Cuando la justicia se parece a la justicia

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 2 de noviembre de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Quien habla bien casi siempre tiene la razónJ. I. Cabrujas

En derecho, es norma común que la justicia no solo tiene que ser sino parecer.

Los neurocirujanos, por ejemplo, que junto con los físicos nucleares son de los profesionales cuyas carreras están consideradas las más exigentes y extenuantes de todas cuantas se han conocido en la academia desde los orígenes mismos de la universitas como centro del conocimiento humano, no usan toga para llevar a cabo sus intervenciones quirúrgicas. Y sin embargo operan.

Entregarse en las manos de alguien para concederle la posibilidad de que mediante la instrumentación adecuada le abra a uno la tapa del cráneo y hurgue a su buen saber y entender entre órganos tan esenciales y delicados como la masa encefálica que a uno le determina la vida, es algo que requiere extrema confianza en ese individuo. Su sola credencial universitaria no debe ser suficiente, menos aún cuando sabemos de titularidades delivery como las de Nixon Moreno, que con mucha Nunciatura Apostólica de por medio y mucha sociedad civil que la respalde, usted me dirá.

Un neurocirujano pues, no debiera presentarse a la consulta en sandalias de goma y franelita playera sobre desflecados shorcitos bluejean, ya no por el atentado que ello representa contra el juramento hipocrático al que se deben los galenos, sino hasta por razones de elemental buen gusto.

En todo caso, si la emergencia lo amerita, uno termina sometiéndose sin rechistar a la intervención que cualquier prestigioso médico decida, porque si de algo está clara la humanidad es de la profunda revelación que entraña la antigua conseja popular según la cual “El hábito no hace al monje.”

En ninguna sociedad avanzada los funcionarios que representan la majestad de los poderes sobre los cuales se asienta el Estado necesitan de parafernalia alguna para ejercer sus funciones. Salvo la reina Elizabeth II de Inglaterra, que todavía usa muy de vez en cuando una muy discreta tiara de diamantes africanos para eventos de muy alto compromiso protocolar (más por viejo hábito que por ninguna otra cosa), ya ni los monarcas recurren como antaño a la indumentaria como medio de distinción.

Por razones de seguridad la policía y las fuerzas armadas deben usar uniforme, porque no existe hasta ahora ninguna otra fórmula que le permita al ciudadano común diferenciar a los buenos o a los malos en medio de las balaceras, aún cuando en este aspecto el nivel de depravación en la sociedad ha roto barreras otrora infranqueables elevando los niveles de confusión a extremos imprecisables.

Los bomberos, ya por razones estrictamente técnicas referidas a la naturaleza de los elementos contra los cuales lidian esos abnegados servidores públicos, usan también trajes especiales que la gente suele identificar sin dificultad alguna.

Siendo que todos los profesionales y técnicos (y ahora los estudiantes de todos los niveles de pregrado en casi todos los centros de estudio), reciben su título con toga y birrete como parte esencial del ascenso del grado al cual opten, los tribunos (o miembros de los tribunales) son los únicos que deben ejercer su oficio con esa misma vestimenta con la cual todos se gradúan, por una sola razón; la toga no es un atavío para significar autoridad o dignidad alguna sino para ocultar la diferencia del ropaje que entre unos y otros ciudadanos existe en la sociedad.

El tribunal, además de serlo, debe parecer justo e imparcial y en eso la vestimenta es un elemento determinante, porque en un juicio donde la imprecisión y lo confuso sean los factores predominantes, el oropel y los ropajes de los tribunos tenderán siempre a influenciar a la audiencia y a inclinar con ello la balanza de la justicia en una dirección o en otra. La majestad de la justicia debe estar apoyada siempre en la idoneidad y la rectitud de los magistrados. Pero su mayor poder de convicción tiene que emanar de su dominio en extenso del derecho, de su capacidad para la conjugación de las leyes con el buen sentido, su administración luminosa y ejemplarizante de la justicia, y jamás de su eventual aptitud para el caletre o el formulismo burocrático.

Pero si en una sociedad capitalista el abogado, por muy egregio y acreditado que fuese, se presenta en chancletas y bermudas a la corte, con toda seguridad el acusado, aún siendo inocente, será sentenciado sin clemencia alguna por los jueces y el jurado a la pena máxima que los delitos por los que se le acusen contemplen, incluso antes de iniciado el juicio y sin necesidad de evacuación de pruebas o alegato alguno. En sociedades enajenadas, proclives a la valoración de la estulticia y el glamour y significación de las prendas como símbolo de estatus, un litigante con Rolex, enfundado en Armani y calzado con Prada, con toda seguridad será siempre reconocido como todo un jurisconsulto, y a eso se apuesta en el capitalismo.

De ahí la ancestral desventaja de los pobres frente a la Ley.

Para que un acusado cualquiera cuente con garantías suficientes de idoneidad en su defensa, debe contar antes que nada con un buen abogado y de acuerdo a ese esquema del derecho en el modelo burgués imperante, buen abogado es aquel que más juicios ganados tenga en su haber a lo largo de su carrera, sin importar la calidad de los delincuentes o la atrocidad de los delitos por ellos cometidos. Es decir, no será el más competente y justo en la aplicación de la Ley sino el que más billete haya ganado en ejercicio de su profesión.

El pobre suele ser pues un desvalido ante la justicia no porque su caso resulte complicado a los tribunales, sino porque el abogado eficiente, el verdaderamente capaz de ganar juicios, no por lo justo o apegado a la verdad de las sentencias que logre sino porque siempre gana juicios, es muy caro.

Cuando un rico se enfrenta a un tribunal en un juzgado regido por la lógica del capital, lo más seguro es que hasta sin proponérselo obtenga el beneficio de la absolución, porque un tribunal burgués jamás quebrantará esa norma de la justicia burguesa sobre la cual se asienta desde hace siglos el dominio de los sectores dominantes. Bajo esa óptica, el modelo de justicia que parece una buena justicia sin necesariamente serlo opera a la perfección.

Pero cuando un rico debe vérselas con la justicia en un tribunal donde lo que impera es el apego al derecho y al verdadero sentido de la igualdad de los ciudadanos frente a las Leyes, entonces la burguesía se estremece y resiente en lo más hondo de sus entrañas la necesidad de alterar el curso del universo si es necesario por restablecer el equilibrio de la naturaleza según ellos alterada. Para la burguesía la Ley nunca será justa si el sentenciado es uno de los suyos. Por eso en casos como ese su mayor urgencia será la construcción de una justicia que se parezca más a la justicia tal y como la entendió desde siempre la sociedad, y no como un populacho anárquico y descarrilado, como esa burguesía lo ve, pretenda imponer.

