Arrogante pretensión de poder

Por: Alberto Aranguibel B.

El problema de fondo en Venezuela no es económico sino social. Que una clase social se considere superior al resto de la población es una horrible expresión de arrogancia (que inevitablemente deviene en intolerancia) de la que derivan todos los demás percances, entre ellos el económico, y que impide superar cualquier situación difícil por la que atraviese el país.

Esa clase que se cree superior es la que eleva los precios como le da la gana porque es dueña de los más importantes canales de importación, de distribución y de comercialización de la mayoría de los productos que se expenden en el mercado venezolano, toda vez que, en virtud de ese repugnante supremacismo, no le importa en lo más mínimo el sufrimiento que su avaricia y su prepotencia le ocasionan al pueblo.

Por esa razón se considera con derecho a tomar el control del Estado y a manejar a su antojo la economía y los recursos del país, sin haber ni siquiera participado en una elección.

El argumento de su supuesta “mayoría” (jamás probada en las movilizaciones de calle, en las asambleas populares, o en las elecciones) no es sino un pretexto para tratar de hacer válida esa pretensión de poder que tanto le mortifica desde que las venezolanas y los venezolanos de a pie decidieron ser gobierno.

Nunca ha sido verdad esa mayoría de la que se jacta esa clase pudiente y por eso ha rehuido a medirse en la elección del próximo domingo. Su propuesta de la “abstención” no es sino un intento por adueñarse de las cifras normales de apatía que hay en todo proceso electoral, para colocarlas impúdicamente como votos a su favor y fabricar así, unidas esas cifras a los votos de los candidatos de la derecha, la mayoría que nunca ha tenido.

La estrategia “tenaza” con la que esa derecha prepotente persigue robarles la democracia a los venezolanos (la de una mayoría artificial que no se apoya en la verdadera voluntad del pueblo) no prosperará porque la Constitución y las leyes se lo impiden y porque el río humano que saldrá este domingo a defender con su voto la integridad y la soberanía de la Patria será la más grande y entusiasta movilización popular jamás vista en nuestra historia.

Contra esa arrogante y perversa trampa de los ricos, Venezuela votará masivamente por Nicolás Maduro Moros.

 

@SoyAranguibel

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¿Por qué los escuálidos se comportan como se comportan?

Por: Alberto Aranguibel B.

“Esta actitud de hombre deshumanizado, de hombre que no se preocupa del hombre, que no sólo no es el guardián de su hermano, sino que tampoco es siquiera su propio guardián es una actitud característica del hombre enajenado” Erich Fromm

En la urbanización Los Naranjos, en el este de Caracas, se produjo hace pocos días un hecho que fue desechado como “fiambre” por las mesas de redacción de los medios de comunicación privados.

Muy cerca de la urbanización más opulenta del país, La Lagunita Country Club, organismos del Estado llevaron a cabo un procedimiento de desalojo en un local comercial conocido como La Joyería, donde además de frutas se expenden desde hace varios años todo tipo de productos de consumo a los precios especulativos más elevados que puedan encontrarse hoy en el mercado venezolano. Por eso su nombre no puede ser producto sino de un acto de brutal cinismo.

El operativo encendió las alarmas de los acaudalados vecinos de la zona, quienes de inmediato se activaron a través de las redes sociales para expresar su repudio al hecho y elevar al cielo su grito de rebeldía en contra de la “dictadura” que según ellos impera en el país, en un acto de solidaridad automática con el dueño del local, cuyas precarias instalaciones de improvisación nunca alcanzaron el nivel mínimo de dignidad estructural como para considerarlas en el rango de “edificación”.

Una de las más respingadas exponentes de la clase de nuevos ricos devenidos en oligarcas que pueblan la zona, la ex alcaldesa Ivonne Attas (copeyana), denunció a través de su cuenta tuiter lo que ella insistentemente describió a lo largo de una larga cadena de mensajes sucesivos como “una agresión a la clase media” por parte del Gobierno nacional.

“Ahora mismo están tumbando todo lo que fue la famosa frutería La Joyería, en Los Naranjos, para construir allí una misión vivienda”, aseveró en tono de alerta a la “sociedad decente” del este del este.

“Faltaba la rancherización de la Tahona y Los Naranjos y está lista la futura Misión Vivienda allí donde estaba La Joyería”, siguió persistente en su fascista discurso contra uno de los más emblemáticos programas sociales de la Revolución Bolivariana, como si tuviese en sus manos las pruebas irrefutables de la agresión que denunciaba.

“Paso a paso la Revolución exterminadora va rancherizando el país y arruinando la clase media”, decía en otro mensaje cargado del más ácido y repugnante odio hacia todo lo que tenga que ver con el pueblo, los pobres a quienes la Revolución ha hecho centro fundamental de atención gubernamental.

Exasperada y presa de la ira, gritaba por las redes “¡El fin de la clase media! Misión Vivienda en el Hatillo donde hubo siempre una frutería”.

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Cuando se conoció que el procedimiento obedecía a un litigio legal entre el dueño del local y el propietario del terreno, o sea que se trataba de un pleito entre capitalistas y no de una invasión para instalar ninguna Misión del Gobierno, la virulenta opositora metió el freno.

La lacónica respuesta de la oligarca de marras fue: “Nos alegramos que no hay Misión Vivienda en el Hatillo como afirmaron los propios empleados de la frutería”.

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No existe en las redes ni un solo tuiter de algún empleado de la frutería difundiendo el infundio del supuesto asalto a la clase media. Los únicos que se consiguen son los escritos por la escandalizada burguesía de la zona pidiéndole auxilio hasta al inútil de su alcalde, al que viven reclamándole también por tuiter que no hace nada. Sin embargo, la muy encopetada dama señala como autores de la irresponsabilidad directamente a los humildes empleados del local. Ahora dirá que le jaquearon la cuenta.

La secuencia de textos (y su tono repugnantemente racista) serviría para hacer un denso estudio sobre la disociación sicótica del escuálido promedio en la Venezuela de hoy. Pero nosotros vamos a comentar apenas dos o tres aspectos del mismo que nos resultan harto reveladores de la naturaleza repulsiva del discurso opositor que la derecha ha instaurado en la mente de una porción importante de venezolanos.

En primer término hay que destacar la irresponsabilidad de la acusación al voleo y sin fundamento. Una práctica común en las filas opositoras producto del perverso manejo del engaño y la manipulación que la dirigencia opositora lleva a cabo para tratar de general en sus filas la irracionalidad que le es indispensable para avanzar en el escenario político sin necesidad de presentarle a sus seguidores una propuesta consistente y viable que justifique su terca aspiración de hacerse del poder.

Más ominoso aún que la irresponsabilidad con la que los escuálidos sueltan acusaciones contra el chavismo desde las filas opositoras, es sin lugar a dudas la impudicia y el cinismo con el que siempre pasan la hoja sin rectificar ni asumir culpa alguna cuando las evidencias demuestran lo infundado de sus acusaciones. La figura del “Mea Culpa” cristiano no está contemplada en la conducta del escuálido cuando de pedir perdón a los pobres se trata.

El oligarca tiene como parte de su estructura molecular el gen de la soberbia. Ser rico no es solo el poder de disfrutar, mediante la explotación del hombre por el hombre y la concentración del capital, de los bienes materiales fabricados por el ser humano y los recursos naturales dispuestos por el Creador sobre la tierra. Ser rico es el placer de disfrutar la superioridad de clase. Es poder mirar al pobre de cerca en su condición de oprimido y explotado, ya sea como mesonero, chofer, jardinero o limpiabotas, como quien contempla complacido a los animales en cautiverio en medio del zoológico.

¿Qué lleva a un nuevo rico a eximir a otro de toda culpabilidad cuando las evidencias lo dejan al descubierto en la violación de las leyes que quebrantan incluso los más sagrados intereses del capital privado, como en este caso?

¿Por qué a la hora de todo acto delincuencial la tendencia natural de la burguesía es hacia la descalificación y la condena a priori del pobre y del desvalido?

Desde Aristóteles hasta nuestros días los grandes pensadores de la teoría social se preocuparon por el tema llegando siempre, desde un ángulo o de otro, más o menos a la misma conclusión. La enajenación del ser humano sometido a la presión de su entorno, de sus valores y creencias, termina por ser una condición ineludible en las sociedades altamente consumistas, entregadas a la búsqueda irracional y desmedida de la felicidad a través del confort y la opulencia que se supone disfrutan solamente las clases pudientes.

Erich Fromm consideraba que esa enajenación era el resultado directo de la perversa influencia del capital en la sociedad, que conduce al individuo a sentirse como extraño de sí mismo y hacerse dependiente de sus actos o de las consecuencias de estos en razón de determinados valores de clase.

