¿Salvar al enemigo?

Por: Alberto Aranguibel B.

Circulan textos por las redes sociales pidiéndole a la gente cordura en el uso del dólar porque, al parecer, el hábito especulador instalado en el mercado venezolano estaría afectando a la divisa con la cual se desató la vorágine alcista que hoy padece la economía del país.

Irónico, en verdad, que sean los mismos sectores que apostaron desde siempre a la quiebra de nuestro signo monetario para hacer fortunas con el diferencial cambiario, quienes hoy claman al cielo por algo de sindéresis en un mercado que ellos mismos desquiciaron.

Sacarle provecho a la renta petrolera convirtiéndola en dólares para multiplicar sin ningún esfuerzo su riqueza en bolívares a medida que éste se fuera devaluando, ha sido desde siempre el único plan económico de esa burguesía inepta y parasitaria como es.

Llegado ahora el momento de esa megadevaluación a la que condujo inevitablemente la fórmula especuladora instalada a lo largo de estos últimos cinco años por esa misma burguesía en nuestra economía, el retorno de esos dólares que ella fugó durante décadas al exterior no era sino la fase final de aquel viejo proyecto de saqueo nacional que tenía pendiente.

Solo que ese proyecto, además de pérfido, era defectuoso. Por obtusa e incompetente, la burguesía no contempló nunca que una vez que se instaura un hábito, una forma de comportarse, en la siquis de un sistema económico, es muy difícil erradicarlo de la noche a la mañana.

Luego de años de “educar” a la economía en la demencial estrategia del incremento de precios sin justificación alguna, haciendo que el mercado se desbordara en su afán alcista sin importarle ya ni siquiera los indicadores que inducían la inflación de manera artificial, era inevitable que una vez llegado ese dólar con el que perseguían acabar con el bolívar también esa divisa sufriría los embates devaluadores de tan disparatada lógica económica.

De ahí que a lo que estamos asistiendo es al insólito fenómeno de la devaluación del dólar, en una absurda economía donde hacerse una radiografía, incluso en dólares, cuesta más que la máquina de rayos X.

Piden ahora esos sectores controles para salvar el valor de una divisa que implantaron como medio de pago acabando con los controles que protegían al bolívar y que generaron durante la revolución el bienestar social y económico que tanto añoran hoy los venezolanos.

La insensata idea es algo así como proponerse “salvar al enemigo”.

@SoyAranguibel

La Ley del embudo

Por: Alberto Aranguibel B.

Los escuálidos son expertos en todo lo que tiene que ver no solo con la gestión de gobierno, de cualquier gobierno, sino con todo lo humano y lo divino.

La facilidad con la que enjuician los actos de los demás, absolutamente todo lo que hagan los demás, solamente es superada por su agilidad para dictaminar pontificalmente la forma correcta en que según ellos deben hacerse las cosas. Cualesquiera cosas.

No existe en la sociedad escuálida nadie que acepte, ni con la más mínima humildad o sin ella, sus propios errores e ineptitudes, la mayoría de los cuales nos tienen a todos los venezolanos metidos en el peor berenjenal de la historia.

Suponiendo que el presidente Maduro haya decretado alguna vez alguna errónea e hipotética medida económica, como ellos dicen, que fuera la causante del desabastecimiento y de las colas que padecen los venezolanos, habría que preguntarles a los escuálidos ¿y por qué razón los cientos de miles de comerciantes capitalistas que tienen en sus manos la economía nacional no hacen nada por bajar los precios, o al menos contener la demencial espiral inflacionaria que la especulación desmedida ha desatado contra el pueblo y contra la economía misma de la que se sirven esos sectores de la derecha?

¿Por qué la única medida económica que surge del ámbito empresarial y comercial para frenar los desequilibrios de la economía es solamente el aumentar precios a diario sin ningún tipo de justificación científica ni parámetro alguno de ponderación o análisis de impacto socio-económico, sino la sola necesidad de satisfacer la voracidad de su caja registradora, aún cuando sea eso lo que en efecto está haciendo encarecer la vida de todo el mundo en el país y acabando con las posibilidades mismas del mercado y del comercio?

Pues, porque en realidad esa gente no sabe en lo más mínimo lo que es estructurar políticas de ninguna naturaleza. No saben gerenciar ni siquiera sus propios negocios, a los que por su avaricia y su insensatez llevan intencionalmente a la quiebra, creyendo que adjudicándole la culpa de su propia locura al Presidente de la República les va a ir mejor.

Son gente de una sola Ley; la del embudo. Lo bueno para ellos y el sufrimiento para el pobre, aunque en su avaricia y su irresponsabilidad terminen acabando con la economía.

Salvémonos todos

maduro con mural chavez

Por: Alberto Aranguibel / Últimas Noticias 03 / 05 / 2014

La ilusoria propuesta capitalista de la autorregulación del mercado, la proverbial “mano invisible” de la que tanto hablan los manuales del liberalismo clásico, ha sido en la práctica la consagración del “sálvese quien pueda” que los técnicos denominan “libre competencia”, y que no es otra cosa que la institucionalización de la anarquía en el ámbito económico, con sus inevitables secuelas de “inflación”, “devaluación”, “recesión” y “crisis sistémica”, tan inherentes a la dinámica del capitalismo moderno.

Como “espiral inflacionaria” se conoce al vertiginoso e incontrolable proceso de deterioro del poder adquisitivo, y de la moneda misma, al que conducen las reacciones del mercado a los incrementos salariales que logran los trabajadores por la vía de la lucha sindical o de las disposiciones del Estado, expresadas en incremento de costos de producción, elevación de barreras para el financiamiento, alza de precios de distribución y de productos, especulación, etc., todo ello como resultado de la falta de acuerdos entre los actores económicos para evitar que se desaten los demonios que esconde tras la fachada de la libertad la lógica de la autorregulación.

El “sálvese quién pueda” nos trajo a este escenario de distorsiones profundas que padece hoy la economía venezolana, signada mucho más por la desarticulación y las contradicciones de esos actores económicos que por la crisis del modelo socialista a la que se refieren los sectores más delirantes de la oposición.

Ya en el inicio de las mesas de diálogo convocadas por el presidente Maduro, el vicepresidente del área, Rafael Ramírez, supo explicar con meridiana claridad los grandes avances del modelo económico venezolano frente al fracaso del modelo capitalista que hoy hace estragos en el mundo, y aclaró las diferencias entre “crisis”, “guerra económica”, “justicia social” y “crecimiento económico sostenido”.

Nos corresponde ahora intensificar la lucha por alcanzar los acuerdos de conjunto para erradicar la tendencia a la anarquía en la búsqueda del bienestar al que todos aspiramos, acompañando el esfuerzo del gobierno revolucionario en las mesas de diálogo.

Nos toca asumir el “salvémonos todos” al que nos invita Maduro, en vez del suicida “sálvese quien pueda” que ofreció siempre el capitalismo.