La Constituyente de la paz

Por: Alberto Aranguibel B.

La Asamblea Nacional Constituyente electa por la inmensa mayoría de las venezolanas y venezolanos el 30 de julio pasado, nace bajo el auspicioso y esperanzador signo de la paz que gracias a esa iniciativa del Primer Mandatario nacional alcanza el país luego de meses de violencia desatada por los sectores de la derecha contra el pueblo en la búsqueda de una intervención militar extranjera que le ayude a lograr por la vía de las armas lo que jamás ha estado ni cerca de lograr por la vía democrática.

No cabe elucubración metafísica o abstracción teoricista de ninguna naturaleza para explicar el fenómeno de la automática desactivación del estado de conmoción al que nos condujo la locura desenfrenada de los sectores más radicales de la oposición venezolana, que no sea el cumplimiento de la promesa hecha por el presidente Nicolás Maduro al país el 1ro de mayo, cuando anunció su convocatoria a Asamblea Nacional Constituyente como el único camino cierto hacia la paz y la reconciliación de las venezolanas y los venezolanos.

Ciertamente la paz no es un estado de la sociedad que se conquiste mediante promulgación de Ley o decreto alguno. Ni mucho menos a través de una simple declaración de buenas intenciones por parte del liderazgo político, tal como se proclama desde la óptica mesiánica de las religiones, que la asumen como una divinidad que es entregada por los dioses como premio a la obediencia y la fe.

La paz es siempre el resultado de intensos y complejos procesos de construcción de gobernanza en los que se involucran una o varias sociedades o naciones, a través de mecanismos intangibles surgidos del intercambio político al que obligan el comportamiento y las particulares condiciones de vida o de desempeño de cada sector en la sociedad en función de sus intereses.

Procesos difíciles para los cuales no existen manuales preestablecidos que orienten ni el orden ni la jerarquización de las agendas a seguir, ni que mucho menos aseguren el éxito de los empeños en procura de la paz.

Juan Manuel Santos, Presidente de Colombia a quien se le otorgara el Premio Nobel de la Paz en 2016, no logró por iniciativa propia el cese de la cruenta guerra de más de medio siglo de duración en el hermano país que acabó con la vida de unos 200 mil colombianos (según las estimaciones más conservadoras). De no haber sido por la disposición al diálogo por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), todavía el conflicto sin lugar a dudas estaría en pie. Lo que en sí mismo demuestra lo difícil que puede llegar a ser el pedregoso camino hacia la paz.

Tan cierto es que Santos no habría podido alcanzar por sí mismo la conquista de la paz en su país, que el referéndum llevado a cabo para consultar a la población sobre los acuerdos establecidos en las conversaciones lo perdió de manera abrumadora, incluso habiendo obtenido ya el galardón por parte del Comité de Oslo.

De ahí el inmenso logro del Presidente Nicolás Maduro, que en medio de la más incierta y convulsa circunstancia política por la que gobierno alguno pudiera atravesar, corrió el riesgo con la mayor gallardía y perspicacia que hoy pueda reconocérsele a cualquier dirigente en el mundo, colocando en el centro de su propuesta la inequívoca vocación democrática de nuestro pueblo y el talante profundamente pacífico del venezolano.

Para él no era factible la derrota de la paz en nuestro país si la misma se planteaba en el marco del modelo inclusivo, participativo y protagónico, que en buena hora nos propuso el Comandante Chávez con su arribo a la escena política.

La ecuación aparecía infalible desde su sola concepción. Si el electorado elegía a sus Constituyentes del seno mismo del pueblo, la resultante lógica tendría que ser la del triunfo de la paz sobre la violencia que proponía la oposición, fundamentalmente porque el factor determinante sería en todo momento el carácter de imposición de esa violencia sobre la sociedad. Nadie en el país estaba acompañando el terrorismo como expresión política, sino que su accionar era siempre una muestra lamentable de foquismo de mercenarios a sueldo que eran lanzados a las calles como carne de cañón por esa derecha reaccionaria que pretende hoy hacerse del país a punta de terrorismo.

Y exactamente eso fue lo que sucedió el 30 de julio; un país valeroso y decidido asumió el compromiso planteado y selló con su voto abrumadoramente mayoritario en sendero de la paz que desde ese día transita el país, tal como lo había previsto el líder de la revolución.

Tanto los militantes del chavismo como los de la oposición, entendieron que más allá de los ardides de la dirigencia opositora que ha buscado desde siempre el asalto del poder por la vía violenta, la manera correcta de dirimir las diferencias y superar los problemas es mediante el respeto a la norma democrática del voto como expresión de las aspiraciones del pueblo.

Cristaliza así un escenario crucial para el gran debate nacional que se dará desde la Asamblea Nacional Constituyente, de donde surgirán las ideas, las recomendaciones y las propuestas de fondo que el pueblo motu propio desarrollará para hacer que esa paz alcanzada no sea solo un estadio placentero de tranquilidad espiritual para las venezolanas y venezolanos, sino que se convierta en la plataforma que sostenga el despegue definitivo del país hacia su bienestar y su progreso como nación rica y poderosa entre las más pujantes naciones del Continente y del mundo.

No será entonces la Constituyente del ’17, o la Constituyente de la renovación chavista, como pudiera calificarla algún semiólogo empedernido que quisiera etiquetar la naturaleza particular de esta excepcional congregación asamblearia del pueblo en el marco de la épica política que hoy la coloca en la historia. O como la mediática obtusa y retardataria que procura desfigurar todo lo que de la revolución surge podría terminar reduciendo a un simple “La Constituyente de Maduro”, como ya muchos de esos medios al servicio de la burguesía andan tratando de posicionar.

Será, ahora y para siempre, “La Constituyente de la Paz”, porque es el mérito esencial que se ha ganado este inmenso esfuerzo del pueblo venezolano que resume la inédita experiencia en el ámbito universal que viene a ser la Asamblea Nacional Constituyente emanada del pueblo e integrada en su más absoluta plenitud por el pueblo llano y sencillo que la integra, y que con su verbo fogoso, desenfadado y contundente, le viene diciendo al mundo desde hace ya una semana de intensos debates que el país sí tiene una vocería auténtica que lo defienda de toda agresión interna o externa. Que sí tiene una voz profunda que diga las verdades sin rebuscamientos semánticos de ningún tipo. Que sí tiene la fuerza de la pasión por la Patria que no tienen los entreguistas que la negocian. Que sí tiene quien labre el bienestar y el progreso sin arriesgar el preciado bien de la paz que con tanto esfuerzo ha construido ese mismo pueblo a través de siglos de luchas eternas y desvelos infinitos.

Corresponde ahora intensificar cada vez más desde esa Asamblea el compromiso del trabajo necesario para superar las terribles dificultades por las que atraviesa el pueblo al cual se debe, tal como lo ha pedido en todo momento el Presidente Nicolás Maduro.

En eso estamos.

@SoyAranguibel   

 

Constituyente pueblo

Por: Alberto Aranguibel B.

En el anacrónico modelo de democracia representativa, el Estado se entiende como la expresión más acabada de la jerarquización de las clases dominantes sobre el resto de la sociedad.

Solo los más notables ejercen la conducción de las instituciones y le otorgan supremacía a las estructuras del poder. El dinero, los títulos y los doctorados, son las credenciales que facultan esa preminencia de las élites sobre el pueblo y le otorgan perpetuidad a dicho esquema.

Se reproduce así un modelo excluyente e inhumano que velará siempre por los intereses de los poderosos, los ricos, los más encumbrados en la escala social.

Pero en una revolución como la bolivariana, donde el ser humano es foco y centro de la filosofía que la orienta, ese arcaico y repulsivo modelo de la jerarquización no existe. No porque su abolición se establezca mediante Decreto o Ley alguna, sino porque la nueva correlación del poder se forja al calor de la movilización popular en la cual se sustenta.

A medida que el pueblo adquiere conciencia de su rol en la sociedad (conciencia de clases, en el argot revolucionario) la realidad social tiende a transformarse progresivamente para erradicar la odiosa formulación de la supremacía burguesa y sustituirla por lo que se conoce como “el poder popular”.

Cuando ese poder no se conquista por la vía de las armas sino en el marco de una profunda democracia como la bolivariana, será él el único llamado a modificar las estructuras del Estado para dar paso a una nueva concepción del mismo, con base en el precepto de la participación y el protagonismo consagrado en nuestra Constitución.

De ahí el estado de shock emocional que padecen los sectores pudientes de la sociedad venezolana desde el domingo 30 de julio. Su nivel de comprensión de la realidad no acepta tanto pueblo como el que ha sido electo Constituyente por la inmensa mayoría del país, involucrado directamente en la creación de un nuevo ordenamiento jurídico.

Esos sectores reaccionarios, erigidos en cultores criollos de la filosofía neoliberal burguesa que crea hoy el hambre y la miseria en el mundo, repudian la recién electa Asamblea Nacional Constituyente porque por primera vez en nuestra historia el parlamento no es una asamblea de oligarcas enzapatados sino una auténtica tribuna de la Patria.

@SoyAranguibel

Las propuestas las hace el pueblo… ¡Y punto!

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela se establece que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, tal como lo expresa de manera clara e inequívoca su Artículo 5, se establece el principio esencial para el funcionamiento de una sociedad perfectamente democrática.

Pero la realización de la democracia no reside en el acto ritual del voto cada cierto tiempo, sino en la influencia real que el elector tenga sobre los asuntos que tienen que ver con el poder y con las políticas que de éste emanen en función del interés colectivo de la ciudadanía.

Es lo que la misma Constitución bolivariana asume como “Participación y protagonismo”. Un concepto diametralmente opuesto a la idea de democracia como la concibe la sociedad neoliberal burguesa.

Siguiendo estrictamente la letra no solo de ese Artículo 5 sino de todo el texto constitucional en su conjunto, es como puede entenderse hoy la abismal diferencia entre la convocatoria a Asamblea Nacional Constituyente formulada por el presidente Nicolás Maduro al país, y la negación absoluta que comprende el ilegal llamado de la oposición golpista a desconocer ese derecho soberano del pueblo a ejercer con su voto la participación y el protagonismo para el cual lo faculta nuestra Carta Magna.

En la propuesta hecha por el Primer Mandatario, está contemplada una consulta nacional amplia y profunda acerca de los más diversos temas de interés para todas y todos los venezolanos en la búsqueda de la superación de los problemas económicos, sociales y políticos, que aquejan hoy por hoy a nuestra población.

El inconstitucional llamado de la oposición, por su parte, no es sino una demencial convocatoria a los venezolanos para que se nieguen a sí mismos su derecho al voto.

Un evento que no solo no está contemplado en la Constitución sino que carece de la mínima plataforma tecnológica que asegure la idoneidad del mismo, así como carece de supervisión de organismos imparciales que de fe de su transparencia como no sean los medios de comunicación que hoy se confabulan con ellos en su plan contrarrevolucionario.

