Fascismo made in USA: del Plan Cóndor al Cartel de Lima…

Por: Ildefonso Finol
(Ensartaos.com.ve)

 

En la década del setenta del siglo pasado, el imperialismo estadounidense no dudó en imponer en América Latina, bajo la doctrina de seguridad nacional, una docena de gobiernos militares de corte fascista, que frenaron a sangre y fuego los movimientos de liberación y las expresiones más progresistas de la izquierda democrática del continente.

Porque hay tres verdades que cada vez se me hacen más contundentes y diáfanas:

1)   El imperialismo no se suicida ni se deja desplazar por las buenas

2)   La derecha no perdona, no descansa, no se rinde, y siempre acecha

3) El imperialismo y las derechas que lo secundan, son esencialmente cínicos y sanguinarios, aunque utilicen las formalidades democráticas para legitimarse.

El autodenominado “Grupo de Lima” es la “Operación Cóndor” por otros medios.

II

La “Operación Cóndor” fue una conspiración transnacional contra la izquierda latinoamericana, dirigida por Estados Unidos a través de la CIA y otras agencias, con el concurso de militares formados en la Escuela de las Américas, que actuaron dentro de sus países como fuerzas de ocupación, aplicando la represión generalizada para acallar al movimiento social, y la persecución y eliminación selectiva del liderazgo, para descabezar las opciones políticas de la liberación nacional y el socialismo.

Estos regímenes violadores de derechos humanos, que cercenaron la sindicalización y las libertades ciudadanas, tuvieron su expresión económica en la preeminencia absoluta del capital con medidas neoliberales que exprimían la clase trabajadora mientras entregaban los mejores negocios a las transnacionales.

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Las movidas sobre el tablero geopolítico fueron conformando un mapa del terror, que sumó a Paraguay, Brasil, Bolivia, Uruguay, Chile, Argentina, entre otros, con sucesivos golpes de Estado que colocaron en el poder a criminales sumisos a la bota yanqui.

III

Para llegar al “Cartel de Lima”, primero hubo que tumbar a Zelaya en Honduras (¿Quién se acuerda de Micheletti?) y luego a Lugo en Paraguay. Nada de eso fue casual o fortuito. Estamos ante un plan restaurador del capitalismo dependiente como satélite del centro imperialista. Comenzaron por los eslabones más frágiles de la cadena, y llegaron hasta el mismísimo gigante suramericano: Brasil.

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Si en la “Operación Cóndor” los peones eran en su mayoría militares activos, hoy en el “Grupo de Lima” sirven empresarios, políticos, jueces, obispos católicos y pastores evangélicos. Habrá que dedicar un estudio al papel del gremio de abogados y las sectas protestantes en la embestida conservadora. Los medios de comunicación se adaptan y pueden mutar a “redes”, falsear realidades, imponer matrices, manipular emociones.

Macri y su familia se beneficiaron de contratos en tiempos de la dictadura. Piñera es un empresario mimado del pinochetismo. Paraguay es gobernado por un pupilo de Stroessner. Bolsonaro es un militar nostálgico de la época militarista. Granger –el de Guyana- es otro militar pro yanqui, agente facturado de la Exxon. Tal es el perfil de las piezas del ajedrez gringo. También caben tecnócratas y patiquines con pedigrí cipayo.

Si nos causara extrañeza la presencia de la ponderada Costa Rica o la pragmática Panamá, sólo consideremos el peso que el narcolavado de dólares ha adquirido en esas pequeñas colonias y sabremos lo que ocurre.

IV

En la “Operación Cóndor” la coordinación represiva la asumió la DINA chilena, mientras que Paraguay sería sede del “archivo del terror”, así como Argentina y Uruguay serían laboratorios de torturas y desapariciones. Entre los sabuesos y matones habría funcionarios de todas las agencias de espionaje, incluida la CIA, con su tristemente célebre Michael Townley, más una jauría de los rabiosos anticubanos Posada Carriles y Orlando Bosh, operando a sus anchas desde la Venezuela del democristiano Caldera y el adeco Carlos Andrés Pérez.

En el “Cartel de Lima”, la sede simbólica es Perú desde la presidencia del empresario y burócrata corrupto Kuczynsk y su invisible sucesor, pero la batuta la lleva el gobierno de Colombia, muy activo y obediente antibolivariano.

Más, el hecho que esta nueva arremetida fascista se haga con fachada “democrática”, no la exime de generar un sin número de víctimas de la violencia estatal o paramilitar, según sea el caso. Son víctimas del “Grupo de Lima”: Berta Cáceres, Marielle Franco, Santiago Maldonado, los luchadores mapuches y los más de quinientos asesinatos de líderes y lideresas sociales colombianas, los 43 de Ayotzinapa, el campesinado guaraní, tal como lo fueron del “Plan Cóndor”: los chilenos Salvador Allende, el General Prats, Orlando Letelier, el boliviano Juan José Torres,  los uruguayos Gustavo Inzaurralde, Nelson Santana, Telva Suarez y Ary Cabrera, y miles de personas desaparecidas en Argentina, Chile y todo Suramérica.

El “Cartel de Lima” es la resurrección del “Plan Cóndor”.

V

El enemigo de la “Operación Cóndor” era el comunismo; el del “Cartel de Lima” es el socialismo del siglo XXI o el bolivarismo, encarnado en la República Bolivariana de Venezuela.

Los matones del “Cóndor” practicaban la extraterritorialidad de sus acciones, coordinados y supervisados por Henry Kissinger. Los “perritos de Lima” repiten esa práctica violatoria del Derecho Internacional, ahora dirigidos por Pompeo y Bolton. La pandilla limeña se ha dado el lujo de declarar la cesión de mar venezolano a uno de sus miembros. Nada ha sido improvisado. Para que llegara un fanático como Bolsonaro a la presidencia de Brasil, primero tuvo que haber un golpe de Estado contra Dilma y una persecución judicial despiadada contra el liderazgo popular, comenzando por el virtual ganador del proceso electoral que era Lula.

Esta nueva “Operación Cóndor” con el pseudónimo de “Grupo de Lima”, blande sentencias como lanzar disparos a quienes se atrevan a cuestionar el modo de vida impuesto por el capitalismo imperialista; por eso Venezuela es el blanco de sus ataques más bárbaros, calumniando nuestro gentilicio, tergiversando nuestra realidad, y boicoteando nuestra economía con medidas unilaterales diseñadas por Estados Unidos.

Se caracterizan por: el racismo, el elitismo, el entreguismo del país al capital transnacional, el cinismo, la doble moral; usan el discurso anti corrupción siendo esencialmente los más corruptos, son represivos mientras alardean de democráticos, violan los derechos humanos mientras los pregonan falazmente.

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Es innegable que este complot continental antibolivariano ha ganado terreno. Ello tiene como telón de fondo la impunidad que predominó en los delitos de lesa humanidad cometidos en la “Operación Cóndor”, y el establecimiento de sociedades tutoradas por cámaras empresariales, asociaciones de terratenientes, castas militares y jerarquías eclesiásticas derechistas, que no pudieron zafarse por entero del miedo a la independencia y la libertad que las dictaduras implantaron en su alma.

El reto es doble para quienes militamos en la acera de la verdad y la emancipación. Un error grave fue no consolidar una Internacional Revolucionaria cuando vivimos momentos estelares con mayoría de gobiernos de izquierda, que hubieran trazado lineamientos de lucha continental frente al plan de restauración neoliberal. Tampoco se hizo el esfuerzo requerido en formar una ciudadanía consciente de las contradicciones del proceso histórico que antes le negó sus derechos bajo gobiernos pro-imperialistas y ahora se los restituía con gobiernos populares que era necesario defender y preservar.

La tarea de estos días exige de una extraordinaria fuerza moral: desenmascarar la patraña fascista y quitar la venda de los ojos de los pueblos hermanos.

yldefonso-FINOL  Ildefonso Finol

Fuente: Ensartaos

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De presos, cárceles y farsas libertarias

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 05 de octubre de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“Saliste del mar encadenado, culpando a los que te mataron. Tu grito se escucha siempre, grito revolucionario, Alberto Lovera, hermano” Alí Primera

Octubre es un mes aciago en la historia revolucionaria venezolana.

La recurrencia de acontecimientos adversos al espíritu y propósito de las luchas populares, convierten a octubre en un sino telúrico de la política casi desde nuestros orígenes como república. Por lo general, el tema de la libertad ha estado asociado a esa confrontación trágica entre la aspiración del pueblo y la felonía de los sectores dominantes por hacerse cada vez más de mayores fortunas a costa del hambre y la miseria de los venezolanos.

Octubre vio caer hace apenas un año al diputado revolucionario Robert Serra y a su compañera María Herrera a manos del paramilitarismo, infiltrado en la sociedad venezolana por la ultraderecha nacional e internacional para intentar acabar con la revolución bolivariana.

Vio caer a los masacrados de El Amparo y de Cantaura a manos de los cuerpos represivos de los gobiernos cuartorepublicanos, asesinados vilmente por quienes usaron durante décadas el crimen político como instrumento de terror para mantenerse en el poder, convirtiendo a Venezuela en uno de los países con mayor cantidad de desaparecidos y exterminados políticos del continente a lo largo de todo ese nefasto periodo de nuestra historia.

Vio caer asimismo a gobiernos como el de Isaías Medina Angarita, considerado el más democrático de cuantos tuvo nuestro país durante todo el siglo XX, derrocado por quienes luego instaurarían el siniestro Pacto de Punto fijo, firmado también en un octubre de infausta recordación para los venezolanos; aquel del año 1958 en que se iniciaba la traición más grande que recuerde nuestro pueblo contra su sueño de una verdadera democracia y una libertad plena para el país, después de la traición de esa misma clase dominante contra el Libertador Simón Bolívar y todo cuanto él representó desde siempre.

Paradógicamente, un octubre es asesinado por los cuerpos de seguridad del Estado Leonardo Ruíz Pineda, secretario general del partido Acción Democrática durante la dictadura de Pérez Jiménez. Y es brutalmente asesinado, también en un mes de octubre, solo que trece años después, Alberto Lovera, dirigente del Partido Comunista de Venezuela, en uno de los más horrendos crímenes políticos de toda nuestra historia, cometido por el gobierno del mismo partido (Acción Democrática) que apenas unos años antes lloró el vil asesinato de su propio secretario general, por las mismas miserables razones políticas por las cuales era asesinado Lovera, pero esta vez bajo en enfoque y los requerimientos del Pacto de Punto Fijo.

Como miles de luchadores populares, Lovera fue torturado inmisericordemente hasta la muerte y su cuerpo intentado desaparecer bajo las aguas. Solo que el mar le devolvió hacia la tierra para convertirse en grito de horror que denunciaba ya no a sus asesinos sino a todo un sistema putrefacto que se soportaba con la sangre de los revolucionarios muertos que iba dejando en ese infernal camino de desolación que terminó siendo el modelo neoliberal que la derecha se empeñó y se empeña tozudamente todavía hoy en instaurar en el país.

Ninguno de esos mártires contó jamás ni con la más mínima posibilidad de asistencia o de apoyo en función de sus derechos humanos. El sistema, regido por los dictámenes del Plan Cóndor que el imperio norteamericano llevó a cabo en el continente suramericano para acabar mediante la más sanguinaria represión con todo viso de izquierdismo, así lo impedía expresamente. Todo aquello que oliera a comunismo debía ser exterminado sin contemplaciones de ningún tipo. En eso, frente a la falta de sistemas avanzados de inteligencia y por la carencia de razones de valor que justificaran su saña contra la dirigencia revolucionaria, los ejércitos y los cuerpos de seguridad de las naciones latinoamericanas asumieron al pueblo como su principal enemigo. La noción de derecho humano debió entonces ser desterrada. Algo en lo cual los perversos regímenes opresores sentían especial complacencia.

Ninguno de ellos, ni los tantos otros que padecieron el horror de las cárceles políticas a lo largo de todo el periodo cuartorepublicano, tuvieron acceso a confort alguno que se correspondiera con la dignidad que los tratados universales sobre derechos le consagran al ser humano. El régimen de opresión que el Pacto de Punto Fijo establecía como norma era ejercido fundamentalmente mediante la precariedad de la reclusión política y no nada más en la persecución o el exterminio del disidente como suele verse. El carácter aleccionador de la crueldad penitenciaria era una herramienta de mucho peso en la lógica sanguinaria del Plan Cóndor. En su condición salvaje subyacía la naturaleza humillante y degradante de la condición humana del preso, en la búsqueda ya no solo de su claudicación como revolucionario sino de su conversión ideológica, como lamentablemente muchas veces produjo la brutalidad de la tortura tanto física como mental durante aquellos espantosos cautiverios.

Solo una mente obscena y retorcida puede atreverse a fabular con alguna insolente idealización de la cárcel para presentarse a sí mismo frente al mundo como una suerte de Conde de Montrecristo redivivo que se hace mártir del padecimiento “cruel e inhumano” de una prisión que en realidad derrocha confortabilidad hasta el insulto, como lo hace hoy el terrorista Leopoldo López.

Tal como lo hace el sofisticado planeamiento mercadotécnico “The Making of Leopoldo López”, revelado recientemente por la revista Foreign Policy, donde se demuestra el costoso entramado de construcción de la imagen del líder terrorista venezolano en el mundo, colocar al preso de Ramo Verde a la par de insignes figuras como Nelson Mandela o Mahatma Gandhi es una escandalosa insolencia contra el género humano mismo. Pero hacerlo pervirtiendo hasta ocultarla la verdadera condición de holgura en la que transcurre la solariega pena por las cuarenta y tres muertes que su irresponsable e inconstitucional audacia causó en el país, es todavía mucho más ruin e insultante.

El video que muestra hoy las excesivas comodidades de las cuales se queja sin una mínima vergüenza el presidiario López en su mendaz carta al New York Times, deja al descubierto la inmoralidad de una derecha despreciable que no tiene pudor alguno en su afán de mentir hasta en lo que debiera ser más sagrado incluso para ellos mismos, como el manejo vulgar y sensiblero de la integridad emocional de sus propios hijos.

Pero deja también en evidencia, una arrogancia extrema de la cual no puede desprenderse jamás la oligarquía, que es la repulsa a todo lo que tenga que ver con igualdad de condiciones con aquellos a los que su clase considera seres inferiores.

Para López, al igual que para todos los de su clase, la respuesta de la sociedad a sus crímenes tiene que llevarse a cabo en correspondencia con su estatus social y su condición de superioridad hegemónica. Es decir, el “castigo” debe serle otorgado más bien en forma de premio a su actuación en pro de la idea de preeminencia de los poderosos (las violencia, la destrucción y la muerte por él desatadas), y jamás una reclusión que vulnere de manera alguna la noción de libertad, que a su modo de ver solo a los ricos pertenece por derecho propio e inalienable.

Para ellos su prisión no es una cárcel injusta apenas, sino una aberración de las Leyes de la naturaleza, en las cuales según su particular noción del universo se establece la obligatoriedad de los Estados, los sistemas y las naciones, a preservar todo derecho humano como atributo y propiedad inexcusable de la oligarquía. Es la creencia ancestral de los sectores dominantes que coloca a la libertad como un bien que justifica toda dominación y todo exterminio.

Los norteamericanos, por ejemplo, consideran a su presidente como el mandatario de su país solamente en términos formales. De manera informal y común, lo denominan “Líder del mundo libre”. Los atropellos a la libertad de los pueblos, las masacres y los genocidios que promueva, la destrucción de civilizaciones que lleve a cabo cualquier presidente de esa nación, no serán jamás considerados por el stablisment imperialista como indebidos, sino como el camino correcto hacia la libertad.

Por eso Obama, con la más repugnante naturalidad, se restea con el terrorista López mientras ataca con bombas y sanciones arbitrarias a los gobiernos soberanos del mundo.

 

@SoyAranguibel