Capitalismo inepto

Por: Alberto Aranguibel B.

La absurda idea según la cual un empresario, por la sola condición de empresario, estaría mejor dotado de los conocimientos y la experticia necesarios para gobernar eficientemente, es una barbaridad creada a partir del falso supuesto de que la empresa privada se desempeña mejor, lo cual es toda una falacia.

No existe en el mundo ninguna empresa que no dependa de alguna manera de las políticas del sector público para salir adelante, por mucho que el carácter privado sea el factor preponderante en su constitución y desempeño.

El empresario no concibe el universo como un ámbito multisectorial y diverso, tal como debe concebirlo quien esté al frente de cualquier Estado para procurar el bienestar económico para todos, incluidos los empresarios, sino que entiende el mundo solamente como un área de potencial expansión para su negocio particular.

El eje medular de su filosofía, la columna vertebral del capitalismo, es el de la libre competencia, que es aquella que busca liberar a la empresa de toda restricción de tipo legal, para que el crecimiento del capital esté determinado solamente por su astucia para impulsar ese crecimiento y la ganancia, por supuesto, sea totalmente para él. Eso sí, sin dejar nunca de contar con los beneficios que el Estado pueda ofrecerle a través de políticas proteccionistas de toda índole, para que la acumulación de riqueza sea todavía mayor.

En esencia, esa filosofía es la que lo lleva a tratar de destruir a las demás empresas que pudieran eventualmente atentar contra su ansiedad expansionista con productos similares a los que su empresa produce. Canibalismo, le dicen en ciertos ámbitos corporativos.

Una modalidad que es muy necesaria para ese tipo de empresarios a los que no les interesa la economía sino exclusivamente en lo que tiene que ver con sus ganancias, en la medida en que el gobierno deje de ser eventualmente el gran financista de su producción y que, a la vez, los competidores incrementen cada uno a su buen saber y entender su correspondiente porción de mercado.

Eso es exactamente lo que hace un empresario como Donald Trump al frente de la potencia más grande del planeta, los EEUU. Que no procura el equilibrio razonable de los mercados, sino el exterminio de sus competidores, como si su gobierno fuera una simple corporación y las demás naciones un grupo de negocios vecinos en un centro comercial.

Un empresario piensa solo en el bienestar de su empresa. No en el de la sociedad en su conjunto. El bienestar de la sociedad le suena siempre a “comunismo”.

 

@SoyAranguibel

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