Los mismos que hablan de millones cuando reúnen apenas a trescientas o cuatrocientas personas en sus eventos, ahora dirán que lograron catorce millones de votos en los barrios, precisamente donde su campaña de violencia no ha logrado prender durante los más de cien días de terrorismo con los que ha azotado solo a algunos urbanismos del este del este en muy pocas ciudades del país. Una vulgar operación de “pagarse y darse el vuelto”.

Tal plebiscito, un recurso de malabarismo barato con el cual esa derecha retardataria y vende patria pretende disminuir mediáticamente la contundencia y significación del certero golpe político que le asestó el líder der la Revolución Bolivariana con su convocatoria (justamente cuando ella se creía dueña y señora del terreno en su idílico y fatuo camino a Miraflores) viene a corroborar que en la oposición no existe de ninguna manera la disposición a escuchar al pueblo, ya no nada más en sus necesidades (conocidas de sobra por la población entera) sino en algo que para la Revolución ha sido siempre lo más importante, como lo son las propuestas que ese pueblo, hoy altamente politizado gracias al Comandante Chávez, tiene derecho a exigir que sean escuchadas y debatidas en el propicio escenario que viene a ser una Asamblea Nacional Constituyente.

La posibilidad única en la historia, y probablemente en el mundo, en que una Constituyente sirva para que se debatan las ideas y propuestas de los humildes, de los que no tienen acceso al inmenso poder del Estado, de quienes desde los más apartados rincones del país padecen en carne propia el impacto real de las guerras económicas que el gran capital ha desatado desde siempre contra el pueblo, de aquellos a quienes la burocracia menosprecia y ofende con su indiferencia y su despotismo, de quienes no piden más que justicia frente a la impunidad de los delitos que los cultores del neoliberalismo no se cansan de cometer desde dentro y desde fuera de la administración pública, es en este momento el hecho revolucionario más trascendental y valioso para la consolidación del modelo profundamente democrático de sociedad que todas y todos aspiramos.

Por eso el timbiriche plebiscitario de la derecha no despierta entusiasmo alguno de verdadera significación popular en el país. Las cada vez más notorias demostraciones de deslindamiento que la gran mayoría de la militancia opositora le expresa a los llamados de violencia callejera, a la insensatez de los auto encierros inútiles que son las barricadas sin sentido a las que convocan sus líderes, son evidencia irrefutable del fracaso opositor en su nueva y demencial aventura contrarrevolucionaria. Solo que esta vez el fracaso es frente  a su propia militancia.

Esas venezolanas y esos venezolanos que no comulgan con las ideas del chavismo, tienen también en la Constitución bolivariana el derecho a ser escuchados y a que sus planteamientos sean debatidos con entera libertad, tal como lo hace hoy en todo el territorio nacional el pueblo chavista.

A lo largo y ancho del país nos encontramos a diario con el fenómeno prodigioso de la voz del pueblo presentando propuestas de toda índole. Con argumentos sólidos, con conocimiento de causa y experticia en el desempeño de tareas que los políticos ni siquiera imaginan cómo se llevan a cabo. Con una capacidad de análisis sorprendente que deja con la boca abierta por la fuerza de su sentido común y por su clara visión crítica a los científicos y académicos más esclarecidos.

En cada una de esas asambleas populares sentimos la fuerza del entusiasmo de quienes de una forma o de otra nos dicen con su interés y su preocupación que están dispuestos a dar hasta la vida por hacer realidad esta maravillosa oportunidad que Nicolás Maduro nos ha puesto por delante.

Es así como nos hemos persuadido una vez más de que en efecto tenía razón el Comandante Chávez, como siempre la tuvo, cuando puso sobre los hombros de ese pueblo la inmensa carga que comprendía la responsabilidad de continuar el proyecto revolucionario y de preservarlo de quienes pretendieran sacar provecho de situaciones difíciles para tratar de reinstaurar en el país el vetusto y destartalado modelo capitalista.

El pueblo sabe que tiene en sus manos esa responsabilidad y que es solo a través de una vigorosa Asamblea Nacional Constituyente como podrá consolidar y hacer avanzar cada vez con mayor acierto y posibilidades la senda del bienestar económico que logró alcanzar nuestro país por primera vez en toda su historia republicana solamente a lo largo del periodo revolucionario bolivariano.

Ninguna de las propuestas que vamos recibiendo de manos de ese pueblo humilde y trabajador que nos encontramos a lo largo de nuestro recorrido permanente por el país, está orientada hacia la impensable construcción o perfeccionamiento de un modelo de neoliberalismo capitalista de nuevo cuño. Mucho menos hacia un demencial retorno al modelo cuartorepublicano. Todas, sin excepción, enfocan la superación de las dificultades a partir de soluciones inspiradas en las ideas de justicia e igualdad social que nos legara el Comandante Chávez.

Desde el más humilde productor del campo, hasta los trabajadores y empresarios independientes, movimientos religiosos, culturales, de la sexo diversidad, así como las mujeres, los pensionados y los jóvenes, encuentran hoy que ciertamente el camino civilizado y civilizatorio para construir esa sociedad a la cual todas y todos aspiramos, es solo posible a través de un mecanismo democrático y no a través de la guerra y del odio que propone la oposición.

Todas y cada una de sus propuestas serán escuchadas y debatidas, porque lo que está planteado en el llamado del Presidente no es un proyecto para satisfacer la aspiración de un grupo o de una élite, como lo plantea la derecha, sino de una sociedad toda, en la cual podamos reconocernos entre iguales bajo un mismo principio de participación y protagonismo.

@SoyAranguibel

El Estado Comunal que repudia la derecha… y que niega la izquierda compulsiva

Por: Alberto Aranguibel B.

Alimentada en su esencia por el perverso discurso pro-imperialista de la narrativa cinematográfica, la sociedad que surge de los procesos de transculturización y alienación que Hollywood fomenta entiende el pensamiento de izquierda como una sarta de disparates desquiciados que, desde esa óptica, no responderían de ninguna manera a formulaciones teóricas fundamentadas sino más bien a rasgos salvajes del ser humano en determinadas circunstancias de opresión o de inconformidad.

Para el ciudadano común de la sociedad capitalista el revolucionario es un vulgar desadaptado cargado de odios y rencores irracionales derivados de su condición de pobre, en la que por su propia ineptitud (y no por culpa de más nadie) estaría sumido desde los orígenes de los tiempos.

Su somera, y en la mayoría de los casos inexistente, lectura de la historia, empezando por la de la Revolución Francesa, le hacen ver todo proceso revolucionario como la anárquica destrucción del orden natural de la sociedad impulsada siempre, de acuerdo a esa necia percepción, por una banda de incompetentes sin formación ni capacidad alguna para el ejercicio de la gestión de gobierno.

En la cultura capitalista el éxito, expresado de cualquier manera, se asocia indefectiblemente al capital. Por eso en el cine solo los más acaudalados serán capaces de conducir los procesos que asegurarán el éxito en cualquier ámbito. En consecuencia; los pobres serán siempre los ineptos por antonomasia.

Woody Allen, erigido por décadas en sinónimo de “genialidad” por su audaz y persistente uso del sarcasmo contra las seudo ilustradas élites intelectuales norteamericanas (lo que le valió un sobredimensionado reconocimiento de la izquierda en el mundo entero), satiriza en su película “Bananas” (1971) esa capacidad para el ejercicio de autogobierno por parte del pueblo, a veces de manera simpática y a veces en forma definitivamente repugnante.

El nombre del film en sí mismo es una insolencia contra los países centroamericanos que durante siglos fueron saqueados por empresas como la United Fruit Company, corporación norteamericana que instauró el más pavoroso sistema de explotación de esas naciones, a las que precisamente por esa circunstancia se les llamaba “repúblicas bananeras”.

Abonando la imagen distorsionada del revolucionario en el imaginario norteamericano, Allen coloca a “Espósito”, líder de la rebelión popular que asalta el poder en la ficticia república de San Marcos (que sugiere a cualquier país suramericano), como un auténtico oligofrénico que, una vez llegado al poder luego de la huida por vía aérea del dictador depuesto, comienza a dictar órdenes y decretos insensatos que contrariaban las maravillosas promesas de justicia social con las que conquistó al pueblo durante la lucha guerrillera para alcanzar el poder.

“A partir de hoy el idioma oficial de San Marcos será el sueco –dice en su primera arenga pública el nuevo mandatario en la película- ¡Silencio! –grita para contener el sobresalto de la población ante el desaforado anuncio- Además de eso, todos los ciudadanos de San Marcos deberán cambiarse la ropa interior cada hora y media. Y para que podamos comprobarlo, deberán llevarla por fuera. Así mismo, todos los niños menores de dieciséis años… tienen ahora dieciséis años”.

Algo así como lo planteado por George Orwell en su fábula “Rebelión en la granja” (1945), en la que coloca a los revolucionarios de la novela como animales que se rebelan contra humanos, incurriendo en vicios y torpezas interminables que a la larga no solo no resuelven los problemas que se proponían resolver sino que los agudizan.

Con base en esa grotesca distorsión de los procesos revolucionarios a través de la historia (alimentada, por supuesto, por décadas de anticomunismo brutal promovido por el imperio norteamericano, así como por las deformaciones que la clase dominante burguesa le inocula al individuo a través del sistema educativo formal y de las estructuras de la educación informal) es como buena parte de la sociedad edifica su perspectiva contrarrevolucionaria, incluidos sectores tanto de derecha como de izquierda cuya percepción de tales procesos termina siendo más o menos la misma.

La Revolución Bolivariana no ha estado exenta de esa percepción por parte de quienes desde la izquierda le reclaman lo que supuestamente no habría avanzado en la construcción del modelo socialista y quienes desde la derecha le acusan de exactamente todo lo contrario. Para ambos lo que existe hoy en la Revolución Bolivariana es solo una caricatura al mejor estilo de “Bananas”.

Ulises Daal, parlamentario corredactor de las Leyes del Poder Popular, sostiene que ya en el inicio mismo de la Revolución Bolivariana se emprendió la estructuración del Estado Comunal en Venezuela. En su texto “¿Dónde está la Comuna en la Constitución bolivariana?” (Ediciones de la Asamblea Nacional / 2013), Daal afirma: “La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) es la primera en la historia del constitucionalismo que no fue dictada con el objeto de conservar o mantener las instituciones de la sociedad en la cual fue aprobada, como tampoco para establecer condición pétrea o inmutable de las instituciones que ella misma ordena crear. Ello es así porque al establecerse que el fin supremo de la CRBV es el de «refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural», hace de nuestra carta magna instrumento para el desarrollo de un proceso de transformación social en la dirección de alcanzar ese fin supremo”.

A lo largo de los últimos diecisiete años, la construcción de ese nuevo modelo de sociedad en el que, en la lógica del autor, la democracia no es un estado sino un proceso que conduce a la materialización de las formas de participación popular, se ha pasado de la etapa inicial de superación de la deuda social acumulada, a través de programas como el Plan Bolívar 2000 en un principio y las llamadas Misiones Sociales después, a la etapa de formulación de estructuras de distribución y aseguramiento de justicia social que comprenden la promulgación de Leyes del Poder Popular desde el año 2006 con la Ley Orgánica de los Consejos Comunales, a la que se suman en 2010 las Leyes Orgánicas del Poder Popular; de las Comunas; del Sistema Económico Comunal; del Consejo Federal de Gobierno; de Contraloría Social; de Planificación Pública y Popular; de la Jurisdicción Especial de la Justicia de Paz Comunal; y para la Gestión Comunitaria de Competencia, Servicios y Otras Atribuciones.

Apoyados en las estructuras comunitarias creadas por la Revolución, más de 44.000 Consejos Comunales creados por el pueblo desde 2006 en adelante, y más de 1.300 Comunas construidas hasta finales de 2015 (http://www.mpcomunas.gob.ve), ha sido posible paliar la embestida de la guerra económica desatada por la burguesía contra el pueblo, a través de instrumentos como los Claps, concebidos no como instancia para la entrega de alimentos a la población como parte de una “política populista”, como han querido hacerla ver quienes los critican, sino como mecanismo de activación del Poder Popular para el ejercicio de nuevas formas de autogobierno.

Por eso se ha podido avanzar hoy en la iniciativa emprendida por el Comandante Chávez en 2010, con la creación de la Misión de Justicia Socialista, “Para ir a conformar las casas de Paz, para ir a llevar los fiscales, los jueces y la seguridad armada a las comunidades de los Cuadrantes de Paz. Para ir a formar a los Consejos Comunales en una nueva visión de justicia, para ir a construir realmente la paz territorial”, tal como lo afirmara esta semana el presidente Nicolás Maduro en la instalación del Año Judicial 2017.

Para Chávez, el Socialismo Bolivariano del siglo XXI, no debe ser calco de ningún otro modelo existente o intentado en el pasado, no por hedonismo ideológico de ningún tipo sino porque la idea era avanzar hacia una nueva sociedad sin reproducir los errores del pasado.

Ello obliga a una transición ardua y compleja, que la crisis del precio del petróleo y la guerra económica desatada por la derecha contra el pueblo acentúan y hacen más pesada. Pero que en modo alguno significa que no se está trabajando.

Quizás, en forma autocrítica, habría que aceptar que probablemente no se ha comunicado al pueblo de manera efectiva la complejidad de un proceso tan exigente como el de la transformación que la Revolución Bolivariana comprende, ni la significación histórica y sustantiva de los alcances logrados en la construcción del Estado Comunal al que se aspira.

Una tarea comunicacional impostergable que en efecto pareciera estar cada vez más pendiente.

@SoyAranguibel

Inseguridad, periodismo y poder popular

Por: Alberto Aranguibel B.

Uno de los argumentos predilectos de la derecha contra quienes defendemos el esfuerzo del gobierno revolucionario por instaurar en el país un modelo de justicia y de igualdad que erradique de nuestra sociedad la exclusión y la miseria que genera el capitalismo, es la acusación de “fantasiosos” que se nos atribuye, quedándose siempre en el epíteto, el insulto y la descalificación, sin aportar jamás razonamiento alguno que contraríe de manera sustantiva nuestras consideraciones.

En lo personal, cada vez que aparezco en televisión exponiendo mi visión de la realidad nacional, soy objeto del más brutal ataque por parte de verdaderas hordas falangistas de tuiteros de la oposición, porque no me refiero al gobierno en el tono cuestionador que a los militantes de la oposición les agradaría sino que, muy por el contrario, en mi disertación procuro en todo momento ser lo más profuso que pueda en la fundamentación y constatabilidad lógica de cuanto sostengo.

Un ataque de naturaleza fascista que raya en la imbecilidad cuando pretende que si eres chavista no estás calificado para hacer un análisis político de ninguna naturaleza, y que no repara incluso en la insolencia contra el entrevistador, quienquiera que sea, al que por lo general le recriminan en la forma más desconsiderada el solo hecho de invitar a su programa a un revolucionario. La derecha asume que el medio de comunicación debe estar exclusivamente al servicio del capitalismo. Todo lo demás, dijera MacArthur, es un atentado contra la libertad y la democracia. Conceptos con los cuales, según esa derecha reaccionaria, no hay problema alguno en ser complaciente, sumiso y hasta arrastrado.

Amparado en la grotesca y arbitraria manipulación del concepto de “objetividad” que supuestamente rige al periodismo (y en general al medio de comunicación capitalista) la prensa neoliberal impone matrices en la sociedad de manera completamente antojadiza, sin respetar en lo más mínimo la naturaleza veraz de los acontecimientos. A esa matriz, urdida y orientada por el interés particular del poder hegemónico mediático al servicio del capitalismo, esas facciones de la derecha pretenden que todo analista se someta, acatándola a pie juntillas, so pena de terminar siendo víctima de la más cruel y destructiva descalificación.

Se busca así intimidar y someter al pensamiento revolucionario mediante la fuerza del poder mediático, para inhibir su capacidad argumentativa con la amenaza que representa la posibilidad de volcar sobre él el peso de una opinión pública que le desapruebe y le censure. Lo cual en muchos casos, lamentablemente, surte su efecto en forma de un mediocre y falso equilibrio o pose de supuesta autocrítica, que a la larga no es sino un abono muy oportuno para el discurso contrarrevolucionario.

El tema de la inseguridad, por ejemplo, es uno de esos que la manipulación mediática ha logrado convertir en tabú incluso para muchos de los más esclarecidos voceros del pensamiento revolucionario en los medios de comunicación, que por temor al repudio de la audiencia aceptan como única realidad el apocalíptico escenario impuesto por los medios de la derecha que habla del desbordamiento y la impunidad de la violencia como resultado de una supuesta indiferencia del gobierno frente a ese flagelo.

Un repaso aleatorio por los portales de los más importantes medios de comunicación, ofrece una visión completamente opuesta a la de la matriz por ellos mismos fomentada con su tratamiento sensacionalista y tergiversado de las estadísticas sobre decesos violentos en el país.

En la página web de Globovisión de un día cualquiera, aparecen en la sección de sucesos los siguientes titulares: “Policaracas capturó a secuestradores que se hacían pasar por funcionarios”; “Desmantelan banda de extorsionadores en el Zulia”; “3 detenidos y un fallecido dejó enfrentamiento con el Cicpc en Carabobo”; “Condenan a un hombre por violación a un menor de edad”; “Desarticulan banda de extorsionadores en Barinas”; “Alcalde de Río Chico sufrió accidente de tránsito en Higuerote”; “Localizan cadáver en el bulevar de Sabana Grande”; “Colisión deja 7 fallecidos en el eje vial de Barquisimeto”;” Detienen a catorce sujetos por delitos en el Recreo, Catia y en el centro de Caracas”; “15 personas detenidas tras siniestro de avioneta en el sur del lago”; “ Militares incautaron 53 envoltorios de marihuana en población de Anzoáteguí”; “MP condena a mujer vinculada al homicidio frustrado de su hija”; “MP supervisó la incineración de 640 kilos de droga”; “Acusan a 3 personas por traficar 105 panelas de droga en Amazonas”; “Privan de libertad a colombiano por múltiple asesinato en Portuguesa”; “Detienen a pareja venezolana que planeaba enviar muñecos con droga a EEUU”; “Privan de libertad a 2 sujetos por contrabando de combustible”; “Aprenden a alias “El Yefre” en Guatire”; “Policarabobo detuvo a 2 sujetos con armas de fuego artesanales”; “Privan de libertad a joven por muerte de su padre y dos hermanos en Caracas”; “Un fallecido y 2 detenidos tras secuestro frustrado en autopista Francisco Fajardo” (http://globovision.com/sucesos, viernes 03/02/2017).

El mismo día, en el portal de la emisora YVKE Mundial (http://www.radiomunidial.com.ve), emisora adscrita al sistema nacional de medios públicos, se lee: “Realizado despliegue en la Pastora con 393 funcionarios”; “180 efectivos militares resguardan a habitantes de Caricuao”; “280 efectivos de la GNB desplegados en la parroquia El Recreo”; “3 detenidos y un fallecido durante enfrentamiento con el Cicpc”, entre otros.

Sin que jamás haya sido negada por el gobierno (y mucho menos por los voceros o analistas que lo apoyamos) la fuerte presencia de la criminalidad y la violencia en las principales ciudades del país es una realidad inocultable. Pero convertirla en sinónimo de impunidad como pretende ese periodismo mercenario que convierte todo fallecimiento, ya sea producto de la violencia o por causas estrictamente naturales o accidentales, en una perversa estadística de holocausto, es otra cosa.

Existe impunidad no porque el hecho delictivo se produzca, sino cuando el mismo no sea investigado o resuelto policialmente por desinterés o dejadez de las autoridades. La acción punitiva debe producirse posterior al delito cometido, porque antes de cometerse no existe violación de la Ley. De ahí que lo máximo que pueden hacer las autoridades para prevenir los delitos sean acciones de carácter persuasivo, mediante la vigilancia policial fundamentalmente.

Pero en Venezuela la prensa de la derecha invisibiliza sistemáticamente tanto la acción persuasiva como la acción punitiva, es decir; la solución policial de los crímenes y la captura o exterminio de los delincuentes, que en el país tiene una de las tasas más altas del continente.

El portal La Patilla, de orientación abiertamente golpista, no reseña ni una sola nota de las anteriores referidas a la contundente acción del gobierno contra el hampa. Hasta entrada la medianoche del viernes solamente destacaba notas de líderes opositores acusando al gobierno con los infundios más disparatados y diversos. Tres notas en la sección principal eran declaraciones de un mismo vocero, Henrique Capriles, difamando al ciudadano Presidente de la República.

El Nacional, por su parte, extrañamente, colocaba en su parte más inferior una tímida nota que registraba el trabajo de la GNB por combatir el contrabando de combustible hacia Colombia. De resto todas las notas eran referidas a hipótesis contrarrevolucionarias tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

Se le vende a la sociedad con esa manipulación, una realidad distorsionada que en nada favorece la búsqueda de soluciones efectivas a ese grave problema que hoy ciertamente aqueja a la población. Su sobredimensionamiento y falseamiento arbitrario, en función de una parcialidad política y no del país, es el verdadero atentado contra la paz social que la mayoría reclama.

De ahí que una primera conclusión al respecto sea la que aborde el tema de la democratización del medio de comunicación para que en efecto responda a los intereses del pueblo y no de las élites burguesas que se benefician con los efectos perniciosos de una criminalidad en la que el más interesado es el mayor vendedor de armas del mundo, como lo es los Estados Unidos, que hoy inunda a toda Suramérica con su infernal mercancía bélica.

Solo el poder popular organizado, contando con el apoyo de sus cuerpos de seguridad y de medios verdaderamente ceñidos a la veracidad que ordena nuestra Constitución, podrá erradicar de nuestras calles una violencia que hoy pretende instaurarse en el país gracias al respaldo del que ella, la violencia, dispone por parte de la derecha, los medios privados de comunicación y el imperio norteamericano, cada uno de acuerdo a sus muy particulares y siniestros intereses.

@SoyAranguibel

Aranguibel: Solo la organización popular podrá vencer la guerra económica

Caracas, 30/06/2016.- El analista político, Alberto Aranguibel, afirmó este jueves que el protagonismo del pueblo a través de la organización popular es lo único que salvará a los venezolanos de que las amenazas del imperio se cumplan.

Durante su intervención en el programa La Patria Nueva, transmitido por Radio Nacional de Venezuela (RNV), Aranguibel destacó que uno de los elementos más importantes al enfrentar la guerra no convencional que vive el país, es la de no caer en la trampa de aupar procesos que generen desaliento sin necesidad y entender la urgencia de reunirse en torno al liderazgo revolucionario.

“Cuando la gente entienda que el votar por la oposición el 6 de diciembre es lo que agudizó las colas, cuando la gente entienda eso, recuperaremos la senda de la construcción del bienestar, el camino concreto en todos los ámbitos que se cumplía con Chávez”. afirmó el analista.

En opinión del entrevistado, el resultado de las elecciones parlamentarias ocurridas el 6 de diciembrede 2015, en que la derecha obtuvo la mayoría, impidió que la nación luchara en mejores condiciones  contra los ataques económicos, políticos y mediáticos que enfrentan los venezolanos y que solo buscan generar un estallido social que justifique la invasión extranjera.

“Hay una guerra que ellos (la derecha venezolana y Estados Unidos) han querido tratar de banalizar , haciendo creer que el gobierno está preso de una manía persecutoria, pero las pruebas están allí (…) Hay evidencias claras que hay una guerra, lo demuestra la incoherencia del llamado hipócrita al diálogo por parte del gobierno norteamericano, cuando son los que han aupado a la oposición en la guerra económica y su presidente (Obama) ha ratificado un decreto que amenaza a Venezuela para provocar la agudización de sus dificultades”.

Oiga aquí la entrevista completa:

Fuente: RNV

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Para ofrecer una más cómoda y funcional herramienta para visitar tanto las entradas de este blog como todos los materiales nuestros en la WEB (videos, entrevistas, fotografías, archivo de audio, así como la línea de nuestra cuenta twitter) ponemos a disposición de tod@s nuestr@s amables seguidor@s la aplicación SoyAranguibel, en sus versiones nativas y web, las cuales podrán ser descargadas a partir de hoy directamente en las tiendas App Store y Google play, para las plataformas IOS y Android respectivamente, así como desde la sección “Enlaces” en la columna derecha de este blog, tanto para las aplicaciones nativas como para la versión HTML5 (haciendo clik en el celular rojo rojito), que permite ser ejecutada desde el explorador bajo cualquier otra plataforma, incluso desde tablets y equipos desktops.

Mediante esta práctica aplicación l@s usuari@s podrán acceder directamente a la señal en vivo de YVKE Mundial para escuchar el programa Sin Tapujos, que conducimos por esa señal de lunes a viernes de 6:00 a 7:00 de la mañana, así como a toda la programación de la emisora durante las 24 horas del día, y conectarse con el canal Albarangui de YouTube, que contiene nuestros videos con programas, entrevistas y selecciones audiovisuales publicadas periódicamente en Soyaranguibel.com.

iPhone-AndroidAdemás de ello, la aplicación SoyAranguibel permite navegar la selección de fotos de Venezuela que a través de nuestros recorridos permanentes por el país vamos captando con nuestra cámara viajera y que nos complace tanto compartir con el mundo como modesto aporte a la mayor difusión de nuestros maravillosos e infinitos paisajes venezolanos.

Descarga desde aquí la versión de SoyAranguibel en forma completamente gratuita, de acuerdo al sistema operativo de tu celular:

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O desde acá si prefieres correr la aplicación desde el explorador de tu dispositivo o computadora:

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Desde ya les hacemos llegar nuestro más sincero y profundo agradecimiento por acompañarnos en esta fatigante pero muy satisfactoria labor comunicacional en función del proyecto revolucionario de Patria y soberanía que nos legara nuestro entrañable y eterno Comandante Chávez.

J.M. Rodríguez: Reurbanización en Altamira

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Por: J.M. Rodríguez

Acabo de leer un artículo del camarada Juan Veroes donde le pide al Presidente que deje aislada y sin asistencia esa zona “liberada” que crearon los guarimberos en la ciudad de Mérida, reduciéndola a zona de desastre. No creo que ese sea el camino, por el contrario, lo que se debe hacer es reurbanizarla, como hizo Pérez Jiménez con el El Silencio, convirtiéndola en un hermoso barrio obrero.

En ese mismo sentido pienso que es totalmente pertinente, desde el punto de vista urbano y social, que se proceda a expropiar el enorme terreno que, desde hace años, tiene engordando la CAF en la zona sur de la plaza Altamira. Allí se debería construir unos bloques residenciales para el pueblo llano, de baja altura sobre la Francisco de Miranda (que pueden ir creciendo a medida que se alejan de ese frente), de gran calidad arquitectónica y constructiva, que formen patios internos arbolados, con sótanos de estacionamientos y que desarrollen en sus plantas bajas actividades de pequeños comerciantes y de servicios a la comunidad.

Algunos dirán que semejante propuesta es una provocación, los que así piensan sólo pueden ser aquellos que creen que la segregación es un derecho, que la ciudad tiene que tener zonas de exclusión social, que los pobres no pueden vivir cerca de los ricos porque son chusmas. A esos que así piensan no hay que hacerles el menor caso, los pobres son ellos.

Tal acción conlleva, además, una moraleja: cada vez que la oposición golpista intente avanzar hay que derrotarlos, hacerlos retroceder y ocuparles los territorios que dominaban.

