Cuando el odio se convierte en filosofía

– Publicado en el Correo del Orinoco el 29 de junio de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

«¡Así cueste la muerte de miles de venezolanos, seguiremos luchando por una Venezuela de progreso y bienestar!»
Lilian Tintori

Cuando el Comandante Chávez propuso en enero de 2007 la consigna “Patria, socialismo o muerte”, hacía un uso más que luminoso del castellano para establecer mediante una clara metáfora la diferencia entre la vida que propone a los hombres y mujeres de la patria el modelo profundamente humanista del socialismo bolivariano, y la desastrosa opción de la propuesta neoliberal que le presenta la derecha al país, que conduce de manera indefectible a la degradación de la vida toda de la sociedad mediante el flagelo de la exclusión y la miseria (que es como la muerte).

La derecha, neófita como es en asuntos del buen hablar (porque su preocupación se centra exclusivamente en la materialista aritmética del dinero), no sólo no supo leer correctamente el carácter enunciativo de ese lema sino que no comprendió jamás su contenido emancipador y propositivo. La alternativa era clara; optábamos por la vida o nos arrollaría la muerte de manera inexorable. Pero la oposición leyó que el Comandante hacía una exaltación del término, al que supuestamente colocaba como un valor inherente al proyecto. En un blog opositor (anónimo como suelen ser sus tribunas de aguerrida cobardía) se resume casi con precisión bíblica la idea que esa obtusa derecha captó del mensaje: « “O Muerte”. La de quién? la de nosotros los pitiyankees escuálidos fascistas oligarcas? es posible. Pero en realidad creen que nosotros vamos a hacer fila para que nos metan en un horno y nos tuesten? No han considerado que tal vez, dentro de esa aseveración de “muerte” también están incluidos sus hijos, hermanos, papás? (…) Yo les aseguro algo, ellos podrán ser “malandros”, “matones” y demás criminales, pero esos carajos no están listos para morir por Chávez. Esos carajos no están listos para que les maten un hijo en nombre de la revolución. Porque esos carajos no tienen ideales. »

A la larga, frente a la terca estupidez opositora y obligado por la dolorosa circunstancia de su enfermedad, el líder de la revolución chavista recomendó en julio de 2011 modificar la consigna para evolucionarla a una expresión más acorde con el mensaje de fe y de esperanza que correspondía en ese momento en virtud de sus problemas de salud. Fue así como propuso entonces la frase “Aquí no habrá muerte, tenemos que vivir y tenemos que vencer, por eso propongo otros lemas: Patria, socialista y victoria, ¡viviremos y venceremos!”

La apuesta del socialismo bolivariano ha sido pues desde siempre por la vida.

El primer plan socialista de la nación, el llamado Plan Simón Bolívar, consagra en su capítulo primero “la nueva ética socialista”, consistente en: “…una ética exclusiva de una sociedad pluralista que asume como propios un conjunto de valores y principios que pueden y deben ser universalizables porque desarrollan y ponen en marcha la fuerza humanizadora que va a convertir a los hombres en personas y ciudadanos justos, solidarios y felices. Todos los venezolanos están llamados a ser protagonistas en la construcción de una sociedad más humana. Esto nos lo dice el preámbulo de la Constitución del la República Bolivariana de Venezuela; refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica, pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común…”

En ese mismo sentido se recoge el espíritu humanista del socialismo bolivariano en el Plan de la Patria, segundo plan socialista de la nación, así como en todos y cada uno de los documentos que el intenso debate ideológico de la revolución ha adelantado. Sin contar las miles de horas de transmisión usadas por el Comandante Eterno en sus comparecencias públicas, así como la inmensa cantidad de tiempo que el presidente Nicolás Maduro le ha dedicado a ese tema en sus primeros dos años de gobierno.

Pero la oposición, en particular el opositor de a pie, a medida que el discurso revolucionario profundiza su acento en la necesidad de la paz y de la tolerancia como única opción para asegurar efectivamente la estabilidad democrática del país, radicaliza cada vez más su desprecio hacia el que considera su contrario político, determinado arbitrariamente por él básicamente a partir de su condición de clase. Que esa oposición haya entendido de forma retorcida que denunciar la injusticia de la desigualdad es dividir a la sociedad, ese es su problema. La negación de la lucha de clases forma parte medular del discurso hegemónico de la burguesía para desmovilizar a los pueblos.

