Maduro: fortaleza de una revolución verdadera

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 14 de septiembre de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Un incomprensible mito ideológico ha sostenido a través de la historia que la exaltación del liderazgo es un inaceptable e inmoral culto a la personalidad que pervertiría de manera inexorable los principios éticos de la lucha. Desde posiciones dogmáticas tanto de derecha como de izquierda suele repudiarse la figura del líder argumentándose por lo general la vanidad como deformación asociada a la capacidad aglutinadora del fervor popular que el mismo pueda concitar, despreciándose así el valor determinante que esa capacidad va a representar siempre en todo proyecto social.

En la retórica del debate político venezolano del siglo XXI, el tema del liderazgo ha estado presente de manera significativa, solo que usualmente para la detracción del contrario en uno u otro sentido pero no para la capitalización efectiva de ese poderosa ventaja política en la que ese activo puede llegar a convertirse. La emocionada admiración del pueblo por el Comandante Chávez desde antes incluso de iniciarse la revolución bolivariana, es la excepción inequívoca que confirma la absurda regla de la veneración exclusivamente post mortem del líder, cuando ella finalmente se acepta. Si es que se acepta.

Desde la derecha se acusa a la militancia de ser presa de un aborrecible culto a la personalidad en la figura del Comandante, en primer lugar, y luego del presidente Maduro y del liderazgo revolucionario en general. Estos últimos señalados también desde puntuales voces ultraizquierdosas de esporádica aparición, paradójicamente movidas por las mismas ideas de la derecha contra el liderazgo.

Desde la revolución, a la derecha se le acusa a la vez de precaria e insustancial por sus deficiencias ya no solo en la formulación de propuestas sustantivas y viables para el país, sino particularmente en liderazgos descollantes capaces de reunir el mínimo de condiciones y cualidades esenciales que motiven e inspiren a las masas populares a la movilización entusiasta por su proyecto.

La misma militancia de la oposición detracta alternativamente a su élite dirigencial, pasando del amor más frenético al odio más enconado sin el más mínimo remordimiento ni compasión por el que hasta ayer fuera ya no su líder sino su ídolo indiscutible. Su propia militancia suele ser la encargada de convertir virtualmente en polvo cósmico a los líderes en los que invierten esfuerzos y recursos descomunales en cada elección. La lógica del condón, le dicen.

En el caso venezolano, la carencia de sustento ideológico más allá de las consignas y palabreríos neoliberales, explican la falta de importancia que la derecha le otorga a este aspecto tan determinante en la política. Pero eso no es así en el resto del mundo ni de la historia capitalista.

A través del tiempo la derecha ha sabido valorar el peso específico del líder en la consolidación de su modelo. El ancestral hábito humano de admiración por el conductor de las masas, los ejércitos y las feligresías, es el abrevadero cultural del fenómeno del fervor popular hacia sus dirigentes.

En el ámbito de la izquierda, una a veces no tan velada arrogancia hace estragos con el concepto, elevándolo al petulante grado de “punto de honor” ideológico adjudicándole el remoquete de “pequeña burguesía filantrópica” que Marx utilizaba para referirse justamente a los oportunistas que desconocían el rol del verdadero conductor de las luchas populares.

Una desviación como esa crea problemas. No existe ninguna revolución en la historia que haya sobrevivido al desprecio hacia su propio liderazgo desde una supuesta posición doctrinaria. Quienes argumentan en ese sentido expelen con frecuencia el tufo de la envidia y de la mezquindad más repugnantes.

La inmensa ansiedad que causó la pérdida física del Comandante, hizo aflorar temores hasta ese momento no experimentados jamás en la revolución bolivariana, que todavía hoy el pueblo no termina de procesar cabalmente. Algo de lo cual la perfidia de los detractores y oportunistas de toda pelambre busca extraer su propia y muy particular cuota de beneficio político, apelando a la infamia y a la descalificación más vil y miserable.

