Aranguibel a LaIguanaTV: “La derecha quiere empatar el juego mintiendo sobre Venezuela”

La IguanaTV.com, 27 de mayo de 2020.- Luego de pasar dos meses ocultando los logros de la estrategia venezolana frente la pandemia de Covid-19 y de algunos fallidos intentos por difundir informaciones falsas acerca de contagiados y muertes, la maquinaria mediática del capitalismo hegemónico ha entrado en una fase de mentiras abiertas, desmelenadas, exageradas, hiperbólicas.

Sin la más mínima intención de darle sustento a sus afirmaciones, los medios de la prensa antivenezolana y los influencers que replican esas mismas líneas editoriales, han difundido fake news tan descaradamente exageradas como la de ubicar en 30 mil el número de muertes por coronavirus, lo que es una cantidad 272.727% superior a la cifra oficial de decesos en el país, que apenas llegó a 11 personas el martes 26 de mayo.

Si esa fuese la cifra de personas fallecidas, tendría que haber en el país alrededor de 500 mil contagiados, según la proporción que se registra como promedio en el mundo.

La hipérbole es una figura que consiste en exagerar intencionalmente la realidad. Funciona en la vida cotidiana, como cuando alguien dice “¡toque la puerta un millón de veces!” o “este morral pesa como 500 kilos”. Es válida en los campos de la literatura y la oratoria, pero es un pecado capital en el periodismo pues implica, como en este caso, una grave distorsión de los hechos.

El mecanismo de puesta en circulación de la desproporcionada mentira fue un clásico de la manipulación mediática: lo dijo una supuesta fuente calificada, aunque sin mostrar ninguna evidencia, lo publicó con gran despliegue un medio extranjero (al que poco le importa mentir sobre el tema Venezuela, pues lo viene haciendo desde hace mucho tiempo) y lo replicaron numerosos medios locales y cuentas de redes sociales.

La especie es por completo intragable, pues esa cantidad de fallecimientos en un país de 30 millones de habitantes habría causado una verdadera conmoción nacional y sería del todo imposible de mantener oculta. Pero por más inverosímil que resulten, hay gente dispuesta a hacerse eco de ese tipo de falsas noticias.

“Quieren al menos empatar el juego”

El constituyente y comunicador Alberto Aranguibel, quien ha estudiado a fondo estas modalidades de manipulación informativa, expresó a LaIguana.TV que “la pandemia sorprendió a la maquinaria de propaganda neoliberal capitalista (el gigantesco entramado comunicacional en manos del gran capital) con el impacto de una realidad que por primera vez desbordaba la capacidad de los medios de comunicación para armar antojadizamente la verdad a su buen saber y entender”.

Esta capacidad había sido utilizada siempre por los medios, pero esta vez no funcionó, permitiendo que la gente pudiera ver por fin una verdad no filtrada o modificada por el medio de comunicación. “Esa verdad estaba en las calles, en forma de contagiados, de muertos, de ineptitud de los líderes neoliberales para enfrentar la contingencia y de contraste con la sorprendente capacidad de verdadera ayuda humanitaria de los países socialistas, respondiendo con eficacia a la emergencia, que no podían ocultar los gobiernos ni mucho menos los medios”.

Aranguibel estima que ante esta crisis, surge la necesidad urgente de salvar a toda costa el inmenso poder que están perdiendo frente a la pandemia, y que pone en riesgo la vigencia misma del modelo neoliberal capitalista en el mundo. “El ataque a Venezuela, una vez más con base en infundios y descalificaciones descabelladas y absurdas, es expresión de esa necesidad de la derecha y de sus medios de comunicación para tratar de salvar (o al menos empatar el juego) lo que la pandemia le está costando al capitalismo, y en particular a la lógica imperialista del nuevo orden hegemónico unipolar, dejándolo desnudo en su incompetencia para resolver los problemas de la humanidad”.

