Borges el urogallo

Por: Alberto Aranguibel B.

La derecha venezolana, tal como lo ha puesto en evidencia cada vez que ha tenido la oportunidad, no profesa admiración o respeto alguno hacia los próceres de la Patria. Más bien todo lo contrario, pero no por un asunto de principios doctrinarios sino porque no tienen héroes a quienes rendirle culto.

Son muy contados los protagonistas de la gesta emancipadora que representan de manera más o menos cabal los intereses y valores que hoy encarna la oposición venezolana. Nuestros héroes inspiraron su lucha en la búsqueda incansable de la justicia y la igualdad social que proponía el movimiento emancipador y humanista de aquella gran gesta de libertad y soberanía. Exactamente los principios del chavismo a los cuales se opone hoy la derecha.

En su breve lista, José Antonio Páez es siempre una suerte de gran carta de salvación cuando se ven forzados a la (para ellos) odiosa eventualidad de asumirse patriotas, pero no por sus gloriosas hazañas en la lucha independentista sino por haber protagonizado la mayor confabulación que se conozca de un venezolano contra el Padre de la Patria, y, muy principalmente, por haberle restituido los privilegios a los mantuanos después de la guerra mediante la fórmula de la Cosiata.

La oligarquía criolla es muy estricta en eso del culto a sus héroes (los pocos que tienen). Jamás la admiración hacia ellos debe estar desconectada del simultaneo odio hacia los libertadores y hacia las ideas de emancipación. Francisco de Miranda, por ejemplo, es todavía vituperado en los salones más refinados del Country Club, con la misma saña y desprecio que se le tiene hoy al comandante Chávez en esos recintos. Hábito que les viene desde los orígenes mismos de la venezolanidad, como lo revela aquel bochornoso impasse con el General José Laurencio Silva, a quien el Libertador tuvo que desagraviar en la forma más insólita en medio de un salón de baile, ante el irrespeto del cual el gallardo General era objeto por parte de ese mantuanaje del cual surge el actual.

El asturiano José Tomás Boves, reivindicado por Francisco Herrera Luque como un gran guerrero venezolano, viene a ser quizás el más completo paladín del retorcido concepto de libertad e independencia con el que comulga el antichavismo, porque más allá de la naturaleza anarquista y pendenciera que le caracterizó, Boves es el verdadero arquetipo del empresario privado de medio pelo (vendedor de baratijas de mercería en su caso) que terminó convertido en líder de las revueltas más incendiarias de su tiempo por su sola vocación criminal y asesina.

Quienes exaltan hoy a Boves lo hacen desde la perspectiva supuestamente venezolanista que le inspiraba, porque encarnaba una modalidad de lucha por la independencia que era a la vez una lucha a muerte contra el movimiento libertador que pregonaba la abolición de la esclavitud, así como la justicia social y la independencia de la Patria.

Aquel sanguinario personaje no tuvo conmiseración alguna con los venezolanos que asesinaba en masa a su paso por las poblaciones que asaltaba (más por el regocijo de su sadismo que por ninguna razón política, a las cuales se sublevó en todo momento desconociendo persistentemente el mando de sus superiores en todos los ejércitos en los que peleó). Sin lugar a dudas el perfil que define de manera más perfecta la irracional lógica de la lucha que hoy libran en el país los sectores de la derecha fascista que lidera Julio Borges.

Habiendo sido Páez el autor de la mayor afrenta que se conozca de un venezolano contra Simón Bolívar, Boves es sin embargo el héroe que goza de la mayor admiración por parte de la derecha ultra reaccionaria que hoy se reúne en el antichavismo, porque siendo, como lo fue, un auténtico mercenario de la guerra, sin principios éticos ni morales de ninguna especie, jamás renunció (como sí lo hizo Páez en los inicios de su carrera militar) a las fuerzas realistas que batallaron hasta lo indecible por exterminar el ejército libertador, ni claudicó nunca en su criminal afán de exterminio físico del contrario.

