¿Por qué la oposición necesita asesinar venezolanos?

Por: Alberto Aranguibel B.

Luego de largos años de desaciertos y reveses persistentes, la oposición venezolana logró determinar dónde exactamente estuvo la falla de Leopoldo López con su fracasada propuesta de “La salida”.

Una particularidad sorprendente de la forma de pensar de la oposición venezolana, es la recurrencia en llegar tarde a conclusiones sensatas a las que el chavismo arriba con total rapidez. Su empeño en oponerse a cualquier cosa que surja del chavismo es directamente proporcional a la vehemencia con la que, luego de transcurridos meses y años, defienden aquello por lo cual se oponían antes ardorosamente.

Así defendieron, después de oponérseles con la mayor furia, las máquinas captahuellas que se utilizan en el sistema electoral venezolano. Mucho antes, corriendo el año 2003, se habían rasgado las vestiduras en contra de la extensión del lapso para la inscripción de los nuevos votantes en el Registro Electoral Permanente (REP), aduciendo que era una treta del gobierno para inscribir colombianos que votaran por la revolución. Años después, la lucha opositora era por exactamente lo contrario, cuando exigía al Consejo Nacional Electoral que extendiera el periodo de inscripción de nuevos votantes, porque según ella, era inconstitucional impedir el registro.

Pero lo más emblemático de esa irracionalidad opositora es su contradictoria posición frente a los símbolos de la Patria. Despreciar como lo han hecho desde siempre a los Próceres de la Independencia, a quienes han acusado recurrentemente de bandoleros, asesinos y violadores, para presentarse ahora como “libertadores” (trajeados con el uniforme de Simón Bolívar, tomándose fotos en los monolitos que les rinden culto a nuestros héroes, etc.) es en verdad trágico. Ni que hablar del desquiciado corre y corre entre las siete y las ocho estrellas de la bandera nacional.

Igual a la impudicia de votar durante 17 años contra la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, para ahora pretender presentarse como ardorosos defensores de ese texto al que han repudiado en todas las formas posibles.

No habían transcurrido ni cinco días desde el inicio de las acciones terroristas del plan “La salida” activado por Leopoldo López en 2014, cuando ya casi todo el país (más del 85%, según todos los estudios de opinión realizados entonces) coincidían en la desaprobación del método de las “guarimbas” como fórmula de protesta política. De un lado, el pueblo porque consideraba que eran una violación al libre tránsito de las personas y a la vida misma. Y por el otro los opositores, porque se percataron de inmediato que las barricadas ideadas por el líder terrorista no eran sino una agresión contra los mismos opositores que viven en las urbanizaciones de las clases pudientes del país.

El chavismo se cansó de decírselos, pero no lo creyeron.

Descubrieron, años después del fracaso de Leopoldo, que si no había gente del barrio para apoyar el intento golpista de la derecha contra el gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro, el gobierno no iba a caer. Que ni cacerolas ni guarimbas tumban gobiernos.

Fue ahí donde la derecha decidió emprender su plan de infiltración de algunas barriadas populosas del país mediante la importación de contingentes de paramilitarismo colombiano que pasaran a Venezuela bajo la fachada de desplazados, para así activar en la debida oportunidad la fase de “guarimbas populares” que pensaron iban a resolver las torpezas cometidas con “La salida”.

Pero la guarimba popular no cristalizó tampoco en 2017 y la derecha se ha visto en la necesidad de escalar a otro nivel en su guerra contra la Revolución Bolivariana. Los operadores políticos de la derecha (diputados de Primero Justicia y Voluntad Popular principalmente) decidieron convertirse en vulgares contratistas de malandros a sueldo para aparentar una revuelta popular mediante la violencia que compran o que intercambian por anfetaminas en los mismos municipios en los que gobierna la oposición, usando siempre los mismos 30 o 40 malandros que ella traslada de un municipio a otro como en una siniestra caravana de la muerte.

No han logrado imprimirle a su violencia el carácter de guerra civil que pretenden.

De ahí la necesidad imperiosa de incendiar toda oficina de organismos del Estado y de atacar con saña a todo aquel que medio les parezca chavista. Había que apelar al terror, ya no para movilizar a la gente, sino para impedir que ésta expresara su rechazo a esa demencial forma de protesta política y provocar así el silencio del pueblo mediante el terror.

