haya nacido”, les decían a sus “empleados” a gritos.

@SoyAranguibel

Ramonet: Las 12 victorias del Presidente Maduro en 2017

Por: Ignacio Ramonet

Para empezar, hay que recordar que el Presidente Nicolás Maduro es el mandatario más injustamente acosado, calumniado y agredido de la historia de Venezuela. Más aún que el propio comandante Hugo Chávez, fundador de la Revolución Bolivariana…Sacar como sea a Nicolás Maduro del palacio de Miraflores ha sido y es el objetivo enfermizo de la oposición reaccionaria interna y de sus poderosos aliados internacionales comenzando por el gobierno de los Estados Unidos de América.

Apenas empezó el año 2017, los ataques contra el Presidente arrancaron de inmediato. La primera agresión vino de la Asamblea Nacional, controlada por la contrarrevolución, que decidió, el 9 de enero,« desconocer » al Presidente. Y acusó a Nicolás Maduro de haber « abandonado su cargo ». Algo falso y absurdo.Ante esa tentativa de golpe de estado constitucional -inspirado en el modelo de golpe parlamentario que derrocó a Dilma Rousseff en Brasil en 2016-, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) intervino para señalar que, en virtud de la Constitución, la Asamblea Nacional no puede destituir al jefe de Estado, directamente elegido por el pueblo.

Por su parte, el Presidente respondió a esa tentativa de golpe organizando, el 14 de enero, unas masivas maniobras cívico-militares denominadas « Ejercicio de acción integral antimperialista Zamora 200 ». Se movilizaron unos 600.000 efectivos entre militares, milicianos y militantes de los movimientos sociales. Y ofreció de ese modo una imponente demostración de la unidad de las fuerzas armadas, el Gobierno, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y las masas populares. Esa fue la primera victoria de 2017.

Envalentonada por la elección, en Estados Unidos, de Donald Trump -candidato de la derecha suprematista que tomó posesión de su cargo en Washington el 20 de enero…-, la oposición venezolana trató de intimidar al Gobierno madurista con una gran marcha en Caracas el 23 de enero, fecha de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958. Pero ahí también fracasó de manera patética. Entre otras razones, porque el Presidente Maduro respondió organizando, ese mismo día, el traslado popular de los restos de Fabricio Ojeda, líder revolucionario del derrocamiento de Pérez Jiménez, al Panteón Nacional. Al llamado del mandatario, acudieron en masa centenares de miles de caraqueños que llenaron las avenidas de la capital. Y se pudo ver netamente cómo el chavismo popular domina las calles, mientras que la oposición exhibía sus divisiones y su escualidez extrema. Esa fue la segunda victoria del Presidente Maduro.

Poco después se produjo la intervención del Tribunal Supremo, el cual subrayó que la Asamblea Nacional se halla en situación de « desacato » desde 2016. En efecto, como se recordará, en las elecciones legislativas del 6 de diciembre de 2015, se denunciaron fraudes en el estado Amazonas. Fraudes demostrados por grabaciones en las cuales la secretaria de la gobernación del estado ofrecía sumas de dinero a grupos de electores para votar por los candidatos opositores. En consecuencia,el TSJ suspendió a esos diputados. Pero la Asamblea Nacional persistió en juramentarlos. Porque la suma de esos tres asambleístas suplementarios le hubiera conferido a la oposición una mayoría absoluta cualificada (dos tercera partes de los diputados) y el poder de derogar leyes orgánicas y de limitar la acción del propio Presidente.

Las tensiones entre un Parlamento y un Tribunal Supremo son relativamente frecuentes en todas las grandes democracias.En Europa por ejemplo, cuando surge un conflicto constitucional entre poderes, es habitual que el Tribunal Supremo asuma competencias del Parlamento. Y en Estados Unidos, hasta un presidente tan esotérico como Donald Trump ha tenido que acatar las decisiones recientes de la Corte Suprema.

Pero, en Caracas, la contrarrevolución utilizó ese debate para relanzar una campaña internacional sobre la pretendida « ausencia de democracia en Venezuela ». Con la complicidad de la nueva Administración estadounidense, montó una colosal operación de linchamiento mediático mundial contra Nicolás Maduro. Movilizando a los principales medios dominantes de comunicación: desde CNN y Fox News hasta la BBC de Londres, más los medios principales de América Latina y del Caribe, y los más influyentes diarios globales, pilares de la hegemonía comunicacional conservadora, así como las redes sociales.

