¡Buena idea!

Por: Alberto Aranguibel B.

El desprecio a los pobres ha sido a través de la historia el rasgo definitorio por excelencia de los sectores pudientes de la sociedad. Despreciar al ser humano es en términos filosóficos la esencia misma del capitalismo, porque sin el odio la explotación del hombre por el hombre no sería viable, ni existiría el goce de la superioridad de una clase social sobre la otra.

De ahí que una buena burguesía va a ser siempre aquella que se regodee en el sufrimiento de los menesterosos y los necesitados. Porque de esa forma se materializa en lo cotidiano la ascendencia social y se justifica el valor del dinero acumulado a costa, por supuesto, del padecimiento y las limitaciones de aquellos que producen la riqueza de la que los ricos se apropian tan injustamente.

En la visión burguesa, el pobre no tiene ni derecho ni capacidad para pensar con mente propia acerca de lo que considera conveniente o no a sus intereses como ser humano, porque, según ella, las ideas son el germen de la alteración del orden natural del universo. Por eso la explicación que da la burguesía a las expresiones populares de cualquier naturaleza, es que éstas se producen cuando la gente es víctima del supuesto control ideológico que ejercen los “enemigos de la libertad”.

Se explica así que todos los voceros de la derecha, sin excepción, hagan hoy el ridículo acusando a Nicolás Maduro de ser el causante de las rebeliones populares que, unas veces como protestas otras veces como fenómenos electorales, le dicen a la repugnante burguesía latinoamericana que no quieren saber más de gobiernos de derecha en nuestra región.

Pero, no fue Maduro el que puso a los medios de comunicación a hablar día y noche de un presidente venezolano que, siguiendo los pasos de Fidel y de Chávez, se levantaba contra las transnacionales y contra el Fondo Monetario Internacional, luchando a brazo partido contra la violencia a la vez que reclamaba justicia e igualdad social para su pueblo. A Maduro nadie lo conocía en ninguno de esos países hasta hace apenas unos meses.

Fue el Grupo de Lima.

Fueron esos títeres del neoliberalismo quienes, acusando irresponsablemente a Maduro, les hicieron ver a sus pueblos con perfecta claridad que el hambre y la miseria que abunda en esos países, es producto de la voracidad de un imperio cruel e insaciable que solo busca saquear el Continente y que tiene a su servicio a un grupo de presidentes serviles que no escatiman esfuerzo represor contra sus propios pueblos para favorecer la sed de concentración de riqueza en las pocas manos de las clases más pudientes.

Lo que hicieron los pueblos fue decir… ¡Buena idea de la de Maduro!

@SoyAranguibel

Aranguibel en Contrapunto: La crisis de la oposición es culpa de su militancia

Contrapunto / Texto: José Gregorio Yepez

Contrapunto, 01/07/2019.- Es jueves 27 de junio, día del Periodista en Venezuela, y Alberto Aranguibel llega puntual a la cita para conversar sobre su visión como analista político sobre la coyuntura venezolana.

Saluda con formalidad y amabilidad y tras un breve intercambio de impresiones sobre la dinámica de la entrevista comenzamos la conversa.

Considera con vehemencia que es la “oposición de a pie” la responsable de los problemas que confronta este sector político, ya que escoge liderazgos que a su entender no son los adecuados.

– Las negociaciones necesitan por lo menos dos y la disposición a ceder… ¿En qué debe ceder el Gobierno para ayudar a destrancar el juego?

-Esos conceptos no están bien usados. La negociación es un concepto corporativo. No es negociación lo que debe haber. Lo ideal es que exista un escenario con base en las necesidades de cada sector, detectadas a partir del instrumental político adecuado. Pero cuando intervienen los medios se distorsiona el debate. Eso es lo que ha pasado. La derecha, apoyada sobre el peso de los medios, ha abandonado el trabajo de masas y ha posicionado la matriz de ser una mayoría que no ha podido demostrar.

-¿Qué hacer?

-Lo que se ha hecho. El llamado diálogo. Inclusión e igualdad social. Por eso se hicieron los Clap, por ejemplo, un programa único en el mundo; trabajar en fórmulas económicas para solventar las necesidades de la de gente; contrarrestar las presiones que desde el mundo capitalista nos acechan, etc. Las acciones del gobierno van en el sentido correcto.

¿La guerra económica no es solo una justificación?

-Este gobierno está asediado y está resistiendo. Ellos vienen diciendo que Maduro está caído y perdido desde que asumió el poder y no han podido con él. Entonces… ¿quien está perdiendo la pelea?

– ¿Qué pasa con Guaidó?

-Con Guaidó lo que se ha hecho es lo mismo que se hizo con los militares de Altamira: dejarlos que se cocinen en su propia salsa. A Guaidó hoy lo detestan sus seguidores más que a ningún otro de sus líderes. Hoy lo detractan desde la oposición y ha caído más que nunca. Se acabó Guaidó para siempre. Pero, la derecha jamás reconoce los errores en la escogencia de sus liderazgos.

-¿Entonces es la gente opositora de a pie es la responsable?

El problema de la oposición es la gente de a pie que no aprende de los engaños. Desecha los liderazgos que escoge, pero no aprende.

-Cómo generar un clima de confianza a los sectores que adversan al Gobierno.

Hay que buscar salir del discurso de consignas, de la arenga, y generar una lógica de la reflexión. A Chávez no se le alzaban porque su discurso era siempre una reflexión que llegaba muy profundo en la gente.

-¿Es Maduro el problema?

No. Definitivamente no.

-¿Qué pasa entonces?

Hay una falla en la pedagogía. Hay que retomar el espacio del ideario chavista socialista pero también de la reflexión en los valores de la democracia. Hay que trabajar el alma del sector opositor de pie para hacerle comprender que es víctima de un tragedia que se ha cernido sobre la sociedad con la distorsión permanente que se le inocula desde el medio de comunicación.

-¿Cual es la distorsión?

Los valores universales como la vida. La casi totalidad de la gente opositora de a pie cree que es un derecho matar guardias nacionales. Aún callados se lo dicen a sí mismos. Cuando ven que queman a alguien, dicen cosas como “bueno, y quien mandó a ese chavista a meterse ahí”.

-¿Cree que es así?

Esa alteración de toda la estructura de principios debe ser corregida y es responsabilidad del Estado hacerlo. No solo por chavistas sino porque es un deber del Estado. Desde la ANC trabajamos en ese sentido.

La visita Bachelet

¿Qué le aporta a la idea de conseguir una solución a la confrontación política que existe en el país la visita de Bachelet?

Sostengo desde hace tiempo que el problema más grave de Venezuela no es político ni económico sino comunicacional, porque de éste deriva el grueso de los demás problemas. Las distorsiones que hay en la realidad venezolana surgen fundamentalmente del medio de comunicación. El fenómeno Bachelet no escapa a esta realidad que describo. Lo que hemos visto en la tensión que hay al respecto es cómo cada factor busca colocarlo arbitrariamente a su favor.

¿Entonces no importa lo que la Alta Comisionada haya constatado o lo que coloque en su informe del 5 de julio?

La respuesta apunta a que a ninguno le interesa lo que constató sino cómo le saca provecho para su parcialidad política. Con lo cual es probable que el informe del 5 de julio será tratado de la misma forma.

¿Fue positiva o no?

La visita es positiva porque refuerza la democracia venezolana, que nadie niega que tiene sus problemas, pero es un país donde funciona su institucionalidad. Habla de la atención que el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas le da al país y, como prueba de ello, envía a sus funcionarios para que hagan un diagnóstico con la metodología correcta. Lo hace estableciendo contacto con el Estado venezolano, lo que confirma que no hay un Estado fallido, más allá de las diferencias que ciertamente existen y de la propaganda de la derecha venezolana e internacional. Es un avance; se reunió con todos los poderes públicos y con los sectores de la sociedad civil.

¿Y al debate qué le aporta?

Los intereses de los bandos en pugna son exactamente los mismos, solo que a partir de concepciones diametralmente distintas. Entre el gobierno y la oposición los conceptos de democracia, dictadura y libertad son totalmente opuestos y en ese territorio árido de desencuentro se necesita buscar elementos que favorezcan la sindéresis que ayude a encauzar el diálogo y el entendimiento.

¿La sola visita de Bachelet no evidencia un problema con el tema del respeto a los Derechos Humanos en el país?

No necesariamente. La idea del Gobierno fue traerla para demostrar que la oposición miente con la especie de que en Venezuela se violan los Derechos Humanos. Ella no convalidó su especie y se desmonta así lo que dice la oposición, que ahora la cuestiona y critica. Los factores internos y los internacionales, la derecha y el imperialismo, han tratado de posicionar al Consejo de derechos Humanos como una instancia punitiva y hay quienes lo entienden como una suerte de ente carcelario. Pero no es así. Eso habla de la precariedad del entendimiento de la derecha en el tema. La atribución de Alta Comisionada no es censurar ni condenar, es buscar ayudar en el tema.

Entre sus atribuciones está “verificar el cumplimiento de la normativa internacional en materia de derechos humanos” y queda una comisión de monitoreo de temas, entre ellos el de la tortura…

Ella no habló de que existía tortura, sino que se trabaja para prevenir casos de ese tenor. Por eso hablo de la necesidad de tener mucho cuidado con el lenguaje que debe usarse.

¿No existen problemas con los cuerpos de seguridad del Estado y el tratamiento a las personas. Problemas en la cárceles con los presos?

Parto de lo que tengo comprobado. Abogo por la verdad. Yo no tengo elementos para decir que aquí se tortura. Las cárceles son un infierno, es verdad, por eso hay que portarse bien.

Usted afirma que “el Consejo de Derechos Humanos de la ONU no tiene entre sus atribuciones la de calificar o certificar la legitimidad de los gobiernos”, así que la visita de la Alta comisionada no implica el reconocimiento de la legitimidad de Maduro.

Es verdad. No está entre sus atribuciones. Allí está la sobre dimensión de la visita. Para algunos lo que se declare hoy es una manera de prepararse usando los medios para tener una mejor posición en coyunturas futuras y así adelantarse a lo que pueda darse. Como analista político percibo que esa es la actitud de los bandos en pugna.

Fuente: Contrapunto

Semántica de un informe en apariencia ingenuo

Por: Alberto Aranguibel B.

El revuelo generado este viernes por las palabras de la Alta Comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michel Bachelet, tanto en las filas opositoras como entre el chavismo, da cuenta de una realidad política que cada día está más sujeta a la lógica mediática que a la racionalidad propiamente dicha.

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU no tiene entre sus atribuciones la de calificar o certificar la legitimidad de los gobiernos, sino la de verificar el cumplimiento de la normativa internacional en materia de derechos humanos. Por lo cual las declaraciones de la alta funcionaria al culminar su visita de tres días al país, no debían esperarse en modo alguno como un dictamen a favor o en contra de los intereses políticos ni del gobierno ni de la oposición.

En razón de la naturaleza eminentemente principista en que se concibe esa instancia multilateral, son los Estados quienes serán siempre objeto de todo aquel intercambio que se proponga dicho organismo en cada país, porque son ellos quienes expresan de manera formal y constitucional la legítima representatividad de sus pueblos y la soberanía de los mismos, y es a ellos a quienes se deben dirigir sus recomendaciones o eventuales observaciones en cuanto a la preservación efectiva de los derechos humanos.

El carácter punitivo con el que se le ha querido presentar en los últimos tiempos, tiene su origen en el interés del imperio norteamericano en usar esa instancia como un instrumento coercitivo más, al servicio de su pretendida dominación planetaria, tal como sucede, por ejemplo, con la Organización de Estados Americanos y otras instituciones multilaterales.