Manchar el recuerdo del Comandante tiene el doble propósito de intentar reducir su dimensión histórica y sembrar la idea de la supuesta agotabilidad del modelo socialista. La forma de concretarlo es destruir la generación de relevo de ese liderazgo.

Es decir, que una condición indispensable para que la revolución siga viva es que su liderazgo se consolide cómo el más importante de este momento histórico. Y eso es lo que hace hoy en día Maduro.

Quienes le atacan para provocar el desencanto popular con la revolución, dejan de lado el inmenso logro del hijo de Chávez en una elección a la que acudió a asumir una responsabilidad otorgada por el más grande líder de nuestra historia después del Libertador Simón Bolívar, al convertirse en el segundo presidente más votado desde que somos república, luego de enfrentarse en apenas once días de campaña al candidato que más recursos y respaldo le ha inyectado la derecha nacional e internacional y que más tiempo en campaña electoral ha utilizado para contactar a los electores: año y medio recorriendo el país entero desde la precampaña de las primarias internas de la MUD en 2012 hasta abril de 2013.

Jamás una desproporción fue tan injusta. Más aún si se considera el estado de postración del pueblo por la pérdida de su Comandante que le tocó superar al continuador de la revolución en medio de tan grande dolor y enfrentando las más exigentes expectativas que un nuevo gobierno haya tenido jamás. La angustia colectiva fue el terreno en el que abonaron los escépticos y los calumniadores, que trataron de minimizar la significación de ese gran logro del cual la oposición todavía no se recupera y que fue ratificado en las elecciones de Alcaldes y Concejales, así como en los eventos de elección primaria de la MUD y del PSUV, en los que se constata por igual el crecimiento de la propuesta revolucionaria en el país.

A Maduro le ha correspondido la difícil y compleja tarea de avanzar a su propio ritmo en la construcción de la nueva fase de una revolución que debe asumir la impostergable necesidad de su adecuación a los nuevos retos y circunstancias políticas, sociales y económicas, sin desvirtuar la naturaleza histórica de su pensamiento originario sino más bien aportando logros sustanciales en la nueva realidad que le corresponde de acuerdo no solo a su capacidad de respuesta en el impulso transformador sino a la del enemigo, que también cambia para “tratar de aprovechar coyunturas difíciles en su intento de reinstaurar el neoliberalismo”, como bien dijera Chávez.

La reafirmación y profundización del modelo bolivariano chavista se encuentra a lo largo del desempeño del presidente Maduro desde los inicios de su gobierno, en la orientación profundamente humanista del mismo, pero también en la rectitud frente a las amenazas acechantes. Su condición de líder antiimperialista de primer orden en el mundo lo confirma. En apenas dos años de gestión, el gobierno del presidente obrero ha recibido la mayor intensidad de ataques contra la revolución, en medio de una guerra económica que el cierre de frontera con Colombia ha terminado por demostrar de manera inequívoca e irrefutable y la abrupta caída del precio del barril de petróleo en el mercado internacional.

Sin embargo, antes que torcer el camino trazado por el Comandante Supremo aplicando los recortes a los que la lógica del neoliberalismo obliga en tales circunstancias, los programas fundamentales de la revolución continúan expandiéndose a lo largo y ancho del territorio en todas las áreas de la economía. Ningún presidente, ni siquiera de inspiración marxista, que no estuviera orientado por los principios del pensamiento chavista como lo ha demostrado estar el presidente Maduro, habría alcanzado tan siquiera la posibilidad de superar una milésima parte de circunstancias tan complejas como las que le han tocado a la revolución en esta excepcional fase.

El empeño personal del presidente en la lucha contra la inseguridad, su propuesta de mecanismos eficaces para la erradicación de la cultura de la violencia en la sociedad, el coraje contra la corrupción demostrado en la destitución y detención de decenas de importantes funcionarios de la administración pública (que van desde presidentes de empresas del Estado y gerentes de la alta nómina de PDVSA, así como de cientos de defraudadores de dineros públicos en el antiguo CADIVI, el SENIAT, y hasta en la propia Fiscalía General de la República), da cuenta de esa rectitud chavista en el primer mandatario.

