Soberanía

Por: Alberto Aranguibel B.

Los inmisericordes (de derecha y de izquierda) acusaron desde un primer momento a Nicolás Maduro de reformista, porque medían su capacidad para el ejercicio de la Primera Magistratura comparándolo con el desempeño de los presidentes en condiciones normales de gobernabilidad.

Que una cosa era la guerra económica y otra muy distinta era la falta de voluntad en la construcción del modelo socialista que había exigido el comandante Chávez, como si una cosa pudiese separarse de la otra, concluyendo, (las más de las veces) que lo único que hacía falta para hacer realidad el mítico “golpe de timón” era apenas una decisión del presidente.

Que se estaba incumpliendo el Plan de la Patria, llegaron a decir, porque se estaba pactando con los poderes fácticos del gran capital.

Pero Nicolás, en medio de la más brutal arremetida del neoliberalismo contra país alguno en el planeta, ha impulsado el socialismo mucho más allá de lo que las adversas condiciones le han permitido.

Ha impedido el derrocamiento del gobierno electo legítimamente por el pueblo. Que la democracia fuese arrasada por las hordas fascistas activadas por la derecha. Que se impusiera en el país un gobierno neoliberal dirigido por vendepatrias. Que estallara la guerra civil que necesita el Comando Sur de los EEUU para invadir nuestro territorio. Y, por si fuera poco, ha salvado su vida de las garras del terrorismo ordenado en su contra por la oligarquía colombiana. Todo ello manteniendo e incrementando los programas sociales instaurados por la revolución y profundizados por su gobierno a niveles inimaginables en un país sometido al salvaje asedio económico al que ha sido sometida Venezuela. Ninguna nación en guerra podría hoy mantener programas de protección social como los Claps, como los Bonos Soberanos, o el Carnet de la Patria (para combatir el bachaqueo y el contrabando de extracción que tanto daño le hacen al pueblo) y Maduro lo hizo.

Hoy emprende una nueva fase de profundización del socialismo independizando nuestra economía del criminal yugo del dólar que ha sido impuesto en nuestro país por el imperio para saquear el bolsillo de los venezolanos, iniciando una reconversión que prescinde por completo de fuentes externas como el fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial.

Eso es soberanía.

@SoyAranguibel

¡Así estará aquella crisis!

rayo papal

Una inflación completamente atípica, que no surge de factor inflacionario alguno, como las alzas de los impuestos, el incremento del desempleo, la caída en las reservas monetarias, la baja del precio del barril petrolero, el aumento de las tasas activas para los préstamos bancarios o el uso de tarjetas de crédito, sino que deriva exclusivamente de la especulación desatada por una empresa privada voraz y pendenciera que supone que la enfermedad del presidente Chávez es la puerta franca al desenfreno del capitalismo para arrasar la Revolución Bolivariana, es respondida por el Gobierno con una devaluación (más parecida, desde nuestro modesto punto de vista, a una claudicación que a ninguna otra cosa, pero que uno no discute ya no sólo porque no le gusta hacer el ridículo terciando en temas que no son de su experticia, sino porque la disciplina militante obliga) lleva a una “clase media en negativo” a desgarrarse las vestiduras por el supuesto cataclismo que la medida según su preclaro análisis genera, a la misma vez que se desgañita implorando artefactos eléctricos de tienda en tienda, empezando por una infinidad de televisores 3D de 77 pulgadas, neveras de cuatro puertas, lavadoras de 200 ciclos, licuadoras de 50 mil revoluciones por segundo y tosty arepas para empanadas de caviar, que hasta ayer mismo no sólo no necesitaban sino que apenas los adquieran no sabrán ni tendrán dónde ponerlos.

Las cajeras de las tiendas se ríen a sus espaldas porque son las únicas en medio del pandemónium que se percatan que todas esas mercancías, por las que están pagando tres y cuatro veces su precio verdadero desde hace meses, las están comprando al doble de la devaluación a la que le huyen, precisamente por el monto de los intereses (variables) que les cobrará el banco en cada tarjeta de crédito durante los próximos 24 meses.

Se aferran a la estúpida idea según la cual el problema es que Venezuela importa todo, tal como se los dice el necio de su líder, como si los celulares, los televisores, las neveras, las licuadoras y los carros que se venden en nuestro país no fueran los mismos que también se venden en Colombia, Chile, Costa Rica, Panamá y el mundo entero.

No ven la crisis tan berraca del capitalismo, que hasta los Papas renuncian en medio de la cuaresma…  ¡Así estará esa crisis!