Aranguibel afirma que ataque a Maduro proviene de fuerzas extranjeras

CARACAS.- El constituyente, Alberto Aranguibel, dijo que con los hechos ocurridos el sábado en la avenida Bolívar de Caracas, se constató que se trata de un plan orquestado desde el exterior para atentar contra la estabilidad de la nación, porque a su juicio ya no hay dirigencia opositora actuando en el país.

“Quienes están actuando contra la legitimidad del presidente Nicolás Maduro, son factores externos, particularmente el presidente Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe, que se han expresado abiertamente y sin ningún pudor en ese sentido”, expresó.

En entrevista a Anahí Arismendi, transmitida por Unión Radio, agregó que la actitud de serenidad y de conciencia del pueblo ante el hecho, fue una muestra de solidaridad y apoyo al mandatario.

Oiga aquí la entrevista completa:


Fuente: Union Radio

J.G. Rodríguez: Petro hizo a Santos presidente

Por: José Gregorio Rodríguez

Cuando llegue el 7 de agosto de este año y Juan Manuel Santos abandone la presidencia de la República de Colombia, se marchará del Palacio de Nariño un presidente que habiendo recibido el Premio Nobel de la Paz, deja a su país listo, dispuesto como “cabecera de playa” para la guerra con sus vecinos.

Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos

¿Quién es Juan Manuel Santos? Es el presidente de la República de Colombia desde el 7 de agosto del año 2010. Llegó a la política con el Partido Liberal colombiano. Se desempeñó como ministro de Comercio Exterior del gobierno de César Gaviria, desde el 16 de enero de 1991 hasta el 7 de agosto de 1994. Luego fue ministro de Hacienda y Crédito Público, en el gobierno del presidente Andrés Pastrana Arango, desde el 7 de agosto del año 2000 hasta el 7 de agosto del 2002. En el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se desempeñó como ministro de Defensa desde el 19 de julio del 2006 hasta el 22 de mayo del 2009. Con Uribe fue uno de los fundadores del Partido de la “U”. Fue el candidato presidencial del uribismo en las elecciones del año 2010, luego de que la Corte Constitucional le negara al entonces presidente Álvaro Uribe la posibilidad de ser elegido por tercera vez.

Juan Manuel Santos, luego de su ruptura política con Uribe Vélez, se queda con el partido de la “U” y se presenta a la reelección en las elecciones del año 2014 en contra del candidato del “uribismo”, Oscar Iván Zuluaga, quien lo derrota en la primera vuelta con el nuevo partido de Álvaro Uribe, el Centro Democrático y para el “balotaje” con la promesa de la paz para Colombia y con los votos de la izquierda colombiana que puso la diferencia para alcanzar y derrotar a Zuluaga resultando reelecto presidente de Colombia.

Para la segunda vuelta de esas elecciones del 2014, Juan Manuel Santos no habló más de las realizaciones de su primer gobierno, con las que no había logrado convencer a los electores el 25 de mayo, y convirtió la campaña en la segunda vuelta en un referendo sobre sus negociaciones con la guerrilla, atrayendo hacia su candidatura a grupos políticos y sociales tradicionalmente alejados de sus propuestas.

Aunque usted no lo crea o no lo recuerde, los votos que a la final inclinaron la balanza a favor de Santos en el 2014, fueron los de Clara López, quien fuera la candidata del Polo Democrático, que se sumó a su campaña pese a que su partido prefería mantenerse neutral y los del entonces alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Pero apenas logró suscribir el acuerdo de paz con las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejercito del Pueblo, FARC-EP, el cual se logró entre otras cosas, por la activa participación de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, comenzó su abierto desplazamiento a la posición en la que hoy se encuentra, como principal agente de la operación política y, ¿militar?, de los EEUU contra Venezuela.

La operación de Santos en contra de nuestro país tiene fundamentalmente una motivación económica. El presidente colombiano está, de entrada, tras los recursos que la comunidad internacional aportaría para la “reconstrucción” de Venezuela y luego actuaría como el gran “crupier”, el repartidor de las concesiones para explotar las inmensas riquezas naturales de Venezuela.

Mauricio Cárdenas

El 9 de febrero de este año, desde la ciudad de Nueva York, el ministro de Hacienda colombiano, Mauricio Cárdenas, develó que “Colombia ha contactado a agencias crediticias internacionales para preparar un plan de rescate financiero por unos 60.000 millones de dólares para su vecina Venezuela si el presidente Nicolás Maduro deja el poder… Nosotros como gobierno estamos dispuestos a ser parte, no sólo de esa conversación y de ese plan, sino también a brindar financiamiento para esa transición”, y remató, diciendo este funcionario de la absoluta confianza del presidente Santos: “Colombia se beneficiaría de una recuperación de las exportaciones a Venezuela”. Por si fuera poco, adelantó que “Colombia estima que necesitará unos 30.000 millones de dólares para construir un centro de ayuda que ofrezca a los inmigrantes venezolanos un lugar temporal de permanencia antes de que decidan su próximo paso”.

Toda esta operación se adelantaría con la cobertura de “ayuda especial humanitaria” y está pensada y planificada desde los EEUU para ponerle la mano a Venezuela y sus recursos y cuenta con el apoyo incondicional de quien aspira a ser uno de sus principales beneficiarios, Juan Manuel Santos, quien en la medida en que se acerca su salida del poder incrementa el tono de sus sistemáticas agresiones verbales contra nuestro país y se convierte en el principal aliado de los EEUU para la construcción de un acuerdo regional que estreche el cerco económico y financiero contra Venezuela.

Sergio Rodríguez Gelfenstein

Como escribiera en días pasados el prestigioso internacionalista venezolano Sergio Rodríguez Gelfenstein:

El desarrollo de los hechos va develando la trama, lo más relevante es que se está sabiendo a través de las declaraciones de los propios actores, los que por impericia, estupidez o arrogancia van dando a conocer piezas del rompecabezas que es necesario ir armando. El Plan Colombia por un lado, así como las gigantescas ganancias producidas por el narcotráfico por otro, han mostrado una economía colombiana ficticia, que solo tenía cierto respiro por estos dos factores, que no podían ser contabilizados formalmente como parte del esfuerzo nacional ‘a favor del desarrollo y el progreso”.

Hay que recordar que la década de los 80 del siglo pasado, considerada como ‘perdida’ para América Latina por los economistas y las organizaciones internacionales, tuvo crecimiento negativo para todos los países de la región, menos para Panamá, que tuvo crecimiento cero; Cuba: un 3%, todavía integrando el Consejo de Ayuda Mutua económica (CAME) conformado por los países socialistas y…Colombia, que creció 9%, algo solo explicable, –según los economistas– por la gigantesca reinversión en el país de los recursos de la industria del narcotráfico.

Presencia de las FFAA de EEUU

La última década del siglo pasado introdujo el Plan Colombia en la realidad del país, como instrumento ilegal que violaba el artículo 341 de la Constitución Nacional, al crear un documento paralelo al Plan Nacional de Desarrollo el cual, según establece la Carta Magna, debe ser elaborado por diferentes instancias gubernamentales para ser sometido a la aprobación del Consejo Nacional de Planeación. Así, al margen de la ley, y cediendo soberanía, (toda vez que como contraprestación, Colombia debió aceptar la presencia de las Fuerzas Armadas de EEUU en su territorio sin autorización del Congreso) la oligarquía colombiana se entregó al festín que significaba recibir miles de millones de dólares de EEUU, la “ayuda” más alta de este país a otro del hemisferio occidental y una de las de mayor cuantía en el mundo.

La realidad era que si EEUU hubiera querido “apoyar” a Colombia, hubiera suprimido su política proteccionista, que impedía o dificultaba la exportación de productos colombianos en un monto muy superior a los recursos aportados por el Plan Colombia. Todo esto se producía durante los primeros años del gobierno del presidente Chávez en Venezuela, cuando Andrés Pastrana lo era en Colombia.

Había comenzado la época del parasitismo estructural de la economía colombiana que se inició con la gigantesca inyección de recursos del narcotráfico. El Plan Colombia transformó al país y en especial a las fuerzas armadas en devotos de los recursos, pero estos debían mostrar eficacia en su uso para que el Congreso de EEUU continuara avalando el alud de capitales que comenzó a llegar y a modular el comportamiento de los receptores. Así, bajo inspiración de Álvaro Uribe presidente y Juan Manuel Santos, ministro de Defensa, se diseñó la política de los “falsos positivos” que significaba ponerle precio a la eficiencia bélica de las fuerzas armadas, cuantificada con los muertos que se anunciaba como “guerrilleros dados de baja”, sólo que se descubrió que tales combatientes insurgentes no lo eran, y que el parasitismo financiero crónico condujo al asesinato de decenas de personas, solo por el afán de obtener más recursos, poniendo en evidencia un acto de violación masiva y continuada de Derechos Humanos solo permitida porque contaba con el aval de Washington.

La reducción de los caudales internacionales para una guerra contra el narcotráfico que acorde con la decisión de EEUU no se libra ni por un minuto en su territorio, sino en los campos de los países productores, que además de ser criminalmente regados con el glifosato asesino de plantas, animales y el envenenamiento de las aguas que alteran la vida de campesinos que solo obtienen el 0,4% del valor final del producto transformado en droga, significó una alteración profunda en los mecanismos criminales del Estado productor.

Fuerzas Armadas colombianas

Cae el ingreso de las FFAA

Las negociaciones de paz entre las FARC y el Gobierno colombiano significaron una caída en el ingreso de las fuerzas armadas, que recibieron otro golpe cuando el tribunal de La Haya falló a favor de Nicaragua en la delimitación de áreas marinas, y con ello la ruta más importante de transporte de la droga disminuyó ostensiblemente su funcionamiento, siendo esta vez la marina colombiana la que recibió el golpe.