Por eso la derecha y uno que otro talibán de la mezquindad intentan destruir y desconocer su liderazgo.

@SoyAranguibel

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¿Quién es el enemigo?

– Publicado en el Correo del Orinoco el 08 de diciembre de 2014 –

Por: Alberto Aranguibel B.

El liderazgo de Winston Churchill como uno de los políticos más prominentes del siglo XX, tiene su origen, más que en ningún otro rasgo suyo, en la extraordinaria capacidad para convocar al pueblo a entregarlo todo por el imperio británico en momentos en que avanzaban cada vez más las peores amenazas de destrucción que jamás se cernieran sobre Inglaterra. Su discurso “La mejor hora”, pronunciado ante el parlamento el 18 de junio de 1941, es todavía hoy considerado como el mejor discurso político de habla inglesa, fundamentalmente por el vigor de su llamado a los ingleses a asumir con la mayor gallardía el reto histórico que se les presentaba con la inminencia de la guerra. “Preparémonos para nuestros deberes y no dudemos de que si el Imperio Británico dura unos mil años, los hombres del futuro dirán: aquella fue su mejor hora“, les dijo entonces.

churchill6Churchill supervisa los destrozos dejados por los bombardeos

El del 13 de mayo de aquel mismo año, su primer discurso como Primer Ministro trascendió como el que convirtió en gloriosa la frase “No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor“, inicialmente atribuida a Teodoro Roosevelt, con la que anunciaba al mundo su temple combativo.

Pero quizás las más estremecedoras palabras son las que pronuncia días después, el 4 de junio, en el contexto de la invasión nazi a Holanda, Bélgica y Francia, cuando convoca no solo a los soldados de la corona, sino a la población entera, a entregar todo de sí por su país, en estos términos:“Defenderemos nuestra isla a cualquier precio. Combatiremos en las playas, en los lugares de desembarco, en los campos y en las calles; combatiremos en las montañas; no nos rendiremos jamás; y por más que esta isla o buena parte de ella quede dominada y hambrienta, algo que de momento no creo que ocurra, nuestro imperio de ultramar, armado y protegido por la Flota británica, continuará la lucha hasta que, cuando Dios quiera, el Nuevo Mundo, con todo su poder y su fuerza, dé un paso al frente para rescatar y liberar al Viejo.”

London metro

londres guerraLas penurias azotaron a Londres durante la guerra contra Alemania

Las difíciles circunstancias padecidas por Inglaterra a lo largo de toda la segunda guerra mundial, llevó a la población a sufrir las penurias del hambre y la miseria como nunca antes en su historia, llegando a la necesidad de refugiarse permanentemente como ratas en los oscuros e insalubres sótanos del metro para protegerse de los bombardeos alemanes que a cada rato les sorprendían, teniendo que dormir unos encima de otros en el frío e inmundo piso de los andenes. Sin embargo, ni en la peor de esas terribles circunstancias, nadie se atrevió jamás a sugerir la insensata idea de cuestionar a Churchill por tan severos padecimientos, ni mucho menos a hacerlo responsables de los mismos.

En medio de la guerra, la polémica sobre la vigencia o no del liderazgo que esté al frente de los ejércitos es la más remota y absurda de las ideas que nación alguna pueda plantearse jamás. Sólo los más disparatados irresponsables llamarán a cuestionar las decisiones que los comandantes de los ejércitos se vean obligados a tomar para repeler al enemigo, por muy duras que ellas sean.

La claridad en la precisión del enemigo es la primera obligación del liderazgo en toda batalla. Pero el aseguramiento de la confianza y la lealtad del pueblo hacia ese liderazgo es su deber más ineludible e impostergable. Sin lealtad no hay posibilidad alguna de cohesión y por ende de direccionalidad o de éxito en la lucha.

