Detrás de las mentiras

Por: Alberto Aranguibel B.

Existe hoy en día un periodismo cada vez más impúdico empeñado en convencer a la sociedad de la supuesta idoneidad ética en la que se basaría su manejo de la verdad, cuando en la práctica es exactamente todo lo contrario.

Es ese periodismo que aparenta inocencia en la manipulación o falseamiento de la realidad a través de una bien fingida ecuanimidad y un insulso equilibrio en el tratamiento de la noticia, en el marco de una muy calculada adjetivación a favor de los dueños del gran capital y en definitiva del imperio norteamericano, orientada a predisponer a la gente en contra del gobierno.

A veces, pero muy a veces, pareciera incluso que no lo hacen por convicción, sino porque su bien entrenado instinto de sobrevivencia neoliberal les indica que es más sensato cuadrarse a tiempo con el poderoso, antes que comprometerse de alguna forma con las clases que ellos asumen como subalternas en la sociedad.

Un periodismo de “generadores de opinión” que se convierten con deslumbrante facilidad en líderes de esos sectores de las clases pudientes que se consideran “beneficiarias” de esa línea editorial prepagada y sin escrúpulos.

Sirven de tontos útiles en el ilusorio ascenso social al que aspiran los desclasados que sin pudor alguno se entregan a toda abyección que justifique la exclusión y la injusticia si en ello va aunque sea la más mínima posibilidad de alcanzar el idílico edén neoliberal con el que sueñan.

Es el periodismo que sale a las calles y que a “pulsar la opinión de la gente” acerca de la situación económica, pero que al final del día termina su reportaje sin analizar en lo más mínimo las causas de la misma sino sus efectos y, lo que es más vergonzoso, dejando esa opinión como un vulgar biombo que solo sirva de camuflaje a su exaltación del capital.

En sus historias no aparece jamás el imperio sino para ironizar con toda hipótesis que lo advierta. Para ellos no hay bloqueo ni sanciones arbitrarias, inhumanas e ilegales. Así como tampoco ningún empresario especulando, acaparando, bachaqueando, o contrabandeando. Se las arreglan para que la gente termine siempre creyendo que el culpable del padecimiento de los pobres es el gobierno.

En vez de ir “detrás de la noticia”, como hace el periodismo ético, ellos van “detrás de las mentiras”.

@SoyAranguibel

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Inventiva opositora

Por: Alberto Aranguibel B.

La carencia de un discurso fundamentado, que surja de las ideas o de las propuestas de país debidamente estructuradas, obliga a la oposición a apelar a la inventiva para dotar de justificación viable su sed de poder.

Solo que esa inventiva tampoco se sustenta en elementos válidos, confiables, o tan siquiera creíbles. Es, por lo general, una bravata nacida de la más febril improvisación y nunca de la deducción lógica. Mucho menos del razonamiento de naturaleza científica.

Es así como inventaron lo de esa invasión cubana en Venezuela, que ni siquiera ellos se creen pero que refuerzan con formulaciones descabelladas que convencen solo a los que asumen la absurda hipótesis más por miedo a ser execrados y hasta agredidos por sus copartidarios que por ninguna otra cosa.

La tesis de la “invasión rusa” que ahora incorporan, forjada con el mismo método de la llamada “comunicación perversa” (como se le denomina a la forma discursiva mediante la cual se apela a la mentira más gruesa ya no para convencer sino para destruir al otro) es solo una variante de esa que acusa a los médicos cubanos de invasores.

Pero la que con toda seguridad es la modalidad de discurso opositor más cínico e inmoral, es la que explica su supuesto “derecho” a los beneficios sociales de la Revolución, como los Bonos de la Patria, las cajas Clap, etc., porque, según ellos, los escuálidos pagarían impuestos y esos beneficios (que al decir de los opositores serían un “derecho constitucional”, lo cual es falso) se financiarían con su dinero.

Primero, que es totalmente probable que no exista un solo escuálido que pague, no solo impuestos sino ni siquiera la gasolina, el agua o la electricidad, como para andar reclamando derechos para los cuales no tributa lo que es debido.

Luego, que esos beneficios que con tanto esfuerzo lleva adelante el Presidente Nicolás Maduro no existen de ninguna manera en la Constitución, sino que surgen del empeño del Jefe del Estado por proteger al pueblo de los efectos devastadores de una guerra desatada por la oposición precisamente para generar angustia y padecimiento entre la gente.

Qué sabroso debe ser para esos opositores chulearse esos beneficios gracias a ese febril empeño de andar inventando barbaridades sin la más mínima vergüenza.

@SoyAranguibel

Auto suicidio

Por: Alberto Aranguibel B.

Se acusa de fascista a todo aquel que desde el ámbito del chavismo denuncie la desfachatez y la impudicia de quienes militando ardorosamente en la conspiración golpista que intenta la derecha contra el gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro, pretenden sin embargo formar parte del mismo, y no como simples técnicos o trabajadores sino incluso como gerentes de los más altos cargos de la administración pública, como ya es común en casi todos los ministerios.

Aducen que es su derecho, pretendiendo siempre dejar de lado a quienes, teniendo el mismo derecho, obtuvieron el mandato popular mediante elecciones libres y perfectamente democráticas para ejercer la función de gobierno.

Solo la oposición venezolana suele reclamar como derecho la posibilidad de formar parte de un gobierno para el cual no ha sido electa y contra el cual lucha de manera infatigable. Una forma desquiciada de intentar acceder al poder sin haber obtenido para ello el respaldo popular que la democracia establece.

Lo hace porque suena noble. Suena épico. Aparenta arrojo, dignidad y gallardía. Pero en esencia no es sino una conducta hipócrita e insensata que se inspira en la ética del chulo. Pero también en la del suicida.