Pero su trabajo no es destituir ni ratificar gobiernos. Ni a sus integrantes o a sus aspirantes. Por eso la agenda que tuvo la expresidenta Bachelet en Venezuela se centró en reuniones de consulta con los representantes calificados de los distintos organismos y poderes del Estado, incluida la Asamblea Nacional que aún en desacato funciona en el país con la más entera libertad, así como algunos voceros de la denominada sociedad civil que en conjunto constituyen la estructura y la base social del Estado, a los cuales ella quiso acercarse en función del levantamiento de información que se propuso.

Se trataba de una visita de carácter institucional trabajada desde hace meses de manera conjunta con el gobierno bolivariano, que a tal efecto le extendió en 2018 una cordial invitación. Aquellos que esperaban de esa visita un punto de quiebre definitivo de la oposición o del gobierno, estaban, pues, completamente desubicados.

Sin embargo, es necesario revisar algunas expresiones vertidas por la alta comisionada en esta oportunidad.

Los informes que emanen de la instancia multilateral que ella representa, deben ser redactados con el mayor escrúpulo, porque, en principio, su deber es no excederse del carácter neutral al que está obligada por mandato de la carta fundacional de la Organización de Naciones Unidas, a la cual está adscrita la oficina que ella dirige, cuyo texto consagra el respeto de ese ente a la libre determinación de los pueblos como principio fundamental e inalienable de las naciones.

Y luego, porque con el uso ambiguo o incorrecto de los términos que se utilicen en una declaración oficial suya, además de comprometer la idoneidad de su cometido, puede dar lugar a confusiones o inexactitudes innecesarias e inconvenientes a los propios intereses de preservación de esos derechos humanos que le corresponde vigilar como alta comisionada.

No se trata nada más de asegurar esa imparcialidad con la sola preservación de la pulcritud que tiene que mantener en la enumeración o descripción de los hechos a los que se refiera un informe determinado. Hay otros aspectos que tienen que ser tomados en cuenta a la hora de su elaboración que, aún cuando su finalidad no sea la de fungir como sentencia condenatoria de ningún tipo, tendrá siempre un impacto importante para la convivencia, la paz y la gobernabilidad de una nación.

El orden y la sindéresis de las ideas juegan un papel que pudiera eventualmente llegar a ser todavía más decisivo en la labor que se propone. De ahí la importancia del dialogo por el que apuesta la mayoría de las venezolanas, los venezolanos, y el mundo entero, en la búsqueda de la paz y el bienestar de Venezuela.

La señora Bachelet reconoce en sus palabras los esfuerzos del gobierno venezolano en materia de derechos humanos, pero deja colar subrepticiamente en su discurso una serie de ideas implícitas (aquellas que no expresa sino que se infieren) que desdicen definitivamente de la objetividad que debe preservar. Y que, en el supuesto de no tratarse de un error en el manejo de la semántica diplomática, dejaría ver entonces una intencionalidad de no aparecer de buenas a primeras contraviniendo la matriz instalada por la mediática pro derechista internacional contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Es difícil entender como ingenuidad de parte de la Alta Comisionada la forma en que deja deslizar en sus palabras que la crisis económica tendría un origen interno (lo que sugeriría un error en las políticas del gobierno), cuando aplica tan cuidadosamente el término “preexistente” al hacer referencia a la gravedad de las sanciones unilaterales impuestas por los Estados Unidos contra nuestro país (“Me preocupa que las sanciones impuestas este año (en realidad desde el 2015 al menos, acoto yo) por estados Unidos sobre las exportacdiones de petróleo y el comercio de oro están excerbando y agravando la preexistente crisis económica”). Las sanciones, lo sabemos todas y todos los venezolanos, son solo la fase más reciente de un plan de guerra económica desatada por el imperio norteamericano contra nuestro país desde hace más de una década, acentuada progresivamente desde la partida física de nuestro comandante eterno Hugo Chávez Frías hasta el día de hoy, y agudizándose particularmente con la activación en EEUU del portal Dólar Today desde aquel entonces, destinado a atacar nuestra moneda y a quebrar con ello la economía venezolana.

Al afirmar tajantemente, por ejemplo, que “fue profundamente doloroso escuchar el anhelo de las víctimas y sus familliares por obtener justicia ante las graves (?) violaciones de derechos humanos”, adjetivando juiciosamente pero sin precisar quiénes son esos violadores de derechos humanos en medio de esta compleja coyuntura, da por sobreentendido que ese violador es el gobierno cuando en realidad es todo lo contrario. Más aún cuando esa torcida idea se refuerza con una invocación tan meticulosamente colocada como “Espero sinceramente que nuestrta evaluación, nuestra cooperación y nuestra asistencia ayude a reforzar la prevención de la tortura (?) y el acceso a la justicia (?) en Venezuela.” O con la larga lista de relatos de víctimas de violencia por razones políticas que enumera, en la que hace apenas una tímida sugerencia del atroz asesinato de Orlando Figuera, quemado vivo en el festín fascista de la oposición en la plaza Altamira, pero que la Alta Comisionada anota someramente sin mencionar tampoco quiénes fueron los autores de tan horrendo crimen.

Sí, es defintivamente un gran logro para todas y todos los venezolanos que tan digna representante de las Naciones Unidas haya accedido a venir a nuestro país. En primer lugar porque de esa forma podrán constatar irrefutablemente tanto ella como el mundo entero la falsedad de la grotesca especie inventada por la derecha en cuanto a la existencia de una dictadura en Venezuela. En segundo término, porque su sola presencia (y más allá de ella, la de la delegación que ha anunciado que permanecerá en el país durante algunos meses) constituye un insoslayable muro de contención a las pretensiones golpistas de la oposición y a la amenaza de invasión del imperio norteamericano.

Pero no es nada provechoso para el esfuerzo de conciliación y superación de la crisis que se propone, forzar la realidad con el uso de esa forma tan diplomática de distribución “equitativa” de las responsabilidades entre los actores políticos por igual, como si en eso consistiera el logro de la justicia y la paz definitiva a la que se aspira.

No es justo ni auspicioso que su misión se inicie haciendo afirmaciones y sugerencias ambiguas que solo contribuyen a las distorsiones que han propiciado tanto dolor y padecimiento al pueblo venezolano, y por cuya justicia clama y espera ese pueblo con paciencia y lealtad inquebrantable a su revolución y a su presidente constitucional Nicolás Maduro Moros.

@SoyAranguibel

 

 

 

 

 

 

¿Por qué hay xenofobia contra los venezolanos en Latinoamérica?

Por: Alberto Aranguibel B.

“El hombre no es razón pura, como creen la ciencia y el pensamiento ilustrado. Es razón pura, pero además es sin razón.”
Ernesto Sábato 

Un fenómeno tan complejo como el de la xenofobia que en tiempos recientes ha proliferado en Latinoamérica contra los venezolanos, no puede seguir siendo visto solamente como producto de los ataques políticos y mediáticos contra nuestro país en el continente.

Obviamente la campaña adelantada por factores interesados, empezando por la de la dirigencia opositora que de buenas a primeras se erigió en promotora del odio hacia los compatriotas que emprendían su viaje hacia el exterior (en particular Julio Borges, quien alarmaba desde hace ya varios años a la comunidad internacional con la amenaza que según él ese exilio representaba para los pueblos del mundo) tiene sin lugar a dudas un carácter detonante en esa ola antivenezolanista.

Países con igual o mayor cantidad de emigrantes no son objeto de tal xenofobia, empezando por aquellos en los que el desprecio hacia los venezolanos es mucho más frecuente o intenso, principalmente porque no han sido víctimas de una campaña brutal de desprestigio como la que ha montado la derecha internacional contra nuestro país. La xenofobia es solo una de las facetas del terrible daño que le ha causado al pueblo venezolano esa guerra de estigmatización y fomento del odio en su contra.

Por supuesto que la presión y las acciones ejercidas desde el Departamento de Estado norteamericano en ese sentido, particularmente a través de su “brazo armado”, representado en esta confabulación antivenezolana por la OEA, así como por el Grupo de Lima, han sido mucho más que determinantes. Se trata de un descomunal plan perfectamente articulado por las fuerzas más oscuras del imperio y de la ultraderecha continental y mundial para destruir una de las más sólidas democracias del continente y asaltar así las ingentes riquezas que tiene bajo su territorio, con el claro objetivo de paliar de alguna manera la crisis terminal de un neoliberalismo agotado y sin posibilidades de sobrevivencia para el más inexorable mediano plazo.

Más allá de todo eso, existen sin embargo razones de tipo cultural asociadas a una noción de nacionalismo que en cada uno de esos países existe, que difieren de manera sustantiva de la idea que sobre ese mismo concepto tiene hoy el grueso de los emigrantes venezolanos, la mayoría de ellos opositores, que se sienten en la necesidad de abandonar su país en un momento determinado para probar fortuna en otras latitudes.

Siendo que casi todos los países suramericanos son de alguna manera sociedades signadas por el consumismo voraz que colocó a todas nuestras economías al servicio de aquella operación de saqueo mundial que los neoliberales denominaron eufemísticamente “globalización”, Venezuela terminó siendo, con mucho, el país que más se rindió a ese esquema de la economía de puertos que hace ya ocho décadas exigía el modelo consumista que se nos impuso desde los orígenes mismos del llamado rentismo petrolero.

Una pequeña pero muy elocuente muestra de ese comportamiento diferenciado en la cultura consumista dependiente pudiera ser lo que sucedía hace poco cuando Bolivia obligaba a recular al más grande emporio de comida rápida del mundo (MacDonald) en virtud de la incompatibilidad de su cocina con los sabores de la ancestral comida típica del altiplano, mientras que en Venezuela sectores de la clase media contrarrevolucionaria expresaban su repudio a la posibilidad de sustituir con yuca, el tubérculo más autóctono que se conoce en nuestro país desde mucho antes de la llegada de los conquistadores, las famosas papas fritas del payaso Ronald que la cadena de comida amenazó en algún momento con sacar de su oferta en el país.

Si algún proceso ha determinado el surgimiento de las fuerzas populares que emergieron con el principio del siglo XXI en la región suramericana, ha sido sin lugar a dudas el del retorno a la idea de naciones soberanas, que marcó el común de las causas sociales en el continente a lo largo de todo este periodo. Ese proceso, a todas luces contrario a la propuesta de naciones sin fronteras ni barreras que promueve el neoliberalismo, ha estado presente en nuestros pueblos desde mucho antes de la colonia, la mayor parte del tiempo de manera infructuosa, es verdad, en razón del peso que ejerció siempre la lógica capitalista de la dominación sobre nuestras sociedades.

En una fenomenal entrevista del entrañable Joaquín Soler Serrano en 1977, Ernesto Sábato se refiere a esta idea. “La parte más importante del hombre es irracional -decía- Estamos sufriendo en esta época las consecuencias de una filosofía estrictamente racionalista y tecnológica que ha llevado a la cosificación del hombre. Un hombre abstracto, que no existe en la realidad. El hombre debería tener siempre nombre y apellido. Lo que lleva a un tema de “nacionalidades” […] Yo estaba en París, en el año 1938, cuando la escisión del átomo de uranio. Y me aterró, filosóficamente hablando, porque empecé a comprender que la física iba a dominar el mundo y que la tecnología iba a arrasar con el hombre. Esto comenzó en el “renacimiento”, con la ciencia positiva. La ciencia positiva y la técnica, permitieron al hombre esta aventura prometeica; la conquista del mundo y la conquista de las cosas, el mundo natural. Pero a un precio paradójico y trágico. El hombre conquistó el mundo de las cosas, pero con un gran riesgo para su alma. Ha terminado por cosificarse. Él mismo se transformó en cosa […] Las sociedades primitivas, del África o la Polinesia, quizás tendrían lepra, que en definitiva es una enfermedad. Pero no tenían psicoanalistas. Y yo no sé qué es peor; si leprosos o alienados.”

Concluye Sábato: “…el hombre instintivamente siente que debe reaccionar contra el hombre generalizado y cosificado, y debe volver a ser lo que era. El hombre es el país. Y el país era su aldea. Hay que volver a eso, porque ese es el hombre verdadero. Con nombre y apellido. Que cuando no existe el pan le pide al vecino. El hombre que padece las tribulaciones de su comunidad.

