Detrás de las mentiras

Por: Alberto Aranguibel B.

Existe hoy en día un periodismo cada vez más impúdico empeñado en convencer a la sociedad de la supuesta idoneidad ética en la que se basaría su manejo de la verdad, cuando en la práctica es exactamente todo lo contrario.

Es ese periodismo que aparenta inocencia en la manipulación o falseamiento de la realidad a través de una bien fingida ecuanimidad y un insulso equilibrio en el tratamiento de la noticia, en el marco de una muy calculada adjetivación a favor de los dueños del gran capital y en definitiva del imperio norteamericano, orientada a predisponer a la gente en contra del gobierno.

A veces, pero muy a veces, pareciera incluso que no lo hacen por convicción, sino porque su bien entrenado instinto de sobrevivencia neoliberal les indica que es más sensato cuadrarse a tiempo con el poderoso, antes que comprometerse de alguna forma con las clases que ellos asumen como subalternas en la sociedad.

Un periodismo de “generadores de opinión” que se convierten con deslumbrante facilidad en líderes de esos sectores de las clases pudientes que se consideran “beneficiarias” de esa línea editorial prepagada y sin escrúpulos.

Sirven de tontos útiles en el ilusorio ascenso social al que aspiran los desclasados que sin pudor alguno se entregan a toda abyección que justifique la exclusión y la injusticia si en ello va aunque sea la más mínima posibilidad de alcanzar el idílico edén neoliberal con el que sueñan.

Es el periodismo que sale a las calles y que a “pulsar la opinión de la gente” acerca de la situación económica, pero que al final del día termina su reportaje sin analizar en lo más mínimo las causas de la misma sino sus efectos y, lo que es más vergonzoso, dejando esa opinión como un vulgar biombo que solo sirva de camuflaje a su exaltación del capital.

En sus historias no aparece jamás el imperio sino para ironizar con toda hipótesis que lo advierta. Para ellos no hay bloqueo ni sanciones arbitrarias, inhumanas e ilegales. Así como tampoco ningún empresario especulando, acaparando, bachaqueando, o contrabandeando. Se las arreglan para que la gente termine siempre creyendo que el culpable del padecimiento de los pobres es el gobierno.

En vez de ir “detrás de la noticia”, como hace el periodismo ético, ellos van “detrás de las mentiras”.

@SoyAranguibel

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Retrato de una asquerosa guerra contra el pueblo

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando el periodismo se presta dócil y entusiasta a la rastrera tarea de hacerle el favor a la oligarquía, construyéndole a diario una narrativa que oculte o que justifique su desprecio hacia los pobres y enaltezca sin miramientos la depravación explotadora de los ricos, se incurre sin lugar a dudas en la peor de las ignominias.

Que las guerras sirvan para vender más periódicos y alcanzar mayores niveles de audiencia en la radio y la televisión a partir de la exaltación morbosa de la sangre y de la muerte, es ya de por sí repugnante. Sin embargo, es mentira que esa vocación necrofílica sea la causa de la vulgarización en el ejercicio del periodismo bajo la concepción capitalista que hoy prevalece en las grandes corporaciones mediáticas del mundo.

La verdad es que el contenido mediático, cargado de perversiones que alientan esa lascivia por la crueldad, es lo que conduce a las sociedades a su enajenación progresiva, en la medida en que, por vía del hábito a la exposición cotidiana de lo más perverso del ser humano, convierte toda depravación en cultura.

El afán por la visibilización de la penuria como expresión de la realidad, no es de ninguna manera la fórmula imprescindible para la superación de las calamidades del mundo, como lo ha argumentado desde siempre la gran prensa para aparentar una falsa vocación de contraloría social y de servicio público que jamás ha tenido en la práctica.

El medio se sirve de la calamidad para aumentar sus utilidades a costa del sufrimiento ajeno, y punto.

De ahí que las guerras que se libran hoy en el mundo están determinadas siempre por el mismo factor mediático que las origina y las promueve, a partir de esa particular capacidad para la distorsión y la manipulación de la realidad que ya ha pasado a ser parte consustancial a la vida moderna de las sociedades en todo el planeta, sin distingo alguno de su orientación ideológica o modelo político.

Mediante el secuestro de derechos que le corresponden a la sociedad antes que a las empresas, el medio de comunicación ha violentado desde siempre la posibilidad del ser humano para acceder a la verdad, no solo de su entorno sino del universo mismo. Verdad que le es falseada de acuerdo al poder y a los intereses particulares de los dueños de esos medios que paulatinamente han ido erigiéndose en pontífices inobjetables y eximios tanto del bien como del mal.

Un ejemplo de esta saña morbosa por obtener réditos con el sufrimiento ajeno, sin importar en lo más mínimo la ética que debiera regir el ejercicio del periodismo, es sin lugar a dudas la publicación que recientemente encontramos en la página editorial del ultraderechista diario argentino La Nación, en la que el periódico hace gala de una proverbial capacidad para el retorcimiento de los hechos y el montaje infame de matrices de opinión que atenten a como dé lugar contra la dignidad de un pueblo ,en este caso el venezolano, y en particular de un niño al que con un arbitrario e infundado comentario, urdido por la mente calenturienta de la redactora de turno, se ultraja y se humilla sin conmiseración alguna.

Barbería Migrante

La foto, como la mayoría de las fotos, no necesita explicación. Se trata de un niño que mira a cámara con la curiosidad común en todos los niños del mundo cuando ven a alguien frente a ellos, justo en el momento de ser afeitado por una persona que al parecer integra un equipo de ayuda internacional en algún campamento desconocido (porque no se identifica en la foto) pero que pareciera francés por los colores azul, blanco y rojo, así como las letras que apenas medio se leen, en las capas de los barberos.

No se percibe en la imagen sufrimiento alguno, que no sea el que tenían en mente quienes han querido convertir el fracaso de la oposición venezolana en un show contrarrevolucionario de alcance internacional con el tema de la migración que han protagonizado venezolanos víctimas de las mismas campañas de desinformación y de terror orquestadas a través de los medios por esa misma derecha, y que en virtud del engaño han terminado retornando al país con el mismo desespero con el que se fueron huyendo hacia el exterior hace apenas unos meses.

Bien pudiera ser un “falso positivo”, porque ni los migrantes venezolanos están siendo recibidos en Bogotá por ningún cuerpo de ayuda humanitaria, como explica la nota, ni los que están en Cúcuta son atendidos por ninguna misión francesa. Mas bien pareciera tratarse de algún niño árabe en el norte del Africa, como los hay hoy por decenas de miles en la condición de refugiados.

Pero Diana Fernández Irusta, la periodista de marras, le acomoda un texto de pretendida factura poética (como para ocultar la carga virulenta y ponzoñosa que el comentario lleva como objetivo político soterrado) haciendo alarde de una empalagosa jerga sensiblera que apesta por lo rebuscado y decadente.

Para hacer aparecer al niño como una víctima más de la supuesta “dictadura” que estaría asolando a Venezuela, lo retrata como “Puro ojos, pura belleza”, pero inmediatamente lo conecta con el canallesco discurso de la manipulación que ha preparado, en un punto y seguido que desliza un “Todo interrogantes”, sacado del más nauseabundo baúl de la cursilería.

A modo de “respuesta”, infiere el resto de la escena fotográfica con el veneno que le da a su trabajo el fulgor de la infamia que sus jefes le exigen: “La peluquería, intuimos, tiene algo de improvisada. “Brigada social”, llama el epígrafe de las foto a quienes -ay esos barbijos, esos guantes de plástico- emprende la tarea de rasurar estas cabezas. Cabezas de inmigrantes. El niño es venezolano, está en Bogotá, a metros de la estación de micros. Ignoramos con cuántos integrantes de su familia habrá viajado, durante cuánto tiempo, a través de qué dificultades. Solo tenemos su mirada; descomunal de enorme, abismal en la inquietud, la pregunta, el desconcierto. El niño mira al fotógrafo con algo aún más lacerante que el miedo. Sus labios callan, pero sus ojos dicen que ya no hay casa, ni juegos, ni escuela, ni rumor de dibujos animados por la tarde, con los cuadernos listos para hacer la tarea. No hay nada, salvo este saberse repentinamente sobrante. Objeto incómodo, sujeto de asepsia.

La pestilente nota no alcanza a dar una explicación ni siquiera medianamente cercana a la realidad del fenómeno de la migración venezolana, creado por la derecha latinoamericana a través de los medios de comunicación y su gran poder de influencia sobre la sociedad. Pero sirve para alimentar el ego de la flabistana, quien con toda seguridad así se siente emparentada con la rutilante Angelina Jolie en eso de “velar por los niños que huyen de la barbarie socialista”, razón por la cual no tendrá jamás obligación alguna de escribir ni una línea sobre los verdaderos desplazados latinoamericanos que desde hace décadas abandonan por millones sus países regidos por gobiernos neoliberales que hambrean y pueblan de miseria al continente.

¿Qué es eso de “la mirada descomunal de enorme”? ¿Qué es lo “más lacerante que el miedo” con el que el niño mira al fotógrafo? Nada. Todo en la redacción de los periodistas del neoliberalismo es fatuo, inconsistente y sin esencia.

Su propósito no es desarrollar idea alguna, sino causar dolor, generar odio, hacer sufrir a sus lectores con la rabia que ella cultiva con su verbo repugnante, cargado de falsedades, mentiras y de infamias contra un pueblo que a ella en verdad le sabe al mismo estiércol que sus manos destilan sobre el teclado de la computadora que le presta La Nación.

No son periodistas quienes como ella trafican irresponsablemente con la verdad para imponer la falsedad del mundo capitalista, sino mercenarios de una guerra emprendida por el odioso poder del dinero contra una nación que ha decidido ser libre e independiente, y que no se someterá jamás a los designios ni de las grandes corporaciones norteamericanas, ni de los grandes medios de comunicación que se han confabulado con el imperio para intentar asaltar a nuestro pueblo para robarnos no solo nuestras riquezas y nuestro bienestar sino nuestra esperanza y nuestro futuro.

@SoyAranguibel

Aranguibel en Venevisión: “La oposición tiene que explicar por qué está en contra de la lucha anticorrupción”

El periodista Juan José Ojeda y Alberto Aranguibel, analizan las noticias más importantes del acontecer político en el programa Semana Venevisión, del 19 de octubre de 2013, conducido por Margarita Oropeza.

Aranguibel en RNV: “Si no fuera por los medios de comunicación, los pueblos ya habrían acabado con la dominación de la oligarquía”

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Alberto Aranguibel sostiene en conversación con Erick Rodríguez y Oswaldo López en el programa Con Todos los Hierros, que transmite el canal informativo de la Radio Nacional de Venezuela, que la mayor afrenta contra el ser humano hoy en día es la distorsión de la realidad que se lleva a cabo a través del medio de comunicación, que intenta instaurar como verdad la mentira del buen vivir en el modelo capitalista, secuestrando a la vez los más preciados activos de la sociedad como la libertad y la democracia. Es mentira -dice- que para que haya libertad y democracia los medios de comunicación tienen que estar en manos privadas. “El medio es utilizado para apuntalar y perpetuar mediante el engaño un modelo que no ha respondido jamás a las necesidades de los pueblos. Si no fuera por los medios de comunicación hace rato que esos pueblos ya habrían acabado con la dominación burguesa”.

Oiga aquí la entrevista completa:

[audio http://ia601802.us.archive.org/6/items/AranguibelEnConTodosLosHierros27_06_2013/ConTodosLosHierros27_06_2013.mp3]

Comunicador del Siglo XXI

Chávez Comunicador

El Comandante Eterno, Hugo Chávez Frías, es reconocido por su pueblo el Día del Periodista como el Comunicador del Siglo XXI, y el Gobierno Bolivariano le rinde homenaje en este video, transmitido este 27 de junio de 2013 en Cadena Nacional de Radio y Televisión por órdenes del Presidente Nicolás Maduro Moros.

Aranguibel: “El periodismo debe estar del lado de las luchas populares por la justicia y la igualdad”

día del periodista

Alberto Aranguibel reflexiona el 27 de junio de 2013 en entrevista concedida a Noticias24 radio, acerca del Día del Periodista en Venezuela y su connotación en el marco de la Revolución Bolivariana.

En relación a la diferencia del periodismo venezolano actual con el periodismo en el resto del mundo, Aranguibel sostiene que “Lo que es diferente no es el periodismo sino la realidad venezolana, en la que se confrontan visiones, modelos de sociedad. El periodismo, como es su labor desde sus orígenes, es solamente la mediación que expresa esa circunstancia por la que está atravesando nuestra sociedad, en el proceso de empoderamiento del hecho político como nunca antes se ha experimentado en el país. Eso hace que el periodismo tenga hoy una vigencia muy particular y determinante.”

Sobre el tema de la libertad en el periodismo en Venezuela, afirma que “Hay un proceso complejo que no se reduce a lo que se establezca en una norma o una regulación particular. Hoy en día vemos en cualquier momento una cosa que pudiera resultar absurda como que en el medio de una guerra los periodistas estén colocados en el medio de una balacera exponiendo innecesariamente la vida más allá de lo que exige la profesión y si hay una baja entonces se dice que hay una agresión a el periodismo. Las libertades que suelen denunciarse no son las libertades del periodismo sino de las corporaciones, de la empresa mediática. Hay muchos aspectos que hacen complejo ese derecho al libre ejercicio de la profesión. Lo que sucede es que en Venezuela se siente mucho más esa situación compleja porque hay una confrontación ideológica como no la hay en ninguna otra parte”.

“El periodismo debiera estar al lado de la realidad que transitan nuestros pueblos en la búsqueda de la justicia y la igualdad. Es más limitativo ejercer el periodismo en una corporación privada que en aquellos medios que surgen de la voluntad popular. Se le ha vendido a la humanidad que no hay libertad ni democracia si los medios no están en manos privadas y esa es una distorsión gravísima de la realidad para ponerla al servicio de las corporaciones”.

Finalmente dice Aranguibel: “No podemos seguir dividiendo la sociedad entre oficialistas y no oficialistas; la opinión divergente, la disidencia política, no es un obstáculo para una revolución como la venezolana. Por eso hay cientos de periodistas que opinan a diario como quieren en contra del gobierno y no les pasa nada. La opinión no es un problema. Lo importante es la erradicación del hambre y la miseria. Esa es una de las diferencias entre el socialismo y el capitalismo.”

Oiga aquí la entrevista completa:

[audio http://ia600903.us.archive.org/17/items/AlbertoAranguibelYElDaDelPeriodistaDel2013/Noticias24DaDelPeriodista27062013.1.mp3]