La mentira que por fin ha muerto

“La propaganda puede ser aprendida. Debe ser conducida solo por un fino y seguro instinto para percibir los sentimientos siempre cambiantes de la gente”

Joseph Goebbels

Por: Alberto Aranguibel B.

La máxima según la cual “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad” ha trascendido a lo largo de más de 60 años como la viva imagen del cinismo propagandístico que puede llegar a ser ejercido desde las esferas políticas, pero a la vez como una de las más ingeniosas y eficientes fórmulas para la construcción de marcas, conviviendo, por cierto, estas dos acepciones filosóficas en un mismo limbo ético que a nadie llegó jamás a perturbar, atribuida generalmente a quien se considera el padre de la propaganda moderna.

Lo cierto es que Goebbels jamás dijo nada semejante. El origen de la equívoca leyenda se encuentra en un artículo del alto dirigente nazi, publicado el 5 de octubre de 1941 en el periódico Das Reich, en el cual Goebbels sentía un particular orgullo de editorializar semanalmente desde 1940 para promover el ideario nacionalsocialista y responder desde ahí a los embates propagandísticos de los enemigos de la Alemania nazi.

En ese texto, Goebbels, cuya filosofía como profesional de la comunicación era la inconveniencia de “la mentira” como instrumento de convencimiento, se expresaba de las campañas de propaganda que Inglaterra y Rusia orquestaban contra Alemania, de la siguiente manera: “la propaganda inglesa y bolchevique pensó que le había llegado su hora. […] siempre hicieron predicciones falsas. Todavía tienen las agallas de mostrarse ante el mundo como puros e incorruptibles fanáticos de la verdad que se presentan como son, mientras alegan que nosotros abolimos la libertad de expresión, envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad” (La materia de la peste, Das Reich, 5 de octubre de 1941).

LA VERDAD VERDADERA

Tal como lo expuso en varias oportunidades, la mentira no debía ser la base de la propaganda política, simplemente porque la gente tiene siempre una muy superior capacidad para reconocer la verdad a través de los hechos. Ya en su discurso anual ante el congreso nazi en 1934, en Nuremberg, decía lo siguiente: “La buena propaganda no necesita mentir, en efecto puede no mentir. No tiene ninguna razón para temer a la verdad. Es un error creer que la gente no puede asimilar la verdad. Lo puede. Es sólo cuestión de presentar la verdad a la gente de manera que pueda entenderla. […] no es sólo cuestión de hacer las cosas correctamente, la gente debe entender que lo correcto es lo correcto” (Der Konfress zur Nürenber, 1934, Munich: Zentralverlag der NSDAP, Frz. Eher Nachf, 1934, pp. 130-41).

En esa misma pieza oratoria de 1934, sostenía claramente que “la propaganda puede ser en favor o en contra. Pero en ningún caso tiene que ser negativa. […] nos hemos auxiliado creando cosas reales, no ilusiones“.

A partir del mito, achacado sistemáticamente por la propaganda occidental a Goebbels con el objeto de detractarlo y disminuir así los alcances que, independientemente de sus convicciones políticas, haya podido tener como estratega de las comunicaciones (fundamentalmente por aquello de que la historia la escriben los vencedores para justificar los horrores de la guerra, atribuyéndole al vencido el carácter de responsable de todos los males que ellas ocasionan a la humanidad), se impuso la creencia generalizada entre los improvisados creadores de mensajes políticos y publicitarios en general, según la cual el uso de la mentira como instrumento excepcional para la modificación de conducta y creación de percepciones en el individuo permitiría siempre obtener el favor de las masas.

Nada más falso desde un punto de vista histórico y científico.

En realidad lo que se conoce como “las leyes de la propaganda” atribuidas al renombrado dirigente nazi, no es sino el resumen que de manera arbitraria elabora el profesor emérito de la Universidad de Yale, Leonard W. Doob, a partir de lo que él mismo señala en su libro “Principios de la Propaganda de Goebbels“, publicado en 1950 por la Universidad de Oxford en cooperación con el Instituto Americano para la Investigación de la Opinión Pública, en plena efervescencia de la Guerra Fría, que “se basa en una lectura cuidadosa de documentos escritos y no escritos por Goebbels, que reposan en la librería del Instituto Hoover para el Estudio de la Guerra, la Paz y la Revolución, de la Universidad de Stanford” que “no necesariamente son una relación exacta y verdadera de su personalidad, ni como persona ni como propagandista“. (Goebbels’ Principles of Propaganda, Doob, The Public Opinion Quarterly, Vol. 14, No. 3, (Autumn, 1950), pp. 419-442)

Leonard W. DoobLeonard W. Doob

La “objetividad” de Doob para la apreciación de las ideas de Goebbels queda completamente en entredicho cuando se sabe que el mismo se desempeñó durante la Segunda Guerra mundial como encargado de la OWI (United States Office of War Information) en Europa, una oficina creada por los Estados Unidos para el trabajo de contrainformación y propaganda cuyo propósito fundamental era precisamente el de operar como una máquina para la producción de materiales que aparentaran ser propaganda nazi para ser distribuidos en Alemania y en el resto de Europa durante todo aquel período. Un verdadero trabajo de guerra sucia llevado a cabo bajo la denominada modalidad de “ataque de bandera falsa” en la cual Doob se convirtió en todo un experto.

propaganda gringa en alemaniaPropaganda usada por los EEUU en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial – Leyenda: “Una nación, un gobierno, un líder, un canal de noticias… FOX News, el canal oficial de las noticias de la Patria” –

En síntesis, tanto el libro de Doob como la obvia subjetividad con la que debe haberse realizado la investigación en la cual se fundamenta, demuestran que el tan difundido manual de propaganda (más parecido a un panfleto anti-nazi que a ninguna otra cosa) jamás fue escrito por Goebbels, quien, como hombre sólidamente formado, como intelectual y como profesional, es evidente que jamás habría llegado a afirmar la sarta de barbaridades que en ese apócrifo documento se le atribuyen. Fue gracias a la libre interpretación del entonces agente de propaganda norteamericano que la frase del editorial “La materia de la peste” escrito por Goebbels en 1941 ( “… envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad”) pasó a ser la infame pero muy conveniente sentencia para los intereses políticos de los EEUU “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad“.