Una percepción adelantada que se expresa hoy en el despertar de los movimientos sociales latinoamericanos que han marcado (con avances y retrocesos importantes, no hay que negarlo) la impronta política del inicio del siglo XXI en la región. De ahí que la reacción de la derecha mundial se haya concentrado con mayor furia contra la revolución bolivariana, de donde surge en gran medida la inspiración de esa búsqueda emancipadora.

Quienes emigran hoy, víctimas del engaño y el terror que promueve la guerra contra todo lo que tenga que ver con Venezuela, creen que más allá de nuestras fronteras el mundo es uno solo, próspero e indivisible, y que su país, por el solo hecho de ser una sociedad mayoritariamente revolucionaria, comete el equívoco de estar a espaldas de esa prodigiosa realidad universal y homogénea que el neoliberalismo les pinta.

Lo cierto es que, habiendo hoy en la mayoría de esos países gobiernos de derecha cuya vocación entreguista y de abierta sumisión al imperio es innegable, no por eso sus pueblos dejan de tener un sentido de pertenencia y de amor propio por aquello que les corresponde en cada caso como nación, tal como se ve no solo en Latinoamérica, sino en Europa, Asia y en el resto del mundo.

Es esa la idea de identidad nacional, de preservación de lo propio, que expresan (ciertamente sin la más mínima conciencia de clase, pero con mucha fuerza) los grupos que rechazan a esos venezolanos abandonados a su suerte en el exterior por sus propios líderes.

Algo completamente incomprensible para un sector de la sociedad venezolana que ha sido adoctrinado por su mediocre liderazgo en la lógica del desarraigo y del repudio a toda noción de identidad nacionalista, de soberanía e independencia, porque fue esa la conducta sumisa que exigió por décadas el puntofijismo, y que en gran medida alcanzó a revertir Chávez con su propuesta de socialismo bolivariano.

Es precisamente ese desafecto hacia lo nuestro entre nuestra propia población lo que más necesita lograr hoy el Departamento de Estado norteamericano para perforar la infranqueable barrera de contención que es esa gran mayoría cívico/militar cohesionada hoy en Venezuela en defensa de la Patria, y que cada día cohesiona y consolida más nuestro valiente presidente constitucional Nicolás Maduro Moros.

@SoyAranguibel

¡Allá va el narcoestado!

Por: Alberto Aranguibel B.

“Estados Unidos no combate en verdad el narcotráfico, sino que lo coordina”
Hugo Chávez

En el cine, la narrativa de la fascinación y el entretenimiento no ha sido jamás la figura fundamental del relato, sino que ha sido la narrativa (violenta, cruda o candorosa) la que ha estado en todo momento al servicio de ese propósito alienante que se ha trazado el imperio norteamericano para permear de una manera sutil y sugestiva entre la gente su dogma de la dominación a la que se considera predestinado.

El todo eso, el ser humano cumple una función de complemento necesario, que desempeña más el papel de “objetivo estratégico” para el capitalismo, que de “público” o de simple “espectador”, como lo presenta la industria cinematográfica para ocultar la barbarie mediática que hay detrás de la pantalla.

Siendo el ser humano el elemento central de esa narrativa, la intensiva promoción a través de la pantalla de hábitos de consumo con mayor potencial de masificación, como el cigarrillo o las bebidas alcohólicas, apareció entonces como una de las áreas de oportunidad más rentables para la economía norteamericana. Convertir a la sociedad en consumidora empedernida de esos vicios sin importar el daño que le causaban a la misma, venía a ser para el capitalismo una inestimable mina de oro, a la que se abocó por más de medio siglo de manera ininterrumpida a través de las más cuantiosas inversiones en publicidad (directa, subliminal o por emplazamiento) tanto del cigarrillo como del licor, en todas y cada una de las películas que se filmaron no solo en los Estados unidos sino en el mundo entero. La caja roja y blanca del cigarrillo Marlboro, no dejó nunca de aparecer en pantalla como el más infaltable y encantador paliativo de las angustias de toda índole para el ser humano, sin importar cuál fuese el tema o la historia que se narrara.

Pero, alcanzando ya el primer cuarto del siglo XXI, y después de más de siete décadas de la asfixiante presencia del cigarrillo convencional en el cine, ahora lo que fuma todo el mundo en pantalla es mariguana.

La mariguana es apenas una de las decenas de drogas que consume de manera masiva la casi totalidad de la población norteamericana en todos sus estratos, sin distingo de clase social, raza, credo u orientación sexual, convirtiéndose, principalmente gracias al cine, en el hábito más extendido en Norteamérica, país donde el consumo, ya sea por razones medicinales o simplemente recreativas, se ha legalizado en la casi totalidad de los cincuenta estados que lo integran, alcanzando la dudosa honra de poseer la más alta cifra de consumo de estupefacientes en el mundo, y elevando consecuencialmente el número de muertes por sobredosis en ese país por encima de las siete mil personas al mes, según ha reconocido el propio presidente Donald Trump.

¿Qué pasó entonces en esa sociedad, que desde hace tanto tiempo se jactó de perseguir implacable y sin contemplaciones como ninguna otra el tráfico y el consumo de estupefacientes, para convertirse en la más adicta al consumo de drogas en apenas tres o cuatro décadas?

Simplemente que hacía falta una nueva (y más segura y rentable) fuente de generación de riqueza que ayudara a paliar la caída de un modelo económico agotado, como lo es el capitalismo, cuya dependencia del férreo sistema bancario convencional (con controles cada vez más a la vista de los organismos del Estado, así como los crecientes pasivos fiscales y laborales que le obligan) ha terminado por hacer cada vez más inviable la creación de fórmulas alternativas de multiplicación para el capital. En sociedades cada vez más empobrecidas precisamente por efecto del explotador modelo capitalista, el consumo no es ya aquella fuente inagotable de dinero que fue en otros tiempos.

La lógica de la especulación bursátil (concebida por el capitalismo para abrirle espacio a las grandes corporaciones más allá de las limitadas posibilidades de expansión del capital que le ofrece el agotado modelo bancario existente) así como el exponencial incremento del rédito a través de figuras como la corrupción (ideada y practicada por la empresa privada como medio para elevar sus ganancias de forma súbita) o de los “paraísos fiscales” creados para satisfacer también a bajo costo la insaciabilidad de los sectores oligarcas, no fueron suficientes para responder a la dinámica depredadora que su modelo genera a partir de la filosofía de la acumulación que le es inherente.

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Para eso, nada mejor y más oportuno que la inmensa fortuna que es capaz de generar una poderosa industria como la del narcotráfico, basada en la precaria estructura de producción y la mano de obra barata de las redes delictivas que la conforman, usualmente asentada en territorios de vocación narco productora cuyas barreras legales y de soberanía cedan fácilmente al poder de la economía paralela que ella crea, como Afganistán y Colombia, por ejemplo, y que no necesita rendir cuentas a ningún sistema económico o financiero sino al dueño del ejército que la controle. Por eso el cine la promueve tanto.

Si además de ello, y en virtud del carácter altamente improbable que es para la sociedad determinar si lo que dicen los medios es cierto o es falso, existe la posibilidad de sembrar en la mente de la gente aquellas ideas que, asociadas a la satanización de la droga (tal como fue construido inicialmente el discurso antidrogas cuando su consumo era usado principalmente como excusa para la segregación contra los afroamericanos y los inmigrantes mexicanos) sirven para perseguir a los enemigos del capitalismo acusándoles de narcotraficantes según convenga en cada oportunidad a la estrategia de la dominación, entonces el negocio será todavía mucho más provechoso para el imperio.

Faltaría aquí mucho espacio para tratar la forma en que esa mediática al servicio del capitalismo estigmatizó de manera interesada y sin fundamentos científicos valederos a la mariguana para convertirla en falaz instrumento de segregación. Exactamente la misma manera en que esa mediática utiliza hoy su “cultura” anti drogas para acusar a los gobernantes de aquellas naciones que no se plieguen a los intereses del imperio, convirtiéndolas antojadizamente en narco Estados sin aportar, por supuesto, prueba alguna que sustente de manera consistente y comprobable la infame especie, sino apoyándose en la lógica de la imposición de matrices de opinión llevada a cabo por los medios.

Erigidos en jueces absolutos de la sociedad, los medios de comunicación no necesitan aportar pruebas de sus acusaciones contra nadie, precisamente porque su área primordial de experticia es el manejo de la realidad virtual, en la cual el rol de los actores sociales se asigna de acuerdo al gusto y la conveniencia del dueño del circo, en este caso el imperio norteamericano, que hoy necesita aparecer ante el mundo como el líder de una lucha antinarcóticos que en realidad lo que busca es elevar el precio de la droga en el mercado y saltarse el derecho internacional como le venga en gana.

Algo que tendría que ser inequívocamente contradictorio y hasta escandaloso en boca de la nación que más promueve y estimula el consumo y la legalización de las drogas que dice perseguir, pero que en el mundo en el que vivimos no causa ni la más mínima extrañeza gracias precisamente al embrutecedor trabajo de medios de comunicación que presentan a esa, la mayor potencia bélica del planeta, imponiéndose mediante el uso de las armas sobre países a los que diezma sin la menor conmiseración a la misma vez que pontifica por libertades y derechos que a nadie le respeta, pero por los cuales puede darse el tupé de perseguir y satanizar a su antojo a quienes en efecto sí luchan por la verdadera redención de los pueblos oprimidos del mundo.

Es el mundo que mira a un timador gritar en plena carrera por la calle ¡Allá va el ladrón! a sabiendas de que es toda una farsa para perderse entre el tumulto, y que en vez de obstaculizarlo de alguna forma le cede el paso para facilitar su fuga.

Hoy, en la guerra de difamación y de mentiras que el imperio norteamericano disemina contra Venezuela, lo que grita el ladrón es… ¡Allá va el narcoestado!, cuando el mundo sabe que en realidad el verdadero imperio de las drogas es ese que difunde falsedades a los cuatro vientos para acusar a otros de manera injusta y arbitraria.

Solo que esta vez quien se erige como una gran muralla en su camino es el aguerrido y valeroso pueblo venezolano que se le plantará siempre de frente a ese, y a cualquier otro imperio criminal, para gritarle con Chávez y Maduro…

¡NO PASARÁS!

@SoyAranguibel

Enmudecidos

– El presente artículo corresponde a la publicación semanal que hacemos en el diario Últimas Noticias, de Venezuela. Hoy, miércoles 24 de abril de 2019, su director, el entrañable amigo y maestro, Eleazar Díaz Rangel, ha fallecido a causa de una larga y penosa enfermedad contra la cual combatió con la misma gallardía y entereza que le caracterizó a lo largo de toda su vida como profesional íntegro y como revolucionario a carta cabal. Nos unimos al profundo pesar que embarga a sus familiares y allegados, así como a todo el pueblo venezolano, por tan irreparable pérdida. Paz a sus restos. –

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Por: Alberto Aranguibel B.

Están como apagaditos. Aletargados, taciturnos. Como enratonados de la pagana lujuria que se escenifica en los rituales que celebran eventos cósmicos que el ser humano no comprende, pero que igual festeja. Poco a poco se van aplacando sus decibeles en los lugares públicos. Tan silenciosos que casi ni se les escucha. Solo destilan por las redes sociales el odio visceral que les regocija. Pero ahora sin las ínfulas retrecheras de aquella que un día fue una gloriosa autojuramentación.

En los ojos se les nota la carraspera del espíritu, fañoso de tanto despotricar contra sus propios líderes y sus más conspicuos opinadores. Así ha sido siempre cada vez que se desata la furia intempestiva de su prepotente sed de poder, basada en el desprecio a la voluntad soberana del pueblo que se expresa en las urnas electorales; un momento de paroxismo festivo que se torna siempre en inevitable y larga noche de pesar y lamento por la nueva derrota .

