Robert Serra

excequias robert-Foto: Alberto Aranguibel B. –

Por: Roberto Hernández Montoya / 04 de octubre de 2014

El asesinato de Robert Serra y de María Herrera es un acto de guerra, es más, es un crimen de guerra, es más, es un acto estrictamente fascista. No es difícil explicarlo.

El fascismo es odio en estado puro. El odio es ciego, es muerte, es no-ser. Robert era un joven articulado, elocuente, lúcido. Tenía inteligencia, sabía usarla y la usaba. No hay nada que ofenda más a un fascista que la inteligencia. Por eso uno de los fascistas más cardinales, José Millán Astray, profirió el grito de guerra fascista perfecto: «¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!». Y lo dijo en el Aula Magna de la Universidad de Salamanca, delante del rector Miguel de Unamuno, quien le respondió: «Ustedes vencerán, pero no convencerán». No convencieron. No han convencido aún, porque solo les interesa vencer mediante la fuerza, mientras más bruta mejor.

El fascismo aún nos debe la muerte de Federico García Lorca. Como no era fascista, no se precavió cuando se fue a su natal Granada al comienzo de la Guerra Civil Española. «A los poetas no los matan», dijo.

El fascismo mata en vida y también en muerte. A Danilo Anderson lo descuartizaron moralmente después de que la bomba lo despedazó. Igual hacen a Robert. Especulan, dan detalles macabros, lo descalifican y por último dicen como con Danilo: Lo mató el propio gobierno.

No asesina solo el que da muerte biológica sino el que niega tu inteligencia. Muerte es decir que la violencia guarimbera fue obra de los «colectivos» chavistas, es decir, el gobierno se estaba derrocando a sí mismo para tomar el poder que ya tenía. Te matan cuando te prohíben usar la inteligencia. Como a Robert no lo podían callar en vida, lo pretenden callar en muerte. Una voz menos que señale al fascismo como lo que César Vallejo llamó «los heraldos negros que nos manda la muerte».

Crimen abominable, porque inmola a dos jóvenes y Robert tiene una excelente imagen.

Lorent Gómez Saleh anunció crímenes similares. Da que pensar.

La Venezuela de este tiempo ha desarrollado madurez para no caer en provocaciones: el agua podrida que charlataneó Antonio Ecarri, el «ébola venezolano» que cotorreó un médico asesino; Danilo, Sabino, Eliécer, Robert, cientos de campesinos…

Sabemos lo que hay que hacer: derrotarlo como siempre, aunque ni eso entiende.

@rhm1947

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¿Cui bono?

violencia 1

Por Roberto Hernández Montoya / 15 / 02 / 2014

Quienes ovacionaron ese mamarracho totalitario que fue el Acta de Pedro Carmona, se pretenden llamar movimiento democrático. Pero da escalofrío imaginar la de represión y despotismo que sería un gobierno de Leopoldo López y María Corina Machado, ese par de riquitos malcriados que no toleran que no se haga su voluntad antojadiza. Basta que les entre un capricho para que haya que cumplírselo al punto y con esmero. Si no, llaman a «prender las calles», como dijo la comandante Machado. «Esto terminará cuando caiga el gobierno», ha dicho el comandante López. Dicen que quien no encuentra a su papá en su casa lo encuentra en la calle. O a su mamá, como la que fue a recoger a su criatura el 12 de febrero, niño que para celebrar el Día de la Juventud saltó una barrera policial cual atleta olímpico y solo gruñó que le apretaron un poquito las esposas. Chiquillada mimada.

El Derecho Romano pregunta ante cualquier crimen: «¿A quién conviene?», «¿a quién beneficia?», es decir, en latín, cui bono? cui prodest?

Pero como todo lo tuercen perversamente, ahora resulta que quien está haciendo violencia es el gobierno. Un gobierno loco, como dice Mercedes Chacín: «Como en 2002 hay que hacerse las mismas preguntas, compatriotas de oposición. ¿A quién le conviene la violencia? ¿A quién convienen los muertos en manifestaciones públicas? ¿A quién le conviene tener al país envuelto en protestas? ¿A quién le conviene convencer a los estudiantes de salir a protestar contra el Gobierno? ¿A quien le conviene quemar las patrullas del CICPC? ¿A quién le conviene mantener la paz y no la guerra? ¿Quiénes tienen varios días anunciando la salida de Nicolás Maduro del Gobierno? ¿Quiénes anunciaron que incendiarían el país?».

Pero dicen que son más inteligentes que la plebe chaburra. Sí, es irritante. El lenguaje inverso: se dicen decentes y pensantes y son el sector más malandro y mentecato de la historia nacional, bruto pero ignorante, antipático pero mala gente. Esa turba se dice pacífica y mira cómo ha puesto varias ciudades de Venezuela. Una buena guía para saber la verdad es invertir lo que dicen.

El problema no es la chiquillería malcriadita, tirapiedra y asesina sino quien le da el garrote. Los Estados Unidos tienen encendido el planeta por los cuatro costados, los cuatro vientos y los siete mares: Afganistán, Irak, Paquistán, Libia, Egipto, Túnez, Siria, Ucrania, Venezuela. Con sus golpes suaves, cuando no con sus bombardeos humanitarios, drones y espionaje global. Están hozando hasta las pláticas íntimas de Frau Angela Merkel con su pareja. No hay país que muestre un flanco débil o descuidado que no sea afectado con las que poéticamente llaman «peleas de perros».

Van a perder otra vez, pero ya sabemos los daños que nos producen en cada una de sus dispendiosas derrotas. En cada descalabro salen más débiles: así perdieron Pdvsa, la poca Fuerza Armada que tenían, las televisoras, la multitud en la calle. José Vicente Rangel dijo una vez que a la oposición solo le queda Bush. Ahora Obama. También le quedan un electorado aterrado, cuatro mercenarios y cacerolas de 8 a 8:10 pm. Si no mataran gente serían solo un fastidio.