¿Insensatez premeditada?

Por: Alberto Aranguibel B.

En su precaria capacidad para razonar con un mínimo de sensatez y buen sentido, la oposición venezolana estructura como discurso político ideas tan rocambolescas que avergüenzan y a veces, por lo desquiciadas, hasta mueven a compasión.

Como se ha demostrado hasta la saciedad desde el punto de vista clínico, “escualidismo” más allá de la connotación política que se le ha dado en virtud de su muy escasa capacidad de convocatoria, se refiere a la depauperación mental de aquel individuo que entiende la naturaleza del universo y la vida misma desde una lógica retardataria, contradictoria e incoherente. Así es la forma de pensar del opositor promedio en Venezuela.

Como esa forma de pensar no surge de las ideas sino del odio a Chávez y a todo lo que con él tenga que ver, no es posible encontrar racionalidad alguna en los planteamientos que formulan en su confrontación contrarevolucionaria.

El más descabellado de esos planteamientos en los últimos años es, sin lugar a dudas, el de acusar a Rusia de injerencista por la visita que hiciera recientemente al país una representación de su fuerza armada, invitada por el gobierno del presidente constitucional Nicolás Maduro Moros, en el marco de las relaciones de cooperación entre ambas naciones. Relaciones que datan de más de quince años de esfuerzos conjuntos entre ambas naciones para consolidar un intercambio fructífero, basado en la solidaridad y el respeto mutuos a la soberanía de cada país.

Un connotado dirigente adeco se mostraba entonces alarmado, como si esa modesta comitiva de apenas unos cien efectivos (no olvidemos que Rusia posee uno de los más numerosos y mejor armados ejércitos del planeta) se tratase de una amenaza a la paz continental y hasta del mundo.

“Provocación innecesaria” dijo que era. Y se preguntaba en tono de perfecto talante pitiyanqui: “¿De quién y ante quién se va a “defender a Venezuela”?”, refiriéndose socarronamente a las palabras del Ministro del Poder Popular para la Defensa, Vladimir Padrino López, que agradecían la cordial visita de la misión.

Nunca antes, desde que somos República, el país había sido tan gravemente amenazado como lo hace hoy Estados Unidos. Pero el viejo dirigente, zamarro y astuto como es, pretende no percatarse de ello. Que no ve las insolencias y amenazas que a diario profiere el imperio contra nuestro país ni el daño que le causan sus ilegales y genocidas sanciones a nuestro pueblo.

Por eso esta vez no parece ser solo una irracionalidad sino un discurso caza bobos.

@SoyAranguibel

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Cuando la mentira desborda las fronteras

Por: Alberto Aranguibel B.

“Escoge la versión que te parezca más creíble y quédate con ella, pues en esto tienes razón; el mundo es un infierno”
Rashomon

Un tuit difundido esta semana por el Alcalde de Recoleta, Chile, alertaba sobre la incongruencia más recurrente por estos días en las redes sociales, referida a la doble moral de aquellos que atacan día y noche a Venezuela por una supuesta crisis humanitaria que causaría la Revolución Bolivariana en el país, mientras se hacen los desentendidos con las atrocidades de las que sí son víctimas en verdad millares de latinoamericanos en Colombia, México, Honduras, y en otras partes del mundo, como Yemén o Siria, donde las fuerzas del ejército norteamericano actúan sin piedad alguna contra los pueblos.

“México: 130 políticos asesinados, entre ellos 40 candidatos, y se roban 10 mil boletas electorales. 90 muertos por día y más de 70 periodistas muertos en un año, pero la Unión Europea sanciona a Venezuela…” dice el texto del alcalde.

Casi todos los comentarios que le hacen a ese tuit son para acusarlo de miserable, de ignorante, de vendido. De comunista, pues, que con ese planteamiento estaría avalando una dictadura cruel y despiadada. Asombra que todos, sin excepción alguna, justifican la masacre contra el pueblo mexicano porque, según ellos, no es llevada a cabo por una dictadura sino por una democracia resplandeciente.

Todos han sido víctimas del fingimiento con el que la oposición se ha presentado ante el mundo a través de un medio de comunicación al servicio del imperio norteamericano que hace cada vez más dinero con sus titulares contra Venezuela. Es gente obnubilada que no quiere creer en ninguna verdad que no sea la que le dicen los titulares de esos medios, sin necesidad de exigir nunca pruebas que demuestren los infundios contra una nación que solo ha exportado desde siempre solidaridad y cooperación hacia esos pueblos hermanos de donde son oriundos la mayoría de esos tuiteros.

El fingimiento es quizás el recurso más utilizado por la oposición venezolana para tratar de imponer en el mundo la falsa verdad de su discurso contrarrevolucionario. La supuesta opresión del gobierno contra el pueblo, de la cual ha hablado a lo largo de todo el proceso revolucionario, no ha existido jamás sino en sus envenenados cerebros, llenos de odio contra todo lo que tenga que ver con Chávez, por lo cual han tenido que apelar casi siempre a técnicas de maquillaje para aparentar ese sufrimiento que le venden al mundo a través de titulares escandalosos que la gran prensa nacional e internacional pone a su orden para favorecer la instalación de la mentira como verdad.

Los actores de ese montaje no forman parte del pueblo que dicen defender. Ese pueblo ha dicho persistentemente a lo largo de casi un cuarto de siglo que está comprometido con el proyecto de justicia y de igualdad social que comprende el socialismo chavista que la revolución ha puesto en marcha en el país, y por eso se le deja de lado en esa farsa que pretende construir la realidad del país desde los estudios de televisión y las pasarelas de la moda.

Sus actores son siempre hermosos fenotipos de la clase oligarca que pretende el derrocamiento de esa revolución. Artistas famosos del espectáculo, del mundo del disco y de la industria cinematográfica, a quienes, a falta de gráficas reales que prueben sus infundios, se les pone un cartelito de S.O.S. sobre el pecho, o se les maquilla como víctimas de la opresión embadurnándolos en hollín y betún perfumados.

Antiguas reinas de belleza son incluidas en la nómina del “talento” contratado por los laboratorios asignados a esa tarea de fabricación de la realidad virtual con la que tiene que presentarse la derecha ante el mundo. Pero su condición de clase les juega siempre la mala pasada de negarse a desprenderse de la corona a la hora de la sesión fotográfica y, así como les sucede a los adonis que contratan como modelos para esas campañas, les resulta imposible ocultar su desprecio al verdadero pueblo, al que jamás contratarán para ninguna de esas sesiones, porque para ellos el pobre solo debe servir como sujeto discursivo; jamás como auténtico componente de su clase social.

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Con técnicas de maquillaje utilizadas por el ejército israelí en el fingimiento de las supuestas agresiones con las que justifican sus atrocidades contra el pueblo palestino, la derecha venezolana ha intentado recrear ese horrible sufrimiento de ficción con el que nutren la guerra mediática contra el pueblo venezolano, desconociendo la verdadera realidad de apremio que padece hoy la población como consecuencia del ataque despiadado por parte de esos mismos sectores del gran capital que han desatado su furia contra el pueblo a través de una inflación inducida que hace estragos en las posibilidades de alimentación y que pone en riesgo hasta la vida misma de la gente en el país.

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Desconocer esa cruda realidad por la que atraviesa el pueblo para intentar sacar provecho político mediante campañas que solo persiguen posicionar como dictadura al gobierno revolucionario, es una deformación que atenta contra las posibilidades de superación de la crisis y fomentan su prolongación en el tiempo, toda vez que con ese ocultamiento sistemático de la verdad se distrae inevitablemente la atención sobre los problemas, haciendo que el mundo se mueva en la dirección equivocada en cuanto al apoyo que debemos esperar de la comunidad internacional.