Para el capitalismo, carente de una propuesta ideológica atractiva para los sectores mayoritarios de la población, excluidos y lanzados al hambre y la miseria precisamente por la dinámica depredadora que rige al sistema, la necesidad de la desmovilización popular es la tarea más apremiante e impostergable.

Michael Dobbs, quizás el más claro exponente del pensamiento ultraconservador de la actualidad, quien fuera Secretario General del Partido Conservador en Inglaterra a finales de los años ochenta y mano derecha fundamental de Margaret Thatcher, la creadora de la tesis del “Capitalismo Popular” que en Venezuela retoma, entre otros líderes de la derecha golpista, la inefable María Corina Machado, y de la cual deriva la lógica del “bachaqueo” como fórmula de enriquecimiento individual con la que se ilusiona a los  pobres, expresa mejor que nadie en el mundo esa ideología del terror como instrumento político.

“Ese es el secreto de los grandes hombres –dice Dobbs- Cuando un hombre tiene miedo de que lo aplastes, de que los destruyas por completo, su respeto siempre vendrá detrás. El temor más elemental siempre es embriagador, abrumador, liberador. Siempre es más intenso que el respeto. Siempre”.

Para la derecha la muerte no es solo un elemento estadístico necesario al servicio de la presión internacional contra nuestro país. Desatar el terror es para ella una forma expedita de lograr que la sociedad se sienta presa del pánico para hacerla ceder ante cualquier solicitud o deseo del terrorismo.

Por eso, frente a un pueblo que rechaza masivamente el modelo político de la barricada, que ha aprendido a organizarse para desmontarlas e impedirlas incluso en las zonas tradicionalmente más violentas, y que se niega a acompañar a quienes están cada vez más evidenciados como autores de la destrucción y la muerte, la derecha no ve otra alternativa que procurar que la barricada infunda por sí misma el temor que no puede infundir la gente con la que no cuenta. Si contara con gente que creyera de verdad en su proyecto fascista, sería esa gente la que estaría poniendo el pecho en la acción vandálica que le urge a la dirigencia opositora para crear la impresión de país al borde del abismo.

Pero no cuenta con ella.

Su objetivo entonces es crear la percepción de que quien intente desbaratar esas barricadas solitarias que proliferan hoy en los municipios gobernados por la derecha pudiera ser asesinado, para que a nadie se le ocurra ni siquiera acercárseles. En la falsa democracia fascista, esas barricadas solitarias sustituyen a la gente.

El pavor a la muerte en cualquier esquina producto de un disparo del francotirador dispuesto para tal fin por esa diabólica dirigencia, es la más cruda y brutal evidencia de las formas perversas en que operan quienes se saben sin respaldo popular en su demencial y antojadiza búsqueda del poder.

Así la comunidad afectada por ese infame método de presión social descubre progresivamente que aquellos a los que la derecha les decía que tenían que odiar, como los abnegados efectivos de la Guardia y la Policía Nacional Bolivarianas, son los verdaderos salvadores de quienes a partir de un determinado momento de sensatez y de cordura se ven en la obligación extrema de implorarles su auxilio y protección, después de semanas y meses de desprecio y de difamación sistemática contra ellos.

Una vez más los opositores llegan tarde a una verdad que no quisieron ver nunca en su momento.

Ellos, los militantes de la oposición que hoy se percatan de la ineptitud y la incompetencia de su propio liderazgo, son los primeros que debieran celebrar esa maravillosa posibilidad de Paz a la que invita el presidente Nicolás Maduro con su llamado a Asamblea Nacional Constituyente, y a la que ha convocado a todas y todos los venezolanos sin excepción ni distingos de parcialidad política alguna.

Se trata de una oportunidad única para corregir el desfase trágico que ha marcado la vida de esas venezolanas y esos venezolanos que a la larga terminan convenciéndose siempre de que la Revolución también es para beneficiarlos a ellos, y que también tienen derecho a una vida sin el tormento del terror en el que su dirigencia los ha sumido de la manera más cruel, injusta e inmisericorde.

