Imbecilidad militante

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Publicado en Últimas Noticias el 08 / 02 / 2014

El bloqueo del los Estados Unidos contra Cuba no es solo un asunto de simple arbitrariedad, ejercida de manera antojadiza por un imperio prepotente para imponer sobre las naciones pobres un particular modelo de sociedad cuyo principio fundamental es que solo habrá democracia donde no exista ninguna otra expresión ideológica que no sea el capitalismo.

La idea según la cual no hay democracia en aquellas naciones donde no se permita la difusión irrestricta de los medios de comunicación privados, persigue colocar a los pueblos contra cualquier tipo de regulación a la televisión y la radio, porque es a través del mensaje alienante y transculturizador del contenido mediático como se derriban hoy las barreras de soberanía e independencia de las naciones que luchan por la igualdad y la justicia social en el mundo, para someterlas bajo el yugo del consumismo que fortalece y perpetua el modelo de dominación burguesa que ha generado el hambre y la miseria a lo largo de la historia y que ha enriquecido a esas potencias imperialistas.

La pobreza en Cuba es producto del criminal cerco económico que durante más de medio siglo ha impuesto los EEUU contra la isla, con lo cual el desarrollo de un sistema diverso de medios de comunicación, así como las dificultades de la población para acceder a servicios como Internet, se hace casi imposible. Pero el mismo causante de esas limitaciones las presenta como producto del comunismo.

El bloqueo cumple pues una función fundamentalmente propagandística, cuya finalidad es hacer creer al mundo que la pobreza es producto de la aspiración de los pueblos a su autodeterminación, a la vez de instaurar en el imaginario colectivo el temor al supremo poderío de una nación dispuesta a acabar con el mundo si no se acatan de manera absoluta sus designios.

Solo que ese cuento de terror ya no le mete miedo a nadie. Las naciones del mundo se han rebelado progresivamente contra la arbitrariedad de una potencia que ya no es tal, como lo demuestra el amplio respaldo ofrecido al gobierno cubano por todos los miembros de la CELAC, UNASUR, el ALBA, PETROCARIBE, y por organismos como la OEA; la Unión Europea y hasta la mismísima ONU.

Los únicos que repudian a Cuba hoy en el mundo son los fascistas de la oposición venezolana… ¡Están claritos!

Los Miserables

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Habría que traer a Víctor Hugo.  Sentarlo frente una pantalla de televisión y dejarle a su alcance algunos ejemplares de los más importantes diarios de circulación nacional, como les dicen, con solo un lapicito y una libretica de notas.

Con toda seguridad la obra que de ahí surgiría acabaría con todo lo conocido hasta ahora en el terreno de la literatura universal, revirtiendo incluso el prodigioso record de difusión alcanzando a través de la historia por su monumental relato de la tragedia de los desposeídos de la Francia del siglo XIX, para dar paso a una nueva y mucho más fascinante y conmovedora novela en la que los miserables no serán ya los parias de la tierra, sino los exquisitos escuálidos de la oposición venezolana.

No tendría que apelar ni a fabulación ni a recurso literario alguno para nutrir esa portentosa producción de personajes abyectos y sin ninguna pizca de alma, porque de inmediato y sin el más mínimo esfuerzo, encontraría que la oposición venezolana es definitivamente el maná contemporáneo de donde brota a borbotones lo que para la mayoría de los más fantasiosos escritores fue desde siempre un extenuante y harto difícil ejercicio de creación.

Percatado de su error, por haber colocado antes a los menesterosos como los miserables del mundo, seguramente habrá que llevarle luego a cualquier restaurante de lujo para ver a esos opositores en su ambiente natural regurgitando odio hasta por los poros en contra de todo lo que tenga que ver con pobre, con justicia e igualdad o con noción alguna de Patria.

De poderse, habría que mostrarle también cualquier portal de noticias y bajar hasta los comentarios de los usuarios en cualquier noticia que tenga que ver con Chávez y dejarle contemplar un rato sus expresiones.

La de la eximia profesora María G. Colmenares, de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, por ejemplo, que ha escrito esta semana en su cuenta twitter: “Yo tenía la esperanza de que Snowden viniera a Venezuela, a ver si el mundo se animaba a lanzarnos todas sus armas de destrucción masiva. Pero no. Ni eso. Para vergüenza de la humanidad, este país maldito seguirá existiendo.”

Incluso para un gran escritor y político como Víctor Hugo, eso no sería ya miserable sino asqueroso.

Así son ellos.

Aranguibel: “Con el supuesto audio de Marios Silva, la oposición sólo busca generar división entre el chavismo porque el chavismo siempre le gana las elecciones”

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En entrevista con el periodista Nelín Escalante, por la emisora Jazz 95.5 FM de Caracas, Alberto Aranguibel analiza el show montado por la oposición venezolana con un audio que evidentemente busca dividir al chavismo, en un acto desesperado por tratar de desviar la atención sobre la inculpación que recae sobre Capriles Radonski como responsable de los asesinatos de 11 venezolanos a manos de las hordas fascistas opositoras lanzadas a la calle el día 15 de abril por el excandidato.