La inmensa mayoría de la oposición en Venezuela es gente de poder adquisitivo. La demostración palpable de eso es que es ella la que tiene el mayor acceso al bienestar y la calidad de vida que provee la revolución.

Como los vehículos Chery, por ejemplo, o los equipos del programa “Mi casa bien equipada”, pruebas poderosas e irrefutables de que el gobierno revolucionario sí libra en efecto un esfuerzo titánico por alcanzar la mayor suma de felicidad posible para su pueblo, frente a las cuales no existe la posibilidad de mostrar siquiera ni una sola obra o beneficio aportado por la derecha neoliberal que los escuálidos siguen a pie juntillas.

No hay en el país ningún logro para el pueblo que pueda atribuirse a la derecha como conquista social. La inclusión social que consagra hoy nuestra avanzada Constitución, que se traduce no solo en vehículos o equipos para el hogar, sino en las más bajas tarifas de servicios públicos de todo el continente, en la liberación de la deuda externa que asfixia las economías de los países neoliberales en el mundo, en la gratuidad de la enseñanza, de la vivienda y de la salud para nuestro pueblo, así como en el aseguramiento del trabajo, del salario y de las pensiones sociales, es producto de una visión profundamente humanista construida por el Comandante Hugo Chávez, con la cual la mayoría de esos sectores de poder adquisitivo de la sociedad se ha beneficiado desde el inicio mismo del proceso revolucionario.

En cambio las calles de los municipios donde gobierna la oposición son absolutamente intransitables. Frente al pavoroso clima de inseguridad que genera la falta de alumbrado y de vigilancia policial en esos municipios gracias a la incompetencia de sus propios alcaldes, la pestilencia de basura acumulada y la aterradora experiencia que significa el ejercicio de esquivar los huecos que minan cada vez más todas sus arterias viales, no queda manera alguna de darle el más mínimo voto de confianza a los líderes de la oposición como alternativa de gobierno.

Sin embargo, el militante opositor se aferra a su antichavismo visceral buscando infiltrarse a como dé lugar en algún organismo público sin el menor pudor ni la más mínima vergüenza, porque su vocación no fue jamás la del luchador inspirado en ideales altruistas de ningún tipo, sino la del vividor oportunista que, en la más perfecta lógica individualista de la filosofía neoliberal, procura siempre su propio beneficio a costa del sufrimiento de los demás.

Aduciendo como escudo la eventual pulcritud de sus hojas de servicio (porque asisten a las marchas chavistas y cumplen con su horario laboral), los opositores obstaculizan de una u otra forma el avance de la revolución desde sus puestos de trabajo en el gobierno, porque, además de su ineptitud y de su proverbial negligencia (demostradas en décadas de gobiernos ineficaces de la derecha), para ellos es indispensable que el proyecto chavista fracase.

Su labor como militantes es pues la de perturbar el buen curso del gobierno y hacer imposible la prestación de los servicios públicos destinados a la población, incluso sin que sea necesaria su presencia en el cargo. Porque cuando el sabotaje es urdido con la más perversa saña, trasciende a la persona y se convierte en un mal endémico del organismo o del servicio que éste debe prestar.

¿Supondrán acaso que de llegar la derecha a ser gobierno, dejará en sus cargos a la misma gente a la que tiene más de quince años tratando de sacar del poder?

¿Qué sentido tendría para un sector político de derecha, sectarios como son todos, luchar tan férreamente por derrocar a un gobierno si después de eso no despide al funcionariado que laboraba ahí durante la revolución? ¿Piensan acaso los escuálidos infiltrados hoy en el gobierno que Ramos Allup o Julio Borges, que han jurado hasta la saciedad perseguir a muerte a todo funcionario del gobierno en caso de alcanzar el poder, les respetarían su derecho al trabajo como lo hace la revolución?

Los votantes de la oposición, sin ser mayoría electoral, son sin embargo unos cuantos millones. La administración pública, no pasa de dos, incluyendo Comunas y Comités Locales de Abastecimiento y Producción (que no existirían en un gobierno de derecha porque los opositores los detestan). De lo que se deduce que habría muchísimos más escuálidos aspirando a cargos en un eventual gobierno de derecha que puestos para repartir.

¿Serán en verdad tan generosos los escuálidos que hoy están cobrando cómodamente su buen sueldo en la revolución, como para ayudar a derrocar al gobierno que les da de comer para poner a uno que con toda seguridad los dejará en la calle? ¿O es que su odio a todo lo que tenga que ver con chavismo es tan grande como para llevarlos a un insensato “autosuicidio”, como dijera el inefable prócer socialdemócrata?

¿Habrá quien le crea a un opositor muy bien acomodado (del este del este) que el interés en su lucha contra el gobierno no es su propio bienestar sino el de los pobres? Téngase en cuenta que hablamos de los mismos pobres que durante más de tres lustros esa oposición ha odiado sin la más mínima misericordia ni compasión como a verdaderas excrecencias y demonios infernales. ¿Será posible tamaño dislate?

Por donde quiera que se le vea, es un completo sin sentido la manifestación contrarrevolucionaria de un opositor conduciendo, por ejemplo, un vehículo producido en revolución, o recogiendo firmas contra el presidente Maduro con una “canaimita”, o gritando consignas contra el gobierno mientras campanea un costoso whisky mayor de edad en cualquiera de los restaurantes de lujo de Las Mercedes. Más aún cuando él mismo, desde su puesto de trabajo, es quien determina con su inoperancia y su ineficiencia los problemas que pretende erradicar derrocando el gobierno.

