Invasión: El fabuloso videogame de los escuálidos

Por: Alberto Aranguibel B.

“Tropecé de nuevo con la misma piedra”
Julio Iglesias

Ningún otro reconocimiento da por sentado de manera tan categórica el arrasador triunfo que obtendrá el candidato de la revolución bolivariana en la elección presidencial prevista para antes de finalizar el mes de abril en Venezuela, como el desespero de la derecha nacional e internacional porque esa elección no se lleve a cabo.

Un meme en particular, viralizado esta semana en las redes sociales por la oposición, da cuenta de ese desespero, con el llamado que le hacen al jefe del imperio norteamericano para que invada el país cuanto antes, otorgándole por ese medio a los marines una autorización “en nombre de todos los venezolanos” para que ejecuten en nuestro suelo la devastación que tengan a bien esos soldados extranjeros en nombre de la libertad que los escuálidos tanto añoran.

“Presidente Trump; Toda Venezuela lo autoriza para una intervención militar contra el narcorégimen”, dice el candoroso texto opositor, firmado con la consabida etiqueta #SOSvenezuela, más o menos en el mismo tono en el que los presidentes más ultraderechistas del Constinente, Juan Manuel Santos y Mauricio Macri, expresan también su convicción de que el próximo presidente de Venezuela seguirá siendo el actual líder de la revolución, Nicolás Maduro Moros, cuando desconocen de manera tajante los resultados de una elección que todavía no tiene ni siquiera fecha programada.

Acostumbrados como están a hablar en primera persona del plural para dárselas de multitudinarios, asumen cándidamente que su “nosotros” es todo el mundo. Razón por la cual la soledad del cuartico en el que se encierran a escribir su aporte digital a la lucha contrarrevolucionaria no les agobia para nada.

La “mayoría” de la que siempre hablan en sus posts es tan virtual como la realidad que perciben a través de la misma pantalla que los conecta al mundo que creen conocer y dominar a plenitud, pero que en la práctica no es sino el fabuloso escenario que el procesador de cada computador sea capaz de recrear.

En la vida real no son capaces de demostrar jamás esa cacareada mayoría. Por eso están convencidos de que una invasión es lo único que puede “salvarlos”.

Para ellos una invasión es solo un nuevo “nivel” en el gran video juego de la vida donde los distintos escenarios son siempre el territorio enemigo que el jugador tiene la obligación de liberar, usando para ello como arma el teclado (o joystic, según sea el caso), cuya facultad más fascinante es su capacidad de convertirse indistintamente en espada, pistola, metralleta o cañón, con solo pulsar un botón.

En la lógica de esa “realidad” el jugador, por muy genocida que sea, siempre es el bueno. De ahí que nunca muere. Cuando, por alguna rara circunstancia o descuido, llegara a caer en el combate, el programa activa la prodigiosa facultad de revivirlo al instante para que continúe con su heroica lucha por la liberación del territorio oprimido.

Por eso para el escuálido promedio, habituados como sector de mayor poder adquisitivo de la sociedad a esa fantástica lógica del video juego que desde hace más de un cuarto de siglo inunda la vida de la sociedad en el mundo entero, la invasión norteamericana por la que claman es solo un asunto de coser y cantar.

“Compren enlatados y tengan siempre los celulares a la mano”, dicen en tono de alerta sus instructivos de guerra digitales, con un lenguaje que combina el más correcto lineamiento de la planificación estratégica (que la empresa privada conoce y domina a la perfección) con el imaginario opositor de lo que, según ellos, debe ser el arte del apresto militar para la batalla. Para todo buen escuálido una invasión será siempre un evento fastuoso que podrá ser presenciado en vivo y en directo desde la poltrona o el sofá de su casa, a través de la señal satelital de CNN que han logrado captar invirtiendo solo unos pocos de sus muchos dólares en ampliar su ancho de banda, y contando con la animación de alguno de sus animadores favoritos; Fernando del Rincón, Nitu Pérez Osuna o Jaime Bailey.

Pero no hay muchas latas para escoger, porque su inefable liderazgo vendepatria se ha dedicado a gestionar por el mundo el bloqueo del cual es hoy víctima nuestra economía. Eso, por supuesto, no lo incluyen en su ficción.

La estúpida idea de que los marines norteamericanos poseerían alguna sorprendente capacidad para identificar a las personas a través de alguna mirilla digitalizadora que les permita establecer si el sujeto que tienen enfrente de su fusil se llama Diosdado Cabello y no Lorenzo Mendoza o Julio Borges; o discernir si el vehículo al que le están apuntando el lanzagranadas es el de Darío Vivas y no el de algún buen vecino de La Lagunita Country Club, no es sino una pueril y fantasiosa ilusión que los escuálidos se han construido a partir de su ingenua lectura de los códigos que el imperio ha sembrado en la mente de esos sectores desideologizados de la sociedad durante décadas de contenido mediático alienante y embrutecedor.

La fábula del rico que se salva del genocidio que de manera indefectible llevan a cabo las tropas gringas a lo largo y ancho del planeta, existe solamente en el cine norteamericano y en la pueril mente del escuálido promedio venezolano que hoy apuesta a la extinción del chavismo bajo el devastador fuego del ejército gringo.

Por absurdo que parezca, son esos escuálidos los mismos que luego de dos décadas negando la culpabilidad de los EEUU en las dificultades económicas del país, celebran hoy extasiados que todo cuanto dijo la Revolución Bolivariana durante casi un cuarto de siglo acerca de las perversas acciones de los Estados Unidos contra nuestra economía y nuestro derecho a la libre determinación era absolutamente cierto.

Según ha declarado esta semana el Secretario de Estado del imperio en entrevista con la periodista María Molina de Radio Colombia, “La campaña de presión está funcionando. Las sanciones financieras que hemos impuesto al Gobierno venezolano lo han obligado a comenzar a caer en default, tanto en deuda soberana como de PDVSA, su compañía petrolera. Y lo que estamos viendo es un colapso económico total en Venezuela. Entonces nuestra política funciona, nuestra estrategia funciona…”

Reconoce pues el imperio abiertamente que lo que está haciendo padecer al pueblo venezolano la penuria más inclemente y cruel que jamás hayamos conocido, no es de ninguna manera el resultado de alguna mala política del gobierno del presidente Nicolás Maduro, como ellos dicen, sino el efecto de un criminal estrangulamiento económico impuesto por los Estados Unidos contra nuestro país.

Es decir, que las políticas del Gobierno del presidente Nicolás Maduro para mitigar el impacto de esa injusta guerra, han sido las correctas. Y que lo que ha salvado al país de una desoladora acción intervencionista armada ha sido precisamente la extraordinaria capacidad de liderazgo puesta en evidencia por el Primer Mandatario en la consolidación de una poderosa fuerza revolucionaria que sirva de barrera impenetrable a esa pretensión invasora por parte de la más sanguinaria y cruel potencia de la historia.

Algo solo posible por el elevado nivel de conciencia y de compromiso patrio de la gran mayoría de los venezolanos que hoy apuestan al fortalecimiento y consolidación de nuestro avanzado modelo democrático, participativo y protagónico, en el marco del escenario de paz por el que tanto ha luchado el presidente de las victorias, Nicolás Maduro.

Esta vez, con la reelección del primer presidente chavista de nuestra historia, el pueblo venezolano le dará una nueva lección de verdad irrefutable al mundo.

Los escuálidos, con su recurrente fantasía del invasor bueno y sus delirantes campañas de internautas desatinados, quedarán reducidos una vez más al precario e intangible ámbito de sus videojuegos de efímera ilusión.

@SoyAranguibel

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El fracaso del odio

Por: Alberto Aranguibel B.

Los argumentos de quienes acusan de inconstitucional la Ley Contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia (LCOPCPT), promulgada recientemente por la Asamblea Nacional Constituyente, rayan en lo absurdo por donde quiera que se les examine.

En primer lugar porque atacar una iniciativa que promueve la lucha contra la intolerancia y cualquier forma de discriminación en la sociedad, debiera ser objeto del más unánime aplauso sin ningún tipo de aprehensiones ni condicionantes, independientemente de la inclinación o militancia política de cada quien, porque el supremo propósito en la organización de las sociedades civilizadas es precisamente el logro de la convivencia pacífica entre sus habitantes, para lo cual los Estados y las naciones deberán promover políticas, programas y mecanismos que aseguren su establecimiento efectivo tal como lo manda la ONU a través de la Unesco, su órgano rector en materia de promoción de la paz y el entendimiento intercultural entre los pueblos.

En la “Declaración de Principios sobre la Tolerancia”, aprobada en 1996, la Unesco define el concepto de tolerancia afirmando, entre otras cosas, que “la tolerancia no es indulgencia o indiferencia, es el respeto y el saber apreciar la riqueza y variedad de las culturas del mundo y las distintas formas de expresión de los seres humanos. La tolerancia reconoce los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los otros. La gente es naturalmente diversa; sólo la tolerancia puede asegurar la supervivencia de comunidades mixtas en cada región del mundo.”

Según explica el portal www.un.org de las Naciones Unidas, “La Declaración describe la tolerancia no sólo como un deber moral, sino como un requerimiento político y legal para los individuos, los grupos y los estados, sitúa a la tolerancia en el marco del derecho internacional sobre derechos humanos elaborados en los últimos cincuenta años y pide a los estados que legislen para proteger la igualdad de oportunidades de todos los grupos e individuos de la sociedad.”

Ir, pues, en contra de lo que establece de manera tan categórica e inequívoca un organismo que reúne en su seno el carácter esencialmente civilizatorio que mueve hoy a la gran mayoría de las naciones del mundo, es, aún en el supuesto negado de la inconstitucionalidad de la cual la derecha acusa a esta avanzada Ley, si no un absurdo, al menos un bochornoso desatino político.

Más torpe aún, es el razonamiento según el cual la Ley tendería a coartar o cercenar las libertades de expresión y de información porque, según esa infeliz hipótesis, con las penalizaciones que dicha Ley contempla se estaría amedrentando ya no solo a los medios de comunicación sino al ciudadano común para provocar su inhibición a la hora de verse en la necesidad de protestar contra el Gobierno.

En principio habría que aclarar que, de acuerdo a la norma jurídica universal, toda Ley debe contener en su propio articulado las sanciones que debe acarrear el incumplimiento o la violación de la misma. Una Ley cualquiera sin el aspecto sancionatorio a las contravenciones de las cuales pueda ser objeto, es una Ley chucuta e inoficiosa que carecerá siempre de toda efectividad.

Pero, más allá de eso, es la insensata propuesta que tal razonamiento comprende promoviendo una suerte de “derecho al odio”, para el cual no debería existir restricción ni penalidad alguna.

En la arbitraria lógica de la mezquindad y del individualismo por la que se rige la derecha venezolana, de llegar a existir algún tipo de marco jurídico orientado a limitar ese “derecho al odio” que su argumentación sugiere, tendría que ser, cuando mucho, para penalizar tanto expresa como exclusivamente a los chavistas. Casualmente esos mismos que son objeto del odio que pretenden que se les exonere de pena alguna.

Tal disparate se desprende de la afirmación generalizada entre muchos de los opositores que difunden por los más diversos medios su rechazo a la LCOPCPT, en el sentido de que a los primeros a los que habría que aplicarles dicha Ley sería a aquellos voceros de la Revolución Bolivariana que de una u otra forma se hubieran expresado a través de los medios en un lenguaje subido de tono o abiertamente reprochable contra líderes o voceros de la oposición o incluso contra el conjunto de la militancia opositora.

De ser cierta la infame hipótesis de que habrían sido los chavistas quienes habrían promovido el odio entre la sociedad venezolana (es una creencia unánime entre la oposición la idea de que habría sido Hugo Chávez quien sembró la discordia entre los venezolanos), ¿por qué entonces tanto temor desde la oposición a una Ley que penaliza única y exclusivamente a quienes promuevan o lleven a cabo actos de odio o de violencia contra las personas?

La respuesta es tan simple como la estulticia de la infamante propuesta; porque quienes han promovido el odio entre los venezolanos no han sido los chavistas.

El odio entre los venezolanos se remonta a los orígenes mismos del proceso de exclusión y de atropello al desvalido que se inició con la llegada de las huestes genocidas que desembarcaron en nuestras costas con Cristóbal Colón.

Fue ese proceso de asesinato a mansalva de millones de nuestros ancestros aborígenes lo que sembró en el alma de la raza indoeuropea que se fue creando, el gen del desprecio hacia los pobres que fue inoculado progresivamente a nuestra incipiente sociedad desde hace más de medio milenio, y que sembró entre una clase oligarca inmisericorde y desalmada, como ha sido siempre la oligarquía venezolana, la idea de la supremacía de clase que hoy hace estragos con la tranquilidad y el bienestar del pueblo, alcanzados por primera vez en nuestra historia durante la Revolución Bolivariana.

Esa naturaleza inhumana que caracteriza a la oligarquía venezolana, especuladora, usurera y voraz, fue la causante del estallido social del 27 de febrero de 1989, así como fue también el factor determinante del atraso industrial y tecnológico que nos impidió alcanzar los niveles de desarrollo a los cuales estuvimos llamados siempre en virtud del potencial de nuestras riquezas y de nuestras infinitas posibilidades para el crecimiento económico.

Esa persistencia en la vocación rentista, excluyente y saqueadora que caracterizó a la oligarquía, anidó por décadas el germen del odio entre la población despolitizada que predominó en el pasado en el país.

La llegada de Chávez lo que hizo fue imprimirle direccionalidad a la sed de justicia que ya el pueblo estaba expresando de manera espontánea en las calles. De haber continuado expresándose esa rabia en esa forma, sin liderazgo ni fundamentación ideológica que la orientara, la guerra civil habría sido inevitable y con ello habría sido imposible de detener, tal vez, hasta la desintegración misma de la Patria o la anexión de nuestro territorio a alguna potencia extranjera, tal como lo pretende hoy el imperio norteamericano utilizando a la derecha venezolana para ello.

El interés del odio estuvo siempre en la derecha. El odio fue no solo el instrumento mediante el cual pretendía hacerse del poder sin necesidad de obtener el favor de las mayorías en los procesos electorales, sino que fue la solución a la falta de un basamento ideológico sustantivo que le diera razón de ser en términos políticos. Por eso terminó entendiendo el desprecio hacia el prójimo como un derecho democrático y el exterminio de chavistas en las calles como un deber militante.

Pero esa propuesta fracasó.

La inmensa mayoría de las venezolanas y los venezolanos han demostrado, no solo con su voto por la instauración de una Asamblea Nacional Constituyente que rescatara la paz y la estabilidad del país para retomar la senda del crecimiento económico y corregir las distorsiones que han puesto al pueblo a padecer de nuevo las penurias que padeció en el pasado cuartorepublicano, sino mediante la disciplina revolucionaria con la cual ha acompañado al presidente Maduro en la titánica tarea de enfrentar las adversidades con la entereza con la que lo ha hecho.

El pueblo ha dicho reiteradamente de manera mayoritaria que no quiere saber más nunca de esa violencia terrorista que nos trajo el odio acuñado por la derecha. Por eso la mal llamada Mesa de la Unidad terminó atomizada en mil fragmentos; porque Venezuela quiere paz.

La derrota del odio no es sino una más de las decenas de derrotas que la Revolución Bolivariana le ha infligido al neoliberalismo. Y que le seguirá infligiendo. Es 10 de diciembre está a la vuelta de la esquina.

 

@SoyAranguibel

 

Otra vez la mayoría minoritaria

Por: Alberto Aranguibel B.

La oposición ha convocado a lo largo de los últimos tres lustros a decenas de concentraciones que aspira sean multitudinarias, a las cuales nunca asisten los millones con los que amenaza.

Un antiguo Secretario Ejecutivo de la agrupación política que los reúne amenazó en su momento con una campaña de cincuenta de esas concentraciones en un mes.

Arrancada de potro y parada de burro. Ninguno de esos eventos (salvo dos o tres grandes movilizaciones que alcanzó a reunir a lo largo de los últimos 15 años en el distribuidor Altamira) se concretó jamás en los hechos.

En las escasas reuniones de calle que logró hacer a través del tiempo ha sido siempre posible contabilizar la asistencia mediante la aplicación del recurso audiovisual, tal como se hace hoy en día en los eventos de calle en el mundo entero. Nunca ha estado ni cerca de apenas un centenar de miles de personas.

Por eso no existen tomas de esas “gigantescas” movilizaciones en la televisión privada, ni venezolana ni de ninguna otra parte del mundo.

Tampoco ha sido posible que la oposición demuestre esa supuesta mayoría en los diversos eventos de consulta popular a los que ha convocado a su gente. Ni las elecciones primarias realizadas por ella, ni el supuesto plebiscito al que convocó, ni la elección regional del pasado domingo.

Tampoco en las llamadas “guarimbas” logró hacerlo, ni en la fase incendiaria terrorista, ni en la fase de las barricadas de autosecuestros por ella montada, en la cual , en vez de gente, siempre se vieron solamente cantidades de corotos y cachivaches destartalados, así como árboles y restos de propiedad pública destruida obstaculizando el libre tránsito.

Pero insiste, de manera obstinante, en que cuenta con una mayoría abrumadora, a la que debe ceder el paso la revolución bolivariana y la inmensa masa que por millones representan los revolucionarios que la integran.

Los resultados electorales del pasado domingo son demoledores. Las diferencias porcentuales entre los triunfadores revolucionarios y los derrotados de la derecha, son inobjetables.

Pero la derecha perdió el sentido del ridículo y vuelve de nuevo con la cantinela de una mayoría que en realidad es inequívocamente minoritaria.

¿Hasta cuando la derecha seguirá siendo dirigida por inmorales de tal calaña?

@SoyAranguibel

MUD: La quimera del triunfo

Por: Alberto Aranguibel B.

Fracaso tras fracaso, la MUD reincide terca y persistentemente en tropezar de nuevo con la misma piedra, sin que ninguno de sus integrantes les alerte acerca del desatino de aplicar siempre la misma errada lógica de negarse a prevenir la derrota. Su visión es la de una clase prepotente y arrogante que a través del tiempo ha aprendido a regocijarse cada vez más en la insustancial idea de la supremacía que le es tan propia.

Todos, absolutamente todos los opositores, son víctimas del mismo síndrome de Disneylandia, que les hace creer con la mayor pasión que en cada nueva actuación del antichavismo hay una inevitable inminencia de triunfo total y definitivo de quienes han fracasado siempre, precisamente por su empeño en aferrarse obcecadamente al mismo esquema de la ilusión sin sustentabilidad. Exactamente el mismo formato de las comiquitas, donde las soluciones están determinadas más por la magia del deseo que por la certeza ineluctable de la realidad.

La burguesía (y los igualados de la clase media que se asumen como burguesía) no ansía la riqueza para realizar el disfrute del confort al que su doctrina la obliga. Bajo su filosofía, la acumulación de riqueza en pocas manos no está determinada por postulado ideológico alguno, sino que emana de su impostergable necesidad de utilizar el poder del dinero para mantenerse por encima de los demás.

La guerra que esa burguesía ha desatado contra la economía y la democracia venezolana es el escenario perfecto para quienes asumen la ilusión como la fórmula liberadora de las fuerzas telúricas que logren por fin el ansiado reacomodo del orden universal, tal como ellos lo conciben.

A diferencia de sus incontables fracasos anteriores contra el chavismo (en los que llegaron a prometer hasta “hallacas sin Chávez” y decenas de “marchas sin retornos” y “últimas trancas” de manera interminable desde hace casi veinte años) el de esta oportunidad está determinado por un condicionante particular; la arrechera. Aquella de la cual sus líderes dijeron que sería el acicate absoluto e indispensable para desatar la furia incontenible de la supremacía de clase por la que tanto han luchado sin resultado alguno.

No solo en boca de su líder más prominente, sino en cientos de miles de pancartas, carteles, avisos, y millones de mensajes por las redes sociales, insistieron con la más frenética terquedad en la urgencia de activarse todos usando la fuerza desencadenante de la ira como detonante de su redención como clase pudiente del país.

Hoy, cuando en verdad puede decirse que están bien arrechos, los signos de esquizofrenia delirante son más que evidentes entre los opositores. Con lo cual se infiere que en algún momento de ese largo trayecto de penurias debe haberse producido el fenómeno de la sobredosis en la inoculación del odio que desde hace tanto practican entre los suyos.

El problema con ellos no es ideológico, pues, sino neurológico.

Linchar venezolanos en la vía pública, incinerar con gasolina todo aquel moreno que les parezca chavista, degollar indiscriminadamente a quien tenga la mala suerte de pasar frente a una guaya invisible colocada por ellos, hacer saltar por los aires heridos de gravedad a funcionarios que son atacados con explosivos detonados a control remoto, incendiar centros materno infantiles llenos de pacientes y personal médico, matar en turba a batazos a un individuo desarmado y maniatado como a tantos les han hecho en esta ola de demencial criminalidad que ellos insisten en denominar “protestas pacíficas” para esconder su cobardía y su miseria humana, no es un planteamiento político sino una aberración que solo puede derivar de la insania mental crónica y en grado definitivamente terminal.

Sin embargo, para ellos no se trata de una cadena de aberraciones criminales sino del anuncio del triunfo tan añorado y tan largamente postergado por el que tanto han luchado.

En su perspectiva cada muerto es un avance. Cada pierna o brazo desgarrado por la acción del terrorismo que han desatado hasta contra su propia gente, es un nuevo anuncio de la cercanía de la meta anhelada. Cada explosión, cada destrucción de un bien público o privado, es la buena nueva de la asunción al poder.

En Colombia, sin ir muy lejos, las FARC mantuvieron el más cerrado combate contra el ejército de esa nación por más de medio siglo. Más de veintidós mil hombres y mujeres organizados y entrenados, en pie de guerra y armados hasta los dientes con el poderoso armamento del que disponían (y del cual seguramente todavía disponen), jamás pudieron hacerle ni mella a la estructura militar colombiana, ni mucho menos derrocar a ninguno de los trece gobiernos de derecha que se sucedieron mientras duró la insurrección. Más de doscientos veinte mil muertos le costó a Colombia esa guerra.

Quien en las filas opositoras pueda estar pensando que asesinando Guardias Nacionales o incendiando establecimientos públicos con cuarenta o cincuenta terroristas en uno que otro de sus municipios puedan llegar a derrocar un gobierno cuya mayor fortaleza es la férrea cohesión cívico-militar que lo sustenta, es definitivamente un deschavetado de cerebro carcomido por su deliro de supremacía.

Estupidez que se agiganta con la concepción de democracia que han terminado por asumir como su propuesta más consistente al país. La de llevar a prisión a todo aquel chavista que no logren exterminar físicamente en el supuesto negado de llegar a poder, siempre en nombre de la libertad y de la lucha por los derechos humanos que dicen defender.

De ahí que una organización que durante más de quince años se ha presentado como defensora de los derechos humanos, la ONG Provea, sea la primera en amenazar hoy con la más brutal persecución a los trabajadores de la Administración Pública que voten en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente prevista para el 30 de julio, en el quimérico caso de ser la derecha gobierno en el país.

Ni siquiera Hitler, Franco, Mussolini o Pinochet, se dirigieron a la opinión pública en el tono amenazador de muerte y persecución con el que la derecha venezolana, absolutamente todos los líderes y militantes de la oposición, se refieren hoy a lo que harían ellos con el chavismo. Ninguno llegó a abrazarse públicamente con los terroristas a quienes les ordenaban los exterminios en masa que cada uno de ellos perpetró contra su propio pueblo, como lo hacen aquí frente a las cámaras los líderes de Voluntad Popular y Primero Justicia.

“La mejor noticia de esta mañana –bufa un opositor en su cuenta tuiter- logramos que le cerraran la cuenta a Winston Vallenilla”, celebrando el brutal ataque a la libertad de expresión que esa arbitraria medida del gigante de las redes sociales comprende.

Todo ello en función de la misma demencial noción de democracia que supone que no habrá libertad en el país hasta tanto no lleguen al poder los que jamás logran reunir una mayoría verificable en los votos. Algo así como un torneo interminable donde el juego no se acaba hasta que no gane el que siempre pierde.

La manera más acabada de llevar a cabo ese siniestro plan de persecución y exterminio de millones de venezolanos, es la de convertir su lucha en una recreación exacta del mito de los dioses contemporáneos que representan las figuras de los héroes de las tiras cómicas que han alimentado el pueril imaginario de la clase con mayor poder adquisitivo en la sociedad, para que no exista posibilidad alguna de verse confundidos con el pueblo. Disfrazarse de superhéroe no es nada más una ridícula forma de lucha, sino una patética y decadente manera de establecer distancia con el populacho al que engañan y aborrecen.

Se les ha metido en la cabeza (o en lo que pueda quedarles de ella) que a medida que transcurran más días de muerte, destrucción y terrorismo en los dos o tres rincones de sus muy pocos municipios guarimberos, más cercana estará su posibilidad de triunfo.

¿Qué clase de triunfo puede ser para una oposición que después de cien días intentando derrocar a un gobierno, los ministerios, la banca, los comercios, las empresas, las escuelas y universidades, el transporte, los servicios públicos, los restaurantes, las clínicas, los medios de comunicación y los cines sigan funcionando con entera normalidad y el Presidente siga siendo el mismo?

Solo los imbéciles acostumbrados a ver la vida como una tira cómica, no entenderán jamás que ahí lo que hay son más de cien días de costosos fracasos continuados.

@SoyAranguibel

 

¿Cayeron por inocentes?

Por: Alberto Aranguibel B.

La biblia habla de una feroz persecución de niños menores de dos años ordenada por Herodes para deshacerse del recién nacido Jesús de Nazaret, con lo cual usa la acepción de inocencia que describe al puro de alma, al libre de toda maldad y perdición mundana.

Pero en Venezuela, el inocente que se conmemora tal día como hoy, 28 de diciembre, es el pendejo. Aquel que por culpa de su ineptitud no pega una, y termina siempre sometido al escarnio y a la burla de los vividores.

En la derecha nacional e internacional que apostó a la reinstauración del neoliberalismo en el país apenas el Comandante Chávez fuese sustituido por cualquier otro líder revolucionario, de los muchos con los que cuenta la revolución bolivariana, no es fácil saber quién cayó por inocente bíblico y quién por inocente criollo.

Si algo ha demostrado la fortaleza adquirida por el Presidente Maduro enfrentando las feroces arremetidas de esa derecha terca y obtusa que subestima de manera tan demencial la dimensión y el arraigo popular del proceso chavista, es precisamente la ineptitud del modelo neoliberal para aglutinar en torno a su propuesta mediante el ardid de la guerra económica a la masa irredenta que es el pueblo.

Creyó esa derecha, por arrogante y necia, que que el liderazgo revolucionario chavista era un vulgar séquito de alabarderos del Comandante y que no habría nadie capaz de calzar su talla, con lo cual retornar ella al poder sería cosa de coser y cantar.

Jugó duro desatando la violencia y generando muertes por decenas. Lanzó su furia corporativa encima del pueblo con la especulación y la usura, como tratando de medir su poder de fuego con el Gobierno. Llamó a su “hermano mayor”, y le imploró que cercara al país desde todos los foros internacionales, rogándole incluso que procurara la ruina de nuestra principal industria con su trampa del ”fracking”. Impulsó un brutal ataque internacional a la moneda, convencida de que quien perdería sería la población y no ella misma.

El presidente Maduro la derrotó en cada oportunidad, cada vez con mayor capacidad de control, decisión y coraje, asegurando siempre el bienestar del pueblo y sin sacrificar ni un ápice de nuestra soberanía.

No es fácil saber si esa derecha cayó por inocente o por pendeja en verdad.

La mentira que por fin ha muerto

“La propaganda puede ser aprendida. Debe ser conducida solo por un fino y seguro instinto para percibir los sentimientos siempre cambiantes de la gente”

Joseph Goebbels

Por: Alberto Aranguibel B.

La máxima según la cual “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad” ha trascendido a lo largo de más de 60 años como la viva imagen del cinismo propagandístico que puede llegar a ser ejercido desde las esferas políticas, pero a la vez como una de las más ingeniosas y eficientes fórmulas para la construcción de marcas, conviviendo, por cierto, estas dos acepciones filosóficas en un mismo limbo ético que a nadie llegó jamás a perturbar, atribuida generalmente a quien se considera el padre de la propaganda moderna.

Lo cierto es que Goebbels jamás dijo nada semejante. El origen de la equívoca leyenda se encuentra en un artículo del alto dirigente nazi, publicado el 5 de octubre de 1941 en el periódico Das Reich, en el cual Goebbels sentía un particular orgullo de editorializar semanalmente desde 1940 para promover el ideario nacionalsocialista y responder desde ahí a los embates propagandísticos de los enemigos de la Alemania nazi.

En ese texto, Goebbels, cuya filosofía como profesional de la comunicación era la inconveniencia de “la mentira” como instrumento de convencimiento, se expresaba de las campañas de propaganda que Inglaterra y Rusia orquestaban contra Alemania, de la siguiente manera: “la propaganda inglesa y bolchevique pensó que le había llegado su hora. […] siempre hicieron predicciones falsas. Todavía tienen las agallas de mostrarse ante el mundo como puros e incorruptibles fanáticos de la verdad que se presentan como son, mientras alegan que nosotros abolimos la libertad de expresión, envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad” (La materia de la peste, Das Reich, 5 de octubre de 1941).

LA VERDAD VERDADERA

Tal como lo expuso en varias oportunidades, la mentira no debía ser la base de la propaganda política, simplemente porque la gente tiene siempre una muy superior capacidad para reconocer la verdad a través de los hechos. Ya en su discurso anual ante el congreso nazi en 1934, en Nuremberg, decía lo siguiente: “La buena propaganda no necesita mentir, en efecto puede no mentir. No tiene ninguna razón para temer a la verdad. Es un error creer que la gente no puede asimilar la verdad. Lo puede. Es sólo cuestión de presentar la verdad a la gente de manera que pueda entenderla. […] no es sólo cuestión de hacer las cosas correctamente, la gente debe entender que lo correcto es lo correcto” (Der Konfress zur Nürenber, 1934, Munich: Zentralverlag der NSDAP, Frz. Eher Nachf, 1934, pp. 130-41).

En esa misma pieza oratoria de 1934, sostenía claramente que “la propaganda puede ser en favor o en contra. Pero en ningún caso tiene que ser negativa. […] nos hemos auxiliado creando cosas reales, no ilusiones“.

A partir del mito, achacado sistemáticamente por la propaganda occidental a Goebbels con el objeto de detractarlo y disminuir así los alcances que, independientemente de sus convicciones políticas, haya podido tener como estratega de las comunicaciones (fundamentalmente por aquello de que la historia la escriben los vencedores para justificar los horrores de la guerra, atribuyéndole al vencido el carácter de responsable de todos los males que ellas ocasionan a la humanidad), se impuso la creencia generalizada entre los improvisados creadores de mensajes políticos y publicitarios en general, según la cual el uso de la mentira como instrumento excepcional para la modificación de conducta y creación de percepciones en el individuo permitiría siempre obtener el favor de las masas.

Nada más falso desde un punto de vista histórico y científico.

En realidad lo que se conoce como “las leyes de la propaganda” atribuidas al renombrado dirigente nazi, no es sino el resumen que de manera arbitraria elabora el profesor emérito de la Universidad de Yale, Leonard W. Doob, a partir de lo que él mismo señala en su libro “Principios de la Propaganda de Goebbels“, publicado en 1950 por la Universidad de Oxford en cooperación con el Instituto Americano para la Investigación de la Opinión Pública, en plena efervescencia de la Guerra Fría, que “se basa en una lectura cuidadosa de documentos escritos y no escritos por Goebbels, que reposan en la librería del Instituto Hoover para el Estudio de la Guerra, la Paz y la Revolución, de la Universidad de Stanford” que “no necesariamente son una relación exacta y verdadera de su personalidad, ni como persona ni como propagandista“. (Goebbels’ Principles of Propaganda, Doob, The Public Opinion Quarterly, Vol. 14, No. 3, (Autumn, 1950), pp. 419-442)

Leonard W. DoobLeonard W. Doob

La “objetividad” de Doob para la apreciación de las ideas de Goebbels queda completamente en entredicho cuando se sabe que el mismo se desempeñó durante la Segunda Guerra mundial como encargado de la OWI (United States Office of War Information) en Europa, una oficina creada por los Estados Unidos para el trabajo de contrainformación y propaganda cuyo propósito fundamental era precisamente el de operar como una máquina para la producción de materiales que aparentaran ser propaganda nazi para ser distribuidos en Alemania y en el resto de Europa durante todo aquel período. Un verdadero trabajo de guerra sucia llevado a cabo bajo la denominada modalidad de “ataque de bandera falsa” en la cual Doob se convirtió en todo un experto.

propaganda gringa en alemaniaPropaganda usada por los EEUU en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial – Leyenda: “Una nación, un gobierno, un líder, un canal de noticias… FOX News, el canal oficial de las noticias de la Patria” –

En síntesis, tanto el libro de Doob como la obvia subjetividad con la que debe haberse realizado la investigación en la cual se fundamenta, demuestran que el tan difundido manual de propaganda (más parecido a un panfleto anti-nazi que a ninguna otra cosa) jamás fue escrito por Goebbels, quien, como hombre sólidamente formado, como intelectual y como profesional, es evidente que jamás habría llegado a afirmar la sarta de barbaridades que en ese apócrifo documento se le atribuyen. Fue gracias a la libre interpretación del entonces agente de propaganda norteamericano que la frase del editorial “La materia de la peste” escrito por Goebbels en 1941 ( “… envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad”) pasó a ser la infame pero muy conveniente sentencia para los intereses políticos de los EEUU “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad“.

De hecho, Edward Bernays, verdadero inspirador de buena parte del trabajo de Doob en Europa, recogía en su famoso libro “Propaganda” publicado en 1928, mucho antes del ascenso del nacionalsocialismo alemán al poder, su visión de lo que él mismo había practicado desde 1917 en el uso de la propaganda como herramienta para la manipulación de las masas, en su condición de asesor de imagen del Presidente Wilson de los EEUU durante la primera Guerra Mundial, de la siguiente manera: “Fue, por supuesto, el éxito sin precedentes de la propaganda durante la guerra lo que les abrió los ojos  a los más perspicaces en los diferentes campos acerca de las posibilidades de disciplinar a la opinión pública […] La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo  de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar.” (Propaganda / L. W. Doob / 1928)

De lo cual se desprende sin lugar a dudas que no fue Goebbels en modo alguno el creador de los modelos de manipulación de los cuales es acusado por la propaganda occidental.

Pero mucho más allá de todo eso, está la intensa actividad llevada a cabo por el magnate de la prensa norteamericana William Randolph Hearst como asesor de Adolph Hitler desde antes de  la Segunda Guerra Mundial, en la manipulación de las noticias que llegaban tanto a Alemania como a Norteamérica desde Rusia para tratar de contener la expansión del comunismo en Europa, en lo cual Hearst aplicó a la más perfecta cabalidad todas y cada de las técnicas de guerra sucia que describe el manual que Leonard Doob redacta y le atribuye maliciosamente a Goebbels veinte años después.hearst_1hearst_2
–  Para atacar a Rusia, Hearst, padre del “amarillismo”, falseó en sus periódicos la realidad usando textos y fotos de sucesos que no se correspondían con lo que se decía en la noticia –

La suerte (buena o mala, según se aprecie de un ángulo o de otro) de Goebbels fue que su desempeño como Ministro de Propaganda coincidió con el surgimiento de un fenómeno nunca antes visto en la historia de la humanidad, como lo fue el nacimiento casi simultáneo de los grandes medios de comunicación que hoy la sociedad conoce, como el cine, la radio y la televisión, los cuales utilizó inteligentemente, tal como lo hacen hoy de manera intensiva todos los gobiernos del mundo con Internet y las llamadas Redes Sociales. Ese lógico aprovechamiento de la comunicación de masas al que se abocara el Ministro nazi, generó el desprecio de las potencias que desde entonces se vieron amenazadas con el inmenso poder de convencimiento que Goebbels podía tener usando los medios para decir la verdad de las ambiciones imperialistas y de dominación que esas potencias escondían tras su fachada de “libertadores” del mundo. Hoy esa verdad es completamente innegable.

LA VERDAD DE LA MENTIRA

Si bien es cierto que la discusión sobre la eficiencia o no de la mentira como herramienta comunicacional no puede aceptarse como resuelta, ni mucho menos el que haya habido por lo menos un mínimo freno en la persistencia de su uso indiscriminado tanto en la propaganda como en la publicidad, si lo es, definitivamente, el hecho irrefutable de la eficiencia de la verdad, entendida como “afirmaciones apoyadas en realidades constatables”, en el logro de credibilidad por parte del público.

Por eso la publicidad comercial suele apelar al uso de “pruebas científicas” para respaldar la calidad de los productos que se anuncian, o de infinidad de componentes pseudo químicos que garantizarían dicha calidad, como las supuestas “partículas de dimeticona que rechazan la caspa” del champú Head & Shoulder, de la empresa P&G, o la “brillolina” de sus ceras para pisos.

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En 1956 Colgate anunciaba el inexistente componente GARDOL para proteger la dentadura

Pero, determinar cuál es la “verdad verdadera” en la formulación de la propuesta comunicacional, suele llevar a un espacio impreciso en el cual la ética es siempre un dilema difícil de resolver.

En el campo político, la solución del dilema ético en el uso de la mentira suele estar referida a si se cumplen o no las promesas que se hagan a los electores, en lo cual el nivel de formación o cultura del ciudadano será siempre determinante para establecer si se le informó correctamente sobre algo o, por lo menos, si hubo o no buena fe en la promesa.

Por eso para los sectores derechistas de la política, la educación masiva es un peligroso factor de perturbación. En el campo de la propaganda comercial, es decir, de la publicidad, la mentira, o la falta de “constatabilidad” de la promesa, es indefectiblemente pagada con el desprestigio de la marca y, por consiguiente, con la indisposición o rechazo a la recompra del producto anunciado.

Una cosa es proponer en un comercial publicitario “que el champú tal elimina la caspa porque está formulado con los más avanzados componentes químicos para el tratamiento del cabello“, por ejemplo, y otra muy distinta es ofrecer que “va usted a hacerse millonario o a cautivar a todas las damas hermosas que se le presenten en su camino si usa ese champú“. Para la publicidad sería muy fácil hacerlo, pero no lo hace (o por lo menos no con ese grado de descaro e irresponsabilidad), porque el interés no es vender su producto una sola vez sino siempre. Y si el consumidor se siente engañado en un primer momento, la segunda compra jamás se produce. El nivel ético que aparentemente se percibe en la publicidad no es otra cosa que el terror a caer en una guerra de medias verdades y mentiras nada veladas entre marcas y productos, en la que, de producirse, ni siquiera triunfaría quien tuviese mayor cantidad de exposición en los medios, valga decir, mayor cantidad de dinero, porque ante una vorágine de descréditos y acusaciones mutuas entre marcas y productos, el desprestigio, más allá de la inevitable afectación a todos ellos en su conjunto, sería inexorable incluso para los medios de comunicación en sí mismos, generándose así una verdadera hecatombe en la industria publicitaria… la base de sustentación actual del capitalismo.

Por eso cualquier gerente de marca debe saber que hasta el más insignificante detergente debe basar sus aspiraciones de vida, en la veracidad o “verificabilidad” de su promesa. Su justificación deberá ser siempre el resultado de complejísimos procesos de análisis de mercados y estudios de gustos y preferencias del consumidor, porque es la única fórmula segura que la empresa privada ha encontrado conveniente, después de décadas de investigación y de incontables recursos invertidos, para sobrevivir al acoso de su propia competencia.

EL FRACASO DE LA MENTIRA

En Venezuela el fracaso de la oposición al gobierno del presidente Hugo Chávez, y ahora al gobierno del Presidente Nicolás Maduro, apoyada como nunca antes se había visto en el gran poder de los medios de comunicación, es un ejemplo más que fehaciente de cómo la mentira no es el camino correcto para convencer a la audiencia, en este caso, al elector. La oposición no presenta una propuesta alternativa desde el punto de vista político o ideológico, sino que centra su discurso en una permanente guerra de infamias y descalificaciones infundadas, dirigidas a crear escepticismo o pérdida de credibilidad en el chavismo. Apoyar el mensaje de una propuesta política en la afirmación antojadiza de verdades inexistentes referidas al gobierno al cual esa propuesta se opone, atenta contra los principios elementales de la buena propaganda.

Pero más allá de eso, es que un proceso basado en tan errada estrategia indefectiblemente se revierte porque, como lo afirmaba Goebbels en 1934 y tal como ha quedado demostrado a través del desarrollo de la publicidad, la gente tiende siempre a constatar la veracidad de cuanto se le vende como cierto. Sostener, por ejemplo, que un país en el que se han producido en un mismo periodo más elecciones que ninguna otra nación del planeta, donde la libertad de expresión es tan amplia que los más importantes medios de comunicación, en manos de los sectores contra revolucionarios y ultra derechistas del país, se encuentran al frente de las acciones que promueven abiertamente el asalto al poder por la vía del golpe de Estado, sería una “dictadura” regentada por un tirano, es un verdadero exabrupto.

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Opositora venezolana protesta por la supuesta “crisis económica” montada en su vehículo de lujo último modelo

Afirmar que existe un régimen totalitario en un país en el que se acusa al gobierno de represor a través de todos medios radioeléctricos impresos disponibles y con el mayor despliegue de espacios de información y de opinión, sin que se produzca por ello represión alguna, es definitivamente una insensatez que tarde o temprano hará derrumbar la credibilidad de quien acuse sobre tan insustanciales bases, porque ello, además de improductivo desde el punto de vista comunicacional, evidencia un profundo irrespeto y una clara ofensa a la inteligencia del espectador promedio. Tal como le ha sucedido a la oposición venezolana.

Obviamente utilizaron a los más improvisados e ineptos asesores de imagen en la formulación de su estrategia. Pensaron que en la descomunal profusión del fácil mensaje que puede construirse con base en mentiras bien estudiadas, habría un éxito que jamás estuvieron ni cerca de obtener. Pero insistieron en ello.

Pretendieron acuñar de manera terca y recurrente la idea descabellada según la cual mientras más posibilidades tenían de expresarse con la más entera libertad, mayor radicalización habría de la supuesta dictadura que con mentiras denunciaban, ilusionándose ingenuamente con lo que ellos creyeron siempre era cada vez un mayor acercamiento a la caída del régimen, cuando en realidad, los resultados electorales, las encuestas y el pueblo chavista en la calle demostraban inequívocamente todo lo contrario.

Nadie en la oposición ha sabido responder hasta hoy por qué, constituyendo ellos el sector con mayor exposición en los medios de comunicación antes y después del triunfo de Chávez, fueron los protagonistas de tan desastrosa caída en el favor de la opinión pública en las elecciones de 1998 como en todas las sucesivas. Cualquier gerente versado de marcas habría visto en eso los severos efectos de una muy torpe y errada estrategia comunicacional, cuya constante fue siempre el uso indiscriminado de “la mentira” como instrumento de aproximación al elector. Entonces ¿por qué  habría de resultar hoy una estrategia comunicacional fundamentada en los mismos irresponsables parámetros de entonces?

La respuesta a esto está en el fenómeno que fue Chávez desde el punto de vista de su mantenimiento en los más altos niveles de popularidad a lo largo de toda su vida pública, según la medición no solo de los resultados electorales de más de 15 elecciones en las que resultó triunfante, sino de todas las encuestas de opinión durante casi 13 años; Debatió ideas y no mentiras, aferrándose siempre a la verdad.

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-Hugo Rafael Chávez Frías, El Comandante Eterno –

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Publicado inicialmente en la Revista Question/Abril de 2003 y revisado por el autor en abril de 2014.

Aranguibel en VTV: Profundización de la revolución neutraliza arremetida de la derecha

Caracas 13/10/2016.- La profundización y el fortalecimiento de la democracia en el país, a partir del modelo de participación y protagonismo de la Revolución Bolivariana en función de los intereses del pueblo, está contrarrestando la arremetida de la derecha, lo que contribuye a que el escenario político para 2017 se avizore alentador y auspicioso, señaló el analista político Alberto Aranguibel este jueves.

En entrevista en el programa La Pauta de Hoy, transmitido por Venezolana de Televisión, dijo que la guerra no convencional que perpetra la derecha nacional e internacional contra el pueblo es económica, mediática y psicológica, de naturaleza entreguista para favorecer intereses de potencias extranjeras.

“La guerra, cuando se monta, se sabe si se gana o si se pierde en función de si se cumplen los propósitos de quienes asedian una sociedad determinada, y los que montaron esta guerra contra los venezolanos no la han ganado por el solo hecho de que allí está el Gobierno del presidente Nicolás Maduro cada vez más sólido y fortalecido en función de los intereses del pueblo, coordinando, organizando a la población para superar estas dificultades de manera eficiente y con el relanzamiento del ideario chavista por un modelo de patria soberano e independiente, como lo planteó el comandante Hugo Chávez”, afirmó.

Aranguibel señaló que sectores de la derecha tratan de generar conflictos “porque es la única manera como se oxigenan sus posibilidades -de obtener el poder- sobre todo desde el punto de vista mediático, no solo nacional sino en el ámbito internacional”.

“Eso es la base de la campaña que ha surgido contra nuestro país, creando realidad virtual de una ‘crisis humanitaria’ a partir de convertirse ellos -la derecha- en un obstáculo o un problema”, además “la gran mayoría de los problemas económicos la ha generado la oposición para tratar de tener una presencia mediática como contrapeso supuestamente de la vida política del país”, consideró.

En todo caso, Aranguibel recalcó que “vamos a salir airosos como ha salido siempre airosa la revolución, que ha convertido los problemas en oportunidades para avanzar cada vez más”.

Texto/AVN

El drama de Timoteo

Por: Alberto Aranguibel B.

El Catoblepas es el horrendo monstruo mitológico con cuerpo de búfalo y cabeza de cerdo que le cuelga hasta el suelo por la imposibilidad de levantarla, dada la fragilidad de su largo y delgado cuello con apariencia de tripa vacía, que Gustave Flaubert enfrenta a San Antón Abad en “Las Tentaciones de San Antonio”.

En la novela, el monstruo se le presenta en medio de la más absoluta soledad a quien la narración santoral católica reconoce como el primer místico de la apartada región de la Tebaida y fundador de los ermitaños, describiéndose como “gordo, melancólico y que permanezco siempre en el mismo sitio, notando bajo mi vientre el calor del barro.”

El espantoso engendro llega a ser tan repugnante, según el autor, que es capaz de acabar con la vida de quien apenas ose cruzarle la mirada. Y hasta de la suya propia, precisamente por esa condición rastrera que le obliga a terminar comiéndose a sí mismo.

Un monstruo que se coma a sí mismo no podía ser sino una abyección producto de la afiebrada imaginación de un novelista como Flaubert, que hizo revisiones a ese mismo texto durante casi tres décadas antes de considerarlo acabado.

O producto de la mente calenturienta de la dirigencia del antichavismo criollo.

La llamada Mesa de la UNIDAD, como tanto se ufanan en recalcar sus voceros ante las cámaras de televisión, se alimenta, como es sabido, exclusivamente de odio.

El sentido del razonamiento no interesa en lo más mínimo a ninguno de los dirigentes de la oposición, porque han encontrado que las ideas no tienen valor alguno en el ámbito del mercadeo político. Lo mediático es “impacto”, “garra” y “resonancia”. Lo demás es paja.

Nunca ha logrado esa oposición levantar medianamente el vuelo en las pantallas de televisión, como cuando mienta la madre a través de los medios y genera con ello el odio que nutre el entusiasmo de su militancia. Eso para la MUD vale oro.

El problema es cuando el odio es tanto y tan irracional que se los come a ellos mismos. Donde no hay proyecto común que trascienda los personalismos y las individualidades, ni existan propuestas basadas en ideas, el odio se llevará por delante a quien sea.

El 1 de septiembre le dejó a la MUD una clara lección de lo que puede llegar a hacer ese odio entre su misma gente.

Ahora Timoteo Zambrano sabe de eso.

@SoyAranguibel

Aranguibel en VTV: La MUD no quiere diálogo porque la racionalidad la pone en evidencia

Alberto Aranguibel analiza este jueves 09 de junio en el Desayuno en VTV las razones por las cuales la oposición venezolana no acata el llamado a diálogo formulado por el Presidente Maduro y que es avalado de manera casi unánime por la comunidad internacional.

Enajenados

– Publicado en Últimas Noticias el miércoles 24 de febrero de 2016 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde hace ya varios años no encuentro un texto de ningún opositor en las redes sociales que no se refiera a los chavistas calificándoles con denuestos e improperios de toda clase, rematados siempre con la amenaza del sombrío futuro carcelario que le auguran con grosera fruición y hasta con nerviosa lascivia.

Para el opositor común, la cárcel es el destino necesario e ineludible para todo aquel que simplemente difiera de su apátrida, neoliberal y pitiyanqui punto de vista sobre lo que debe ser el país.

Una cultura de auténtica persecución ideológica sembrada en la mente de ese sector desde la instauración de la doctrina betancuriana del “disparen primero y averigüen después” que tanta sangre hizo correr en Venezuela y que tanto dolor dejó sembrado en el alma de los venezolanos.

Desconcertante amenaza la de la cárcel que le deparan al chavismo, cuando se lee con detenimiento la exposición de motivos del esperpento de ley de amnistía que hoy esa misma derecha persecutora propone en la Asamblea Nacional.

En su discurso contra la argumentación de los diputados revolucionarios que denuncian la aberración del proyecto, el presidente de ese cuerpo legislativo amenaza con prisión inexorable nada más y nada menos que a todos y cada uno de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, como en una suerte de remate glorioso a lo que los integrantes de su propia bancada le ofrecían en sus intervenciones a los parlamentarios de la revolución. Todos, sin excepción, prometieron a diestra y siniestra la cárcel como destino único y final a quienes refutaban en sus desgañitadas intervenciones.

Pedir la liberación de hipotéticos presos políticos amenazando con cárcel a quienes abogan por la justicia, es una barbaridad que pone en evidencia la inmoralidad de la propuesta. De ninguna manera se trata de una búsqueda de la reconciliación (que ellos mismos han destruido a punta de golpe de Estado, guarimbas y guerra económica), sino de la auténtica doctrina de la impunidad que les es tan propia.

Una bancada que ha impuesto el uso de la inmunidad parlamentaria como visa para la excarcelación de criminales ataviados de políticos, no tiene la más mínima catadura moral para hablarle de reconciliación al país.

Su sed de poder a como dé lugar, les lleva a la más brutal enajenación.

@SoyAranguibel

Todo se les derrumbó

– Publicado en Últimas Noticias el sábado 23 de mayo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

¿Cómo puede ser un triunfo que en una elección primaria llevada a cabo en un país en el que la población electoral crece año tras año se obtengan cinco veces menos votos que en el anterior proceso de exactamente las mismas características?

En la mal llamada MUD, o lo que pueda quedar de ella por ahí, se empeñan en hacerle creer al mundo que han obtenido el mayor de los logros electorales, cuando su Secretario Ejecutivo anuncia a viva voz frente a las cámaras que en tres años no alcanzaron ni siquiera a duplicar su propia votación.

Uno no entiende si es un sarcasmo de postrimerías o una reacción nerviosa vulgar y silvestre.

Pero, cuando se examina en detalle, la barbaridad es inconmensurable. Decir que se ha duplicado la votación cuando se presenta como cifra referencial la cantidad de trescientos dieciséis mil electores que habrían sufragado en las primarias de 2012, echa por tierra toda aquella alharaca por los supuestos dos millones novecientos mil que en un primer momento anunciaron hace tres años en una rueda de prensa similar a la de esta semana. Y que fueron los que nunca permitieron que se constataran con su rabiosa quema de cuadernos electorales de entonces, con la que violentaron incluso una decisión en contrario del máximo tribunal del país.

Ahora resulta que, tal como se supuso desde múltiples apreciaciones basadas en la innegable falta de afluencia a las mesas electorales que el país pudo percibir durante toda aquella jornada de hace tres años, nunca hubo tales dos millones. Exactamente igual a la ensordecedora falta de afluencia electoral que resonó a lo largo y ancho de las poquísimas mesas que en esta ocasión activaron. Y los muy cínicos se regodean en su burdo intento de engaño nacional como si de una morisqueta colegial se tratara.

Apostaron durante años por la desaparición física del Comandante Chávez porque creyeron que su ausencia daría rienda suelta a un torbellino de deserciones del chavismo hacia la MUD y lo que estamos viendo es el descalabro más grande en la historia de las organizaciones políticas en el país.

Como en la vieja canción, parece que efectivamente todo se les derrumbó dentro de ellos, solo que no lo aceptan.

Son tan mentirosos que, como dijera Enmanuel, “hasta su aliento ya les sabe a hiel”.

@SoyAranguibel

Liberen wifi

– Publicado en Últimas Noticias el sábado 25 de abril de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

En La tragedia de Ricardo III, que relata las vicisitudes del último rey de la dinastía Plantagenet, Shakespeare coloca en boca del desesperado monarca durante la batalla de Bosworth en la cual Ricardo terminaría muerto en combate, el grito “¡Un caballo, un caballo!… Mi reino por un caballo!” dando a entender lo angustiante que debe haber sido la insalvable y difícil batalla en la que acabó su vida, más o menos por los mismos años en que Colón arribaba por primera vez a suelo americano.

En la vida real, luego del pavoroso trepidar de la tierra que llenó de dolor y angustia a la población caraqueña de principios del siglo XIX, el joven independentista y futuro Libertador de América, Simón Bolívar, reacciona contra la infamia de la cúpula eclesiástica que pretendía sacar provecho de la adversidad y proclama enérgico “¡Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca!”, con la cual se definiría de manera indiscutible el carácter gallardo del que conduciría al pueblo hacia su libertad.

Poco después, en 1815, el Emperador Bonaparte regresaba de su exilio en la isla Elba sorprendiendo al mundo entero con su audacia al enfrentar al ejército del rey Luis XVIII con apenas su escolta privada. A la hora de su detención, llevada a cabo por una avanzada del ejército francés, les dice desabotonando furioso su camisa: “¡No permitiré que mis soldados derramen su sangre sin motivo. Si alguno de vosotros aún está dispuesto a disparar a su Emperador, aquí lo tenéis!”

Más o menos en los mismos términos en los que el Che Guevara se enfrentó a la muerte cuando el asesino que lo ejecutó cobardemente se le presentó a su celda: “Apunte bien y dispare. Va usted a matar a un hombre”, le dijo, a sabiendas del infausto final que le esperaba.

Aquí las turbas antichavistas, en vez de valerosas arengas, lo que piden a gritos en medio de las refriegas incendiarias que desatan contra la paz del país, es que “¡Liberen wi-fi!”.

Una absurda forma de lucha que deja en manos del tuiter las posibilidades de triunfo, solo evidencia, además de un gran ridículo, la fragilidad y la insensatez de ese lamentable proyecto.

Más aún si se considera que la revolución, esa supuesta dictadura contra la que dicen pelear, ha llenado el país de puntos wi-fi totalmente libres y sin costo alguno.

Abril descubrió a los infames

– Publicado en Últimas Noticias el 11 de abril de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Nadie en el mundo (salvo en su casa) sabía quién era el periodista Otto Neusdtal, hasta entonces corresponsal en el país de la cadena CNN, cuando en Abril de 2002 reveló una de las más brutales asonadas criminales desatadas contra pueblo alguno en la historia contemporánea, como lo fue la de la colocación por órdenes del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica de un grupo de francotiradores en las adyacencias de Puente Llaguno para asesinar con frialdad a decenas de venezolanos y con ello provocar una ruptura del hilo constitucional.

Lo que se descubrió entonces no fue solamente que se había fraguado premeditadamente un golpe de las más perversas y cruentas características, como en efecto lo fue, ni que los políticos de la derecha que hasta ese día se presentaban como insignes defensores de la constitucionalidad y la democracia en realidad estaban agazapados estratégicamente detrás de toda esa confabulación, como quedó evidenciado, sino que el accionar de todos ellos se basaba en la mentira.

De allá para acá, el debate político en Venezuela se ha centrado en la demencial batalla entre la recurrente mentira opositora y el desmontaje permanente que la revolución se ve obligada a adelantar para develar la verdad ante el mundo. Quizás una de las graves fallas comunicacionales de la revolución sea precisamente no haber logrado tomar la delantera en esa dinámica reactiva y epiléptica en la que la derecha nos ha sumido con el tema de su mentira. Una absurda competencia de quita y pon donde la derecha miente y la revolución desmonta.

¿Tendrá que ser así para siempre?

