Aviones, medios y misiles

malaysia-airlines copia

Por: Alberto Aranguibel / Coreo del Orinoco, 21 de julio de 2014

El ataque de bandera falsa es tan antiguo como la guerra misma. Una fórmula innoble que persigue desarmar al enemigo suplantando su ejército, sus aperos o sus instalaciones, para esconder bajo un manto amable las verdaderas intenciones de acabar en forma cruel e inhumana con cuanto vestigio de vida pueda haber en el bando contrario, sin correr ni con los riesgos del combate directo ni con el costo de la culpabilidad o el escarnio público.

Es el logro de la cobardía llevada a su máxima expresión. En el ataque de bandera falsa no hay (ni puede haber) confrontación cuerpo a cuerpo porque ello supondría para los atacantes tener que atentar contra sí mismos. O entre los del bando atacado, al menos, lo cual develaría la falsedad del ataque y lo convertiría en una operación absurda y sin sentido. Por eso sus acciones son siempre actos terroristas, aquellos que provocan destrucción y muerte sin ninguna conmiseración, acabando por lo general con vidas inocentes que en nada participan de la guerra.

Persigue, además de la muerte, achacar al enemigo la responsabilidad de las acciones terroristas que los impostores ejecutan, para así justificar la violencia con la que se les responda, y alcanzar a la vez el logro del reconocimiento público, obtenido de manera fácil y gratuita. Su único costo es la capacidad de engaño del atacante. La mentira es así el instrumento de guerra de un ejército impostor, que armado con el debido cinismo ataca con una fuerza que no surge de sus propias condiciones físicas o de dotación bélica, sino de su capacidad de fuego a través de la herramienta que potenciará su operación hasta lo infinito llevándola hasta cada rincón del planeta a través de las ondas hertzianas en forma de imágenes y sonidos que impactarán la mente de los seres humanos sin necesidad de levantarlos siquiera de sus poltronas o apartarlos de la fabulosa pantalla de televisión con la que alimentan cada vez más el alma y la conciencia los televidentes del mundo entero.

Verdaderos cañones de alto poder en la nueva era del ataque de bandera falsa, los medios de comunicación han pasado a cumplir un rol decisivo en las posibilidades de convencimiento que necesitan los ejércitos impostores para hacer realidad irrefutable sus acciones terroristas de bandera falsa. “Ponga usted las noticias, que yo pongo la guerra”, es probablemente la constatación más cruda de la historia de cómo un ataque de bandera falsa puede llegar a ser un activo valioso para los perros de la guerra, para quienes el saldo de muerte no significa nada frente al rédito en dinero que tales ataques pueden llegar a producir. Es la frase de un magnate sin escrúpulos de ningún tipo, cuya inmoralidad en la búsqueda de su grandeza como editor de periódicos lo hizo alcanzar la gloria de la pantalla grande en la legendaria y monumental obra de Orson Welles que recreaba su vida.

Fue así como se supo que los medios de comunicación podían desempeñarse ya no solamente como instrumentos al servicio de los intereses de los sectores hegemónicos que desde siempre procuraron la imposición al mundo de su modelo de dominación mediante la violencia de los poderosos sobre los oprimidos. Ellos, los poderosos, fueron los que necesitaron del terror y la desolación que ocasionan las guerras, apelando cada vez que fuese necesario a sus despropósitos a las trampas más viles que la humanidad haya conocido.

hearst_2

 – Hearst, padre del “amarillismo”, falseó en 1936 en sus periódicos la realidad usando textos y fotos tomadas en 1931 de muertes en Ucrania producto de una severa ola de hambre y frío, para atribuírselas a Rusia, luego de un acuerdo de servicio que le contratara Hitler en persona en 1935

hearst_1

El afán de Hearst por la manipulación de los hechos noticiosos para convertirlos en noticias escandalosas no se detuvo con la guerra hispano-estadounidense de 1898, en la isla de Cuba, con la cual acuñó aquella proverbial filosofía amarillista de la prensa, sino que se prolongó cada vez con mayor intensidad con su recurrente intromisión en las dos guerras que sacudieron al mundo en la primera mitad del siglo XX, ayudando como asesor de imagen, primero de las llamadas fuerzas aliadas y luego de los nazis, en contra de la naciente Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y utilizando sus medios de comunicación como armas de guerra.

