Lecciones que salvan pueblos

Por: Alberto Aranguibel B.

Venezuela debe ser una escuela donde todos aprendamos muchas cosas
Hugo Chávez

Desde siempre, y hasta el último instante de su vida, el Comandante Chávez insistió en la necesidad del estudio y de la formación ideológica como instrumentos de liberación. No omitió jamás en ninguna de sus reflexiones orientadas a la construcción de la sociedad inclusiva, de justicia e igualdad que la revolución se propone, la importancia del saber pensar.

Alertaba cada vez que se comunicaba con el pueblo acerca del peligro que representaba la deformación burguesa del interés por lo material sin pensar en lo humano, en lo colectivo, en lo social. “No basta con la voluntad revolucionaria –decía- es la racionalidad revolucionaria la que se impone también.”

Para él la formación se concebía no como un medio para elevar la categoría intelectual del individuo, como se asume en el capitalismo, sino como una herramienta de transformación para hacer realidad el modelo humanista bolivariano, a partir del desarrollo de la conciencia popular. “La conciencia es el resultado del conocimiento. Por eso hay que estudiar, leer y analizar mucho.”

Su eterna preocupación por habituar a las venezolanas y los venezolanos a pensar con criterio y buen juicio, se tradujo en una enseñanza practicada por más de tres lustros de ejercicio pedagógico constante (casi ininterrumpido), con el cual el pueblo se formó en las ideas del socialismo, pero también en las formas de defenderlo y de preservarlo para asegurar y perpetuar la felicidad social que el modelo se propone alcanzar.

Por eso cuando en el mundo se preguntan por qué razón la revolución venezolana es tan difícil de derrocar, por qué los cuantiosos recursos invertidos por el imperio norteamericano en desestabilizar el país no son nunca suficientes para destruir la democracia venezolana, por qué a pesar del padecimiento que, en virtud de la inmisericorde guerra desatada contra él, el pueblo sigue apoyando masivamente a la revolución bolivariana, la respuesta siempre es la misma; por el alto grado de conciencia revolucionaria alcanzado por ese pueblo.

De ahí que el ataque más brutal de los poderes fácticos del gran capital contra el país, es el que procura el quiebre ético y moral de la población, a través de un proceso de enajenación que coloca el interés por lo material, por lo insustancial y lo efímero, en el centro de la aspiración del individuo, al que se lleva a despreciar toda noción de proyecto en colectivo y todo principio de lealtad a ideal alguno de nobleza, de independencia o de soberanía. Se trata de destruir uno de los más valiosos activos alcanzados por la revolución, como lo son las enseñanzas profundamente humanistas sembradas en el alma del pueblo por el comandante Chávez.

Pero son muchas y muy poderosas las amenazas que hoy se ciernen sobre ese pueblo. El olvido del horror del cual venimos, de las causas y formas de expresarse ese horror, es solo una de esas amenazas que, entre tantas, pueden colocar una vez más al país al borde del precipicio y hacer fracasar las extraordinarias perspectivas de recuperación económica que las medidas anunciadas y puestas en marcha por el presidente Maduro auguran.

Dejarse llevar en este momento por una irracional ansiedad y una expectativa sobredimensionada, así como por la desinformación y los rumores que la contrarrevolución difunde con el claro propósito desestabilizador en función de su proyecto entreguista y vendepatria, sería exactamente lo mismo que rendirse al enemigo en medio de la batalla sin disparar ni un tiro.

Olvidar cómo empezó la vorágine, cómo actuaron sus propiciadores, cómo engañaron al pueblo haciéndole creer que era Maduro el causante de las desgracias que padecía, sería sin lugar a dudas el detonante de una coyuntura de grandes dificultades que postergaría, quién sabe si para siempre, el bienestar y el progreso que el Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica comprende.

Desde el primer día del gobierno de Nicolás Maduro, el pueblo vio cómo los especuladores fueron orquestándose en un alza intempestiva y sin justificación alguna de los precios de decenas de miles de productos a lo largo y ancho del país en forma simultánea, con el propósito de desbordar la capacidad fiscalizadora del Estado y hacer ver así al presidente como incapaz para gobernar. Por eso la respuesta del sector privado a las medidas de control impuestas en aquel momento por el gobierno a los especuladores (caso Daka), en vez de ajustarse al cumplimiento de las normas, no fue otra que la masificación de la especulación.

Hoy el pueblo sabe perfectamente que no es solo con multas o con cárcel como se frena una guerra económica de las dimensiones de la que se ha desatado contra nuestro país, porque a lo largo de todos estos años de revolución, y de gobierno de Nicolás Maduro, en particular, ha aprendido que el alza de precios en los productos de primera necesidad es apenas un componente de esa perversa vorágine depredadora. Que las tenazas de esa guerra se extienden mucho más allá de los locales comerciales y abarcan no solo el territorio nacional sino el ámbito internacional donde el imperio ejerce su control del sistema financiero, de subordinación de los gobiernos lacayos a sus designios, y pone en acción su amenazante poderío militar.

Se conoce la extraordinaria capacidad de mutación que el capitalismo aplica a sus distintas modalidades y formas de ataque al sistema económico para reducir su capacidad de respuesta a los embates que procuran su destrucción. Se sabe que el capitalismo pasa de la usura al acaparamiento. Luego al ocultamiento de la mercancía. Después a la manipulación de la producción y la distribución. La generación de todo tipo de mercado negro; de divisas, de productos para el contrabando, para el bachaqueo, de sustracción del cono monetario.

Es más que sabida su perversidad en el estrangulamiento de la economía mediante acciones ilegales, violatorias del derecho internacional humanitario, como los bloqueos o las sanciones arbitrariamente impuestas al país.

Y se sabe, muy fundamentalmente, que los medios de comunicación internacionales están al servicio de la infamia, la orquestación de campañas infundadas contra nuestro pueblo, para fabricar artificialmente una dictadura inexistente en la realidad y hacerle creer al mundo que Venezuela es un país forajido cuyo gobierno participativo y protagónico tendría que ser derrocado con la anuencia de la comunidad internacional para darle paso a una modalidad de democracia neoliberal impuesta desde la Casa Blanca.

Corresponde a la revolución librar una batalla en la que las lecciones aprendidas sirvan para avanzar hacia el logro efectivo de los objetivos que se propone el auspicioso programa de recuperación económica puesto en marcha y no para retrotraernos a escenarios que la realidad nos ha probado que son definitivamente inconducentes, e incluso inconvenientes.

No volver a caer nunca más en la trampa de las confrontaciones irracionales entre venezolanos, es una primera lección. El opositor de a pie, no el de su destartalada e inoperante dirigencia, ha comprendido ya que el formato de la violencia de unos contra otros no es el camino para labrar el porvenir al que aspira el país. Eso lo demostró con su masiva participación en los cuatro procesos electorales que han sido convocados este último año y con su persistente desatención a los llamados de la derecha a recrudecer la desestabilización.

Pero el chavismo tiene que comprender también que le toca hacer valer ahora más que nunca toda la sabiduría que en buena hora le legó el comandante Chávez cuando alertaba sobre las asechanzas que debían ser sorteadas en revolución.

Corresponde, pues, a los revolucionarios, al pueblo de Venezuela, entender que la solución al alto costo de la vida, al problema del desabastecimiento y a la falta de acceso a los productos de primera necesidad, de necesaria dignificación de la calidad de vida, de justicia y de igualdad social, no es ninguna otra que el socialismo.

Que no vinimos aquí a perfeccionar el capitalismo. Ni a procurar que el modelo económico, consumista e inhumano sea el que satisfaga la ancestral sed de inclusión y de justicia social que la humanidad ha reclamado desde hace siglos. “Socialista somos, socialismo hacemos, y socialismo haremos.” al decir de Chávez.

Y, lo más importante en este momento; Que en todo ello, la confianza y la lealtad que el pueblo le brinde a Nicolás Maduro, al liderazgo revolucionario y a su gobierno, es esencial y determinante. Confianza que se ha ganado con su capacidad de respuesta como estadista frente a la adversidad. Y lealtad que se merece como digno hijo de Chávez que no se le ha rendido ni se le rendirá jamás al enemigo.

Vacilar sería perdernos.

@SoyAranguibel

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Un Congreso, siete líneas y un destino

Por: Alberto Aranguibel B.

El 12 de enero de 2008, fecha de la instalación del Congreso Fundacional del Partido Socialista Unido de Venezuela, la Revolución Bolivariana había transitado ya por los caminos más intrincados e inhóspitos en su propósito de sentar las bases para un verdadero modelo de justicia y de igualdad social en el país.

Bajo la denominación de MVR, el proceso se enfrentó hasta entonces a ataques brutales y despiadados como ningún gobierno fue atacado nunca antes en nuestra historia; guerra mediática de manipulaciones y falseamiento de la realidad, acusaciones destempladas contra el comandante Chávez ante el Tribunal Supremo de Justicia, golpe de Estado con el peor ensañamiento contra el pueblo, criminal paro petrolero con saldo de más de quince mil millones de dólares en pérdidas para la nación, intento de revocatorio del Primer Mandatario, acusaciones recurrentes de fraude electoral, todo cuanto pudo hacer la oposición para tratar de derrocar al gobierno y acabar con la revolución fue intentado a través del uso de los más cuantiosos recursos económicos, políticos y mediáticos que la derecha haya usado jamás contra nadie en el país.

Sin embargo, aquel gallardo y victorioso movimiento debía replantearse, tal como el Comandante entendía que se estaba replanteando la realidad social, política y económica de una Venezuela que definitivamente ya no sería jamás la del pasado de oprobio, exclusión y desigualdad. El curso que la lucha del pueblo por sus reivindicaciones más preciadas estaba señalando, apuntaba hacia un destino promisorio que ya no era tan utópico como en sus primeros días, sino que avanzaba sobre los restos de la derruida democracia representativa, con la fuerza de la emancipación que día a día se iba gestando entre la revolución y su pueblo.

Chávez comprendió, con su prodigiosa capacidad de visualización más allá del horizonte y de la historia, que la evolución de movimiento de cuadros a partido político popular de alcance nacional, era el paso indispensable para impulsar en forma vigorosa y sostenida el modelo socialista bolivariano que con el cual la inmensa mayoría de las venezolanas y los venezolanos ya estaban más que comprometidos.

De manera casi simultánea con su nacimiento, el Partido Socialista Unido de Venezuela emprendía entonces el inmenso reto de enfrentar un proceso electoral de importancia trascendental, como lo eran las elecciones regionales para Gobernadores que estaban en puerta, en medio de la titánica tarea de hacerle llegar al pueblo los atributos y características de la nueva organización y la nueva propuesta de corte abiertamente socialista, elevando a la vez la credibilidad en los candidatos que postulaba en todo el país, para asegurar así el triunfo que era tan indispensable para la sobrevivencia de la nueva propuesta partidista, y, por supuesto, para la evolución y perdurabilidad del proyecto revolucionario.

El eslogan desarrollado por la incipiente Comisión Nacional de Propaganda del PSUV en aquel momento, recogía en una sola frase la dimensión del compromiso que asumíamos; “¡Vamos con Todo!” (que años después la írrita dirigencia opositora quiso robar para su entente antichavista).

Hoy, a una década exacta de aquel histórico acontecimiento en la vida política venezolana, el PSUV se activa de nuevo para un Congreso Ideológico de importancia excepcional, en el cual la participación directa del pueblo es probablemente el aspecto más relevante y significativo.

Exactamente igual al convulso periodo de su génesis, la derecha continúa arremetiendo contra el pueblo, tal vez con peor saña y mayor inmisericordia, y con la fuerza que nunca antes tuvo, al disponer hoy de un respaldo del Departamento de Estado norteamericano completamente descarado y sin el más mínimo respeto por el derecho internacional, que orquesta abierta e impúdicamente la criminal agresión internacional de la que es víctima nuestro país.

Frente a esa brutal arremetida, el presidente Nicolás Maduro ha dado pasos sustantivos en la lucha por impedir los estragos de la guerra sobre las venezolanas y los venezolanos. Quienes le acusan de “no hacer nada” para contener la especulación desatada por los sectores más usureros de la economía, así como por los delincuentes que juegan, nacional e internacionalmente, a la destrucción de nuestro sistema económico para sacar provecho político del sufrimiento del pueblo, dejan de lado el inmenso esfuerzo de organización en medio de la guerra que significan acciones contundentes de protección social como los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, que aseguran hoy la cobertura a más de seis millones de hogares (unos veinte millones de venezolanas y venezolanos) con una cesta de alimentos que ningún gobierno del mundo sería capaz de distribuir en medio de ninguna guerra, así como el Carnet de la Patria, que viene a resolver uno de los más perversos mecanismos de destrucción de un sistema económico cualquiera, como lo son los llamados “bachaqueros”, a quienes el Carnet de la Patria les representa un obstáculo de inviolabilidad en las políticas de subsidios directos que el Gobierno Bolivariano entrega hoy a la población a lo largo y ancho del país. Sin dejar de mencionar el Petro, como fórmula de evasión de las ilegales y criminales sanciones que hoy limitan la capacidad de pagos del Estado.

Pero los esfuerzos del Presidente Maduro no se limitan al ámbito del gobierno, sino que se apoyan en la acción de actores políticos de envergadura como la Asamblea Nacional Constituyente, en la batalla por garantizar la estabilidad a lo interno y la confiabilidad de Venezuela ante el mundo.

Por eso en su reunión con los más importantes empresarios e inversionistas durante su reciente gira por Turquía y otros países, tomó como instrumento de soporte en su intensa agenda de intercambios comerciales e industriales, la recién promulgada Ley de Promoción y Protección de la Inversión Extranjera, que la ANC tuvo a bien aprobar para facilitar la labor de recuperación económica del país en la cual está empeñado el Jefe del Estado. De ahí las Ocho Líneas de Acción Estratégica lanzadas por él este mismo mes como tareas impostergables a cumplir en esta nueva y exigente etapa de la Revolución.

Un momento excepcional de la historia, en el cual convergen de nuevo retos políticos de particular relevancia, como los que comprende el IV Congreso del PSUV en su apuesta por la construcción del poder popular desde las bases y sin alcabalas políticas de ningún tipo (tal como lo manda la doctrina chavista), y retos económicos de singular importancia que el país espera con la mayor ansiedad que terminen de concretarse en el bienestar que solo la Revolución Bolivariana puede ofrecerle al pueblo.

Congreso y Líneas Estratégicas deben ser entendidas, entonces, como un solo frente de batalla en función de un mismo destino, irrenunciable e inequívoco, como lo es el socialismo venezolano que Chávez nos legó, junto al logro de la independencia y la soberanía que hoy nos toca defender a toda costa junto a su hijo Nicolás y a la dirigencia revolucionaria que ha dado todo de sí misma para salvaguardar ese preciado sueño del pueblo de Simón Bolívar.

Se reafirma así el curso de una Revolución que vino para hacer justicia social y para quedarse por los siglos de los siglos en el alma de las venezolanas y los venezolanos.

@SoyAranguibel

La Cumbre vacía

Por: Alberto Aranguibel B.

“Mientras los presidentes van de Cumbre en Cumbre, los pueblos de América Latina van de abismo en abismo” Hugo Chávez

El mayor logro político del comandante Hugo Chávez no fue solamente la instauración irreversible de la 5ta República en Venezuela bajo el auspicioso signo del socialismo bolivariano.

La ciclópea tarea de promover desde el gobierno una idea de justicia social que tantos tropiezos había tenido en la historia, era sin lugar a dudas el reto más importante para un revolucionario convencido como él de la necesidad de abrirle paso a las fuerzas tectónicas de un pueblo que ya no soportaba más la exclusión y el desprecio que recibió desde siempre por parte de las cúpulas del poder oligárquico imperante en Venezuela hasta la llegada de la Revolución Bolivariana.

Pero, por encima de aquel urgente reto, el comandante tenía perfecta claridad de la impostergable tarea que era frenar la pretensión imperialista de someter bajo sus designios a las economías del continente suramericano, porque sin ello cualquier otra acción de gobierno orientada a redimir al pueblo resultaría inoperante y el modelo socialista simplemente inviable.

Enfrentarse a un imperio de las dimensiones del norteamericano es probablemente el más audaz proyecto que mandatario alguno pueda plantearse, sobre todo cuando se formula en la más completa soledad, como lo estaba Chávez en el escenario internacional al principio de su mandato (con la significativa excepción de Cuba) en relación a su propuesta en contra del ALCA.

Chávez logró hacer avanzar la idea de la unidad latinoamericana a partir de una reflexión que hizo estremecer los cimientos mismos de la vetusta lógica diplomática neoliberal que regía las relaciones entre los países de la región, al darle  paso a una nueva visión de la integración de nuestros pueblos desde una perspectiva de solidaridad y cooperación destinada a frenar las pretensiones de las grandes corporaciones del norte, favoreciendo así las posibilidades de un mayor bienestar para las economías suramericanas, independientemente de las ideologías o intereses políticos particulares de cada país.

Fue así como se impulsaron el ALBA, la UNASUR y la CELAC, como poderosos organismos de integración económica, social y política, que le dieron el vuelco a Latinoamérica hasta convertirla en la región con mayor potencial de crecimiento económico para el siglo XXI, de acuerdo a los diagnósticos presentados en 2011 por la OMC, que ya entonces advertía la inminente caída del dólar como moneda de referencia en los mercados internacionales, tal como la Revolución lo alertaba desde Venezuela en relación al inevitable derrumbe del capitalismo como sistema económico global, dada su expresa incapacidad para resolver los problemas más agobiantes de la humanidad.

Fueron esos organismos de integración los que hicieron visible a los ojos del mundo las potencialidades de nuestras economías y convirtieron en atractivas las opciones de inversión de potencias tan distantes como China, Irán y Rusia, entre muchas otras, que se acercaron a Suramérica con el interés que nunca antes habían tenido en virtud de la imagen de Continente sin ningún atractivo económico que de él se había formado el mundo como consecuencia de aquella horrible historia de hambre y miseria que nos impuso el neoliberalismo a lo largo de todo el siglo XX.

La confianza en esa idea de la integración basada en la soberanía y la independencia económica de cada nación fue el verdadero muro de contención frente al ALCA, y con ello frente a la posibilidad de que nuestras economías fueran entregadas y sometidas de manera sumisa al control del imperio norteamericano y a sus formas perversas de explotación y generación de pobreza.

La frustrada Alianza para el Pacífico, con la que el imperio pretendió revertir esa búsqueda latinoamericana hacia la consolidación de una nueva idea de independencia, terminó siendo apenas un iluso experimento para las naciones que lo integraron, precisamente por su falta de sintonía con la cultura de hermandad de esa nueva corriente integracionista que nacía bajo el signo del bolivarianismo.

Fue entonces el relanzamiento del concepto de unidad latinoamericana, con la que nuestros pueblos estaban en mora desde los tiempos de nuestras luchas emancipadoras, la gran obra política de Hugo Chávez que le permitió a la región la posibilidad de abrirse con pie propio un espacio de significativa importancia en el concierto económico mundial.

Esa vigorosa realidad de la unión es atacada hoy con la más feroz saña por esa bestia herida que con brutal cinismo retoma su proyecto de sometimiento y control de nuestras economías a través de un mecanismo basado en la desvergüenza y el caradurismo de los serviles mandatarios neoliberales que hoy se enorgullecen de entregarle sus países al imperio a cambio de inmorales arreglos subrepticios con la justicia norteamericana para que les sean condonadas las cuentas pendientes por corrupción y blanqueo de capitales que los involucra a todos por igual.

El único organismo multilateral creado en Latinoamérica a lo largo del siglo XXI con el expreso propósito de agredir a un pueblo hermano es el Grupo de Lima.

Es decir; un organismo que nace a contrapelo de la cultura de cooperación y apoyo mutuo que se ha desarrollado entre nuestras naciones, dado su deliberado propósito de excluir a un país hermano si no se somete a las decisiones arbitrarias e ilegítimas de ese grupo contra los más preciados principios del derecho internacional y de la libre determinación de los pueblos.

No existe intercambio o planteamiento multinacional alguno que no pueda ser debatido o instrumentado a través de los escenarios multilaterales ya existentes, como la Unasur y la Celac, que gozan de la más perfecta legitimidad institucional y el más completo y robusto soporte legal para evacuar cualquier tipo de negociación, debate o acuerdo entre las naciones.

Está claro que su razón de ser no es la necesidad económica o de cooperación que beneficie a los pueblos del Continente, sino la urgencia por hacer cumplir la agenda de la potencia del norte en función de su perdida hegemonía en la región.

De ahí lo asqueroso de la actitud de ese grupo de vende patrias que tan orgullosos emiten una declaración insolente y repugnante contra un pueblo digno como el venezolano, cuando vilipendian en la forma en que lo hacen al Primer Mandatario venezolano acusándole de las infamias que el imperio ha construido para intentar hacer desconocer su legitimidad y su multitudinario respaldo popular.

Se articulan esos serviles rastacueros para llevar a cabo la repulsiva tarea de abrirle las puertas a las mismas transnacionales norteamericanas que por décadas los han tenido como asalariados a punta de coimas, comisiones y depósitos millonarios en paraísos fiscales, para permitirles reinstaurar en nuestro Continente el modelo del saqueo que tanto daño y padecimiento le causó en el pasado a nuestros pueblos.

Procuran esos pocos representantes de gobiernos corruptos de ultraderecha imponerse a la voluntad de más de treinta y tres naciones que conforman el foro de las Américas, suponiendo así de manera estúpida que un puñado de entreguistas pudiera hacer retrotraer el Continente al viejo esquema de las Cumbres gatopardianas vacías y sin pueblos, en las que todo se hacía con el firme propósito de impedir la transformación a fondo del sistema.

Su derrota será, como ya lo fue en el pasado, la imposibilidad de callar el grito rebelde de los pueblos que se levantan cada vez con más fuerza para decirle al imperio que “No pasará”.

Que desde el Río Grande hasta el Cabo de Hornos avanzará siempre impetuosa una sola voz cada vez más multitudinaria, con su sed de justicia, inclusión e igualdad, reclamando participación y protagonismo por encima del dictamen de las élites neoliberales que hoy se venden como hetairas cortesanas al mejor postor.

A esa “presencia” se refiere nuestro digno Presidente obrero cuando advierte que su participación en la Cumbre de las Américas no podrá ser impedida. La voz de Nicolás Maduro es hoy la voz de ese mismo pueblo que se hizo gigante e irreductible junto a Chávez.

No tendrá lugar, pues, en Lima la Cumbre hueca que los entreguistas pretenden, ni el bochornoso incidente internacional que aspiran protagonice nuestro Presidente. Los pueblos del Continente harán presente la poderosa voz del hijo de Chávez para abrirle los ojos al mundo con la verdad de Venezuela y denunciar la pretensión neocolonialista del imperio más criminal y genocida de la historia.

Llueva, truene o relampaguee.

@SoyAranguibel

Hugo Chávez: la urgencia del legado

Por: Alberto Aranguibel B.

La religión católica se fundamenta en una síntesis escrita del pensamiento cristiano que a través de los siglos la iglesia ha denominado “la Palabra de Dios”, en torno a la cual gira la lógica de una institución erigida en rectora de la conducta humana a partir precisamente de una doctrina que no tiene en el relato bíblico una simple descripción bibliográfica de la vida de Jesús de Nazaret, de su pasión y su resurrección, sino todo un compendio ideológico que proclama en extenso la anunciación del “Reino de Dios” descrito en fabulosas parábolas.

A partir de esa compilación de textos, construida a lo largo de 1.600 años por más de 40 autores entre sacerdotes, filósofos, reyes, pastores y maestros de la cristiandad, cuyos orígenes se extienden a lo largo de tres continentes, en los cuales no existía ni la imprenta, ni la luz eléctrica, ni la radio, la televisión y mucho menos la internet o las redes sociales, la iglesia se convirtió en una de las más trascendentales instituciones de la historia, tan solo en virtud del poder de su mensaje de redención y de profundo contenido ético y moral, más no de las pruebas o evidencias que demuestren la veracidad de los eventos sobrenaturales que la Biblia relata.

El exsacerdote John Dominic Crossan, uno de los más reconocidos estudiosos de la vida de Jesucristo y toda una autoridad en materia de historiografía bíblica, sostiene que de todo lo recogido en la Biblia como dicho por Jesús, cuando mucho apenas un 30 o 32% puede en verdad haber sido dicho por él. Pero, más allá de Crossan, son muchos los científicos, teólogos, antropólogos, sociólogos, e investigadores de reconocida solvencia y trayectoria, quienes coinciden con tal apreciación y establecen como cierta la tesis de la posibilidad de que la Biblia (cuyos primeros textos se remontan a las 6 o 7 décadas después de la crucifixión de Cristo) haya sido el resultado de infinidad de invenciones, aportes, alteraciones o modificaciones de tales relatos a través del tiempo por parte de quienes de una forma o de otra pretendieron explicar lo inexplicable de acuerdo a sus creencias, intereses o conocimientos particulares.

Sin embargo la iglesia, esa poderosa institución, es lo que es hoy en el mundo gracias a la perseverancia en su exaltación de ese mensaje a través de un ritual de veneración (la misa) que considera a esa “palabra” como el objeto sagrado, eje y centro de la doctrina de la fe cristiana, que amerita el tributo de colocarse de pie para poder ser escuchada.

“El Capital”, escrito por Carlos Marx casi dos milenios después de Cristo, ha logrado el prodigio de convertirse también en una obra referencial del pensamiento humano a lo largo de los últimos ciento cincuenta años. Con la diferencia, respecto de la Biblia, de ser sin duda alguna comprobable su autoría y perfectamente irrefutable su postulado ideológico.

Pero Marx fue un hombre de ideas a quien su circunstancia y su tiempo histórico le impidieron concretar en los hechos sus formulaciones teóricas. Lenín, como Mao Tse Tung, Fidel y muchos otros grandes revolucionarios, tuvieron cada uno a su manera la oportunidad de poner en práctica solo algunos aspectos del pensamiento marxista porque las condiciones objetivas de los procesos revolucionarios que lideraron así lo determinaron.

Al igual que el cristianismo, el marxismo no es el inflexible recetario comunista que los dogmáticos asumen desde la izquierda de manera obcecada, o que los socialdemócratas y ultra derechistas entienden como el veneno ideológico de los pueblos, sino la formulación lógica de la política y de la economía para la transformación de la sociedad y del Estado en función de la justicia y la igualdad social.

Hugo Chávez, siendo el excepcional líder y pensador revolucionario que fue en su breve transitar como luchador y guía de los pueblos en la historia de la humanidad, tuvo la fortuna de nacer en la era de la comunicación de masas, de la televisión, de la telefonía inteligente, de internet. Su pensamiento (al igual que su obra emancipadora) pudo ser plasmado en cientos de miles de horas de videos, escritos, audios, y de millones de medios virtuales a través de internet.

Los aportes de Chávez al pensamiento revolucionario de todos los tiempos, se fundamentan en las particularidades de su formación como militar patriota y en la crudeza de la realidad que debió afrontar como conductor de uno de los procesos de transformación más complejos y exigentes de la historia; el de emprender una revolución no en una sociedad famélica, carente de recursos y posibilidades ciertas para su recuperación, sino en una sociedad de gente pobre, sentada sobre la riqueza petrolera más grande del planeta, pero fracturada en gruesos sectores de la población por el envilecimiento del consumismo capitalista, la corrupción y el antipatriotismo.

Fue el compendio que hizo Chávez de esa visión revolucionaria construida a través de la historia por los revolucionarios, aunada a su comprensión de la particularidad de la lucha latinoamericana y de su importancia para el mundo (no solo en lo político, sino en lo social y en lo económico), lo que hace del pensamiento chavista una reveladora e imprescindible ideología de avanzada, más allá del carácter estrictamente marxista de su propuesta que él mismo resumió en algún momento como un ángulo apenas de su pensamiento.

El pensamiento propio de Chávez existe y no requiere, como la Biblia, por ejemplo, de la interpretación de los estudiosos, los semiólogos, ni los expertos en teoría política. Un pensamiento extenso, prolífico y profundo, como muy pocos postulados teóricos políticos existen hoy sobre la tierra. Y es, gracias a Dios, explicado por él mismo a lo largo de todo su discurso. Su indiscutible liderazgo estuvo cimentado siempre en su excepcional capacidad comunicacional con todos los sectores de la población, desde los más ricos hasta los más humildes.

Un compatriota, el editor Carlos Herrera, ha emprendido, con el apoyo de un grupo de empresarios venezolanos, una encomiable tarea que lamentablemente el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no ha asumido como debiera hacerlo, como es la de sistematizar las más significativas ideas del Comandante Chávez en un proyecto de difusión masiva que han denominado “El legado”, y cuyo punto de partida es una publicación gratuita contentiva de más de 16.000 frases del líder revolucionario, debidamente clasificadas por tema y datadas con fecha y nombre del evento en el que fueron pronunciadas, pero que se extiende hasta un descomunal proyecto interactivo a través del medio electrónico (en alianza con el gigante de internet Google), contando ya al día de hoy con traducciones certificadas al inglés, italiano, ruso, árabe, sueco, francés y portugués.

Se trata de un primer paso apenas en el propósito impostergable para la Revolución Bolivariana de hacer del pensamiento del Comandante Eterno, una activo valioso de orientación y de guía perdurable para la lucha de los pueblos latinoamericanos y del mundo que luchan por la justicia y la igualdad social, más allá de la muy eventual semblanza épica que puedan hacer (incluso hasta con la mejor intención) los historiadores de hoy y del mañana.

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“El legado”, el más completo y funcional registro que hemos visto hasta hoy del pensamiento de ese gigante que apenas comienza su indetenible elevación a los más altos niveles de la historia de los pueblos del mundo, tiene que ser el punto de partida de una acción revolucionaria monumental de relanzamiento de un ideario llamado a asegurar el bienestar definitivo de la humanidad hacia el futuro.

Una acción que se traduzca en facilitación del acceso universal y gratuito a las ideas del Comandante, al estudio del mismo en las Comunidades, en orientación para el Plan Estratégico de la transformación revolucionaria pero también para la acción y la discusión cotidiana en el barrio, en la fábrica, en el campo, en la escuela y en las universidades.

14 millones de Carnet de la Patria tienen que traducirse cuanto antes en 14 millones de libros entregados al pueblo, para que Chávez se convierta ya no en el recuerdo amoroso y nostálgico que hoy es, sino en el activo emancipador que debe ser, vital, tangible, propio de cada hombre y de cada mujer de Venezuela, a toda hora del día y de la noche.

Los “milagros” de Chávez son todos verificables a los ojos del mundo. Su amor por los más necesitados fue único en la historia política. La pasión de su entrega al servicio de su pueblo fue el calvario que lo elevó a la vida eterna.

Los Revolucionarios debemos ser los “apóstoles” que edifiquemos y perpetuemos su gloria.

@SoyAranguibel

Resurrección

Por: Alberto Aranguibel B.

En la tradición cristiana, la resurrección aparece como uno de los acontecimientos más controversiales. Justamente el evento que sucede al más minuciosamente detallado del Nuevo Testamento (la pasión de Jesús en la Cruz en el que los hechos se relatan casi minuto a minuto como no sucede con ningún otro relato de la Biblia) pero que sin embargo no le queda claro a ninguno de los teólogos y los científicos que han estudiado el tema desde el origen mismo del cristianismo.

Quienes sostienen la tesis de la reencarnación física de Jesús de Nazaret, se aferran a la hipótesis del Poder de Dios como factor determinante del prodigio que permitió a su Hijo elevarse al cielo unos 40 o 50 días después de crucificado.

Quienes descartan tal posibilidad, argumentan que posiblemente el fenómeno sea solo el resultado de una metáfora referida inicialmente al resurgimiento de la fe entre los judíos años después del padecimiento que condujo a Jesús a la muerte.

Para la iglesia católica, la necesidad de una reencarnación de quien era asumido por sus seguidores como un auténtico mesías, era indispensable para la perpetuación de la fe. De no existir Cristo, su impulsor más poderoso, la extinción del cristianismo sería inexorable. Como inexorable sería la pérdida de credibilidad de los fieles en el Poder de Dios.

En la teología paulina, la resurrección tiene un significado mucho más trascendental y valioso que el del milagro que pudiera representar la vuelta a la vida después de la muerte, atribuyéndole a ese deslumbrante acontecimiento un carácter fundacional. De ahí que Pablo sostenga en sus epístolas: “Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.”

De modo que lo más cercano a una coincidencia de puntos de vista entre incrédulos y creyentes de la reencarnación de Jesús, es la posibilidad de que en cualquier caso (verdad o metáfora) tal hipótesis estuviera determinada por la fuerza de la fe antes que por ningún otro factor.

Tal posibilidad es factible cuando se constata la persistencia del ser humano a lo largo de la historia en la creencia en una fuerza superior cuya lógica imprecisa y hasta inexplicable serviría sin embargo para dar coherencia y justificación a todo aquello que le resulta incompresible.

Si algo define el término “religión” es precisamente la capacidad del hombre a través del tiempo para reunir en un esfuerzo común la fuerza de esa fe que le es tan particular como la especie más prominente sobre la tierra. Poderosa no es la iglesia (en términos estrictamente espirituales) sino el ser humano que la integra. La misión de la iglesia es hacerle creer a ese ser humano lo contrario, utilizando la esperanza como instrumento de convicción.

En el venezolano es fácil reconocer ese comportamiento ancestral del hombre en muchos eventos que signan la vida y el quehacer de la gente, que sirven a la vez para explicar muchos de los fenómenos por los que hemos venido atravesando como nación desde la llegada de Hugo Chávez al poder.

Ciertamente nada fue más semejante al anuncio de un mesías que aquel revelador “Por ahora” del 4 de febrero de 1992, que el pueblo entendió en su momento como una auténtica anunciación.

Nada más parecido a la devoción de los humildes por aquel que solo por la fuerza de su palabra consideraban su redentor, que lo que sintieron los venezolanos que en buena hora emprendieron su andar tras aquel Comandante que se se entregó a su pueblo para recorrer junto a él los caminos de la Patria en busca de justicia para los pobres.

Su temprano paso al plano de la eternidad estuvo signado por el dolor más intenso que haya sufrido ese pueblo. Se trataba de la despedida de aquel que vino a salvarle ya no solo en el ámbito de la tierra sino en los espacios más profundos del alma. Lo que partió la historia del país en un antes y un después definitivo.

Fue exactamente de esa particular circunstancia de donde surgió la sensación de desasosiego que embargó al pueblo durante meses y años, en los que la aviesa campaña de infamantes detracciones contra la Revolución Bolivariana, y en particular contra el Presidente Nicolás Maduro, intensificó su ataque para tratar de quebrar la devoción de aquellos que habiendo abrazado la causa que predicó aquel excepcional líder, llegaron a pensar, en medio de la incertidumbre y los agobios de la más cruenta guerra económica que se haya lanzado contra un pueblo, que todo lo que el sueño bolivariano comprendía se había frustrado para siempre.

Nada ha sido más arduo, sin lugar a dudas, para el Presidente Maduro que tratar de convencer a esos millones de venezolanas y venezolanos que el sueño podía continuar bajo el signo del ideario chavista, sorteando los perniciosos efectos de la vorágine neoliberal que la derecha nacional e internacional desató contra la Revolución desde aquel triste momento de la partida del Comandante.

Pero era muy poco el crédito que se le daba a la posibilidad de un gobierno de corte chavista pero con rasgo propio, que respondiera a las particulares exigencias y realidades del tiempo histórico que le correspondía enfrentar. La gente seguía aferrada a la idea de que lo que se estaba haciendo por salvar al país de la arremetida capitalista era solo un acto de compromiso militante en memoria del Comandante, que ya no estaría más entre nosotros sino en el recuerdo amoroso que el pueblo en todo momento le ha profesado.

De ahí los tropiezos y reveses que la Revolución ha tenido a lo largo de todo ese tan complejo periodo de nuestra historia. Como el del 6 de diciembre de 2015, día en que la derecha se hace de un Poder del Estado gracias a la desmovilización de buena parte de la militancia revolucionaria que en aquel momento cayó presa de la desconfianza inoculada por los sectores contrarrevolucionarios.

Se le hizo creer a buena parte de esa población, que gracias al modelo impulsado por el Comandante Chávez fue redimida por primera vez en la historia desde que somos República, que la única opción que quedaba era regresar al modelo de alternabilidad al que apelaba el pueblo en el pasado como único recurso de salvación frente al hambre y la miseria que la democracia representativa generaban inevitablemente.

Hasta que la voracidad y las torpezas de esa derecha atrabiliaria e irresponsable colocó al país frente al espejo del fascismo, y nos tocó experimentar la crudeza y el horror del odio y de la muerte como el escenario de confrontación que esa irracional derecha proponía como única posibilidad de expresión política.

Ahí entonces el pueblo reaccionó con la proverbial sabiduría que lo ha hecho grandioso desde siempre, percatándose del error cometido con la incomprensión del momento y de la realidad por los que atravesábamos.

El sueño debía continuar construyéndose ya no como un homenaje de sentida nostalgia hacia su Comandante, sino como un compromiso impostergable de lucha permanente, tal como se lo había advertido su líder aquella dolorosa noche del 8 de diciembre de 2012, en el más sorprendente paralelismo con la “ultima cena” en la que Jesús bendijo a sus apóstoles a la hora de su despedida.

Había que replantear el dolor que millones sentían por la ausencia física de su redentor, para imprimirle, con el renovado esfuerzo por avanzar hacia el bienestar y el porvenir al cual como revolucionario se había comprometido el pueblo, el carácter de elevación a la gloria imperecedera que le debía más allá del jurado amor eterno.

Dos eventos en especial marcaron esa maravillosa impronta; el ensayo electoral del 16 de julio y la elección de la Asamblea Nacional constituyente el 30 del mismo mes.

La gigantesca y entusiasta movilización de millones de venezolanas y venezolanos a lo largo y ancho del país en dos grandes compromisos con la Revolución, que dieron al traste en menos de quince días con las ínfulas de una derecha embustera y arrogante que se pretendió mayoría durante meses sin siquiera estar cerca de ello, selló el despertar de una poderosa fuerza revolucionaria que hoy retoma su curso de la mano de un líder como Nicolás Maduro que se ha revelado como el gran estadista y estratega político del continente en lo que va de su mandato, en el cual la gente ha encontrado que puede confiar como verdadero hijo de Chávez y como gobernante que sabe exactamente lo que tiene que hacer en una coyuntura tan difícil como la actual.

Atravesando ríos e intrincadas montañas en defensa del sagrado derecho a votar para vivir en paz y con soberanía, ese pueblo que aprendió a amar a Chávez como a ningún otro líder de nuestra historia, lo hizo renacer como inspiración, como guía y como fuerza enaltecedora para avanzar con brío y convicción revolucionaria hacia el futuro y no para quedarse en los himnos y los relatos de su gloriosa gesta emancipadora.

Chávez ha renacido para comenzar a transitar la senda del futuro convertido en millones desde lo más alto.

@SoyAranguibel

 

Roberto Cobas Avivar desmonta propuesta neoliberal de Víctor Álvarez

Víctor Álvarez: ¡Yo también me sumo, contra la Revolución todo vale …!

Por: Roberto Cobas Avivar

“La economía es algo demasiado serio como para dejárselo sólo a los economistas”

Y cómo mejor darle al Gobierno revolucionario y al pueblo sino donde más le duele, en la economía. El papel, como sabemos todos, aguanta todo lo que se le escribe. Pero el pensamiento crítico revolucionario no aguanta todo lo que lee. Entonces, crucemos espadas por la Revolución Bolivariana.

No es el primer texto dónde el economista Víctor Álvarez intenta la contaminación liberal de la economía bolivariana. Adjetivo de “bolivariana” la economía no para definirle una doctrina que aún no tiene – a ello iré – sino para subrayar que es una economía en revolución, debatiéndose dentro del corrupto modo de producción capitalista “venezolano”, en medio de la brutal lucha de la muy reaccionaria clase burguesa y oligárquica criolla por el poder político del estado que, ahora con la Constituyente, se exacerba porque amenaza con escapársele definitivamente de las manos.

En esta lucha contra la Revolución Víctor Álvarez nos viene con el cuento económico de Noruega. Qué mejor ejemplo que el del “capitalismo escandinavo/nórdico” que, según los frustrados apolegetas anti marxianos de “izquierda”, es donde el postcapitalismo deveras se abre camino. Esa postverdad que nos viene a decir la mentira de que más allá del capitalismo lo que se adviene es un espacio socioeconómico y político desconocido. Sálvenos Dios de insinuar que el materialismo histórico marxiano nos identifica ese espacio como socialismo, es decir, la negación dialéctica del capitalismo.

Noruega le viene a Venezuela como anillo al dedo. ¿Qué hizo Noruega con el petróleo que no ha hecho Venezuela? – cuestiona con el título de su texto a Venezuela bolivariana el economista liberal Víctor Álvarez. Para su no solapado ataque al Gobierno revolucionario tira del cacareado Fondo Noruego de Petróleo. Señalo aquí de paso que la idea de este Fondo no ha sido blandida contra el Gobierno bolivariano sólo por Víctor Álvarez, lo hace también el economista auto considerado marxista Manuel Sutherland, asumiendo el pensamiento liberal de la economía política burguesa que receta como pananceum el llamado instrumentario económico anticíclico: ahorrar en el periodo de las »vacas gordas« para tener cuando llegue el periodo de las »vacas flacas«. Como los precios del petróleo responden a un comportamiento cíclico, según estos economistas, y como Venezuela depende del petróleo, la economía debería someterse a ese juego, cuya perversidad, asumen dichos economistas, no es de naturaleza política, sino puramente económica.

“El petróleo no es una herencia sino una deuda con las generaciones futuras” – nos ilustra Álvarez. Aquí la elemental miopía económica liberal traiciona a este intelectual otrora revolucionario. Sencillamente, no hay tal deuda con las generaciones futuras cuando la renta petrolera se invierte en programas de desarrollo social y económico. Sin esas inversiones esas generaciones estarían endeudas como lo han estado durante todos los gobiernos de la república burguesa. Pero no contento con tan aviesa afirmación, nuestro economista acto seguido ataca: “Desde que apareció el petróleo en Venezuela, la dirigencia política ha demostrado su incapacidad para asegurar un uso inteligente de la renta petrolera”.

Obsérvemos lo que nos dice este economista, nada menos que el uso de la renta petrolera en la inversión social no es un uso inteligente de la misma. “Qué dirigencia más poco inteligente esa dirigencia chavista. Desde Chávez hasta Maduro. Qué incapaces”. Estos economistas de laboratorio pierden la noción de tiempo y espacio. El espacio es Venezuela, sumida en un atraso social que condena a no menos del 80% de la población a la subsistencia en la exclusión socioeconómica, la pobreza y la miseria. En un estado de indigencia socio-material colindando con uno de los sometimientos culturales neocoloniales más aviesos que conocemos en América Latina. El tiempo es el que lleva la Revolución empujando la transformación de esa sociedad, apenas 18 años. Salvar la deuda social con el pueblo en ese espacio y ese tiempo es lo que define a la Revolución bolivariana como un proyecto humanista, un proyecto decididamente progresista.

El Fondo Petrolero Venezolano de la Revolución ha sido un fondo de activos sociales, no de pasivos económicos esperando por los ciclos que dicte la economía capitalista. En el tiempo de estos 18 años la transformación social del espacio venezolano rompe con todo el tinglado teórico-práctico de la economía burguesa a la que se sujetan como a una brocha gorda los mencionados economistas. ¿Cómo se le ve la costura gruesa al ataque contrarrevolucionario economicista?, pues cuando se constata que en la propia certidumbre del pensamiento económico burgués la educación y la salud, su decidida proyección cualitativa al conjunto de la sociedad, constituyen los pilares del desarrollo económico de un país. En un país de analfabetos, famélicos y enfermos no hay desarrollo integral económico que valga. Pero he aquí que el ejercicio económico humanista de la Dirección de la Revolución bolivariana es propio cuasi que de incapacitados mentales para estos supuestos economistas.

El economista anti liberal -sin llegar a ser marxista– Rafael Correa, ex presidente de Ecuador y líder de la Revolución Ciudadana que saca a su país del círculo vicioso de la economía capitalista, atacado con el mismo argumento del fondo petrolero noruego anti cíclico, no dejaba sobre sus pedestales las cabezas liberales que lo increpaban. Vamos a ver, el país está ante una necesidad alarmante de inversiones sociales, entonces decide guardar bajo el colchón un dinerito para cuando lleguen tiempos aún peores, calculando tener entonces con qué responder. Mientras tanto, teniendo esos fondos congelados, no se sabe, tendríamos que acudir a préstamos externos para avanzar las inversiones sociales y económicas que con urgencia necesitamos. De locos los economistas liberales burgueses.

Víctor Álvarez nos dice que no, que no hay que prestarse de nadie. “Los recursos del Fondo Noruego son invertidos en el exterior en bonos, valores, acciones, etc. y sus rendimientos son utilizados como recursos complementarios del Presupuesto Nacional”. De modo que los fondos ahorrados por la renta petrolera los invertimos en el casino financiero esperando que siempre, como afirma en el caso de Noruega, rindan buenos dividendos. Y Álvarez invita a Venezuela a hacerse dependiente de un casino, cuya astronómica acumulación de dinero responde sólo en un 10% a la economía material del mundo. Ese otro 90% es dinero ficticio, especulativo, que mantiene a la economía mundial en estado de implosión latente. Este detallito no llama la atención a los economistas que pretenden dictar cátedra de economía al Gobierno bolivariano.

Y entonces, se concluye alegremente que a los inteligentes noruegos la jugada les sale porque “se cumple a partir de unas reglas muy rigurosas y estrictas que evitan la inyección súbita de la renta petrolera en la circulación doméstica, evitando así el círculo vicioso de sobrevaluación-inflación que caracteriza a la economía venezolana”. Lqqd (lo que queríamos demostrar, en matemática).

Estimados economistas liberales, la economía venezolana no se caracteriza por el “círculo vicioso de sobrevaluación-inflación” que Uds. le achacan. La economía venezolana se caracteriza por la corrupción del modo de producción capitalista rentista que aún pervive. No tenemos un modo de producción socialista en Venezuela. Venezuela, la sociedad, está bajo el maltrato de la economía capitalista. Esa que, Ud. bien lo conoce Víctor Álvarez, es propietaria de las capacidades productivas que generan más del 70% del PIB. Anteriormente esos capitalistas eran los reyes del mercado porque el mercado no era social sino absolutamente privado. Hecho a la medida del poder de compra de la clase burguesa y cada vez menos de la llamada “clase media” que se venía empobreciendo al golpe del enriquecimiento de las clases altas, aristocracia y oligarquía. Pero cuando la Revolución empodera socialmente a las mayorías preteridas con un poder de compra ampliado, resulta que esa economía de mercado capitalista rentista, incapaz de producir como Marx indica, se va rapidito a la especulación anti económica como su Dios mercado manda. La presión inflacionaria que desata el acceso del pueblo a la renta no deviene oportunidad inversionista para los capitalistas venezolanos. Porque la economía capitalista venezolana ha sido y sigue siendo una economía compradora, según la caracterizara y definiera en términos de economía política ya hace mucho Marx. Venezuela ha cosechado el capitalismo comprador. Su burguesía apropiada del capital ha sido lo que sigue siendo: una burguesía compradora. Tuvieron y siguen teniendo el Minotauro petrolero a su favor. Lo que a todas luces dice que la revolución bolivariana aún no se radicaliza.

No es, por consiguiente, un problema de fondos petroleros. Venezuela, a diferencia de Noruega, invierte los ingresos de la renta petrolera en salud, alimentación, inversiones, vialidad y la creación de fondos para los venezolanos, como el Fondo Independencia 200, Fondo Simón Bolívar para la Reconstrucción Integral, el Asfalto y el de Empresas de Propiedad Social (EPS), además de las contribuciones al de Desarrollo Nacional (Fonden) y al Fondo Chino, por sólo indicar el espectro de los fondos venezolanos creados con el aporte de la renta petrolera, sin entrar en sus detalles. Lo que lastra la economía venezolana es un problema estructural. La renta petrolera no ha podido tener mejor uso que el que le está dando la Dirección de la Revolución, el Gobierno Bolivariano. Cuando llegaron las “vacas flacas” con la actual crisis de los precios del petróleo, inducida en esencia por los EEUU, el nivel de la inversión social en Venezuela no disminuyó. Recalquemos que se trata de inversión social y no gasto social, tal como asumen los economistas liberales. Es decir, es aquella inversión que está llamada a dar también los réditos económicos que necesita el país, recomponiendo el tejido social y desenvolviendo su capacidad educacional e intelectual de frente al desarrollo tecnológico de la economía.

Cuando la economista Pascualina Curcio demuestra en sus investigaciones y análisis el entramado de causas y efectos que desequilibran la economía venezolana los economistas liberales tipo Álvarez o Sutherland hacen oídos sordos. No se atreven al debate de mérito. Persisten en sus elucubraciones sobre los ciclos de la economía de mercado y las recetas fondomonetaristas para atemperar los desequilibrios. Hablan de hiperinflación creada por el Gobierno bolivariano, a pesar que la inflación desmedida ha sido una característica de la economía capitalista pre revolucionaria. Sencillamente hacen coro al falseamiento de la realidad económica de Venezuela que promueven los centros de poder financiero con el FMI a la cabeza.

En su artículo “Venezuela’s Inflation – Zero Hedge Repeats the Errors Printed Ad Nauseam in the Financial Press” [La inflación en Venezuela – Zero Hedge repite hasta el cansancio los errores de la prensa financiera], Steve H. Hanke, renombrado profesor en economía especializado en el estudio de los fenómenos de la inflación y la hiperinflación -un fervoroso apologista de la trasnochada economía neoclásica y militante enemigo del proceso bolivariano en tal grado que el libélulo anti económico DolarToday lo tiene como referente para sus especulaciones- demuestra que en Venezuela no existe hiperflación. La tasa anualizada en el 2016 se comportaba realmente algo por debajo del 100%, habiendo tenido un pico de algo más al 800% para agosto del 2015. Este profesor de economía no se inhibe en indicar que en Venezuela la alta tasa de inflación es inducida por la especulación, en lo que viene a coincidir con los análisis de Pascualina Curcio. “A la prensa financiera no se le debe creer el 95% de lo que dice”, remata este estudioso.

“Una entidad de referencia que sigo –expone Hanke– como el Cato Institute usa los tipos de cambio del mercado negro (léase “libre mercado”) y el principio de paridad de poder adquisitivo (PPP en inglés) que se traducen en un estimado de la tasa de inflación altamente preciso”. Fijémonos que aún este profesor acoge en la ecuación la variable del precio del libre mercado, es decir, una variable no-explicatoria como la conocemos en economía matemática, no independiente, sino consecuente, dependiente. Es una variable dependiente puesto que el precio negro, el del llamado “libre mercado”, es producto de la especulación inducida, no del movimiento real de la economía. Aún así el cálculo de la tasa de inflación del Instituto Cato da un resultado muy lejos de la supuesta hiperinflación con que los mercados financieros atacan a Venezuela. Venezuela, no olviden, tiene que ser pase lo que pase un país de alto riesgo para los inversionistas (léase: prestamistas especuladores) extranjeros. Ha de tomarse nota que la introducción del sistema DICOM incorpora un factor nuevo contra la especulación cambiara. De tal modo tendrá que variar la metodología de cálculo de la inflación venezolana del prestigiado Cato Institute, si es que quiere seguir siendo fuente de estimación “altamente precisa”.

“Contrario a lo que ha pasado en Venezuela, el Parlamento noruego legisló para utilizar el excedente del petróleo como estabilizador de la moneda nacional y lograr una baja inflación” -nos cuenta poco menos que fascinado Víctor Álvarez. Vaya, el excedente de petróleo en función de la política monetarista liberal en su lucha contra la inflación. Toda la doctrina liberal de los Bancos Centrales capitalistas que vienen hundiendo hasta las economías de los países más desarrollados industrialmente. ¿Porqué no actúa así el Gobierno revolucionario de Venezuela venezolano?. Pues porque que así lo determina la incapacidad del “gobierno de turno para (poder) gastar discrecionalmente la renta petrolera”, concluye avispado el economista.

Álvarez continúa cuesta abajo en la rodada ya de tufo neoliberal. “Para evitar un impacto negativo, está prohibido invertir en compañías que operen en Noruega” – elogia la política económica de dicho país. Vamos a traducirlo. Lo que se restringe es la inversión directa de capital (ID), es decir, la única que propicia el desarrollo tecnológico de las fuerzas productivas del país receptor, en nuestro caso, Venezuela. A cambio, encomia Álvarez la inteligencia noruega, “las inversiones deben ser realizadas en el exterior (…)”, vaya, en el casino financiero, ya que “solo los rendimientos de las mismas son los que pueden ser inyectados a la circulación interna para complementar el Presupuesto Nacional”. Toda una apología de nuestro economista a la inversión financiera especulativa. Con economistas amigos como estos, la economía venezolana no necesita economistas enemigos. A los economistas liberales venezolanos se les tienen que escapar los detalles, si de Venezuela se trata. El Presupuesto Nacional venezolano se nutre en esencia de la recaudación impositiva de la economía real interna (ca. 90% en 2017). Estos recaudos vienen superando con creces los planes de ingresos fiscales del Gobierno. Puede asegurarse que la renta del petróleo constituye un ingreso extra al Presupuesto Nacional. Es un rubro de exportación que viene a sustituir la incapacidad de la propiedad privada capitalista venezolana, dominante en la producción, para generar las exportaciones del país. De ahí el uso intensivo de la renta petrolera en los programas de desarrollo social y económico.

El grado de manipulación economicista y especulación política de Álvarez es ofensivo contra la inteligencia ajena. “Si el propósito del Fondo (petrolero noruego) es asegurar que la riqueza petrolera asegure la calidad de vida de los pensionados y de las generaciones futuras, las inversiones deben estar en armonía con el desarrollo sustentable, la protección del medio ambiente y la responsabilidad social”, se explaya el economista. Bueno, el hecho es que la economía social venezolana que apenas se edifica viene a asegurar con la Revolución la calidad de vida de los pensionados que por primera vez tienen acceso a una renta de jubilación universal, independiente de lo que mal les aseguraría la dependencia al mercado capitalista de trabajo. ¿Y en cuanto a las generaciones futuras? El economista liberal nos dice que la inversión social nada tiene que ver con eso.

Más aún, estos liberales aseguran que la inversión del estado en la economía solamente genera déficit en sus cuentas, y esto sabemos, para el pensamiento liberal es pecado capital. El pan de hoy es siempre hambre para mañana. Vale la pena una leída del análisis deconstructivista de esta falacia económica burguesa que hace el renombrado economista marxiano Michał Kalecki. Cuando hoy el Gobierno bolivariano invierte en el desarrollo de las infraestructuras con recursos de la renta petrolera y acudiendo a su capacidad de endeudamiento (capacidad demostrada por el estricto cumplimiento de dichos compromisos con la banca internacional, sin que ello afecte los planes de desarrollo socioeconómico), eso es solo gasto insolvente del estado, y no una inversión de futuro para la economía y el desarrollo social de las próximas generaciones. El “keynesismo bolivariano” no tendrá nunca rating para las calificadoras de riesgo y los fondos buitres. El estado revolucionario está llamado a perecer por fuerza de las falsas leyes de la economía de mercado capitalista. La economía venezolana habrá de seguir bajo la bota de la propiedad privada del capital y su instinto especulativo de ganancia.

El capitalismo no cree en lágrimas. No hay fondos que valgan, salvo los de inversiones especulativas promoviendo cuántas burbujas, ciclos y crisis se les antojen. La economía de la Noruega de Álvarez -nos dice un informe encargado a un grupo de expertos por el Consejo Nórdico de Ministros de Finanzas ya en 2015- “padece una suerte de enfermedad holandesa: un camarero cobra el doble de lo que ganaría en cualquier otro país de Europa, la productividad no avanza, el precio de la vivienda se ha disparado y el endeudamiento de las familias es altísimo. El propio gobernador del Banco Central noruego advirtió hace poco de los riesgos provocados por el desplome del crudo. Y con la vista puesta en el medio plazo recetó una devaluación salarial al tiempo que el Estado se ajusta el cinturón (recortes sociales neoliberales) con el fin de compensar el declive de los ingresos del petróleo”. El neoliberalismo, como en su retorno a América Latina, está ahí, sediento.

La economía venezolana está ante la imperiosa necesidad de un cambio revolucionario estructural. No es un cambio cualquiera. Es un cambio de paradigma político. Meterse de lleno en la senda de la revolución socialista. Hacia ese postcapitalismo que sabemos no puede ser otro que socialismo. El paradigma socialista no se consigue hirviendo los trapos capitalistas de la economía burguesa a ver si se desinfectan. El cambio significa la construcción de un nuevo modelo de economía, economía social, donde las leyes del mercado y la propiedad privada del capital dejan de funcionar bajo la lógica interna de reproducción del capital. A esas “leyes” se les suprimen las bases materiales para que mueran por asfixia irreparable.

La transición es de la economía soportada en la propiedad privada a la economía movida por la propiedad socializada. De la economía del capital a la economía del trabajo. De la economía del dinero a la economía de los recursos renovables. De la acumulación capitalista a la acumulación social de capital. Del crecimiento económico consumista al crecimiento equilibrado y sustentable ecológicamente. La transición es del capitalismo al socialismo, tal como puntualiza el líder de la Revolución Hugo Chávez; puesto que “la economía política tiene que abarcar la economía social” (les aclara Chávez al pueblo y a los economistas – discurso en Maracay 2009).

Ese es el horizonte en que debe proyectarse el pensamiento económico revolucionario creador, por el socialismo. No es la lucha por domar los ciclos del capitalismo, la lucha es por eliminar la economía burguesa, por cambiar el modo de producción e intercambio capitalista. De ahí la importancia de la Constituyente convocada por el Presidente. Nicolás Maduro. No puede ser otra que una Constituyente por el socialismo.

Roberto Cobas Avivar Roberto Cobas Avivar

¿Es democrática una elección no partidista?

Por: Alberto Aranguibel B.

 La violenta reacción de la oposición venezolana a la convocatoria a Asamblea Nacional Constituyente formulada por el Presidente Nicolás Maduro, pone una vez más de relieve la imperfección del modelo de democracia representativa que todavía hoy, luego de casi un cuarto de siglo de la profunda democracia participativa y protagónica que vive el país, la derecha pretende presentar como el modelo más conveniente para una sociedad como la venezolana.

Apenas pronunciada por el Primer Mandatario nacional la frase “Convoco a una Constituyente ciudadana, no una Constituyente de partidos ni de élites…” en su discurso del 1ro de mayo en la Avenida Bolívar de Caracas, la dirigencia opositora pegó el grito en el cielo para denunciar lo que de inmediato calificó de “fraude”, sin entrar ni en lo más mínimo en la esencia doctrinaria de la fórmula invocada por el líder de la Revolución Bolivariana.

Quienes de buena fe dudaron en un primer momento si la propuesta presidencial contaba o no con el debido sustento legal que le permitiera avanzar sin necesidad de llamar primero a Referéndum Consultivo, entendieron luego de las debidas explicaciones técnicas aportadas por los constituyentistas más calificados del país, que tal duda era completamente infundada.

Se trataba de una jugarreta más de la derecha golpista que pretendía capitalizar en esta oportunidad la campaña de difamación que difundió desde el 2015 hasta el pasado año, en la que acusaba al Presidente de negarse a un llamado a Referéndum que permitiera determinar si se revocaba o no su mandato.

Aquel Referéndum, concebido por la Constituyente del 99 como una herramienta para el ejercicio de la participación y el protagonismo del pueblo que nuestra avanzada Constitución consagra, es una opción pero no una obligación. Quien pretenda la revocatoria del mandato de los cargos de elección popular, en este caso el del Presidente, deberá cumplir primero con una serie de requisitos para lograr activar tal consulta. La oposición (aún a pesar de todas las triquiñuelas y marramucias que armó para intentarlo) no logró completar tales requisitos y el Referéndum no se activó.

¿Por qué no logró su cometido la derecha en esa oportunidad? Porque no contó con el respaldo de los electores en la recolección de las firmas. Porque no obtuvo ni siquiera apoyo del electorado para legitimar sus partidos políticos ante el CNE. Porque no tiene discurso ni propuesta que no sea el odio contra todo lo que tenga que ver con Chávez y el chavismo. Y eso no sirve para activar un Referéndum.

Por eso, entre muchas otras razones, la derecha venezolana se opone de manera tan inflexible a todo cuanto contiene nuestra Constitución como mecanismos de participación y protagonismo del pueblo.

Esas élites, que se habituaron en el pasado a la placidez de un sistema electoral diseñado específicamente para asegurar su control sobre las elecciones y perpetuar así el modelo de democracia representativa, no creyeron nunca ni remotamente posible que el pueblo pudiera alcanzar un nivel tal de madurez política que le permitiera escoger con criterio propio quiénes debieran ser sus candidatos y cuáles debieran ser los compromisos que estos asumieran en función del interés de los electores y no de las cúpulas partidistas.

Son muchas las razones que llevan al elector a tomar su decisión definitiva en cada proceso electoral. Pero en la mayoría de ellas, el partido político, componente esencial de la democracia representativa, considera que posee el más perfecto nivel de control a través de la campaña electoral y de la cultura eleccionaria que ella genera.

De acuerdo al estudio de Franklin Guzmán en su Manual de Campañas Electorales (1992), la decisión del voto para la mayoría de los electores está tomada desde mucho antes de la campaña electoral. Sólo un 30%, según él, sería susceptible de ser influenciado por el mensaje publicitario o propagandístico durante ese periodo, lo cual no significa que el 70% restante no amerite “reforzamiento” de su decisión en esa fase.

Ese 30%, que termina siendo el factor decisivo en todo proceso electoral, es el objetivo central de las campañas.

“¿Votan los electores ideológicamente, o por lo menos con cierto sentido clasista del voto? –se pregunta Guzmán- ¿Son capaces los electores de reconocer las ideologías subyacentes en los partidos y candidatos y asociarlas con los problemas del aquí y ahora? ¿Hay una relación lineal entre la ideología y el partido preferido con la decisión del voto? ¿Cómo se reproducen las identificaciones partidistas e ideológicas entre los votantes? ¿Qué factores marcan el comportamiento electoral por largo tiempo y cuáles por corto tiempo? ¿Qué puede hacer que el militante o simpatizante de un partido vote por otro partido en una elección determinada?”

Tal cantidad de inquietudes atormentó desde siempre a los partidos políticos en la medida en que veían avanzar la concientización del pueblo respecto de la verdadera naturaleza y causa de los problemas que agobian a la sociedad. Pero fue muy poco lo que hicieron para adecuarse a esa nueva realidad. Por el contrario, la profundización en la búsqueda de tecnificar cada vez más las campañas electorales para procurar someter al elector a su antojo fue lo que privó en el ánimo de esa élite partidocrática que solo veló por sus intereses particulares y jamás por los del elector.

A través del evento ferial en que los partidos de la derecha convirtieron el debate político durante la campaña, se banalizaron sistemáticamente los temas más relevantes para el elector, convirtiendo incluso el acto mismo de la votación en una suerte de competencia de trivialidades que solo contribuía al secuestro de la democracia que los partidos llevaban a cabo con esa idea de representatividad que jamás representaba al elector, quien, desvalido como estaba frente a aquel asfixiante sistema, terminaba creyendo que la absurda modalidad del llamado “voto cruzado” (una forma de votar por un partido con una tarjeta grande a la vez que votaba contra ese partido con una tarjeta pequeña en un mismo acto de votación) podría haber servido como recurso de salvación para el electorado.

La campaña electoral se convirtió en el Alfa y el Omega de los partidos políticos de la derecha y de sus candidatos, a tal punto que ya su propuesta discursiva es virtualmente inexistente. Tal como lo demuestra la constante variación (y contradicción en la mayoría de los casos) en el discurso del liderazgo promedio de la oposición venezolana respecto de los más diversos temas. Como por ejemplo el tema Constituyente, por mencionar solo uno, en torno al cual esa dirigencia ha pasado sin solución de continuidad desde la solicitud más empecinada y terca por convocar una nueva ANC, al más categórico y desvergonzado rechazo a tal posibilidad.

Fiel a esos principios de la democracia representativa burguesa, la oposición venezolana va a evitar siempre toda elección que sea una consulta directa al pueblo, en la cual no tenga cabida la convencional campaña electoral partidista donde pueda utilizar a su antojo la inmensa cantidad de recursos de la que dispone, su capacidad de movilización, sus poderosas corporaciones mediáticas, sus empresas encuestadoras y sus laboratorios de mercadeo político, para tratar de influenciar a los electores.

Pero en Venezuela no estamos construyendo hoy un modelo de democracia representativa, sino uno donde la participación y el protagonismo del pueblo son los activos esenciales.

Bajo esa visión, el llamado del Presidente Maduro es lo más irrefutablemente democrático que puede hacerse para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, gracias a una Constitución como la bolivariana que permite tal posibilidad por primera vez en nuestra historia, al facultar expresamente al Primer Mandatario para ello a través de los artículos 347, 348 y 349.

El viejo modelo electoral, de las tarjeticas de colores y de la insensata cultura del “voto cruzado”, gracias a Dios ya no existe. Fue superado por la revolucionaria concepción de la inclusión social que nos trajo el Comandante Chávez y que el presidente Maduro hoy pone de nuevo en marcha con la sectorización de la consulta popular a la que nos ha convocado, asegurando así la posibilidad cierta de que la voz del pueblo esté presente de manera directa en la construcción de la Patria a la que aspira.

Algo que será siempre posible solamente en Revolución.

 

@SoyAranguibel

Aranguibel en VTV: Problemas de Venezuela se resuelven con más socialismo

Noticiero Digital / 31 mayo de 2017.- El analista político Alberto Aranguibel insistió este miércoles que la única manera de resolver los problemas del país es “con más socialismo”. En ese sentido, resaltó la importancia de la Asamblea Nacional Constituyente.

Así lo dijo en el programa Encendidos, que transmite VTV.

“Si algo ha sucedido hoy en Venezuela desde hace ya algún tiempo, es que los problemas que se han acumulado, que está padeciendo el pueblo, que efectivamente está pasando por una coyuntura muy difícil, muy dolorosa (…) están determinados fundamentalmente por dos factores”, comentó.

Indicó que uno de los factores es el fallecimiento del expresidente Hugo Chávez. “Eso desató la furia de un sector del capital privado (…) Ellos creían que se había liberado la economía y se desató una ola especulativa espantosa que hizo que todo el sector incurriera en una práctica especulativa que empezó a generar distorsiones muy graves en la economía, y que a su vez fueron generando otras distorsiones sucesivas que se fueron acumulando”.

“Hubo gente que pensó en un momento determinado que la solución era a través del voto en la elección de la AN y ahí se cometió un error gravísimo que llevó al segundo problema (…) Mucha gente creyó que hacía falta un contrapeso al Gobierno desde el punto de vista político. La gran mayoría de la gente no votó por Ramos Allup para que fuera presidente ni votó por Julio Borges para que fuera presidente, votaron para que hubiera una AN que le hiciera contrapeso político al Gobierno, esa fue la visión”, enfatizó Aranguibel.

En su opinión, “lo que resuelve el problema de Venezuela es más socialismo, y la manera expedita, rápida, el camino rápido fue el que creó Chávez; el de la profundización de la democracia (…) y esa es la oportunidad que nos está trayendo el presidente Nicolás Maduro con el llamado a Asamblea Nacional Constituyente”.

Apuntó que el sector opositor “no es democrático” y afirmó que “no quiere elecciones (…) Ellos necesitan una mega elección para cantar un fraude, provocar un estallido social y una intervención extranjera en el país”.

Sentenció: “No debemos aspirar a perfeccionar el capitalismo, porque el capitalismo es el que trae padecimientos a la humanidad que no se han podido solventar sino que por el contrario generan más miseria para poder asegurar el crecimiento empresarial que ellos dicen que es el desarrollo eficiente de la economía”.

Fuente: Noticiero Digital

Revolución es Constitución

Por: Alberto Aranguibel B.

No existe en el país Ley o reglamento alguno que obligue a levantar en alto la Constitución cada vez que se va a hablar de ella frente a un medio de comunicación. Sin embargo es ya una convención generalizada que todo el que va a mencionarla en público sea eso lo primero que procure hacer.

Que los chavistas levanten la Constitución al nombrarla, no tiene nada de extraño o incorrecto. El gesto es una modalidad inventada por el Comandante Chávez como expresión simbólica de triunfo frente a los sectores reaccionarios del país que se opusieron de manera persistente a ella desde antes incluso de iniciado el proceso revolucionario, cuando en la campaña electoral de 1998 satanizaban al Comandante por la sola propuesta que éste hacía por aquel entonces de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente.

Inmoral e infame es que los voceros de la derecha contrarevolucionaria pretendan engañar al país fingiendo algún tipo de respeto hacia nuestra Carta Magna, usando el mismo modo de elevar la Constitución cada vez que van a mencionarla frente a las cámaras.

¿Si no es obligatorio hacerlo, por qué lo hacen?

Porque la doctrina fundamental de la ideología neoliberal capitalista es la de despojar al pueblo de toda posibilidad de riqueza o de activo valioso para ponerlo al servicio de los sectores oligarcas de la sociedad.

Bajo la lógica del modelo neoliberal capitalista, el texto constitucional es una camisa de fuerza que no debe ser intervenida ni alterada jamás por los ciudadanos.

La Constitución de los Estados Unidos, la más antigua del mundo, es considerada por los norteamericanos como un texto sagrado, baluarte e inspiración del mundo capitalista hoy en día, que ningún ciudadano puede objetar o cuestionar so pena de terminar juzgado como traidor a la Patria y condenado a muerte.

Ello es así porque el texto constitucional de esa nación surge de una necesidad de regulación del comercio entre los trece estados que conformaban la unión a finales del siglo XVIII, y no de una necesidad de consagración de derecho humano alguno de las personas. Salvaguardar los intereses y privilegios de los poderosos fue siempre más importante en el capitalismo que la atención a las necesidades de la sociedad. En eso precisamente estriba la esencia de su doctrina del libre mercado.

Por eso los siete artículos que conforman la Constitución norteamericana no pueden ser tocados jamás. Porque para los capitalistas el modelo económico sobre el cual se funda su sociedad no debe ser susceptible bajo ningún respecto de modificación o transformación alguna.

Pero las sociedades orientadas a su transformación están obligadas a revisar su basamento jurídico para adecuarse en cada caso a la evolución de su modelo de país, así como de su realidad y sus circunstancias particulares. Por eso las constituciones avanzadas surgen siempre de los procesos de transformación de las sociedades.

En Latinoamérica, el proceso de gestación de nuestras naciones se inspiró inicialmente en esa particular concepción mercantilista de la sociedad que se asentaba en la Constitución norteamericana y nos llevó a asumir como propios exabruptos como los que contemplaba nuestra primera Constitución en 1811.

En ese texto, redactado por los próceres de nuestra independencia entre los que se encontraba el mismísimo Padre de la Patria, y que fue considerado por el mundo entero como “la más libertaria” de todas las constituciones existentes hasta el momento, se establecía, por ejemplo, que tenía derecho al voto “todo hombre libre, si a esa calidad se le añade la de ser Ciudadano de Venezuela, residente en la parroquia o pueblo donde sufraga, si fuere mayor de veintiún años siendo soltero, o menor siendo casado, y velado, y si poseyere un caudal libre del valor de seiscientos pesos en las Capitales de Provincia siendo soltero, y de cuatrocientos siendo casado, aunque pertenezcan a la mujer, o de cuatrocientos siendo en las demás poblaciones, en el primer caso, y doscientos en el segundo.”

Quizás en la cultura predominante entonces fuese difícil romper de la noche a la mañana con creencias y tradiciones a las que la sociedad, pacata y conservadora como era en su mayoría, estaba habituada. Y tal vez eso determinó que ese aberrante esquema de exclusión se asimilara sin problemas en el texto que estaba proponiéndose como el nuevo pacto común de la sociedad.

Pero Bolívar, que sí tenía perfectamente claro el rumbo emancipador de ser humano que debía tener el proceso independentista, se percata de ello. Pero no es sino casi una década después, en el Discurso de Angostura, cuando encuentra el escenario propicio para hacer una observación política de fondo que da al traste con esa perversa concepción mercantilista de la democracia.

“Ni remotamente -dice el Libertador en el Discurso de Angostura- ha entrado en mi idea asimilar la situación y naturaleza de los estados tan distintos como el Inglés Americano y el Americano Español. ¿No sería muy difícil aplicar a España el código de libertad política, civil y religiosa de la Inglaterra? Pues aún es más difícil adaptar en Venezuela las leyes del Norte de América. ¿No dice El Espíritu de las Leyes que éstas deben ser propias para el pueblo que se hacen? ¿que es una gran casualidad que las de una nación puedan convenir a otra? ¿que las leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al género de vida de los pueblos; referirse al grado de libertad que la Constitución puede sufrir, a la religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a sus costumbres, a sus modales? ¡He aquí el Código que debíamos consultar, y no el de Washington!”

Hace dos décadas la realidad social, política y económica del país era completamente distinta a lo que es hoy en día. Lo que demuestra en sí mismo que en efecto estamos transitando por un proceso de transformaciones profundas del Estado y de la sociedad.

La revolución bolivariana ha emprendido desde entonces hasta hoy un arduo camino plagado de obstáculos y barreras, casi insalvables en la mayoría de los casos, para lograr la construcción de justicia e igualdad social que propone el Socialismo el Siglo XXI que impulsó el Comandante Chávez en el país, alcanzando niveles de inclusión social a lo largo de este corto periodo de nuestra historia infinitamente superiores a todo cuanto pudiera haber habido de bienestar para las venezolanas y los venezolanos desde que somos República.

Pero eso no significa que el socialismo haya triunfado definitivamente, ni que haya logrado instaurarse aún como el modelo rector de la economía en nuestro país.

No pudo prever el Constituyente en 1999, las Misiones, por ejemplo, porque ellas surgieron del desacato a las leyes por parte un sector golpista tres años después de promulgada la nueva Constitución.

Tampoco la muerte temprana del líder fundamental de la Revolución que apenas estaba dando sus primeros pasos. Ni mucho menos pudo prever el holocausto de especulación y usura que cientos de miles de empresarios y comerciantes contrabandistas y acaparadores iban a desatar contra el país al unísono y de un momento a otro, cuando creyeron que el fallecimiento de ese líder era la señal de rienda suelta que el neoliberalismo esperaba para hacer de las suyas.

De ese holocausto de avaricia y de desprecio al Estado nos vinieron el desabastecimiento, las infernales colas que obligaron a las venezolanas y venezolanos a someterse a la penuria que hoy padece el pueblo por el cual tanto ha luchado la Revolución Bolivariana. Y los “bachaqueros”, el verdadero problema que la gente quiere ver resuelto. Pero eso tampoco podía ser ni imaginado siquiera por el Constituyente en 1999 por muy visionario que fuera.

Si el debate y la confrontación entre el gobierno y la oposición han determinado la naturaleza particular de este nuevo escenario, quiere decir que la sociedad venezolana está transitando por un proceso cierto de transformaciones. Proceso que debe continuar y en ningún caso involucionar hacia el pasado de oprobio, sufrimiento, muerte y dolor ya superados.

La única fórmula de aseguramiento del bienestar al que aspira hoy el pueblo venezolano es la adecuación del poderoso texto constitucional revolucionario a esta nueva y muy exigente realidad.

Asumir ese reto con sentido de responsabilidad histórica, tal como lo hizo el Comandante Chávez en su momento y como lo ha hecho el camarada Nicolás Maduro desde el 2013, es el deber de ese pueblo que tantas glorias libertarias signadas por el deseo de justicia y de igualdad social ha conquistado a través de la historia.

La Revolución Bolivariana es esencialmente constituyentista porque promueve, lucha y se entrega a la construcción de ese sueño inmortal del Padre de la Patria y de nuestro Comandante Eterno, Hugo Chávez Frías.

La derecha terrorista solo procurará, como siempre, asaltar la credibilidad del pueblo mediante engaños como el de elevar la Constitución frente a los medios, para acabar con ese sueño emancipador buscando restituir los privilegios de los capitalistas que tanta hambre y miseria generaron en el pasado.

Exactamente eso fue lo que hicieron el único día que han estado en el poder desde 1998; el infausto día del Carmonazo.

 

@SoyAranguibel

 

El Chávez de Sony

Por: Alberto Aranguibel B.

El revuelo causado por las primeras filtraciones a la prensa de un corto promocional que presenta imágenes de la serie “Comandante” producida por la corporación Sony para la televisión, no es en lo absoluto casual.

Que a través de su productora se conozca que la serie se extenderá hasta los cien capítulos, es ya un indicador del interés que tiene para el mundo la figura del más grande y trascendental líder de nuestro tiempo. Sony, con esa descomunal inversión, evidencia que está perfectamente clara en eso. En la televisión es norma el formato de las llamadas “temporadas”, que limitan los seriados (incluso los más taquilleros, como Los Soprano o Game Of Thrones, por ejemplo) a unos diez o doce capítulos cada una.

Pero no es la taquilla (solamente) lo que mueve a esa gigantesca empresa audiovisual del capitalismo a invertir en la figura de Hugo Chávez.

Para el capitalismo el medio de comunicación es una herramienta de consolidación y perpetuación de un modelo que sin la alienación y el embrutecimiento de la sociedad a través del culto al consumismo y a la banalidad sería insostenible. La manipulación de la realidad es la única forma de hacer posible tal despropósito.

En ese mundo de falsa realidad creado hoy en día fundamentalmente por los medios de comunicación, mandatarios sanguinarios y serviles al imperio norteamericano, como Francisco Franco, Augusto Pinochet, Shimon Peres o Ronald Reagan, aparecen como figuras prominentes de la historia que a la hora de su muerte son objeto de amplios reportajes que ilustran su vida como una trayectoria cargada de retos y de logros en función de la democracia.

Líderes populares cuya vida haya sido entregada en cuerpo y alma a su pueblo en función de los más nobles propósitos de redención, justicia y equidad, serán vistos por esa mediática imperialista como unos salvajes, guiados siempre por la más perversa y rastrera sed de poder.

Exactamente lo que intenta hacer Sony con la vida de Chávez; un panfleto asqueroso y pestilente cargado de distorsiones y falsedades sobre el líder que rescató a los pueblos latinoamericanos de la ignominia bananera en que el imperio los sumió por más de un siglo.

La infame caricatura que de él hace Sony en esa serie, solo confirma el miedo que aún le tiene el imperio al Comandante.

@SoyAranguibel

El viejo camuflaje de la derecha y el discurso de un presidente verdaderamente revolucionario

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 18 de enero de 2016 –

Por: Alberto Aranguibel B.

La democracia deja de funcionar cuando la gente siente que el sistema está al servicio de los ricos, de los poderosos, o de algún interés específico” Barack Obama

En la modesta tumba de Carlos Marx en el cementerio de Highgate, en la ciudad de Londres, los huesos del creador del socialismo científico tal como lo conocemos hoy deben haber estallado entre una polvareda de células petrificadas y desvencijados ropajes sepulcrales, en el instante mismo en que la betancuriana voz del secretario general de Acción Democrática tronaba amenazadora en la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, proclamando: “Yo no soy neoliberal… ¡Y tengo obra escrita!”.

Sin permitir ni un instante la necesaria recuperación del aliento de la concurrencia y del mundo entero que presenciaba estupefacto por radio y televisión el desafuero del veterano parlamentario luego del mensaje a la nación ofrecido por el primer mandatario, Nicolás Maduro Moros, Ramos Allup (completamente de polizón en la cadena nacional presidencial) remataba su pueril perorata de tartamuda y nerviosa pero divertida egolatría con el apotegma “¡Obra escrita que muchos académicos de izquierda consultan!”

Apenas cuatro días antes, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica (y máximo exponente del neoliberalismo en el mundo) presentaba su saludo anual al congreso de esa nación, en el que exponía a cabalidad la que perfectamente pudiera denominarse la doctrina Obama de la impudicia y el caradurismo, apoyada en el mismo recurso al que apela el presidente de la Asamblea Nacional de usar un esquema discursivo de izquierda que le permita lograr algún nivel de credibilidad y resonancia entre la audiencia.

Atónita, la humanidad escuchó en boca del primer presidente negro del imperio norteamericano, la grotesca arrogancia de un emperador insolente y desalmado como nunca antes ha conocido la humanidad. A las desconcertantes preguntas de tono claramente socialistoides con las que iniciaba su discurso (“¿Cómo le damos a cada uno una posibilidad justa de tener oportunidades y seguridad en esta nueva economía?¿Cómo haremos para que la tecnología juegue a nuestro favor y no en nuestra contra, especialmente cuando se trata de resolver los desafíos más urgentes como el cambio climático?¿Cómo haremos para garantizar la seguridad de Estados Unidos y liderar el mundo sin convertirnos en la policía mundial? Y por último, ¿Cómo haremos para que nuestra política refleje nuestras mejores virtudes en vez de nuestros peores defectos?”) el mismo mandatario respondía sin ambages de ninguna naturaleza cosas como: “En la economía global, las empresas pueden radicarse en cualquier lugar y están sujetas a una competencia más dura. Como consecuencia, los trabajadores tienen menos influencia para conseguir aumentos de sueldo. Las compañías tienen menos lealtad hacia sus comunidades. Y los ingresos y la riqueza se concentran cada vez más en las capas más altas de la sociedad. Debemos procurar que los trabajadores sean accionistas de las empresas.”

En franco reconocimiento del fracaso del capitalismo, Obama no tiene escrúpulo alguno en afirmar que “A una familia trabajadora se le ha hecho más difícil salir de la pobreza, se le ha hecho más difícil a los jóvenes comenzar sus carreras y más duro para los trabajadores poder jubilarse cuando lo desean.” Exactamente igual a lo dicho por Hugo Chávez durante más de quince años y por lo cual fue proscrito por el imperio hasta conducirle al deceso.

Una tras otra, las consignas de inspiración eminentemente comunistas salpicaban a la incrédula audiencia que no comprendía cómo el más poderoso hombre del imperio más neoliberal de la historia se atrevía a retar al capitalismo con enunciados como “Tenemos que hacer que la universidad sea asequible para todos los estadounidenses. Porque ningún estudiante que trabaje duro debería estar endeudado.” ¿Qué habrá pasado en ese instante por la mente del expresidente de Chile, Sebastián Piñera, que a tanto estudiante reprimió por muchísimo menos que eso?

Con un cinismo sin precedentes en la historia, Obama invita a “sacar el dinero de la política”, pero no explica qué pasará entonces con el descomunal presupuesto armamentista del que él mismo se jacta (“Gastamos más en nuestras fuerzas militares que las siguientes ocho naciones juntas. Nuestras tropas son las mejores fuerzas de combate de la historia del mundo”) ni cómo va a hacer para sostener su política exterior injerencista sin el financiamiento cada vez más cuantioso que su Departamento de Estado hace en desestabilización de gobiernos y regímenes a lo largo y ancho del planeta a través de organismos como la NED y la USAID, por citar solo dos de los más importantes.

El farsante se desgañita en esa misma comparecencia ante el congreso con una delirante exaltación de la guerra y del uso dispendioso de ese presupuesto militar, incluso sin autorización de los senadores y representantes, porque en definitiva su naturaleza imperialista no puede ocultarse. “Estamos entrenando, armando y apoyando a las fuerzas que poco a poco están reclamando territorios en Irak y en Siria […] el pueblo estadounidense debería saber que con o sin la intervención del Congreso, ISIS aprenderá las mismas lecciones que los terroristas que vinieron antes que ellos. Si dudan del compromiso de Estados Unidos —o del mío— para vigilar que se haga justicia pregunten a Osama bin Laden.” El rey Felipe II solía decir que “En España nunca se pone el sol” para referirse a la extensión de su imperio, que en su mayor auge llegó a abarcar hasta los cinco continentes, expresando su poderío con dignidad y estatura pero sin la repulsiva soberbia y la insolente desfachatez del demagogo de la Casa Blanca.

A través del engaño y la usurpación es como la derecha ha pretendido captar el favor del pueblo. En ello la demagogia no es un simple recurso discursivo sino un vulgar camuflaje.

El presidente Maduro lo sabe y por eso lo advirtió en su mensaje al país esta semana, al atajar la previsible cantinela del diputado Ramos y el desatino de toda la bancada opositora que pretende hoy asaltar las conquistas revolucionarias con malabarismos legislativos de seducción mercadotécnica, cuando denunciaba la estrategia de recomposición del discurso de la reacción en Latinoamérica (a la que le reconoce con gallardía que ha tomado un nuevo aire), en los mismos términos en que lo hizo el Comandante Chávez, quien alertó en todo momento sobre la impostura de una oposición inmoral y sin escrúpulos que de manera calculada ofrecía el relanzamiento de las Misiones y el logro del bienestar social alcanzado en revolución como una promesa del modelo neoliberal hacia los pobres, en un claro intento de esconder tras el sofisma del lenguaje izquierdoso la perversión del capitalismo.

Llamar a la paz verdadera (que no la “pax romana”, como dice Ramos) no es concebible sin justicia social ni invocando a los ejércitos para acabar con naciones y civilizaciones enteras que no se arrodillen a los designios de los imperios.

Llamar a la paz es hacer lo que ha hecho el actual gobierno desde el primer día, convocando al país a una auténtica cruzada en pro de la concordia y la armonía entre los venezolanos, sin intervencionismos ni guerras mediáticas o corporativas de por medio que promuevan el odio o el estallido social, y sin falsos discursos populistas que reivindiquen politiqueramente como suyos los grandes logros revolucionarios de un pueblo al que han agredido y humillado con la mayor indolencia durante tanto tiempo.

Frente a la hipocresía y al oportunismo de la derecha, Maduro enrostra la verdad revolucionaria y persiste sin titubeos en la inflexibilidad del proyecto chavista. Con admirable coraje y sentido autocrítico asume el inmenso reto de las dificultades para dejar clara su persistencia en el proyecto chavista de justicia e igualdad más allá de cualquier circunstancia, enarbolando orgulloso el Plan de la Patria y el compromiso irreductible de su gobierno en función de los pobres.

El hijo de Chávez puede hacerlo con la frente en alto porque, tal como lo ha dicho, no usurpa el discurso de nadie. “Los revolucionarios nos caracterizamos por la objetividad, por la fuerza, el optimismo.”

Es la diferencia entre un modelo humanista, fundamentado en la verdad histórica de los pueblos, y la falsedad y la impostura oportunista de un neoliberalismo mentiroso, desvergonzado y sin pudor.

 

@SoyAranguibel

Cultura contra bachaqueo

– Publicado en Últimas Noticias el 17 de junio de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

En pleno corazón económico de Petare, en los alrededores de la redoma y en su vertiente hacia Maca, conviven hoy de manera yuxtapuesta los factores más emblemáticos de la confrontación ideológica por la que transita el país desde hace más de tres lustros.

En las calles es virtualmente imposible alcanzar a ver el piso entre la anárquica turbamulta de timbiriches de bachaquería, mercachifles de toda pelambre, compradores desesperados, motitaxistas arbitrarios, camioneteros del abuso y pobladores de resignación infinita, ninguno de los cuales refleja en modo alguno en su rostro expresión de complacencia con el tumulto que ya pareciera formar parte inexorable de sus vidas.

El bachaqueo se impuso en toda esa zona como si de un demencial territorio liberado se tratara, para colocarse al servicio de una distorsión socioeconómica que deriva directamente de dos factores; por un lado los bajos precios de los productos regulados de los cuales se aprovecha el bachaqueo para llevar a cabo su perverso negocio, y por el otro la inmoral usura que, gracias a un consumismo voraz sembrado en la sociedad por el capitalismo, persigue destruir la capacidad adquisitiva del venezolano y adueñarse del bienestar económico que con tanto esfuerzo la revolución bolivariana ha construido.

De manera sorprendente, la Hacienda El Toboso se erige como un oasis en medio de ese degradante muladar capitalista, para dar paso a un escenario de paz en el que Tito Salas diera vida a su obra inmortal y que hoy la revolución bolivariana reactiva a través del valioso e incansable esfuerzo de un excepcional equipo de cultores populares al frente del cual se encuentra la infatigable promotora y amiga de la cultura nacional Natacha Castillo.

Una muestra más del inmenso trabajo de rescate de nuestros auténticos valores culturales, así como de refacción a fondo de toda una inapreciable infraestructura que el capitalismo abandonara como expresión de su desprecio por nuestra identidad como pueblo.

Son dos concepciones y dos modelos los que se enfrentan hoy en Petare; el capitalismo salvaje que promueve el bachaqueo usurero y especulador, y el socialismo bolivariano profundamente humanista y redentor de lo nuestro, con base en la paz, la cultura y la justicia social.

 

@SoyAranguibel

Desmontar el Modelo Rentista y el Estado Burgués

Por: Atenea Jimenez Lemon

“La Comuna ha demostrado, sobre todo que la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la maquinaria estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines…debe destruir, romper la maquinaria estatal existente”  Marx y Engels citado por Lenin en El Estado y La Revolución.

La revolución bolivariana insurge para derrumbar el estado de cosas existentes, el Comandante Supremo Hugo Chávez se propone una constituyente para refundar la Patria, se crea una nueva Constitución y se avanza enormemente en los derechos humanos y las reivindicaciones justas de la inmensa mayoría de la población, pero la Asamblea Constituyente dejó un tema central pendiente, el Estado, asunto que debió asumirse en un proceso popular constituyente permanente, pues la recién aprobada constitución abría las puertas para asumir la soberanía popular de manera directa, pero esto no ocurrió y cargamos con ese mamotreto pesado y obstaculizador de toda iniciativa orgánica que signifique demolerlo, que signifique gobernarnos a nosotros mismos. El Estado, con sus múltiples mecanismos hace que dentro de sectores e individualidades revolucionarias se reproduzca la ideología burguesa y comenzó a verse bonito ese mismo Estado burgués que antes identificábamos como maquinaria de violencia y represión, de reproducción del capitalismo, de naturalización de la explotación como algo inevitable en la vida. Es innegable también lo complejo de la situación, porque tenemos un gobierno indudablemente revolucionario, de izquierda, comprometido con los valores más sublimes de la humanidad, pero al mismo tiempo, tenemos un Estado que aunque con algunos cambios, mantiene la misma estructura, funcionamiento y lógica. En muchos casos se tiende a confundir, el Estado y el Gobierno. Sin meternos aquí en el tema del partido.

Continuando con la historia, el Comandante retomaría este tema pendiente en el año 2007 con la propuesta de reforma que no fue aprobada, allí planteó la nueva geometría del poder, incluyendo a la Ciudad, como unidad política primaria de la organización territorial, “entendida esta como todo asentamiento poblacional dentro del municipio, e integrada por áreas o extensiones geográficas denominadas Comunas.” [1]

Así la ciudad comunal se constituiría cuando ya en toda su poligonal definida se hayan conformado las comunas y los autogobiernos. Es decir, que el ejercicio del poder partiría desde las comunidades conformadas en comunas y aunque mantenía la figura de Municipio, la democracia participativa y protagónica se prefiguraba amarrada al territorio, visto este como un espacio construido socialmente.

El Líder Supremo definiría también en la propuesta de reforma, a la comuna como “las células geohumanas del territorio y estás conformadas por las comunidades, cada una de las cuales constituirá el núcleo espacial básico e indivisible del Estado Socialista Venezolano, donde los ciudadanos y ciudadanas comunes tendrán el poder para construir su propia geografía y su propia historia.”

En tal sentido, uno de los legados más importantes del Comandante de la Utopía, es la estructuración de una forma de Estado y de Gobierno Socialista Comunal, donde esas células geohumanas o forma de organización socioterritorial de ejercicio del poder, como hemos dicho en varios documentos de la Red Nacional de Comuneros [2], se constituyen en gobierno que va socavando la estructura y la superestructura del modo de producción capitalista, va configurándose entonces el nuevo Estado Socialista Comunal, donde ninguna comuna anda sola ni aislada, sino son indivisibles como fuerza de la clase trabajadora contra la clase explotadora, como ejercicio de la verdadera democracia, sobre bases sólidas de relaciones sociales de carácter socialista, de la elevación de la conciencia y de una espiritualidad de armonía con la naturaleza y búsqueda del bien común.

En el marco del proceso de desmontaje del Estado burgués, entendemos la creación de las Misiones, además como una forma de darle empuje a la gestión de gobierno, que para aquel momento se mantenía paralizada ante una propuesta política que planteaba desde un principio redistribuir la riqueza, ya que ese Estado se diseñó para favorecer a la clase burguesa, era socialmente estéril para responder al pueblo empobrecido, es por ello que, las Misiones Sociales se erigieron como la forma de gobierno más expedita para garantizar la mayor suma de felicidad posible. Con esa misma certeza de la necesidad de crear un Estado que responda a los más sublimes intereses y necesidades de la mayoría, el Presidente crea la Milicia Bolivariana. Precisamente Engels estudiando sobre la cuestión de EL Estado de la mano de Marx, nos dice “Dos son las instituciones más características de esta máquina del estado (burgués): la burocracia y el ejército permanente.” [3]

Nuestra tarea histórica es entonces, derrumbar el Estado burgués construyendo un poder desde las comunas y los consejos socialistas de trabajadores, ello no significa en ningún caso despojarnos de burocracia y ejército permanente, significa que el Pueblo se constituya en Estado, pero no cualquier Estado, no cualquier forma, el Estado Socialista Comunal, por eso, el Presidente Chávez no habló de Municipalización cuando propuso la nueva geometría del poder, no dijo Municipio o Nada! Dijo Comuna o Nada! Además dijo:”Nicolás, te encomiendo esto como te encomendaría mi vida, la comuna, el estado social de derecho y de justicia… ¿será que yo seguiré clamando en el desierto por cosas como estas? …cuidado, si no nos damos cuenta de esto, estamos liquidados y no solo estamos liquidados, seriamos nosotros los liquidadores de este proyecto.” [4]

Es por ello que comuneros y comuneras hemos venido planteando la necesidad de debatir las contradicciones a lo interno, en tal sentido, expusimos un documento en el Congreso del PSUV [5] donde mencionamos que “La contradicción central para el avance de la construcción de las comunas, es la existencia del Estado Liberal Burgués, tal como lo manifestó el Presidente Obrero Nicolás Maduro en la instalación de Consejo Presidencial de Comunas. Que nazca el estado socialista comunal desde el estado burgués es una contradicción que debemos trascender, primero porque ningún Estado se destruye a sí mismo, se desmonta mediante la lucha de clases, de los trabajadores vistos desde el territorio, espacio que es además una construcción social. Segundo, porque el propio Estado crea todo un andamiaje para perpetuarse, tan perfecto que aun asumiendo los revolucionarios la dirección del mismo, lo reproducen y preservan”.

Aportes sobre los Consejos Presidenciales del Poder Popular

En este orden de ideas, acompañamos con regocijo la propuesta y concreción de nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro con respecto al nuevo sistema de gobierno popular, estructurado con consejos sectoriales y territoriales, hemos visto la Creación del Consejo Presidencial de Comunas, de Mujeres, de Campesinos y Campesinas, de la Juventud y los Estudiantes, de Trabajadores y Trabajadoras, de Indígenas. Aquí nuestro aporte sería el siguiente:

1. Los Consejos deben ser expresión orgánica, amarrada indisolublemente al territorio, la Toparquía, donde la política no es área, más bien, se hace la política desde espacios construidos socialmente con la clase trabajadora, vista desde el territorio (Comuner@s) y desde lo sectorial (trabajadores), que cada vez debe ir acercándose, integrándose, armonizándose. Comunalizar la política, es ejercer la democracia participativa y protagónica en todos los aspectos de la vida. Comunalizar todas las políticas públicas, es reorganizar los programas, los proyectos, las misiones, desde las comunas, donde éstas pasan de ser receptores de una política, a constructores y corresponsables reales, no limitándonos al ejercer la contraloría, sino asumir progresivamente como sujetos centrales, planificadores, ejecutores, contralores del Plan de la Patria. Con la necesarias herramientas formativas y acompañamiento para tal fin.

2. Atender a la idea de la totalidad, no a la parcialidad, el capitalismo nos divide en mil pedazos, por eso nos costó siglos comprender el funcionamiento del mismo, hasta que Marx lo desenmascaró, es importante entonces, que no constituyamos consejos dispersos, corremos el riesgo de crear una réplica del estado burgués. Proponemos consejos por grandes procesos de la vida, que son transversales y por ende son camino que pretende unir, en vez de dispersar. Por ejemplo, la Mujer Campesina y Comunera, sus aspiraciones, necesidades, problemas y propuestas colectivas, las debe plantear-proponer-debatir en el Consejo Presidencial para la Mujer, cuando se trata del asunto productivo en el Consejo de Trabajadores/as o en el Consejo Campesino, pero también en el Consejo Comunero. Es la misma mujer vista en sus diversas dimensiones o procesos de la vida. La vida no se realiza por partes, el mecanicismo nos dice que para estudiar la realidad se deben estudiar las partes para comprender el todo. La dialéctica nos enseña que debemos estudiar la totalidad y transformarla. La ecología profunda aporta, que el todo es más que la suma de las partes. [6]

3. Los consejos deben comenzar a asumir competencias del Estado, con una forma y fondo de carácter revolucionario, ya existe musculo orgánico para ello, pero además partimos de un principio Robinsoniano, la única forma de aprender a gobernar es haciéndolo. Sin que ello suponga la laxitud, debe ser exactamente lo contrario.

Propuesta Consejista

La Propuesta de la Red Nacional de Comuner@s para la organización del Nuevo Estado Socialista Comunal, es estructurar los consejos de manera orgánica, integrados desde el consejo comunal hasta lo nacional, asumiendo los grandes procesos de la vida, sin desconocer que probablemente la propia realidad nos diga que hacen falta otros consejos, ello es lo más rico del proceso popular constituyente permanente. Hasta ahora hemos sintetizado los siguientes consejos:

1. Economía Socialista Comunal (Productiva y de superación del modelo rentista)

2. Organización Política (Nueva Geometría del Poder, estructuración del Estado Socialista Comunal y su forma de gobierno)

3. Formación Popular (Educación para la Liberación, Cultura para romper con la contracultura)

4. Seguridad y Defensa Integral (cada comuna un territorio de paz)

5. Protección Social (vivienda, salud, deportes, recreación, entre otros)

6. Comunicación Popular (como proceso social transversal a lo interno, a lo externo, masiva, militante, como herramienta para contrarrestar el aparato ideológico y abonar al imaginario colectivo del bien común)

7. Juventud (el único que es un sector y no un proceso, porque la generación de relevo es imprescindible)

Todos los consejos están transversalizados por la ecología y por lo cultural, no solamente vista como las manifestaciones “folkóricas” o las expresiones culturales, lo vemos en el amplio y profundo sentido que apunta Samir Amin y que encontramos de la mano de Ludovico “Para nosotros, la cultura es el modo de organización de la utilización de los valores de uso.” [7] Por eso cuando estamos creando una red comunal de producción y distribución de alimentos de acuerdo a las necesidades y no al mercado, donde cada comuna produce mediante las diversas formas y tipos de propiedad, empujando la propiedad social de los medios de producción, asociándonos libremente desde los procesos de siembra y producción primaria hasta la distribución planificada y el consumo, estamos creando cultura, estamos pasando sobre siglos de individualismo y “contracultura”.

De manera pues, que está planteada una transición desde el punto de vista guevarista, transición que arrancó desde que el Comandante Chávez y el pueblo se levantó contra el capitalismo, la transición está andando; en la Red creemos que “El nacimiento de un nuevo estado comienza con el nacimiento de la comuna como estructura orgánica, como un espacio donde las relaciones son diferentes (Socialistas), solidarias y armónicas; y como un territorio que se debe a nuevos valores éticos que nieguen la presencia del Estado burocrático y capitalista.” [8]

Del Modelo Rentista Petrolero al Modelo Socialista Comunal

El nuevo Estado Socialista Comunal y más allá la sociedad comunal, solo es posible en la medida en que construyamos un modo de producción socialista, basada en la asociación de productores libres, en la propiedad social de los medios de producción, en el predominio de los valores de uso y en armonía con la pachamama, en el ejercicio de la verdadera democracia, caracterizada por ser en buena medida, una democracia directa, en la complementariedad y apoyo mutuo, en la igualdad de género, en fin en la vida plena. Es imprescindible entonces, desmontar el modelo rentista petrolero y su contracultura que nos atraviesa a todos.

