La falsa promesa de la tierra prometida

– Publicado en el Correo del Orinoco el 20 de abril de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

El norte es una quimera, qué atrocidad, y dicen que allá se vive como un pachá” Luis Fragachán

Por lo general, la teoría política asume que la razón definitiva de los imperios es la sed de dominación de unas naciones sobre otras no solo por vía de la fuerza sino mediante el sometimiento religioso, cultural, económico o político. Por eso el expansionismo territorial ha sido siempre factor indispensable para la realización de cualquiera de las formas de imperialismo.

La misma tesis leninista que define al imperialismo como fase superior del capitalismo (la voraz expansión de los grandes consorcios hasta abarcar la totalidad de los mercados para someter y rendir las economías del mundo a sus particulares intereses económicos), termina por ser una aceptación de la propuesta que coloca al imperio como una entidad de poder supeditado principalmente a la necesidad imprescindible de la dominación territorial. Sin lo uno no es posible lo otro.

Pero el expansionismo resulta demasiado oneroso ya no solo por los costos de la estructura de ocupación sino por lo que representaría sufragar el desarrollo de las naciones bajo su control hegemónico. De ahí que su naturaleza sea eminentemente saqueadora. Y de ahí el repudio que obtienen siempre de los pueblos.

El imperio otomano, por ejemplo, que en la cúspide de su poder en el siglo XVII se extendía sobre más de cincuenta y cinco millones y medio de kilómetros cuadrados, ejercía su dominio sobre remotos territorios a los cuales, en muchos casos, les respetaba un alto grado de autonomía administrativa siempre y cuando ello no contraviniera la subordinación al imperio ni el tributo de impuestos que a este le debían. Lo económico era lo más importante, pero lo territorial era determinante por la fortaleza que aseguraba en la obtención de recursos naturales, fuerza laboral a bajo costo y capacidad de desmovilización enemiga en una vasta periferia.

Quienes argumentan la inevitabilidad de las rebeliones populares contra la dominación, debaten con quienes sostienen que la inviabilidad económica es lo que termina por hacer insostenible la inmensa carga financiera del imperio, así como con quienes afirman que su incapacidad para la actualización del conocimiento, la negación de la ciencia y la tecnología como instrumentos del desarrollo, sería la causa definitiva de su declive y posterior extinción.

En todo caso, el imperio más poderoso será aquel que controle de mejor manera todas esas variables bajo una misma premisa de orientación estrictamente hegemónica. Al decir de Gramsci, su sostenibilidad derivará de la ilusión de bienestar (desmovilización social) que a través de las herramientas del conocimiento (cultura, educación y religión) le imponga al pueblo el poderío fáctico del imperio.

Por eso el imperio norteamericano necesita una poderosa fachada de deslumbrante ilusionismo que contenga las aspiraciones emancipadoras del pueblo. Hollywood es la herramienta para el desarrollo intensivo de esa ilusión, cuyo propósito no es solo el de inhibir la naturaleza revolucionaria de las fuerzas sociales, sino el de reducir las barreras de soberanía de las naciones susceptibles de la dominación imperial.

Hoy en día todo aquel que sea presa del discurso alienante del imperio verá a los Estados Unidos como la tierra prometida y en función de eso orientará su aspiración de vida. El fomento de una cultura apátrida entre los pueblos de vocación nacionalista, procura la eliminación de esas barreras de soberanía que impiden el acceso expedito de las grandes corporaciones transnacionales a los países de economías emergentes, a la vez que tiende a acabar con la diversidad ideológica, religiosa, cultural y política que obstaculizan el avances de los imperios.

Los superhéroes son los dioses contemporáneos que con su encanto y destrezas todopoderosas rinden cada vez más a sus pies al mundo entero ya no como vetustas deidades envueltas en sábanas celestiales sino encantadores adonis enfundados en sugestivos trajes multicolores de titanio y grafeno templado. Los marines, como los ángeles, son los ayudantes de Dios en la salvación de aquellos que necesitan auxilio. Y los hijos de Dios en la tierra, cuya finalidad es traer a los mortales el mensaje de la buena nueva, están ahora en las listas de millonarios que año tras año la revista Forbes publica para dar a conocer los nombres de las figuras más poderosas del mundo capitalista.