Sin Tapujos del 10 / 03 / 2014

Emisión del lunes 10 de marzo de 2014 del programa Sin Tapujos, que transmite Venezolana de Televisión a las 11:00 PM, bajo la conducción de Alberto Aranguibel, en la cual se analiza el origen disparatado de la estrategia golpista denominada “guarimba”, cuyo propósito no es otro que provocar ingobernabilidad mediante actos terroristas creyendo que la población respaldará la violencia que dicha estrategia desata, pero que los únicos a quienes afecta es principalmente a ellos mismos.

“Gotas de lluvia” canta Daniela Cabello

Dialogo de guerra

maduro pazPublicado en Últimas Noticias el 08 / 03 / 2014

Nadie en su sano juicio podrá aceptar jamás como casualidad que las acciones de terrorismo urbano desatadas por la oposición bajo el nombre de “guarimbas” aparezcan en el país justamente cuando el Presidente constitucional de la República convoca a todos los sectores de la sociedad para iniciar un plan de diálogo nacional.

La casi infinita diversidad de razones argumentadas por los manifestantes en contra del gobierno, llevan a concluir inevitablemente que en realidad las protestas que originan esas guarimbas no tienen ninguna justificación o razón de ser, como han querido presentar de diversas maneras los medios de comunicación privados del país y del mundo, como no sea la de acabar con el proceso de diálogo.

No es la falta de harina de maíz, ni la escasez de mantequilla o de papel tualé, lo que determina la furia desatada de unos grupos incendiarios contra su propia gente en las urbanizaciones de clase alta del país justamente en este momento. Esa escasez existe desde hace meses por obra y gracia de un sector empresarial que hace esfuerzos gigantescos por frenar a como de lugar el proyecto revolucionario, ante lo cual el gobierno ha demostrado claramente su disposición a defender sin ambages los intereses de la población.

El enemigo de la derecha es el Presidente de la República. Ellos han querido deslegitimarlo para sacarlo del poder desde el momento mismo de su indiscutible triunfo electoral el año pasado.

Un proceso de diálogo como el que el Primer Mandatario ha emprendido como parte la propuesta inclusiva de su gobierno, que desde un primer momento convocó a la lucha de todos los sectores contra la violencia y en función de la paz, atenta directamente contra quienes pretenden lograr la deslegitimación del gobierno para asaltar el poder e instaurar un gobierno de corte neoliberal que acabe con todo lo hecho por el proceso bolivariano, precisamente porque dicho diálogo comprende el reconocimiento de Nicolás Maduro como Presidente por parte de los representantes de las instituciones, gremios y demás sectores del país.

De ahí que la guerra declarada por la ultra derecha en pro de la ingobernabilidad no sea sino un evidente reconocimiento al innegable avance que va alcanzando la revolución en la medida en que Maduro va madurando.

 

Sin Tapujos del 04 / 03 / 2014

Programa de análisis político conducido (a partir de esta emisión) todos los martes a las 11:00 PM por Alberto Aranguibel B. a través de la señal de Venezolana de Televisión, hablando en esta oportunidad de la diferencia entre el carácter profundamente humanista y pacífico de la Revolución Bolivariana y la naturaleza irremediablemente violenta y antidemocrática de la oposición venezolana, no sólo hoy en día sino desde la fundación de la llamada “democracia representativa” que los partidos de la derecha instauraron en el país durante toda la última mitad del siglo XX.

Golinger: “Chávez: Un Gigante bajo la Luna” (a un año de su partida física)

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Por Eva Golinger

Un año ha pasado desde la desaparición física de nuestro amigo Hugo Chávez y aún es imposible aceptarlo. Su voz era un constante en la Venezuela revolucionaria, sus lecturas y enseñanzas una escuela en desarrollo permanente. Hombre humilde de alma noble, Chávez tenía la valentía de guerreros y el pulso de patria en su corazón. Desafiaba a los más poderosos e imponentes intereses, sin guindarse. Nunca le temblaba la mano, jamás se arrodillaba, estaba siempre firme con serenidad y convicción para enfrentar grandes amenazas. Su valor era inmenso, un soldado del pueblo, un guerrero de paz, un gigante de siglos. Conocerlo fue un privilegio, un tesoro sin precio.

Chávez impactó al mundo, dejando su huella en luchas y sueños por la justicia social desde el norte hasta el sur. Su legado es transcontinental, sin fronteras. “Chávez” se traduce a todos idiomas como el símbolo de la dignidad.

Tuve la fortuna de acompañarlo en varios de sus giras internacionales. Pude presenciar la multitudinaria recepción de apoyo y alegría que recibía en casi todos los continentes. Su mera presencia inspiraba a millones. El representaba los sueños de tantas luchas, tantos compromisos a la humanidad, y comprobó, contundentemente, que otro mundo sí era posible.

De todas partes del planeta, corría gente para verlo de cerca. Solo esperaban escuchar a sus palabras llenas de esperanza, sencillas y a la vez llenas de una íntima profundidad. Chávez respiraba amor, y aunque millones lo recibían con brazos abiertos, siempre habían peligrosas amenazas en su contra. Los más poderosos intereses le temían. Era impredecible, siempre un paso por delante. Washington lo llamaba un “sabio competidor”, y viniendo del gobierno estadounidense… Seguir leyendo “Golinger: “Chávez: Un Gigante bajo la Luna” (a un año de su partida física)”

Sin Tapujos del 19 / 02 / 2014

Programa de análisis político conducido todos los lunes a las 11:00 PM por Alberto Aranguibel B. a través de la señal de Venezolana de Televisión. Comentando en esta emisión la génesis ideológica de la violencia desatada por la burguesía en la Venezuela de hoy: