Tradición, fascismo y propiedad

Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando se revisa con detenimiento la historia del debate político en Venezuela a lo largo del último medio siglo, se comprende perfectamente que lo que sucede hoy de terrible en el país se debe más que ningún otro factor a la evolución de una poderosa corriente de pensamiento neofascista que ha venido trabajando de manera subrepticia y sistemática entre los sectores de alto poder adquisitivo desde hace al menos treinta y cinco años, ocupando los espacios que la debacle de los partidos tradicionales de la derecha fueron dejando vacantes a medida que estos, por su propia ineptitud para resolver los problemas de la gente, se fueron quedando sin respaldo popular.

Sin mayor esfuerzo es posible verificar que la lógica de ese pensamiento neofascista es mucho más constante y consistente en el accionar de la nueva derecha venezolana que en el comportamiento de los partidos tradicionales del viejo estatus quo puntofijista.

El partido socialcristiano COPEI, por ejemplo, fundado hace ya casi un siglo en el país, ha transitado impúdicamente de la corriente humanista cristiana propiamente dicha, a la centroderechista tendencia demócrata cristiana, pasando por diversidad de variaciones falangistas y “revolucionarias de derecha”, a lo largo de toda su historia. Lo cual explica en cierta medida la frecuente desbandada  de sus más relevantes figuras, empezando por el mismísimo Rafael Caldera, su fundador y líder fundamental, quien abandonó el partido por desacuerdos doctrinarios justo antes de lograr alcanzar su segunda presidencia en 1993 apoyado por su nuevo partido Convergencia.

Acción Democrática, organización surgida casi a la par del partido COPEI a mediados del siglo XX, es todavía mucho más emblemática como institución política sin sustento ni desarrollo ideológico coherente más allá del precario parafraseo betancuriano al que se habituó desde hace más de cinco décadas. El origen comunista de sus fundadores, y la evolución de estos hacia formas centro izquierdistas primero, y abiertamente pro imperialistas y ultra derechistas más adelante, determinó los altibajos de ese partido hasta su declinación casi total en las elecciones de 1998, cuando la llegada del Comandante Chávez a la escena política selló el derrumbamiento de la partidocracia adeco-copeyana.

Con la irrupción de un grupo de niños ricos que emergían a principios del siglo XXI de las filas social cristianas, y que se agrupaban en torno a las ideas del fanatismo religioso que presentaba la secta Tradición Familia y Propiedad, que por aquel entonces comenzó a reclutar a los hijos de la alta sociedad en Venezuela y en el resto de Latinoamérica para organizar la toma del poder en el Continente, se dio inicio en el país al fenómeno de la parapolitización de la política venezolana que encarnan el partido Primero Justicia y sus adláteres o derivaciones (Voluntad Popular, JAVU, etc.), cuya doctrina del anticomunismo religioso se ha acrecentado en forma incólume sin desviación o reforma alguna desde su nacimiento.

A diferencia de los vaivenes de falsa y muy electorera ideología de los viejos partidos, Primero Justicia y Voluntad Popular han sido coherentes en su propuesta retardataria. Su vocación racista y de naturaleza profundamente oligarca, insertada en su código genético por Tradición, Familia y Propiedad, no ha sido desmentida jamás por ninguno de sus más encumbrados líderes, quienes se han jactado siempre de promover cada vez con mayor odio y ensañamiento contra el pueblo, la intolerancia y la violencia como su única fórmula propositiva.

El libro “Revolución y contrarrevolución”, el texto sagrado para los fanáticos de esa secta, escrito por su fundador Plinio Correa de Oliveira, lo establece con claridad indiscutible.

“Fieles a la doctrina tradicional de los Papas, quienes, desde Pío IX, han proclamado ininterrumpidamente la incompatibilidad entre la doctrina católica, por un lado, y los sistemas ideológicos, como los regímenes comunista y socialista, del otro, las TFPs quieren que el comunismo y el socialismo sean rechazados por todos los hombres”.

Todo el accionar y el discurso de Primero Justicia y de sus líderes, adoctrinados desde su más pueril juventud en los principios de Tradición, Familia y Propiedad, como Leopoldo López y Henrique Capriles Radonsky, gira en torno a la misma reaccionaria filosofía del exterminio del contrario como solución a la diferencia política.

Dice Correa de Oliveira en su libro; “¿Son entonces las TFPs entidades meramente negativas? ¿No presentan un programa positivo, como complemento de su acción saludablemente polémica? Antes de nada, es necesario ponderar que calificar de exclusivamente destructor a todo grupo u organización que quiera polemizar, contestar y refutar al adversario doctrinal o político no deja de ser una simplificación inadmisible. Destruir, por ejemplo, microbios, serpientes venenosas o insectos transmisores de enfermedades que infestan cierta zona, no es destruir, sino construir. En matemáticas, menos por menos da más.”

Como si fuera poco el desparpajo y el cinismo de una filosofía abyecta que basa su razón de ser en el goce por el exterminio del prójimo, la secta de la cual surgen a la vida pública los dirigentes fundamentales de Primero Justicia desarrolla su intencionalidad criminal y fascista como toda una pretendida filosofía. “Hay circunstancias que exigen para la salus populi una suspensión provisional de los derechos individuales y el ejercicio más amplio del Poder Público. La dictadura puede, por tanto, ser legítima en ciertos casos. Una dictadura contrarrevolucionaria y, pues, enteramente guiada por el deseo del Orden, debe presentar tres requisitos esenciales: Debe suspender los derechos, no para subvertir el Orden, sino para protegerlo. Y por orden no entendemos solamente la tranquilidad material, sino la disposición de las cosas según su fin, y de acuerdo con la respectiva escala de valores. Hay, pues, una suspensión de derechos más aparente que real, el sacrificio de las garantías jurídicas de que abusaban los malos elementos en detrimento del propio orden del bien común, sacrificio éste orientado a la protección de los verdaderos derechos de los buenos. El fin primordial de la dictadura legítima debe ser, hoy en día, la Contrarrevolución.”

Todo, absolutamente todo el horror del cual es víctima hoy el país producto de la irracionalidad y la intolerancia de un sector que se niega a reconocer el derecho de un pueblo a darse el gobierno de su preferencia, mediante el mecanismo civilizado del voto universal, directo y secreto, está determinado por la lógica de esa perversa filosofía fascista que la derecha pretende imponerle a Venezuela.

Para ellos, para quienes se han mantenido ceñidos a su pensamiento original como ningún otro partido de la derecha, el “contrarrevolucionario” tiene un deber inquebrantable que cumplir para sentirse realizado como miembro pleno de esa secta que se trazó el logro del poder en Venezuela como meta final de su lucha en el terreno político que le ha usurpado a la democracia.

Según su Dios (como en efecto lo asumen en Tradición, Familia y Propiedad), Plinio Correa de Oliveira, “el contrarrevolucionario es quien: Conoce la Revolución, el Orden y la Contrarrevolución en su espíritu, sus doctrinas y sus métodos respectivos. Ama la Contrarrevolución y el Orden cristiano, odia la Revolución y el “anti-orden”. Hace de ese amor y de ese odio el eje en torno al cual gravitan todos sus ideales, preferencias y actividades.”

Existe, como en efecto se constata en ese texto, una explicación incontrovertible al invariable carácter incendiario y asesino de ese sector de la derecha que logró desplazar a los partidos de mayor peso y trascendencia histórica de la partidocracia cuartorepublicana, precisamente por su obsesión en el odio y en la intolerancia racial, social y política, como único eje doctrinario a seguir.

El venezolano debe apelar hoy a la más sólida fibra de su madurez intelectual como venezolano que milita en la verdadera causa de la libertad y la redención del ser humano, como es la del socialismo bolivariano que nos legó el Comandante Chávez y que el presidente Maduro reimpulsa con su llamado a Asamblea Nacional Constituyente, para impedir que la vorágine del fascismo nos retorne al oscuro escenario de esclavitud y muerte que encarnan Voluntad Popular y Primero Justicia.

En las manos de ese pueblo libertador al que Chávez le entregó su vida está hoy el destino de la Patria. Perderla no es una opción. Sería el fracaso más inexcusable para la humanidad misma.

@SoyAranguibel

¿Qué significa “Chúo”?

– Publicado en noticiasbarquisimeto.com el 23 / 09 / 2014 –

chuoPor: Alberto Aranguibel B.

Cuando a mediados de los años noventa el partido social cristiano COPEI decidió nombrar presidenta a la inefable periodista Rosana Ordóñez, todo el mundo supo que hasta ahí llegaba la legendaria organización creada medio siglo antes por Rafael Caldera con la intención de usarla como palanca para alcanzar en algún momento la presidencia de la República, tal como lo hizo en 1968.

La señora venía de ser la más pintoresca fablistana del país por aquellos años del último cuarto del siglo XX, fundamentalmente por lo caída de la mata que solía ser cuando ejercía como entrevistadora, inundando siempre con preguntas idiotas cualquier rueda de prensa o programa de opinión por muy simple que fuera el tema que se abordara. Durante su tiempo de estudiante, en la Universidad Central de Venezuela, era común el grito “¡Otra rosanada más!” cada vez que la ingenua levantaba la mano para preguntar algo en clase.

Tan cierta fue la apreciación de la gente con aquel estrambótico y deschavetado nombramiento, que COPEI nunca más volvió a levantar cabeza y su espacio vacío y lastimoso, terminó siendo llenado por la pléyade de recogelatas políticos que desde entonces constituyen su menguada y siempre languideciente dirigencia.

En AD la cosa no fue distinta. Desde que Carlos Andrés salió corriendo apenas le abrieron las puertas de La Ahumada, donde estuvo recluido por los juicios que se le seguían por corrupto, a gastar su dinero en un ambiente menos adverso a su plan de pacífico retiro mayamero, nunca más se vio en ese partido aquel esplendor combativo que le caracterizó desde su nacimiento, allá por los mediados de los años treinta del mismo siglo pasado, ni la vitalidad que le imprimió Rómulo con su jerga grandilocuente que heredaron después sin ninguna fortuna ni gloria todos los demás dirigentes que por tales cargos fueron desfilando.

Se dice que es tan dolorosa la precaria condición de orfandad que se respira en la sede de la tolda blanca, que muchos están convencidos de que los que acuden hoy en día a sus aniversarios lo hacen más como si fuera el cumpleaños de Ramos Allup que el del partido. Han llegado a decir algunos, que cuando se muera Henry y lo saquen para el entierro, el último que salga cerrará y botará la llave sin ni siquiera mirar para dónde cae.

Primero Justicia anda en su rocambolesco plan golpista, en que el todos, desde Capriles hasta Julio Borges y Tomás Guanipa, parecen el espía Salazar, que el único que cree que nadie lo ha descubierto es él mismo. María Corina y Leopoldo, del puro afán terrorista, ya ni partidos tienen porque todos van a dar con sus huesos en la cárcel. En la Causa R, ni se diga. Y en alianza Bravo Pueblo, no hay ni quien recoja la basura.

De modo que nombrarle un Secretario Ejecutivo a ese desastre que es la MUD, en la que se unen a la perfección solamente la nada con el olvido, no puede ser sino una medida de extremaunción. Más o menos como hizo COPEI cuando nombró a Rosana Ordóñez. O cuando AD decidió entregarle para siempre la Secretaría General a Henry Ramos Allup, convencidos como seguramente están en el CEN de que ahí no hay más nada que buscar.

Después de tanto vociferar su anticomunismo visceral por las pantallas televisivas de la ultraderecha, el tránsfuga saltamontes en que ha devenido el antiguo “camarada Chúo” terminará siendo recordado, cuando mucho, como “El viejo enterrador de la comarca”.

 

@SoyAranguibel

La campaña del terror

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Por: Alberto Aranguibel B. / noticiasbarquisimeto.com 27 de agosto de 2014

Uno de los rasgos que mejor define al liderazgo opositor (o a lo que pueda quedar de él por ahí), es sin lugar a dudas la desvergüenza con la que asumen su papel en el debate político venezolano, bajo la inmoral premisa de tirar la piedra y esconder la mano.

El yo-no-fui-ismo, común a la cúpula antichavista como norma recurrente de conducta, es ya proverbial en un sector habituado a la condescendencia revolucionaria a la que obligan la naturaleza tolerante del proyecto bolivariano y el carácter humanista del modelo de igualdad y justicia social que el Comandante Chávez promovió en el país desde el primer momento de su aparición en la escena política venezolana a finales del siglo XX.

Un aspecto diferenciador como pocos entre la infinidad de rasgos que distancian de manera diametralmente opuesta al liderazgo opositor con la forma en que se asume la conducción política en las filas revolucionarias es sin lugar a dudas el sentido de la responsabilidad. Ese mismo sentido que determinó desde un primer momento el inusual e indetenible crecimiento del liderazgo político del Comandante y que lo convirtió no solo en Venezuela sino en el mundo entero en una referencia de rectitud y lealtad a los principios que le inspiraron y que perfiló en todo momento su actuación como luchador consecuente con su palabra y con su comportamiento público.

Algo verdaderamente difícil de encontrar en el liderazgo opositor, que pareciera jactarse de su conducta evasiva y contradictoria sobre los asuntos por los cuales le corresponde responderle a ese sector de la sociedad que, en pleno ejercicio de sus derechos constitucionales, decide no militar en la causa revolucionaria y prefiere intentar abrirle cause a su visión del país desde una posición neoliberal o de derecha. Llega a ser tan persistente la conducta ambigua y evasiva del liderazgo opositor frente a los temas de interés nacional, que queda perfectamente claro que, más que deficiencia o muestra de mediocridad en la capacidad política de la MUD, de lo que se trata en el fondo es de una expresión de perversa maquinación para utilizar al pueblo de la manera más inmisericorde, usando siempre la necesidad, el hambre y el dolor de la gente para alcanzar el poder y colocarlo de nuevo al servicio precisamente de los intereses de quienes generaron en el pasado esa miseria, esa hambre y ese dolor que hoy con tanto esfuerzo supera el país gracias a la revolución.

De ahí la inmoralidad de ese siniestro personaje en que se ha convertido el dirigente de Primero Justicia, Henrique Capriles, derrotado como candidato y como jefe de campaña de toda la oposición en los cuatro procesos electorales más importantes de nuestra historia reciente, en los que en apenas un año y medio fue derrotado en dos procesos electorales para elegir Presidente de la República, uno para elegir Gobernadores y otro para escoger Alcaldes y Concejales, quien se ha dedicado ahora a recorrer de manera extemporánea el país en una absurda campaña electoral para tratar de sumar adeptos a una causa que no pareciera ser ninguna otra que la del terrorismo guarimbero.

No hay en este momento declarado periodo alguno de campaña, simplemente porque las elecciones que manda nuestra Constitución ya se realizaron (muy a pesar de quienes desde las filas opositoras coquetean con el golpismo) y porque la gente quiere que así como se respetan en el mundo entero los periodos electorales, también deben respetarse los no electorales para que el país pueda seguir su curso normal de trabajo en la construcción de su porvenir. Como en toda democracia avanzada en el mundo, Venezuela tiene derecho a disfrutar en paz de sus periodos no electorales; no todo es campaña electoral y elecciones, como quiere hacernos creer esa obtusa e inepta dirigencia opositora.

Por eso, la única explicación de la campaña de Capriles por el país, justamente en momentos en que el Gobierno del Presidente Nicolás Maduro está enfrentando con tenacidad, coraje y mucha eficiencia, la crisis y las expresiones de terrorismo a los que nos ha querido llevar esa misma derecha irresponsable que el fracasado dirigente opositor representa, es que su propósito es el de alentar la conspiración fascista que se esconde tras la fachada de la supuesta lucha social que esos sectores dicen encarnar.

Obviamente para esa tozuda oposición la desestabilización es una oportunidad sin importarle para nada el padecimiento y el dolor por las muertes que por lo general sus acciones terroristas generan, ni mucho menos el daño en términos de pérdidas cuantiosas de recursos que le ocasionan al país con su terco empeño en torcer antojadizamente la voluntad popular.

Que quede claro; si Capriles, en vez de atender sus obligaciones como Gobernador, está recorriendo el país fuera de periodo alguno de campaña, proclamando al mundo su infamante y provocador discurso incendiario contra el Gobierno legítimamente electo, además de darle argumentos alentadores al terrorismo para reincidir en la violencia, está incurriendo inequívocamente en instigación al delito y a la rebelión. Delitos ambos contemplados en la Constitución, de los cuales seguramente dirá luego, como siempre, “yo-no-fui”.

 

@SoyAranguibel