El estilo de vida de los ricos y famosos se vende a través de las pantallas como el paraíso terrenal que solamente existe en los inexpugnables linderos del imperio norteamericano (el departamento de inmigración), al cual se puede acceder eventualmente si, y solo si, se cumple el mandato del buen comportamiento que las leyes sagradas (el comunismo como fruta prohibida) estipulan. Una franquicia internacional de televisión funge de purgatorio para alcanzar el cielo si se le responden quince preguntas a un arcángel (el moderador de “Who Want to be a millionaire”), con lo cual resultará siempre que, por culpa de su ignorancia, el pueblo no podrá ser jamás hijo de Dios, porque hijo de Dios no es cualquiera. Idea medular en el propósito desmovilizador que inoculan desde siempre en la mente de la gente el contenido mediático y la cultura occidental burguesa en general (“Rebelión en la granja”, es un claro ejemplo de esto).

En la vida real, el imperio es otra cosa. El designio profético que le otorga el atributo de la dominación del mundo no resuelve las inconsistencias ni los cabos sueltos que los imperios han terminado por temer siempre a lo largo de la historia. Ni la tesis del Destino Manifiesto ni la doctrina Monroe, como ningún otro postulado imperialista norteamericano, explican en qué radica la necesidad de erigir a los Estados Unidos en imperio. Se postulan en cada caso la causa de la libertad (en abstracto) como razón esencial del compromiso de lucha más allá de sus fronteras, así como la supuesta preservación de la seguridad nacional para ello. Pero en modo alguno se desarrolla desde el punto de vista filosófico o político por qué esa lucha debe librarse desde la condición imperial.

No se explica tampoco por qué, si los Estados Unidos es la tierra por excelencia de las oportunidades, la lista de millonarios más acaudalados de esa nación es la misma desde hace más de un cuarto de siglo. De ese grupo, solo uno, el dueño de la red social Facebook (cuyo salario anual es de cien mil millones de dólares), es menor de cuarenta años. El resto (al frente de los cuales se encuentra desde 1985 el magnate del software Bill Gates) promedia una edad de setenta y cinco años. Warren Buffett, con un patrimonio personal de 72.700 millones de dólares en su haber, celebrará este año sus primeros ochenta y cinco años de edad. A ese ritmo, incluyendo solamente a los 318.582.000 habitantes que constituyen la población norteamericana en la actualidad, habría que esperar cerca de 6.400 años para satisfacer la aspiración de cada uno de ellos a alcanzar ese privilegiado sitial.

En términos absolutos, la promesa de la supremacía no le sirve a la inmensa mayoría de los norteamericanos, quienes de acuerdo al informe para 2014 del Programa Mundial de la ONU para la Alimentación (FAO), padecen el hambre infantil más aguda del continente. Ni tampoco a los cientos de miles que sobreviven a la miseria amparados por deplorables programas de comida para indigentes, que rechazan la creciente e indetenible discriminación racial que día a día llena de luto a hogares humildes de ese país, o a los cientos de ellos que incrementan anualmente las cifras de renuncias a la nacionalidad estadounidense.

Tal es el caso de Quincy Davies, quien relataba en 2014 su experiencia en Taiwan luego de renunciar a su nacionalidad. “Cuando pienso lo que yo era como un hombre negro en Estados Unidos me doy cuenta que no tuve oportunidades”, dice. “A uno lo discriminan en Estados Unidos. Pero aquí (en Taiwán) la gente es muy amable, te invitan a su casa, son muy cálidos… No hay delito, no hay armas. No me queda más remedio que adorar este país”. (1)

La nueva realidad de un mundo contestatario que no cree ya en la falsa promesa de la tierra prometida, como vimos en la Cumbre de las Américas, ha comenzado a hacerle ver a ese imperio decadente que su final está cada vez más cerca.

(1) 20Minutos

@SoyAranguibel

Las listas del fracaso

– Publicado en el Correo del Orinoco el 09 de marzo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena; me alegro que así sea. Que no pido nada para ellos, pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.”
Ernesto Che Guevara

La mezquindad, como base fundamental de la filosofía capitalista, es el rasgo de la conducta humana que más allá de toda teoría economicista o social determina la naturaleza salvaje y brutal del capitalismo.

La indiferencia hacia el padecimiento de la gente que de forma doctrinaria se ejerce en el capitalismo, argumentada bajo la inmoral premisa según la cual la riqueza surge del trabajo individual y en virtud de ello debe pertenecer solo a aquel que la forja con su esfuerzo propio, es la más viva expresión de una cultura del egoísmo como norma de conducta cuya traducción esencial es el desprecio a toda noción de solidaridad o de desprendimiento, es decir; de comunidad y hasta de sociedad en términos generales. El socialismo es así un concepto repudiado por el capitalista, no tanto por su naturaleza contra hegemónica en función de la propiedad de los medios de producción, sino por el carácter igualitario del modelo.

Desde los orígenes mismos de las sociedades organizadas, la idea de la supremacía de unos individuos sobre otros ha estado presente a lo largo de la historia. El afán por imponer la desigualdad se ha expresado siempre de una u otra manera, a veces en formas crudas y violentas, como las guerras, y en otros casos en forma de búsquedas del supuesto engrandecimiento del ser humano, como propone la idea de fondo de las competencias deportivas.

Contrario a lo que se predica desde el ámbito del quehacer deportivo, la competencia no es sino un mecanismo más de desmovilización de la sociedad, que a partir de esa sed de superación individual inoculada al ser humano a través de la historia busca inhibir la naturaleza gregaria del hombre y evitar así el surgimiento de las ideas de organización social que tanto teme la hegemonía burguesa dominante. En la idea de la rivalidad subyace el mensaje persistente de la segregación según el cual solo algunos pocos en la sociedad son los aptos para las tareas más arduas y complejas. De entre esos aptos, solo uno será siempre el campeón absoluto.

Llegar de primero ha sido el reto que ha impulsado durante siglos la voluntad de crecimiento del hombre en las categorías más infinitas e inimaginables. La más intensa y contante ha sido sin lugar a dudas la de acumular cada vez más mayor riqueza. En ello, como en el deporte, la sociedad será solo espectadora pasiva de las contiendas. Su único rol será el de consumidor.

Los aptos serán mostrados a la sociedad mediante listas de desempeño en las que se establecerá la grandeza de cada uno de ellos de acuerdo a su posición en las mismas. La revista norteamericana Forbes, por ejemplo, se especializa en esa tarea de mantener al día las listas de los millonarios más acaudalados del mundo año tras año. La exposición mediática imprime valor al rol que como multimillonario se alcance mediante su actuación como capitalista destacado, porque es a través de la admiración que la sociedad sienta por esos acaudalados como vale la pena competir para desplazar al resto, toda vez que la inmensa fortuna que cada uno de ellos posee, ni por muy botaratas o despilfarradores que fuesen, no es imprescindible a partir de unos cuantos cientos (o incluso miles) de millones de dólares para asegurar ni la vida ni el confort más grande con el que se desee vivirla. Ni la suya individualmente ni la de su familia y su heredad en pleno.

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En esa lista acaba de aparecer este año (2015) un grupo de prominentes empresarios venezolanos, cuyas inmensas fortunas desbordan todo lo imaginable. El señor Gustavo Cisneros, de 69 años, dueño de uno de los emporios empresariales más grandes del país, que incluye fabricación de productos de consumo masivo y medios de comunicación, con un total de 3.6 millardos de dólares de riqueza personal. Le siguen el banquero Juan Carlos Escotet, de 55 años, con un caudal personal de 3.3 millardos de dólares en su haber y Lorenzo Mendoza, propietario del más grande consorcio empresarial del país, las empresas Polar, con una fortuna personal de 2.7 millardos de dólares.