La economía se estremecía, la caída en el gasto social fue brutal: pagaron los maestros, los miles de niños wayúu de la Guajira muertos por inanición, los campesinos que vieron disminuidos sus ingresos, los pobres de la ciudad y el campo que han visto extenderse la pobreza extrema en las zonas urbanas y rurales hasta superar el 20%, las clases medias y populares que se han hecho más pobres, todo lo cual ha sido falsamente burlado con demagogia y con el apoyo de las noticias falsas emanadas de los medios de comunicación como Caracol, RCN, el Tiempo y el Espectador, máximos exponentes de la desinformación planificada desde el poder.

La oligarquía colombiana ataca a Venezuela

Cuando parecía que no había argumentos para explicar la crisis, y el incremento de la pobreza a partir de 2008, en momentos de una plena expansión económica que no significó mayor equidad, el tema de Venezuela vino en auxilio de la atribulada oligarquía colombiana, que imitando a su amo del norte comenzó a tratar de superar por vía externa, la profunda inmundicia que había creado al interior del país. Primero fue Uribe quien, en los estertores de su mandato, se inventó unos inexistentes campamentos guerrilleros en territorio venezolano, amenazando con una invasión para venir a combatirlos. Sólo la firmeza del Comandante Chávez y la fortaleza de la unidad cívico-militar en Venezuela impidieron esta locura.

Las relaciones fueron interrumpidas y el comercio bilateral seriamente afectado, creando gigantescas pérdidas al sector productivo y exportador de Colombia, con un consiguiente desempleo y caída en los ingresos que la oligarquía no podía sostener. Por eso desestimaron un posible nuevo período de Uribe y rechazaron a Arias quien era el sucesor designado. Eligieron a Santos con la misión de recuperar las relaciones con Venezuela y con Ecuador país que también había roto sus relaciones tras ser invadido por las fuerzas armadas colombianas.

La guerra comenzó a dejar de ser un buen negocio, por eso se le dio el mandato a Santos para que negociara la paz, había que aprovechar las condiciones que emanaban de los TLC firmados con EEUU y otros países para incrementar ganancias, pero antes se debía modernizar el aparato productivo y la infraestructura, sobre todo la de transporte que impedían ampliar el comercio y las exportaciones.

Las negociaciones de paz entre las Farc y el gobierno colombiano

Desde el primer momento, Venezuela apoyó las negociaciones de paz, no sólo eso: las incitó, las promovió, las estimuló, sin embargo a cambio sólo recibió el desprecio de las élites neogranadinas, todavía sedientas de poder, ganancia y sangre. Por ello su ensañamiento con Venezuela, sobre todo el de Santos que al igual que Obama han dedicado sus Premio Nobel de la Paz a desarrollar la guerra, como si ese fuera el sino de ese premio innoble.

Y en esa lógica, el actual Gobierno colombiano encontró una nueva forma de auto financiamiento: recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI), pero no para pedir un crédito para su país como lo acaba de hacer Mauricio Macri, sino para ‘rescatar a Venezuela’. Sin que nadie se lo pidiera, el ministro de Hacienda de Colombia, Mauricio Cárdenas aseveró que este ‘plan de rescate’ está pensado ‘para los venezolanos (ya que) el día que Venezuela adopte las medidas económicas correctas va a requerir una financiación adicional para poner la casa en orden, y que la economía vuelva a funcionar’, porque nadie sabe cuándo va a darse un cambio de gobierno en Venezuela pero tenemos que estar preparados para eso. 

Si nadie sabe cuándo va a haber un cambio de gobierno en Venezuela, uno podría preguntarse entonces, ¿para qué está pidiendo esa enorme cantidad de recursos?, sobre todo cuando estamos hablando de un gobierno que se va en menos de tres meses, ¿será que necesitan dinero para la campaña electoral? O, ¿para pagarles a los maestros y campesinos burlados en negociaciones en las que el Gobierno nunca cumple? O simplemente, ¿para retirarse con un dinerillo en el bolsillo?

El talante parasitario y corrupto de la élite colombiana da para pensar cualquier cosa, sobre todo cuando sus representantes se han dedicado a vociferar respecto de los, según ellos,  4 millones de venezolanos que han huido del país, la mitad de los cuales se habrían establecido en Colombia, para lo cual también han visitado EEUU y los organismos internacionales pidiendo recursos desesperadamente, dando lástima y transmitiendo dolor, Cárdenas afirmó que: ‘Hasta ahora Colombia lo ha hecho con sus propios recursos y presupuestos, pero ya empieza a haber problemas fiscales, porque estamos hablando de números muy grandes, que requieren servicios de salud, educación, asistencia para su alimentación’.

Es válido entonces, preguntarse qué haría el Gobierno colombiano si tuviera que preocuparse y atender a los 5 millones y medio de conciudadanos que viven en Venezuela, y que contrario a lo que se dice siguen llegando desplazados por las persecuciones, las masacres y el despojo de tierras a los que son sometidos por los paramilitares bajo abrigo y protección de los organismos de seguridad y las fuerzas armadas, mientras el Gobierno de ese país se hace de la vista gorda ante tales desmanes.

Alejandro Werner

En todo caso, el FMI que –como se sabe– es una institución conducida en los últimos años por directores gerentes corruptos (Rodrigo Rato, Dominique Stauss-Kahn y Christine Lagarde), todos investigados por la justicia y, manejado por EEUU que tiene acciones suficientes para vetar cualquier decisión, vive de hacer negocios a la segura con países en dificultades severas, aplicando sus recetas de hambre y miseria, pero no corre riesgos para satisfacer intereses privados, así sea de grupos poderosos de la oligarquía de algún país. Por eso, el director del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner se apresuró a responderle al ministro de Hacienda de Colombia, diciendo que era muy prematuro ‘hablar de cifras y planes’ para Venezuela.

Por otra parte, la falsedad de los números manejados por el Gobierno colombiano para justificar su demanda de recursos fue puesta en evidencia y desmentida por funcionarios del propio Estado: Felipe Muñoz, gerente para la frontera con Venezuela, y Carlos Iván Márquez, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres de Colombia evidenciaron que el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos en Colombia arrojó que en el país hay 203.989 venezolanos, no dos, ni tres, ni cuatro millones como estos delincuentes han dicho en su afán de esquilmar a las organizaciones financieras internacionales. 

 Como siempre, el objetivo real que se busca se termina sabiendo, en Hungría, el presidente colombianodonde al parecer viajó a ‘vender’ a Venezuela a empresarios europeos, afirmó que ‘con el cambio de régimen –que se va a dar y que se va a dar muy pronto–, la economía venezolana con un poco de buen Gobierno va a dispararse rápidamente y la oportunidad para Colombia es enorme’. En pocas palabras, se trata de ayudar a EEUU a reventar la economía venezolana, para instalar un gobierno que le dé mejores oportunidades a la oligarquía colombiana de hacerse cargo del país a fin de exprimir al Pueblo de Venezuela como lo hace con el propio. El mismo Santos explicó que Venezuela es ‘el país más rico en América Latina’. Visto desde su perspectiva aviesa y corrupta debe estar pensando que ‘Venezuela es un buen botín’ por eso, dijo –el artífice de la invasión a Sucumbíos en Ecuador– que si él tuviera que apostar, ‘le apostaría a Venezuela a futuro”.

 Santos se despide convirtiendo a Colombia en “Socio Global” de la OTAN.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, formalizará el próximo 31 de mayo, el ingreso del país latinoamericano como socio global de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en la ciudad de Bruselas, Bélgica. Santos se reunirá con el secretario general de la Organización, el ex primer ministro noruego, Jens Stoltenberg con quien conversará los pasos internos a seguir para formalizar su situación.

La OTAN creó la categoría de socios globales con el interés de generar alianzas estratégicas más allá de Europa, Estados Unidos y Canadá. Alrededor de 40 países que no son miembros de esta alianza militar intergubernamental, participan activamente en programas de desarrollo dentro y fuera del área militar.

Ahora bien. ¿Qué significa ser un Socio Global de la OTAN? Como bien lo describe un reciente trabajo de la Misión Verdad: “Acuerdos bilaterales se han firmado entre la OTAN y países latinoamericanos. La relación con Argentina, por tomar un ejemplo, ha sido muy estrecha, en 1997 fue nombrada por la Administración Clinton “aliada importante extra-OTAN”, un estatus que comporta colaboraciones importantes en diferentes áreas militares; Incluso, los argentinos han llevado batallones a otros países en operaciones “humanitarias” de la OTAN en Croacia, Haití, Angola, Mozambique, Guatemala, Kuwait, Líbano, Chipre, a lo largo de la década de 1990.

Pero sociedades de ese tipo son menos profundas que la categoría de “socio global”, que compone otras características. Significa, básicamente, un enlazamiento íntimo entre el país y la estructura de la OTAN, que abarca la mayoría de las áreas militares en estrecha colaboración.

Efectivamente, desde 2013, Colombia y la OTAN han participado en una Iniciativa de Construcción Integral en limitadas áreas como “educación militar y entrenamiento, seguridad marítima, buena gobernanza e integridad constructiva”, según la página oficial de la alianza. Para ello, Colombia ha permitido que la OTAN trabajase en profundidad en la institución militar local, y ha llevado a su personal correspondiente a cursos de la escuela de la OTAN en Oberammergau (Alemania) y al Instituto de Defensa de la OTAN en Roma (Italia) desde 2013. Colombia asimismo ha participado en numerosas conferencias militares de alto nivel relacionadas a la organización atlantista. En 2015, Colombia apoyó operaciones navales de “contrapiratería” de la OTAN en el Cuerno de África, según el mismo portal de la organización multinacional.

En el futuro, ya con el país latinoamericano como “socio global”, podría participar en operaciones y misiones lideradas por la ONU, con asesoría de la OTAN a las fuerzas armadas colombianas según los estándares y normativas de la organización”. En el mismo trabajo se afirma, al comentar las implicaciones geopolíticas del paso dado por Colombia, que: “La otanización de Colombia, en su figura de “socio global”, podría darle un carácter de ‘regularidad’ y apoyo logístico a las células del paramilitarismo colombiano en la frontera colombo-venezolana, lo que ajustaría el pivoteo pre-bélico del vecino país con relación a Venezuela.

En una analogía respecto al conflicto sirio, decíamos en 2013 que Colombia jugaría a cabalidad contra Venezuela el mismo papel que Turquía (antes de la negociación con Rusia e Irán) juega contra Siria: el de cabeza de playa para variopintos ‘frentes armados’ apoyados logística y militarmente por los países de la OTAN”. Por donde se le mire, este movimiento colombiano tiene piquete contra nuestro país, porque si fuera, como dicen los colombianos, que el ingreso de ese país como primer socio global de la OTAN en América Latina tendría como principal objetivo, cooperar en asuntos de seguridad cibernética, marítima y crimen organizado. ¿Dónde está el “veneno” de esta modalidad de cooperación contra el crimen organizado? Ellos calificarían de “criminales” a los líderes de la Revolución y luego en el marco de los “privilegios” que otorga ser socio global de la “membresía” militar trasatlántica solicitan a sus aliados que actúen en su contra.

La mesa está servida

Juan Manuel Santos deja la presidencia de Colombia, con la popularidad por el suelo y en medio de una espectacular derrota política. Su candidato, Germán Vargas Lleras, quien fuera su vicepresidente, ocupó el cuarto lugar en el marcador de la elección presidencial del pasado domingo 27 de mayo. Sin embargo, quiere despedirse dejando la mesa servida para que Colombia sea la tierra desde donde se atente contra la soberanía y la integridad territorial de Venezuela. Seguros estamos que el digno pueblo de ese país no acompañará en esta aventura a la oligarquía colombiana, de alguna manera el domingo 17 de junio en las elecciones presidenciales colombianas estará en juego la paz de la región.

Nicolás Maduro en el discurso a la FANB

Maduro apela a la Unión Civico-Militar

A continuación transcribimos el discurso del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, luego de su proclamación en la Asamblea Nacional Constituyente, el pasado jueves 24 de mayo:

“Saben ustedes que en las últimas semanas hemos venido desmembrando una conspiración financiada y dirigida desde Colombia y alentada y promovida desde el Gobierno de los EEUU para dividir nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana y con una acción publicitaria militar intentar en su momento que se suspendieran las elecciones del 20 de mayo pasado. Gracias a la conciencia, a los anticuerpos morales fue detectada a tiempo y están convictos y confesos todos los responsables de haberse vendido y haberse entregado a traidores que desde Colombia les pagaron en dólares para que traicionaran el honor, la moral y la lealtad de nuestra amada Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Alerta, alerta, que nadie baje la guardia, no es tiempo de bajar la guardia, es tiempo de combate. ¿Quién quería suspender las elecciones? ¿Quién quería afectar el curso de las elecciones y de la democracia? El imperio norteamericano, la oligarquía colombiana. Desde Colombia se dirige una conspiración para hacerle daño a nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana. ¿Lo hacen para bien de la república, creen ustedes? Jamás, lo hacen para debilitar nuestra república, la oligarquía colombiana tiene objetivos muy claros para tratar de apropiarse y apoderarse de las riquezas territoriales y minerales de Venezuela.

Desde hace 200 años la oligarquía colombiana sueña con gobernar desde Bogotá nuestra amada patria. Alerta, conciencia, guardia alta, oído, Fuerza Armada Nacional Bolivariana, todo el mundo en guardia para defender la unión de nuestra amada Fuerza Armada, para defender la cohesión, la lealtad, el juramento, la unión cívico-militar, exijo máxima lealtad a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, máxima lealtad a la Constitución, máxima lealtad al pueblo, máxima lealtad a la Revolución Bolivariana y máxima lealtad al comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Máxima unión cívico-militar para seguir transitando los caminos de este siglo 21 que apenas, todavía, apenas comienza y que promete tanto para nuestra Patria. Cerrémosle las puertas, las trompas, reventémosle las trompas a la oligarquía colombiana, que utiliza traidores, con dólares.

Hemos capturado a sus principales cabecillas y estamos detrás del principal financista que se encuentra huyendo en territorio venezolano, que tarde o temprano lo vamos a capturar y lo vamos a poner a la orden de la justicia para que sea castigado con las máximas penas, por traicionar a la Patria y por ponerse al servicio de la oligarquía colombiana y del imperialismo norteamericano.

Le decía yo a los jefes militares, compatriotas, yo tengo que hablarle claro a todos, a nuestro pueblo armado y a nuestro pueblo civil, el imperialismo norteamericano se ha planteado para los meses y años futuros una sola opción estratégica principal, en su tarea de tomar el control, el dominio de Venezuela y acabar con la Revolución Bolivariana y recolonizar a nuestro país. No ha podido, ni podrá, estoy claro de ello, pero los estrategas militares, los pensadores, los jefes, líderes militares deben saber que la única opción que ellos se han planteado es dar un golpe de Estado militar en Venezuela. No lo digo yo, solamente lo dicen ellos. El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, lo ha enarbolado cuando era jefe de la CIA y ahora como secretario de Estado, el vicepresidente Mike Pence, el jefe del Pentágono, el jefe del Comando Sur, el exencargado de negocios de la Embajada de EEUU en Venezuela, que hoy se fue, ya debe haber aterrizado en los EEUU, expulsado por intervencionista y golpista, lo han dicho, han llamado a la Fuerza Armada a dar un golpe de Estado, a imponer un régimen militar y entregarle el país a ellos. ¿Va la Fuerza Armada a traicionar al pueblo de Venezuela? ¿Va la Fuerza Armada a hacerle el trabajo al imperialismo norteamericano y entregarles el poder y las riquezas del país a ellos? La respuesta es muy clara, la respuesta la han dado ustedes hoy con su juramento, con su proclama, con su lealtad.

Cuenten ustedes con este hombre, este obrero humilde, comandante en jefe de la Fuerza Armada. Sí, por voluntad de un pueblo, lealtad con lealtad se paga. Cuenten con mi lealtad, vamos a unificar, vamos a fortalecer, vamos a cohesionar cada vez más al pueblo y a la Fuerza Armada. Vamos a crecernos y a seguir ratificando este camino hermoso del nuevo concepto, la nueva doctrina, la nueva moral, la nueva organización, la nueva disciplina, los nuevos ejercicios militares, la capacidad de despliegue por todo el territorio, la capacidad de defensa de la integridad territorial, de la soberanía, la capacidad de defensa del pueblo, el cumplimiento de las grandes misiones constitucionales y de las grandes misiones históricas, de los únicos y verdaderos herederos del ejército de los libertadores, del ejército de Pichincha. Sí, hoy, con Pichincha en su aniversario digo: los verdaderos, únicos y legítimos herederos de Pichincha, de Bolívar y de Sucre, están aquí de pie, están aquí parados, oficiales de la Patria.

Gracias por tanta lealtad, gracias por tanta disciplina, gracias por tanta verdad que me dicen, gracias Fuerza Armada Nacional Bolivariana, gracias por tanta fuerza moral, confío en ustedes, creo en la Fuerza Armada como creo en el sueño de Patria; son ustedes la columna vertebral de la estabilidad, de la paz y de la unión de la república y en buenas manos está la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Gracias por su juramento, gracias por su proclama, gracias por su lealtad y aquí estoy, Nicolás Maduro Moros, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, reelecto, listo para seguir ejerciendo mis funciones de comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, y digamos desde nuestro corazón, con más fuerza que nunca: ¡Chávez Vive! ¡Independencia y Patria Socialista! ¡Hasta la Victoria Siempre! ¡Venceremos!

Gracias Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Que Dios los bendiga, a ustedes y a toda la familia militar. Muchas gracias”.

 josé gregorio rodriguez  José Gregorio Rodríguez 

Fuente: Las Verdades de Miguel

Genealogía de un perfecto y sanguinario genocida

Por: Alberto Aranguibel B.

El 1 de marzo de 2008, el mundo entero era sorprendido con la cínica declaración de uno de los más altos funcionarios del gobierno colombiano para aquel momento, que en medio de risotadas muy nerviosas pero claramente complacido y lleno de alborozo, celebraba la muerte de una veintena de personas que habrían sido asesinadas por el infernal efecto de las bombas que él mismo, en su condición de Ministro de Defensa, había ordenado que se lanzaran para acabar con la vida del comandante Raúl Reyes y de todos sus acompañantes, trasgrediendo flagrantemente los límites fronterizos con el vecino país, Ecuador, donde se encontraba el campamento sobre el cual se produjo el brutal exterminio.

La “Operación Fenix”, como se denominó el ilegal asalto (que contó con la decisiva participación del ejército norteamericano, como quedó luego claramente establecido), formaba parte de la sanguinaria política de Seguridad Democrática implementada por el entonces presidente Álvaro Uribe, que llenó de sangre el territorio colombiano durante casi una década de exterminios extrajudiciales que acabaron con la vida de decenas de miles de seres humanos que iban a parar con sus huesos en fosas comunes de las que muchas veces jamás se conocería su existencia, pero que han terminado apareciendo a la luz pública como una especie de huella providencial que denuncia a cielo abierto la inmoralidad de un régimen siniestro que se jactó como ningún otro gobierno criminal en la historia de su capacidad de asesinar masivamente a su propio pueblo, como quedaba en evidencia aquel primero de marzo.

Juan Manuel Santos, como se llamaba aquel sombrío ministro de defensa, repugnaba con aquella grotesca declaración porque el carácter festivo que su actitud reflejaba al momento de ofrecer una información tan delicada a la opinión pública no solo no se correspondía con el tono oficial que estaba obligado a preservar, sino que dejaba al descubierto una obscena lascivia por la muerte que jamás podría ser tolerada por ningún ser humano.

Colombia, un país donde la cultura del exterminio humano prolifera casi como una forma de vida en ese submundo de criminalidad que se asocia a su condición como el más grande productor de drogas ilícitas del mundo, es un territorio más que propicio para el fomento de todo tipo de delitos, como el sicariato, el lavado de dinero, la prostitución y el contrabando.

De ahí que su clase política, cooptada por la retardataria oligarquía colombiana como un instrumento al servicio exclusivo del control y el sometimiento de la sociedad, responda tan perfectamente al formato de la delincuencia común y entienda de manera casi religiosa el exterminio de seres humanos como un simple medio para el cabal desempeño de la función pública.

Pero Juan Manuel Santos ha excedido con creces todo parámetro de sadismo y refinamiento en su complacencia con el sufrimiento ajeno, llevando a niveles de verdadera tragedia el dolor del pueblo colombiano, al que somete sin la más mínima compasión a la penuria del hambre y la pobreza en proporciones de holocausto como no sucede en ningún otro país suramericano.

Las cifras de desnutrición infantil en Colombia han llegado durante el gobierno de Santos a niveles alarmantes para organismos internacionales como la FAO, que dan cuenta del retroceso progresivo en materia alimentaria que padece el vecino país desde hace más de tres décadas, lo que explica sin duda alguna que ese país haya producido a lo largo de todo ese periodo la segunda población de desplazados en el mundo, después de Siria (que está en guerra) de acuerdo a las cifras oficiales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en sus últimos reportes.

Heredada de su condición de virreinato, improvisado por el imperio español en suelo suramericano en la búsqueda de institucionalizar su dominio sobre el nuevo mundo pero sin gozar de un verdadero soporte cultural, social y político que lo sustentara, la estúpida idea de la supremacía de clase sigue atormentando hoy a esa oligarquía de la que surgen los políticos colombianos, cuyo único propósito es perpetuarse en el poder a costa de lo que sea. En especial a costa de la vida de los pobres a los que se considera con derecho a humillar, atropellar y hasta asesinar sin miramiento alguno si del aseguramiento de ese poder se trata.

Las ancestrales diferencias políticas entre las clases dominantes tradicionales de Venezuela y Colombia estuvieron determinadas desde siempre por ese carácter supremacista que embriagó a la oligarquía colombiana y al que la clase oligarca venezolana no pudo sobreponerse nunca. Por eso, cuando la oligarquía fue desplazada del poder en Venezuela, el odio de clase bogotano contra nuestro país empezó a ser todavía más visceral y acérrimo, y el desprecio de su dirigencia política contra nuestro pueblo se desborda entonces a niveles aún más impensables.

De ahí que la atrocidad de atacar a nuestro pueblo manipulando políticamente los alimentos y las medicinas que Juan Manuel Santos les roba a los venezolanos a través de la protección que su gobierno le brinda al contrabando de extracción y al ataque a nuestro signo monetario mediante una criminal resolución que favorece el saqueo a nuestro sistema económico, no sea sino una expresión más de la típica actuación criminal de un presidente oligarca contra la vida humana, que en Colombia no solo goza de perfecta impunidad sino que además es aplaudida y celebrada, como aplauden y celebran en ese país las genocidas prácticas de asesinatos en masa que llevó a cabo Álvaro Uribe durante todo su mandato, y que hoy ejecuta sistemáticamente Juan Manuel Santos sin ningún rubor.

El artero golpe asestado por Santos al pueblo venezolano en diciembre de 2017 al retener sin justificación legal alguna los perniles que los venezolanos más humildes esperaban con ansias para celebrar su cena de año nuevo, fue un claro anuncio de todo lo que estaba dispuesto a hacer el miserable presidente de los colombianos con el fin de satisfacer su sed de odio contra nuestro país.

En la misma forma ilegal, y sin el menor fundamento o explicación convincente para ello, el mismo Santos en persona ordenó semanas después de aquel inhumano atropello a los venezolanos, la retención de un importante lote de medicinas que el gobierno del presidente Nicolás Maduro había adquirido al laboratorio La Santé, del importante grupo empresarial colombiano Carval, con lo cual solo se agudizaba intencionalmente la difícil situación de desabastecimiento de medicinas que por acción del criminal cerco económico desatado por el imperio norteamericano contra nuestro país ha estado padeciendo el pueblo venezolano.

Esta semana, a tres días apenas del histórico proceso electoral que tuvo lugar este domingo en Venezuela, el desalmado Juan Manuel Santos, en un vulgar acto de simple agresión política, secuestra un gigantesco cargamento de comida destinada por el gobierno revolucionario a solventar las necesidades alimenticias de las venezolanas y los venezolanos, poniendo así en riesgo la salud de miles de mujeres, ancianos y niños, que se benefician del programa de Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) puesto en marcha por Nicolás Maduro para contrarrestar los devastadores efectos de esa inmoral guerra.

Santos se regocija reteniendo esos alimentos porque, como genocida contumaz que es en lo más profundo de su putrefacta alma de oligarca criminal, representan exactamente lo opuesto a lo que él personalmente concibe como lo único a lo que debe tener derecho el pobre, que es a la pobreza.

