Aranguibel en Unión Radio: «La oposición no reconoce ni su propia tragedia»

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Actualidad Unión Radio / 30 de septiembre de 2013

«Parece ser que la oposición ha escogido la metodología de la más repugnante guerra sucia para concentrarse en ella, dejando de lado el debate de naturaleza propiamente política… No queda sino solamente lo más asqueroso y más bajo por parte de ese sector» sostiene Alberto Aranguibel en entrevista con Anahí Arizmendi este lunes 30 de septiembre por Unión Radio, analizando el falso audio de la voz del Comandante Chávez puesto al aire por la oposición venezolana este fin de semana.

«El único prestigio que tiene J.J. Rendón es el que le hemos dado en la Revolución, porque ese es una de las personas más mediocres en el ámbito de la creación de imagen política» afirma Aranguibel en relación al que es señalado como autor de ese bochornoso audio. «Yo lo conozco, yo sé de qué clase de alimaña se trata«, dijo.

Señaló así mismo la recurrencia en la torpeza política de la oposición, al evidenciarse la equivocación que según él representa tratar de profundizar en ese esquema de «tirapiedrismo» como fórmula de avance entre el electorado «porque ha leído mal los factores que determinaron la elevación de la votación opositora en las elecciones presidenciales de abril pasado, en lo cual el fallecimiento del Comandante Chávez fue un factor más que fundamental«.

«El problema que hay aquí es que la oposición no reconoce su propia tragedia ni sus propias inmundicias«, afirmó.

Oiga aquí la entrevista completa:

Crónica de una derrota infructuosa…


¿Y si Capriles pierde Miranda?

ORLANDO VIERA-BLANCO | EL UNIVERSAL
domingo 21 de octubre de 2012

El reto de Capriles de ir por Miranda no resiste un análisis preñado
de buenas intenciones. Como creyente de la alternativa de oposición,
quisiera ver un Capriles victorioso en ese desafío. Pero desde la
perspectiva del observador político existen importantes variables que
nos llevan a la conclusión que tal aventura comporta un camino
empedrado y angosto que Henrique ha debido evitar.

Como reconoció el propio presidente Chávez, la campaña de su
contrincante fue a lo menos un obstáculo a las intenciones
avasallantes del caudillo. Recibir una llamada telefónica de Chávez en
el marco de una batalla poselectoral (cuando jamás lo ha hecho, sino
en todo caso, a Fidel o a Lula), no es menos que un gesto elocuente
que valora el esfuerzo humano de Capriles y su actitud ciudadana y
respetuosa en el marco de una contienda que estuvo desbordada de
ofensas y descalificaciones. De tal manera tanto chavistas como
opositores, han dado crédito a un modo de ser y de pensar en política,
que produjo grandes dividendos. Por ello, asumir una candidatura que
se ajusta únicamente a recuperar espacios locales, como Miranda,
arroja varias disonancias que es preciso alertar.

En primer lugar Miranda ya tenía su candidato por lo que reversar esa
decisión popular es una violación expresa a las primarias, lo cual es
delicado desde un interés impostergable de democratizar los espacios
de la oposición. Contrasta con el compromiso de elegir sus candidatos
conforme a la base y no a dedo como lo denunció el propio Capriles. En
segundo lugar, reducir la figura de Capriles a un ámbito regional
degrada el inmenso logro que se había alcanzado para llenar los vacíos
del liderazgo nacional. No es lo mismo defender los intereses de un
país desde Los Teques, que lo contrario.
En tercer lugar, el solo riesgo de perder Miranda, es decir, que sea Henrique quien la pierda, no es el mejor escenario para él, en su titánica tarea de reafirmar el
proceso de aglutinación y rearticulación política logrado con la
unidad, así haya sido como marca. Ir a votar nuevamente, sobre todo en
época que los sectores más voluntariosos (diciembre) de la oposición
se dedican a comer hallacas y ensalada de gallina, tampoco pinta un
buen desenlace.

Perder Miranda no es difícil anticiparlo. Sería una derrota más dañosa
que haber perdido las presidenciales. La gente había redimido el
primer revés, pero un segundo despecho sería fatal. El pueblo asimiló
con madurez la primera pérdida, pero una segunda lo llevaría
peligrosamente a la lona y al letargo. Resistir la tentación de estar
en el poder cuando ello debe estar subordinado al interés superior de
la libertad y la vida, es la virtud que permite al líder llegar
sólidamente al poder.