El fracaso del odio

Por: Alberto Aranguibel B.

Los argumentos de quienes acusan de inconstitucional la Ley Contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia (LCOPCPT), promulgada recientemente por la Asamblea Nacional Constituyente, rayan en lo absurdo por donde quiera que se les examine.

En primer lugar porque atacar una iniciativa que promueve la lucha contra la intolerancia y cualquier forma de discriminación en la sociedad, debiera ser objeto del más unánime aplauso sin ningún tipo de aprehensiones ni condicionantes, independientemente de la inclinación o militancia política de cada quien, porque el supremo propósito en la organización de las sociedades civilizadas es precisamente el logro de la convivencia pacífica entre sus habitantes, para lo cual los Estados y las naciones deberán promover políticas, programas y mecanismos que aseguren su establecimiento efectivo tal como lo manda la ONU a través de la Unesco, su órgano rector en materia de promoción de la paz y el entendimiento intercultural entre los pueblos.

En la “Declaración de Principios sobre la Tolerancia”, aprobada en 1996, la Unesco define el concepto de tolerancia afirmando, entre otras cosas, que “la tolerancia no es indulgencia o indiferencia, es el respeto y el saber apreciar la riqueza y variedad de las culturas del mundo y las distintas formas de expresión de los seres humanos. La tolerancia reconoce los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los otros. La gente es naturalmente diversa; sólo la tolerancia puede asegurar la supervivencia de comunidades mixtas en cada región del mundo.”

Según explica el portal www.un.org de las Naciones Unidas, “La Declaración describe la tolerancia no sólo como un deber moral, sino como un requerimiento político y legal para los individuos, los grupos y los estados, sitúa a la tolerancia en el marco del derecho internacional sobre derechos humanos elaborados en los últimos cincuenta años y pide a los estados que legislen para proteger la igualdad de oportunidades de todos los grupos e individuos de la sociedad.”

Ir, pues, en contra de lo que establece de manera tan categórica e inequívoca un organismo que reúne en su seno el carácter esencialmente civilizatorio que mueve hoy a la gran mayoría de las naciones del mundo, es, aún en el supuesto negado de la inconstitucionalidad de la cual la derecha acusa a esta avanzada Ley, si no un absurdo, al menos un bochornoso desatino político.

Más torpe aún, es el razonamiento según el cual la Ley tendería a coartar o cercenar las libertades de expresión y de información porque, según esa infeliz hipótesis, con las penalizaciones que dicha Ley contempla se estaría amedrentando ya no solo a los medios de comunicación sino al ciudadano común para provocar su inhibición a la hora de verse en la necesidad de protestar contra el Gobierno.

En principio habría que aclarar que, de acuerdo a la norma jurídica universal, toda Ley debe contener en su propio articulado las sanciones que debe acarrear el incumplimiento o la violación de la misma. Una Ley cualquiera sin el aspecto sancionatorio a las contravenciones de las cuales pueda ser objeto, es una Ley chucuta e inoficiosa que carecerá siempre de toda efectividad.

Pero, más allá de eso, es la insensata propuesta que tal razonamiento comprende promoviendo una suerte de “derecho al odio”, para el cual no debería existir restricción ni penalidad alguna.

En la arbitraria lógica de la mezquindad y del individualismo por la que se rige la derecha venezolana, de llegar a existir algún tipo de marco jurídico orientado a limitar ese “derecho al odio” que su argumentación sugiere, tendría que ser, cuando mucho, para penalizar tanto expresa como exclusivamente a los chavistas. Casualmente esos mismos que son objeto del odio que pretenden que se les exonere de pena alguna.

Tal disparate se desprende de la afirmación generalizada entre muchos de los opositores que difunden por los más diversos medios su rechazo a la LCOPCPT, en el sentido de que a los primeros a los que habría que aplicarles dicha Ley sería a aquellos voceros de la Revolución Bolivariana que de una u otra forma se hubieran expresado a través de los medios en un lenguaje subido de tono o abiertamente reprochable contra líderes o voceros de la oposición o incluso contra el conjunto de la militancia opositora.