Cuando el mundo evalúa la situación venezolana lo hace desde la distancia y la desinformación, y eso, como es lógico, es perfectamente comprensible. El expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, así lo afirmaba recientemente en una declaración a la prensa: “Sobre Venezuela hay un prejuicio. La mayoría de la gente que opina sobre Venezuela desde Europa lo hace sin conocer la realidad ni saber lo que aquí ocurre. Hay un prejuicio instalado.”, dijo.

Lo deleznable es que esa desinformación sea el producto de una campaña de desvirtuación sistemática orquestada por sectores interesados en mantener a nuestra población en la zozobra del hambre y la miseria para alcanzar así el logro político que no han podido encontrar en las formas democráticas de lucha, simplemente por carecer de un liderazgo confiable y creíble, y porque su discurso no tiene resonancia alguna entre el pueblo.

Pero esa mentira instalada contra Venezuela tiene un efecto devastador mucho más allá de nuestras fronteras. Su daño pernicioso no se circunscribe a un ámbito territorial específico, porque la mentira no tiene fronteras. Si la realidad de un país es falseada, como se empecina en hacerlo la derecha contra Venezuela, aplicando técnicas avanzadas de guerra sicológica que llevan al ser humano a desconocer la verdad como fenómeno que expresa la constatabilidad de los acontecimientos, entonces la realidad de otros países es, por contraste, automáticamente violentada.

De manera instintiva, la gente que es víctima de esas campañas de desinformación será incapaz de apreciar las auténticas atrocidades cuando las tenga frente a sus ojos, pendiente como estará de aquellas que la prensa le ha señalado como verdaderas.

Países que son víctimas hoy de la más brutal agresión por parte del mismo imperio que ataca al pueblo venezolano con la intención de derrocar al gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro, no perciben la penuria y el sufrimiento inocultable de su propio pueblo porque la mediática de la derecha internacional les ha inoculado en lo más profundo de su siquis social que el país donde suceden esas atrocidades es Venezuela y ningún otro.

Son cada vez más los pueblos que padecen en este momento agresiones brutales como no se veían en el mundo contemporáneo más allá de las fronteras del Medio Oriente, donde los Estados Unidos arremete desde hace décadas con la misma furia invasora e interventora con la que lo hace hoy contra la soberanía y los derechos humanos. En ninguno de esos casos la reacción ha sido la aceptación de la clara evidencia que deja constancia de la culpabilidad del imperio en esos padecimientos con el solo hecho de su presencia en todas y cada una de las crisis de desestabilización, represión y sicariato paramilitarista que inundan la región.

No hay capacidad de reacción en esos pueblos en el sentido correcto, porque la interferencia de las grandes corporaciones de la comunicación, controladas por los mismos actores hegemónicos que generan esos sufrimientos, actúan para distraer la atención de la gente y ocultarle así su propia tragedia.

Solo que, en su caso, ellos podrán contar siempre con la solidaridad y el apoyo de la Revolución Bolivariana.

@SoyAranguibel

La mentira que por fin ha muerto

“La propaganda puede ser aprendida. Debe ser conducida solo por un fino y seguro instinto para percibir los sentimientos siempre cambiantes de la gente”

Joseph Goebbels

Por: Alberto Aranguibel B.

La máxima según la cual “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad” ha trascendido a lo largo de más de 60 años como la viva imagen del cinismo propagandístico que puede llegar a ser ejercido desde las esferas políticas, pero a la vez como una de las más ingeniosas y eficientes fórmulas para la construcción de marcas, conviviendo, por cierto, estas dos acepciones filosóficas en un mismo limbo ético que a nadie llegó jamás a perturbar, atribuida generalmente a quien se considera el padre de la propaganda moderna.

Lo cierto es que Goebbels jamás dijo nada semejante. El origen de la equívoca leyenda se encuentra en un artículo del alto dirigente nazi, publicado el 5 de octubre de 1941 en el periódico Das Reich, en el cual Goebbels sentía un particular orgullo de editorializar semanalmente desde 1940 para promover el ideario nacionalsocialista y responder desde ahí a los embates propagandísticos de los enemigos de la Alemania nazi.

En ese texto, Goebbels, cuya filosofía como profesional de la comunicación era la inconveniencia de “la mentira” como instrumento de convencimiento, se expresaba de las campañas de propaganda que Inglaterra y Rusia orquestaban contra Alemania, de la siguiente manera: “la propaganda inglesa y bolchevique pensó que le había llegado su hora. […] siempre hicieron predicciones falsas. Todavía tienen las agallas de mostrarse ante el mundo como puros e incorruptibles fanáticos de la verdad que se presentan como son, mientras alegan que nosotros abolimos la libertad de expresión, envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad” (La materia de la peste, Das Reich, 5 de octubre de 1941).

LA VERDAD VERDADERA

Tal como lo expuso en varias oportunidades, la mentira no debía ser la base de la propaganda política, simplemente porque la gente tiene siempre una muy superior capacidad para reconocer la verdad a través de los hechos. Ya en su discurso anual ante el congreso nazi en 1934, en Nuremberg, decía lo siguiente: “La buena propaganda no necesita mentir, en efecto puede no mentir. No tiene ninguna razón para temer a la verdad. Es un error creer que la gente no puede asimilar la verdad. Lo puede. Es sólo cuestión de presentar la verdad a la gente de manera que pueda entenderla. […] no es sólo cuestión de hacer las cosas correctamente, la gente debe entender que lo correcto es lo correcto” (Der Konfress zur Nürenber, 1934, Munich: Zentralverlag der NSDAP, Frz. Eher Nachf, 1934, pp. 130-41).

En esa misma pieza oratoria de 1934, sostenía claramente que “la propaganda puede ser en favor o en contra. Pero en ningún caso tiene que ser negativa. […] nos hemos auxiliado creando cosas reales, no ilusiones“.

A partir del mito, achacado sistemáticamente por la propaganda occidental a Goebbels con el objeto de detractarlo y disminuir así los alcances que, independientemente de sus convicciones políticas, haya podido tener como estratega de las comunicaciones (fundamentalmente por aquello de que la historia la escriben los vencedores para justificar los horrores de la guerra, atribuyéndole al vencido el carácter de responsable de todos los males que ellas ocasionan a la humanidad), se impuso la creencia generalizada entre los improvisados creadores de mensajes políticos y publicitarios en general, según la cual el uso de la mentira como instrumento excepcional para la modificación de conducta y creación de percepciones en el individuo permitiría siempre obtener el favor de las masas.

Nada más falso desde un punto de vista histórico y científico.