De hecho, Edward Bernays, verdadero inspirador de buena parte del trabajo de Doob en Europa, recogía en su famoso libro “Propaganda” publicado en 1928, mucho antes del ascenso del nacionalsocialismo alemán al poder, su visión de lo que él mismo había practicado desde 1917 en el uso de la propaganda como herramienta para la manipulación de las masas, en su condición de asesor de imagen del Presidente Wilson de los EEUU durante la primera Guerra Mundial, de la siguiente manera: “Fue, por supuesto, el éxito sin precedentes de la propaganda durante la guerra lo que les abrió los ojos  a los más perspicaces en los diferentes campos acerca de las posibilidades de disciplinar a la opinión pública […] La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo  de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar.” (Propaganda / L. W. Doob / 1928)

De lo cual se desprende sin lugar a dudas que no fue Goebbels en modo alguno el creador de los modelos de manipulación de los cuales es acusado por la propaganda occidental.

Pero mucho más allá de todo eso, está la intensa actividad llevada a cabo por el magnate de la prensa norteamericana William Randolph Hearst como asesor de Adolph Hitler desde antes de  la Segunda Guerra Mundial, en la manipulación de las noticias que llegaban tanto a Alemania como a Norteamérica desde Rusia para tratar de contener la expansión del comunismo en Europa, en lo cual Hearst aplicó a la más perfecta cabalidad todas y cada de las técnicas de guerra sucia que describe el manual que Leonard Doob redacta y le atribuye maliciosamente a Goebbels veinte años después.hearst_1hearst_2
–  Para atacar a Rusia, Hearst, padre del “amarillismo”, falseó en sus periódicos la realidad usando textos y fotos de sucesos que no se correspondían con lo que se decía en la noticia –

La suerte (buena o mala, según se aprecie de un ángulo o de otro) de Goebbels fue que su desempeño como Ministro de Propaganda coincidió con el surgimiento de un fenómeno nunca antes visto en la historia de la humanidad, como lo fue el nacimiento casi simultáneo de los grandes medios de comunicación que hoy la sociedad conoce, como el cine, la radio y la televisión, los cuales utilizó inteligentemente, tal como lo hacen hoy de manera intensiva todos los gobiernos del mundo con Internet y las llamadas Redes Sociales. Ese lógico aprovechamiento de la comunicación de masas al que se abocara el Ministro nazi, generó el desprecio de las potencias que desde entonces se vieron amenazadas con el inmenso poder de convencimiento que Goebbels podía tener usando los medios para decir la verdad de las ambiciones imperialistas y de dominación que esas potencias escondían tras su fachada de “libertadores” del mundo. Hoy esa verdad es completamente innegable.

LA VERDAD DE LA MENTIRA

Si bien es cierto que la discusión sobre la eficiencia o no de la mentira como herramienta comunicacional no puede aceptarse como resuelta, ni mucho menos el que haya habido por lo menos un mínimo freno en la persistencia de su uso indiscriminado tanto en la propaganda como en la publicidad, si lo es, definitivamente, el hecho irrefutable de la eficiencia de la verdad, entendida como “afirmaciones apoyadas en realidades constatables”, en el logro de credibilidad por parte del público.

Por eso la publicidad comercial suele apelar al uso de “pruebas científicas” para respaldar la calidad de los productos que se anuncian, o de infinidad de componentes pseudo químicos que garantizarían dicha calidad, como las supuestas “partículas de dimeticona que rechazan la caspa” del champú Head & Shoulder, de la empresa P&G, o la “brillolina” de sus ceras para pisos.

1956 Colgate Dental Cream
En 1956 Colgate anunciaba el inexistente componente GARDOL para proteger la dentadura

Pero, determinar cuál es la “verdad verdadera” en la formulación de la propuesta comunicacional, suele llevar a un espacio impreciso en el cual la ética es siempre un dilema difícil de resolver.

En el campo político, la solución del dilema ético en el uso de la mentira suele estar referida a si se cumplen o no las promesas que se hagan a los electores, en lo cual el nivel de formación o cultura del ciudadano será siempre determinante para establecer si se le informó correctamente sobre algo o, por lo menos, si hubo o no buena fe en la promesa.

Por eso para los sectores derechistas de la política, la educación masiva es un peligroso factor de perturbación. En el campo de la propaganda comercial, es decir, de la publicidad, la mentira, o la falta de “constatabilidad” de la promesa, es indefectiblemente pagada con el desprestigio de la marca y, por consiguiente, con la indisposición o rechazo a la recompra del producto anunciado.

Una cosa es proponer en un comercial publicitario “que el champú tal elimina la caspa porque está formulado con los más avanzados componentes químicos para el tratamiento del cabello“, por ejemplo, y otra muy distinta es ofrecer que “va usted a hacerse millonario o a cautivar a todas las damas hermosas que se le presenten en su camino si usa ese champú“. Para la publicidad sería muy fácil hacerlo, pero no lo hace (o por lo menos no con ese grado de descaro e irresponsabilidad), porque el interés no es vender su producto una sola vez sino siempre. Y si el consumidor se siente engañado en un primer momento, la segunda compra jamás se produce. El nivel ético que aparentemente se percibe en la publicidad no es otra cosa que el terror a caer en una guerra de medias verdades y mentiras nada veladas entre marcas y productos, en la que, de producirse, ni siquiera triunfaría quien tuviese mayor cantidad de exposición en los medios, valga decir, mayor cantidad de dinero, porque ante una vorágine de descréditos y acusaciones mutuas entre marcas y productos, el desprestigio, más allá de la inevitable afectación a todos ellos en su conjunto, sería inexorable incluso para los medios de comunicación en sí mismos, generándose así una verdadera hecatombe en la industria publicitaria… la base de sustentación actual del capitalismo.

