La nueva vieja política

Por: Alberto Aranguibel B.

Los dirigentes de la oposición que en algún momento han sido exaltados por sus propios militantes a la condición de líderes supremos de la contrarrevolución, han sido (todos sin excepción) execrados por esa misma militancia y reducidos al más desolador ostracismo con la misma vehemencia con la que antes los erigieron, bajo un argumento que necesita ser estudiado con detenimiento.

Desde aquel inefable frijolito que enfrentaron al Comandante Chávez al inicio mismo de la efervescencia revolucionaria, la intención fue siempre la de oponerles a los líderes de la revolución, primero a Chávez y hoy a Maduro, figuras de comprobada trayectoria pública pero que a la vez encarnaran una nueva forma de hacer política.

Así fueron sembrando en cada oportunidad las mismas esperanzas en todos y cada uno de los que fueron desfilando por ese pedestal del antibolivarianismo al que fueron encumbrados y luego defenestrados.

Los fueron defenestrando uno a uno porque se percataron, como quien descubre el agua tibia, que solo representaban los postulados de una vetusta forma de concebir el país y la política, por lo cual no ofrecían posibilidad alguna de triunfo frente al chavismo.

Teniendo, como los tienen, líderes valiosos, muchos de ellos formados en las mejores universidades del mundo, con amplia experiencia en la lucha política partidista, parlamentaria y de calle, escogen finalmente a Juan Guaidó precisamente porque según ellos es todo lo contrario. Es lo nuevo, lo puro.

¿Pero, qué es lo nuevo que propone Guaidó para los que no terminan de salir de él y todavía le rinden pleitesías y le cantan alabanzas?

Hasta ahora lo que ha hecho es engañar cínicamente a sus propios seguidores ofreciéndoles a diario villas y castillas sin cumplir jamás lo que promete. Robar de manera descarada activos del Estado para ponerlos supuestamente al servicio del pueblo, pero el pueblo sigue padeciendo el bloqueo que él mismo ha promovido. No llevar a cabo ninguna obra de tan siquiera mediana envergadura que responda a las demandas de salud, alimentación, vivienda, servicios públicos eficientes, educación, trabajo.

Ha tenido el poder y los recursos que ninguno de sus predecesores tuvo y ha sido el que menos ha cumplido. Al igual que todos esos irresponsables que fueron echados al olvido por sus propios seguidores, vive muerto de la risa porque también en eso de ser irresponsable es superior a los demás.

Nada es más parecido a la vieja política.

@SoyAranguibel

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¿Qué quieren cambiar?

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando Venezuela alcanzó por fin innegables condiciones de bonanza económica y bienestar social como nunca antes en su historia; cuando había de todo en los anaqueles y se compraba sin preocupación alguna por el precio de los productos; cuando se podía comer a diario en los mejores restaurantes y viajar por el mundo no solo una ni dos sino hasta tres veces al año; cuando había medicinas y posibilidades de ingresar a tratarse cualquier padecimiento en las mejores clínicas privadas del país, es decir; cuando gobernaba Chávez, la oposición quería cambiar de gobierno.

Aún en esas condiciones excepcionales que llegó a tener la economía venezolana, la oposición mantuvo siempre el discurso del insoportable Apocalipsis que ella decía estar padeciendo porque existía un control cambiario que consideraba dictatorial y restrictivo.

Porque en el país en el que se estaban construyendo más centros comerciales que en ningún otro no había, según ella, reglas claras que garantizaran la inversión privada, por lo cual el gran capital se veía forzado a fugarse hacia el exterior (cuando en realidad esa fuga de capitales se había estado produciendo ininterrumpidamente desde el inicio mismo de la industria petrolera nacional, solo que en silencio y sin aspavientos).

La oposición desestabilizó, generó violencia, saboteó la gestión pública, llamó a paro nacional de actividades y perpetró un golpe de Estado. Todo lo que pudo hacer para impedir y frustrar ese incipiente bienestar lo hizo.

Ahora, cuando no existen ni control cambiario ni regulaciones de precios o impedimento legal alguno para la inversión privada nacional, la oposición no encuentra otra manera de actuar que no sea la de sumarse al bloqueo económico impuesto por EEUU y apoyar con la solidaridad más obscena e incondicional la elevación desmedida de precios en todos los productos, lo que ha generado el más desastroso ciclo de distorsiones que jamás haya experimentado nuestra economía, solo para retomar a través de sus consabidas salidas inconstitucionales y violentas su desgastado discurso del “cambio necesario”.

¿Hacía cuál modelo económico pretende cambiar si no le han servido nunca ni el controlado ni el sin controles, que son hasta ahora los únicos modelos conocidos?

@SoyAranguibel

Gobierno opositor

Por: Alberto Aranguibel B.

Nada es más previsible que la oposición venezolana. Su persistencia en exactamente la misma conducta, sin detenerse nunca a corregir desviaciones ni desatinos, es definitivamente proverbial. Con ella no hay ninguna dificultad para imaginarla en el gobierno.

Para empezar, en un gobierno opositor se acabarían las angustias y los gastos en campañas electorales y procesos eleccionarios porque más nunca habría elecciones. Los aspirantes a cargos de gobierno surgirían de las autoproclamaciones callejeras, y de entre todos el que logre el mayor apoyo de los EEUU se adjudicaría el poder sin mediar en ello complicadas y costosas elecciones.

La traumática experiencia de procesos electorales (manuales o automatizados) en los que la opinión de la gente que según los escuálidos no sabe de política (es decir; los pobres) es aceptada como válida, no podría repetirse más. Mucho menos habiendo alcanzado el país un modelo de escogencia de los mandatarios tan avanzado que más de cincuenta países del mundo lo aplauden y lo respaldan.

El gobierno se haría en la misma forma unitaria en que se lleva a cabo el debate y la elaboración de las propuestas opositoras en la actualidad; cada quien dice lo que le viene en gana a su buen saber y entender y lo impone a gritos ya sea desde su escritorio en su casa de Valle Arriba, su apartamento de Santa Fe aquí en Caracas, o desde los soleados campos del parque temático de su agrado allá en el estado de la Florida, simplemente usando para ello su cuenta de Twitter o de Whatsap. Nada es más avanzado ni más democrático.

Dado que en la oposición nadie se considera borrego ni se siente en la obligación de obedecer a nadie, los periodos presidenciales durarían lo mismo que tarde en caer en desgracia el mandatario de turno, tal como inevitablemente caen siempre todos sus líderes. De ahí que cada gobierno dure a lo sumo unos cuatro o cinco meses en promedio. Con lo cual la intensa rotación de aspirantes al poder convertiría la democracia venezolana en “participativa y multitudinaria”. Gracias a Dios la oposición está acostumbrada ya a esa dinámica de la perpetua lucha interna por el poder, lo que le augura un panorama muy promisorio.

Los programas sociales continuarían. Pero con otros nombres y con una nueva y más eficiente forma de gestión; los Clap, los bonos, los carros y las viviendas, les serían entregados a la gente decente (jamás a los colectivos) y luego ellos verían a quién darle lo que sobre. Si es que sobra.

Habría que robarle a los chavistas la consigna “¡Así, así, así es que se gobierna!“, pero desinfectándola antes con una buena edulcoración neoliberal (algo así como: “So, so, so that’s how it is governed”) para que quepa muy bien en boca de las doñitas de El Cafetal.

Claro, como los chavistas serían exterminados previamente a plomo limpio por las fuerzas de liberación, no habría problema alguno.

@SoyAranguibel

Aranguibel: La oposición no es un sector político sino un grupo de presión contra el Estado.

Caracas, 24/06/2019.- En entrevista con los periodistas Enma Carolina Agurto y Michel Caballero, en el programa “Café en la mañana” que transmite Venezolana de Televisión, Alberto Aranguibel sostiene que la oposición venezolana no puede definirse como sector político porque no se comporta como tal sino como un grupo de presión contra el Estado.

Cabeza opositora

Por: Alberto Aranguibel B.

Quizás el rasgo más repugnante de la arrogancia no sea la estupidez, sino la sordera. Porque la estupidez es manejable, pudiendo llegar a ser simpática y hasta candorosa. Pero la sordera, aquella que no es producto de ningún impedimento físico sino de la soberbia, es odiosa y puede terminar siendo incluso catastrófica.

El arrogante, intolerante como es, no necesita escuchar a nadie para arribar a conclusiones de ninguna especie. Su mayor placer es irradiar con cada gesto la luminosidad y el brillo intelectual que le permitan aparentar sabiduría y suficiencia en el control de los asuntos más diversos del conocimiento y del mundo.

No le gusta aprender en cabeza ajena, como reza el dicho popular, porque le extasía el logro del descubrimiento propio cuando de una mente superior como la suya se trata. Si el que llega a una conclusión certera (cualquiera que ella sea) es alguien socialmente insignificante, entonces quiere decir que la idea era insulsa y menospreciable. No era una idea importante.

Por eso es usual ver en los escenarios en los que proliferan la arrogancia y la petulancia como rasgos definitorios de la personalidad (por lo general en las clases nuevas ricas de la sociedad, que en México se conocen como “igualados”) el fenómeno de la celebración del descubrimiento del agua tibia.

Exclamaciones como: “¡Increíble!”, “¡Fabuloso!”, “¡Sorprendente!”, son las más usadas en esos escenarios para referirse a cosas que de repente son “descubiertas” por los arrogantes, aún cuando las mismas ya sean harto conocidas por el común de la gente. Todas esas fueron las exclamaciones de Colón al llegar a un mundo que desde hacía milenios nuestros pobladores originarios conocían, pero que sorprendía a los conquistadores como si fuera nuevo. Por eso a los europeos no les importó nunca llamarse “viejo mundo”… el “nuevo” lo habían descubierto ellos.

Así es la cabeza opositora. No les gusta escuchar a nadie cuando se les advierte hasta la saciedad que quienes se autoerigen en sus líderes son siempre unos estafadores, mercachifles de la política sin ningún interés por el país sino por ellos mismos.

Los desechan  con el mayor desprecio y los convierten en detritus de la historia, como ya han convertido a Guaidó (y como convirtieron a todos los que a él le precedieron), solamente cuando “descubren” por ellos mismos que todo cuanto se les decía acerca de su ineptitud y de su incompetencia para gobernar era cierto.

Solo que, por arrogantes, jamás aceptan que ya bastante se les había dicho.

@SoyAranguibel

El negocio de fracasar

Por: Alberto Aranguibel B.

Con la llegada a Miami del primer contingente de contrarrevolucionarios cubanos luego del triunfo de la revolución en 1959, se inicia uno de los más inmorales y lucrativos negocios que se hayan dado en la historia de la política; el anticastrismo.

A diferencia del anticomunismo (el más infame y perverso esquema de contra propaganda jamás concebido en la lucha política para intentar destruir al contrario) e incluso del antiimperialismo, el anticastrismo no tiene la finalidad de acabar con su enemigo sino sacarle siempre el mayor provecho.

La extinción del comunismo es un triunfo para el capitalismo porque de esa forma se le abren nuevos mercados. Pero si la revolución cubana fracasa, el anticastrismo pierde sentido y también se extingue. Con lo cual se acabarían las milmillonarias subvenciones que el Departamento de Estado norteamericano le otorga desde hace mas de medio siglo a los movimientos contrarrevolucionarios mayameros a través de una infinidad de fundaciones y organismos de toda índole que se benefician con el decisivo poder electoral de los exiliados cubanos.

Por eso cada vez que ha habido tan siquiera un tenue intento de levantar el bloqueo contra Cuba, los primeros que pegan el grito en el cielo exigiendo todo lo contrario, es decir; mayor cerco y presión económica contra la isla, son los anticastristas.

Jamás les ha interesado el triunfo de la contrarrevolución, sino que el negocio de sacarle plata al anticomunismo continúe.

Cortada por el mismo sastre, es decir; regida por el imperio norteamericano, la oposición venezolana hace exactamente lo mismo en su lucha antichavista. Conscientes como están de las inmensas dificultades que acarrea la compleja función de gobierno, los líderes de la oposición entienden que para ellos lo mejor no es derrotar al chavismo sino sacarle el mayor provecho sin necesidad de fatigarse gobernando, que es algo para lo cual no tienen ni la capacidad, ni los conocimientos, ni tampoco el menor interés.

Sin el agobio de trabajar han recorrido el mundo en primera clase y han sido recibidos por mandatarios y monarcas en los más deslumbrantes palacios. Le han puesto las manos a empresas petroleras por las cuales no tienen que rendirle cuentas a nadie, ni siquiera al fisco. Con ese chorro de dinero robado al país, y con lo que les entrega el Departamento de Estado y los oligarcas que los financian para mantenerlos bajo su control, han costeado mansiones y lujos de toda índole en todas partes del mundo. En fin… viven a cuerpo de rey sin sudar ni una gota.

De ahí que cada vez que se sientan en una mesa de diálogo lo que juegan es al fracaso de las conversaciones. Su único objetivo es cerrarle el paso a cualquier otro que sí coopere en el avance del diálogo.

Su negocio es fracasar.

@SoyAranguibel

Ilusión perpetua

Por: Alberto Aranguibel B.

Es totalmente mentira, quizás la más infame falsedad de todas cuantas ha vertido la oposición contra la revolución bolivariana por más de tres lustros, que ese sector haya padecido durante todo ese tiempo los agobios de un régimen opresor que le limitara las libertades y le cercenara de alguna manera sus derechos.

Aún cuando no lo acepte, el opositor de a pie sabe que solo en revolución se instauró en Venezuela una cultura de la solidaridad humana y de la inclusión social como nunca antes existió en el país, con la cual no solo los pobres sino también los sectores medios de la población han aprendido a definirse como sujetos de derecho y no solo de deberes como fue siempre en el pasado.

De hecho, todo aquello por lo que hoy clama la oposición (y por lo que implora por la salida del presidente Maduro) no es de ninguna manera el retorno a la perpetua ilusión de bienestar que le prometió el neoliberalismo sin cumplírselo nunca, sino a la calidad de vida que llegó a tener por primera vez el venezolano con la llegada de la revolución, y que se expresó durante más de una década en el más bajo nivel de inflación de todo el continente, que le permitía a los sectores de mediano y bajo poder adquisitivo tener acceso como nunca antes a una buena alimentación, a productos importados de la mejor calidad, a divisas preferenciales, y a viajes al exterior, además del fabuloso beneficio de contar con las tarifas de servicios públicos más baratas del mundo, muchos de ellos gratuitos gracias a esa lógica de la inclusión y la justicia social que impulsó el Comandante Chávez.

Ese opositor sabe que aquel bienestar que ofrecía el neoliberalismo era ilusorio, porque en ese pasado que la derecha se niega a recordar lo único que se hacía realidad eran las infinitas calamidades que se padecían.

La figura del juez corrupto que alguien compraba para quitarle a la gente sus casas o sus carros, por ejemplo, era apenas uno de los múltiples agobios que sufrían los venezolanos, a los que inevitablemente se sumaban las deudas por alquiler, los préstamos impagables, y un sinfín de cargas (como colegios, útiles escolares, medicinas, etc.) que iban mucho más allá del brutal incremento en el precio de los alimentos, que también existía.

Solo que todo ello sucedía sin guerra o cerco económico alguno que lo justificara.

 

@SoyAranguibel

Inventiva opositora

Por: Alberto Aranguibel B.

La carencia de un discurso fundamentado, que surja de las ideas o de las propuestas de país debidamente estructuradas, obliga a la oposición a apelar a la inventiva para dotar de justificación viable su sed de poder.

Solo que esa inventiva tampoco se sustenta en elementos válidos, confiables, o tan siquiera creíbles. Es, por lo general, una bravata nacida de la más febril improvisación y nunca de la deducción lógica. Mucho menos del razonamiento de naturaleza científica.

Es así como inventaron lo de esa invasión cubana en Venezuela, que ni siquiera ellos se creen pero que refuerzan con formulaciones descabelladas que convencen solo a los que asumen la absurda hipótesis más por miedo a ser execrados y hasta agredidos por sus copartidarios que por ninguna otra cosa.

La tesis de la “invasión rusa” que ahora incorporan, forjada con el mismo método de la llamada “comunicación perversa” (como se le denomina a la forma discursiva mediante la cual se apela a la mentira más gruesa ya no para convencer sino para destruir al otro) es solo una variante de esa que acusa a los médicos cubanos de invasores.

Pero la que con toda seguridad es la modalidad de discurso opositor más cínico e inmoral, es la que explica su supuesto “derecho” a los beneficios sociales de la Revolución, como los Bonos de la Patria, las cajas Clap, etc., porque, según ellos, los escuálidos pagarían impuestos y esos beneficios (que al decir de los opositores serían un “derecho constitucional”, lo cual es falso) se financiarían con su dinero.

Primero, que es totalmente probable que no exista un solo escuálido que pague, no solo impuestos sino ni siquiera la gasolina, el agua o la electricidad, como para andar reclamando derechos para los cuales no tributa lo que es debido.

Luego, que esos beneficios que con tanto esfuerzo lleva adelante el Presidente Nicolás Maduro no existen de ninguna manera en la Constitución, sino que surgen del empeño del Jefe del Estado por proteger al pueblo de los efectos devastadores de una guerra desatada por la oposición precisamente para generar angustia y padecimiento entre la gente.

Qué sabroso debe ser para esos opositores chulearse esos beneficios gracias a ese febril empeño de andar inventando barbaridades sin la más mínima vergüenza.

@SoyAranguibel

Horror gringo

Por: Alberto Aranguibel B.

El antichavismo no surge en modo alguno de una confrontación ideológica o política. Su esencia es solo el forzado intento de adecuar a la realidad venezolana el compendio de atrocidades que la derecha le ha supuesto arbitrariamente al comunismo desde hace más de un siglo.

Ya desde mucho antes del inicio formal de la Revolución Bolivariana, esa derecha (retardataria y chapucera como es en el mundo entero, pero mucho más en Venezuela) ha creído a pie juntillas la falaz versión anticomunista que coloca a todo lo que tenga que ver con el chavismo como la peor y más horrible perversión sobre la tierra.

En un primer momento creyó en la supuesta demencia del comandante Hugo Chávez, por lo que se movilizó para demandar ante la antigua Corte Suprema de Justicia su incompetencia para el cargo de presidente de la República.

Después creyó a cabalidad en la especie que establecía la presencia del G2 cubano al mando de la FANB. Hecho que determinaría la pérdida de nuestra soberanía y el total aislamiento del país en el escenario internacional.

Más adelante, bajo la misma lógica, se convenció del infortunio económico al que esa relación con el castrismo cubano sometería a Venezuela, lo que nos haría perder cada vez más oportunidades en los mercados internacionales. Bajo el modelo socialista, la democracia se vendría abajo, los pobres no tendrían acceso a bienestar alguno, y la clase media desaparecería.

Pero quienes se autojuramentan como locos de carretera, sin ser electos para el cargo al que aspiran, son los líderes de la oposición. Los mismos que se vanaglorian de ser los promotores de ilegales sanciones gringas orientadas a asfixiar la economía venezolana, generando inflación y cierre de empresas, destrucción de la calidad de vida del venezolano y ruina de una clase media que había prosperado durante los gobiernos del presidente Chávez, y que durante el gobierno del presidente Maduro ha sido agobiada por la cruel guerra comunicacional y política que promueve el aislamiento del país en el mundo.

Los aliados naturales de esa obtusa y demencial derecha, el imperio y sus lacayos, son quienes han terminado haciendo realidad el horror tan largamente temido por el antichavismo.

El “horror cubano” terminó siendo el “horror gringo”.

@SoyAranguibel

Los triunfos del bochorno

Por Alberto Aranguibel B.

Nunca antes hubo en el país una clase política tan engreída y arrogante como la actual oposición venezolana. El odio que les brota hasta por los poros contra el pueblo chavista es producto no de la intensidad de su convicción política, sino de la prepotencia.

Sentirse superados por los pata en el suelo, los marginales, los del barrio, es para ellos una frustración tan vergonzosa e inaceptable desde todo punto de vista, que el odio termina resultándoles un recurso de piadosa sanación.

Hace poco supe de una señorona de la más alta alcurnia en El Hatillo que prefería botar la comida que estaba por vencérsele en la alacena antes que dársela a la gente pobre, porque ella no iba a “premiar a esos miserables que votaban por el chavismo en cuanta elección había”.

En esos municipios, como El Hatillo, Chacao y Baruta, los escuálidos se creen “dueños y señores de la comarca”, como lo eran sus antepasados en la colonia. Las ínfulas de terratenientes con la que se comportan en cualquier panadería en esos municipios despotricando a voz en cuello contra el gobierno, da hasta risa las más de las veces. Sobre todo cuando se les ve actuando como corderitos asustados apenas pisan territorio chavista en cualquier otra parte del país, donde hasta los buenos días le dan a la gente con la mayor amabilidad.

Por eso el triunfo de los candidatos de la derecha en El Hatillo, Chacao y Baruta, donde se supone que debían arrasar como la más descomunal aplanadora y dejar pulverizados a los candidatos revolucionarios, no puede ser sino vergonzoso.

Creer que triunfaron en esos municipios cuando los chavistas les pisaron los talones con la tan significativa votación obtenida por la revolución en cada una de esas circunscripciones electorales, es penoso.

Que figuras prominentes de esa derecha recalcitrante que ha hecho trabajo político desde hace décadas (donde hay personajes que se han postulado para el mismo cargo hasta tres y cuatro veces en los últimos quince años, y donde se presentaron hasta destacados artistas cómicos de la televisión opositora) hayan sido superados por los chavistas con votaciones que en algunos casos llegó a triplicar la de esas grandes figuras de la derecha, escandaliza.

Como dijera (con mejores palabras) el Comandante: “Midan bien sus pírricos triunfos”.

@SoyAranguibel

Crítica a la “autocrítica”

Por: Alberto Aranguibel B.

Después de casi un cuarto de siglo luchando para demostrarle al mundo entero que la revolución bolivariana es una realidad abrazada soberanamente por la inmensa mayoría de las venezolanas y los venezolanos, después de enfrentar las más cruentas arremetidas que proceso revolucionario alguno haya jamás enfrentado, por fin la oposición queda en evidencia como un conjunto de grupúsculos carcomidos por las ínfulas de una pequeña cantidad de dirigentes ineptos, mentirosos y manipuladores, tal como se ha dicho desde siempre desde el ámbito del chavismo.

Por fin la revolución tiene frente a sí un panorama provechoso para avanzar a mayor velocidad por encima de las campañas de difamación de la que ha sido víctima en esa lucha perpetua contra la derecha. La desintegración de esa atorrante oposición, producto de las bajas pasiones y la mediocridad que la explican, abre las puertas para la reunificación del país bajo el signo de la paz y la confianza que ahora puede inspirar el proceso bolivariano entre aquellos que fueron presa del engaño opositor durante tanto tiempo.

Pero justo en ese momento la esperada hora de zafarse de ese diabólico freno es desaprovechada por unos cuantos revolucionarios que deciden ocuparse en atacar el activo político con el cual el Presidente Maduro dio el más contundente y sagaz golpe a la derecha nacional e internacional, en el rescate de la gobernabilidad y la estabilidad política del país.

“¡Calladito te ves más bonito!”, le escribe por las redes sociales una compatriota a un Constituyente que por esa misma vía hizo un responsable llamado de atención acerca de la desmesura (por decir lo menos) de algunos comentarios vertidos en los últimos días desde las filas revolucionarias en contra de la Asamblea Nacional Constituyente y de sus integrantes, por la supuesta inacción de estos frente a la carrera inflacionaria que experimentan los precios de los productos de primera necesidad.

 “¡No escuchar al pueblo es un acto contrarrevolucionario de soberbia y de deslealtad a Chávez!”, sentencian otros que abonan sin precaución alguna el discurso subyacente en la destemplada campaña de descalificación que de esa manera se desata, según el cual los precios de los productos suben porque los Constituyentes no atienden al pueblo. Es decir; que no hay guerra alguna de las fuerzas capitalistas contra la Revolución; que los Constituyentes son unos burócratas que no tienen idea de lo que pasa en el país, que son tan inútiles como los diputados opositores, y que en virtud de ello toda maldición y todo insulto tendrían que ser aceptados en el más cerrado silencio.

La crítica y la autocrítica, como lo previsualizó Marx y lo desarrolló Lenín, son consustanciales a todo proceso revolucionario, porque es solo con el impulso de las ideas del colectivo (esencialmente desde las bases revolucionarias) como se genera la fuerza transformadora que va a derruir el viejo Estado para dar paso al que está por nacer bajo el signo de la participación y el protagonismo del pueblo.