Las cifras, además de la obscena codicia que expresan, sobre todo en el caso del fabricante de cervezas y productos alimenticios, que vive argumentando asfixia financiera para producir la harina de maíz que el pueblo demanda, demuestran de manera innegable e incontrovertible que en Venezuela no existe ninguna crisis económica en modo alguno que no sea la que busca tratar de saciar la voracidad de divisas de un sector privado miserable que no se cansa de especular para acumular cada vez más mayores fortunas, como esa de los laboratorios farmacéuticos a quienes se les ha demostrado esta misma semana su participación directa en el desabastecimiento inducido de medicinas en el país mediante la utilización de la enorme cantidad de divisas que les ha sido entregada por el Estado no para importar medicamentos sino para inyectarlos al mercado paralelo generando el descontento popular a la vez que amasan cada vez una mayor cantidad de dinero.

Pero demuestran también, y eso quizás es lo más importante para las venezolanas y venezolanos que están padeciendo hoy la infamia de la guerra mediática que quiere acabar con la revolución bolivariana acusando de ladrones a los dirigentes de la revolución bolivariana, que quienes están haciendo más dinero hoy en Venezuela son los mismos que se quejan a través de esa guerra mediática de una supuesta imposibilidad para el desempeño del capital privado en el país.

Ni en la lista de Forbes ni en ninguna otra aparecen registrados ni Diosdado Cabello ni ningún otro dirigente o funcionario del gobierno bolivariano como tanto han querido hacer ver los sectores de la derecha que hoy conspiran contra la democracia venezolana con base en la falsedad de acusaciones infundadas y calumniosas contra los hijos de Chávez. Desconocen que a los revolucionarios no los mueve el afán del dinero, porque al revolucionario lo inspira el deseo impostergable de la justicia social y no la mezquindad o el egoísmo en el que se funda el capitalismo y por eso fracasan en su estúpido intento de descalificación.

Mientras esos sectores acusan sin prueba alguna que soporte sus absurdos alegatos, lo que aparece cada vez más ante la opinión pública son las evidencias irrefutables de los muchísimos hechos de corrupción en los que están incursos los dirigentes de la oposición, como ha podido constatar el país de manera reiterada y recurrente a través de videos, llamadas telefónicas, cheques impresos, fotografías, y un sinnúmero de pruebas que dan cuenta del carácter corrupto y delincuencial de esa derecha inmoral e inescrupulosa que hoy, asociada a los más perversos y miserables sectores del capitalismo especulador nacional y transnacional, pretenden hacerse arbitrariamente del poder para reinstaurar el modelo neoliberal en el país.

Algo así como lo que les acaba de pasar con el escandaloso affaire internacional que intentaron montar con una lista de depositantes venezolanos que un empleado de un importante banco suizo, el HSBC, filtró a la prensa mundial, y que la derecha quiso usar como prueba definitiva del supuesto pillaje de la dirigencia revolucionaria venezolana. El resultado no pudo ser más trágico para el antichavismo nacional e internacional; en la lista solo aparecieron un locutor de televisión (empleado de Gustavo Cisneros), un dirigente de Acción Democrática, partido integrante de la llamada MUD, varias figuras destacadas de la organización antichavista Gente del Petróleo, y una gran cantidad de personas pertenecientes a varias de las más renombradas familias de la alta burguesía venezolana, de La Lagunita y del Country Club, ninguno de los cuales puede ser señalado en modo alguno de chavista o de izquierdista siquiera.

La inefable lista del HSBC, pasará a la historia sin lugar a dudas como el más duro golpe que durante mucho tiempo se habrá dado a sí misma la contrarrevolución y el antichavismo en su empeño por acabar con el sueño de Chávez. Un verdadero tiro por la culata que hizo quedar en ridículo a los más encumbrados estrategas de la guerra de cuarta generación desatada hoy contra la democracia venezolana, y que los coloca en el “pódium del fracaso” en el lugar que siempre les ha correspondido… ¡El primero de la lista!