@SoyAranguibel

Abril descubrió a los infames

– Publicado en Últimas Noticias el 11 de abril de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Nadie en el mundo (salvo en su casa) sabía quién era el periodista Otto Neusdtal, hasta entonces corresponsal en el país de la cadena CNN, cuando en Abril de 2002 reveló una de las más brutales asonadas criminales desatadas contra pueblo alguno en la historia contemporánea, como lo fue la de la colocación por órdenes del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica de un grupo de francotiradores en las adyacencias de Puente Llaguno para asesinar con frialdad a decenas de venezolanos y con ello provocar una ruptura del hilo constitucional.

Lo que se descubrió entonces no fue solamente que se había fraguado premeditadamente un golpe de las más perversas y cruentas características, como en efecto lo fue, ni que los políticos de la derecha que hasta ese día se presentaban como insignes defensores de la constitucionalidad y la democracia en realidad estaban agazapados estratégicamente detrás de toda esa confabulación, como quedó evidenciado, sino que el accionar de todos ellos se basaba en la mentira.

De allá para acá, el debate político en Venezuela se ha centrado en la demencial batalla entre la recurrente mentira opositora y el desmontaje permanente que la revolución se ve obligada a adelantar para develar la verdad ante el mundo. Quizás una de las graves fallas comunicacionales de la revolución sea precisamente no haber logrado tomar la delantera en esa dinámica reactiva y epiléptica en la que la derecha nos ha sumido con el tema de su mentira. Una absurda competencia de quita y pon donde la derecha miente y la revolución desmonta.

¿Tendrá que ser así para siempre?

No necesariamente. Si algo ha derrotado a la pretensión neoliberal por reinstaurarse a sus anchas en nuestro país, ha sido el altísimo nivel de conciencia que ha adquirido nuestro pueblo a partir de la idea de soberanía, de justicia y de igualdad social, que el Comandante Chávez nos legó con su propuesta de socialismo bolivariano.

Necesario es no olvidar. Pero mucho más lo es el impostergable compromiso de lucha por impedir la recuperación de esa derecha fascista cuyo único propósito ha sido, es y será siempre el de acabar con la revolución con base en infamias y mentiras.

 

@SoyAranguibel

Otra vez los “Derechos Humanos”

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Por: Néstor Francia

El tema de los “Derechos Humanos” es uno de los más manidos por el imperialismo y las oligarquías para justificar sus desmanes y agredir a los pueblos. Los poderosos han tejido una intrincada red mundial para representar esta pantomima macabra. Tal red incluye organizaciones privadas, ONGs, organismos oficiales de organizaciones internacionales como la ONU y la OEA, tribunales internacionales, amén de una trama mediática que vende el concepto de mil maneras respondiendo a los intereses de Estados Unidos y sus aliados en el mundo.

Los “Derechos Humanos” están entre los primeros armamentos que tiene a la mano el imperialismo para bombardear a los países que tienen gobiernos “incómodos” o que entran en el ámbito de los intereses económicos del Imperio, como los países petroleros. En realidad, el concepto de los “Derechos Humanos” es una creación de la burguesía, a partir de la Revolución Francesa y de su “Declaración de los derechos del hombre y los ciudadanos”. En aquella época, fue un concepto renovador, como parte del enfrentamiento al absolutismo monárquico y al feudalismo. Por supuesto, desde un principio respondió a los intereses de la clase burguesa, que a mediados del siglo XVIII era una clase de vanguardia en la historia de la Humanidad. De hecho, cuando aquella declaración se refería a los “ciudadanos”, no aludía a todos los hombres, sino a los propietarios, es decir a los propios burgueses. Además, la burguesía pone el acento de esos supuestos “derechos” en lo individual, mientras que el Gobierno Bolivariano venezolano, por ejemplo, ha puesto el énfasis en los derechos colectivos, en los derechos de todo el pueblo, sin dejar de considerar la pertinencia de los derechos individuales. En Venezuela, la derecha ha convertido los “Derechos Humanos” en uno de sus principales argumentos para instigar a la violencia y ejercer la violación, paradójicamente, de los derechos de todos los ciudadanos.