En el capitalismo no existe la posibilidad de la revisión, salvo aquella que surge de la antojadiza y arbitraria necesidad o conveniencia del dueño de los medios de producción, porque la naturaleza privada del capital y la concepción elitesca del Estado burgués así lo determinan.

La crítica y la autocrítica revolucionaria son las fórmulas mediante las cuales se realiza de manera concreta la eliminación de la lucha de clases en la sociedad socialista, en virtud de la naturaleza colectiva de un modelo basado en el trabajo común del proletariado en la construcción de la Patria, y no en la búsqueda del bienestar económico a partir de las recurrentes crisis económicas que rigen la lógica explotadora del modelo capitalista.

No puede, pues, hablarse de la existencia de un proceso revolucionario si el mismo no está sustentado en un permanente sometimiento al juicio popular.

Pero los ataques de los que han (hemos) sido víctimas los Constituyentes distan mucho de ser ni siquiera medianamente una autocrítica revolucionaria.

En principio, porque dichos ataques no están desarrollados ni como crítica ni como autocrítica sino como reclamos, cuando mucho. Como quejas o como denuncias, quizás. Y eso es perfectamente válido. Pero en ningún caso (que hayamos visto nosotros, al menos) puede hablarse de un desarrollo argumentativo con el cual se refute la actuación o la propuesta política llevada adelante por la ANC, que permita el ejercicio de la confrontación o el debate de las ideas en la búsqueda del perfeccionamiento del proceso.

Se acusa por lo general (incluso en términos personales) más con el interés de condenar que de promover la búsqueda de soluciones a los problemas, partiendo de supuestos cuya veracidad o sentido lógico no se constata de ninguna manera, sino que se asumen como verdades absolutas que facultarían para sentenciar sin juicio alguno ni permitir derecho a la defensa por parte de los acusados.

Se sostiene desde esa particular apreciación de lo que debe ser la “autocrítica”, que a la misma no debe dársele respuesta alguna sino rendírsele acatamiento, sea cual sea el infundio que se profiera, sin importar si la misma se hace contra una instancia cuyo mérito fundamental es precisamente haber logrado contener el avance de las fuerzas enemigas que apenas hace tres meses estaban decididas a acabar de raíz con todo vestigio de revolución en Venezuela, incluyendo los beneficios sociales y las condiciones de bienestar económico del pueblo que esos “autocríticos” saben que solo en revolución son posibles y que por eso mismo la tarea más impostergable es la estabilización política y la paz de la República.

Todos, sin excepción (gracias a Dios son en realidad muy pocos), extraen descontextualizada la frase del Comandante Chávez que les sirve de licencia para su “autocrítica”, dejando por fuera la contundente acotación del líder de la Revolución respecto a la necesaria lealtad con la que la misma debe ejercerse.

En el inicio del llamado “Periodo Especial”, Fidel alertaba sobre los riesgos de una crítica y una “autocrítica” que equivocara el sentido correcto de la lucha revolucionaria, cuando decía: “Parece increíble que las escuelas estén abiertas en un pequeño país que ha perdido miles de millones de dólares en importaciones de productos, de materias primas y, especialmente, de combustibles […] Puedo asegurar que lo que hemos resistido nosotros no lo podría resistir ningún otro país, no lo habría podido resistir jamás un sistema capitalista […] Hemos tenido que tomar medidas, más medidas y muchas medidas, pero aquí está la Revolución cubana, no se ha derrumbado. Aquí está nuestro pueblo organizado. Hay orden en nuestro país; aquí están el partido, el Estado, la administración y los revolucionarios trabajando en una sola dirección, estrechamente unidos. Podrá haber problemas y dificultades, deficiencias y errores, pero no hay desorganización ni caos […] No ha llegado todavía la hora de hacer el análisis final, pero no hay duda de que si se quiere perfeccionar algo usted no puede empezar por destruirlo […] ¿Cómo se puede perfeccionar el socialismo destruyendo la autoridad y el prestigio del partido, cómo se puede perfeccionar el socialismo destruyendo la autoridad y el prestigio del Estado, cómo se puede perfeccionar el socialismo destruyendo el prestigio y la autoridad del gobierno, cómo se puede perfeccionar el socialismo destruyendo los valores esenciales del socialismo?” (*)

Hay que decirlo; no es por falta de Leyes o normas emanadas de la ANC que los precios se disparan por las nubes, sino por el reducido margen de acción que ha tenido el gobierno (producto de la ingobernabilidad y la anarquía desatadas por la oposición desde el ámbito político) para hacer avanzar el modelo socialista, que es lo único, como lo dijo Chávez, que le permite a la sociedad superar las injusticias del capitalismo.

A la ANC le tocará explicar debidamente, sin demagogia, con la mayor claridad y sin formatos panfletarios, cómo es que lo que ha estado haciendo en favor de las venezolanas y los venezolanos sí es importante. Sí es indispensable para recuperar el bienestar económico. Sí es impostergable para retomar la senda de la felicidad que el pueblo alcanzó por primera vez en la historia solamente a partir de la llegada de la Revolución bolivariana.

No es dividiendo a las fuerzas revolucionarias ni amenazando con regresar al neoliberalismo como se consolidan las revoluciones, sino con más socialismo.

Por eso, a pesar de las dificultades (que nadie ha negado o desatendido jamás en la ANC), y no porque sean asumidas como trofeos burocráticos para nadie, es que hay que ganar todas las elecciones que sean posibles.


(*) Comandante Fidel Castro / VIII Congreso de la FEEM / La Habana, 06-12-1991.

 

@SoyAranguibel

¡Que viva la democracia!

Por: Alberto Aranguibel B.

“Después de tanto soportar la pena de sentir tu olvido / después que todo te lo dio mi pobre corazón herido” Wello Rivas

Tiene que ser que en alguna parte del camino la dirigencia opositora se topó con algún antiguo manual de sociología política en el que se instruía la conveniencia de ahorrarse el desgaste neuronal que comprenden los procesos de estructuración de las ideas en el cerebro humano y que, a punta de controversias y confrontaciones ideológicas intensivas,  terminaron por convertirlo en el “texto sagrado del antichavismo”.

Seguramente regresan a él con frecuencia a revisar su letra orientadora, como los practicantes del “sungazing” (la técnica hindú de la alimentación y la sanación mediante la influencia de la luz solar) que acuden a la energía del sol para nutrir la vida con su sola contemplación prescindiendo de todo alimento.

Cuando se cuenta con una fuente de alimentación intelectual tan pródiga, no se necesita recurrir a ninguna otra.

Seguramente ese texto antichavista habla del valor de la retórica pura y sin enredos, o del peso del discurso simple que conduce a la felicidad sin complicaciones filosóficas de ningún tipo, o del fraseo emocionante y simpaticón sin compromisos teóricos que dificulten el entendimiento, y uno no lo sabe.

También pudiera ser cierto lo que tanto se pregona en el fascinante mundo de la oposición venezolana, en cuanto a que somos nosotros , los chavistas, quienes no sabemos coordinar la actividad de las sustancias neurotransmisoras que producen millones de emisiones por segundo entre los axones y las dentritas del encéfalo para procesar hasta la más insignificante información, y que sea eso lo que nos hace difícil comprender la persistencia opositora en el fracaso de la lógica y del sentido común.

Pudiera ser. Pero ante el milagro que ha obrado en nuestro país con el desbordamiento de inconsistencias y contradicciones infinitas entre ellos mismos a través del tiempo, es perfectamente posible establecer sin lugar a equívocos que el liderazgo opositor es inepto como más nadie en el planeta, y posiblemente como nunca antes en la historia de la política universal.

Haber desmontado desde la oposición la falaz especie de la dictadura que reinaría en Venezuela (tal como ha sostenido tan tozudamente el Secretario General de la OEA que existiría en el país) con la más sólida e irrefutable argumentación que pudiera encontrarse en el ámbito del conocimiento humano como no lo ha estado ni remotamente cercana de hacerlo la mismísima Dirección Nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela, es definitivamente un logro excepcional que no merece mayor explicación.

Después de años de invertir sus mejores esfuerzos (amén de los milmillonarios recursos económicos y materiales que le metieron a su guerra contrarrevolucionaria) en tratar de convencer al mundo de que la supuesta tiranía del Presidente Nicolás Maduro ya había acabado con todo resquicio de democracia en nuestro territorio, ellos mismos echan por tierra su infame andamiaje de falsedades con la sola inscripción de sus candidaturas para la elección de Gobernadores.

Para Luis Almagro debe ser todo un bochorno el choteo del cual tiene que ser víctima desde entonces a lo largo de la avenida Constitución (cruce con calle 17) en Washington. “¡Sí hay democracia en Venezuela!”, deben gritarle desde los embajadores hasta los perrocalenteros.

¿A quién se le ocurre inscribirse para una elección cualquiera en el mismo país al que se le ha acusado por años de tener el sistema electoral más fraudulento del mundo y donde se ha perdido hasta el galillo de la garganta gritándole a todos los organismos multilaterales que hay una dictadura brutal y sanguinaria que le cercena hasta la la más mínima posibilidad de respiración a la gente?

¡Claro que hay división de Poderes!

¿No ven cómo el Poder Legislativo acude tan entusiasta con candidatos propios a esa elección?

¡Por supuesto que es confiable el sistema electoral!

¡Es el mejor del mundo!

¿No ven cómo tratan a los opositores con la mayor cordialidad después de llamar de prostitutas pa’ abajo a las autoridades del organismo rector de las elecciones?

¡Claro que hay democracia!

Mandaron a asesinar sin ningún pudor a decenas de venezolanos, luego de lo cual, Armani de por medio, corbata italiana de por medio, y anteojos Dolce&Gabbana de por medio sustituyendo las repugnantes máscaras antigases, los pavosos escudos de cartón piedra, y las asquerosas franelitas de Leopoldo, el Consejo Nacional Electoral les ofrece todas las facilidades para su postulación como candidatos a gobernadores, tal como se hace en las democracias más avanzadas del mundo entero.

No existe ya Leopoldo en las portadas de la prensa internacional. El aguerrido símbolo de la lucha contra esa supuesta tiranía del castro-chavismo suramericano, único activo real de esa pelea de más de una década por hacerse de un espacio significativo en la palestra política mundial, fue destruido en cosa de días apenas por su propia esposa. La misma que hasta ayer aparecía sollozando ante las cámaras de las grandes cadenas noticiosas, en los parlamentos más ultraderechistas del mundo, en la sede de cuanto organismo de protección de derechos humanos existiera en el planeta, precisamente porque la supuesta dictadura de Maduro no le permitía ver nunca a su marido, y que de un día para otro aparece embarazada para partir silenciosa rumbo a ignotos parajes en el extranjero.

Todo su activo político (y el de su inefable mentor Almagro), demolido de la noche a la mañana por ellos mismos sin la ayuda de más nadie suena más a acto de prestidigitación que a ninguna otra cosa. Para nadie puede resultar creíble que tamaña torpeza pueda ser obra de mentes medianamente pensantes.

Termina siendo, en todo caso, que la democracia venezolana no solo existe, como lo corrobora en forma inobjetable la propia actuación de la oposición venezolana, sino que es amplia, profunda y plural como ninguna otra, al nivel de permitirle y celebrarle la insensatez del gazapo y la irresponsabilidad a un sector que con su sola presencia en la vida pública nacional demuestra la robustez del sistema de libertades que puede disfrutarse en el país.

Pero las democracias de otras latitudes no son como la venezolana. En las sociedades políticamente maduras el escarnio público y la desaprobación más categórica habrían sido las únicas opciones para un sector político tan incompetente e irresponsable como lo es la oposición venezolana.

Hace falta caminar en la dirección de esa madurez de las sociedades altamente desarrolladas, independientemente de la orientación política del proyecto de país. Necesitamos una democracia que responda no solo a las necesidades materiales del ser humano, sino a la aspiración de engrandecimiento en el plano ético y espiritual de su existencia.

Para eso, entre otras muchas cosas importantes para las venezolanas y los venezolanos, ha venido también la Asamblea Nacional Constituyente; para dignificar el ejercicio de la política que una oposición atorrante y pendenciera ha malbaratado y enlodado tan de mala manera.

Y eso, en apenas veinte días de ejercicio constituyentista, es lo que el país ha empezado a percibir de la forma seria y altamente consustanciada con el pueblo como se está conduciendo la ANC.

Un ejercicio orientado a hacernos sentir a todas y todos cada vez más orgullosos de nuestra democracia bolivariana participativa y protagónica.

@SoyAranguibel

Muerte en marcha

Por: Alberto Aranguibel B.

La oposición considera a la desgracia nacional como su mejor aliada. Sin la convulsión social no logra de ninguna manera destacar en los titulares de la prensa, por muy identificada que ella esté con los medios de comunicación privados que le siguen su audaz y temerario juego.

Una revisión somera de la actuación de la derecha en el país desde el arribo de la revolución bolivariana al poder, demostrará que es solo cuando se produce esa convulsión o estallido social cuando la oposición ha adquirido notoriedad y posibilidades para hacerse de algunos espacios de poder político, tal como sucedió recientemente en las elecciones parlamentarias luego del malestar nacional que ha ocasionado la guerra económica desatada por los sectores empresariales especuladores nacional e internacionales contra el pueblo venezolano.

Es evidente entonces que el interés de la dirigencia opositora, en medio de la feroz pugna interna por el cargo de candidato presidencial que se disputa la casi totalidad de sus integrantes, no es otro que la búsqueda de ese estallido o esa convulsión a partir de la incitación a la violencia mediante los mecanismos de los cuales dispone y que están bajo su control más directo. Es decir, a través de la influencia que ella pueda ejercer sobre su propia militancia.

La sensación que queda en todas las movilizaciones convocadas por la MUD en esta nueva fase de su arremetida contra la revolución bolivariana, es la de la falta de conclusión. De cierre magistral del evento, como es usual en todos los actos políticos.

¿Por qué esa persistente sensación de inconclusas que expresan los mismos militantes opositores a través de la prensa y de las redes sociales?

Porque lo que busca la dirigencia, irresponsable e insensata como es, es un hecho de sangre que legitime de manera irrefutable su difamación contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro, a quien acusa de dictador ante el mundo entero sin que existan pruebas creíbles para nadie de tan temeraria afirmación.

La oposición necesita que en esas marchas haya muertos. Por eso las extiende de manera cada vez más irresponsable, convocándolas incluso al palacio de gobierno.

Le hacen creer a su gente que con solo llegar a Miraflores alcanzarán el poder, porque esperan que ahí encuentren la muerte.

 

@SoyAranguibel