Oiga aquí la entrevista completa:

La alegría de ganar

Si algo es común a los militantes de a pie de la oposición, entre ellos mismos, es la extraordinaria capacidad para el odio. A falta de precisiones clínicas al respecto, hay que decir que el rostro desencajado de la maldad, convertida en la horrenda expresión de rabia que le es usual, es lo que define el perfil y la personalidad del escuálido promedio, de una manera en que ningún otro rasgo fisonómico puede alcanzar a hacerlo.

Incluso en los escasos momento en que pretenden expresar felicidad, cosa que por lo general sucede cuando persiguen engatusar o estafar a alguien con una pose amable que jamás les corresponderá con autenticidad, el rictus tétrico de la ira y el encono sobresale en cada una de sus repugnantes comisuras faciales, como si de una piel de cadáver corroído por la gusanera se tratara. Su equivalente a lo que en los seres humanos correctos, amables y respetuosos del prójimo, vendría a ser la ternura y el amor, en ellos, los escuálidos, es un vomitivo y putrefacto emanar de pestilencias indeseables que solamente puede ser digerida con verdadera complacencia entre ellos mismos, entre sus madres y sus cachorros, a los que entrenan desde la más temprana edad en la doctrina del más puro y brutal fascismo, como en una lógica de catecismo edificante.

Todos, sin excepción, son estirpe de una raza abominable en la que el factor constante es la perversión y el ensañamiento contra los que no son de su “clase”, principalmente los sectores humildes de la población, sobre quienes consideran poseer la potestad de la humillación y la vejación por derecho divino y a quienes insultan y agreden indiscriminadamente según su complacencia, porque de ahí surge el asqueroso alimento de sus cloacales almas.

Lo otro que les define de manera más exacta e irrefutable, es la capacidad para el fracaso. Solo en el extremo de la imbecilidad más profunda se logra alcanzar tal recurrencia en el fracaso como en la condición de escuálido de cualquier naturaleza o nivel.

Existiendo las infinitas posibilidades o alternativas de elección en la vida para evadir la tragedia que signa tan genéticamente a los opositores como fracasados, no existe explicación razonable que permita deducir con propiedad de dónde surge tan estrecha relación del factor opositor con la derrota, como si de un mismo e indivisible componente atómico se tratara.

La persistencia en el fracaso, así como el regocijo en la repugnancia y en el odio, hace de la oposición una especie animal salvaje cuya salvación es absolutamente improbable, en virtud del carácter cancerigeno, es decir; lacerante e irreversible.

Una condición lamentable si se considera la simpleza de la posibilidad de superación de tan terrible tragedia, que no es otra que la de orientar su visión de la vida hacia el estadio del bienestar, del regocijo del alma, del crecimiento de la espiritualidad que surge de la simple disposición a ser auténticamente felices.

Si un escuálido cualquiera, dentro de su dolorosa ignorancia y estupidez, entrara tan sólo por un segundo en contacto con la maravillosa experiencia del triunfo verdadero, de la gloriosa emoción de ganar y de infligirle derrotas tras derrotas al enemigo perverso que se esconde con toda su maldad tras el disfraz del cordero displicente y cariñoso tras el cual se oculta en medio de su inmensa cobardía, su vida sería una experiencia completamente distinta, plena de sensaciones exquisitas como las que sentimos los chavistas en cada proceso electoral, donde nuestro líder, el más grande líder de la historia de la República y quizás del continente, como jamás ha logrado tener la oposición en toda su existencia, es eje fundamental de inspiración y de guía, a través del más amplio y profundo ejercicio de amor conocido en suelo venezolano.

Tal es la simpleza de la felicidad… ser chavistas es no perder jamás una elección presidencial. Es gozar a plenitud el disfrute total de la alegría más infinita frente al desastre impenitente de la derrota recurrente que marca tan a fondo al alma escuálida y que les hunde en el pantano de las ratas y de las lombrices más horrendas de la tierra con las cuales ellos tan perfectamente conviven. Es el placer de ver la miseria humana que caracteriza a esos pobres seres de la derecha arrastrarse de rabia en el lodo del fascismo que les carcome las putrefactas entrañas y les engrasa el pútrido cerebro que por lo general poseen.

¡Qué viva Chávez, carajo! ¡Y que viva para siempre la capacidad chavista de triunfar sobre la maldad y sobre el odio de los miserables opositores venezolanos y del mundo!

El chinazo del Matacuras

Leopoldo Castillo, el moderador de Globovisión, es reventado al aire por un usuario que, de la manera más respetuosa, lo conmina a hacer un periodismo decente y lo pone en su sitio a él y a todos los que estaban en el estudio, no quedándole ninguna otra salida al inefable “matacuras” que insultar al usuario acusándolo de “no representar al pueblo”… ¿Quién será entonces el pueblo para estos comunicadores? ¿Cómo es eso de que “si no se es alcalde no se representa al pueblo”? ¿Por qué no le reconocen entonces a Chávez las 15 elecciones que les ha ganado de calle? ¡Farsantes es lo único que son estos vendepatrias!