La necesidad de “empatar el juego” en las informaciones sobre Venezuela se ha agudizado por las derrotas que EEUU y sus aliados internos y externos a han sufrido en el último mes, con el fallido intento de invasión con mercenarios, paramilitares y desertores, y con la llegada al país de los buques tanqueros de Irán cargados de gasolina y aditivos para reanudar la fabricación local del combustible.

Fuente: Clodovaldo Hernández / LaIguana.TV

Apocalípticos

Por: Alberto Aranguibel B.

A través de la historia, el pensamiento conservador ha acudido siempre al dogma de la religión como su referente doctrinario por excelencia, porque no ha encontrado jamás argumentos válidos en la teoría política a su visceral empeño de imponer un modelo de sociedad como el capitalista, basado en la injusticia y en la explotación del hombre por el hombre.

Para la derecha venezolana, completamente desbordada por la incapacidad e ineptitud de su liderazgo para asumir la inmensa responsabilidad que comprende la función política, la muerte ha venido a ser exactamente eso; una fórmula de salvación igual a la descrita en los pasajes de la Biblia que se refieren a ella como la puerta al reino de los cielos.

Sin haber estado ni siquiera cerca del martirio (porque más allá de las consignas destempladas de algunos, todavía no existe el opositor que esté dispuesto a ofrecer su vida o la de los suyos en pro de la causa política que defiende) la derecha venezolana se regocija con esa muerte idílica que describen las Sagradas Escrituras porque ha sido en lo único en lo que ha encontrado algún nivel de alivio en la larga cadena de derrotas y fracasos en los que ha estado sumida desde hace casi un cuarto de siglo.

Incendiar vivo a un ser humano, por ejemplo, o asesinarlo lanzándole materos desde lo alto, es para el opositor promedio un piadoso acto de liberación que le acerca a la tan negada gloria del poder que por la vía del ejercicio democrático de la política no ha podido alcanzar jamás. Un acto de liberación igual a la hipotética salvación que espera esa derecha de un ejército extranjero que lleve a cabo la tarea de la muerte necesaria en la cual cree, y a la que asume como una legítima fórmula de redención.

Hoy, frente al inmenso e innegable logro del gobierno revolucionario en la contención y prevención de la peor amenaza que ha existido contra el ser humano en los últimos cien años, la derecha se aferra a la contabilidad de las muertes como su única esperanza de recuperación del desastre que en su haber representa Juan Guaidó.

A nadie en la oposición le interesan las cifras que colocan a Venezuela en el primer lugar en el continente en la efectividad de la gestión contra el coronavirus. Buscan cadáveres por las esquinas y los callejones como quien persigue rampando entre el pajonal el trébol de la fortuna.

Es, de nuevo, la búsqueda desesperada de la muerte como la puerta al cielo.

 

@SoyAranguibel

Néstor Francia: Washington Post: tú lo que quieres es que me coma el tigre

Por: Néstor Francia

El cine y la televisión nos han acostumbrado a una serie de películas y seriales sobre epidemias y pandemias, de desigual calidad: Epidemia, Contagio, Virus, Doce monos, The hot zone, Ceguera, Guerra Mundial Z, Soy Leyenda, Cargo, Tren a Busan. En todas el combate contra el virus es liderado por individuos excepcionales o por pequeños grupos heroicos. En ninguna se muestra a todo un colectivo, a un pueblo mayoritario enfrentando a la enfermedad. Esta me parece una buena introducción para referirme al “reportaje” publicado recientemente por el Washington Post con el largo y revelador título “Venezuela’s broken health system is uniquely vulnerable to coronavirus. Neighbors are afraid the country will hemorrhage infected migrants” (El quebrado sistema de salud de Venezuela es excepcionalmente vulnerable al coronavirus. Vecinos temen que el país cause una hemorragia de migrantes infectados”), y firmado por Ana Vanessa Herrera y Anthony Faiola.

