José Javier León: “Adios, Giordani”

«Un sistema concebido en principio para remediar las necesidades de la humanidad ha sido desplazado, sin cambiar de nombre, por otro dirigido fundamentalmente a garantizar los beneficios de las grandes empresas»
Eduardo Álvarez Puga, Abajo la democracia, Ediciones B. Barcelona, España, 2006, p. 349

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Por: José Javier León

Marx se afanó en demostrar que la tal economía burguesa no era sino economicismo verdaderamente anti-económico es decir, antisocial, pero la raza de los economistas logró imponer que la economía era una cosa y la política otra, y que ambas no se podían mezclar so pena de incurrir en desastres… económicos. Si el desastre es social, vale, no importa.

Para colmo, una tradición economicista típicamente althusseriana [1] sacó de circulación el capítulo XXIV de El Capital dedicado a develar el origen anti-económico del capital, por considerarlo incluso un error, un absceso en el cristalizado sistema filosófico marxista para horror del propio Marx.

Creció pues como un hongo la economía burguesa que existe y se cultiva sólo para ocultar la verdad, lo que verdaderamente ocurre, en especial el absurdo de seguir llamando economía a las que no son sino operaciones de guerra encubierta o desembozada para imponer el grosero e injustificable dominio de unos pocos sobre la gran mayoría. Porque no hay manera racional o simplemente humana, de justificar la explotación, la miseria, el hambre, si no «legitimando» la ideológica supremacía de unos pocos sobre la inmensa mayoría. Con otras palabras: no hay manera racional y humana de justificar el racismo. Pero eso es, precisamente, lo que hace la economía burguesa y la política que la secunda. Encubren, decía, las diversas formas de guerra, de violencia, de expropiación, de enajenación, que sientan las bases para que una minoría poderosa –sólo porque puede matar impunemente- se imponga sobre una mayoría explotada que, sólo unida, puede evitar que la maten.

Dicho esto, no entiendo cómo es que hoy, a la luz (más bien a la oscuridad) de lo que sucede en el mundo pueda haber personas que crean que hablan de economía sin considerar por ejemplo, que el poder del dólar proviene de la diseminación de más de mil bases militares en el globo; tanto así que hoy, ciertos análisis previenen sobre la posibilidad de un ataque nuclear a Rusia por parte de EEUU para tratar de salvar el valor de su moneda. ¿Cómo hablar de economía cuando se invade un país para robar sus reservas en oro y todo su petróleo, o cuando se siembra en los países células terroristas (mercenarios) que hagan inviable el Estado y así queden sus riquezas a merced de otros mercenarios vale decir las trasnacionales? ¿Cómo seguir hablando de economía cuando un país como EEUU tiene una deuda impagable mayor que la de todos los países juntos sólo que en una moneda que cuenta con el puro respaldo de una máquina Xerox?

Esto y miles de ejemplos más que sería fatigoso e innecesario recordar vuelven absurdo hablar de economía, claro está desde la perspectiva del capitalismo que no es, como muchos suponen, en especial los dichos economistas, un régimen económico. «La economía –muy al contrario- es la actividad que tiene como función, en una sociedad particular o en el universo- asegurar al conjunto de los seres humanos, las bases materiales de su vida física y cultural» (Houtart, 2001, p. 123)[2]. ¿Hay algo más lejos que el capitalismo de esa definición?

No sería necesario decir más si no estuviera tan metida en la cabeza la idea de que el capitalismo es un sistema económico y la democracia representativa, su expresión política. En Venezuela hemos avanzado en la demolición de esas nociones pero casos como el reciente de Giordani y conversaciones sostenidas en diversos escenarios me confirman que todavía falta un mundo por hacer. La verdad, creo, ahí está buena parte del meollo.

Hay gente que cree que la macroeconomía existe, pese a Libia, pese a Siria, pese a Irak, pese a la balcanización, pese a Vietnam, pese a la chorrera de golpes de Estado en América Latina… y un largo y extenuante etcétera. Pese a las sanciones, bloqueos, pese a las dictaduras –con saldo de represión, desahucios y suicidios- que impone el FMI.

¿Falta más? Sí. Porque dicho esto, de inmediato se cree que la economía es una cosa y la política otra. Y no le bastó a Giordani vivir y escuchar como privilegiadamente le tocó a Chávez ¡qué desperdicio!, para salir del ministerio dando un sonoro portazo pataleando como un niño al que le han quitado el juguete. ¡Qué sinvergüenza! Para dárselo por cierto, a Ricardo Menéndez, quien junto a Chávez se desgañitó para que comprendiéramos en el 2007 durante la campaña por la Reforma, que perdimos por un pelo… la Nueva Geometría del Poder…[3]

Pero bueno, el punto es que con todo y tener al lado a Chávez el ministro del sombrerito para ir a pescar no entendió que el Arañero desbarató la supuesta macroeconomía imponiendo por encima de las relaciones económicas la política. A punta de palabra y relaciones, torció los planes del neoliberalismo. Desbancó a la clase «política» que iba a heredar la venta de PDVSA, negocio para el que fueron adoctrinados nuestros Chicagos Boys tropicales; rescató del foso a la OPEP, descarriló el tren del ALCA, sembró el mundo con la idea que hoy se hace realidad del poder multicéntrico y pluripolar [4], levantó, dignificó y descubrió el rostro de los pueblos del Sur, impulsó cambios electorales radicales, y, todo eso, haciendo un uso magistral de la palabra, es decir, de la política.

Con recetas macroeconómicas son imposibles el ALBA y PETROCARIBE, la Misión Milagro o Barrio Adentro. Con las recetas de los economistas es imposible entregar millones de libros escolares y computadoras. No hay recetas macroeconómicas que sostengan MERCAL. Y sin embargo, el pobre macroeconomista Giordani, veía seguro con asombro que hasta los índices macroeconómicos, con los que se mide en todo el mundo la desigualdad y la explotación, mejoraban en Venezuela, pero al revés… en beneficio de los pobres, aumentaba la igualdad y se reducía la explotación.

Por supuesto, al aumentar la igualdad se acrecen el racismo y el fascismo. Y al reducirse la explotación, aumenta la inflación (vía especulación: la forma que ha encontrado el odio de clase de los comerciantes –desclasados- para atacar al pueblo consumidor). Todo ello, en el marco de la guerra encubierta (o desembozada) de la clase «política» que debió heredar el poder y que por culpa ‘e Chávez se quedó con las ganas… y la arrechera.

Esa clase por supuesto no venía sola, se hacía acompañar de una caterva de «profesionales» formados para vivir parasitariamente de la renta petrolera en sus claustros universitarios, mientras las migajas de la mesa de las trasnacionales caían en los bolsillos de la oligarquía… Las llamadas tradicionales o autónomas están pues llenas de economistas, politólogos, juristas, historiadores, sociólogos, administradores, encargados de sostener las ficciones del capital como si en verdad se tratara de economía, política, derecho, historia, sociología, administración… [5] A esa raza de intelectuales pertenecen muchos que por estos días hablan mucho… y cuyos frutos están apareciendo sobre todo desde que a Maduro –por una causa sobrevenida- le tocó el turno al bate.

Yo soy del parecer de que con Maduro la revolución se ha radicalizado y por eso, las contradicciones son cada vez mayores.

No está de más recordar que sin la crisis del capitalismo mundial no se explica la situación en Venezuela, es decir, sin Ucrania, Siria, Irán o Irak, no se entiende el ataque global contra Venezuela y su revolución. El capitalismo – es decir, la minoría o el 1% que controla las trasnacionales- necesita seguir acumulando –en dólares- y no encuentra cómo… He ahí la raíz de su desespero.

Estoy convencido de que la oligarquía y la burguesía parásita no cejarán en su intento de apoderarse anti-económicamente de la renta petrolera (para entregarla claro está a sus «amigos del exterior»), y para eso harán lo que sea, incluida –por qué no- la destrucción de la infraestructura económica del país, aunque raquítica, incipiente e inmadura, e históricamente dependiente del Estado. El punto central es la conquista del petróleo. Lo demás importa un rábano.

Ese análisis político debería dejar sin piso cualquier análisis macro-económico. No entender eso, o pretender soslayarlo, es por decir lo menos, sospechoso.

¿Cómo evitar que los EEUU creen un Estado fallido y logren disponer de zonas protegidas por mercenarios exactamente donde se encuentren las reservas petroleras –entre otros recursos- los cuales tienen harto rato localizados? ¿Acaso no sabían lo que se encontraba en la Faja, que ellos llamaron Bituminosa para que no quisiéramos defender porque para qué dar la vida por barro más barato que carbón?) A las zonas controladas por ejércitos invasores, las acompañarán islas de confort («zonas verdes») las llaman, donde la clase «acomodada» seguirá viviendo en una burbuja a-política, consumiendo las noticias del mundo y los productos de la Polar y la Procter & Gamble más Zara y Bershka y sus colección de Otoño e Invierno. ¿Y los pobres, esa escoria (Burelli, dixit), esas ratas?, ¡qué se jodan!

La respuesta, queridos economistas, no es macroeconómica: es política. La forma de evitar ese escenario es impidiendo a toda costa la guerra civil, a la que nos han querido llevar desde hace ya catorce. La guerra civil supone –obvio- enfrentar a venezolanos contra venezolanos y para eso han sembrado de odio la psique colectiva. Han diseminado el racismo, la discriminación, la xenofobia. Las cotas de ese veneno no han desbordado la capacidad de amor y solidaridad del pueblo venezolano, de las cuales estamos dando muestras desde diciembre de 2002, desde el Paro empresarial y el Sabotaje Petrolero.

Ese mismo clima lo han intentado construir de manera masiva y brutal con las santamarías arriba (repitiendo con evidente sorna y satisfacción: «No hay»), con especulación, contrabando, acaparamiento. Quieren que nos desesperemos y creamos que por la vía de la violencia se pueden solucionar los «problemas». El pueblo sin embargo, no cayó en la espiral de la violencia generada por los ricos. El pueblo, sabio, aguantó la andanada. Los crímenes aislados los siguen juntando y los magnifican. Bandas de sicarios siembran el terror y desaparecen. Repito, harán lo que sea para arrastrarnos a escenarios de violencia descontrolada.

Decían que Chávez nos contenía. Ahora sin Chávez, ¿quién nos contiene? La conciencia, la paciencia pero sobre todo, la confianza en el gobierno. Los despechados como Giordani, demasiado viejos para que los manden (sin humildad y sin sabiduría… ¿vieron que las canas no significan nada?), deciden retirarse no sin antes contribuir a la campaña generalizada de descrédito contra el gobierno, exactamente como un niño malcriado. ¡Da pena ajena!

Nos contienen las ganas de paz y de seguir construyendo la Patria con trabajo y amor. Además, constatamos en la cotidianidad no sólo las dificultades -¡cómo ocultarlas-, sino lo que millones hacen-hacemos para preservar, fortalecer y acrecentar el Legado de Chávez. Entendemos que ahí, a ras de calle, los derechos fundamentales están siendo garantizados, que hay –lo más importante- voluntad política para garantizarlos, y que sólo un gobierno popular –es decir, nuestro- puede garantizarlos, que hay un despliegue nacional de voluntades hechas salud, comida, educación, vivienda, organización… Todo ciertamente, soportado en una renta petrolera distribuida con criterios ahora sí económicos, es decir, políticos, y no macro-económicos, capitalistas. A la inversión social y al Gobierno de Calle, el macroeconomista Giordani –desde su olímpica oficina- la llama dispendio, improvisación, caos, desastre. Al poder popular, vacío de poder.

Al presidente Maduro le ha tocado ser pragmático y ha ejercido el gobierno sometido a fuertes presiones, externas e internas. No ha sido fácil, ya nos lo advirtió Chávez aquel 8D-2012. Pero cuando leo «testimonios» como el de Giordani con el que el iluso pretendía pasar a la historia, me convenzo más de que la revolución cuando avanza muele y atrás va dejando el bagazo.

No pasarás a la historia Giordani por lo que hiciste en el gobierno bolivariano. Muy al contrario, por lo que hiciste justo al salir, al tirar la puerta y modular a tu modo la frase «Maduro no es Chávez» por la que se han ido conociendo progresivamente los salta-talanquera, y por darle pábulo al clima mediático de la oposición para intentar hacernos daño, pasarás al olvido. Te convertirás en polvo cósmico, sentencia que Chávez prodigó para todo aquel que quebrado y de forma egoísta pretende salvar su pellejo dándole la espalda al pueblo; sales pues, despedido por la fuerza centrífuga que imprime la revolución a los cuerpos sociales.

Chávez vivirá por siempre Giordani, y para tu reconcomio, Nicolás [νικη (niké) = victoria y λαος (laos) = pueblo, la Victoria del Pueblo] Maduro seguirá arrollando tus derruidos paradigmas macroeconómicos dignos de la chivera neoliberal.

Con tu pedigrí revolucionario, que sacaste a orear in extremis, coge tus bártulos y adiós.

[1] Les recomiendo leer «Althusser en su encrucijada» de Oscar del Barco. Lo pueden hacer desde http://148.206.53.230/revistasuam/dialectica/include/getdoc.php?id=41&article=46&mode=pdf

[2] François Houtart, La tiranía del mercado y sus alternativas, Editorial Popular, Madrid, 2001

[3] Sólo para recordar: http://www.tsj.gov.ve/informacion/notasdeprensa/notasdeprensa.asp?codigo=5388

[4] http://blog.chavez.org.ve/temas/noticias/impulso-un-mundo-multicentrico-pluripolar-es-cuarto-gran-objetivo-historico/

[5] Dice del Barco: «Las prácticas están encerradas, presas, en aparatos determinados (económicos, políticos, ideológicos, teóricos) que aseguran la reproducción de las instancias determinadas. La destrucción de tales aparatos y la liberación de las prácticas es algo que la burguesía no puede tolerar porque implica su desaparición como clase.» Ob. Cit., p. 11

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Jorge Luis Rojas: Celular de marca, Cadivi y viviendas caras

bbc bb

Por: Jorge Luis Rojas / aporrea.org

Hace algunas semanas leí un artículo en el portal de BBC Mundo que resultó revelador de la situación actual del mercado inmobiliario y vehicular de nuestro país, al mismo tiempo que esclareció la estrategia del gobierno detrás del control cambiario, en la opinión de empresarios y opinadores no vinculados al gobierno e incluso antagónicos a él.

Titulado y escrito por Abraham Zamorano ( ver http://tinyurl.com/qb7nsgp ), el artículo coloca como víctima a la transnacional canadiense fabricante de teléfonos celulares inteligentes, la cual no sólo ha sufrido la pérdida de clientes en manos de la competencia (iPhone y Android) sino que además ha tenido que lidiar con el estricto control cambiario venezolano, lo cual le ha impedido repatriar capitales.

Citando al presidente de BlackBerry, Thorsten Heins, el artículo explica que la empresa está buscando recuperarse de las pérdidas que ha tenido en el primer trimestre de 2013 sacando nuevos productos al mercado. Esta recuperación es vista como un maratón en el que compiten diferentes productos tecnológicos. Zamorano agrega que: “Sin embargo, ese maratón del que habló Heins se encuentra con un obstáculo que comparten todas las trasnacionales que operan en Venezuela: el control de cambios que está impidiendo repatriar capitales.”

Aparentemente el reportero de la BBC no ve contradicción entre esta afirmación y un anterior artículo en el que afirmaba que el control cambiario prácticamente no impedía la fuga de capitales. (ver http://tinyurl.com/au3mmh3 ). La identificación del reportero venezolano y de los opinadores que entrevista con las transnacionales es tan grande, que lo que bien podría ser una buena noticia para el país, es presentado como una mala noticia para esa empresa.

Haciendo una breve búsqueda encontramos noticias similares en El Nacional y en El Universal tituladas respectivamente “BlackBerry perdió 72 millones de dólares en Venezuela” (ver http://tinyurl.com/k2c2lrk ) y “Blackberry perdió 72 millones de dólares por control cambiario en Venezuela” (ver http://tinyurl.com/krnh7y9) en las que se hace el mismo planteamiento. Uno se pregunta si el titular no podría ser: “El control cambiario evita que 72 millones de dólares salgan de Venezuela”. Mejor sería que ambos periódicos se fusionasen tomando el nombre de “El Transnacional”.

Siguiendo con el artículo de la BBC encontramos una información reveladora por parte del director de Econométrica, Ángel García Banchs: “No hay forma de irse. Las trasnacionales están trancadas en Venezuela. No hay dólares para operar, ni para repatriar dividendos, por tanto no pueden ni siquiera cerrar. Lo mejor es comprar activos reales para proteger el valor del patrimonio”

Esto no lo dice el gobierno, lo dice un economista vinculado a la oposicion. Las trasnacionales no pueden repatriar dividendos y ni siqueira pueden cerrar (¡qué maravilla!). Deben gastar esos dividendos en Venezuela. La estrategia del gobierno evita que toda esa riqueza pagada por cada venezolano que compra un Blackberry se vaya del país a enriquecer a los accionistas extranjeros de la empresa, y esa riqueza se queda en el país. Esto es lo que se llama proteccionismo; el proteccionismo que han utilizado todas las potencias de mundo para desarrollarse.

Pero no todo son buenas noticias para el país. Otra valiosa información la suelta el gerente general de la Cámara Venezolano Americana de Comercio e Industria, Carlos Tejera, citado por BBC Mundo:

“Tejera comentó que para protegerse, las multinacionales extranjeras han optado por comprar bienes inmuebles, flotillas de automóviles o hacer inversiones en negocios locales.”

Las malas noticias no vienen por el hecho de que los pobres accionistas de Blackberry se vayan a morir de hambre, sino del hecho de que esa enorme cantidad de riquezas que se quedan en el país, no están siendo utilizadas en su mayor parte para el desarrollo productivo (bienes de capital) sino en la compra de bienes de consumo durables (vivienda y automóviles).

Esto resuelve una gran incógnita para quienes no entendíamos el aumento vertiginoso de los precios de viviendas y automóviles. Responde a una pregunta muy sencilla ¿quién puede pagar esos precios tan elevados? Ahora tenemos la respuesta, las transnacionales. Una empresa como BlackBerry es la que puede darse el lujo de adquirir viviendas y automóviles de millones de bolívares, cosa que si bien permite mantener esa riqueza en el país, saca del mercado bienes necesarios para muchos venezolanos, y provoca además un aumento general de sus precios.

Para que la victoria sea completa es necesario entonces crear un mecanismo que no sólo evite la fuga de dividendos, como de hecho se está evitando, sino que además canalice esos dividendos hacia la producción de bienes de consumo y no hacia la compra de bienes de consumo. Que esa riqueza sea destinada a que haya más alimentos, medicinas, textiles y tecnología en lugar de menos viviendas y vehículos para los venezolanos.

jorgerojasve@gmail.com