Desmontar el Modelo Rentista y el Estado Burgués

Por: Atenea Jimenez Lemon

“La Comuna ha demostrado, sobre todo que la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la maquinaria estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines…debe destruir, romper la maquinaria estatal existente”  Marx y Engels citado por Lenin en El Estado y La Revolución.

La revolución bolivariana insurge para derrumbar el estado de cosas existentes, el Comandante Supremo Hugo Chávez se propone una constituyente para refundar la Patria, se crea una nueva Constitución y se avanza enormemente en los derechos humanos y las reivindicaciones justas de la inmensa mayoría de la población, pero la Asamblea Constituyente dejó un tema central pendiente, el Estado, asunto que debió asumirse en un proceso popular constituyente permanente, pues la recién aprobada constitución abría las puertas para asumir la soberanía popular de manera directa, pero esto no ocurrió y cargamos con ese mamotreto pesado y obstaculizador de toda iniciativa orgánica que signifique demolerlo, que signifique gobernarnos a nosotros mismos. El Estado, con sus múltiples mecanismos hace que dentro de sectores e individualidades revolucionarias se reproduzca la ideología burguesa y comenzó a verse bonito ese mismo Estado burgués que antes identificábamos como maquinaria de violencia y represión, de reproducción del capitalismo, de naturalización de la explotación como algo inevitable en la vida. Es innegable también lo complejo de la situación, porque tenemos un gobierno indudablemente revolucionario, de izquierda, comprometido con los valores más sublimes de la humanidad, pero al mismo tiempo, tenemos un Estado que aunque con algunos cambios, mantiene la misma estructura, funcionamiento y lógica. En muchos casos se tiende a confundir, el Estado y el Gobierno. Sin meternos aquí en el tema del partido.

Continuando con la historia, el Comandante retomaría este tema pendiente en el año 2007 con la propuesta de reforma que no fue aprobada, allí planteó la nueva geometría del poder, incluyendo a la Ciudad, como unidad política primaria de la organización territorial, “entendida esta como todo asentamiento poblacional dentro del municipio, e integrada por áreas o extensiones geográficas denominadas Comunas.” [1]

Así la ciudad comunal se constituiría cuando ya en toda su poligonal definida se hayan conformado las comunas y los autogobiernos. Es decir, que el ejercicio del poder partiría desde las comunidades conformadas en comunas y aunque mantenía la figura de Municipio, la democracia participativa y protagónica se prefiguraba amarrada al territorio, visto este como un espacio construido socialmente.

El Líder Supremo definiría también en la propuesta de reforma, a la comuna como “las células geohumanas del territorio y estás conformadas por las comunidades, cada una de las cuales constituirá el núcleo espacial básico e indivisible del Estado Socialista Venezolano, donde los ciudadanos y ciudadanas comunes tendrán el poder para construir su propia geografía y su propia historia.”

En tal sentido, uno de los legados más importantes del Comandante de la Utopía, es la estructuración de una forma de Estado y de Gobierno Socialista Comunal, donde esas células geohumanas o forma de organización socioterritorial de ejercicio del poder, como hemos dicho en varios documentos de la Red Nacional de Comuneros [2], se constituyen en gobierno que va socavando la estructura y la superestructura del modo de producción capitalista, va configurándose entonces el nuevo Estado Socialista Comunal, donde ninguna comuna anda sola ni aislada, sino son indivisibles como fuerza de la clase trabajadora contra la clase explotadora, como ejercicio de la verdadera democracia, sobre bases sólidas de relaciones sociales de carácter socialista, de la elevación de la conciencia y de una espiritualidad de armonía con la naturaleza y búsqueda del bien común.

En el marco del proceso de desmontaje del Estado burgués, entendemos la creación de las Misiones, además como una forma de darle empuje a la gestión de gobierno, que para aquel momento se mantenía paralizada ante una propuesta política que planteaba desde un principio redistribuir la riqueza, ya que ese Estado se diseñó para favorecer a la clase burguesa, era socialmente estéril para responder al pueblo empobrecido, es por ello que, las Misiones Sociales se erigieron como la forma de gobierno más expedita para garantizar la mayor suma de felicidad posible. Con esa misma certeza de la necesidad de crear un Estado que responda a los más sublimes intereses y necesidades de la mayoría, el Presidente crea la Milicia Bolivariana. Precisamente Engels estudiando sobre la cuestión de EL Estado de la mano de Marx, nos dice “Dos son las instituciones más características de esta máquina del estado (burgués): la burocracia y el ejército permanente.” [3]

Nuestra tarea histórica es entonces, derrumbar el Estado burgués construyendo un poder desde las comunas y los consejos socialistas de trabajadores, ello no significa en ningún caso despojarnos de burocracia y ejército permanente, significa que el Pueblo se constituya en Estado, pero no cualquier Estado, no cualquier forma, el Estado Socialista Comunal, por eso, el Presidente Chávez no habló de Municipalización cuando propuso la nueva geometría del poder, no dijo Municipio o Nada! Dijo Comuna o Nada! Además dijo:”Nicolás, te encomiendo esto como te encomendaría mi vida, la comuna, el estado social de derecho y de justicia… ¿será que yo seguiré clamando en el desierto por cosas como estas? …cuidado, si no nos damos cuenta de esto, estamos liquidados y no solo estamos liquidados, seriamos nosotros los liquidadores de este proyecto.” [4]