De ser cierta la infame hipótesis de que habrían sido los chavistas quienes habrían promovido el odio entre la sociedad venezolana (es una creencia unánime entre la oposición la idea de que habría sido Hugo Chávez quien sembró la discordia entre los venezolanos), ¿por qué entonces tanto temor desde la oposición a una Ley que penaliza única y exclusivamente a quienes promuevan o lleven a cabo actos de odio o de violencia contra las personas?

La respuesta es tan simple como la estulticia de la infamante propuesta; porque quienes han promovido el odio entre los venezolanos no han sido los chavistas.

El odio entre los venezolanos se remonta a los orígenes mismos del proceso de exclusión y de atropello al desvalido que se inició con la llegada de las huestes genocidas que desembarcaron en nuestras costas con Cristóbal Colón.

Fue ese proceso de asesinato a mansalva de millones de nuestros ancestros aborígenes lo que sembró en el alma de la raza indoeuropea que se fue creando, el gen del desprecio hacia los pobres que fue inoculado progresivamente a nuestra incipiente sociedad desde hace más de medio milenio, y que sembró entre una clase oligarca inmisericorde y desalmada, como ha sido siempre la oligarquía venezolana, la idea de la supremacía de clase que hoy hace estragos con la tranquilidad y el bienestar del pueblo, alcanzados por primera vez en nuestra historia durante la Revolución Bolivariana.

Esa naturaleza inhumana que caracteriza a la oligarquía venezolana, especuladora, usurera y voraz, fue la causante del estallido social del 27 de febrero de 1989, así como fue también el factor determinante del atraso industrial y tecnológico que nos impidió alcanzar los niveles de desarrollo a los cuales estuvimos llamados siempre en virtud del potencial de nuestras riquezas y de nuestras infinitas posibilidades para el crecimiento económico.

Esa persistencia en la vocación rentista, excluyente y saqueadora que caracterizó a la oligarquía, anidó por décadas el germen del odio entre la población despolitizada que predominó en el pasado en el país.

La llegada de Chávez lo que hizo fue imprimirle direccionalidad a la sed de justicia que ya el pueblo estaba expresando de manera espontánea en las calles. De haber continuado expresándose esa rabia en esa forma, sin liderazgo ni fundamentación ideológica que la orientara, la guerra civil habría sido inevitable y con ello habría sido imposible de detener, tal vez, hasta la desintegración misma de la Patria o la anexión de nuestro territorio a alguna potencia extranjera, tal como lo pretende hoy el imperio norteamericano utilizando a la derecha venezolana para ello.

El interés del odio estuvo siempre en la derecha. El odio fue no solo el instrumento mediante el cual pretendía hacerse del poder sin necesidad de obtener el favor de las mayorías en los procesos electorales, sino que fue la solución a la falta de un basamento ideológico sustantivo que le diera razón de ser en términos políticos. Por eso terminó entendiendo el desprecio hacia el prójimo como un derecho democrático y el exterminio de chavistas en las calles como un deber militante.

Pero esa propuesta fracasó.

La inmensa mayoría de las venezolanas y los venezolanos han demostrado, no solo con su voto por la instauración de una Asamblea Nacional Constituyente que rescatara la paz y la estabilidad del país para retomar la senda del crecimiento económico y corregir las distorsiones que han puesto al pueblo a padecer de nuevo las penurias que padeció en el pasado cuartorepublicano, sino mediante la disciplina revolucionaria con la cual ha acompañado al presidente Maduro en la titánica tarea de enfrentar las adversidades con la entereza con la que lo ha hecho.

El pueblo ha dicho reiteradamente de manera mayoritaria que no quiere saber más nunca de esa violencia terrorista que nos trajo el odio acuñado por la derecha. Por eso la mal llamada Mesa de la Unidad terminó atomizada en mil fragmentos; porque Venezuela quiere paz.

La derrota del odio no es sino una más de las decenas de derrotas que la Revolución Bolivariana le ha infligido al neoliberalismo. Y que le seguirá infligiendo. Es 10 de diciembre está a la vuelta de la esquina.

 

@SoyAranguibel

 

El drama de Timoteo

Por: Alberto Aranguibel B.

El Catoblepas es el horrendo monstruo mitológico con cuerpo de búfalo y cabeza de cerdo que le cuelga hasta el suelo por la imposibilidad de levantarla, dada la fragilidad de su largo y delgado cuello con apariencia de tripa vacía, que Gustave Flaubert enfrenta a San Antón Abad en “Las Tentaciones de San Antonio”.