En realidad lo que se conoce como “las leyes de la propaganda” atribuidas al renombrado dirigente nazi, no es sino el resumen que de manera arbitraria elabora el profesor emérito de la Universidad de Yale, Leonard W. Doob, a partir de lo que él mismo señala en su libro “Principios de la Propaganda de Goebbels“, publicado en 1950 por la Universidad de Oxford en cooperación con el Instituto Americano para la Investigación de la Opinión Pública, en plena efervescencia de la Guerra Fría, que “se basa en una lectura cuidadosa de documentos escritos y no escritos por Goebbels, que reposan en la librería del Instituto Hoover para el Estudio de la Guerra, la Paz y la Revolución, de la Universidad de Stanford” que “no necesariamente son una relación exacta y verdadera de su personalidad, ni como persona ni como propagandista“. (Goebbels’ Principles of Propaganda, Doob, The Public Opinion Quarterly, Vol. 14, No. 3, (Autumn, 1950), pp. 419-442)

Leonard W. DoobLeonard W. Doob

La “objetividad” de Doob para la apreciación de las ideas de Goebbels queda completamente en entredicho cuando se sabe que el mismo se desempeñó durante la Segunda Guerra mundial como encargado de la OWI (United States Office of War Information) en Europa, una oficina creada por los Estados Unidos para el trabajo de contrainformación y propaganda cuyo propósito fundamental era precisamente el de operar como una máquina para la producción de materiales que aparentaran ser propaganda nazi para ser distribuidos en Alemania y en el resto de Europa durante todo aquel período. Un verdadero trabajo de guerra sucia llevado a cabo bajo la denominada modalidad de “ataque de bandera falsa” en la cual Doob se convirtió en todo un experto.

propaganda gringa en alemaniaPropaganda usada por los EEUU en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial – Leyenda: “Una nación, un gobierno, un líder, un canal de noticias… FOX News, el canal oficial de las noticias de la Patria” –

En síntesis, tanto el libro de Doob como la obvia subjetividad con la que debe haberse realizado la investigación en la cual se fundamenta, demuestran que el tan difundido manual de propaganda (más parecido a un panfleto anti-nazi que a ninguna otra cosa) jamás fue escrito por Goebbels, quien, como hombre sólidamente formado, como intelectual y como profesional, es evidente que jamás habría llegado a afirmar la sarta de barbaridades que en ese apócrifo documento se le atribuyen. Fue gracias a la libre interpretación del entonces agente de propaganda norteamericano que la frase del editorial “La materia de la peste” escrito por Goebbels en 1941 ( “… envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad”) pasó a ser la infame pero muy conveniente sentencia para los intereses políticos de los EEUU “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad“.

De hecho, Edward Bernays, verdadero inspirador de buena parte del trabajo de Doob en Europa, recogía en su famoso libro “Propaganda” publicado en 1928, mucho antes del ascenso del nacionalsocialismo alemán al poder, su visión de lo que él mismo había practicado desde 1917 en el uso de la propaganda como herramienta para la manipulación de las masas, en su condición de asesor de imagen del Presidente Wilson de los EEUU durante la primera Guerra Mundial, de la siguiente manera: “Fue, por supuesto, el éxito sin precedentes de la propaganda durante la guerra lo que les abrió los ojos  a los más perspicaces en los diferentes campos acerca de las posibilidades de disciplinar a la opinión pública […] La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo  de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar.” (Propaganda / L. W. Doob / 1928)

De lo cual se desprende sin lugar a dudas que no fue Goebbels en modo alguno el creador de los modelos de manipulación de los cuales es acusado por la propaganda occidental.

Pero mucho más allá de todo eso, está la intensa actividad llevada a cabo por el magnate de la prensa norteamericana William Randolph Hearst como asesor de Adolph Hitler desde antes de  la Segunda Guerra Mundial, en la manipulación de las noticias que llegaban tanto a Alemania como a Norteamérica desde Rusia para tratar de contener la expansión del comunismo en Europa, en lo cual Hearst aplicó a la más perfecta cabalidad todas y cada de las técnicas de guerra sucia que describe el manual que Leonard Doob redacta y le atribuye maliciosamente a Goebbels veinte años después.hearst_1hearst_2
–  Para atacar a Rusia, Hearst, padre del “amarillismo”, falseó en sus periódicos la realidad usando textos y fotos de sucesos que no se correspondían con lo que se decía en la noticia –

La suerte (buena o mala, según se aprecie de un ángulo o de otro) de Goebbels fue que su desempeño como Ministro de Propaganda coincidió con el surgimiento de un fenómeno nunca antes visto en la historia de la humanidad, como lo fue el nacimiento casi simultáneo de los grandes medios de comunicación que hoy la sociedad conoce, como el cine, la radio y la televisión, los cuales utilizó inteligentemente, tal como lo hacen hoy de manera intensiva todos los gobiernos del mundo con Internet y las llamadas Redes Sociales. Ese lógico aprovechamiento de la comunicación de masas al que se abocara el Ministro nazi, generó el desprecio de las potencias que desde entonces se vieron amenazadas con el inmenso poder de convencimiento que Goebbels podía tener usando los medios para decir la verdad de las ambiciones imperialistas y de dominación que esas potencias escondían tras su fachada de “libertadores” del mundo. Hoy esa verdad es completamente innegable.

LA VERDAD DE LA MENTIRA

Si bien es cierto que la discusión sobre la eficiencia o no de la mentira como herramienta comunicacional no puede aceptarse como resuelta, ni mucho menos el que haya habido por lo menos un mínimo freno en la persistencia de su uso indiscriminado tanto en la propaganda como en la publicidad, si lo es, definitivamente, el hecho irrefutable de la eficiencia de la verdad, entendida como “afirmaciones apoyadas en realidades constatables”, en el logro de credibilidad por parte del público.

Por eso la publicidad comercial suele apelar al uso de “pruebas científicas” para respaldar la calidad de los productos que se anuncian, o de infinidad de componentes pseudo químicos que garantizarían dicha calidad, como las supuestas “partículas de dimeticona que rechazan la caspa” del champú Head & Shoulder, de la empresa P&G, o la “brillolina” de sus ceras para pisos.

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En 1956 Colgate anunciaba el inexistente componente GARDOL para proteger la dentadura

Pero, determinar cuál es la “verdad verdadera” en la formulación de la propuesta comunicacional, suele llevar a un espacio impreciso en el cual la ética es siempre un dilema difícil de resolver.

En el campo político, la solución del dilema ético en el uso de la mentira suele estar referida a si se cumplen o no las promesas que se hagan a los electores, en lo cual el nivel de formación o cultura del ciudadano será siempre determinante para establecer si se le informó correctamente sobre algo o, por lo menos, si hubo o no buena fe en la promesa.

Por eso para los sectores derechistas de la política, la educación masiva es un peligroso factor de perturbación. En el campo de la propaganda comercial, es decir, de la publicidad, la mentira, o la falta de “constatabilidad” de la promesa, es indefectiblemente pagada con el desprestigio de la marca y, por consiguiente, con la indisposición o rechazo a la recompra del producto anunciado.

Una cosa es proponer en un comercial publicitario “que el champú tal elimina la caspa porque está formulado con los más avanzados componentes químicos para el tratamiento del cabello“, por ejemplo, y otra muy distinta es ofrecer que “va usted a hacerse millonario o a cautivar a todas las damas hermosas que se le presenten en su camino si usa ese champú“. Para la publicidad sería muy fácil hacerlo, pero no lo hace (o por lo menos no con ese grado de descaro e irresponsabilidad), porque el interés no es vender su producto una sola vez sino siempre. Y si el consumidor se siente engañado en un primer momento, la segunda compra jamás se produce. El nivel ético que aparentemente se percibe en la publicidad no es otra cosa que el terror a caer en una guerra de medias verdades y mentiras nada veladas entre marcas y productos, en la que, de producirse, ni siquiera triunfaría quien tuviese mayor cantidad de exposición en los medios, valga decir, mayor cantidad de dinero, porque ante una vorágine de descréditos y acusaciones mutuas entre marcas y productos, el desprestigio, más allá de la inevitable afectación a todos ellos en su conjunto, sería inexorable incluso para los medios de comunicación en sí mismos, generándose así una verdadera hecatombe en la industria publicitaria… la base de sustentación actual del capitalismo.

Por eso cualquier gerente de marca debe saber que hasta el más insignificante detergente debe basar sus aspiraciones de vida, en la veracidad o “verificabilidad” de su promesa. Su justificación deberá ser siempre el resultado de complejísimos procesos de análisis de mercados y estudios de gustos y preferencias del consumidor, porque es la única fórmula segura que la empresa privada ha encontrado conveniente, después de décadas de investigación y de incontables recursos invertidos, para sobrevivir al acoso de su propia competencia.