Es por ello que comuneros y comuneras hemos venido planteando la necesidad de debatir las contradicciones a lo interno, en tal sentido, expusimos un documento en el Congreso del PSUV [5] donde mencionamos que “La contradicción central para el avance de la construcción de las comunas, es la existencia del Estado Liberal Burgués, tal como lo manifestó el Presidente Obrero Nicolás Maduro en la instalación de Consejo Presidencial de Comunas. Que nazca el estado socialista comunal desde el estado burgués es una contradicción que debemos trascender, primero porque ningún Estado se destruye a sí mismo, se desmonta mediante la lucha de clases, de los trabajadores vistos desde el territorio, espacio que es además una construcción social. Segundo, porque el propio Estado crea todo un andamiaje para perpetuarse, tan perfecto que aun asumiendo los revolucionarios la dirección del mismo, lo reproducen y preservan”.

Aportes sobre los Consejos Presidenciales del Poder Popular

En este orden de ideas, acompañamos con regocijo la propuesta y concreción de nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro con respecto al nuevo sistema de gobierno popular, estructurado con consejos sectoriales y territoriales, hemos visto la Creación del Consejo Presidencial de Comunas, de Mujeres, de Campesinos y Campesinas, de la Juventud y los Estudiantes, de Trabajadores y Trabajadoras, de Indígenas. Aquí nuestro aporte sería el siguiente:

1. Los Consejos deben ser expresión orgánica, amarrada indisolublemente al territorio, la Toparquía, donde la política no es área, más bien, se hace la política desde espacios construidos socialmente con la clase trabajadora, vista desde el territorio (Comuner@s) y desde lo sectorial (trabajadores), que cada vez debe ir acercándose, integrándose, armonizándose. Comunalizar la política, es ejercer la democracia participativa y protagónica en todos los aspectos de la vida. Comunalizar todas las políticas públicas, es reorganizar los programas, los proyectos, las misiones, desde las comunas, donde éstas pasan de ser receptores de una política, a constructores y corresponsables reales, no limitándonos al ejercer la contraloría, sino asumir progresivamente como sujetos centrales, planificadores, ejecutores, contralores del Plan de la Patria. Con la necesarias herramientas formativas y acompañamiento para tal fin.

2. Atender a la idea de la totalidad, no a la parcialidad, el capitalismo nos divide en mil pedazos, por eso nos costó siglos comprender el funcionamiento del mismo, hasta que Marx lo desenmascaró, es importante entonces, que no constituyamos consejos dispersos, corremos el riesgo de crear una réplica del estado burgués. Proponemos consejos por grandes procesos de la vida, que son transversales y por ende son camino que pretende unir, en vez de dispersar. Por ejemplo, la Mujer Campesina y Comunera, sus aspiraciones, necesidades, problemas y propuestas colectivas, las debe plantear-proponer-debatir en el Consejo Presidencial para la Mujer, cuando se trata del asunto productivo en el Consejo de Trabajadores/as o en el Consejo Campesino, pero también en el Consejo Comunero. Es la misma mujer vista en sus diversas dimensiones o procesos de la vida. La vida no se realiza por partes, el mecanicismo nos dice que para estudiar la realidad se deben estudiar las partes para comprender el todo. La dialéctica nos enseña que debemos estudiar la totalidad y transformarla. La ecología profunda aporta, que el todo es más que la suma de las partes. [6]

3. Los consejos deben comenzar a asumir competencias del Estado, con una forma y fondo de carácter revolucionario, ya existe musculo orgánico para ello, pero además partimos de un principio Robinsoniano, la única forma de aprender a gobernar es haciéndolo. Sin que ello suponga la laxitud, debe ser exactamente lo contrario.

Propuesta Consejista

La Propuesta de la Red Nacional de Comuner@s para la organización del Nuevo Estado Socialista Comunal, es estructurar los consejos de manera orgánica, integrados desde el consejo comunal hasta lo nacional, asumiendo los grandes procesos de la vida, sin desconocer que probablemente la propia realidad nos diga que hacen falta otros consejos, ello es lo más rico del proceso popular constituyente permanente. Hasta ahora hemos sintetizado los siguientes consejos:

1. Economía Socialista Comunal (Productiva y de superación del modelo rentista)

2. Organización Política (Nueva Geometría del Poder, estructuración del Estado Socialista Comunal y su forma de gobierno)

3. Formación Popular (Educación para la Liberación, Cultura para romper con la contracultura)

4. Seguridad y Defensa Integral (cada comuna un territorio de paz)

5. Protección Social (vivienda, salud, deportes, recreación, entre otros)

6. Comunicación Popular (como proceso social transversal a lo interno, a lo externo, masiva, militante, como herramienta para contrarrestar el aparato ideológico y abonar al imaginario colectivo del bien común)

7. Juventud (el único que es un sector y no un proceso, porque la generación de relevo es imprescindible)

Todos los consejos están transversalizados por la ecología y por lo cultural, no solamente vista como las manifestaciones “folkóricas” o las expresiones culturales, lo vemos en el amplio y profundo sentido que apunta Samir Amin y que encontramos de la mano de Ludovico “Para nosotros, la cultura es el modo de organización de la utilización de los valores de uso.” [7] Por eso cuando estamos creando una red comunal de producción y distribución de alimentos de acuerdo a las necesidades y no al mercado, donde cada comuna produce mediante las diversas formas y tipos de propiedad, empujando la propiedad social de los medios de producción, asociándonos libremente desde los procesos de siembra y producción primaria hasta la distribución planificada y el consumo, estamos creando cultura, estamos pasando sobre siglos de individualismo y “contracultura”.

