La inexplicable pasión opositora por la irresponsabilidad

Por: Alberto Aranguibel B.

Si para algo sirve el destartalamiento del plan Guaidó montado por la derecha nacional e internacional bajo la directriz del gobierno norteamericano, es para demostrar, una vez más, que la tragedia de la oposición venezolana no está determinada de ninguna manera por el chavismo sino por sus propias carencias.

El desastre de ineptitud, inconsistencias, engaños y corrupción, de la que hace alarde hoy la cúpula dirigencial de ese sector de la vida política nacional, es infinitamente superior y mucho más bochornoso de todo cuanto pudiera haberse imaginado alguien jamás, incluso en las propias filas del antichavismo.

Los reveses y fracasos reiterados y recurrentes en la actuación opositora desde el primer momento de la alianza contrarrevolucionaria, por allá por el año 2000, han sido siempre en uno u otro sentido el resultado de errores cometidos por sus líderes, cuya persistencia en el desatino a la hora de tomar decisiones y emprender estrategias de cualquier naturaleza terminó decantándose indefectiblemente en la vía antidemocrática y violenta como única opción, para culpar luego de cada fracaso al chavismo.

La victimización forzada ha sido el recurso invariable en ese evasor comportamiento que busca culpabilizar siempre de sus propias deficiencias al otro, en la búsqueda de posicionar en la opinión pública fórmulas de lucha absolutamente contrarias al deseo mayoritario del país, que aspira a una vida democrática sin sobresaltos ni violencia.

En el obsesivo afán por hacerse del poder a como dé lugar, la aspiración del triunfo por el triunfo en sí mismo, que no mide trasgresiones ni sus consecuencias, lleva a la oposición  a perder toda conexión con los propios parámetros por los que dice regirse, llegando al extremo de celebrar impúdicamente todo hecho que atente contra esa paz que ansía la población, incluida la propia militancia opositora, sólo porque de esa forma se alimenta la ingobernabilidad y la desestabilización que desde ese sector se persigue como vía para alcanzar el poder.

A falta de un soporte ideológico consistente que le imprima sentido y direccionalidad a su lucha más allá de la inmoral sed de satisfacción personalista de sus dirigentes, la oposición cambia de discurso y hasta de objetivos políticos como una veleta, sin sentir ni el más mínimo bochorno por ello, como si lo único que garantizara (y justificara) el triunfo al que aspira fuese el deseo y no la forma de hacer las cosas o las razones que lo motiven.

Muestra de esa persistencia en el error y a la vez en la inconsistencia ideológica, es la insensata propuesta a la que arriba hoy con la supuesta fórmula de salvación nacional que ahora esgrime, después de fracasar en todas y cada una de las acciones emprendidas por quien hace apenas cinco meses presentaba como el luminoso redentor que jamás habría dirigido los propósitos triunfales del antichavismo en casi un cuarto de siglo, el inefable Juan Guaidó, que tantas esperanzas sembró en las filas opositoras y que hoy es más despreciado (y en mucho menor tiempo) que cada uno de los que le precedieron en ese dudoso honor de ser el Mesías de un sector tan depauperado como la oposición.

En consecuencia, y seguramente como una dolorosa expresión más de su impotencia, la oposición le explica hoy al mundo que los problemas nacionales se deben ya no a una profunda crisis económica, y ni siquiera al socialismo o a la invasión cubana que ellos de manera obtusa siguen vociferando que existe en el país, sino que se deben a la falta de una insurrección militar.

Que las fallas en sus intentos por asaltar el poder, en lo que no importa para nada la decisión soberana del pueblo, se deben a que los militares no se han rebelado contra el Estado de derecho ni han quebrantado su juramento de lealtad a la Patria. Que los irresponsables son, pues, los militares que obedecen la Constitución y las Leyes.

Pero se supone, en principio, que el interés supremo de los demócratas es todo lo contrario a la fórmula de facto que comprende la vía armada. Más aún cuando dicha acción armada no se presenta con la sola intención de control y desmovilización de los aparatos de seguridad del Estado (como en principio es el objetivo táctico de toda asonada militar), sino que se propone de entrada y en la forma más abierta y descarada el asesinato en masa de los integrantes del gobierno y de sus seguidores.

No es de ninguna manera civilizado pretender gloria alguna en el exterminio físico de todo aquel sector que se adverse en el terreno político, y mucho menos de una organización de naturaleza profundamente popular como la es definitivamente el chavismo. Pero es todavía menos glorioso si quien promueve tal barbaridad lo hace en nombre de la democracia.

Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba, lo tuvieron perfectamente claro a la hora de concebir aquel malhadado pacto de Punto Fijo, en el cual acordaban, entre otras cosas, el secuestro político del país para poner la economía nacional al servicio de las corporaciones norteamericanas a la vez de asegurar la continuidad del bipartidismo adecocopeyano en el poder para impedir la reversión de esa ominosa entrega al imperio.

En tal sentido el pacto establecía, palabras más palabras menos, que “La intervención de la Fuerza contra las autoridades surgidas de las votaciones es delito contra la Patria. Todas las organizaciones políticas están obligadas a actuar en defensa de las autoridades constitucionales en caso de intentarse o producirse un golpe de Estado, aun cuando durante el transcurso de los cinco años (que duraba entonces el periodo constitucional de gobierno) las circunstancias de la autonomía que se reservan dichas organizaciones hayan podido colocar a cualquiera de ellas en la oposición legal y democrática al Gobierno. Se declara el cumplimiento de un deber patriótico la resistencia permanente contra cualquier situación de fuerza que pudiese surgir de un hecho subversivo y su colaboración con ella también como delito de lesa patria.

Aún cuando dicho pacto no fue nunca propiamente escrito en tinta sobre papel (como lo ha querido presentar interesadamente la oposición en versiones apócrifas que ha sido adaptadas en la actualidad a los particulareres intereses del antichavismo) ni mucho menos notariado o registrado por instancia alguna, los conceptos centrales del acuerdo (verbal, según la relación que hiciera en alguna oportunidad el Dr. Ramón J. Velázquez como testigo excepcional que fue de aquel acontecimiento) sí puede decirse que expresaban las nociones y principios de aquellos jerarcas de la política nacional, porque su actuación pública (tan particular como arrogante en la mayoría de los casos) así lo corroboró a través del tiempo.

Tal concepción derivaba de una inequívoca noción de la política que, aún siendo contraria al interés de las grandes mayorías del pueblo hambriento y emprobrecido por la inmensa exclusión y la desigualdad social que el modelo puntofijista instauraba, era conciente del ineludible compromiso con la democracia representativa que tenía que defender ante el mundo, así fuese solamente de palabra, para sostenerse en el gobierno. Jamás hubiese nadie entendido (ni mucho menos aceptado) a una élite política que se pretendiera legítima si su discurso se hubiese fundamentado en la fuerza de las armas como sostén de la democracia que pregonaba, a pesar de la inocultable e inmisericorde masacre que significó a la larga el exterminio sistemático llevado a cabo durante la vigencia de dicho pacto contra todo vestigio de disidencia política.

El país supo en todo momento a qué atenerse con ellos, y de ahí que el riesgo de la evaluación popular de la que fueran objeto, tanto por sus convicciones como por su comportamiento, lo asumieron siempre con la mayor arrogancia e intolerancia, pero principalmente con un innegable sentido de seriedad, responsabilidad y consecuente compromiso con sus ideas.

La gran diferencia entre aquel denso liderazgo político y el lamentable estamento de mediocridad e ineptitud que hoy presenta la oposición como tal, es la carencia de esa solidez ideológica y de principios consistentes que es tan indispensable en el ámbito de la política, sea cual sea su orientación.

A esa seriedad, y a ese inquebrantable sentido de la responsabilidad con su propia ideología, es a lo que se refirió siempre el comandante Chávez cuando clamó por una “oposición con moto propia”.

Como la clama hoy el presidente Nicolás Maduro.

Y como claman el país y el mundo entero.

@SoyAranguibel

Aranguibel: La oposición no es un sector político sino un grupo de presión contra el Estado.

Caracas, 24/06/2019.- En entrevista con los periodistas Enma Carolina Agurto y Michel Caballero, en el programa “Café en la mañana” que transmite Venezolana de Televisión, Alberto Aranguibel sostiene que la oposición venezolana no puede definirse como sector político porque no se comporta como tal sino como un grupo de presión contra el Estado.

El fracaso del odio

Por: Alberto Aranguibel B.

Los argumentos de quienes acusan de inconstitucional la Ley Contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia (LCOPCPT), promulgada recientemente por la Asamblea Nacional Constituyente, rayan en lo absurdo por donde quiera que se les examine.

En primer lugar porque atacar una iniciativa que promueve la lucha contra la intolerancia y cualquier forma de discriminación en la sociedad, debiera ser objeto del más unánime aplauso sin ningún tipo de aprehensiones ni condicionantes, independientemente de la inclinación o militancia política de cada quien, porque el supremo propósito en la organización de las sociedades civilizadas es precisamente el logro de la convivencia pacífica entre sus habitantes, para lo cual los Estados y las naciones deberán promover políticas, programas y mecanismos que aseguren su establecimiento efectivo tal como lo manda la ONU a través de la Unesco, su órgano rector en materia de promoción de la paz y el entendimiento intercultural entre los pueblos.

En la “Declaración de Principios sobre la Tolerancia”, aprobada en 1996, la Unesco define el concepto de tolerancia afirmando, entre otras cosas, que “la tolerancia no es indulgencia o indiferencia, es el respeto y el saber apreciar la riqueza y variedad de las culturas del mundo y las distintas formas de expresión de los seres humanos. La tolerancia reconoce los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los otros. La gente es naturalmente diversa; sólo la tolerancia puede asegurar la supervivencia de comunidades mixtas en cada región del mundo.”

Según explica el portal www.un.org de las Naciones Unidas, “La Declaración describe la tolerancia no sólo como un deber moral, sino como un requerimiento político y legal para los individuos, los grupos y los estados, sitúa a la tolerancia en el marco del derecho internacional sobre derechos humanos elaborados en los últimos cincuenta años y pide a los estados que legislen para proteger la igualdad de oportunidades de todos los grupos e individuos de la sociedad.”

Ir, pues, en contra de lo que establece de manera tan categórica e inequívoca un organismo que reúne en su seno el carácter esencialmente civilizatorio que mueve hoy a la gran mayoría de las naciones del mundo, es, aún en el supuesto negado de la inconstitucionalidad de la cual la derecha acusa a esta avanzada Ley, si no un absurdo, al menos un bochornoso desatino político.

Más torpe aún, es el razonamiento según el cual la Ley tendería a coartar o cercenar las libertades de expresión y de información porque, según esa infeliz hipótesis, con las penalizaciones que dicha Ley contempla se estaría amedrentando ya no solo a los medios de comunicación sino al ciudadano común para provocar su inhibición a la hora de verse en la necesidad de protestar contra el Gobierno.

En principio habría que aclarar que, de acuerdo a la norma jurídica universal, toda Ley debe contener en su propio articulado las sanciones que debe acarrear el incumplimiento o la violación de la misma. Una Ley cualquiera sin el aspecto sancionatorio a las contravenciones de las cuales pueda ser objeto, es una Ley chucuta e inoficiosa que carecerá siempre de toda efectividad.

Pero, más allá de eso, es la insensata propuesta que tal razonamiento comprende promoviendo una suerte de “derecho al odio”, para el cual no debería existir restricción ni penalidad alguna.

En la arbitraria lógica de la mezquindad y del individualismo por la que se rige la derecha venezolana, de llegar a existir algún tipo de marco jurídico orientado a limitar ese “derecho al odio” que su argumentación sugiere, tendría que ser, cuando mucho, para penalizar tanto expresa como exclusivamente a los chavistas. Casualmente esos mismos que son objeto del odio que pretenden que se les exonere de pena alguna.

Tal disparate se desprende de la afirmación generalizada entre muchos de los opositores que difunden por los más diversos medios su rechazo a la LCOPCPT, en el sentido de que a los primeros a los que habría que aplicarles dicha Ley sería a aquellos voceros de la Revolución Bolivariana que de una u otra forma se hubieran expresado a través de los medios en un lenguaje subido de tono o abiertamente reprochable contra líderes o voceros de la oposición o incluso contra el conjunto de la militancia opositora.

De ser cierta la infame hipótesis de que habrían sido los chavistas quienes habrían promovido el odio entre la sociedad venezolana (es una creencia unánime entre la oposición la idea de que habría sido Hugo Chávez quien sembró la discordia entre los venezolanos), ¿por qué entonces tanto temor desde la oposición a una Ley que penaliza única y exclusivamente a quienes promuevan o lleven a cabo actos de odio o de violencia contra las personas?

La respuesta es tan simple como la estulticia de la infamante propuesta; porque quienes han promovido el odio entre los venezolanos no han sido los chavistas.

El odio entre los venezolanos se remonta a los orígenes mismos del proceso de exclusión y de atropello al desvalido que se inició con la llegada de las huestes genocidas que desembarcaron en nuestras costas con Cristóbal Colón.

Fue ese proceso de asesinato a mansalva de millones de nuestros ancestros aborígenes lo que sembró en el alma de la raza indoeuropea que se fue creando, el gen del desprecio hacia los pobres que fue inoculado progresivamente a nuestra incipiente sociedad desde hace más de medio milenio, y que sembró entre una clase oligarca inmisericorde y desalmada, como ha sido siempre la oligarquía venezolana, la idea de la supremacía de clase que hoy hace estragos con la tranquilidad y el bienestar del pueblo, alcanzados por primera vez en nuestra historia durante la Revolución Bolivariana.

Esa naturaleza inhumana que caracteriza a la oligarquía venezolana, especuladora, usurera y voraz, fue la causante del estallido social del 27 de febrero de 1989, así como fue también el factor determinante del atraso industrial y tecnológico que nos impidió alcanzar los niveles de desarrollo a los cuales estuvimos llamados siempre en virtud del potencial de nuestras riquezas y de nuestras infinitas posibilidades para el crecimiento económico.

Esa persistencia en la vocación rentista, excluyente y saqueadora que caracterizó a la oligarquía, anidó por décadas el germen del odio entre la población despolitizada que predominó en el pasado en el país.