El Clap, que no es ninguna dádiva populista como lo quiere hacer ver esa derecha retardataria de la que forma parte Santos, es un poderoso mecanismo de redención social, a través del cual el pueblo se organiza y lucha para combatir la especulación y la usura que criminales como el presidente de Colombia encarnan, asegurando nuevas y más expeditas formas de distribución y de acceso a los productos de primera necesidad, pero construyendo a la vez un poderoso modelo sociocultural basado en la idea de la justicia y la igualdad como único parámetro de referencia y de orientación.

Mientras en Colombia exista como clase política la escoria humana que funestos personajes como Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos encarnan, jamás podrá existir una iniciativa tan venturosa como el Clap, porque ello equivaldría a la extinción del carácter genocida que tanto placer les proporciona a esos miserables.

PHOTO-2018-05-19-13-17-43.JPG (Foto: Hilda Rivero / Clap La Trinidad)

@SoyAranguibel

La derrota de Uribe a manos de Gaviria

– Detrás de los candidatos Santos y Zuluaga, los expresidentes César Gaviria y Álvaro Uribe libraron un particular pulso –

uribe gaviria

Por: Rodrigo Urrego Bautista

Cuando los nubarrones aparecían en una campaña que acababa de sufrir una sorpresiva y estruendosa derrota, el presidente candidato Juan Manuel Santos echó mano a una jugada política que pocos esperaban: llamar al expresidente César Gaviria para que asumiera “absolutamente todo” al interior de la campaña.

Santos había sido derrotado por Óscar Iván Zuluaga, dirigente caldense con el que compartió gabinete en el segundo gobierno de Álvaro Uribe. Más allá de sus virtudes como candidato, el triunfo en la primera vuelta se le adjudicó indirectamente al expresidente Uribe y a la imagen que aún proyecta en los ciudadanos.

No en vano Uribe ha sido el principal elector del país desde que se contó en la presidencia del 2002. Ganó la reelección en el 2006 con más de 7 millones de votos y ganó las del 2010 con Juan Manuel Santos, el candidato que impulsó, quien sacó más de nueve millones.

Tras la sorpresiva derrota, Santos, de puertas para adentro, se mostró muy inconforme con lo sucedido en la primera vuelta, en la que fue derrotado por cerca de 500.000 votos. En una decisión que a la postre fue definitiva, llamó al expresidente Gaviria que dictaba una conferencia en Lima y sin mediar más de un minuto de la conversación le dijo “venga y trabajemos juntos esta campaña“.

Gaviria asumió tan solo 24 horas después de la primera vuelta. De inmediato cambió la agencia de publicidad, impuso ‘la paz o la guerra’ como agenda principal de la estrategia, habló con todas las fuerzas políticas pasando por Gerlein, Petro y Clara Lopez, y cada uno de los dirigentes del país, cohesionó fuerzas y salió a “cascarle a Uribe, a ver si el otro le salía al ruedo, pero jamás le apareció pese a la cantidad de cosas que le dijo” comentó uno de los consultores de la campaña.

Los días de campaña arreciaron y junto a sus equipos de consultores Santos y Gaviria lograron la sinergia necesaria para transmitir al interior de la campaña y volver creíble su mensaje ante el país que observó cómo Santos cambió el eslogan de “Hemos hecho mucho” por el de “Con paz haremos más”, que se repitió una y otra vez en la televisión y en cada una de los actos de la campaña en todo el país.

Santos y Gaviria trazaron la estrategia a aplicar por cada una de las partes de la campaña, pues aunque no faltaron los problemas, el talante de ambos líderes logró apaciguar los ánimos y por el contrario revivirlos y trabajar las 24 horas del día en llamadas a los presidentes de juntas de acción comunal hasta visitar a la tía de ‘Zurriaga’, que varios periodistas fueron a investigar si era un fraude, y resultó siendo una señora enamorada de las ideas de Santos.

A esa señora, apenas ganemos o perdamos, le regalamos esa casa, hagamos una colecta y le cumplimos ese sueño” comentó el expresidente Gaviria.

Una de las primeras ‘órdenes’ de Gaviria fue asignar a líderes de la política cada uno de los departamentos para que asumiera las riendas de la campaña en la región.

Con lista en mano, incluido hasta a su propio hijo Simón, que se encargó de organizar las elecciones en medio país, mientras Santos recorría el país, el ex-secretario de la OEA llamaba a preguntar por los presidentes de juntas comunales, concejales, artistas, comuneros, trabajadores, gente del común, con un sólo lema, “Con paz haremos más“.

Gaviria armó un verdadero búnker en la sede alterna de la campaña Santos , allí sugirió, ordenó, trabajó las 24 horas para imponer una agenda junto a Santos para llegar a vaticinar, “nos ganaron 1-0 en el primer tiempo , en el segundo los vamos a golear con la paz para este país”.

El expresidente, quien le hizo la más dura oposición al gobierno de Álvaro Uribe, como jefe del Partido Liberal, ahora fue el estratega que consiguió la primera derrota que sufrió Uribe en una elecciones presidenciales desde el 2002.

Fuente: Semana.com