Franklin Nieves, un pata en el suelo de extracción humilde cuyo esfuerzo por hacerse una carrera provechosa coincidió (en buena o mala hora para él) con el tiempo histórico de una revolución que trastoca esos arcaicos y putrefactos estamentos burgueses del derecho para alcanzar el modelo de verdadera justicia social por la que clamaron los pueblos durante siglos, antes que sumarse al impulso transformador del que surgirá la nueva sociedad de iguales que Chávez y Bolívar soñaron, se queda atrás y por falta de un mínimo de vigor intelectual y ético, se desclasa y se aferra a los tablones astillados que el Titanic del capitalismo va dejando en su naufragio para venderse junto con su familia por unos miles de dólares y convertirlos a ambos en una minúscula parte de la escoria que queda del proceso de decantación de un modelo moribundo que no volverá más a la vida.

Por mucha toga en que se enfunde en los tribunales, Franklin Nieves no puede ocultar su mediocridad ni siquiera en el grotesco intento de tragarse con su mal hablar las mentiras de manera medianamente digna. Su asquerosa salivación y su repugnante balbuceo cuando profiere las infamias que le han hecho hoy famoso, dejan en evidencia que la dignidad de derecho no está en el atuendo.

Cuando nos hablaba de los miserables que se agazapaban en las instituciones públicas para sacar provecho personal, Chávez siempre nos lo recordó… “Por más que se tongoneen siempre se les ve el bojote.”

 

@SoyAranguibel

Aranguibel en Unión Radio: El audio Mendoza/Hausmann muestra el peligro que corre el país de caer en manos de la oligarquía

En conversación con la periodista Esther Quiaro en el programa Al Instante que transmite Unión Radio, el analista político Alberto Aranguibel sostiene que el audio presentado al país esta semana por el presidente de la Asamblea Nacional, es la muestra de cómo un sector de los venezolanos concibe a Venezuela como un negocio con el cual la oligarquía puede hacer cada vez más fortunas a costa del sufrimiento del pueblo venezolano, lo que evidencia el peligro que corre el país de caer en manos de gente como esa a la hora de eventos como las elecciones del 6 de diciembre.

Oiga aquí la entrevista completa:

Capitalismo: El modelo del hambre (I)

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 17 de agosto de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando el comandante Chávez hablaba en 2005 de la naturaleza perniciosa del rico, se refería al carácter enajenante de la ostentación como condición humana, tal como lo consagra la biblia. “¿Ustedes no recuerdan lo que dijo Cristo? Más fácil será que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico entre al reino de los cielos. Nosotros no queremos ser ricos. Ser rico es malo; es inhumano”, dijo entonces.

Extraída sin alteración alguna del mismo texto sagrado frente al cual se arrodilla hipócritamente desde hace dos mil años esa oligarquía a la que hace referencia, la frase sirvió sin embargo para que la derecha pusiera el grito en el cielo como si de una revelación satánica se tratara.

Se pretendió colocar a la población en contra del Presidente, argumentando que la idea expresaba una exaltación de la pobreza como objetivo doctrinario de la revolución. Exactamente en el mismo sentido infamante en el que el dogma del anticomunismo se refiere al propósito emancipador del socialismo.

En ningún momento el líder de la revolución proponía que la pobreza es buena, sino que los pobres son buenos.

Con su extraordinario don de comunicador excepcional, explicaba que el pobre es gente de alma noble guiada por lo general por sentimientos de amor, de hermandad y de solidaridad, mientras que el rico suele ser movido por la avaricia y la mezquindad más inhumanas, con lo cual establecía la diferencia ética fundamental entre los modelos y concepciones de sociedad que se confrontan en el debate político venezolano de hoy, y que en el marco de la alienación y la enajenación a la que ha sido sometida por décadas la población era indispensable establecer para mostrar con claridad las particulares características del revolucionario proyecto de transformaciones que le presentaba al país.

El capitalismo es obsceno precisamente porque su propósito y fin último es la acumulación de riqueza por encima de cualquier otra finalidad u objetivo, sin importar el hambre y la miseria que en su proceso se genere. En eso tanto Jesucristo como el comandante Chávez tuvieron siempre la razón.

Más que la pobreza, el hambre es en definitiva el peor flagelo causado a la humanidad por el capitalismo. Un individuo pobre pero alimentado sobrevivirá siempre de mejor manera a la penuria de su miserable condición que aquel que aún disponiendo de buen techo y abrigo deba soportar la inclemencia del hambre.

De hecho, según el Programa Mundial de Alimentos (WFP) adscrito al sistema de las Naciones Unidas, el hambre mata a más seres humanos que el sida, la malaria y la tuberculosis juntas, y constituye el más alto riesgo para la salud del ser humano en el mundo.

Solamente medido por la injusticia que representa la inmensa cantidad de alimentos que hoy por hoy son desperdiciados en el mundo capitalista, hay ya una de las más terribles y demoledoras demostraciones de la perversidad de ese modelo que consagra al rico como supuesto símbolo de progreso frente a los cientos de millones de seres humanos que padecen y a diario mueren de hambre.

De acuerdo al informe presentado este mes por la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) más de 795 millones de personas al año mueren por desnutrición y unos 870 millones padecen los rigores del hambre, mientras más de 1.300 millones de toneladas de alimentos son tirados a la basura. Una cantidad que serviría para erradicar de manera permanente el problema del hambre.

Solamente en los países más ricos del planeta se bota casi tanta comida (222 millones de toneladas) como la que se produce en el África subsahariana (230 millones). La frutas y vegetales aparecen en el informe como los alimentos con la tasa más alta de desperdicio (50%), por encima del pescado (35%), los cereales (30%) y las carnes (20%).

Como es de esperarse, Estados Unidos lidera la lista de países en los que más se desechan alimentos todavía en buenas condiciones para el consumo humano. Seguido por Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

La escandalosa cifra de comida que es desechada a diario en el mundo capitalista está determinada principalmente por una mecanización irracional de la producción, sistemas ineficientes de distribución, y una lógica de mercadeo que obliga a descartar productos en buen estado pero que las leyes del consumidor consideran obsoletos o de mal aspecto. Sin embargo, la razón de más peso (y con toda seguridad la más inmoral) es la imposibilidad de permitir el acceso de la gente a esos alimentos a que obliga la lógica de la oferta y la demanda. Si los productos excedentes pudieran ofertarse a precios módicos, o llegaran a ser donados o regalados de alguna manera a los necesitados, los precios de los productos se vendrían abajo. Y eso el capitalismo no está dispuesto a aceptarlo. De ahí que se excedente deberá ser no solo desechado sino destruido.