Más allá del lamentable uso del lenguaje profusamente escatológico al que recurre el opositor promedio para referirse al chavismo y a todo lo que con ello tenga que ver, o a la insustancialidad o vaciedad ideológica que por lo general expresa, la invariable constante de su argumentación es el odio, ya no como una patología sicológica sino como un constructo de tipo ideológico.

De acuerdo con la sicología, el odio es un sentimiento “profundo y duradero, intensa expresión de animosidad, ira y hostilidad hacia una persona, grupo u objeto”, considerado más una conducta aprendida que una respuesta eventual en virtud de su prolongación en el tiempo.

Freud habla incluso de “un estado del yo que busca destruir la fuente de su infelicidad”, con lo cual lo coloca en una condición reactiva, que procura deshacerse de aquello a lo que le tiene rabia una persona ya sea por una causa o por otra. De ahí que cuando se trate de una cantidad de individuos que odian a un mismo objeto, persona o grupo, podría decirse que el odio sirve para reafirmar el sentido de pertenencia a esa causa, esa ideología, o hasta esa filosofía para destruir entre todos a la persona o grupo que se odia en conjunto, como es perfectamente evidente en la conducta común del antichavismo.

La falta de una ideología propia que referencie el discurso opositor, más allá de la constante e insustancial acusación contra el chavismo, es el caldo de cultivo para la proliferación de sentimientos irracionales de reacción que invaden el alma del militante opositor, basados fundamentalmente en el odio y el deseo de muerte hacia el chavista, porque desde la lógica del capitalismo el odio es el generador de la violencia que requiere el modelo dominante para su perpetuación.

El “crimen de odio”, como se le conoce a esa violencia contra las personas por su raza, credo religioso, tendencia política o de clase, entre otros, ha sido desde tiempos inmemoriales un aspecto de difícil solución en las sociedades regidas por el imperio de las Leyes, cuyo deber es velar principalmente por la preservación de la integridad de las personas y de los bienes y no de las áreas difusas de los intereses grupales de naturaleza ideológica. El régimen nazi, por ejemplo, pudo ser juzgado no por sus ideas de segregación racial, sino por los crímenes que en nombre de ellas cometió.

Penalizar el odio es un arma de doble filo para un establishment que cada día ve más en riesgo su sostenibilidad, tal como sucede hoy en los Estados Unidos donde las Leyes contra los crímenes de odio (como la Ley para la Prevención de Crímenes de Odio Shepard y Bird) aún cuando están vigentes desde hace más de veinte años, no son usadas en ninguno de los crímenes raciales que a diario se cometen en esa nación. Penalizar el odio sería atentar contra el modelo hegemónico que de él depende.

La alarmante profusión de asesinatos de líderes revolucionarios, escoltas de figuras prominentes de la revolución, de funcionarios de la Fuerza Armada Bolivariana, tanto activos como en retiro, así como de hombres y mujeres del pueblo que son sorprendidos por ráfagas absurdas de balas sin sentido, da cuenta de la progresión de una forma de hacer política nunca antes vista en el país, que alcanza ya visos de cultura de la muerte como recurso de quienes pretenden el poder a la fuerza sin el más mínimo respeto por la vida de ese mismo ser humano al que le piden su apoyo electoral.

Para la oposición, pedir la muerte de los venezolanos para satisfacer sus desquiciados proyectos de reinstauración del neoliberalismo en el país no es ya una propuesta criminal sino una frívola declaración de fe, que en el lenguaje de la publicidad vendría a ser algo así como aquel “Como si nada” de los champús de las pelo lindo.

El odio es así no solo una forma de repudio expresado por una clase arrogante y testaruda contra el pueblo, sino una peligrosa filosofía de la degradación humana, asociada al capitalismo y a su sistemático desprecio por la vida.

 

@SoyAranguibel

Barreto: Operadores mediáticos del fascismo

Cnn tensión

Por: Juan Barreto Cipriani

La satanización de las organizaciones populares que en algún momento tuvo como centro a los círculos bolivarianos, se traduce hoy como una estrategia general de persecución a cualquier organización comunitaria con vocación social. Los colectivos a los cuales pertenezco, como colectivos de investigación en el área de la comunicación de la Universidad Bolivariana, o colectivos de investigación sobre el movimiento social y el poder en la Escuela de Comunicación de la UCV, o colectivos sociales como Alexis Vive en el 23 de Enero, intentan ser satanizados y perseguidos por la derecha rancia, que detrás de las barricadas terroristas comunicacionales, apuntan cual francotiradores sobre la organización de la gente común, de la gente del pueblo, de la Multitud.

Esta política tiene como finalidad la unificación de los odios para direccionarlos hacia un enemigo común, microfísico, que es fácilmente identificable y que resume todos los miedos que han sido lanzados por la propaganda fascista. A partir de allí se genera la fantasía de las hordas chavistas y los círculos del terror que asaltarán la propiedad bien ganada de las clases altas, acabando con la tradición y los espacios sacrosantos de la diferenciación.

La media devino terrorista y con ello se supera al enemigo nacional con una amenaza que puede estar en cualquier lado y tener cualquier forma. Recordemos la alharaca que se armó en Caracas cuando se habló de convertir los campos de golf en parques públicos, o cualquier anuncio llevado a cabo por Chávez que tuviese relación con democratizar la cultura, los espacios  para la vida.

Los operadores mediáticos del fascismo siempre están encargados de desmontar estas iniciativas, ridiculizándolas, tildándolas de populistas, caricaturizándoles y en fin, utilizando cualquier método que movilice las emociones primarias y reconecte el miedo, porque el fascismo para sostenerse necesita de una permanente inyección emocional, así como un heroinómano necesita su dosis diaria. Por eso el fascismo vive en y de la pequeña política tal y como lo apuntara Gramsci: del chisme, el rumor, la acusación sin pruebas, la descalificación y la promoción del prejuicio. Los grandes objetivos nacionales de la propuesta fascista siempre son nebulosas, generalidades, porque el fascista siempre tiene una agenda oculta.

El fascismo sintetiza los miedos moleculares y los recompone como política. Todo ello a favor de direccionar las pasiones colectivas hacia un peligro que acecha. En Venezuela organizan grupos violentos que desconocen a las grandes mayorías populares; grupos que pretenden acabar con las Misiones Sociales y todos los logros de la Revolución Bolivariana, creados bajo el mandato del Comandante Supremo Hugo Chávez.

En Venezuela el fascismo criollo busca la intervención militar norteamericana como factor de manejo de la renta petrolera, a favor de los gringos. El uso de paramilitares para el control territorial, disfrazado de hampa; la escasez; el acaparamiento; las largas horas en cola, y en general toda la incertidumbre y descontento social que producen, para sumir a la población en un estado de indefensión muy parecido al que se vive en una ciudad sitiada, en estado de tensión por la cercanía de un conflicto bélico. Recordemos el paro petrolero y cómo la dirección fascista del conflicto le importó poco el hambre del pueblo y las enfermedades de la gente.

Apuestan a que la ausencia general de alimentos, energía e insumos médicos se conviertan en descontento y rabia que pudiese ser canalizado contra el gobierno, provocando un estallido social. Ya hace unos años subestimaron la conciencia del pueblo y se equivocaron, pero hoy una vez más juegan con las mismas armas del desabastecimiento, pero en una política por goteo. Para ir cansando poco a poco al pueblo. Así lo hicieron en el Chile de Allende, en la Nicaragua de Ortega y han tratado de aplicarlo hasta en la Rusia de Putin, se trata de armas estudiadas y aplicadas con éxito en el libro “De la dictadura a la democracia” de Gene Sharp, producido por la institución Albert Einstein. Con estas tácticas han logrado dividir países, aniquilar etnias, acorralar procesos de cambio, aplastar y asesinar a militantes y políticos revolucionarios de todo el planeta.

El fascismo construye los cuerpos, los reparte en el territorio, los controla, es la política que administra la vida de los sujetos desde la microfísica. El sujeto que realiza el fascismo está empujado a agredir individualmente a quienes están en contra de sus prejuicios, desde la arrogancia. Por ello vemos el neo-nazismo agrediendo a la diferencia en las calles de la Europa moderna. Por eso el fascista siente el deseo de atacar individualmente, por necesidad de realización de su miedo. Es un dispositivo que gobierna la realidad desde la disociación.