Esa contradicción, aunque en principio no lo parezca, es a la larga un argumento valioso para la revolución. Porque le demuestra al pueblo de manera irrefutable que el discurso de la derecha, además de inmoral e inescrupuloso, es inconsistente, falso y sin fundamento.

Que lo único que pretende la oposición es hacerse del poder en Venezuela para saquear una vez más nuestras riquezas y nuestras posibilidades de trabajar en paz por un futuro cierto de igualdad y de justicia social. Que esos carros, esos equipos y ese bienestar que enrostran impúdicos en su alharaca antichavista son la prueba tangible de su mezquindad y de su vocación de asalto del bienestar que la revolución con gran esfuerzo construye para el pueblo.

Esos escuálidos, son, en definitiva, miserables.

@SoyAranguibel

La mentira que por fin ha muerto

“La propaganda puede ser aprendida. Debe ser conducida solo por un fino y seguro instinto para percibir los sentimientos siempre cambiantes de la gente”

Joseph Goebbels

Por: Alberto Aranguibel B.

La máxima según la cual “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad” ha trascendido a lo largo de más de 60 años como la viva imagen del cinismo propagandístico que puede llegar a ser ejercido desde las esferas políticas, pero a la vez como una de las más ingeniosas y eficientes fórmulas para la construcción de marcas, conviviendo, por cierto, estas dos acepciones filosóficas en un mismo limbo ético que a nadie llegó jamás a perturbar, atribuida generalmente a quien se considera el padre de la propaganda moderna.

Lo cierto es que Goebbels jamás dijo nada semejante. El origen de la equívoca leyenda se encuentra en un artículo del alto dirigente nazi, publicado el 5 de octubre de 1941 en el periódico Das Reich, en el cual Goebbels sentía un particular orgullo de editorializar semanalmente desde 1940 para promover el ideario nacionalsocialista y responder desde ahí a los embates propagandísticos de los enemigos de la Alemania nazi.

En ese texto, Goebbels, cuya filosofía como profesional de la comunicación era la inconveniencia de “la mentira” como instrumento de convencimiento, se expresaba de las campañas de propaganda que Inglaterra y Rusia orquestaban contra Alemania, de la siguiente manera: “la propaganda inglesa y bolchevique pensó que le había llegado su hora. […] siempre hicieron predicciones falsas. Todavía tienen las agallas de mostrarse ante el mundo como puros e incorruptibles fanáticos de la verdad que se presentan como son, mientras alegan que nosotros abolimos la libertad de expresión, envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad” (La materia de la peste, Das Reich, 5 de octubre de 1941).

LA VERDAD VERDADERA

Tal como lo expuso en varias oportunidades, la mentira no debía ser la base de la propaganda política, simplemente porque la gente tiene siempre una muy superior capacidad para reconocer la verdad a través de los hechos. Ya en su discurso anual ante el congreso nazi en 1934, en Nuremberg, decía lo siguiente: “La buena propaganda no necesita mentir, en efecto puede no mentir. No tiene ninguna razón para temer a la verdad. Es un error creer que la gente no puede asimilar la verdad. Lo puede. Es sólo cuestión de presentar la verdad a la gente de manera que pueda entenderla. […] no es sólo cuestión de hacer las cosas correctamente, la gente debe entender que lo correcto es lo correcto” (Der Konfress zur Nürenber, 1934, Munich: Zentralverlag der NSDAP, Frz. Eher Nachf, 1934, pp. 130-41).

En esa misma pieza oratoria de 1934, sostenía claramente que “la propaganda puede ser en favor o en contra. Pero en ningún caso tiene que ser negativa. […] nos hemos auxiliado creando cosas reales, no ilusiones“.

A partir del mito, achacado sistemáticamente por la propaganda occidental a Goebbels con el objeto de detractarlo y disminuir así los alcances que, independientemente de sus convicciones políticas, haya podido tener como estratega de las comunicaciones (fundamentalmente por aquello de que la historia la escriben los vencedores para justificar los horrores de la guerra, atribuyéndole al vencido el carácter de responsable de todos los males que ellas ocasionan a la humanidad), se impuso la creencia generalizada entre los improvisados creadores de mensajes políticos y publicitarios en general, según la cual el uso de la mentira como instrumento excepcional para la modificación de conducta y creación de percepciones en el individuo permitiría siempre obtener el favor de las masas.

Nada más falso desde un punto de vista histórico y científico.

En realidad lo que se conoce como “las leyes de la propaganda” atribuidas al renombrado dirigente nazi, no es sino el resumen que de manera arbitraria elabora el profesor emérito de la Universidad de Yale, Leonard W. Doob, a partir de lo que él mismo señala en su libro “Principios de la Propaganda de Goebbels“, publicado en 1950 por la Universidad de Oxford en cooperación con el Instituto Americano para la Investigación de la Opinión Pública, en plena efervescencia de la Guerra Fría, que “se basa en una lectura cuidadosa de documentos escritos y no escritos por Goebbels, que reposan en la librería del Instituto Hoover para el Estudio de la Guerra, la Paz y la Revolución, de la Universidad de Stanford” que “no necesariamente son una relación exacta y verdadera de su personalidad, ni como persona ni como propagandista“. (Goebbels’ Principles of Propaganda, Doob, The Public Opinion Quarterly, Vol. 14, No. 3, (Autumn, 1950), pp. 419-442)

Leonard W. DoobLeonard W. Doob

La “objetividad” de Doob para la apreciación de las ideas de Goebbels queda completamente en entredicho cuando se sabe que el mismo se desempeñó durante la Segunda Guerra mundial como encargado de la OWI (United States Office of War Information) en Europa, una oficina creada por los Estados Unidos para el trabajo de contrainformación y propaganda cuyo propósito fundamental era precisamente el de operar como una máquina para la producción de materiales que aparentaran ser propaganda nazi para ser distribuidos en Alemania y en el resto de Europa durante todo aquel período. Un verdadero trabajo de guerra sucia llevado a cabo bajo la denominada modalidad de “ataque de bandera falsa” en la cual Doob se convirtió en todo un experto.

propaganda gringa en alemaniaPropaganda usada por los EEUU en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial – Leyenda: “Una nación, un gobierno, un líder, un canal de noticias… FOX News, el canal oficial de las noticias de la Patria” –

En síntesis, tanto el libro de Doob como la obvia subjetividad con la que debe haberse realizado la investigación en la cual se fundamenta, demuestran que el tan difundido manual de propaganda (más parecido a un panfleto anti-nazi que a ninguna otra cosa) jamás fue escrito por Goebbels, quien, como hombre sólidamente formado, como intelectual y como profesional, es evidente que jamás habría llegado a afirmar la sarta de barbaridades que en ese apócrifo documento se le atribuyen. Fue gracias a la libre interpretación del entonces agente de propaganda norteamericano que la frase del editorial “La materia de la peste” escrito por Goebbels en 1941 ( “… envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad”) pasó a ser la infame pero muy conveniente sentencia para los intereses políticos de los EEUU “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad“.

De hecho, Edward Bernays, verdadero inspirador de buena parte del trabajo de Doob en Europa, recogía en su famoso libro “Propaganda” publicado en 1928, mucho antes del ascenso del nacionalsocialismo alemán al poder, su visión de lo que él mismo había practicado desde 1917 en el uso de la propaganda como herramienta para la manipulación de las masas, en su condición de asesor de imagen del Presidente Wilson de los EEUU durante la primera Guerra Mundial, de la siguiente manera: “Fue, por supuesto, el éxito sin precedentes de la propaganda durante la guerra lo que les abrió los ojos  a los más perspicaces en los diferentes campos acerca de las posibilidades de disciplinar a la opinión pública […] La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo  de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar.” (Propaganda / L. W. Doob / 1928)

De lo cual se desprende sin lugar a dudas que no fue Goebbels en modo alguno el creador de los modelos de manipulación de los cuales es acusado por la propaganda occidental.

Pero mucho más allá de todo eso, está la intensa actividad llevada a cabo por el magnate de la prensa norteamericana William Randolph Hearst como asesor de Adolph Hitler desde antes de  la Segunda Guerra Mundial, en la manipulación de las noticias que llegaban tanto a Alemania como a Norteamérica desde Rusia para tratar de contener la expansión del comunismo en Europa, en lo cual Hearst aplicó a la más perfecta cabalidad todas y cada de las técnicas de guerra sucia que describe el manual que Leonard Doob redacta y le atribuye maliciosamente a Goebbels veinte años después.hearst_1hearst_2
–  Para atacar a Rusia, Hearst, padre del “amarillismo”, falseó en sus periódicos la realidad usando textos y fotos de sucesos que no se correspondían con lo que se decía en la noticia –

La suerte (buena o mala, según se aprecie de un ángulo o de otro) de Goebbels fue que su desempeño como Ministro de Propaganda coincidió con el surgimiento de un fenómeno nunca antes visto en la historia de la humanidad, como lo fue el nacimiento casi simultáneo de los grandes medios de comunicación que hoy la sociedad conoce, como el cine, la radio y la televisión, los cuales utilizó inteligentemente, tal como lo hacen hoy de manera intensiva todos los gobiernos del mundo con Internet y las llamadas Redes Sociales. Ese lógico aprovechamiento de la comunicación de masas al que se abocara el Ministro nazi, generó el desprecio de las potencias que desde entonces se vieron amenazadas con el inmenso poder de convencimiento que Goebbels podía tener usando los medios para decir la verdad de las ambiciones imperialistas y de dominación que esas potencias escondían tras su fachada de “libertadores” del mundo. Hoy esa verdad es completamente innegable.

LA VERDAD DE LA MENTIRA

Si bien es cierto que la discusión sobre la eficiencia o no de la mentira como herramienta comunicacional no puede aceptarse como resuelta, ni mucho menos el que haya habido por lo menos un mínimo freno en la persistencia de su uso indiscriminado tanto en la propaganda como en la publicidad, si lo es, definitivamente, el hecho irrefutable de la eficiencia de la verdad, entendida como “afirmaciones apoyadas en realidades constatables”, en el logro de credibilidad por parte del público.

Por eso la publicidad comercial suele apelar al uso de “pruebas científicas” para respaldar la calidad de los productos que se anuncian, o de infinidad de componentes pseudo químicos que garantizarían dicha calidad, como las supuestas “partículas de dimeticona que rechazan la caspa” del champú Head & Shoulder, de la empresa P&G, o la “brillolina” de sus ceras para pisos.

1956 Colgate Dental Cream
En 1956 Colgate anunciaba el inexistente componente GARDOL para proteger la dentadura

Pero, determinar cuál es la “verdad verdadera” en la formulación de la propuesta comunicacional, suele llevar a un espacio impreciso en el cual la ética es siempre un dilema difícil de resolver.

En el campo político, la solución del dilema ético en el uso de la mentira suele estar referida a si se cumplen o no las promesas que se hagan a los electores, en lo cual el nivel de formación o cultura del ciudadano será siempre determinante para establecer si se le informó correctamente sobre algo o, por lo menos, si hubo o no buena fe en la promesa.