Si a este obsceno comportamiento del mercado se añade la aberrante fruición consumista por adquirir más productos de los que en realidad se necesitan (lo que genera un alto índice de desperdicio por parte del consumidor), la cifra de alimentos que se pierden a diario en el mundo se incrementa todavía mucho más.

Una sociedad dividida entre quienes gozan del privilegio del acceso a los alimentos y quienes en virtud de la exclusión deben soportar los rigores del hambre, es completamente normal y aceptable en la lógica del modelo capitalista, que privilegia el crecimiento empresarial y el libre mercado a la vez que repudia la inversión de recursos en el ser humano (“populismo”, según la óptica neoliberal burguesa), al que considera útil solamente en la medida de su capacidad laboral. Es decir, de acuerdo a esa concepción, el ser humano deberá estar al servicio de la empresa que produce los alimentos que seguramente él no podrá consumir.

Una concepción de desarrollo que alcanza niveles de disparate cuando se estima que un 30% de la superficie cultivable (cerca de un 1.400 millones de hectáreas) en el planeta producen alimentos que jamás van a ser consumidos, pero que para su producción utilizan más agua que toda la que necesitan China o la India al año.

Por eso la guerra económica que ha desatado la derecha nacional e internacional contra nuestro país se exprese de manera más cruda contra el pueblo, a partir precisamente del martirio al que es sometido el venezolano de bajos recursos con la escases de alimentos que es inducida desde los sectores del gran capital tanto nacional como de las grandes corporaciones transnacionales que aquí operan.

En la Venezuela de hoy, como jamás lo ha hecho en la historia, el rico no hace colas para la obtención de sus alimentos porque goza de un privilegio excepcional que le permite ubicarse en una posición de ventaja frente al resto de la población. Ese privilegio es la ostentación con la cual se realiza la condición de rico. Para el sector burgués que el pobre pase trabajo y padezca hambre mientras el rico disfruta del confort que su estatus le permite es el estado ideal de la sociedad.

Una crisis fenomenal en la que, parafraseando al poeta colombiano Willian Ospina, los ricos protestan por carencias de las que no carecen, mientras los pobres soportan con lealtad revolucionaria un tormento que no merecen, porque tienen clara conciencia del carácter salvaje de un capitalismo que necesita el hambre como sustancia para el aseguramiento de su sobrevivencia.

A esos que se consideran ricos porque procuran la sobrevivencia de su confort y de sus privilegios mediante el hambre que generan en el pueblo, es exactamente a quienes se refería el Comandante Chávez cuando decía que ser rico es ser malo.

 

@SoyAranguibel

Aranguibel en Criterios: “La solución a la crisis económica es un triunfo arrollador de la revolución el 6-D”

Alberto Aranguibel analiza con el diputado Germán Ferrer la coyuntura política nacional de cara a la elección parlamentaria del 6 de diciembre.

Abril descubrió a los infames

– Publicado en Últimas Noticias el 11 de abril de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Nadie en el mundo (salvo en su casa) sabía quién era el periodista Otto Neusdtal, hasta entonces corresponsal en el país de la cadena CNN, cuando en Abril de 2002 reveló una de las más brutales asonadas criminales desatadas contra pueblo alguno en la historia contemporánea, como lo fue la de la colocación por órdenes del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica de un grupo de francotiradores en las adyacencias de Puente Llaguno para asesinar con frialdad a decenas de venezolanos y con ello provocar una ruptura del hilo constitucional.

Lo que se descubrió entonces no fue solamente que se había fraguado premeditadamente un golpe de las más perversas y cruentas características, como en efecto lo fue, ni que los políticos de la derecha que hasta ese día se presentaban como insignes defensores de la constitucionalidad y la democracia en realidad estaban agazapados estratégicamente detrás de toda esa confabulación, como quedó evidenciado, sino que el accionar de todos ellos se basaba en la mentira.

De allá para acá, el debate político en Venezuela se ha centrado en la demencial batalla entre la recurrente mentira opositora y el desmontaje permanente que la revolución se ve obligada a adelantar para develar la verdad ante el mundo. Quizás una de las graves fallas comunicacionales de la revolución sea precisamente no haber logrado tomar la delantera en esa dinámica reactiva y epiléptica en la que la derecha nos ha sumido con el tema de su mentira. Una absurda competencia de quita y pon donde la derecha miente y la revolución desmonta.

¿Tendrá que ser así para siempre?

No necesariamente. Si algo ha derrotado a la pretensión neoliberal por reinstaurarse a sus anchas en nuestro país, ha sido el altísimo nivel de conciencia que ha adquirido nuestro pueblo a partir de la idea de soberanía, de justicia y de igualdad social, que el Comandante Chávez nos legó con su propuesta de socialismo bolivariano.

Necesario es no olvidar. Pero mucho más lo es el impostergable compromiso de lucha por impedir la recuperación de esa derecha fascista cuyo único propósito ha sido, es y será siempre el de acabar con la revolución con base en infamias y mentiras.

 

@SoyAranguibel

Licencia para matar

– Publicado en el Correo del Orinoco el 16 de marzo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

La Canciller de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, denunció esta semana ante el mundo lo que sin lugar a dudas constituye uno de los acontecimientos más alarmantes en el escenario político internacional, y probablemente uno de los más preocupantes de la historia contemporánea, referido a la solicitud ante el congreso norteamericano por parte del Secretario de Estado de esa nación para otorgarle al presidente Barak Obama permiso para accionar militarmente sobre cualquier territorio o nación de manera ilimitada, bajo el absurdo argumento de la supuesta globalización de la amenaza del terrorismo.

La medida (tan irracional como el intento de curar una gripe llevando al paciente a la silla eléctrica) pone al descubierto el desespero de un imperio cada vez más acorralado en su delirante empeño de la dominación mundial, cuya supremacía política, social y económica no es ya definitivamente aquella de la cual podía ufanarse en otros tiempos.

La gallarda posición de nuestro país en la 37 Asamblea General de la OEA, asumida en Panamá por el hoy presidente Nicolás Maduro, quien hiciera abandonar airada el salón de sesiones a la representante de los Estados Unidos que pretendió alterar la agenda de la reunión para promover una injustificable sanción contra Venezuela, anunciaba ya en 2009 el descalabro del poderío imperial en el que hasta aquel momento se conocía como el “ministerio de colonias” de la nación norteamericana. Desde entonces, el esfuerzo común de los latinoamericanos ha estado orientado a la construcción de una nueva arquitectura de integración basada en la cooperación y la hermandad de los pueblos, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), resguardada expresamente de la presencia o participación de Estados Unidos, asumido cada vez más por la comunidad suramericana y caribeña como una amenaza que ha causado más atraso y miseria que posibilidades de desarrollo en la región a lo largo de los últimos doscientos años.

La conformación de ese poderoso bloque en el cual se congregan 33 naciones del continente, aunado a la fortaleza que constituyen el Grupo de los 77 + China, que hoy en día reúne a 133 naciones, así como el Movimiento de los Países No Alineados (que agrupa a más del 50% de la población mundial cuya filosofía común es la independencia de toda potencia imperialista), pone en evidencia la creciente crisis de liderazgo político de los EEUU hoy en el mundo.

La creación y avance sostenido del BRICS como el más poderoso grupo de economías emergentes del mundo, al cual ha sido invitado Argentina como uno de los más grandes productores del continente suramericano y con una economía en constante crecimiento (con un Producto Interno Bruto que la coloca como la economía número 20 en el ranking mundial), así como el impulso que ha adquirido recientemente el MERCOSUR con la incorporación de Venezuela, la más grande reserva probada de petróleo en el planeta, confirman que, tanto en lo económico como en lo político, Estados Unidos esta siendo dejado cada vez más de lado en la conformación del nuevo orden mundial hacia el cual se dirigen las naciones de manera mayoritaria.

La única ventaja competitiva real que todavía posee los Estados Unidos sobre el resto de los países del mundo es la de su capacidad bélica, en la cual el imperio ha invertido, solamente en el periodo que va desde la finalización de la guerra fría hasta el día de hoy, más de diez veces todo lo que invirtieron los países involucrados en las dos guerras mundiales del siglo pasado. De acuerdo a los informes presentados por el Instituto Internacional de Estudios Para la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés) con sede en Estocolmo, aún cuando Estados Unidos ha disminuido en forma gradual su inversión anual en armamento durante los últimos dos años (en virtud del retiro de tropas de Afganistán e Irak), y que tanto Rusia como China y Arabia Saudita, fundamentalmente, han incrementado de manera sustancial su capacidad bélica de cara a la creciente complejidad de los escenarios geopolíticos que enfrenta cada una de esas naciones, el imperio norteamericano sigue por mucho en la delantera del poderío militar, en el cual se coloca como el más descomunal de toda la historia con cuatro veces más que lo que invierten China, Rusia, Arabia Saudí, Francia, Japón, Reino Unido y Alemania juntos.

“Siguiendo la tendencia al crecimiento, el gasto militar total en el mundo alcanzó 1 millón de millones 531 mil millones de dólares en el 2009 medido a precios constantes del 2008, lo que representa un gasto de 224 dólares por habitante del planeta y el 2,7% del PIB mundial (SIPRI, 2010). Estas cifras revelan un incremento del 49% en relación al año 2000, pero en términos per cápita aumentaron un 88,2%. De tal modo el gasto militar actual supera en un 1,1% al que se alcanzó en 1988, en pleno apogeo de la guerra fría (SIPRI, 2010) y en ese gasto Estados Unidos ha representado en los últimos 20 años más del 50% de las erogaciones.” ( )

Esa gigantesca maquinaria bélica es hoy, junto al inmenso poder de los medios de comunicación privados a lo largo y ancho del planeta, el soporte del modelo capitalista liderado por el imperio norteamericano, no solo en términos de su capacidad de fuego (distribuida en las más de 850 bases militares instaladas en los cinco continentes, sin contar las llamadas SOA, Sitios de Operaciones Avanzadas”, y las “Bases Móviles”, como la IV Flota en Suramérica), sino que ha pasado a ser el sostén fundamental de la cada vez más crítica economía norteamericana.

La inmensa cantidad de recursos invertidos en la guerra por parte de Estados Unidos es justificada hoy por los halcones de Washington a la hora de solicitar presupuesto para armamento con la excusa del impulso económico que el mismo genera aguas abajo en la industria norteamericana de los más diversos rubros, ya no solo en la producción de armas de todo tipo y alcance (pistolas, fusiles, misiles, cañones, etc.), y equipo de transportación y de combate (como porta aviones, tanques de guerra, aeronaves, vehículos militares, etc.), sino que también impacta en la fabricación de una gran infinidad de equipos, maquinarias, alimentos y artículos para la dotación tanto de las tropas como de las infraestructuras y dependencias militares.

Por lo general, el mundo desconoce que empresas como Harley-Davidson deben su desarrollo a la fabricación de motos para el ejército norteamericano. De la misma forma, empresas como la Nestlé, inventora del café instantáneo especialmente concebido para atender las apremiantes necesidades de los soldados tanto en tiempos de guerra como de paz; Revlon galardonada en 1944 con el Premio a la Excelencia del Ejército y la Armada por su aporte en la producción de maquillaje y productos de belleza para las fuerzas armadas de los EEUU; Hersey, el mayor fabricante de chocolates de los EEUU, desarrolladora de una barra especial de chocolate requerida por el gobierno norteamericano como alimento básico para la tropa en el frente de batalla, hasta la producción de morrales, navajas, lentes, linternas, y cientos de miles de artefactos y equipos de todo tipo que son hoy requeridos por los cientos de miles de soldados e instalaciones militares norteamericanas en el mundo entero, deben todas su creación, crecimiento y poderío económico actual a la guerra.

De ahí que el imperio considere impostergable la decisión de intensificar las operaciones bélicas hasta en el último rincón del planeta. Si ciertamente la demencial inversión de dinero llevada a cabo por esa nación en equipamiento de guerra es la más grande de toda la historia, paralizar y desactivar su funcionamiento representaría la más incalculable pérdida que conocerá jamás el capitalismo. Lo que se traduciría inexorablemente, en virtud de ser la guerra su última área de oportunidad, en la inevitable caída definitiva y para siempre del imperio norteamericano.

Por eso Obama apela a la agresión a naciones de paz (pero con grandes recursos energéticos) como Rusia, China, Irán, Siria y ahora Venezuela, amén de todo cuanto ha asolado el norte del África, Europa del Este y el Medio Oriente. Falta saber si habrá tomado en cuenta la naturaleza inexpugnable e infinita de la convicción revolucionaria, patriota y antiimperialista de nuestros pueblos. La misma que ya le hizo morder el polvo en Corea, en Cuba, en Vietnam, y que le hizo llegar de tercero en Berlín, tras Rusia e Inglaterra.

Por eso, por el delirio de postrimería que lo mueve, es que resulta preocupante esa “licencia para matar” al mejor estilo James Bond que hoy con tanto desespero solicita.