De manera pues, que está planteada una transición desde el punto de vista guevarista, transición que arrancó desde que el Comandante Chávez y el pueblo se levantó contra el capitalismo, la transición está andando; en la Red creemos que “El nacimiento de un nuevo estado comienza con el nacimiento de la comuna como estructura orgánica, como un espacio donde las relaciones son diferentes (Socialistas), solidarias y armónicas; y como un territorio que se debe a nuevos valores éticos que nieguen la presencia del Estado burocrático y capitalista.” [8]

Del Modelo Rentista Petrolero al Modelo Socialista Comunal

El nuevo Estado Socialista Comunal y más allá la sociedad comunal, solo es posible en la medida en que construyamos un modo de producción socialista, basada en la asociación de productores libres, en la propiedad social de los medios de producción, en el predominio de los valores de uso y en armonía con la pachamama, en el ejercicio de la verdadera democracia, caracterizada por ser en buena medida, una democracia directa, en la complementariedad y apoyo mutuo, en la igualdad de género, en fin en la vida plena. Es imprescindible entonces, desmontar el modelo rentista petrolero y su contracultura que nos atraviesa a todos.

De tal manera que, necesitamos superar el modelo rentista que se sostiene en la extracción de Petróleo y su exportación, asumiendo el “orden” del sistema mundial donde a Nuestra América y buena parte de los países del sur del planeta se les asigna el rol de proveedores de materia prima, sometiéndose a relaciones de subordinación con las más afinadas formas de saqueo de los recursos naturales, desde la colonia. Al respecto el profesor Edgardo Lander, dice lo siguiente:>”Lo más notorio de esta re-primarización de las economías latinoamericanas y de su inserción subordinada en la lógica global de acumulación por desposesión es el hecho de que esas tendencias operan por igual independientemente de la orientación política de sus gobiernos, desde los más de izquierda hasta los más neoliberales.” [9]

Entonces, además de asumir una posición subalterna en la (i) lógica económica, debemos reconocer que en Venezuela vivimos de la explotación de otros pueblos, captando a través de la renta la plusvalía de trabajadores de otras latitudes. Esos recursos captados son redistribuidos por el Estado hacia la sociedad, anteriormente los dirigía en su mayoría a la burguesía, la revolución en cambio, ha generado mayor inversión social destinada a garantizar la mayor suma de felicidad posible, sin embargo, esas reivindicaciones sociales son producto de la renta petrolera, no producto de la riqueza que generan los trabajadores y trabajadoras. De esta manera, la burguesía venezolana tiene una característica adicionalmente nefasta Parásita, no produce nada, vive de la importación y la especulación.

Ahora bien, es imprescindible crear un nuevo modo de producción y reproducción de la vida, entendiendo que el modelo capitalista de carácter rentista no solo comprende lo económico, es también una contracultura, la relaciones sociales responden en gran medida a la forma como se organiza la sociedad para producir, recordemos a Marx:”… en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.” [10]

Según Marx, el ser humano en su relación con otros humanos y en su relación con la naturaleza, es el único ser vivo que se transforma a sí mismo, en la medida en que transforma la naturaleza para vivir, en el proceso social del trabajo, por lo tanto, el lugar y la función que ocupa en la economía son elementos fundamentales que forman su conciencia social. De allí que una economía rentista genera una “contracultura”.

Como resulta evidente de la experiencia venezolana, el extractivismo rentista no sólo produce petróleo: conforma un modelo de organización de la sociedad, un tipo de Estado, un régimen político, unos patrones culturales y unos imaginarios colectivos. Estos no pueden ser simplemente revertidos cuando en una etapa posterior de los procesos de cambio se decida que se ha llegado a las condiciones económicas que permitirían abandonar el extractivismo.” [13]

Nos toca a nosotros como pueblo insurgente contra el capitalismo, crear un modo de producción basado en el bien común, sí bien aprendimos de Marx, utilizando el método dialéctico, que la Mercancía es el elemento más concreto que permite comprender el funcionamiento del capitalismo, por la cual se establece el valor de cambio por encima y divorciado del valor de uso, por tanto, la mercancía es la forma fundamental de la riqueza de la sociedad. El modo de producción socialista, en cambio, debe basarse fundamentalmente en los valores de uso, la riqueza de la sociedad socialista no será fundamentada ni medida por la cantidad de dinero, ni la cantidad de mercancía para vender y para comprar, será la satisfacción de las necesidades humanas, tanto materiales y espirituales, las relaciones sociales centradas en el bien común, armonizadas con la pachamama, revitalizadas desde la idea de una sociedad justa y amante de la paz, la sociedad comunal.

“…Tratar de reconstruir la sociedad sobre una base tal que la pobreza resulte imposible”. Oscar Wilde.