En la novela, el monstruo se le presenta en medio de la más absoluta soledad a quien la narración santoral católica reconoce como el primer místico de la apartada región de la Tebaida y fundador de los ermitaños, describiéndose como “gordo, melancólico y que permanezco siempre en el mismo sitio, notando bajo mi vientre el calor del barro.”

El espantoso engendro llega a ser tan repugnante, según el autor, que es capaz de acabar con la vida de quien apenas ose cruzarle la mirada. Y hasta de la suya propia, precisamente por esa condición rastrera que le obliga a terminar comiéndose a sí mismo.

Un monstruo que se coma a sí mismo no podía ser sino una abyección producto de la afiebrada imaginación de un novelista como Flaubert, que hizo revisiones a ese mismo texto durante casi tres décadas antes de considerarlo acabado.

O producto de la mente calenturienta de la dirigencia del antichavismo criollo.

La llamada Mesa de la UNIDAD, como tanto se ufanan en recalcar sus voceros ante las cámaras de televisión, se alimenta, como es sabido, exclusivamente de odio.

El sentido del razonamiento no interesa en lo más mínimo a ninguno de los dirigentes de la oposición, porque han encontrado que las ideas no tienen valor alguno en el ámbito del mercadeo político. Lo mediático es “impacto”, “garra” y “resonancia”. Lo demás es paja.

Nunca ha logrado esa oposición levantar medianamente el vuelo en las pantallas de televisión, como cuando mienta la madre a través de los medios y genera con ello el odio que nutre el entusiasmo de su militancia. Eso para la MUD vale oro.

El problema es cuando el odio es tanto y tan irracional que se los come a ellos mismos. Donde no hay proyecto común que trascienda los personalismos y las individualidades, ni existan propuestas basadas en ideas, el odio se llevará por delante a quien sea.

El 1 de septiembre le dejó a la MUD una clara lección de lo que puede llegar a hacer ese odio entre su misma gente.

Ahora Timoteo Zambrano sabe de eso.

@SoyAranguibel

Así avanza la cultura del fascismo neo-nazi en el imperio

neo-nazi

Por: Amy Goodman y Denis Moynihan

Una nueva masacre desatada en Estados Unidos, en la que varias personas fueron acribilladas a balazos, volvió a centrar la atención en los grupos extremistas violentos de derecha. Frazier Glenn Miller, ex líder de una rama del Ku Klux Klan, está acusado de haber matado a tres personas frente a dos centros comunitarios judíos en las afueras de Kansas City, en Kansas. Mientras era trasladado en el patrullero, gritó “¡Heil Hitler!”.

A diferencia de los grupos islámicos, cuya vigilancia cuesta miles de millones de dólares a las agencias de seguridad estadounidenses, los grupos que defienden la supremacía de la raza blanca tienen bastante libertad para diseminar su odio y promover su ideología racista.

Con demasiada frecuencia, sus ataques homicidas son considerados como actos de atacantes “solitarios” desquiciados. Estos grupos aparentemente marginales están, en realidad, bien organizados, interconectados y gozan de renovada popularidad.

En abril de 2009, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) publicó un estudio sobre grupos extremistas de derecha en Estados Unidos. El informe de diez páginas incluye conclusiones tales como que: “La crisis económica y la elección del primer Presidente afroestadounidense son condiciones únicas para la radicalización y el reclutamiento de grupos de derecha”.

También realiza la polémica conjetura de que los veteranos de guerra que regresan de Irak y Afganistán podrían ser reclutados para sumarse a los grupos que incitan al odio. El informe provocó una ola de críticas, especialmente de grupos de veteranos. Obama había asumido el Gobierno hacía apenas unos meses. La flamante Secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, retiró el informe y pidió las disculpas del caso durante una audiencia sobre el presupuesto en el Congreso.

Mark Potok es un investigador del Centro Legal contra la Pobreza en el Sur (SPLC, por sus siglas en inglés) que, durante años, se ha dedicado a investigar a los grupos de derecha que incitan al odio y a Frazier Glenn Miller, en particular. Potok afirmó acerca del informe: “Hemos tenido un verdadero problema con el Departamento de Seguridad Nacional, debido a que, desde que se filtró a la prensa un informe sobre grupos de derecha en abril de 2009, podría decirse que el Departamento, de algún modo, se acobardó. Básicamente, destruyeron la unidad de seguimiento del terrorismo nacional no islámico”.