Para falsear la realidad de los acontecimientos en Europa, Hearst envió en 1936 como corresponsal de guerra al viejo continente a un impostor que se hacía pasar por periodista, Tomas Walker, para inventar horrendas historias de crímenes supuestamente cometidos por Rusia contra la población civil de Ucrania, utilizando datos y fotografías que no se correspondían con los hechos que sus medios impresos describían.

Desde entonces, el ataque de bandera falsa, así como la guerra en general, se ha amparado en el poder de penetración y convencimiento de los medios de comunicación sobre la sociedad para cumplir con el objetivo de inculpar a los pueblos por los desmanes que en su propio nombre los terroristas y los perros de la guerra cometen. Con tal propósito, los sectores dominantes han impedido desde siempre todo intento de democratización  de los medios de comunicación bajo su poder. Nada es más valioso para la hegemonía de los poderosos que esa maravillosa creación del ser humano que permite convencer a las masas, cada vez más cautivas, a la vez de hacer dinero y perpetuar al más bajo costo su modelo.

La filosofía de Hearst (que algunos insisten en vender como de Goebbles, habiéndose comprobado ya con suficiencia la falsedad de la especie que atribuía al ministro nazi la creación del modelo de propaganda basado en la mentira) es la que evoluciona hasta nuestros días a través de todos los medios radioeléctricos, audiovisuales, electrónicos e impresos, conocidos, hasta convertir la realidad en un hecho definitivamente incierto e incomprobable, donde jamás es posible determinar a ciencia cierta la veracidad de los acontecimientos, ni su autoría o su ejecución. Ni se tendrá entonces conciencia exacta de su costo o significación verdadera. Habrá solo una percepción colectiva que responderá siempre a los mismos intereses de quienes controlan la producción de la noticia. Es decir, de los mismos sectores hegemónicos que de forma confabulada deciden siempre el escenario y los protagonistas de la muerte y con ello el subsecuente logro de la heroicidad de los guerreros que la causan.

La pelea hoy no es solo por el botín de las riquezas o los territorios asaltados por las guerras, sino por la conquista de las mentes de aquellos que por miles de millones asisten de manera pasiva al deslumbrante espectáculo de las invasiones y los genocidios en vivo y en directo a través de las pantallas de televisión, sin lo cual (y en virtud del talante revolucionario de los pueblos) será cada vez más difícil el saqueo de las naciones.

De ahí que la verdad sobre la autoría del disparo de un misil contra un avión de pasajeros civiles sobre Ucrania, no sea para el televidente promedio relevante. Como no lo fue tampoco descubrir que no hubo jamás amenaza alguna de armas de destrucción masiva en Irak, ni producción de  bombas atómicas en Irán, ni masacres por parte de los gobiernos de Libia o de Siria sobre el pueblo, ni de la Revolución Bolivariana sobre los estudiantes. Probablemente tampoco hubo jamás ben Laden alguno en las montañas de Afganistán o de Paquistán. Y quizás la segunda guerra mundial la hayan ganado los rusos y no los marines norteamericanos, como nos lo vende Hollywood, ni el Apollo 11 llegó jamás a la luna, como hasta los mismos Donald Rumsfield y Henry Kissinger han reconocido hace poco públicamente.

Por eso nadie sabrá jamás si ese misil que derribó el avión de Malaisia Airlanes fue en verdad ordenado por Kiev o por Moscú. Pero el mundo tenderá a pensar lo que le dicten desde su pantalla. Es la horrenda dialéctica de la comunicación en el capitalismo, que hace que la realidad no exista si no aparece en los medios. Y que si aparece, procurará siempre ser la que decidan de manera antojadiza y arbitraria los dueños de medios, a quienes nadie ha elegido jamás para tan canallesca función en la sociedad.

La Revolución Bolivariana, por la fuerza democratizadora de su pueblo y el espíritu humanista de su Comandante Eterno, es, sin lugar a dudas, el espacio de esperanza por excelencia para redimir a la humanidad del espantoso estadio de incertidumbre e irrealidad a las que nos obligan hoy los medios de comunicación capitalistas.

Anuncios

Aranguibel: “El chavismo jamás se propuso una hegemonía comunicacional”

– El periodista Mario Villegas anunció este domingo 1 de junio, en su prestigiosa columna dominical “Puño y Letra“, publicada semanalmente en el diario 2001, que tomará un “receso necesario por razones fundamentales de salud“, con lo cual su trabajo no saldrá más a la luz pública en ese medio… ¡por ahora!, decimos nosotros. En la segunda parte de esta entrega, el comunicador nos privilegia con una entrevista sobre la situación de los medios de comunicación en el país, que publicamos a continuación –

Mario-Villegas

Por: Mario Villegas / 2001 01 de junio de 2014.-

-¿Por qué dice que hoy en día los medios generan más malestar que bienestar a la sociedad?

-El modelo consumista que promueve el contenido mediático obedece a los particulares intereses no de la gente sino del gran capital, con lo cual se genera una sociedad de seres frustrados que son presa fácil de la chabacanería, la violencia y los antivalores que los medios venden como mercancía. Si a eso se le suma el afán por convertir las guerras en espectáculos, veremos que es mayor el daño que el beneficio que aportan a la sociedad.

-¿Fracasó o marcha con éxito la hegemonía comunicacional que se propuso el chavismo?

-En ningún momento la revolución bolivariana se propuso la construcción de una hegemonía comunicacional. En Venezuela más del 85 por ciento de los medios sigue en manos privadas y cada uno adelante su trabajo con la más entera libertad e independencia.

-¿El canal 8 y demás medios oficiales deben o no abrir sus puertas a las voces opositoras?

-Hasta donde tengo entendido, esas puertas siempre han estado abiertas. Lo que creo es que la oposición no tiene interés en comunicar un mensaje, sino usar los medios para descargar infundios y acusaciones destempladas contra el gobierno. Y para eso ninguna democracia en el mundo ofrece espacios.

-¿Es imaginable una Conferencia de Paz del presidente Nicolás Maduro con el gremio periodístico?

-El Presidente ha convocado a todos los sectores, como las bandas armadas con las cuales se ha adelantado un inédito programa de pacificación. En el caso de los periodistas hay que señalar que la confrontación no es con ellos sino con los dueños de los medios, que fue a quienes el Presidente llamó en primer lugar.

-¿Satisfecho con la formación académica de los comunicadores sociales?

-En Venezuela los comunicadores sociales se están formando más con la realidad de la calle que con los pensa de estudios. El debate y la movilización social en nuestro país es un laboratorio a cielo abierto.

-¿Cuál es el destino que vislumbras para los 30 o 40 mil jóvenes que estudian comunicación social?

-Hace años le escuché decir a Mercedes Pulido, entonces representante de Venezuela en la Unesco, que consideraba a la educación como el gran fracaso de la humanidad, porque formaba pero no aseguraba la inserción profesional del individuo en el sistema productivo. Eso lo percibí una vez en el Aula Magna cuando veía a los jóvenes que subían como bachilleres por un lado del escenario a recibir su título y por el otro bajaban graduados de desempleados. El reto es muy grande, es de toda la humanidad.

-¿Se ha perdido la visión crítica y autocrítica en la actuación de los periodistas chavistas?

-Nunca antes como en la revolución se desarrolló tanto el carácter crítico del periodismo. En el medio privado eso fue siempre una ilusión frustrada.

-¿Cuál o cuáles son, entre todos los medios públicos y privados en Venezuela, el modelo que más se acerca al ideal con el que usted sueña?

-No existe todavía.

-¿Debe el gobierno recortar el gasto en propaganda y destinar esos recursos a los programas sociales?

-El mensaje que hoy vemos en los medios del Estado no es propaganda, sino comunicación de la gestión de gobierno, a la cual tiene derecho el pueblo por mandato constitucional.

-¿Se extinguieron o siguen vivas dentro del chavismo las tendencias extremistas denunciadas una vez por el presidente Nicolás Maduro?

-Como rezaba aquel viejo chiste de las hormiguitas en la montaña… no se ven, porque son muy diminutas, pero a veces se les sienten los ronquidos.