La llegada de Chávez lo que hizo fue imprimirle direccionalidad a la sed de justicia que ya el pueblo estaba expresando de manera espontánea en las calles. De haber continuado expresándose esa rabia en esa forma, sin liderazgo ni fundamentación ideológica que la orientara, la guerra civil habría sido inevitable y con ello habría sido imposible de detener, tal vez, hasta la desintegración misma de la Patria o la anexión de nuestro territorio a alguna potencia extranjera, tal como lo pretende hoy el imperio norteamericano utilizando a la derecha venezolana para ello.

El interés del odio estuvo siempre en la derecha. El odio fue no solo el instrumento mediante el cual pretendía hacerse del poder sin necesidad de obtener el favor de las mayorías en los procesos electorales, sino que fue la solución a la falta de un basamento ideológico sustantivo que le diera razón de ser en términos políticos. Por eso terminó entendiendo el desprecio hacia el prójimo como un derecho democrático y el exterminio de chavistas en las calles como un deber militante.

Pero esa propuesta fracasó.

La inmensa mayoría de las venezolanas y los venezolanos han demostrado, no solo con su voto por la instauración de una Asamblea Nacional Constituyente que rescatara la paz y la estabilidad del país para retomar la senda del crecimiento económico y corregir las distorsiones que han puesto al pueblo a padecer de nuevo las penurias que padeció en el pasado cuartorepublicano, sino mediante la disciplina revolucionaria con la cual ha acompañado al presidente Maduro en la titánica tarea de enfrentar las adversidades con la entereza con la que lo ha hecho.

El pueblo ha dicho reiteradamente de manera mayoritaria que no quiere saber más nunca de esa violencia terrorista que nos trajo el odio acuñado por la derecha. Por eso la mal llamada Mesa de la Unidad terminó atomizada en mil fragmentos; porque Venezuela quiere paz.

La derrota del odio no es sino una más de las decenas de derrotas que la Revolución Bolivariana le ha infligido al neoliberalismo. Y que le seguirá infligiendo. Es 10 de diciembre está a la vuelta de la esquina.

 

@SoyAranguibel

 

Aranguibel en Encendidos: “De no ser por la ANC, la situación económica sería hoy mucho más difícil”

Caracas, 22 de septiembre.- El analista político venezolano Alberto Aranguibel sostuvo hoy en el programa “Encendidos” que transmite Venezolana de Televisión, que si la Asamblea Nacional Constituyente no estuviera trabajando intensamente para resolver junto al Gobierno del presidente Nicolás Maduro los problemas que aquejan hoy a los venezolanos, la realidad económica sería mucho más difícil que la actual, y que hasta una invasión de fuerzas militares extranjeras podría haberse llevado a cabo ya de no haberse puesto en marcha una política de contención de los efectos devastadores que conllevan las guerras económicas, como las que ha desatado el imperio norteamericano contra los venezolanos.

Así mismo señaló el también Constituyentista que de haber existido en el seno de la ONU la posibilidad de votar por la aprobación o rechazo de las propuestas que los mandatarios de las naciones del mundo hacen desde esa tribuna, el discurso del presidente Donald Trump contra los países progresistas (Venezuela en particular) habría sido repudiado por la inmensa mayoría de los Delegados, “tal como se demostró en la aprobación unánime que tuvo al día siguiente de ese discurso el respaldo a nuestro país en el seno del Movimiento de los No Alienados (Minoal), la mayoría de los cuales están en contra de la pretensión hegemónica imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica”, según dijo.

Finalmente el analista acusó al Jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy, de violar el Estado de Derecho al encarcelar a trece dirigentes políticos en Cataluña que solamente pedían el voto para su pueblo, después de haber dirigido durante meses una guerra frontal contra el Presidente Nicolás Maduro por supuestamente haber ordenado la puesta en prisión de un dirigente opositor venezolano, que describió como “producto de un proceso ajustado a derecho” en el cual se le imputó a dicho dirigente una pena por su autoría en el asesinato de más de 43 venezolanos en 2014.

 

España: el imperio de los fantoches

Por: Alberto Aranguibel B.

El problema fundamental con los imperios no es nada más su naturaleza usurpadora y tiránica. En la lógica de Gramsci, con oponerles un ejército igual o más numeroso sería suficiente para reducir sus pretensiones de dominación sobre los territorios que no les corresponden, tal como sucedió en América Latina durante la primera mitad del siglo XIX. Y como sucedió siempre con los grandes imperios a través de la historia.

El problema fundamental con los imperios es su existencia misma, porque su sola concepción contra natura se asienta en el precepto de la hegemonía de una élite sobre el esfuerzo, la penuria, la miseria y el hambre de los integrantes de toda la sociedad que en razón exclusivamente de la fuerza y el terror de esa élite es sometida a su dominio. En ello la dominación se ejerce más por el control cultural que por el uso de las armas.

Su verdadero poderío se apoya en la ignorancia y el temor de los pueblos, a quienes los sectores dominantes necesitan incultos y despolitizados para hacerles presa fácil de la sumisión a su explotador modelo.

Las leyes del feudalismo que inspira a los imperios, absorbidas según Marx por la burguesía emergente que surgió con la división del trabajo bajo el yugo del mercado de la era industrial (que en el fondo siguen siendo las mismas), mantuvo incólumes los estamentos de la monarquía sembrados como una necesidad por las élites del poder a través de la historia en el imaginario colectivo de las sociedades más ignorantes y atrasadas.

Fue así, mediante la ignorancia de sus pueblos, que monarquías como la española devinieron en activos fundamentales e impostergables para pueblos que, aún habiendo experimentado el notable desarrollo que alcanzaron con el “descubrimiento del nuevo mundo” y con las inmensas riquezas despojadas a esos territorios brutalmente conquistados a sangre y fuego, jamás dejaron de ser sociedades atrasadas.

La lidia de toros con la que celebran en la tierra de Cervantes su salvajismo, por ejemplo, no es sino una minúscula expresión apenas de cómo una sociedad puede ser a la vez moderna y atrasada, gracias a la trampa del supuesto arraigo cultural en la que se sustenta.

Las grandezas de Lope de Vega, Calderón de la Barca, Quevedo, Hernández y de Lorca; la genialidad de Goya, Velázquez, Picasso y la delirante luminosidad de Dalí; los avances de la medicina y de la ciencia, su altísimo índice de desarrollo humano, y todas las demás magnificencias de la hispanidad contemporánea, no son excusa para la abominación de las guerras perpetuas causadas por la sed de poder imperial de las clases monárquicas que atravesaron de extremo a extremo la historia de España desde su más remoto origen.

Pero el imperio español no se ha extinguido todavía. Su decadencia, producto de la independencia americana y de la destrucción de su poderío naval por las alianzas británico francesa a mediados del siglo XIX, así como por la pérdida progresiva de poder en el norte de África, solo lo redujo en extensión.

De acuerdo a lo estipulado por la Constitución española, el Rey de España es a la vez rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, y de las islas y Tierra Firme del Mar Océano (es decir, de todos los territorios conquistados por España en suelo americano, así como en Asia y Oceanía). Qué ilusos en verdad los españoles.

Su afán por acabar con la revolución bolivariana, mediante las arteras operaciones de injerencia y obstaculización política que lleva adelante de manera terca y persistente desde hace más de tres lustros contra el pueblo venezolano, demuestran la naturaleza imperialista que aún después de doscientos años de haberlos echado de estas tierras pretenden imponer sobre nuestro país y, por supuesto, sobre el resto del continente suramericano que hoy reafirma su vocación soberana e independiente.