Por supuesto, el “reportaje” es una colección de manipulaciones y mentiras, lo cual no tiene nada de nuevo. Lo importante es desentrañar cuál es la nuez de la matriz que se quiere imponer para cubrir cualquier eventualidad que depare el futuro a la lucha contra el coronavirus en Venezuela. Es la creación de la plataforma conceptual para denostar de nuestro país sin importar lo que el futuro nos depare en el enfrentamiento a la pandemia en nuestro territorio.

El “informe” del WP abunda en la descripción interesada de la situación del sistema de salud venezolano. Sería deshonesto negar que esa área en Venezuela está en problemas, en buena parte por las criminales sanciones político-económicas contra el país, en parte por fallas de gerencia que no son tan raras en este experimento de gobierno popular. Claro, el WP refiere horrores del sistema público de salud, pero calla la conducta criminal del sector privado del área, absolutamente especulador y pesetero, con médicos que amasan fortunas valiéndose de la necesidad de seres humanos, y con un sector de aseguradoras cuyas pólizas son tan costosas como irrisorias sus coberturas. Aunque se comercia en el país una cierta cantidad de medicamentos genéricos a precios razonables, que son insuficientes, en general las medicinas son caras y a veces inaccesibles.

Creo, sin embargo, que la situación del sistema de salud es pasto también de las exageraciones comunes de la canalla mediática. Yo soy, a pesar de mi edad -más de 70 años- una persona que he tenido en los años recientes pocos y menores problemas de salud. Recuerdo que dos veces he sido hospitalizado por dengue en clínicas privadas. Entonces las pólizas de salud de instituciones del Estado en las que trabajaba fueron suficientes para cubrir los gastos, cosa que ya no ocurre. Dos veces he tenido que acudir a CDI (centros públicos de diagnóstico y atención primaria), donde he sido muy bien atendido. Recientemente me hice unos exámenes en el hospital Jesús Yerena de Lídice, y doy fe de que este hospital del Estado se encuentra en muy buen estado, limpio y con solícita atención. Hace unos cinco años mi esposa tuvo que pasar 22 días hospitalizada en el hospital Pastor Oropeza de Barquisimeto, víctima de una fractura de fémur. Allí fue bien atendida y exitosamente operada. Pero esas son limitadas experiencias personales, probablemente otros tendrán relatos menos felices. Aceptemos, en todo caso, tanto que hay problemas reales como que al Washington Post le importa muy poco la salud de los venezolanos, y sigamos adelante con el análisis.

Obviemos los detalles terroríficos del “reportaje” sobre el sistema de salud de Venezuela, es más de lo mismo, vamos directo a las matrices. Es bueno prestar especial atención al uso interesado del lenguaje como herramienta de manipulación. Citemos al WP: “Los analistas dicen que Venezuela, que ya está luchando bajo una mezcla peligrosa de carencias en agua limpia y jabón, hospitales públicos mal equipados y mal abastecidos y trámites burocráticos autoritarios, es especialmente vulnerable a la pandemia.

A medida que el gobierno del presidente Nicolás Maduro intenta desplegar una respuesta histórica a un desafío global que no está bien equipado para enfrentar, los vecinos de Venezuela temen cada vez más que el país se convierta en una placa de Petri para el nuevo coronavirus, con una hemorragia de los migrantes infectados y propagando el virus a través de fronteras difíciles de controlar. ‘Un número explosivo de casos obviamente superaría la capacidad del sistema de salud venezolano y terminaría con mucha gente exigiendo atención en Colombia’, dijo Fernando Ruiz Gómez, ministro de salud de Colombia. ‘Los servicios de cuidados intensivos serán los más críticos’”. Siendo posible que las drásticas y correctas medidas que el gobierno venezolano ha tomado rápidamente logren un resultado positivo en cuanto a controlar la cadena de transmisión del coronavirus, comienza a prepararse la matriz que responsabilizará a Venezuela, personificada en sus migrantes, de los posibles fracasos de Colombia y Brasil, cuyos gobiernos han actuado con negligencia y tardíamente para enfrentar la pandemia.

Lo anterior es reforzado por WP apelando a la tergiversación descarada de la realidad: “En pocos días, las naciones sudamericanas desde Brasil hasta Bolivia y Perú se han convertido en algunos de los estados más proactivos del mundo en tratar de controlar el virus, imponer toques de queda, desplegar el ejército, cerrar fronteras y prohibir muchos, y en algunos casos todos, vuelos internacionales”. ¿Ignoran los dos canallas del WP redactores de tales mentiras que Iván Duque trató de impedir la colaboración con Venezuela para enfrentar la situación y que en Chile hubo cacerolazos para exigir al gobierno de Piñera que decrete la cuarentena? ¿Desconoce que Jair Bolsonaro se niega a que se suspenda misas y otras actividades religiosas presenciales?

El WP reconoce a regañadientes y con puñetera manipulación las acciones tomadas por nuestro Gobierno: “Pero pocos fueron tan tempranos o agresivos como Venezuela. Maduro cerró negocios y limitó las reuniones públicas el viernes pasado. Los soldados y la policía han establecido bloqueos de carreteras, limitando el movimiento a las personas que viajan al trabajo, mercados, farmacias y hospitales. Las calles de Caracas ahora están inquietantemente tranquilas”. Fíjese el lector la manera torcida como se presentan los hechos, restando todo mérito a los ciudadanos que han asumido disciplinada y voluntariamente la cuarentena nacional y presentando la respuesta venezolana como una especie de estado de sitio impuesto a los ciudadanos con represión y en contra de la voluntad de la gente.

Por supuesto, no podía faltar la alusión a la supuesta dualidad de poderes en Venezuela:“La respuesta se complica por el estancamiento político del país: en Venezuela, incluso la cuestión básica de quién está a cargo sigue en duda. Maduro, quien reclamó la presidencia el año pasado después de una elección ampliamente vista como fraudulenta, ha tratado de usar la crisis para demostrar su control de facto del país. El líder de la oposición, Juan Guaidó, es reconocido por los Estados Unidos y más de otras 50 naciones como su líder legítimo”. Si en algún momento la patraña del “gobierno interino” ha quedado desnuda es en esta situación de emergencia. Maduro no necesita demostrar que su Gobierno está en control del país, esa es una verdad del tamaño de Júpiter. La dualidad de poderes es un engendro mediático y un espejismo creado por la diplomacia del imperialismo norteamericano y sus aliados, un puñado de gobiernos de derecha que no constituyen ni siquiera un tercio de los países que forman parte de la Organización de la Naciones Unidas (hoy más desunidas que nunca). A esa minoría la llaman ellos “Comunidad Internacional”, al fin y al cabo se creen dueños del mundo.

La loable actuación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, desplegada para la protección de los venezolanos y para garantizar pacíficamente el fiel cumplimiento de las justas medidas instrumentadas en esta emergencia sanitaria es presentada de manera falsa y canallesca por el WP: “El gobierno de Maduro, mientras tanto, está militarizando la nación. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, anunció esta semana que todas las ramas militares y la policía nacional estaban siendo desplegadas para hacer cumplir la cuarentena”. Realmente lo que está haciendo el Gobierno Bolivariano es tratar de prevenir el uso de la Fuerza Armada para tareas tan tristes como la que ha tenido que asumir el ejército de Italia, donde se usa convoyes militares para trasladar montones de cadáveres.

La película de terror viral del WP sobre Venezuela es una torcedura mal intencionada de la verdad. El guion de nuestra película es otro. No estamos los venezolanos en situación de que nos salve un héroe solitario o un pequeño grupo de elegidos. Aquí hemos emprendido una lucha colectiva contra el coronavirus, en la que la absoluta mayoría de los ciudadanos está participando voluntaria y solidariamente, con una actitud ejemplar que debería ser un modelo para todo el mundo y con un gobierno que ha tomado el toro por los cachos con coraje y gran sentido de responsabilidad. Aunque es justo reconocer una verdad en el “reportaje” del Washington Post: en las calles Caracas hay una “inquietante tranquilidad”. Inquietante, sí, para los enemigos de Venezuela. Por eso se preparan para manejar dos escenarios. Si tenemos éxito en la lucha contra el coronavirus, será porque una dictadura se impuso militarmente reprimiendo a los ciudadanos y porque forzamos a los venezolanos a migrar para contagiar a otros países.

Si fracasamos, lo cual es poco probable por lo visto hasta ahora (han pasado diez días desde que se anunciaron los dos primeros contagios y aun no tenemos ni un fallecido, gracias a Dios y al pueblo), será culpa de la “narcodictadura” de Maduro. Nunca fue más patente el dicho: tú lo que quieres es que me coma el tigre.

 

nestor  Néstor Francia

Muertos acomodaticios

Por: Alberto Aranguibel B.

En Latinoamérica se está padeciendo hoy la más terrible realidad bélica que se haya producido jamás en el continente desde los tiempos de la brutal conquista española que diezmó pueblos y territorios enteros de manera simultánea en la forma cruel e injustificada en que lo hizo.

Frente al repudio al neoliberalismo expresado en este momento por las grandes mayorías del pueblo en Chile, Ecuador, Colombia y Bolivia, la respuesta ha sido la represión más despiadada por parte de los sectores de poder con los que cuenta la derecha en cada uno de esos países.

Las muertes, insumo vital preciadísimo para las corporaciones mediáticas en las que se apoya el modelo capitalista, no aparecen por estos días en los grandes titulares de esa prensa lacaya aún a pesar de presentarse como un fenómeno de dimensiones continentales.

De manera casi articulada, la noticia persistente en todos esos medios se centra en el bizarro debate de si fue o no un golpe de Estado lo que ha sucedido en Bolivia. Se entrevistan personalidades, se escuchan opiniones de analistas políticos, se consulta a expertos constitucionalistas, pero no se trasciende el tema sino que se circunscribe todo al mismo falso dilema del golpe o no.

Se cuentan por docenas los muertos en Chile producto de la represión del dictador Piñera contra los manifestantes que piden su renuncia, así como por decenas las muertes de bolivianos masacrados por la dictadura que asaltó el poder en ese país.

Pero no son noticia.

El pasado sábado, día en que el mundo entero esperaba ver titulares por la muerte de miles de opositores en Venezuela gracias a la expectativa generada por la infame guerra de desinformación y falseamiento mediático de la realidad de nuestro país, no se produjo ni un solo muerto.

Pero eso tampoco fue noticia para los medios.

La gran noticia que revelaba al mundo que no hubo ni un muerto en el apocalipsis previsto, fue considerada inservible. Mientras que la advertencia de la señora Michelle Bachelet sobre hipotéticos desbordamientos de los cuerpos de seguridad del Estado que pudieran presentarse durante la jornada opositora, sí ocupó un buen espacio en las primeras páginas.

No les sirven ni los muertos que el neoliberalismo provoca, ni tampoco los vivos que garanticen los gobiernos revolucionarios.

Así de “imparcial” es la prensa neoliberal.

@SoyAranguibel

¿Es la ONU un premio?

Por: Alberto Aranguibel B.

Para nadie es un secreto el enorme peso que tienen hoy en la formación de las matrices de opinión los medios de comunicación. Es de ahí de donde surge la mayoría de la desinformación que por lo general padece la sociedad sobre los más diversos temas.

La derecha venezolana se aferra a ideas en las cuales cuentan con el apoyo irrestricto de los grandes medios de comunicación al servicio del neoliberalismo para tratar de confundir cada vez más a la población tergiversando los hechos y negándole así su sagrado derecho a la verdad.

La falsa especie que presenta a Venezuela como un país en el que la violación de derechos humanos sería norma de Estado, es una más de esas matrices arbitrarias orquestadas con un claro interés político por la derecha nacional e internacional en connivencia con los medios de comunicación. El único posicionamiento medianamente logrado por el antichavismo en casi un cuarto de siglo.

De ahí su rechazo a la elección de nuestro país como miembro, junto a otros 46 integrantes, del Consejo De Derechos Humanos de la ONU. Una elección (la tercera en la que nuestro país es honrado con tal honor) que de entrada pulveriza esa infamia del Estado como violador de derechos humanos.

Pero que echa también por tierra el fastidioso sonsonete de los supuestos 50 países que apoyarían a Guaidó en su insensata pretensión presidencial. Otra matriz impuesta por la derecha, a partir de la mentira según la cual el apoyo que en algún momento le brindaran a un autojuramentado, más por presión del imperio norteamericano que por ninguna otra causa, sería una suerte de inamovible bastión de guerra que no podría alterarse, ni siquiera con los recurrentes y bochornosos escándalos que han signado la actuación pública del diputado y su círculo más estrecho en apenas unos pocos meses.

Pretenden que sus matrices mediáticas no son susceptibles de alteración alguna en función de la cambiante coyuntura política nacional e internacional que orienta y determina hoy el comportamiento de todas las naciones del mundo. Y eso, una arbitrariedad más, es solo parte de la deformación que llevan a cabo de manera irresponsable.

Lo cierto es que, ni es verdad que cincuenta países (que en algún momento creyeron que lo que estaba haciendo la derecha venezolana, juramentando como presidente de la República a un pusilánime y desconocido diputado, era un acto constitucional) apoyen hoy en día la pretensión golpista de la oposición, ni la elección al CDDH de la ONU es un premio al buen comportamiento de los gobiernos, como quiere ponerlo la narrativa de la derecha. No es, en definitiva, la medalla al país “políticamente correcto”.

Es el merecido reconocimiento a los excepcionales esfuerzos por la justicia y la igualdad social, que en la caso venezolano sobrepasan hoy todo lo logrado por infinidad de países capitalistas que no han podido ni acercarse siquiera al logro de Metas del Milenio que nuestro país rebasó con creces desde hace más de una década.

@SoyAranguibel

Ahora se entiende el cobarde plan…

Por: Alberto Aranguibel B.

Nunca tuvo sentido alguno que la más poderosa potencia militar sobre la tierra acusara de “amenaza” a un país de apenas treinta millones de habitantes como Venezuela. Todo parecía ser solo una maniobra mediática más para tratar de justificar ante el mundo cualquier acción de asedio y de agresión contra nuestro país.

No parecía lógico que frente a la amenaza que representa por ejemplo Chile, que posee el triple del armamento aéreo de todo el que posee Venezuela, jamás fuera señalado de ser ningún peligro para nadie.

Como tampoco lo ha sido Colombia, cuyo estamento militar está integrado por más de seiscientos mil hombres (siete veces más que Venezuela), además del peligro para la región que representan nueve bases militares norteamericanas en su territorio.

Ni mucho menos Brasil o Argentina, cuyas economías sostienen la más avanzada industria armamentista del continente, incluyendo astilleros, fábrica de aviones, y tecnología de punta en comunicaciones.

Solo se justificaba tan delirante acusación si el propósito era otro de mayor importancia y significación que el de simplemente difamar a la Revolución Bolivariana. Amén, por supuesto, del claro propósito de saqueo al que se orienta la estrategia del imperio.

Esa verdadera justificación de fondo ha aparecido a la luz pública en boca de todos los presidentes neoliberales del continente.

Para el mundo capitalista, consciente como está de su inexorable declinación histórica, era más que evidente que el resurgimiento de algunos gobiernos neoliberales en la región (casi todos surgidos de muy particulares crisis institucionales o legales, antes que de verdaderos triunfos electorales de carácter mayoritariamente populares) no garantizaba de ninguna manera la consolidación del modelo capitalista.

Que más temprano que tarde los pueblos se levantarían contra las impopulares medidas económicas que estaban obligados a aplicar en cada uno de esos países, con lo cual un nuevo fracaso neoliberal en la región sería inevitable.