Quizás eso explique por qué el militante opositor se concentra en sus manifestaciones políticas no para aplaudir y brindarle su afecto y su respeto a sus líderes, a quienes por razones obvias asume como inferiores, sino para echarles en cara su repudio y descargar sobre ellos los insultos más venenosos, tal como los vemos hoy tanto en videos como en la infinita proliferación de desprecio que vierten los opositores por las redes sociales contra todos y cada uno de esos dirigentes.

No se conoce ningún evento político en la historia que esté signado por esa lógica del insulto a la dirigencia a la cual los asistentes van a ver encima de una tarima desde donde nunca se les ofrece una orientación política, un discurso programático o una arenga propositiva que estimule e imprima optimismo a la militancia, sino que más bien se les termina enseñando de manera insolente y soez el trasero pestilente de cualquier notable vocero de ese sector, en clara demostración del poco respeto y estima que esos dirigentes le tienen a su propia gente.

El odio y la repulsa hacia el prójimo en función del interés particular de cada quien (premisa filosófica fundamental de la doctrina neoliberal) reduce al individuo a la condición de escoria humana que rechaza por acto reflejo la existencia misma del otro, y le sume en el delirio ridículo de la supremacía social.

Lo que lleva entonces a la ex alcaldesa a la solidaridad automática con el delincuente de cuello blanco y jamás con el trabajador o el obrero, es la segura convicción de que en cualquier momento ella, como todo burgués severamente disociado, podría encontrarse en la situación del adinerado estafador, pero nunca, ni en la peor pesadilla, en la del pata en el suelo.

@SoyAanguibel

Los invasores… aquí y ahora

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 09 de noviembre de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

La tétrica mirada de Daniel Romero leyendo el Decreto de Carmona, sorprendentemente exacta a la del aspecto toxicómano del dirigente opositor común, remitía desde un primer momento a aquella vieja y muy desafortunada serie de televisión norteamericana de mediados de los años sesentas, Los Invasores, con la cual el imperio le ofrecía al mundo una variante lastimosa y muy precaria de su guerra mediática contra el comunismo.

En la serie, el arquitecto David Vincent (Roy Thinnes), debía convencer al mundo de la presencia de seres extraterrestres que venían a la tierra con el plan de acabar con la especie humana, pero la incredulidad de la gente hacía que su alerta jamás fuera atendido porque, mediante no se supo nunca cuál raro sortilegio, los extraños visitantes habían logrado convertirse en copias idénticas de los humanos. La única forma que tenía el arquitecto para demostrar la verdad del amenazante horror, era un desperfecto anatómico de los alienígenas, consistente en la imposibilidad de doblar el dedo meñique. Solo con verles el dedo engatillado, Vincent sabía que eran ellos.

La pregunta ha estado siempre en el ambiente ¿Por qué es tan frecuente en el liderazgo opositor la misma escalofriante mirada de reptil extraterrestre?

Igual que en la ciencia ficción, los integrantes de la banda de golpistas que subieron al escenario aquel día escuchaban inmutables las defenestraciones burocráticas que el orador iba leyendo con pausas calculadas como para capitalizar su efecto en una audiencia enardecida a la que cada uno de los truhanes examinaba con los mismos ojos escrutadores de Romero frente al micrófono. A ninguno de ellos se le escapó un gesto que no fuera de nerviosismo, que, como es de esperarse en cualquier audacia que incluya desplazar a un gobierno del poder, es quizás el más incontrolable de los reflejos condicionados del cuerpo. Romero mismo dio fe de ello apenas unas cuantas horas después de su efímera alocución, en los sótanos de ese mismo palacio, donde le tocó hacerse en los pantalones precisamente por su incapacidad para el control de su cobarde sistema intestinal.

Probablemente sin imaginar que el primer y único Decreto firmado por Carmona en su breve paso por el gobierno contemplaba la reinstauración en el sistema bancario de la modalidad financiera del cobro de intereses sobre intereses (mejor conocida como “Créditos Mexicanos” o indexados), la burguesía que ovacionaba la destitución de funcionarios que enumeraba Romero, estaba convencida de que el paso que se estaba dando en ese aquelarre de ultraderecha, era el salto al progreso y al bienestar que la revolución supuestamente les había robado.

Esa anacrónica burguesía, delirante y necia, es la misma que hoy abriga la pueril esperanza de que un hipotético triunfo de la derecha en las elecciones parlamentarias del próximo seis de diciembre, representará una vez más para ellos alcanzar el nivel de privilegios con los que sueñan, pero que nunca han perdido porque en verdad jamás los han tenido. Al menos como auténtica clase oligarca.

La burguesía venezolana, habiéndose chuleado durante décadas la renta petrolera venezolana a través de políticas proteccionistas dispendiosas y despilfarradoras instauradas en la cuarta república, es una burguesía ramplona, inepta y chapucera, integrada por lo general por desclasados oriundos casi siempre de caseríos recónditos del país y jamás de nobleza o entidad de ninguna alcurnia, como ellos se pretenden, erigidos en oligarcas a punta de un impúdico parasitismo, cínico y vergonzoso, del que ahora se dicen orgullosos en las cuñas de imagen de sus emporios empresariales, y del cual han sacado las inmensas fortunas con las que se jactan de incluirse en las listas de los multimillonarios connotados del mundo. Es decir, lo único que tienen es dinero.

Esos irresponsables se consideran a sí mismos superiores porque no tienen que hacer cola para comprar ni la harina de maíz, ni la mantequilla, ni el papel tualé que ellos esconden en su audaz y demencial juego de “la democracia solo para el mejor postor”, precisamente porque con el dinero que dicen no tener (y por el cual ansían derrocar el gobierno legítimamente electo) compran por tres reales y medio el trabajo de los humildes para que quienes hagan las colas sean ellos, los desposeídos y no los ricos. Una auténtica guerra solo mata pobres, tal como la han concebido, pero que los pone en evidencia como lo que en verdad son; una élite miserable y asquerosamente codiciosa que asalta hasta el modesto bienestar del pueblo, al que le roba las posibilidades que la revolución bolivariana hoy en día les brinda a los más necesitados, como los vehículos Cherys, los productos del programa Mi Casa Bien Equipada, los teléfonos de fabricación nacional, computadoras, etc., todos en manos de contrarrevolucionarios inmorales que han hecho prevalecer la fuerza del dinero sobre la idea de justicia e igualdad que Chávez propuso con la creación de esos programas.

En su delirio, esa élite putrefacta no desea una elección parlamentaria el seis de diciembre, ni más nunca si por ellos fuera, sino una concreción infalible e irreversible de aquel evento fabuloso con el cual fue tan feliz como nunca antes en su vida, en el que se enumeraban en la chirriante enunciación de Romero los cargos que el dictador en ese momento estaba destituyendo.

“Se suspenden de sus cargos a los diputados principales y suplentes a la Asamblea Nacional… Se destituyen de sus cargos al presidente y demás magistrados del Tribunal Supremo de Justicia… así como al Fiscal general de la República… al Contralor General de la República… al Defensor del Pueblo… y a los miembros del Consejo Nacional Electoral…”, decía Romero, y la burguesía hacía retumbar frenética el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores, convencida de que con la simple destitución de funcionarios se resolvían ya de por sí todos sus problemas.

Para ellos el carmonazo no fue un error sino una frustración. Un trabajo incompleto que lo que había era que hacerlo bien, sin reveses, sin pueblo en la calle ni retornos chavistas indeseables.

Exactamente como lo plantean hoy.

Con su campaña del fraude preestablecido, esa burguesía se prepara para asaltar el poder no con base en los resultados electorales (porque cualquiera que sean estos su pretensión de embestida contra Miraflores será igual), sino porque, producto de esa misma campaña de terror desatada por sus propios medios, está hoy convencida de que el pueblo ya no cree en las evidencias que el mundo entero conoce cada vez más en cuanto a que su enemigo histórico, único y verdadero, es el capitalismo. Que, según ellos, al pueblo no le interesaría ningún proceso de transformación social que tienda a su propia redención y que lo rescate y lo proteja de la perversión neoliberal que la derecha pretende reinstaurar en el país. Que esa gente humilde que hoy sobrevive gracias a una idea de inclusión social de la cual jamás ni siquiera escuchó hablar hasta que Hugo Chávez se la puso al alcance de sus manos a través de las más de 39 Misiones y Grandes Misiones que hoy en día impiden que la gente pobre retorne como en el pasado a los botaderos de basura a buscar su alimento como cada día lo hacen más en el mundo capitalista, podría terminar votando por esa derecha que tanta hambre y miseria le dejó a los venezolanos.

Para ello, su maquinaria corporativa ha sido activada de nuevo para ejercer el panfleterismo político. Tal como lo vienen haciendo impúdicamente los partidos de la oposición desde hace algún tiempo (en particular Capriles Radonski con su risible oferta de continuación de las misiones sociales), ahora, según sus cuñas publicitarias, la Polar es la empresa que más ha ayudado al pueblo desde siempre. Digitel, por su parte, se lanza a la calle con un programa con el que copia exactamente la misión Mi Casa Bien Equipada. Así, empresa tras empresa, todo el estamento privado de la economía que ha cerrado filas los dos últimos años contra lo que ellos han denominado peyorativamente “el modelo”, ahora centran su atención y su accionar en el pueblo, mediante formulaciones engañosas de corte fingidamente socialistas.

Todo cuanto hace la derecha corrobora que en Venezuela hoy en día es más probable obtener votos desde la sólida propuesta revolucionaria construida por Chávez que desde la fatuidad del discurso neoliberal que ningún líder asume con dignidad en la oposición. Les resulta mejor tratar de invadir, como auténticos alienígenas de la política, el terreno del chavismo antes que dejar ver su verdadero rostro de perversa y decrépita burguesía parasitaria.

 

@SoyAranguibel

Vivir en el paraíso

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 18 de mayo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Los dogmáticos, en su atávica tozudez doctrinaria, van a encontrar siempre en la propuesta chavista de socialismo una tentativa sin basamento teórico, sin asidero histórico y hasta de naturaleza sacrílega (para aquellos que desde el extremo conservador del rigor ideológico examinan igual que los ultraizquierdistas a la revolución bolivariana), con cuyos principios van a estar reñidos en todo momento fundamentalmente por el carácter transformador inherente al proceso de redención de los pobres que impulsara en Venezuela el Comandante Chávez bajo la óptica propia y completamente innovadora en que éste lo planteó.

El mayor tormento para ellos es que se trastoquen de alguna manera los pilares fundacionales del pensamiento revolucionario más ortodoxo y la concepción misma del Estado, con lo cual, según el particular enfoque de cada uno de esos dos sectores se traicionarían, por una parte, los sagrados principios de las luchas sociales a través del tiempo y la estabilidad del modelo de sociedad, por la otra.

Coinciden así la ultraizquierda pseudo chavista y la derecha oligarca en un planteamiento contrarrevolucionario común, en el que se puede leer desde dos ángulos supuestamente enfrentados en lo ideológico exactamente el mismo postulado teórico que en apariencia los distancia, como ese según el cual lo que no serviría en el Estado serían los funcionarios y no el modelo burgués bajo el cual está concebido ese Estado.

De la misma forma en que el inefable decreto de Carmona se centraba en abril de 2002 en la destitución de funcionarios de todos los poderes públicos como un paso indispensable para la restitución del Estado a su condición prerrevolucionaria, de esa misma manera la ultraizquierda pseudo chavista fundamenta su propuesta en la búsqueda del desplazamiento del liderazgo revolucionario como condición sine qua non para avanzar en la construcción del bienestar económico del país.

Ambos sectores ocultan el peso que tiene en la deficiencia de la gestión pública la inviabilidad del modelo burgués aún imperante para satisfacer las necesidades de la población, así como la perniciosa presencia de infiltrados opositores en los organismos del Estado y el brutal ataque del capital privado, nacional y transnacional, a la estructura de gobierno con su impúdica oferta de comisiones a diestra y siniestra, ya no solo en búsqueda de jugosos contratos sino en el avieso afán de corrupción del sistema para derruirlo y acabar así con el modelo socialista.

Por igual acusan a la revolución de una supuesta mala gestión en las empresas nacionalizadas (un minúsculo porcentaje apenas del parque empresarial venezolano en relación con el que todavía sigue en manos de la burguesía), desconociendo que el propósito de esas nacionalizaciones no es la sustitución de la premisa de la rentabilidad capitalista por un abstracto modelo de rentabilidad socialista, sino la transformación del proceso de producción para pasar de la cultura de mercado a la lógica de la cultura comunal que es base medular del proyecto revolucionario chavista, donde el valor de cambio y cuanto ello implica sea sustituido por el valor de uso de la producción de acuerdo a las necesidades reales de consumo del país y no a las necesidades de la acumulación del capital.

Sin embargo la mayoría de esas empresas, como el Banco de Venezuela, Cantv, Industrias Diana, entre otras, ha demostrado eficiencia operativa en el incremento de su producción y eso es innegable. Pero no es solo la irrefutabilidad de esos hechos el peor enemigo de los dogmáticos tanto de derecha como de izquierda, sino la retórica misma de su insustancial discurso.

