Aranguibel en VTV: “Si algo impidió que cristalizaran los intentos del imperio contra la revolución cubana fue el respaldo del pueblo a su proceso”

Caracas, 28 / 11 / 2016.- El analista político Alberto Aranguibel afirmó este lunes en el programa La Pauta que transmite Venezolana de Televisión, que si algo impidió que cristalizaran los intentos del imperio por acabar con la revolución cubana a lo largo de más de medio siglo, fue precisamente el respaldo del pueblo a su proceso.

“Cn esas infames demostraciones -dijo- la llamada “guasanera” cubana le está diciendo al mundo que en Cuba jamás ha habido ninguna dictadura bajo el proceso revolucionario” refiriéndose a la lucha liderizada por Fidel Castro que derrocó al régimen del dictador Fulgencio Batista en 1959.

De acuerdo a lo sostenido por el también investigador en medios de comunicación, en buena medida esa bochornosa irracionalidad que es celebrar públicamente la muerte de un ser humano, es producto de la alienación a la que los medios de comunicación someten a la población para mantenerla en la ignorancia.

“Pero la sociedad es dinámica, está en permanente ebullición. Y cuando hay procesos como el cubano, o el venezolano, y en general de Latinoamérica, de despertar de los pueblos, que elevan su nivel de conciencia, ya hay ahí un determinante que frena la influencia del medio de comunicación” acotó el analista.

 

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¿Lenguaje revolucionario o lo contrario?

Por: Alberto Aranguibel B.

La sensación de avance de la contrarrevolución que tiene la derecha nacional e internacional, así como también mucha gente en las filas revolucionarias, no deriva exclusivamente del circunstancial triunfo electoral de las pasadas elecciones parlamentarias.

Como es perfectamente innegable para cualquiera, esas elecciones no fueron ganadas por la oposición sino por los bachaqueros, que son quienes han desatado la furia especulativa que ha puesto a la mayoría de los venezolanos a sufrir el infernal martirio del desabastecimiento y de las colas para tratar de obtener los productos de primera necesidad.

La absurda idea de que la revolución estaría en una suerte de postrimería política frente a la cada vez más precaria, desorganizada e irresponsable oposición venezolana, está determinada fundamentalmente por la guerra comunicacional que desde hace casi dos décadas se ha desatado de la manera más inclemente contra los gobiernos revolucionarios del comandante Chávez y ahora del presidente Maduro.

Por supuesto que la televisión siembra ideas y posiciona mensajes en la sociedad. De no ser así, no existiría la publicidad, cuyo único propósito es precisamente el de alienar a la gente en función de un discurso determinado ya sea comercial o político.

La burguesía cuenta con esa poderosa herramienta y su labor no puede ser otra que la de utilizarla para imponer un pensamiento que convenga a sus intereses. Eso está claro.

El problema es qué hace la revolución reforzando ese discurso y esos valores contrarrevolucionarios de manera tan sistemática como hace no solo el Minci y el sistemas de medios públicos, sino la totalidad de la dirigencia chavista y los articulistas revolucionarios, que todos, sin excepción, le hacen el favor a la oposición de convertir una consulta popular de carácter eminentemente consultivo en un acto oficial de suspensión del mandato del presidente.

Para todo revolucionario el evento al que aspira la oposición en su intento por derrocar al gobierno debe ser un “eventual referéndum consultivo”. Seguir hablando de “revocatorio” es hacerle creer a la gente que el mismo es solo una simple formalización de un negado triunfo de la derecha.

O aprendemos a hacer comunicación revolucionaria o nos jodemos. Así de simple.

@SoyAranguibel

El cura comunicador

– Publicado en Últimas Noticias el 12 de agosto de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

El arzobispo de Coro es idéntico a una vieja cascarrabias que a eso de las cinco de la tarde montaba su paila de hacer empanadas en la salida hacia Caigüire, en la Cumaná de mi niñez.

No recuerdo su nombre, pero Lückert es el vivo retrato de ella. Con la única diferencia, quizás, de que la octogenaria empanadera fumaba con la candela “pa’ adentro”, como se decía entonces, por lo cual no tenía el nerviosismo de quijada que sí tiene el cura, que, aunque muy similar a las deformaciones gestuales que provocan las prótesis dentales, pareciera más bien deberse al forcejeo entre el intestino grueso y la musculatura facial por tratar de contener la evidente ingobernabilidad del órgano lingual. En él la verborrea incontenible siempre va más adelante que la respiración misma.

Probablemente el brillo broncíneo de la muy cuidada tez del prelado no sea producto del salitre y el calcinante sol que a la anciana le tostaba el rostro con una pátina brillante que hablaba del sudor ancestral acumulado por tantos años de lucha a cielo abierto en procura del alimento de sus ocho hijos. El del rostro de Lücker debe ser el brillo Estée Lauder que su exquisita piel seguramente necesita y del cual debe haber dispuesto por años para mantenerse tan lozano. Pero eso es harina de otro costal.

Aquella atrabiliaria empanadera refunfuñaba a voz en cuello por cuanto acontecimiento humano le pasara por la mente, argumentando siempre de la manera más irresponsable y audaz sobre asuntos complejos fuera de su alcance, que iban desde la estación espacial internacional hasta el muro de Berlín, pero invariablemente con una inmensa arrechera.

En eso Lückert es igualito a la cumanesa. Solo que su manía detractora se centra en un solo tema; la revolución bolivariana. Cuando se trata de cualquier idea asociada al chavismo, la rabieta del histérico monseñor suele convertirse en ventolera infernal que arrasa todo a su paso. Ahora le dio por opinar de comunicación. Por supuesto, para proferir una nueva barbaridad; que él no tiene medio por dónde expresar su descontento ni hacer denuncias contra el gobierno. Y lo dice en el diario El Carabobeño; el periódico regional de mayor circulación en el centro del país.

De haber medios de comunicación en el cielo, él ya tiene trabajo asegurado.

 

@SoyAranguibel

Por un puñado de dólares

– Publicado en el Correo del Orinoco el 26 de enero de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

La influencia del medio de comunicación capitalista y su contenido profundamente enajenante no puede ser desconectada en modo alguno de la crisis que padece hoy la sociedad venezolana, que no solo atraviesa por una difícil coyuntura inducida por la especulación y el sabotaje económicos sino por una perturbación emocional masiva sin precedentes en nuestro país.

Quienes han desatado la guerra económica que ha colocado a nuestro pueblo en la humillante condición que significa verse forzado a hacer cola por comida en la desesperada creencia de que todo se acabará mañana, saben perfectamente que su activo fundamental en su propósito desestabilizador es el poder alienante de los medios de comunicación. La falta de discurso y de liderazgo político en ese sector hace que el mensaje del medio de comunicación adquiera una relevancia determinante en su lucha por reinstaurar el modelo neoliberal en el país.

¿Por qué arrecia hoy con tanta fuerza esta guerra mediática contra el proyecto de justicia e igualdad social que comprende la revolución bolivariana?

Porque el Comandante Chávez y su excepcional capacidad comunicacional no es ya, según ellos, el eje sobre el cual gravita el juego político venezolano. Para la derecha, la desaparición física del líder de la revolución es principalmente la oportunidad de retomar y relanzar el poder comunicacional que vio disminuido sustancialmente desde el arribo a la escena política del comandante aquel mediodía del 4 de febrero de 1992, cuando con apenas un mensaje de 169 palabras el entonces teniente coronel hizo tambalear las férreas estructuras del poder establecido y partir en dos la historia política contemporánea en nuestro país, demostrando que el enemigo de esos sectores oligarcas que detentaron desde siempre el poder iba a ser de ahí en adelante la capacidad comunicacional del líder que con aquella histórica insurrección estaba naciendo. Sabían, por supuesto, que no se trataba de un militar o de un político más, sino de un gran comunicador con inusual capacidad para la movilización de las masas.

El comandante Chávez, valoró desde siempre ese inmenso poder del medio de comunicación. Por eso le temían. Pero a diferencia de la lectura convencional que del mismo se hace desde la derecha, su comprensión fue la de quien concibe el mensaje como el instrumento de poder mediático y no el medio en sí mismo (como de manera tan perfectamente conveniente a la lógica de la dominación hegemónica burguesa propusiera en 1967 el comunicólogo canadiense Marshall McLuhan, cuya sentencia “El medio es el mensaje”, que hasta en las esferas del pensamiento progresista llegó a considerarse en algún momento como una propuesta esencialmente revolucionaria, no tenía ningún otro propósito que el de la legitimación de la dominación planetaria de las grandes corporaciones capitalistas que han impuesto al mundo su particular visión del universo a través del medio radioeléctrico). Sin lugar a dudas en ello radicó siempre la fortaleza política de quien supo conectarse directamente con el pueblo como nunca antes pudo lograrlo político alguno en la historia. Con su filosofía de la inclusión social como centro de su propuesta política, Chávez demostró que el mensaje era el pueblo y no el medio. Una sustantiva diferencia conceptual ideológica con lo que encarnó siempre el modelo neoliberal que precedió al proyecto bolivariano. De ahí que los viejos “paquetazos” económicos son desde entonces solo un mal recuerdo de ese oprobioso pasado de exclusión social y una añoranza perpetua de esa derecha terca y tozuda que insiste, a costa de su propio exterminio, en reinstaurar en el país un modelo universalmente fracasado como el neoliberal.

La fábula del bienestar económico que generaría ese modelo neoliberal en una economía emergente como la venezolana, es derribada de plano por la incontestable inviabilidad del mismo en las economías avanzadas de los países altamente desarrollados, que cada día se ven más urgidos de la aplicación de recetas del FMI y del Banco Mundial para medio sufragar el inmenso costo de la acumulación de riqueza en pocas manos y de soportar el hambre y la miseria que a su paso dejan las políticas de exclusión social por las cuales se rigen.

En ello, el poder comunicacional para ocultarle al pueblo esa patética realidad de la filosofía capitalista de la explotación del hombre por el hombre, encantarle con la ficción del lujo y del confort como aspectos indispensables para la vida, y venderle la farsa de las inagotables oportunidades para el progreso del pueblo bajo los principios de la burguesía, es determinante. Hacerle pensar al pobre con la mentalidad del rico es el objetivo fundamental del medio de comunicación hoy en día en la sociedad de consumo. Sin esa cultura del desclasamiento que impacta a la sociedad cada vez con mayor intensidad y saña, los sectores hegemónicos perderían su poder de dominación sobre las masas, alienadas y sometidas como todavía están por los antivalores del consumismo. Tanto así que es perfectamente posible afirmar que de no existir hoy los medios de comunicación (cuyos intereses y principios, como es obvio, son diametralmente opuestos a los del pueblo) hace mucho rato habría dejado de existir el capitalismo, al menos en la forma culturalmente invasiva y enajenante en que hoy lo conocemos.

Hacerle creer al pobre que en la operación de compra y venta especulativa de artículos y alimentos de primera necesidad existe una oportunidad expedita para alcanzar la prosperidad, aún a sabiendas de que con su actuación generará un gigantesco malestar social y una profunda distorsión económica que pondrá en riesgo al único proyecto factible de redención popular que conocerá el pueblo en toda su vida, es uno de los más grandes crímenes que un sector puede cometer contra una sociedad y contra una nación. El otro, es secuestrar esos alimentos y esos artículos de primera necesidad para desatar una inusual y delirante sobredemanda que dispare los precios del mercado para promover con ello el estallido social al que insensatamente aspira para saciar su sed de riqueza. Más aún cuando se constate que ni ese pobre saldrá de la miseria mediante esa absurda operación, ni ese sector capitalista que lo engaña desde el medio de comunicación y que lo hace padecer con el acaparamiento y con la usura obtendrá tampoco beneficio alguno cuando la crisis económica creada por su actuación criminal e irresponsable surta sus efectos devastadores para el país en su conjunto.

En la razón perversa del contenido mediático la propuesta de Hollywood para inculcar la adoración al dinero sin el más mínimo miramiento al honor, a la dignidad, a la solidaridad o a la honestidad, ha sido persistente a través del tiempo.

Ejemplo palpitante de esa concepción de la inmoralidad por encima de cualquier otra cosa, es sin lugar a dudas el film “Por un puñado de dólares” (1964), de Sergio Leone, cuya trama es precisamente la disyuntiva a la que es sometido el personaje principal, Joe (Clint Eastwood), entre trabajar a sueldo para una familia o para otra por el control de un pueblo perdido en la orfandad del más árido desierto, terminando por aceptar pagos de ambos bandos para exterminarlos luego sin compasión alguna.

Akira Kurosawa, quien llevó a tribunales a Leone aduciendo plagio de su obra Yohimbo (1961), diría mucho después que se sentía complacido con la película que lanzó a la fama a Eastwood, a Leone y al género mismo del llamado “spaghetti western”, y que creó toda una cultura del cine de culto de los llamados “hombre sin nombre” que se desarrolló desde el John Wayne de los años ‘50s hasta el Bruce Willis de nuestros días con la misma impúdica exaltación de la deslealtad, la inmoralidad y la codicia como único norte, porque según él “a la larga logró recaudar mucho más dinero con el plagio que con la obra original”.

Una sociedad expuesta por décadas a tan demencial lógica y sometida a la crudeza de una guerra sicológica como la que el imperio norteamericano y sus lacayos desatan hoy contra nuestro pueblo a través de sus corporaciones y sus medios de comunicación, terminará siempre por padecer el infortunio de un sector cruel y desalmado al que no le importa en lo más mínimo el sufrimiento de un pueblo ni el futuro de su país, solamente por el vano goce que ansía encontrar en un mísero puñado de dólares.

@SoyAranguibel

Choque de civilizaciones: ¡no nos sigan agarrando de estúpidos, por favor!

– En el marco del análisis que desde diversos sectores intelectuales se ha hecho sobre el manejo comunicacional de los atentados terroristas perpetrados por fanáticos religiosos en París, consideramos oportuna la reflexión del destacado periodista Marcelo Colussi al respecto –

Por: Marcelo Colussi

¿Seremos todos Charlie?

Cuando en el año 1883 la erupción del volcán Krakatoa, en Indonesia –a la sazón colonia holandesa– produjo un maremoto con tremendas olas de 40 metros de altura que provocaron la muerte de 40.000 habitantes, un diario en Ámsterdam tituló la noticia: “Desastre en lejanas tierras. Mueren ocho holandeses y algunos lugareños”. ¡Qué racismo!, podríamos decir hoy escandalizados. Lo cierto es que la historia no ha cambiado mucho 130 años después.

Ya estamos tan habituados a Hollywood y montajes hollywoodenses, que vemos el mundo en términos de “buenos” y “malos”, de “muchachitos” justicieros (siempre blancos, defensores de la “democracia y el estilo de vida occidental y cristiano”, “triunfadores” por antonomasia) que castigan a “bandidos” (los cuales, casualmente, son siempre indios, negros, y desde hace un tiempo musulmanes). Tanto se nos metieron estos esquemas en la cabeza –¡nos los han metido!, habría que aclarar– que interpretamos todo lo que pasa a nuestro alrededor según esa clave. Para el caso, remedando aquel racismo de la tragedia del volcán Krakatoa, los recientes hechos de París nos lo dejan ver de un modo vergonzoso.

De ningún modo se puede aplaudir la muerte violenta de nadie, la de los caricaturistas, la del policía rematado en el piso, la de tanta gente que muere a diario por causas prevenibles. Pero levantar estas repulsas universales tan ¿hollywoodenses? por los muertos franceses –tan respetables como cualquiera, por supuesto– como mínimo abre ciertas sospechas.

Ya se escribió hasta la saciedad sobre el ataque al semanario francés Charlie Hebdo. Un texto más sobre el asunto seguramente no aporta nada nuevo (por el contrario: más bien puede contribuir a aumentar ese hartazgo). Pero casi como un acto de militancia me pareció necesario –aunque sea tardío– decir ¡basta! a tanta manipulación mediática.

Este manipulado proceder, que ya se nos hizo tan habitual, de dividir maniqueamente el mundo entre buenos y malos, impide entender la complejidad de los procesos en juego, obnubila la mirada crítica sobre la realidad. En otros términos: estupidiza.

Hollywood y toda la parafernalia comunicacional que sigue esa línea (que es muy buena parte de lo que consumimos a diario como “información”) nos ha anestesiado, convirtiéndonos de máquinas tragadoras de imágenes prediseñadas. Desde hace aproximadamente más de dos décadas toda esa industria mediática ha venido haciendo del mundo musulmán un enemigo público de la “racionalidad” occidental. El asunto no es azaroso. Unos años después de iniciada esa campaña de preparación, un catedrático estadounidense –Samuel Huntington–, no sin cierto aire pomposo nos alertó del “choque de civilizaciones” que se está viviendo.

Ahora bien: lo curioso es que ese “monstruoso” enemigo que acecha a Occidente, ese impreciso y siempre mal definido “fundamentalismo islámico” que pareciera ser una nueva plaga bíblica, siempre listo para devorarnos, debe ser abordado antes que nos ataque. De ahí que nace la estrategia de guerras preventivas. Dicho de otro modo: “le hacemos la guerra nosotros (los buenos) antes que ellos (los malos) nos la hagan”. El esquema es simple, demasiado simple. Más aún: atrozmente simple, puesto que se repite el modelo de las películas hollywoodenses: soldados occidentales “buenos” castigando a los musulmanes “malos”.

Pero lo más curioso –¡y atroz!– es que justamente los países de donde proviene esa supuesta amenaza… tienen sus subsuelos cargados de petróleo. Curiosa coincidencia, ¿verdad?

Como los medios audiovisuales cada vez más deciden nuestras vidas, nuestra forma de pensar, las ideas que nos hacemos del mundo, el bombardeo de estos días nos mostró a tres “fundamentalistas musulmanes” (los hermanos Kouachi y Mohammed Mehra) cometiendo “actos atroces” (tan atroces como comete cualquier soldado occidental, blanco y educado, cuando masacra musulmanes, negros o indios en algún “remoto rincón del mundo”, según dijera en alguna oportunidad el presidente de Estados Unidos que empezó con lo de las guerras preventivas).

Pero ya que estamos hablando de curiosidades, valga decir, citando al diario estadounidense “McClatchy” que esos “asesinos” fueron reclutados en su momento por el francés David Drugeon, miembro de los servicios de inteligencia del país galo, y ligado al grupo Al Qaeda. ¿Otra curiosidad? Por supuesto, el gobierno francés lo negó. ¿Algo así como Osama bin Laden, el peor “malo” de la película inventado por la CIA?

No pretendemos con este breve texto desarrollar una exhaustiva investigación sobre al asunto. Mucho menos, denunciar abiertamente que ahí hubo un execrable montaje, en relación al cual podríamos aportar pruebas convincentes. Quizá alguien ya se encargará de hacerlo, así como se hizo con las Torres Gemelas de New York. Pero como de manipulación de sentimientos se trata (¿guerra de cuarta generación la llamaron?), ese odio que se ha intentado crear contra el Islam… ¡no me lo como!

Si es cierto que todos somos Charlie (como el hebdomadario), también todos somos los miles y miles de niños muertos por las bombas asesinas de la OTAN y las potencias occidentales, con Washington a la cabeza, en los más de 20 frentes de guerra abiertos en el mundo ¿para defender la democracia? Y también todos somos los diez mil niños muertos diariamente por hambre, y todos somos los miles de damnificados por las inmorales deudas externas de los países que pagan a los acreedores del Consenso de Washington, y todos somos los que viven en favelas, y todos somos los que mueren de diarrea por no tener acceso a agua potable. Ninguna de esas víctimas se merecía morir, como seguramente tampoco lo merecían los 12 asesinados de la revista parisina. ¿O acaso alguien se lo merece? ¿Tal vez esos “malos de la película” retenidos en Abu Ghraib, o en Guantánamo? ¿Tal vez sí lo merecían los 108.000 desaparecidos de las guerras sucias en América Latina?

Como dijo Thierry Meyssan: “No es en El Cairo, en Riad ni en Kabul donde se predica el «choque de civilizaciones» sino en Washington y en Tel Aviv”. El petróleo robado por las compañías occidentales lo deja ver. Y si no se ve clarito, es porque este oro es demasiado… negro.

mmcolussi@gmail.com

https://www.facebook.com/marcelo.m.colussi

Aranguibel en VTV: “A falta de discurso, la oposición siembra ilusiones en su militancia con el uso del twitter”

– Foto: Prensa VTV –

Caracas 13/01/2015  El analista político y experto en medios de comunicación social Alberto Aranguibel, señaló hoy en el programa “Desayuno” transmitido por Venezolana de Televisión, que la oposición venezolana vive de sembrar falsas ilusiones a su militancia, en particular con el uso indiscriminado que desde ese sector se hace de herramientas informáticas como las redes sociales, a través de las cuales se le hace creer a la militancia opositora que escribiendo mensajes de manera indiscriminada se puede tumbar un gobierno.

En la entrevista el comunicador social sostuvo que “el poder del twitter se ha sobredimensionado desde los centros del poder hegemónico porque desde esas instancias se considera que es una herramienta de más fácil acceso para los sectores pudientes llamados a enfrentar la tendencia de los sectores de más bajos recursos a transformar la sociedad”. Ni en Libia, ni en Egipto, ni en ninguna otra parte, las redes sociales han derribado gobierno, dijo. “Quienes lo han hecho son las tropas mercenarias financiadas por el Departamento de Estado norteamericano para generar insurrección y caos en esos países.”

Oiga aquí parte de la entrevista:

De reyes, de magos y de otros dislates

– Publicado en el Correo del Orinoco el 05 de enero de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

El proceso de expansión de la fe cristiana, como el de todas las religiones y sectas en general, obedeció desde siempre fundamentalmente a la dominación que la iglesia ejerció sobre la sociedad a través de su manejo del poder político, de las guerras con las que diezmó naciones y continentes enteros, o de los embates ideológicos que contra culturas y civilizaciones llevó a cabo de manera despiadada e inmisericorde a través del tiempo para imponer a toda costa su dios por encima de las milenarias creencias de los pueblos, cualesquiera que ellas fueran.

Un proceso determinado en todo momento por la mediación de un discurso estructurado con una clara y muy bien definida orientación desmovilizadora, cuyo único propósito es el aletargamiento de la capacidad crítica de la sociedad, con base en el uso intensivo de un poderoso lenguaje de la dominación, una semiótica deslumbrante apoyada en ideas, códigos y simbologías más propias de la ciencia esotérica que de la filosofía o la religión, carente por completo de argumentación teórica pero con una excepcional capacidad comunicacional que le ha permitido no solo superponerse por más de dos mil años al juicio meticuloso de la ciencia (y hasta del sentido común), sino incrementar su peso en esa sociedad que, antes que ser emancipada por los avances del conocimiento o por la creciente refundación de las culturas originarias de los pueblos, acepta cada vez más como una realidad inexorable el hecho de la institucionalización de la iglesia como parte esencial del Estado en virtud ya no de la proliferación de la fe (o de su creciente poderío político en el ámbito del modelo neoliberal burgués hoy en el mundo) sino de la difusión y del impacto del medio de comunicación en la sociedad, y que la iglesia usa cada vez más con mayor intensidad.

La iglesia, que vio como nadie en su momento en la imprenta uno de los más valiosos recursos de los que pudiera disponer jamás institución alguna, no ha desatendido nunca a lo largo de los dos últimos milenios el valor del aspecto comunicacional en su propósito de captación de lo que ella llama “almas descarriadas”. Sin lugar a dudas la imprenta le permitió a la iglesia avanzar exponencialmente y con mucho mayor rapidez de lo que hubiera podido alcanzar solamente mediante el ritual de la liturgia y de los sacramentos. Ni siquiera las guerras, o el genocidio en nombre de la evangelización, le habrían facilitado (como tanto lo hicieron en el pasado) el impulso que los medios de comunicación le han brindado a lo largo del último siglo.

Es el medio de comunicación (ya no solo como espacio para la difusión de noticias relacionadas con la iglesia, sino como instrumento que opera bajo su control absoluto para la publicación de su mensaje a través de infinidad de periódicos, emisoras de radio y canales de televisión, de su propiedad) la herramienta que le permite como ninguna otra a la iglesia la posibilidad de articular un mensaje en apariencia denso, consistente y de un profundo contenido ideológico, cuando en realidad es exactamente todo lo contrario, si nos atenemos a la lógica discursiva que debe regir el contenido mediático según los sectores hegemónicos burgueses en el marco del sistema neoliberal capitalista. Los códigos comunicacionales, tanto de la iglesia como del capitalismo, terminan siempre por ser elementos de un lenguaje común en el que la identificación de intereses y propósitos es inevitable; no desarrollo de ideas sino de reglas o normas, sustitución de la doctrina con el uso de la guerra contra el enemigo como medio de realización, exaltación de la ilusión mediante el recurso de la narrativa de ficción y de los efectos especiales (misticismo), y manipulación o falseamiento de la realidad, entre muchos otros.

El propósito de unos personajes como los Reyes Magos, por ejemplo, cuya existencia no ha podido ser comprobada jamás en modo alguno; que ni siquiera son mencionados en la Biblia sino en un escueto pasaje en el que se les describe tangencialmente como errantes viajeros transcontinentales de vago origen; que fueron (si es que en verdad lo fueron) integrantes de una inexplicable caravana de un número y de unos nombres sobre los que no hay acuerdo alguno entre los historiadores, motivada por un raro fenómeno celeste que la astronomía, ni con todo el poder de la ciencia más avanzada, no logra registrar; deja al descubierto una escandalosa inconsistencia bíblica, usualmente no revisada por la teología desde un punto de vista pragmático (como sí lo han sido por ejemplo el purgatorio y hasta el mismísimo pesebre por parte de los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI respectivamente).

Los Reyes Magos (llamados así por su supuesta sabiduría y facultades astrológicas y no por sus destrezas como prestidigitadores) no sanaron a nadie de ninguna enfermedad por muy leve o insignificante que fuera, ni antes ni después de su ofrenda al niño Jesús. Tampoco salvaron a nadie de las garras del demonio ni mucho menos le devolvieron la vida. Ni le resolvieron los problemas económicos o de naturaleza legal a nadie. No hicieron levitar a nadie ni tampoco levitaron ellos, ni al primero ni al segundo ni al tercer día ni a ningún otro. Sin embargo, los apócrifos personajes logran trascender en la historia convirtiéndose en piedra angular de la religión cristiana, llegando a ser por casi dos mil años (desde el siglo IV hasta entrado el siglo XX) el centro de disputas encarnizadas entre las antiguas Constantinopla, Milán y Colonia, ciudades que a lo largo de todo ese periodo se pelearon los restos mortales que supuestamente les pertenecieron.

¿A qué se debe entonces la deslumbrante significación religiosa de estas desconcertantes figuras del evangelio? Sin lugar a dudas a su excepcional capacidad de convocatoria para movilizar a la sociedad en torno a una propuesta consumista. Es decir, su enorme poder para reactivar el afán de compra en el ciudadano común, presa como es de la doctrina cristiana del amor al prójimo y de necesidad de conmemorar la rendición de los reyes magos al hijo de dios.

En todo ello el medio de comunicación ha jugado un papel determinante. Si la finalidad de la iglesia es fortalecer el modelo de la dominación mediante la narcosis a la que la religión induce al individuo, así como la exaltación de los valores del capitalismo más brutal y salvaje, entonces la religión será difundida por los medios de las grandes corporaciones capitalistas.

Pero si quien hace el milagro de la redención social, de la sanación sin costo a través de misiones de salud gratuita en el barrio, de la devolución de la vista a millones de seres humanos dejados al olvido en el pasado por alguna deficiencia visual, del otorgamiento de la luz de la alfabetización a los que nunca se les dio la oportunidad tan siquiera de aprender a leer, de la vuelta a la vida gracias a un prodigioso centro cardiológico que salva gratuitamente a miles de niños, de la superación de la miseria mediante infinidad de programas de dotación de viviendas, equipamiento del hogar, alimentos, útiles escolares, equipos de computación, educación gratuita a todos los niveles, y acceso a productos y bienes de consumo a bajo costo, es un revolucionario comprometido con la idea de la justicia social y de la soberanía de su pueblo, como lo fue Hugo Chávez Frías o como lo es Nicolás Maduro, entonces ese líder no aparecerá jamás en ningún medio, salvo que sea para desvirtuarlo, para deformarlo o para difamarlo.

Es ese el rol del medio de comunicación hoy en día en la sociedad de consumo, en perfecta connivencia con la iglesia reaccionaria y retardataria que rige el desempeño de la cristiandad en el mundo.

Por eso una joven que no tiene sino qué agradecer hasta el día de su muerte al Comandante Chávez y al presidente Maduro el logro maravilloso de la vida de su pequeño hijo, salvado, no una sino dos veces, por la medicina del Cardiológico Infantil Rodriguez Ochoa, termina odiando hasta la irracionalidad a cualquier figura pública asociada al chavismo que se le atraviese por enfrente, como lo demostró la desquiciada opositora que atacó de manera salvaje a la ex Defensora del Pueblo, doctora Gabriela Ramirez, en un restaurante donde ésta (con la libertad y el derecho al respeto y a la integridad que consagran nuestra Constitución) compartía con sus pequeños hijos.

Exactamente como se le garantizan a esa endemoniada agresora, pero que ella no asume como un bien de la sociedad sino como un beneficio para sí misma, simplemente porque ve mucha televisión capitalista, escucha mucha radio capitalista, y lee mucha prensa capitalista.

El Señor se apiade de su atormentada alma.

 

@SoyAranguibel

El inmenso reto de liberar la libertad

Por: Alberto Aranguibel B.

El 30 de octubre de 1938, con un inesperado acontecimiento comunicacional que aterraría hasta el paroxismo a los norteamericanos, se trastocaba sin que nadie lo percibiera así el concepto de democracia que hasta entonces conocía la humanidad.

A partir de la transmisión en vivo de una adaptación para radio de la novela de H.G. Welles, La Guerra de los Mundos, en la que el joven director y actor cinematográfico Orson Welles narraba desde los estudios de la Columbia Broadcasting System en Nueva York la llegada de los marcianos a la tierra, los norteamericanos ponían en evidencia con su histeria colectiva el inmenso poder de los medios de comunicación ya no solo para entretener o vender productos, como eran vistos hasta entonces por las grandes corporaciones norteamericanas, sino para modificar la realidad a su antojo y ponerla al servicio de los intereses de los poderosos sectores capitalistas en su afán de dominación imperial del planeta.

La manipulación de la realidad con propósitos propagandísticos ha existido desde tiempos inmemoriales. Solamente en la Biblia, uno de los más elaborados y extensos compendios de fantasías y anécdotas delirantes que jamás haya conocido la humanidad, se reúne en un mismo texto la fábula del hombre que caminó sobre las aguas y que multiplicó el pan y los peces con tan solo un gesto; el profeta que abrió el mar en dos mitades sin mayores perturbaciones; el mítico levantamiento de los muertos apenas con una palabra; la conversión del agua en vino en un santiamén; la elevación del hombre a los cielos con retorno intacto al tercer día; y así hasta lo inaudito, con el solo propósito de perpetuar comunicacionalmente el poder de una institución sin cuya “divina palabra” la propuesta y el martirio de Cristo no habría pasado jamás de interesante y, cuando mucho, doloroso evento histórico.

La perpetuación de esa virtualidad del universo, ya fuese en forma de creencias religiosas, de leyendas, o de simple literatura de ficción, inculcada desde el poder por las élites dominantes a través del tiempo, tiene su asiento en la regla de oro de la inteligentzia burguesa en cuanto al conocimiento humano se refiere. La doctrina será siempre la de estudiar solo lo académicamente conocido. El modelo aceptado. La creación será siempre sospechosa de subversiva. Por eso la gran mayoría de los pensadores de la historia, los grandes inventores e innovadores de las más diversas corrientes científicas y filosóficas, fueron por lo general aquellos cuyas prodigiosas mentes se desarrollaban a partir de la intuición y de la capacidad analítica propia y no de la educación académica formal. Los que rompían siempre con los dogmas preestablecidos desde las élites burguesas y le daban cauce a su ímpetu creador.

Contra esa tendencia natural del ser humano a evolucionar el conocimiento fue que la oligarquía se vio obligada a imponer a sangre y fuego su visión del hombre y su sociedad, usando las más de las veces los propios códigos de la sabiduría popular como arma contra su enemigo más temible, la capacidad de discernimiento propio de los pueblos, pero en la forma dispersa y descoordinada en que lo hizo hasta la llegada de los medios radioeléctricos de comunicación de masas, el cine, la radio, la televisión, la computación y la internet, que, a diferencia de la prensa escrita, en un primer momento se consideraron simples objetos de divertimento, pero que a la larga devinieron en soporte fundamental del modelo neoliberal capitalista.

El prodigioso fenómeno que revelaba Welles con el pánico que causaba su estremecedora narración aquella noche de Hallowen del año 1938, era el de poder lograr por un mismo medio y de manera simultánea alcanzar a millones de personas con el contenido alienante que hasta aquel entonces las grandes corporaciones se veían en la necesidad de promover de manera segmentada a través de distintas formas de difusión. Y lo que probablemente era lo más importante, por un mismo precio y con un mensaje impactante con mucho más poder de convencimiento que el de un simple spot publicitario.

De ahí en adelante la manipulación dejó de ser exclusivamente la inclusión o no de hechos noticiosos de acuerdo al interés editorial de las grandes corporaciones mediáticas, o la redacción o cobertura sesgada de sus noticias. El amarillismo que tantos beneficios le trajo hasta entonces al establecimiento de la cultura imperialista en los Estados Unidos y en su esfera de influencia, ya no era indispensable como herramienta única de propaganda, porque la dramatización de la realidad virtual que debía imponer la hegemonía oligarca ya era perfectamente posible a través del medio radioeléctrico. Mientras los movimientos de izquierda se dividían y se atomizaban a lo largo y ancho del planeta, la fuerza de la derecha se organizaba y se concentraba en el secuestro y control del más poderoso instrumento jamás concebido desde la invención del fuego. Pocos fueron los grandes revolucionarios de la historia que acertaron en la visualización de este fenómeno. Bolívar, Lenin y el Che Guevara, fueron algunos de ellos. Chávez, sin lugar a dudas, el más grande comunicador de todos los tiempos.

El Comandante comprendió como nadie en la historia la importancia de concentrar el esfuerzo de la construcción del modelo socialista y de la unidad revolucionaria del pueblo en la comunicación, privilegiada en importancia por encima de cualquier otro instrumento, en virtud precisamente del inmenso poder de la derecha en el control de ese medio que puede elevar al ser humano hacia su redención espiritual definitiva, como él lo sostuvo desde siempre, o hundirlo en la oscuridad de la ignorancia, como lo procura el modelo neoliberal burgués.

Hoy, cuando asistimos a la arbitraria realidad que nos venden las grandes corporaciones mediáticas del mundo capitalista, en la cual se esconden los crímenes de lesa humanidad que se cometen en nombre de la libertad y se sataniza brutalmente a todo aquel que denuncie el atropello que eso representa, o se coloca a más de tres continentes en contra de una nación como la nuestra, donde el gobierno procura contener a estudiantes que asesinan a guardias nacionales, mientras se oculta que en otra nación hermana la guardia nacional sí asesina, incinera y entierra estudiantes y a cientos de ciudadanos que va apareciendo día tras día en fosas interminables sin que ninguno de los que claman al cielo en infinitas campañas de SOS contra Venezuela se expresen en modo alguno por el horror de muerte que sí padece México, entonces entendemos que el reto más urgente de una revolución como la bolivariana es recomponer el sentido de la democracia como activo de la sociedad y retomar el carácter antropológico de la libertad que nos fue robada por unos cuantos magnates que en mala hora pensaron que al comprar un medio de comunicación estaban también adquiriendo la propiedad sobre el derecho de la humanidad a la verdad y a la autodeterminación de los pueblos.

Las naciones del mundo no pueden, ni deben, renunciar jamás a su derecho a una cultura, a una idiosincrasia, a valores y creencias religiosas o políticas propias, ni mucho menos a su independencia política y económica, en aras de una libertad que no es sino la imposición de un modelo cultural exógeno que legitima la injusticia, la explotación y la destrucción sistemática de la soberanía de los pueblos.

Pretender, como pretende hoy los Estados Unidos, que la sociedad asuma que libertad es la irrestricta posibilidad de penetración de la televisión norteamericana hasta el último rincón del planeta, así como de internet y de las redes sociales, con todo su contenido manipulador, distorsionador, alienante y contra revolucionario, así como con el poder de control de la información y de la privacidad que su Departamento de Estado ejerce a través de la red, cada día más que demostrado, es una aberración que atenta incluso contra la razón de ser misma de la humanidad. Más aun si tal libertad está fundada bajo los principios de la dominación hegemónica de la burguesía y los abyectos valores del capitalismo.

Nos corresponde ahora liberar la libertad.

@SoyAranguibel

– Publicado en el Correo el Orinoco el 03 de noviembre de 2014 –

La verdad, en la información de guerra

– Publicado en El Universal el domingo 02 de noviembre de 2014 –
caricatura Félix Cordero

Por: Félix Cordero Peraza

¡El derecho a la verdad es insoslayable en el ser humano del siglo XXI!

En la política internacional no hay amigos o enemigos… sino intereses. En los 80, Gorbachov inició la destrucción de la Unión Soviética con el Glasnot y Perestroika. La URSS, firmó la Carta de París entre Occidente y Rusia y aceptó desarmar el Pacto de Varsovia. A cambio, la OTAN respetaría el territorio soviético. ¡Occidente lo incumplió! En 1999, entraron a la OTAN Polonia, Hungría y República Checa. En 2004, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Rumania y las tres repúblicas bálticas Estonia, Letonia y Lituania. En 2009, se sumaron Croacia y Albania. Y este año se predice Azerbaiyán, Georgia, Macedonia y Ucrania.

El conflicto entre Rusia y Ucrania no obedece, como lo indican las agencias internacionales de noticias, a cuestiones de fronteras demarcadas, pretensión expansionista de Rusia o ambición político-militar. En los orígenes se encuentran factores de tipo étnico, tradición, lenguaje e históricos. El movimiento popular en Kiev, capital de Ucrania, contra el presidente depuesto Víktor Yanukóvich y electo en el 2010, fue por su negativa a firmar el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea. El presidente de facto ha firmado solo la parte política del texto. La parte económica -a la que se oponía Yanukóvich- fue suspendida.

El nuevo gobierno prohibió el idioma ruso oficial en Crimea. Tiene 2,3 millones de habitantes, la mayoría rusos étnicos y rusos parlantes. Enfrentó el golpe de Estado y se anexó a Rusia. Por Ucrania, el granero de Europa, pasan intercambios comerciales globales y ductos con petróleo y gas de Oriente a Occidente. Rusia, es su principal socio comercial y administrador del gas. Posee Sebastopol, la base de su flota y es puerto clave del Mar Negro. ¿Protegerá el Kremlin a la población rusa en Ucrania y costa del Mar Azov? Por ahora, el FMI y el BCE ofrecieron 20 mil millones de dólares para la economía. Exigen, aumento de tarifas e impuestos y despedir el 30% de empleados públicos.

“La muerte de la verdad”

Ya es historia, el periodista corresponsal de guerra que enviaban los medios para informar de los hechos de una guerra. Estos valientes periodistas se internaban en el campo de uno y otro ejército. Se metían en las ciudades, campos y trincheras. Hoy, no los dejan entrar al campo de batalla. Los concentran en grandes salones con circuitos de TV. Allí ven lo que el ejército quiere que la gente vea. ¡Imágenes de bombardeos y destrucción de ciudades! No enseñan los muertos solo la explosión de bombas, misiles, despeje de aviones, movimiento de barcos o transitar del ejército. Aunque, en la guerra como en el amor todo es válido… ¡En la guerra lo primero que muere es la verdad!

El lector, televidente o radio escucha es sometido a la estrategia informativa de quienes participan en la guerra. ¡Esa es la primera batalla… , posicionar las razones en la opinión pública mundial! Con el control del flujo de información esconden las causas verdaderas del conflicto e imponen la mentira (hoy, un arma bélica). ¡Si no seleccionaran las imágenes los pueblos de esas naciones estarían contra la guerra! La primera y última guerra televisada fue la de Vietnam. EEUU la perdió porque cuando los norteamericanos vieron la llegada de cadáveres de soldados se opusieron a la guerra. Aunque “La mentira dura el tiempo que dura en aparecer la verdad”. Como en el caso de las armas de destrucción masiva en Iraq… ¡Nunca existieron!

Guerra cibernética

En el conflicto entre Rusia y Ucrania impera la guerra informática, digital o ciberguerra. En lugar de campos de batalla convencionales la información y la contrainformación toma el ciberespacio y las tecnologías de la información. Batallan dentro de la cibernética. Han intervenido y hackeado celulares, blogs, cuentas, centros militares y organismos públicos. ¡El iceberg, de lo que se visualiza en el futuro de las guerras! ¿Qué hacer para evitar la hegemonía de lo falso? ¿Es suficiente buscar la verdad, a través de variadas agencias, usando las redes sociales y realizando alianzas con cadenas noticiosas independientes? Como ciudadano y periodista, deploró el monopolio oficioso de la información que diseminan las agencias internacionales. Preferiría que fueran plurales y abiertas a informaciones equilibradas provenientes de todas las partes en conflicto. Especialmente de las víctimas. ¡El derecho a la verdad es insoslayable en el humano del siglo XXI!

efecepe2010@gmail.com

@efecepe2010

Fuente: El Universal

Aranguibel y Díaz debatieron sobre la violencia: hay que “elevar conciencia ante las amenazas”

(Caracas, 12 de octubre – Noticias24).- Los periodistas y analistas políticos Dhameliz Díaz y Alberto Aranguibel confrontaron puntos de vista en el programa La Semana Venevisión transmitido este sábado, sobre la “violencia política”que, según las primeras versiones de prensa, revelan los hechos violentos ocurridos en el país durante los últimos días.

En medio de la expectativa que vive el país sobre los resultados de las investigaciones policiales del asesinato del diputado Robert Serra y su asistente, así como el enfrentamiento en el que murieron cinco integrantes de colectivos revolucionarios en la avenida Baralt, Díaz y Aranguibel hicieron un análisis de los hechos y del rol de la sociedad para garantizar la paz.

A propósito de estos acontecimientos, Díaz expresó que es preciso estudiar “quién tiene el control de las armas”. Añadió que “por el bien de Venezuela”, las pesquisas deben estar orientadas a dar con los responsables de este acto: “Estamos en un nivel de conflictividad política, en la cual, los venezolanos necesitan certificaciones científicas de la solución de un hecho delictivo de esta magnitud”.

Por su parte, Aranguibel hizo un llamado a los venezolanos para “elevar la conciencia que debemos tener como sociedad ante las amenazas” que representan estos actos.

Los comunicadores se refirieron a tales sucesos como muestras de una “situación preocupante” que debe ser atendida no solo por el Estado venezolano como garante de la seguridad pública, sino por los sectores políticos y la sociedad misma cuyo rol participativo debe estar al servicio de la convivencia pacífica, para lo cual, el tema del debate de las ideas debe ser asumido por todos “con la debida responsabilidad y buen juicio”.

En ese sentido, el papel que juegan los medios de comunicación fue señalado por los analistas como determinante, toda vez que su influencia pueda generar por igual, tanto tranquilidad como intranquilidad, dependiendo, como ambos periodistas lo expresaron, del enfoque (sensacionalista o responsable) con el que se cubran estos acontecimientos y el debate político en general.

MUD: remiendos de una vieja colcha de retazos

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Por: Alberto Aranguibel B. / Correo del Orinoco 18 de agosto de 2014

Los medios de comunicación fueron determinantes en el aplacamiento de la rebelión del 4 de febrero de 1992. Lo que la derecha quiso vender como el fracaso del movimiento cívico-militar que insurgía entonces para abrir los causes de la revolución popular que años después llevaría a Chávez al poder, no fue sino el logro circunstancial de una élite política que de manera sorprendentemente sincronizada, y casi por acto reflejo, imponía ante el país aquella madrugada una imagen de férrea cohesión a través de las pantallas de televisión por donde fueron desfilando uno a uno los dirigentes de los principales partidos políticos del estatus, así como prominentes representantes de los organismos empresariales y de la sociedad civil que aquella noche se expresaron contra la insurgencia, como dijeron entonces, en defensa de la democracia.

De no haber sido por aquella comparecencia mediática en bloque de los defensores del modelo neoliberal que la revolución se proponía desplazar del poder, muy probablemente el curso de los acontecimientos habría sido distinto. El país había visto a través de sus televisores una inusual unidad de sectores diversos, e incluso en algunos casos antagónicos, repudiando la expresión popular y eso hizo dudar al pueblo por algún tiempo de la conveniencia o viabilidad de aquella fórmula de transformación que los valientes insurrectos planteaban.

Algo de lo cual la mal llamada Mesa de la Unidad Democrática no se percató jamás en la actual coyuntura, en una clara demostración de ineptitud y de torpeza para leer la realidad política del país. Las mezquindades e intereses individuales de la serie de grupos ahí reunidos obnubilaron por completo la capacidad de asimilación de las oportunidades que le presentaban los acontecimientos que uno a uno fueron desbordando la frágil estructura de naturaleza eminentemente electoralista de ese proyecto hasta llevarle al inexorable naufragio del que nunca estuvo en condiciones de salvarse, sobre todo a partir del 12 de febrero de 2014, fecha en la cual el tsunami que ellos mismos denominaron “La salida” terminó por derruir la precaria estabilidad que ya tenía.

No haberse deslindado, ya fuese por cobardía o por simple cálculo oportunista, del plan terrorista que evidentemente se proponía dar al traste con la democracia venezolana que acababa de proclamar a Nicolás Maduro como Presidente Constitucional de la República, tal como lo hicieron aquella madrugada de febrero del ’92 en defensa de Carlos Andrés Pérez, no solo los puso en evidencia como solidarios con el terrorismo, sino que les restó respetabilidad hasta en su propia base como sector político cuya responsabilidad es desempeñar un papel de contrapeso en la institucionalidad del Estado. Prolongar ese mutismo durante las semanas que el fascismo de la derecha mantuvo en zozobra a la población los hizo receptores directos del repudio masivo a esas acciones de violencia indiscriminada que se iba acumulando en el país. Es decir; a la MUD la acabó la guarimba como detonante al menos de una implosión anunciada desde mucho tiempo atrás por el largo proceso de contradicciones internas que entre ellos mismos, por esa proverbial cobardía para asumir sus derrotas, se negaron a aceptar desde siempre. Por esa ineptitud fue que nunca entendieron que buena parte del liderazgo de Chávez se debió muy particularmente a su excepcional capacidad para asumir la responsabilidad de sus actos, cualesquiera que fueran.

Esas diferencias, la mayoría de las veces insalvables, signaron desde sus orígenes el destino trágico de la MUD, porque impidieron en todo momento la construcción de un piso político que capitalizara efectivamente el sentimiento antichavista que expresaba electoralmente una parte considerable de la población, pero que jamás lograron ellos convertir en militancia activa. La juntura de siglas, por lo general de minúsculas parcelas políticas, como es el caso de la MUD, no significa construcción de fuerza política si ello no va acompañado del trabajo ideológico y organizacional que le cohesione y le de sustentabilidad.

Incluso en el capitalismo, el desprecio a la construcción política se paga caro, porque en el fondo se traduce en desprecio al carácter participativo que reclama hoy en día el electorado al cual como sector político pretenden convocar.

Descrito en su momento por el Comandante Hugo Chávez como “la nada”, precisamente por la insustancialidad de su propuesta discursiva, el ex candidato presidencial y líder fundamental de la MUD, Henrique Capriles, sostiene ahora en un programa de televisión que en la MUD “Hay visiones distintas, y si hay visiones distintas que por lo visto no hay forma de engranar, que no hay disposición de respetar, bueno tratemos de llegar a un acuerdo electoral”, remedando la miopía de quien se entusiasma con el curso veloz del bote que impulsan las aguas de un gran río sin presentir el trágico destino que le aguarda en la caída de agua hacia la que de manera inexorable se aproxima. Insistir en despreciar la formación ideológica en función del interés meramente electoral es sin dudas perseverar en la torpeza.

Es la misma miopía, opacada únicamente por su proverbial arrogancia, que les impide percatarse de lo errado que resulta en un país sumido en la mayor polarización política de su historia, orientar sus esfuerzos de reestructuración hacia el sector más insignificante del electorado venezolano, en términos cuantitativos al menos, como lo es el de los independientes (tal como lo propone el sector que lidera la exdiputada María Machado). Una especie en franco proceso de extinción a medida que se profundiza la confrontación entre el chavismo y el antichavismo que hoy, ante la ausencia física del Comandante Chávez, adquiere visos inequívocamente ideológicos y hasta de tipo cultural.

De ahí que no perciban como oportunidad para un sector que aspira confrontar con relativas posibilidades de éxito al partido fundamental de la revolución bolivariana, el PSUV, cuya base de sustentación ideológica es el chavismo, la de fundar una organización abiertamente antichavista como el P.A.N., por ejemplo, (Partido Antichavista Nacional) en el cual, con toda seguridad, se aglutinaría sin titubeos ese elevado número de electores que jamás han sido caprilistas, ni ledezmistas, rosalistas o allupistas, en modo alguno (por mucho que a ellos les duela), pero que sí han demostrado de manera consistente en cada elección su vocación contrarevolucionaria e irrenunciablemente antichavista. (Además, por supuesto, de la posibilidad de capitalizar con ello el inmenso posicionamiento que tiene hoy entre el venezolano la marca P.A.N., como resultado de las aviesas manipulaciones de la empresa Polar en el marco de la guerra económica desatada por el sector privado contra el gobierno del presidente Maduro).

No lo harán jamás porque la valentía que exige antes que eso asumir frente al país la responsabilidad del fracaso del fallido proyecto unitario que tantas expectativas sembró en el corazón de venezolanos de buena fe que de manera ingenua creyeron en la insustancial oferta política de la MUD, escapa a las posibilidades de una dirigencia caracterizada por el narcisismo y por su recurrente falta de tino, y porque sus asesores, presentados por ellos de manera inaudita como poseedores de una sabiduría superior a la de su propio liderazgo, suelen ser más expertos en el desarrollo de marcas de champú que de imagen política.

Por eso, a pesar de las operaciones de remozamiento o cambio de identidad que a lo sumo terminen aplicándole a la destartalada MUD, lo que en definitiva resultará de la traumática coyuntura por la que hoy atraviesan no pasará de los simples remiendos de consolación que cuando mucho puedan hacerle a esa vetusta colcha de retazos, sin alcanzar a resolver el problema político de fondo que portan en las entrañas mismas de su código genético.

@SoyAranguibel

Aviones, medios y misiles

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Por: Alberto Aranguibel / Coreo del Orinoco, 21 de julio de 2014

El ataque de bandera falsa es tan antiguo como la guerra misma. Una fórmula innoble que persigue desarmar al enemigo suplantando su ejército, sus aperos o sus instalaciones, para esconder bajo un manto amable las verdaderas intenciones de acabar en forma cruel e inhumana con cuanto vestigio de vida pueda haber en el bando contrario, sin correr ni con los riesgos del combate directo ni con el costo de la culpabilidad o el escarnio público.

Es el logro de la cobardía llevada a su máxima expresión. En el ataque de bandera falsa no hay (ni puede haber) confrontación cuerpo a cuerpo porque ello supondría para los atacantes tener que atentar contra sí mismos. O entre los del bando atacado, al menos, lo cual develaría la falsedad del ataque y lo convertiría en una operación absurda y sin sentido. Por eso sus acciones son siempre actos terroristas, aquellos que provocan destrucción y muerte sin ninguna conmiseración, acabando por lo general con vidas inocentes que en nada participan de la guerra.

Persigue, además de la muerte, achacar al enemigo la responsabilidad de las acciones terroristas que los impostores ejecutan, para así justificar la violencia con la que se les responda, y alcanzar a la vez el logro del reconocimiento público, obtenido de manera fácil y gratuita. Su único costo es la capacidad de engaño del atacante. La mentira es así el instrumento de guerra de un ejército impostor, que armado con el debido cinismo ataca con una fuerza que no surge de sus propias condiciones físicas o de dotación bélica, sino de su capacidad de fuego a través de la herramienta que potenciará su operación hasta lo infinito llevándola hasta cada rincón del planeta a través de las ondas hertzianas en forma de imágenes y sonidos que impactarán la mente de los seres humanos sin necesidad de levantarlos siquiera de sus poltronas o apartarlos de la fabulosa pantalla de televisión con la que alimentan cada vez más el alma y la conciencia los televidentes del mundo entero.

Verdaderos cañones de alto poder en la nueva era del ataque de bandera falsa, los medios de comunicación han pasado a cumplir un rol decisivo en las posibilidades de convencimiento que necesitan los ejércitos impostores para hacer realidad irrefutable sus acciones terroristas de bandera falsa. “Ponga usted las noticias, que yo pongo la guerra”, es probablemente la constatación más cruda de la historia de cómo un ataque de bandera falsa puede llegar a ser un activo valioso para los perros de la guerra, para quienes el saldo de muerte no significa nada frente al rédito en dinero que tales ataques pueden llegar a producir. Es la frase de un magnate sin escrúpulos de ningún tipo, cuya inmoralidad en la búsqueda de su grandeza como editor de periódicos lo hizo alcanzar la gloria de la pantalla grande en la legendaria y monumental obra de Orson Welles que recreaba su vida.

Fue así como se supo que los medios de comunicación podían desempeñarse ya no solamente como instrumentos al servicio de los intereses de los sectores hegemónicos que desde siempre procuraron la imposición al mundo de su modelo de dominación mediante la violencia de los poderosos sobre los oprimidos. Ellos, los poderosos, fueron los que necesitaron del terror y la desolación que ocasionan las guerras, apelando cada vez que fuese necesario a sus despropósitos a las trampas más viles que la humanidad haya conocido.

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 – Hearst, padre del “amarillismo”, falseó en 1936 en sus periódicos la realidad usando textos y fotos tomadas en 1931 de muertes en Ucrania producto de una severa ola de hambre y frío, para atribuírselas a Rusia, luego de un acuerdo de servicio que le contratara Hitler en persona en 1935

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El afán de Hearst por la manipulación de los hechos noticiosos para convertirlos en noticias escandalosas no se detuvo con la guerra hispano-estadounidense de 1898, en la isla de Cuba, con la cual acuñó aquella proverbial filosofía amarillista de la prensa, sino que se prolongó cada vez con mayor intensidad con su recurrente intromisión en las dos guerras que sacudieron al mundo en la primera mitad del siglo XX, ayudando como asesor de imagen, primero de las llamadas fuerzas aliadas y luego de los nazis, en contra de la naciente Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y utilizando sus medios de comunicación como armas de guerra.

Para falsear la realidad de los acontecimientos en Europa, Hearst envió en 1936 como corresponsal de guerra al viejo continente a un impostor que se hacía pasar por periodista, Tomas Walker, para inventar horrendas historias de crímenes supuestamente cometidos por Rusia contra la población civil de Ucrania, utilizando datos y fotografías que no se correspondían con los hechos que sus medios impresos describían.

Desde entonces, el ataque de bandera falsa, así como la guerra en general, se ha amparado en el poder de penetración y convencimiento de los medios de comunicación sobre la sociedad para cumplir con el objetivo de inculpar a los pueblos por los desmanes que en su propio nombre los terroristas y los perros de la guerra cometen. Con tal propósito, los sectores dominantes han impedido desde siempre todo intento de democratización  de los medios de comunicación bajo su poder. Nada es más valioso para la hegemonía de los poderosos que esa maravillosa creación del ser humano que permite convencer a las masas, cada vez más cautivas, a la vez de hacer dinero y perpetuar al más bajo costo su modelo.

La filosofía de Hearst (que algunos insisten en vender como de Goebbles, habiéndose comprobado ya con suficiencia la falsedad de la especie que atribuía al ministro nazi la creación del modelo de propaganda basado en la mentira) es la que evoluciona hasta nuestros días a través de todos los medios radioeléctricos, audiovisuales, electrónicos e impresos, conocidos, hasta convertir la realidad en un hecho definitivamente incierto e incomprobable, donde jamás es posible determinar a ciencia cierta la veracidad de los acontecimientos, ni su autoría o su ejecución. Ni se tendrá entonces conciencia exacta de su costo o significación verdadera. Habrá solo una percepción colectiva que responderá siempre a los mismos intereses de quienes controlan la producción de la noticia. Es decir, de los mismos sectores hegemónicos que de forma confabulada deciden siempre el escenario y los protagonistas de la muerte y con ello el subsecuente logro de la heroicidad de los guerreros que la causan.

La pelea hoy no es solo por el botín de las riquezas o los territorios asaltados por las guerras, sino por la conquista de las mentes de aquellos que por miles de millones asisten de manera pasiva al deslumbrante espectáculo de las invasiones y los genocidios en vivo y en directo a través de las pantallas de televisión, sin lo cual (y en virtud del talante revolucionario de los pueblos) será cada vez más difícil el saqueo de las naciones.

De ahí que la verdad sobre la autoría del disparo de un misil contra un avión de pasajeros civiles sobre Ucrania, no sea para el televidente promedio relevante. Como no lo fue tampoco descubrir que no hubo jamás amenaza alguna de armas de destrucción masiva en Irak, ni producción de  bombas atómicas en Irán, ni masacres por parte de los gobiernos de Libia o de Siria sobre el pueblo, ni de la Revolución Bolivariana sobre los estudiantes. Probablemente tampoco hubo jamás ben Laden alguno en las montañas de Afganistán o de Paquistán. Y quizás la segunda guerra mundial la hayan ganado los rusos y no los marines norteamericanos, como nos lo vende Hollywood, ni el Apollo 11 llegó jamás a la luna, como hasta los mismos Donald Rumsfield y Henry Kissinger han reconocido hace poco públicamente.

Por eso nadie sabrá jamás si ese misil que derribó el avión de Malaisia Airlanes fue en verdad ordenado por Kiev o por Moscú. Pero el mundo tenderá a pensar lo que le dicten desde su pantalla. Es la horrenda dialéctica de la comunicación en el capitalismo, que hace que la realidad no exista si no aparece en los medios. Y que si aparece, procurará siempre ser la que decidan de manera antojadiza y arbitraria los dueños de medios, a quienes nadie ha elegido jamás para tan canallesca función en la sociedad.

La Revolución Bolivariana, por la fuerza democratizadora de su pueblo y el espíritu humanista de su Comandante Eterno, es, sin lugar a dudas, el espacio de esperanza por excelencia para redimir a la humanidad del espantoso estadio de incertidumbre e irrealidad a las que nos obligan hoy los medios de comunicación capitalistas.

La ilusión de la calle

barricada3– En las barricadas hay siempre más objetos que gente protestando –

Por: Alberto Aranguibel B. / Últimas Noticias 22 / 03 / 2014

Es absurdo suponer que los pueblos acepten voluntariamente su sometimiento a la dominación de potencia alguna cualquiera sea su signo. Por eso ningún imperio se ha fundado jamás sobre elecciones democráticas mediante las cuales se pueda determinar la verdadera voluntad de las mayorías.

Estados Unidos no es la excepción. Su concepción del poder, basada en la arbitraria tesis norteamericana del Destino Manifiesto (que ellos asumen como las Tablas de Moisés) los obliga a descartar por principio propio la elección como instrumento para imponer su modelo de democracia capitalista en el planeta, precisamente por la naturaleza intolerante y totalitaria que le define como imperio.

El voto fue hasta hoy para EEUU una herramienta conveniente en la medida en que la democracia aparecía como sistema civilizado y civilizatorio a lo largo de los últimos doscientos cincuenta años, no porque fuera el método de su mayor agrado, sino porque el modelo representativo que prevaleció durante todo ese período servía a sus propósitos hegemónicos.

Por eso hoy, cuando la elección sirve cada vez más a los intereses del elector mediante la avanzada modalidad de democracia participativa y protagónica que se extiende por el mundo, desecha la elección como esencia de ese sistema y promueve el estallido social como mecanismo para implantar su modelo neoliberal, asegurándose siempre que el mismo no esté contaminado con ideas antiimperialistas o de soberanía de los pueblos.

Su propuesta es la de aprovechar el efecto ilusorio de manifestaciones de utilería, que creen en la gente la percepción de ser rebeliones populares reales, cuando en efecto no sean sino la actuación de pequeños sectores antidemocráticos afectos a los intereses de la burguesía, que se apropian para su cometido de la épica, la nomenclatura, el discurso y hasta de los símbolos de las revoluciones auténticas, apoyándose para ello en la fuerza de los poderosos medios de comunicación a su servicio.

A esas manifestaciones de utilería concurren solo quienes se ilusionan con el fracasado modelo neoliberal que la derecha promueve. Y eso funciona eventualmente para una buena foto.

A la verdadera movilización del pueblo en la calle acudirá siempre la gran mayoría que sí sabe valorar la democracia.

@Soyaranguibel

Aranguibel con Fernando del Rincón

Caracas 15 de marzo/2014.- En marzo de 2013 el analista político Alberto Aranguibel denunció en CNN la práctica distorsionadora de la realidad venezolana por parte de las grandes corporaciones mediáticas, entre ellas la propia CNN, en un programa especial de Conclusiones con el periodista Fernando del Rincón, en el que afirmaba que “lo único inconstitucional hoy en día en Venezuela es la oposición“. Luego de transcurrido todo un año de intenso debate nacional que incluyó dos importantes elecciones; una presidencial y una municipal, ganadas en forma incuestionable por los sectores afectos a la revolución bolivariana, ambas afirmaciones, la manipulación mediática y la inconstitucionalidad de la oposición, se han cumplido con total exactitud en la actual coyuntura política.

A un mes del inicio de fuertes protestas en contra del presidente Nicolás Maduro por parte de grupos violentos que han arremetido contra bienes públicos y privados de manera indiscriminada exigiendo la renuncia del gobierno constitucional, lo que ha ocasionado muertos y heridos principalmente entre efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana y de la población civil que se han visto atrapados en las refriegas callejeras, medios de comunicación privados nacionales e internacionales las presentan como una brutal ola de represión contra “estudiantes pacíficos” por parte del Gobierno.

Frente a dichas acciones violentas, promovidas por connotados dirigentes de la ultraderecha nacional como Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma, la oposición venezolana ha mantenido un silencio ominoso que a todas luces favorece el desacato por parte de esos grupos vandálicos a la Constitución y las Leyes nacionales que prohiben la violación de los derechos de la ciudadanía al libre tránsito y a la tranquilidad en sus comunidades, así como el desconocimiento de la legitimidad del gobierno democráticamente electo. Silencio que adquiere visos de complicidad en los casos de aquellos alcaldes opositores que se niegan a ordenar a sus policías imponer el orden, o que colaboran abiertamente con el vandalismo desatado por esos grupos anárquicos en sus respectivos municipios.

De la misma forma, Aranguibel señala en esa entrevista que “contrario a lo que dicen los medios privados, los únicos conflictos que hay son los que genera la propia oposición, porque tal como lo dijo siempre Chávez el único camino a la paz en Venezuela es la Revolución.”