La farsa del bienestar económico colombiano

Por: Alberto Aranguibel B.

Desde siempre nos referimos al saqueo que hace Colombia de nuestras riquezas, denunciando el atropello a nuestra soberanía que representa el contrabando de extracción, de alimentos, medicinas, combustible, así como del robo del dinero que se llevan a ese país para multiplicarlo y afectar nuestra moneda a través de sórdidos mecanismos financieros.

Cada vez que hablamos de los “hermanos colombianos” que cruzan la frontera buscando rehacer sus vidas, nos referimos solamente al carácter solidario de quienes les abrimos desinteresadamente los brazos para ofrecerles cobijo en nuestro suelo.

Las élites colombianas del gran capital abusan hasta lo indecible de la naturaleza profundamente amorosa de nuestro pueblo, que no accede (al menos de buenas a primeras) a la fórmula de la confrontación con su vecino para solventar esa injusticia a pesar de las penurias que padecen los cientos de miles de venezolanos que se ven afectados con la misma.

Pero, más allá del atropello a nuestro país, existe una realidad inocultable asociada a la naturaleza perversa del modelo neoliberal que impera en Colombia, y que demuestra de manera irrefutable el fracaso y la inviabilidad de ese modelo.

Que Colombia lleve a cabo ese inmoral saqueo que tanto atenta contra el bienestar de los venezolanos, es solo una parte de la ecuación. La otra es el inmenso ahorro que representa para el fisco de ese país evadir la obligación de atender a los millones de colombianos que se han venido para Venezuela en busca de un mejor destino.

El supuesto bienestar económico del que esa nación se enorgullece, está determinado fundamentalmente por tres factores; la industria de producción y tráfico de drogas de mayor dimensión y crecimiento en el mundo; el criminal e impúdico saqueo a la economía venezolana; y la descarga que representa para el fisco colombiano el no tener que atender a la más numerosa población de desplazados del planeta.

Siete millones y medio de colombianos (seis de ellos en Venezuela) a los que los gobiernos de ese país no tienen que dotarles de educación, salud, alimentación, vivienda, luz, agua, transporte público, gas doméstico, o combustible para sus vehículos, son una descarga gigantesca para cualquier presupuesto nacional.

Si se cuentan, además, los cientos de miles de desaparecidos en fosas comunes y sicariato político que existen en ese país con la total anuencia de sus gobiernos neoliberales, rendidos siempre a las órdenes del imperio, el resultado es todavía más siniestro.

Pero también mucho más revelador de la farsa que es en realidad la supuesta prosperidad económica colombiana.

@SoyAranguibel

Acabar con el capitalismo

– Hace unos días, Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, aseguró que 1 mil millones de personas viven hoy en la pobreza más extrema. Es la séptima parte de la población, casi un 15 por ciento de los habitantes de la Tierra. Para señalar la gravedad de la situación, Kim indicaba que “para acabar con esa pobreza extrema se necesitaría que 1 millón de personas dejaran de ser pobres cada semana durante 16 años” –

pobreza-extrema

por: Xavier Caño Tamayo / Voltairenet.org

Hace casi 5 años, José Vidal Beneyto escribía que “cada 3 segundos muere un niño por sufrir pobreza, y frente a ello cada día se multiplica vertiginosamente la fortuna de los más ricos”. Había profundizado en un informe de la Organización de las Naciones Unidas sobre desarrollo de los recursos humanos, que desmontaba la falacia de la pobreza por circunstancias inevitables. Malnutrición, hambre, enfermedades, explotación, analfabetismo, mortalidad infantil… Podrían eliminarse si acabamos con un orden social cuyo principal objetivo es aumentar la riqueza de los ricos.

Citaba Vidal Beneyto un informe de Emanuel Saez y Thomas Piketty que mostraba que el 1 por ciento de habitantes más ricos de Estados Unidos poseía una fortuna superior a lo que tenían entonces 170 millones de estadunidenses con menos recursos. Pero eso era exacto hace casi 5 años. Un estudio de la Universidad de California en Berkeley (Striking it richer: the evolution of top incomes in the United States) muestra que, de 2009 a 2012, en Estados Unidos el 1 por ciento más rico de la población se apropió del 95 por ciento del aumento de ingresos de ese país. El beneficio del 1 por ciento más rico creció más del 30 por ciento en ese periodo, pero el beneficio del resto sólo fue un reducidísimo 0.4 por ciento.

Como muestran datos de Credit Suisse, en un mundo de 7 mil 300 millones de habitantes, casi la mitad de la riqueza está en manos del 1 por ciento de población, en tanto que la otra mitad se reparte entre el 99 por ciento restante, abundando los que menos tienen. Una desigualdad que crece sin cesar, pues la riqueza cada vez se redistribuye menos y se concentra más en muy pocas manos.

En el Reino de España, si se mide el ingreso del 20 por ciento más rico de la población y el 20 por ciento más pobre, nos recuerda Juan Torres, la desigualdad aumenta espectacularmente desde 2007. Y España deviene el país europeo más desigual. En 2011 sólo Bulgaria y Rumania tenían tasas de riesgo de pobreza más elevadas.

Pero no sólo España. En Alemania ya hay 8 millones de trabajadores que ganan menos de 450 euros mensuales; y en Francia, cuyo nivel de pobreza es el mayor desde 1997, 2 millones de asalariados ganan menos de 645 euros al mes y 3.5 millones de personas necesitan ayuda alimentaria para sobrevivir. Incluso en los países con fama de más igualitarios (Suecia o Noruega, por ejemplo) la renta del 1 por ciento más rico ha aumentado más del 50 por ciento, pero no así la del resto.

El caso español es más grave. Según datos del Fondo Monetario Internacional, sólo Lituania lo supera en aumento de desigualdad; lo que significa que desigualdad y pobreza asociadas alcanzarán niveles insostenibles de no poner remedio. Porque hablar de desigualdad es necesariamente hablar de pobreza. Y la pobreza que acompaña a la desigualdad tiene terribles consecuencias. Por ejemplo, Joanna Kerr, directora general de ActionAid International, acaba de anunciar que, de no actuar de inmediato, 1 millón de niños más podrían morir de aquí a 2015.

Pero no se lucha contra la pobreza sin hacerlo contra la desigualdad. Una desigualdad que no cesa y algunas de cuyas causas estructurales son la imposición de una libertad total para compras y ventas de bienes, capitales y servicios; la desregulación absoluta de la actividad económica (sobre todo financiera); la reducción drástica del gasto público más la exigencia de un rígido control presupuestario, sobre todo en servicios y satisfacción de derechos sociales. Por no hablar de la indecente rebaja sistemática de impuestos a los más ricos que empezó en la década de 1980 y no ha cesado.

Es evidente que para combatir la pobreza extrema es imprescindible acabar con la riqueza extrema. Como dijo Eduardo Galeano: “este capitalismo asesino mata hambrientos en lugar de matar el hambre y está en guerra contra los pobres, pero no contra la pobreza”. Así las cosas, es obvio que hay que zanjar el capitalismo.

Fuente: Voltairenet.org

Luis Britto García: ¿Qué pasó en las elecciones venezolanas?

luis britto garcía elecciones
Por Luis Britto García / http://luisbrittogarcia.blogspot.com
1
Hace años denuncio que la Comisión y la Corte Interamericana  de la OEA quieren desconocer  nuestros tribunales, para  decidir en lugar de  ellos  cuestiones  relativas a la soberanía de Venezuela, como la legitimidad de las elecciones. Así, el primero en cuestionar los comicios del 14 de abril es Insulza, presidente de la OEA, quien exige  “realizar una auditoría y un recuento completo de la votación” y  pone “a disposición de Venezuela el equipo de expertos electorales de la OEA”. Vale decir,  expertos extranjeros, y no el Consejo Nacional Electoral, deben declarar quién ganó nuestras elecciones.
2
Para escoger al  Presidente de Venezuela también se ofrecen voluntarios el gobierno de Estados Unidos y el canciller de España, García Maspero, ambos demandando recuento de votos al sistema electoral que Carter calificó como el “más perfecto del mundo”.  Por no contradecirlos, el candidato perdedor reclama asimismo recuento manual  de votos  y en lugar de exigirlo por  vías de derecho, convoca  motines que en dos días incendian o destruyen doce  Centros de Diagnóstico Integral, arrasan cuatro casas del PSUV y varios mercados solidarios,  acosan medios de comunicación de servicio público y comunitarios y residencias de miembros del Poder Electoral, asesinan a 8 compatriotas –uno de ellos quemado vivo- y dejan 124 heridos. Es una pequeña muestra de lo que harían si llegaran a tomar al poder. Desaparecerían los derechos a la atención médica gratuita, a alimentos subsidiados, a la información alternativa, a la militancia progresista, al sufragio  y a la vida.
3
La Historia se repite,  los guiones  se remedan. Las elecciones que dieron el triunfo a Ajmadineyah fueron desconocidas por una oposición que intentó algaradas y motines para legitimar una intervención imperialista. Durante las elecciones una agresión informática seguramente imperial hackea las cuentas de twitter de Nicolás Maduro, del presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello  y de Teresa Maniglia, jefa de Prensa de Miraflores, inhabilita la página web del Consejo Nacional Electoral y fuerza a interrumpir Internet durante  minutos para impedir la expansión del virus. No son tecnologías al alcance de un candidato  cuyo promedio académico apenas remonta el diez.
4
¿Tiene la más mínima sostenibilidad la hipótesis de fraude? La lógica indica que cualquiera dispuesto a perpetrar una superchería simularía millones de sufragios de ventaja, y no una modesta mayoría de 262.473 votos. Por otra parte, el Consejo Nacional Electoral por su propia cuenta ha recontado 54% de los sufragios sin encontrar irregularidades, proporción más que suficiente para Seguir leyendo “Luis Britto García: ¿Qué pasó en las elecciones venezolanas?”