Glosario de significaciones reales en el habla opositora

Por: Alberto Aranguibel B.

Que el lenguaje utilizado por la oposición esté emparentado genealógicamente con el que usamos el resto de los venezolanos, no quiere decir que el mismo sea comprensible para el común de las personas.

Lo que alguien pudiera creer que se trata de su “comprensión”, cuando se refiere al discurso de la oposición, no es sino la adecuación engañosa que (mediante un complejo proceso de emisión y transformaciones enzimáticas) el sistema cognoscitivo hace con los elementos de lenguaje emitidos por la vocería opositora, y que, por su profusión y diversidad (lo que el pueblo llano denomina: “habladera de paja”), resultan familiares a la forma en la que el cerebro humano decodifica y ordena las informaciones que recibimos, pero que no necesariamente tienen significado lógico, ni sirven, por ende, para establecer lo que las ciencias sociales se denomina “proceso comunicacional”.

Aquí sucede exactamente lo que les pasa a lenguas disímiles que utilizan alfabetos similares, pero son, sin embargo, incomprensibles entre ellas. Por esa similitud superficial entre los elementos comunes del lenguaje opositor y el del resto de los venezolanos, es que hay quienes por momentos creen haber comprendido lo que ha querido decir la oposición, cuando en realidad lo que se está produciendo no tiene nada que ver con la intención del emisor sino con la particular capacidad del receptor para la construcción de las ideas. Este fenómeno lo explica la neurología, que estudia la capacidad del cerebro humano para leer correctamente una frase en la que se sustituyen una serie de letras a una o varias palabras y se les cambia por números.

Cuando usted escuche a alguien decirle a un dirigente opositor, algo como: “Ah, ya entiendo”, lo que en verdad estará escuchando siempre es: “Ah, ya mi cerebro acomodó toda esa sarta de sandeces en algo lógico que, de acuerdo a mi capacidad de raciocinio, se me parece a una idea coherente, siendo que, en términos absolutos, no dijiste nada.”

Por razones de economía del lenguaje, esta forma de expresión extendida no es utilizada por el común de las personas, sino más bien aquella escueta: “Ah, ya entiendo”. Lo que a la larga lleva a hacerle pensar a la dirigencia opositora que su mensaje pudo haber sido comprendido y que logró el cometido de convencer a alguien. Algo que indefectiblemente los conduce a conclusiones equivocadas y hasta peligrosas, si se consideran los riesgos a los que esa dirigencia expone hoy a la democracia venezolana.

De ahí que un ejercicio imperativo para llevar adelante cualquier proceso de intercambio de argumentaciones políticas con la oposición, en función de la paz y la estabilidad política indispensables para la superación de las difíciles coyunturas por las que atraviesa el país, sea el uso de eficientes técnicas de descifrado o desencriptación del lenguaje, que faciliten la lectura correcta de sus postulados. Más aún si se sabe que, vista la complejidad del habla opositora, como decimos, pudiera haber más de una idea con más de un significado o contenido semántico, incluso con muchos.

Una idea opositora compleja que urge examinar bajo este criterio de la desencriptación, es la de “posponer la elección presidencial hasta diciembre”, porque obviamente ahí lo expresado no es lo que se quiere decir. Al menos no todo lo que quieren decir.

¿Por qué la oposición pide ahora elecciones, luego de semanas de gritarle al mundo que no existen condiciones en el país para llevar a cabo ningún proceso electoral, si las únicas condiciones que han existido son (y serán en diciembre) exactamente las mismas que han existido siempre y que de ninguna manera han sido modificadas ahora por el rector electoral? ¿Quieren de verdad elecciones, o solamente están jugando de nuevo a la neurotización de la sociedad en procura de un estallido social?

Una primera acepción inequívoca de esa propuesta de posponer la elección hasta diciembre, es, con toda seguridad, la que pudiera resumir la frase extendida: “Hay que darle un mayor margen de tiempo a la guerra económica, porque parece que todavía el pueblo no deja de ser chavista a pesar del sufrimiento que nuestro bloqueo económico le está causando.”