@SoyAranguibel

No serás rey, Felipe (I y II)

Felipe VI

Por: Juan Carlos Monedero

I
El loco, decía Lacán, no es el desequilibrado mental que se cree rey, sino el rey que se cree rey. Ser rey en 2013 es como usar un calcetín para no preñar, creer que la luz eléctrica la enciende el diablo o darse con un látigo de cinco puntas en la espalda para que los pecados se blanqueen. Por eso las coronaciones o los matrimonios reales necesitan ser tan efectistas: tienen que compensar con oropel y maneras antiguas lo increíble del asunto. ¿Te acuerdas, Felipe, de tu boda y todo aquel gasto descomunal? Los reyes, además, tienen que llenar de brumas su pasado, para que no aparezca un puñal, un veneno, una traición, un matrimonio de conveniencia, un soborno, una matazón de campesinos. ¿Quién fue el primero de la saga? Reyes, dinastías, príncipes herederos, argumentos legitimistas… Pudo ser o no. Los borbones son un accidente. Viendo la historia, un desafortunado accidente. No es que los Habsburgo, vulgo Austrias, fueran mejores. Ni mucho menos. Pero los de la flor de lis, quizá por la cercanía, vienen frenando lo inteligente en la historia reciente desde, cuando menos, la Revolución Francesa. De Fernando VII, ni hablamos.

No queremos que seas rey, Felipe. Ya no son tiempos. Tu bisabuelo entendió que este pueblo ya no lo quería. Se marchó. Si se hubiera quedado, lo hubieran encarcelado. Pese a los intentos de la derecha de exonerarle de toda culpa. Tu padre, tú mismo, sois millonarios gracias al dinero heredado. (Lo de tu hermana se está discutiendo en sede judicial). Por decirlo amable. No heredáis solamente el derecho de convertirnos en súbditos. Siempre heredáis mucho dinero. Y luego lo sabéis mover muy bien. Por decirlo amable. Los republicanos somos amables. Sabemos que el futuro, de no mediar un apocalipsis nuclear, será republicano. Si hay catástrofe, habrá reyes. Otra razón para no quereros reinando. Nos da mal fario.

A tu padre lo nombró un dictador. Franco. A ti te nombró tu padre. Juan Carlos de Borbón. Siguiendo vuestras normas, le correspondía, por edad, a tu hermana Elena. No la dejasteis. Luego os molesta que el pueblo haga diferencias entre las personas listas y las personas tontas. Aunque viendo el comportamiento de la lista, más nos valdría que no lo fuera tanto. No hay momento en el que hayáis reinado en el que la inteligencia no os haya repudiado. Tantos siglos y no habéis dejado ni siquiera un buen libro escrito por alguno de vosotros, una sinfonía, un cuadro, una patente. A ti te pusieron en una ocasión a presentar una serie sobre la naturaleza. Tu padre ya se había bajado a unos cuantos elefantes, osos y demás animales con ojos lo suficientemente grandes como para estremecerte cuando les disparas. Bien lo sabías, pero te pusiste a darnos lecciones de respeto a la naturaleza. Siempre nos dais lecciones de lo que no hacéis. Como cuando tu padre nos habla el 24 de diciembre de la familia cristiana. De Corina, ni hablamos.