Por eso cualquier gerente de marca debe saber que hasta el más insignificante detergente debe basar sus aspiraciones de vida, en la veracidad o “verificabilidad” de su promesa. Su justificación deberá ser siempre el resultado de complejísimos procesos de análisis de mercados y estudios de gustos y preferencias del consumidor, porque es la única fórmula segura que la empresa privada ha encontrado conveniente, después de décadas de investigación y de incontables recursos invertidos, para sobrevivir al acoso de su propia competencia.

EL FRACASO DE LA MENTIRA

En Venezuela el fracaso de la oposición al gobierno del presidente Hugo Chávez, y ahora al gobierno del Presidente Nicolás Maduro, apoyada como nunca antes se había visto en el gran poder de los medios de comunicación, es un ejemplo más que fehaciente de cómo la mentira no es el camino correcto para convencer a la audiencia, en este caso, al elector. La oposición no presenta una propuesta alternativa desde el punto de vista político o ideológico, sino que centra su discurso en una permanente guerra de infamias y descalificaciones infundadas, dirigidas a crear escepticismo o pérdida de credibilidad en el chavismo. Apoyar el mensaje de una propuesta política en la afirmación antojadiza de verdades inexistentes referidas al gobierno al cual esa propuesta se opone, atenta contra los principios elementales de la buena propaganda.

Pero más allá de eso, es que un proceso basado en tan errada estrategia indefectiblemente se revierte porque, como lo afirmaba Goebbels en 1934 y tal como ha quedado demostrado a través del desarrollo de la publicidad, la gente tiende siempre a constatar la veracidad de cuanto se le vende como cierto. Sostener, por ejemplo, que un país en el que se han producido en un mismo periodo más elecciones que ninguna otra nación del planeta, donde la libertad de expresión es tan amplia que los más importantes medios de comunicación, en manos de los sectores contra revolucionarios y ultra derechistas del país, se encuentran al frente de las acciones que promueven abiertamente el asalto al poder por la vía del golpe de Estado, sería una “dictadura” regentada por un tirano, es un verdadero exabrupto.

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Opositora venezolana protesta por la supuesta “crisis económica” montada en su vehículo de lujo último modelo

Afirmar que existe un régimen totalitario en un país en el que se acusa al gobierno de represor a través de todos medios radioeléctricos impresos disponibles y con el mayor despliegue de espacios de información y de opinión, sin que se produzca por ello represión alguna, es definitivamente una insensatez que tarde o temprano hará derrumbar la credibilidad de quien acuse sobre tan insustanciales bases, porque ello, además de improductivo desde el punto de vista comunicacional, evidencia un profundo irrespeto y una clara ofensa a la inteligencia del espectador promedio. Tal como le ha sucedido a la oposición venezolana.

Obviamente utilizaron a los más improvisados e ineptos asesores de imagen en la formulación de su estrategia. Pensaron que en la descomunal profusión del fácil mensaje que puede construirse con base en mentiras bien estudiadas, habría un éxito que jamás estuvieron ni cerca de obtener. Pero insistieron en ello.

Pretendieron acuñar de manera terca y recurrente la idea descabellada según la cual mientras más posibilidades tenían de expresarse con la más entera libertad, mayor radicalización habría de la supuesta dictadura que con mentiras denunciaban, ilusionándose ingenuamente con lo que ellos creyeron siempre era cada vez un mayor acercamiento a la caída del régimen, cuando en realidad, los resultados electorales, las encuestas y el pueblo chavista en la calle demostraban inequívocamente todo lo contrario.

Nadie en la oposición ha sabido responder hasta hoy por qué, constituyendo ellos el sector con mayor exposición en los medios de comunicación antes y después del triunfo de Chávez, fueron los protagonistas de tan desastrosa caída en el favor de la opinión pública en las elecciones de 1998 como en todas las sucesivas. Cualquier gerente versado de marcas habría visto en eso los severos efectos de una muy torpe y errada estrategia comunicacional, cuya constante fue siempre el uso indiscriminado de “la mentira” como instrumento de aproximación al elector. Entonces ¿por qué  habría de resultar hoy una estrategia comunicacional fundamentada en los mismos irresponsables parámetros de entonces?

La respuesta a esto está en el fenómeno que fue Chávez desde el punto de vista de su mantenimiento en los más altos niveles de popularidad a lo largo de toda su vida pública, según la medición no solo de los resultados electorales de más de 15 elecciones en las que resultó triunfante, sino de todas las encuestas de opinión durante casi 13 años; Debatió ideas y no mentiras, aferrándose siempre a la verdad.

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-Hugo Rafael Chávez Frías, El Comandante Eterno –

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Publicado inicialmente en la Revista Question/Abril de 2003 y revisado por el autor en abril de 2014.

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70 años de una gran mentira

– Publicado en Últimas Noticias el 09 de mayo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

Hollywood, la más poderosa máquina de propaganda concebida por el ser humano en toda su historia, ha producido miles de películas en los últimos setenta años en cuya trama se le ofrece al espectador una muy estudiada versión del triunfo de la segunda guerra mundial en la cual los Estados Unidos resulta vencedor de aquella gran conflagración.

Producciones, como “La vida es Bella”, “El día más largo”, “Rescatando al soldado Ryan”, “Patton”, o hasta el mismísimo “Capitán América” en todas sus versiones, han hecho alarde de manipulación de la historia a través del tiempo colocando siempre como la imagen del triunfo (y con ello como el fin de la guerra) la entrada del ejército norteamericano en las ciudades liberadas bajo una gran ovación de la gente.

De ahí que resulte lógico que una reciente investigación llevada a cabo en Europa, haya arrojado que la mayoría de los jóvenes del viejo continente, en correspondencia con ese discurso cinematográfico, aseguren que quien acabó con el poderío nazi fue el ejército norteamericano.

Por eso la importancia de los eventos de conmemoración del septuagésimo aniversario de la Victoria Patriótica que se llevan a cabo hoy en Rusia, a los cuales asiste el primer mandatario venezolano Nicolás Maduro. Rescatar la verdad histórica es un compromiso impostergable para los revolucionarios de este tiempo, no solo por la justicia que se hace con los más de veinte millones de soviéticos que dejaron su vida en aquella contienda para salvar a la humanidad, sino porque es una obligación dejar al descubierto que es bajo esa misma manipulación mediática con la que ha engañado desde siempre para tratar de robarse un triunfo que no le corresponde ni le correspondió jamás, que el imperio norteamericano pretende imponer hoy su perverso modelo de democracia tutelada.

Si algo debe ser importante para los pueblos que luchan por su verdadera independencia, no solo en Latinoamérica sino en el mundo entero, es la conquista de esa poderosa herramienta del conocimiento que son los medios de comunicación para ponerlos al servicio de la verdad, la justicia y la igualdad social.

Un buen paso es el que da Rusia en la reivindicación de su extraordinaria victoria sobre el fascismo. Algo que nuestros pueblos todavía tienen pendiente. Por eso está allá nuestro presidente obrero.

@SoyAranguibel

La verdad de una mentira mil veces dicha

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 27 de abril de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“La propaganda puede ser aprendida. Debe ser conducida solo por un fino y seguro instinto para percibir los sentimientos siempre cambiantes de la gente”  Joseph Goebbels

Resulta común en cualquier tratado de historia política contemporánea o escuela de comunicación social en el mundo, aseverar categóricamente que la mentira fue el recurso por excelencia utilizado por el doctor Paul Joseph Goebbels, a quien la industria mediática occidental ha presentado por más de siete décadas como el más perverso y despiadado manipulador de masas desde su arribo al cargo de ministro de propaganda del Tercer Reich en la Alemania nazi hasta la caída del régimen en 1945.

Quien fuera considerado como uno de los mejores oradores de todos los tiempos (que pronunciara el famoso discurso “La guerra total” con el que Hitler emprendió la arremetida final de su régimen) ha sido acusado sistemáticamente de ser el autor de una supuesto decálogo cuya máxima filosófica es usualmente resumida en la expresión “Una mentira dicha mil veces se convierte en verdad”.

Lo cierto es que Goebbels jamás escribió ni dijo nada semejante. El origen de la equívoca leyenda se encuentra en un artículo del alto dirigente nazi, publicado el 5 de octubre de 1941 en el periódico Das Reich, en el cual Goebbels sentía un particular orgullo de editorializar semanalmente desde 1940 para promover el ideario nacionalsocialista y responder desde ahí a los embates propagandísticos de los enemigos de la Alemania nazi.

En ese texto, Goebbels, cuya filosofía como profesional de la comunicación era la inconveniencia de “la mentira” como instrumento de convencimiento, se expresaba de las campañas de propaganda que Inglaterra y Rusia orquestaban contra Alemania, de la siguiente manera: “la propaganda inglesa y bolchevique pensó que le había llegado su hora. […] siempre hicieron predicciones falsas. Todavía tienen las agallas de mostrarse ante el mundo como puros e incorruptibles fanáticos de la verdad que se presentan como son, mientras alegan que nosotros abolimos la libertad de expresión, envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad” (subrayado nuestro) (1).

En realidad lo que se conoce como “las leyes de la propaganda” atribuidas al inefable personaje, no es sino el resumen que de manera arbitraria elaborara el profesor emérito de la Universidad de Yale, Leonard W. Doob, a partir de lo que él mismo señala en su libro “Principios de la Propaganda de Goebbels”, publicado en 1950 por la Universidad de Oxford en cooperación con el Instituto Americano para la Investigación de la Opinión Pública, en plena efervescencia de la Guerra Fría, que “se basa en una lectura cuidadosa de documentos escritos y no escritos por Goebbels, que reposan en la librería del Instituto Hoover para el Estudio de la Guerra, la Paz y la Revolución, de la Universidad de Stanford” que “no necesariamente son una relación exacta y verdadera de su personalidad, ni como persona ni como propagandista“. (2) A confesión de parte relevo de pruebas, se dice en derecho.

La “objetividad” de Doob para la apreciación de las ideas de Goebbels queda completamente en entredicho cuando se sabe que dicho profesor norteamericano se desempeñó durante la Segunda Guerra mundial como encargado de la OWI (United States Office of War Information) en Europa, una oficina creada por los Estados Unidos para el trabajo de contrainformación y propaganda cuyo propósito fundamental era precisamente el de operar como una máquina para la producción de materiales que aparentaran ser propaganda nazi para ser distribuidos en Alemania y en el resto de Europa durante todo aquel período. Un verdadero trabajo de guerra sucia llevado a cabo bajo la denominada modalidad de “ataque de bandera falsa” en la cual Doob se convirtió en todo un experto.