Doscientos años para un imperio no son nada si detrás de ellos viene aunada la posibilidad de retomar el control de territorios con los que puedan hacer reflotar sus convalecientes economías, plagadas de vicios de corrupción, enajenación política, depauperación social, hambruna, miseria y escases plena de posibilidades para sus ciudadanos, cada día más agobiados por el desempleo creciente, la pérdida de perspectivas de futuro estable bajo un techo digno, con un puesto de trabajo honroso y redituable.

Por eso España puede mantener a sus ciudadanos en vilo, sin gobierno de ninguna naturaleza durante los largos meses de crisis política por la que atraviesa esa derruida entelequia de nación. Porque en realidad la institución del gobierno no es sino una farsa del Estado monárquico para hacerle creer a la sociedad que se rige por un sistema democrático avanzado, cuando en verdad sigue sometida al imperio y designios de una realeza vetusta y cavernícola que hace con ese pobre país lo que le venga en gana.

Una clase política bien enfluxada y con modales ampulosos como la que personifica perfectamente el oligofrénico de Mariano Rajoy, no es sino una pantomima perpetua en la que se representa la ópera bufa de una libertad y unos derechos que no existen de ninguna manera en España.

Es exactamente lo que acaba de dictaminar el Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones unidas (ONU), destinado a evaluar el cumplimiento del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que acaba de suspender a España por incumplimiento o violación de más de 26 normas contenidas en el acuerdo que deben acatar las naciones en el tema de derechos humanos.

Tal incumplimiento va desde racismo policial hasta trata de seres humanos, incluyendo la aprobación de Leyes que atentan contra las libertades más elementales, como la Libertad de Expresión y de Información (Ley Mordaza), así como una ley de amnistía que impide la investigación de los crímenes cometidos por la dictadura de Francisco Franco, predecesor de Juan Carlos de Borbón padre del actual Rey Felipe VI.

Todo aquello de lo que acusa de manera infame y sin sustentabilidad alguna el reino de España al pueblo de Venezuela a través de esa poderosa maquinaria de manipulación y desinformación que son los medios de comunicación españoles y del Gobierno que hasta hace poco manejaba el fantoche de Mariano Rajoy, es exactamente de lo cual la ONU acaba de acusarle y que ha motivado su suspensión del Comité de Derechos Humanos hasta tanto no se solvente la terrible realidad de flagrantes violaciones en que la nación ibérica está incursa.

Y es, a la vez, precisamente todo aquello en lo cual Venezuela ha sido reconocida por ese mismo organismo internacional como país que garantiza el libre y más pleno ejercicio de las libertades ciudadanas en todos sus niveles.

Se coloca así, pues, deslumbrante e irrefutable ante el mundo entero la verdad que Venezuela ha sostenido de manera persistente desde el inicio mismo de la Revolución Bolivariana, y que ha debido gritar nuestro pueblo con más fuerza a lo largo del Gobierno del presidente Nicolás Maduro Moros; que nuestro país ha sido víctima de la más brutal y despiadada guerra de infundios, distorsiones y descalificaciones, por parte de esa maquinaria mediática y política al servicio de una corona española decrépita y destartalada, llena de complejos de dominación que la historia le impedirá resolver por los siglos de los siglos mientras el espíritu glorioso de nuestros libertadores y del Comandante Chávez siga creciendo en el alma comprometida e infatigable del pueblo latinoamericano.

¡Por qué no se callan de una buena vez, monarcas de pacotilla!

@SoyAranguibel

Otra vez los “Derechos Humanos”

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Por: Néstor Francia

El tema de los “Derechos Humanos” es uno de los más manidos por el imperialismo y las oligarquías para justificar sus desmanes y agredir a los pueblos. Los poderosos han tejido una intrincada red mundial para representar esta pantomima macabra. Tal red incluye organizaciones privadas, ONGs, organismos oficiales de organizaciones internacionales como la ONU y la OEA, tribunales internacionales, amén de una trama mediática que vende el concepto de mil maneras respondiendo a los intereses de Estados Unidos y sus aliados en el mundo.

Los “Derechos Humanos” están entre los primeros armamentos que tiene a la mano el imperialismo para bombardear a los países que tienen gobiernos “incómodos” o que entran en el ámbito de los intereses económicos del Imperio, como los países petroleros. En realidad, el concepto de los “Derechos Humanos” es una creación de la burguesía, a partir de la Revolución Francesa y de su “Declaración de los derechos del hombre y los ciudadanos”. En aquella época, fue un concepto renovador, como parte del enfrentamiento al absolutismo monárquico y al feudalismo. Por supuesto, desde un principio respondió a los intereses de la clase burguesa, que a mediados del siglo XVIII era una clase de vanguardia en la historia de la Humanidad. De hecho, cuando aquella declaración se refería a los “ciudadanos”, no aludía a todos los hombres, sino a los propietarios, es decir a los propios burgueses. Además, la burguesía pone el acento de esos supuestos “derechos” en lo individual, mientras que el Gobierno Bolivariano venezolano, por ejemplo, ha puesto el énfasis en los derechos colectivos, en los derechos de todo el pueblo, sin dejar de considerar la pertinencia de los derechos individuales. En Venezuela, la derecha ha convertido los “Derechos Humanos” en uno de sus principales argumentos para instigar a la violencia y ejercer la violación, paradójicamente, de los derechos de todos los ciudadanos.

Ahí está, como un ejemplo notable, el caso del criminal Leopoldo López, quien ha dicho que el suyo “no es un juicio, sino un paredón de fusilamiento”. Si López hubiera vivido en los primeros años de la Revolución Cubana, sin duda habría sido fusilado, como se hizo con tantos criminales batisteros. Pero aceptemos que el hombre está usando una metáfora, tratando de establecer que sus derechos individuales, como el derecho a la defensa, están siendo violados. Ahora bien ¿quiénes han violado y violan los Derechos Humanos en Venezuela? La respuesta no es tan obvia como el lector puede creer. Ciertamente, durante las guarimbas, por ejemplo, Leopoldo López, María Machado, Antonio Ledezma y otros delincuentes de su misma calaña, instigaron a la violación de múltiples derechos ciudadanos: el derecho a la vida, al libre tránsito, a la propiedad, a la salud, a la paz. En el caso de Leopoldo López, recordemos que participó activamente no solo en el golpe de Estado de abril de 2002, sino además en la masiva violación de los Derechos Humanos el 11, 12 y 13 de aquel sangriento mes.

Y aquí vale preguntarse ¿por qué quedó libre quien fue responsable de homicidios, torturas, persecuciones y otros desmanes que abundaron en aquella oportunidad? Esperemos que nuestra respuesta a esta interrogante sea comprendida en toda su complejidad e intención positiva y aleccionadora. Al dejar libres a los facinerosos de entonces, el Gobierno revolucionario violó los derechos del pueblo venezolano. No castigó ejemplarmente a los complotados y apenas seis meses después la mayoría de ellos volvieron por sus fueros. En el caso de los responsables del golpe de Estado y del sabotaje petrolero, solo se castigó a una parte pequeña de los implicados. Muchos de ellos no solo ni siquiera escarmentaron tras su fracaso de entonces, sino que algunos están entre los principales demiurgos de la violencia criminal del primer trimestre de este año. Recordemos que Leopoldo López celebraba en Venevisión, la mañana del 12 de abril de 2002, con otros golpistas, y que María Machado fue una de las firmantes del decreto de Carmona. En un principio se habló de “magnanimidad” y “generosidad” del Gobierno revolucionario.

El propio Chávez corrigió años después este calificativo y lo cambió por “debilidad”. Más de una vez el Comandante Supremo refirió, en torno a lo ocurrido en 2002, las ideas de Bolívar después de la pérdida de la Primera República, asentadas en su célebre Manifiesto de Cartagena: “De aquí nació la impunidad de los delitos de Estado cometidos descaradamente por los descontentos, y particularmente por nuestros natos e implacables enemigos los españoles europeos, que maliciosamente se habían quedado en nuestro país, para tenerlo incesantemente inquieto y promover cuantas conjuraciones les permitían formar nuestros jueces, perdonándolos siempre, aun cuando sus atentados eran tan enormes, que se dirigían contra la salud pública… Al abrigo de esta piadosa doctrina, a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar; porque los gobiernos liberales deben distinguirse por la clemencia. ¡Clemencia criminal, que contribuyó más que nada a derribar la máquina que todavía habíamos enteramente concluido!” Esta lección bolivariana no puede ser olvidada. Leopoldo López debe ser mantenido a la sombra por más que patalee.

Y hay que preparar las condiciones para que terminen con sus huesos en la cárcel otros delincuentes reincidentes que no cejan en su intención de conspirar y generar violencia, y que no muestran ni la más mínima intención de arrepentimiento o contrición, como María Corina Machado, Antonio Ledezma y otros de su misma ralea. A medida en que se profundice la confrontación, y puede jurar el lector que se profundizará, deberán ir cayendo uno por uno en las férreas manos de la justicia. Por otro lado, es menester aprender unas cuantas cosas del Imperialismo. Como su demostrada habilidad de urdir tramas no oficiales para respaldar sus manipulaciones.

En el tema de los “Derechos Humanos”, nos han copado el espacio ciudadano, mientras nosotros generalmente nos conformamos con las declaraciones, justas, correctas, pero insuficientes, de funcionarios del Estado como por ejemplo la Fiscal General y la Defensora del Pueblo. Si los principales violadores de los derechos de los hombres son el Imperialismo y la burguesía ¿por qué son ellos quienes llevan la batuta en la “defensa” de tales derechos? ¿Por qué parapetos como Cofavic o Provea, claros instrumentos de la derecha apátrida, tienen mucho más cancha pública que Asovic, nuestra Asociación de Víctimas del golpe de Estado de 2002? Organicemos al pueblo también en ese sentido, arrebatémosles a los criminales esa bandera que por historia y por derecho nos pertenece.

francia41@gmail.com

Las cuentas oscuras del capitalismo

 

Hambre en Sudan

 

Por: Alberto Aranguibel B. / Correo del Orinoco 04 de agosto de 2014

La inviabilidad del capitalismo no está determinada exclusivamente por su naturaleza profundamente inhumana y depredadora, como ha postulado el marxismo a través de la historia, sino por su incapacidad para suministrar (en el supuesto negado de que ese fuera en verdad su propósito) el bienestar con el que, cuando mucho, solo alcanza a ilusionar a la humanidad mediante un discurso mediático que ofrece infinidad de atributos fantasiosos de un modelo que no satisface las aspiraciones de la vida digna y cómoda que pregona, sino a tan solo una ínfima parte de la población del planeta.

La lógica salvaje del capitalismo surge del afán de la acumulación de riqueza en pocas manos por parte de los sectores oligárquicos de la sociedad, pero también, y muy especialmente, del terror de los propios capitalistas a caer en las fauces de ese monstruo que, como aquel mitológico Catoblepas del que se habla en “La Tentación de San Antonio”, era tan pavoroso que llegaba a comerse sus propias patas sin advertirlo.

En el polémico libro “La tierra es plana”, del tres veces ganador del premio Pulitzer Thomas Friedman, el autor sostiene la tesis de “El segundo comprador” como base de la lógica competitivista del modelo neoliberal. “Al hacer negocios –dice- te interesa siempre ser el segundo comprador, o sea; comprar el hotel, el campo de golf, o el centro comercial después de que el primer comprador haya quebrado, pues entonces el banco vende sus bienes por tres centavos”. Más aterrador que eso para un capitalista, ni siquiera las más horrendas descripciones del infierno.

Es exactamente la lógica de la que se vende al mundo como la fórmula que asegura por encima de cualquier otra el impulso económico en el capitalismo, la de la Bolsa de Valores; Procurar de manera frenética la crisis de los mercados cuando se quiere comprar, para implorar al cielo el alza de los mismos cuando se quiere vender, sin importar en lo más mínimo ni el hambre ni la miseria que tales fluctuaciones vayan dejando a su paso como estela de padecimiento de la humanidad, ni las guerras que por esa misma perversidad se ocasionen. La lógica miserable de los Fondos Buitres que hoy pretenden saquear la economía argentina.

Mientras en Génova arriba por mar ese gigantesco monumento a la barbarie capitalista que es el cadáver insepulto del crucero Costa Concordia, que hace poco causó la muerte a más de tres decenas de personas en medio del pavoroso naufragio del cual fue objeto en el sur de Italia, en Sudán autoridades de la ONU anuncian oficialmente la posibilidad casi segura del fallecimiento de más de 50.000 niños por causa del hambre en ese sufrido país del continente africano.

Para sacar del hambre a esos miles de niños y salvarlos de una muerte segura, la ONU estima que son necesarios 100 millones de dólares, para ser invertidos en alimentos de aquí a diciembre de este mismo año, de los cuales ni siquiera la décima parte son posibles de obtener de ningún organismo de ayuda humanitaria, ni mucho menos de parte del poderoso sector financiero que hoy sirve de soporte al modelo capitalista mundial. No existe mecanismo alguno de socorro que pueda ser utilizado para un desembolso como el que una operación de esa naturaleza comprende porque el único beneficio tangible que se obtendría con ello sería la vida de esos 50.000 niños.

El Costa Concordia, por su parte, requiere de exactamente el doble de esa voluminosa cantidad, es decir; 200 millones de dólares, para ser usados en lo que técnicamente se conoce como “desguace”, o desarmado, en el que estarán involucradas unas 80 empresas privadas especialistas en tal técnica. De acuerdo a los informes preliminares ofrecidos por la empresa naviera, los restos del barco no serán reutilizados ante los posibles riesgos de contaminación o de daños posteriores que pudieran generar los mismos. En definitiva, serán esos 200 millones tirados a la basura.

¿Por qué invertir en salvar la vida de 50.000 niños no es rentable para el capitalismo, pero sí lo es invertir el doble de lo que ello requeriría en desarmar un barco que no volverá a producir dinero jamás y cuyos restos no serán reutilizados en modo alguno?

