¡Allá va el narcoestado!

Por: Alberto Aranguibel B.

“Estados Unidos no combate en verdad el narcotráfico, sino que lo coordina”
Hugo Chávez

En el cine, la narrativa de la fascinación y el entretenimiento no ha sido jamás la figura fundamental del relato, sino que ha sido la narrativa (violenta, cruda o candorosa) la que ha estado en todo momento al servicio de ese propósito alienante que se ha trazado el imperio norteamericano para permear de una manera sutil y sugestiva entre la gente su dogma de la dominación a la que se considera predestinado.

El todo eso, el ser humano cumple una función de complemento necesario, que desempeña más el papel de “objetivo estratégico” para el capitalismo, que de “público” o de simple “espectador”, como lo presenta la industria cinematográfica para ocultar la barbarie mediática que hay detrás de la pantalla.

Siendo el ser humano el elemento central de esa narrativa, la intensiva promoción a través de la pantalla de hábitos de consumo con mayor potencial de masificación, como el cigarrillo o las bebidas alcohólicas, apareció entonces como una de las áreas de oportunidad más rentables para la economía norteamericana. Convertir a la sociedad en consumidora empedernida de esos vicios sin importar el daño que le causaban a la misma, venía a ser para el capitalismo una inestimable mina de oro, a la que se abocó por más de medio siglo de manera ininterrumpida a través de las más cuantiosas inversiones en publicidad (directa, subliminal o por emplazamiento) tanto del cigarrillo como del licor, en todas y cada una de las películas que se filmaron no solo en los Estados unidos sino en el mundo entero. La caja roja y blanca del cigarrillo Marlboro, no dejó nunca de aparecer en pantalla como el más infaltable y encantador paliativo de las angustias de toda índole para el ser humano, sin importar cuál fuese el tema o la historia que se narrara.

Pero, alcanzando ya el primer cuarto del siglo XXI, y después de más de siete décadas de la asfixiante presencia del cigarrillo convencional en el cine, ahora lo que fuma todo el mundo en pantalla es mariguana.

La mariguana es apenas una de las decenas de drogas que consume de manera masiva la casi totalidad de la población norteamericana en todos sus estratos, sin distingo de clase social, raza, credo u orientación sexual, convirtiéndose, principalmente gracias al cine, en el hábito más extendido en Norteamérica, país donde el consumo, ya sea por razones medicinales o simplemente recreativas, se ha legalizado en la casi totalidad de los cincuenta estados que lo integran, alcanzando la dudosa honra de poseer la más alta cifra de consumo de estupefacientes en el mundo, y elevando consecuencialmente el número de muertes por sobredosis en ese país por encima de las siete mil personas al mes, según ha reconocido el propio presidente Donald Trump.

¿Qué pasó entonces en esa sociedad, que desde hace tanto tiempo se jactó de perseguir implacable y sin contemplaciones como ninguna otra el tráfico y el consumo de estupefacientes, para convertirse en la más adicta al consumo de drogas en apenas tres o cuatro décadas?

Simplemente que hacía falta una nueva (y más segura y rentable) fuente de generación de riqueza que ayudara a paliar la caída de un modelo económico agotado, como lo es el capitalismo, cuya dependencia del férreo sistema bancario convencional (con controles cada vez más a la vista de los organismos del Estado, así como los crecientes pasivos fiscales y laborales que le obligan) ha terminado por hacer cada vez más inviable la creación de fórmulas alternativas de multiplicación para el capital. En sociedades cada vez más empobrecidas precisamente por efecto del explotador modelo capitalista, el consumo no es ya aquella fuente inagotable de dinero que fue en otros tiempos.

La lógica de la especulación bursátil (concebida por el capitalismo para abrirle espacio a las grandes corporaciones más allá de las limitadas posibilidades de expansión del capital que le ofrece el agotado modelo bancario existente) así como el exponencial incremento del rédito a través de figuras como la corrupción (ideada y practicada por la empresa privada como medio para elevar sus ganancias de forma súbita) o de los “paraísos fiscales” creados para satisfacer también a bajo costo la insaciabilidad de los sectores oligarcas, no fueron suficientes para responder a la dinámica depredadora que su modelo genera a partir de la filosofía de la acumulación que le es inherente.

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Para eso, nada mejor y más oportuno que la inmensa fortuna que es capaz de generar una poderosa industria como la del narcotráfico, basada en la precaria estructura de producción y la mano de obra barata de las redes delictivas que la conforman, usualmente asentada en territorios de vocación narco productora cuyas barreras legales y de soberanía cedan fácilmente al poder de la economía paralela que ella crea, como Afganistán y Colombia, por ejemplo, y que no necesita rendir cuentas a ningún sistema económico o financiero sino al dueño del ejército que la controle. Por eso el cine la promueve tanto.

Si además de ello, y en virtud del carácter altamente improbable que es para la sociedad determinar si lo que dicen los medios es cierto o es falso, existe la posibilidad de sembrar en la mente de la gente aquellas ideas que, asociadas a la satanización de la droga (tal como fue construido inicialmente el discurso antidrogas cuando su consumo era usado principalmente como excusa para la segregación contra los afroamericanos y los inmigrantes mexicanos) sirven para perseguir a los enemigos del capitalismo acusándoles de narcotraficantes según convenga en cada oportunidad a la estrategia de la dominación, entonces el negocio será todavía mucho más provechoso para el imperio.

Faltaría aquí mucho espacio para tratar la forma en que esa mediática al servicio del capitalismo estigmatizó de manera interesada y sin fundamentos científicos valederos a la mariguana para convertirla en falaz instrumento de segregación. Exactamente la misma manera en que esa mediática utiliza hoy su “cultura” anti drogas para acusar a los gobernantes de aquellas naciones que no se plieguen a los intereses del imperio, convirtiéndolas antojadizamente en narco Estados sin aportar, por supuesto, prueba alguna que sustente de manera consistente y comprobable la infame especie, sino apoyándose en la lógica de la imposición de matrices de opinión llevada a cabo por los medios.

Erigidos en jueces absolutos de la sociedad, los medios de comunicación no necesitan aportar pruebas de sus acusaciones contra nadie, precisamente porque su área primordial de experticia es el manejo de la realidad virtual, en la cual el rol de los actores sociales se asigna de acuerdo al gusto y la conveniencia del dueño del circo, en este caso el imperio norteamericano, que hoy necesita aparecer ante el mundo como el líder de una lucha antinarcóticos que en realidad lo que busca es elevar el precio de la droga en el mercado y saltarse el derecho internacional como le venga en gana.

Algo que tendría que ser inequívocamente contradictorio y hasta escandaloso en boca de la nación que más promueve y estimula el consumo y la legalización de las drogas que dice perseguir, pero que en el mundo en el que vivimos no causa ni la más mínima extrañeza gracias precisamente al embrutecedor trabajo de medios de comunicación que presentan a esa, la mayor potencia bélica del planeta, imponiéndose mediante el uso de las armas sobre países a los que diezma sin la menor conmiseración a la misma vez que pontifica por libertades y derechos que a nadie le respeta, pero por los cuales puede darse el tupé de perseguir y satanizar a su antojo a quienes en efecto sí luchan por la verdadera redención de los pueblos oprimidos del mundo.

Es el mundo que mira a un timador gritar en plena carrera por la calle ¡Allá va el ladrón! a sabiendas de que es toda una farsa para perderse entre el tumulto, y que en vez de obstaculizarlo de alguna forma le cede el paso para facilitar su fuga.

Hoy, en la guerra de difamación y de mentiras que el imperio norteamericano disemina contra Venezuela, lo que grita el ladrón es… ¡Allá va el narcoestado!, cuando el mundo sabe que en realidad el verdadero imperio de las drogas es ese que difunde falsedades a los cuatro vientos para acusar a otros de manera injusta y arbitraria.

Solo que esta vez quien se erige como una gran muralla en su camino es el aguerrido y valeroso pueblo venezolano que se le plantará siempre de frente a ese, y a cualquier otro imperio criminal, para gritarle con Chávez y Maduro…

¡NO PASARÁS!

@SoyAranguibel

La extinción de la verdad como activo de valor para el mundo

Por: Alberto Aranguibel B.

“En el mundo al revés, las noticas falsas circulan libremente y aquellos que revelan la verdad son perseguidos y encarcelados. El derecho a la información de los ciudadanos y ciudadanas, bien gracias.”
Cristina Fernández de Kirchner

En una entrevista concedida por mi a la periodista Anahí Arizmendi en marzo de 2004 a través de la emisora Unión Radio, sostenía que buena parte de la circunstancias que estaban determinando el curso del debate político en el mundo era que los medios de comunicación privados nos estaban llevando hacia un escenario en el que la verdad no tenía ningún valor, sino que más bien la falsedad y la prosa acomodaticia eran las que dominaban la narrativa de la comunicación social y sustituían, en buena medida, el papel de las ideologías y la capacidad transformadora de las ideas políticas. Que nos enrumbábamos hacia la destrucción sistemática de la verdad como un referente de importancia en la orientación del sentido ético para el mundo, lo que generaba a su vez una adecuación del discurso de las élites políticas en general, sujeto ya no a las ideas sino a la realidad fabricada por esos medios manipuladores.

La reflexión fue entonces registrada en las redes sociales con una marcada carga de burlona hironía por uno de los más encumbrados opinadores de la derecha, famoso por su vocación para la farsa y el infundio a través del formato del periodismo de chismorreos sin fundamento, dando a entender que lo que yo sostenía no era más que una barbaridad.

Desde entonces el bombardeo mediático sobre una sociedad cada vez más intoxicada de basura comunicacional, embrutecedora y alienante, orientada a lograr el aletargamiento y la desmovilización de la gente como nunca antes experimentó la humanidad, se ha incrementado como nunca. La confrontación imperante no ha sido solamente la pugna por la instauración de un modelo social, político o económico en particular en el mundo, sino la lucha comunicacional entre la verdad de la justicia y la igualdad social que defienden los pueblos del mundo y la mentira que se empeñan en imponer las élites del capital para hacer realidad su dominio con base en la explotación del hombre, y su consecuente generación de hambre y miseria sobre el planeta.

El propósito de esa mentira no es solo ocultar la verdad, sino erradicarla definitivamente, de ser posible, porque en cada resurgimiento de la verdad afloran siempre las luchas emancipadoras de los pueblos. Así lo ha determinado el devenir de la historia. El llamado “fake news”, ese género de la mentira usada como verdad surgido al amparo del sensacionalismo noticioso que promueven las redes sociales y su licencia universal para el anonimato, no es otra cosa que la concreción de esa hipótesis que desde hace lustros el estudio de la comunicación social ha planteado, devenida en un formato que es cada día más aceptado por la sociedad de consumo como una novísima modalidad de periodismo cuya naturaleza no sería en principio nada pecaminosa sino más bien conveniente y hasta provechosa, en función de los intereses que dicho periodismo defienda o promueva.

Por eso es perfectamente razonable sostener hoy que lo que avanza en realidad en los espacios donde se supone que estaría avanzando la derecha en el mundo no es precisamente la fuerza política que aparezca liderando en cada caso tal avance, sino la convicción que en determinadas circunstancias de la coyuntura política  logren posicionar las grandes cadenas de la comunicación a su servicio.

Con base en la mentira urdida en su contra y no en el respaldo popular, Dilma Rousef pierde el poder en Brasil, y con base en el mismo proceso de impopular exterminio de la verdad es encarcelado Lula DaSilva para impedir su retorno a la presidencia.

Con base en la mentira y no en el respaldo popular es presentado como dictador el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, el segundo más votado en toda nuestra historia republicana después del comandante Hugo Chávez, y con base en el mismo impopular proceso de exterminio de la verdad es elevado a rango de presidente interino un diputado de tercera categoría como Juan Guaidó, por quien nadie ha entregado jamás ni un solo voto para tan alto cargo.

Con base en las mentiras contra Cristina Fernández de Kirchner, el gobierno de Mauricio Macri oculta la más estrepitosa crisis económica padecida hoy en el continente suramericano, que está elevando los índices de pobreza extrema a niveles nunca vistos desde hace al menos tres décadas y media, sin que ningún organismo multilateral se dé siquiera por enterado.

Con base en las mentiras contra Venezuela y apoyado en la destrucción de la verdad, el gobierno de Colombia oculta el genocidio que padece hoy el pueblo colombiano, así como el descomunal crecimiento de la producción de drogas y el narcotráfico que hasta sus propios amos del norte le reclaman públicamente.

Con base en las mentiras contra el expresidente Rafael Correa, el infame presidente de Ecuador, Lenín Moreno, entrega hoy a Julian Assange a las autoridades británicas, contraviniendo el derecho humanitario, cometiendo el más brutal ataque a la libertad de expresión que recuerde la historia y violentando flagrantemente el derecho internacional y la sagrada institución del asilo.

Con base en la mentira y amparado en su descomunal poderío bélico, Donald Trump amenaza hoy a Venezuela, acusando a su gobierno de ser un régimen hambreador y represor de las libertades democráticas, mientras el mundo arde por los cuatro costados con la brutal represión que desatan impunemente los gobiernos neoliberales contra sus pueblos que claman cada vez más por comida y oportunidades mínimas para una vida digna, como Haití, El Salvador, Guatemala, Honduras y Francia. Amén de aquellos que son masacrados sin piedad ni contemplación alguna, como Yemén, Colombia, Palestina, entre otros.

De ahí que la lucha más importante a librar hoy en el mundo no sea aquella que se dé por la liberación de Julián Assange, como exponente que es sin lugar a dudas del brutal ataque que hoy lanzan las grandes potencias capitalistas contra la libertad de expresión (como lo han hecho desde siempre con el secuestro de los medios de comunicación, puestos al servicio exclusivo de los intereses del capital) o en defensa de los derechos humanos del periodista australiano.

La lucha más importante que tiene que librar hoy en día la humanidad es por lograr que quienes sean llevados ante la justicia sean quienes cometen las perversas acciones delictuales, violatorias del sagrado derecho a la soberanía de los pueblos, que pretende esconder el imperio norteamericano con la prisión de Julian Assange. Esas acciones comprometedoras, de corrupción, promoción y ejecución de golpes de Estado, intervencionismo, espionaje y genocidio, llevadas a cabo por las fuerzas de inteligencia y del ejército norteamericanos, que aparecen recogidas en los miles de documentos que posee Wikileaks, y de los cuales el mundo solo ha conocido hasta hoy apenas una pequeña cantidad.

Se trata de contener la amenaza contra la humanidad que comprende la constante violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos en todos y cada uno de los escenarios del multilateralismo tratando de imponer su particular criterio y hacer valer exclusivamente sus intereses corporativos. Una violación cada vez más desaforada que ya muchos consideran el pavoroso umbral de la tercera guerra mundial.

Se trata, en defnitiva,  de rescatar la esencia y el valor de la verdad como referente del cuerpo social en su conjunto, incluso en el marco de las sociedades capitalistas que se consideren con derecho a su sobreviviencia, independientemente de la carga histórica que sobre ellas pesa.

Una verdad que no es anotojadiza o parcializada en función de ideología alguna, sino que obedece a una realidad universal inocultable como lo es la verdad de los pueblos que por siglos han clamado por su redención y que hoy están de nuevo dispuestos a dar hasta su vida por alcanzar por fin el logro de ese sueño del mundo justo al que han aspirado desde siempre.

¡Basta ya de mentirle al mundo con el cuento del ilusorio confort capitalista!

¡Basta ya de pretender convertir la verdad en delito!

@SoyAranguibel

Fotografía: Revista Time

La magia mediática: Carvajal ya no es “un alto mando que reconoce a Guaidó” sino “un general chavista”

Por: Clodovaldo Hernández

Y de pronto, “el oficial de más alto rango que se ha pronunciado a favor del autojuramentado presidente Juan Guaidó” se convirtió en “un general chavista detenido por drogas”.

La historia, que parece cosa de magia, está ocurriendo en todos los grandes medios de comunicación de la derecha mundial y nacional con el degradado oficial Hugo “el Pollo” Carvajal, un nombre que entra y sale de los bandos políticos según lo que le convenga a la maquinaria mediática mundial.

El caso prueba que el complejo comunicacional del capitalismo hegemónico tiene su varita mágica: puede transformar a un pollo en sapo, a un sapo en príncipe y, no conforme con ello, puede convertirlo de nuevo en sapo.

Cuando Carvajal fue detenido en Aruba en 2014 y EEUU solicitaba su entrega para juzgarlo por presuntos delitos de narcotráfico, los grandes medios de la derecha se prodigaron en epítetos acerca de él. Dijeron que era uno de los hombres más temidos de Venezuela y que era comparable con Pablo Escobar por su peso en operaciones de drogas que las autoridades estadounidenses le atribuían al Ejército venezolano en complicidad con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

El gobierno de Nicolás Maduro se plantó a defenderlo y logró que las autoridades neerlandesas le permitieran regresar al país. La maquinaria mediática lo trituró a él y a Maduro, dando por buenas las acusaciones de EEUU.

Durante años, Carvajal fue una de las piñatas favoritas de la prensa opositora que no solo le acusó de los ya mencionados asuntos de narcotráfico, sino también de violaciones de los derechos humanos de detenidos políticos, por los cargos que desempeñó en inteligencia militar.

“El Pollo” fue, pues, uno de los sapos más feos de la comarca hasta que empezó a dar señales de traición al gobierno que le había salvado el pellejo. La mágica conversión cristalizó este año, cuando emitió un comunicado en el que desconoció a Maduro y reconoció a Guaidó como el legítimo presidente de la República.

Presidente (E) de la República Bolivariana de Venezuela, Juan Guaidó Márquez. Aquí está un soldado más por las causas de la libertad y la democracia, para ser útil en la consecución del objetivo de restablecer el orden constitucional que nos permita convocar elecciones libres”, expresó en un video colgado en su cuenta Twitter.

Entonces el sapo se hizo príncipe: los medios mundiales dijeron que un general del Ejército venezolano había declarado su lealtad a Guaidó. Comentaristas agudos aseguraron que era el oficial de más alto rango en hacerlo, olvidando selectivamente el hecho de que está retirado hace varios años.

La varita mágica que convirtió al feo batracio en un galán montado en un caballo blanco. Habían borrado los antecedentes que la misma prensa venía acumulando contra Carvajal desde 2008, en uno de sus típicos memoriales de agravios. Lo único que importaba entonces era que se trataba de un mayor general, síntoma de que había comenzado el quiebre de la unidad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Poco duró el encantamiento. Este viernes, cuando Carvajal fue detenido en España y se informó que EEUU solicita de nuevo su extradición, los medios no dijeron que era el alto oficial que le prometió lealtad a Guaidó, sino “un general chavista acusado de ser narcotraficante”. Por arte de magia mediática, el príncipe volvió a verse como un sapo.

El cuento de la amnistía

La suerte corrida hasta este momento por Carvajal desbarata una de las ofertas fundamentales que han formulado los participantes en el intento de derrocar a Maduro mediante el subterfugio del gobierno interino: la amnistía para los militares y funcionarios que se insubordinen.

En el llamado estatuto de transición que aprobó la Asamblea Nacional, en las declaraciones públicas y en los intentos de sonsacamiento que Guaidó y su equipo han realizado en cuarteles y organismos públicos ha quedado expuesta la oferta de perdonar a quienes desconozcan al gobierno constitucional, independientemente de que sobre ellos pesen graves acusaciones.

La actitud de los opositores ha sido clara, pues han aceptado que bajo ese supuesto paraguas se metan hombres como Carvajal, señalado por ellos mismos como narcotraficante y esbirro, y otros con investigaciones abiertas por descarados casos de corrupción, como el expresidente del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, Carlos Rotondaro.

Con sus enormes rabos de paja, personajes como estos dos (recientemente degradados y expulsados de la FANB), acudieron a las filas del antichavismo en procura de perdón o de impunidad. Pero, al menos en este momento, el caso Carvajal parece indicar que esa promesa también es falsa.

¿Volverá a ser un príncipe?

Es previsible que un individuo como Carvajal, quien fue capaz de volver la espalda al gobierno que lo rescató en 2014, esté ahora listo para servir a los intereses estadounidenses y hacerles todos los trajes a la medida que necesiten para elaborar expedientes acerca del supuesto “narcoestado” venezolano.

En tales circunstancias es casi seguro que la varita mágica de la maquinaria mediática vuelva a tocarlo y que el pollo que se volvió sapo y luego príncipe y luego, otra vez, sapo, termine siendo no un príncipe, sino un testigo digno de la mayor credibilidad.

Por cierto: la AN debería defenderlo

La mágica maquinaria mediática ha hecho malabares para no decir que, en rigor, Carvajal no es un general chavista sino un exgeneral guaidoista. La oposición, como es su costumbre, se hace la desentendida con quien era hasta hace poco “un oficial de alto rango leal al presidente encargado”.

Pero Guaidó debería salir a defender a Carvajal no solo porque se haya pronunciado a su favor, sino también porque el detenido es diputado a la Asamblea Nacional.

En efecto, en su afán de protegerlo de las amenazas que sobre él se cernían, el Partido Socialista Unido de Venezuela postuló a Carvajal por el estado Monagas en las elecciones legislativas de 2015. “El Pollo” fue uno de los pocos sobrevivientes de la dura derrota sufrida por el chavismo en esa oportunidad y resultó electo diputado.

En su declaración de apoyo a Guaidó, dijo: “Hoy me dirijo a ustedes con una doble responsabilidad, la que tengo como diputado a la Asamblea Nacional, último vestigio de democracia que se mantiene vivo en este país; pero también, con la que tengo como soldado de esta Patria, integrante del Ejército Venezolano”.

Los conocedores del intrincado mundo de la inteligencia y la contrainteligencia sospechan mucho de la detención de Carvajal en España y lanzan la conjetura de que, una vez que sea trasladado a EEUU, se convertirá en un personaje central de las próximas tramas contra el gobierno de Venezuela, incluyendo las anunciadas acciones militares multilaterales o unilaterales.

Uno de los primeros pasos que dio Carvajal hacia la oposición fue justamente ignorar la línea partidista de no concurrir a las sesiones de la Asamblea Nacional mientras esta se encuentre en la situación de desacato dictaminada por el Tribunal Supremo de Justicia.

La AN, al menos como un saludo a la bandera, debería reclamarle a las autoridades españolas por la detención de un ciudadano con fueros derivados de su condición de diputado, sobre todo si se trata de un Parlamento que se adjudica a sí mismo el rol de “único poder legítimo” entre los cinco de la democracia venezolana.

clodovaldo Clodovaldo Hernández

FUENTE: La Iguana

Eduardo Viloria: Respuesta de un venezolano común y corriente a Pepe Mujica

Por: Eduardo Viloria Daboin 

Estimado Pepe Mujica, le escribe un venezolano. Mi nombre es Eduardo Viloria Daboín, tengo 41 años y vivo en Caracas. Soy padre de una hija con autismo de 16 años y un niño de 10 que practica fútbol, ajedrez y arte circense. Al igual que usted, al igual que cualquiera, tengo sobradas razones para no querer una guerra en mi país. Sin embargo, quisiera decirle varias cosas sobre el mensaje que usted envía sobre Venezuela.

Estimado Pepe, comienza usted preguntándose si la guerra será, como decía Clauzewitz, la continuación de la política por otros medios. Pues déjeme decirle algo: Bienvenido al siglo XXI, tiempo histórico en el que EEUU se ha encargado de invertir esa máxima. Porque para EEUU la política es la continuación de la guerra por otros medios, y no al revés. Eso precisamente es lo que se está aplicando actualmente contra Venezuela, y es lo que usted, aparentemente sin darse cuenta, favorece en su mensaje.