EL FRACASO DE LA MENTIRA

En Venezuela el fracaso de la oposición al gobierno del presidente Hugo Chávez, y ahora al gobierno del Presidente Nicolás Maduro, apoyada como nunca antes se había visto en el gran poder de los medios de comunicación, es un ejemplo más que fehaciente de cómo la mentira no es el camino correcto para convencer a la audiencia, en este caso, al elector. La oposición no presenta una propuesta alternativa desde el punto de vista político o ideológico, sino que centra su discurso en una permanente guerra de infamias y descalificaciones infundadas, dirigidas a crear escepticismo o pérdida de credibilidad en el chavismo. Apoyar el mensaje de una propuesta política en la afirmación antojadiza de verdades inexistentes referidas al gobierno al cual esa propuesta se opone, atenta contra los principios elementales de la buena propaganda.

Pero más allá de eso, es que un proceso basado en tan errada estrategia indefectiblemente se revierte porque, como lo afirmaba Goebbels en 1934 y tal como ha quedado demostrado a través del desarrollo de la publicidad, la gente tiende siempre a constatar la veracidad de cuanto se le vende como cierto. Sostener, por ejemplo, que un país en el que se han producido en un mismo periodo más elecciones que ninguna otra nación del planeta, donde la libertad de expresión es tan amplia que los más importantes medios de comunicación, en manos de los sectores contra revolucionarios y ultra derechistas del país, se encuentran al frente de las acciones que promueven abiertamente el asalto al poder por la vía del golpe de Estado, sería una “dictadura” regentada por un tirano, es un verdadero exabrupto.

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Opositora venezolana protesta por la supuesta “crisis económica” montada en su vehículo de lujo último modelo

Afirmar que existe un régimen totalitario en un país en el que se acusa al gobierno de represor a través de todos medios radioeléctricos impresos disponibles y con el mayor despliegue de espacios de información y de opinión, sin que se produzca por ello represión alguna, es definitivamente una insensatez que tarde o temprano hará derrumbar la credibilidad de quien acuse sobre tan insustanciales bases, porque ello, además de improductivo desde el punto de vista comunicacional, evidencia un profundo irrespeto y una clara ofensa a la inteligencia del espectador promedio. Tal como le ha sucedido a la oposición venezolana.

Obviamente utilizaron a los más improvisados e ineptos asesores de imagen en la formulación de su estrategia. Pensaron que en la descomunal profusión del fácil mensaje que puede construirse con base en mentiras bien estudiadas, habría un éxito que jamás estuvieron ni cerca de obtener. Pero insistieron en ello.

Pretendieron acuñar de manera terca y recurrente la idea descabellada según la cual mientras más posibilidades tenían de expresarse con la más entera libertad, mayor radicalización habría de la supuesta dictadura que con mentiras denunciaban, ilusionándose ingenuamente con lo que ellos creyeron siempre era cada vez un mayor acercamiento a la caída del régimen, cuando en realidad, los resultados electorales, las encuestas y el pueblo chavista en la calle demostraban inequívocamente todo lo contrario.

Nadie en la oposición ha sabido responder hasta hoy por qué, constituyendo ellos el sector con mayor exposición en los medios de comunicación antes y después del triunfo de Chávez, fueron los protagonistas de tan desastrosa caída en el favor de la opinión pública en las elecciones de 1998 como en todas las sucesivas. Cualquier gerente versado de marcas habría visto en eso los severos efectos de una muy torpe y errada estrategia comunicacional, cuya constante fue siempre el uso indiscriminado de “la mentira” como instrumento de aproximación al elector. Entonces ¿por qué  habría de resultar hoy una estrategia comunicacional fundamentada en los mismos irresponsables parámetros de entonces?

La respuesta a esto está en el fenómeno que fue Chávez desde el punto de vista de su mantenimiento en los más altos niveles de popularidad a lo largo de toda su vida pública, según la medición no solo de los resultados electorales de más de 15 elecciones en las que resultó triunfante, sino de todas las encuestas de opinión durante casi 13 años; Debatió ideas y no mentiras, aferrándose siempre a la verdad.

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-Hugo Rafael Chávez Frías, El Comandante Eterno –

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Publicado inicialmente en la Revista Question/Abril de 2003 y revisado por el autor en abril de 2014.

¡Venezuela hasta en la sopa!

Por: Jorge Armesto

Tengo que reconocer con vergüenza que yo era uno de tantos españoles que no tenía ni remota idea de la historia de Venezuela. En fin, seamos sinceros, ¿para qué andarnos con tonterías? Ni de Venezuela ni de América Latina en general. Veo una pirámide y yo que sé si es inca o maya. ¿Bolivar? Un indio que nos quitó las tierras. ¿San Martín? Un cura o algo así que sale en el tango Cambalache que cantaba Malevaje. Confundo en el mapa Paraguay y Uruguay. Y Honduras, Panamá, Nicaragua y todos esos…para qué voy a contar. Así todo.

Pero gracias a la prensa española y, especialmente, a El País y su periódico hermano El Mundo, mi burricie empieza a desvanecerse. Cierto es que sobre el resto del continente sigo sin tener ni puta idea pero, ¡ah! ¡Sobre Venezuela! Sobre Venezuela me estoy convirtiendo en una autoridad. No tengo tanto mérito. ¿Y quién no? Hasta el más tonto escribiría una tesis. En la tasca más humilde, los cuatro que juegan al dominó podrían impartir en cualquier parte del mundo una cátedra de estudios venezolanos. Tal es el inabarcable caudal de conocimientos en el que nos han sumergido los periódicos españoles. De hecho, cuando leo estos didácticos artículos empiezo a pensar que son los pobres venezolanos quienes no saben nada de su país en comparación con los españoles. Incluso me aventuro a afirmar que está pronto el día en que los españoles sepan más de Venezuela que de la propia España. Si es que ese día no ha llegado ya.

Qué tiempos aquellos en que vivíamos en la más triste ignorancia sobre nuestro país hermano. A finales de los 80 el gobierno de Carlos Andrés Pérez le entregó el país al FMI. Las medidas “liberalizadoras” trajeron consigo privatización de empresas públicas, congelación de salarios, disminución del gasto público y aumento del precio de productos básicos. Una música conocida. El resultado del empobrecimiento masivo de la población fue el “caracazo”, una revuelta popular que la democracia de Carlos Andrés sofocó provocando una masacre de cerca de 3.500 muertos. En 1996, tras siete años de políticas “reformistas” y según cálculos del Banco Central de Venezuela, el índice de pobreza general era del 54,86% y el de pobreza extrema, el 30,98%. En 2009, tras diez años de gobierno de Hugo Chávez, la pobreza extrema estaba en el 7,20% y la pobreza general en el 28,50% El desempleo en 1999 rondaba el 15%. Diez años después se había reducido a la mitad. Igual reducción que tuvo la mortalidad infantil ¿Pero cómo íbamos a saber algo de esto? Entonces teníamos en España una prensa insensible, eurocéntrica y muy poco atraída por los avatares y desventuras de nuestros hermanos venezolanos. Nada que ver con la actual, cosmopolita y global.

Por supuesto, tampoco entonces nos contaron los turbios asuntillos de Felipe González y Carlos Andrés Pérez (condenado por malversación y prófugo de la justicia, murió millonario en Miami) con su amiguito el aún más multimillonario venezolano Gustavo Cisneros. Ni nos enteramos mucho de quién demonios era este tío cuyo nombre oímos por primera vez en aquellos tiempos en que el gobierno del PSOE saneó y reflotó Galerías Preciados gastando 48.000 millones de dinero público. Luego vendió la cadena por 1.500 millones al Grupo Cisneros quien, a su vez, la revendió por 30.000 a unos inversores ingleses. Resultado de la operación: -48.000 millones para nosotros +28.500 millones para Cisneros en un abrir y cerrar de ojos. Para los que crean que el PP innova: todo está inventado. La única diferencia es que antes se robaba en pesetas y ahora en euros.

Aquella prensa provinciana tampoco mencionaba que ese mismo Gustavo Cisneros era y es el propietario casi en régimen de monopolio de la mayoría de los medios de comunicación venezolanos que, desde 1999, cuando perdió el poder su compañero de negocios, se declararon ferozmente hostiles al gobierno de Chávez. Esos mismos medios que, aunque constantemente se quejan por la falta de libertad de prensa, participaron activamente en el golpe de estado contra Chávez en 2002 auspiciado por, ¡oh! ¡sorpresa!, José María Aznar. En las horas que los golpistas creyeron triunfar declararon su agradecimiento público a las emisoras de Cisneros. Tampoco El País informaba mucho acerca de que el grupo PRISA era accionista junto a Cisneros de algunas de esas emisoras. Con respecto a la participación de Aznar como uno de los promotores del golpe, El País zanjó el asunto diciendo que “quedó sin aclarar”.

Por suerte para todos, esos tiempos de oscurantismo e ignorancia han pasado a la historia. Y en España de hoy no hay día, y digo bien, ni un solo día, en que las cabeceras más importantes no nos revelen nítidamente la mierda de país que es Venezuela y la permanente desgracia en la que viven sus ciudadanos. Hace algunos meses escribí en estas mismas páginas un artículo sobre la línea editorial de El País con respecto a Podemos. Entonces la campaña de insidias aún estaba empezando y la consulta en la hemeroteca era sencilla. Compadezco al pobre desgraciado que hoy tenga que hacer la misma recopilación. No quiero ni imaginar lo que sería bucear en más de una década de mendacidades de la hemeroteca española sobre Venezuela. Esto desanima al más pintado. Dejo para otros esa gloria. Yo soy un vago y me conformo con mirar simplemente lo que publican en la última semana. Total, para qué más.

Pese a todos los esfuerzos pedagógicos de la prensa española reconozco que mi conocimiento de la realidad política latinoamericana –con la salvedad de Venezuela– es bastante exiguo. Valentín Paniagua, Jorge Battle, Ronald Venetiaan, Bharrat Hagdeo, Lucio Gutiérrez, Sebastián Piñera, Alfredo Palacio, Tabaré Vázquez, Eduardo Rodríguez Veltzé, Federico Franco, Fernando Lugo, Ollanta Humala….¿alguien sabe quién es esta peña? Pues jefes de estado sudamericanos de los últimos 15 años. Quién lo diría, eh. Ni me suenan. Sin embargo, de Nicolás Maduro me sé hasta su talla de calcetines. El Mundo nos dice el día 2 de enero que su popularidad ha descendido hasta el 22%. ¿Poco o mucho? Si lo comparamos con la que tenía Hugo Chávez antes de enfermar, cercana al 60%, poco. Pero si la comparamos con la de Mariano Rajoy, que no llega ni al 14%, tampoco está tan mal. Claro que Rajoy, a pesar de no ser chavista, comparte el record con Hollande de ser el dirigente peor valorado del mundo por sus conciudadanos.

Antes, el 30 de diciembre, El País y El Mundo se escandalizaron por la renovación de algunos miembros del Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Superior de Justicia de Venezuela. Aunque del funcionamiento del resto de países sudamericanos no sabemos ni palabra, largos artículos hablan sobre estas instituciones venezolanas, así como la Contraloría y la Defensoría del Pueblo. Por otra parte, nada que no supiese ya cualquier venezuelólogo avezado. ¿Y no resulta que han metido a unos chavistas en estas instituciones? ¡Qué escándalo! En la nación en la que PP y PSOE nombran a los miembros del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial, y estos a su vez nombran a los Magistrados del Tribunal Supremo y a los Presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia, la desvergüenza chavista resulta indignante.

El mismo día 30 El País nos dice que Venezuela es “el segundo país más peligroso del mundo”. ¿Más que Siria? ¿Más que Iraq? No. Se refiere a la tasa de homicidios. Uno se pregunta: ¿Y no se merecería el titular el que va de primero? Los hondureños, que son líderes, no salen ni en la entradilla.

Lo cierto es que Venezuela es un lugar espantoso para vivir: Si ayer nos enteramos nada menos de que han subido los peajes de las autovías, hace menos de una semana descubrimos espantados que había cerrado una famosa heladería. Hacían helados de garbanzos, spaguetti y hasta de cebolla. Un drama. El día 31 de diciembre El País nos dice que Venezuela está en recesión. En otro artículo aparece como un títere de ..¡Cuba!Y es que los tontainas chavistas son más castristas que los propios castristas. Ya en enero, el día 2 El País augura que el país sudamericano será uno de “los perdedores” de 2015 mientras que el 4 le dedica el editorial “El drama venezolano”. El mismo día Maduro está “en la cuerda floja” dos veces. La primera en “El mundo en 2015” y la segunda en el artículo de Bastenier “Cuatro funambulistas en la cuerda floja”. Al menos Maduro tiene el consuelo de que también Putin comparte funambulismo en ambos textos.

El 4 de enero es el “Día de Venezuela” para El País y en otro artículo describe a Maduro como otro “tirano del oro negro” junto a los tiranos de Arabia Saudí, Rusia e Irán. El articulista se cuida muy mucho de distinguirlos de las “democracias petroleras”, esto es México y Brasil. Por cierto que, con respecto a México, no resulta tan fácil encontrar noticias sobre su situación política y la emergencia de MORENA, un partido surgido de los movimientos sociales, que amenaza el bipartidismo corrupto. ¿De qué nos suena esto? Sin embargo la prensa española se cuida muy mucho de hablar de estos asuntos.

El día 5 El País nos cuenta quién gana o pierde con la apreciación del dólar.¿Adivinamos quién palma? Sí, amigos, Venezuela. El mismo día se nos dice también quién pierde con el petróleo barato. Sorpresa: otra vez Venezuela. ¿Y quién más? Rusia y Cuba. Cuba, la pobre, que no tiene petróleo, pierde de rebote. De las dictaduras del Golfo Pérsico, ni palabra. Es de suponer que están que tiran cohetes. El articulista dice que Maduro ha redoblado sus ataques frente “a los que le critican”. Y por si su postura no nos resultase obvia añade: “como yo”. El mismo día 5 nos enteramos de queVenezuela acude a China para pedir créditos y el día 6 es El Mundo el que nos cuenta las “siete plagas de Maduro”. También el 6 sabemos que Ecuador negocia créditos en China. La diferencia de titular es elocuente: Maduro “busca alivio para la crisis” en tanto que Correa “logra 6.300 millones en créditos”. Unos villanos, otros héroes.

En fin, Venezuela hasta en la sopa. Todo esto únicamente en una semana. Es fácil imaginar lo que nos espera en el año de emergencia de Podemos. Pero, ¿por qué ser desconfiados? También podemos imaginar un futuro en el que los ciudadanos seamos iluminados por esta prensa abierta, universal y con tanta sensibilidad hacia países distintos. En que seamos ilustrados por esta prensa que nos eleva al cosmopolitismo desde la burrez cateta en que ahora vivimos. Quizá llegue el día en que se nos cuente que en Papúa Guinea han subido los peajes. O que en Eslovaquia cerró una heladería. Qué precioso reportaje. Queremos conocer esos pequeños dramas que nos pasan desapercibidos. ¿Montenegro pide un crédito a China? Necesitamos saberlo. ¿Qué tal le irá el 2015 a Moldavia y Polonia? ¿A quién han elegido para el Consejo Electoral de Yibuti? Todo nos interesa, ciudadanos planetarios. Empezaron a educarnos con Venezuela porque con alguno había que empezar. ¿Qué otra razón iban a tener?

A fin de cuentas, hombre soy, y nada de lo venezolano me es ajeno.

Tomado de: Prensa Web RNV

De reyes, de magos y de otros dislates

– Publicado en el Correo del Orinoco el 05 de enero de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

El proceso de expansión de la fe cristiana, como el de todas las religiones y sectas en general, obedeció desde siempre fundamentalmente a la dominación que la iglesia ejerció sobre la sociedad a través de su manejo del poder político, de las guerras con las que diezmó naciones y continentes enteros, o de los embates ideológicos que contra culturas y civilizaciones llevó a cabo de manera despiadada e inmisericorde a través del tiempo para imponer a toda costa su dios por encima de las milenarias creencias de los pueblos, cualesquiera que ellas fueran.

Un proceso determinado en todo momento por la mediación de un discurso estructurado con una clara y muy bien definida orientación desmovilizadora, cuyo único propósito es el aletargamiento de la capacidad crítica de la sociedad, con base en el uso intensivo de un poderoso lenguaje de la dominación, una semiótica deslumbrante apoyada en ideas, códigos y simbologías más propias de la ciencia esotérica que de la filosofía o la religión, carente por completo de argumentación teórica pero con una excepcional capacidad comunicacional que le ha permitido no solo superponerse por más de dos mil años al juicio meticuloso de la ciencia (y hasta del sentido común), sino incrementar su peso en esa sociedad que, antes que ser emancipada por los avances del conocimiento o por la creciente refundación de las culturas originarias de los pueblos, acepta cada vez más como una realidad inexorable el hecho de la institucionalización de la iglesia como parte esencial del Estado en virtud ya no de la proliferación de la fe (o de su creciente poderío político en el ámbito del modelo neoliberal burgués hoy en el mundo) sino de la difusión y del impacto del medio de comunicación en la sociedad, y que la iglesia usa cada vez más con mayor intensidad.

La iglesia, que vio como nadie en su momento en la imprenta uno de los más valiosos recursos de los que pudiera disponer jamás institución alguna, no ha desatendido nunca a lo largo de los dos últimos milenios el valor del aspecto comunicacional en su propósito de captación de lo que ella llama “almas descarriadas”. Sin lugar a dudas la imprenta le permitió a la iglesia avanzar exponencialmente y con mucho mayor rapidez de lo que hubiera podido alcanzar solamente mediante el ritual de la liturgia y de los sacramentos. Ni siquiera las guerras, o el genocidio en nombre de la evangelización, le habrían facilitado (como tanto lo hicieron en el pasado) el impulso que los medios de comunicación le han brindado a lo largo del último siglo.

Es el medio de comunicación (ya no solo como espacio para la difusión de noticias relacionadas con la iglesia, sino como instrumento que opera bajo su control absoluto para la publicación de su mensaje a través de infinidad de periódicos, emisoras de radio y canales de televisión, de su propiedad) la herramienta que le permite como ninguna otra a la iglesia la posibilidad de articular un mensaje en apariencia denso, consistente y de un profundo contenido ideológico, cuando en realidad es exactamente todo lo contrario, si nos atenemos a la lógica discursiva que debe regir el contenido mediático según los sectores hegemónicos burgueses en el marco del sistema neoliberal capitalista. Los códigos comunicacionales, tanto de la iglesia como del capitalismo, terminan siempre por ser elementos de un lenguaje común en el que la identificación de intereses y propósitos es inevitable; no desarrollo de ideas sino de reglas o normas, sustitución de la doctrina con el uso de la guerra contra el enemigo como medio de realización, exaltación de la ilusión mediante el recurso de la narrativa de ficción y de los efectos especiales (misticismo), y manipulación o falseamiento de la realidad, entre muchos otros.

El propósito de unos personajes como los Reyes Magos, por ejemplo, cuya existencia no ha podido ser comprobada jamás en modo alguno; que ni siquiera son mencionados en la Biblia sino en un escueto pasaje en el que se les describe tangencialmente como errantes viajeros transcontinentales de vago origen; que fueron (si es que en verdad lo fueron) integrantes de una inexplicable caravana de un número y de unos nombres sobre los que no hay acuerdo alguno entre los historiadores, motivada por un raro fenómeno celeste que la astronomía, ni con todo el poder de la ciencia más avanzada, no logra registrar; deja al descubierto una escandalosa inconsistencia bíblica, usualmente no revisada por la teología desde un punto de vista pragmático (como sí lo han sido por ejemplo el purgatorio y hasta el mismísimo pesebre por parte de los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI respectivamente).

Los Reyes Magos (llamados así por su supuesta sabiduría y facultades astrológicas y no por sus destrezas como prestidigitadores) no sanaron a nadie de ninguna enfermedad por muy leve o insignificante que fuera, ni antes ni después de su ofrenda al niño Jesús. Tampoco salvaron a nadie de las garras del demonio ni mucho menos le devolvieron la vida. Ni le resolvieron los problemas económicos o de naturaleza legal a nadie. No hicieron levitar a nadie ni tampoco levitaron ellos, ni al primero ni al segundo ni al tercer día ni a ningún otro. Sin embargo, los apócrifos personajes logran trascender en la historia convirtiéndose en piedra angular de la religión cristiana, llegando a ser por casi dos mil años (desde el siglo IV hasta entrado el siglo XX) el centro de disputas encarnizadas entre las antiguas Constantinopla, Milán y Colonia, ciudades que a lo largo de todo ese periodo se pelearon los restos mortales que supuestamente les pertenecieron.

¿A qué se debe entonces la deslumbrante significación religiosa de estas desconcertantes figuras del evangelio? Sin lugar a dudas a su excepcional capacidad de convocatoria para movilizar a la sociedad en torno a una propuesta consumista. Es decir, su enorme poder para reactivar el afán de compra en el ciudadano común, presa como es de la doctrina cristiana del amor al prójimo y de necesidad de conmemorar la rendición de los reyes magos al hijo de dios.

En todo ello el medio de comunicación ha jugado un papel determinante. Si la finalidad de la iglesia es fortalecer el modelo de la dominación mediante la narcosis a la que la religión induce al individuo, así como la exaltación de los valores del capitalismo más brutal y salvaje, entonces la religión será difundida por los medios de las grandes corporaciones capitalistas.

Pero si quien hace el milagro de la redención social, de la sanación sin costo a través de misiones de salud gratuita en el barrio, de la devolución de la vista a millones de seres humanos dejados al olvido en el pasado por alguna deficiencia visual, del otorgamiento de la luz de la alfabetización a los que nunca se les dio la oportunidad tan siquiera de aprender a leer, de la vuelta a la vida gracias a un prodigioso centro cardiológico que salva gratuitamente a miles de niños, de la superación de la miseria mediante infinidad de programas de dotación de viviendas, equipamiento del hogar, alimentos, útiles escolares, equipos de computación, educación gratuita a todos los niveles, y acceso a productos y bienes de consumo a bajo costo, es un revolucionario comprometido con la idea de la justicia social y de la soberanía de su pueblo, como lo fue Hugo Chávez Frías o como lo es Nicolás Maduro, entonces ese líder no aparecerá jamás en ningún medio, salvo que sea para desvirtuarlo, para deformarlo o para difamarlo.

Es ese el rol del medio de comunicación hoy en día en la sociedad de consumo, en perfecta connivencia con la iglesia reaccionaria y retardataria que rige el desempeño de la cristiandad en el mundo.

Por eso una joven que no tiene sino qué agradecer hasta el día de su muerte al Comandante Chávez y al presidente Maduro el logro maravilloso de la vida de su pequeño hijo, salvado, no una sino dos veces, por la medicina del Cardiológico Infantil Rodriguez Ochoa, termina odiando hasta la irracionalidad a cualquier figura pública asociada al chavismo que se le atraviese por enfrente, como lo demostró la desquiciada opositora que atacó de manera salvaje a la ex Defensora del Pueblo, doctora Gabriela Ramirez, en un restaurante donde ésta (con la libertad y el derecho al respeto y a la integridad que consagran nuestra Constitución) compartía con sus pequeños hijos.

Exactamente como se le garantizan a esa endemoniada agresora, pero que ella no asume como un bien de la sociedad sino como un beneficio para sí misma, simplemente porque ve mucha televisión capitalista, escucha mucha radio capitalista, y lee mucha prensa capitalista.

El Señor se apiade de su atormentada alma.

 

@SoyAranguibel

Venezuela y el doble rasero de los medios informativos occidentales

– Mientras las violencias mortíferas que golpean el país desde febrero de 2014 son actuaciones de la oposición, los medios informativos occidentales persisten en acusar al Gobierno democrático de Nicolás Maduro –

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Por: Salim Lamrani / Opera Mundi

Desde 1998, la oposición venezolana siempre ha rechazado los resultados de las elecciones democráticas, con una excepción: reconoció la legitimidad de su victoria en el referendo constitucional del 2 de diciembre de 2007, que ganó con un margen inferior al 1%. Así, la derecha se ha opuesto resueltamente a los gobiernos de Hugo Chávez de 1999 a 2013 y de Nicolás Maduro desde abril de 2013. Ha utilizado todos los métodos para derrocarlos: golpe de Estado, asesinatos políticos, sabotaje petrolero, guerra económica, llamados a la sublevación y campañas mediáticas de desprestigio.

Desde febrero de 2014, Venezuela es víctima de violencias mortíferas que costaron la vida a más de 40 personas, entre ellas 5 miembros de la guardia nacional y un fiscal de la República. Más de 600 personas resultaron heridas entre ellas 150 policías y los daños materiales superan los 10.000 millones de dólares: autobuses quemados, estaciones de metro saqueadas, una universidad –la UNEFA– completamente destrozada por las llamas, decenas de toneladas de productos alimenticios destinados a los supermercados públicos reducidos a cenizas, edificios públicos y sedes ministeriales saqueados, instalaciones eléctricas saboteadas, centros médicos devastados, instituciones electorales destruidas, etc.[1]

Frente a este intento de desestabilización destinado a provocar una ruptura del orden constitucional, las autoridades venezolanas  han dado una respuesta enérgica y procedieron a arrestar a varios líderes de la oposición que lanzaron llamados a la insurrección o promovieron actos de vandalismo, y a casi de mil personas implicadas en las violencias.[2] Como todo Estado de Derecho y en el estricto respeto de las garantías constitucionales, la justicia venezolana enjuició a los acusados y aplicó las sanciones previstas en el Código Penal para semejantes actos.[3]

Los medios informativos occidentales, que se han alineado con la oposición golpista y antidemocrática, han denunciado atentados contra los derechos humanos. Al mismo tiempo omiten cuidadosamente señalar los asesinatos que cometieron los manifestantes, los allanamientos de armas y explosivos por parte de la policía entre esos grupos presentados como pacíficos y las destrucciones de propiedades públicas y privadas.[4]

De hecho, la indignación mediática es de doble rasero y no se aplica de modo universal. En efecto, la prensa observa un sorprendente silencio cuando los países occidentales toman medidas mucho más draconianas por disturbios mucho menos graves que los que golpean Venezuela.

El caso de Francia es revelador. El 27 de octubre de 2005 estallaron revueltas urbanas en los barrios populares de París y de las grandes ciudades del país, tras la muerte accidental de dos adolescentes perseguidos por la policía. La importancia de las violencias –que no causaron ninguna muerte – era menor que las que han golpeado a Venezuela en las últimas semanas.

No obstante, a partir del 8 de noviembre de 2005, el Presidente Jacques Chirac decidió declarar el estado de excepción en todo el país e instaurar un toque de queda mediante el decreto 2005-1386, durante varios meses, aplicando así la ley de 3 de abril de 1955 adoptada durante… la guerra de Argelia. Esta legislación, que no se utilizaba desde 1961, suspende las garantías constitucionales y atenta gravemente contra las libertades públicas pues permite “prohibir el tránsito de personas”, “instituir zonas de protección o de seguridad donde se reglamenta la estancia de personas” y declarar “arresto domiciliario en una circunscripción territorial o una localidad territorial para toda persona que resida en la zona fijada por el decreto”.[5]

Del mismo modo, “el Ministro de Interior, para todo el territorio donde está instaurado el estado de excepción, y el prefecto en la provincia, pueden ordenar el cierre provisional de las salas de espectáculos, bares, restaurantes y lugares de reunión de todo tipo en las zonas determinadas por el decreto previsto en el artículo 2. Pueden también prohibirse, a título general o particular, las reuniones cuya naturaleza pueda provocar o alimentar el desorden”. [6]

La ley de 3 de abril de 1955 confiere “a las autoridades administrativas señaladas en el artículo 8 el poder de ordenar registros de domicilio día y noche” y habilita “a las mismas autoridades a tomar todas las medidas para asegurar el control de la prensa, de las publicaciones de toda índole así como de los programas de radio, de las proyecciones cinematográficas y de las representaciones teatrales”.[7]

Esta legislación da el poder a la justicia militar de sustituir a la justicia civil. Así, “puede autorizar a la jurisdicción militar a encargarse de crímenes, así como de los delitos que les son conexos, que incumben [normalmente] al tribunal provincial”, en detrimento de la jurisdicción de derecho común.[8]

Para justificar semejantes medidas que contravienen la Convención Europea de los Derechos Humanos (CEDH), París evocó el artículo 15 de la CEDH que autoriza “en caso de guerra o de peligro público que amenace la vida de la nación” a derogar a las obligaciones a las cuales se había suscrito Francia.[9]

En ningún momento Venezuela –golpeada por violencias más severas que las de 2005 en Francia– ha instaurado el estado de excepción, ni ha suspendido las garantías constitucionales, ni ha atentado contra las libertades públicas, ni ha impuesto la justicia militar en detrimento de la justicia civil.

Un ejemplo más reciente es también ilustrativo. Tras los disturbios que ocurrieron en la ciudad de Amiens el 14 de agosto de 2012, que causaron daños materiales (una escuela y varios edificios públicos incendiados) e hirieron a 17 policías, la justicia francesa sancionó severamente a los autores de esos delitos. Seis personas fueron condenadas a penas de uno a cinco años de prisión. [10] El tribunal de menores de Amiens incluso condenó a cinco adolescentes de 14 a 17 años a penas de hasta 30 meses de prisión.[11]

Sería fácil multiplicar los ejemplos. Cuando la policía de Nueva York arrestó arbitrariamente a más de 700 manifestantes pacíficos, los cuales fueron víctimas de brutalidades por parte de las fuerzas del orden, los medios informativos occidentales no acusaron al gobierno de Barack Obama de violar los derechos humanos.[12]

Del mismo modo, cuando la policía brasileña reprimió violentamente a los manifestantes pacíficos en Sao Paulo y procedió al arresto de 262 personas en un solo día, agrediendo al mismo tiempo a varios periodistas, los medios informativos, con razón, no pusieron en tela de juicio, la legitimidad democrática de la Presidenta Dilma Roussef.[13]

Los medios informativos occidentales son incapaces de mostrar imparcialidad cuando se trata de abordar la compleja realidad venezolana. La prensa se niega a cumplir su deber que consiste en difundir todos los hechos y se mofa de Carta de Deontología Periodística. Prefiere defender una agenda política bien precisa, la cual va contra los principios elementales de la democracia y de la voluntad del pueblo venezolano expresada múltiples veces en las urnas.

[1] Agencia Venezolana de Noticias, «Violencia derechista en Venezuela destruye 12 centros de atención médica y electoral”, 27 de marzo de 2014.
[2] Salim Lamrani, «Se a oposiçao venezuelana fosse francesa... », Opera Mundi, 11 de abril de 2014. (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[3] EFE, « Lilian Tintori expone el caso de Leopoldo López ante autoridades españolas”, 18 de mayo de 2014.
[4] Paulo A. Paranagua, « Leopoldo Lopez, prisonnier politique numéro un du président vénézuélien Maduro », Le Monde, 22 de abril de 2014. (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[5] Loi n°55-385 du 3 avril 1955 relatif à l’état d’urgence. (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[6] Ibid.
[7] Ibid.
[8] Ibid.
[9] Convention européenne des droits de l’homme, article 15.  (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[10] Le Monde, « Emeutes d’Amiens : jusqu’à cinq ans de prison ferme pour les violences », 16 de mayo de 2014.  (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[11] Le Monde, « Emeutes d’Amiens : jusqu’à 2 ans de prison ferme des mineurs », 13 de mayo de 2014. (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[12] Sandro Pozzi, « La policía detiene a 700 indignados por ocupar el puente de Brooklyn”, El País, 2 de octubre de 2011.
[13] María Martin, « Ativistas denunciam brutalidade policial durante o ato contra a Copa de São Paulo”, El País, 14 de febrero de 2014.  (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).

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*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.Su último libro se titula Cuba. Les médias face au défi de l’impartialité, Paris, Editions Estrella, 2013, con un prólogo de Eduardo Galeano.
Contacto: lamranisalim@yahoo.fr ; Salim.Lamrani@univ-reunion.fr
Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

10 claves del fascismo en Venezuela

Fuente: http://laredoma2021.blogspot.com/

Aranguibel con Fernando del Rincón

Caracas 15 de marzo/2014.- En marzo de 2013 el analista político Alberto Aranguibel denunció en CNN la práctica distorsionadora de la realidad venezolana por parte de las grandes corporaciones mediáticas, entre ellas la propia CNN, en un programa especial de Conclusiones con el periodista Fernando del Rincón, en el que afirmaba que “lo único inconstitucional hoy en día en Venezuela es la oposición“. Luego de transcurrido todo un año de intenso debate nacional que incluyó dos importantes elecciones; una presidencial y una municipal, ganadas en forma incuestionable por los sectores afectos a la revolución bolivariana, ambas afirmaciones, la manipulación mediática y la inconstitucionalidad de la oposición, se han cumplido con total exactitud en la actual coyuntura política.

A un mes del inicio de fuertes protestas en contra del presidente Nicolás Maduro por parte de grupos violentos que han arremetido contra bienes públicos y privados de manera indiscriminada exigiendo la renuncia del gobierno constitucional, lo que ha ocasionado muertos y heridos principalmente entre efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana y de la población civil que se han visto atrapados en las refriegas callejeras, medios de comunicación privados nacionales e internacionales las presentan como una brutal ola de represión contra “estudiantes pacíficos” por parte del Gobierno.

Frente a dichas acciones violentas, promovidas por connotados dirigentes de la ultraderecha nacional como Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma, la oposición venezolana ha mantenido un silencio ominoso que a todas luces favorece el desacato por parte de esos grupos vandálicos a la Constitución y las Leyes nacionales que prohiben la violación de los derechos de la ciudadanía al libre tránsito y a la tranquilidad en sus comunidades, así como el desconocimiento de la legitimidad del gobierno democráticamente electo. Silencio que adquiere visos de complicidad en los casos de aquellos alcaldes opositores que se niegan a ordenar a sus policías imponer el orden, o que colaboran abiertamente con el vandalismo desatado por esos grupos anárquicos en sus respectivos municipios.

De la misma forma, Aranguibel señala en esa entrevista que “contrario a lo que dicen los medios privados, los únicos conflictos que hay son los que genera la propia oposición, porque tal como lo dijo siempre Chávez el único camino a la paz en Venezuela es la Revolución.”

Aranguibel en Unión Radio:”Para los medios privados el problema ya no es la información sino el morbo”

logo unionradio

Alberto Aranguibel sostiene en entrevista con Daniela Zambrano, Adriana Nuñez y Vladimir Villegas, en Actualidad Unión Radio, el 25 de enero de 2013, que en cuanto a la publicación de una foto falsa del Comandante Chávez en el diario El País de España, “El asunto no es si la foto es falsa o no. El problema no es la información, sino quién genera la desinformación. Los medios privados, por su propia naturaleza antidemocrática, han generado esa desinformación. Lo que se demuestra con ese escándalo es cómo ya los medios privados han desbordado el nivel de periodismo ético para caer en el nivel del morbo.”

Oiga aquí la entrevista:

[audio https://ia601606.us.archive.org/29/items/ACTUALIDAD250113/ACTUALIDAD%2025%2001%2013.mp3]

Noticias24 intenta manipular de manera grotesca declaración de Alberto Aranguibel

mentira noticias24

El analista político Alberto Aranguibel es objeto hoy (30 de noviembre de 2012) de una aviesa manipulación por parte del portal Noticias24, el cual trata de hacer ver que el comunicador habría reconocido en una entrevista concedida al canal de televisión carabobeño DatTV el día 29 de este mes algún tipo de deficiencia o mala gestión del gobierno del Comandante Hugo Chávez, titulando la reseña de la entrevista “La gente está reclamando mejores gestiones, lo que se ha hecho hasta ahora ha demorado” cuando en realidad se refería (como puede constatarse en el video) a las diferencias entre el modelo capitalista “que no transforma nada y el modelo socialista que sí transforma, como lo está haciendo en el país la revolución bolivariana“.
Como introducción de la idea, Aranguibel razona en el programa “Dígalo Usted” que “El Comandante está proponiendo una transformación que sea cada vez más rápida (toda vez que) efectivamente, la gente está reclamando mejores gestiones (regionales) porque en algunos casos lo que se ha hecho hasta ahora ha demorado mucho más tiempo de lo que la gente esperaba, en otros ha tenido que construirse el piso para permitir las diferentes etapas, que se vayan superando para poder llegar a ellas (a la concreción de las obras de cada gobierno regional en particular)”. Tal como lo explicó de inmediato el analista, hay que comprender que “no se trata de una gestión de gobierno sino de una propuesta de transformación del Estado, del modelo de sociedad… y eso tiene un ritmo completamente distinto a cuando tú gobiernas sin transformar nada“.
Este cuestionado medio de información por internet al servicio de los intereses de la derecha más ultra reaccionaria nacional e internacional, expresa así una vez más su carácter inmoral y pestilente en el tratamiento de la noticia, con lo cual se explica el creciente repudio de la población a ese tipo de instrumentos de desinformación y manipulación.