El negocio de la muerte

– Publicado en el Correo del Orinoco el 06 de octubre de 2014 –
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Por: Alberto Aranguibel B.

Cuando se habla de las diferencias entre las concepciones de modelos de sociedad que se confrontan hoy en el debate político venezolano, el aspecto ético es uno de los ejes fundamentales.

No puede concebirse esquematización teórica alguna que no considere este aspecto como medular, porque lo ético es probablemente uno de los ámbitos en los que la participación del ser humano en su condición de tal tiene preeminencia por sobre todas las demás áreas estructurales de la política. Lo ideológico, por ejemplo, va siempre a estar circunscrito al espacio de lo conceptual, es decir; el sistema político al que se acoge la nación, la orientación del cuerpo social según el régimen que adopte, la valoración y desempeño en la sociedad que otorga el Estado al ser humano, así como en lo económico a lo estrictamente estructural, o sea; el orden y el funcionamiento del sistema financiero, la naturaleza de la banca, de las inversiones y las áreas prioritarias de desarrollo, etc.

Todo ello, con las particularidades propias de cada modelo, se resume en la visión de país, en el proyecto de nación o simplemente en la propuesta programática que cada sector político deberá presentar en cada caso a la sociedad como su oferta de gobierno. Hasta ahí alcanza lo puramente ideológico.

Pero es en el terreno de la ética donde la política va a adquirir en definitiva su verdadera dimensión propiamente humana y en la cual la diferenciación tenderá a ser cada vez más evidente y reveladora entre lo que propone en esencia un modelo u otro, según la filiación política de cada individuo. Cuando se examina al ser humano desde el punto de vista de su concepción del universo, de la vida y del hombre en su entorno cultural y social, se puede apreciar con mayor precisión y con el menor margen de error su dimensión real y su valía como persona y, en consecuencia, todo cuanto ella promueve como modelo ideal de sociedad.

Por eso quienes se forman bajo la égida del modelo socialista tienden fundamentalmente a la preservación del ser humano (socialista=sociedad=social=ser humano), de su calidad de vida, de su felicidad, es decir; de la sociedad armoniosa y de paz que la mayoría de la gente lucha por alcanzar a través de la historia. En el socialismo la ética adquiere una connotación humanista porque se refiere al marco moral que regula el respeto a la vida, al buen vivir.

Y por eso quienes surgen como integrantes de las sociedades capitalistas nacen formados bajo la lógica del capital (capitalismo=capital=dinero), de la acumulación irrefrenable de riquezas y de objetos materiales como único propósito de realización en la vida. En el capitalismo, la ética es la del culto al libre mercado y con ello a la barbarie contra el ser humano que la caracteriza.

Ese es el fondo y esencia real del debate que hoy se libra en nuestro país y que se ha librado en el mundo desde que esa concepción salvaje y depredadora de la condición humana que es el capitalismo comenzó a desarrollarse en la sociedad organizada.

Dado que en el capitalismo el ser humano no es lo relevante sino lo material, la mercancía adquiere un valor superior al del individuo, con lo cual el rol que éste desempeña en la sociedad estará siempre determinado por una parte por su capacidad para la negociación de objetos materiales, ya sea como productor o como comerciante, y como comprador de esos bienes o productos por la otra. En la Venezuela de hoy, lo que se enfrenta más allá de la política son los sectores de la sociedad que se rigen por cada una de esas concepciones de modelos de sociedad. De un lado está la gente, la sociedad en su conjunto, es decir, los consumidores. En el otro, los productores y los vendedores, los que poseen la infinidad de bienes de consumo que la sociedad necesita, es decir; los capitalistas.

Si para obtener muchos más beneficios los capitalistas deciden en un momento determinado negarle a la sociedad los productos que ellos poseen, y para acceder a entregárselos ésta deberá despojarse progresivamente de sus logros laborales, de su salario, de su calidad de vida de una manera injusta y desalmada que la sociedad no esté dispuesta a aceptar, entonces habrá una confrontación. Pero si esa confrontación no se traduce en triunfo de los poderosos en un lapso perentorio que no exceda la capacidad de inversión de cuantiosos recursos del capitalismo en esa batalla y la misma comienza a salirle más cara que lo que cuesta producir esos bienes de consumo y la acumulación de riqueza en pocas manos comienza a estar en riesgo, entonces ese sector capitalista, con base siempre en su lógica inhumana y mercantilista, considerará que está obligado a profundizar la pelea y la convertirá en guerra apelando a métodos más radicales de presión y de reducción de la resistencia que le oponga su contrincante.

