Finol: Examen histórico a la xenofobia en Perú

Por: Yldefonso Finol

Perú: palabra que en el idioma añún nuku del pueblo ancestral del lago Maracaibo (Tinaja del Sol), significa el punto cardinal “Sur”.

I

No es un mero resentimiento hacia quienes hoy van a sus países a buscar empleos, portando bajo el brazo un currículum académico superior. No es sólo un poco de envidia hacia quienes iban hace poco con tarjetas de crédito cargadas de dólares y eran recibidos con alfombra roja y sonrisas de comerciante. Ni siquiera es la rabia por algún suceso violento protagonizado por un migrante. Es xenofobia masivamente inducida por una campaña sistemática de linchamiento a la venezolanidad.

Adelanto mi conclusión: detrás de las expresiones de odio irracional contra Venezuela que se han producido recientemente en países vecinos, está la arcaica campaña oligárquica contra El Libertador Simón Bolívar, inoculada en los sectores más atrasados de esas sociedades, que tiene por objeto, crear las condiciones psicológicas para una agresión militar que extermine a gran parte de nuestra población y desmiembre el territorio nacional, con una estrategia similar a la aplicada en la Guerra de los Balcanes. O, algo aún peor, un híbrido entre el descuartizamiento de Yugoslavia y el genocidio en Ruanda.

II

La oligarquía que se apoderó del poder en Perú cuando Bolívar tuvo que venir a Bogotá y Caracas a tratar de frenar el mal gobierno y los divisionismos desatados por Páez y Santander; así impuso en aquél país hermano un régimen explotador con ínfulas expansionistas.

Los mismos incapaces de independizar definitivamente a Perú del yugo español, se creyeron ahora con la supremacía militar para agredir a Guayaquil y la recién creada República de Bolivia; todo ello bien azuzado y coordinado por los Estados Unidos a través de su aparato conspirativo que en Lima lideraba el terrible antibolivariano Willian Tudor.

Las calumnias vertidas contra Bolívar vinieron de la animadversión de un puñado de traidores, corruptos y cobardes:

José de la Riva Agüero, calumniador escondido en el anonimato, que habiendo traicionado a su propio país, se dedicó al ruin oficio del chisme. Ya en 1828 el Maestro Simón Rodríguez se encargó de desbaratar las ofensas falsarias de este fracasado.

–  El Marqués de Torre Tagle, ladrón de erarios públicos como Santander, quien se pasó al bando realista degradándose moral y políticamente; lo confesó en textos develados: “he resuelto en mi corazón ser tan español como D. Fernando”…“de la unión sincera y franca de peruanos y españoles todo bien debe esperarse; de Bolívar, la desolación y la muerte”). De este se copiaron tipos como Herbert Morote, Bryce Echenique y Mario Vargas Llosa, siempre plagiando ideas a otros.

Luna Pizarro. Sacerdote católico metido en la política, aplicó sus dos vocaciones a la intriga contra Bolívar. Se puso a la orden del embajador gringo Tudor, para engatusar al general La Mar, con lisonjas estúpidas, para que atacara territorio ecuatoriano que en ese momento integraba la Colombia bolivariana..

–  José de la Mar. General manejado como marioneta por el cura Luna Pizarro y el agente gringo Tudor, se creyó con la capacidad de enfrentar las huestes bolivarianas, cuando éstas se hallaban lejos atendiendo otros asuntos. Pero, se le presentó El Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, y lo despachó en un santiamén en la Batalla de Tarqui.

Riva Aguero y Torre Tagle, que fueron enemigos entre sí, más Luna Pizarro y La Mar, formaron un cuarteto de brolleros contra Bolívar. Todos tuvieron en común, ser unos traidores a la causa patriótica, y opresores del pueblo humilde del Perú.