Borges es exactamente eso; un mercenario de medio pelo promovido a la escena pública desde el ámbito de la empresa privada, que ha encontrado en el terreno de la política un espacio para hacerse de grandes negocios (criado en el seno de su hogar como la promesa de una modalidad del derecho para la cual fueron formados muchos venezolanos de los sectores pudientes de la sociedad que concibieron siempre la abogacía no como un instrumento de justicia sino como una herramienta para conseguir mejores oportunidades de esquivar las leyes en la búsqueda de riquezas y posiciones de poder), pero que no tiene, además, el menor prurito en promover y ordenar el exterminio de los venezolanos que no le ayuden a satisfacer sus ansias de gobernar para llevar a cabo la entrega del país al imperio norteamericano (a cuyas órdenes se ha puesto a cambio de una jugosa remuneración en dólares) sin importar si quienes son asesinados por sus sicarios son chavistas u opositores.

Quienes desde la derecha no entienden o repudian a Borges, lo hacen porque no han comprendido ese aspecto tan particular de los asesinos, que, como Boves, no hacen jamás política, sino que urden emboscadas contra la sociedad para sacarle provecho a la política desde una posición de poder.

No supieron leer al Borges auténtico que estaba detrás de la cobarde evasión de responsabilidad en el golpe de abril del 2002, en el que estuvo involucrado hasta los tuétanos pero que negó hasta la saciedad una vez restituido Chávez en la presidencia.

No entendieron su jugarreta en la mesa de diálogo instalada en República Dominicana, en la que él siempre supo desde un primer momento que su presencia ahí tenía la única intención de impedir la firma de algún acuerdo. Por eso es una completa infamia la acusación de “dialogante” que hoy los opositores le hacen.

De ahí que hoy se vea en la obligación de violentar su proverbial cobardía, reconociendo ante el mundo que él ha sido el promotor por excelencia del acoso imperialista que ha provocado la peor crisis económica de nuestra historia, y deba presentarse complacido ante las cámaras por el padecimiento de los millones de venezolanos que hoy sufren las consecuencias de un bloqueo que genera hambre, pobreza y enfermedades sobre todo a los más necesitados, incluso a los miles de opositores que en algún momento creyeron en las falsas promesas de bienestar que les hiciera esa derecha reaccionaria que él encarna.

Exactamente igual a Boves, a Borges no le interesa para nada el bienestar del pueblo, porque el pueblo no tiene nada que ver con su proyecto personal. El pueblo cumple en las batallas de los mercenarios el papel de tonto útil que le asignan siempre los mercenarios. Y eso fue lo que hizo Borges con la esperanza de quienes en algún momento escucharon su promesa del ilusorio bienestar que les depararía la reinstauración del neoliberalismo en el país. Promesa que a la larga terminó convertida en la repulsa que cada vez más gente le tiene, no solo por la impudicia de sus recurrentes errores y fracasos en el terreno de la política, sino por las evidencias de su vil entreguismo. Que van quedando al descubierto a medida que los pozos sépticos de la oposición que él lidera se van destapando y el mundo entero (empezando por los mismos opositores) puede ver con claridad cuánto de asqueroso y repugnante puede llegar a ser este infame personaje.

Hoy Borges se duele por la frustración del genocidio con drones contra el Presidente y las decenas de funcionarios y de gente del pueblo que el 4 de agosto se encontraban en la avenida Bolívar de Caracas, y que él personalmente ordenó desde la mansión que el gobierno colombiano le ha asignado como guarida. Las pruebas que lo incriminan en los celulares y demás evidencias y declaraciones de los terroristas detenidos, son irrefutables. Su plan era la muerte de esos venezolanos para obtener un beneficio político; hacerse del poder para poner el país bajo el control del imperio.

Nada nuevo. Simplemente ha renacido en nuestro suelo el talante exterminador y genocida de un mercachifle de la política devenido en guerrero de la muerte por vocación propia.

Como hace dos siglos, el pueblo de Venezuela, bajo el mismo signo de la justicia y la igualdad por la cual luchó en el pasado hasta conquistar la independencia, derrotará a los mercenarios y a los ejércitos imperialistas, e impondrá la vida sobre la muerte.

¡Juntos, con Nicolás al frente, podemos!

 

@SoyAranguibel    

Anuncios

De drones y de cobardes

Por: Alberto Aranguibel B.

El dron, o aeronave no tripulada de control electrónico a distancia, es una tecnología desarrollada por el ejército norteamericano para alcanzar objetivos de combate con el más bajo nivel de perceptibilidad y con el más alto rango de capacidad de evasión de las leyes internacionales que regulan las confrontaciones armadas en el mundo entero.