Para ese propósito de pasar a una fase más intensa de la guerra, con el objetivo de reducir hasta agotar la capacidad de aguante de los consumidores, el sicariato es una herramienta expedita y de alto impacto que tiende a fracturar rápidamente la solidez moral de ese pueblo que se niega a ser doblegado por la especulación, el acaparamiento y el contrabando de extracción al que se ha volcado de manera brutal y salvaje el sector capitalista.

Por eso buena parte del esfuerzo del sector capitalista que ha desatado esa guerra económica contra nuestro pueblo, además del acaparamiento, el contrabando de extracción, la especulación y el sabotaje económico, ha estado orientado durante años a generar convulsiones financieras, sociales y políticas, importando hacia nuestro país todas las formas inimaginables de desestabilización, entre las que se encuentran el paramilitarismo y ese horrendo fenómeno de la criminalidad colombiana que es el sicariato; una perversa modalidad de negociación cuya filosofía es estrictamente la del capitalismo, en la cual la muerte se negocia como cualquier otra mercancía y se paga con dinero, porque el capitalismo es cobarde y contrata todo lo que no se atreve a hacer por sí mismo. En esa contratación la vida del ser humano no vale nada. Menos aún si ella, la vida, es la de un combativo revolucionario forjador precisamente de esa gran muralla ética del pueblo que impide que los capitalistas obtengan y acumulen cada vez más riquezas.

Asesinar a líderes del pueblo buscando aterrorizar y acobardar a esos millones de venezolanos que no valoran la vida en los mismos términos despreciables en que lo hace el capitalismo, al que no le importa en lo más mínimo matar en la búsqueda de beneficios políticos que le ayuden a reinstaurar su inhumano modelo en nuestro país, es para los capitalistas (para el Departamento de Estado norteamericano, las corporaciones trasnacionales, los medios de comunicación de la derecha y para sus operarios políticos, por supuesto) la forma más efectiva de intentar superar el inmenso poder que tiene una fortaleza ética que no acepta ni aceptará jamás que a los verdaderos líderes del pueblo, como el glorioso Robert Serra, se les coloque por debajo de ninguna necesidad comercial ni mercantil.

Robert Serra vivirá ahora mucho más que lo que hasta ayer vivió, por culpa de un sector miserable, desalmado, criminal y asesino tan imbécil y estúpido que creyó que matándolo lo callaría y que lo que hizo fue convertirlo en los millones de aguerridos combatientes que de hoy en adelante multiplicarán aún más la lucha de Robert por alcanzar más temprano que tarde la justicia y la igualdad social que nos legara el Comandante Eterno y por la cual él tan brillantemente luchó.

Los capitalistas seguirán buscando hacer negocios contratando a la muerte para ponerla a su servicio. Es lo único que saben hacer y lo único que les queda, porque pueblo nunca han tenido y nunca lo tendrán. En nombre de Robert, se lo juramos con toda la fuerza de nuestra profunda convicción revolucionaria.

¡ROBERT VIVE! ¡LA PATRIA SIGUE!

@SoyAranguibel

Superman: El extraterrestre que se convirtió en una figura propagandística a favor del capitalismo

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Gracias al personaje se creó el negocio de los cómics

Para algunos especialistas, desde finales del siglo pasado este símbolo se han convertido en una plataforma para las agendas o preocupaciones de grupos que marcan cierta distancia de la más extrema derecha

Nadie conoce con precisión la fecha exacta del nacimiento de Superman. Sin embargo, es popularmente conocido que sus aventuras comenzaron a publicarse en junio de 1938, cuando los creadores del hombre de acero, el escritor Jerry Siegel y el ilustrador Joe Shuster, vendieron la primera de sus historias a la editorial estadounidense dedicada a las caricaturas, Detective Comic (DC Comic). Desde entonces el héroe con poderes especiales que llegó a la tierra proveniente de un planeta extinto llamado Kryptón, ha protagonizado un sinfín de episodios en múltiples formatos en la radio, el cine, la televisión, los videojuegos y más.

Para el sociólogo e historietista Jaudiel Martínez, con Superman nació un formato diferente del cómic, pues hasta su aparición esta disciplina se presentaba bajo la forma de “tiras cómicas” a manera de chistes o partes de una aventura repartida en tres viñetas. Luego se hicieron versiones dominicales de una página en color e incluso antologías o recopilaciones llamadas “comics books”.

En el caso del superhombre, en lugar de proponer una tira cómica en blanco y negro que luego tuviera la posibilidad de ser recopilada, Shuster y Siegel se propusieron pasar directamente a una historia en color de varias páginas

En tal sentido, para Martínez, coordinador del proyecto Biblioteca Ayacucho Ilustrada, Superman básicamente creo el negocio de los cómics como lo conocemos hoy: revistas en color dedicadas a las aventuras de uno o varios personajes. Incluso lo considera como el punto de partida de toda una estética, una semiótica, una subcultura y un género narrativo. En tanto los conceptos de color, dinamismo, composición del cómic contemporáneo deben mucho a la industria estadounidense en general “y se puede decir que Superman ha tenido un impacto enorme en los cómics como negocio y como arte”, sentenció.

El ilustrador recordó que la historia inicial aparecida en el número uno de la revista Action Comics es la del sobreviviente de un planeta destruido, obliterado –Kriptón- que debido a su fisiología alienígena es un superhombre en las condiciones de la tierra.

A este niño alienígena lo recoge un chófer de autobús y crece en un orfanato. “Luego se convierte en periodista en un diario llamado The Star. Este Superman no vuela, literalmente salta entre y sobre los edificios y corre sobre las líneas eléctricas, puede ser aturdido con cartuchos de dinamita. Entre sus primeras hazañas está salvar a una mujer golpeada por su marido. Más adelante, las historias tomaron un tono patriótico. De hecho en un principio Superman es una suerte de izquierdista, de campeón popular que combate políticos y militares corruptos, etc. Esta primera fase del cómic recibió una hermosa adaptación por el estudio de los hermanos Fleischer para la historias animadas de televisión”, contó Martínez.

Con respecto a las influencias en la génesis del personaje, el sociólogo explicó que el héroe de acero combina “dos linajes y dos tipos de historias”. Por una parte, las historias populares del hombre secreto, clandestino, enemigo del poder o al menos de la corrupción, un poco bandido y un poco salvador. Estas se remontan a relatos orales del siglo XVIII.

Por otra parte, a decir de Martínez, Superman también toma elementos presentes en un tipo de historias derivadas de la reacción aristocrática a la Revolución Francesa, pagadas de cuentos sobre razas y mundos perdidos y de superhombres del pasado.

Judiel Martínez señaló como un elemento importante el hecho de que Shuster y Siegel eran judíos y en cierto momento su más importante creación se convirtió en el símbolo de la afirmación de los Estados Unidos frente al nazismo primero y la Unión Soviética después.

“El hecho de que Shuster y Siegel siendo inmigrantes judíos hayan creado a la personificación del poder americano –el Capitán América personifica más bien ciertas tradiciones militares- ha llevado a una paradoja o una ironía que muchos han resaltado: el más grande héroe americano es un inmigrante, un alien –en inglés se usa la misma palabra para extraterrestre y emigrante- y esa paradoja a atravesado toda la historia del personaje”, remarcó Martínez.

El sociólogo reconoce en Superman la representación del poder global estadounidense que sirvió como instrumento de propaganda especialmente en los cincuenta y los sesenta. Igualmente, lo incluye dentro del aparatage mediático que busca mantener la hegemonía cultural estadounidense. Sin embargo, considera que el hombre de acero es principalmente una personificación de las fuerzas sobrehumanas de la naturaleza.

