Lo natural de lo sobrenatural

Por: Alberto Aranguibel B.

Enrique de Villena sostiene en su Tratado de aojamiento o fascinología, queEl mal de ojo es un enemigo oculto y desconocido, que fascina con una fuerza misteriosa más allá de una simple mirada. Y esto es así, en sentido enigmático, por entender que no es preciso que la mirada del fascinador penetre en los ojos del fascinado, sino que la mirada actúa como envolvente, y surte efecto incluso sobre personas que no tienen ojos”.

Pudiera entonces explicarse así el ya nada casual estado de desgracia en el que inevitablemente caen todos aquellos que de una u otra forma aparecen retratados junto a la Sayona del Avila, como se le conoce hoy en todo el país a la esposa del líder terrorista Leopoldo López.

Si los maleficios conocidos por el ser humano son usualmente atribuidos a los espectros en la más profunda oscuridad de la noche, Lilian Tintori pasará a la posteridad como la única entidad cuyo pérfido efecto se difunde sin límites ni fronteras incluso a plena luz del día, precisamente porque el poder maléfico de su mavita no aflora al contacto con la pavosa, sino que se incuba en los pixeles de una atemporal fotografía junto a ella.

No cabe ya hoy en día duda alguna acerca de lo que significa tomarse una foto junto a la Tíntori. Ella misma ha preferido sacarle el cuerpo al asunto dejando a la libre interpretación del mundo la veracidad o no de lo que definitivamente se ha convertido en el maleficio contemporáneo de mayor resonancia de todos cuantos se conocieron en nuestra historia desde los tiempos de la colonia, en virtud de lo cual no ha ofrecido nunca ningún tipo de declaración al respecto.

Captura de Pantalla 2019-10-05 a la(s) 8.06.10 p. m..png

Sin embargo, es menester ir más a fondo en otros rasgos comunes de las víctimas de tan proverbial maleficio fotográfico, como lo son la corrupción, la inmoralidad, la depravación y otras veleidades delincuenciales que de manera persistente suelen estar asociadas transversalmente a sus desgracias.

No es que esas figuras de la política continental (presidentes, expresidentes, líderes, artistas e intelectuales de derecha en general) sean unos desdichados que en mala hora aceptaron posar junto a una enviada de Satanás. No es tan simple el asunto.

Se trata, en realidad, de la más acabada conjunción de malvivientes, desfalcadores, degenerados y embaucadores de profesión que se conozca en nuestro territorio y, fundamentalmente en los ámbitos de la derecha más allá de nuestras fronteras, convertidos, por obra y gracia de la afinidad política e ideológica que los ha unido tan estrechamente, en amigos predilectos de la interfecta.

Por eso no deben ser para nada extrañas las fotos de Juan Guaidó, el líder fundamental y más admirado de la derecha venezolana, con los criminales de mayor peligrosidad del Continente. Desde su ingreso mismo a la escena política, quienes han conformado su entorno más cercano han sido siempre los peores delincuentes que ha conocido la sociedad venezolana en más de una década.

Desde el terrorista confeso Lorent Saleth hasta el desalmado descuartizador Pérez Venta, pasando por su secretario personal Roberto Marrero, coordinador de los grupos de mercenarios que han operado en el país con la anuencia del autoproclamado, sus más allegados amigos han sido siempre noticia más por sus felonías que por la desgracia de haber posado en una foto con la Tintori.

Más allá del fenómeno sobrenatural relacionado con la mavita, está el hecho de que son todas unas sabandijas. Es su verdadera naturaleza.

Si algún milagro ha obrado Guaidó en su catastrófico periplo como autoproclamado, es haber pasado a esos malandros que son sus amigos, de la última página, la “página roja” de los periódicos, a los grandes titulares de la primera plana.

@SoyAranguibel

Los países de la Tintori

Por: Alberto Aranguibel B.

Es completamente normal encontrarse hoy con escuálidos que afirman categóricos en cualquier lugar y a todo gañote, que la oposición habría obtenido su mayoría en la Asamblea Nacional gracias al voto de más de catorce millones de venezolanos que aquel 6 de diciembre de 2015 concurrieron a las urnas electorales.

El argumento es exactamente igual al esgrimido en 2013 por el entonces alcalde de Baruta, Gerardo Blyde, en la reunión del diálogo convocada en esa oportunidad por el presidente Nicolás Maduro en Miraflores, según el cual la Constitución venezolana vigente se debía al voto de todos los venezolanos, chavistas y opositores, que votaron en su referendo aprobatorio unos a favor y otros en contra. Una absurda sumatoria que convertiría a Fernando VII en co-Libertador de Venezuela. Porque mientras Bolívar luchaba por la independencia, él luchaba para evitarla.

Tal dislate sumatorio solo tiene una explicación. Que, frente al reiterado fracaso de la oposición en la fórmula democrática del voto, no le quedó otro remedio que instaurar la idea de que son mayoría, usando esa poderosa herramienta a su servicio que son los medios de comunicación. En definitiva, la gente nunca ve los votos de ninguna elección, sino a los funcionarios que presentan a través de las cámaras cuáles fueron los números de la misma. ¿Por qué no ser entonces ellos quienes den esos números a la opinión pública? habrán dicho en algún momento.

Por eso la oposición dejó de someterse a elecciones con argumentos cada vez más irresponsables. Para ellos es un gasto de dinero virtualmente tirado a la basura porque siempre pierden. Y, además, porque no les hacen falta. Su “negocio” está en usar los medios para construir su mayoría. Una cómoda y muy controlada mayoría mediática.

De ahí que ya no tengan líderes sino artificios de mercadeo político, como muy bien los denomina la Vicepresidenta Ejecutiva, Delsy Rodríguez. Cualquier bemba ‘e perro puede ser ahí líder si cumple con los requisitos mercadotécnicos que el medio exige.

Líderes que consideran que su función no es ninguna otra que la de mentirle al mundo agregándole siempre una cantidad mayor a las cifras que ellos mismos hayan dado previamente como “sus números” en cualquier otra declaración a la prensa. De modo que, aún sin haber participado en elecciones, llega un momento en que pueden permitirse declarar enfáticos que cuentan con más del 80, 90 o incluso 95% de respaldo popular, como ahora vociferan. Saben que ahí estarán los medios y las redes sociales para acostumbrar poco a poco al mundo a la idea de que esos son los números correctos.

De modo que si alguna crisis existe hoy en Venezuela, es la del desastre social, económico y político, que ocasiona una oposición enfermizamente convencida de ser la más descomunal mayoría de la historia, en razón de lo cual niega toda fórmula democrática para su desempeño (ya sea la elección o el diálogo), precisamente por culpa de esa terca manía de abrogarse números idílicos que no le corresponden, porque cree que esa es la forma correcta y más eficaz de hacer política.

De esa demencial lógica aritmética que usan para fabricar mayorías artificiales incrementado números ante las cámaras, es de donde surgen los “miles de países” que ve Lilian Tintori en su pequeña cabecita escuálida.

@SoyAranguibel