Es decir, es un artefacto que debe su origen a la naturaleza cobarde de quienes lo concibieron. Lo del uso recreativo y utilitario que algunos le han dado después, es algo sin importancia para sus creadores. Lo importante del dron es la capacidad que el mismo tiene para atacar a mansalva a la vez que el atacante queda al mejor resguardo evadiendo toda posibilidad de ser descubierto y, en consecuencia, incriminado.

De ahí que el dron haya sido visto como el arma perfecta por la oposición venezolana, que obviamente pensó que ahora sí estaba en verdad en condiciones de hacerse del poder con el descubrimiento de este prodigioso adminículo que le permite hacer lo que hasta ahora nunca había podido hacer en la vida política, que era la posibilidad de obstaculizar, destruir, sabotear, incluso asesinar, sin correr el riesgo de ser acusada de ningún delito.

Seguramente pensaba esa destartalada oposición que por fin aquel deplorable “¡Yo no fui!” que tanto ha tenido que repetir cada vez que la descubren en sus trapacerías contra los venezolanos, iba a entrar en desuso gracias a la innovadora tecnología del control a distancia que comprende el dron.

Quizás pensó que ya no tendría que hacer el ridículo poniéndose “curitas” en los cachetes para aparentar lesiones de evasión de responsabilidades en sus tropelías golpistas, porque el uso de drones le permitiría lanzar la piedra y esconder la mano desde algún estudio de televisión muy bien calculado al efecto.

Pero, como para variar, pues la oposición volvió a pelarse. El primer mandatario nacional salió perfectamente ileso, el gobierno se mantuvo firme a sus órdenes, y en menos de tres horas ya los cuerpos de seguridad tenían precisados y capturados a los sicarios contratados para atentar contra la vida del presidente.

Ni siquiera escondiendo su cobardía tras la más avanzada tecnología esa pobre gente sirve para algo.

¡Vaya capacidad para el fracaso, amigos!

 

@SoyAranguibel

¿Qué murió en realidad cuando mataron a Kennedy?

– A 53 años del asesinato de John Fitzgerald Kennedy –

Por: Alberto Aranguibel B.

La infinidad de hipótesis sobre la suerte del planeta que ha inundado los medios de comunicación del mundo entero con la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, solo fue superada hasta ahora por las innumerables conjeturas sobre lo que habría sido el devenir de la historia si las balas que acabaron con la vida de John F. Kennedy no hubieran cumplido su cometido aquel 22 de noviembre de 1963.

Quienes ordenaron su asesinato, ya fuese a Lee Harvey Oswald, a quien la versión oficial presentó como el solitario autor material del magnicidio, o al grupo de asesinos profesionales contratados por la mafia en connivencia con la CIA, como se desprende de las decenas de investigaciones que se han hecho desde entonces para establecer la veracidad del más indescifrable crimen político de todos los tiempos, quizás hayan sido los únicos en saber a ciencia cierta cuáles acontecimientos pretendían modificar o impedir definitivamente con aquel atentado.

¿Por qué llega en un momento determinado el ser humano a la utilización de un recurso tan extremo como la muerte para solventar los asuntos que se supone deben estar en capacidad de resolver los seres humanos mediante el poderoso instrumento con el cual la naturaleza le ha dotado para diferenciarle del resto de los seres vivos sobre la tierra, como lo es el raciocinio… la capacidad de debatir las ideas?

La más probable de todas las razones es, sin lugar a dudas, la falta de argumentos de quienes creen que solo el poder del dinero y de las armas que él puede comprar es suficiente para imponerle al resto de la humanidad una particular visión del mundo.

Cien años antes de aquel infausto acontecimiento que estremeció al mundo en 1865, cayó abatido también por un disparo a la cabeza el primer presidente norteamericano asesinado a mansalva, dejando una estela interminable de interrogantes sobre las razones por las cuales le asesinaban.

El crimen contra Abraham Lincoln, el primero de los cuatro presidentes norteamericanos asesinados en el ejercicio del poder, marcó para siempre la vida de los estadounidenses. Por qué y para qué fue asesinado nunca se supo con exactitud. Su política de emancipación de los esclavos y el llamado “Sistema americano” con el que pretendió regular la economía, factores que a la larga generaron la desunión entre los estados del norte y los del sur, fueron solo conjeturas sobre las causas de su asesinato.

Desde Julio César, en la Roma antigua, hasta John F. Kennedy en Norteamérica, la lista de líderes prominentes cuyos asesinatos impactaron a la humanidad es infinita. Curiosamente, aún cuando no es posible hablar de una constante en este sentido, en su gran mayoría fueron siempre cultores de los derechos humanos, de la paz o de la justicia social en alguna medida.

Ya en 1830 el Abel de América (como le llamó dolido el propio Libertador) Antonio José de Sucre, caía fulminado en Colombia a consecuencia de la bala artera que sus enemigos dispusieran contra él para evitar toda posibilidad de continuación o reimpulso del sueño emancipador emprendido por Bolívar, convirtiéndose en uno de los primeros líderes americanos en morir de esa manera, si no el primero.

Francisco Madero, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, en Mexico; José Santos Guardiola, en Honduras; Ramón Cáceres, en República Dominicana; José Antonio Remon Cantera, en Panamá; Juan Idiarte Borda, en Uruguay; Luis Miguel Sánchez Cerro, en Perú; Gabriel García Moreno, en Ecuador; Carlos Delgado Chalbaud, en Venezuela, fueron algunos de los presidentes de países americanos muertos en el ejercicio del poder producto de atentados que nunca quedaron perfectamente esclarecidos.

Pero la lista se extiende aún más con los nombres de dirigentes o activistas sociales como Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán (Col); Pancho Villa, Emiliano Zapata, Luis Donaldo Colosio y Francisco Ruiz Massieu (Méx), Martín Luther King y Malcom X (EEUU), Arnulfo Romero (Sal), y los cientos de ministros, diputados, gobernadores, alcaldes o candidatos que han muerto bajo la acción de las balas. Así como la infinidad de atentados fallidos de los que fueron víctimas Fidel Castro y Hugo Chávez, entre muchas otras figuras prominentes de la política en el continente, y de los cuales salieron ilesos casi siempre más por obra de la providencia que por la perspicacia de los cuerpos de inteligencia o la capacidad de respuesta de su seguridad personal.

Sin embargo el atentado a John F. Kennedy ha trascendido a través del último medio siglo, no solo en suelo americano sino en el mundo entero, como el más traumático magnicidio que recuerde la historia. Un fenómeno que se explica en principio por la naturaleza inédita de su difusión televisiva en vivo a todo el planeta, hecho que sin lugar a dudas impactó a una audiencia masiva que jamás se había enfrentado en esa forma a la crudeza de un hecho noticioso de tal magnitud.

Pero en realidad trasciende mucho más por la extraordinaria oportunidad que el imperialismo encontró en aquel momento para instaurar en el imaginario colectivo del norteamericano, así como del resto de la humanidad, la ilusión del líder estadounidense admirado y querido por el mundo entero como lo necesitó desde siempre el imperio norteamericano sin haberlo encontrado jamás hasta que Kennedy murió.

Como una insalvable y trágica constante del destino, los presidentes de los Estados Unidos, incluso aquellos a quienes se les cubre con mantos de pretendida nobleza para imprimirles un falso rostro bondadoso (como el otorgamiento sin mérito alguno para merecerlo del premio Nobel de la Paz que le fuera entregado a Barack Obama apenas asumió su cargo), concitan hasta en los más apartados rincones del planeta el desprecio incontenible de la gente. Donde quiera que lleguen deben ser siempre protegidos por verdaderos ejércitos de fuerzas policiales acantonadas a lo largo de sus recorridos, no tanto por los riesgos de atentados terroristas (que existen) sino por la lluvia de tomatazos y huevo podrido de la que invariablemente suelen ser objeto.

Justo en el momento más álgido de la “Guerra Fría”, cuando los rusos dejaban atrás a los EEUU en la carrera espacial; habiendo Kennedy demostrado una inusual capacidad para la negociación política con sus enemigos históricos durante la crisis de los misiles; en pleno apogeo de las luchas raciales en suelo norteamericano; y con las perspectivas nada promisorias del ya muy avanzado conflicto bélico en Vietnam, las élites del poder veían demasiados peligros asechando sobre el prestigio político logrado por esa nación luego de la Segunda Guerra mundial.

Quedando como quedaron desplazados Francia e Inglaterra como competidores en la dominación mundial, en virtud del desgaste de esas naciones en las dos guerras mundiales, Estados Unidos consideró necesario reafirmar su influencia con el genocida lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón, para dejar sentado que no era líder del mundo libre por default de las demás potencias sino por su capacidad real de fuego.