————————

mariovillegas100@gmail.com / Twitter: @mario_villegas

Venezuela y el doble rasero de los medios informativos occidentales

– Mientras las violencias mortíferas que golpean el país desde febrero de 2014 son actuaciones de la oposición, los medios informativos occidentales persisten en acusar al Gobierno democrático de Nicolás Maduro –

agresion-imperialista2

Por: Salim Lamrani / Opera Mundi

Desde 1998, la oposición venezolana siempre ha rechazado los resultados de las elecciones democráticas, con una excepción: reconoció la legitimidad de su victoria en el referendo constitucional del 2 de diciembre de 2007, que ganó con un margen inferior al 1%. Así, la derecha se ha opuesto resueltamente a los gobiernos de Hugo Chávez de 1999 a 2013 y de Nicolás Maduro desde abril de 2013. Ha utilizado todos los métodos para derrocarlos: golpe de Estado, asesinatos políticos, sabotaje petrolero, guerra económica, llamados a la sublevación y campañas mediáticas de desprestigio.

Desde febrero de 2014, Venezuela es víctima de violencias mortíferas que costaron la vida a más de 40 personas, entre ellas 5 miembros de la guardia nacional y un fiscal de la República. Más de 600 personas resultaron heridas entre ellas 150 policías y los daños materiales superan los 10.000 millones de dólares: autobuses quemados, estaciones de metro saqueadas, una universidad –la UNEFA– completamente destrozada por las llamas, decenas de toneladas de productos alimenticios destinados a los supermercados públicos reducidos a cenizas, edificios públicos y sedes ministeriales saqueados, instalaciones eléctricas saboteadas, centros médicos devastados, instituciones electorales destruidas, etc.[1]

Frente a este intento de desestabilización destinado a provocar una ruptura del orden constitucional, las autoridades venezolanas  han dado una respuesta enérgica y procedieron a arrestar a varios líderes de la oposición que lanzaron llamados a la insurrección o promovieron actos de vandalismo, y a casi de mil personas implicadas en las violencias.[2] Como todo Estado de Derecho y en el estricto respeto de las garantías constitucionales, la justicia venezolana enjuició a los acusados y aplicó las sanciones previstas en el Código Penal para semejantes actos.[3]

Los medios informativos occidentales, que se han alineado con la oposición golpista y antidemocrática, han denunciado atentados contra los derechos humanos. Al mismo tiempo omiten cuidadosamente señalar los asesinatos que cometieron los manifestantes, los allanamientos de armas y explosivos por parte de la policía entre esos grupos presentados como pacíficos y las destrucciones de propiedades públicas y privadas.[4]

De hecho, la indignación mediática es de doble rasero y no se aplica de modo universal. En efecto, la prensa observa un sorprendente silencio cuando los países occidentales toman medidas mucho más draconianas por disturbios mucho menos graves que los que golpean Venezuela.

El caso de Francia es revelador. El 27 de octubre de 2005 estallaron revueltas urbanas en los barrios populares de París y de las grandes ciudades del país, tras la muerte accidental de dos adolescentes perseguidos por la policía. La importancia de las violencias –que no causaron ninguna muerte – era menor que las que han golpeado a Venezuela en las últimas semanas.

No obstante, a partir del 8 de noviembre de 2005, el Presidente Jacques Chirac decidió declarar el estado de excepción en todo el país e instaurar un toque de queda mediante el decreto 2005-1386, durante varios meses, aplicando así la ley de 3 de abril de 1955 adoptada durante… la guerra de Argelia. Esta legislación, que no se utilizaba desde 1961, suspende las garantías constitucionales y atenta gravemente contra las libertades públicas pues permite “prohibir el tránsito de personas”, “instituir zonas de protección o de seguridad donde se reglamenta la estancia de personas” y declarar “arresto domiciliario en una circunscripción territorial o una localidad territorial para toda persona que resida en la zona fijada por el decreto”.[5]

Del mismo modo, “el Ministro de Interior, para todo el territorio donde está instaurado el estado de excepción, y el prefecto en la provincia, pueden ordenar el cierre provisional de las salas de espectáculos, bares, restaurantes y lugares de reunión de todo tipo en las zonas determinadas por el decreto previsto en el artículo 2. Pueden también prohibirse, a título general o particular, las reuniones cuya naturaleza pueda provocar o alimentar el desorden”. [6]

La ley de 3 de abril de 1955 confiere “a las autoridades administrativas señaladas en el artículo 8 el poder de ordenar registros de domicilio día y noche” y habilita “a las mismas autoridades a tomar todas las medidas para asegurar el control de la prensa, de las publicaciones de toda índole así como de los programas de radio, de las proyecciones cinematográficas y de las representaciones teatrales”.[7]