Como la iglesia, decís una cosa y hacéis otra. Hasta ecologista te han presentado. ¿Cuánta gente de la familia real está vinculada a consejos de administración de empresas altamente contaminantes? No podemos quereros. Es la voluntad de un pueblo. Necesitamos la República. La República en España es algo más que una forma de gobierno. Siempre lo hemos vinculado a un cambio de régimen lleno de simbolismo emancipador. En la historia de nuestro país, en ese mito de las dos Españas, invariablemente habéis estado en la misma. Una pequeñita donde siempre estaban también el grueso de los militares y los sacerdotes gruesos (es decir, todos), financiados por banqueros y por Santas Alianzas internacionales. También, claro, por ese pueblo abducido para vuestra causa por tener el verdugo en sus cabezas. Claro que al final hay gente de vuestro lado. Nos habéis llevado a misa a ostias y a hostias. También haciéndonos creer que los ricos también lloran o que podemos vivir vicariamente a través de vuestros palacios y vuestras fiestas. Hace más daño Salsa Rosa, el Hola y el confesionario que el Mein Kampf.

No serás rey, Felipe. Cuando estudiaste en Canadá, te dieron el premio al mejor compañero. Podrían haberte dado el de física, el de matemáticas, el de historia o el de redacción. Pero tuviste que venirte con el de mejor compañero. No haberlo recibido. Nos gustaría que fuera os celebraran por inteligentes o por solidarios, no por vuestro glamour aristocrático. Sabemos que después de los asesinatos de Al Qaeda en Atocha -qué lástima, tu padre podía haber salido a decir que no había sido ETA, pero se quedó callado, dando por buena la mentira del gobierno de Aznar y del candidato, entonces, Rajoy-, digo, después de aquella barbarie, anulaste tu luna de miel. Pero no fue verdad. Nos enteramos después de que te habías ido, en secreto, de viaje. En un avión sólo para vosotros, tus amigos -donde no hay noticia de que haya ningún trabajador-, al Caribe. Nos enteramos porque hubo un incidente en un aeropuerto en Estados Unidos. Dijiste que anulabas el viaje en solidaridad con el dolor que teníamos por los casi 200 muertos. Pero no te dolía, porque te fuiste a la playa a celebrar. Como Ana Botella con las muchachas muertas en el Madrid Arena, de las que informaba entre viaje y viaje a un balneario en Portugal. Sois la misma España. Una que no queremos. Una que necesitamos superar.

Fuiste hace poco a Caracas, a las exequias de Chávez. Escuché que te abucheaban. Te fuiste pronto. Ni siquiera te quedaste a la toma de posesión del Presidente electo, Nicolás Maduro. No tenías tampoco nada que charlar con Evo Morales, con Rafael Correa, con Cristina Fernández, con Mel Zelaya o Fernando Lugo. Esa gente ya no está en esa lógica de las Cumbres que se inventó Felipe González para hacer negocios con sus amigos. Vaya vaya con la “madre patria”.

Es cierto que nunca pedisteis disculpas por el “por qué no te callas”, ese tuteo autoritario de tu padre contra un Presidente electo. Nunca se contó bien esa historia. En aquella Cumbre, Aznar, nada más bajarse del avión, insultó, al pie de la escalera, a Chávez -qué gran Presidente fue Aznar, el corresponsable de la masacre de Irak-. Después de escuchar las declaraciones de Aznar, Chávez, enfadado, recordó la participación de nuestro gobierno en el golpe de Estado en Venezuela en abril de 2002. En el cierre, Zapatero, sin corresponderle la palabra, intervino, de nuevo para defender a Aznar y reprender al Presidente venezolano. Ahí es donde Chávez protestó. Y ahí es donde tu padre, quizá con una digestión pesada, saltó con esas maneras tan borbónicas. Ya ni siquiera ayudáis a una buena relación con América Latina. Por esto, tampoco puedes ser rey, Felipe.No serás rey, Felipe.

Tenemos que crecer como ciudadanos. Asumir las consecuencias de nuestros propios actos. Necesitamos solventar nuestra relación entre los diferentes pueblos de España. Con un rey es imposible ese diálogo. Tenemos que sentarnos en igualdad de condiciones.Y necesitamos discutir también nuestra relación con esa iglesia que se mete en nuestras escuelas, en nuestras camas, en nuestras universidades y en nuestros laboratorios. Con un rey católico, apostólico y romano no es posible. Necesitamos frenar el papel de los lobbies, las intermediaciones empresariales, los patrocinios interesados que invitan a tantas oscuridades. Con reyes ricos y lobistas eso no es posible.. Sois un mal ejemplo para otro tipo de emprendedores. ¿Cuantos yates y vacaciones os han financiado empresarios con intereses confesados e inconfesables?

Tenemos que tomar las riendas de nuestro futuro en nuestras manos. En la crisis actual del modelo, una crisis que es integral, ninguna solución pasa por tutela alguna. Para eso necesitamos ser ciudadanos plenos. Con un rey, no es posible. El pueblo necesita decidir quién tiene que representar nuestra aventura común como sociedad y cómo articulamos nuestras relaciones. Asumir esa responsabilidad. Crecer. Seguramente tú, Felipe, vas a priorizar el mantenimiento de tu puesto de trabajo. Es tu principal interés. Te educaron para eso. Tu interés por un lado, el nuestro por otro. A ti te hacemos siempre falta nosotros. A nosotros no nos haces falta tú. Y porque nosotros somos el pueblo, no vas a ser rey, Felipe. Pero tranquilo: no depende de ti. Sabemos que esa tarea es exclusivamente nuestra. Estamos en ello.

II
El Rey abdica. Otro de los efectos del 25M. Todos los consensos del régimen del ’78 se han quebrado: el de la Iglesia (que el Papa ha salido rojo), el de la judicatura (que va en moto, ebria y saltándose semáforos constitucionales), el del diario El País (que ya es una suerte de amarillismo y conservadurismo interesado), el del bipartidismo (que ya no llegan al 50%); el de la patronal (con su jefe más emblemático en la cárcel por chorizo). Faltaba la monarquía. Y ya ha saltado.

¿Será Rey Felipe? Lo escribimos en su día. Y sigo pensando lo mismo: no vas a ser rey Felipe. Nos va la democracia en ello.

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@MonederoJC

Acabar con el capitalismo

– Hace unos días, Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, aseguró que 1 mil millones de personas viven hoy en la pobreza más extrema. Es la séptima parte de la población, casi un 15 por ciento de los habitantes de la Tierra. Para señalar la gravedad de la situación, Kim indicaba que “para acabar con esa pobreza extrema se necesitaría que 1 millón de personas dejaran de ser pobres cada semana durante 16 años” –

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por: Xavier Caño Tamayo / Voltairenet.org

Hace casi 5 años, José Vidal Beneyto escribía que “cada 3 segundos muere un niño por sufrir pobreza, y frente a ello cada día se multiplica vertiginosamente la fortuna de los más ricos”. Había profundizado en un informe de la Organización de las Naciones Unidas sobre desarrollo de los recursos humanos, que desmontaba la falacia de la pobreza por circunstancias inevitables. Malnutrición, hambre, enfermedades, explotación, analfabetismo, mortalidad infantil… Podrían eliminarse si acabamos con un orden social cuyo principal objetivo es aumentar la riqueza de los ricos.

Citaba Vidal Beneyto un informe de Emanuel Saez y Thomas Piketty que mostraba que el 1 por ciento de habitantes más ricos de Estados Unidos poseía una fortuna superior a lo que tenían entonces 170 millones de estadunidenses con menos recursos. Pero eso era exacto hace casi 5 años. Un estudio de la Universidad de California en Berkeley (Striking it richer: the evolution of top incomes in the United States) muestra que, de 2009 a 2012, en Estados Unidos el 1 por ciento más rico de la población se apropió del 95 por ciento del aumento de ingresos de ese país. El beneficio del 1 por ciento más rico creció más del 30 por ciento en ese periodo, pero el beneficio del resto sólo fue un reducidísimo 0.4 por ciento.

Como muestran datos de Credit Suisse, en un mundo de 7 mil 300 millones de habitantes, casi la mitad de la riqueza está en manos del 1 por ciento de población, en tanto que la otra mitad se reparte entre el 99 por ciento restante, abundando los que menos tienen. Una desigualdad que crece sin cesar, pues la riqueza cada vez se redistribuye menos y se concentra más en muy pocas manos.