Por ello, la importancia de crear procesos sociales de producción, distribución, intercambio y consumo de bienes y servicios basados en las necesidades, en lo útil de aquello que se produce, con predominio de la propiedad social de los medios de producción, donde los productores se asocian libremente para superar la situación existente, para darle el sentido a la vida por lo que somos y no por lo que tenemos, en una sociedad de cooperación y no de competencia, de complementariedad y no de predominio de unos sobre otros, de satisfacción de necesidades y no de imposiciones del mercado, de desarrollo pleno de las potencialidades de los humanos, libre de explotación, de máxima felicidad posible.
En este sentido, nosotros y nosotras, comuneros y comuneras, campesinos y campesinas, nos planteamos una red gran comunal que asume el poder de planificar, de ejecutar y de controlar, los diversos procesos productivos que aun incipientemente estamos realizando, con la conciencia de clase, asumiendo que cada comuner@ es un trabajador y que cada trabajador debe ser un comuner@. Asumiendo también que un campesin@ organizado es un comuner@, en esa idea hermosa que también nos legó Marx y Engels en el Manifiesto Comunista: “Trabajadores del Mundo Uníos”.

Dos elementos de la Situación Política Actual

Asumiendo la crítica a la utilización del Estado Burgués para pretender construir socialismo y la necesidad de desmontar la economía de carácter capitalista dependiente y rentista-petrolera es necesario apuntar dos elementos de la coyuntura:

1) Vemos con agrado la creación de la Red Nacional de Concejales Socialistas Eliezer Otaiza, organización que reconocemos pertinente y estimamos aliada para empujar la Toparquía, la comunalización, propuesta que difiere de consolidar la Municipalización, sin embargo, consideramos una enorme contradicción que se proponga promover los Cabildos Infantiles y Juveniles, entendiendo que es una estructura colonial que asume lo individual y reproduce la democracia representativa, sería realmente revolucionario que la recién creada Red tomara la iniciativa de articular con las comunas la gran asamblea del municipio para construir las normas en colectivo, reconociendo a los Parlamentos Comunales como instancias autogobierno que legisla en su territorio y avanzar en el desmoronamiento de esos cabildos y esos concejos municipales coloniales donde unos pocos deciden sobre la vida de los ciudadanos, cuando “abajo, abajo cerca de las raíces”, está ocurriendo una hermosa revolución.

2) En este mismo orden de ideas, quiero referirme al anuncio que realizó el Presidente Maduro, en cuanto a la posible creación del Ministerio de Agricultura Comunal y dijo “Abro el debate”. Para nosotros, no es creando instancias burocráticas desde donde se podrán resolver los asuntos públicos, no es creando ministerios como creemos se solucionen los problemas que tenemos como sociedad, como revolución, ya vimos lo que ocurrió con el Ministerio de Comunas, que era una institución llamada a constituirse en un ministerio de nuevo tipo, finalmente se convirtió en un ministerio igualito, con la misma estructura, burocracia, con la misma metodología, con los benditos planes operativos donde caben cifras pero no caben las diversas formas de organización de los valores de uso que están floreando. El camino para abordar los asuntos públicos, la satisfacción de necesidades y aspiraciones, está en la organicidad, en la creación de un consejo de economía socialista comunal que dispute la hegemonía y que sea fuente creadora de poder real.

Propuesta: Consejo de Economía Socialista Comunal

Para nosotros y nosotras, los consejos que se organizan en base a procesos medulares, estructurados desde el consejo comunal, la comuna, luego los consejos comuneros regionales, luego el consejo comunero nacional, con fondos y mecanismos propios de contraloría social, con el surgimiento de relaciones sociales de carácter solidarias, cooperativas, complementarias y de ayuda mutua, que además se articule directamente con el Presidente, bajo una lógica de gobierno popular y no de apéndice del Estado existente, permitirá la concreción de buena parte del Plan de la Patria. Ya expusimos anteriormente los siete consejos que planteamos para comenzar a organizar el Estado Socialista Comunal y que apunta a la organización política del Sistema de Gobierno Popular, creado por nuestro Camarada Presidente Nicolás Maduro.
Sin embargo, considerando la estructuración que ya existe de los consejos presidenciales, que para nosotros son espacios de co-gobierno, sé es gobierno cuando tenemos el poder de planificar, decidir, ejecutar, controlar, inclusive de algo menos complejo como autoconvocarnos. Entendemos y acompañamos, la constitución de los Consejos Presidenciales del Poder Popular, creemos que es una política correcta y además es un paso histórico de no retorno, por lo tanto, proponemos, crear el Consejo de Economía Socialista Comunal, en vez de crear un Ministerio de Agricultura Comunal. Este consejo, estaría articulado desde cada comunidad hasta lo nacional, en un proceso de planificación centralizado desconcentrado, con la dirección de los comuneros y comuneras bajo el espíritu Consejista, donde además se maneje un fondo libre de burocracia, donde participe de acompañante un equipo designado por el Presidente de la República. Este consejo debe manejar un sistema de información y gestión, lo que facilita todos los procesos y ayuda al monitoreo de la planificación, ejecución y control.
El Consejo de Economía Socialista Comunal, abordaría los procesos económicos que actualmente se abordan desde varios Ministerios y decenas de institutos de manera dispersa, con distintas políticas que frecuentemente chocan, desde la producción primaria hasta llegar al consumo, además incorporaríamos los elementos de tipo espiritual, cultural, ciencia, tecnología, es decir la integración de los procesos productivos en sus múltiples dimensiones y sectores.