Con esa acepción no habría ninguna necesidad de hurgar mucho más en las entrañas del discurso opositor para encontrar otra que le resulte valiosa a la dirigencia opositora. Pero, una idea tan importante para la oposición no es probable que no sea reforzada con otros elementos discursivos de gran significado. Tiene que tener “ideas implícitas”, como les dicen en mercadotecnia a esos significados no expresamente escritos pero que están en el mensaje.

Una idea implícita (o contenida en la anterior) es, sin lugar a dudas: “Maduro nos volvió a derrotar, esta vez en la guerra de la abstención, y la elección como que sí va a darse sin problemas, pero quedándonos nosotros como la guayabera. Mejor vamos a decir que sí, pero que nos den ahora chance de acomodarnos.

Otra opción, que no puede ser descartada de ninguna manera, es: “¡Qué vaina!… ni siquiera le ganamos al papanatas de Falcón y seguimos creyendo ingenuamente que podemos ganarle a Maduro. Mejor es que rodemos esa elección hasta diciembre a ver si de aquí a allá el imperio se decide por fin a invadirnos y salimos de esto, y además con unos cuantos dolarcitos de ñapa.

Con toda seguridad está inmersa ahí la idea que más define al prodigioso ingenio del intelecto escuálido promedio: “No importa que hayamos pedido elección durante meses y quemado gente para obligar a que se diera, para después acusar de tirano a Maduro por convocar esa misma elección. Vamos a pedir elección de nuevo y después nos volvemos a echar pa’ atrás. Total, como los venezolanos son estúpidos, no se van a dar cuenta.

Y, obviamente, la más poderosa razón ideológica para cualquier buen escuálido uña en el rabo: “Qué Constitución, ni qué Maduro, ni qué Tibisay… ¡Aquí se tiene que hacer lo que a nosotros nos dé la gana, y punto. ¡Y si no ganamos, pues, gritamos FRAUDE y listo!

¿Por qué la oposición no usa los elementos convencionales del habla venezolana común para explicar su punto de vista sobre aquellos aspectos del debate político que les parece importante comunicarle al país? Pues, porque nadie de la derecha en su sano juicio podría enfrentarse a la opinión pública con la desfachatez y el cinismo al que sus convicciones neoliberales le obligan, sin obtener como respuesta el más resonante y contundente repudio.

Es decir; si las verdaderas intencionalidades de las ideas opositoras fuesen expresadas abiertamente, sin los usuales enmascaramientos a los que tiene que apelar el liderazgo opositor, lo más probable es que el discurso opositor sería correctamente comprendido. Y eso de ninguna manera podrá ser aceptado jamás por una oposición que sabe que su propuesta, además de inviable, no es de ninguna manera potable para una sociedad políticamente madura, como la venezolana.

Ante estas evidencias del carácter enfermizamente fraudulento de un sector político inmoral e irresponsable como ha demostrado ser la oposición, le corresponde a las venezolanas y los venezolanos determinar hasta qué punto le interesa al país mantenerse en la zozobra que genera un debate político perturbado con el uso sistemático de la mentira que ese sector contrarrevolucionario se empeña en utilizar como fórmula discursiva, o si, más bien, lo que se necesita es fortalecer con el esfuerzo de todas y de todos la fórmula infatigable de la paz para alcanzar el bienestar económico que propone la Revolución Bolivariana.

Mediante la falsedad es imposible resolver los problemas económicos de ningún país. En Venezuela, la única alternativa contraria a la mentira y al engaño que profesa de manera terca la oposición, es la alternativa de trabajo, honestidad, transparencia y rectitud chavista, que encarna Nicolás Maduro. Ninguna otra.

Esa importante decisión entre ambas opciones, tiene que tomarla el pueblo este 20 de mayo, independientemente de su posición o convicción política. Se trata de un acto de compromiso histórico con la Patria… y con la verdad.

@SoyAranguibel

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La verdad de una mentira mil veces dicha

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 27 de abril de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“La propaganda puede ser aprendida. Debe ser conducida solo por un fino y seguro instinto para percibir los sentimientos siempre cambiantes de la gente”  Joseph Goebbels

Resulta común en cualquier tratado de historia política contemporánea o escuela de comunicación social en el mundo, aseverar categóricamente que la mentira fue el recurso por excelencia utilizado por el doctor Paul Joseph Goebbels, a quien la industria mediática occidental ha presentado por más de siete décadas como el más perverso y despiadado manipulador de masas desde su arribo al cargo de ministro de propaganda del Tercer Reich en la Alemania nazi hasta la caída del régimen en 1945.

Quien fuera considerado como uno de los mejores oradores de todos los tiempos (que pronunciara el famoso discurso “La guerra total” con el que Hitler emprendió la arremetida final de su régimen) ha sido acusado sistemáticamente de ser el autor de una supuesto decálogo cuya máxima filosófica es usualmente resumida en la expresión “Una mentira dicha mil veces se convierte en verdad”.

Lo cierto es que Goebbels jamás escribió ni dijo nada semejante. El origen de la equívoca leyenda se encuentra en un artículo del alto dirigente nazi, publicado el 5 de octubre de 1941 en el periódico Das Reich, en el cual Goebbels sentía un particular orgullo de editorializar semanalmente desde 1940 para promover el ideario nacionalsocialista y responder desde ahí a los embates propagandísticos de los enemigos de la Alemania nazi.

En ese texto, Goebbels, cuya filosofía como profesional de la comunicación era la inconveniencia de “la mentira” como instrumento de convencimiento, se expresaba de las campañas de propaganda que Inglaterra y Rusia orquestaban contra Alemania, de la siguiente manera: “la propaganda inglesa y bolchevique pensó que le había llegado su hora. […] siempre hicieron predicciones falsas. Todavía tienen las agallas de mostrarse ante el mundo como puros e incorruptibles fanáticos de la verdad que se presentan como son, mientras alegan que nosotros abolimos la libertad de expresión, envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad” (subrayado nuestro) (1).

En realidad lo que se conoce como “las leyes de la propaganda” atribuidas al inefable personaje, no es sino el resumen que de manera arbitraria elaborara el profesor emérito de la Universidad de Yale, Leonard W. Doob, a partir de lo que él mismo señala en su libro “Principios de la Propaganda de Goebbels”, publicado en 1950 por la Universidad de Oxford en cooperación con el Instituto Americano para la Investigación de la Opinión Pública, en plena efervescencia de la Guerra Fría, que “se basa en una lectura cuidadosa de documentos escritos y no escritos por Goebbels, que reposan en la librería del Instituto Hoover para el Estudio de la Guerra, la Paz y la Revolución, de la Universidad de Stanford” que “no necesariamente son una relación exacta y verdadera de su personalidad, ni como persona ni como propagandista“. (2) A confesión de parte relevo de pruebas, se dice en derecho.

La “objetividad” de Doob para la apreciación de las ideas de Goebbels queda completamente en entredicho cuando se sabe que dicho profesor norteamericano se desempeñó durante la Segunda Guerra mundial como encargado de la OWI (United States Office of War Information) en Europa, una oficina creada por los Estados Unidos para el trabajo de contrainformación y propaganda cuyo propósito fundamental era precisamente el de operar como una máquina para la producción de materiales que aparentaran ser propaganda nazi para ser distribuidos en Alemania y en el resto de Europa durante todo aquel período. Un verdadero trabajo de guerra sucia llevado a cabo bajo la denominada modalidad de “ataque de bandera falsa” en la cual Doob se convirtió en todo un experto.

En síntesis, tanto el libro de Doob como la obvia subjetividad con la que debe haberse realizado la investigación en la cual se fundamenta, demuestran que el tan difundido manual de propaganda (más parecido a un panfleto anti-nazi que a ninguna otra cosa) jamás fue escrito por Goebbels quien, como hombre sólidamente formado como intelectual y como profesional, es evidente que jamás habría llegado a afirmar la sarta de barbaridades que en ese apócrifo documento se le atribuyen. Fue gracias a la libre interpretación del entonces agente de propaganda norteamericano que la frase del editorial “La materia de la peste” escrito por Goebbels en 1941 ( “… envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad”) pasó a ser la infame pero muy conveniente máxima para los intereses políticos de los EEUU “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad“.

De hecho, Edward Bernays, verdadero inspirador de buena parte del trabajo de Doob en Europa, recogía en su famoso libro “Propaganda” publicado en 1928, mucho antes del ascenso del nacionalsocialismo alemán al poder, su visión de lo que él mismo había practicado desde 1917 en el uso de la propaganda como herramienta para la manipulación de las masas, en su condición de asesor de imagen del Presidente Wilson de los EEUU durante la primera Guerra Mundial, de la siguiente manera: “Fue, por supuesto, el éxito sin precedentes de la propaganda durante la guerra lo que les abrió los ojos  a los más perspicaces en los diferentes campos acerca de las posibilidades de disciplinar a la opinión pública […] La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar.”(3)

Pero mucho más allá de todo eso, está la intensa actividad llevada a cabo por el magnate de la prensa norteamericana William Randolph Hearst, también asesor de Adolph Hitler desde mucho antes de la Segunda Guerra Mundial, en la manipulación de las noticias que llegaban tanto a Alemania como a Norteamérica desde Rusia para tratar de contener la expansión del comunismo en Europa, en lo cual Hearst aplicó a la más perfecta cabalidad todas y cada una de las técnicas de guerra sucia que describe el manual que veinte años después Doob redacta y le atribuye maliciosamente a Goebbels.

De todo eso se desprende sin lugar a dudas que no fue Goebbels en modo alguno el creador de los modelos de manipulación de los cuales es acusado por la propaganda occidental. Algo que pone en evidencia al imperio norteamericano y a su poderosa red de corporaciones mediáticas, verdaderos cultores de la mentira, en su propósito de la desmovilización de los pueblos progresistas, soberanos e independientes del mundo.

La suerte (buena o mala, según se aprecie desde un ángulo o de otro) de Goebbels fue que su desempeño como Ministro de Propaganda coincidió en el tiempo con el surgimiento de un fenómeno nunca antes visto en la historia de la humanidad, como lo fue el nacimiento casi simultáneo de los grandes medios de comunicación que hoy la sociedad conoce, como el cine, la radio y la televisión, los cuales utilizó inteligentemente, tal como lo hacen hoy de manera intensiva todos los gobiernos del mundo, no solo con los mismos medios sino también con Internet y las llamadas redes sociales.

Ese lógico aprovechamiento de la comunicación de masas al que se abocara el ministro nazi, generó el desprecio de las potencias que desde entonces se vieron amenazadas con el inmenso poder de convencimiento que Goebbels podía tener usando los medios para decir la verdad que había detrás de las insaciables ambiciones imperialistas y de dominación que esas potencias que él enfrentaba escondían tras su fachada de “libertadores” del mundo.

Hoy, lamentablemente, esa verdad de un modelo imperialista que mediante la manipulación y la mentira pretende rendir a los pueblos del mundo presentándose como redentor de una democracia que en todas partes él mismo violenta, es una realidad absoluta e innegable.

@SoyAranguibel

(1) La materia de la peste, Das Reich, 5 de octubre de 1941.

(2) Goebbels’ Principles of Propaganda, Doob, The Public Opinion Quarterly, Vol. 14, No. 3, (Autumn, 1950), pp. 419-442

(3) http://ia600804.us.archive.org/4/items/Porpaganda/PropagandaedwardBernays1928.pdf

El invariable empeño divisionista del trotskismo

– Publicado en el Correo del Orinoco el 17 de noviembre de 2014 –

Por: Alberto Aranguibel B.

El clamor más angustiado del Comandante Chávez en su dolorosa despedida del 8 de diciembre de 2012 ante el país, no fue solamente la solicitud de respaldo del pueblo a Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales que tendrían que hacerse para cumplir con lo establecido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en caso de presentarse una “circunstancia sobrevenida” que lo inhabilitara. Esa fue quizás la más inesperada e impactante. La más vehemente súplica de aquella dura proclama fue el llamado a la unidad, por encima de todas las cosas.

Siendo, como hoy se le reconoce más que nunca, el más grande genio político de toda nuestra historia republicana, Chávez sabía que el trabajo más arduo era el de la consolidación perdurable de la unidad del pueblo en torno a una propuesta tan compleja y tan amenazada como la del socialismo, más aun cuando las fuerzas más retardatarias de la sociedad que adversan al chavismo cuentan con tantos recursos y respaldo imperialista como nunca antes en toda la historia. En el logro de esa unidad inquebrantable del pueblo, que impidió durante todo su mandato la arremetida invasora de las grandes potencias, estuvo determinado su liderazgo. Y él lo sabía.

El alerta contenido en la frase “No faltarán los que traten de aprovechar coyunturas difíciles para mantener ese empeño de la reinstauración del capitalismo, del neoliberalismo, para acabar con la Patria”, era más una premonición que una conseja. Su deslumbrante dominio de la historia y su destreza como político excepcional le permitían avizorar con claridad no sólo los riesgos sino las amenazas que se cernirían sobre el proceso bolivariano de no contar con su conducción.

La constante divisionista de la izquierda desde sus orígenes, era también con toda seguridad una preocupación que le mortificaba.

Desde mucho antes de aparecer Leon Trotsky en la escena política rusa a principios del siglo XX, las divisiones en la izquierda con base en la prepotencia y la arrogancia de intelectuales erigidos de la noche a la mañana en ideólogos revolucionarios imprescindibles fueron el fenómeno más recurrente en los grandes momentos de construcción del modelo socialista de justicia e igualdad social que desde siempre reclamaron los pueblos. Desde 1864, año de la instalación de la Ira Internacional, hasta después de la 2da Guerra mundial, las divisiones promovidas por radicales que cuestionaban indistintamente las concepciones del socialismo formuladas por Lenín, Engels o hasta por el mismísimo Carlos Marx, fueron una constante en el quehacer de la izquierda en el mundo. Pero sin lugar a dudas que a Trotsky y al trotskismo se deben las más resonantes, inútiles e irresponsables de todas cuantas ha habido a lo largo de más de un siglo de lucha revolucionaria.

A través del tiempo, los trotskistas han querido presentar una versión de la historia completamente tergiversada y amoldada a sus muy particulares intereses fraccionalistas, que nada tiene que ver con la realidad de los hechos que marcaron el devenir de la propuesta socialista. Hoy puede sostenerse con entera propiedad que el trotskismo, como propuesta revolucionaria, ha sido siempre y es hoy una completa farsa histórica.

Trotsky nunca fue revolucionario. Las dos corrientes fundamentales que promovían la transformación de Rusia a principios del siglo XX fueron los mencheviques, entre los que se encontraba Trotsky, tendencia pequeño-burguesa con una visión reformista de la transformación de la realidad, y los bolcheviques, la tendencia revolucionaria autóctona liderada por Lenin.

Los mencheviques se opusieron desde siempre a la manera revolucionaria en que los bolcheviques hacían política. Ya en 1904, en su texto “Nuestras tareas políticas” Trotsky acusaba a Lenin de “dictador”, “autócrata” y “revolucionario burgués”, dejando ver que sus manidas diferencias contra Stalin no se debían al supuesto “despotismo” con el que éste (según Trotsky) ejercía la política, ni a la supuesta traición de las raíces de la revolución por parte del líder bolchevique, sino que su conflicto era esencialmente contra la propuesta socialista, incluso desde mucho antes del inicio de la revolución bolchevique y, por supuesto, antes de fallecer Lenin. De hecho, esa infamante guerra de Trotsky contra Stalin es uno de los mayores aportes a la cultura anticomunista promovida desde entonces hasta hoy por el imperio norteamericano.

La razón por la que Trotsky se incorpora formalmente a las filas de la Revolución Bolchevique tiene su explicación en la necesidad política del alzamiento de 1917 gracias a la genialidad estratégica de Lenin. En vísperas de aquella rebelión popular contra el zarismo, Lenin entendía la importancia de la unidad de todas las fuerzas, ya fuesen revolucionarias, reformistas o progresistas, para asestar el último golpe al poder zarista en Rusia, pero sin perder de vista jamás el carácter contrarrevolucionario del pensamiento y el accionar de Trotsky. En las conocidas cartas que escribió el líder bolchevique antes de morir, Lenin sostenía la incapacidad de Trotsky para dirigir al partido comunista por su esencia “pequeño-burguesa”.

En los años que siguieron a la muerte de Lenin se llevaron a cabo intensos debates en el seno del Partido Comunista Bolchevique, en donde personajes como Trotsky expresaron de manera abierta sus ideas políticas. No existe ni una sola prueba histórica de que Trotsky fuese “botado arbitrariamente” del partido. Pero sí sobran las pruebas de que ni su propuesta ni él como líder jamás pudieron lograr el respaldo de las mayorías.

Como elemento clave en la farsa histórica que representa el trotskismo, se encuentra el hecho de que Trotsky catalogaba a la dirigencia revolucionaria de entonces como “traidores” al legado de Lenin y como “enemigos” del pueblo, pero cuando personajes como Bujarin y Zinoviev decidieron distanciarse de la propuesta socialista y se declararon enemigos del poder revolucionario establecido, estos fueron recibidos por Trotksy como grandes héroes, conformando con ellos la autodenominada “Oposición de izquierda”.

Desde el seno del partido, militantes y dirigentes combatieron a esa “Oposición de izquierda” con mucha fuerza, no por razones de intolerancia sino por razones políticas: al triunfo de la Revolución Lenin estableció firmemente la necesidad de que no existieran fracciones ni tendencias a lo interno del partido, idea que se plasmó en los estatutos del partido comunista.

La respuesta del trotskismo ante su incapacidad para ganarse al pueblo bolchevique fue entonces la de asumir el camino de la violencia fascista emprendiendo una serie de acciones de sabotajes en las empresas más importantes del Estado Soviético. Como demuestra claramente el autor Ludo Martens en su conocido texto “Otra mirada sobre Stalin”, los inspectores de fábricas conseguían arena, piedras y artefactos ajenos al proceso de producción a lo interno de la maquinaria laboral, colocadas ahí intencionalmente por agentes del trotskismo infiltrados en el movimiento obrero, para deteriorar los equipos y obstruir las labores en dichos espacios.

Sabotaje que alcanzaba dimensiones internacionales con propuestas innegablemente contrarrevolucionarias como las que expresa un manifiesto de la IV Internacional convocada por Trotsky en 1940, en el que se asumía la defensa de Rusia frente a la amenaza nazi de invadir el territorio ruso, pero se combatía a la vez a la “oligarquía de Moscú”, es decir al Partido Bolchevique. En el momento en que la Alemania nazi se proponía invadir a la URSS y masacrar al pueblo ruso, Trotsky proponía luchar contra su gobierno y debilitarlo. Ya entonces se conocían evidencias que demostraban la existencia de una alianza directa entre el nazismo y el trotskismo (el hijo de Trotsky, León Zedov, vivía en Alemania durante el nazismo), amén de las absurdas y torpes propuestas de clara orientación fascista que promovía la fraternización con los ejércitos invasores nazis por considerarles “trabajadores en uniforme”.

Esas y muchas otras razones llevaron a los principales dirigentes revolucionarios del siglo XX, Stalin, Mao Tsetung, Ho Chi Min, entre otros, a rechazar expresamente al trotskismo como corriente pequeño-burguesa, infiltrada siempre a lo interno de las revoluciones socialistas para dividirlas y acabarlas. Por ese afán divisionista, en Latinoamérica, particularmente en Argentina, Brasil, México y Uruguay, el trotskismo ha sido la causa más frecuente del fracaso de las luchas populares.

Pero el trotskismo y su afán divisionista sobrevive y es hoy una amenaza más junto a todas las que penden sobre la Revolución Bolivariana. Desmontar su trampa de la “autocrítica”, que solo persigue desprestigiar el liderazgo revolucionario (acusándolo, como hace 100 años, de “burócratas”, “autócratas” y “revolucionarios burgueses”) para desmovilizar a la militancia y abrirle así el paso al fascismo que pretende poner de nuevo sus garras sobre nuestra Patria, es una obligación impostergable de los hijos de Chávez.

@SoyAranguibel

La verdad, en la información de guerra

– Publicado en El Universal el domingo 02 de noviembre de 2014 –
caricatura Félix Cordero

Por: Félix Cordero Peraza

¡El derecho a la verdad es insoslayable en el ser humano del siglo XXI!

En la política internacional no hay amigos o enemigos… sino intereses. En los 80, Gorbachov inició la destrucción de la Unión Soviética con el Glasnot y Perestroika. La URSS, firmó la Carta de París entre Occidente y Rusia y aceptó desarmar el Pacto de Varsovia. A cambio, la OTAN respetaría el territorio soviético. ¡Occidente lo incumplió! En 1999, entraron a la OTAN Polonia, Hungría y República Checa. En 2004, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Rumania y las tres repúblicas bálticas Estonia, Letonia y Lituania. En 2009, se sumaron Croacia y Albania. Y este año se predice Azerbaiyán, Georgia, Macedonia y Ucrania.

El conflicto entre Rusia y Ucrania no obedece, como lo indican las agencias internacionales de noticias, a cuestiones de fronteras demarcadas, pretensión expansionista de Rusia o ambición político-militar. En los orígenes se encuentran factores de tipo étnico, tradición, lenguaje e históricos. El movimiento popular en Kiev, capital de Ucrania, contra el presidente depuesto Víktor Yanukóvich y electo en el 2010, fue por su negativa a firmar el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea. El presidente de facto ha firmado solo la parte política del texto. La parte económica -a la que se oponía Yanukóvich- fue suspendida.

El nuevo gobierno prohibió el idioma ruso oficial en Crimea. Tiene 2,3 millones de habitantes, la mayoría rusos étnicos y rusos parlantes. Enfrentó el golpe de Estado y se anexó a Rusia. Por Ucrania, el granero de Europa, pasan intercambios comerciales globales y ductos con petróleo y gas de Oriente a Occidente. Rusia, es su principal socio comercial y administrador del gas. Posee Sebastopol, la base de su flota y es puerto clave del Mar Negro. ¿Protegerá el Kremlin a la población rusa en Ucrania y costa del Mar Azov? Por ahora, el FMI y el BCE ofrecieron 20 mil millones de dólares para la economía. Exigen, aumento de tarifas e impuestos y despedir el 30% de empleados públicos.

“La muerte de la verdad”

Ya es historia, el periodista corresponsal de guerra que enviaban los medios para informar de los hechos de una guerra. Estos valientes periodistas se internaban en el campo de uno y otro ejército. Se metían en las ciudades, campos y trincheras. Hoy, no los dejan entrar al campo de batalla. Los concentran en grandes salones con circuitos de TV. Allí ven lo que el ejército quiere que la gente vea. ¡Imágenes de bombardeos y destrucción de ciudades! No enseñan los muertos solo la explosión de bombas, misiles, despeje de aviones, movimiento de barcos o transitar del ejército. Aunque, en la guerra como en el amor todo es válido… ¡En la guerra lo primero que muere es la verdad!

El lector, televidente o radio escucha es sometido a la estrategia informativa de quienes participan en la guerra. ¡Esa es la primera batalla… , posicionar las razones en la opinión pública mundial! Con el control del flujo de información esconden las causas verdaderas del conflicto e imponen la mentira (hoy, un arma bélica). ¡Si no seleccionaran las imágenes los pueblos de esas naciones estarían contra la guerra! La primera y última guerra televisada fue la de Vietnam. EEUU la perdió porque cuando los norteamericanos vieron la llegada de cadáveres de soldados se opusieron a la guerra. Aunque “La mentira dura el tiempo que dura en aparecer la verdad”. Como en el caso de las armas de destrucción masiva en Iraq… ¡Nunca existieron!

Guerra cibernética

En el conflicto entre Rusia y Ucrania impera la guerra informática, digital o ciberguerra. En lugar de campos de batalla convencionales la información y la contrainformación toma el ciberespacio y las tecnologías de la información. Batallan dentro de la cibernética. Han intervenido y hackeado celulares, blogs, cuentas, centros militares y organismos públicos. ¡El iceberg, de lo que se visualiza en el futuro de las guerras! ¿Qué hacer para evitar la hegemonía de lo falso? ¿Es suficiente buscar la verdad, a través de variadas agencias, usando las redes sociales y realizando alianzas con cadenas noticiosas independientes? Como ciudadano y periodista, deploró el monopolio oficioso de la información que diseminan las agencias internacionales. Preferiría que fueran plurales y abiertas a informaciones equilibradas provenientes de todas las partes en conflicto. Especialmente de las víctimas. ¡El derecho a la verdad es insoslayable en el humano del siglo XXI!

efecepe2010@gmail.com

@efecepe2010

Fuente: El Universal

Cómo miente un farsante en campaña sin ningún tipo de vergüenza…

El irresponsable candidato de la burguesía venezolana, Enrique Capriles Radonski, miente de manera enfermiza sobre absolutamente todos los temas en su campaña, empezando por el importante tema del programa de gobierno que está obligado a explicarle a los electores y en el cual ha negado tener responsabilidad alguna luego de haber sido visto por todos los venezolanos firmarlo en acto público el día 23 de enero de este mismo año, hasta lo referido a los asuntos más insignificantes, como el uso de los medios de transporte que necesariamente deben usarse para las movilizaciones durante la campaña.

Luego de criticar reiteradamente y en la forma más insolente e irrespetuosa al Primer Mandatario de la nación, acusándole de “distante” del elector por utilizar un vehículo especial de campaña, termina por hacer lo mismo, solo que evidenciando un muy inferior nivel de capacidad en el uso de tan importante herramienta.

La indolencia y el irrespeto hacia el elector es cada vez más patente en la actitud arrogante y ofensiva con la cual el candidato Radosnki pretende engañar al pueblo con el mayor desparpajo y recurrencia.

El socialismo de Capriles

Cuando en las elecciones primarias del 12 de febrero la misma gente de la oposición decidió no darle su voto a María Corina Machado, lo que le reveló al país y al mundo no fue que la bella mujer no poseyera los atributos que el militante opositor pudiera admirar en una líder antichavista, sino que ni siquiera la derecha desea hoy para Venezuela el modelo capitalista que ella le propuso al país.

Si algo es hoy una realidad en Venezuela, es que el socialismo, gracias al rescate y a la significación que Chávez le ha dado al término a lo largo del proceso revolucionario, es definitivamente una referencia valiosa para la mayoría de los venezolanos, precisamente por el profundo contenido humano que el modelo comprende y que el Comandante ha puesto en práctica durante su mandato.

Cuando el líder de la revolución bolivariana apareció en escena a finales de la cuarta república, la sola idea de socialismo estaba asociada a lo más tenebroso de la política, en virtud no sólo de los errores y desviaciones del llamado socialismo real implantado en la vieja Unión Soviética y en la antigua Europa del este, sino de la cultura anticomunista que los medios de comunicación sembraron en la sociedad a través del tiempo. Luis Bayardo Sardi habló en los ochentas del 6% histórico que no podría superar jamás la izquierda en nuestro país, precisamente por el rechazo que la gente expresaba hacia sus ideas.

Hoy todos los trabajos de investigación de opinión reflejan esta evolución tan significativa que tiene el socialismo como modelo social necesario para asegurar el bienestar en todos los sentidos. Más de la mitad de los venezolanos considera que el socialismo es la única forma de superar la pobreza y las desigualdades.

Por eso Capriles no puede hablar de su verdadero plan de gobierno sino que tiene que tratar de mimetizarse con el Presidente Chávez para tratar de captar el voto de quienes mayoritariamente abrazan el socialismo como fórmula.

Por eso María Corina fue sacada abruptamente de la escena y ocultada en el foso más oscuro de la campaña de la derecha. Porque el discurso de Capriles está basado en la mentira, en el engaño y en el ocultamiento de sus verdaderas intenciones, que no son otras que acabar con los logros del pueblo y favorecer a la empresa privada.