En el Reino de España, si se mide el ingreso del 20 por ciento más rico de la población y el 20 por ciento más pobre, nos recuerda Juan Torres, la desigualdad aumenta espectacularmente desde 2007. Y España deviene el país europeo más desigual. En 2011 sólo Bulgaria y Rumania tenían tasas de riesgo de pobreza más elevadas.

Pero no sólo España. En Alemania ya hay 8 millones de trabajadores que ganan menos de 450 euros mensuales; y en Francia, cuyo nivel de pobreza es el mayor desde 1997, 2 millones de asalariados ganan menos de 645 euros al mes y 3.5 millones de personas necesitan ayuda alimentaria para sobrevivir. Incluso en los países con fama de más igualitarios (Suecia o Noruega, por ejemplo) la renta del 1 por ciento más rico ha aumentado más del 50 por ciento, pero no así la del resto.

El caso español es más grave. Según datos del Fondo Monetario Internacional, sólo Lituania lo supera en aumento de desigualdad; lo que significa que desigualdad y pobreza asociadas alcanzarán niveles insostenibles de no poner remedio. Porque hablar de desigualdad es necesariamente hablar de pobreza. Y la pobreza que acompaña a la desigualdad tiene terribles consecuencias. Por ejemplo, Joanna Kerr, directora general de ActionAid International, acaba de anunciar que, de no actuar de inmediato, 1 millón de niños más podrían morir de aquí a 2015.

Pero no se lucha contra la pobreza sin hacerlo contra la desigualdad. Una desigualdad que no cesa y algunas de cuyas causas estructurales son la imposición de una libertad total para compras y ventas de bienes, capitales y servicios; la desregulación absoluta de la actividad económica (sobre todo financiera); la reducción drástica del gasto público más la exigencia de un rígido control presupuestario, sobre todo en servicios y satisfacción de derechos sociales. Por no hablar de la indecente rebaja sistemática de impuestos a los más ricos que empezó en la década de 1980 y no ha cesado.

Es evidente que para combatir la pobreza extrema es imprescindible acabar con la riqueza extrema. Como dijo Eduardo Galeano: “este capitalismo asesino mata hambrientos en lugar de matar el hambre y está en guerra contra los pobres, pero no contra la pobreza”. Así las cosas, es obvio que hay que zanjar el capitalismo.

Fuente: Voltairenet.org

Eduardo Rothe: De un joven extremista de izquierda a uno de derecha

malandros opositores
por Eduardo Rothe / http://www.aporrea.org/

No voy a creerte nada, ni espero que tú me creas, pero escuché decir que, antes del 11 de Abril de 2002, los viejos jefes guerrilleros que estaban con o contra Chávez se reunieron en secreto para hacer un pacto de caballeros: cada quien haría lo que tenía que hacer, pero se daban la palabra de no ser, personalmente, ni perseguidores ni verdugos unos de otros. Parece que cumplieron, allá ellos.

Nosotros no nos conocemos y no hay pacto posible entre nosotros y, de paso, no me importa si actúas por convicción o interés, por ideas o por dinero: ese es tu problema, las balas no distinguen, ni cuando van ni cuando vienen.

Lo que te voy a decir es lo siguiente: haz lo que tengas que hacer pero no hagas el ridículo. No te pongas en plan de oprimido para justificar lo que haces, ni en plan de víctima cuando te suceda algo. A mi me da pena ajena cuando hablan de dictadura y de agresión oficial, como si este gobierno, en todos estos años, disponiendo de cuerpos de seguridad, de un ejército y una milicia (y de paso con extremistas como yo) no los hubiera reventado si hubiera querido, cuando y como le diera la gana. Deja la quejadera para los políticos, los periodistas y las ONGs, que para eso les pagan.

Tampoco me vengas con el cuento de la inseguridad, que los muertos son Seguir leyendo “Eduardo Rothe: De un joven extremista de izquierda a uno de derecha”