Aranguibel con Padilla. “El problema más grave en Venezuela es comunicacional”

En conversación con el periodista Iván Padilla Bravo en el programa Todos Adentro, Alberto Aranguibel reflexiona acerca de la importancia del medio de comunicación en la sociedad actual y el rol que desempeñan las redes sociales en esa nueva realidad mediática que atenta más que ningún otro factor contra la noción de democracia que ha conocido la humanidad hasta ahora.

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Aranguibel en VTV: “A falta de discurso, la oposición siembra ilusiones en su militancia con el uso del twitter”

– Foto: Prensa VTV –

Caracas 13/01/2015  El analista político y experto en medios de comunicación social Alberto Aranguibel, señaló hoy en el programa “Desayuno” transmitido por Venezolana de Televisión, que la oposición venezolana vive de sembrar falsas ilusiones a su militancia, en particular con el uso indiscriminado que desde ese sector se hace de herramientas informáticas como las redes sociales, a través de las cuales se le hace creer a la militancia opositora que escribiendo mensajes de manera indiscriminada se puede tumbar un gobierno.

En la entrevista el comunicador social sostuvo que “el poder del twitter se ha sobredimensionado desde los centros del poder hegemónico porque desde esas instancias se considera que es una herramienta de más fácil acceso para los sectores pudientes llamados a enfrentar la tendencia de los sectores de más bajos recursos a transformar la sociedad”. Ni en Libia, ni en Egipto, ni en ninguna otra parte, las redes sociales han derribado gobierno, dijo. “Quienes lo han hecho son las tropas mercenarias financiadas por el Departamento de Estado norteamericano para generar insurrección y caos en esos países.”

Oiga aquí parte de la entrevista:

La peligrosa máquina de generar percances

– Publicado en el Correo del Orinoco el 10 de noviembre de 2014 –

Por: Alberto Aranguibel B.

La computadora es uno de esos pocos inventos que no han tenido inventores.Ni el ábaco, la maquina calculadora, ni ningún otro invento precedente pueden ser considerados precursores propiamente dicho de la computadora, porque la función aritmética de ésta no es precisamente su finalidad primordial. Esto es otra cosa. Sus orígenes se remontan siempre al supuesto empeño del estamento militar norteamericano (en abstracto) por sistematizar de manera eficiente sus comunicaciones transcontinentales a principios del siglo XX y a la carrera del imperio por intentar imponerse sobre la Unión Soviética en el dominio del espacio extraterrestre.

De ahí en adelante todo se reduce a la pugnacidad entre dos o tres grandes figuras del quehacer informático, por lo general Steve Jobs, Stephen Wozniak y Bill Gates, a quienes se les atribuye una participación significativa en el proceso de conformación de la tecnología que mueve hoy al mundo, sin que ninguno de ellos lograra jamás el derecho a la titularidad de gran inventor en su campo, como sí lo lograron en su oportunidad Gutenberg, Braille, Koenig, Leibniz o Morse.

Quizás por eso, Gates (sin lugar a dudas quien más provecho le ha sacado a la computación en toda su breve historia), se apresuró a mediados de los años noventa del siglo pasado a publicar su libro “Camino al futuro”, en el que de manera muy poco soterrada sugiere la idea de haber sido él y más nadie quien con mayor empeño trabajó para que la computadora personal llegara a ser la realidad que cambiara para siempre el futuro de la humanidad y del mundo. Algo así como levantar un cercado en un terreno desierto para luego, con el paso del tiempo, reclamar la propiedad sobre el mismo sin ser su legítimo dueño.

En ese texto, escrito en 1995, Gates (en una muy elaborada pose de gran gurú) sostiene que veía el futuro de la informática como un inmenso mercado en el que se intercambiarían bienes, productos, servicios y conocimientos, de una manera tan intensa e intrincada que alteraría la naturaleza misma del ser humano. Nuestra manera de conversar, de relacionarnos con nuestra familia, de escoger o rechazar amigos, de comportarnos respecto de nosotros mismos, evolucionaría tan radicalmente que sería imposible recordar cómo éramos antes del ese demencial desarrollo de la computación. La idea de lo que significa ser “educado”, nuestro sentido de la identidad y hasta de a dónde pertenecemos, de dónde venimos, sería según él definitivamente trastocada.

Luego de dos décadas de aquella terrorífica predicción, puede afirmarse que el magnate judío no se equivocó del todo. El cambio que viene experimentando el ser humano gracias al impacto de la informática, es hoy uno de los fenómenos más relevantes de la nueva realidad social en el mundo entero. Lamentablemente no pareciera que para su bien, sino para todo lo contrario.

La pérdida de identidad que se evidencia a diario en países que se rigen por la lógica de la globalización promovida hoy en día por el capitalismo, tiene su asiento, por una parte, en la ilusión de confort que inoculan en vastos sectores de esas sociedades las grandes corporaciones de la comunicación de masas y su alienante contenido mediático y, por la otra, en la vertiginosa penetración social del medio electrónico y su falsa naturaleza liberadora.

Ya sea por el carácter todavía relativamente incipiente de su desarrollo o en virtud del empeño de los sectores burgueses dominantes por apropiarse de esa fabulosa tecnología (tal como hicieron en su momento con ese gran avance del conocimiento humano que son los medios de comunicación) ni la informática, ni internet, ni las redes sociales, han servido hasta ahora como herramientas que impulsen de manera determinante la evolución del género humano a un nivel superior, ya no solo en conocimientos sino en formas de vida en las que las diferencias por fin no existan y se acaben la violencia y las guerras y la pobreza sea solo un mal recuerdo de los pueblos.

Lo puesto al descubierto los últimos años entre otros por Julián Assange y Edward Snowden en cuanto al uso ilegal que las grandes potencias le dan hoy a internet para espiar a su libre albedrío a Jefes de Estado, gobiernos y a la gente en general, deja ver apenas una minúscula porción de la enajenación a la que se lleva a la humanidad con tales prácticas, que ya carcome incluso las bases mismas de la democracia, de la academia, del Estado y hasta de la iglesia.

El dominio de las grandes corporaciones norteamericanas al servicio de los intereses hegemónicos del imperio en internet en relación a lo que puede o no puede circular por las redes, no es sino demostrativo de la regresión en la que está cayendo la humanidad en la medida en que se depende más del medio electrónico. La ilimitada discrecionalidad de empresas como Facebook o Twitter, por ejemplo, para la invasión de cuentas en sus servicios, así como la reciente polémica en relación a la violación a la privacidad en la que estaría incurriendo la aplicación WhatsApp por la forma indebida en que ésta expone a los usuarios, demuestran el alto nivel de riesgo al que está siendo sometido el mundo con el desarrollo indiscriminado de todas esas tecnologías.

Hoy como nunca la difusión de una cultura de la perversión como valor esencial de ese modelo neoliberal en el que se basan internet y las redes sociales, afecta al ser humano en todos sus ámbitos llevándole a extremos patológicos de irracionalidad que obligan a revisar detenidamente el tema de la libertad irrestricta por la que abogan los defensores de ese sistema. La idea según la cual los pueblos tienen derecho a colocarse por encima de la principal ley de la democracia, como es la del respeto a la voluntad de las mayorías expresada en el voto, para derrocar gobiernos generando ingobernabilidad a través de las redes sociales, no es en modo alguno un avance para la humanidad sino un verdadero retroceso que nos conduce a escenarios anárquicos superados desde hace décadas por la humanidad.

En Venezuela, a falta de discurso político y de disposición al debate responsable por parte de una derecha cada vez más obtusa y decadente, que centra su accionar en la manipulación de la realidad a través de la prensa y del contenido mediático, la proliferación de esa modalidad del uso de las redes sociales como arma política ha sido vertiginosa. Los espacios noticiosos y de opinión se saturan progresivamente con la participación del lector, con visos de una creciente y cada vez más preocupante insensatez, en particular en los comentarios que la mayoría de los opositores cuelgan en notas de todo tipo, incluso las que nada tienen que ver con el tema político, en las que dejan ver casi siempre un odio visceral que niega hasta sus propias convicciones religiosas.

Desde siempre la oposición desarrolló contra el chavismo un discurso agresivo más allá de toda lógica, cuyo fundamento es la imploración a Cristo para que éste interceda por ellos y acabe con la vida de los chavistas. “La justicia Divina les llegará pronto” suelen decir, usando nada más y nada menos que a Dios para el perverso acto de la eliminación de seres humanos, lo que acentuaron en su tono y en su frecuencia a raíz de la desaparición física del Presidente Chávez. Algo que con toda seguridad muchos de esos opositores suponen se produjo en respuesta a sus plegarias.

Pero el recrudecimiento de esa furia enfermiza va mucho más allá de lo puramente enunciativo, hasta convertirse en un verdadero peligro para la estabilidad económica y social del país producto de la tergiversación de sus posibilidades a través de la red y de cómo ella puede contribuir a mejorar su vida.

Empezando por la especulación cambiaria a través de ese medio, el uso de la red para estafas de todo tipo en la comercialización de vehículos, apartamentos, artefactos del hogar, equipos electrónicos, etc., ha venido siendo en los últimos años una modalidad de capitalismo del siglo XXI que sin lugar a dudas ha incidido de manera determinante en la crisis no solo económica sino moral contra la cual luchamos hoy los venezolanos y el mundo entero en general. El desbordamiento de ilícitos de usura y especulación que se llevan a cabo en nuestro país a través de portales como mercadolibre.com y otros, es una realidad innegable, seguramente asociada a todos esos percances como el acaparamiento y el desabastecimiento que hoy agobian a nuestro pueblo.

Es obvio que falta mucho todavía para que el idílico escenario del que hablaba el profeta de la computación termine por concretarse. Por lo pronto, pareciera mas bien que el asunto va por otro camino.

Mientras tanto la revolución bolivariana seguirá impulsando la verdadera redención del ser humano, usando la tecnología para crear avance, bienestar y paz entre los pueblos.

 

@SoyAranguibel