Frazier Glenn Miller

Fraziewr Glenn Miller2

Frazier Glenn Miller3– El criminal neo-nazi Frazier Glenn Miller en tres momentos de su vida –

Fuente: http://www.democracynow.org/es/blog/category/columna_de_amy_goodman

Crónica de una tragedia

Antes que dividir a los venezolanos, como insiste en acusarle un sector del país ubicado fundamentalmente en las clases de mayor poder adquisitivo, Chávez no solo unió por primera vez a aquellos a los que permitió visibilizar a través de revolucionarios programas sociales inclusivos, de alcance masivo entre la población más desasistida, sino también a aquellos que manteniendo desde siempre entre sí posiciones antagónicas de un color o de otro, ya fuese social-demócrata, desarrollista, centro-izquierdista o social-cristiana, se han encontrado en otrora impensables afinidades, intereses, preferencias gustos y formas de ver y de asumir la vida, más allá de lo estrictamente político.

Los antichavistas, siendo hoy un sector de la población con similitud de criterios en cuanto a formas de ver y de percibir el país y su realidad, es un conjunto humano de carácter heterogéneo, integrado por gente de diversas ramas profesionales, diferentes estilos de vida, y hasta de diversos estratos socio-económicos (aún cuando la gran mayoría se asume así misma como oligarca), a los que Chávez reunió en un solo amasijo de odio y de irracionalidad como nunca antes ningún otro referente político llegó tan siquiera a motivar medianamente.

El odio con el cual han alimentado su espíritu y su pensamiento a través del tiempo, obra en ellos como un poderoso energizante, que les lleva a comportarse frente a Hugo Chávez y todo cuanto con él se relacione de alguna manera, como verdaderas máquinas de segregación de irracionalidad y descontrol virulento y vomitivo, cuya característica o rasgo más resaltante es la convicción común entre ellos de creerse inteligentes y de no percatarse de su lastimosa y verdadera condición mental. El delirio los reúne y los fortalece en la medida en que se van reconociendo unos a otros como “pares interpares” y aprenden a admirarse mutuamente en sus descabelladas formulaciones sobre la realidad que se edifican para disfrutar el mundo y el universo a su manera y regocijarse así en el inmenso espacio virtual en el que por fin triunfan y no son derrotados por ningún advenedizo, desclasado y maloliente.

De ahí que el bochornoso desfile de liderazgos de relevo que de entre ellos surge a cada rato, como fábrica de churros en perpetua ebullición, admirados y venerados en cada oportunidad como los más luminosos e inalcanzables redentores del ser humano, resulten siempre lanzados al pantanal del desprecio más repugnante sin la más mínima piedad o conmiseración, al más pequeño atisbo de desviación por parte de esos dirigentes de los sueños y anhelos de triunfo y arrase sobre el chavismo. Ningún líder será tal si no responde a las motivaciones del odio que los reúne. Ningún líder será aceptable si se desmarca de alguna manera de la naturaleza violenta que les inspira. Ningún líder sobrevivirá entre sus filas si no garantiza su disposición a masacrar a los chavistas a la primera oportunidad que se les presente. Ningún líder contará jamás con la buena pro de quienes se saben destinados a ejecutar la obra monumental de los hombres de bien del Siglo XXI… ¡El exterminio del chavismo!

Por eso, antes que ningún político con grandes dotes y capacidades intelectuales e ideológicas, o una gran trayectoria de lucha social en las comunidades, el líder será quien les alimente lo único que en verdad ese pobre sector adinerado ha tenido en sus insustanciales vidas…. ¡el odio!