En síntesis, tanto el libro de Doob como la obvia subjetividad con la que debe haberse realizado la investigación en la cual se fundamenta, demuestran que el tan difundido manual de propaganda (más parecido a un panfleto anti-nazi que a ninguna otra cosa) jamás fue escrito por Goebbels quien, como hombre sólidamente formado como intelectual y como profesional, es evidente que jamás habría llegado a afirmar la sarta de barbaridades que en ese apócrifo documento se le atribuyen. Fue gracias a la libre interpretación del entonces agente de propaganda norteamericano que la frase del editorial “La materia de la peste” escrito por Goebbels en 1941 ( “… envían mentira tras mentira al mundo, y tanto mienten que ya no sabemos cuál es la verdad”) pasó a ser la infame pero muy conveniente máxima para los intereses políticos de los EEUU “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad“.

De hecho, Edward Bernays, verdadero inspirador de buena parte del trabajo de Doob en Europa, recogía en su famoso libro “Propaganda” publicado en 1928, mucho antes del ascenso del nacionalsocialismo alemán al poder, su visión de lo que él mismo había practicado desde 1917 en el uso de la propaganda como herramienta para la manipulación de las masas, en su condición de asesor de imagen del Presidente Wilson de los EEUU durante la primera Guerra Mundial, de la siguiente manera: “Fue, por supuesto, el éxito sin precedentes de la propaganda durante la guerra lo que les abrió los ojos  a los más perspicaces en los diferentes campos acerca de las posibilidades de disciplinar a la opinión pública […] La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar.”(3)

Pero mucho más allá de todo eso, está la intensa actividad llevada a cabo por el magnate de la prensa norteamericana William Randolph Hearst, también asesor de Adolph Hitler desde mucho antes de la Segunda Guerra Mundial, en la manipulación de las noticias que llegaban tanto a Alemania como a Norteamérica desde Rusia para tratar de contener la expansión del comunismo en Europa, en lo cual Hearst aplicó a la más perfecta cabalidad todas y cada una de las técnicas de guerra sucia que describe el manual que veinte años después Doob redacta y le atribuye maliciosamente a Goebbels.

De todo eso se desprende sin lugar a dudas que no fue Goebbels en modo alguno el creador de los modelos de manipulación de los cuales es acusado por la propaganda occidental. Algo que pone en evidencia al imperio norteamericano y a su poderosa red de corporaciones mediáticas, verdaderos cultores de la mentira, en su propósito de la desmovilización de los pueblos progresistas, soberanos e independientes del mundo.

La suerte (buena o mala, según se aprecie desde un ángulo o de otro) de Goebbels fue que su desempeño como Ministro de Propaganda coincidió en el tiempo con el surgimiento de un fenómeno nunca antes visto en la historia de la humanidad, como lo fue el nacimiento casi simultáneo de los grandes medios de comunicación que hoy la sociedad conoce, como el cine, la radio y la televisión, los cuales utilizó inteligentemente, tal como lo hacen hoy de manera intensiva todos los gobiernos del mundo, no solo con los mismos medios sino también con Internet y las llamadas redes sociales.

Ese lógico aprovechamiento de la comunicación de masas al que se abocara el ministro nazi, generó el desprecio de las potencias que desde entonces se vieron amenazadas con el inmenso poder de convencimiento que Goebbels podía tener usando los medios para decir la verdad que había detrás de las insaciables ambiciones imperialistas y de dominación que esas potencias que él enfrentaba escondían tras su fachada de “libertadores” del mundo.

Hoy, lamentablemente, esa verdad de un modelo imperialista que mediante la manipulación y la mentira pretende rendir a los pueblos del mundo presentándose como redentor de una democracia que en todas partes él mismo violenta, es una realidad absoluta e innegable.

@SoyAranguibel

(1) La materia de la peste, Das Reich, 5 de octubre de 1941.

(2) Goebbels’ Principles of Propaganda, Doob, The Public Opinion Quarterly, Vol. 14, No. 3, (Autumn, 1950), pp. 419-442

(3) http://ia600804.us.archive.org/4/items/Porpaganda/PropagandaedwardBernays1928.pdf

Superman: El extraterrestre que se convirtió en una figura propagandística a favor del capitalismo

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Gracias al personaje se creó el negocio de los cómics

Para algunos especialistas, desde finales del siglo pasado este símbolo se han convertido en una plataforma para las agendas o preocupaciones de grupos que marcan cierta distancia de la más extrema derecha

Nadie conoce con precisión la fecha exacta del nacimiento de Superman. Sin embargo, es popularmente conocido que sus aventuras comenzaron a publicarse en junio de 1938, cuando los creadores del hombre de acero, el escritor Jerry Siegel y el ilustrador Joe Shuster, vendieron la primera de sus historias a la editorial estadounidense dedicada a las caricaturas, Detective Comic (DC Comic). Desde entonces el héroe con poderes especiales que llegó a la tierra proveniente de un planeta extinto llamado Kryptón, ha protagonizado un sinfín de episodios en múltiples formatos en la radio, el cine, la televisión, los videojuegos y más.

Para el sociólogo e historietista Jaudiel Martínez, con Superman nació un formato diferente del cómic, pues hasta su aparición esta disciplina se presentaba bajo la forma de “tiras cómicas” a manera de chistes o partes de una aventura repartida en tres viñetas. Luego se hicieron versiones dominicales de una página en color e incluso antologías o recopilaciones llamadas “comics books”.

En el caso del superhombre, en lugar de proponer una tira cómica en blanco y negro que luego tuviera la posibilidad de ser recopilada, Shuster y Siegel se propusieron pasar directamente a una historia en color de varias páginas

En tal sentido, para Martínez, coordinador del proyecto Biblioteca Ayacucho Ilustrada, Superman básicamente creo el negocio de los cómics como lo conocemos hoy: revistas en color dedicadas a las aventuras de uno o varios personajes. Incluso lo considera como el punto de partida de toda una estética, una semiótica, una subcultura y un género narrativo. En tanto los conceptos de color, dinamismo, composición del cómic contemporáneo deben mucho a la industria estadounidense en general “y se puede decir que Superman ha tenido un impacto enorme en los cómics como negocio y como arte”, sentenció.

El ilustrador recordó que la historia inicial aparecida en el número uno de la revista Action Comics es la del sobreviviente de un planeta destruido, obliterado –Kriptón- que debido a su fisiología alienígena es un superhombre en las condiciones de la tierra.

A este niño alienígena lo recoge un chófer de autobús y crece en un orfanato. “Luego se convierte en periodista en un diario llamado The Star. Este Superman no vuela, literalmente salta entre y sobre los edificios y corre sobre las líneas eléctricas, puede ser aturdido con cartuchos de dinamita. Entre sus primeras hazañas está salvar a una mujer golpeada por su marido. Más adelante, las historias tomaron un tono patriótico. De hecho en un principio Superman es una suerte de izquierdista, de campeón popular que combate políticos y militares corruptos, etc. Esta primera fase del cómic recibió una hermosa adaptación por el estudio de los hermanos Fleischer para la historias animadas de televisión”, contó Martínez.

Con respecto a las influencias en la génesis del personaje, el sociólogo explicó que el héroe de acero combina “dos linajes y dos tipos de historias”. Por una parte, las historias populares del hombre secreto, clandestino, enemigo del poder o al menos de la corrupción, un poco bandido y un poco salvador. Estas se remontan a relatos orales del siglo XVIII.

Por otra parte, a decir de Martínez, Superman también toma elementos presentes en un tipo de historias derivadas de la reacción aristocrática a la Revolución Francesa, pagadas de cuentos sobre razas y mundos perdidos y de superhombres del pasado.

Judiel Martínez señaló como un elemento importante el hecho de que Shuster y Siegel eran judíos y en cierto momento su más importante creación se convirtió en el símbolo de la afirmación de los Estados Unidos frente al nazismo primero y la Unión Soviética después.

“El hecho de que Shuster y Siegel siendo inmigrantes judíos hayan creado a la personificación del poder americano –el Capitán América personifica más bien ciertas tradiciones militares- ha llevado a una paradoja o una ironía que muchos han resaltado: el más grande héroe americano es un inmigrante, un alien –en inglés se usa la misma palabra para extraterrestre y emigrante- y esa paradoja a atravesado toda la historia del personaje”, remarcó Martínez.

El sociólogo reconoce en Superman la representación del poder global estadounidense que sirvió como instrumento de propaganda especialmente en los cincuenta y los sesenta. Igualmente, lo incluye dentro del aparatage mediático que busca mantener la hegemonía cultural estadounidense. Sin embargo, considera que el hombre de acero es principalmente una personificación de las fuerzas sobrehumanas de la naturaleza.

UN SÍMBOLO DE PODER

“Ludovico Silva, en su estudio sobre el cómic tiene razón parcialmente al decir que (Superman) personifica el poder del capitalismo en el sentido de que esta ideología incorpora y gobierna las fuerzas naturales. Pero no olvidemos que eso no es solo un atributo solo del capitalismo sino de las fuerzas productivas sociales. Como personifica fuerzas sobrehumanas y le da a esas fuerzas una moralidad, una inclinación al bien, es una figura teológico-política. La idea de que un cuerpo humano personifique el poder cósmico o natural es muy antigua. La historia de las magias y alquimias es en cierto sentido la búsqueda del hombre superior, cósmico, invencible. Esa idea sacada del contexto puede ser muy ingenua y pueril, muy inverosímil en nuestro mundo secular, así que como juego, entretenimiento, fantasía, ficción esa idea retorna. Y al hacerlo toma un sentido teológico político”, reflexionó.

Además, el sociólogo advirtió que el kriptoniano no es un objeto de culto popular, excepto en lo más profundo del “fandom” (gente que dedica por completo su vida a leer y coleccionar cómics). No es, insistió, objeto de veneración en el sentido en que lo es Elvis Presley, el Che Guevara o Jim Morrison, por ejemplo. Empero, sí lo considera un símbolo muy importante y apreciado de la cultura estadounidense.

“Si había algún tipo de mitificación de Superman, esa terminó hace más de treinta años: desde los ochenta los mismos autores de cómics deconstruyeron, criticaron, satirizaron y deformaron a ese personaje: Alan Moore ha hecho por lo menos tres ‘deconstrucciones’ del ‘mito’ de Superman, en Animal Man Grant Morrison lo presentó como un cretino soberbio, Frank Miller lo puso como una especie de sirviente del gobierno americano que acaba apaleado por un Batman subversivo, ha muerto y resucitado, le cambiaron la apariencia y ‘poderes’ en los noventa porque se creyó que no vendería más de otra manera. Fue eclipsado en diferentes momentos por otros héroes más ‘cool’ y más violentos (X-men, Batman), fue versionado y parodiado”, argumentó Martínez.

Siguiendo con el tema de su uso como instrumento de dominación, el historietista sostiene que nigún cómic estadounidense es neutro, pero tampoco son simplemente propaganda. En este sentido, recomienda no leer Superman para conseguirle mensajes cifrados o propaganda. Por el contrario, sugiere leerlo para entretenerse y luego pensar un poco en todas las cuestiones narrativas, políticas y teológicas que tiene el cómic.