Fue el desespero irracional de quienes asesinaron a Kennedy lo que los llevó a cometer el que probablemente haya sido el más inútil de los crímenes políticos que se haya consumado jamás, porque ninguna de las políticas emprendidas por aquel mandatario, fiel exponente de la más acaudalada aristocracia norteamericana, indicaba de ninguna manera que su gobierno tomaría un rumbo de impensable conciliación o cesión frente a los países comunistas, o que su administración se orientaría hacia modelos de corte social contrarios a los intereses de los sectores hegemónicos del poder en esa nación.

Kennedy no habría sido sino lo que todo presidente norteamericano puede ser; un sanguinario imperialista afanado en controlar el mundo, a través del chantaje y el sometimiento económico y político que pueda ejercer mediante el uso indiscriminado de las armas, el terrorismo, la injerencia y la promoción de la ingobernabilidad en los países que no le son afectos al imperio.

Cuando mataron a Kennedy, acabaron con la vida de un prominente norteamericano y nada más. Un gobernante cuya imagen no se desgastó, precisamente por no haber tenido tiempo, como se habría desgastado indefectiblemente de seguir vivo, y que muerto permitía al mundo especular con la ilusión de que los EEUU contaba no solo con poder militar o económico, sino también con un liderazgo político admirable, capaz de trascender la historia del nuevo orden mundial que estaba emergiendo. Todo lo demás seguiría intacto.

Como seguramente seguirá en el gobierno del recién electo Donald Trump.

Solo falta saber cuánto tiempo más soportará el pueblo norteamericano sin rebelarse definitivamente contra la injusticia que ese decadente modelo comprende, para verle levantar esa nación con base no en las guerras o en la explotación cruel e inmisericorde en las que hoy se apoya, y empezar a construir su futuro a partir de la voluntad y el esfuerzo de su gente. Como debió haber sido siempre.

@SoyAranguibel

Aranguibel en Noticias24:“La oposición no tiene la altura política para asumir el rol de liderazgo que quiere tener frente a un sector”

Pantalla Noticias24

Caracas, 11 de junio. Noticias24 – El analista político Alberto Aranguibel realizó este miércoles, en Noticias24 TV, un análisis del acontecer nacional. Se refirió a las denuncias presentadas por el Alto Mando Político sobre un presunto plan de magnicidio contra el presidente de la República, Nicolás Maduro Moros, y la respuesta de la oposición venezolana a este hecho.

El periodista se refirió a la solicitud de aprehensión que realizó hoy la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, vía Interpol, de Diego Arria, Pedro Burelli y Ricardo Koesling por su presunta vinculación a plan de magnicidio. “Está en perfecta concordancia con lo que hemos venido viendo las últimas semanas (…) no debiera sorprender a nadie porque precisamente se trata de una investigación en curso a partir de una denuncia formulada por la alta dirigencia del comando político de la revolución y partir de ella se espera que se dicten los pasos que estos procesos conllevan, dijo.

Se está llevando a cabo el cumplimiento de lo que dictan las leyes, las normas en este sentido, en cuanto al orden que deben seguir los procesos”, expresó al tiempo que consideró que las denuncias sobre magnicidio constituyen un hecho “de suma gravedad, no se trata de cualquier cosa”.

Aseguró que la coalición opositora ha tratado de “banalizar” esta denuncia de distintas formas, “pero las pruebas que han sido presentadas dan cuenta de la seriedad y de la altísima gravedad que estos hechos revisten”.

Existe una falta de capacidad por parte de la oposición para dar “una respuesta inmediata a los hechos

Destacó que la no comparecencia de Burelli, Arria y Koesling ante el Ministerio Público por estar fuera del país, es un desacato y por ello es considerado un delito “de suma gravedad”. Agregó que esta actitud casi unánime “deja ver que efectivamente hay una decisión tomada por consenso por parte de estos actores y eso le da mayor refuerzo a la tesis de que no se rata d e hechos aliados, sino que si hay un plan como lo demuestran las pruebas”.

Adicionó además que parece haber también una unidad de criterios en las declaraciones que éstos, “ha dicho que son se arrepienten de las actuaciones que han tenido en cada uno de los escenarios en lo que han hecho llamamientos a la estabilización y el desconocimiento del Gobierno”.

Para el analista, “lo que menos importa en esta ocasión es el beneficio o el costo político que pueda tenerse en todo este proceso (…). Aquí no se puede dar la solidaridad automática que suele darse desde los distintos sectores cuando considera que tiene que salir en defensa de algunos de sus integrantes. Hay que asumir la condición de venezolano por encima de cualquier otra”.

Evaluó la respuesta de la oposición tras los anuncios del plan de magnicidio. “Hay un lenguaje burlón por parte del secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, Ramón Guillermo Aveledo, mofándose hasta del escenario donde se hizo (la rueda de prensa), para tratar de convertirlo en un sainete”.

En su opinión, los argumentos de la coalición opositora son una “expresión de irresponsabilidad, de las más altas que ha habido en el debate político, en todo lo que va de confrontación de la oposición y del chavismo”.

A juicio de Aranguibel, existe una falta de capacidad por parte de la oposición para dar “una respuesta inmediata a los hechos a los que tiene que enfrentarse, reacciona después”.

Esta falta de capacidad de respuesta a los hechos que tiene que atender, hacen ver que la oposición no tiene la estatura, no tiene el nivel, ni la madurez política para asumir el rol de liderazgo que quiere asumir frente a un sector del país (…) La dirigencia opositora siempre aparece en un devaneo, eso es un problema grave que tiene la democracia hoy en día, que es esa falta de seriedad de la oposición venezolana”, sumó.

Aquí la entrevista completa: Aranguibel en Noticias24

Fuente: Noticias24 TV, 11 de junio de 2014

Aranguibel: “Si no fuera por los medios de comunicación, el capitalismo ya se habría venido abajo”

Por: Noticias24.com / Publicado el 26 de sep de 2013

Foto: Veronica Canino/ AVN/ Archivo

Alberto Aranguibel, analista político, denunció este jueves que los medios de comunicación venezolanos “de carácter antidemocrático tuercen los hechos reales, de acuerdo a la versión antojadiza de sus dueños con intereses mediáticos”.

La denuncia la hizo a propósito de las declaraciones realizadas este miércoles por el presidente Nicolás Maduro, quien dijo que leer el diario El Nacional “es como comprar ácido muriático y desayunar con eso todos los días”.

Durante el programa Toda Venezuela, que transmite Venezolana de Televisión, Aranguibel señaló que en la prensa nacional “el conocimiento ha sido secuestrado y se ha puesto al servicio de élites, cada vez más reducidas”.

Afirmó que en Venezuela el modelo capitalista no se asienta en el intercambio de debates ni en la construcción democrática con los pueblos, “sino en los medios de comunicación privados”.

Si no fuera por los medios de comunicación, el modelo capitalista ya se habría venido abajo”, expresó.

Criticó que los dos grandes diarios de Venezuela, El Nacional y El Universal, hayan usado una fotografía que refleja la llegada del presidente Maduro a la República Popular China, en la cual -indicó- “minimizan al Jefe de Estado para destacar el nombre de la aerolínea a la que pertenece el avión que utiliza actualmente la Presidencia de la República”.

Aranguibel manifestó coincidir con las denuncias del presidente Maduro y de la ministra para la Comunicación e Información, Delcy Rodríguez, que han declarado que la prensa privada “está cartelizada para atacar el proceso revolucionario”.

“La derecha vuelve a fallar en sus planes de acabar con la revolución”

Por otra parte, el analista político calificó de “muy grave” las denuncias del Jefe de Estado sobre la falla que registró el avión presidencial, luego de haber estado en mantenimiento en Francia durante cinco meses.

En este caso trasciende el intento de magnicidio, que hasta ahora había sido impulsado por los sectores de la derecha nacional, porque están involucradas empresas internacionales como Airbus“, apuntó.

Descartó que el anuncio realizado por el Presidente de la República “sea una noticia para distraer la opinión pública”. Al respecto, aseguró que al existir una acusación formal contra una empresa internacional es “porque existen elementos tangibles”.

Denunció que en la falla del avión presidencial venezolano podría estar involucrada la oposición venezolana. “La derecha vuelve a fallar en sus planes de acabar con la revolución”, señaló.

Fuente: http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/196154/aranguibel-si-no-fuera-por-los-medios-de-comunicacion-el-capitalismo-ya-se-habria-venido-abajo/