Usted hace un llamado a acudir a la política para evitar la guerra, pero se olvida de que en Venezuela ya está en desarrollo una guerra. Desde hace años el país está sometido a un feroz ataque a su economía y la población del país tiene años sometida a una brutal guerra psicológica. Se olvida usted, también, de que EEUU tiene años cercando militarmente a Venezuela, usando el territorio colombiano como sitio predilecto para ese emplazamiento amenazante de tropas, y además ha realizado recientemente movimientos de más tropas hacia Colombia, Puerto Rico, República Dominicana y Curazao. Es cierto que EEUU no ha lanzado una bomba sobre Venezuela todavía, pero el cerco militar, el asedio y sitio económico, el robo de dinero y activos venezolanos en el exterior, las permanentes operaciones psicológicas y la infiltración mercenaria y paramilitar son acciones concretas de guerra, definidas incluso en los manuales actualizados de guerra del pentágono.

¿Sabe usted que el 23 de febrero desde territorio Colombiano se intentó violentar la sobernía territorial venezolana utilizando mercenarios y que no se logró gracias a la actuación de la FANB, la PNB y el pueblo organizado?

¿Sabe usted que lo mismo ocurrió en el sur del país, en la frontera con Brasil? ¿El cerco comunicacional contra la verdad de Venezuela le permitió saber que el 24 de febrero un puesto militar venezolano cercano a la frontera con Colombia fue atacado por 60 mercenarios?

Sin duda usted tiene razón de que se debe acudir a la política para evitar la guerra, pero, ¿cómo hacemos si EEUU en lugar de comenzar por la política y darle una oportunidad al diálogo y la negociación comenzó primero por la violencia y las acciones de guerra?

Usted mismo dice que se impone la política y que la política es voluntad de negociar. El problema está en que usted plantea que negociar es aceptar las condiciones que Estados Unidos pretende imponer con sus acciones de guerra. Dice usted que negociar es evitar acorralar, pero se olvida de que EEUU lo primero que ha hecho es acorralar a Venezuela, cercarla, amenazarla, apuntarla con su cañones y agredirla. Está claro que EEUU no quiere negociar nada sino imponer sus condiciones y más nada. Y justamente la primera condición que pone es ésa que usted coloca como elemento inicial para negociar y evitar una guerra: que Maduro abandone el cargo para el que lo eligió el pueblo de Venezuela en elecciones legales y legítimas, y dé paso a un nuevo y arbitrario proceso electoral.

Habla usted también de más democracia como lo la única salida para evitar la guerra. Pero se olvida de que la revolución bolivariana es el proceso en el que se dieron las más profundas transformaciones democráticas del continente en los últimos 20 años y que fueron justamente Estados Unidos y la dirigencia política que avanza hoy tutelada por el poder de ese país quienes dieron un golpe de Estado que derrocó a Chávez en 2002, y un golpe petrolero luego entre diciembre 2002 y enero 2003, y después pretendió incendiar de violencia a Venezuela en 2013, 2014 y 2017 para derrocar al presidente Maduro ante la imposibilidad de derrotarlo políticamente.

Usted se atreve, además, a atacar las instituciones venezolanas y afirmar que en Venezuela lo que hay es una crisis de confianza. Permítame recordarle que luego del referendo revocatorio realizado contra Chávez (en el cual la revolución bolivariana salió victoriosa en el que fue el proceso democrático más hermoso de toda la historia de nuestro país), ante la imposibilidad política de derrotar a Chávez, fue cuando se inició la operación psicológica y mediática para deslegitimar las instituciones venezolanas y socavar su credibilidad. Esa operación no ha cesado desde entonces. Casi 15 años después, el efecto de esa acción de guerra psicológica tiene tal profundidad que incluso personas como usted pueden afirmar hoy que en Venezuela no hay instituciones confiables para garantizar elecciones libres y transparentes.

Y aprovecho para preguntarle: ¿mide usted las consecuencias históricas de lo que sería la aplicación de su propuesta de convocar, apenas 8 meses después de realizadas elecciones presidenciales, unas elecciones en Venezuela con la ONU como único garante de su amplitud, pluralidad y transparencia? ¿Se da cuenta usted de que al plantear eso está validando el desconocimiento arbitrario de Nicolás Maduro como presidente que hizo EEUU el 10 de enero de este año? ¿Se percata de que su propuesta respalda la anulación de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos en la medida en que legitima que cualquiera en cualquier país convoque una movilización más o menos numerosa para autoproclamarse presidente de ese país únicamente a cuenta de que tiene el respaldo económico, político, comunicacional y militar de un país poderoso que está dispuesto a recurrir a la guerra para imponerlo como presidente?

Usted plantea eso y al mismo tiempo habla de democracia, pero se olvida de que la oposición venezolana que está embarcada en la actual aventura golpista fue justamente la que decidió no participar en las últimas elecciones precisamente para boicotearlas y poder levantar hoy el discurso de ilegitimidad de Nicolás Maduro. Debería investigar un poco para que pueda darse cuenta de que la debilidad que impide a la oposición venezolana llegar al poder se debe exclusivamente a sus propios errores, a su propia incapacidad para consolidar un liderazgo, hacerle una propuesta seria y coherente al país que genere esperanza y entusiasmo político. Esa oposición ha sido tan mediocre y ha estado tan concentrada en sus propia¡os intereses económicos y de poder, que no ha sido capaz ni siquiera de capitalizar políticamente el descontento generado por la crisis económica y social venezolana creadas por el bloqueo. Esa dirigencia opositora es tan pobre que no ha sido capaz ni siquiera de acumular fuerza a partir de los numerosos errores y desviaciones de sectores del gobierno bolivariano.

¿No se da cuenta usted de que Trump, Pence, Pompeo, Bolton y Rubio tuvieron que salir ellos mismos a poner la cara y a dirigir directamente la oposición en Venezuela para poder medianamente despertar algún entusiasmo en la base social opositora, ante la absoluta falta de credibilidad y liderazgo de toda la dirigencia opositora venezolana? No venga entonces usted a decir que Venezuela necesita que venga Naciones Unidas a dar garantías de un proceso electoral absolutamente abierto y con la participación de todos.

¿Y sabe por qué, además?

Pues justamente por lo que usted plantea del trasfondo geopolítico y geoestratégico del conflicto en Venezuela. En eso tiene usted toda la razón. Lo que está en el fondo es la necesidad de EEUU de apoderarse del petróleo venezolano y de todas sus enormes riquezas. Pero, además de todos sus otros olvidos, en este caso también se olvida de que justamente por ese objetivo a Estados Unidos le importa un bledo la democracia en Venezuela y la libertad y bienestar de su pueblo. La única democracia que a EEUU le interesa es la que le permita colocar a un presidente servil a sus intereses, y en la que puedan manejar directamente las instituciones a favor de sí mismo. Es más, esto es tan cierto, que a Estados Unidos ni siquiera le interesa la continuidad de Venezuela como nación y como república, sino su fragmentación, su disolución, para que prendan en su territorio el caos y la violencia que abran la puerta a dos grandes negocios: el control de las riquezas y una guerra prolongada que tribute a las arcas de su megaindustria armamentista.

Una sola cosa más: ¿No le parece lamentable recurrir “desesperadamente” a Europa para que haga algo y evite una guerra? ¿Olvida que Europa es un continente en el que aún prevalecen las monarquías y Estados enteros se sostienen merced a que son grandes lavaderos de dólares del crimen transnacional? ¿Olvida que Europa aún mantiene colonias en África, Asia y su amada América Latina? Recuerde que además de Estados Unidos y Canadá, ha sido Europa la que ha aplicado guerra económica a Venezuela, robando miles de millones de dólares en dinero y oro.
¿Puede pedírsele a Europa que haga algo?

Estimado Pepe, dejo esta carta hasta aquí. Podría extenderme más, pero he dicho lo central y creo que es suficiente. A usted lo rodea una imagen de sencillez y humildad. Si no es una mera construcción mediática, espero que se tome la molestia de leer estas líneas y reflexionar sobre el lamentable mensaje que envió al mundo.

Eduardo-Viloria.jpg  Eduardo Viloria Daboín /

Fuente: AlbaTV

Retrato de una asquerosa guerra contra el pueblo

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando el periodismo se presta dócil y entusiasta a la rastrera tarea de hacerle el favor a la oligarquía, construyéndole a diario una narrativa que oculte o que justifique su desprecio hacia los pobres y enaltezca sin miramientos la depravación explotadora de los ricos, se incurre sin lugar a dudas en la peor de las ignominias.

Que las guerras sirvan para vender más periódicos y alcanzar mayores niveles de audiencia en la radio y la televisión a partir de la exaltación morbosa de la sangre y de la muerte, es ya de por sí repugnante. Sin embargo, es mentira que esa vocación necrofílica sea la causa de la vulgarización en el ejercicio del periodismo bajo la concepción capitalista que hoy prevalece en las grandes corporaciones mediáticas del mundo.

La verdad es que el contenido mediático, cargado de perversiones que alientan esa lascivia por la crueldad, es lo que conduce a las sociedades a su enajenación progresiva, en la medida en que, por vía del hábito a la exposición cotidiana de lo más perverso del ser humano, convierte toda depravación en cultura.

El afán por la visibilización de la penuria como expresión de la realidad, no es de ninguna manera la fórmula imprescindible para la superación de las calamidades del mundo, como lo ha argumentado desde siempre la gran prensa para aparentar una falsa vocación de contraloría social y de servicio público que jamás ha tenido en la práctica.

El medio se sirve de la calamidad para aumentar sus utilidades a costa del sufrimiento ajeno, y punto.

De ahí que las guerras que se libran hoy en el mundo están determinadas siempre por el mismo factor mediático que las origina y las promueve, a partir de esa particular capacidad para la distorsión y la manipulación de la realidad que ya ha pasado a ser parte consustancial a la vida moderna de las sociedades en todo el planeta, sin distingo alguno de su orientación ideológica o modelo político.

Mediante el secuestro de derechos que le corresponden a la sociedad antes que a las empresas, el medio de comunicación ha violentado desde siempre la posibilidad del ser humano para acceder a la verdad, no solo de su entorno sino del universo mismo. Verdad que le es falseada de acuerdo al poder y a los intereses particulares de los dueños de esos medios que paulatinamente han ido erigiéndose en pontífices inobjetables y eximios tanto del bien como del mal.

Un ejemplo de esta saña morbosa por obtener réditos con el sufrimiento ajeno, sin importar en lo más mínimo la ética que debiera regir el ejercicio del periodismo, es sin lugar a dudas la publicación que recientemente encontramos en la página editorial del ultraderechista diario argentino La Nación, en la que el periódico hace gala de una proverbial capacidad para el retorcimiento de los hechos y el montaje infame de matrices de opinión que atenten a como dé lugar contra la dignidad de un pueblo ,en este caso el venezolano, y en particular de un niño al que con un arbitrario e infundado comentario, urdido por la mente calenturienta de la redactora de turno, se ultraja y se humilla sin conmiseración alguna.

Barbería Migrante

La foto, como la mayoría de las fotos, no necesita explicación. Se trata de un niño que mira a cámara con la curiosidad común en todos los niños del mundo cuando ven a alguien frente a ellos, justo en el momento de ser afeitado por una persona que al parecer integra un equipo de ayuda internacional en algún campamento desconocido (porque no se identifica en la foto) pero que pareciera francés por los colores azul, blanco y rojo, así como las letras que apenas medio se leen, en las capas de los barberos.

No se percibe en la imagen sufrimiento alguno, que no sea el que tenían en mente quienes han querido convertir el fracaso de la oposición venezolana en un show contrarrevolucionario de alcance internacional con el tema de la migración que han protagonizado venezolanos víctimas de las mismas campañas de desinformación y de terror orquestadas a través de los medios por esa misma derecha, y que en virtud del engaño han terminado retornando al país con el mismo desespero con el que se fueron huyendo hacia el exterior hace apenas unos meses.

Bien pudiera ser un “falso positivo”, porque ni los migrantes venezolanos están siendo recibidos en Bogotá por ningún cuerpo de ayuda humanitaria, como explica la nota, ni los que están en Cúcuta son atendidos por ninguna misión francesa. Mas bien pareciera tratarse de algún niño árabe en el norte del Africa, como los hay hoy por decenas de miles en la condición de refugiados.

Pero Diana Fernández Irusta, la periodista de marras, le acomoda un texto de pretendida factura poética (como para ocultar la carga virulenta y ponzoñosa que el comentario lleva como objetivo político soterrado) haciendo alarde de una empalagosa jerga sensiblera que apesta por lo rebuscado y decadente.

Para hacer aparecer al niño como una víctima más de la supuesta “dictadura” que estaría asolando a Venezuela, lo retrata como “Puro ojos, pura belleza”, pero inmediatamente lo conecta con el canallesco discurso de la manipulación que ha preparado, en un punto y seguido que desliza un “Todo interrogantes”, sacado del más nauseabundo baúl de la cursilería.

A modo de “respuesta”, infiere el resto de la escena fotográfica con el veneno que le da a su trabajo el fulgor de la infamia que sus jefes le exigen: “La peluquería, intuimos, tiene algo de improvisada. “Brigada social”, llama el epígrafe de las foto a quienes -ay esos barbijos, esos guantes de plástico- emprende la tarea de rasurar estas cabezas. Cabezas de inmigrantes. El niño es venezolano, está en Bogotá, a metros de la estación de micros. Ignoramos con cuántos integrantes de su familia habrá viajado, durante cuánto tiempo, a través de qué dificultades. Solo tenemos su mirada; descomunal de enorme, abismal en la inquietud, la pregunta, el desconcierto. El niño mira al fotógrafo con algo aún más lacerante que el miedo. Sus labios callan, pero sus ojos dicen que ya no hay casa, ni juegos, ni escuela, ni rumor de dibujos animados por la tarde, con los cuadernos listos para hacer la tarea. No hay nada, salvo este saberse repentinamente sobrante. Objeto incómodo, sujeto de asepsia.

La pestilente nota no alcanza a dar una explicación ni siquiera medianamente cercana a la realidad del fenómeno de la migración venezolana, creado por la derecha latinoamericana a través de los medios de comunicación y su gran poder de influencia sobre la sociedad. Pero sirve para alimentar el ego de la flabistana, quien con toda seguridad así se siente emparentada con la rutilante Angelina Jolie en eso de “velar por los niños que huyen de la barbarie socialista”, razón por la cual no tendrá jamás obligación alguna de escribir ni una línea sobre los verdaderos desplazados latinoamericanos que desde hace décadas abandonan por millones sus países regidos por gobiernos neoliberales que hambrean y pueblan de miseria al continente.

¿Qué es eso de “la mirada descomunal de enorme”? ¿Qué es lo “más lacerante que el miedo” con el que el niño mira al fotógrafo? Nada. Todo en la redacción de los periodistas del neoliberalismo es fatuo, inconsistente y sin esencia.

Su propósito no es desarrollar idea alguna, sino causar dolor, generar odio, hacer sufrir a sus lectores con la rabia que ella cultiva con su verbo repugnante, cargado de falsedades, mentiras y de infamias contra un pueblo que a ella en verdad le sabe al mismo estiércol que sus manos destilan sobre el teclado de la computadora que le presta La Nación.

No son periodistas quienes como ella trafican irresponsablemente con la verdad para imponer la falsedad del mundo capitalista, sino mercenarios de una guerra emprendida por el odioso poder del dinero contra una nación que ha decidido ser libre e independiente, y que no se someterá jamás a los designios ni de las grandes corporaciones norteamericanas, ni de los grandes medios de comunicación que se han confabulado con el imperio para intentar asaltar a nuestro pueblo para robarnos no solo nuestras riquezas y nuestro bienestar sino nuestra esperanza y nuestro futuro.

@SoyAranguibel

¿Por qué hay gente que no cree en la perversidad del imperio?

Por: Alberto Aranguibel B.
(ilustración: Pandorco)

Un reciente estudio llevado a cabo por la empresa Hinterlaces, revela el significativo incremento en la cantidad de venezolanas y venezolanos que descartan la hipótesis de la guerra económica como causante de la crisis inflacionaria por la cual atraviesa el país. La investigación, que arroja que tres de cada cuatro venezolanos no cree hoy en la guerra económica, es de inmediato manipulada por el portal ultra derechista Noticiero Digital para acuñar que el gobierno ha fracasado en su comunicación con el pueblo: “Cuatro años después de una campaña diaria en los medios oficialistas para responsabilizar a la guerra económica de la crisis del país; después de innumerables declaraciones de altos voceros, incluyendo el presidente Nicolás Maduro; después de todo eso, solamente uno de cada cuatro venezolanos cree en la guerra económica como la principal causa de la crisis que vivimos.”

El brutal asedio económico del que ha sido víctima la economía nacional producto de la incesante campaña de un liderazgo opositor vendepatria y entreguista, que la gente ha visto con sus propios ojos cómo azuza a los factores más ultra reaccionarios del mundo para asfixiar las posibilidades de intercambio comercial de Venezuela, era hasta hace pocos días algo perfectamente claro e innegable para la inmensa mayoría del pueblo.

El arrasador triunfo de la propuesta revolucionaria en todos los procesos electorales convocados en menos de un año, da fe de la claridad con la que el pueblo entendió que el culpable de los padecimientos por los que atravesaba, no era otro que ese liderazgo de la derecha, que ha contado en todo momento con el respaldo del imperio norteamericano.

Pero, de la noche a la mañana, los titulares de la prensa cambiaron de protagonista de la noticia diaria referida a Venezuela, desplazando de sus primeras planas los temas que recurrentemente utiliza en contra de la revolución, para colocar en su lugar la hipótesis de la culpabilidad del gobierno en el incremento de los precios. Y con ello, se modificó la percepción de la realidad en buena parte de la población.

Desde el inicio mismo del mandato del presidente Nicolás Maduro, la prensa ha puesto y quitado de las primeras planas los temas por los cuales, según ella, debe preocuparse la población venezolana, más por un asunto de conveniencia para la guerra desatada abiertamente por la derecha contra la Revolución Bolivariana que por razones de veracidad noticiosa referidas al auténtico interés de la opinión pública.

Hoy la acusación contra el gobierno frente al tema de los precios es ubicada en posición predominante porque la lascivia amarillista de esa prensa mercenaria ha visto en el llamado que ha formulado el Jefe del Estado a la militancia revolucionaria para llevar a cabo un franco proceso de autocrítica que incluya la revisión y rectificación de las políticas públicas, una oportunidad excepcional para obtener un provecho político por mampuesto.

La manipulación permanente de los medios de comunicación para fabricar las matrices que le interesan a la derecha en su lucha contrarrevolucionaria, es un asunto de particular relevancia en la batalla que debe librar hoy el liderazgo revolucionario como parte del proceso de revisión al cual ha convocado el Presidente. En virtud de ello ese proceso debe ser asumido como un examen no solo de los aspectos políticos o de gestión gubernamental, sino muy fundamentalmente de lo que tiene que ver con el tema comunicacional, porque de la manipulación de la que es víctima el pueblo surgen casi siempre los demás problemas.

¿Está la población venezolana suficientemente preparada para comprender a cabalidad los fenómenos involucrados en la guerra, que van mucho más allá de lo económico y que tienen en el componente mediático un factor más que determinante?

Si, luego del intenso trabajo de consolidación política cumplido en esta fase tan crucial del proceso, dejásemos ahora en manos del medio de comunicación el esfuerzo de formación ideológica que evidentemente está haciendo falta, estaríamos cometiendo, ahí sí, el peor de los crímenes contra las venezolanas y los venezolanos.

Como contraofensiva a ese ataque que persigue descolocar a la militancia revolucionaria a través del poder de los medios de comunicación, hace falta, ahora más que nunca, discutir con las comunidades la doctrina hegemónica del imperio en toda su extensión.

Hay que debatir en asambleas populares todo cuanto ha hecho la oposición venezolana en el mundo para aislar la economía del país, y la manera en que esa acción apátrida atenta directamente contra la vida de las venezolanas y los venezolanos.

Dar a conocer, así mismo, el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, (PNAC, por sus siglas en inglés), que describe perfectamente el propósito de dominación imperialista de los EEUU para el siglo XXI, al frente del cual se encuentra la crema y nata de la clase política norteamericana del último cuarto de siglo, incluyendo a George Bush, George W. Bush, Bill Clinton, Barack Obama, y todos sus exministros del Departamento de Estado y de Guerra, y explicarle al país en detalle la forma en que cada uno de ellos actuó o sentó las bases de la guerra actual contra Venezuela.

Revisar y difundir detenidamente (no nada más con la metodología del informe periodístico o de campaña informativa, sino con el trabajo intensivo de formación y debate político con el pueblo) el documento “Golpe Final”, elaborado por el Comando Sur, en el que se explica con claridad el plan de desestabilización económica, social y política, que lleva a cabo ese brazo armado del imperio contra nuestro país.

Y, no menos importante, discutir con el pueblo la contundente revelación de la doctrina de la caotización inducida, de la cual somos víctimas, recogida en el libro The craft of intelligence (1963) donde el infame fundador de la CIA, Allen Dulles, pormenoriza su idea de lo que debiera hacer EEUU contra Rusia, y que hoy se aplica a cabalidad contra Venezuela.

Allen Dulles, quien se convirtiera en 1953 en el primer director civil de la CIA, fue el creador del modelo de derrocamiento de gobiernos no afectos a los EUU mediante operaciones secretas de espionaje y promoción de ingobernabilidad en esas naciones. Miembro de la llamada Operación 40,que reunía a finales de los 50’s lo más granado del anticomunismo norteamericano en el poder, logró recibir el más amplio respaldo que ningún funcionario del imperio haya recibido jamás de su gobierno para la desestabilización de países progresistas en el mundo. Con tal propósito Dulles emprendió la Operación MK Ultra, que incluía el desarrollo de sistemas de control mental de la sociedad dirigidos por Sidney Gottlieb. Promotor de las alianzas de la inteligencia gringa con la mafia y el anticastrismo, recae sobre él la responsabilidad en el derribamiento de Mohammed Mossadeg, en Irán (1953); de Jacobo Arbenz, en Guatemala (1954); y la Invasión de Bahía de Cochinos, en Cuba (1961).

En ese debate necesario se deben examinar ideas esenciales de ese libro de Dulles, como las siguientes:

“Sembrando el caos en la Unión Soviética, sustituiremos sus valores, sin que sea percibido, por otros falsos, y les obligaremos a creer en ellos. Encontraremos a nuestros aliados y correligionarios en la propia Rusia. Episodio tras episodio se va a representar por sus proporciones una grandiosa tragedia, la de la muerte del más irreductible pueblo de la tierra, la tragedia de la definitiva e irreversible extinción de su autoconciencia. De la literatura y el arte, por ejemplo, haremos desaparecer su carga social. Deshabituaremos a los artistas, les quitaremos las ganas de dedicarse al arte, a la investigación de los procesos que se desarrollan en el interior de la sociedad.

Literatura, cine, teatro, deberán reflejar y enaltecer los más bajos sentimientos humanos. Apoyaremos y encumbraremos por todos los medios a los denominados artistas, que comenzarán a sembrar e inculcar en la conciencia humana, el sadismo, la traición. En una palabra; cualquier tipo de inmoralidad.

En la dirección del Estado crearemos el caos y la confusión. De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios, el soborno, la corrupción, la falta de principios. La honradez y la honestidad serán ridiculizadas, innecesarias y convertidas en un vestigio del pasado.

El descaro la insolencia, el engaño y la mentira, el alcoholismo, la drogadicción, el miedo irracional entre semejantes, la traición, el nacionalismo, la enemistad entre los pueblos y ante todo el odio al mismo pueblo ruso; todo esto es lo que vamos a cultivar hábilmente hasta que reviente como el capullo de una flor”.

Que no sea por culpa de una triste e injustificable omisión revolucionaria en la urgente tarea del reforzamiento de la conciencia popular, que el pueblo no sepa reconocer con precisión a su verdadero enemigo en esta hora tan crucial para la Patria.

 

@SoyAranguibel

Muertes lejanas

Por: Alberto Aranguibel B.

La distancia es uno de los factores determinantes en el proceso de la comunicación de masas. Si el hecho noticioso está cerca del receptor de la noticia, entonces las posibilidades de verificación que éste podrá tener de tal acontecimiento son mucho mayores. Con lo cual, es posible afirmar que, a menor separación entre la realidad y el individuo, menor será el poder del medio de comunicación. Y viceversa.

La proximidad con el hecho que los medios comunican al mundo le permite al individuo común cotejar en forma directa las hipótesis sobre lo ocurrido; sus causas probables, su dimensión verdadera, sus protagonistas, sus consecuencias, restándole así a los medios la facultad de dictaminar a su libre albedrío (y de acuerdo a sus particulares intereses) sobre lo que en verdad sucedió.

En medio de la cruenta guerra que libra el pueblo sirio contra el terrorismo que promueve el imperio norteamericano en aquella región a miles de kilómetros de occidente, aparece un contingente de soldados británicos apoyando a las fuerzas insurrectas sin que exista ninguna autorización de las Naciones Unidas para tal intervención armada en la zona de conflicto. Pero de este lado del mundo esa flagrante violación del derecho internacional no pareciera preocuparle a nadie. Está muy lejos para importarle a alguien. Los medios de comunicación han convertido el hecho en banal e intrascendente.

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En Palestina, un batallón del ejército israelí dispara a mansalva contra un grupo de indefensos palestinos y asesina impunemente a una gran cantidad de ellos. Pero la noticia, procesada bajo los códigos pro-imperialistas de la mediática occidental que colocan a Israel no como el brutal y sanguinario Estado agresor que es, sino como “parte del conflicto”, no conmueve al resto de la humanidad. Se trata solo de una noticia más sobre un lejano acontecimiento.

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En Venezuela vimos muy de cerca a los verdaderos asesinos de venezolanos que eran quemados vivos por el solo hecho de parecer chavistas. No pudo el poder de los medios engañarnos, porque teníamos la realidad frente a nuestros ojos.

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Por eso el discurso opositor encuentra apoyo en el exterior y no en su propio país; porque a mayor distancia es más fácil para los medios de comunicación de la derecha convertir la mentira opositora en verdad.

@SoyAranguibel

Buen Abad: Estética de lo macabro… un horror por donde se lo vea

Un horror por donde se lo vea
“El manifestante venezolano en llamas” (entre las imágenes nominadas al premio World Press Photo) Tomada por Ronaldo Schemidt. https://www.worldpressphoto.org/collection/photo/2018

 

Por: Fernando Buen Abad

¿Alguien cree que esta persona fue incendiada por la “dictadura de Maduro”? Así como la ven, la persona incendiada es José Víctor Salazar, tenía 28 años. Ocurrió el 3 de mayo 2017 en las condiciones que el propio fotógrafo Ronaldo Schemidt de France Press relata[1] y que el gobierno venezolano explicó con detalle[2]. Un horror por donde se lo vea[3]. Tan horrible como la manipulación mediática que conlleva la exhibición de un “resultado” sin explicar sus causas. A este hombre lo quemó la derecha pagada por USA. ¿Increíble?

Hacer del horror un “espectáculo”, con premios y aplausos, es otra de las perversiones inicuas de la ideología dominante. Todo sirve al regodeo de lo macabro convertido en didáctica disciplinadora. Se borran los márgenes de la obscenidad, el dolor es un condimento del relato burgués y se barniza con espectacularidad los más ofensivos ejemplos de la crueldad y la humillación. Levantarán sus copas de champaña.

Esta fotografía es signo de un crimen en proceso que no se reduce al incidente ígneo. Muchos meses y años de ofensiva imperial detrás de ese fuego, explican cómo se llegó a esto. Son las llamas del “golpismo” financiado por el imperio yanqui. Es el fuego de la maldad que quiere el petróleo venezolano y sus recursos naturales. La paradoja cruel es ser incendiado por un derivado del petróleo que quieren robarle al pueblo venezolano. Es la viva imagen de lo que el imperio sueña contra la humanidad que estorbe a los fines del saqueo y la explotación de la mano de obra. Es signo del capitalismo incinerando a la humanidad. La barbarie ardiente.

¿Representa a todos los incinerados por la derecha venezolana (y sus terroristas asalariados) ésta víctima?[4] ¿Es uno y todos al mismo tiempo? Si y no. Ni las razones ni el método de las protestas “guarimberas” tienen lógica democrática ni beneficio popular. Condensan todas las aberraciones de una iniciativa terrorista que ha supuesto todo el tiempo que la del golpe de estado es la única posible para hacerse con el poder. Pero todo les ha fallado siempre porque esa derecha jamás ha podido concebir un proyecto de país cuando lo único que les importa es un proyecto de negocios. Es el síndrome del empresario que sueña con el gobierno y cree que “hace un bien”. Sólo que estos recurrieron a paramilitares terroristas. La historia los ha desnudado ente el pueblo venezolano que respondió con victorias electorales contra la derecha, una tras otra.

Nada de eso se ve en la foto. Esos son los limites de un discurso gráfico preñado de ambigüedad mercantil y oportunismo “informativo”. Esa fotografía no hace honor a la historia de aquella tradición fotográfica que ha sabido ponerse al lado de la emancipación y humana y de su dignidad. Es una fotografía hija del azar y del lugar que consiguió el fotógrafo al lado de los terroristas, donde abundaban cámaras serviles a la calumnia y a una de las ofensivas mediáticas más descomunales que se conozcan.

El autor de esta fotografía debería renunciar a cualquier premio. Por su bien y por la profesión de los fotógrafos que no quieren convertir en héroes a terroristas (“manifestantes” les llama la prensa oligarca) financiados por USA. Debería rechazar ese premio que premia la nada misma, premia el accidente de la impericia y la irracionalidad de la violencia asalariada. Debería decirle no a un circo de premiaciones cuya base vender morbo fotográfico para “espantar al burgués”. Después de todo ese foto-periodista ha de entender bien qué papel juega el medio para el que trabaja en la tarea de incentivar injerencias y golpismos en todo el mundo. Debe saber que a eso se prestan, también, muchas de las premiaciones que no son más que máquinas de guerra ideológica.

Otra fotografía es posible y es necesaria. Contra el efectismo amarillista y el fetichismo mercantil de la imagen “oportunista”, hace falta la fotografía que “revele” las fuerzas en lucha contra el imperio del dinero y la subordinación de las personas. Hace falta una catarata de imágenes emancipadas y emancipadoras cuya fuerza radique en ser correa de trasmisión en el “motor de la historia”, que es la lucha de los pueblos por su libertad, por su dignidad y por su felicidad. Eso no aparece en la fotografía de Schemidt aunque debería porque, a pocos metros de donde la tomó, había un pueblo repudiando al terrorismo golpista que poco después votó por una Asamblea Nacional Constituyente que pacificó al país en unas horas. Mientras tanto, la “fotografía” de los 9 millones de votantes venezolanos el 30 de julio por la ANC y contra el terrorismo, nunca será premiada. ¿Cuál es el verdadero premio?

[1] http://www.abc.es/cultura/arte/abci-hombre-llamas-venezuela-increible-historia-ronaldo-schemidt-201802151039_noticia.html

[2] https://www.youtube.com/watch?v=1QvFJNKE_dI&feature=youtu.be

[3] http://www.el-nacional.com/noticias/protestas/manifestante-quedo-envuelto-llamas-luego-una-explosion-altamira_180399

[4] http://minci.gob.ve/wp-content/uploads/2017/06/Victimas-fatales-de-la-violencia-pol%C3%ADtica-en-Venezuela.pdf

FernandoBuenAbad.gif  Dr. Fernando Buen Abad Domínguez / Director del Instituto de Cultura y Comunicación / Universidad Nacional de Lanús

Cuando la posverdad no ayuda sino que ciega

Por: Alberto Aranguibel B.


“Una imagen dice más que mil palabras”
Kurt Tucholsky

Nada pudo haber sido más inoportuno y contraproducente para la banda terrorista caída en combate contra las fuerzas de seguridad del Estado venezolano la semana pasada, que la difusión desde el celular de su cabecilla de una serie de videos “falso-en-vivo” (como se les conoce en el argot televisivo a las emisiones que se transmiten en diferido pero haciéndole creer a la audiencia que salen al aire en directo) que pretendían mostrarle al mundo lo que estaba sucediendo en los predios de su guarida en El Junquito.

Para todo el que posea un celular de la llamada generación de “smartphones” o teléfonos inteligentes, es perfectamente claro que lo que estaba mostrando el terrorista en las cuatro ocasiones en que difundió aquellos pequeños videos a través de las redes sociales, no eran emisiones en vivo sino grabaciones que le llegaban a la gente bajo el formato de “archivo adjunto” y no como transmisión en continuo o por secuencias, universalmente conocida como “streaming”, es decir, bajo el formato específico de aplicaciones como Periscope, Fecebook Live, Youtube, Facetime, o cualquier otra con tal función.

Este significativo hecho es factor determinante en todo lo que desde ese momento ha inundado no solo a las redes sociales en el país y más allá de sus fronteras, sino a las salas de redacción de los medios de comunicación privados, tanto nacionales como internacionales, que con tanto furor y frenesí tratan de capitalizar los acontecimientos ahí sucedidos como el detonante definitivo de la tan ansiada por ellos caída de la Revolución Bolivariana.

¿Por qué el terrorista, perfecto conocedor de la diferencia entre una grabación y una transmisión en vivo, escogía el formato de la grabación que muy bien podía hacer en directo, si la situación por la que atravesaba era tan apremiante que todo segundo era decisivo? Pues porque su intención no era mostrar lo que sucedía sino manipularlo.

Si algo amenaza hoy la sobrevivencia misma de la sociedad es el proceso de extinción de la objetividad como base de la ética. Algo que avanza cada vez con mayor fuerza en las sociedades mediatizadas de nuestro tiempo, debido fundamentalmente al secuestro del que han sido objeto los medios de comunicación y las redes sociales por parte de las grandes corporaciones al servicio de los intereses del gran capital y al cercenamiento de las posibilidades del ciudadano común a acceder a la verdadera realidad del conocimiento y del universo que le rodea.

El imperio norteamericano, empeñado como está en la dominación arbitraria y antojadiza del planeta, conoce a la perfección esa infinita verdad del poder de los medios de comunicación sobre las masas, y en razón de ello ha trazado su perversa estrategia de manipulación intensiva a través del contenido mediático que es capaz de producir para lograr la desmovilización y la sumisa alienación de los pueblos.

Las redes sociales forman parte de ese entramado de medios que las grandes corporaciones de la comunicación ponen al servicio de esa lógica de la dominación. Los actores políticos del mundo capitalista, alienados como están a ese modelo imperialista de libertad y de democracia que EEUU pretende imponer a costa de lo que sea, simplemente siguen un formato preestablecido en el cual las reglas, los códigos y las simbologías, son invariables e inamovibles.

Solo que en el caso de estas nuevas tecnologías de la comunicación esos códigos y esas simbologías no son manejadas ya de manera exclusiva por el dueño todo poderoso de las grandes corporaciones mediáticas, el imperio, sino por cada uno de los portadores del terminal personal de esa gigantesca red, el celular inteligente, que “postean” a su buen saber y entender (y sin necesidad de haber cursado una carrera universitaria especializada en comunicación) lo que según su particular criterio es lo que tiene que difundirse al mundo, así como la manera en que, de acuerdo a lo que piense cada quien, debe o puede decirse.

Es exactamente de ahí, de la naturaleza arbitraria de la génesis de las informaciones que dan cuenta de la realidad hoy en día a partir de imprecisiones, tergiversaciones, distorsiones o manipulaciones, de donde surge el término “posverdad”, no referido ya a la verdad fabricada por los dueños de los medios de comunicación, sino a la que surge de la amalgama de todas esas “verdades” colocadas (“posted”, en inglés) a su buen saber y entender por los usuarios de las redes sociales según su estado de ánimo o creencias particulares.

La subjetividad es entonces un elemento esencial en la lectura que el antichavismo (nacional e internacional) le ha dado a los videos de los terroristas de El Junquito. Desde su óptica pro imperialista, alienada y servil, la derecha encuentra en esos videos una luz de revelación divina porque sicológicamente están habituados a que “todo aquello que diga o haga un antichavista” será siempre santa palabra.

Pero las irrefutables imágenes de los videos decían exactamente todo lo contrario de lo que el terrorista trataba de hacer ver en su burdo y muy torpe intento de manipulación de la realidad. De ahí el error de transmitir imágenes y no audios o simples textos.

Los videos dicen con la más perfecta claridad que jamás hubo ni siquiera un mínimo intento de rendición en la refriega. Apertrechados como estaban; enfundados en gruesos chalecos antibalas; protegidos férreamente con cascos militares y empleando armamento sofisticado de alto poder, como se ve en todos esos videos, no hay posibilidad alguna de que ningún funcionario entendiera, en medio de la lluvia de balas que recibían desde la guarida, el símbolo universal de la rendición, como lo es la bandera blanca y las manos en alto que señalan los tratados internacionales, empezando por el Acuerdo de Ginebra.

Dicen esos videos que hubo en ese tugurio de insurrectos la irracional subestima que todo opositor tiene contra el chavismo en general. Creyeron que no iban a ser capaces de atraparlos porque en su petulante imaginario se asumen superiores a todo cuanto tenga que ver con la Revolución Bolivariana.

De ahí la tragedia opositora de verse en la obligación de considerar “héroes” a matones y drogadictos sin esperanzas. De naufragar siempre en el fracaso sin liderazgo ni capacidad de conducción, teniendo que conformarse con esperpentos intelectuales de la más baja estofa, como sus Venesas Senior, sus Robert Alonsos, sus Luis Chataing, y sus Jaime Bailys, como sus “próceres”.

Lo que quiso hacer el malhadado terrorista transmitiendo videos meticulosamente calculados y seleccionados, fue peor que si no hubiera hecho nada. La sola duda que habría surgido acerca de cómo habría sido el desenlace final de esos acontecimientos si no hubieran existidos esos videos, le habría servido mucho más, incluso en las filas del chavismo que de no haberlos visto habría podido ser presa fácil en la campaña de la derecha internacional que hoy, siguiendo el formato de la manipulación mediática pro imperialista, pretende vender a los criminales como benefactores y a los redentores como malhechores.

Fue él, el propio terrorista, quien embarró lo que hacía cuando en vez de transmitir en forma continua decidió grabar y escoger las tomas que transmitiría. La excusa de la falta de batería es hoy ridícula y hasta insolente, cuando el mundo entero sabe que los teléfonos siguen funcionando si se mantienen conectados a la toma eléctrica en cualquier enchufe. Era su covacha. Por supuesto que tenía dónde enchufar el celular.

Ni qué hablar de la estupidez de la supuesta falta de megas; un celular financiado por el Departamento de Estado norteamericano no tiene jamás problema de megas.

Pero no. Dejar la toma continua habría significado que se entregaba al juicio de la opinión pública a través de un discurso que no era el suyo sino el de la verdad. Y la verdad para la oposición es la peor afrenta.

La verdad habría impedido la interpretación acomodaticia de una derecha que cree en lo que le da la gana y en más nada.

Que cree en democracia buena y democracia mala; en ciudadanos con derechos políticos y en plebe sin importancia; en violencia digna y violencia inaceptable; en terrorismo heroico y en terrorismo chavista.

Como dicen las Sagradas Escrituras; No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Su ceguera nos duele, porque de ella surgen el hambre y el padecimiento del pueblo que no encuentra hoy cómo comprar sus alimentos ni sus medicinas.

Como venezolanos, nos mueve la angustia porque algún día esos desolados seguidores de la derecha abran los ojos y dejen de ver heroicidades en tantas estupideces.

@SoyAranguibel

La “fuga de talentos” es más una manipulación que una realidad

Caracas 23 de febrero.- En conversación con los analistas Tony Boza y Juan Carlos Valdez, Alberto Aranguibel afirmó hoy que el tema de la emigración venezolana se presenta más como parte de una manipulación mediática, que obedece al interés de sectores de la derecha que persiguen reinstaurar el modelo neoliberal en el país, que como un indicador de crisis económica alguna.

La realidad de la inmigración en el mundo es un fenómeno histórico insoslayable que obedece a la naturaleza misma del ser humano en su ancestral afán por la búsqueda de nuevos horizontes, dijo Aranguibel en el programa “Boza con Valdez” que transmite Venezolana de Televisión. “De hecho -sostuvo- en la IV república la movilidad social hacia el exterior era tan importante que los gobiernos de entonces se vieron en la obligación de crear una institución con rango de ministerio, como la fundación Gran Mariscal de Ayacucho, que llevó a miles de venezolanos al exterior en busca de nuevas oportunidades de estudio.”

Argumentó el analista que, a diferencia de la penuria que se ve en la realidad de los países que en efecto padecen crisis humanitarias que obligan a huir a su población hacia el exterior, quienes se van de Venezuela lo hacen en su gran mayoría desde posiciones privilegiadas, en el marco de una economía que, por mucho que atraviesa por situaciones difíciles, tal como lo afirmó, no ha sufrido la crisis de las olas de despidos masivos de trabajadores que se producen en el mundo neoliberal capitalista cuando se presentan coyunturas como las que hoy debe enfrentar Venezuela, particularmente con la caída del ingreso petrolero, que alcanza cerca del 80% del precio que tenía hace dos años el barril en el mercado internacional, ni ha tenido que recortar el presupuesto de los programas sociales, o eliminar la gratuidad de la educación, ni elevar los impuestos.

Jean Araud: La desinformación sobre Venezuela toma proporciones alucinantes

Por: Jean Araud

Cuando uno lee una prestigiosa revista como Time, que además de prestigiosa, es venerable por sus años de publicación, uno se imagina que cuenta con una seria fuente de información internacional. Pero cuando uno lee un artículo sobre Venezuela redactado por su periodista Ioan Grillo, y uno vive el quehacer cotidiano de este país, puede preguntarse seriamente si este periodista está mal informado, o confundido en su buena fe, o si en lugar de proporcionarnos una información se trataría más bien de desinformación, manipulación o intoxicación de sus lectores.

A inicios del mes de agosto, precisamente el día 12, sectores de la oposición venezolana anunciaban triunfalmente y en primicia, la portada del Time del 22 de agosto con frases de un artículo de Ioan Grillo como « Venezuela se está muriendo », « El colapso de un país en cámara lenta», « Cómo la nación con más petróleo en el mundo se derrumbó» o « Alguna vez fue el país más rico de Latinoamérica. Ahora se está derrumbando».

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« Venezuela se está muriendo ». Revista Time | Foto: Time,  12 de agosto de 2016
« El colapso de un país en cámara lenta», « Cómo la nación con más petróleo en el mundo se derrumbó»,
« Alguna vez fue el país más rico de Latinoamérica. Ahora se está derrumbando».*

También se anunciaba que la revista Time se referiría al tema de la escasez de productos de primera necesidad.

No dudamos de la seriedad con la cual la revista Time tomaba este artículo, porque no todos los periodistas logran estar en portada, ni tampoco dudamos de los estrechos vínculos que existen entre la revista y los sectores de la oposición venezolana, porque presentar un artículo, además con la foto de la portada de una revista con diez días de anticipación, no está al alcance de cualquiera. Así que esperábamos la publicación del Time del 22 de agosto para leer estas grandes primicias del autor. Al pasar de los días descubrimos que de gran primicia, nada.

Ya el 20 de agosto entraba en escena el New York Post, con la publicación de un video presentando a Venezuela como la capital mundial de la violencia, con una gran parte de sus ciudadanos viviendo en la pobreza y el tráfico de drogas como su sólo medio de subsistencia.

Venezuela is on the brink of total collapse

Pero antes, el 18 de agosto, otro prestigioso periódico británico, The Financial Times, había tomado la delantera del Time y del New York Post, comparando « la situación que atraviesa Venezuela con los problemas previos a la caída del Muro de Berlín».

Al día siguiente, el 19 de agosto, fue en Europa que, Actu Soirmag con la Agencia AFP, le quitaba el estrellato al Time, difundiendo sobre «la escasez de carne en Venezuela, los precios exorbitantes del arroz y los frijoles, la crisis humanitaria y las largas colas para comprar alimentos», todo esto bajo el título impactante de «Golpeados por la crisis, venezolanos se comen los animales del zoológico».

Golpeados por la crisis, venezolanos se comen los animales del zoologico

Frappés par la crise, des Vénézuéliens mangent les animaux du zoo*. Foto ISOPIX / Image d’illustration. Actu Soirmag con la Agencia AFP. 19 de agosto de 2016

Curioso este concierto de Time, New York Post, The Financial Time, Actu Soirmag y la AFP, sin mencionar algunos otros que tocan al unísono la misma sinfonía.

¿Concierto fortuito, casualidad o bajo la dirección de un mismo jefe de orquesta?

No se lo preguntaremos porque de antemano sabemos que no nos contestarán. El lector sacará sus propias conclusiones.

Lo que sí le preguntamos al periodista Ioan Grillo y a sus demás colegas es por qué motivos sus informaciones se limitan a noticias «negras», sin la mínima sombra de algunas noticias positivas.

¿Estos periodistas presentan informaciones o de verdad se dedican a la desinformación, la manipulación y la intoxicación de sus lectores?

De la escasez de alimentos, colas para conseguirlos y sus altos precios

Absolutamente cierto. Pero valdría la pena mencionar a sus lectores algunas informaciones complementarias.

Por ejemplo, mencionar la cantidad de depósitos donde las autoridades consiguen con frecuencia recuperar toneladas de alimentos acaparados… o los precios especulativos practicados por negociantes inescrupulosos… o las toneladas de alimentos que casi diariamente distribuye el Gobierno al pueblo, a precios cien veces inferiores a los del mercado.

¿No sabrán estos periodistas que en Venezuela se desarrolla una verdadera guerra económica con una escasez inducida de productos?

¿Sabrán estos periodistas que al mismo tiempo que el pueblo no logra conseguir pan, azúcar, harina o leche, las panaderías de Caracas están repletas de exquisitos pasteles y las tiendas ofrecen yogures de todos los sabores imaginables?

¿Sabrán estos periodistas que recientemente en la Plaza Altamira de Caracas se celebró una feria gourmet, que actualmente se prepara un nuevo evento de gastronomía y que en los mejores restaurantes se presentan a diario exquisitos menús?

Es posible que algunos delincuentes desalmados hayan robado algunos animales de un zoológico, hecho que por cierto y de memoria recordamos, ocurrió hace ya algunos años.

Pero la cantidad de animales víctimas de estos lamentables hechos es, se lo podemos asegurar, infinitivamente inferior a las más de mil mascotas abandonadas  por los franceses, con un triste saldo de 60 mil perros desamparados en 2016.

De Venezuela como capital mundial de la violencia

¿Hay en Venezuela problemas de violencia e inseguridad?

Absolutamente cierto.

Pero lo de capital mundial es una curiosa y tajante apreciación de parte de periodistas usamericanos y europeos que parecen preocuparse más de Venezuela que de sus propios países.

Por ejemplo: a nuestro conocimiento en ningún centro comercial de Venezuela se ha producido una balacera con saldo de nueve muertos y 27 heridos como en Múnich, Alemania, el viernes 22 de julio pasado.

Tampoco a nuestro conocimiento, en Venezuela ningún camión arremetió contra una multitud con un saldo de 84 muertos y 52 heridos graves como en Niza, Francia, el 14 de julio.

No nos llegó ninguna información de una discoteca de Caracas donde hayan muerto 49 personas y 53 heridos, como en una discoteca de Orlando en Florida, el 12 de junio.

No supimos tampoco de ninguna empresa venezolana, pública o privada, donde se hayan suicidado 60 empleados en solo tres años, como fue el caso en la empresa francesa France Télécom.

Profundizando nuestras investigaciones, no encontramos rastro por parte de la Guardia Nacional Bolivariana, sobre ninguna arrestación masiva violenta de los efectivos contra manifestantes, como ha sido el caso en Francia de los CRS, Compañías Republicanas de Seguridad, además, contra una manifestación pacífica de sus bomberos.

Hablando de inseguridad para la población venezolana en estos tiempos, no sabemos de ningún atentado masivo con un saldo de 130 muertos, como el sucedido en París en noviembre del 2015, ni de miles de muertos acumulados provocados en fusiladas crónicas como en las universidades de USA, ni de decenas de muertos acribillados por las fuerzas policiales, por el simple hecho de ser ciudadanos negros.

Que hay en Venezuela problemas de violencia e inseguridad, lo sabemos y lo vivimos a diario.

Pero si esta situación preocupa legítimamente a un periodista serio y honesto, debería también preocuparse de informarse algo más para difundir a sus lectores las operaciones que realizan a diario los cuerpos de seguridad del Estado para luchar contra el hampa, el secuestro, el sicariato y el paramilitarismo importado de un país vecino.

Del tráfico de droga en Venezuela para sobrevivir

Nos sorprendió esta mención muy moderada sobre este tema, porque estamos acostumbrados, desde hace tiempo, a una definición más tajante para crear una matriz de opinión de « Venezuela narco Estado ».

Para no faltarle al respeto a la inteligencia del periodista del Time, no vamos a pretender enseñarle que su país es el mayor consumidor de drogas del mundo, que su mayor proveedor es Colombia, que Venezuela se encuentra geográficamente en la ruta USA – Colombia, y que dos más dos son cuatro. Lamentablemente, en Venezuela y por estas situaciones, sufrimos de algunas consecuencias, incluidas la corrupción, narcotraficantes y peor aún, somos víctimas consumidores, motivos por los cuales la Oficina Nacional Antidrogas (ONA), tiene que actuar a diario a través de controles y programas preventivos para proteger la población. Curiosamente, desde que el presidente Chávez expulsó a la DEA (organismo anti drogas de los Estados Unidos) aumentaron de forma significativa las capturas sobre tráfico de drogas.

Pero puesto que el New York Post, parece interesarse sobre el tema del tráfico de droga, podemos darle algunas otras informaciones complementarias, reveladas los últimos días por el Mayor General Néstor Luis Reverol, ministro para Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela.

  • Actualmente, Venezuela ocupa el primer lugar de captura de drogas con el 4% de las incautaciones a nivel mundial.
  • USA le confiscó a Venezuela los dos radares que tenía en el año 2002 e impidió la compra a Brasil, de 24 aviones destinados a la intercepción de aeronaves. Pero gracias a nuevos radares chinos y aviones especialmente equipados, la actividad del Comando de Defensa Aeroespacial Integral permite aseverar hoy, que este espacio aéreo es libre de narcotráfico.
  • Resultado de ello es que se interceptaron e inutilizaron 111 aeronaves, se inhabilitaron 359 pistas clandestinas y 108 laboratorios clandestinos.
  • Por otra parte, los informes de las Naciones Unidas han oficializado que Venezuela es un país libre de cultivos ilícitos.

Para concluir este tema del narcotráfico, nos gustaría intercambiar algunas informaciones con nuestros colegas europeos.

Les informamos que la justicia venezolana acaba de condenar a 22 años y medio de cárcel, a diez personas, incluidos tres militares venezolanos, por sus implicaciones en un hecho de tráfico de estupefacientes. Nos referimos a 1.382 kilogramos de cocaína transportados en 31 maletas en un vuelo Air France entre Caracas y París el 10 de septiembre del 2013.

De esta forma, la justicia venezolana fue la primera que juzgó y condenó a los responsables en facilitar el embarque de este cargamento de droga.

En su publicación sobre este caso, la agencia de noticias Associated Press se muestra tímida para reseñar que las maletas en cuestión, embarcaron con la misma facilidad en el aeropuerto de Caracas como desembarcaron en el aeropuerto de París. Olvidó Associated Press informar que fue en la autopista rumbo hacia Bélgica que las autoridades francesas lograron interceptar el cargamento.

También, sería interesante que se difunda con el mismo brío el futuro de los principales responsables de este tráfico, como lo son dos británicos y tres italianos declarados como miembros del cartel que montó esta operación utilizando a Venezuela como puente entre Colombia, USA y Europa.

Otra visión y un enfoque diferente es el de la Associated Press que concluye : « Venezuela es señalada como uno de los principales puentes internacionales de tránsito de droga hacia USA y Europa».

Pensamos que quizás, en este tipo de caso, sería más ético señalar a los verdaderos responsables como lo son los productores y los grandes traficantes.

Es obvio que la información es una cosa muy diferente a la desinformación, la manipulación o la intoxicación de los lectores utilizada para crear una matriz de opinión, en el marco de una guerra mediática, con otros fines ocultos inconfesables, que no permiten difundir realidades.

Jean Araud para La Pluma, 22 de septiembre de 2016, con autorización del autor para soyaranguibel.com

Traducciones disponibles: Français

jean-araud  

Jean Araud: Corresponsal en Venezuela del periódico El Diario de Nuestra América del Colectivo Investig´Action, productor y conductor del programa “Así de Simple” en La Radio del Sur. Colaborador de La Pluma.net

¡Peligro, ahí viene la democracia gringa!

–  Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 28 de marzo de 2016 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Sin lugar a dudas el domingo 20 de marzo de 2016 pasará a la historia cubana como el día en que se produjeron dos de los acontecimientos más inusuales en la isla.

El primero, el arribo del primer presidente norteamericano a suelo cubano en casi noventa años.

El segundo, el cierre al libre tránsito del paseo de la playa en La Habana, conocido mundialmente como “El malecón”.

Desde hace dieciséis años, exactamente cuando el pueblo cubano exigía en manifestaciones masivas la liberación del niño Elián González secuestrado en Miami por el anticastrismo radicado en los Estados Unidos, no se cerraba el paso por la avenida más importante y famosa de la ciudad. El Malecón se restringe solamente para el desfile de las carrozas durante el carnaval pero apenas en dos de sus cuatro canales y solo en algunos tramos de su largo trayecto.

En esta ocasión se impidió el acceso a los miles de cubanos que a diario transitan por esa vía, para ceder el paso a “la bestia”, que es como se le conoce a la fortaleza rodante que transporta al autoerigido “líder del mundo libre”.

Rara paradoja la de restringir de esa una manera la libertad de un pueblo para garantizar la seguridad de quién supuestamente es líder mundial en la materia. La seguridad nacional de los Estados Unidos impone el sometimiento de los pueblos del mundo.

Con su visita Obama expresaba esa repugnante y proverbial manía gringa de deleitarse con la pobreza que a su paso va dejando el capitalismo. Pasear el vehículo más sofisticado que jamás haya conocido la humanidad por calles por donde transitan a diario miles de carros que datan de hace más de medio siglo en perfecto estado de funcionamiento, es el crudo contraste que demuestra el triunfo de la perseverancia del pueblo cubano por sobrevivir al bloqueo genocida al que ha sido sometido durante tanto tiempo. Pero los imperialistas lo ven como la ilustración del fracaso socialista y con ello se regodean.

En el Teatro La Habana, Obama dice a voz en cuello: “Yo creo que cada persona debería tener la libertad de practicar su fe de forma pacífica y pública. Y, si, yo creo que los votantes deberían de elegir sus gobiernos en elecciones libres y democráticas”.

Pero no explica por qué si ese particularísimo modelo de libertad que promueve el imperio norteamericano es tan preciado por la gente como ellos sostienen hay que defenderlo de tantas amenazas como dice su presidente que existen en su contra hasta en el último rincón del planeta y gastar tanto dinero como gastan en las guerras que contra el mundo entero desatan desde siempre para garantizar su sobrevivencia.

En esa, que era la alocución más importante del mandatario en la isla, el presidente Obama hizo gala de una grosería sin precedentes en la diplomacia internacional, al violentar el debido respeto a la libre determinación del pueblo cubano en la forma insultante en que lo hizo, invitando abierta y groseramente no una ni dos sino varias veces a levantarse en contra del gobierno.

Apelando a vetustos recursos estilísticos en su discurso, Obama imprimía un falso tono de familiaridad con ese heroico pueblo, incluyendo soterrada o abiertamente además de una inmensa cantidad de mentiras, imprecisiones, infamias y manipulaciones, frases supuestamente extraídas al común de la gente no se sabe mediante cuál mecanismo de consulta para esa particular ocasión.

Miren a Papito Valladares –dice- un barbero, cuyo éxito le permitió mejorar las condiciones en su vecindario. “Me doy cuenta de que no voy a resolver todos los problemas del mundo […] Pero si puedo resolver los problemas en el pequeño pedazo de mundo en el que vivo, puede expandirse por La Habana”.

La insolencia no es solo intentar hacer ver que un barbero cubano, probablemente los mejor ilustrados del mundo, sea capaz de construir una idea política tan pobremente estructurada, sino pretender además hacer pensar a la gente que los cubanos resienten el sometimiento a algún tipo de yugo ideológico que les obligaría a practicar el adoctrinamiento comunista del planeta (que es la caricatura grotesca y burda que sobre el pensamiento de izquierda ha difundido el anticomunismo) y que en virtud de ello su mejor anhelo sería el exterminio de la revolución.

En un giro deslumbrante que habla maravillas de las decenas de “think tanks” de la Casa Blanca que deben haber trabajado en ese discurso, el mandatario norteamericano reparte el irrespeto a la soberanía del país que tan cordialmente lo acoge, con segmentos autocríticos muy bien estudiados para cumplir cabalmente el objetivo propagandístico de su visita. En una suerte de toma y dame que intercalaba milimétricamente calculados dos discursos contrapuestos en uno solo, Obama hilvanó como todo un experto en manipulación el fracaso de la política norteamericana hacia la isla durante medio siglo con el persistente llamado al pueblo a sublevarse contra la revolución, argumentando la necesidad de hacerlo con el valor que deben tener para la gente la idea de libertad y de democracia por encima del derecho a la justicia social y hasta a la vida misma.

“Les puedo decir, como amigo, que la prosperidad sustentable en el siglo XXI depende de la educación, la sanidad y la protección del medio ambiente. Pero también depende del intercambio libre y abierto de ideas. Si no pueden acceder a información en Internet; si no pueden estar expuestos a diferentes puntos de vista; entonces no alcanzarán su pleno potencial.”

Con el mayor cinismo dejaba de lado el tema de la persecución de su gobierno contra el joven investigador norteamericano Edward Snowden, por ejemplo, por el simple hecho de dar a conocer al público una información vital para la sociedad, mientras que una bloguera cubana como Johani Sánchez recorre el mundo financiada por la CIA para difundir toda clase de infundios contra la revolución, con la notable diferencia de que ella entra y sale cada vez que lo desea de su país sin que nadie la persiga o la reprima. Bajo la excusa de la defensa de la “seguridad nacional”, Snowden está amenazado de ser llevado a la silla eléctrica en esa nación que dice defender la idea de la libertad de expresión como ningún otro país del mundo.

Evade intencionalmente Obama que el problema con el imperio que él preside no es exclusivamente ideológico; que lo que más repudian los pueblos del mundo desde mucho antes incluso del surgimiento del comunismo es la vocación saqueadora con la que ese país ha sometido al planeta para hacerse cada vez más poderoso a costa del hambre de millones de seres humanos a los que los Estados Unidos les negó desde siempre su derecho a la libertad y a la autodeterminación para imponer una democracia de la que solo se beneficia el 1% de la población que acumula hoy más del 80% de la riqueza mundial.

Una vocación que expone impúdicamente en sus palabras cuando sostiene que “Aunque levantáramos el embargo mañana, los cubanos no podrían alcanzar su potencial sin hacer los cambios necesarios aquí, en Cuba. Debería de ser más fácil abrir un negocio aquí, en Cuba. Un trabajador debería de poder conseguir trabajo directamente con las compañías que inviertan aquí”. Pero, por supuesto, solo si esas compañías inversoras son norteamericanas.

Bill Clinton en su discurso ante la convención demócrata que designó candidato a Obama en 2008, lo preconizaba: “El sueño americano está en estado de sitio en el país, y el liderazgo de Estados Unidos en el mundo se ha debilitado. La clase media y de bajos ingresos estadounidenses están sufriendo, con la disminución de los ingresos; la pérdida de empleo, pobreza y desigualdad creciente; ejecuciones de hipotecas y deuda de tarjeta de crédito cada vez mayor; cobertura de salud desapareciendo; y un gran aumento en el costo de los alimentos, servicios públicos, y la gasolina. Nuestra posición en el mundo se ha visto debilitada por el exceso de unilateralismo y demasiado poca cooperación; una dependencia peligrosa del petróleo importado; la negativa a llevar sobre el calentamiento global; un endeudamiento creciente y una dependencia de los prestamistas extranjeros; un aparato militar gravemente lastrado; un retroceso en los acuerdos globales de no proliferación y control de armamentos; y la incapacidad de usar constantemente el poder de la diplomacia, de Oriente Medio a África a América Latina a Europa central y oriental. Es evidente que el trabajo del próximo presidente es reconstruir el sueño americano y restaurar la imagen de Estados Unidos en el mundo”.

Vaya precariedad la de un modelo como el capitalista cuyo único objetivo histórico es la necesidad perpetua de exterminar al socialismo para poder sobrevivir.

 

@Soyaranguibel

La guerra está aquí… ¿Quién acaba la guerra?

– Publicado en el Correo del Orinoco el martes 13 de octubre de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Mentiras que matan es la película de 1997 dirigida por Barry Levison y protagonizada por Robert De Niro y Dustin Hoffman, en la que Hollywood trata en clave de humor los perversos juegos del poder político norteamericano con la opinión pública.

En el film un estereotipado asesor de imagen presidencial se alía con un prestigioso director de cine para desarrollar una estrategia de comunicación que ayude al presidente a superar el escándalo de acoso contra una colegiala en el que es implicado apenas a días de su reelección.

La estrategia ideada por los manipuladores de imagen en la película es la de crear a través de los medios una guerra ficticia con un país recóndito y desconocido para los norteamericanos en la búsqueda de exaltar el patriotismo de la gente y colocarla a favor del mandatario. Pero antes de lograr su objetivo, la CIA (extrañada por no saber nada de esa supuesta guerra) encuentra una fórmula diplomática para decir que no existe tal conflicto y anuncia públicamente que las hostilidades entre las dos naciones han cesado, con lo cual se da por concluida la situación de tensión.

Es justo en ese momento cuando Dustin Hoffman (el director de cine en la película), estalla de la furia y grita “¡Con mi guerra acabo yo!… ¡Ninguna CIA va a acabar con mi guerra!”

La escena, verdadero alarde de síntesis ideológica capitalista, resume el discurso neoliberal de la necesaria supremacía del libre mercado por encima del poder político, que nos recuerda que el capitalismo es mucho más que la sola empresa capitalista. Que hay ahí intereses enfrentados que el capitalismo no puede resolver.

Efectivamente, como lo explica Lenín, el Estado no es sino el producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase con intereses económicos en pugna, que surge para evitar que esas clases se devoren a sí mismas y con ese propósito se coloca por encima de la sociedad.

Es decir, el capital no es el poder sino solo un componente más de un poder más complejo del cual quiere sacar siempre el mejor provecho.

El capital privado no se compromete jamás en la estructuración de sistema económico alguno más allá de la derivada de su propia necesidad de expansión como negocio particular. En virtud del sagrado precepto de la libertad empresarial, no obedece de ninguna manera a planes de desarrollo o políticas económicas promovidos por el Estado. Sus demandas se reducen a la exigencia de oportunidades y condiciones que como sector le harán siempre a los gobiernos de turno, siempre y cuando ello no involucre riesgo o sacrificio alguno para sí mismo.

El principio sobre el cual se apoya esa inmoral filosofía del capitalismo es exactamente el mismo que proclama la tesis de la mano invisible del mercado formulada por Adam Smith en 1776, y que sirve desde entonces hasta nuestros días como el eje de la doctrina del provecho propio.

De acuerdo a esa filosofía, el bienestar de la sociedad surgirá del bienestar individual que logre labrarse cada quien sin importar en lo más mínimo la suerte o el infortunio del resto de la población. Una fórmula escandalosamente simple con la cual el neoliberalismo buscaba dar forma a una teoría de la ciencia económica y a la vez contrarrestar las corrientes humanistas florecientes entonces en el viejo mundo, que promovían las ideas de la organización social y del servicio público del Estado como base del desarrollo armónico de la sociedad.

De ahí la naturaleza parasitaria del sector privado en el capitalismo. El Estado no debe estar al servicio de todos sino de la empresa privada, que es de sus dueños solamente. La fortuna que logren acumular esos dueños de empresas privadas será considerada por el neoliberalismo como el bienestar económico de las naciones. Los pobres que esa acumulación de riqueza en pocas manos genere, deberán buscar la manera de hacerse de su propio espacio. En forma de “bachaqueros”, por ejemplo.

Pero los bachaqueros acaban con la existencia de productos en las estanterías y desatan una indetenible espiral inflacionaria mediante la especulación para la cual están facultados por el carácter privado de su negocio. Con lo cual se demuestra irrefutablemente que lo que afecta hoy a la economía nacional no es la regulación de precios impuesta por el gobierno sobre una treintena de productos de la cesta básica, sino la mano invisible del mercado que predica el sector privado y que coloca al servicio de la usura el poder adquisitivo alcanzado por el venezolano durante la revolución.

A falta de una cultura en el sector privado para la inversión eficiente, el nivel de productividad en el país se fue quedando rezagado frente al crecimiento progresivo de la población y de la economía, tal como lo describe el profesor del IESA Antonio Francés, quien en un exhaustivo recuento de los orígenes del proteccionismo del Estado a la empresa privada en Venezuela, sostiene que desde 1958 con la política de sustitución de importaciones el gobierno de Rómulo Betancourt “promovió el desarrollo de la empresa privada por todos los medios a su alcance”, pero con políticas equivocadas que no generaron el desarrollo necesario.

“Las empresas nacionales –dice- comenzaron a sentir el impacto de la devaluación, la reducción de la demanda y el control de cambios y de precios en la década de 1980. Es, sin embargo, a partir de 1989 cuando se hace plenamente presente el impacto de la crisis sobre las empresas con el desmantelamiento de la anterior política de protección. En ese momento surgieron serias dudas acerca de la capacidad de la empresa privada nacional para sobrevivir sin apoyo del Estado. El gobierno planteó una política de apoyo a la reestructuración, que tuvo escaso impacto real. Sin embargo, las empresas comerciales se adaptaron sin mayor dificultad, convirtiéndose muchas de ellas en importadoras. Gran parte de las empresas manufactureras lograron sobrevivir reduciendo la amplitud de sus líneas de productos, mejorando la calidad de los mismos y la productividad de los procesos. Lo que no lograron fue desarrollar una capacidad importante para la innovación.”

Esa dependencia al subsidio del Estado mediante toda clase de políticas proteccionistas, terminó convirtiéndose en una forma de vida para la empresa privada en el país. Una dependencia a la cual ese sector aspira a regresar para seguir disfrutando la comodidad de la riqueza fácil que esa condición parasitaria le produjo siempre en el pasado. De ahí su aversión al modelo de justa distribución de la riqueza nacional que comprende la revolución bolivariana.

La guerra que ha desatado el capital privado contra la economía nacional tiene, como se sabe, una razón eminentemente política de cara a la elección parlamentaria del seis de diciembre. Pero también tiene un costo muy alto para ese mismo sector empresarial en la medida en que la prolongación del sabotaje económico significa no solo desabastecimiento y precios especulativos para el pueblo, así como pérdidas millonarias para el empresariado, sino pérdida de oportunidades objetivas para el desarrollo de un sector productivo capaz de responder a la nueva realidad de la demanda nacional. Amén, por supuesto, del craso error de cálculo que representa creer que la revolución pueda perder esas elecciones. Con lo cual lo más seguro es que (si la guerra continúa) terminen quedándose sin el chivo y sin el mecate.

El gobierno del presidente Maduro ha actuado correctamente y con coraje en el enfrentamiento de las distorsiones económicas, a través del ataque al contrabando de extracción, aprobación de Leyes que protegen al consumidor, instrumentación de mecanismos de defensa de precios para contener la amenaza de la híper inflación, todo ello en el marco de una abrupta caída del ingreso petrolero y sin detener o reducir la inversión social. Pero la responsabilidad del sector privado en la superación de la crisis no puede ser soslayada.

En Venezuela se está avanzando en la construcción de un modelo socialista de justicia y de igualdad social que no niega el derecho ni las posibilidades para el desarrollo del capital privado, siempre y cuando, por supuesto, ese desarrollo se enmarque en la lógica de la construcción del bienestar común y no en la obsoleta prédica de la avaricia neoliberal capitalista. Esa es la propuesta chavista.

Parafraseando a Dustin Hoffman, podríamos decirles: “Ustedes desataron la guerra, termínenla de una vez ustedes mismos. Usen su inmenso poder económico en función del país y no de ustedes solamente.”

@SoyAranguibel

Contra el Fraude

– Publicado en Últimas Noticias el 23 de septiembre de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

De acuerdo al Observatorio Sicosocial de Incidencia Humana, en Venezuela se han inveterado en los últimos dieciséis años más Leyes referidas al campo gravitacional estratégico que en ningún otro periodo de igual sedimentación histórica, en proporciones de uno a tres en cada cuatro porciones de la sociedad.

Una cifra verdaderamente alarmante si se considera que en cada coyuntura de edulcoración social los avatares movilizadores que operan bajo un mismo rango de interferencia gradual no reaccionan nunca de manera similar, salvo que en cada oportunidad la latencia interna de cada segmento sea distinta en sí misma a cada uno de los nódulos polivalentes.

Esto, por supuesto, deja ver que el gobierno de Nicolás Maduro no está generando en modo alguno los niveles de permutación cíclica que garanticen la relativa interpelación de los porticrones genéticos que necesita la sociedad, para que de esa manera su reconversión inter estatal acumule los índices pertinentes de flexibilidad obesa de la gente.

Es de esperar entonces, que si el 6 de diciembre el flujo refractario de la variación porcentual estrafalaria no se reditúa en los márgenes aproximados de la tasa geométrica, exactamente igual a la que el país valoró en 1978, fecha en la cual el ascendente permeable tuvo su cotización menos flagelada (en comparación con los típicos estándares del mercado colateral), muy probablemente el arqueo semitransparente seguirá siendo válido.

Por eso las elecciones parlamentarias tienen en esta oportunidad un acicate reductor intrínseco que no será nada fácil de centuplicar en una sola estratificación humana sin componentes quiméricos de poca relatividad. Hoy por hoy en Venezuela cada uno de los venezolanos sabe que la permutación perceptiva del entramado constante no es el mismo de la personificación gradual de todos nuestros componentes.

Si algún logro tiene hoy la unidad es precisamente la firmeza con la cual los géneros instantáneos de similitud no son ya los mismos de las antiguas evoluciones de permeabilidad conductual.

En tal sentido, la Mesa de la Unidad Democrática, representada aquí por todos y cada uno de los epígrafes de la extraterritorialidad nacional, denunciará con la fuerza de su gran mayoría el fraude electoral previsto por el régimen.

Que quede bien claro.

 

@SoyAranguibel