En todos los procesos revolucionarios de la historia el papel político de la oligarquía, antes que en la promoción de su propia e inviable propuesta neoliberal, se ha centrado en la obstrucción del bienestar social que esas revoluciones han promovido, porque el discurso de las elites hegemónicas es diametralmente opuesto al interés de las grandes mayorías depauperadas que desde siempre han padecido las crisis económicas y sociales que inevitablemente resultan de esa recurrente practica burguesa de la conspiración contra el poder popular, no solo mediante la guerra y el sabotaje sino mediante la demagogia.

Los griegos acuñaron el término “demagogo” para designar a los conductores de la sociedad, imprimiéndole así un sentido positivo en un primero momento a lo que posteriormente Aristóteles definió como “la forma corrupta o degenerada de la democracia”, tal como la usa desde entonces la burguesía para etiquetar a toda expresión de liderazgo que surja del pueblo y que alcance el poder por cualquier vía.

De ahí que “demagogo” haya sido asociado a “embaucador” o “seductor de masas”, “adulador del pueblo”, que confiscaría el poder para instaurar la tiranía y los modelos autoritarios de los que siempre se ha acusado a los regímenes populares a través de la historia.

En la Venezuela revolucionaria, como parte de esas innegables singularidades que el dogmatismo decimonónico repudia en el proceso bolivariano, el término “demagogo” se ha desplazado desde el poder hacia los sectores contrarrevolucionarios, desde donde se está produciendo hoy la más impúdica e irresponsable práctica de adulación y de ofrecimientos insustanciales al pueblo que se recuerde en los anales de la política.

No puede ser sino irresponsable (y hasta criminal incluso) tratar de convencer al país de que la vida de ilusoria prosperidad que ofrece el modelo capitalista, y que la ultraizquierda pseudo chavista adopta sin el más mínimo pudor como paradigma de bienestar en su descalificación del gobierno del presidente Nicolás Maduro, sea de alguna manera posible en medio del escenario de guerra al que el gran capital nacional e internacional nos tiene sometidos con el apoyo nada más y nada menos que del imperio norteamericano.

Venderle a la gente que nada más cambiando unos cuantos funcionarios de gobierno por otros, sin que se avance en la superación del esquema de injusticia que comprende el modelo neoliberal para sustituirlo por el sistema de inclusión social que el ideario chavista propone, se pudiera alcanzar el paradisíaco nivel de vida que ofrece el capitalismo es conducirla al fracaso que hoy padecen las naciones que a lo largo de los últimos doscientos años han transitado ese camino a su más entera libertad, es decir, sin los obstáculos y sabotajes que ha debido enfrentar la revolución bolivariana desde hace dieciséis años.

Vivir en el paraíso terrenal que sugiere el discurso contrarrevolucionario es imposible en un mundo en el que sólo el 1% de la población posee casi dos tercios de la riqueza del planeta. 99% de la población de la tierra denuncia hoy esa injusticia y por ello son asesinados o van a la cárcel y a la calle sin empleo ni techo donde cobijarse cada vez más pobres y desvalidos que en ningún otro momento de la historia, en el ensanchamiento más abismal de la brecha entre ricos y pobres que se haya conocido jamás.

El destacado analista económico y vicepresidente de la cadena Financial News, Paul B. Farrel, se refiere hoy a este proceso en estos términos: “La burbuja de la desigualdad se está acelerando, peor que en 1929, o incluso 1789. La brecha de la desigualdad se encuentra ahora en los niveles de 1929, lo que hace que la apuesta del Partido Republicano con el futuro de Norteamérica sea un verdadero asalto a la clase media.”

El premio Nobel de economía, Joseph Stiglitz, por su parte, afirma al respecto: “A Estados Unidos le gusta pensar de sí mismo como una tierra de oportunidades. Pero hoy en día los  números muestran que el sueño americano es un mito … ensanchamiento de la brecha … la tendencia clara es una concentración del ingreso y la riqueza en la parte superior, el vaciamiento de la media, y el aumento de la pobreza en la parte inferior”.

Evidentemente ese idílico paraíso capitalista del que hablan tanto la derecha como la ultraizquierda pseudo chavista, es cada vez más inalcanzable. La revolución chavista, por el contrario, es el camino a la redención del ser humano a partir de la construcción concreta de la utopía de justicia social por la que tanto lucho el Comandante Eterno.

@SoyAranguibel

Cambiar el modelo, esa necia cantaleta opositora

– Publicado en Correo del Orinoco el 13 de octubre de 2014 –
Casa de los Mendoza– Casa de los Mendoza, Veroes a Jesuitas, Caracas. Foto: Alberto Aranguibel B. –

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde los orígenes mismos de la república, una vez culminado el periodo independentista, los sectores oligárquicos venezolanos han pretendido de manera recurrente el control del poder político, causando la mayoría de las guerras intestinas en nuestro país y generándole a nuestra nación la infinita pérdida de recursos y oportunidades de desarrollo que le han ocasionado.

La eterna pugnacidad por el poder que nos llevó a guerras consuetudinarias de uno u otro signo durante más de un siglo, no estuvo determinada exclusivamente por razones de tipo político o rastreras ambiciones personalistas de caudillos delirantes, como se nos hizo ver a través del tiempo, sino que esas razones estuvieron siempre influenciadas por los intereses de los poderosos sectores económicos que fueron moldeando mediante su decisiva intervención en las propuestas y políticas económicas aplicadas por los distintos gobiernos que se sucedieron en nuestra historia desde el primer mandato de José Antonio Páez en 1830.

Por lo general, todas esas guerras, revoluciones y contra revoluciones, que costaron millones de vidas y oportunidades de bienestar a los venezolanos por más de un siglo, se debieron no al fracaso de los modelos políticos de diverso signo que las sempiternas luchas fueron dejando a su paso, sino al fracaso de la concepción del desarrollo que se asumía que en cada oportunidad desde ese obtuso sector oligarca que manejó el poder tras bastidores. El ideal estrictamente capitalista que orientó en todo momento ese empeño, no fue jamás la solución sino el agravante de las profundas carencias y desigualdades que el país aspiró siempre a superar.

La instauración de la libre competencia y el derecho de propiedad privada fue determinante como norma para intentar promover el desarrollo nacional desde el primer gobierno de Páez, a partir del impulso que los sectores pudientes de la naciente república le daban a una muy primitiva pero muy clara concepción liberal de la economía, gracias a la afinidad de intereses de clase que ese sector fue encontrando progresivamente en el caudillo, acostumbrado ya para aquel entonces a las ideas de libre mercado que desde el siglo IXX se esparcían por el mundo y que venían llegado a suelo americano por diversas vías mucho antes de la revolución independentista. Tomás Lander fue uno de sus precursores en el país. El diccionario de Historia de Venezuela, de la Fundación Polar, lo registra así: “Poco a poco se ubican en una línea común, cuya fortaleza reside en la confianza depositada en un programa de transformación nacional. El programa consiste en la liquidación de la sociedad tradicional mediante un cambio del papel del Estado, que en adelante deberá ocuparse de la libre competencia de los propietarios, suceso inédito en la historia venezolana (…) Según las nuevas reglas, la prosperidad pública depende de las condiciones materiales que pueda proveer la autoridad con el objeto de hacer expedito el juego de los patrimonios particulares.” Era ese el espíritu de la “Ley de Libertad de Contratos” que expedía el Congreso en abril de 1834. (1)

Es por eso que la oligarquía asumió y asume a Páez como el auténtico creador de la República, tal como lo afirma el ex-candidato presidencial de COPEI, Oswaldo Alvarez Paz, quien afirma categóricamente: “No podemos permitir que la República de Venezuela como la fundó José Antonio Páez, como se mantuvo en medio de muchas circunstancias en el siglo XIX, en el siglo XX y en parte del XXI, se destruya para darle paso a un Estado socialista…”. Lo que expresa en sí mismo el repudio a Bolívar como Padre de la Patria y el reconocimiento al “Centauro” como legítimo instaurador del modelo neoliberal por el cual hoy aboga la derecha venezolana. (2)

El desprecio al Padre de la Patria es toda una cultura enraizada en el alma de la godarria venezolana, precisamente por los grandes valores de justicia e igualdad social por los que Bolívar luchó en completa contraposición a los obscenos intereses de la clase oligarca. Ello explica la urgencia con la que esa misma oligarquía desalojó del salón Ayacucho del palacio de Miraflores en abril del 2002, durante el golpe de estado contra el Comandante Chávez, el cuadro de El Libertador para depositarlo en un oscuro baño a la hora de la auto juramentación de Carmona. Otro ejemplo de esta chocante discriminación puede apreciarse claramente en la Casa de los Mendoza en el centro de Caracas, verdadero templo de la cultura goda en el país fundado por el viejo Lorenzo Mendoza Quintero (abuelo del dueño del más importante emporio industrial privado en Venezuela), en la cual no es el cuadro del Padre de la Patria el que preside la imponente sala sino el de José Antonio Páez, a quien ubican de manera prominente en todo lo alto de la pared principal, mientras que el Libertador es colocado, un poco como por cortesía, en una condición completamente disminuida en el lado opuesto. (ver foto)

La tragedia de nuestro país, al decir del escritor y filósofo Carlos Rangel, fue que mientras otras naciones latinoamericanas, como México, Perú, Chile y otras, se dedicaban a construir sociedades avanzadas, en Venezuela no salíamos nunca de sempiternas luchas por el poder. Luchas en las que el interés y la miopía política de los grandes hacendados que presionaron siempre al sector militar y político en la búsqueda de imponer un inviable modelo de libertades plenas en el plano económico, fue gestando la condición de pobreza crónica que desde siempre ha castigado a nuestro pueblo, permitiendo a la vez que se institucionalizara el creciente ritmo de atraso que el país acumuló en todos los ámbitos con el tiempo.

Eso que hoy se conoce popularmente como “paquetazo” (término que resume la naturaleza ineficaz e inhumana de fórmulas economicistas que desconocen o subestiman la realidad social, política y estructural del país en función del libre mercado) ha estado presente en la vida económica venezolana en todos los gobiernos que intentaron superar, uno tras otro, las asfixiantes limitaciones que desde siempre tuvo el Estado para asumir por sí mismo los compromisos financieros de los planes y proyectos de desarrollo. Antes que construir esa sólida capacidad de autogestión que demandaba la nación, para los gobiernos que se sucedían en revueltas tras revueltas ceder a las propuestas de la oligarquía siempre apareció como el camino más simple y a la mano, sobre todo a lo largo del periodo no petrolero de nuestra economía.

Las máscaras usadas por ese sector pudiente de la economía para cambiarle el rostro a los distintos proyectos por ellos impulsados para ocultar la verdadera intención depredadora que cada uno de ellos comprendía, han sido muchas a lo largo de la historia, desde el “liberalismo económico” del siglo IXX, la “economía democrática” o el “desarrollismo” del siglo XX, etc., hasta el “capitalismo popular” de María Corina o el “progresismo” del siglo XXI que presenta ahora Capriles.

Todos, sin excepción, han sido siempre reformulaciones de un mismo plan, de una misma idea, de una misma filosofía, que persigue ser percibida en cada caso como opción de futuro, carente de pasado, pero en la cual están implícitas las verdaderas causas del hambre y la miseria que agobia a nuestro pueblo.

Es por ello que la difícil realidad que enfrenta hoy Venezuela, la crisis en el abastecimiento y la cultura del bachaqueo y el alza indetenible de precios, que derivan directamente de la lógica especuladora del capitalismo, antes que económica en modo alguno, es fundamentalmente ideológica.

Es la lógica de un modelo capitalista que lleva a la gente pobre a creer, por ejemplo, que vendiendo el apartamento que con tanto esfuerzo le ha entregado en forma gratuita la revolución bolivariana o incorporándose como mula a la red de contrabando interno o externo a cambio de un insignificante monto de dinero que cada día va a valer menos en la medida en que esa absurda modalidad capitalista siga avanzando, está logrando acabar de alguna manera con la pobreza que solo el socialismo puede ayudarle a superar de manera efectiva y perdurable.

El “vivir bien”, el “vivir viviendo”, como dijo el Comandante Eterno, no es en modo alguno “la buena vida” que ofrece el modelo capitalista, en la cual lo único que se logra inevitablemente es “vivir muriendo”. “El socialismo es lo nuevo”, decía, y la historia así lo confirma.

 Fuentes:

(1) Conservadurismo – Diccionario de Historia de Venezuela – Fundación Polar – ISBN 980-6397-37-1 – 1997

(2) http://youtu.be/iz92CAX5GR4?list=UUAnBVrWZ7MQj7i_nhoNf-qg

@SoyAranguibel

¿Qué está pasando en Venezuela?

Una sencilla pero muy esclarecedora explicación ilustrada, nos muestra en pocos minutos la cruda realidad de lo que pasa hoy en Venezuela y nos ayuda a comprender la naturaleza golpista de la violencia terrorista desatada por la derecha en el país: