El todo por el todo

Por: Gipsy Gastello

Lo decía nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro desde el Palacio de Miraflores: “Venezuela es inderrotable”.

Sí, lo es.

Tal vez no lo veamos siempre desde su justa dimensión.

Angustia, sabemos que angustia ver cómo nuestras cadenas de automercados se han convertido en el centro del negocio de los bachaqueros y bachaqueras, ese último eslabón en la cadena de enemigos del pueblo venezolano.

Angustia, a mí también me angustia, saber que debo hacer cola desde la madrugada por mi número de cédula y llegar apenas cinco turnos después que todo se acaba.

Angustia, es verdad que angustia, ver en las paradas de autobuses, en las salidas de las estaciones de Metro, en plenos mercados populares, todos esos artículos de primera necesidad que nunca encontramos, con sus precios multiplicados por cien, o más.

Angustia, reconozcamos que angustia, mirar los precios con miedo, porque los aumentan a la semana, al día, según el antojo de ese mercado negro que intenta devorarlo todo.

Ahora pregunto, ¿vamos a dejar que más de quince años de Revolución Bolivariana se vayan por el caño porque ese cruel y sanguinario imperio decidió aplicarnos el mismo guión de siempre, el del bloqueo? ¿Vamos a cruzarnos de brazos mientras vemos cómo la derecha asesina pretende borrar del mapa el legado del Comandante Eterno Hugo Chávez, porque no les da la gana de seguir perdiendo por la vía electoral?

Sería absurdo doblegarnos a estas alturas del partido. Sería absurdo arrodillarnos justo ahora. Sería absurdo dejarnos re-colonizar cuando estamos a un paso de la independencia definitiva.

Tenemos dificultades, nadie lo está negando. Todos y todas las vivimos por igual, incluso quienes aplauden a la derecha maltrecha.

Pero tampoco podemos negar que nuestro Presidente Obrero y su equipo de Gobierno le están echando un camión de ganas, que están entregando su vida, por vencer de una vez por todas al imperio más poderoso de todos los tiempos.

Nadie dijo que sería fácil. Con el Comadante Eterno entre nosotros tampoco lo fue. Ya tenemos años de duro entrenamiento porque, recuerden, nuestra libertad significa menos ganancias en las cuentas bancarias de los grandes dueños del capital.

Lo que sí sería imperdonable es dejarnos convencer por la misma garra que intenta sin descanso acorralarnos. Dejarnos domesticar por sus oscuras intenciones y sus inhumanas prácticas cotidianas, sería perderlo todo.

No, no nos podemos dar ese lujo. Y así como nuestro hermano y camarada Nicolás Maduro está enfrentando con toda la valentía del planeta a los grandes canallas, nosotros y nosotras debemos cerrar filas junto a él. Es el tiempo del todo o nada, y no sé ustedes, pero es el todo por el todo lo que entregó nuestro amado gigante Hugo Chávez. Nunca olviden que entregó hasta su último latido por la Patria Bonita. ¿Quedarle mal a él? ¡Jamás!

Entonces, nunca olviden las palabras de nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro desde el Palacio de Miraflores: “Venezuela es inderrotable”. Llegó la hora de demostrar esa lealtad absoluta con la que tanto nos llenamos la boca.

@GipsyGastello

ggastello@gmail.com

 

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CNN: El liderazgo de Maduro

Venezuela's VP Maduro greets supporters during a rally in Caracas

Caracas 22 de junio de 2014.- En un breve reportaje para la cadena norteamericana de noticias CNN, la periodista venezolana Laura Castellanos consulta la opinión de los analistas Luis Vicente León y Alberto Aranguibel acerca de las afirmaciones del ex-ministro Jorge Giordani sobre el liderazgo del Presidente Nicolás Maduro.

Mientras León trata de presentar al Primer Mandatario como impopular al compararlo con el inmenso prestigio del Comandante Chávez, Aranguibel explica que ello se debe a que el sucesor del líder de la Revolución Bolivariana ha venido labrando un perfil propio, con su propio peso, en un lapso de tiempo definitivamente más breve de apenas un año de ejercicio en el poder enfrentado a una brutal guerra económica y política.

Fuente: CNN

Gobierno de calle

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Desde siempre el mayor reclamo del pueblo hacia sus gobernantes fue que aparecían muy cariñosos durante las campañas electorales para luego de las elecciones no volver a vérseles la cara ni en pintura, porque se pensaba que la sola presencia física del funcionario en la comunidad era demostración de su interés por ella.

Un reclamo inconducente, que expresaba la indolencia de un liderazgo político que solo procuraba el poder por el poder en sí mismo, y que en modo alguno se proponía la transformación de la sociedad para alcanzar la justicia que el pueblo pedía, sino la sola consagración del ritual electoral como instrumento de reafirmación democrática. El trabajo jamás fue el propósito de los recorridos casa por casa. Por eso el sector político era siempre el más repudiado por la gente.

El gobierno de calle emprendido por el presidente Maduro como parte fundamental de su propuesta al país, tiene en principio sobre sí la pesada responsabilidad de obligarse a superar esa limitante que representa para un revolucionario la incredulidad del pueblo hacia los sectores políticos.

Esa incredulidad, producto de la indiferencia y la incompetencia de los gobiernos neoliberales para resolver los problemas de la gente, es sin lugar a dudas un obstáculo. Pero a la vez una extraordinaria oportunidad para demostrar de manera perfectamente clara la diferencia entre un modelo excluyente, generador de hambre y miseria, como el capitalismo, y un modelo humanista, efectivamente constructor de participación y bienestar, como el socialismo bolivariano.

La forma como el Presidente ha estructurado hasta ahora esas jornadas de trabajo intensivo directamente en la comunidad, junto al pueblo, es verdaderamente auspiciosa precisamente porque profundiza el esquema creado por el Comandante Chávez de trascender el modelo populista del pasado para convertirlas en verdaderas sesiones de trabajo en equipo con el tren ministerial, que arrojan resultados tangibles en la toma de decisiones, asignación de recursos y supervisión de obras.

Falta ahora el trabajo ideológico permanente en cada comunidad para asegurar la perdurabilidad de ese gran logro en la conciencia del pueblo. Es el compromiso de la repolitización de la que habló siempre el presidente Chávez.