Serrano: Carta a un antichavista venezolano de clase media o alta

incendiario

Por: Pascual Serrano
Periodista. Autor de Desinformación (Editorial Península / Foto: REUTERS)

Estimado venezolano. Usted estará padeciendo la grave situación de violencia que atraviesa su país. Distintas interpretaciones la presentarán como la lucha de un pueblo por liberarse de un Gobierno represor o como acciones terroristas de grupos que pretenden desestabilizar a un Gobierno legítimo. Pero antes de entrar en esa discusión yo quisiera invitarle a que, con un independencia de todo tipo de interpretaciones, analice cómo ha evolucionado su situación económica y empresarial en los últimos catorce años, desde el inicio de lo que se ha llamado la revolución bolivariana.

Supongo que, como clase media o alta, usted tendrá un trabajo cualificado y bien remunerado, o es un empresario que desarrolla su actividad de producción o de servicios en Venezuela. Entiendo que la llegada y posterior avance del socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez supuso para usted un motivo de preocupación. Le dijeron que Venezuela sería una “dictadura comunista cubana”, que le quitarían su empresa, nacionalizarían su vivienda y sus tierras, le expropiarían sus automóviles y hasta le secuestrarían sus hijos para enviarlos a un círculo bolivariano donde los convertirían en chavistas. Líderes opositores y medios de comunicación de la oposición llevan catorce años diciendo eso sin que usted haya comprobado que haya sucedido. También le han estado contando que les perseguían a ellos y a sus medios de comunicación, y sin embargo, ahí siguen.

Ahora le pido a usted que piense usted en su situación, ajeno a cualquier influencia externa, gubernamental u opositora. Si usted es médico, ingeniero, abogado o cualquier otra profesión liberal o de alta remuneración; ¿ha observado que durante el gobierno de Hugo Chávez primero o de Nicolás Maduro hayan empeorado sus ingresos? ¿le nacionalizaron el despacho, la consulta o sus instrumentos de trabajo? ¿los impuestos han convertido en inviable su negocio? Sus hijos, ¿siguen con usted y los están educando en el colegio y de la forma que usted desea o el estado venezolano se los ha llevado contra su voluntad a un circulo bolivariano? Repase la evolución de su contabilidad en los últimos diez o quince años. Si tiene un despacho de abogados, una clínica estética o un despacho de arquitecto, ¿ha bajado su facturación tras la llegada de la revolución bolivariana? Muchos sectores pobres que nunca pudieron hacerse una operación de cirugía estética, reformar su vivienda o consultar a un abogado ahora disponen de dinero para hacerlo.

Uno de los asuntos que más le preocupa es la delincuencia común, efectivamente alta en Venezuela. Pero usted vive en un barrio acomodado, en la zona Este de Caracas o en El Hatillo. Todos sabemos que allí no hay grandes problemas de delincuencia. En cualquier caso, su residencia cuenta con vigilantes privados y alambradas de espinos, puede que electrificadas. Incluso desde antes de que llegara Hugo Chávez al poder. Es verdad que en los populosos barrios humildes de las grandes ciudades venezolanas hay crímenes todos los días. Usted sabe que el 80% de los homicidios suceden en los barrios populares, pero usted no va a Petare, la Vega o al 23 de enero, ni ha ido nunca, siempre fueron peligrosos. En el fondo, no hay razón para que le preocupe ahora más que hace quince años. Y en cuanto al centro, pongamos como ejemplo Plaza Venezuela o Sabana Grande, ¿de verdad le parecen hoy más peligrosos que hace diez años, antes de que se desalojaran los vendedores ambulantes y se instalaran parques de juego infantiles e iluminación nueva?

Quizás usted no sea un profesional liberal sino un empresario. Dueño de una cadena de restaurantes, concesionarios de automóviles o fabricante de muebles. O propietario de un establecimiento de móviles o electrónica o de ropa en un centro comercial. Habrá comprobado que, después de quince años, ese comunismo que le habían hablado que venía no le ha tocado su negocio. Incluso el presidente Nicolás Maduro ha dicho que intentará que no haya abusos en el precio que les cobran por alquilar los locales. Tampoco le han subido los impuestos, de hecho no han cerrado negocios en Venezuela en estos últimos años como ha sucedido en España. Es verdad que, en el último año, se ha enfrentado a un grave problema económico: la escasez de divisas que le impide adquirir material de importación para su negocio. Puede que parte de la responsabilidad de ello sea del Gobierno, no le estoy pidiendo que no señale los errores del Gobierno, el propio Maduro lo está reconociendo. Pero eso es un problema que deberá exigir que se resuelva sin llegar al nivel de violencia y desestabilización que algunos están eligiendo.

Por otro lado, sí habrá notado que mulatos y pobres que nunca tuvieron un smartphone, ni un coche nuevo, ni ropa cara, ni cenaban en un buen restaurante ahora son clientes suyos. Puede suceder que a alguno de ustedes -blancos, admiradores de Estados Unidos y reivindicadores de sus orígenes europeos- esos mulatos, afrodescendientes, indígenas y hasta hace poco sucios y analfabetos no les guste encontrarlos en los centros comerciales, en su mismo barrio, con un automóvil y un móvil similar al suyo. Hasta le molesta que sean clientes de su comercio. No le voy a recordar que eso es racismo, pero sí que, a diferencia de usted, esos europeos y estadounidenses que usted tanto admira, están encantados con afrodescendientes, asiáticos y magrebíes cuando disponen de dinero. Los empresarios de Marbella son muy felices cuando llegan los árabes y sus tarjetas de crédito, el expresidente Bush no dudó en colocar de secretaria de Estado a una afrodescendiente. Y las grandes multinacionales estadounidenses no tienen ningún problema con un presidente también afrodescendiente. Piénselo bien, el dinero de esos oscuros de barrios periféricos le viene muy bien a su negocio, y antes de los vientos bolivarianos ese dinero no le llegaba. Acusan al Gobierno de dividir a los venezolanos, la división que denuncian es artificial, de prejuicios. La verdadera división de una sociedad es entre quienes tienen todo y los que no tienen nada. Conseguir limar esas diferencias, que usted puede comprobar en su clientela, es algo que ha avanzado en Venezuela.

Tampoco le pido que niegue el problema del abastecimiento. Pero todos sabemos que las principales vías de distribución son privadas. En Venezuela tanto los ciudadanos como el Gobierno tienen recursos económicos para adquirir los bienes de primera necesidad, es evidente que el principal problema -falta de dinero- no existe. A ningún Gobierno le interesa que escaseen esos productos, de ahí que el primer interesado en resolverlo sea el Gobierno interviniendo sobre los especuladores, acaparadores y distribuidores que provocan el desabastecimiento. Ningún movimiento violento que está quemando camiones del Estado puede demostrarles que están preocupados porque lleguen los suministros a la población.

En España he comprobado que, en las encuestas del oficial Centro de Investigaciones Sociológicas, a la pregunta de “cuáles cree que son los principales problemas del país”, los ciudadanos responden una cosa y, a la pregunta de “cuáles cree que son los principales problemas que le afectan a usted y a su familia”, responden otra. De modo que en la primera opción ocupa un lugar destacado el terrorismo y en la segunda, el desempleo. Esto sucede porque la psicosis que les han transmitido algunos políticos y medios de comunicación les hacen angustiarse por asuntos que, cuando miran a su propia situación personal, ya no son tan importantes y sí, en cambio, otros. Ya Michael Moore recordaba a los estadounidenses que había más muertes por suicidio que por terrorismo, o dicho de otro modo, es más fácil que usted se quite la vida que no un terrorista. Y sin embargo todos los estadounidenses andaban preocupados por el terrorismo. Cuento esto porque, quizás, a usted, amigo venezolano, le está pasando algo similar con la angustia que le provoca el Gobierno de Nicolás Maduro.

No pretendo convencerle de que apoye al Gobierno venezolano actual o que le vote en las próximas elecciones. Usted tendrá muchos más elementos que yo para observar la evolución de su país y detectar qué problemas responden a errores del Gobierno o a otros elementos ajenos a él. En mi país, España, muchos ciudadanos discrepamos de la política del Gobierno. Criticamos sus decisiones, intentamos que las cambie y el día de las elecciones votamos a otro partido. También nos manifestamos, pero entendemos que un presidente, un diputado o un alcalde lo es hasta las próximas elecciones. No incendiamos los camiones de abastecimiento del Estado, ni hacemos barricadas en las carreteras para colapsar las ciudades, los políticos opositores no lanzan a miles de ciudadanos a asaltar un ministerio, no permitimos que unos ciudadanos disconformes con el Gobierno instalen un alambre en una avenida para degollar a una persona que circule en motocicleta. Todo para conseguir que dimita el presidente que ganó en unas elecciones democráticas. ¿De verdad usted, venezolano de clase media o alta, empresario, legítimo y respetable opositor del Gobierno, cree que con ese escenario puede ayudar a mejorar su situación personal, familiar y económica?

En Venezuela existen mecanismos democráticos para sacar a un Gobierno, incluso más que en Europa donde no existe un referéndum revocatorio que permita cesar a un cargo político antes de que finalice su mandato. Los sectores que están desencadenando la violencia no están preocupados por su economía o su negocio, quieren desestabilizar un determinado sistema político democrático y legítimo a costa de la convivencia porque saben que por la vía democrática no van a llegar al poder. Muchos lo están reconociendo. Eche un vistazo durante unos segundos a los países donde unas masas enfurecidas derrocaron a sus gobiernos con apoyos foráneos que decían que iban a recuperar la democracia: Irak, Afganistán, Libia, Siria, Ucrania… ¿De verdad cree que los profesionales de alto nivel o empresarios como usted han salido ganando y se encuentran ahora mejor?

Un último detalle, antes de que alguno de ustedes insinúe que cuánto me paga el Gobierno venezolano por escribir esto. Nunca me pagaron nada por ningún artículo ni texto sobre Venezuela, lo cual no me parece bien porque el trabajo (no la adhesión) hay que pagarlo. Por eso se publica en un medio de comunicación español.

Alberto Aranguibel es violentamente sacado del aire por moderador de CNN

Mientras intentaba contestar las preguntas de los moderadores del programa Dinero que transmite la cadena de noticias CNN en español, Gabriela Frías y Xavier Sebia (quienes jamás le permitieron completar respuesta alguna), el analista Alberto Aranguibel fue sacado del aire de manera violenta y en la forma más desconsiderada e irrespetuosa este martes 29 de octubre de 2013, en una clara muestra de la falta de ética periodística y de tolerancia política que caracteriza a ese medio cuya orientación es abiertamente contra revolucionaria y de claro e innegable respaldo al proyecto golpista de la derecha venezolana actualmente en curso. Durante más de nueve minutos de hostigamiento incesante, los moderadores pretendieron una y otra vez que el entrevistado respondiera únicamente lo que ellos querían escuchar, entrando incluso en franca polémica con el mismo, lo cual está completamente reñido con la objetividad que debe observar todo periodista.

Letricas de internet

 

Capriles se baja del avión que lo trae de una gira continental cuyo único propósito es derribar el Gobierno constitucional del país, y acusa de fascista a un grupo de venezolanos con los que se tropieza en el aeropuerto porque estos le echan en cara su actitud vende patria y antidemocrática.

Para él, fascismo no es usar las cámaras de televisión en las que probablemente haya sido la transmisión de mayor audiencia de la historia para invitar a incendiar el país por su sola pretensión personal y sin pruebas de haber ganado unas elecciones que la oposición que representa jamás tuvo posibilidad alguna de ganar, y ocasionar con ello las más de una decena de muertes que causó.

Su gente rabia inconclusa desde siempre contra el estamento militar en pleno, acusándolo de servil y sumiso a los designios de un régimen que llaman “totalitario” a través de todos los medios de comunicación existentes, porque de entre sus filas no surge decidido, valiente y expedito un Pinochet que asalte el poder y acabe a tiros con los chavistas en nombre de la democracia.

Se movilizan en defensa de un diputado corrupto porque las pruebas irrefutables presentadas en la Asamblea Nacional contra él no les resultan en modo alguno concluyentes de sus inmoralidades, pero militan en la oposición no por respaldo alguno a propuestas de país ni a ideología divergente o a dirigentes a quienes jamás ha visto trabajar por su país, sino porque odian a funcionarios de gobierno de los cuales tienen la más absoluta convicción de su naturaleza corrupta, pero basada en rumores y sin la más mínima prueba.

Sus “argumentos” se enuncian cada vez con más fuerza en todos los portales noticiosos de Internet, en forma de comentarios a las noticias que se publican. No hay uno solo que no se extienda en vehementes disertaciones sobre la democracia necesaria, la tolerancia inexistente, la libertad cercenada.

Todos y cada uno de esos “argumentos”, sin excepción, concluyen siempre, de manera indefectible, con una adjetivación común hacia los chavistas; “imbécil”, “animal”, “chaburro de mierda”, es lo más bonito que alcanzan a decir en nombre de esa tan democrática tolerancia que proclaman.

Por eso Capriles es su líder… y lo será siempre. Porque los expresa a cabalidad como nadie.

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