El peligroso fracaso en el Capitolio

Por: Alberto Aranguibel B.

La mayoría de los analistas consideran que el asalto y la vandalización del Capitolio de los Estados Unidos de Norteamérica por parte de hordas fascistas alentadas por la irracional sed de poder del mandatario norteamericano saliente, es solo el reflejo de los niveles de enajenación social que ha alcanzado esa sociedad producto de la pérdida del respeto a los valores y derechos más elementales del ser humano y a las instituciones, a la que indefectiblemente conduce el capitalismo. Y no les falta razón. Solo que el fenómeno va mucho más allá de la inevitable descomposición social que genera el perverso modelo de explotación y acumulación de riqueza en pocas manos y su consabida secuela de hambre, pobreza, exclusión social, racismo, violencia y hasta de muerte.

El muy definido perfil de hordas enfurecidas que destrozan todo a su paso rebelándose contra el Estado, completamente distinto al del convencional reclamo de derechos en forma de protestas o manifestaciones pacíficas, demuestra que en el Capitolio se puso en escena un formato de rebelión que ha sido ensayado desde hace décadas en diversos países con el invariable propósito de derrocar gobiernos incómodos para el status quo de la hegemonía neoliberal dominante, y que recurrentemente ha pretendido venderse como manifestaciones de la sociedad civil en procura de libertad y democracia. Solo que, en este caso, en la capital del imperio más poderoso del planeta, se intentó usar para todo lo contrario.

La evolución (o degradación) de las tesis de aquel orate de los “golpes suaves”, Gene Sharp, en las que se han inspirado todas las revueltas llevadas a cabo en las últimas décadas en el mundo, inicialmente orientadas a la propuesta del debilitamiento del Estado mediante la presión social pacífica, pero definitivamente dirigidas al derribamiento de las estructuras del poder a partir de una muy precisa estrategia de deterioro inducido de la economía, quiebre de la lealtad del pueblo a sus instituciones, y fatiga de las fuerzas del orden público, ha terminado por imponer como el eje medular de las mismas la lógica del estallido social y la violencia como los factores determinantes en la lucha contra los gobiernos progresistas.

Lo que en la década de los setentas Sharp presentó como un novedoso instrumento de ingeniería social y política, consistente en el ablandamiento; deslegitimación; calentamiento de calle; combinación de formas de lucha y fractura institucional para derrocar gobiernos supuestamente impopulares, no fue sino un desquiciado retroceso ideológico a los tiempos de la más fascista anarquización y barbarie de la sociedad, a través del cual se busca relanzar y preservar el vetusto y agotado modelo de dominación imperante.

Un formato de lucha social artificial, gestada en los más siniestros laboratorios pro imperialistas de la contrarrevolución, en el que la derecha se disfraza de movimiento popular para alcanzar sus objetivos imponiéndose mediante la violencia a los mecanismos de la democracia universalmente aceptados como norma. En particular a las elecciones, cuya realización ha terminado siendo un dolor de cabeza para las élites del poder hegemónico capitalista cada vez más acorralado por las mayorías desposeídas en el mundo que hacen de su derecho al voto un poderoso instrumento de transformación y de cambio.

Falsificación que queda cada vez más en evidencia a medida que se constata que la inmensa mayoría de las manifestaciones auténticamente populares y pacíficas en todo el mundo son siempre contra el neoliberalismo, como se vio desde las primeras crisis de la deuda soberana a principios del siglo veintiuno, en una larga lista de países en los que el neoliberalismo ha pretendido imponer a trocha y moche su hambreador recetario.

Por eso, salvo en aquellos procesos de ingobernabilidad que son detonados por factores exógenos bajo la modalidad de la incursión de ejércitos mercenarios contratistas (Afganistán, Irak, Libia, o Siria), las revueltas no culminan jamás en triunfos consistentes y perdurables, sino que se prolongan en el tiempo en un demencial ejercicio de desgaste en virtud del poder de la resistencia popular que se les contrapone, como ha sucedido, por ejemplo, en Venezuela y en Nicaragua.

Precisamente, esa modalidad de la utilización de empresas contratistas (amén de las decenas de instrumentos de intervención, ONG’s, infinidad de agencias de inteligencia y medios de comunicación) a las que se ve obligado el poder hegemónico para llevar a cabo su plan de la dominación planetaria, es lo que demuestra de manera indubitable la falta de sustento popular de la derecha neoliberal hoy en el mundo. 

Por mucho descontento que pueda sentir en algún momento un sector cualquiera de la sociedad, la voluntad mayoritaria es siempre categórica y auténticamente pacifista y democrática, como se ha visto en países como Grecia, España, Francia y Chile, a pesar de la brutal represión con las que invariablemente les han respondido los gobiernos neoliberales contra los que esos pueblos han tomado las calles para reclamar mejores condiciones de vida.

Pero, si en algún momento ha podido afirmarse categóricamente que el pretendido modelo de Sharp no es sino un panfleto de inútiles disparates fascistoides, improductivos e inviables, es en ese chapucero asalto al congreso norteamericano protagonizado por esa horda de descerebrados idólatras de las peores y más innobles causas que ahí se dio cita esta semana.

No solo porque el solo hecho de atentar desde la ultraderecha contra el Estado más ultraderechista del mundo expresa en sí mismo una descomunal contradicción hasta ideológica, sino porque en su puesta en escena (en la que apelan a los más disparatados recursos, como las inefables personificaciones de héroes de las tiras cómicas) no aciertan a poner orden de ninguna manera porque no consiguen ubicar al enemigo entre ellos mismos, porque son todos iguales, todos militan en las mismas causas supremacistas, convalidan el racismo y la exclusión social como norma, aprueban las violaciones del derecho internacional y a la libre determinación de los pueblos que sus líderes perpetran en el mundo, ese bochornoso ataque no podrá ser jamás comparado con una Toma de la Bastilla o un asalto al Moncada, sino, cuando mucho, con la trágica e inútil incursión del infortunado teniente coronel Tejero, que secuestró con la más entera pena y sin ninguna gloria el parlamento español en 1981, o el penoso salto de baranda de Juan Guaidó en la Asamblea Nacional en enero de 2020.

Una vez más, y en esta ocasión a manos de sus propios cultores y gestores fundamentales, y, más importante aún, en su propio terreno y sin represión alguna que se le opusiera, el malhadado modelo de Sharp fracasa en un intento de torcer el Estado por la fuerza, reafirmándose así el carácter esencialmente panfletario del postulado seudo teórico de ese orate del Golpe Suave.

Queda solo saber si en la maquiavélica mente de los halcones de la Casa Blanca no se habrá posado la peregrina y muy pérfida idea de haber montado ese evento con un segundo cálculo de fondo que no hayamos considerado debidamente, más allá del evidente intento de violentar la voluntad popular del norteamericano para no soltar la presidencia, como es el de sembrar en la opinión pública mundial la percepción de que una acción de tales características pudiera ser perfectamente normal y hasta plausible en una democracia cualquiera sin importar su nivel de superioridad o perfección, justamente en momentos en que uno de los principales objetivos de guerra de esa agonizante administración, como lo es Venezuela, está instalando su nuevo parlamento, al cual el mandatario saliente se opone abiertamente porque representa la extinción definitiva del mayor proyecto político, Juan Guaidó, en el que él personalmente invirtió su mayor esfuerzo político de los últimos cuatro años, comprometiendo incontables recursos materiales y económicos de los cuales seguramente deberá rendirle cuentas en algún momento a ese mismo parlamento.

Una posibilidad más que preocupante peligrosa, si se considera el carácter demencial de quien ha roto a diestra y siniestra toda norma procedimental política en el ejercicio del poder, como lo es Donald Trump, del cual cualquier cosa puede esperarse menos sensatez y buenas intenciones.

@SoyAranguibel

Las hetairas de Trump

Por: Alberto Aranguibel B.

Probablemente ni siquiera en las recámaras privadas de la Casa Blanca se sintió tanta ansiedad con la necesidad de triunfo de Donald Trump, como la que se sintió en el ámbito de la oposición venezolana, cuyo frenesí por la anhelada reelección del delirante magnate fue mucho más allá de todo lo racional.

Jamás se vio tanto frenesí en la adulación y el rastacuerismo como los que expresaron durante toda la campaña electoral aquellos que haciéndose llamar venezolanos, no dejan sin embargo de implorar ni un solo instante de sus vidas por el logro del sometimiento y el control de Venezuela por parte del imperio norteamericano.

Expresiones como “Creo que en la historia humana nadie como Trump se asemeja tanto a la imagen de Atlas sosteniendo al mundo”, colocada en tuiter por uno de esos apátridas de alta alcurnia, podrían ser en sí mismas suficientes para demostrar el carácter arrastrado y servil de gente que no siente vergüenza ni temor al ridículo, porque su repudio visceral a toda idea de Patria es infinitamente superior a cualquier condición moral imaginable.

La bochornosa mezcolanza de himnos, entre el norteamericano y el venezolano, horriblemente entonada frente a una multitud en el corazón de Miami por unas damas conocidas en su viejo terruño zuliano como “las Kardashian guajiras”, dejó con la boca abierta a gringos y a supuestos venezolanos que no atinaban a comprender en qué parte del cuerpo tendrían metido esas señoras el sentido de la dignidad y el ridículo, que no les importaba para nada el disparate que escenificaban ahí como su mejor aporte a la campaña de Trump.

Hoy Donald Trump aparece derrotado, y su destemplado cretinismo y su proverbial altanería ya no son los mismos de hace apenas unos días. Pero su fortuna sigue incólume. Su contendor, Joe Baiden, quien tampoco fue que destacó por su gallardía como gladiador frente a las fieras, al menos salió electo presidente. 

Por eso, si alguien perdió en verdad en esa contienda, fueron precisamente esos lambesuelas que no tuvieron nunca el menor pudor para exponer su miserable condición de vendepatrias frente al mundo.

Ahora los veremos arrastrarse a los pies del nuevo mandatario como si no hubiera pasado nada. Exactamente igual a las desenfadadas Hetairas de la antigüedad.

@SoyAranguibel

¿Podrá ganar Trump?

Por: Alberto Aranguibel B.

Las primeras sorprendidas con los resultados electorales en casi todas las elecciones suelen ser siempre las empresas encuestadoras, que en el pasado servían para hacer una radiografía medianamente confiable de la opinión pública, pero que, con los avances de las tecnologías de la información y la comunicación, y muy fundamentalmente de las Redes Sociales, han venido cayendo ya en franco desuso.

Por eso, la ventaja del candidato demócrata Joe Biden frente al actual mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump, que vienen presentando insistentemente las encuestadoras norteamericanas, no debe entenderse necesariamente como una premonición o un dictamen definitivo de los resultados del inminente proceso electoral que tendrá lugar en ese país en pocos días.

Vistos objetivamente uno frente a otro, ninguno de los dos candidatos posee en verdad superioridad alguna en términos de verdadera capacidad de liderazgo político para merecer el cargo al que aspiran.

A Trump ya el mundo entero lo conoce por su proverbial arrogancia y su insolente soberbia, sobre las cuales ha apoyado su desastrosa gestión como presidente de la más poderosa nación del planeta. El único recurso al que ha apelado para tratar de llevar adelante la muy comprometida economía de ese país, han sido la amenaza y la agresión constantes contra toda aquella nación que de alguna manera le resulte inconveniente a los intereses de la economía norteamericana, sin importar si se trata de una poderosa potencia militar o económica como Rusia, como Irán, o como China. O de pequeñas economías emergentes, pero con grandes reservas energéticas y minerales, como Venezuela.

A Biden, habiendo sido muy mediático durante el gobierno del expresidente Barack Obama, en el cual ostentó el cargo de Vice-Presidente, no se le conoce sino como uno de los personajes más grises y pusilánimes de la política norteamericana.

En una sociedad como esa, signada hoy por la efervescencia social de uno u otro signo (que los neófitos definen como un conflicto entre ¡capitalistas y socialistas!) para un individuo como Biden, con más parecido a un monje en retiro que a un guerrero envalentonado contra el mundo, como Trump, las posibilidades de triunfo son en verdad escasas.

@SoyAranguibel

El librito de Bolton

Por: Alberto Aranguibel B.

No se trata de ninguno de los dos tomos de “La Segunda Guerra Mundial” de Winton Churchill, o de alguna antología de Antonio Gramsci. Tampoco de las obras completas de Noam Chonsky o las disertaciones teóricas de Francis Fukuyama prediciendo el futuro de la política.

Nada de eso. Se trata solamente del compendio de reconcomios y añoranzas delincuenciales de un fascista cagalitroso que, curtido ya por su dilatada trayectoria como halcón del imperio,  no quiere morirse sin anotarse una última guerra en su largo historial de genocida insaciable, apostando un último resto de perversión en la misma mesa sobre la cual su antiguo jefe, al que hoy ataca en ese libro con la misma inmoralidad y desvergüenza con la que ambos atacan a los comunistas, ha dicho que tiene puestas encima “todas las opciones”.

No es un texto luminoso de ninguna manera, como incluso los pensadores más preclaros de la izquierda quieren ponerlo por el solo hecho de que supuestamente deja en evidencia al orate que maneja hoy las riendas del imperio más criminal de todos los tiempos.

No revela nada. Solo confirma lo que desde siempre se ha dicho sobre el magnate presidente y su desquiciada manera de conducir a una nación que bajo su mandato ha experimentado la más vertiginosa carrera de su historia hacia el desastre económico, social y político.

Su larga retahíla de chismes mal hilvanados (y pésimamente redactados) tampoco le es útil a nadie, porque, por una parte, por su carácter de obra escrita personalísima, no posee fuerza legal incriminatoria. Y, por la otra, porque en esencia es un texto que, aún desnudando al inquilino de la Casa Blanca en la forma descarnada e incontrovertible en que lo hace, no es de ninguna manera un texto ni “anti Trump”, ni mucho menos “anti imperialista”. En virtud de lo cual no tiene el poder de hacerle perder la elección a nadie. Y mucho menos de hacérsela ganar.

Sembrar esperanzas en ese supuesto poder estremecedor que algunos le atribuyen al librito de John Bolton es tan erróneo como asumir que el problema del hambre y la pobreza en el mundo es un asunto que deriva de la ineptitud de uno o varios individuos y no de la decadencia de un modelo económico y social fracasado como el capitalista.

El librito pudiera ser, eso sí, y cuando mucho, una innecesaria distracción de lo importante.

 

@SoyAranguibel

Constituyente: el respaldo de Trump a Guaidó demuestra su desesperación por Venezuela

CARACAS (Sputnik) — El respaldo del presidente estadounidense, Donald Trump al líder opositor Juan Guaidó, demuestra el desespero de su Gobierno por Venezuela al fracasar en su intento por derrocar al mandatario Nicolás Maduro, dijo a Sputnik el integrante de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Alberto Aranguibel.

Lo que ha demostrado es el desespero que tiene Donald Trump porque no ha podido derrotar al Gobierno del presidente Nicolás Maduro; el acto de anoche [el discurso del Estado de la Unión] parecía más bien lastimoso, y así fue visto por la gran mayoría de los venezolanos; como una gran vergüenza“, expresó el constituyente.

El 4 de febrero, Trump expresó su apoyo a Guaidó, quien asistió en calidad de invitado al discurso del Estado de la Unión, un informe de gestión que realiza el mandatario ante el Congreso de EEUU.

Durante su alocución, el mandatario de EEUU se refirió a Guaidó como al “presidente único y legítimo” de Venezuela y destacó que todos los estadounidenses se unen al pueblo venezolano en su “justa lucha por la libertad”.

En ese sentido, Aranguibel manifestó que Guaidó se convirtió en el “payaso” de EEUU a cambio de recibir dinero.

Lo que vimos anoche no es nada nuevo, es una muestra más de la deplorable conducta de este pobre sujeto, que se ha convertido en el payaso de Estados Unidos, que ahora gira por el mundo mostrando desvergonzadamente esa condición ruin y miserable a la que se somete para recibir un puñado de dólares de Estados Unidos a cambio de esa actuación circense que está llevando a cabo“, sostuvo.

Guaidó inició el 19 de enero una gira que lo llevó a Colombia, Europa y EEUU, tras salir de forma clandestina del territorio venezolano. En su paso por EEUU, sostuvo un encuentro con venezolanos migrantes en Miami; mientras este 5 de febrero se reunió con el vicepresidente de esa nación, Michael Pence; y será recibido por Trump en la Casa Blanca.

El integrante de la ANC le restó importancia al encuentro de Trump con Guaidó, pues consideró que solo buscan hacer ver que el opositor venezolano es reconocido a nivel internacional.

Esa reunión no tiene ninguna importancia; que un pelele sea recibido en la Casa Blanca es una corroboración de la decadencia de la Casa Blanca. Es para tratar de aparentar que tiene algún tipo de estatura internacional; una jugarreta de baja estofa que trata de hacer Donald Trump para tratar de torcer el curso de la historia en Venezuela“, sostuvo.

Por su parte, el Gobierno venezolano rechazó este 5 de febrero las declaraciones del presidente Trump y calificó su discurso como “injerencista”.

En un agonizante esfuerzo por revivir la ya fracasada estrategia de cambio de Gobierno por la fuerza, apegada a un guión prefabricado, en medio de un espectáculo electoral circense, y haciendo uso de un discurso lleno de mentiras y declaraciones supremacistas, Trump ofende e irrespeta al pueblo venezolano al proferir violentas amenazas“, indicó el canciller Jorge Arreaza, a través de un comunicado.

La crisis política de Venezuela se agravó en enero de 2019 cuando el opositor Guaidó se autoproclamó presidente interino del país. Varios países occidentales liderados por EEUU reconocen a Guaidó, mientras que China, Rusia, Turquía y otros estados continúan respaldando a Nicolás Maduro.

Fuente: Sputniknews.com