Por eso para los sectores derechistas de la política, la educación masiva es un peligroso factor de perturbación. En el campo de la propaganda comercial, es decir, de la publicidad, la mentira, o la falta de “constatabilidad” de la promesa, es indefectiblemente pagada con el desprestigio de la marca y, por consiguiente, con la indisposición o rechazo a la recompra del producto anunciado.

Una cosa es proponer en un comercial publicitario “que el champú tal elimina la caspa porque está formulado con los más avanzados componentes químicos para el tratamiento del cabello“, por ejemplo, y otra muy distinta es ofrecer que “va usted a hacerse millonario o a cautivar a todas las damas hermosas que se le presenten en su camino si usa ese champú“. Para la publicidad sería muy fácil hacerlo, pero no lo hace (o por lo menos no con ese grado de descaro e irresponsabilidad), porque el interés no es vender su producto una sola vez sino siempre. Y si el consumidor se siente engañado en un primer momento, la segunda compra jamás se produce. El nivel ético que aparentemente se percibe en la publicidad no es otra cosa que el terror a caer en una guerra de medias verdades y mentiras nada veladas entre marcas y productos, en la que, de producirse, ni siquiera triunfaría quien tuviese mayor cantidad de exposición en los medios, valga decir, mayor cantidad de dinero, porque ante una vorágine de descréditos y acusaciones mutuas entre marcas y productos, el desprestigio, más allá de la inevitable afectación a todos ellos en su conjunto, sería inexorable incluso para los medios de comunicación en sí mismos, generándose así una verdadera hecatombe en la industria publicitaria… la base de sustentación actual del capitalismo.

Por eso cualquier gerente de marca debe saber que hasta el más insignificante detergente debe basar sus aspiraciones de vida, en la veracidad o “verificabilidad” de su promesa. Su justificación deberá ser siempre el resultado de complejísimos procesos de análisis de mercados y estudios de gustos y preferencias del consumidor, porque es la única fórmula segura que la empresa privada ha encontrado conveniente, después de décadas de investigación y de incontables recursos invertidos, para sobrevivir al acoso de su propia competencia.

EL FRACASO DE LA MENTIRA

En Venezuela el fracaso de la oposición al gobierno del presidente Hugo Chávez, y ahora al gobierno del Presidente Nicolás Maduro, apoyada como nunca antes se había visto en el gran poder de los medios de comunicación, es un ejemplo más que fehaciente de cómo la mentira no es el camino correcto para convencer a la audiencia, en este caso, al elector. La oposición no presenta una propuesta alternativa desde el punto de vista político o ideológico, sino que centra su discurso en una permanente guerra de infamias y descalificaciones infundadas, dirigidas a crear escepticismo o pérdida de credibilidad en el chavismo. Apoyar el mensaje de una propuesta política en la afirmación antojadiza de verdades inexistentes referidas al gobierno al cual esa propuesta se opone, atenta contra los principios elementales de la buena propaganda.

Pero más allá de eso, es que un proceso basado en tan errada estrategia indefectiblemente se revierte porque, como lo afirmaba Goebbels en 1934 y tal como ha quedado demostrado a través del desarrollo de la publicidad, la gente tiende siempre a constatar la veracidad de cuanto se le vende como cierto. Sostener, por ejemplo, que un país en el que se han producido en un mismo periodo más elecciones que ninguna otra nación del planeta, donde la libertad de expresión es tan amplia que los más importantes medios de comunicación, en manos de los sectores contra revolucionarios y ultra derechistas del país, se encuentran al frente de las acciones que promueven abiertamente el asalto al poder por la vía del golpe de Estado, sería una “dictadura” regentada por un tirano, es un verdadero exabrupto.

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Opositora venezolana protesta por la supuesta “crisis económica” montada en su vehículo de lujo último modelo

Afirmar que existe un régimen totalitario en un país en el que se acusa al gobierno de represor a través de todos medios radioeléctricos impresos disponibles y con el mayor despliegue de espacios de información y de opinión, sin que se produzca por ello represión alguna, es definitivamente una insensatez que tarde o temprano hará derrumbar la credibilidad de quien acuse sobre tan insustanciales bases, porque ello, además de improductivo desde el punto de vista comunicacional, evidencia un profundo irrespeto y una clara ofensa a la inteligencia del espectador promedio. Tal como le ha sucedido a la oposición venezolana.

Obviamente utilizaron a los más improvisados e ineptos asesores de imagen en la formulación de su estrategia. Pensaron que en la descomunal profusión del fácil mensaje que puede construirse con base en mentiras bien estudiadas, habría un éxito que jamás estuvieron ni cerca de obtener. Pero insistieron en ello.

Pretendieron acuñar de manera terca y recurrente la idea descabellada según la cual mientras más posibilidades tenían de expresarse con la más entera libertad, mayor radicalización habría de la supuesta dictadura que con mentiras denunciaban, ilusionándose ingenuamente con lo que ellos creyeron siempre era cada vez un mayor acercamiento a la caída del régimen, cuando en realidad, los resultados electorales, las encuestas y el pueblo chavista en la calle demostraban inequívocamente todo lo contrario.

Nadie en la oposición ha sabido responder hasta hoy por qué, constituyendo ellos el sector con mayor exposición en los medios de comunicación antes y después del triunfo de Chávez, fueron los protagonistas de tan desastrosa caída en el favor de la opinión pública en las elecciones de 1998 como en todas las sucesivas. Cualquier gerente versado de marcas habría visto en eso los severos efectos de una muy torpe y errada estrategia comunicacional, cuya constante fue siempre el uso indiscriminado de “la mentira” como instrumento de aproximación al elector. Entonces ¿por qué  habría de resultar hoy una estrategia comunicacional fundamentada en los mismos irresponsables parámetros de entonces?