) observatoriodelacrisis.org

@SoyAranguibel

La rendijita

– Publicado en Últimas Noticias el 13 de marzo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando se revisa con detenimiento la convulsa realidad social en el mundo de hoy, se constata una realidad tan desalentadora que no hay posibilidad alguna de celebrar el logro de la humanidad del cual se jacta la mayoría de las veces el capitalismo para justificar la obscena riqueza de unos pocos frente a las atrocidades que a lo largo y ancho del planeta se padecen.

Solamente las hambrunas persistentes desde hace siglos en el África, que ocasionan todavía hoy cientos de miles de muertes al año, son ya de por sí un vergonzoso ejemplo de la calamidad que es tan siquiera el intento de la sobrevivencia para el ser humano.

La cada vez más alarmante cantidad de muertes que ocasionan las guerras desatadas contra millones de seres inocentes y desvalidos en nombre de la libertad y el “derecho a la vida”, resultan más un infernal castigo del cielo que ninguna redención o salvación de los pueblos.

Las decenas de muertes diarias en México, Colombia y Brasil a manos de la delincuencia organizada, que en la mayoría de los casos desborda la capacidad de los Estados para garantizar no solo la vida sino la seguridad de la propiedad y del orden público, revelan una descomposición social de proporciones demenciales jamás vista en la historia y eso no es menos vergonzante.

La pérdida de la calidad de vida en Europa, Norteamérica y el resto del mundo capitalista en general, son el anuncio del más tenebroso futuro para cientos de millones de personas y para toda su descendencia.

Pero en ninguna nación del mundo, ni por muy angustiantes y precarias que resulten sus condiciones de vida, se ha visto jamás el bochornoso e insensato entreguismo de un sector de la población gritándole al mundo su deseo de ser invadido por la fuerza letal de un ejército genocida como el de los Estados Unidos de Norteamérica, como lo pide hoy de manera demencial la oposición venezolana.

Desde todos los países cuya dolorosa historia ha estado marcada por el holocausto que significa una ocupación norteamericana se nos ve hoy con el más grande estupor e incredulidad, porque nadie puede entender que la insensatez pueda alcanzar tan alto grado de locura. Menos aún por una razón tan insignificante como que le suelten uno o dos presos, enjuiciados como están por las leyes de la república por conspiración e instigación al asesinato de más de cuatro decenas de venezolanos.

Por fortuna esos disociados y pitiyanquis no son sino una rendijita apenas, por donde el imperio podrá ver… pero no podrá pasar jamás. Porque Venezuela es y será siempre bolivariana, cuna de forjadores de patrias, no de entreguistas.

 

@SoyAranguibel

Aranguibel en Unión Radio: “La irresponsabilidad de la oposición nos está llevando a una guerra”

Caracas.– En conversación con la periodista Mari Pili Hernández en el programa Sin Duda, que transmite Unión Radio, el analista político Alberto Aranguibel afirmó que la oposición venezolana ha colocado al país al borde de una guerra de consecuencias imprevisibles con una potencia extranjera, dado su irresponsable empeño en hacerse del poder por vía inconstitucional en la búsqueda de resinstaurar en el país el modelo neoliberal que tanta hambre y miseria le generó a nuestro pueblo en el pasado.

Desde su punto de vista, de no ser por “la forma torpe con la que ese sector hace política, con base en la mentira, la infamia y la calumnia contra el gobierno y la dirigencia revolucionarios, el debate político se habría desarrollado por los cauces democráticos y no habríamos tenido que llegar a las tensiones que hoy padece el país por culpa de quienes entienden la democracia solo si les beneficia a ellos sin importar el sufrimiento del pueblo.”

“Lo que sucede es que el imperio norteamericano está siempre al asecho de aquellos países en los que puedan encontrar alguna rendija, algún haz de luz por donde puedan meterse para asaltar sus economías y ponerlas al servicio de sus particulares intereses de dominación mundial, y en Venezuela esa rendija se la han abierto los sectores entreguistas, vendepatria, que hacen vida en el antichavismo” dijo.

Oiga aquí la entrevista completa:

¿Quién es el enemigo?

– Publicado en el Correo del Orinoco el 08 de diciembre de 2014 –

Por: Alberto Aranguibel B.

El liderazgo de Winston Churchill como uno de los políticos más prominentes del siglo XX, tiene su origen, más que en ningún otro rasgo suyo, en la extraordinaria capacidad para convocar al pueblo a entregarlo todo por el imperio británico en momentos en que avanzaban cada vez más las peores amenazas de destrucción que jamás se cernieran sobre Inglaterra. Su discurso “La mejor hora”, pronunciado ante el parlamento el 18 de junio de 1941, es todavía hoy considerado como el mejor discurso político de habla inglesa, fundamentalmente por el vigor de su llamado a los ingleses a asumir con la mayor gallardía el reto histórico que se les presentaba con la inminencia de la guerra. “Preparémonos para nuestros deberes y no dudemos de que si el Imperio Británico dura unos mil años, los hombres del futuro dirán: aquella fue su mejor hora“, les dijo entonces.

churchill6Churchill supervisa los destrozos dejados por los bombardeos

El del 13 de mayo de aquel mismo año, su primer discurso como Primer Ministro trascendió como el que convirtió en gloriosa la frase “No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor“, inicialmente atribuida a Teodoro Roosevelt, con la que anunciaba al mundo su temple combativo.

Pero quizás las más estremecedoras palabras son las que pronuncia días después, el 4 de junio, en el contexto de la invasión nazi a Holanda, Bélgica y Francia, cuando convoca no solo a los soldados de la corona, sino a la población entera, a entregar todo de sí por su país, en estos términos:“Defenderemos nuestra isla a cualquier precio. Combatiremos en las playas, en los lugares de desembarco, en los campos y en las calles; combatiremos en las montañas; no nos rendiremos jamás; y por más que esta isla o buena parte de ella quede dominada y hambrienta, algo que de momento no creo que ocurra, nuestro imperio de ultramar, armado y protegido por la Flota británica, continuará la lucha hasta que, cuando Dios quiera, el Nuevo Mundo, con todo su poder y su fuerza, dé un paso al frente para rescatar y liberar al Viejo.”