Exactamente por las mismas razones por las cuales el congreso norteamericano aprueba esta misma semana cientos de millones de dólares para financiar un genocidio como el que el régimen fascista de Israel perpetra hoy en Gaza en contra del pueblo palestino, o para armar las fuerzas terroristas que pretenden acabar con la civilización siria para imponer el mismo régimen de horror y destrucción que han impuesto ilegalmente y sin justificación fehaciente en Libia, en Irak o en Afganistán, o para intentar acabar con la democracia venezolana y dar al traste con el modelo de justicia e igualdad social que promueve en el país la Revolución Bolivariana, sin importar en lo más mínimo el padecimiento del propio pueblo norteamericano, que ve incrementar la desigualdad social y la brecha entre ricos y pobres como en ningún otro rincón del planeta sin que el sector político haga algo por detener tan desquiciada aberración.

Para el economista chileno Manfred Max-Neef, premio Rigth Livelihood Award 1983, considerado el premio Nobel alternativo, la perversidad de la economía neoliberal radica en que “no entiende el mundo y, además, los seres humanos son irrelevantes. Para el neoliberalismo, lo relevante son los indicadores macroeconómicos, el PIB… lo que le haya pasado a las personas no le importa”.

Ya en 2009, Max-Neef denunciaba la atrocidad que representaba que en el mismo momento en que la Organización Mundial para la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) estimaba en 35.000 millones de dólares el monto de dinero necesario para acabar con el hambre en el mundo, los bancos protagonistas de la más grave crisis económica de todos los tiempos, conocida como la “crisis de las subprimes”, recibían en entregas sucesivas en menos de dos años un total de auxilios financieros por el orden de los 17 trillones de dólares. “El equivalente –decía Max-Neef- a 600 años, más de medio milenio, de un mundo sin hambre”.

Ante el avance que alcanza hoy Latinoamérica en términos de su potencial económico, con base en la pujante estructura de cooperación regional que ésta viene desarrollando, las potencias del norte muestran de nuevo sus garras y voltean su mirada acechante hacia nuestro continente para tratar de saciar aquí su inhumana voracidad de recursos. El más reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano (El Ascenso del Sur / PNUD-2013) lo expresa de manera descarnada: “Muchas de las instituciones y los principios actuales de gobernanza internacional fueron pensados para un mundo que es muy diferente del actual. Una de las consecuencias es que el Sur está subestimado. Para sobrevivir, las instituciones gubernamentales internacionales deberán ser más representativas, transparentes y responsables. De hecho, todos los procesos intergubernamentales se verían fortalecidos a partir de una mayor participación del Sur, lo cual aportaría importantes recursos financieros, tecnológicos y humanos, así como también valiosas soluciones para los acuciantes problemas del mundo”. Más clara no puede ser la amenaza.

Es la cuenta oscura que saca desde siempre el capitalismo para tratar de ajustar la realidad del universo a sus más convenientes intereses. Una cuenta en la que el ser humano es solo un elemento circunstancial, sin valor alguno más allá del que le asigna el complejo sistema de reproducción del capital en el que las sociedades supuestamente más avanzadas del planeta se van sumiendo a medida que se pone en evidencia su incapacidad ya no solo para proveer bienestar a la gente sino para asegurar la sobrevivencia misma de ese modelo que según las tesis neoliberales debiera generar, por su propia naturaleza autogestionaria y autoregulatoria, mayor crecimiento económico que ningún otro modelo o sistema conocido, pero que hasta ahora solo ha demostrado incapacidad e inviabilidad insuperables.

 

@SoyAranguibel

Extendiendo la guerra del gas en el Levante

Después de 3 años de guerra contra Siria, los «occidentales» extienden deliberadamente su ofensiva a Irak y también a Palestina. Tras las aparentes contradicciones políticas entre partidos religiosos y partidos laicos, fuertes intereses económicos constituyen la verdadera explicación de esta estrategia. En el Levante, son muchos los grupos que han cambiado repetidamente de bando. Pero no debemos perder de vista que los yacimientos de gas siguen en los mismos lugares

gas palestina

Por: Thierry Meyssan

Como toda guerra implica la formación de una coalición, es muy natural que persiga múltiples objetivos ya que debe satisfacer los intereses particulares de cada miembro de la coalición.

Desde ese punto de vista, los combates que actualmente sacuden Palestina, Siria e Irak tienen como común denominador el hecho que los dirige un bloque que Estados Unidos ha organizado en contra de los pueblos que se le resisten y también que trata de concretar su plan de rediseño del «Medio Oriente ampliado» (Great Middle East) y de modificar el mercado mundial de la energía.

Sobre este último punto, dos cosas pueden cambiar: el trazado de los gasoductos y oleoductos y la explotación de nuevos yacimientos [1].

La guerra por el control de los pipelines en Irak

Desde el inicio de la guerra contra Siria, la OTAN ha estado tratando de cortar la vía de abastecimiento Teherán-Damasco (NIORDC, INPC) para favorecer corredores de circulación que permitan llevar hacia la costa siria tanto el gas de Qatar (ExxonMobil) como el de Arabia Saudita (Aramco) [2].

Un paso decisivo se concretó con la ofensiva emprendida en Irak por el Emirato Islámico, que dividió el territorio iraquí casi de arriba abajo dejando a Irán de un lado y del otro a Siria, Líbano y Palestina [3].

Este visible objetivo determina quién venderá su gas en Europa y, en dependencia del volumen del abastecimiento, a qué precio podrá venderlo. Eso basta para explicar la implicación de los 3 principales exportadores de gas (Rusia, Qatar e Irán) en esta guerra.
La guerra por la conquista del gas sirio

La OTAN ha agregado un segundo objetivo: el control de las reservas de gas del Levante y su posterior explotación. Todo el mundo sabe desde hace décadas que el sur del Mediterráneo encierra grandes yacimientos de gas natural –localizados en las aguas territoriales de Egipto, Israel, Palestina, Líbano, Siria, Turquía y Chipre. Pero sólo los «occidentales» sabían desde 2003 cómo estaban repartidos esos yacimientos y cómo se extendían bajo la plataforma continental.

Como reveló en aquel momento el profesor Imad Fawzi Shuebi [4], una compañía noruega llamada Ansis realizó legalmente en Siria un trabajo de medición del país en cooperación con la compañía petrolera nacional. Ansis trabajó también con otra compañía –igualmente noruega– llamada Sagex. Ambas compañías noruegas sobornaron a un responsable de los servicios secretos, realizaron secretamente una serie de investigaciones tridimensionales y descubrieron la increíble importancia de las reservas sirias de gas, que resultaron ser incluso más grandes que las de Qatar.

Posteriormente, Ansis pasó a ser propiedad de Veritas SSGT, una compañía franco-estadounidense con sede en Londres. Los datos que había recogido fueron revelados de inmediato a los gobiernos de Francia, Estados Unidos, Reino Unido e Israel, que rápidamente establecieron una alianza para destruir Siria y robar el gas de ese país.

En 2010, Estados Unidos confió a Francia y al Reino Unido la tarea de recolonizar Siria. París y Londres formaron entonces una coalición que designaron con el nombre de «Amigos de Siria». Esta coalición conformó un «Grupo de Trabajo para la Reconstrucción Económica y el Desarrollo» que se reunió, en mayo de 2013, en los Emiratos Árabes Unidos, bajo la presidencia de Alemania [5]. Unos 60 países se repartieron entonces el pastel que todavía no habían conquistado. Por supuesto, la mayoría de los países participantes en aquel encuentro ignoraban lo que habían descubierto las compañías Ansis y Sagex. El Consejo Nacional Sirio estaba representado en aquel grupo de trabajo por Osama al-Kadi, ex responsable en British Gas de la aplicación de las estrategias militares al mercado de la energía.

No fue hasta el verano de 2013 que el gobierno sirio tuvo conocimiento de los descubrimientos de la Ansis y la Sogex, lo cual le permitió comprender cómo había logrado Washington montar la coalición que estaba tratando de acabar con el Estado sirio. A partir de aquel momento, el presidente sirio Bachar al-Assad ha firmado varios contratos con empresas rusas con vistas a la futura explotación del gas sirio.

El gas en Israel, en Palestina y en Líbano

Por su parte, British Gas exploraba las reservas palestinas. Pero Israel se oponía al inicio de su explotación por temor a que los palestinos utilizaran los ingresos para comprar armas.

En julio de 2007, el nuevo enviado especial del Cuarteto (ONU, Unión Europea, Rusia, Estados Unidos) Tony Blair negoció un acuerdo entre palestinos e israelíes, acuerdo que debía permitir la explotación de los yacimientos Marine-1 y Marine-2, en las aguas territoriales de Gaza. El entonces primer ministro de la Autoridad Palestina, Salam Fayyad, aceptó que British Gas depositara los ingresos de la Autoridad Palestina en una cuenta bancaria bajo control de Londres y Washington para garantizar que esos fondos se destinaran al desarrollo económico.

En aquella época, el ex jefe del estado mayor de las fuerzas armadas israelíes, general Moshe Ya’alon, publicaba en el sitio web del Jerusalem Center for Public Affairs un estruendoso artículo donde observaba que el acuerdo negociado por Tony Blair no resolvía el problema ya que, en definitiva, el Hamas acabaría teniendo acceso a una parte de aquel dinero mientras estuviese en el poder en Gaza. El general Ya’alon concluía que la única manera de garantizar que los ingresos del gas palestino no financiaran la Resistencia sería emprender «una operación militar global para arrancar de raíz el Hamas de Gaza» [6].

En octubre de 2010 las cosas se complicaron aún más cuando Noble Energy Inc. descubrió un mega yacimiento de gas offshore, el Leviathan, que abarca parte de las aguas territoriales israelíes y libanesas. El Leviathan venía a agregarse al yacimiento Tamar, descubierto en 2001 por British Gas en aguas israelíes [7].

El Líbano, por iniciativa del Hezbollah, presentó de inmediato el caso a la ONU e hizo valer sus derechos de explotación. Pero, ignorando las protestas libanesas, Israel comenzó a explotar unilateralmente el gas de los bolsones que abarcaban las aguas de ambos países.

La guerra por el gas palestino

La actual ofensiva de Israel contra la franja de Gaza tiene varios objetivos. En primer lugar, el Mossad organizó el anuncio del secuestro y asesinato de 3 jóvenes israelíes para impedir que el parlamento adoptara una ley que prohibiría la liberación de «terroristas» [8]. Y posteriormente, el general Moshe Ya’alon, hoy ministro de Defensa, utilizó ese pretexto para desatar una ofensiva contra el Hamas, aplicando así su análisis de 2007 [9].

El nuevo presidente de Egipto, general Abdel Fattah al-Sissi, contrató como consejero a Tony Blair, quien sin embargo no ha creído necesario renunciar a sus funciones como representante del Cuarteto [10]. Prosiguiendo la defensa de los intereses de British Gas, Blair sugirió entonces una «iniciativa de paz» totalmente inaceptable para los palestinos, iniciativa naturalmente rechazada por los palestinos pero aceptada por Israel. Es evidente que el objetivo de esa maniobra es proporcionar al ejército israelí la oportunidad de «arrancar de raíz el Hamas de Gaza». Y no es casual que el salario que recibe Tony Blair como consejero del presidente egipcio no proceda del presupuesto egipcio sino de las arcas de los Emiratos Árabes Unidos.

Como de costumbre, Irán y Siria han aportado su respaldo a la Resistencia palestina (la Yihad Islámica y el Hamas), demostrando así a Tel Aviv que pueden hacerle pagar en Palestina el daño que Israel les ha hecho en Irak a través del Emirato Islámico y del clan kurdo de los Barzani.

Lo único que permite llegar a una comprensión correcta de los acontecimientos es su lectura bajo el ángulo de los intereses en materia de control de las fuentes de energía ya que –desde el punto de vista político– no es de interés para Israel destruir el Hamas, movimiento a cuya creación contribuyó para debilitar a al-Fatah. Tampoco es interés de Siria ayudar el Hamas a resistir, tratándose de un movimiento que se alió con la OTAN y que ha enviado yihadistas a luchar contra el Estado sirio. La fase de la «primavera árabe», destinada a poner la Hermandad Musulmana en el poder en todos los países árabes, ha quedado atrás y no debemos olvidar que el Hamas no es otra cosa que la rama palestina de esa cofradía.

En definitiva, el imperialismo anglosajón actúa siempre en función de las ambiciones económicas que él mismo impone sin importarle las lógicas políticas locales. Lo que define de forma realmente duradera las fuerzas que conforman la dinámica del mundo árabe no es la diferencia entre partidos religiosos y laicos sino el hecho de estar en el bando de quienes colaboran con el imperialismo o en el bando de quienes han optado por la resistencia.
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[1] «La guerra en Siria: ¿una guerra por la energía?», por Alexandre Latsa, RIA Novosti / Red Voltaire, 19 de septiembre de 2013.

[2] «Yihadismo e industria petrolera», por Thierry Meyssan, Al-Watan / Red Voltaire, 23 de junio de 2014.

[3] Ese objetivo no es nuevo. Ver: «Siria: la OTAN apunta al gasoducto» y «Siria: la carrera por el oro negro», por Manlio Dinucci, Il Manifesto / Red Voltaire, 13 de octubre de 2012 y 2 de abril de 2013.

[4] Syrie: 10 ans de résistance, emisión de televisión en 6 capítulos, concebida y producida por Thierry Meyssan, transmitida por la televisión satelital siria en junio de 2014. La versión disponible a través de internet está enteramente en francés o subtitulada en francés, exceptuando algunas intervenciones del general estadounidense Wesley Clark, del analista mexicano Alfredo Jalife y del general ruso Leonid Ivashov. Por otra parte, el profesor Shueibi ya había ofrecido un esbozo de la cuestión, antes de tener información sobre los descubrimientos de las compañías Ansis y Sagex, en el trabajo titulado «Siria, centro de la guerra del gas en el Medio Oriente», por Imad Fawzi Shueibi, Red Voltaire, 13 de mayo de 2012.

[5] «Les “Amis de la Syrie” se partagent l’économie syrienne avant de l’avoir conquise», por German Foreign Policy, Horizons et débats / Réseau Voltaire, 14 de junio de 2012.

[6] «Does the Prospective Purchase of British Gas from Gaza Threaten Israel’s National Security?», por el teniente general (retirado) Moshe Yaalon, Jerusalem Center for Public Affairs, 19 de octubre de 2007. «Ya’alon: British Gas natural gas deal in Gaza will finance terror», por Avi Bar-Eli, Haaretz.

[7] «¿Se modifican las cartas geopolíticas en la cuenca del Levante e Israel?», por F. William Engdahl, Red Voltaire, 3 de junio de 2012.