La respuesta a esto está en el fenómeno que fue Chávez desde el punto de vista de su mantenimiento en los más altos niveles de popularidad a lo largo de toda su vida pública, según la medición no solo de los resultados electorales de más de 15 elecciones en las que resultó triunfante, sino de todas las encuestas de opinión durante casi 13 años; Debatió ideas y no mentiras, aferrándose siempre a la verdad.

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-Hugo Rafael Chávez Frías, El Comandante Eterno –

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Publicado inicialmente en la Revista Question/Abril de 2003 y revisado por el autor en abril de 2014.

¡Venezuela hasta en la sopa!

Por: Jorge Armesto

Tengo que reconocer con vergüenza que yo era uno de tantos españoles que no tenía ni remota idea de la historia de Venezuela. En fin, seamos sinceros, ¿para qué andarnos con tonterías? Ni de Venezuela ni de América Latina en general. Veo una pirámide y yo que sé si es inca o maya. ¿Bolivar? Un indio que nos quitó las tierras. ¿San Martín? Un cura o algo así que sale en el tango Cambalache que cantaba Malevaje. Confundo en el mapa Paraguay y Uruguay. Y Honduras, Panamá, Nicaragua y todos esos…para qué voy a contar. Así todo.

Pero gracias a la prensa española y, especialmente, a El País y su periódico hermano El Mundo, mi burricie empieza a desvanecerse. Cierto es que sobre el resto del continente sigo sin tener ni puta idea pero, ¡ah! ¡Sobre Venezuela! Sobre Venezuela me estoy convirtiendo en una autoridad. No tengo tanto mérito. ¿Y quién no? Hasta el más tonto escribiría una tesis. En la tasca más humilde, los cuatro que juegan al dominó podrían impartir en cualquier parte del mundo una cátedra de estudios venezolanos. Tal es el inabarcable caudal de conocimientos en el que nos han sumergido los periódicos españoles. De hecho, cuando leo estos didácticos artículos empiezo a pensar que son los pobres venezolanos quienes no saben nada de su país en comparación con los españoles. Incluso me aventuro a afirmar que está pronto el día en que los españoles sepan más de Venezuela que de la propia España. Si es que ese día no ha llegado ya.

Qué tiempos aquellos en que vivíamos en la más triste ignorancia sobre nuestro país hermano. A finales de los 80 el gobierno de Carlos Andrés Pérez le entregó el país al FMI. Las medidas “liberalizadoras” trajeron consigo privatización de empresas públicas, congelación de salarios, disminución del gasto público y aumento del precio de productos básicos. Una música conocida. El resultado del empobrecimiento masivo de la población fue el “caracazo”, una revuelta popular que la democracia de Carlos Andrés sofocó provocando una masacre de cerca de 3.500 muertos. En 1996, tras siete años de políticas “reformistas” y según cálculos del Banco Central de Venezuela, el índice de pobreza general era del 54,86% y el de pobreza extrema, el 30,98%. En 2009, tras diez años de gobierno de Hugo Chávez, la pobreza extrema estaba en el 7,20% y la pobreza general en el 28,50% El desempleo en 1999 rondaba el 15%. Diez años después se había reducido a la mitad. Igual reducción que tuvo la mortalidad infantil ¿Pero cómo íbamos a saber algo de esto? Entonces teníamos en España una prensa insensible, eurocéntrica y muy poco atraída por los avatares y desventuras de nuestros hermanos venezolanos. Nada que ver con la actual, cosmopolita y global.

Por supuesto, tampoco entonces nos contaron los turbios asuntillos de Felipe González y Carlos Andrés Pérez (condenado por malversación y prófugo de la justicia, murió millonario en Miami) con su amiguito el aún más multimillonario venezolano Gustavo Cisneros. Ni nos enteramos mucho de quién demonios era este tío cuyo nombre oímos por primera vez en aquellos tiempos en que el gobierno del PSOE saneó y reflotó Galerías Preciados gastando 48.000 millones de dinero público. Luego vendió la cadena por 1.500 millones al Grupo Cisneros quien, a su vez, la revendió por 30.000 a unos inversores ingleses. Resultado de la operación: -48.000 millones para nosotros +28.500 millones para Cisneros en un abrir y cerrar de ojos. Para los que crean que el PP innova: todo está inventado. La única diferencia es que antes se robaba en pesetas y ahora en euros.

Aquella prensa provinciana tampoco mencionaba que ese mismo Gustavo Cisneros era y es el propietario casi en régimen de monopolio de la mayoría de los medios de comunicación venezolanos que, desde 1999, cuando perdió el poder su compañero de negocios, se declararon ferozmente hostiles al gobierno de Chávez. Esos mismos medios que, aunque constantemente se quejan por la falta de libertad de prensa, participaron activamente en el golpe de estado contra Chávez en 2002 auspiciado por, ¡oh! ¡sorpresa!, José María Aznar. En las horas que los golpistas creyeron triunfar declararon su agradecimiento público a las emisoras de Cisneros. Tampoco El País informaba mucho acerca de que el grupo PRISA era accionista junto a Cisneros de algunas de esas emisoras. Con respecto a la participación de Aznar como uno de los promotores del golpe, El País zanjó el asunto diciendo que “quedó sin aclarar”.

Por suerte para todos, esos tiempos de oscurantismo e ignorancia han pasado a la historia. Y en España de hoy no hay día, y digo bien, ni un solo día, en que las cabeceras más importantes no nos revelen nítidamente la mierda de país que es Venezuela y la permanente desgracia en la que viven sus ciudadanos. Hace algunos meses escribí en estas mismas páginas un artículo sobre la línea editorial de El País con respecto a Podemos. Entonces la campaña de insidias aún estaba empezando y la consulta en la hemeroteca era sencilla. Compadezco al pobre desgraciado que hoy tenga que hacer la misma recopilación. No quiero ni imaginar lo que sería bucear en más de una década de mendacidades de la hemeroteca española sobre Venezuela. Esto desanima al más pintado. Dejo para otros esa gloria. Yo soy un vago y me conformo con mirar simplemente lo que publican en la última semana. Total, para qué más.