“Los cómics americanos, actualmente y desde finales de los ochenta, no expresan una agenda de derecha, al menos no abiertamente. De hecho, desde los noventas se han convertido en una plataforma para las agendas o preocupaciones de cierta centro-izquierda, digámosle así, que apoya el matrimonio gay, se opone a la política exterior de los Estados Unidos y a algunas prácticas neoliberales. Algunos autores célebres de cómics, como Alan Moore, son conocidos por su discurso completamente anticapitalista, aunque obviamente no todos son así. Pero en este punto si un cómic americano toma una posición política es más fácil que sea una ‘progre’ que una reaccionaria y por eso ha habido una reacción muy fuerte de la derecha de allá: indignación por que Superman ya no es un símbolo de la ‘misión de los EEUU’, indignación por el Spiderman latino, por el Linterna Verde gay, por la Miss Marvel Arabe, por la Batwoman lesbiana, etcétera”, advirtió.

SUPREMACÍA SOLO EN COMIQUITAS

De opinión opuesta, el comunicador social, investigador y coleccionista de cómics, Alberto Aranguibel, afirmó enérgicamente que en modo alguno los súper héroes creados a partir de la década de 1930 en Estados Unidos obedecieron jamás al entretenimiento, como lógicamente se pueda pensar.

Por el contrario, Aranguibel sostiene que desde sus inicios la creación de Superman y otros personajes similares responden a “una necesidad del imperio norteamericano” en su lucha por la dominación planetaria.

Para el comunicador no es casualidad que Superman, el máximo de todos los súper héroes, se haya comenzado a desarrollar en el año 1938, justamente es el mismo año en que Orson Welles, a partir de la famosa difusión de una adaptación para radio de la obra Guerra de dos mundos, descubrió “el inmenso poder de dominación” que tienen los medios de comunicación social y el impacto que pueden ejercer sobre la sociedad.

“En lugar de avanzar con tanques de guerra sobre el planeta, resultaba más efectivo ir alienando las sociedades del mundo con la industria cultural y para eso aparecía como muy expedito la creación de personajes como marcianos para inducir temor a las sociedades. En ese contexto, los creadores de Superman comprenden que ahí hay un instrumento poderosísimo para avanzar en un discurso que no había sido desarrollado de la manera como se desarrolló, de una manera muy bien estructurada para influenciar a las sociedades con un personaje que funcionara como un nuevo Dios”, explicó el locutor.

EL INFILTRADO

El comunicador advirtió que en líneas generales Superman plantea la idea de que los pueblos deben aceptar la llegada de alguien de otro mundo el cual les va a salvar. Y la gente debe entender que aun cuando les resulte muy extraño este visitante debe ser entendido como un salvador.

Una vez que Superman llega a la tierra el padre aun después de muerto le sigue hablando como una especie de conciencia que le dice al hijo que tiene que ayudar a los pueblos, “aun cuando ellos no vean esa necesidad de liberación, aun cuando no tengan problemas tienes que ir a salvarlos, aunque sea en contra de su voluntad”.

“El padre le dice al superhéroe que la gente se va a sorprender de sus poderes y por eso debe manejarse con cautela. Y es ahí cuando surge la doble personalidad, del reportero de El Planeta y Superman. Y ese no es más que el agente de la CIA infiltrado en todos los ámbitos de la sociedad”, analizó.

Para Aranguibel, el discurso empaquetado en las historias de Superman es cada vez más evidente, profunda y descaradamente imperialista. A manera de ejemplo recordó que en una de las últimas ediciones cinematográficas del hombre de acero, el padre le dice que deberá ir muy lejos en su lucha por liberar a la gente. Le advierte el progenitor que no podrá estar con él físicamente pero que podrá ver lo que sucede por medio de los ojos del enviado. Esto, a decir del investigador, es una clara alusión a los medios de comunicación norteamericanos en las distintas acciones militares de esa nación.

De tal manera, que en consideración del comunicador, Superman es un instrumento a favor del derrumbe de las barreras del nacionalismo y de la idea de soberanía de los pueblos.

“Cuando eso se analiza cada episodio de Superman desde el punto de vista de la semiología, desde el texto, te das cuenta de que no hay nada al azar, incluso la forma como Superman se presenta viendo a la sociedad siempre en picado y la sociedad mirando contrapicado es como la sociedad ve a los dioses”, apuntó.

Por medio de Superman y toda la industria del entretenimiento en general, según apunta Aranguibel, el imperio estadounidense busca inculcar en el resto del mundo una idea de supremacía de la que no disponen en la práctica, al menos en la dimensión que ellos la muestran.

Así, el personaje vestido de azul y rojo escondido detrás del traje de Clark Kent, al igual que todo el arsenal de los medios de comunicación, son empleados por Estados Unidos para propagar la ideología capitalista.

UNA REPRESENTACIÓN

Por su parte el investigador y docente, José Rafael Gutiérrez, coincide con Aranguibel y describe al hombre de acero como un mito producto de la industria cultural, creado como icono para representar el orden y la justicia de una determinada cultura, que identifica los modelos y las vivencias de su generación. Por tanto, elaborado para adaptarse al imaginario corriente, pues su creación responde a la necesidad de la sociedad estadounidense de representar sus poderes, su invencibilidad y capacidad para imponer sus designios de dominio ante el mundo entero.

En esencia, dice Gutiérrez, Superman refleja esa relación entre producción y consumo creada a partir de la necesidad de dominio de una sociedad sobre otras, que necesita y se vale de cualquier medio para enviar mensajes y posicionarlos en las masas, asegurando a su vez altos índices de rentabilidad.

“Desde su creación, Superman representa a la sociedad estadounidense en dos direcciones, por un lado dejándole sentir al ciudadano estadounidense promedio que puede ser un superhombre predestinado a luchar contra el mal, y por otro lado, dejándole sentir al ciudadano promedio de cualquier parte del planeta que hay un súper héroe estadounidense poderoso, invencible, dominante y, en consecuencia, predestinado para imponer sus designios en cualquier parte del mundo”, declaró el catedrático.

José Rafael Gutiérrez argumentó que, al aplicar el principio de la forma y el fondo presente en toda obra artística, esa dualidad referida anteriormente permite interpretar un discurso integrado por una forma, evidenciada en el color de su vestimenta que identifica la bandera de los Estados Unidos, la actitud dura, imponente y prepotente del personaje, su poderosa estructura física, y también se interpreta un fondo, en el que subyace la finalidad y la intención de posicionar una ideología.

A diferencia de las recomendaciones de Jeudiel Martínez, el docente universitario considera que no es suficiente con ver un cómic para interpretar su sentido, sino que es necesario analizarlo crítica y reflexivamente con el fin de comprender lo que en esencia pretende comunicar, como expresión de ideas, como generador de emociones y como transmisor de valores.

Con base en las características del personaje, Gutiérrez señala que Superman debe leerse como un medio de expresión de la cultura que, con una intencionalidad ideológica, se vale de procedimientos determinados por influencias socio – culturales para desencadenar efectos en la mente de los lectores o espectadores a favor de sus intereses, mediante una producción que es transmitida en una extraordinaria difusión hegemónica de gran poder tecnológico y económico, la cual constituye una forma de coloniaje cultural sobre los pueblos, “en cuyo contexto tienen sentido las ideas por la liberación, la emancipación y la independencia de los pueblos, donde los ciudadanos ejerzan su derecho a pensar de manera autónoma, constituyéndose en sujetos preparados para contribuir por sí mismos al desarrollo económico, social, político y cultural de sus naciones”, agregó.

Inclusive, para José Rafael Gutiérrez, después de casi 76 años Superman no ha sido superado como fiel evidencia del carácter transcultural del cómic producido mediante estrategias de dominación, con la velada intención de influir en la voluntad de los consumidores para que acepten fácilmente aquellas expresiones culturales que manifiestan, refuerzan e imponen las ideas que sustentan las apetencias del poder hegemónico que lo produce.

En sintonía con Jeudiel Martínez, el docente e investigador reconoció que Superman ha influenciado de manera relevante y evidente no solo los procesos artísticos relacionados con el desarrollo tecnológico, pues de tira cómica impresa adquirió carácter masivo al ser llevada al cine y a series televisivas, sino que su impacto en el ejercicio del dibujo y la literatura del cómic en el mundo le otorgó carácter de género, llegando a convertirse en objeto de estudio para semiólogos e investigadores en el área de la comunicación social, la psicología y la sociología.

Toda obra de arte o producto cultural, dijo Gutiérrez, es expresión de su tiempo y del espacio cultural que condicionó su creación. Superman como héroe emblemático del cómic estadounidense personaliza el rol de juez auto-concedido que se arroga el derecho de ejercer esa nación con respecto a sus semejantes en el planeta. Este personaje es expresión de la política, ya no tan encubierta de Estados Unidos hacia el exterior, y su intencionalidad descarta la posibilidad de considerarlo solo como un producto gráfico formal, cuya finalidad no está más allá de sus condiciones materiales para entretener, divertir o generar esparcimiento.

Al contrario, además de eso, contempla también su interpretación como un producto elaborado a base de códigos que requieren de entrenamiento para descifrarlos porque, como manifestación de la cultura, refleja el contexto político y social del momento, así como la afiliación ideológica de quien lo elabora.

Según opinó el catedrático, Superman tiene el mérito de ser un cómic “que logró trascender en la historia más allá de su presentación gráfica como atractivo relato transmitido en dibujos y viñetas, concebido para continuar la guerra por otros medios y convencer al mundo entero de que cualquier resistencia a sus poderes no tendría sentido”.

MAPA ALTERNATIVO PARA CONOCER A SUPERMAN

  • El sociólogo e historietista venezolano Jaudiel Martínez ve en el cómic en general y en Superman en particular un buen entretenido “si se sabe elegir que guionista o dibujante es el mejor”.
  • En este orden de ideas sugirió leer las antologías que muestran cómics de diferentes décadas que mezclan entretenido y elementos interesantes. “Como sea, en nuestra época son más interesantes los análogos o versiones de Superman que Superman mismo”, sentenció.
  • Con base en su experiencia sugirió una suerte de mapa para adentrarse en las aventuras del kriptoniano de traje azul y capa roja.
  • Los cómics originales de Siegel y Shuster o la animación de los años cuarenta de los hermanos Fleischer.
  • Las colecciones Adventure comics, Superboy, Jimmy Olsen el amigo de superman, etcétera, que resumen bien el tono de las historias hasta los años setenta.
  • La versión contemporánea de 1986 de John Byrne “el hombre de acero” y la serie animada de los estudios Warner Superman aventuras animadas basada en esa versión.
  • La novela gráfica de Alan Moore ¿Qué pasó con el hombre del mañana?.
  • La fase del escritor Grant Morrison en la Liga de la Justicia.
  • La novela gráfica kingdoms Come (venga tu reino), de Alex Ross.
  • La novela gráfica Dark Knigth returns, de Frank Miller.
  • La novela gráfica Lex luthor el hombre de acero.
  • La novela gráfica Generaciones que muestra a Superman y Batman en varias décadas.
  • El relanzamiento o nueva versión del personaje y de la serie por la editorial DC Comics en los títulos Adventure Comics de Grant Morrison y Superman hombre de acero.
  • Las tres primeras películas de los setenta y ochenta y la del año pasado (2013).
  • Versiones alternativas, análogos y parodias de Superman:
  • Supreme y Miracleman, de Alan Moore.
  • Thor en la fase, de Jack Kirby y Stan Lee.
  • Red Son (hijo rojo), de Mark Millar.
  • The Authority, de Warren Ellis y su versión gay y violenta de Superman: The Apollo.
T/ Luis Jesús González Cova
F/ Girman Bracamonte -Archivo CO
I/ Vargas