De tal manera que, necesitamos superar el modelo rentista que se sostiene en la extracción de Petróleo y su exportación, asumiendo el “orden” del sistema mundial donde a Nuestra América y buena parte de los países del sur del planeta se les asigna el rol de proveedores de materia prima, sometiéndose a relaciones de subordinación con las más afinadas formas de saqueo de los recursos naturales, desde la colonia. Al respecto el profesor Edgardo Lander, dice lo siguiente:>”Lo más notorio de esta re-primarización de las economías latinoamericanas y de su inserción subordinada en la lógica global de acumulación por desposesión es el hecho de que esas tendencias operan por igual independientemente de la orientación política de sus gobiernos, desde los más de izquierda hasta los más neoliberales.” [9]

Entonces, además de asumir una posición subalterna en la (i) lógica económica, debemos reconocer que en Venezuela vivimos de la explotación de otros pueblos, captando a través de la renta la plusvalía de trabajadores de otras latitudes. Esos recursos captados son redistribuidos por el Estado hacia la sociedad, anteriormente los dirigía en su mayoría a la burguesía, la revolución en cambio, ha generado mayor inversión social destinada a garantizar la mayor suma de felicidad posible, sin embargo, esas reivindicaciones sociales son producto de la renta petrolera, no producto de la riqueza que generan los trabajadores y trabajadoras. De esta manera, la burguesía venezolana tiene una característica adicionalmente nefasta Parásita, no produce nada, vive de la importación y la especulación.

Ahora bien, es imprescindible crear un nuevo modo de producción y reproducción de la vida, entendiendo que el modelo capitalista de carácter rentista no solo comprende lo económico, es también una contracultura, la relaciones sociales responden en gran medida a la forma como se organiza la sociedad para producir, recordemos a Marx:”… en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.” [10]

Según Marx, el ser humano en su relación con otros humanos y en su relación con la naturaleza, es el único ser vivo que se transforma a sí mismo, en la medida en que transforma la naturaleza para vivir, en el proceso social del trabajo, por lo tanto, el lugar y la función que ocupa en la economía son elementos fundamentales que forman su conciencia social. De allí que una economía rentista genera una “contracultura”.

Como resulta evidente de la experiencia venezolana, el extractivismo rentista no sólo produce petróleo: conforma un modelo de organización de la sociedad, un tipo de Estado, un régimen político, unos patrones culturales y unos imaginarios colectivos. Estos no pueden ser simplemente revertidos cuando en una etapa posterior de los procesos de cambio se decida que se ha llegado a las condiciones económicas que permitirían abandonar el extractivismo.” [13]

Nos toca a nosotros como pueblo insurgente contra el capitalismo, crear un modo de producción basado en el bien común, sí bien aprendimos de Marx, utilizando el método dialéctico, que la Mercancía es el elemento más concreto que permite comprender el funcionamiento del capitalismo, por la cual se establece el valor de cambio por encima y divorciado del valor de uso, por tanto, la mercancía es la forma fundamental de la riqueza de la sociedad. El modo de producción socialista, en cambio, debe basarse fundamentalmente en los valores de uso, la riqueza de la sociedad socialista no será fundamentada ni medida por la cantidad de dinero, ni la cantidad de mercancía para vender y para comprar, será la satisfacción de las necesidades humanas, tanto materiales y espirituales, las relaciones sociales centradas en el bien común, armonizadas con la pachamama, revitalizadas desde la idea de una sociedad justa y amante de la paz, la sociedad comunal.

“…Tratar de reconstruir la sociedad sobre una base tal que la pobreza resulte imposible”. Oscar Wilde.

Por ello, la importancia de crear procesos sociales de producción, distribución, intercambio y consumo de bienes y servicios basados en las necesidades, en lo útil de aquello que se produce, con predominio de la propiedad social de los medios de producción, donde los productores se asocian libremente para superar la situación existente, para darle el sentido a la vida por lo que somos y no por lo que tenemos, en una sociedad de cooperación y no de competencia, de complementariedad y no de predominio de unos sobre otros, de satisfacción de necesidades y no de imposiciones del mercado, de desarrollo pleno de las potencialidades de los humanos, libre de explotación, de máxima felicidad posible.
En este sentido, nosotros y nosotras, comuneros y comuneras, campesinos y campesinas, nos planteamos una red gran comunal que asume el poder de planificar, de ejecutar y de controlar, los diversos procesos productivos que aun incipientemente estamos realizando, con la conciencia de clase, asumiendo que cada comuner@ es un trabajador y que cada trabajador debe ser un comuner@. Asumiendo también que un campesin@ organizado es un comuner@, en esa idea hermosa que también nos legó Marx y Engels en el Manifiesto Comunista: “Trabajadores del Mundo Uníos”.

Dos elementos de la Situación Política Actual

Asumiendo la crítica a la utilización del Estado Burgués para pretender construir socialismo y la necesidad de desmontar la economía de carácter capitalista dependiente y rentista-petrolera es necesario apuntar dos elementos de la coyuntura:

1) Vemos con agrado la creación de la Red Nacional de Concejales Socialistas Eliezer Otaiza, organización que reconocemos pertinente y estimamos aliada para empujar la Toparquía, la comunalización, propuesta que difiere de consolidar la Municipalización, sin embargo, consideramos una enorme contradicción que se proponga promover los Cabildos Infantiles y Juveniles, entendiendo que es una estructura colonial que asume lo individual y reproduce la democracia representativa, sería realmente revolucionario que la recién creada Red tomara la iniciativa de articular con las comunas la gran asamblea del municipio para construir las normas en colectivo, reconociendo a los Parlamentos Comunales como instancias autogobierno que legisla en su territorio y avanzar en el desmoronamiento de esos cabildos y esos concejos municipales coloniales donde unos pocos deciden sobre la vida de los ciudadanos, cuando “abajo, abajo cerca de las raíces”, está ocurriendo una hermosa revolución.

2) En este mismo orden de ideas, quiero referirme al anuncio que realizó el Presidente Maduro, en cuanto a la posible creación del Ministerio de Agricultura Comunal y dijo “Abro el debate”. Para nosotros, no es creando instancias burocráticas desde donde se podrán resolver los asuntos públicos, no es creando ministerios como creemos se solucionen los problemas que tenemos como sociedad, como revolución, ya vimos lo que ocurrió con el Ministerio de Comunas, que era una institución llamada a constituirse en un ministerio de nuevo tipo, finalmente se convirtió en un ministerio igualito, con la misma estructura, burocracia, con la misma metodología, con los benditos planes operativos donde caben cifras pero no caben las diversas formas de organización de los valores de uso que están floreando. El camino para abordar los asuntos públicos, la satisfacción de necesidades y aspiraciones, está en la organicidad, en la creación de un consejo de economía socialista comunal que dispute la hegemonía y que sea fuente creadora de poder real.

Propuesta: Consejo de Economía Socialista Comunal

Para nosotros y nosotras, los consejos que se organizan en base a procesos medulares, estructurados desde el consejo comunal, la comuna, luego los consejos comuneros regionales, luego el consejo comunero nacional, con fondos y mecanismos propios de contraloría social, con el surgimiento de relaciones sociales de carácter solidarias, cooperativas, complementarias y de ayuda mutua, que además se articule directamente con el Presidente, bajo una lógica de gobierno popular y no de apéndice del Estado existente, permitirá la concreción de buena parte del Plan de la Patria. Ya expusimos anteriormente los siete consejos que planteamos para comenzar a organizar el Estado Socialista Comunal y que apunta a la organización política del Sistema de Gobierno Popular, creado por nuestro Camarada Presidente Nicolás Maduro.
Sin embargo, considerando la estructuración que ya existe de los consejos presidenciales, que para nosotros son espacios de co-gobierno, sé es gobierno cuando tenemos el poder de planificar, decidir, ejecutar, controlar, inclusive de algo menos complejo como autoconvocarnos. Entendemos y acompañamos, la constitución de los Consejos Presidenciales del Poder Popular, creemos que es una política correcta y además es un paso histórico de no retorno, por lo tanto, proponemos, crear el Consejo de Economía Socialista Comunal, en vez de crear un Ministerio de Agricultura Comunal. Este consejo, estaría articulado desde cada comunidad hasta lo nacional, en un proceso de planificación centralizado desconcentrado, con la dirección de los comuneros y comuneras bajo el espíritu Consejista, donde además se maneje un fondo libre de burocracia, donde participe de acompañante un equipo designado por el Presidente de la República. Este consejo debe manejar un sistema de información y gestión, lo que facilita todos los procesos y ayuda al monitoreo de la planificación, ejecución y control.
El Consejo de Economía Socialista Comunal, abordaría los procesos económicos que actualmente se abordan desde varios Ministerios y decenas de institutos de manera dispersa, con distintas políticas que frecuentemente chocan, desde la producción primaria hasta llegar al consumo, además incorporaríamos los elementos de tipo espiritual, cultural, ciencia, tecnología, es decir la integración de los procesos productivos en sus múltiples dimensiones y sectores.

Urgencia de Asumir la Agricultura como Cultura

Centrándonos en el tema agrícola, es central superar la contradicción capital- trabajo, como indispensable es superar la contradicción ciudad-campo, la tendencia del propio capitalismo a la “desruralización del mundo”[14], la existencia de una política unánime de la clase dominante mundial en exterminar a los campesinos y campesinas, la instauración de grandes empresas trasnacionales dueñas de tierras y otros medios de producción para someter al resto del mundo, controlando los alimentos.
Nuestro país no escapa de este fenómeno, un dato que nos alerta sobre la necesidad de apurar el paso, lo encontramos en el último censo de población realizado por el INE, solo el 11 % de la población es rural, como es bien sabido, no toda la población llamada rural se dedica a trabajar la tierra, de acuerdo al registro de la Misión AgroVenezuela se registraron aproximadamente 750.000 agrovenezolanos. En tal sentido, no disponiendo de datos exactos, estimamos que alrededor del 5% de la población de Venezuela es campesina o se dedica a la producción agrícola, la situación es muy grave, preguntémonos sí es posible que el 5% alimente al 95 %.
En este caso, la cantidad se contrapone con la fuerza de resistencia, de defensa y práctica de la cultura originaria en cuanto a la ética del bien común de las relaciones humanas que en nuestro campo aún se muestran, por eso, en las zonas rurales de Venezuela fue donde florearon primero las comunas, fue donde se vislumbró la posibilidad real de organizarnos para construir la utopía, que luego prendió en las ciudades, pero que fue un proceso del interior hacia el centro, como espiral a la inversa que tampoco permite identificar ese centro, viene desde las regiones, desde los bordes, llega y retorna en un movimiento permanente. Esa fuerza popular que hemos creado con la inmensa fuerza espiritual y moral que es Chávez, fundida con la razón histórica del pueblo, de los pueblos, nos dan la certeza de poder concretar la Utopía por la que muchos y muchas han entregado el alma y han trascendido los tiempos y los espacios.
Un día como hoy nació el genio, camarada Carlitos Marx, va para él un feliz Cumpleaños y esta certeza de que la única vía es la Comuna.

¡Comuna o Nada!
Militante Red Nacional de Comuner@s
ateneajl@gmail.com

[1] Anteproyecto para la 1era Reforma Constitucional Propuesta del Presidente Hugo Chávez, Agosto 2007.

[2] Del Libro Toparquía Comunera, Concreción de la Utopía. Red Nacional de Comuner@s,  Junio 2014.

[3] Extraído del libro El Estado y la Revolución. Lenin.

[4] Golpe de Timón. 20 de Octubre 2012.   

[5] La Comuna, el camino que nos dejó Chávez para la construcción del socialismo. Documento para el debate en el III Congreso del PSUV (Documento con aportes de la Red Nacional de Comuneros y Comuneras y la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora). Julio 2014.

[6] Fritjof Capra, principal teórico del nuevo paradigma de la ecología profunda sostiene que todo en el universo está interconectado y que por tanto es una red de relaciones que solo puede ser estudiado como un todo, así como el sistema social es fundamentalmente un sistema de relaciones sociales, apoyado en la física cuántica, supera la visión mecanicista del mundo.

[7] Teoria de ldeología. Contracultura. Ludovico Silva. 2007

[8] Del Libro La Toparquía Comunera, P.23.

[9] En la Presentación del Libro de Emiliano Terán Mantovani, El Fantasma de la Gran Venezuela, 2014. p.13.

[10] Carlos Marx  en Critica al Programa de Gotha

[11] Ludovico Silva sostiene que el capitalismo, como tal, por ser un sistema basado en valores de cambio no tiene propiamente una cultura, sino una contracultura, lo único que se puede llamar cultura capitalista es la ideología, utilizada en la acepción usada por Marx, como falsa conciencia.

[12] Golpe de Timón. Consejo de Ministros, Octubre 2012.

[13] Idem

[14] Término de Inmanuel Wallerstein, citado por Emiliano  Terán Mantovani en el Libro El Fantasma de la Gran Venezuela. p. 33.

Aranguibel con Anahí Arizmendi: “EEUU es quien va con el mayor desgaste a la Cumbre de Panamá”

Caracas, 07/04/2015.- “Estados Unidos viene de una serie de derrotas de mucha importancia en el ámbito latinoamericano desde que llegó la revolución bolivariana al poder hace ya 16 años, empezando por la derrota del ALCA propiciada por el Comandante Chávez, así como la gran conquista de nuestros pueblos que significa el levantamiento de las anacrónicas restricciones a Cuba por parte del imperio. Más allá de esas grandes derrotas está la que obtuvo Estados Unidos igualmente en Panamá, pero en 2009, cuando todo el continente rechazó de manera unánime su propuesta de someter a Venezuela a las órdenes de la OEA, así como el gran fracaso que representa ahora para ese imperio el repudio mayoritario de las naciones del mundo a la insolente y arbitraria medida dictada recientemente por Barack Obama contra nuestro país, con lo cual sus posibilidades en la Cumbre de las Américas esta semana serán las de una potencia profundamente desgastada que vendrá a jugar sus últimas cartas” dijo el analista político Alberto Aranguibel durante una conversación con la periodista Anahí Arizmedi transmitida hoy por el circuito Unión Radio a todo el país.

En el mismo sentido, dijo el también comunicador, es de esperar que la agenda de la cumbre a celebrarse esta misma semana en Panamá, se concentre en la atención de las demandas de los pueblos latinoamericanos en el marco del respeto a la soberanía y la autodeterminación de las naciones, tal como lo ha venido sosteniendo Venezuela desde el inicio mismo de la revolución bolivariana. “La situación es compleja, pero para los Estados Unidos. Ya nuestros pueblos no quieren saber nada de trasnacionales norteamericanas, porque aprendió que esas empresas solo venían a saquear nuestras riquezas para fortalecer la economía del imperio”, afirmó.

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