Pese a todos los esfuerzos pedagógicos de la prensa española reconozco que mi conocimiento de la realidad política latinoamericana –con la salvedad de Venezuela– es bastante exiguo. Valentín Paniagua, Jorge Battle, Ronald Venetiaan, Bharrat Hagdeo, Lucio Gutiérrez, Sebastián Piñera, Alfredo Palacio, Tabaré Vázquez, Eduardo Rodríguez Veltzé, Federico Franco, Fernando Lugo, Ollanta Humala….¿alguien sabe quién es esta peña? Pues jefes de estado sudamericanos de los últimos 15 años. Quién lo diría, eh. Ni me suenan. Sin embargo, de Nicolás Maduro me sé hasta su talla de calcetines. El Mundo nos dice el día 2 de enero que su popularidad ha descendido hasta el 22%. ¿Poco o mucho? Si lo comparamos con la que tenía Hugo Chávez antes de enfermar, cercana al 60%, poco. Pero si la comparamos con la de Mariano Rajoy, que no llega ni al 14%, tampoco está tan mal. Claro que Rajoy, a pesar de no ser chavista, comparte el record con Hollande de ser el dirigente peor valorado del mundo por sus conciudadanos.

Antes, el 30 de diciembre, El País y El Mundo se escandalizaron por la renovación de algunos miembros del Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Superior de Justicia de Venezuela. Aunque del funcionamiento del resto de países sudamericanos no sabemos ni palabra, largos artículos hablan sobre estas instituciones venezolanas, así como la Contraloría y la Defensoría del Pueblo. Por otra parte, nada que no supiese ya cualquier venezuelólogo avezado. ¿Y no resulta que han metido a unos chavistas en estas instituciones? ¡Qué escándalo! En la nación en la que PP y PSOE nombran a los miembros del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial, y estos a su vez nombran a los Magistrados del Tribunal Supremo y a los Presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia, la desvergüenza chavista resulta indignante.

El mismo día 30 El País nos dice que Venezuela es “el segundo país más peligroso del mundo”. ¿Más que Siria? ¿Más que Iraq? No. Se refiere a la tasa de homicidios. Uno se pregunta: ¿Y no se merecería el titular el que va de primero? Los hondureños, que son líderes, no salen ni en la entradilla.

Lo cierto es que Venezuela es un lugar espantoso para vivir: Si ayer nos enteramos nada menos de que han subido los peajes de las autovías, hace menos de una semana descubrimos espantados que había cerrado una famosa heladería. Hacían helados de garbanzos, spaguetti y hasta de cebolla. Un drama. El día 31 de diciembre El País nos dice que Venezuela está en recesión. En otro artículo aparece como un títere de ..¡Cuba!Y es que los tontainas chavistas son más castristas que los propios castristas. Ya en enero, el día 2 El País augura que el país sudamericano será uno de “los perdedores” de 2015 mientras que el 4 le dedica el editorial “El drama venezolano”. El mismo día Maduro está “en la cuerda floja” dos veces. La primera en “El mundo en 2015” y la segunda en el artículo de Bastenier “Cuatro funambulistas en la cuerda floja”. Al menos Maduro tiene el consuelo de que también Putin comparte funambulismo en ambos textos.

El 4 de enero es el “Día de Venezuela” para El País y en otro artículo describe a Maduro como otro “tirano del oro negro” junto a los tiranos de Arabia Saudí, Rusia e Irán. El articulista se cuida muy mucho de distinguirlos de las “democracias petroleras”, esto es México y Brasil. Por cierto que, con respecto a México, no resulta tan fácil encontrar noticias sobre su situación política y la emergencia de MORENA, un partido surgido de los movimientos sociales, que amenaza el bipartidismo corrupto. ¿De qué nos suena esto? Sin embargo la prensa española se cuida muy mucho de hablar de estos asuntos.

El día 5 El País nos cuenta quién gana o pierde con la apreciación del dólar.¿Adivinamos quién palma? Sí, amigos, Venezuela. El mismo día se nos dice también quién pierde con el petróleo barato. Sorpresa: otra vez Venezuela. ¿Y quién más? Rusia y Cuba. Cuba, la pobre, que no tiene petróleo, pierde de rebote. De las dictaduras del Golfo Pérsico, ni palabra. Es de suponer que están que tiran cohetes. El articulista dice que Maduro ha redoblado sus ataques frente “a los que le critican”. Y por si su postura no nos resultase obvia añade: “como yo”. El mismo día 5 nos enteramos de queVenezuela acude a China para pedir créditos y el día 6 es El Mundo el que nos cuenta las “siete plagas de Maduro”. También el 6 sabemos que Ecuador negocia créditos en China. La diferencia de titular es elocuente: Maduro “busca alivio para la crisis” en tanto que Correa “logra 6.300 millones en créditos”. Unos villanos, otros héroes.

En fin, Venezuela hasta en la sopa. Todo esto únicamente en una semana. Es fácil imaginar lo que nos espera en el año de emergencia de Podemos. Pero, ¿por qué ser desconfiados? También podemos imaginar un futuro en el que los ciudadanos seamos iluminados por esta prensa abierta, universal y con tanta sensibilidad hacia países distintos. En que seamos ilustrados por esta prensa que nos eleva al cosmopolitismo desde la burrez cateta en que ahora vivimos. Quizá llegue el día en que se nos cuente que en Papúa Guinea han subido los peajes. O que en Eslovaquia cerró una heladería. Qué precioso reportaje. Queremos conocer esos pequeños dramas que nos pasan desapercibidos. ¿Montenegro pide un crédito a China? Necesitamos saberlo. ¿Qué tal le irá el 2015 a Moldavia y Polonia? ¿A quién han elegido para el Consejo Electoral de Yibuti? Todo nos interesa, ciudadanos planetarios. Empezaron a educarnos con Venezuela porque con alguno había que empezar. ¿Qué otra razón iban a tener?

A fin de cuentas, hombre soy, y nada de lo venezolano me es ajeno.

Tomado de: Prensa Web RNV

Noticias24 intenta manipular de manera grotesca declaración de Alberto Aranguibel

mentira noticias24

El analista político Alberto Aranguibel es objeto hoy (30 de noviembre de 2012) de una aviesa manipulación por parte del portal Noticias24, el cual trata de hacer ver que el comunicador habría reconocido en una entrevista concedida al canal de televisión carabobeño DatTV el día 29 de este mes algún tipo de deficiencia o mala gestión del gobierno del Comandante Hugo Chávez, titulando la reseña de la entrevista “La gente está reclamando mejores gestiones, lo que se ha hecho hasta ahora ha demorado” cuando en realidad se refería (como puede constatarse en el video) a las diferencias entre el modelo capitalista “que no transforma nada y el modelo socialista que sí transforma, como lo está haciendo en el país la revolución bolivariana“.
Como introducción de la idea, Aranguibel razona en el programa “Dígalo Usted” que “El Comandante está proponiendo una transformación que sea cada vez más rápida (toda vez que) efectivamente, la gente está reclamando mejores gestiones (regionales) porque en algunos casos lo que se ha hecho hasta ahora ha demorado mucho más tiempo de lo que la gente esperaba, en otros ha tenido que construirse el piso para permitir las diferentes etapas, que se vayan superando para poder llegar a ellas (a la concreción de las obras de cada gobierno regional en particular)”. Tal como lo explicó de inmediato el analista, hay que comprender que “no se trata de una gestión de gobierno sino de una propuesta de transformación del Estado, del modelo de sociedad… y eso tiene un ritmo completamente distinto a cuando tú gobiernas sin transformar nada“.
Este cuestionado medio de información por internet al servicio de los intereses de la derecha más ultra reaccionaria nacional e internacional, expresa así una vez más su carácter inmoral y pestilente en el tratamiento de la noticia, con lo cual se explica el creciente repudio de la población a ese tipo de instrumentos de desinformación y manipulación.

Semiótica del “Autobús del progreso”


Por: Fernando Buen Abad Domínguez
http://fbuenabad.blogspost.cpm

Ninguna metáfora, en la propaganda política, es inocente. Cobran, palabra por palabra, los especialistas burgueses del diseño de “ingeniería de imagen”. En sus cálculos mercadológicos nada se libra al azar. Ellos saben que están en juego, lo que entienden por negociados millonarios y se devanan lo sesos hasta encontrar la “frase feliz” que aglutine las intenciones que confiesan, y también las inconfesables. Los llaman “eslogan”

En la moral de los propagandistas burgueses anida la idea de que “todo vale”. Sus enunciados son “Caballo de Troya” de donde desembarca, voluntariosa, la ideología de la clase dominante. Eso soñaron los inventores del “Autobús del progreso” pero la lógica les revienta en la cara una burrada descomunal: el pueblo no puede ser tratado como un “pasajero” al que se puede bajar de ese autobús luego de cruzar la meta electoral y comience a estorbar al “chofer” oligarca. La metáfora del “Autobús del progreso”, en boca de la política más regresiva que Venezuela haya escuchado es, simplemente, un suicidio propagandístico.

No analizaron, simplemente les “sonó bonito” y firmaron el cheque millonario que le pagan a las agencias de publicidad, sus siempre dudosas estrategias de campaña. Resulta que el “Autobús del progreso” se mueve con el combustible de la corrupción más rancia y que transporta paquetitos de billetes y paquetazos neoliberales. Derechito al infierno. Ahora todos quieren bajarse de ese “autobús”, cuanto antes, porque el propio “capitán” de la nave naufraga en saliva infectada por contradicciones y mentiras. Su progreso demostró, rápidamente, ser un regreso. Exactamente a lo peor que ha padecido el pueblo venezolano.

Hoy el concepto “progreso” en su sentido económico, social y político… es exactamente lo contrario al pensamiento de los oligarcas y a la práctica concreta de capitalismo. Cuando el mundo se cae a pedazos por la obra regresiva y depredadora del capitalismo contra los ecosistemas, contra los seres humanos, contra las relaciones sociales y contra el futuro mismo de la humanidad… la muy paupérrima inteligencia propagandística de la derecha venezolana trata de engañar a los electores con palabrería de “progresista” burgués y paquetazos neoliberales proyanquis de lo más retardatarios. Su “autobús” va de reversa derechito a las cavernas.

Hace 100 años, probablemente, la promesa de “progreso” en abstracto tenía efecto en pueblos que no conocían aún el desarrollo tecnológico. En plena era de internet y luego de haber construido una transición firme al socialismo, con elecciones cristalinas y con la memoria de abril tatuada en el corazón de la patria, al pueblo venezolano no se le engaña con el “progreso” burgués, responsable, por cierto, del peor armamentismo belicista, la contaminación más destructiva, la represión y los asesinatos más tecnificados y las máquinas de guerra ideológica más humillantes. El pueblo no es “pasajero”.