Esa oligarquía exquisita de modos y descarada de ambiciones, engendró los mitos que siguieron rumiando sus seguidores y descendientes para regar el odio antibolivariano como política de Estado y subcultura de inspiración neocolonial. Dichos mitos alienantes son:

Que Bolívar se erigió en Dictador, cuando fue el congreso de ese país quien le entregó esa condición por la terrible ingobernabilidad que reinaba y la incapacidad de las fuerzas peruanas de expulsar al ejército realista, entre otras razones por las traiciones de Riva Agüero y Torre Tagle.

–  Que Bolívar despilfarró recursos en sus tareas diplomáticas, cuando la verdad es que El Libertador, con su Ejército, con dineros de la Colombia original, con su peculio personal incluso –y superando la obstrucción burocrática de Santander, que consideraba al Perú “cosa ajena”-, financió el arribo de una tropa de seis mil efectivos que fueron los héroes de Junín y Ayacucho que fundaron al Perú independiente. Adicionalmente, el millón de pesos que el Congreso peruano le otorgó, Bolívar no lo aceptó y se lo dejó a ese país, utilizando apenas menos de cien mil de esos pesos en apoyar un proyecto educativo y otros invertidos en los movimientos diplomáticos preparativos del Congreso Anfictiónico de Panamá.

–  Que Bolívar se quería coronar rey, canallada tan falsa como estúpida, mil veces negada por los hechos históricos y por las muchas aclaraciones que El Libertador se vio obligado a exponer, ante impertinentes sugerencias que proliferaron la conseja.

–  Que Bolívar le quitó el territorio de la actual Bolivia al Perú. Falso de toda falsedad. Esa nunca fue idea original del Libertador. Fueron patriotas del Alto Perú (hoy Bolivia), cansados de depender ambivalentemente de los virreinatos de La Plata y Perú, quienes lo propusieron. Querían independizarse del reino de España y de sus gobiernos subsidiarios en Suramérica: los virreinatos. De manera que el surgimiento de la República de Bolivia, y el de todas las demás, no emanan de disposiciones obsoletas del derecho monárquico, como esa división político-territorial invocada por la oligarquía expansionista de Lima, no; todos los nuevos Estados soberanos, son producto de la revolución republicana que puso fin al dominio colonial sobre nuestros territorios indoamericanos. Es un absurdo inaceptable, que se pretenda desempolvar supuestos “derechos coloniales”, para saciar apetencias terrófagas de rentistas parasitarios.

III

Cuando Bolívar utilizó frases fuertes referidas a la sumisión del Perú al dominio español, no estaba para nada equivocado; pero esa caracterización correcta en términos histórico-políticos, no aludía al sentimiento patriótico del pueblo peruano, sino, a la genuflexión de su oligarquía, hecho totalmente probado en las actitudes de personajes como Riva Agüero, Torre Tagle, Luna Pizarro y La Mar.

Sincerando la historia con los inobjetables hechos consumados, podemos afirmar categóricamente, que lo que detestaban los aristócratas peruanos del Libertador, eran sus ideas revolucionarias, plasmadas en actos de gobierno que nadie podrá borrar: propugnar la igualdad establecida y practicada, otorgando la propiedad de la tierra a los pueblos originarios, pidiendo poner fin a la esclavitud, introduciendo el derecho a la educación para niños y niñas sin distingos de piel y de clase, democratizando la actividad económica, imponiendo el salario y el contrato legal para el trabajo indígena, creando condiciones para terminar con la servidumbre, castigando severamente la corrupción, protegiendo las especies animales sobreexplotadas y ordenando reforestar los bosques destruidos por el afán de lucro minero y ganadero. Eso odiaron en Bolívar los gringos y sus cipayos.

Estas verdades las sabe el Departamento de Estado yanqui. Por algo las cartas de Bolívar, Urdaneta y Sucre, celosamente custodiadas por el General Lara, robadas por insubordinados que reportaban al espía William Tudor, por medio de Santander y Luna Pizarro, fueron a parar al archivo del Gobierno de Estados Unidos.