Ahí está, como un ejemplo notable, el caso del criminal Leopoldo López, quien ha dicho que el suyo “no es un juicio, sino un paredón de fusilamiento”. Si López hubiera vivido en los primeros años de la Revolución Cubana, sin duda habría sido fusilado, como se hizo con tantos criminales batisteros. Pero aceptemos que el hombre está usando una metáfora, tratando de establecer que sus derechos individuales, como el derecho a la defensa, están siendo violados. Ahora bien ¿quiénes han violado y violan los Derechos Humanos en Venezuela? La respuesta no es tan obvia como el lector puede creer. Ciertamente, durante las guarimbas, por ejemplo, Leopoldo López, María Machado, Antonio Ledezma y otros delincuentes de su misma calaña, instigaron a la violación de múltiples derechos ciudadanos: el derecho a la vida, al libre tránsito, a la propiedad, a la salud, a la paz. En el caso de Leopoldo López, recordemos que participó activamente no solo en el golpe de Estado de abril de 2002, sino además en la masiva violación de los Derechos Humanos el 11, 12 y 13 de aquel sangriento mes.

Y aquí vale preguntarse ¿por qué quedó libre quien fue responsable de homicidios, torturas, persecuciones y otros desmanes que abundaron en aquella oportunidad? Esperemos que nuestra respuesta a esta interrogante sea comprendida en toda su complejidad e intención positiva y aleccionadora. Al dejar libres a los facinerosos de entonces, el Gobierno revolucionario violó los derechos del pueblo venezolano. No castigó ejemplarmente a los complotados y apenas seis meses después la mayoría de ellos volvieron por sus fueros. En el caso de los responsables del golpe de Estado y del sabotaje petrolero, solo se castigó a una parte pequeña de los implicados. Muchos de ellos no solo ni siquiera escarmentaron tras su fracaso de entonces, sino que algunos están entre los principales demiurgos de la violencia criminal del primer trimestre de este año. Recordemos que Leopoldo López celebraba en Venevisión, la mañana del 12 de abril de 2002, con otros golpistas, y que María Machado fue una de las firmantes del decreto de Carmona. En un principio se habló de “magnanimidad” y “generosidad” del Gobierno revolucionario.

El propio Chávez corrigió años después este calificativo y lo cambió por “debilidad”. Más de una vez el Comandante Supremo refirió, en torno a lo ocurrido en 2002, las ideas de Bolívar después de la pérdida de la Primera República, asentadas en su célebre Manifiesto de Cartagena: “De aquí nació la impunidad de los delitos de Estado cometidos descaradamente por los descontentos, y particularmente por nuestros natos e implacables enemigos los españoles europeos, que maliciosamente se habían quedado en nuestro país, para tenerlo incesantemente inquieto y promover cuantas conjuraciones les permitían formar nuestros jueces, perdonándolos siempre, aun cuando sus atentados eran tan enormes, que se dirigían contra la salud pública… Al abrigo de esta piadosa doctrina, a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar; porque los gobiernos liberales deben distinguirse por la clemencia. ¡Clemencia criminal, que contribuyó más que nada a derribar la máquina que todavía habíamos enteramente concluido!” Esta lección bolivariana no puede ser olvidada. Leopoldo López debe ser mantenido a la sombra por más que patalee.

Y hay que preparar las condiciones para que terminen con sus huesos en la cárcel otros delincuentes reincidentes que no cejan en su intención de conspirar y generar violencia, y que no muestran ni la más mínima intención de arrepentimiento o contrición, como María Corina Machado, Antonio Ledezma y otros de su misma ralea. A medida en que se profundice la confrontación, y puede jurar el lector que se profundizará, deberán ir cayendo uno por uno en las férreas manos de la justicia. Por otro lado, es menester aprender unas cuantas cosas del Imperialismo. Como su demostrada habilidad de urdir tramas no oficiales para respaldar sus manipulaciones.

En el tema de los “Derechos Humanos”, nos han copado el espacio ciudadano, mientras nosotros generalmente nos conformamos con las declaraciones, justas, correctas, pero insuficientes, de funcionarios del Estado como por ejemplo la Fiscal General y la Defensora del Pueblo. Si los principales violadores de los derechos de los hombres son el Imperialismo y la burguesía ¿por qué son ellos quienes llevan la batuta en la “defensa” de tales derechos? ¿Por qué parapetos como Cofavic o Provea, claros instrumentos de la derecha apátrida, tienen mucho más cancha pública que Asovic, nuestra Asociación de Víctimas del golpe de Estado de 2002? Organicemos al pueblo también en ese sentido, arrebatémosles a los criminales esa bandera que por historia y por derecho nos pertenece.

francia41@gmail.com

La verdad sobre Venezuela: Una revuelta de ricos, no una “campaña de terror”

tanqueta incendiada

Por: Mark Weisbrot / The Guardian

Las imágenes forjan la realidad, lo que da a la televisión, los videos y hasta a las fotografías un poder con el que pueden cavar profundo en la mente de las personas, incluso sin que ellas se den cuenta. Pensé que también yo era inmune a los repetitivos retratos de Venezuela como Estado fallido en medio de una rebelión popular. Pero no estaba preparado para lo que vi en Caracas este mes: qué poco de la vida cotidiana parecía estar afectado por las protestas, la normalidad que reina en la gran mayoría de la ciudad. También yo había sido engañado por la imaginería mediática.

Grandes medios han reportado que los pobres en Venezuela no se han unido a las protestas de la oposición de derecha, pero esto es un eufemismo: no es solamente que los pobres se abstienen – en Caracas, son casi todos excepto pocas áreas como Altamira, donde pequeños grupos de manifestantes se meten en batallas nocturnas con las fuerzas de seguridad, lanzan piedras y bombas incendiarias y corren del gas lacrimógeno.

Caminando desde el barrio de clase trabajadora Sabana Grande hasta el centro de la ciudad, no hay señales de que Venezuela esté al borde de una “crisis” que requiera la intervención de la Organización de Estados Americanos (OEA), a pesar de lo que John Kerry diga. El Metro también trabajaba muy bien, aunque no pude bajarme en la estación Altamira, donde los rebeldes habían puesto su base de operaciones hasta que los sacaron esta semana.

Logré ver las barricadas por primera vez en Los Palos Grandes, área de clase alta donde los manifestantes sí tienen apoyo popular y los vecinos gritarán a cualquiera que trate de remover las barricadas – algo arriesgado de intentar (al menos cuatro personas aparentemente han sido asesinadas a tiros por hacerlo). Pero incluso aquí en las barricadas… Seguir leyendo “La verdad sobre Venezuela: Una revuelta de ricos, no una “campaña de terror””

Crónica de una tragedia

Antes que dividir a los venezolanos, como insiste en acusarle un sector del país ubicado fundamentalmente en las clases de mayor poder adquisitivo, Chávez no solo unió por primera vez a aquellos a los que permitió visibilizar a través de revolucionarios programas sociales inclusivos, de alcance masivo entre la población más desasistida, sino también a aquellos que manteniendo desde siempre entre sí posiciones antagónicas de un color o de otro, ya fuese social-demócrata, desarrollista, centro-izquierdista o social-cristiana, se han encontrado en otrora impensables afinidades, intereses, preferencias gustos y formas de ver y de asumir la vida, más allá de lo estrictamente político.

Los antichavistas, siendo hoy un sector de la población con similitud de criterios en cuanto a formas de ver y de percibir el país y su realidad, es un conjunto humano de carácter heterogéneo, integrado por gente de diversas ramas profesionales, diferentes estilos de vida, y hasta de diversos estratos socio-económicos (aún cuando la gran mayoría se asume así misma como oligarca), a los que Chávez reunió en un solo amasijo de odio y de irracionalidad como nunca antes ningún otro referente político llegó tan siquiera a motivar medianamente.

El odio con el cual han alimentado su espíritu y su pensamiento a través del tiempo, obra en ellos como un poderoso energizante, que les lleva a comportarse frente a Hugo Chávez y todo cuanto con él se relacione de alguna manera, como verdaderas máquinas de segregación de irracionalidad y descontrol virulento y vomitivo, cuya característica o rasgo más resaltante es la convicción común entre ellos de creerse inteligentes y de no percatarse de su lastimosa y verdadera condición mental. El delirio los reúne y los fortalece en la medida en que se van reconociendo unos a otros como “pares interpares” y aprenden a admirarse mutuamente en sus descabelladas formulaciones sobre la realidad que se edifican para disfrutar el mundo y el universo a su manera y regocijarse así en el inmenso espacio virtual en el que por fin triunfan y no son derrotados por ningún advenedizo, desclasado y maloliente.

De ahí que el bochornoso desfile de liderazgos de relevo que de entre ellos surge a cada rato, como fábrica de churros en perpetua ebullición, admirados y venerados en cada oportunidad como los más luminosos e inalcanzables redentores del ser humano, resulten siempre lanzados al pantanal del desprecio más repugnante sin la más mínima piedad o conmiseración, al más pequeño atisbo de desviación por parte de esos dirigentes de los sueños y anhelos de triunfo y arrase sobre el chavismo. Ningún líder será tal si no responde a las motivaciones del odio que los reúne. Ningún líder será aceptable si se desmarca de alguna manera de la naturaleza violenta que les inspira. Ningún líder sobrevivirá entre sus filas si no garantiza su disposición a masacrar a los chavistas a la primera oportunidad que se les presente. Ningún líder contará jamás con la buena pro de quienes se saben destinados a ejecutar la obra monumental de los hombres de bien del Siglo XXI… ¡El exterminio del chavismo!

Por eso, antes que ningún político con grandes dotes y capacidades intelectuales e ideológicas, o una gran trayectoria de lucha social en las comunidades, el líder será quien les alimente lo único que en verdad ese pobre sector adinerado ha tenido en sus insustanciales vidas…. ¡el odio!

En este video se ve con la más perfecta e inequívoca claridad la tragedia que significa para un sector de la sociedad el no contar con la orientación y la direccionalidad que tiene que emanar de un liderazgo consistente, ideológicamente sólido, con capacidad de visualización de los escenarios socio-políticos y económicos desde lo minúsculo hasta lo complejo, y que ofrezca respuestas útiles y responsables a las fragilidades y limitaciones naturales y comprensibles de aquellos que no tienen la fortuna de entender de manera integral y sensata el universo, es decir; ellos mismos… Todos, aún cuando lo nieguen a muerte, siguen estrictamente lo que este siniestro personaje dictamina desde hace más de un lustro como línea de acción política para la oposición de a pie en Venezuela. No hay uno sólo de sus postulados (no solo los que aparecen en este video, sino los que durante años ha predicado a través de sus páginas en la web) que no se cumpla con el más estricto apego a la letra en el quehacer “político”del antichavismo nacional.

Esta es su promesa para el país…

“La Guarimba es totalmente anárquica. Cada quien hace lo que le venga en gana, dependiendo del grado de frustración, guáramo o los pertrechos con los cuales se cuentan” Robert Alonzo

¿Cui bono?

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Por Roberto Hernández Montoya / 15 / 02 / 2014

Quienes ovacionaron ese mamarracho totalitario que fue el Acta de Pedro Carmona, se pretenden llamar movimiento democrático. Pero da escalofrío imaginar la de represión y despotismo que sería un gobierno de Leopoldo López y María Corina Machado, ese par de riquitos malcriados que no toleran que no se haga su voluntad antojadiza. Basta que les entre un capricho para que haya que cumplírselo al punto y con esmero. Si no, llaman a «prender las calles», como dijo la comandante Machado. «Esto terminará cuando caiga el gobierno», ha dicho el comandante López. Dicen que quien no encuentra a su papá en su casa lo encuentra en la calle. O a su mamá, como la que fue a recoger a su criatura el 12 de febrero, niño que para celebrar el Día de la Juventud saltó una barrera policial cual atleta olímpico y solo gruñó que le apretaron un poquito las esposas. Chiquillada mimada.

El Derecho Romano pregunta ante cualquier crimen: «¿A quién conviene?», «¿a quién beneficia?», es decir, en latín, cui bono? cui prodest?

Pero como todo lo tuercen perversamente, ahora resulta que quien está haciendo violencia es el gobierno. Un gobierno loco, como dice Mercedes Chacín: «Como en 2002 hay que hacerse las mismas preguntas, compatriotas de oposición. ¿A quién le conviene la violencia? ¿A quién convienen los muertos en manifestaciones públicas? ¿A quién le conviene tener al país envuelto en protestas? ¿A quién le conviene convencer a los estudiantes de salir a protestar contra el Gobierno? ¿A quien le conviene quemar las patrullas del CICPC? ¿A quién le conviene mantener la paz y no la guerra? ¿Quiénes tienen varios días anunciando la salida de Nicolás Maduro del Gobierno? ¿Quiénes anunciaron que incendiarían el país?».

Pero dicen que son más inteligentes que la plebe chaburra. Sí, es irritante. El lenguaje inverso: se dicen decentes y pensantes y son el sector más malandro y mentecato de la historia nacional, bruto pero ignorante, antipático pero mala gente. Esa turba se dice pacífica y mira cómo ha puesto varias ciudades de Venezuela. Una buena guía para saber la verdad es invertir lo que dicen.

El problema no es la chiquillería malcriadita, tirapiedra y asesina sino quien le da el garrote. Los Estados Unidos tienen encendido el planeta por los cuatro costados, los cuatro vientos y los siete mares: Afganistán, Irak, Paquistán, Libia, Egipto, Túnez, Siria, Ucrania, Venezuela. Con sus golpes suaves, cuando no con sus bombardeos humanitarios, drones y espionaje global. Están hozando hasta las pláticas íntimas de Frau Angela Merkel con su pareja. No hay país que muestre un flanco débil o descuidado que no sea afectado con las que poéticamente llaman «peleas de perros».

Van a perder otra vez, pero ya sabemos los daños que nos producen en cada una de sus dispendiosas derrotas. En cada descalabro salen más débiles: así perdieron Pdvsa, la poca Fuerza Armada que tenían, las televisoras, la multitud en la calle. José Vicente Rangel dijo una vez que a la oposición solo le queda Bush. Ahora Obama. También le quedan un electorado aterrado, cuatro mercenarios y cacerolas de 8 a 8:10 pm. Si no mataran gente serían solo un fastidio.

LEOPOLDO: ahí tienes tus muertos

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Por: Gastón Guisandes 15 / 02 / 2014

Los buscaste con ahínco y ya son tuyos. De tus declaraciones y el contenido de tus mensajes, se ve claro que vas por más muertos y por los muertos mismos porque ellos son, en esencia, un componente político de gran impacto ante la opinión pública nacional y, especialmente, la internacional.

La oposición ha ido calentando la calle, y lo hace en medio de sus luchas intestinas, sus odios internos, su guerra a cuchillo, buscando, vía figuración, la forma de levantarse con el poder en medio de una ambición que los obnubila.

Me recuerdan los tiempos de las guarimbas, de los cacerolazos, de las marchas en las principales ciudades del país, de las confrontaciones directas con el gobierno del presidente Chávez; del lanzamiento de pantaletas por parte de las mujeres, que no señoras, en las puertas de los cuarteles; de las batallas campales con la Guardia Nacional, que tuvo que crear una suerte de batallón de mujeres para enfrentar las féminas levantiscas que en las calles retaban la autoridad de la Policía Metropolitana, y regresan a mí memoria los tiempos en que arrebataban con aquello de “con mis hijos no te metas”, con lo del gobierno “comunista” que, decían, le quitaría la casa a cuanto propietario poseyera más de una, asustando con la advertencia de que los “comunistas chavistas” ubicarían familias en parte de los cuartos de las casas de familia, diciéndole a la gente que les quitarían todos los carros que pasaran de uno, y paremos el recuento de cuanto ocurrió en aquel pasado de infamia, de locura, de crímenes, de terror, de agresiones contra la libertad, la democracia, la autodeterminación y, sobre todo, el respeto a nuestros derechos.

Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma nos regresan al pasado, y de nuevo tendremos que luchar para defender los valores y principios que con decisión y gran fortaleza moral defendimos ayer, con la diferencia de que, mientras la oposición toma las calles con artera violación de la ley, los verdaderos demócratas defendemos, Constitución en mano, el orden jurídico y a la paz social.

No podrán arrebatar el poder a quienes legítimamente lo ganaron en elecciones libres y, de paso, venciendo en cantidad de procesos electorales donde el pueblo reafirmó su vocación democrática.

Leopoldo, la única vía para llegar al poder es la electoral.

Nunca llegarás sembrando de muertos el suelo patrio.