No necesariamente. Si algo ha derrotado a la pretensión neoliberal por reinstaurarse a sus anchas en nuestro país, ha sido el altísimo nivel de conciencia que ha adquirido nuestro pueblo a partir de la idea de soberanía, de justicia y de igualdad social, que el Comandante Chávez nos legó con su propuesta de socialismo bolivariano.

Necesario es no olvidar. Pero mucho más lo es el impostergable compromiso de lucha por impedir la recuperación de esa derecha fascista cuyo único propósito ha sido, es y será siempre el de acabar con la revolución con base en infamias y mentiras.

 

@SoyAranguibel

Las listas del fracaso

– Publicado en el Correo del Orinoco el 09 de marzo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena; me alegro que así sea. Que no pido nada para ellos, pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.”
Ernesto Che Guevara

La mezquindad, como base fundamental de la filosofía capitalista, es el rasgo de la conducta humana que más allá de toda teoría economicista o social determina la naturaleza salvaje y brutal del capitalismo.

La indiferencia hacia el padecimiento de la gente que de forma doctrinaria se ejerce en el capitalismo, argumentada bajo la inmoral premisa según la cual la riqueza surge del trabajo individual y en virtud de ello debe pertenecer solo a aquel que la forja con su esfuerzo propio, es la más viva expresión de una cultura del egoísmo como norma de conducta cuya traducción esencial es el desprecio a toda noción de solidaridad o de desprendimiento, es decir; de comunidad y hasta de sociedad en términos generales. El socialismo es así un concepto repudiado por el capitalista, no tanto por su naturaleza contra hegemónica en función de la propiedad de los medios de producción, sino por el carácter igualitario del modelo.

Desde los orígenes mismos de las sociedades organizadas, la idea de la supremacía de unos individuos sobre otros ha estado presente a lo largo de la historia. El afán por imponer la desigualdad se ha expresado siempre de una u otra manera, a veces en formas crudas y violentas, como las guerras, y en otros casos en forma de búsquedas del supuesto engrandecimiento del ser humano, como propone la idea de fondo de las competencias deportivas.

Contrario a lo que se predica desde el ámbito del quehacer deportivo, la competencia no es sino un mecanismo más de desmovilización de la sociedad, que a partir de esa sed de superación individual inoculada al ser humano a través de la historia busca inhibir la naturaleza gregaria del hombre y evitar así el surgimiento de las ideas de organización social que tanto teme la hegemonía burguesa dominante. En la idea de la rivalidad subyace el mensaje persistente de la segregación según el cual solo algunos pocos en la sociedad son los aptos para las tareas más arduas y complejas. De entre esos aptos, solo uno será siempre el campeón absoluto.

Llegar de primero ha sido el reto que ha impulsado durante siglos la voluntad de crecimiento del hombre en las categorías más infinitas e inimaginables. La más intensa y contante ha sido sin lugar a dudas la de acumular cada vez más mayor riqueza. En ello, como en el deporte, la sociedad será solo espectadora pasiva de las contiendas. Su único rol será el de consumidor.

Los aptos serán mostrados a la sociedad mediante listas de desempeño en las que se establecerá la grandeza de cada uno de ellos de acuerdo a su posición en las mismas. La revista norteamericana Forbes, por ejemplo, se especializa en esa tarea de mantener al día las listas de los millonarios más acaudalados del mundo año tras año. La exposición mediática imprime valor al rol que como multimillonario se alcance mediante su actuación como capitalista destacado, porque es a través de la admiración que la sociedad sienta por esos acaudalados como vale la pena competir para desplazar al resto, toda vez que la inmensa fortuna que cada uno de ellos posee, ni por muy botaratas o despilfarradores que fuesen, no es imprescindible a partir de unos cuantos cientos (o incluso miles) de millones de dólares para asegurar ni la vida ni el confort más grande con el que se desee vivirla. Ni la suya individualmente ni la de su familia y su heredad en pleno.

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En esa lista acaba de aparecer este año (2015) un grupo de prominentes empresarios venezolanos, cuyas inmensas fortunas desbordan todo lo imaginable. El señor Gustavo Cisneros, de 69 años, dueño de uno de los emporios empresariales más grandes del país, que incluye fabricación de productos de consumo masivo y medios de comunicación, con un total de 3.6 millardos de dólares de riqueza personal. Le siguen el banquero Juan Carlos Escotet, de 55 años, con un caudal personal de 3.3 millardos de dólares en su haber y Lorenzo Mendoza, propietario del más grande consorcio empresarial del país, las empresas Polar, con una fortuna personal de 2.7 millardos de dólares.

Las cifras, además de la obscena codicia que expresan, sobre todo en el caso del fabricante de cervezas y productos alimenticios, que vive argumentando asfixia financiera para producir la harina de maíz que el pueblo demanda, demuestran de manera innegable e incontrovertible que en Venezuela no existe ninguna crisis económica en modo alguno que no sea la que busca tratar de saciar la voracidad de divisas de un sector privado miserable que no se cansa de especular para acumular cada vez más mayores fortunas, como esa de los laboratorios farmacéuticos a quienes se les ha demostrado esta misma semana su participación directa en el desabastecimiento inducido de medicinas en el país mediante la utilización de la enorme cantidad de divisas que les ha sido entregada por el Estado no para importar medicamentos sino para inyectarlos al mercado paralelo generando el descontento popular a la vez que amasan cada vez una mayor cantidad de dinero.

Pero demuestran también, y eso quizás es lo más importante para las venezolanas y venezolanos que están padeciendo hoy la infamia de la guerra mediática que quiere acabar con la revolución bolivariana acusando de ladrones a los dirigentes de la revolución bolivariana, que quienes están haciendo más dinero hoy en Venezuela son los mismos que se quejan a través de esa guerra mediática de una supuesta imposibilidad para el desempeño del capital privado en el país.

Ni en la lista de Forbes ni en ninguna otra aparecen registrados ni Diosdado Cabello ni ningún otro dirigente o funcionario del gobierno bolivariano como tanto han querido hacer ver los sectores de la derecha que hoy conspiran contra la democracia venezolana con base en la falsedad de acusaciones infundadas y calumniosas contra los hijos de Chávez. Desconocen que a los revolucionarios no los mueve el afán del dinero, porque al revolucionario lo inspira el deseo impostergable de la justicia social y no la mezquindad o el egoísmo en el que se funda el capitalismo y por eso fracasan en su estúpido intento de descalificación.

Mientras esos sectores acusan sin prueba alguna que soporte sus absurdos alegatos, lo que aparece cada vez más ante la opinión pública son las evidencias irrefutables de los muchísimos hechos de corrupción en los que están incursos los dirigentes de la oposición, como ha podido constatar el país de manera reiterada y recurrente a través de videos, llamadas telefónicas, cheques impresos, fotografías, y un sinnúmero de pruebas que dan cuenta del carácter corrupto y delincuencial de esa derecha inmoral e inescrupulosa que hoy, asociada a los más perversos y miserables sectores del capitalismo especulador nacional y transnacional, pretenden hacerse arbitrariamente del poder para reinstaurar el modelo neoliberal en el país.

Algo así como lo que les acaba de pasar con el escandaloso affaire internacional que intentaron montar con una lista de depositantes venezolanos que un empleado de un importante banco suizo, el HSBC, filtró a la prensa mundial, y que la derecha quiso usar como prueba definitiva del supuesto pillaje de la dirigencia revolucionaria venezolana. El resultado no pudo ser más trágico para el antichavismo nacional e internacional; en la lista solo aparecieron un locutor de televisión (empleado de Gustavo Cisneros), un dirigente de Acción Democrática, partido integrante de la llamada MUD, varias figuras destacadas de la organización antichavista Gente del Petróleo, y una gran cantidad de personas pertenecientes a varias de las más renombradas familias de la alta burguesía venezolana, de La Lagunita y del Country Club, ninguno de los cuales puede ser señalado en modo alguno de chavista o de izquierdista siquiera.

La inefable lista del HSBC, pasará a la historia sin lugar a dudas como el más duro golpe que durante mucho tiempo se habrá dado a sí misma la contrarrevolución y el antichavismo en su empeño por acabar con el sueño de Chávez. Un verdadero tiro por la culata que hizo quedar en ridículo a los más encumbrados estrategas de la guerra de cuarta generación desatada hoy contra la democracia venezolana, y que los coloca en el “pódium del fracaso” en el lugar que siempre les ha correspondido… ¡El primero de la lista!

@SoyAranguibel