IV

Perú, como Colombia y Venezuela, tras la muerte de Bolívar, cayeron en manos de sus detractores, aquellos que sólo veían en la Guerra de Independencia, la ocasión de ascender a posiciones privilegiadas de poder. Acusar a Bolívar –como lo hacen a diario una jauría de plumíferos tarifados- de los males estructurales que se impusieron en nuestras naciones, no sólo es injusto, sino que es una mentira del tamaño de las miserias humanas que subyacen en tal engendro.

En el Perú –especialmente- el odio contra Bolívar se cultivó en forma tenaz y permanente. Los mismos voceros de este complejo de inferioridad no superado, fanáticos del poder colonial que renuncian a su nacionalidad para ser acogidos como cortesanos aunque sea en el papel de bufones, son quienes han vociferado la retahíla de viles enredos sobre El Libertador.

Estos figurones, mismos que reniegan de su condición mestiza y que practican el racismo contra sus pueblos originarios, son autores intelectuales de la xenofobia deleznable que se está ejecutando en estos momentos contra mujeres venezolanas y hombres venezolanos en Perú. Las autoridades al frente de este crimen horrendo de lesa humanidad, utilizan la fuerza pública como aparato de tortura y tratos degradantes. Han llegado al extremo de grabar mensajes utilizando niños como pregoneros del más grotesco discurso xenófobo.

Estamos, sin duda, ante una patología social con profundas raíces en la historia, que un laboratorio criminal ha desatado como peste, para ir creando las condiciones del genocidio moral (¿y físico?) del gentilicio venezolano. El imperialismo gringo y la cábala sionista lo controlan. El “Cartel de Lima”, lo simboliza.

Para terminar –por ahora- dejo en el aire una pregunta: ¿la gente decente del Perú, las reservas humanistas del pueblo de Gustavo Gutiérrez, el Perú sensible de Chabuca Granda y César Vallejo, permitirá que se continúe cometiendo este fratricidio impunemente?

Estando en Cuzco el 27 de junio de 1825, Bolívar escribió al poeta guayaquileño José Joaquín Olmedo: “los monumentos de piedra, las vías grandes y rectas, las costumbres inocentes y la tradición genuina, nos hacen testigos de una creación social de que no tenemos ni idea, ni modelo, ni copia. El Perú es original en los fastos de los hombres”.

Un espíritu similar encontramos un siglo después en el revolucionario peruano José Carlos Mariátegui: “No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He aquí una misión digna de una generación nueva”.

Generación que esperamos renazca en el país que Bolívar y su Ejército Libertador, arrancaron de las garras de los verdugos destructores del País de los Incas.

yldefonso-FINOL  Yldefonso Finol

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Aranguibel: Gob. y oposición avanzan en el diálogo pese a diferencias

Caracas, 17/09/2019.- El constituyente venezolano, Alberto Aranguibel, en entrevista para teleSUR, explicó que “Lo más importante del comunicado leído este martes por el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, es la reafirmación del carácter profundamente constitucional de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana, pues hay un sector opositor, que ha jugado a la desestabilización a través de la violencia, que ha querido presentar a Venezuela como que es un país hundido en un barranco de ingobernabilidad, lo cual es totalmente falso. La demostración palpable es el hecho de que un sector consciente, de un mayor nivel de capacidad de juego político por parte de la oposición, está sentándose con el gobierno para avanzar en acuerdos que signifiquen mejoría para los venezolanos”.

Fuente: teleSUR

Teresa de Washington

Por: Alberto Aranguibel B.

La madre Teresa de Calcuta, considerada por el mundo cristiano como un caso excepcional de servicio a Dios en virtud de la abnegada labor humanitaria que llevó a cabo durante su vida, mereció los más altos reconocimientos del mundo por su entrega absoluta a la redención de los marginados, principalmente los humildes, los enfermos y sin hogar.

Asumida en su momento como un símbolo vivo de la más pura y perfecta conmiseración hacia el ser humano, a la madre Teresa le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz, así como otros importantes galardones, como el Premio Internacional Juan XXIII, impuesto por el Papa Paulo VI, la Medalla Presidencial de la Libertad, por el presidente Ronald Reagan de los EEUU, el Premio Balzán, por el presidente Sandro Pertini de Italia, y una medalla especialmente concebida para ella por la ONU, entre muchos otros.

Recorrió el mundo con su obra de caridad, en razón de lo cual su nombre apareció siempre encabezando las listas de las personas más admiradas de todo el planeta, precisamente porque nunca discriminó a los humildes entre buenos y malos.

Por eso la labor humanitaria que hoy en día lleva a cabo la hija de Donald Trump en Cúcuta tiene que ser evaluada en su justa dimensión.

Esta buena mujer ha saltado por encima de los horrendos campos de concentración que su padre ha montado para encerrar en ellos a los miles de niños que son arbitrariamente separados de su familia y luego sometidos a las más humillantes vejaciones que el ser humano haya conocido jamás desde los tiempos de la Alemania nazi, con el único propósito de ver de cerca a unos venezolanos que su hermano Juan Guaidó, “hijo putativo” de Trump, dejó abandonados desde hace meses en la frontera colombo-venezolana.

Tan particular desatención al sufrimiento de miles de seres humanos torturados por su papá allá en su propia casa, para venir a saludar a miles de kilómetros de su Washington natal a unos cuantos guarimberos, o es un gran acto de brutal discriminación hacia aquellos o el más sublime gesto de amor hacia estos.

En todo caso, si a la Madre Teresa la erigieron Santa por lo que hizo, a la emperatriz gringa habría que edificarle el más grande templo mariano de la historia. Porque jamás nadie ha amado tanto a los guarimberos como ella los ama.

@SoyAranguibel

Fazio: Colombia, plataforma de la CIA para la agresión a Venezuela

Por: Carlos Fazio
-Rebelión

El pasado 28 de agosto, el secretario de Estado Mike Pompeo anunció la creación de la Unidad de Asuntos para Venezuela (Venezuela Affairs Unit, VAU por sus siglas en inglés), que estará ubicada en la embajada de Estados Unidos en Bogotá, Colombia, lo que exhibe a ese país sudamericano como la principal plataforma para un golpe de Estado made in USA contra el gobierno constitucional y legítimo de Nicolás Maduro y el papel servil y cipayo del presidente colombiano Iván Duque.

La Unidad de Asuntos de Venezuela estará dirigida por James Story, ex encargado de negocios en la Embajada estadunidense en Caracas, y quien fue uno de los últimos diplomáticos en retirarse de la misión en la capital venezolana en marzo, después de que el presidente Nicolás Maduro rompiera relaciones con Washington.

El nivel de la VAU no es tradicional en el servicio exterior de Estados Unidos, y según trascendidos de prensa no se equiparará a una “sección de intereses” como la que existió en La Habana, Cuba, durante décadas. De acuerdo con fuentes del Departamento de Estado, su carácter provisional la coloca fuera del Comité de Relaciones Exteriores del Senado en cuanto a aprobar su personal, aunque seguirá supervisando el desarrollo de las relaciones bilaterales.

La creación de la oficina diplomática paralela de EU en Bogotá contó con el apoyo bipartidista (demócrata/republicano) del Congreso, y busca dar legitimidad regional al desdibujado presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Juan Guaidó, en un momento de extrema debilidad política de la oposición interna al gobierno de Maduro.

El presidente Maduro rompió relaciones con EU el 23 de enero pasado, luego de que Donald Trump desconociera su mandato y reconociera a Guaidó, su creación, como “presidente encargado”, en medio de una campaña de intoxicación mediática en el mundo occidental dirigida a presionar, desestabilizar y producir un “cambio de régimen” en Venezuela, con apoyo de varios presidentes de la ultraderecha latinoamericana agrupados en el llamado Grupo de Lima.

Desde entonces, oficiales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) comenzaron a realizar contactos con funcionarios diplomáticos venezolanos con fines de reclutamiento e incitación al abandono de sus cargos, en particular en Colombia, Panamá y Naciones Unidas.

Según reportes periodísticos, a cambio de convertirse en colaboracionistas de la agencia de espionaje estadunidense, oficiales de la CIA ofrecieron sumas de dinero de entre 120 y 150 mil dólares, con el encargo, a quienes defeccionaran, de que deberían ofrecer entrevistas a medios de prensa donde evidenciarían, entre otras exigencias, rechazo al presidente Maduro y al gobierno que habían defendido hasta ese momento.

Desde entonces, también, los agentes de la CIA incrementaron sus actividades en territorio colombiano. En 2018, la agencia estadunidense ya había logrado la defección del agregado de prensa venezolano en Bogotá, Luis Espinoza. Destaca, asimismo, el apoyo brindado a una red terrorista basificada en Perú, denominada operación “Jaque Mate Venezuela 2019”, dedicada a la ejecución de actos violentos en territorio venezolano con fines de desestabilización.

Antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, entre Iván Duque y Gustavo Petro, en junio de 2018, la CIA preparó una denuncia pública donde acusaba, falsamente, a Royland Belisario, miembro del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), de un supuesto atentado contra el hoy presidente Duque. La versión fue recuperada por el diario bogotano El Tiempo el 3 de marzo de 2019 y atribuida a “organismos de inteligencia colombianos”.

El 15 de abril de 2019, durante una sesión de preguntas y respuestas en la Universidad de Texas, el secretario de Estado Mike Pompeo afirmó que cuando “yo era director de la CIA, mentimos, engañamos y robamos. Teníamos hasta cursos de entrenamiento”. La transcripción oficial del Departamento de Estado censuró esas aseveraciones, pero sí quedaron registradas en video. Y aunque es público y notorio que a lo largo de su historia la CIA ha hecho lo que Pompeo dijo, no deja de ser grave que el jefe de la diplomacia estadunidense se refiera a sí mismo de esa forma.

El 7 de febrero anterior, tras la detención del ex coronel de la Guardia Nacional Bolivariana, Oswaldo Valentín García Palomo, el vicepresidente de Comunicación, Cultura y Turismo de Venezuela, Jorge Rodríguez, destacó ante los medios la publicación de mensajes intimidatorios y noticias falsas por parte de actores del antichavismo que delineaban el marco de una serie de acciones golpistas.

De tiempo atrás, García Palomo había contado con el apoyo de la CIA y de los gobiernos de Colombia, Chile y Brasil. En su confesión, el ex militar declaró que la Agencia Central de Inteligencia lo había contactado a través del general retirado Antonio Rivero, activista del Partido Voluntad Popular (el de Guaidó) y agente de la CIA, según Rodríguez. Detalló, también, que en territorio colombiano había contado con el apoyo de alias “Alejandro”, un general de la Policía Nacional de Colombia, quien era el enlace con el gobierno de Juan Manuel Santos.

El plan golpista había sido reactivado en mayo de 2018, previo a las elecciones colombianas, con la asesoría de alias “Indiana” y el “coronel Lee” por parte de la CIA y de “Alejandro”, por parte del gobierno de Colombia. Los oficiales instruyeron a García Palomo el plan de ataque contra Venezuela durante el primer trimestre de 2019, y su confesión, según Jorge Rodríguez, venía a desmontar la campaña de intoxicación desinformativa internacional sobre la “crisis humanitaria”, como coartada para una invasión diseñada por la CIA y el Pentágono con apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Grupo de Lima.

En el contexto de una prolongada guerra híbrida imperial de desgaste, el sábado 23 de febrero de 2019, calendarizado como el enésimo “Día D” de la asediada República Bolivariana de Venezuela, resultaría otro estrepitoso fracaso de la terrorista ultraderecha internacional que responde a los dictados de la Casa Blanca.

En esa coyuntura, uno de los miembros de la estación de la CIA en Bogotá acompaño al senador estadunidense de ascendencia cubana Marco Rubio y al representante por el estado de Florida, Mario Díaz-Balart, en su visita a la localidad colombiana de Cúcuta, limítrofe con Venezuela y uno de los principales focos de tensión entre ambos países. En esa ocasión, Rubio y Díaz-Balart –representantes de la mafia cubano estadunidense de Miami− estuvieron acompañados de Carlos Trujillo, embajador de EU ante la OEA.

Cúcuta, donde según el intelectual colombiano Renán Vega Cantor “reina el poder paramilitar” −hasta el punto que se le conoce como la “República Independiente de los Paracos”−, había sido el escenario, la víspera, del concierto “Venezuela Aid Live”, organizado por la gusanería cultural del clan Estefan (el matrimonio conformado por Gloria y Emilio Estefan ), que contó con la asistencia de unos 30 artistas Made in Miami , incluido Silveste Dangond, denominado “el paramilitar del vallenato”.

Ese concierto de odio y de guerra fue concebido como una acción de distracción en la frontera colombo-venezolana, dirigido a encubrir una operación de bandera falsa en el marco de la pretendida introducción de “ayuda humanitaria” a Venezuela de la Agencia Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos (USAID, por sus siglas en inglés), que desde 1961 ha sido utilizada por la CIA como una de sus armas más poderosas para sus operaciones encubiertas.

En el argot militar, las operaciones de bandera falsa son las que realiza una potencia agresora de forma clandestina, en aras de parecer agredida y culpar al enemigo. El 23 de febrero, dos camiones de la USAID con supuesta ayudada humanitaria para Venezuela fueron incendiados con cocteles molotov en el puente internacional Francisco de Paula Santander, del lado colombiano y por grupos violentos de la oposición venezolana, y el vicepresidente de EU, Mike Pence y el secretario de Estado, Pompeo, culparon al “tirano” Maduro.

La operación, que contó con la asistencia in situ del presidente colombiano Iván Duque y su homólogo chileno, Sebastián Piñera, así como del lacayo del Ministerio de Colonias de EU, el uruguayo Luis Almagro, exhibió los nexos de la mafia cubano-americana de Miami auspiciada por la CIA con los “paracos” de Cúcuta y la ultraderecha continental, pero también la impunidad con la que la agencia estadunidense desarrolla sus actividades injerencistas contra Venezuela desde el territorio de Colombia.

Desde inicios de 2019 y hasta la fecha, la Embajada de EU en Bogotá ha venido incrementando el número de funcionarios en su consulado en Cúcuta con dos objetivos fundamentales: apoyar las visitas de congresistas, políticos y militares estadunidenses así como de jefes y oficiales de la comunidad de inteligencia que viajan a esa región fronteriza, y para el monitoreo de la situación en Venezuela, sobre lo cual remiten partes diarios que son remitidos al Departamento de Estado, la Casa Blanca y el Pentágono.

El consulado de EU en Cúcuta cuenta con un alto número de funcionarios que estaban adscritos a la misión diplomática norteamericana en Caracas, la cual debieron desalojar tras la ruptura de relaciones decretada por Nicolás Maduro. Según versiones periodísticas, entre ellos habría algunos expertos en operaciones encubiertas y al trabajo de campo con la ultraderecha venezolana, grupos paramilitares y bandas criminales, pero también con hacendados opositores, que como parte de la guerra económica contra el gobierno constitucional de Maduro, realizan operaciones clandestinas para sacar al exterior minerales (oro, bauxita, hierro), petróleo y gasolina.

En ese contexto, la creación de la Unidad de Asuntos para Venezuela anunciada por Pompeo la semana pasada, vendría a reforzar el papel del dúo Álvaro Uribe-Iván Duque como cipayos de Washington y el de Colombia como plataforma para la agresión del Pentágono y la CIA contra Venezuela.

Fuente: Rebelion.org