[8] «El jefe del Mossad había vaticinado el secuestro de los tres jóvenes israelíes», por Gerhard Wisnewski, Red Voltaire, 11 de julio de 2014.

[9] «IDF’s Gaza assault is to control Palestinian gas, avert Israeli energy crisis», por Nafeez Ahmad, The Guardian, 9 de julio de 2014. «Gaza: el gas en la mirilla», por Manlio Dinucci, Il Manifesto/Red Voltaire, 18 de julio de 2014.

[10] «Tony Blair será consejero económico del presidente egipcio al-Sissi», Red Voltaire, 3 de julio de 2014.

Fuente: Voltairenet.org

Acabar con el capitalismo

– Hace unos días, Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, aseguró que 1 mil millones de personas viven hoy en la pobreza más extrema. Es la séptima parte de la población, casi un 15 por ciento de los habitantes de la Tierra. Para señalar la gravedad de la situación, Kim indicaba que “para acabar con esa pobreza extrema se necesitaría que 1 millón de personas dejaran de ser pobres cada semana durante 16 años” –

pobreza-extrema

por: Xavier Caño Tamayo / Voltairenet.org

Hace casi 5 años, José Vidal Beneyto escribía que “cada 3 segundos muere un niño por sufrir pobreza, y frente a ello cada día se multiplica vertiginosamente la fortuna de los más ricos”. Había profundizado en un informe de la Organización de las Naciones Unidas sobre desarrollo de los recursos humanos, que desmontaba la falacia de la pobreza por circunstancias inevitables. Malnutrición, hambre, enfermedades, explotación, analfabetismo, mortalidad infantil… Podrían eliminarse si acabamos con un orden social cuyo principal objetivo es aumentar la riqueza de los ricos.

Citaba Vidal Beneyto un informe de Emanuel Saez y Thomas Piketty que mostraba que el 1 por ciento de habitantes más ricos de Estados Unidos poseía una fortuna superior a lo que tenían entonces 170 millones de estadunidenses con menos recursos. Pero eso era exacto hace casi 5 años. Un estudio de la Universidad de California en Berkeley (Striking it richer: the evolution of top incomes in the United States) muestra que, de 2009 a 2012, en Estados Unidos el 1 por ciento más rico de la población se apropió del 95 por ciento del aumento de ingresos de ese país. El beneficio del 1 por ciento más rico creció más del 30 por ciento en ese periodo, pero el beneficio del resto sólo fue un reducidísimo 0.4 por ciento.

Como muestran datos de Credit Suisse, en un mundo de 7 mil 300 millones de habitantes, casi la mitad de la riqueza está en manos del 1 por ciento de población, en tanto que la otra mitad se reparte entre el 99 por ciento restante, abundando los que menos tienen. Una desigualdad que crece sin cesar, pues la riqueza cada vez se redistribuye menos y se concentra más en muy pocas manos.

En el Reino de España, si se mide el ingreso del 20 por ciento más rico de la población y el 20 por ciento más pobre, nos recuerda Juan Torres, la desigualdad aumenta espectacularmente desde 2007. Y España deviene el país europeo más desigual. En 2011 sólo Bulgaria y Rumania tenían tasas de riesgo de pobreza más elevadas.

Pero no sólo España. En Alemania ya hay 8 millones de trabajadores que ganan menos de 450 euros mensuales; y en Francia, cuyo nivel de pobreza es el mayor desde 1997, 2 millones de asalariados ganan menos de 645 euros al mes y 3.5 millones de personas necesitan ayuda alimentaria para sobrevivir. Incluso en los países con fama de más igualitarios (Suecia o Noruega, por ejemplo) la renta del 1 por ciento más rico ha aumentado más del 50 por ciento, pero no así la del resto.

El caso español es más grave. Según datos del Fondo Monetario Internacional, sólo Lituania lo supera en aumento de desigualdad; lo que significa que desigualdad y pobreza asociadas alcanzarán niveles insostenibles de no poner remedio. Porque hablar de desigualdad es necesariamente hablar de pobreza. Y la pobreza que acompaña a la desigualdad tiene terribles consecuencias. Por ejemplo, Joanna Kerr, directora general de ActionAid International, acaba de anunciar que, de no actuar de inmediato, 1 millón de niños más podrían morir de aquí a 2015.

Pero no se lucha contra la pobreza sin hacerlo contra la desigualdad. Una desigualdad que no cesa y algunas de cuyas causas estructurales son la imposición de una libertad total para compras y ventas de bienes, capitales y servicios; la desregulación absoluta de la actividad económica (sobre todo financiera); la reducción drástica del gasto público más la exigencia de un rígido control presupuestario, sobre todo en servicios y satisfacción de derechos sociales. Por no hablar de la indecente rebaja sistemática de impuestos a los más ricos que empezó en la década de 1980 y no ha cesado.

Es evidente que para combatir la pobreza extrema es imprescindible acabar con la riqueza extrema. Como dijo Eduardo Galeano: “este capitalismo asesino mata hambrientos en lugar de matar el hambre y está en guerra contra los pobres, pero no contra la pobreza”. Así las cosas, es obvio que hay que zanjar el capitalismo.

Fuente: Voltairenet.org

El imperio de papel

Tres acontecimientos en particular signan hoy la nueva realidad por la que transita el mundo, en medio de una confrontación de carácter ideológico que muchos vaticinaron erróneamente como imposible hace apenas una década, que hace crujir de extremo a extremo un planeta cada vez más agobiado por las inclemencias del cambio climático, el hambre, la miseria y la incertidumbre que hoy se padece producto de una crisis económica sin solución a la vista, que ya ha rebasado todos los parámetros de lo imaginable.

El primero de ellos, en términos estrictamente cronológicos, es sin lugar a dudas la elección de Venezuela como miembro del Consejo de Derechos humanos de la ONU respaldada por la casi totalidad de los países miembros de ese organismo. Un acontecimiento que echa por tierra de manera tajante e irrefutable la infame y putrefacta campaña de desprestigio emprendida desde hace ya más de una década por el imperio norteamericano y sus medios de comunicación contra la Patria de Bolívar, con el argumento de la supuesta institucionalización de las violaciones a derechos humanos en el país de la Revolución Bolivariana.

El segundo de esos acontecimientos, en orden secuencial, es la aprobación, una vez más, en la ONU, del repudio virtualmente unánime en contra del criminal e ilegítimo bloqueo de los Estados Unidos contra la hermana República de Cuba. Un grito de todos los pueblos del mundo que a una sola voz le dicen al imperio que ya no atemoriza a nadie en el planeta con su arrogante pretensión hegemónica sobre las naciones del orbe.

Y finalmente, la nueva arremetida de Israel contra el pueblo palestino, en una horrenda cruzada genocida que persigue expandir su territorio sobre una alfombra de terror, muerte y desolación, amparándose en la protección de unos Estados Unidos de Norteamérica cada vez más desprestigiados y repudiados por su voracidad y su naturaleza sanguinaria y asesina.

Tres eventos que dicen a los cuatro vientos que ya el imperio no es lo que pretendió ser en el pasado. Que su poderío se diluye progresivamente como la sal en el agua, a medida que su crisis se acrecienta y que los pueblos despiertan para hacerse cada vez más independientes y solidarios en su lucha contra la nefasta tiranía imperial del norte.