Al mismo tiempo, la derecha venezolana maniobró con la intención de internacionalizar el conflicto interno trasladándolo al seno de la Organización de Estados Americanos (OEA), «ministerio de las colonias de Estados Unidos» según Che Guevara. Obedeciendo a consignas del nuevo gobierno de Donald Trump y con el apoyo de varios regímenes conservadores de América Latina, Luis Almagro, secretario general de la OEA, asumió entonces el miserable rol de liderar esa maniobra reclamando la aplicación de la Carta Democrática contra Venezuela.

Pero Caracas contraatacó al momento, y consiguió la solidaridad diplomática de la mayoría de los Estados latinoamericanos y caribeños. A pesar de los deshonestos ardides y de los falsos argumentos del Secretario General de la OEA, Venezuela jamás pudo ser puesta en minoría. Venció de manera irrefutable. Y los enemigos de la Revolución Bolivariana, entre ellos Washington, se rompieron los dientes contra la sólida estrategia imaginada por el Presidente Maduro, basada en la realidad de los hechos, la honestidad política y la ética. Finalmente, en abril, Caracas decidió retirarse de la OEA, acusando a esa organización de «acciones intrusivas contra la soberanía de Venezuela». Con imaginación y audacia, en ese complejo escenario internacional, Nicolás Maduro consiguió así su tercera gran victoria de 2017.

Entretanto, las tensiones aumentaron en Caracas cuando, el 29 de marzo, la Sala Constitucional del TSJ declaró que “mientras persista la situación de desacato y de invalidez de las actuaciones de la Asamblea Nacional, esta Sala Constitucional garantizará que las competencias parlamentarias sean ejercidas directamente por esta Sala o por el órgano que ella disponga, para velar por el Estado de Derecho”. Anteriormente, el TSJ ya había señalado también que la inmunidad parlamentaria de los diputados «sólo se ampara durante el ejercicio de sus funciones», lo cual no era el caso al hallarse la Asamblea Nacional « en desacato ».

La oposición antichavista puso el grito en el cielo. Y con la ayuda, una vez más, de las fuerzas conservadoras internacionales pasó a propulsar un plan sedicioso contrarrevolucionario. Empezó entonces la larga y trágica «crisis de las guarimbas». Durante cuatro interminables meses –de abril a julio- la contrarrevolución lanzó la más desesperada y brutal ofensiva bélica contra el Gobierno bolivariano. Financiadas en dólares por la derecha internacional, las fuerzas antichavistas –lideradas por Primero Justicia y Voluntad Popular, dos organizaciones de extrema derecha- no dudaron en utilizar a paramilitares, a agentes terroristas y a mercenarios del crimen organizado en un despliegue de tácticas irregulares simultáneas, así como a una élite de expertos en guerra psicológica y propaganda “democrática”. Con la finalidad patológica de derrocar a Nicolás Maduro.

Ebrias de violencia, las hordas ‘guarimberas’ se abalanzaron al asalto de la democracia venezolana. Atacaron, incendiaron y destruyeron hospitales, centros de salud, guarderías, escuelas, liceos, maternidades, almacenes de alimentos y de medicinas, oficinas gubernamentales, cientos de negocios privados, estaciones de metro, autobuses, mobiliario público… Mientras multiplicaban las barricadas en las urbanizaciones burguesas que controlaban.

Los violentos, arrojando decenas de cócteles molotov, se cebaron particularmente contra los efectivos de los cuerpos de seguridad. Cinco uniformados fueron asesinados a tiros. Por otra parte, muchos ‘guarimberos’ dieron muestra de un terrible salvajismo cuando tensaron finos cables de acero en las vías públicas para degollar a motociclistas… O cuando, rebosantes de odio y de racismo, quemaron vivos a jóvenes chavistas. Veintinueve en total, de los cuales fallecieron nueve. Resultado: ciento veintiuna personas asesinadas, miles de heridos y pérdidas millonarias.

Durante esos cuatro meses de arrebato contrarrevolucionario, la oposición también llamó a atacar bases militares, y trató de empujar a las fuerzas armadas a marchar contra el Gobierno legítimo y a asaltar el Palacio presidencial. La extrema derecha golpista lo intentó todo para generar una guerra civil, fracturar la unión cívico-militar, y destruir la democracia venezolana.

Al mismo tiempo, a escala internacional, seguía la frenética campaña mediática presentando a los que incendiaban hospitales, asesinaban a inocentes, destruían escuelas y quemaban a gente viva, como «héroes de la libertad». Era el mundo al revés, el de la ‘post-verdad’ y de los ‘hechos alternativos’.

No fue fácil resistir a tanto terror, a tanta agresión, y controlar el orden público con una visión de autoridad democrática, de proporcionalidad y de respeto a los derechos humanos. El presidente Nicolás Maduro, constitucional y legítimo, lo consiguió. Y logró hallar lo que parecía imposible: la salida del laberinto de la violencia. Con una idea genial, que nadie esperaba. Y que descolocó y desconcertó a la oposición: volver al poder constituyente originario.

El pretexto del terrorismo ‘guarimbero’ residía, en efecto, en el desacuerdo entre dos legitimidades: la del Tribunal Supremo de Justicia y la de la Asamblea Nacional. Ninguna de las dos instituciones quería dar su brazo a torcer. ¿Cómo salir del impase? Basándose en los artículos 347, 348 y 349 de la Constitución chavista de 1999, y apelando a su estatus de Jefe del Estado y de árbitro máximo, el Presidente Maduro decidió reactivar un proceso popular constituyente. Era el único modo de hallar, por la vía del diálogo político y de la palabra, un acuerdo con la oposición. Y de regular el conflicto histórico, para idear soluciones a los problemas del país. Lo pensó muy bien y esperó el momento adecuado. Hasta que, el 1° de mayo, se dieron todas las condiciones. Ese día, el Presidente anunció que la elección de los delegados a la Asamblea Constituyente se efectuaría el 30 de julio. Era la única opción para la paz.
Pero, de nuevo, confirmando su desesperante torpeza política, la oposición rechazó la mano tendida. Entre vítores de la prensa mundial, como parte de la campaña brutal e inclemente contra la Revolución Bolivariana, los partidos opositores acordaron no participar… Y se dedicaron, al contrario, a sabotear las elecciones, a impedir el acceso al sufragio, a poner barricadas, a quemar urnas y a amenazar a quienes deseaban ejercer su derecho a elegir.

Fracasaron. Fueron incapaces de impedir que, el 30 de julio, la gente saliera masivamente a apostar por la democracia contra la violencia y el terror. Más de ocho millones y medio de ciudadanos acudieron a votar. Venciendo toda suerte de obstáculos. Afrontando paramilitares y ‘guarimberos’. Franqueando calles bloqueadas. Cruzando arroyos y ríos. Haciendo lo imposible para cumplir con su deber cívico, político, ético, moral… Superando las amenazas de adentro y de afuera.

Pocos esperaban tan alto grado de movilización popular, esa afluencia de votantes y el rotundo éxito electoral. Al día siguiente, como lo había vaticinado el Presidente, las ‘guarimbas’ se dispersaban. La violencia se desvanecía. La paz volvía a reinar. Con sutileza, paciencia, coraje y decisión, y una fina inteligencia estratégica, el Presidente Maduro logró de ese modo derrotar a las ‘guarimbas’ y abortar la evidente intentona golpista. Se plantó con firmeza frente a las amenazas, y lo hizo sin alterar lo sustancial de su política. Esa fue su victoria más espectacular del año 2017.

«La llegada de la Constituyente -comentó Nicolás Maduro- significó, sin lugar a dudas, la llegada de un clima de paz que permitió impulsar la ofensiva política de la Revolución Bolivariana.» Y esa ofensiva favoreció lo que muchos creían imposible: otras dos sensacionales y rotundas victorias electorales. La de los gobernadores de los estados, el 15 de octubre, con la conquista de 19 gobernaturas sobre 23 posibles… Entre ellas, la de Miranda y la de Lara, dos estados cuya política social estaba casi en extinción en manos de la oposición. Y más tarde el triunfo en Zulia, un estado estratégico, de gran peso demográfico y poseedor de importantes yacimientos de petróleo y gas.

Asimismo, la Revolución Bolivariana ganó las elecciones municipales del 10 de diciembre, con la obtención de 308 alcaldías sobre 335, o sea el 93% de los municipios… El chavismo se impuso en 22 (de 24) ciudades capitales, incluyendo Caracas. Mientras que la contrarrevolución confirmaba su impopularidad con un descenso en picada de sus electores, perdiendo más de 2 millones 100 mil votos.

Mostrando al mundo la vitalidad de su sistema democrático, Venezuela fue el único país que organizó, en 2017, tres grandes elecciones nacionales… La tres ganadas por el chavismo. Mientras la derecha, desmoralizada por tantos desastres sucesivos, quedaba atomizada, desunida, groggy… Sus líderes enfrentados. Sus seguidores aturdidos. Aunque conservó el apoyo de sus protectores internacionales. En particular el del más agresivo de ellos : el nuevo presidente Donald Trump de Estados Unidos.

A lo largo de 2017 -en continuidad a la orden ejecutiva del 8 de marzo de 2015, firmada por Barack Obama, en la que se declaró a Venezuela “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad de EE.UU.”-, Donald Trump emitió una lista de sanciones contra la Revolución Bolivariana.

En particular, el 11 de agosto, amenazó con una acción militar. Hablando a periodistas en su campo de golf de New Jersey, Trump dijo: « Tenemos muchas opciones para Venezuela, incluyendo una posible opción militar, si es necesario.» Luego, el 25 de agosto, en el marco del bloqueo financiero contra Caracas, Trump prohibió que “cualquier persona, entidad, empresa o asociación, legalmente radicada o que realice actividades en Estados Unidos, pueda efectuar negocios con nuevos bonos de deuda que sean emitidos por cualquier instancia del Gobierno venezolano, a saber, bonos de la República emitidos por el Banco Central venezolano o la empresa estatal Pdvsa”.

Esas sanciones apuestan a que Venezuela caiga en default (impago de su deuda externa) porque le cierran al Estado y a Pdvsa las puertas de los mercados financieros asociados a EE.UU. Impidiéndole ofrecer allí bonos, y poder obtener divisas.
Ya Lawrence Eagleburger, ex-Secretario de Estado del presidente George W. Bush, había reconocido abiertamente, en una entrevista a Fox News, que la guerra económica contra Venezuela había sido efectivamente diseñada en Washington: « Debemos usar las herramientas económicas–afirmó el ex-Secretario de Estado– para hacer que la economía venezolana empeore, de tal manera que la influencia del chavismo en el país y en la región se vaya a pique (…) Todo lo que podamos hacer para que la economía venezolana se hunda en una situación difícil, está bien hecho.» El actual secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, confirmó oficialmente que las nuevas sanciones tienen por objetivo «estrangular a Venezuela».
Frente a tan insolentes agresiones, Nicolás Maduro declaró que el default «nunca llegará». Primero porque Venezuela es el país suramericano que más ha pagado su deuda. En los últimos cuatro años, Caracas canceló unos 74 mil millones de dólares…Y porque el gobierno bolivariano “siempre tendrá una estrategia clara” enfilada hacia la renegociación y reestructuración de la deuda externa. El mandatario denunció que lo que buscan los enemigos del chavismo es aislar financieramente a la Revolución Bolivariana hasta que no tenga posibilidades de crédito. Para ir ahogándola poco a poco. Quieren generar temor en los inversores privados, para que no compren bonos, no participen en la renegociación de la deuda y no haya inversión. Nicolás Maduro explicó que más allá de un bloqueo, lo que enfrenta Venezuela es una auténtica «persecución» en la que también participan países como Canadá y los de la Unión Europea. Una persecución activa al comercio, a las cuentas bancarias y a los movimientos financieros.

Pero el mandatario supo esquivar esos ataques. Y sorprendió,una vez más, a sus adversarios cuando anunció, el 3 de noviembre, la creación de una Comisión para consolidar el refinanciamiento y la reestructuración de la deuda externa, con el propósito de superar las agresiones financieras. «Vamos a hacer un reformateo completo de los pagos externos para lograr el equilibrio –declaró- Vamos a romper los esquemas internacionales.» Y así fue. Unos días más tarde, desafiando el bloqueo financiero, y como parte del primer acercamiento para la renegociación y reestructuración planteada por el Presidente, llegaba a Caracas, a reunirse con el Gobierno bolivariano, un grupo de tenedores de deuda venezolana procedentes de Estados Unidos, Panamá, Reino Unido, Portugal, Colombia, Chile, Argentina, Japón y Alemania. Lo cual constituyó una indudable victoria para el Presidente Maduro.

Aquí conviene precisar que el conflicto de cuarta generación contra la Revolución Bolivariana tiene varios frentes e incluye de manera simultánea y continuada cuatro guerras : 1) una guerra insurreccional diseñada por expertos en subversión, saboteo y psicología de masas, con empleo de mercenarios, explosión cíclica de ‘guarimbas’ criminales y ataques terroristas contra cuarteles, objetivos militares e infraestructuras globales (red eléctrica, refinerías, distribución del agua, etc.); 2) una guerra mediática, con la prensa, la radio, la televisión y las redes sociales convertidas en nuevos ejércitos de conquista mediante el empleo planificado de la propaganda orientada a domesticar las mentes y a seducir los corazones ; 3) una guerra diplomática con acoso en algunos foros internacionales, en particular en la OEA, y ataques de los países del llamado “grupo de Lima” a los que se suman regularmente los Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea ; y 4) una guerra económica y financiera con acaparamiento y desabastecimiento de los alimentos y de los medicamentos, manipulación del tipo de cambio de la moneda por oficinas ilegales, inflación inducida, bloqueo bancario y distorsión del riesgo país.

A propósito del riesgo país, no hay que olvidar que, en los últimos cuatro años, como ya se dijo,Caracas honró todos sus compromisos de pago de deuda, sin excepción, por más de 74.000 millones de dólares. Lo cual debería haber hecho disminuir drásticamente el riesgo país. Pues no se corre ningún riesgo prestándole a Venezuela ya que paga religiosamente todas sus deudas. Sin embargo, el riesgo país ha seguido aumentando.

Actualmente, según el banco JP Morgan, su riesgo país se sitúa en 4.820 puntos, o sea treinta y ocho veces más alto que el de Chile, país que tiene el mismo ratio de deuda/PIB que Venezuela… Se le hace pagar así, muy caro, a Caracas por haber optado, democráticamente, por un sistema político socialista.

En cuanto al bloqueo bancario, a lo largo de 2017, y en particular después de las sanciones de Donald Trump, las cancelaciones unilaterales de contratos se multiplicaron. En julio, por ejemplo, el agente de pago Delaware informó que su banco corresponsal, el PNC Bank de Estados Unidos, se negaba a recibir fondos procedentes de Pdvsa. En agosto, Novo Banco de Portugal notificó a Caracas la imposibilidad de realizar operaciones en dólares por bloqueo de los bancos estadounidenses intermediarios. Más tarde, el Bank of China Frankfurt, aliado de Caracas, tampoco pudo pagar 15 millones de dólares adeudados por Venezuela a la empresa minera canadiense Gold Reserve. En noviembre, más de 39 millones de dólares -por pago de 23 operaciones de compra de alimentos para las fiestas navideñas- fueron devueltos a Caracas porque los bancos intermediarios de los proveedores no aceptaron dinero de Venezuel.

Por otra parte, a principios de septiembre, se conoció que la empresa financiera Euroclear, filial del banco estadounidense JP Morgan, bloqueó un pago de 1.200 millones de dólares efectuado por el gobierno bolivariano para adquirir medicamentos y alimentos. Eso impidió la adquisición de 300.000 dosis de insulina… Al mismo tiempo, un laboratorio colombiano, perteneciente al grupo sueco BSN Medical, se negó a aceptar el pago por Venezuela de un cargamento de primaquina, medicamento para el tratamiento del paludismo y la malaria.

El objetivo de todos estos bloqueos es impedir que el Gobierno bolivariano pueda utilizar sus recursos para adquirir los alimentos y los medicamentos que necesita la población. Todo ello con la intención de empujar a la genta a la protesta y de generar caos en el sistema de salud, poniendo en peligro la vida de miles de enfermos.

En este caso, gracias a sus relaciones internacionales, el Presidente concretó, en noviembre, la llegada urgente al país de importantes cargamentos de insulina procedentes de India. Centenares de pacientes, en peligro de muerte, pudieron salvar su vida. Lo cual, sin duda, constituyó una nueva victoria de Nicolás Maduro.

Para quebrar el bloqueo financiero, el Presidente anunció, en noviembre, otra iniciativa: la creación de una moneda digital, el petro. Ese anuncio despertó un fuerte entusiasmo en la comunidad de inversores de las criptomonedas, colocó a Venezuela en la vanguardia de la tecnología y las finanzas globales, y generó enormes expectativas. Tanto más cuanto que el precio del petro no estará vinculado a los caprichos y a la especulación de los mercados, sino que se asociará al valor internacional de activos reales como el oro, el gas, el diamante y el petróleo. Venezuela dio así un paso enorme para poseer un mecanismo revolucionario de financiamiento al que ninguna potencia extranjera podrá imponer sanciones, ni boicotear la llegada de capitales. En ese sentido, el petro es una clara victoria más del Presidente Maduro.

Hay que añadir que, en medio de todas estas batallas, y a pesar del quiebre total del modelo de dependencia petrolera, el Presidente se preocupó muy particularmente de que el socialismo bolivariano no se detuviese y que a nadie le faltase escuela, trabajo, techo, cuidados médicos, ingresos, alimentos… El Gobierno revolucionario no dejó de financiar obras públicas fundamentales. Ni de edificar viviendas : en 2017, se entregaron más de 570 mil viviendas… Se mantuvo la Misión Barrio Adentro y todas las Misiones sociales. Se consolidó el Plan Siembra. Se extendió la Misión Abastecimiento Soberano. Se multiplicaron las Ferias del Campo Soberano… Se hizo de tripas corazón y en medio de tantos tormentos, el Presidente Maduro consiguió un milagro social de salvación del país. La contrarrevolución no pudo detener el avance del socialismo.

En esa perspectiva, los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), modelo centralizado de distribución directa, continuaron desarrollándose en todo el país y ya alcanzan a cuatro millones de venezolanos de los sectores populares a los que protegen del desabastecimiento causado por la guerra económica.

Además, el Presidente Maduro lanzó, a lo largo de 2017, nuevas iniciativas sociales. La más espectacular fue la del Carnet de la Patria, nuevo documento de identificación que permite conocer, mediante un sistema de códigos QR, el estatus socioeconómico de los ciudadanos. Y favorece de ese modo el acceso de las familias necesitadas a las ayudas sociales de las misiones socialistas. A fines de diciembre de 2017, un total de 16 millones y medio de ciudadanos se habían registrado en el Carnet de la Patria.

El Presidente impulsó también la creación del movimiento ‘Somos Venezuela’ con la finalidad de agilizar el proceso de asignación de las ayudas sociales. Los doscientos mil brigadistas de ‘Somos Venezuela’ tienen por tarea la identificación, casa por casa, de las necesidades de las familias registradas. Después, asignan las ayudas a las familias de acuerdo a las verdaderas necesidades. Otro de los objetivos importantes del movimiento ‘Somos Venezuela’ es garantizar el 100% de pensionados en todo el país, como lo prometió Nicolás Maduro.

El Presidente propuso también el plan ‘Chamba Juvenil’ dirigido a los jóvenes de entre 15 y 35 años de edad, con el propósito de incorporarlos al empleo en áreas orientadas a la satisfacción de necesidades humanas identificadas a través del Carnet de la Patria, y enmarcado en el movimiento ‘Somos Venezuela’. El plan se dirige, en particular, a los jóvenes universitarios desocupados, los jóvenes no escolarizados, las madres solteras con carga familiar, y los jóvenes en situación de calle. Se estima que este nuevo Plan generará unos 800 mil empleos.

Todos estos avances sociales constituyeron, sin ninguna duda, algunas de las más preciadas victorias del Presidente Maduro en 2017.

Podríamos citar también los éxitos obtenidos en el campo de la política extranjera, en particular la extraordinaria gira internacional del mandatario, en octubre, por Bielorrusia, Argelia, Rusia y Turquía que culminó con importantes acuerdos bilaterales destinados a ganarle la batalla a la guerra económica y social. O las incesantes negociaciones mantenidas por el Presidente con los países productores de petróleo (OPEP y no-OPEP) que permitieron, en 2017, un espectacular incremento de los precios del barril en más de un 23%.

Citar igualmente la gran ofensiva contra la corrupción iniciada, por fin, en noviembre con el anuncio de varias decenas de detenciones espectaculares entre los altos mandos gerenciales y directivos de Pdvsa y de Citgo, incluyendo dirigentes de primera línea. Nada parecido había ocurrido en cien años de industria petrolera venezolana. Esta fue sin duda la victoria más comentada del Presidente Maduro a finales de 2017.

Para terminar, hay que volver a señalar que la destrucción de la imagen de Nicolás Maduro es la finalidad principal de las campañas mundiales de propaganda pilotadas por las grandes corporaciones de la comunicación. Sin olvidar la permanente guerra digital en la esfera de Internet mediante múltiples plataformas en la Web, y las redes sociales como Facebook, Twitter, WhatsApp, Youtube, Instagram, etc. Todas estas armas de manipulación masiva tratan de degradar la figura del Presidente y manipularla realidad venezolana. Invisibilizan el nivel de respaldo real de amplios sectores de la población hacia el mandatario, y ocultan las violencias de la oposición. El objetivo es político: doblegar a la Venezuela bolivariana, actor clave del sistema-mundo, no sólo por sus cuantiosas riquezas sino, sobre todo, por su modelo revolucionario y social. Y obviamente por su importancia geopolítica en tanto que potencia anti-imperialista de influencia regional.

Hasta ahora, todos esos planes para defenestrar a Nicolás Maduro han fracasado. Como él mismo afirmó: «El imperialismo no ha podido asfixiarnos, ni podrá contra la Revolución Bolivariana en ninguno de los campos que nos busque.» Al contrario, el Presidente se ha fortalecido en 2017.

Eso le ha permitido retomar la iniciativa estratégica para la pacificación del país. Preocupado por la defensa de los grandes intereses nacionales, y apegado a los principios de honestidad y de máxima humildad, Nicolás Maduro le ha propuesto a la oposición sentarse a la mesa de negociación y retomar el diálogo. Esta vez en el escenario neutro de Santo Domingo. Sobre la base del respeto y del reconocimiento mutuo. Con la idea de restablecer una negociación nacional permanente como método democrático para defender el interés superior de la nación y para regular el conflicto que surge naturalmente de las diferencias políticas en medio de una revolución. Semejante avance hacia la paz ha sido quizás la victoria más apreciada del Presidente.

En este año heroico de brutales ataques e infinitas agresiones, el chavismo ha demostrado su fortaleza y su capacidad de superación. Y ha conseguido ampliar su base de apoyo, incrementando las fuerzas políticas y sociales en favor de la revolución. Ahí está, más sólido que nunca. Lo cual significa un alivio y una luminosa esperanza para toda América Latina. Mal que le pese a sus enemigos, el Presidente Nicolás Maduro ha confirmado –con sus doce brillantes victorias de 2017-que sigue siendo, como dicen sus admiradores, «indestructible».

ignacio-ramonet-595 Ignacio Ramonet

Crítica a la “autocrítica”

Por: Alberto Aranguibel B.

Después de casi un cuarto de siglo luchando para demostrarle al mundo entero que la revolución bolivariana es una realidad abrazada soberanamente por la inmensa mayoría de las venezolanas y los venezolanos, después de enfrentar las más cruentas arremetidas que proceso revolucionario alguno haya jamás enfrentado, por fin la oposición queda en evidencia como un conjunto de grupúsculos carcomidos por las ínfulas de una pequeña cantidad de dirigentes ineptos, mentirosos y manipuladores, tal como se ha dicho desde siempre desde el ámbito del chavismo.

Por fin la revolución tiene frente a sí un panorama provechoso para avanzar a mayor velocidad por encima de las campañas de difamación de la que ha sido víctima en esa lucha perpetua contra la derecha. La desintegración de esa atorrante oposición, producto de las bajas pasiones y la mediocridad que la explican, abre las puertas para la reunificación del país bajo el signo de la paz y la confianza que ahora puede inspirar el proceso bolivariano entre aquellos que fueron presa del engaño opositor durante tanto tiempo.

Pero justo en ese momento la esperada hora de zafarse de ese diabólico freno es desaprovechada por unos cuantos revolucionarios que deciden ocuparse en atacar el activo político con el cual el Presidente Maduro dio el más contundente y sagaz golpe a la derecha nacional e internacional, en el rescate de la gobernabilidad y la estabilidad política del país.

“¡Calladito te ves más bonito!”, le escribe por las redes sociales una compatriota a un Constituyente que por esa misma vía hizo un responsable llamado de atención acerca de la desmesura (por decir lo menos) de algunos comentarios vertidos en los últimos días desde las filas revolucionarias en contra de la Asamblea Nacional Constituyente y de sus integrantes, por la supuesta inacción de estos frente a la carrera inflacionaria que experimentan los precios de los productos de primera necesidad.

 “¡No escuchar al pueblo es un acto contrarrevolucionario de soberbia y de deslealtad a Chávez!”, sentencian otros que abonan sin precaución alguna el discurso subyacente en la destemplada campaña de descalificación que de esa manera se desata, según el cual los precios de los productos suben porque los Constituyentes no atienden al pueblo. Es decir; que no hay guerra alguna de las fuerzas capitalistas contra la Revolución; que los Constituyentes son unos burócratas que no tienen idea de lo que pasa en el país, que son tan inútiles como los diputados opositores, y que en virtud de ello toda maldición y todo insulto tendrían que ser aceptados en el más cerrado silencio.

La crítica y la autocrítica, como lo previsualizó Marx y lo desarrolló Lenín, son consustanciales a todo proceso revolucionario, porque es solo con el impulso de las ideas del colectivo (esencialmente desde las bases revolucionarias) como se genera la fuerza transformadora que va a derruir el viejo Estado para dar paso al que está por nacer bajo el signo de la participación y el protagonismo del pueblo.

En el capitalismo no existe la posibilidad de la revisión, salvo aquella que surge de la antojadiza y arbitraria necesidad o conveniencia del dueño de los medios de producción, porque la naturaleza privada del capital y la concepción elitesca del Estado burgués así lo determinan.

La crítica y la autocrítica revolucionaria son las fórmulas mediante las cuales se realiza de manera concreta la eliminación de la lucha de clases en la sociedad socialista, en virtud de la naturaleza colectiva de un modelo basado en el trabajo común del proletariado en la construcción de la Patria, y no en la búsqueda del bienestar económico a partir de las recurrentes crisis económicas que rigen la lógica explotadora del modelo capitalista.

No puede, pues, hablarse de la existencia de un proceso revolucionario si el mismo no está sustentado en un permanente sometimiento al juicio popular.

Pero los ataques de los que han (hemos) sido víctimas los Constituyentes distan mucho de ser ni siquiera medianamente una autocrítica revolucionaria.

En principio, porque dichos ataques no están desarrollados ni como crítica ni como autocrítica sino como reclamos, cuando mucho. Como quejas o como denuncias, quizás. Y eso es perfectamente válido. Pero en ningún caso (que hayamos visto nosotros, al menos) puede hablarse de un desarrollo argumentativo con el cual se refute la actuación o la propuesta política llevada adelante por la ANC, que permita el ejercicio de la confrontación o el debate de las ideas en la búsqueda del perfeccionamiento del proceso.

Se acusa por lo general (incluso en términos personales) más con el interés de condenar que de promover la búsqueda de soluciones a los problemas, partiendo de supuestos cuya veracidad o sentido lógico no se constata de ninguna manera, sino que se asumen como verdades absolutas que facultarían para sentenciar sin juicio alguno ni permitir derecho a la defensa por parte de los acusados.

Se sostiene desde esa particular apreciación de lo que debe ser la “autocrítica”, que a la misma no debe dársele respuesta alguna sino rendírsele acatamiento, sea cual sea el infundio que se profiera, sin importar si la misma se hace contra una instancia cuyo mérito fundamental es precisamente haber logrado contener el avance de las fuerzas enemigas que apenas hace tres meses estaban decididas a acabar de raíz con todo vestigio de revolución en Venezuela, incluyendo los beneficios sociales y las condiciones de bienestar económico del pueblo que esos “autocríticos” saben que solo en revolución son posibles y que por eso mismo la tarea más impostergable es la estabilización política y la paz de la República.

Todos, sin excepción (gracias a Dios son en realidad muy pocos), extraen descontextualizada la frase del Comandante Chávez que les sirve de licencia para su “autocrítica”, dejando por fuera la contundente acotación del líder de la Revolución respecto a la necesaria lealtad con la que la misma debe ejercerse.

En el inicio del llamado “Periodo Especial”, Fidel alertaba sobre los riesgos de una crítica y una “autocrítica” que equivocara el sentido correcto de la lucha revolucionaria, cuando decía: “Parece increíble que las escuelas estén abiertas en un pequeño país que ha perdido miles de millones de dólares en importaciones de productos, de materias primas y, especialmente, de combustibles […] Puedo asegurar que lo que hemos resistido nosotros no lo podría resistir ningún otro país, no lo habría podido resistir jamás un sistema capitalista […] Hemos tenido que tomar medidas, más medidas y muchas medidas, pero aquí está la Revolución cubana, no se ha derrumbado. Aquí está nuestro pueblo organizado. Hay orden en nuestro país; aquí están el partido, el Estado, la administración y los revolucionarios trabajando en una sola dirección, estrechamente unidos. Podrá haber problemas y dificultades, deficiencias y errores, pero no hay desorganización ni caos […] No ha llegado todavía la hora de hacer el análisis final, pero no hay duda de que si se quiere perfeccionar algo usted no puede empezar por destruirlo […] ¿Cómo se puede perfeccionar el socialismo destruyendo la autoridad y el prestigio del partido, cómo se puede perfeccionar el socialismo destruyendo la autoridad y el prestigio del Estado, cómo se puede perfeccionar el socialismo destruyendo el prestigio y la autoridad del gobierno, cómo se puede perfeccionar el socialismo destruyendo los valores esenciales del socialismo?” (*)

Hay que decirlo; no es por falta de Leyes o normas emanadas de la ANC que los precios se disparan por las nubes, sino por el reducido margen de acción que ha tenido el gobierno (producto de la ingobernabilidad y la anarquía desatadas por la oposición desde el ámbito político) para hacer avanzar el modelo socialista, que es lo único, como lo dijo Chávez, que le permite a la sociedad superar las injusticias del capitalismo.

A la ANC le tocará explicar debidamente, sin demagogia, con la mayor claridad y sin formatos panfletarios, cómo es que lo que ha estado haciendo en favor de las venezolanas y los venezolanos sí es importante. Sí es indispensable para recuperar el bienestar económico. Sí es impostergable para retomar la senda de la felicidad que el pueblo alcanzó por primera vez en la historia solamente a partir de la llegada de la Revolución bolivariana.

No es dividiendo a las fuerzas revolucionarias ni amenazando con regresar al neoliberalismo como se consolidan las revoluciones, sino con más socialismo.

Por eso, a pesar de las dificultades (que nadie ha negado o desatendido jamás en la ANC), y no porque sean asumidas como trofeos burocráticos para nadie, es que hay que ganar todas las elecciones que sean posibles.


(*) Comandante Fidel Castro / VIII Congreso de la FEEM / La Habana, 06-12-1991.

 

@SoyAranguibel

“El bienestar económico no se alcanza perfeccionando el capitalismo, sino profundizando el socialismo”

Alberto Aranguibel en el programa Boza con Valdes, transmitido el martes 24 de octubre de 2017 por Venezolana de Televisión.