En este video se ve con la más perfecta e inequívoca claridad la tragedia que significa para un sector de la sociedad el no contar con la orientación y la direccionalidad que tiene que emanar de un liderazgo consistente, ideológicamente sólido, con capacidad de visualización de los escenarios socio-políticos y económicos desde lo minúsculo hasta lo complejo, y que ofrezca respuestas útiles y responsables a las fragilidades y limitaciones naturales y comprensibles de aquellos que no tienen la fortuna de entender de manera integral y sensata el universo, es decir; ellos mismos… Todos, aún cuando lo nieguen a muerte, siguen estrictamente lo que este siniestro personaje dictamina desde hace más de un lustro como línea de acción política para la oposición de a pie en Venezuela. No hay uno sólo de sus postulados (no solo los que aparecen en este video, sino los que durante años ha predicado a través de sus páginas en la web) que no se cumpla con el más estricto apego a la letra en el quehacer “político”del antichavismo nacional.

Esta es su promesa para el país…

“La Guarimba es totalmente anárquica. Cada quien hace lo que le venga en gana, dependiendo del grado de frustración, guáramo o los pertrechos con los cuales se cuentan” Robert Alonzo

Aranguibel: “El daño más grande que se le ha hecho al país es el odio que se le ha inoculado a un sector”

Noticias24/ 20 de febrero de 2014

(Caracas, 20 de febrero. Noticias24) – El periodista Alberto Aranguibel aseguró que se debe “tratar de mantener la objetividad y el juicio correcto”, para no incurrir en señalamientos injustos en medio de los últimos acontecimientos del país.

“Se quiere colocar todo en un solo plano,desde el punto de vista de qué se está presentando en los medios y en las redes sociales”, estimó haciendo referencia a las manifestaciones que se han dado en la capital y otros estado del país.

Se ha dado una situación completamente bizarra”, aseveró agregando que el Gobierno ha demostrado que está actuando correctamente en su lucha contra la guerra económica.

El daño más grave que se le está haciendo el país no es el de quemar un montón de basura, sino el odio que se la ha inoculado a un sector lo que hace que el mismo esté actuando de manera irracional”, sentenció el periodista.

Dijo que un sector “está expresando un odio muy profundo”, y estima que esto origina que se pierda el carácter cívico de la democracia.

Oiga aquí la entrevista completa (en 2 partes):

http://new.livestream.com/accounts/4404229/events/2784058/videos/42918516/

Perder en Miami

escualidos lloran

Publicado en Últimas Noticias el 14 / 12 / 2013

Recibir desde cualquier parte del mundo la noticia del triunfo de la Revolución Bolivariana en cada elección que se haga, ya sea esta presidencial, de gobernadores, diputados, alcaldes o de concejales, tiene que ser para cualquier escuálido un golpe muy duro a su condición libertaria y raigalmente anticomunista.

El odio acumulado a través del tiempo en lo más hondo de su ser, producto de las contundentes derrotas propinadas a ellos sin ninguna conmiseración ni clemencia por el chavismo, es un sentimiento cada vez más arraigado en el alma del opositor común, que vive la horrenda circunstancia de la vida cíclica entre la alegría fabulosa que representa en cada oportunidad su convicción de que “ahora sí; que ya el chavismo se acabó; que ahora Capriles sí les va a dar la paliza que merecen esos castro-chavistas malnacidos”, y el lacerante dolor que deja en el corazón la recurrente y cruel derrota electoral, frente a la cual nunca hay palabras con qué expresarse, sino llanto incontenible y moqueo profuso.

Con ese odio, perder en cualquier parte del planeta hasta donde alcance la posibilidad de adquirir boleto aéreo con dólar preferencial, es más que lastimoso cuando se considera la inmensa inversión en esperanza que a través de los cinco continentes se puede haber sembrado con la idea de un triunfo que no llega nunca pero que en cada oportunidad de precampaña electoral alienta y estimula la ansiedad arrolladora, antichavista, profundamente neoliberal y anti patriotera.

Pero, perder en Miami es otra cosa.

Perder en Miami, para un escuálido que invierte su vida entera en los preparativos permanentes del derrocamiento del réeegimen!!!, abarcando desde la profusa redacción día y noche de millones de tuits épicos proclamadores de la inminencia de la libertad y anunciadores del aplastamiento de las hordas chaburras, hasta las largas jornadas de entrenamiento como comandos de exterminio en los jardines de Disney World, tiene que ser en verdad el más horrendo y trágico golpe que opositor alguno pueda recibir jamás en sus entrañas.

Uno ve las fotos que llegan desde allá en cada ocasión y se conmueve. Provoca dejarlos ganar aunque sea alguna vez algo que valga la pena. Y no esa porción de alcaldías que ganan con ventajas de un uno por ciento apenas.

Soyaranguibel@email.com

Así habla un revolucionario

No me arrepiento… lo volvería a hacer

Por: Isaías Rodríguez (Ex Fiscal General de la República)

No tengo odio. Ni una pizca de resentimiento. Ni un pedacito así, de ojeriza contra nadie. Sin embargo he recibido odio. Mucho odio. Es más, me han expuesto a eso que llaman “el odio público”.
Han escrito en portales que soy asesino, homosexual. Que soy “esto” y “lo otro”. ¡No es verdad…! ¡No he matado a nadie! ¡Nada tengo contra los homosexuales, pero mi tipo no es otro como yo! Por lo demás, soy lo que ven, “esto” y nunca “lo otro”.
Me han llamado ladrón y no he robado nunca. Ni siquiera cuando -durante treinta y dos años- fui abogado en ejercicio.
No tengo enemigos. Por lo menos, en mí nadie ha tenido, ni tiene, ni tendrá un enemigo. Existen quienes se convirtieron en mis adversarios y en mis opositores. Que les vaya bien… Los indulto.  No guardo rencores. Ni aborrezco, ni desprecio a nadie…
Soy responsable de mis afectos y mis desafectos. Los asumo integralmente. Pero por favor no me coloquen los de otros. Ya tengo bastante con quienes no me soportan. No me facturen hechos y actos que no he cometido jamás.
¡Si, claro que si, tengo ideas y muero por ellas! Eso no es nuevo. Siempre ha sido así. Quienes me conocen lo saben y, por ello, entiendo cada vez menos a quienes insisten en que debo probarlo. Quien alegue lo contrario que lo pruebe. No es cosa mía. Prueben que no tengo ideas y que no soy capaz de morir por ellas.
No humillo, ni achico a quienes no piensan como yo. No pido, ni doy indulgencias. No absuelvo, ni pido absoluciones. ¡Respondo! ¡SI, respondo!
Soy humano. Me equivoco de la misma manera como lo hacen quienes me juzgan. Amo profunda y desprendidamente. ¡Déjenme decirles a riesgo de parecer ridículo que a todos nos guían grandes sentimientos de amor! Lo dijo el CHE… y para mi es palabra cierta.
Amo lealmente. No fielmente. Soy capaz de hablar con quien me mata un hijo. Es un hecho público. Lo dije una vez siendo Fiscal General de la República Bolivariana de Venezuela.  Nadie lo contradijo. Lo he demostrado a lo largo de mi vida y de mis actuaciones.
Nunca he respondido con insultos a quienes me han atropellado. Pedí para los golpistas respeto a sus derechos. A los humanos y a los no humanos. No me arrepiento. Lo volvería a hacer.
Creo en la bondad, en la belleza, en la dignidad y en la justicia. Lo he demostrado con actuaciones y comportamientos. Ha sido sin embargo insuficiente para apagar las tirrias y malquerencias que he despertado en muchos de quienes he ayudado y protegido.  Y también en otros que entre suspicacias se acreditan como mis mejores compañeros de lucha. ¡A estos últimos los entiendo porque la política sigue siendo aldeana! ¡A los otros no porque les viene de su condición humana!
Juro solemnemente que he defendido de palabra y acción a mis adversarios, cuando los han calumniado o vituperado injustamente.  He dedicado buena parte de mi tiempo a buscarle sentido a la vida. Y si la sabiduría es encontrarnos a nosotros mismos soy uno más de sus abnegados seguidores.
Soy impulsor de verdades. Otros tienen legítimamente las suyas. Creo en un ser humano nuevo. No en un ser humano sin defectos. No, creo en alguien que no sea un hombre o una mujer probeta. Alguien que no sea una caricatura estrecha del socialismo.  Alguien que debe estar siempre en perfecta relación dialéctica con el pueblo.
Creo en los que me leen y en todos aquellos a quienes leo. Creo en la virtud de quienes estudian. Y en la lucha sin tregua y sin descanso por la fe, la esperanza y la libertad de los más humildes. Sin que eso signifique echar en el cesto de la basura a quienes no son capaces de entender la fe y  la esperanza, porque aun no saben que perpetuamente se debe amar al prójimo como a ti mismo.