UN SÍMBOLO DE PODER

“Ludovico Silva, en su estudio sobre el cómic tiene razón parcialmente al decir que (Superman) personifica el poder del capitalismo en el sentido de que esta ideología incorpora y gobierna las fuerzas naturales. Pero no olvidemos que eso no es solo un atributo solo del capitalismo sino de las fuerzas productivas sociales. Como personifica fuerzas sobrehumanas y le da a esas fuerzas una moralidad, una inclinación al bien, es una figura teológico-política. La idea de que un cuerpo humano personifique el poder cósmico o natural es muy antigua. La historia de las magias y alquimias es en cierto sentido la búsqueda del hombre superior, cósmico, invencible. Esa idea sacada del contexto puede ser muy ingenua y pueril, muy inverosímil en nuestro mundo secular, así que como juego, entretenimiento, fantasía, ficción esa idea retorna. Y al hacerlo toma un sentido teológico político”, reflexionó.

Además, el sociólogo advirtió que el kriptoniano no es un objeto de culto popular, excepto en lo más profundo del “fandom” (gente que dedica por completo su vida a leer y coleccionar cómics). No es, insistió, objeto de veneración en el sentido en que lo es Elvis Presley, el Che Guevara o Jim Morrison, por ejemplo. Empero, sí lo considera un símbolo muy importante y apreciado de la cultura estadounidense.

“Si había algún tipo de mitificación de Superman, esa terminó hace más de treinta años: desde los ochenta los mismos autores de cómics deconstruyeron, criticaron, satirizaron y deformaron a ese personaje: Alan Moore ha hecho por lo menos tres ‘deconstrucciones’ del ‘mito’ de Superman, en Animal Man Grant Morrison lo presentó como un cretino soberbio, Frank Miller lo puso como una especie de sirviente del gobierno americano que acaba apaleado por un Batman subversivo, ha muerto y resucitado, le cambiaron la apariencia y ‘poderes’ en los noventa porque se creyó que no vendería más de otra manera. Fue eclipsado en diferentes momentos por otros héroes más ‘cool’ y más violentos (X-men, Batman), fue versionado y parodiado”, argumentó Martínez.

Siguiendo con el tema de su uso como instrumento de dominación, el historietista sostiene que nigún cómic estadounidense es neutro, pero tampoco son simplemente propaganda. En este sentido, recomienda no leer Superman para conseguirle mensajes cifrados o propaganda. Por el contrario, sugiere leerlo para entretenerse y luego pensar un poco en todas las cuestiones narrativas, políticas y teológicas que tiene el cómic.

“Los cómics americanos, actualmente y desde finales de los ochenta, no expresan una agenda de derecha, al menos no abiertamente. De hecho, desde los noventas se han convertido en una plataforma para las agendas o preocupaciones de cierta centro-izquierda, digámosle así, que apoya el matrimonio gay, se opone a la política exterior de los Estados Unidos y a algunas prácticas neoliberales. Algunos autores célebres de cómics, como Alan Moore, son conocidos por su discurso completamente anticapitalista, aunque obviamente no todos son así. Pero en este punto si un cómic americano toma una posición política es más fácil que sea una ‘progre’ que una reaccionaria y por eso ha habido una reacción muy fuerte de la derecha de allá: indignación por que Superman ya no es un símbolo de la ‘misión de los EEUU’, indignación por el Spiderman latino, por el Linterna Verde gay, por la Miss Marvel Arabe, por la Batwoman lesbiana, etcétera”, advirtió.

SUPREMACÍA SOLO EN COMIQUITAS

De opinión opuesta, el comunicador social, investigador y coleccionista de cómics, Alberto Aranguibel, afirmó enérgicamente que en modo alguno los súper héroes creados a partir de la década de 1930 en Estados Unidos obedecieron jamás al entretenimiento, como lógicamente se pueda pensar.

Por el contrario, Aranguibel sostiene que desde sus inicios la creación de Superman y otros personajes similares responden a “una necesidad del imperio norteamericano” en su lucha por la dominación planetaria.

Para el comunicador no es casualidad que Superman, el máximo de todos los súper héroes, se haya comenzado a desarrollar en el año 1938, justamente es el mismo año en que Orson Welles, a partir de la famosa difusión de una adaptación para radio de la obra Guerra de dos mundos, descubrió “el inmenso poder de dominación” que tienen los medios de comunicación social y el impacto que pueden ejercer sobre la sociedad.

“En lugar de avanzar con tanques de guerra sobre el planeta, resultaba más efectivo ir alienando las sociedades del mundo con la industria cultural y para eso aparecía como muy expedito la creación de personajes como marcianos para inducir temor a las sociedades. En ese contexto, los creadores de Superman comprenden que ahí hay un instrumento poderosísimo para avanzar en un discurso que no había sido desarrollado de la manera como se desarrolló, de una manera muy bien estructurada para influenciar a las sociedades con un personaje que funcionara como un nuevo Dios”, explicó el locutor.

EL INFILTRADO

El comunicador advirtió que en líneas generales Superman plantea la idea de que los pueblos deben aceptar la llegada de alguien de otro mundo el cual les va a salvar. Y la gente debe entender que aun cuando les resulte muy extraño este visitante debe ser entendido como un salvador.

Una vez que Superman llega a la tierra el padre aun después de muerto le sigue hablando como una especie de conciencia que le dice al hijo que tiene que ayudar a los pueblos, “aun cuando ellos no vean esa necesidad de liberación, aun cuando no tengan problemas tienes que ir a salvarlos, aunque sea en contra de su voluntad”.

“El padre le dice al superhéroe que la gente se va a sorprender de sus poderes y por eso debe manejarse con cautela. Y es ahí cuando surge la doble personalidad, del reportero de El Planeta y Superman. Y ese no es más que el agente de la CIA infiltrado en todos los ámbitos de la sociedad”, analizó.

Para Aranguibel, el discurso empaquetado en las historias de Superman es cada vez más evidente, profunda y descaradamente imperialista. A manera de ejemplo recordó que en una de las últimas ediciones cinematográficas del hombre de acero, el padre le dice que deberá ir muy lejos en su lucha por liberar a la gente. Le advierte el progenitor que no podrá estar con él físicamente pero que podrá ver lo que sucede por medio de los ojos del enviado. Esto, a decir del investigador, es una clara alusión a los medios de comunicación norteamericanos en las distintas acciones militares de esa nación.

De tal manera, que en consideración del comunicador, Superman es un instrumento a favor del derrumbe de las barreras del nacionalismo y de la idea de soberanía de los pueblos.

“Cuando eso se analiza cada episodio de Superman desde el punto de vista de la semiología, desde el texto, te das cuenta de que no hay nada al azar, incluso la forma como Superman se presenta viendo a la sociedad siempre en picado y la sociedad mirando contrapicado es como la sociedad ve a los dioses”, apuntó.

Por medio de Superman y toda la industria del entretenimiento en general, según apunta Aranguibel, el imperio estadounidense busca inculcar en el resto del mundo una idea de supremacía de la que no disponen en la práctica, al menos en la dimensión que ellos la muestran.

Así, el personaje vestido de azul y rojo escondido detrás del traje de Clark Kent, al igual que todo el arsenal de los medios de comunicación, son empleados por Estados Unidos para propagar la ideología capitalista.

UNA REPRESENTACIÓN

Por su parte el investigador y docente, José Rafael Gutiérrez, coincide con Aranguibel y describe al hombre de acero como un mito producto de la industria cultural, creado como icono para representar el orden y la justicia de una determinada cultura, que identifica los modelos y las vivencias de su generación. Por tanto, elaborado para adaptarse al imaginario corriente, pues su creación responde a la necesidad de la sociedad estadounidense de representar sus poderes, su invencibilidad y capacidad para imponer sus designios de dominio ante el mundo entero.

En esencia, dice Gutiérrez, Superman refleja esa relación entre producción y consumo creada a partir de la necesidad de dominio de una sociedad sobre otras, que necesita y se vale de cualquier medio para enviar mensajes y posicionarlos en las masas, asegurando a su vez altos índices de rentabilidad.

“Desde su creación, Superman representa a la sociedad estadounidense en dos direcciones, por un lado dejándole sentir al ciudadano estadounidense promedio que puede ser un superhombre predestinado a luchar contra el mal, y por otro lado, dejándole sentir al ciudadano promedio de cualquier parte del planeta que hay un súper héroe estadounidense poderoso, invencible, dominante y, en consecuencia, predestinado para imponer sus designios en cualquier parte del mundo”, declaró el catedrático.

José Rafael Gutiérrez argumentó que, al aplicar el principio de la forma y el fondo presente en toda obra artística, esa dualidad referida anteriormente permite interpretar un discurso integrado por una forma, evidenciada en el color de su vestimenta que identifica la bandera de los Estados Unidos, la actitud dura, imponente y prepotente del personaje, su poderosa estructura física, y también se interpreta un fondo, en el que subyace la finalidad y la intención de posicionar una ideología.

A diferencia de las recomendaciones de Jeudiel Martínez, el docente universitario considera que no es suficiente con ver un cómic para interpretar su sentido, sino que es necesario analizarlo crítica y reflexivamente con el fin de comprender lo que en esencia pretende comunicar, como expresión de ideas, como generador de emociones y como transmisor de valores.

Con base en las características del personaje, Gutiérrez señala que Superman debe leerse como un medio de expresión de la cultura que, con una intencionalidad ideológica, se vale de procedimientos determinados por influencias socio – culturales para desencadenar efectos en la mente de los lectores o espectadores a favor de sus intereses, mediante una producción que es transmitida en una extraordinaria difusión hegemónica de gran poder tecnológico y económico, la cual constituye una forma de coloniaje cultural sobre los pueblos, “en cuyo contexto tienen sentido las ideas por la liberación, la emancipación y la independencia de los pueblos, donde los ciudadanos ejerzan su derecho a pensar de manera autónoma, constituyéndose en sujetos preparados para contribuir por sí mismos al desarrollo económico, social, político y cultural de sus naciones”, agregó.

Inclusive, para José Rafael Gutiérrez, después de casi 76 años Superman no ha sido superado como fiel evidencia del carácter transcultural del cómic producido mediante estrategias de dominación, con la velada intención de influir en la voluntad de los consumidores para que acepten fácilmente aquellas expresiones culturales que manifiestan, refuerzan e imponen las ideas que sustentan las apetencias del poder hegemónico que lo produce.

En sintonía con Jeudiel Martínez, el docente e investigador reconoció que Superman ha influenciado de manera relevante y evidente no solo los procesos artísticos relacionados con el desarrollo tecnológico, pues de tira cómica impresa adquirió carácter masivo al ser llevada al cine y a series televisivas, sino que su impacto en el ejercicio del dibujo y la literatura del cómic en el mundo le otorgó carácter de género, llegando a convertirse en objeto de estudio para semiólogos e investigadores en el área de la comunicación social, la psicología y la sociología.

Toda obra de arte o producto cultural, dijo Gutiérrez, es expresión de su tiempo y del espacio cultural que condicionó su creación. Superman como héroe emblemático del cómic estadounidense personaliza el rol de juez auto-concedido que se arroga el derecho de ejercer esa nación con respecto a sus semejantes en el planeta. Este personaje es expresión de la política, ya no tan encubierta de Estados Unidos hacia el exterior, y su intencionalidad descarta la posibilidad de considerarlo solo como un producto gráfico formal, cuya finalidad no está más allá de sus condiciones materiales para entretener, divertir o generar esparcimiento.

Al contrario, además de eso, contempla también su interpretación como un producto elaborado a base de códigos que requieren de entrenamiento para descifrarlos porque, como manifestación de la cultura, refleja el contexto político y social del momento, así como la afiliación ideológica de quien lo elabora.

Según opinó el catedrático, Superman tiene el mérito de ser un cómic “que logró trascender en la historia más allá de su presentación gráfica como atractivo relato transmitido en dibujos y viñetas, concebido para continuar la guerra por otros medios y convencer al mundo entero de que cualquier resistencia a sus poderes no tendría sentido”.

MAPA ALTERNATIVO PARA CONOCER A SUPERMAN

  • El sociólogo e historietista venezolano Jaudiel Martínez ve en el cómic en general y en Superman en particular un buen entretenido “si se sabe elegir que guionista o dibujante es el mejor”.
  • En este orden de ideas sugirió leer las antologías que muestran cómics de diferentes décadas que mezclan entretenido y elementos interesantes. “Como sea, en nuestra época son más interesantes los análogos o versiones de Superman que Superman mismo”, sentenció.
  • Con base en su experiencia sugirió una suerte de mapa para adentrarse en las aventuras del kriptoniano de traje azul y capa roja.
  • Los cómics originales de Siegel y Shuster o la animación de los años cuarenta de los hermanos Fleischer.
  • Las colecciones Adventure comics, Superboy, Jimmy Olsen el amigo de superman, etcétera, que resumen bien el tono de las historias hasta los años setenta.
  • La versión contemporánea de 1986 de John Byrne “el hombre de acero” y la serie animada de los estudios Warner Superman aventuras animadas basada en esa versión.
  • La novela gráfica de Alan Moore ¿Qué pasó con el hombre del mañana?.
  • La fase del escritor Grant Morrison en la Liga de la Justicia.
  • La novela gráfica kingdoms Come (venga tu reino), de Alex Ross.
  • La novela gráfica Dark Knigth returns, de Frank Miller.
  • La novela gráfica Lex luthor el hombre de acero.
  • La novela gráfica Generaciones que muestra a Superman y Batman en varias décadas.
  • El relanzamiento o nueva versión del personaje y de la serie por la editorial DC Comics en los títulos Adventure Comics de Grant Morrison y Superman hombre de acero.
  • Las tres primeras películas de los setenta y ochenta y la del año pasado (2013).
  • Versiones alternativas, análogos y parodias de Superman:
  • Supreme y Miracleman, de Alan Moore.
  • Thor en la fase, de Jack Kirby y Stan Lee.
  • Red Son (hijo rojo), de Mark Millar.
  • The Authority, de Warren Ellis y su versión gay y violenta de Superman: The Apollo.
T/ Luis Jesús González Cova
F/ Girman Bracamonte -Archivo CO
I/ Vargas

Candidatura y sexo… la rabieta de Capriles.

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La teoría social coloca a la familia como base fundamental de la sociedad porque ella, en sí misma, resume el carácter nuclear de sus componentes; hombres, mujeres y niños, y consagra la naturaleza institucional del cuerpo social más que ninguna otra fórmula de asociación o nexo entre sus integrantes.

Por muy avanzada que sea la sociedad, la familia no será jamás susceptible de obsolesencia porque de ella surge la noción de la ética, la moral, las buenas costumbres y la cultura filial (amor, hermandad, solidaridad, comprensión, etc.) tan determinantes para el desarrollo armonioso de los pueblos. Y con eso, por supuesto, la reducción de los factores desencadenantes de la criminalidad que surge del odio, la falta de principios, orientación y valores, que además de las razones asociadas a la cultura de la riqueza fácil y del voraz consumismo que promueve el modelo capitalista, aparecen hoy como los detonantes principales de la inseguridad y la violencia. En el ámbito del capitalismo, es precisamente esto último lo que se refuerza a a través de casi todo el contenido mediático que Hollywood produce en la actualidad; series de televisión que exhaltan la homosexualidad, el lesbianismo y la desintegración familiar como valores admirables, cuyo propósito definitivo es la desmovilización social y la subsecuente inhibición del potencial revolucionario o transformador de la misma.

Por eso aparecer ante el país tratando de descalificar al candidato de la revolución a la Presidencia de la República con el chantaje de la homofobia, tal como lo hizo Capriles esta semana, por haber aquel presentado públicamente a su familia; a su esposa, hijos y nietos, durante la inscripción de su candidatura, además de absurdo es un verdadero atentado a la inteligencia del pueblo y a la moral que debe regir la conducta de las figuras públicas.

Acusar de homófobo a quien no ha expresado descalificación o discriminación alguna hacia los homosexuales, sino que exalta en el momento adecuado la importancia de la familia en el marco de una candidatura que persigue lograr la confianza del electorado con base en el reconocimiento no solo de su programa de gobierno, sino de sus credenciales como dirigente político, como persona y como ser humano, es poco menos que descabellado y estúpido.

Mucho más cuando quien hace la acusación arrastra sobre sí el pesado expediente de la ocultación de su orientación sexual, dejando entrever con tan inexplicable actitud que quien se avergüenza de la homosexualidad como fenómeno que hoy, por primera vez en nuestra historia y gracias a la amplitud y espíritu democrático de Chávez, se puede ejercer con la más entera libertad en nuestro país, es él mismo.

Entonces, ¿Quién discrimina a quién?