Urgencia de Asumir la Agricultura como Cultura

Centrándonos en el tema agrícola, es central superar la contradicción capital- trabajo, como indispensable es superar la contradicción ciudad-campo, la tendencia del propio capitalismo a la “desruralización del mundo”[14], la existencia de una política unánime de la clase dominante mundial en exterminar a los campesinos y campesinas, la instauración de grandes empresas trasnacionales dueñas de tierras y otros medios de producción para someter al resto del mundo, controlando los alimentos.
Nuestro país no escapa de este fenómeno, un dato que nos alerta sobre la necesidad de apurar el paso, lo encontramos en el último censo de población realizado por el INE, solo el 11 % de la población es rural, como es bien sabido, no toda la población llamada rural se dedica a trabajar la tierra, de acuerdo al registro de la Misión AgroVenezuela se registraron aproximadamente 750.000 agrovenezolanos. En tal sentido, no disponiendo de datos exactos, estimamos que alrededor del 5% de la población de Venezuela es campesina o se dedica a la producción agrícola, la situación es muy grave, preguntémonos sí es posible que el 5% alimente al 95 %.
En este caso, la cantidad se contrapone con la fuerza de resistencia, de defensa y práctica de la cultura originaria en cuanto a la ética del bien común de las relaciones humanas que en nuestro campo aún se muestran, por eso, en las zonas rurales de Venezuela fue donde florearon primero las comunas, fue donde se vislumbró la posibilidad real de organizarnos para construir la utopía, que luego prendió en las ciudades, pero que fue un proceso del interior hacia el centro, como espiral a la inversa que tampoco permite identificar ese centro, viene desde las regiones, desde los bordes, llega y retorna en un movimiento permanente. Esa fuerza popular que hemos creado con la inmensa fuerza espiritual y moral que es Chávez, fundida con la razón histórica del pueblo, de los pueblos, nos dan la certeza de poder concretar la Utopía por la que muchos y muchas han entregado el alma y han trascendido los tiempos y los espacios.
Un día como hoy nació el genio, camarada Carlitos Marx, va para él un feliz Cumpleaños y esta certeza de que la única vía es la Comuna.

¡Comuna o Nada!
Militante Red Nacional de Comuner@s
ateneajl@gmail.com

[1] Anteproyecto para la 1era Reforma Constitucional Propuesta del Presidente Hugo Chávez, Agosto 2007.

[2] Del Libro Toparquía Comunera, Concreción de la Utopía. Red Nacional de Comuner@s,  Junio 2014.

[3] Extraído del libro El Estado y la Revolución. Lenin.

[4] Golpe de Timón. 20 de Octubre 2012.   

[5] La Comuna, el camino que nos dejó Chávez para la construcción del socialismo. Documento para el debate en el III Congreso del PSUV (Documento con aportes de la Red Nacional de Comuneros y Comuneras y la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora). Julio 2014.

[6] Fritjof Capra, principal teórico del nuevo paradigma de la ecología profunda sostiene que todo en el universo está interconectado y que por tanto es una red de relaciones que solo puede ser estudiado como un todo, así como el sistema social es fundamentalmente un sistema de relaciones sociales, apoyado en la física cuántica, supera la visión mecanicista del mundo.

[7] Teoria de ldeología. Contracultura. Ludovico Silva. 2007

[8] Del Libro La Toparquía Comunera, P.23.

[9] En la Presentación del Libro de Emiliano Terán Mantovani, El Fantasma de la Gran Venezuela, 2014. p.13.

[10] Carlos Marx  en Critica al Programa de Gotha

[11] Ludovico Silva sostiene que el capitalismo, como tal, por ser un sistema basado en valores de cambio no tiene propiamente una cultura, sino una contracultura, lo único que se puede llamar cultura capitalista es la ideología, utilizada en la acepción usada por Marx, como falsa conciencia.

[12] Golpe de Timón. Consejo de Ministros, Octubre 2012.

[13] Idem

[14] Término de Inmanuel Wallerstein, citado por Emiliano  Terán Mantovani en el Libro El Fantasma de la Gran Venezuela. p. 33.

Apuntes para una buena farsa trotskista

– Publicado en el Correo del Orinoco el 01 de diciembre de 2014 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Siguiendo la más pura lógica del dogma menchevique que obliga a aparentar el mayor compromiso revolucionario que jamás haya conocido la humanidad a través de los siglos, procure iniciar desde el principio mismo de su proyecto con la idea de ampulosidad ideológica con la que debe usted revestirlo, usando siempre, desde el nombre mismo que le asigne a su plan, una terminología rebuscada, lo más críptica posible, que transmita la impresión de emanar de lo más interno de las lajas del grisáceo mármol que sirven de asiento al busto de Marx en el Cementerio Highgate, de Londres, en las que se lee el escueto pero significativo epitafio “Obreros del mundo, uníos”, aún cuando eso de la “unidad” no le parezca a usted en modo alguno relevante.

Aclare, eso sí, cuanto antes, lo disparatado que a usted le resultan esas diletancias de las que hablaron Simón Rodríguez, Bolívar, Lenin, Mao, o Chávez, sobre inventar “lo nuevo” repensando el pasado. Argumente que lo correcto es la consagración a los dogmas que usted mejor domine, sin inclusión de ningún otro por muy avanzado que sea. Solo con eso toda la dirigencia revolucionaria que usted adversa quedará ante los ojos del mundo como la más vulgar y traidora reformista.

Hable de “autocrítica” aunque usted no forme parte en modo alguno de la estructura que critica. Haga saber que usted tiene derecho a criticar a la organización por puro designio Divino. Sea cauteloso. Tenga mucho cuidado del terreno que pisa por ejemplo cuando “autocritique” los acuerdos con los grandes aliados de la revolución, como Rusia y China, porque para cualquiera va a ser muy fácil deducir que en el fondo usted lo que promueve es el fortalecimiento de las posibilidades del imperio norteamericano en la economía nacional. Pero insista en que usted “autocritica”” esas relaciones comerciales porque es usted un gran revolucionario. Sobre todo porque cada vez será más difícil encontrar diferencia alguna entre lo que usted dice y lo que dice gente como María Corina (solo que ella siempre agregará a Cuba en su discurso). En todo caso, busque siempre el aislamiento internacional de la revolución aun cuando eso sea exactamente lo que ha procurado la oligarquía sin lograrlo desde hace más de tres lustros.

Apóyese en construcciones deslumbrantes que connoten luminosidad teórica e infundan a la vez temor a lo supremo, como “¡Fuerza en la Gloria y Tenacidad en la Batalla!”, y cosas por el estilo.

Es decir, deberá procurar hacer ver que solo usted, y más nadie, domina a plenitud el complejo ejercicio de la elaboración ideológica. En eso la retórica recargada de citas grandilocuentes (descontextualizadas o no, ese no es el problema) le ayudarán más que ninguna otra cosa. Cite con la mayor frecuencia posible a autores y teóricos del mayor renombre, pero desglosando sus ideas con tal soltura y naturalidad que parezca en cada caso que esos grandes pensadores quisieron en todo momento corroborarlo a usted cuando desarrollaban sus ideas y jamás a la inversa. El militante revolucionario de hoy en día deberá asumir de una u otra manera, ya sea consciente o inconscientemente, que Marx escribió teniendo en mente que quizás algún día llegaría usted a darle un uso verdaderamente lúcido, como nadie más lo haya logrado antes de usted, a su pensamiento revolucionario.

De alcanzar usted ese primer objetivo, el militante revolucionario debería comprender sin ninguna dificultad que todo cuanto de calamitoso experimente en su vida producto de los embates violentos a los que la burguesía apele en contra del proceso de transformaciones que esa burocracia revolucionaria que usted adversa haya logrado adelantar por encima de las grandes dificultades y obstáculos que el sistema capitalista le coloque en su camino, es el resultado de la tozudez del gobierno en su empeño de no hacer el más mínimo caso a lo que usted considera que debe hacerse en el país para alcanzar el bienestar social. No se detenga en sentimentalismos baratos con el hecho de que, a diferencia de usted (que jamás logró concitar el respaldo popular ni la sublevación de componente militar alguno) esa revolución sí haya alcanzado objetivos importantes en inclusión social y en logro de bienestar para el pueblo. No se desvíe.

Ármese de un buen stock de argumentaciones teóricas en las áreas en las que logre usted obtener algún aporte de algún copartidario suyo que sepa de eso (aunque este se mantenga a la sombra tras bambalinas) y que eventualmente haya tenido que ver aunque sea tangencialmente con las políticas implementadas por el gobierno, y dele con ellas soporte a la fraseología ideológica. Expóngala en cada caso como producto de un supuestamente largo e intensivo trabajo de consultas con las comunidades, en el barrio, en las fábricas o en las universidades, a fin de anular de antemano cualquier respuesta oficial que las ponga medianamente en riesgo y corra entonces usted el peligro de quedarse repentinamente sin argumentaciones teórico/políticas.

Si su copartidario le dice, por ejemplo, que debe usted hablar de macroeconomía (por muy enrevesado que eso sea para usted) y que deje de denunciar la intolerancia y la imposibilidad de la autocrítica que usted tan ingeniosamente ha tenido como centro de su discurso, y lo pone a mostrar algunos gráficos sobre el comportamiento histórico, digamos, del flujo de divisas hacia el exterior, no se le ocurra bajo ninguna circunstancia preguntarle si por alguna casualidad pudiera él estar comprometido en modo alguno como responsable de esa fuga de divisas durante más de diez años, o algo así. Se vería feo y hasta ofensivo, dependiendo de cuán bonachón sea o no su copartidario.

Búsquese otros de similar estirpe que hayan ostentado uno que otro carguito por ahí, que le sirvan para escribir mucho sobre la naturaleza humana del líder máximo. Alguien que haga ver que ese líder no era tan grandioso. Más bien que era muy terrenal… hasta muy ordinario, si le es posible. Póngalo a hablar de cosas chocantes e irrespetuosas hacia ese líder, como por ejemplo la forma en que éste orinaba. Desmitifique al líder y los demás caerán por su propio peso. De hecho, eso fue lo que mejor hizo Trotsky en la Rusia estalinista. Y mire usted lo bien que le salió, que el imperio mismo no ha dejado nunca de agradecérselo.

Eso sí, sea muy precavido. Oculte al máximo el verdadero objetivo de su plan hasta en las eventualidades más difíciles y frente a quien sea, no vaya a ser que termine haciéndole ver al pueblo que el verdadero trotskista, más que usted, es alguna notable figura de la derecha, como Capriles por ejemplo, que también ha dicho durante años y a través de intensas campañas a lo largo y ancho de todo el territorio nacional (y con la más cuantiosa inversión propagandística que se recuerde, además de todo el respaldo del Departamento de Estado que le ha sido brindado) exactamente lo mismo que usted sostiene en cuanto a que la revolución sí sirve, pero que quienes no sirven son sus líderes. Que las Misiones son una conquista del pueblo que lo que necesitan es optimizar su eficiencia sacando de ellas a los corruptos y a los ineficientes. Si usted usa ese mismo discurso (dejando estratégicamente por fuera a los infiltrados, a los especuladores y al imperio) lo más seguro es que Capriles le gane y pierda usted todo su esfuerzo. Quizás eso no le disguste mucho a usted porque a la larga eso vendría a constituir la concreción en la realidad de todo cuanto advirtió en su “autocrítica” acerca del despeñadero sobre el cual alertaba, sin importar cuánto haya contribuido usted a que ese descalabro se hiciera realidad ni con cuánta aviesa intencionalidad lo hizo, pero seguramente le hará pasar un mal rato el sentir que estuvo usted trabajando pa’ lapa sin ser cachicamo.

No deje de tener en cuenta siempre que usted es un verdadero Caballo de Troya; que su objetivo es solo impedir la concreción del proyecto de los “burócratas pequeño-burgueses” que no le permitieron a usted erigirse en conductor supremo del proceso cuando usted vio que con la muerte del líder máximo había un claro chance para la rebatiña. Aférrese a los ejemplos de muchos pero fundamentalmente al de Betancourt, que supo librar como nadie esa misma batalla por la cual hoy entregaría usted hasta su vida, de frenar el ascenso de un modelo revolucionario orientado al logro de la justicia y la igualdad social. Tenga por seguro que nadie lo notará.

Eso sí; no olvide jamás que en lo único en lo que falló Trotsky fue en dejarse ver mucho el bojote. Persevere, resista, aguante, pero mienta. Que usted no necesitará nunca ser absuelto por la historia. Llegado el momento ya estará usted muy por encima de todo eso.

@Soyaranguibel

El invariable empeño divisionista del trotskismo

– Publicado en el Correo del Orinoco el 17 de noviembre de 2014 –

Por: Alberto Aranguibel B.

El clamor más angustiado del Comandante Chávez en su dolorosa despedida del 8 de diciembre de 2012 ante el país, no fue solamente la solicitud de respaldo del pueblo a Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales que tendrían que hacerse para cumplir con lo establecido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en caso de presentarse una “circunstancia sobrevenida” que lo inhabilitara. Esa fue quizás la más inesperada e impactante. La más vehemente súplica de aquella dura proclama fue el llamado a la unidad, por encima de todas las cosas.

Siendo, como hoy se le reconoce más que nunca, el más grande genio político de toda nuestra historia republicana, Chávez sabía que el trabajo más arduo era el de la consolidación perdurable de la unidad del pueblo en torno a una propuesta tan compleja y tan amenazada como la del socialismo, más aun cuando las fuerzas más retardatarias de la sociedad que adversan al chavismo cuentan con tantos recursos y respaldo imperialista como nunca antes en toda la historia. En el logro de esa unidad inquebrantable del pueblo, que impidió durante todo su mandato la arremetida invasora de las grandes potencias, estuvo determinado su liderazgo. Y él lo sabía.

El alerta contenido en la frase “No faltarán los que traten de aprovechar coyunturas difíciles para mantener ese empeño de la reinstauración del capitalismo, del neoliberalismo, para acabar con la Patria”, era más una premonición que una conseja. Su deslumbrante dominio de la historia y su destreza como político excepcional le permitían avizorar con claridad no sólo los riesgos sino las amenazas que se cernirían sobre el proceso bolivariano de no contar con su conducción.

La constante divisionista de la izquierda desde sus orígenes, era también con toda seguridad una preocupación que le mortificaba.

Desde mucho antes de aparecer Leon Trotsky en la escena política rusa a principios del siglo XX, las divisiones en la izquierda con base en la prepotencia y la arrogancia de intelectuales erigidos de la noche a la mañana en ideólogos revolucionarios imprescindibles fueron el fenómeno más recurrente en los grandes momentos de construcción del modelo socialista de justicia e igualdad social que desde siempre reclamaron los pueblos. Desde 1864, año de la instalación de la Ira Internacional, hasta después de la 2da Guerra mundial, las divisiones promovidas por radicales que cuestionaban indistintamente las concepciones del socialismo formuladas por Lenín, Engels o hasta por el mismísimo Carlos Marx, fueron una constante en el quehacer de la izquierda en el mundo. Pero sin lugar a dudas que a Trotsky y al trotskismo se deben las más resonantes, inútiles e irresponsables de todas cuantas ha habido a lo largo de más de un siglo de lucha revolucionaria.

A través del tiempo, los trotskistas han querido presentar una versión de la historia completamente tergiversada y amoldada a sus muy particulares intereses fraccionalistas, que nada tiene que ver con la realidad de los hechos que marcaron el devenir de la propuesta socialista. Hoy puede sostenerse con entera propiedad que el trotskismo, como propuesta revolucionaria, ha sido siempre y es hoy una completa farsa histórica.

Trotsky nunca fue revolucionario. Las dos corrientes fundamentales que promovían la transformación de Rusia a principios del siglo XX fueron los mencheviques, entre los que se encontraba Trotsky, tendencia pequeño-burguesa con una visión reformista de la transformación de la realidad, y los bolcheviques, la tendencia revolucionaria autóctona liderada por Lenin.

Los mencheviques se opusieron desde siempre a la manera revolucionaria en que los bolcheviques hacían política. Ya en 1904, en su texto “Nuestras tareas políticas” Trotsky acusaba a Lenin de “dictador”, “autócrata” y “revolucionario burgués”, dejando ver que sus manidas diferencias contra Stalin no se debían al supuesto “despotismo” con el que éste (según Trotsky) ejercía la política, ni a la supuesta traición de las raíces de la revolución por parte del líder bolchevique, sino que su conflicto era esencialmente contra la propuesta socialista, incluso desde mucho antes del inicio de la revolución bolchevique y, por supuesto, antes de fallecer Lenin. De hecho, esa infamante guerra de Trotsky contra Stalin es uno de los mayores aportes a la cultura anticomunista promovida desde entonces hasta hoy por el imperio norteamericano.

La razón por la que Trotsky se incorpora formalmente a las filas de la Revolución Bolchevique tiene su explicación en la necesidad política del alzamiento de 1917 gracias a la genialidad estratégica de Lenin. En vísperas de aquella rebelión popular contra el zarismo, Lenin entendía la importancia de la unidad de todas las fuerzas, ya fuesen revolucionarias, reformistas o progresistas, para asestar el último golpe al poder zarista en Rusia, pero sin perder de vista jamás el carácter contrarrevolucionario del pensamiento y el accionar de Trotsky. En las conocidas cartas que escribió el líder bolchevique antes de morir, Lenin sostenía la incapacidad de Trotsky para dirigir al partido comunista por su esencia “pequeño-burguesa”.

En los años que siguieron a la muerte de Lenin se llevaron a cabo intensos debates en el seno del Partido Comunista Bolchevique, en donde personajes como Trotsky expresaron de manera abierta sus ideas políticas. No existe ni una sola prueba histórica de que Trotsky fuese “botado arbitrariamente” del partido. Pero sí sobran las pruebas de que ni su propuesta ni él como líder jamás pudieron lograr el respaldo de las mayorías.

Como elemento clave en la farsa histórica que representa el trotskismo, se encuentra el hecho de que Trotsky catalogaba a la dirigencia revolucionaria de entonces como “traidores” al legado de Lenin y como “enemigos” del pueblo, pero cuando personajes como Bujarin y Zinoviev decidieron distanciarse de la propuesta socialista y se declararon enemigos del poder revolucionario establecido, estos fueron recibidos por Trotksy como grandes héroes, conformando con ellos la autodenominada “Oposición de izquierda”.

Desde el seno del partido, militantes y dirigentes combatieron a esa “Oposición de izquierda” con mucha fuerza, no por razones de intolerancia sino por razones políticas: al triunfo de la Revolución Lenin estableció firmemente la necesidad de que no existieran fracciones ni tendencias a lo interno del partido, idea que se plasmó en los estatutos del partido comunista.

La respuesta del trotskismo ante su incapacidad para ganarse al pueblo bolchevique fue entonces la de asumir el camino de la violencia fascista emprendiendo una serie de acciones de sabotajes en las empresas más importantes del Estado Soviético. Como demuestra claramente el autor Ludo Martens en su conocido texto “Otra mirada sobre Stalin”, los inspectores de fábricas conseguían arena, piedras y artefactos ajenos al proceso de producción a lo interno de la maquinaria laboral, colocadas ahí intencionalmente por agentes del trotskismo infiltrados en el movimiento obrero, para deteriorar los equipos y obstruir las labores en dichos espacios.

Sabotaje que alcanzaba dimensiones internacionales con propuestas innegablemente contrarrevolucionarias como las que expresa un manifiesto de la IV Internacional convocada por Trotsky en 1940, en el que se asumía la defensa de Rusia frente a la amenaza nazi de invadir el territorio ruso, pero se combatía a la vez a la “oligarquía de Moscú”, es decir al Partido Bolchevique. En el momento en que la Alemania nazi se proponía invadir a la URSS y masacrar al pueblo ruso, Trotsky proponía luchar contra su gobierno y debilitarlo. Ya entonces se conocían evidencias que demostraban la existencia de una alianza directa entre el nazismo y el trotskismo (el hijo de Trotsky, León Zedov, vivía en Alemania durante el nazismo), amén de las absurdas y torpes propuestas de clara orientación fascista que promovía la fraternización con los ejércitos invasores nazis por considerarles “trabajadores en uniforme”.

Esas y muchas otras razones llevaron a los principales dirigentes revolucionarios del siglo XX, Stalin, Mao Tsetung, Ho Chi Min, entre otros, a rechazar expresamente al trotskismo como corriente pequeño-burguesa, infiltrada siempre a lo interno de las revoluciones socialistas para dividirlas y acabarlas. Por ese afán divisionista, en Latinoamérica, particularmente en Argentina, Brasil, México y Uruguay, el trotskismo ha sido la causa más frecuente del fracaso de las luchas populares.

Pero el trotskismo y su afán divisionista sobrevive y es hoy una amenaza más junto a todas las que penden sobre la Revolución Bolivariana. Desmontar su trampa de la “autocrítica”, que solo persigue desprestigiar el liderazgo revolucionario (acusándolo, como hace 100 años, de “burócratas”, “autócratas” y “revolucionarios burgueses”) para desmovilizar a la militancia y abrirle así el paso al fascismo que pretende poner de nuevo sus garras sobre nuestra Patria, es una obligación impostergable de los hijos de Chávez.

@SoyAranguibel