El problema es que, por una deformación histórica inducida en la sociedad por la derecha y sus medios de comunicación, si por alguna extraña razón o causa inusitada, al capitalismo le llegara a ir bien en algún momento, la mediática mundial afirmará categórica que es producto de la supuesta eficiencia del capitalismo como modelo económico. Pero cuando le va mal, como sucede hoy en Latinoamérica, y como ha sucedido en el mundo entero desde siempre, entonces esos mismos medios van a sostener enfáticos que fracasa por culpa del socialismo.

De no existir en la región ese Estado socialista, no tendrían a quién responsabilizar. Solo acusando a un país al que se hubiera posicionado mediáticamente ante la opinión pública como “amenaza”, podría esa derecha intentar evadir su responsabilidad en esa nueva derrota, haciéndolo aparecer culpable del hambre y la miseria que en realidad solo el capitalismo causa.

Por eso la derecha mundial señala hoy a una sola voz al presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, como el culpable de las convulsiones que solo el Fondo Monetario Internacional y sus desalmadas recetas neoliberales han desatado en todo el continente suramericano.

Desde el principio ese fue siempre el cobarde plan. Gritar “¡Allá va el ladrón!”

@SoyAranguibel

Teresa de Washington

Por: Alberto Aranguibel B.

La madre Teresa de Calcuta, considerada por el mundo cristiano como un caso excepcional de servicio a Dios en virtud de la abnegada labor humanitaria que llevó a cabo durante su vida, mereció los más altos reconocimientos del mundo por su entrega absoluta a la redención de los marginados, principalmente los humildes, los enfermos y sin hogar.

Asumida en su momento como un símbolo vivo de la más pura y perfecta conmiseración hacia el ser humano, a la madre Teresa le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz, así como otros importantes galardones, como el Premio Internacional Juan XXIII, impuesto por el Papa Paulo VI, la Medalla Presidencial de la Libertad, por el presidente Ronald Reagan de los EEUU, el Premio Balzán, por el presidente Sandro Pertini de Italia, y una medalla especialmente concebida para ella por la ONU, entre muchos otros.

Recorrió el mundo con su obra de caridad, en razón de lo cual su nombre apareció siempre encabezando las listas de las personas más admiradas de todo el planeta, precisamente porque nunca discriminó a los humildes entre buenos y malos.

Por eso la labor humanitaria que hoy en día lleva a cabo la hija de Donald Trump en Cúcuta tiene que ser evaluada en su justa dimensión.

Esta buena mujer ha saltado por encima de los horrendos campos de concentración que su padre ha montado para encerrar en ellos a los miles de niños que son arbitrariamente separados de su familia y luego sometidos a las más humillantes vejaciones que el ser humano haya conocido jamás desde los tiempos de la Alemania nazi, con el único propósito de ver de cerca a unos venezolanos que su hermano Juan Guaidó, “hijo putativo” de Trump, dejó abandonados desde hace meses en la frontera colombo-venezolana.

Tan particular desatención al sufrimiento de miles de seres humanos torturados por su papá allá en su propia casa, para venir a saludar a miles de kilómetros de su Washington natal a unos cuantos guarimberos, o es un gran acto de brutal discriminación hacia aquellos o el más sublime gesto de amor hacia estos.

En todo caso, si a la Madre Teresa la erigieron Santa por lo que hizo, a la emperatriz gringa habría que edificarle el más grande templo mariano de la historia. Porque jamás nadie ha amado tanto a los guarimberos como ella los ama.

@SoyAranguibel

Aranguibel: #EnVenezuelaChallenge es un reto de esperanza para nuestro pueblo

En amena conversa con el periodista y constituyente Earle Herrera en su programa “El Kiosco Veraz”, transmitido semanalmente por Venezolana de Televisión, el también constituyente Alberto Aranguibel resalta la importancia que tiene hoy para las venezolanas y los venezolanos rescatar el apego a la venezolanidad y el amor a la Patria, como elementos fundamentales para la superación de las penurias que genera la cruel e injusta guerra del imperio contra nuestro país.