London metro

londres guerraLas penurias azotaron a Londres durante la guerra contra Alemania

Las difíciles circunstancias padecidas por Inglaterra a lo largo de toda la segunda guerra mundial, llevó a la población a sufrir las penurias del hambre y la miseria como nunca antes en su historia, llegando a la necesidad de refugiarse permanentemente como ratas en los oscuros e insalubres sótanos del metro para protegerse de los bombardeos alemanes que a cada rato les sorprendían, teniendo que dormir unos encima de otros en el frío e inmundo piso de los andenes. Sin embargo, ni en la peor de esas terribles circunstancias, nadie se atrevió jamás a sugerir la insensata idea de cuestionar a Churchill por tan severos padecimientos, ni mucho menos a hacerlo responsables de los mismos.

En medio de la guerra, la polémica sobre la vigencia o no del liderazgo que esté al frente de los ejércitos es la más remota y absurda de las ideas que nación alguna pueda plantearse jamás. Sólo los más disparatados irresponsables llamarán a cuestionar las decisiones que los comandantes de los ejércitos se vean obligados a tomar para repeler al enemigo, por muy duras que ellas sean.

La claridad en la precisión del enemigo es la primera obligación del liderazgo en toda batalla. Pero el aseguramiento de la confianza y la lealtad del pueblo hacia ese liderazgo es su deber más ineludible e impostergable. Sin lealtad no hay posibilidad alguna de cohesión y por ende de direccionalidad o de éxito en la lucha.

Homero, tanto en la Ilíada como en la Odisea, habla del sitio de Troya en el que el rey Príamo convoca a su pueblo a resistir tras sus murallas la agresión de los ejércitos griegos comandados por Agamenón, en un cerco que duró diez años. Ese pasaje histórico, que durante siglos fue tratado de reducir a legendario (y que el cine de Hollywood altera arbitrariamente colocándolo como sucedido en unos cuantos días apenas), resulta relevante por el estoicismo que se le reconoce a un pueblo que de manera disciplinada acompaña a su líder frente a la agresión.

Por eso Bolívar, en medio de la confusión y el desespero reinantes entre la población caraqueña por el terremoto que azotó al país la noche del Jueves Santo de 1812, arenga con la magnífica frase “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, a una multitud enardecida por las siniestras palabras del Arzobispo Narciso Coll, quien argumentaba el castigo divino a la causa independentista como explicación del sismo. El grito del Libertador no comprendía en modo alguno la intención de insulsa vanagloria épica, como algunos han querido ponerlo, sino el alerta imperioso y necesario para evitar el resquebrajamiento de la lealtad del pueblo a la incipiente y difícil lucha por la independencia, en lo cual el imperio español estaba determinado a hacer hasta lo imposible.

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lenigrado5Casi 3 años de hambre y crudo invierno padeció el pueblo ruso en el sitio de Leningrado

Es ese mismo talante de estoica entrega a la causa de la justicia y la igualdad el que lleva en 1941 a más de tres millones de habitantes de Leningrado a soportar por casi tres años el sitio que el ejército nazi impuso sobre la ciudad, impidiendo durante todo ese tiempo el ingreso de alimentos y medicinas, causando una de las más crudas hambrunas que guerra alguna haya desatado contra una población, que se vio obligada a practicar incluso antropofagia y tráfico de cadáveres para sobrevivir no solo al hambre sino al inclemente invierno que les azotaba.

Fue con base en esa unidad y esa convicción del pueblo que revoluciones como la china, la vietnamita, la coreana y la cubana, han logrado sobrevivir al inclemente y brutal asedio del imperio norteamericano a lo largo de todo el siglo XX y lo que va del XXI.

La bolivariana, que es una revolución asediada ya no en términos estrictamente militares, sino que es objeto de la más cruenta arremetida económica y mediática que jamás haya conocido país alguno, enfrenta hoy un insólito fenómeno de cuestionamiento cuya naturaleza profundamente neoliberal coloca a sectores de la población en una de las contradicciones más descabelladas que se recuerde en el debate político contemporáneo.

De manera paradójica, tanto los sectores de la derecha que vieron en el Comandante Chávez un enemigo imposible de vencer en virtud del inmenso respaldo popular del que gozaba, así como los sectores de izquierda que desde una óptica esencialmente trotskista cuestionaron en algún momento su liderazgo, coinciden de nuevo, luego del fallecimiento del líder de la revolución bolivariana, en una misma idea. Esta vez en la que coloca a la dirigencia revolucionaria como causante de los problemas que agobian al país, aduciendo fallas o desviaciones en “el modelo” socialista y exigiendo soluciones que apuntan inequívocamente al fortalecimiento del modelo neoliberal-capitalista, verdadero y único causante de las distorsiones por las que atraviesa nuestra economía.

Para ambos sectores, tanto la derecha como el trotskismo, el enemigo en la guerra que las grandes corporaciones nacionales e internacionales han desatado contra el país mediante la especulación desmedida, el contrabando de extracción y el mercado paralelo de divisas, no es en modo alguno el capitalismo. Ese fenómeno, que no es sino la reinstauración por los “caminos verdes” del ALCA que gracias a Chávez Latinoamérica desechó como opción para el desarrollo de nuestros pueblos, no es ni para la derecha (por supuesto) ni para el trotskismo la razón de las calamidades por las que atraviesa hoy el pueblo venezolano para obtener los alimentos o los productos básicos.

Papeltualera
La “crisis” en la Venezuela revolucionaria

Con sincronía sorprendente, y cada uno a su manera, procuran quebrar la cohesión de la militancia revolucionaria mediante un ejercicio de legitimación del capitalismo, al que en sus disparatadas disquisiciones economicistas colocan como el verdadero afectado por las políticas económicas del gobierno. Según sus rebuscadas tesis, la satisfacción de las necesidades del pueblo no es la que deriva de la profundización de los programas inclusivos de la revolución, sino la que según ellos debe surgir de la búsqueda del reordenamiento de la economía a partir de la lógica de las leyes y de la aplicación del instrumental burgueses que la rigen. De ahí que su explicación de la inflación o de la cuantificación del PIB, por ejemplo, siempre va a resultar negativa. Porque en Venezuela lo que está funcionando mal es el capitalismo; los programas y políticas socialistas cada día llegan a más venezolanos.

Por primera vez en la historia una sociedad asediada por un claro e inconfundible enemigo es invitada de manera tan impúdica por una exigua minoría a claudicar en su arrojo y en su compromiso con la patria, para deponer las armas de la unidad y la cohesión nacional en nombre de un tan inmoral e irresponsable entreguismo.

 

@SoyAranguibel

Así.. ¡Como si nada!

Mandrake
Por: Alberto Aranguibel B.

El legendario Lee Falk, creador de dos de los más fascinantes personajes que jamás se hallan inventado en las tiras cómicas, “El Fantasma” y “Mandrake el Mago”, seguramente jamás supuso que alguno de ellos pudiera ser reproducido en modo alguno en la realidad ni que sus ingeniosos recursos de fantasía, como aquello de una playa de arena de oro en polvo de la cual disponía el “duende que camina” para su exclusivo uso personal (al fondo de la cual le esperaba siempre para su intimidad amorosa con su eterna prometida Diana Palmer, embajadora plenipotenciaria de la ONU en el continente asiático, una choza tallada en una sola pieza de jade importado para él por algún ignoto emperador directamente desde lo más profundo de la antigua China), o el sorprendente gesto hipnótico mediante el cual Mandrake sometía a cuanto ser humano o animal se interpusiera en su camino, sin siquiera tocarlo o infligirle daño alguno. Solo levantar rápidamente la mano derecha con sus dedos índice y medio extendidos, de la misma forma en que lo hacen los papas para rendir a la feligresía, le bastaba al mago para influenciar a todos cuantos le rodeaban con el influjo de su poderosa magia. Era así como les hacía creer que se convertían en marranos, en guacamayas, en ratones o en simples diputados de la oposición, y eso le era más que suficiente para desarmarlos e inmovilizarlos.

Pero se equivocó por completo.

Probablemente por no haber pisado nunca la tierra de los indómitos indios Caribes, fue que no pudo prever que su desbordada imaginación podría ser no solo perfectamente recreada en la vida real a este lado del Río Grande, sino que podría ser superada hasta lo indecible por la fabulosa capacidad inventiva de los líderes de la MUD, con sus proverbiales ocurrencias políticas que más parecen actos de prestidigitación de principiantes de circo que de ideología alguna.

De la noche a la mañana, el entente antichavista aparece reuniendo como si de barajitas se tratara corrientes ideológicas diametralmente antagónicas, como la socialdemocracia y el socialcristianismo, junto a agrupaciones de ultraizquierda o de pensamiento desarrollista con versiones diferentemente matizadas de neoliberalismo mezclado con laborismo de derecha en una misma busaca, y pretenden que el país los asuma como una propuesta unitaria de orientación nacionalista.

El miedo a enfrentar a un pueblo consciente de su condición de clase, políticamente maduro y socialmente movilizado, con el planteamiento contra revolucionario que los aglutina, les ha hecho indispensable apelar cada vez con mayor inevitabilidad a la fórmula de la demagogia que por siglos le ha sido tan oportuna a los sectores dominantes para engañar y someter a los pueblos. En su empeño, la falsificación de la realidad es una constante atormentadora que disuelve por completo la división entre la verdad y la mentira a extremos inequívocamente patológicos.

Igual que los personajes de tiras cómicas, le pierden absolutamente la vergüenza al ridículo y asumen que en cada aparición hay una historia nueva, sin solución de continuidad con la anterior, en la cual, y en cada caso, se puede reformular arbitrariamente el discurso sin el menor atisbo de incomodidad o inconveniencia.

Cual vendedores de feria, presentan y desechan modelos políticos alternativos al país, como si de conejos sacados de una chistera se tratara y saltan de “desarrollismo” a “neoliberalismo” (como hacían en el siglo XX), con la misma facilidad con la que saltan de “capitalismo popular” a “progresismo”, como hacen ahora María Machado y Capriles, en el convencimiento pleno (como se les nota) de que están deslumbrando a la audiencia mediante un simple acto de prestidigitación al mejor estilo de Mandrake el mago.

En solo dos años apenas, Capriles ha sostenido ante el país con la misma fuerza e irresponsabilidad, las tesis de la “libre empresa” contenidas en su programa de gobierno, del “perfeccionamiento del socialismo del siglo XXI” en su discurso de campaña, del “fascismo” a la hora de su segunda y más dolorosa derrota (de las cuatro que como líder opositor lleva en fila) y ahora del “progresismo” de cara a las elecciones parlamentarias del 2015, como quien ofrece a su clientela una nueva y más exquisita fragancia de champú.

Así de simple… ¡como si nada!

@SoyAranguibel

Aranguibel y Díaz debatieron sobre la violencia: hay que “elevar conciencia ante las amenazas”

(Caracas, 12 de octubre – Noticias24).- Los periodistas y analistas políticos Dhameliz Díaz y Alberto Aranguibel confrontaron puntos de vista en el programa La Semana Venevisión transmitido este sábado, sobre la “violencia política”que, según las primeras versiones de prensa, revelan los hechos violentos ocurridos en el país durante los últimos días.

En medio de la expectativa que vive el país sobre los resultados de las investigaciones policiales del asesinato del diputado Robert Serra y su asistente, así como el enfrentamiento en el que murieron cinco integrantes de colectivos revolucionarios en la avenida Baralt, Díaz y Aranguibel hicieron un análisis de los hechos y del rol de la sociedad para garantizar la paz.

A propósito de estos acontecimientos, Díaz expresó que es preciso estudiar “quién tiene el control de las armas”. Añadió que “por el bien de Venezuela”, las pesquisas deben estar orientadas a dar con los responsables de este acto: “Estamos en un nivel de conflictividad política, en la cual, los venezolanos necesitan certificaciones científicas de la solución de un hecho delictivo de esta magnitud”.

Por su parte, Aranguibel hizo un llamado a los venezolanos para “elevar la conciencia que debemos tener como sociedad ante las amenazas” que representan estos actos.

Los comunicadores se refirieron a tales sucesos como muestras de una “situación preocupante” que debe ser atendida no solo por el Estado venezolano como garante de la seguridad pública, sino por los sectores políticos y la sociedad misma cuyo rol participativo debe estar al servicio de la convivencia pacífica, para lo cual, el tema del debate de las ideas debe ser asumido por todos “con la debida responsabilidad y buen juicio”.

En ese sentido, el papel que juegan los medios de comunicación fue señalado por los analistas como determinante, toda vez que su influencia pueda generar por igual, tanto tranquilidad como intranquilidad, dependiendo, como ambos periodistas lo expresaron, del enfoque (sensacionalista o responsable) con el que se cubran estos acontecimientos y el debate político en general.

Aranguibel pide que no se “sobredimensione” el cambio de gabinete: es un asunto “tradicional”

consejo

(Caracas, 20 de agosto – Noticias24).- El analista político Alberto Aranguibel ofreció en Noticias24 TV un análisis sobre el impacto que podría ocasionar al país un cambio en el gabinete en el Ejecutivo, luego de que los ministros pusieran este lunes a disposición sus cargos para que el presidente Nicolás Maduro proceda a una reorganización gubernamental.

Aranguibel planteó que “no se debe sobredimensionar un asunto que es de uso tradicional en ese tipo de instancia de gobierno… es una medida sana que se toma en un momento determinado en un consejo de ministros para, precisamente, facilitar las eventuales decisiones que quisiera tomar el presidente de la República”.

Añadió que esta medida no significa que exista una crisis, sino que busca facilitar el proceso de revisión de las estructuras del Estado emprendido por el Presidente. En este sentido, destacó que no se puede tomar este hecho como que “los ministros están renunciando para crear una crisis en el Gobierno”, sino que, por el contrario, son estos unos ministros que han demostrado una clara “vocación y una capacidad de entrega que el país entero ha visto”.

Aseguró que una prueba de esto se evidencia en las actividades del Gobierno de Eficiencia en la Calle y señaló que el gabinete ministerial debe ser reconocido por “su altísimo nivel de compromiso con la patria, con la búsqueda del bienestar de toda la sociedad”.

Aranguibel añadió que “ha sido muy dura la tarea de los ministros, a quienes hemos visto en todo el territorio nacional trabajando día y noche… y por supuesto, enfrentando esta guerra que se ha lanzado, que se ha volcado contra el país por parte de los sectores privados de la economía que han querido sacar provecho de la ausencia del comandante Chávez para tratar de desequilibrar al Gobierno”.

Vea aquí la entrevista completa

Dar o no dar; he ahí el dilema

dolares venezuela
Por: Alberto Aranguibel B. / noticiasbarquisimeto.com

Parte fundamental de la crisis económica por la que atraviesa el país, producto de las distorsiones que de manera brutal desató el sector privado mediante la práctica del acaparamiento de mercancías y la especulación exorbitante de precios que obligó al Gobierno bolivariano a emprender acciones contundentes para recuperar los equilibrios en un área signada por el consumismo voraz y el pánico sembrado en la población por los medios de comunicación privados, es sin lugar a dudas el factor mediático.

Los medios han promovido como nunca antes en nuestra historia la idea de una catástrofe al borde de la cual estaría el país, tal como lo ha repetido monótonamente desde hace más de quince años el liderazgo opositor sin ningún tipo de fundamentación ni responsabilidad, anunciando recurrentemente el inminente fin ya no solo de la democracia sino de la libertad y hasta de la vida en Venezuela solo porque ellos no están en el gobierno, en lo cual han fracasado recurrentemente como han fracasado en las elecciones de todo tipo en las que participan siempre sin lograr respaldo popular que les brindara una mínima autoridad moral para lo que tan infundada y temerariamente sostienen.

La participación de los medios en la guerra económica emprendida por la derecha desde el momento mismo en que se supo la gravedad de la terrible enfermedad que aquejaba al Comandante Chávez hace casi dos años, en claro delirio con la idea de la extinción de la Revolución Bolivariana a que siempre ha aspirado, ha sido factor determinante en el complejo proceso de falsificación y manipulación de la realidad que busca predisponer al venezolano en contra del Presidente cuyo compromiso de continuar el legado de Chávez juró masivamente el pueblo en la calle el 10 de enero de 2013, como la más grande declaración de amor que haya podido recibir jamás líder alguno en la historia.

A ese pueblo combativo que se ha resteado en mil batallas por alcanzar la suprema felicidad social que le fue negada durante siglos por esa misma oligarquía que hoy pretende usarle como carne de cañón en sus planes desestabilizadores para reinstalar en el país el mismo neoliberalismo que tanta hambre y miseria generó en el país en el pasado, los medios han pretendido engañarle una vez más con disparates tan absurdos como aquello de que el gobierno habría quemado dieciocho universidades durante las guarimbas, como impúdicamente colocó a ocho columnas El Nacional en su edición del 7 de mayo de 2014. (1)

Ahora, frente a la respuesta contundente que está dando el gobierno del presidente Maduro para contrarrestar la felonía golpista de los sectores terroristas y las acciones desestabilizadoras del sector privado, que se empeña en violentar la tranquilidad de los venezolanos con especulación, acaparamiento y contrabando de extracción de los productos de primera necesidad a los que el pueblo tiene derecho, los medios de comunicación se confabulan para la creación de matrices igual de infames como absurdas, como eso de que el gobierno revolucionario habría saqueado las reservas nacionales con una demencial cifra de 22 mil empresas fantasmas que le habrían birlado a la nación igual cantidad de dólares sustraídos ilegalmente de CADIVI.

La barbaridad no tiene límites en la irracionalidad, cuando se pretenden crear la percepción en esas campañas mediáticas que no hubo en modo alguno fraude al Estado por parte de empresarios privados ni de gente del común que el país vio durante meses negociando dólares en el mercado negro que ese mismo sector privado estimuló o raspando cupos en forma demencial fuera del país, pero que sí hubo una procesión de dirigentes del PSUV retirando divisas del ente cambiario de manera irregular y hasta criminal. Que se otorgó esa inmensa suma de dinero en forma irresponsable, se dice en los medios a través de una infinidad de noticias manipuladas y artículos de opinión definitivamente golpistas y delincuenciales. Qué dónde estaban los funcionarios del Gobierno que debían cuidar esos dólares y evitar que se produjera la hemorragia que defraudó al país impunemente, sostienen con heroica furia.

Pero a la par, y sin mediar la más mínima vergüenza ni sentido común, se avanza con el brutal ataque a ese mismo gobierno del presidente Nicolás Maduro, exactamente en el mismo periodo, acusándole de no entregar las divisas que supuestamente requeriría ese mismo sector privado que ha desatado la peor ola especulativa de nuestra historia desde que somos república, para importar las mercancías que ellos mismos han dejado de poner en los anaqueles con sus prácticas de acaparamiento y contrabando de extracción.

En su afán golpista, no explicarán jamás esos medios cómo es entonces que debe ser correcta la política económica del Gobierno para salir de la crisis si, según ellos, entregar dólares es lo que genera esa crisis económica pero no entregarlos también. Ni el Hamlet de Shakespeare debe haber padecido un dilema tan enrevesado.

Es como rezaba la vieja cumbia… ¡Tú lo que quieres es que me coma el tigre, que me coma el tigre, mi carne morena!

@SoyAranguibel

Fuente:

(1)http://www.el-nacional.com/sociedad/universidades-atacadas_0_404359786.html

Aranguibel en Primera Página el 06 / 08 / 2014

Alberto Aranguibel sostiene este miércoles 06 de agosto de 2014 en el programa Primera Página que transmite a diario el canal Globovisión, que la oposición venezolana perderá de nuevo una valiosa oportunidad de quedar bien frente al país, si no reconoce que el proyecto unitario que se plantearon desde un principio de la revolución bolivariana fue un fracaso político.