Esta legislación da el poder a la justicia militar de sustituir a la justicia civil. Así, “puede autorizar a la jurisdicción militar a encargarse de crímenes, así como de los delitos que les son conexos, que incumben [normalmente] al tribunal provincial”, en detrimento de la jurisdicción de derecho común.[8]

Para justificar semejantes medidas que contravienen la Convención Europea de los Derechos Humanos (CEDH), París evocó el artículo 15 de la CEDH que autoriza “en caso de guerra o de peligro público que amenace la vida de la nación” a derogar a las obligaciones a las cuales se había suscrito Francia.[9]

En ningún momento Venezuela –golpeada por violencias más severas que las de 2005 en Francia– ha instaurado el estado de excepción, ni ha suspendido las garantías constitucionales, ni ha atentado contra las libertades públicas, ni ha impuesto la justicia militar en detrimento de la justicia civil.

Un ejemplo más reciente es también ilustrativo. Tras los disturbios que ocurrieron en la ciudad de Amiens el 14 de agosto de 2012, que causaron daños materiales (una escuela y varios edificios públicos incendiados) e hirieron a 17 policías, la justicia francesa sancionó severamente a los autores de esos delitos. Seis personas fueron condenadas a penas de uno a cinco años de prisión. [10] El tribunal de menores de Amiens incluso condenó a cinco adolescentes de 14 a 17 años a penas de hasta 30 meses de prisión.[11]

Sería fácil multiplicar los ejemplos. Cuando la policía de Nueva York arrestó arbitrariamente a más de 700 manifestantes pacíficos, los cuales fueron víctimas de brutalidades por parte de las fuerzas del orden, los medios informativos occidentales no acusaron al gobierno de Barack Obama de violar los derechos humanos.[12]

Del mismo modo, cuando la policía brasileña reprimió violentamente a los manifestantes pacíficos en Sao Paulo y procedió al arresto de 262 personas en un solo día, agrediendo al mismo tiempo a varios periodistas, los medios informativos, con razón, no pusieron en tela de juicio, la legitimidad democrática de la Presidenta Dilma Roussef.[13]

Los medios informativos occidentales son incapaces de mostrar imparcialidad cuando se trata de abordar la compleja realidad venezolana. La prensa se niega a cumplir su deber que consiste en difundir todos los hechos y se mofa de Carta de Deontología Periodística. Prefiere defender una agenda política bien precisa, la cual va contra los principios elementales de la democracia y de la voluntad del pueblo venezolano expresada múltiples veces en las urnas.

[1] Agencia Venezolana de Noticias, «Violencia derechista en Venezuela destruye 12 centros de atención médica y electoral”, 27 de marzo de 2014.
[2] Salim Lamrani, «Se a oposiçao venezuelana fosse francesa... », Opera Mundi, 11 de abril de 2014. (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[3] EFE, « Lilian Tintori expone el caso de Leopoldo López ante autoridades españolas”, 18 de mayo de 2014.
[4] Paulo A. Paranagua, « Leopoldo Lopez, prisonnier politique numéro un du président vénézuélien Maduro », Le Monde, 22 de abril de 2014. (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[5] Loi n°55-385 du 3 avril 1955 relatif à l’état d’urgence. (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[6] Ibid.
[7] Ibid.
[8] Ibid.
[9] Convention européenne des droits de l’homme, article 15.  (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[10] Le Monde, « Emeutes d’Amiens : jusqu’à cinq ans de prison ferme pour les violences », 16 de mayo de 2014.  (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[11] Le Monde, « Emeutes d’Amiens : jusqu’à 2 ans de prison ferme des mineurs », 13 de mayo de 2014. (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).
[12] Sandro Pozzi, « La policía detiene a 700 indignados por ocupar el puente de Brooklyn”, El País, 2 de octubre de 2011.
[13] María Martin, « Ativistas denunciam brutalidade policial durante o ato contra a Copa de São Paulo”, El País, 14 de febrero de 2014.  (sitio consultado el 20 de mayo de 2014).

———————————————–
*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.Su último libro se titula Cuba. Les médias face au défi de l’impartialité, Paris, Editions Estrella, 2013, con un prólogo de Eduardo Galeano.
Contacto: lamranisalim@yahoo.fr ; Salim.Lamrani@univ-reunion.fr
Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel