Guerra chimba no gana elecciones

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 16 de noviembre de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

No puedes comprar mi vidaLatinoamérica / Calle 13

Lorenzo Mendoza es un acaudalado empresario porque no tuvo oportunidad de más nada. Su abolengo, seguramente plagado de tías amorosas y aplicadas institutrices que deben haber nutrido sus fantasías a lo largo de su vida con las grandezas y las maravillas del feliz mundo de los “ricos y famosos”, tiene que haber servido para crear en él la ilusión de un destino de supremacía y de trascendencia extraordinaria que hoy, de cara a la elección parlamentaria del 6 de diciembre, termina por convertirse en un verdadero percance para la burguesía venezolana, a la que no le gusta para nada perder dinero en experimentos audaces y descabellados.

Lorenzo es admirado en el ámbito de la oligarquía criolla no por sus condiciones como gerente visionario o emprendedor, porque su fortuna le cayó virtualmente del cielo cuando la parca vino a exigirle a su progenitor el cumplimiento del óbito inexorable, sino porque tiene mucha plata.

No es Lorenzo, digámoslo así, un líder carismático conductor de masas que haga efervecer con verbo ilustrado o medianamente deslumbrante la fuerza telúrica del pueblo ni en una dirección ni en otra. Lo de andar “en la guerra”, como tan cándidamente se lo dice a su “pana” Ricardo Hausmann delirando con la quimera de un relanzamiento del neoliberalismo que ellos aspiran para el país, es una malcriadez de niño rico que seguramente le sale del no saber qué hacer ya con tanto dinero, que es lo único que él tiene.

En medio de su arrogancia, los ricos creen que dominan el mundo no por sus aptitudes personales sino porque piensan que sus riquezas lo pueden todo. Un error en el que incurren de manera persistente las oligarquías a través de la historia, precisamente por su ineptitud para la política.

Tal vez, por supuesto, sean muchas las cosas que puede lograr el dinero. Pero, cuando hay un pueblo consciente de su papel histórico en la construcción de un proyecto de país basado en la justicia y la igualdad social, ganar elecciones no es una de ellas. Capriles Radonski es la mejor demostración de eso.

Siendo el líder en el que más ha invertido la derecha venezolana para desarrollar su imagen y convertirlo en el más poderoso candidato frente a las opciones de la revolución bolivariana en cuatro procesos electorales consecutivos en menos de dos años, Capriles mordió el polvo de la derrota en cada uno de ellos con contendores como Nicolás Maduro, quien con apenas once días de campaña a los que le sometió el infortunio del fallecimiento del Comandante Chávez, terminó por erigirse en el segundo Presidente más votado de la historia política venezolana. Amén de la cantidad de candidatos a gobernaciones y alcaldías de todo el país que en ambos casos derrotaron por su condición y su fuerza revolucionaria las torpes pretensiones plebiscitarias de Capriles.

Pero cuando el poder del dinero se decide a intentar asaltar el poder por vía de la guerra económica, la derrota es todavía más demoledora. Y eso también lo demuestra la historia.

A Augusto Pinochet, por ejemplo, lo ha querido colocar la burguesía rastacuero y pitiyanqui latinoamericana como un resultado del fracaso del modelo socialista impulsado entonces por el presidente Salvador Allende.

La irrefutable verdad es hoy harto conocida por el mundo; Richard Nixon en persona, junto a su genocida Secretario de Estado, Henry Kissinger, fue quien desató la furia desalmada de la empresa privada para provocar un estallido social con el que pretendían derrocar al gobierno de la Unidad Popular. Solo que sin lograrlo.

Aquella guerra, mucho más cruel y brutal que la que hoy en día han desatado contra el pueblo venezolano la mayoría de las mismas transnacionales que se confabularon en 1973 contra el pueblo chileno, no surtió el efecto desmovilizador que se proponían los fascistas al servicio del imperio.

¿De no ser así, por qué fue necesario un golpe tan brutal y tantas muertes como las que llevó a cabo Pinochet, si supuestamente la guerra económica, el desabastecimiento y la especulación, iban a hacer su trabajo? ¿Por qué no someter a consulta en elecciones libres la decisión de continuar o no con aquel gobierno?

¿Cabría pensar que la burguesía chilena no tendría intención contrarrevolucionaria alguna desde el mismo día en que Allende fue electo? Hay que recordar que el golpe se produce tres años después del triunfo de la Unidad Popular y luego de nueve años de la irrupción del líder socialista como opción presidencial en las elecciones de 1964 ¿Por qué los factores del capital privado y de la ultraderecha chilena tuvieron que esperar tanto tiempo para dar su zarpazo contra la democracia?

Porque nunca contaron con el respaldo popular para hacerlo.

De hecho, Salvador Allende, a pesar de la delicada situación económica y de la huelga de transportistas que el imperio había promovido meses antes, tenía previsto anunciar el día 11 de septiembre de aquel año un llamado a plebiscito. Fue el mismo Augusto Pinochet, entonces Comandante en Jefe del Ejército, quien le sugirió al mandatario que postergara esa consulta popular para una “mejor fecha”. Los gorilas le tenían miedo a una elección porque el pueblo había dado demostraciones de descontento, de profundo malestar con la escases y la especulación desatadas, pero también había dado cada vez con más fuerza muestras más que inequívocas de unidad y de convicción revolucionaria.

Quienes argumentaron que en Chile el socialismo se habría desmoronado y que por eso nadie acudió a proteger La Moneda durante el golpe, lo hacen para ocultar el coraje del Presidente mártir que prefirió inmolarse por su pueblo antes que sacrificar vidas humanas en el combate. Su orden fue que ninguna de las fuerzas revolucionarias se concentrara en el palacio aquel nefasto día. Algo de lo cual sacaron un provecho determinante los traidores.

Por esa razón Zelaya fue sacado del gobierno en Honduras en medio de una fría madrugada, exactamente igual a como años antes el mismo poder imperial sacó al General Noriega en Panamá, a Bertrand Aristide en Haití y asesinó a Bishop en Grenada. En cada caso, las asonadas golpistas estuvieron precedidas por guerras económicas tanto o más feroces que la que el gran capital nacional e internacional ha impuesto en Venezuela para tratar de derrocar el gobierno del presidente Nicolás Maduro. El temor a elecciones libres fue siempre el mismo.

De ahí los asesinatos de Gaitán y Galán en Colombia, así como Colosio en México, y decenas de candidatos a alcalde en ambos países a manos del sicariato político. Esos mismos factores han intentado durante décadas acabar con la vida de Fidel, de Morales, de Correa y de Maduro, tal como lo intentaron con Chávez. El vetusto y mil veces fracasado guión del Departamento de Estado norteamericano de pretender acabar con los procesos de transformación social en Suramérica por la vía de la guerra económica en la que tanto se esfuerza el inefable Lorenzo, es copiado y reeditado recurrentemente por las oligarquías ramplonas de nuestro continente sin lograr jamás alcanzar con el solo poder del dinero el triunfo electoral que tanto anhelan para imponer de nuevo su régimen de devastación y de hambre en nuestro suelo. Por eso recurren al magnicidio.

En Venezuela, la derecha se ha convencido de que las colas y el desabastecimiento que el neoliberalismo lleva a cabo para intentar un estallido social son votos automáticos para ella. De ser cierta esa especie, habría que preguntarse ¿Por qué no hay huelgas de consumidores, o de amas de casa, o de transportistas, o de médicos, o de estudiantes, en Venezuela? ¿Por qué son tan exiguas y lánguidas las concentraciones públicas de la oposición? ¿Por qué fue tan estruendoso el fracaso de sus elecciones primarias?

¿Por qué después de tantas amenazas y campañas terroristas no se fueron del país ni la Procter & Gamble, ni Colgate, ni Unilever, ni ninguna de las grandes corporaciones transnacionales? ¿Por qué luego de su bravata golpista McDonalds regresa con el rabo entre las piernas a vender aquí sus insalubres papas fritas?

Pues porque la guerra de Lorenzo es una guerra infructuosa que no puede con la lealtad de un pueblo noble y profundamente revolucionario, que sufre con estoicismo su padecimiento pero consciente de que su enemigo no es precisamente el presidente Maduro sino los miserables de ese sector privado que día tras día quedan al descubierto en su indolencia cada vez que se les captura escondiendo alimentos y saqueando al país con el contrabando, el bachaqueo y la usura.

U ofertando el país por un puñado de dólares, como hace Lorenzo con su desquiciada guerra.

 

@SoyAranguibel

Raul Bracho: Papel tualé; preámbulo del golpe a Allende

pinochet

“No hay carne güevón, no hay pollo güevón, ¿Qué chucha pasa güevón?”

Por Raul Bracho / http://vulcano.wordpress.com/

Quienes me conocen saben que siempre he repetido en estos 14 años de revolución bolivariana la frase: “El día que no tengamos papel para limpiarnos el culo, tendremos un golpe en puerta”. Llegó ese día a Venezuela.

¿Por qué yo repetía esta frase?

Porque lo viví en el año 1.973 en aquel Chile de Allende, en sus semanas finales.

Empezó a escasear la carne, el pollo, el aceite y el papel higiénico. Las marchas de los fascistas, de Patria y Libertad entonaban esta consigna: “No hay carne güevón, no hay pollo güevón, ¿Qué chucha pasa güevón?”

Esta estrategia que hoy se aplica a nuestra revolución no la inventó Capriles, ni la inventó Lorenzo Mendoza y menos Fedecámaras, es un guión traído del golpe fascista que derrocó a Salvador Allende en 1.973 y fue ordenado por el presidente Nixon: “¡Haremos chillar la economía chilena!

El 4 de Septiembre de 1.970 Salvador Allende, candidato del Partido Socialista, ganó las elecciones en Chile junto a la Unidad Popular (UP), con una propuesta socialista y revolucionaria, un primer intento en nuestra América para una revolución pacífica. Los ojos del mundo asombrados vimos como el pueblo podía derrotar a la oligarquía en un proceso electoral, lo que desde hace 14 años hemos logrado en Venezuela al triunfar Chávez en 1.998 y que abrió paso a otras victorias electorales en nuestro continente. Yo, junto a otros camaradas me fui a Chile entonces. Viví el fragor de las luchas, las calles llenas de pueblo, el ardor revolucionario inmenso y viví también el resto de mi vida con la claridad terrible de ver al fascismo de Pinochet acabar, asesinar y barrerlo todo, por eso escribo hoy a quienes me siguen y no me siguen, a mis camaradas chavistas y los de oposición, se que ninguno de nosotros como patriotas somos fascistas. Hay que detener este golpe fascista que hoy se cierne sobre nuestra revolución.

En la misma medida en que Allende comenzó a expropiar la propiedad privada y pasarla al Poder Popular aumentaba el ataque imperialista contra Allende y su proyecto socialista.

Parte de la sistematización de aquellos años nos refrescarán la memoria:

“En los días posteriores a la estrecha elección de Salvador Allende como presidente de Chile el 4 de septiembre de 1970, Henry Kissinger sostuvo una serie de conversaciones telefónicas urgentes4 sobre «cómo hacerlo» en Chile. «No permitiremos que Chile se vaya por el desagüe», le dijo Kissinger en una de esas llamadas al director de la CIA, Richard Helms, quien le respondió «Estoy contigo».”

“El 15 de septiembre, durante una reunión de quince minutos en la Casa Blanca a la que asistió Kissinger, el presidente Nixon instruyó al director de la CIA, Richard Helms, en cuanto a que la elección de Allende era inaceptable, ordenando a la agencia actuar con su ya conocida frase «Haremos chillar a la economía chilena», como lo registró Helms en sus apuntes”

Otras de sus causas fue el boicot económico promovido por la oposición para desestabilizar al gobierno, caracterizado por el cierre de empresas, los paros de transportistas, la destrucción y ocultamiento de productos para generar desabastecimiento, entre otros. Así como el bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos, cortando las líneas de crédito, bloqueando las cuentas de Chile en EE.UU. y presionando a las instituciones financieras para no invertir en Chile, como represalia por la nacionalización del cobre.8 Por ejemplo, según el académico francés Christian Delois a raiz de la presión de Estados Unidos, de los 270 millones de dólares destinados a Chile en 1972, solo recibió 32.”

En los meses finales la oligarquía logró un descontento en las clases medias y las clases populares no afectas a Allende, con esa capacidad que hoy vemos en Venezuela de hacer creer como culpable del desabastecimiento al propio gobierno revolucionario que es atacado fieramente por las clases pudientes de la oligarquía.

Traigo a la palestra estos recuerdos del Chile donde conocí el fascismo.

A solo horas de que triunfara esta escalada, desde la ventana de mi habitación escuchaba los bombardeos que la aviación realizaba sobre las barriadas revolucionarias, veía como el Estadium se llenaba de presos afectos a Allende, ese mismo donde asesinaron a Víctor Jara y vi pasar infinidad de camiones 350 repletos de cadáveres por la calle Huérfanos con Teatinos, donde quedaba mi residencia.

Que no tengamos papel higiénico no podrá ser nuevamente la puerta para un genocidio. ¿Cómo hacérselo entender a todas y todos en mi patria? Nunca un golpe fascista dará felicidad sino solo a los OLIGARCAS y toda esa parte de la población que los sigue y apoya ciegamente, serán víctimas una vez sus “héroes” logren su perversa victoria. Un PINOCHET en VENEZUELA incendiaría el continente.

La UNIDAD que pidió Chávez es para que no ocurra este mismo final.

Apoyemos a Maduro, hay que ser estrategas e impedir que siga en progreso esta campaña perversa que es golpista. Maduro tendrá como desarmarla y devolver a nuestra economía la estabilidad que impida más descontento y confusión.  Eso está primero que nada como objetivo fundamental de la lucha, parar el fascismo y promover la conciencia de clase social en nuestro pueblo.

¡Chávez VIVE, la lucha SIGUE!!!