Homero, tanto en la Ilíada como en la Odisea, habla del sitio de Troya en el que el rey Príamo convoca a su pueblo a resistir tras sus murallas la agresión de los ejércitos griegos comandados por Agamenón, en un cerco que duró diez años. Ese pasaje histórico, que durante siglos fue tratado de reducir a legendario (y que el cine de Hollywood altera arbitrariamente colocándolo como sucedido en unos cuantos días apenas), resulta relevante por el estoicismo que se le reconoce a un pueblo que de manera disciplinada acompaña a su líder frente a la agresión.

Por eso Bolívar, en medio de la confusión y el desespero reinantes entre la población caraqueña por el terremoto que azotó al país la noche del Jueves Santo de 1812, arenga con la magnífica frase “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, a una multitud enardecida por las siniestras palabras del Arzobispo Narciso Coll, quien argumentaba el castigo divino a la causa independentista como explicación del sismo. El grito del Libertador no comprendía en modo alguno la intención de insulsa vanagloria épica, como algunos han querido ponerlo, sino el alerta imperioso y necesario para evitar el resquebrajamiento de la lealtad del pueblo a la incipiente y difícil lucha por la independencia, en lo cual el imperio español estaba determinado a hacer hasta lo imposible.

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lenigrado5Casi 3 años de hambre y crudo invierno padeció el pueblo ruso en el sitio de Leningrado

Es ese mismo talante de estoica entrega a la causa de la justicia y la igualdad el que lleva en 1941 a más de tres millones de habitantes de Leningrado a soportar por casi tres años el sitio que el ejército nazi impuso sobre la ciudad, impidiendo durante todo ese tiempo el ingreso de alimentos y medicinas, causando una de las más crudas hambrunas que guerra alguna haya desatado contra una población, que se vio obligada a practicar incluso antropofagia y tráfico de cadáveres para sobrevivir no solo al hambre sino al inclemente invierno que les azotaba.

Fue con base en esa unidad y esa convicción del pueblo que revoluciones como la china, la vietnamita, la coreana y la cubana, han logrado sobrevivir al inclemente y brutal asedio del imperio norteamericano a lo largo de todo el siglo XX y lo que va del XXI.

La bolivariana, que es una revolución asediada ya no en términos estrictamente militares, sino que es objeto de la más cruenta arremetida económica y mediática que jamás haya conocido país alguno, enfrenta hoy un insólito fenómeno de cuestionamiento cuya naturaleza profundamente neoliberal coloca a sectores de la población en una de las contradicciones más descabelladas que se recuerde en el debate político contemporáneo.

De manera paradójica, tanto los sectores de la derecha que vieron en el Comandante Chávez un enemigo imposible de vencer en virtud del inmenso respaldo popular del que gozaba, así como los sectores de izquierda que desde una óptica esencialmente trotskista cuestionaron en algún momento su liderazgo, coinciden de nuevo, luego del fallecimiento del líder de la revolución bolivariana, en una misma idea. Esta vez en la que coloca a la dirigencia revolucionaria como causante de los problemas que agobian al país, aduciendo fallas o desviaciones en “el modelo” socialista y exigiendo soluciones que apuntan inequívocamente al fortalecimiento del modelo neoliberal-capitalista, verdadero y único causante de las distorsiones por las que atraviesa nuestra economía.

Para ambos sectores, tanto la derecha como el trotskismo, el enemigo en la guerra que las grandes corporaciones nacionales e internacionales han desatado contra el país mediante la especulación desmedida, el contrabando de extracción y el mercado paralelo de divisas, no es en modo alguno el capitalismo. Ese fenómeno, que no es sino la reinstauración por los “caminos verdes” del ALCA que gracias a Chávez Latinoamérica desechó como opción para el desarrollo de nuestros pueblos, no es ni para la derecha (por supuesto) ni para el trotskismo la razón de las calamidades por las que atraviesa hoy el pueblo venezolano para obtener los alimentos o los productos básicos.

Papeltualera
La “crisis” en la Venezuela revolucionaria

Con sincronía sorprendente, y cada uno a su manera, procuran quebrar la cohesión de la militancia revolucionaria mediante un ejercicio de legitimación del capitalismo, al que en sus disparatadas disquisiciones economicistas colocan como el verdadero afectado por las políticas económicas del gobierno. Según sus rebuscadas tesis, la satisfacción de las necesidades del pueblo no es la que deriva de la profundización de los programas inclusivos de la revolución, sino la que según ellos debe surgir de la búsqueda del reordenamiento de la economía a partir de la lógica de las leyes y de la aplicación del instrumental burgueses que la rigen. De ahí que su explicación de la inflación o de la cuantificación del PIB, por ejemplo, siempre va a resultar negativa. Porque en Venezuela lo que está funcionando mal es el capitalismo; los programas y políticas socialistas cada día llegan a más venezolanos.

Por primera vez en la historia una sociedad asediada por un claro e inconfundible enemigo es invitada de manera tan impúdica por una exigua minoría a claudicar en su arrojo y en su compromiso con la patria, para deponer las armas de la unidad y la cohesión nacional en nombre de un tan inmoral e irresponsable entreguismo.

 

@SoyAranguibel

Chávez y Maduro: ¿Se fabrican los liderazgos?

Por: Alberto Aranguibel B.

La polémica carta atribuida recientemente al exministro Jorge Giordani, en la que, entre muchas otras cosas, se cuestiona el desempeño público del presidente Nicolás Maduro, incluye algunas reflexiones muy particulares sobre la calidad del liderazgo del Primer Mandatario, a partir de la comparación de su imagen con la del  comandante Hugo Chávez.

En una parte de la carta se afirma: “Resulta doloroso y alarmante ver una Presidencia que no transmite liderazgo, y que parece querer afirmarlo en la repetición, sin la debida coherencia, de los planteamientos como los formulaba el Comandante Chávez…”. Pero apenas unos cuantos párafos antes se dice: “Con la campaña electoral en plena ejecución desarrollada (SIC) se empezaron a notar elementos muy diferentes a la solidez del liderazgo del Presidente Chávez, mostrando debilidades y diferencias notables en cuanto a su ejecución, los resultados obtenidos favorables al proceso bolivariano, sin embargo no fueron sometidos a un severo y crítico análisis ni por parte del gobierno, ni tampoco por las organizaciones políticas y sociales que acompañaron la solicitud de apoyo a Nicolás Maduro.” Es decir, se reclama por una parte que el actual mandatario no sigue cabalmente el comportamiento del Comandante Chávez, y por la otra se le echa en cara una tendencia a hacer lo contrario, con lo cual se patentiza una clara contradicción en la idea central que evidentemente persigue formularse de manera subrepticia en la misiva, como lo es la de que el liderazgo pudiera ser construido arbitrariamente en un sentido o en otro según se quiera hacer con solo proponérselo, tal como se deduce de la objeción que comprende la afirmación según la cual todos esos procesos de “deformación” de imagen “no fueron sometidos a un severo y crítico análisis ni por parte del gobierno, ni tampoco por las organizaciones políticas y sociales que acompañaron la solicitud de apoyo a Nicolás Maduro”.

La vieja discusión planteada años atrás con el tema del supuesto “hiperliderazgo” del que sería presa la revolución bolivariana porque no controlaba, según los promotores de la idea, los niveles excesivos de presencia de la imagen del Comandante Chávez en la vida pública nacional, es, junto a la tesis del intento de imitación de su liderazgo por parte del presidente Maduro, dos caras de una misma moneda. Aunque no necesariamente de un mismo monedero.

En medio de la vorágine comunicacional que se ha desatado con la emergencia de la intensa confrontación ideológica que propone el modelo bolivariano que nos trajo el Comandante Chávez, las diferencias entre imagen y liderazgo se han ido diluyendo hasta convertirse ambos conceptos en una mezcolanza de imprecisiones e inexactitudes, manejada frecuentemente sin ton ni son por los desentendidos en la materia hasta hacerla aparecer la mayoría de las veces como una misma cosa.

Imagen es lo que surge del proceso de desarrollo creativo de equipos especializados de acuerdo al sujeto, objeto, marca o producto, que se persiga promocionar mediante un planeamiento estratégico específico, comúnmente conocido como “campaña”.

En el terreno político, la imagen se construye a partir de la evaluación concienzuda y metódica de los atributos y ventajas diferenciadores de un determinado candidato o grupo político, filtrados por especialistas a través de una serie de instrumentos que incluyen; investigación de opinión, evaluación de la trayectoria y del trabajo político, análisis de fortalezas y debilidades, oportunidades y amenazas del candidato, del grupo o de las ideas o promesas fundamentales que comprenda el proyecto, así como el levantamiento del perfil comunicacional (priorización de las ideas a comunicar, su diseño, sus símbolos, su música, sus colores, su evolución en el cronograma de campaña, etc.). Toda una compleja planeación que debe llevarse a cabo a partir siempre de los rasgos propios y muy particulares del candidato o de la organización. Cualquier intento de incluir elementos que no surjan de esas características o rasgos intrínsecos, o que pretenda modificarlos arbitrariamente, se conoce con el nombre técnico de “sobre-oferta”, o de “oferta-engañosa”, que por lo general están destinadas al fracaso precisamente por la capacidad del ciudadano común a detectar la falsificación o el mensaje deshonesto que se le presente. La legendaria campaña que llevó a la presidencia a Carlos Andrés Pérez en su primer gobierno, basó su promesa “Ese hombre sí camina” en un atributo personal hallado como una verdadera mina de oro por los técnicos publicitarios adecos en una fotografía que presentaba al candidato pegando un gigantesco salto sobre un charco. Ningún otro candidato podría haber usado una frase tan impactante en aquella campaña porque ninguno disponía de tan siquiera una imagen personal que se correspondiera tan exactamente con una idea parecida. Por eso CAP ganó en aquel momento la contienda comunicacional y con ello la presidencia.

En el liderazgo, en cambio, no hay cabida a la creatividad. El trabajo no lo hace ningún equipo, sino que su desarrollo se soporta en la “construcción” que va alcanzando en el tiempo el actor político de acuerdo a sus logros como luchador social, a la naturaleza de su capacidad particular para comunicarse con el electorado con transparencia, claridad, rectitud, honestidad y personalidad propia, entre otros elementos. Aquí el trabajo de los especialistas tiene que ceñirse estrictamente a los rasgos propios del líder y en modo alguno a la inversa, porque lo que se persigue desde el punto de vista técnico de los comunicadores en este caso es la potenciación y difusión de las cualidades excepcionales que han labrado ese liderazgo y no la fabricación o adulteración del mismo.

Presentar como preocupante la existencia de “elementos muy diferentes a la solidez del liderazgo del Presidente Chávez”, como se lee en la carta de Giordani, y acusar de impropio el que las supuestas “debilidades y diferencias notables” entre un liderazgo y el otro no fueran “sometidos a un severo y crítico análisis”, sugiere definitivamente, no solo que los liderazgos pueden ser construidos antojadizamente en una mesa de evaluación política cualquiera, sino, mucho más desatinado aún, que la imagen del fallecido líder de la Revolución pudiera haber sido de alguna manera fabricada. Es decir, como si la misma no fuese el resultante de una muy excepcional y personalísima capacidad del Comandante para el desarrollo de las avanzadas ideas de transformación profunda de la sociedad que él encarnó, así como de su extraordinaria e inusual capacidad para la conducción de masas, y que la de Maduro pudiera y debiera ser sometida entonces al mismo procedimiento de manipulación y amalgamiento técnico político para equipararlas.

Todo líder revolucionario que se proponga continuar la obra emprendida por el Comandante Chávez, se verá obligado inevitablemente a usar el lenguaje del Comandante, las ideas del Comandante, a enfocar los problemas desde la óptica en que fueron abordados por el Comandante. Pero ello no significa que se le esté imitando, sino que se está siguiendo su línea de pensamiento y de acción. Pero avanzar en la construcción del modelo chavista con un perfil propio, con una personalidad particular (como la tuvieron todos los líderes que sucedieron a los fundadores de los procesos revolucionarios de la historia) tampoco representa en modo alguno el peligro que ven algunos de traición al proceso.

En ninguna revolución de la historia se ha considerado jamás como un fracaso (o como una desviación siquiera de los postulados originales) que los sucesores de los líderes fundadores de cada una de ellas no hayan calzado con exactitud alguna las botas de sus predecesores, en términos de su capacidad de liderazgo. Solo los teóricos pequeños burgueses, utilizando esa hipótesis de la reencarnación obligatoria y absoluta del liderazgo, encontraron en ello en cada oportunidad argumentos para estructurar un discurso pseudo revolucionario, que a la larga siempre favoreció a los intereses del enemigo, en particular los del imperio norteamericano. Quienes acusaron con saña dogmática a través de la historia a los conductores de las etapas sucesivas de cada una de esas revoluciones, terminaron casi inevitablemente, y más temprano que tarde, en las filas de la más urticante ultraderecha. Y es ahí donde nos resultan preocupantes algunas de las aseveraciones de nuestro querido y respetado profesor Giordani.

Quienes aceptaron el reto de continuar el avance de cada uno de esos proyectos revolucionarios, asumiendo con auténtica pasión revolucionaria los inmensos compromisos a los que las circunstancias los llevaron, han pasado a la historia como verdaderos soldados al servicio de las causas más nobles de la humanidad, como lo es la de justicia e igualdad que Chávez nos trajo y que Maduro continúa impulsando a diario con entrega y lealtad plenas al legado del Comandante eterno. Es la única manera de imitar a Chávez con respeto y de construir a la vez un liderazgo auténtico… sirviendo con verdadero amor y abnegación al pueblo como lo hace Maduro.

Fuente. Correo del Orinoco

Correo del Orinoco Nº 1.713 del 23 de junio de 2014

@SoyAranguibel

CNN: El liderazgo de Maduro

Venezuela's VP Maduro greets supporters during a rally in Caracas

Caracas 22 de junio de 2014.- En un breve reportaje para la cadena norteamericana de noticias CNN, la periodista venezolana Laura Castellanos consulta la opinión de los analistas Luis Vicente León y Alberto Aranguibel acerca de las afirmaciones del ex-ministro Jorge Giordani sobre el liderazgo del Presidente Nicolás Maduro.

Mientras León trata de presentar al Primer Mandatario como impopular al compararlo con el inmenso prestigio del Comandante Chávez, Aranguibel explica que ello se debe a que el sucesor del líder de la Revolución Bolivariana ha venido labrando un perfil propio, con su propio peso, en un lapso de tiempo definitivamente más breve de apenas un año de ejercicio en el poder enfrentado a una brutal guerra económica y política.

Fuente: CNN

Aranguibel en Jazz 95.5 FM: “La ventaja que les llevan los candidatos de la Revolución a los de la derecha es desde mucho antes de que Chávez hiciera su alocución”

jazz 95.5

Alberto Aranguibel, afirma en entrevista con el periodista Nelín Escalante, el lunes 10 de diciembre de 2012 en Jazz 95.5 FM, que la Revolución ha hecho mucho más que la derecha en cuanto a la construcción de un liderazgo sólido, bien formado, preparado y profundamente leal al Comandante Chávez y al proceso, lo que explica la amplia ventaja que le llevan los candidatos de la Patria a los de la derecha en todo el país, desde mucho antes de que el Comandante Chávez hiciera su alocuación al país el pasado sábado 08 de diciembre de 2012.

Escuche aquí la entrevista completa:

[audio http://ia601600.us.archive.org/1/items/AranguibelEnJazz95.5FmlaVentajaQueLesLlevanLosCandidatosDeLa/Jazz95.5_101212.mp3]