Es la “resaca” del delirio disociado que hace hondos estragos en el alma opositora cuando la respuesta a las promesas irresponsables de sus irresponsables dirigentes, que ofrecen siempre villas y castillas sin ton ni son, no es otra cosa que la frustración y el desengaño. Otra vez todo era mentira. Todo fue ilusión vana y desesperanzadora. Nada de artificiosos artículos constitucionales. Nada de apoyos internacionales que a nadie salvan.

Otra vez la hora de callar, de mirar hacia otro lado como quien no quiere la cosa. Pero no para aceptar jamás derrota alguna, sinopara volver a hacerse los locos y evadir de nuevo explicaciones que de ninguna manera pueden explicarse.

Otra vez esperar la llegada de un nuevo Mesías redentor del antichavismo, con el cual sí se pueda confiar en una auténtica y verdadera realidad de triunfo. Un enmudecimiento tan invariable y recurrente que hace que la locura que lo precede parezca provechosa. Pero ya no queda ningún candidato en la chistera. Todos, hasta el cargamaletín, fueron quemados en el mismo templo de delirio antichavista. ¿De dónde irán a sacar ánimos para a acabar de nuevo con la paz?

@SoyAranguibel

La extinción de la verdad como activo de valor para el mundo

Por: Alberto Aranguibel B.

“En el mundo al revés, las noticas falsas circulan libremente y aquellos que revelan la verdad son perseguidos y encarcelados. El derecho a la información de los ciudadanos y ciudadanas, bien gracias.”
Cristina Fernández de Kirchner

En una entrevista concedida por mi a la periodista Anahí Arizmendi en marzo de 2004 a través de la emisora Unión Radio, sostenía que buena parte de la circunstancias que estaban determinando el curso del debate político en el mundo era que los medios de comunicación privados nos estaban llevando hacia un escenario en el que la verdad no tenía ningún valor, sino que más bien la falsedad y la prosa acomodaticia eran las que dominaban la narrativa de la comunicación social y sustituían, en buena medida, el papel de las ideologías y la capacidad transformadora de las ideas políticas. Que nos enrumbábamos hacia la destrucción sistemática de la verdad como un referente de importancia en la orientación del sentido ético para el mundo, lo que generaba a su vez una adecuación del discurso de las élites políticas en general, sujeto ya no a las ideas sino a la realidad fabricada por esos medios manipuladores.

La reflexión fue entonces registrada en las redes sociales con una marcada carga de burlona hironía por uno de los más encumbrados opinadores de la derecha, famoso por su vocación para la farsa y el infundio a través del formato del periodismo de chismorreos sin fundamento, dando a entender que lo que yo sostenía no era más que una barbaridad.

Desde entonces el bombardeo mediático sobre una sociedad cada vez más intoxicada de basura comunicacional, embrutecedora y alienante, orientada a lograr el aletargamiento y la desmovilización de la gente como nunca antes experimentó la humanidad, se ha incrementado como nunca. La confrontación imperante no ha sido solamente la pugna por la instauración de un modelo social, político o económico en particular en el mundo, sino la lucha comunicacional entre la verdad de la justicia y la igualdad social que defienden los pueblos del mundo y la mentira que se empeñan en imponer las élites del capital para hacer realidad su dominio con base en la explotación del hombre, y su consecuente generación de hambre y miseria sobre el planeta.

El propósito de esa mentira no es solo ocultar la verdad, sino erradicarla definitivamente, de ser posible, porque en cada resurgimiento de la verdad afloran siempre las luchas emancipadoras de los pueblos. Así lo ha determinado el devenir de la historia. El llamado “fake news”, ese género de la mentira usada como verdad surgido al amparo del sensacionalismo noticioso que promueven las redes sociales y su licencia universal para el anonimato, no es otra cosa que la concreción de esa hipótesis que desde hace lustros el estudio de la comunicación social ha planteado, devenida en un formato que es cada día más aceptado por la sociedad de consumo como una novísima modalidad de periodismo cuya naturaleza no sería en principio nada pecaminosa sino más bien conveniente y hasta provechosa, en función de los intereses que dicho periodismo defienda o promueva.

Por eso es perfectamente razonable sostener hoy que lo que avanza en realidad en los espacios donde se supone que estaría avanzando la derecha en el mundo no es precisamente la fuerza política que aparezca liderando en cada caso tal avance, sino la convicción que en determinadas circunstancias de la coyuntura política  logren posicionar las grandes cadenas de la comunicación a su servicio.

Con base en la mentira urdida en su contra y no en el respaldo popular, Dilma Rousef pierde el poder en Brasil, y con base en el mismo proceso de impopular exterminio de la verdad es encarcelado Lula DaSilva para impedir su retorno a la presidencia.

Con base en la mentira y no en el respaldo popular es presentado como dictador el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, el segundo más votado en toda nuestra historia republicana después del comandante Hugo Chávez, y con base en el mismo impopular proceso de exterminio de la verdad es elevado a rango de presidente interino un diputado de tercera categoría como Juan Guaidó, por quien nadie ha entregado jamás ni un solo voto para tan alto cargo.

Con base en las mentiras contra Cristina Fernández de Kirchner, el gobierno de Mauricio Macri oculta la más estrepitosa crisis económica padecida hoy en el continente suramericano, que está elevando los índices de pobreza extrema a niveles nunca vistos desde hace al menos tres décadas y media, sin que ningún organismo multilateral se dé siquiera por enterado.

Con base en las mentiras contra Venezuela y apoyado en la destrucción de la verdad, el gobierno de Colombia oculta el genocidio que padece hoy el pueblo colombiano, así como el descomunal crecimiento de la producción de drogas y el narcotráfico que hasta sus propios amos del norte le reclaman públicamente.

Con base en las mentiras contra el expresidente Rafael Correa, el infame presidente de Ecuador, Lenín Moreno, entrega hoy a Julian Assange a las autoridades británicas, contraviniendo el derecho humanitario, cometiendo el más brutal ataque a la libertad de expresión que recuerde la historia y violentando flagrantemente el derecho internacional y la sagrada institución del asilo.

Con base en la mentira y amparado en su descomunal poderío bélico, Donald Trump amenaza hoy a Venezuela, acusando a su gobierno de ser un régimen hambreador y represor de las libertades democráticas, mientras el mundo arde por los cuatro costados con la brutal represión que desatan impunemente los gobiernos neoliberales contra sus pueblos que claman cada vez más por comida y oportunidades mínimas para una vida digna, como Haití, El Salvador, Guatemala, Honduras y Francia. Amén de aquellos que son masacrados sin piedad ni contemplación alguna, como Yemén, Colombia, Palestina, entre otros.

De ahí que la lucha más importante a librar hoy en el mundo no sea aquella que se dé por la liberación de Julián Assange, como exponente que es sin lugar a dudas del brutal ataque que hoy lanzan las grandes potencias capitalistas contra la libertad de expresión (como lo han hecho desde siempre con el secuestro de los medios de comunicación, puestos al servicio exclusivo de los intereses del capital) o en defensa de los derechos humanos del periodista australiano.

La lucha más importante que tiene que librar hoy en día la humanidad es por lograr que quienes sean llevados ante la justicia sean quienes cometen las perversas acciones delictuales, violatorias del sagrado derecho a la soberanía de los pueblos, que pretende esconder el imperio norteamericano con la prisión de Julian Assange. Esas acciones comprometedoras, de corrupción, promoción y ejecución de golpes de Estado, intervencionismo, espionaje y genocidio, llevadas a cabo por las fuerzas de inteligencia y del ejército norteamericanos, que aparecen recogidas en los miles de documentos que posee Wikileaks, y de los cuales el mundo solo ha conocido hasta hoy apenas una pequeña cantidad.

Se trata de contener la amenaza contra la humanidad que comprende la constante violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos en todos y cada uno de los escenarios del multilateralismo tratando de imponer su particular criterio y hacer valer exclusivamente sus intereses corporativos. Una violación cada vez más desaforada que ya muchos consideran el pavoroso umbral de la tercera guerra mundial.

Se trata, en defnitiva,  de rescatar la esencia y el valor de la verdad como referente del cuerpo social en su conjunto, incluso en el marco de las sociedades capitalistas que se consideren con derecho a su sobreviviencia, independientemente de la carga histórica que sobre ellas pesa.

Una verdad que no es anotojadiza o parcializada en función de ideología alguna, sino que obedece a una realidad universal inocultable como lo es la verdad de los pueblos que por siglos han clamado por su redención y que hoy están de nuevo dispuestos a dar hasta su vida por alcanzar por fin el logro de ese sueño del mundo justo al que han aspirado desde siempre.

¡Basta ya de mentirle al mundo con el cuento del ilusorio confort capitalista!

¡Basta ya de pretender convertir la verdad en delito!

@SoyAranguibel

Fotografía: Revista Time

La magia mediática: Carvajal ya no es “un alto mando que reconoce a Guaidó” sino “un general chavista”

Por: Clodovaldo Hernández

Y de pronto, “el oficial de más alto rango que se ha pronunciado a favor del autojuramentado presidente Juan Guaidó” se convirtió en “un general chavista detenido por drogas”.

La historia, que parece cosa de magia, está ocurriendo en todos los grandes medios de comunicación de la derecha mundial y nacional con el degradado oficial Hugo “el Pollo” Carvajal, un nombre que entra y sale de los bandos políticos según lo que le convenga a la maquinaria mediática mundial.

El caso prueba que el complejo comunicacional del capitalismo hegemónico tiene su varita mágica: puede transformar a un pollo en sapo, a un sapo en príncipe y, no conforme con ello, puede convertirlo de nuevo en sapo.

Cuando Carvajal fue detenido en Aruba en 2014 y EEUU solicitaba su entrega para juzgarlo por presuntos delitos de narcotráfico, los grandes medios de la derecha se prodigaron en epítetos acerca de él. Dijeron que era uno de los hombres más temidos de Venezuela y que era comparable con Pablo Escobar por su peso en operaciones de drogas que las autoridades estadounidenses le atribuían al Ejército venezolano en complicidad con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

El gobierno de Nicolás Maduro se plantó a defenderlo y logró que las autoridades neerlandesas le permitieran regresar al país. La maquinaria mediática lo trituró a él y a Maduro, dando por buenas las acusaciones de EEUU.

Durante años, Carvajal fue una de las piñatas favoritas de la prensa opositora que no solo le acusó de los ya mencionados asuntos de narcotráfico, sino también de violaciones de los derechos humanos de detenidos políticos, por los cargos que desempeñó en inteligencia militar.

“El Pollo” fue, pues, uno de los sapos más feos de la comarca hasta que empezó a dar señales de traición al gobierno que le había salvado el pellejo. La mágica conversión cristalizó este año, cuando emitió un comunicado en el que desconoció a Maduro y reconoció a Guaidó como el legítimo presidente de la República.

Presidente (E) de la República Bolivariana de Venezuela, Juan Guaidó Márquez. Aquí está un soldado más por las causas de la libertad y la democracia, para ser útil en la consecución del objetivo de restablecer el orden constitucional que nos permita convocar elecciones libres”, expresó en un video colgado en su cuenta Twitter.

Entonces el sapo se hizo príncipe: los medios mundiales dijeron que un general del Ejército venezolano había declarado su lealtad a Guaidó. Comentaristas agudos aseguraron que era el oficial de más alto rango en hacerlo, olvidando selectivamente el hecho de que está retirado hace varios años.

La varita mágica que convirtió al feo batracio en un galán montado en un caballo blanco. Habían borrado los antecedentes que la misma prensa venía acumulando contra Carvajal desde 2008, en uno de sus típicos memoriales de agravios. Lo único que importaba entonces era que se trataba de un mayor general, síntoma de que había comenzado el quiebre de la unidad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Poco duró el encantamiento. Este viernes, cuando Carvajal fue detenido en España y se informó que EEUU solicita de nuevo su extradición, los medios no dijeron que era el alto oficial que le prometió lealtad a Guaidó, sino “un general chavista acusado de ser narcotraficante”. Por arte de magia mediática, el príncipe volvió a verse como un sapo.

El cuento de la amnistía

La suerte corrida hasta este momento por Carvajal desbarata una de las ofertas fundamentales que han formulado los participantes en el intento de derrocar a Maduro mediante el subterfugio del gobierno interino: la amnistía para los militares y funcionarios que se insubordinen.

En el llamado estatuto de transición que aprobó la Asamblea Nacional, en las declaraciones públicas y en los intentos de sonsacamiento que Guaidó y su equipo han realizado en cuarteles y organismos públicos ha quedado expuesta la oferta de perdonar a quienes desconozcan al gobierno constitucional, independientemente de que sobre ellos pesen graves acusaciones.

La actitud de los opositores ha sido clara, pues han aceptado que bajo ese supuesto paraguas se metan hombres como Carvajal, señalado por ellos mismos como narcotraficante y esbirro, y otros con investigaciones abiertas por descarados casos de corrupción, como el expresidente del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, Carlos Rotondaro.

Con sus enormes rabos de paja, personajes como estos dos (recientemente degradados y expulsados de la FANB), acudieron a las filas del antichavismo en procura de perdón o de impunidad. Pero, al menos en este momento, el caso Carvajal parece indicar que esa promesa también es falsa.

¿Volverá a ser un príncipe?

Es previsible que un individuo como Carvajal, quien fue capaz de volver la espalda al gobierno que lo rescató en 2014, esté ahora listo para servir a los intereses estadounidenses y hacerles todos los trajes a la medida que necesiten para elaborar expedientes acerca del supuesto “narcoestado” venezolano.

En tales circunstancias es casi seguro que la varita mágica de la maquinaria mediática vuelva a tocarlo y que el pollo que se volvió sapo y luego príncipe y luego, otra vez, sapo, termine siendo no un príncipe, sino un testigo digno de la mayor credibilidad.

Por cierto: la AN debería defenderlo

La mágica maquinaria mediática ha hecho malabares para no decir que, en rigor, Carvajal no es un general chavista sino un exgeneral guaidoista. La oposición, como es su costumbre, se hace la desentendida con quien era hasta hace poco “un oficial de alto rango leal al presidente encargado”.

Pero Guaidó debería salir a defender a Carvajal no solo porque se haya pronunciado a su favor, sino también porque el detenido es diputado a la Asamblea Nacional.

En efecto, en su afán de protegerlo de las amenazas que sobre él se cernían, el Partido Socialista Unido de Venezuela postuló a Carvajal por el estado Monagas en las elecciones legislativas de 2015. “El Pollo” fue uno de los pocos sobrevivientes de la dura derrota sufrida por el chavismo en esa oportunidad y resultó electo diputado.

En su declaración de apoyo a Guaidó, dijo: “Hoy me dirijo a ustedes con una doble responsabilidad, la que tengo como diputado a la Asamblea Nacional, último vestigio de democracia que se mantiene vivo en este país; pero también, con la que tengo como soldado de esta Patria, integrante del Ejército Venezolano”.

Los conocedores del intrincado mundo de la inteligencia y la contrainteligencia sospechan mucho de la detención de Carvajal en España y lanzan la conjetura de que, una vez que sea trasladado a EEUU, se convertirá en un personaje central de las próximas tramas contra el gobierno de Venezuela, incluyendo las anunciadas acciones militares multilaterales o unilaterales.

Uno de los primeros pasos que dio Carvajal hacia la oposición fue justamente ignorar la línea partidista de no concurrir a las sesiones de la Asamblea Nacional mientras esta se encuentre en la situación de desacato dictaminada por el Tribunal Supremo de Justicia.

La AN, al menos como un saludo a la bandera, debería reclamarle a las autoridades españolas por la detención de un ciudadano con fueros derivados de su condición de diputado, sobre todo si se trata de un Parlamento que se adjudica a sí mismo el rol de “único poder legítimo” entre los cinco de la democracia venezolana.

clodovaldo Clodovaldo Hernández

FUENTE: La Iguana

Horror gringo

Por: Alberto Aranguibel B.

El antichavismo no surge en modo alguno de una confrontación ideológica o política. Su esencia es solo el forzado intento de adecuar a la realidad venezolana el compendio de atrocidades que la derecha le ha supuesto arbitrariamente al comunismo desde hace más de un siglo.

Ya desde mucho antes del inicio formal de la Revolución Bolivariana, esa derecha (retardataria y chapucera como es en el mundo entero, pero mucho más en Venezuela) ha creído a pie juntillas la falaz versión anticomunista que coloca a todo lo que tenga que ver con el chavismo como la peor y más horrible perversión sobre la tierra.

En un primer momento creyó en la supuesta demencia del comandante Hugo Chávez, por lo que se movilizó para demandar ante la antigua Corte Suprema de Justicia su incompetencia para el cargo de presidente de la República.

Después creyó a cabalidad en la especie que establecía la presencia del G2 cubano al mando de la FANB. Hecho que determinaría la pérdida de nuestra soberanía y el total aislamiento del país en el escenario internacional.

Más adelante, bajo la misma lógica, se convenció del infortunio económico al que esa relación con el castrismo cubano sometería a Venezuela, lo que nos haría perder cada vez más oportunidades en los mercados internacionales. Bajo el modelo socialista, la democracia se vendría abajo, los pobres no tendrían acceso a bienestar alguno, y la clase media desaparecería.

Pero quienes se autojuramentan como locos de carretera, sin ser electos para el cargo al que aspiran, son los líderes de la oposición. Los mismos que se vanaglorian de ser los promotores de ilegales sanciones gringas orientadas a asfixiar la economía venezolana, generando inflación y cierre de empresas, destrucción de la calidad de vida del venezolano y ruina de una clase media que había prosperado durante los gobiernos del presidente Chávez, y que durante el gobierno del presidente Maduro ha sido agobiada por la cruel guerra comunicacional y política que promueve el aislamiento del país en el mundo.

Los aliados naturales de esa obtusa y demencial derecha, el imperio y sus lacayos, son quienes han terminado haciendo realidad el horror tan largamente temido por el antichavismo.

El “horror cubano” terminó siendo el “horror gringo”.

@SoyAranguibel

Eduardo Viloria: Respuesta de un venezolano común y corriente a Pepe Mujica

Por: Eduardo Viloria Daboin 

Estimado Pepe Mujica, le escribe un venezolano. Mi nombre es Eduardo Viloria Daboín, tengo 41 años y vivo en Caracas. Soy padre de una hija con autismo de 16 años y un niño de 10 que practica fútbol, ajedrez y arte circense. Al igual que usted, al igual que cualquiera, tengo sobradas razones para no querer una guerra en mi país. Sin embargo, quisiera decirle varias cosas sobre el mensaje que usted envía sobre Venezuela.

Estimado Pepe, comienza usted preguntándose si la guerra será, como decía Clauzewitz, la continuación de la política por otros medios. Pues déjeme decirle algo: Bienvenido al siglo XXI, tiempo histórico en el que EEUU se ha encargado de invertir esa máxima. Porque para EEUU la política es la continuación de la guerra por otros medios, y no al revés. Eso precisamente es lo que se está aplicando actualmente contra Venezuela, y es lo que usted, aparentemente sin darse cuenta, favorece en su mensaje.

Usted hace un llamado a acudir a la política para evitar la guerra, pero se olvida de que en Venezuela ya está en desarrollo una guerra. Desde hace años el país está sometido a un feroz ataque a su economía y la población del país tiene años sometida a una brutal guerra psicológica. Se olvida usted, también, de que EEUU tiene años cercando militarmente a Venezuela, usando el territorio colombiano como sitio predilecto para ese emplazamiento amenazante de tropas, y además ha realizado recientemente movimientos de más tropas hacia Colombia, Puerto Rico, República Dominicana y Curazao. Es cierto que EEUU no ha lanzado una bomba sobre Venezuela todavía, pero el cerco militar, el asedio y sitio económico, el robo de dinero y activos venezolanos en el exterior, las permanentes operaciones psicológicas y la infiltración mercenaria y paramilitar son acciones concretas de guerra, definidas incluso en los manuales actualizados de guerra del pentágono.

¿Sabe usted que el 23 de febrero desde territorio Colombiano se intentó violentar la sobernía territorial venezolana utilizando mercenarios y que no se logró gracias a la actuación de la FANB, la PNB y el pueblo organizado?

¿Sabe usted que lo mismo ocurrió en el sur del país, en la frontera con Brasil? ¿El cerco comunicacional contra la verdad de Venezuela le permitió saber que el 24 de febrero un puesto militar venezolano cercano a la frontera con Colombia fue atacado por 60 mercenarios?

Sin duda usted tiene razón de que se debe acudir a la política para evitar la guerra, pero, ¿cómo hacemos si EEUU en lugar de comenzar por la política y darle una oportunidad al diálogo y la negociación comenzó primero por la violencia y las acciones de guerra?

Usted mismo dice que se impone la política y que la política es voluntad de negociar. El problema está en que usted plantea que negociar es aceptar las condiciones que Estados Unidos pretende imponer con sus acciones de guerra. Dice usted que negociar es evitar acorralar, pero se olvida de que EEUU lo primero que ha hecho es acorralar a Venezuela, cercarla, amenazarla, apuntarla con su cañones y agredirla. Está claro que EEUU no quiere negociar nada sino imponer sus condiciones y más nada. Y justamente la primera condición que pone es ésa que usted coloca como elemento inicial para negociar y evitar una guerra: que Maduro abandone el cargo para el que lo eligió el pueblo de Venezuela en elecciones legales y legítimas, y dé paso a un nuevo y arbitrario proceso electoral.

Habla usted también de más democracia como lo la única salida para evitar la guerra. Pero se olvida de que la revolución bolivariana es el proceso en el que se dieron las más profundas transformaciones democráticas del continente en los últimos 20 años y que fueron justamente Estados Unidos y la dirigencia política que avanza hoy tutelada por el poder de ese país quienes dieron un golpe de Estado que derrocó a Chávez en 2002, y un golpe petrolero luego entre diciembre 2002 y enero 2003, y después pretendió incendiar de violencia a Venezuela en 2013, 2014 y 2017 para derrocar al presidente Maduro ante la imposibilidad de derrotarlo políticamente.

Usted se atreve, además, a atacar las instituciones venezolanas y afirmar que en Venezuela lo que hay es una crisis de confianza. Permítame recordarle que luego del referendo revocatorio realizado contra Chávez (en el cual la revolución bolivariana salió victoriosa en el que fue el proceso democrático más hermoso de toda la historia de nuestro país), ante la imposibilidad política de derrotar a Chávez, fue cuando se inició la operación psicológica y mediática para deslegitimar las instituciones venezolanas y socavar su credibilidad. Esa operación no ha cesado desde entonces. Casi 15 años después, el efecto de esa acción de guerra psicológica tiene tal profundidad que incluso personas como usted pueden afirmar hoy que en Venezuela no hay instituciones confiables para garantizar elecciones libres y transparentes.

Y aprovecho para preguntarle: ¿mide usted las consecuencias históricas de lo que sería la aplicación de su propuesta de convocar, apenas 8 meses después de realizadas elecciones presidenciales, unas elecciones en Venezuela con la ONU como único garante de su amplitud, pluralidad y transparencia? ¿Se da cuenta usted de que al plantear eso está validando el desconocimiento arbitrario de Nicolás Maduro como presidente que hizo EEUU el 10 de enero de este año? ¿Se percata de que su propuesta respalda la anulación de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos en la medida en que legitima que cualquiera en cualquier país convoque una movilización más o menos numerosa para autoproclamarse presidente de ese país únicamente a cuenta de que tiene el respaldo económico, político, comunicacional y militar de un país poderoso que está dispuesto a recurrir a la guerra para imponerlo como presidente?

Usted plantea eso y al mismo tiempo habla de democracia, pero se olvida de que la oposición venezolana que está embarcada en la actual aventura golpista fue justamente la que decidió no participar en las últimas elecciones precisamente para boicotearlas y poder levantar hoy el discurso de ilegitimidad de Nicolás Maduro. Debería investigar un poco para que pueda darse cuenta de que la debilidad que impide a la oposición venezolana llegar al poder se debe exclusivamente a sus propios errores, a su propia incapacidad para consolidar un liderazgo, hacerle una propuesta seria y coherente al país que genere esperanza y entusiasmo político. Esa oposición ha sido tan mediocre y ha estado tan concentrada en sus propia¡os intereses económicos y de poder, que no ha sido capaz ni siquiera de capitalizar políticamente el descontento generado por la crisis económica y social venezolana creadas por el bloqueo. Esa dirigencia opositora es tan pobre que no ha sido capaz ni siquiera de acumular fuerza a partir de los numerosos errores y desviaciones de sectores del gobierno bolivariano.

¿No se da cuenta usted de que Trump, Pence, Pompeo, Bolton y Rubio tuvieron que salir ellos mismos a poner la cara y a dirigir directamente la oposición en Venezuela para poder medianamente despertar algún entusiasmo en la base social opositora, ante la absoluta falta de credibilidad y liderazgo de toda la dirigencia opositora venezolana? No venga entonces usted a decir que Venezuela necesita que venga Naciones Unidas a dar garantías de un proceso electoral absolutamente abierto y con la participación de todos.

¿Y sabe por qué, además?

Pues justamente por lo que usted plantea del trasfondo geopolítico y geoestratégico del conflicto en Venezuela. En eso tiene usted toda la razón. Lo que está en el fondo es la necesidad de EEUU de apoderarse del petróleo venezolano y de todas sus enormes riquezas. Pero, además de todos sus otros olvidos, en este caso también se olvida de que justamente por ese objetivo a Estados Unidos le importa un bledo la democracia en Venezuela y la libertad y bienestar de su pueblo. La única democracia que a EEUU le interesa es la que le permita colocar a un presidente servil a sus intereses, y en la que puedan manejar directamente las instituciones a favor de sí mismo. Es más, esto es tan cierto, que a Estados Unidos ni siquiera le interesa la continuidad de Venezuela como nación y como república, sino su fragmentación, su disolución, para que prendan en su territorio el caos y la violencia que abran la puerta a dos grandes negocios: el control de las riquezas y una guerra prolongada que tribute a las arcas de su megaindustria armamentista.

Una sola cosa más: ¿No le parece lamentable recurrir “desesperadamente” a Europa para que haga algo y evite una guerra? ¿Olvida que Europa es un continente en el que aún prevalecen las monarquías y Estados enteros se sostienen merced a que son grandes lavaderos de dólares del crimen transnacional? ¿Olvida que Europa aún mantiene colonias en África, Asia y su amada América Latina? Recuerde que además de Estados Unidos y Canadá, ha sido Europa la que ha aplicado guerra económica a Venezuela, robando miles de millones de dólares en dinero y oro.
¿Puede pedírsele a Europa que haga algo?

Estimado Pepe, dejo esta carta hasta aquí. Podría extenderme más, pero he dicho lo central y creo que es suficiente. A usted lo rodea una imagen de sencillez y humildad. Si no es una mera construcción mediática, espero que se tome la molestia de leer estas líneas y reflexionar sobre el lamentable mensaje que envió al mundo.

Eduardo-Viloria.jpg  Eduardo Viloria Daboín /

Fuente: AlbaTV

La muerte aliada

Por: Alberto Aranguibel B.

La frustración opositora, truncada en odio sempiterno por la persistencia en la derrota frente al chavismo, es solo un lado de una moneda que por la otra cara tiene el rostro de la mayor suma de felicidad posible. Pero no la que Bolívar estableció en el congreso de Angostura como norma fundacional de la República y que el comandante Hugo Chávez elevara en su momento al rango de luminosa consigna revolucionaria.

Esa otra mayor suma de felicidad es la que experimenta el opositor de a pie cada cinco años (en promedio) cuando por alguna sorpresiva y siempre inusitada circunstancia la voz del ansiado triunfo antichavista se pone de moda en las filas de la oposición ante el surgimiento de un nuevo mesías contrarrevolucionario, y comienzan a batirse entre ellos las ínfulas de supremacía que con tanta arrogancia y desparpajo destilan hasta por los poros de las orejas, hinchados de la satisfacción  como todo un César entrando a Roma después de acabar con los espartanos.

“¡Ahora sí!”, se gritan entre ellos mismos, ya no como el convencional consuelo de miserables al que se han acostumbrado, sino como el clarín que anuncia el logro de la conquista definitiva del Olimpo.

“¡Ya están listos!”, se gritan en medio de una tísica euforia, y acotan dichosos de la narcosis emancipadora: “Vamos bien!… Tic, tac… Tic, tac…” cuando en realidad lo que han hecho es fracasar de nuevo.

No importa si ya lo dijeron infinidad de veces y después no pasó nada. La alegría llega a ser tan palpitante que el infortunio que siempre le sucede al arrebato no tiene la menor importancia.

Nadie, absolutamente nadie comentará jamás en las filas opositoras el fracaso, la desilusión reiterada, el desengaño sobrevenido. Ninguno aceptará tan siquiera la posibilidad de haber fallado en pronóstico alguno. Todos se harán los locos y seguirán su camino como si nada, hasta que, por alguna razón, otra vez inesperada y sorpresiva, un nuevo mesías asome en su maltrecho paisaje de sempiternos derrotados.

Al final, su felicidad más perdurable ha sido la muerte.

La muerte del comandante Chávez.

La muerte de los jóvenes que ellos mismos mandan a incendiar las calles.

La muerte de quienes queman vivos para usarlos luego como horroroso argumento político por el mundo.

Por eso ansían tanto las miles de muertes que causaría una invasión extranjera.

En su disociado delirio han llegado al extremo de celebrar la posibilidad de una guerra contra nuestro país, porque calculan (otra vez erróneamente) que la muerte solo alcanzará a los chavistas, porque serían estos los únicos que acudirían a enfrentar al enemigo en la frontera.

Como si las guerras se circunscribieran solamente al ámbito fronterizo de los países que los imperios asolan a fuego y plomo.

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Es decir, aceptan sin titubeo alguno que ellos ni de vaina entregarían jamás la vida en defensa de la Patria. Que por ellos, como candorosamente dice la periodista de Globovisión, que los marines entren hasta dónde les venga en gana, saqueando, destruyendo, violando mujeres y niñas (como hacen invariablemente en todos los países que invaden) y asesinando toda forma de vida a su paso.

Que con solo quedarse en sus casa contemplando todo a través del Whatsap es mas que cómodo y seguro. Porque, según ellos,  la muerte de las guerras no llega a las casas de la gente “decente”.

Vista así, con ese odio tan visceral y recalcitrante de los antichavistas, la muerte es una aliada entrañable y refulgente.

 

@SoyAranguibel

La mentira de la propaganda como herramienta exclusiva de los nazis

Por: Alberto Aranguibel B.

Si alguna acusación se le ha hecho a Adolfo Hitler a lo largo de las últimas siete décadas y media (después de la de genocida, por supuesto) es la de haber sido un obseso manipulador de la opinión pública mediante el uso enfermizo y casi criminal de la propaganda.

Manipulador porque, de acuerdo al relato histórico que nos presenta la mediática occidental desde entonces, habría sido un mentiroso compulsivo que habría ideado perversos mecanismos de engaño para cautivar a la gente.

Enfermizo y criminal porque habría apoyado el inmenso poder que llegó a alcanzar, no en favor de la democracia sino en beneficio de la barbarie antisemita que llevaba a cabo. Para lo cual el medio de comunicación habría sido un instrumento fundamental.

Pero Hitler no convocó jamás una rueda de prensa. Ni dispuso tan siquiera un espacio para recibir a los periodistas de ningún medio, como las modernas salas de prensa que acogen hoy en la Casa Blanca a decenas de los comunicadores más importantes de los Estados Unidos y del mundo.

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La grandeza de Hitler, cualquiera que haya sido, no se construyó encerrándose en un estudio de televisión o en una imponente oficina de connotaciones imperiales, como el Salón Oval, por ejemplo, sino a través del contacto directo con la gente en mítines multitudinarios, fastuosas paradas militares y presentaciones públicas de toda índole, que desmentían la imagen del propagandista que los “aliados” fabricaban de él desde mucho antes de la Segunda Guerra mundial y explicaban a la vez el arraigo popular en la Alemania de la preguerra de la idea supremacista sobre la cual se sustentaba en realidad el proyecto político que encarnaba.

Infinidad de estudios de importantes investigadores alemanes y de otras naciones, principalmente norteamericanos, han establecido que el afán de Hitler no era la dominación mundial o el imperio de los arios sobre el resto de la humanidad (como lo presenta la narrativa occidental) sino la búsqueda de la superación de la más grande crisis económica padecida por Europa en toda su historia, y que el Führer atribuía a la ancestral vocación usurera de los judíos capitalistas diseminados por Europa, tal como hoy en día se constata en la lógica explotadora del mercado financiero mundial, controlado casi en su totalidad por el sionismo internacional.

Hitler se proponía el rescate económico a partir de la reunificación del pueblo germánico originario cuyas raíces se remontan a los tiempos de la antigua Persia, conocido ancestralmente como “ario” no por razones raciales sino sociales. Para los indoeuropeos, “ario” era quien pertenecía a las clases nobles de la sociedad. Por eso su proyecto se presentaba como un movimiento “nacionalsocialista” (que nada tenía que ver con el socialismo propuesto por Marx, a quien Hitler despreciaba particularmente por su ascendencia judía).

Sin embargo, el discurso de los vencedores (capitaneados siempre por los Estados Unidos de Norteamérica) reduce la dimensión de todo aquel drama histórico por el que venía atravesando Europa desde casi la edad media hasta la primera mitad del siglo XX, al simple antojo personal de un desquiciado enceguecido por el poder.

Quienes tratan de explicar el fenómeno argumentando que las atrocidades nazis fueron posibles porque, supuestamente cegada por la propaganda, la población desconocía lo que estaba sucediendo, dejan de lado el hecho de que hoy en día los presidentes norteamericanos cometen las mismas o peores atrocidades contra los pueblos, ufanándose de ello frente al mundo cada vez más abiertamente.

No fue Hitler quien uso la propaganda para convertirse en lo que fue. Fueron sus enemigos, en particular el imperio norteamericano, quienes la usaron para fabricar un demonio necesario sobre quien la gente pudiera hacer recaer su desprecio eterno y olvidar así el atropello del cual el mundo es víctima permanente por parte de la potencia del norte. En función de eso lo fueron presentando con un discurso que se iba amoldando a sus intereses a través del tiempo; en un principio lo presentaron simplemente como un brutal genocida; décadas después le añadieron el carácter “socialista” que algunos han querido acuñarle forzando la lectura del término “nacionalsocialista”; y finalmente, en la actualidad, le adosan el rasgo de drogadicto (como lo presenta recientemente un reportaje nada más y nada menos que de la BBC de Londres), todo lo cual resume hoy en día el perfil del criminal más abominable de acuerdo a la lógica de la propaganda capitalista.

¿Qué le reclamó en definitiva el mundo civilizado a Adolfo Hitler para permitirse abalanzar contra él todo el poderío bélico imaginable hasta entonces? ¿Que osó invadir aquellos países que representaban algún tipo de amenaza a los intereses de Alemania?

¿Qué podría decirse entonces de Estados Unidos, que desde hace casi dos siglos ha fundamentado su injerencia financiera o política en la casi totalidad del mundo en la supuesta obligación de preservar sus intereses económicos como nación? Con la eliminación del nazismo, quienes controlan (y han controlado siempre) el inmenso poder de los medios de comunicación, apartaron del camino un obstáculo para la consolidación del modelo capitalista hegemónico que hoy impera en el mundo. Su interés no fue nunca la reinstauración de la democracia en Europa, sino el secuestro de esa democracia para ponerla al servicio del gran capital.

¿Que Hitler aplicó sistemáticamente la fórmula del exterminio contra el pueblo judío durante aquellos cinco años de la segunda guerra?

¿Cuánta gente inocente no ha perdido la vida por efecto de las invasiones arbitrarias que EEUU ha llevado a cabo en más de treinta y dos naciones desde el fin de esa guerra hasta hoy? La barbarie con la que el ejército norteamericano ha asolado naciones enteras durante este periodo, incluyendo el uso de armas bacteriológicas, químicas y atómicas nunca usadas por ningún otro ejército, ha sido practicada por EEUU de manera ininterrumpida por más de siete décadas; catorce veces más tiempo del que ocupó la Alemania nazi en su vorágine antisemita; cientos de miles de muertos más; así como billones, varios billones más, de dólares invertidos en esas interminables y devastadoras guerras.

Captura de Pantalla 2019-02-17 a la(s) 7.13.44 p. m.Captura de Pantalla 2019-02-17 a la(s) 7.16.31 p. m.conflicto irakiv flota

Una barbarie que en el discurso de las grandes potencias que lo dieron todo por el exterminio del nazismo tenía que ser eternamente inaceptable para la humanidad. A partir de lo cual todo lo que se hizo para acabar con Hitler y borrar todo vestigio de nazismo se consideró perfectamente justificado y hasta glorioso.

¿Por qué entonces Donald Trump, que construye muros infamantes contra las naciones, que ordena sanciones hambreadoras contra los pueblos, que secuestra niños y los enjaula como animales, que promueve el racismo en su propio país, que humilla con su ejército al mundo, que está a punto de desatar la tercera guerra mundial a punta de prepotencia y arrogancia, no solo no está tras las rejas, sino que no es ni siquiera cuestionado someramente por aquellos que se dicen defensores de la libertad y la democracia, si en efecto todo cuanto se propone en términos de la dominación planetaria, como lo han sostenido todos los gobernantes norteamericanos desde hace más de medio siglo, es mucho más violatorio de los derechos humanos, del derecho internacional y de los principios de la libre determinación de las naciones que todo lo que llegó a hacer jamás ningún otro mandatario contra el resto del mundo en términos de su extensión y su crueldad?

El sistema capitalista, que se ha ufanado por décadas de haber exterminado con la eliminación del nazismo la peor amenaza contra la humanidad, exalta hoy en día con un aparato comunicacional mil veces más poderoso que todo cuanto haya podido utilizar Hitler, a los presidentes de una potencia cruel y sanguinaria como los Estados Unidos, cada vez que estos dictan sentencias injustas y arbitrarias contra las naciones que no se arrodillan a sus designios imperiales y lanzan sobre ellos la furia devastadora del ejército norteamericano para imponer por la fuerza la tiranía del capital. Pero ahí, antes que repudiable, la manipulación comunicacional se presenta justa, correcta y pertinente.

La amenaza que se cierne sobre Venezuela en este momento, cuya base de sustentación real son las campañas de difamación contra nuestro pueblo llevadas a cabo hoy por los medios de comunicación pro imperialistas del mundo, es una prueba más de cómo toda esa maquinaria de propaganda, la más poderosa de la historia, sirve a los propósitos de la dominación y no de la democracia.

@SoyAranguibel

Carta abierta al Frente Amplio de Chile

Por Atilio A. Boron

Días pasados, Pablo Vidal, uno de los diputados del partido Revolución Democrática que integra el Frente Amplio de Chile, manifestó en una entrevista ante La Tercera que el presidente Nicolás Maduro era un dictador. Lo que podría haber sido el desafortunado exabrupto de un novel legislador tardó unas pocas horas en revelarse como el síntoma de una grave enfermedad que, de no combatirse de inmediato, clausuraría por largos años la posibilidad de ofrecer una alternativa pos-neoliberal al desprestigiado sistema de partidos políticos imperante en Chile, vástago de la funesta dictadura de Augusto Pinochet. En efecto, sin meditar sobre el significado y los alcances de las palabras de Vidal otros dirigentes del FA salieron en tropel a respaldar sus dichos poniendo en evidencia que su profundo desconocimiento de la historia chilena y de las categorías más elementales del análisis político es una falencia compartida por igual con sus compañeras y compañeros de partido. Porque, ¿cómo es posible que alguien que se propone como una alternativa de izquierda asuma por completo el discurso y la propaganda urdidas por el imperio y la derecha vernácula? Por si hubiera dudas al respecto Vlado Mirosevic, un representante del Partido Liberal –una derecha pura y dura, mal disimulada por una delgada pátina de posmodernismo combinada con un eficaz marketing político- saltó al ruedo para expresar su total acuerdo con el extravío de Vidal. Desgraciadamente en pocas horas el “efecto manada” hizo presa de muchos dirigentes del FA que de modo irreflexivo arrojaron por la borda buena parte de su identidad de izquierda.

Se requiere un elevado nivel de analfabetismo político -para decirlo diplomáticamente- para que un ciudadano o una ciudadana de un país como Chile, que ha sufrido una de las más horrendas dictaduras de que se tenga noticias en el siglo veinte, pueda calificar con los mismos términos a Augusto Pinochet y Nicolás Maduro. No sólo Vidal y sus cofrades han demostrado tener un olímpico desconocimiento de la realidad venezolana sino que, peor aún, otro tanto ocurre con la historia de su propio país. Si la conocieran, porque es su obligación como legisladores o como dirigentes políticos conocerla muy bien, jamás podrían haber cometido una grosería como la que estamos comentando y que no por casualidad fue recibida con enorme alborozo por la canalla mediática, comenzando por la CNN y siguiendo por los demás medios hegemónicos. Como lo comenta con sensatez en su tuit una joven comunista chilena, Florencia Lagos Neumann, “Dictadura es dictadura. Pinochet era dictador, Videla era dictador, Somoza era dictador, Franco era dictador. Si en sus dictaduras hubiera aparecido un loco autoproclamándose presidente a las 2 horas era fusilado y tirado a una fosa común. ¿Se entiende?” La elocuencia de este razonamiento ahorra muchas palabras.

Se pueden decir muchas cosas de Juan Guaidó (la mayoría de las cuales poco honorables) menos que haya padecido inconveniente alguno en su continua prédica sediciosa, o en su convocatoria a la población y las fuerzas armadas para quebrar el orden constitucional o en su infame pedido al gobierno de Estados Unidos para que se inmiscuya activamente en la resolución –sin duda violenta y sin ninguna clase de diálogo político, como lo ha manifestado más de una vez la Casa Blanca- de la crisis que afecta a Venezuela. Su demagógica pregunta, formulada en un acto público callejero, de si alguien le tiene miedo a una guerra civil (y que el público asistente contestó con un resonante no) es de una irresponsabilidad criminal. En cualquier país del mundo –y Chile no es la excepción- un sujeto que obra de esa manera es de inmediato apresado y juzgado perentoriamente a cumplir una larga condena en una cárcel de máxima seguridad. En Estados Unidos podría inclusive ser pasible de la pena capital. Pero nada de eso ocurre en la “dictadura” de Maduro denunciada con un ardor digno de mejores causas por algunos sectores del FA. Una extraña dictadura –como decía Eduardo Galeano hablando de los días de Hugo Chávez en el poder- que permite que un fantoche como Guaidó circule por todo el país sin ser perseguido, que cite a exministros chavistas y se reúna con ellos, a plena luz del día, en el Palacio Legislativo en el centro de Caracas para intercambiar ideas sobre la constitución de un gabinete de su ilusoria “transición”. O que permite que un dirigente responsable de ser el inspirador y autor intelectual de las dos guarimbas que en el 2014 y 2017 dejaron una estela de centenares de muertos, miles de heridos e inmensos daños a la propiedad, nos referimos a Leopoldo López, aparezca regularmente en diversos programas de radio reproducido y viralizados por las redes sociales y en donde desde su confortable prisión domiciliaria se exhorta a las fuerzas armadas bolivarianas a permitir el ingreso de la “ayuda humanitaria” enviada por Washington. ¿No son éstos, acaso, ejemplos rotundos de la libertad de prensa y de reunión que existe en la Venezuela bolivariana y que ninguna dictadura jamás admitió? ¿Pudo hacer esto la oposición a Pinochet en Chile, o de Videla en la Argentina o de Somoza en Nicaragua? ¿Es posible ignorar una verdad tan elemental como ésta? ¿Cuál es el concepto de “dictadura” que manejan algunos líderes del FA? Confieso mi curiosidad por conocerlo y por saber cuál es el teórico que produjo tan extravagante definición por la cual el venezolano es un dictador y el déspota de Arabia Saudita que masacra al pueble yemení y manda asesinar a un periodista de su país en la sede de su embajada en Turquía no lo es; o que un régimen neofascista y genocida como Israel sea considerado como una ejemplar democracia con la cual Chile debe estrechar sus vínculos sin ninguna clase de reserva pese a su flagrante y sistemática violación de los derechos humanos en los territorios ocupados y su rechazo a todas las resoluciones de Naciones Unidas.

La conclusión inescapable de esta toma de posición de algunos dirigentes del FA es que su referencia a la cultura de la izquierda y sus centenarias luchas es un lamentable malentendido; o, en caso de que exista mala fe, un artilugio discursivo y electorero para adquirir respetabilidad ante los sectores dominantes. Una identidad de izquierda tan frágil que se disuelve tan pronto sus representantes deben plantarse frente a los candentes desafíos de la realidad política, esa “lucha de dioses contrapuestos” a la que se refería Max Weber y en la cual no caben las mediatintas ni los “ni-ni” del posmodernismo sea en sus variantes de derecha o de (pseudo)izquierda. Recuerdo unos versos de Víctor Jara cuando cantaba, en los años de la Unidad Popular: “usté no es ná, ni chicha ni limoná”. Quienes en estos días se unieron alegre e irresponsablemente al discurso del imperialismo y la reacción autóctona corren serio riesgo de convertirse en “ná”, y eso políticamente es un seguro camino al desastre. O, peor aún, convertirse en su contrario y abandonar la empresa histórica de rescatar a Chile de las garras del neoliberalismo. Porque quienes ingresan ruidosamente al ágora con el discurso de “Maduro dictador” ya se colocan, objetivamente y más allá de inconsecuenciales gestos de rebeldía, del lado del imperialismo y la reacción. Tienen que tomar conciencia que al hacerlo se han asociado a lo peor de la política latinoamericana. Están codo a codo con Uribe y Duque, Macri y Bolsonaro, con Hernández y Lenín Moreno, con Almagro y con Santos, con Bolton y Abrams, todos entonando el relato concebido en Estados Unidos y difundido en nuestra lengua por el inigualable maestro en el arte de decir mentiras que parezcan verdades: Mario Vargas Llosa. Ese sector del FA, porque no creo que sea toda esa organización, ingresa en la política latinoamericana de la mano de los herederos de los que ahogaron a sangre y fuego la experiencia pionera de Salvador Allende, y este no es un dato menor ni una simple anécdota. Tomaron partido por ellos, por los vástagos de quienes bombardearon la Moneda, asesinaron a Orlando Letelier, René Schneider, Carlos Prats González, a Pablo Neruda, a Eduardo Frei y condujeron a la muerte a Salvador Allende; también por los que torturaron, mutilaron y ejecutaron cobardemente a Víctor Jara y a miles de chilenas y chilenos; los que organizaron siniestros campos de concentración y caravanas de la muerte, desaparecieron a miles, mataron a otros tantos y enviaron a cientos de miles de sus compatriotas al exilio.

En su asombrosa ignorancia este sector de la dirigencia frentista demuestra desconocer el abc de la filosofía política, ¡y pretenden con tal rudimentario arsenal teórico conducir a Chile por la senda del progreso y la justicia social! Incapaces de distinguir lo que es una dictadura, de reconocer la omnipresencia del imperialismo –palabra prohibida en su discurso- o de conocer el dolor y la destrucción que éste provoca con su agresión económica, política, diplomática y mediática a la Venezuela bolivariana se rinden ante el pensamiento único en su fatal empeño por constituirse como una alternativa “moderada” ante la “inmoderada” injusticia que campea en Chile.

Ante el crisol de la crisis venezolana ese sector del FA se funde con la derecha en su maniqueísmo propio de la Guerra Fría, en su cruzada contra los gobiernos que no se arrodillan ante los mandatos de la Casa Blanca (Noam Chomsky dixit) y que son invariablemente caracterizados por ésta como “dictaduras”. Una izquierda que en su infantilismo cae en la trampa de creer que va a poder resolver la deuda social de la “democracia de (muy) baja intensidad” de Chile, o de su “democradura”, sin enfrentarse con todos los demonios del infierno que saldrán en tropel para aplastar a sangre y fuego a quienes tengan la osadía de pretender cambiar el mundo. Gentes que, en su inexperiencia, creen que la política es un juego caballeresco en donde los reformadores sociales, ni digamos los revolucionarios, van a ser enfrentados con las armas de la legalidad y la institucionalidad por los partidarios del status quo. No basta con que Donald Trump le confiera el rango de presidente legítimo de Venezuela a un fantoche como Juan Guaidó, en abierta violación de la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional. Tampoco que John Bolton haya declarado que quiere el petróleo de Venezuela para las empresas estadounidenses. Aunque Trump y Bolton les griten en la cara que en su momento vendrán a apoderarse de los recursos naturales de Chile en su ebriedad posmoderna los que vociferan “Maduro dictador” seguirán pensando que el imperialismo es una fábula de la vieja izquierda, un mito que sobrevive increíblemente en tiempos de la posmodernidad líquida en donde, como decían Marx y Engels en el Manifiesto Comunista(que esos sectores del FA harían muy bien en leer) “todo lo sólido se disuelve en el aire”. Todo, sí, menos la lucha de clases y la dominación imperialista. Y si no comprenden esto no han comprendido nada y se disolverán en el aire sin dejar más que un borroso recuerdo, una juvenilia pasajera que prometió ser una brisa renovadora en la política chilena y acabó siendo más de lo mismo.

Admito que algunos sectores de la izquierda puedan ser duros críticos del gobierno de Maduro. O decir que éste no supo contrarrestar efectivamente la brutal ofensiva que Estados Unidos lanzó para acabar con la Revolución Bolivariana. O que su manejo de la política económica fue desacertado o que el combate a la corrupción careció de la energía requerida. Pero decir que Maduro es un dictador es un gigantesco error conceptual grávido de lesivas consecuencias prácticas para el futuro del movimiento popular chileno. Este difícilmente podrá hallar una ruta de salida a las injusticias e inequidades producto de casi medio siglo de políticas neoliberales cuando una fuerza política que se pretende de izquierda piensa y actúa como si fuera de derecha. Olvidándose, además, ¡torpes sociólogos quienes la asesoran!, que los pueblos, dondequiera que sea, y no sólo en Latinoamérica, siempre prefieren el original a la copia. Y una izquierda que se presenta como una caricatura de la derecha decreta su propia obsolescencia y lleva agua al molino de aquélla. El Frente Amplio aún está a tiempo de sortear tan lamentable desenlace. Una discusión franca, rigurosa y con mucho fundamento puede salvar un proyecto de recambio, tendencialmente pos-neoliberal, que Chile necesita impostergablemente. Sería imperdonable que esa oportunidad se frustrara.

Atilio-Boron Atilio Boron

Fuente: Resumen Latinoamericano

El más grande negocio capitalista de la historia

Por: Alberto Aranguibel B.

El imperialismo no lucha contra las drogas sino que las administra
Hugo Chávez

Como todo en el capitalismo, el ranking de los negocios supuestamente más rentables es casi siempre un soberano embuste.

Los famosos anuarios que dan cuenta de las estadísticas del dinero en cualquiera de sus formas, como los que publica la afamada revista Fortune, por ejemplo, suelen estar orientados a convencer a la opinión pública mundial de una realidad ilusoria y sin sentido, que establece que el capitalismo sería el modelo correcto para asegurar el éxito individual de las personas, pero en el cual los millonarios son siempre los mismos.

Publicaciones como Fortune aseguran que los mejores negocios en el mundo van desde la industria farmacéutica, la inversión especulativa de capitales, las innovación y desarrollo de aplicaciones para internet, las bebidas gaseosas, fabricación de productos para el hogar y para el cuidado e higiene personal, hasta el ensamblaje de vehículos, e incluso la exploración y producción petrolera.

Pero Estados Unidos, la más grande potencia capitalista de todos los tiempos, demuestra hoy por hoy con el sentido que le imprime a la demencial guerra económica que ha decidido desatar contra el propio capitalismo más allá de sus fronteras, que el mejor negocio del mundo no es ninguno de los anteriores, sino uno en el cual el imperio ha venido adquiriendo cada vez una mayor capacidad de control y predominio casi absoluto.

La más poderosa máquina de propaganda que jamás haya conocido la humanidad, está hoy al servicio de la promoción de ese gran negocio que EEUU quiere convertir en la perfecta forma de hacer dinero, por encima incluso de las estructuras del sistema financiero sobre el que se asienta el capitalismo.

El consumo de drogas (de todo tipo) se ha instalado en la narrativa cinematográfica norteamericana como un componente esencial de la vida en todo género fílmico. Lo que fue de escandaloso en la década de los 60 y 70 del siglo veinte el cigarrillo como objeto de placer y de seducción, lo es ahora la desquiciante presencia de las drogas hasta en las situaciones más inverosímiles de la fílmica hollywoodense, abarcando todos los ámbitos de la sociedad que son meticulosamente recreados en toda clase de películas, en las que no existe jamás ninguna situación placentera que no esté precedida por la ingesta alcohólica profusa y el consumo de drogas indiscriminado. Con especial preeminencia de esta última.

¿Por qué el mismo país que ha establecido la certificación arbitraria de los países según su grado de lucha contra las drogas, promueve de manera tan intensiva el consumo de todo género de estupefacientes a través de su poderoso aparato comunicacional, siendo tan evidente la contradicción entre una cosa y la otra?

¿Por qué Uruguay, Argentina, Canadá, y el propio Estados Unidos, presentan como un civilizatorio avance de sus sociedades la legalización de la marihuana (ya no para uso medicinal, como fue en un momento la excusa, sino para usos netamente recreativos) sin que ninguno de esos países sea susceptible de ser incluido en esas listas de descertificación con las cuales el imperio se erige una vez más en policía del mundo?

Por una sola y muy particular razón; el gigantesco negocio detrás de las drogas.

Tal como lo comentamos en estas mismas páginas en el año 2015, “La ilegalización del alcohol en los Estados Unidos entre 1920 y 1933, por ejemplo, fue considerada una de las más grandes violaciones a la libertad que se haya perpetrado en esa nación en toda su historia, pero también (por esa misma razón) uno de los más lucrativos negocios llevados a cabo en tiempos de severa recesión económica.

En ambas prohibiciones, la del alcohol y la de las drogas, la represión a la población estuvo determinada siempre por la necesidad de incrementar el flujo de presos hacia las cárceles privadas (más de un millón por causas del consumo o tráfico de drogas, en su mayoría afrodescendientes pobres), así como de elevar el precio de dichos productos ilícitos en las calles.

De ahí que la saña contra el narcotráfico de la que hace gala hoy Estados Unidos no es sino una fachada para todo un andamiaje económico cuyos capitales son los más redituables que existen hoy en día en el mercado financiero mundial, en virtud de ser capitales libres de pasivos contables, costos financieros y de cargas impositivas.” (¿Por qué los imperios sí pueden drogarse? Correo del Orinoco 01/06/2015)

El narcotráfico es un negocio que no entra en la contabilidad de ninguna empresa legalmente establecida, en virtud de lo cual tampoco es legalmente bancarizable. Sus inmensas posibilidades de rentabilidad están determinadas fundamentalmente por dos factores esenciales que aseguran el altísimo nivel de capitalización de ese excepcional negocio para el imperio. En primer lugar; la implacable persecución contra un negocio que es muy estratégicamente presentado como ilícito, lo cual eleva su precio en el mercado de manera exponencial. Y, en segundo término, que el policía que supuestamente lo persigue (léase EEUU) es el mismo que capitaliza la ganancia más cuantiosa del descomunal negocio, evitando su ingreso al sistema bancario convencional como producto de una actividad susceptible de obligación tributaria alguna. Con la droga, todo ingreso es ganancia neta y segura. Pero por los caminos verdes… de los dólares.

La acusación de país forajido contra aquellas naciones que no sirvan a los intereses del imperio, es el recurso perfecto para elevar artificialmente el precio del producto en un mercado que es netamente controlado por quien aparece descertificando, toda vez que es quién administra y resguarda los grandes centros de producción mediante sus más de 830 bases militares en el mundo. País que a la vez es, no solo el que promueve el consumo a través del aparato comunicacional con mayor penetración en el planeta, sino el que recibe los capitales que genera la droga, a través de las miles de opciones para el lavado de dinero que existen en el sistema bancario norteamericano, y que hoy los organismos internacionales como la ONU calculan en cerca de 400 mil millones de dólares al año.

Tal acusación contra los pueblos cumple el doble propósito de atacar y someter a las economías soberanas que no se plieguen a los designios del imperio, paliando así la inminente e inevitable caída del dólar como moneda de referencia en el mercado internacional. Pero a la vez sirve para confundir a la opinión pública, haciéndole creer al mundo que quien acusa es el bueno de la película. La vieja estratagema de “¡Agarren al ladrón!”

Al respecto, decíamos entonces: “Ese cinismo es exactamente el que impuso como norma los Estados Unidos en su accionar contra el narcotráfico desde 1930, cuando creó el Federal Bureau of Narcotics para supuestamente frenar el consumo de marihuana, a la vez que estimulaba la producción y el tráfico de estupefacientes en el mundo entero por razones de naturaleza estrictamente geopolítica y financiera. O lo que pretendió Richard Nixon cuando desaprobaba el informe de la Comisión Shafer en 1972 (que recomendaba legalizar el consumo y venta de marihuana en el país) mientras que en el sur del Asia los soldados norteamericanos se erigían en los más grandes narcotraficantes de su tiempo.

El revelador artículo de Peter Dale Scott, “El opio, la CIA y la administración Karzai”, publicado en la Red Voltaire en 2010, da cuenta de las implicaciones de la CIA a través del tiempo en el surgimiento y desarrollo de los más grandes mercados de narcóticos hoy en día en el mundo. En dicho artículo el autor refiere con total exactitud cómo los cultivos de precursores de drogas se incrementan en aquellos países donde hace presencia militar los Estados Unidos, como Afganistán, Colombia, Paquistán y México.” (Art. Cit.)

Las drogas estupefacientes, que con toda razón Barack Obama considera infinitamente menos dañinas que el alcohol, no son sino una trampa multiforme instalada hoy sobre las sociedades del mundo entero por un imperio inmoral e insaciable, cuyos linderos éticos son diametralmente opuestos al tamaño de su codicia y a su sed de acumulación de riqueza sin importar el hambre o el padecimiento de los pueblos. Una lujuria sicotrópica que combina la naturaleza salvaje del capitalismo con la abyecta idea de la dominación y el sometimiento de los miles de millones de seres humanos que se niegan y se negarán por los siglos de los siglos a rendirse a su repugnante e ilegítimo mandato.

@SoyAranguibel